jueves, noviembre 05, 2020

Las cariñosas palabras de Harrison Ford, protagonista de los films de Indiana Jones, hacia su “querido amigo” Sean Connery

 

Tomado de https://www.cubaencuentro.com

«Si está en el cielo, espero que tengan clases de golf»

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Las cariñosas palabras de Harrison Ford hacia su “querido amigo” Sean Connery

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Harrison Ford recordó el “placer” del recorrido en motocicleta que dio junto a Sean Connery en una película.

Agencias

Madrid

04/11/2020

Harrison Ford ha rendido tributo a su “querido amigo” Sean Connery, quien murió el pasado viernes a la edad de 90 años.

Los actores trabajaron juntos en la secuela Indiana Jones y la Última Cruzada, donde Connery protagonizó al padre de Ford en el filme, Henry Jones.

“Fue mi padre… no en vida… pero sí en la tercera parte de Indy”, dijo Harrison en una entrevista con Variety.

“Lo pasamos bien. Si está en el cielo, espero que tengan clases de golf. Descansa en paz, querido amigo”, añadió.

(Sean Connery en dos momentos de su vida)

Ford recordó el “placer” de llevar a Connery “de paseo en el sidecar de una motocicleta rusa, atravesando un sendero montañoso lleno de baches y viéndole retorcerse”.

Robert De Niro, Kevin Costner, Michael Cain y los también intérpretes del mítico agente 007 Daniel Craig, Pierce Brosnan y George Lazenby han expresado sus condolencias.

Brosnan escribió en un post en Instagram que Connery había sido su “mejor James Bond de niño y también para el hombre que se convirtió en Bond también”.

La familia de otro de los intérpretes de Bond, Roger Moore, tuiteó que para el actor también “Connery fue el mejor James Bond siempre”.

(Sean Connery interpretando  a James Bond o ¨el agente 007)

Connery fue especialmente conocido por su rol en siete películas de James Bond entre 1962 y 1983. Estas incluyeron Dr No, From Russia with Love y Goldfinger.

El mítico actor murió mientras dormía en Bahamas acompañado por su familia.

La viuda del actor confirmó que este había sido diagnosticado con demencia y que eso “no era vida para él”, dijo al dominical británico The Mail.

“Cumplió su deseo final de irse sin tormentos”, añadió, y dijo que el actor “no era capaz de expresarse” en el período previo a su muerte.

Durante su carrera, Connery ganó un Oscar, dos Baftas y tres Globos de Oro.

© cubaencuentro.com

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domingo, noviembre 01, 2020

Adiós al gran actor Sean Connery quien protagonizó al agente James Bond o Agente 007 en varios de sus films más famosos

 Tomado de https://zoepost.com/

Adiós al gran Sean Connery

Por Redacción ZoePost.

31/10/2020

Fallece el actor británico Sir Thomas Sean Connery (1930-2020).

» Su actuación en Dr. No en 1962 colocó al actor y ex lechero en un camino que lo llevaría al estrellato de Hollywood con todas sus ornamentas.

Los papeles en Highlander, The Untouchables e Indiana Jones y The Last Crusade contribuyeron a sellar su posición como una de las estrellas más queridas de Gran Bretaña; u buena apariencia inquietante y su distintivo acento escocés le ganaron legiones de fanáticos en el mundo entero.

(Sean Connery en su caracterizaciónd e James Bond. Muchas de las fotos fueron añadidas por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Connery nunca perdió su acento tan imitado a pesar de sus muchos años viviendo en el extranjero. Desde su casa en las Bahamas, siguió siendo un ferviente partidario de la independencia de Escocia.»

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Memorables también sus actuaciones como James Bond y en aquel thriller titulado ‘Cuba’ (1979) de Richard Lester (como siempre con el guión para un thriller cinematográfico de éxito), así como en Marnie (1964) realizado por Alfred Hitchcock.

Redacción ZoePost.

