miércoles, mayo 20, 2026

Alberto Roteta Dorado.: LA ESPIRITUALIZACIÓN HUMANA Y EL SENTIDO DE LA IDENTIDAD CONTINENTAL EN LA OBRA DE JOSÉ MARTÍ

 

LA ESPIRITUALIZACIÓN HUMANA Y EL SENTIDO DE LA IDENTIDAD CONTINENTAL EN LA OBRA DE JOSÉ MARTÍ

A PROPÓSITO DEL 131º ANIVERSARIO DE SU MUERTE.

Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.

19 de mayo, 2026  

“No hay descanso hasta que toda la tarea no esté cumplida, y el mundo puro hallado.”

Santa Cruz de Tenerife. España. En días como hoy, 19 de mayo, en el que evocamos la trágica muerte del héroe cubano José Martí, acudir a su evangelio viviente – la sapiencia martiana expresada en su elocuente palabra–, nos podrá ser de utilidad al tratar temas como la espiritualización humana y el sentido de la identidad. El apóstol de las Américas encabezó su más querido poemario, Ismaelillo con una dedicatoria a su hijo, en la que se encierra la genialidad de su pensamiento, su visión futurista y ese humanismo visionario que lo caracterizaron: “Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti”. En esta frase se sintetiza la esencia de la ética martiana, una ética optimista que deberá retomarse en nuestros días, en los que ciertos males nos azotan sobremanera. Tener “fe en el mejoramiento humano” debe convertirse en nuestra sentencia del presente si no queremos que la humanidad siga en su avance vertiginoso hacia su autodestrucción moral.

Con el optimismo que se encierra en la frase martiana podremos enfrentar el panorama actual de la llamada pérdida de valores para, en su lugar, anteponer la idea de la espiritualización humana. Si nos motiváramos por el estudio, o al menos, por la lectura de la obra martiana, los conceptos de la vida cambiarían de manera radical. El autor de los Versos Libres expresó en sus Cuadernos de Apuntes: “No hay descanso hasta que toda la tarea no esté cumplida, y el mundo puro hallado.” No basta con estar en la acción para el cumplimiento de un deber; sino que ese deber cumplido nos deberá conducir a una pureza de vida que logre en nosotros una verdadera transformación Para estos cambios que tendrán lugar como resultante de la necesaria evolución moral de la humanidad es necesario el sacrificio de lo transitorio e intrascendente, por aquello que alimente al espíritu humano y conduzca al hombre hacia la espiritualización. El Apóstol lo predijo, cuando escribió en otro de sus Cuadernos de Apuntes:

“En esta tierra, no hay más que una salvación: - el sacrificio. - No hay más que un bien seguro, que viene de sacrificarse: - la paz del alma. -Todas las desventuras comienzan en el instante en que, - disfrazado de razón humana, - el deseo obliga al hombre a separarse, - siquiera sea la desviación imperceptible, - del cumplimiento heroico del deber. - El martirio: he aquí la calma.”

(José Julián Martí y Pérez)

Una detenida lectura, inicialmente, y en etapas posteriores un estudio verdadero, de algunas de las obras martianas, nos pueden ofrecer la clave para la interiorización de lo que hoy llamamos valores y que en el universo martiano aparecen tratadas como virtudes. En su revista, devenida en libro, La Edad de Oro, encontraremos un conjunto de virtudes a través del ensayo, del cuento, de la poesía, o de la narración. Aparecen enseñanzas ejemplares, en las que el maestro intenta despertar dichas nobles virtudes desde la infancia. La honradez, la libertad, la verdad, la sinceridad, la nacionalidad, la identidad, la valentía, el hacer el bien, el reconocimiento de nuestros errores, el sentido de la fraternidad y de la hermandad entre todos los hombres de la tierra, entre otras virtudes, pueden hallarse en el texto.

