miércoles, mayo 20, 2026

Alberto Roteta Dorado.: LA ESPIRITUALIZACIÓN HUMANA Y EL SENTIDO DE LA IDENTIDAD CONTINENTAL EN LA OBRA DE JOSÉ MARTÍ

 

LA ESPIRITUALIZACIÓN HUMANA Y EL SENTIDO DE LA IDENTIDAD CONTINENTAL EN LA OBRA DE JOSÉ MARTÍ

A PROPÓSITO DEL 131º ANIVERSARIO DE SU MUERTE.

Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.

19 de mayo, 2026  

“No hay descanso hasta que toda la tarea no esté cumplida, y el mundo puro hallado.”

Santa Cruz de Tenerife. España. En días como hoy, 19 de mayo, en el que evocamos la trágica muerte del héroe cubano José Martí, acudir a su evangelio viviente – la sapiencia martiana expresada en su elocuente palabra–, nos podrá ser de utilidad al tratar temas como la espiritualización humana y el sentido de la identidad. El apóstol de las Américas encabezó su más querido poemario, Ismaelillo con una dedicatoria a su hijo, en la que se encierra la genialidad de su pensamiento, su visión futurista y ese humanismo visionario que lo caracterizaron: “Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti”. En esta frase se sintetiza la esencia de la ética martiana, una ética optimista que deberá retomarse en nuestros días, en los que ciertos males nos azotan sobremanera. Tener “fe en el mejoramiento humano” debe convertirse en nuestra sentencia del presente si no queremos que la humanidad siga en su avance vertiginoso hacia su autodestrucción moral.

Con el optimismo que se encierra en la frase martiana podremos enfrentar el panorama actual de la llamada pérdida de valores para, en su lugar, anteponer la idea de la espiritualización humana. Si nos motiváramos por el estudio, o al menos, por la lectura de la obra martiana, los conceptos de la vida cambiarían de manera radical. El autor de los Versos Libres expresó en sus Cuadernos de Apuntes: “No hay descanso hasta que toda la tarea no esté cumplida, y el mundo puro hallado.” No basta con estar en la acción para el cumplimiento de un deber; sino que ese deber cumplido nos deberá conducir a una pureza de vida que logre en nosotros una verdadera transformación Para estos cambios que tendrán lugar como resultante de la necesaria evolución moral de la humanidad es necesario el sacrificio de lo transitorio e intrascendente, por aquello que alimente al espíritu humano y conduzca al hombre hacia la espiritualización. El Apóstol lo predijo, cuando escribió en otro de sus Cuadernos de Apuntes:

“En esta tierra, no hay más que una salvación: - el sacrificio. - No hay más que un bien seguro, que viene de sacrificarse: - la paz del alma. -Todas las desventuras comienzan en el instante en que, - disfrazado de razón humana, - el deseo obliga al hombre a separarse, - siquiera sea la desviación imperceptible, - del cumplimiento heroico del deber. - El martirio: he aquí la calma.”

(José Julián Martí y Pérez)

Una detenida lectura, inicialmente, y en etapas posteriores un estudio verdadero, de algunas de las obras martianas, nos pueden ofrecer la clave para la interiorización de lo que hoy llamamos valores y que en el universo martiano aparecen tratadas como virtudes. En su revista, devenida en libro, La Edad de Oro, encontraremos un conjunto de virtudes a través del ensayo, del cuento, de la poesía, o de la narración. Aparecen enseñanzas ejemplares, en las que el maestro intenta despertar dichas nobles virtudes desde la infancia. La honradez, la libertad, la verdad, la sinceridad, la nacionalidad, la identidad, la valentía, el hacer el bien, el reconocimiento de nuestros errores, el sentido de la fraternidad y de la hermandad entre todos los hombres de la tierra, entre otras virtudes, pueden hallarse en el texto.