Cuba (1979) Original Trailer

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Sean Connery y Brigitte Bardot en 1963

Sean Connery protagonizando el film En nombre de la Rosa.
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“Cuba”, 1979. Un borrón de Sean Connery


Por Carlos M. Estefanía
03/11/2020
 
La Parca está de malas con la cinematografía mundial. No le ha bastado con llevarse consigo en estos días a Enrique Colina, en mi opinión el mejor crítico de cine que ha tenido la televisión cubana. Ahora ha venido por más, para reunir en el Walhalla de los cineastas a Colina con el mejor intérprete de James Bond, un personaje que nunca le vi criticar: Thomas Sean Connery (Edimburgo, Escocia; 25 de agosto de 1930-Nasáu, Bahamas; 31 de octubre de 2020)

Al menos el actor escocés llegó a la edad respetable de 90 años. Dejó tras de sí una estela caracterizaciones en filmes que gracias a su participación se hicieron inolvidables. Destaco entre ellos algunos de mis favoritos; Dr. No, de 1962, The Molly Maguires, de 1970, y El Nombre de la Rosa, de 1986.

A fuer de ser sincero, he de reconocer que no siempre Connery dio en el blanco al elegir un personaje. Dejándose involucrar, aunque no a menudo, en alguna que otra película infumable. Entre ellas una que para nuestra desgracia lleva en nombre de nuestra patria. Me refiero a la película Cuba, realizada en 1979, por el director norteamericano Richard Lester, producida por la hebrea norteamericana Arlene Sellers, y con guion del Británico Charles Wood.
 
Aquí se nos narra la historia de un mercenario británico, con experiencia en la lucha contra los insurgentes de Malasia, que llega Cuba para asesorar al ejército del general Batista en su lucha contra las guerrillas de Castro.  En este contexto el asesor antisubversivo se toma con una examante que ahora está casada con rico y joven propietario, cuya empresa embotelladora ella administra, mientras él la engaña con sus empleadas, la justificación perfecta para cometer el adulterio con el apuesto militar británico, encarnado naturalmente por Connery

Por una cuestión de elemental piedad debería estar vedado presentar esta película a un cubano, sobre todo ya tenía conciencia antes de la Revolución. La relación referencial del filme con la Cuba que pretende describir es similar a la que, tenían los animales reales aquellos bestiarios de medievales, en los que se dibujaban leones de oídas, irreconocibles para quien hubiese visto a la fiera carne y hueso.

Y si la ambientación de la obra es desastrosa, la asesoría debió ser peor. Aunque podría entenderse. El guión, según los cánones de la historiografía revolucionaria cubana, resulta insuficientemente maniqueo a la hora de presentar a los oficiales batistianos. Al mismo tiempo el alzamiento armado contra el gobierno es justificado con el respaldo popular.

En tales condiciones no creo que los realizadores estuvieran en condiciones de pedirle asesoramiento a quienes mejor conocen en Estados Unidos a la Cuba de los cincuenta los exiliados anticastristas. Tampoco podrían recabar el apoyo de la industria cinematográfica isleña, ni de sus academias, controladas como estaban por el gobierno. Algo que casi cuarenta años después, en 2008 si estuvo en condiciones de hacer, tocando un tema parecido Steven Soderbergh.

Es natural su Che nos ofrece a un Guevara, hecho de una pieza y desbordando culto a Fidel Castro por cada poro, servía de propaganda directa al régimen, Cuba del 79 también lo hacía, pero de una forma peligrosamente ambigua, sobre todo para aquel momento en que el régimen cubano amparado por la URSS se sentía en su máximo esplendor.

El caso es que la película parece un simple ejercicio de conversión en thriller, de la comedia cinematográfica Bananas, realizada en 1971, Woody Allen. La diferencia es que hora contamos marcas mucho más que indican de se trata de un país concreto, por ejemplo, un vuelo al país en Cubana de Aviación, el ataque a un tren militar que recuerda el descarrilamiento del tren blindado durante los enfrentamientos armados Santa Clara, la presencia de un comandante guerrillero que parece sincretizar las figuras de Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, o la representación de  la campaña política de Andrés Rivero Agüero.