Una aproximación a estas enseñanzas desde etapas tempranas de la vida sería conveniente; pero la enseñanza se dispersa mediante la repetición de los poemas más sencillos del texto y alguna referencia de cuentos y fábulas. Para enseñar los valores de escritos como Las ruinas indias, Tres héroes, o Un paseo por la tierra de los anamitas, se necesita ser un verdadero maestro, como fue Martí; pero, lamentablemente, son otros tiempos, y como sabéis, los “educadores” actuales que han de enseñar estas materias desconocen la grandeza de la historia de América, las virtudes del teatro vietnamita o las vidas de los grandes músicos y escritores, temas tratados con maestría por el ejemplar maestro, cuya enseñanza evocamos en este día. Las siguientes sentencias tomadas de dicha obra son ejemplos de grandes valores encaminados a realzar nobles virtudes en el hombre, en ellas se destaca la idea de la libertad, de la honradez y de la sinceridad:

“Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía” (…) “Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado”.

Si hay un escritor cubano que se destaca sobremanera al abordar el tema de la identidad nacional ese es José Martí, algo que he tratado reiteradamente. De ahí que para este escrito prefiera asumir el tema de la identidad con un sentido más cercano a lo universal. Me refiero a la identidad continental, al hecho de sentirnos hispanoamericanos en esta patria grande que el Apóstol delimitó, con acierto, desde el Bravo hasta Magallanes. Desde su tiempo, que es también el nuestro, hizo un llamado para que “los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos”.

“También nuestra América, con el Sol en la frente, surge sobre los desiertos coronada de ciudades”.

Esta idea y sentido de la identidad ocupa un lugar preferencial en la amplia obra del Apóstol de las Américas. Identidad expresada desde el orden patrio hasta el continental, lo que no significa que el maestro rechace los valores universales resultantes del desarrollo de cualquier nación o continente, lo que se aprecia en discursos trascendentales en los que expresó: “la admiración justa y el estudio útil y sincero de lo ajeno, el estudio sin cristales de présbita ni de miope, no nos debilita el amor ardiente, salvador, y santo de lo propio”; pero siempre le dio una mayor dimensión a todo lo relacionado con su América, con Nuestra América, y con su Patria, nuestra patria.

Su ejemplar ensayo Nuestra América, publicado en 1891, constituye una lección de lo que es el sentido de una identidad verdadera, exenta de adornos y concepciones superficiales de una pseudoamericanización. La enseñanza de Nuestra América va más allá de lo que somos capaces de asimilar, toda vez que Martí se nos muestra en toda su plenitud de escritor y analista, cual verdadera apoteosis de emanación creadora, y acude a todos los recursos expresivos, no solo en el contexto del análisis político y social de un continente, sino desde el punto de vista formal, al explotar al máximo las concepciones estilísticas del ensayo como género. Desde el llamado inicial para conocernos con prontitud: “Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos”, hasta la célebre frase tan difundida y, por desgracia, tergiversada por el régimen castrista: “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, utilizada de manera premeditada y sacada del contexto de su tiempo por “oradores” incapaces, se vislumbra esa percepción, cuasi mística, de una necesidad de unión continental y de un despertar de conciencia unitaria.

Nuestra América, ensayo devenido en símbolo de identidad continental, es el texto emblemático dentro de la obra martiana dedicada a este concepto, texto en el que, se reafirma la originalidad – esencia–, de sus tierras. Y nos advierte con esa visión profética que de todos los peligros se irán salvando sus pueblos, los pueblos de Nuestra América, y nos conduce a esta proverbial interrogante:

“¿En qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles?”

Ya nos había advertido acerca de la utilidad de la preparación intelectual necesaria para todo proceso revolucionario: “No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados”. Pero no solo en su magno ensayo, realizado en plena madurez intelectual y espiritual, nos da conceptos definitorios en torno a nuestro sentido de la identidad; sino que ya en 1883, en su artículo Respeto a nuestra América, había abordado con profundidad dicho concepto:

“Lo que acontece en la América española no pude verse como un hecho aislado, sino como una enérgica, madura y casi simultánea decisión de entrar de una vez con brío en ese magnífico concierto de pueblos triunfantes y trabajadores, en que empieza a parecer menos velado el cielo y viles los ociosos. Se está en un alba, y como en los umbrales de una vida luminosa. Se esparce tal claridad por sobre la Tierra, que parece que van todos los hombres coronados de astros”.