Una aproximación a estas enseñanzas desde etapas tempranas de la vida sería conveniente; pero la enseñanza se dispersa mediante la repetición de los poemas más sencillos del texto y alguna referencia de cuentos y fábulas. Para enseñar los valores de escritos como Las ruinas indias, Tres héroes, o Un paseo por la tierra de los anamitas, se necesita ser un verdadero maestro, como fue Martí; pero, lamentablemente, son otros tiempos, y como sabéis, los “educadores” actuales que han de enseñar estas materias desconocen la grandeza de la historia de América, las virtudes del teatro vietnamita o las vidas de los grandes músicos y escritores, temas tratados con maestría por el ejemplar maestro, cuya enseñanza evocamos en este día. Las siguientes sentencias tomadas de dicha obra son ejemplos de grandes valores encaminados a realzar nobles virtudes en el hombre, en ellas se destaca la idea de la libertad, de la honradez y de la sinceridad:

“Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía” (…) “Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado”.

Si hay un escritor cubano que se destaca sobremanera al abordar el tema de la identidad nacional ese es José Martí, algo que he tratado reiteradamente. De ahí que para este escrito prefiera asumir el tema de la identidad con un sentido más cercano a lo universal. Me refiero a la identidad continental, al hecho de sentirnos hispanoamericanos en esta patria grande que el Apóstol delimitó, con acierto, desde el Bravo hasta Magallanes. Desde su tiempo, que es también el nuestro, hizo un llamado para que “los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos”.

“También nuestra América, con el Sol en la frente, surge sobre los desiertos coronada de ciudades”.

Esta idea y sentido de la identidad ocupa un lugar preferencial en la amplia obra del Apóstol de las Américas. Identidad expresada desde el orden patrio hasta el continental, lo que no significa que el maestro rechace los valores universales resultantes del desarrollo de cualquier nación o continente, lo que se aprecia en discursos trascendentales en los que expresó: “la admiración justa y el estudio útil y sincero de lo ajeno, el estudio sin cristales de présbita ni de miope, no nos debilita el amor ardiente, salvador, y santo de lo propio”; pero siempre le dio una mayor dimensión a todo lo relacionado con su América, con Nuestra América, y con su Patria, nuestra patria.

Su ejemplar ensayo Nuestra América, publicado en 1891, constituye una lección de lo que es el sentido de una identidad verdadera, exenta de adornos y concepciones superficiales de una pseudoamericanización. La enseñanza de Nuestra América va más allá de lo que somos capaces de asimilar, toda vez que Martí se nos muestra en toda su plenitud de escritor y analista, cual verdadera apoteosis de emanación creadora, y acude a todos los recursos expresivos, no solo en el contexto del análisis político y social de un continente, sino desde el punto de vista formal, al explotar al máximo las concepciones estilísticas del ensayo como género. Desde el llamado inicial para conocernos con prontitud: “Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos”, hasta la célebre frase tan difundida y, por desgracia, tergiversada por el régimen castrista: “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, utilizada de manera premeditada y sacada del contexto de su tiempo por “oradores” incapaces, se vislumbra esa percepción, cuasi mística, de una necesidad de unión continental y de un despertar de conciencia unitaria.

Nuestra América, ensayo devenido en símbolo de identidad continental, es el texto emblemático dentro de la obra martiana dedicada a este concepto, texto en el que, se reafirma la originalidad – esencia–, de sus tierras. Y nos advierte con esa visión profética que de todos los peligros se irán salvando sus pueblos, los pueblos de Nuestra América, y nos conduce a esta proverbial interrogante:

“¿En qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles?”

Ya nos había advertido acerca de la utilidad de la preparación intelectual necesaria para todo proceso revolucionario: “No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados”. Pero no solo en su magno ensayo, realizado en plena madurez intelectual y espiritual, nos da conceptos definitorios en torno a nuestro sentido de la identidad; sino que ya en 1883, en su artículo Respeto a nuestra América, había abordado con profundidad dicho concepto:

“Lo que acontece en la América española no pude verse como un hecho aislado, sino como una enérgica, madura y casi simultánea decisión de entrar de una vez con brío en ese magnífico concierto de pueblos triunfantes y trabajadores, en que empieza a parecer menos velado el cielo y viles los ociosos. Se está en un alba, y como en los umbrales de una vida luminosa. Se esparce tal claridad por sobre la Tierra, que parece que van todos los hombres coronados de astros”.

