miércoles, septiembre 13, 2023

Autor Anónimo cubano: Mis amigos se están yendo. Respuesta: No, no éramos felices y nuestro objetivo al emigrar es la libertad para poner el futuro en nuestras manos sin dañar el decoro, la integridad y el honor

 Tomado de Tomado de https://www.facebook.com/

Emigración permanente de cubanos hacia otros países en un período que no he determinado pero antes del 2021

Autor Anónimo

Te despiertas preguntándote dónde se han ido tus amigos, y aunque sabes la respuesta literal, te rehúsas a pensar que hayan tenido que cruzar mares para ser ¿felices?

Mis amigos se están yendo. No se han ido para ser felices, – casi todos lo eran. Se fueron para llevar una vida más cómoda.

Cuando parte el primero tu educación socialista te impulsa a criticar el “materialismo” que los llevó a marcharse, a preferir la casa y el carro por encima incluso de sus familiares.

Cuando se marcha el segundo lloras un poco, pero estabas preparado, siempre lo recriminaste porque mientras tú crecías con la esperanza de ser un profesional, él crecía con la esperanza de largarse.

Se va el tercer amigo y te vas adaptando. No quieres que se acabe el ron de la fiesta. Sabes que el inicio de los abrazos marcará el fin de una historia de complicidad y hermosos momentos juntos. Ya nada será igual. Pero somos más los que quedamos: son ellos los equivocados.

Mas te preocupas, es inevitable, porque cada día son más los que parten, y mientras te vas quedando solo defendiendo algo que parece indefendible, tus amigos se están yendo.

Los noticieros siguen hablando de política exterior, y mientras tanto, mis amigos se están yendo.

Las universidades siguen graduando alumnos que irán a trabajar a una cafetería por la mañana y pasarán sus tardes en Internet buscando becas o visas, y nadie lo nota. Y mientras tanto mis amigos se están yendo.

Los que llegaron a sus puestos con el espíritu de comerse el mundo, se sientan de 8 a 5 en su buró sin contenido laboral. Y nadie les da alas, nadie les dice que son necesarios. Y mientras tanto, mis amigos se están yendo.

Sigues luchando, porque crees que la gente preparada a tu alrededor merece más, pero ves que las cosas para ellos se tornan cada vez más difíciles. Y mientras tanto, mis amigos se están yendo.

Oyes una y otra vez el discurso que te parece que cambiará las cosas, pero no las cambia, y mientras tanto, mis amigos se están yendo.

El mundo se vuelve ríspido con los viejos y Cuba se torna árida para sus jóvenes. Y mientras tanto, mis amigos se están yendo….

Un día te descubres hablando con todos tus amigos a través de un chat. Ellos están reunidos en otra orilla y llaman para saludarte. Y te preguntas si eres tú el equivocado, si hiciste bien al crecer añorando una profesión que apenas ejerces. Te preguntas qué carajos pasa con este país, que no es capaz de hacer que la gente tenga algo de comodidad. No consigue conservar siquiera a jóvenes que ya son felices. Te atormentas, te relajas, te entra la melancolía, los extrañas…. y mientras tanto, mis amigos se están yendo. “Me preguntan si me quedo”.

Autor: Anónimo

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

No, muchos no éramos felices en Cuba; además, la felicidad es algo efímero, puntual, de momento. Muchos no nos fuimos buscando comodidad, aunque buscar la comodidad es legítimo; nos fuimos para que nuestros hijos y nietos tuvieran el futuro en sus manos y  no en manos de un partido político, una junta militar  o de una banda de imeptos para todo salvo para mantener a todo un pueblo  en la miseria material y espiritual  en la que hasta la esperanza ha emigrado. . Y aamos a dejarnos de cuentos !! Lo fundamental es que antes de 1959 las personas emigraban hacia Cuba y después de 1959 emigran de Cuba y para cualquier país que los acoja !!

Acá un fragmento de lo que me escribió un gran amigo: ¨... Tan solo con el recuerdo y el cariño de una persona como tú, doy por bien empleado los esfuerzos y la trayectoria de mi vida. Muchas gracias. Y gracias por reconocer nuestra integridad y honor, lo más preciado para mi, y a veces tambaleante y difícil de preservar en condiciones como las nuestras, donde te golpean la moral y la dignidad una y otra vez hasta hacernos dudar de nosotros mismos.¨

Otro fragmento de otro amigo: «...y tienes razón al apuntar lo que otros, que me han felicitado, no han observado: la tristeza de que sea aquí, y no allá, donde dedicamos todas las mejores fuerzas de nuestra vida. Sí Pedro Pablo, la inmensa mayoría de los inmigrados no regresará ya a Cuba para restablecerse allá, pero sueño con que un día organizaremos una gran reunión en el Patio de los Laureles, y todos aquellos que hemos tenido necesidad de emigrar o que nos han hecho emigrar, podamos reunirnos para contarnos como nos ha ido y, con lágrimas en los ojos, estrechar las manos de nuestros amigos, alumnos, maestros y condiscípulos.»