También el héroe de Dos Ríos nos alertó, desde hace más de un siglo, de un despertar, algo que fue capaz de vislumbrar en su tiempo. Años más tarde, en la velada que la Sociedad Literaria Hispanoamericana ofrecía a los representantes de Hispanoamérica durante la Conferencia Internacional Americana, celebrada en Washington, en 1889-90, José Martí fue escogido para pronunciar un discurso que ha trascendido como Madre América – no debe confundirse con el ensayo Nuestra América, antes citado, ni con su escrito Respeto por nuestra América– , haciendo referencia a su frase final: “¡Madre América, allí encontramos hermanos!¡ Madre América, allí tienes hijos!”. En dicho discurso se realza nuevamente el concepto de identidad continental que nos ocupa en este segmento del escrito:

“Por eso vivimos aquí, orgullosos de nuestra América, para servirla y honrarla. (…) con la determinación y la capacidad de contribuir a que se le estime por sus méritos, y se la respete por sus sacrificios; porque las mismas guerras que de pura ignorancia le echan en cara los que no la conocen, son el timbre de honor de nuestros pueblos, que no han vacilado en acelerar con el abono de su sangre el camino del progreso, y pueden ostentaren la frente sus guerras como una corona”.

Sus ensayos dedicados a figuras históricas de nuestra América Española, “la América en que nació Juárez” y no “la América en que nació Lincoln”, es otra muestra de esa constante preocupación por la idea de lo hispanoamericano. Una aproximación a ciertos ensayos y artículos como: La ruinas indias, perteneciente a La Edad de Oro, nos permitirá apreciar la descripción que hace el autor de Versos Libres, con respeto y admiración, de las historias, fábulas, leyendas, tradiciones, construcciones, templos y ceremonias de los diferentes pueblos americanos, lo que sin duda, despertará en los lectores el interés porconocer las raíces del continente americano, y por lo tanto, ese sentido de la identidad continental al que me he referido y que Martí, el “hombre continental e intérprete de América”, según Alejo Carpentier, como ningún otro escritor de su tiempo pudo y supo apreciar. Martí va estableciendo en este ensayo un paralelo entre las características de los grandes héroes o reyes americanos y los europeos. Así, se compara al rey Netzahualpilli con el líder romano Bruto, ambos dejaron matar a sus hijos por haber violado la ley; a Xicoténcatl con Demóstenes, porque ambos suplicaron llorando a sus pueblos que no dejaran entrar al enemigo; elogió la sabiduría del monarca Netzahualcóyotl y lo comparó a Salomón, por haber levantado grandes templos a los Dioses; se refirió comparativamente a los sacrificios americanos en relación con los antiguos griegos.

Este paralelo demuestra el respeto de Martí hacia los valores universales del viejo continente; pero la necesidad de que los americanos conozcamos nuestra historia, que nos identifiquemos con nuestras tradiciones y costumbres y que seamos capaces de valorar que la historia de nuestro continente es similar y tan grande y rica como la de Europa, lo que se resume en la siguiente sentencia: “No habría poema más triste y hermoso que el que se puede sacar de la historia americana”. Otro de los ensayos que deben ser destacados es Tres héroes, perteneciente también a La Edad de Oro, en el que Martí se refiere a los tres héroes de América, a los que considera sagrados: Bolívar, de Venezuela; San Martín, del Río de la Plata, e Hidalgo de México. Esta valoración de los grandes líderes de la independencia emancipadora de América, sin duda, está en relación con su ideal político y con su sentido de la praxis Latinoamericana, idea que recrea nuevamente en su magistral discurso conocido como Madre América, al describirnos a San Martín “envuelto en su capa de batalla, cruzando los Andes”, y a Bolívar, “con su cohorte de astros, sacudiendo los flancos con estruendo”.