Se trata de quien será último presidente cubano salido de la concurrencia de varios partidos el suyo, Coalición Progresista Nacional, los tres de sus contrincantes: el de Carlos Márquez Sterling, Partido del Pueblo Libre, el Partido Auténtico de Ramón Grau y el de Alberto Salas Amaro Partido Unión Cubana, Se trata de líderes a los que no se mencionan por ningún lado de esta película tan “realista”. Del que sí se habla repetidamente es de Fidel Castro. Incluso al final se muestra imágenes reales del triunfante jefe guerrillero envuelto en un apoteósico recibimiento popular.

Esto contrasta con el Batista anodino y rollizo que aparece en la película, cuyos rasgos mestizos desaparecen o son disimulados con los del actor que le interpreta, Wolfe Morris, un británico cuyos antepasados hebreos ucranianos no le ayudan demasiado en su caracterización del “Indio” como llamaban sus seguidores al dictador cubano de entonces.  Acaso la idea fuera con esa selección actoral la de mantener el eje étnico clasista que se nos dibuja en la película; de un lado una elite gobernante blanca y batistiana, del otro un pueblo multirracial humilde y fidelista. La imagen se fortalece con los paseos que dan los protagonistas en medios de su romance por sitios deprimentes y miserables en escenas que no se explican, más que con el objetivo de satanizar la Cuba de Batista.

Por cierto, en la única escena de terrorismo fidelista, los masacrados solo pertenecen a la clase dominante, no a la población humilde que si se ve siendo asesinada por los soldados gubernamentales. Una de las pifias de esta escena, que parece un acto de terrorismo armado es que los atacantes llevan el típico uniforme de campaña verde olivo de la guerrilla. El otro olvido es que, en lugar del emblema del 26 de julio, lo que portan pegado al uniforme es una bandera cubana, como si aquella fuera una guerra de liberación nacional contra un ocupante extranjero y no una guerra civil en la que en definitiva se enfrentaban dos facciones de cubanos, unos en el gobierno y otro en sector armado de la oposición.

Menos mal que al meterse en esta desventura cinematográfica Sean Connery todavía contaba con la inercia de sus encarnaciones de James Bon, la fuerza que sin dudas le sacaría de aquel bache. Incluso el director intente explotar el espectro del espía británico adaptando para la ocasión una de sus réplicas las conocidas, cuando el asesor se identifica de la siguiente manera:” Mi nombre es Robert, Robert Dapes”, que es como se llama el militar británico.

En otras de sus réplicas Dapes reconoce que todo se hace por dinero, pero añade una especificación, “siempre al servicio de gobiernos legítimos”. El caso es que el asesor, de modo poco convincente pera, cambia inesperadamente de bando, haciéndose del control de un tanque con la ayuda de un torpe empresario norteamericano, y disparando contra los militares a los que había venido a ayudar, todo en medio de una esperpéntica batalla, que como todos los encuentros armados que vemos con la guerrilla más parece un trabajo de clase de unos alumnos de cine de primer año que la obra de un director veterano como ya era para ese momento Richard Lester.

Al parecer este director estaba más interesando en que le veamos como un personaje más, el juego de la ex novia de Dapes, que, por cuidar las continuas incongruencias de fechas y textos incorrectos, autos y ropas, sobre todo masculinas, de diseño anacrónico, etc.

Evidentemente el espectador implícito en la obra es un anglosajón que no tiene la menor idea de lo que era Cuba, ni siquiera del idioma español, que, salvo raras excepciones, se masculla como si fuera una segunda lengua mal aprendida, no importa que el personaje que lo usa sea un cubano. De la atmosfera sonoro cultural ni se diga. Las cabareteras dan ganas de llorar, por no hablar de la música brasilera, incluso con breves pasajes cantados en portugués, con que se acompaña la llegada de Robert Dapes a la isla.

Afortunadamente del mismo modo que en Cie, nada puede ser absolutamente bueno, tampoco nada puede ser absolutamente malo, y esta película no es la excepción. Creo que el director no contó con el talento del actor de origen ruso hebreo Martin Henry Balsam, quien en su, el General Bello, muestra el carisma que se le ha perdido a Connery. Así resulta que, en esa película esencialmente antibatistiano, el personaje que mejor queda interpretado y por tanto se vuelve más interesante, es el del oficial de mayor graduación en el ejército de Batista que allí vemos. Misterios del arte.