También el héroe de Dos Ríos nos alertó, desde hace más de un siglo, de un despertar, algo que fue capaz de vislumbrar en su tiempo. Años más tarde, en la velada que la Sociedad Literaria Hispanoamericana ofrecía a los representantes de Hispanoamérica durante la Conferencia Internacional Americana, celebrada en Washington, en 1889-90, José Martí fue escogido para pronunciar un discurso que ha trascendido como Madre América – no debe confundirse con el ensayo Nuestra América, antes citado, ni con su escrito Respeto por nuestra América– , haciendo referencia a su frase final: “¡Madre América, allí encontramos hermanos!¡ Madre América, allí tienes hijos!”. En dicho discurso se realza nuevamente el concepto de identidad continental que nos ocupa en este segmento del escrito:

“Por eso vivimos aquí, orgullosos de nuestra América, para servirla y honrarla. (…) con la determinación y la capacidad de contribuir a que se le estime por sus méritos, y se la respete por sus sacrificios; porque las mismas guerras que de pura ignorancia le echan en cara los que no la conocen, son el timbre de honor de nuestros pueblos, que no han vacilado en acelerar con el abono de su sangre el camino del progreso, y pueden ostentaren la frente sus guerras como una corona”.

Sus ensayos dedicados a figuras históricas de nuestra América Española, “la América en que nació Juárez” y no “la América en que nació Lincoln”, es otra muestra de esa constante preocupación por la idea de lo hispanoamericano. Una aproximación a ciertos ensayos y artículos como: La ruinas indias, perteneciente a La Edad de Oro, nos permitirá apreciar la descripción que hace el autor de Versos Libres, con respeto y admiración, de las historias, fábulas, leyendas, tradiciones, construcciones, templos y ceremonias de los diferentes pueblos americanos, lo que sin duda, despertará en los lectores el interés porconocer las raíces del continente americano, y por lo tanto, ese sentido de la identidad continental al que me he referido y que Martí, el “hombre continental e intérprete de América”, según Alejo Carpentier, como ningún otro escritor de su tiempo pudo y supo apreciar. Martí va estableciendo en este ensayo un paralelo entre las características de los grandes héroes o reyes americanos y los europeos. Así, se compara al rey Netzahualpilli con el líder romano Bruto, ambos dejaron matar a sus hijos por haber violado la ley; a Xicoténcatl con Demóstenes, porque ambos suplicaron llorando a sus pueblos que no dejaran entrar al enemigo; elogió la sabiduría del monarca Netzahualcóyotl y lo comparó a Salomón, por haber levantado grandes templos a los Dioses; se refirió comparativamente a los sacrificios americanos en relación con los antiguos griegos.

Este paralelo demuestra el respeto de Martí hacia los valores universales del viejo continente; pero la necesidad de que los americanos conozcamos nuestra historia, que nos identifiquemos con nuestras tradiciones y costumbres y que seamos capaces de valorar que la historia de nuestro continente es similar y tan grande y rica como la de Europa, lo que se resume en la siguiente sentencia: “No habría poema más triste y hermoso que el que se puede sacar de la historia americana”. Otro de los ensayos que deben ser destacados es Tres héroes, perteneciente también a La Edad de Oro, en el que Martí se refiere a los tres héroes de América, a los que considera sagrados: Bolívar, de Venezuela; San Martín, del Río de la Plata, e Hidalgo de México. Esta valoración de los grandes líderes de la independencia emancipadora de América, sin duda, está en relación con su ideal político y con su sentido de la praxis Latinoamericana, idea que recrea nuevamente en su magistral discurso conocido como Madre América, al describirnos a San Martín “envuelto en su capa de batalla, cruzando los Andes”, y a Bolívar, “con su cohorte de astros, sacudiendo los flancos con estruendo”.

Así las cosas, acudir a la enseñanza de un ser, que no en vano fue considerado un apóstol, para la comprensión de lo que representa la espiritualización humana a partir de las virtudes, así como de la identidad continental, es un deber de todo aquel que comprenda y asimile la sentencia martiana de tener fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud.


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sábado, abril 12, 2025

Cine cubano. Rolando Díaz, uno de los grandes cineastas cubanos de nuestra historia, habla sin filtro sobre su paso por la industria del cine en Cuba, sobre cómo la política y la censura terminaron asfixiando a una generación de artistas

Yuliet Cruz

9 de abril, 2025

Adiós Cuba no es solo el título de su más reciente película, es también una frase que define un momento crucial en la vida de Rolando Díaz, uno de los grandes cineastas cubanos de nuestra historia. En este episodio converso con él sobre ese adiós: el que vive quien decide soltar un país para poder seguir creando, el que implica alejarse de una tierra que se ama pero que ya no permite la libertad.