Así las cosas, acudir a la enseñanza de un ser, que no en vano fue considerado un apóstol, para la comprensión de lo que representa la espiritualización humana a partir de las virtudes, así como de la identidad continental, es un deber de todo aquel que comprenda y asimile la sentencia martiana de tener fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud.


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domingo, mayo 23, 2021

Videos. La poesía martiana Los Zapaticos de Rosa y dos parodias (con lenguaje no apto para menores de edad o para oidos sensibles) sobre la situación socioeconómica en Cuba

Nota del Bloguista del Bloguista de Baracutey Cubano

La poesía Los zapaticos de rosa fue escrita por José Martí en 1889. Según  Fina García Marruz,  fue la playa de Bath Beach, New York,  la que inspiró a José Martí a escribir ese poema. José Martí en su carta a Enrique Estrázulas  la sitúa geográficamente cuando le escribe ¨. Yo vine ayer de Bath Beach, que ya sabe que está de Coney Island poco más lejos que Sheepshead Bay¨.

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 Poema Los Zapaticos de Rosa


Los zapaticos de rosa

Autor José Martí

Hay sol bueno y mar de espuma,

Y arena fina, y Pilar

Quiere salir a estrenar

Su sombrerito de pluma.

?«¡Vaya la niña divina!»

Dice el padre y le da un beso:

?«¡Vaya mi pájaro preso

A buscarme arena fina!»

?«Yo voy con mi niña hermosa»,

Le dijo la madre buena:

«¡No te manches en la arena

Los zapaticos de rosa!»

Fueron las dos al jardín

Por la calle del laurel:

La madre cogió un clavel

Y Pilar cogió un jazmín.

Ella va de todo juego,

Con aro, y balde, y paleta:

El balde es color violeta:

El aro es color de fuego.

Vienen a verlas pasar:

Nadie quiere verlas ir:

La madre se echa a reír,

Y un viejo se echa a llorar.

El aire fresco despeina

A Pilar, que viene y va

Muy oronda: ?«¡Di, mamá!

¿Tú sabes qué cosa es reina?»

Y por si vuelven de noche

De la orilla de la mar,

Para la madre y Pilar

Manda luego el padre el coche.

Está la playa muy linda:

Todo el mundo está en la playa:

Lleva espejuelos el aya

De la francesa Florinda.

Está Alberto, el militar

Que salió en la procesión

Con tricornio y con bastón,

Echando un bote a la mar.

¡Y qué mala, Magdalena

Con tantas cintas y lazos,

A la muñeca sin brazos

Enterrándola en la arena!


Conversan allá en las sillas,

Sentadas con los señores,

Las señoras, como flores,

Debajo de las sombrillas.


Pero está con estos modos

Tan serios, muy triste el mar:

¡Lo alegre es allá, al doblar,

En la barranca de todos!


Dicen que suenan las olas

Mejor allá en la barranca,

Y que la arena es muy blanca

Donde están las niñas solas.


Pilar corre a su mamá:

?«¡Mamá, yo voy a ser buena:

Déjame ir sola a la arena:

Allá, tú me ves, allá!»


?«¡Esta niña caprichosa!

No hay tarde que no me enojes:

Anda, pero no te mojes

Los zapaticos de rosa.»

Le llega a los pies la espuma:

Gritan alegres las dos:

Y se va, diciendo adiós,

La del sombrero de pluma.

¡Se va allá, dónde ¡muy lejos!

Las aguas son más salobres,

Donde se sientan los pobres,

Donde se sientan los viejos!

Se fue la niña a jugar,

La espuma blanca bajó,

Y pasó el tiempo, y pasó

Un águila por el mar.

Y cuando el sol se ponía

Detrás de un monte dorado,

Un sombrerito callado

por las arenas venía.