Pero la observación de este objeto debe ir más allá de la crítica a la mala ambientación o lo poco convincente historia de amor entre el mercenario británico y una antigua amante. Es necesario ver lo que puede haber tras la vocación de entretenimiento y por supuesto de hacer dinero de esta pieza, a pesar de todo cultural. Hay que además el rol propagandístico en cuanto a la reconversión de un enemigo. En los momentos en que la Casa Blanca tiene un presidente como Jimmy Carter, el primero que año después y mucho antes que Obama visite a Cuba; un político dispuesto a hacer las paces con el gobierno de Cuba, incluso a dejar sus discípulos en Nicaragua tomen el poder como ocurre en ese mismo 1979.  Y si alguien se cree, que cine americano y gobierno no tienen nada que ver, pues que busque en los archivos el cine estalinista que se hizo en Estados Unidos durante la segunda guerra mundial, cuando su gobierno y el soviético se coaligaron para vencer a Alemania y a sus aliados.

Hay que reconocer aquí una pieza más paradigmática, y esto le infiere al filme la importancia que le falta desde el punto de vista artístico. Se trata de un elemento insoslayable de corpus que denominaré como “Cuba Vuestra”. Es decir, la Cuba que sale de una mirada extranjera sobre nuestra patria. Una visión que se plasma el libros o pantallas, sutil o abiertamente interesada en legitimar a las nuevas clases sobre la base del escarnio de las pasadas.

Este tipo de arte, sobre todo el cinematográfico, no es ni mucho menos el primero que usa a Cuba como telón de fondo para contarnos una historia. Sí es el que se inicia a partir de 1959, pero tomando como materia la Cuba batistiana. El disparo de salida lo dio Nuestro Hombre en La Habana, rodadas aquel mismo año 59 en la propia capital que nombré, bajo la dirección de Carol Reed.  Está basada en una novela de 1958 de Graham Greene, quien trabajó para la inteligencia de su país también se encarga del guión.  Llama la atención la afinidad que tienen los británicos por el Castrismo, a veces me pregunto si no habrán tenido su imperio que ver con el ascenso y mantenimiento del mismo.

 Luego vendrán otras obras con el mismo espíritu, entre ellas Soy Cuba, rodada también in situ por el director soviético Mijaíl Kalatózov, Habana de 1990, dirigida por Sydney Pollack y protagonizada por Robert Redford, El Padrino II, hecha en 1974 por Francis Ford Coppola o la española Una Rosa de Francia de 2006 dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón.

 Por cierto, ya que hablamos al propio del mejor 007, traigamos a colación el protagonismo que tiene en Una rosa, la que más tarde será la primera cubana que interpreta la chica Bond: Ana de Armas.

Se trata de una actriz que tendría una carrera impecable de no haberse prestado para hacer de “chica avispa”. Me refiero a su participación en la película de 2019 La red avispa, escrita y dirigida por el cineasta francés Olivier Assayas, como adaptación del libro de Fernando Morais Los últimos soldados de la Guerra Fría. Aquí se narra desde una perspectiva afín a los intereses del gobierno cubano, la vida de cinco agentes suyos infiltrados en Estados Unidos y atrapados con las manos en la masa. Ellos son: Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González.

Un actor debe saber elegir y más cuando sabemos que con el cine se hace muchos más que entretener, se intenta convencer y lo peor, mentir. Es precisamente por eso que Ana Margarita Martínez, convertida en el personaje encarnado por de Armas está demandando a los realizadores de esta película, por las falsedades que dice sobre ellas. Evidentemente, La Red ha sido un traspié en la carrera artística de la cubana, esperemos que aprendan la lección. A fin de cuentas, cosas así le pasan a cualquiera, incluso a personalidades como la que acaba de abandonarnos que, fuera de milagro o porque “solo se vive dos veces”, resucitó su carrera sacándola de la tumba que fue, en 1979, aquella “Cuba” bananera.