Rolando habla sin filtro sobre su paso por la industria del cine en Cuba, sobre cómo la política y la censura terminaron asfixiando a una generación de artistas, y sobre el momento en el que comprendió que seguir creando allí implicaba renunciar a su integridad. Hablamos de su salida, de cómo reconstruyó su carrera en España, donde ha sido premiado y ha seguido enseñando cine con la misma pasión de siempre.

En esta conversación íntima recorremos sus memorias, los desafíos del cine independiente, y su mirada sobre el desarraigo, ese tema que atraviesa su película Adiós Cuba, en la que tengo el honor de formar parte. Un filme que habla de la diáspora, del dolor de los que se van y los que se quedan, de los silencios que aún nos habitan y el dolor que nos acompaña.

Este episodio es un homenaje a todos los que han tenido que decir “adiós” para poder seguir siendo ellos mismos. A los que, como Rolando, no han dejado de crear, aunque hayan tenido que irse lejos para hacerlo.

‪@AdiosCubaoficial‬

ROLANDO DÍAZ DESDE Los PáJAROS tirándole A la ESCOPETA hasta ADIOS CUBA CINE, CREACIÓN y ADIOS

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Caridad, una directora de teatro cubana exiliada en Valencia, España, se empeña en montar una Obra sobre el éxodo de cubanos de la Isla. Para llevar adelante dicho sueño Caridad cuenta con amigos entrañables, aunque en ocasiones surjan conflictos entre ellos; Lázaro, Regla y Fátima, la ayudarán a buscar casos de fugas espectaculares (testimonios reales obtenidos en Estados Unidos y España) y a montar un escenario insólito en medio de una perdida Nave Industrial que le permita a través de la música, la palabra, la danza y una imaginativa  escenografía, expresar con fuerza su profunda mirada sobre el desarraigo, la nostalgia y la pérdida de una Nación que se rompe .

ADIÓS CUBA TRAILER OFICIAL

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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

Obituario de Iliana García, esposa del director cubano de cine Rolando Díaz

Tomado de http://www.ddcuba.com


Obituario  de 

Una mujer de cine, que no pretendía serlo

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El director de 'Los pájaros tirándole a la escopeta' y 'Si me comprendieras' ha perdido a su esposa y colaboradora.
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Por Rolando Díaz
Miami
25-07-2011

La Habana, finales de mayo de 1984. Frente a los cines Riviera, Yara, Apolo, Alameda…. se agolpan largas filas de personas que semejan longanizas irregulares, serpientes de colores diversos (agobiadas por el calor) de muchos metros de largo. Las pequeñas fotos cuadradas que atestiguan lo que hoy cuento, reflejan las inmensas aglomeraciones que generó el estreno de la primera película de ficción que dirigí, Los pájaros tirándole a la escopeta (título que obtuve del extenso refranero de mi suegra Alicia) Aquellas instantáneas quedaron en un pequeño apartamento habanero donde las dejé encargadas a un amigo, pero persisten, indelebles, en un rincón de mi memoria.

(Ileana García junto a Rolando Díaz, 2004. (CERCANIA.NET))

La cámara rusa que las tomó, una Zenith, no podía ser otra, fue operada por una mujer que sentía una gran vocación por la fotografía, aunque no lo sabía. Ileana García, mi esposa, confirmó ese talento catorce años más tarde cuando también, como quien no quiere las cosas, realizó la foto que terminó siendo seleccionada por la distribuidora norteamericana First Run-Icarus Films para encabezar el cartel promocional del estreno newyorkino del documental Si me comprendieras, en enero del 2000.

Ileana falleció hace unos días, el 19 de julio pasado, en Miami, entre familiares y amigos, y hasta hoy no he tenido fuerzas para escribir estas líneas sobre la mujer que llenó mi vida por los últimos treinta y tres años. Su alegría perenne, su particular encanto y el perdido enamoramiento que generó en mi desde que la conocí (partía el bate aquella trigueña de veinticuatro años) en una bendita parada de la viboreña ruta 37, me han marcado hasta hoy.