Trabaja mucho, trabaja

Para andar: ¿qué es lo que tiene

Pilar que anda así, que viene

Con la cabecita baja?

Bien sabe la madre hermosa

Por qué le cuesta el andar:

?«¿Y los zapatos, Pilar,

Los zapaticos de rosa?»

?«¡Ah, loca! ¿en dónde estarán?

¡Di, dónde, Pilar!» ?«Señora»,

Dice una mujer que llora:

«¡Están conmigo: aquí están!»

?«Yo tengo una niña enferma

que llora en el cuarto oscuro.

Y la traigo al aire puro

A ver el sol, y a que duerma.

»Anoche soñó, soñó

con el cielo, y oyó un canto:

Me dio miedo, me dio espanto,

Y la traje, y se durmió.

»Con sus dos brazos menudos

Estaba como abrazando;

Y yo mirando, mirando

Sus piececitos desnudos.

»Me llegó al cuerpo la espuma,

Alcé los ojos, y vi

Esta niña frente a mí

Con su sombrero de pluma».

?«¡Se parece a los retratos

Tu niña!» dijo: «¿Es de cera?

¿Quiere jugar? ¡Si quisiera!...

¿Y por qué está sin zapatos?

»Mira: ¡la mano le abrasa,

Y tiene los pies tan fríos!

¡Oh, toma, toma los míos;

Yo tengo más en mi casa!»

«No sé bién, señora hermosa,

Lo que sucedió después:

¡Le vi a mi hijita en los pies

Los zapaticos de rosa!»

Se vio sacar los pañuelos

A una rusa y a una inglesa;

El aya de la francesa

Se quitó los espejuelos.

Abrió la madre los brazos:

Se echó Pilar en su pecho,

Y sacó el traje deshecho,

Sin adornos y sin lazos.

Todo lo quiere saber

De la enferma la señora:

¡No quiere saber que llora

De pobreza una mujer!

?«¡Sí, Pilar, dáselo! ¡y eso

También! ¡Tu manta! ¡Tu anillo!»

Y ella le dio su bolsillo:

Le dio el clavel, le dio un beso.

Vuelven calladas de noche

A su casa del jardín:

Y Pilar va en el cojín

De la derecha del coche.

Y dice una mariposa

Que vio desde su rosal

Guardados en un cristal

Los zapaticos de rosa.

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Parodia "Las Chancleticas de Rosa"


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Los zapatitos de rosas (parodia ¨Periodo Especial¨ 1994)

Hay sol bueno y no hay espuma

ni jabón para lavar,

y Pilar quiere comprar

en la "shopping" con un yuma .

Vaya mi niña divina,

dice el padre y le da un peso.

¿Papá, y qué hago con eso?,

si no es "fula" no camina.

Yo voy con mi niña hermosa,

pues todavía estoy "buena,"

"jineteamos" en la arena

y resolvemos mil cosas.

Y se fueron las dos luego

por la calle veintitrés.

La madre ligó un gallego,

y Pilar ligó un francés.

Está la playa muy linda,

¡Cómo roban en la playa!

Le robaron la toalla

a la "jinetera" Florinda.

Y a la pobre Magdalena,

con tres meses de embarazo,

le metieron un trancazo

pa' robarle la cadena.

Está Alberto, el militar,

que trabaja con "Gaviota,"

y le huye a la poca cuota

echando un bote a la mar.

Pilar corre a su mamá:

-Mama se formó el "despelote,"

déjame irme en un bote,

yo te reclamaré desde alla.

Esta niña caprichosa,

¿le diré que no o que sí?

Anda y me escribes de allí

y me mandas muchas cosas.

Bien sabe la madre hermosa

que aquí hay que "jinetear,"

-Y si no te dejo ir, Pilar,

¿quién me manda a mí las cosas?

Y dice una mariposa

que la vio al bote montar:

¡Ahora sí vas a comprar

los zapaticos de rosa!

Autor: Anónimo

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