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martes, septiembre 25, 2018

Rui Ferreira: Ian Fleming, James Bond y la barba de Fidel Castro

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Ian L.  Fleming perteneció a los servicios especiales  británicos, concretamente a  la Inteligencia Naval. En Wikipedia se lee: While working for Britain's Naval Intelligence Division during the Second World War, Fleming was involved in planning Operation Goldeneye and in the planning and oversight of two intelligence units, 30 Assault Unit and T-Force. His wartime service and his career as a journalist provided much of the background, detail and depth of the James Bond novels

Fleming pertenecía a una familia de banqueros y quizás esa fue la razón por la que en tiempo de la II Guerra Mundial fue ubicado como un burócrata de la Inteligencia naval salvo que  sus novelas  y guiones de película no tengan  nada que ver, por fantansiosas,  con su  capacidad y eficiencia como profesional de la Inteligencia. El éxito de las películas o films se deben, en gran parte, por los diferentes actores que  protagonizaban a James Bond, el  Agente 007, empezando por el inigualable Sean Connery así como por Roger Moore y Pierce Brosnan, para mí los tres mejores,  entre otros que encarnaron cinematograficamente a ese personaje.

Tengo la opinión que el búlgaro Bogomil Rainov  es  muy superior a ian Fleming en ese género de novela.

La inmensa mayoria de los supuestos planes de atentados  contra el tirano Fidel Castro que expuso, entre 1975 y 1976,  el  Comité  Church o Comité Selecto del Senado de los Estados Unidos para el Estudio de las Operaciones Gubernamentales Respecto a las Actividades de Inteligencia fueron sólo planes de contingencias   cuya elaboración  fueron asignadas a burócratas para en caso de que fuera necesario tenerlas a mano para aplicarlas,  pero que realmente  tenían más el objetivo de llenar el fondo de tiempo y salario de un personal  de la Agencia,  que  su futura aplicación.
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James Bond y la barba de Fidel
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Kennedy no hizo mucho caso a las sugerencias de Fleming para derrocar a Castro, pero ayudó a las ventas de los libros sobre Bond: consideraba a From RussiaWith Love entre sus diez libros favoritos
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Por Rui Ferreira
,Londres
24/09/2018

Por estos días en la capital británica hay una controversia interesante. Por lo mínimo, insólita. Nadie sabe cuál será el futuro del “mejor” agente de Su Majestad, el famoso Bond; James Bond.

El personaje de ficción creado en 1953 por el escritor Ian Fleming, protagonista de ocho novelas, dos libros de relatos cortos, 24 películas, una obra de teatro y una serie de televisión, enfrenta un destino incierto debido a disputas entre los productores.

La que nos atañe es la que estalló recientemente, cuando alguien sugirió que el próximo Bond cinematográfico fuera interpretado por un actor negro. Se habla de Idris Elba.

El actor afrobritánico está renuente, no cree que ha llegado el momento todavía para que Bond sea un negro.

Sin embargo, otros piensan que la idea no es mala en un mundo cada vez más multicultural y teniendo en cuenta que los servicios secretos británicos tienen entre sus cuadros a muchos agentes de primera línea de origen africano.

(Ian L.  Fleming (1908, 1964))

Lo que casi todos están de acuerdo en Gran Bretaña, críticos y público, es que un Bond con estas características no debe dejar de ser fiel a sus raíces, aunque sean meramente literarias o cinematográficas. O sea, un personaje profundamente anticomunista que, al menos en el cine, se la pasó casi todo el tiempo combatiendo el “terror rojo” y la Smersh, esa organización creada por José Stalin para deshacerse de sus adversarios por el mundo, e intentando sustraer a los difuntos soviéticos (aunque en ficción) todo tipo de tecnología posible.

Cuando Fleming escribió a la esposa del verdadero James Bond, un ornitólogo británico famoso por identificar miles de especies en Sudamérica, diciendo que “jamás tuve la idea de darle el nombre de su marido a 007, (…) no lo conocía” y le imploró que “espero que un día cuando (él) descubra un nuevo tipo de ave muy fea, le ponga mi nombre”, no dijo la verdad.