Para concluir mis palabras finales por el X Aniversario de la revista Vitral: «...¡ Gracias y Felicidades Vitral! por cumplir tu promesa fundacional de ser ¨ palabra y cauce, resonancia y espejo…a cuantos tengan sed de comunicación, reflexión y diálogos, sin distingos de colores ni empobrecedores filtros para la luz ¨ ; ¡ Gracias y Felicidades Vitral!, por haber sido tú la Puerta de Luz que me dio fuerzas para recorrer durante estos siete años y medio, el oscuro túnel de la muerte incruenta. Muerte civil que me privó de ganar el sustento familiar y grados científicos y de darle a mi pueblo, los mejores y más maduros frutos de mi vida profesional y académica. Vitral, tú has sido la Puerta; la Luz: Tú, mi Señor.»



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viernes, enero 27, 2023

Sacerdote Alberto Reyes sobre el paso de Juan Pablo II por Cuba en enero de 1998

 
Tomado de https://www.facebook.com

He estado pensando… (XX)

Por Alberto Reyes

25 de enero 2023

He estado pensando en el paso de Juan Pablo II.

 Hace 25 años, un anciano con mal de Parkinson vino por escasos días a esta isla. Caminaba con dificultad, le temblaba una mano y, por momentos, algo de baba escapaba de sus labios. Sin embargo, su imagen no era la de un lastimoso anciano abocado al final de su vida. Por el contrario, era la imagen de alguien venerable, luminoso, inspirador.

 Por cinco días esta isla vibró con el sabor de la libertad, mientras un ambiente de felicidad inexplicable se difundía por todas partes. Una energía contagiosa nos llenó el alma y nos atrajo hacia ese anciano de mirada penetrante.

 Pero su magnetismo no era algo improvisado sino el resultado inevitable de una vida centrada en Dios, confiada en Cristo y apegada al Evangelio; su atractivo era el resultado de la opción mantenida por la verdad, la esperanza y la justicia. Por eso pudo renunciar a ser políticamente correcto, por eso tuvo fuerzas para no dejarse paralizar por las críticas y para no dejarse comprar por nada ni por nadie. Por eso pudo ser para este pueblo y para el mundo, “mensajero de la verdad y la esperanza”.

 Hoy, 25 años después, somos, como pueblo y como individuos, el resultado inevitable de lo que hemos ido eligiendo. 

(El Papa Juan Pablo II y el tirano Fidel Castro en La Habana en enero de 1998; imagen y comentario añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

 Después de aquellos memorables días, hubo quien eligió el camino de la fe  y hubo quien prefirió volver a su rutina, hubo quien empezó a perder el miedo a la verdad y hubo quien siguió viviendo en la mentira, hubo quien se grabó en lo más profundo la invitación a “ser protagonista de la vida personal y social” y hubo quien prefirió renunciar a su libertad y seguir sometido a la esclavitud a cambio de una vida más “tranquila”. 

 Los vientos que nos rodean nunca nos traen realidades hechas. Nos traen relámpagos, semillas, intuiciones… que podemos acoger o dejar que se pierdan. 

 Juan Pablo II fue una luz en medio de nuestra oscuridad, fue parte del paso de Dios por esta tierra. Antes y después de él, Dios ha hablado, a nuestra vida personal y a nuestra vida como pueblo, pero toda vida es el resultado de las luces que acoge, de las semillas que siembra, de las intuiciones que alimenta. 

 Mucha gente se aferró a la esperanza de que la visita de Juan Pablo II provocaría, por fin, un cambio en nuestra isla, un amanecer definitivo de libertad. No ocurrió, no se rompieron las cadenas sociales, pero para mucha gente ese cambio sucedió, porque la visita de Juan Pablo II los animó a tomar decisiones. Y es que, en realidad, las cosas no cambian, tú eliges cambiar, y tú eliges empezar a hacer algo para que las cosas cambien.


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