La verdad es que el nombre no nació con 007 sino que lo inventó el mismo Fleming en 1943, cuando era agente de inteligencia del Almirantazgo de Su Majestad durante la Segunda Guerra Mundial y bautizó con ese nombre (Operación James Bond) un ataque que lideró a una base costera británica ocupada por los alemanes en el norte de Escocia.

En la carta a lo mejor quiso ser simpático con el ornitólogo y nada más. Recurrió al arte de la ilusión que es el corazón de la inteligencia, al tiempo de que no abdicó de su anticomunismo incubado desde que siendo un joven periodista de Reuters asistió a los primeros procesos de Moscú en los años 30 del siglo pasado.

Pero aquí hay un detalle interesante. Aunque dos películas de James Bond tienen algunas escenas supuestamente ocurridas en Cuba durante la época de Fidel Castro, la verdad es que en la única mención que Fleming hizo del líder guerrillero en uno de sus libros, James Bond era simpatizante del cubano. De hecho, lo ayuda a derribar al dictador Fulgencio Batista supervisando un envío de armas hacia la Sierra Maestra por cuenta del Gobierno de su Majestad británica que ya, en ese tiempo, pertenecía a la reina Isabel II. No está claro si eso realmente ocurrió.

En el libro, Bond tiene una conversación con el cónsul británico en Kingston, Jamaica, en la cual discuten el envío de las armas. Aunque Bond se mantiene renuente, termina aceptando el encargo; pese a que se encuentra en Jamaica para investigar la muerte de una pareja británica amiga de su jefe, el célebre “M”, asesinada a manos de dos sicarios, quizá no sorprendentemente cubanos. Todo ello en los años previos a la Revolución cubana.

Pero como las cosas en la vida real suelen ser mucho más interesantes que en la ficción, el propio Ian Lancaster Fleming terminó involucrado en el tema cubano de una forma sorprendente.

Resulta que el presidente John F. Kennedy era un admirador de Fleming. En el año 1960, siendo aún candidato presidencial, su entorno estaba elaborando la entonces futura política hacia Cuba, y él decidió consultarle sobre el tema.

(Ian Fleming)

El encuentro ocurrió durante una cena el 13 de marzo de ese año. JFK quería saber como lidiar con Fidel Castro una vez el norteamericano llegara a la Casa Blanca. La sugerencia del británico fue: “Ponerlo en ridículo”. Sugirió que acabara con su barba. La idea, insólita y presentada entre caviar y vodka, (“agitado, no revuelto”) consistía en convencer a los cubanos de que la barba castrista tenia un misterioso poder de atracción radioactiva (¡OJO!: dos años antes de la crisis de los misiles de 1962), lo cual obligaría al cubano a tener que afeitarla y, por ende, perder su capacidad de convocatoria mística en la población (por aquello de la hipotética fascinación de los barbudos).

Fleming le dijo a JFK que el fenómeno podía ser extendido al resto de la población si se la convencía, mediante el bombardeo de panfletos sobre la ciudad de La Habana —el núcleo político de la sociedad cubana— de que el crecimiento de una simple barba en los varones cubanos atraía la radioactividad producida por las pruebas nucleares, que causaba impotencia.

Se sabe que Kennedy no hizo mucho caso al británico. Pudiera. La historia lo documenta. Pero también es cierto que por esa época, quizá por otras vías, la CIA consideró esa posibilidad. Lo reveló el comité Church años después en Washington. Volviendo al tema, JFK lo desestimó con una sonrisa, Fleming regresó a su finca Goldeneye, en Jamaica, y siguió con su carrera de escritor de novelas que marcaron la Guerra Fría, viviera de ella y fueran ejercicios de escenarios en una lucha implacable y mortal en las sombras.

Al final quedó una reflexión de Kennedy el año posterior: “Quiero a James Bond en mi equipo”. No fue posible. Pero nada cuesta soñar. Quizá por eso las cosas están como están si confiamos en héroes literarios. Ni Hemingway y sus submarinos en el Caribe. Seguimos esperando, con curiosidad, si James Bond algún día será interpretado por un actor negro.

© cubaencuentro.com

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