Como suele decirse con solemnidad: murió víctima de una prolongada enfermedad. La prolongación fue de dos años y la enfermedad fue, en principio, ese inefable mal del siglo XXI, el cáncer de seno, que se fue extendiendo hasta destruir los pulmones que tantas veces le dieron aire para banarse en cuanta playa encontrara por delante.

Nos acompañamos entre amores turbios (hubo momentos que no fueron fáciles) e intensas pasiones, sobre todo en la juventud, y continuamos con discusiones y fidelidades, en Cuba y fuera de ella. Aunque siempre se impuso entre nosotros una, muchas veces inexplicable, necesidad de unión que superaba cualquier catástrofe inminente. No éramos un matrimonio modelo, pero supimos capitanear nuestro barco contra viento y marea.

No sé si la palabra adecuada es amor u otra de más envergadura que no conozco, pero así fue, así ha sido. He amado a esa mujer como nuca imaginé. No se qué haremos el uno sin el otro, porque aunque ella esté en otra parte, como piensan los muy creyentes (yo, que no me siento ateo, solo expreso aquí mis dudas) lo objetivo es que, por ahora, ni estamos, ni estaremos juntos. Será duro aceptar la realidad.

En la época de nuestro profundo e intenso habanerismo, Ileana era profesora de Estadística Matemática de la Universidad de la Habana y no tenía tiempo para ocuparse de las películas que yo realizaba con el ICAIC (alguna visita a un rodaje era su máxima implicación), pero una vez salidos del país, hacia las amables y queridas Islas Canarias (Tenerife fue nuestro destino) se convirtió en una mano derecha inesperada y mágica, en un apoyo imprescindible para que yo pudiera seguir soñando con el cine.

Todo comenzó con el documental El largo viaje de Rústico, nominado a los Premios Goya españoles en 1993. Sin darme cuenta, tenía una especie de asesora personal, personaje todoterreno que lo mismo opinaba inteligentemente del guión, que maquillaba a Rústico Pais, el protagonista, que preparaba las mesas del restaurante donde comeríamos, convirtiéndose de hecho en la capitana del lugar, que escuchaba apaciblemente el pataleo de quien no estaba seguro de cómo había salido el día de rodaje: mi pataleo, mis inseguridades.

Unos años después, en 1996, se ocupó de preparar el catering del docucomedia Fuera de juego, que rodé en Tenerife. La recuerdo en la cocina de nuestro apartamento junto a la buena amiga Wayra, que compartió con ella aquella aventura de cocinar para un equipo de rodaje. No eran platos de un restaurante francés, pero se podía hasta escoger entre dos propuestas, eso sí, bastante parecidas. Además, Ileana no dejaba de estar siempre a mi lado ante cualquier contingencia, y sus consejos había que oírlos o corrías el riesgo de perder alguna ventaja inesperada, porque eran de una perspicacia admirable.

Pero fue en Si me comprendieras, rodada en La Habana de manera independiente, entre 1997-98, donde desempeñó labores que fueron más allá de la foto fija, al responder por la exigua economía del film y estar pendiente de un sinfín de cosas en el terreno de la organización, las localizaciones y los rodajes. Fue el brazo derecho de la directora asistente Gloria María Cossío, y más. Su relación con las protagonistas, mujeres todas, fue decisiva para una película que se hizo prácticamente sin un céntimo… y no exagero, ahí también estuvo su magia.


[Ileana García y Reinaldo Miravalles en el rodaje de 'Cercanía'. (CERCANIA.NET)]

Continuó a mi lado como secretaria de talleres docentes y en varias tareas de nuestra productora cinematográfica canaria, Luna Llena, hasta que llegó su principal reto en el film Cercanía (2004), rodado en Miami, donde fungió como productora asistente, vestuarista (sorprendía su habilidad para llevar la continuidad del vestuario sin tener la menor idea de cómo se hacía aquello), decoradora y responsable de todas las finanzas de la película. Cuando terminábamos de trabajar, yo me acostaba a dormir ya sin fuerzas, y la sentía en el comedor del apartamento poniendo al día las finanzas. Fue el alma oculta de aquel filme, su entrega era total y absolutamente apasionada. Me superaba.

Ileana no dejó nunca de estar cerca del cine, controló, por Luna Llena, las finanzas del largometraje La vida según Ofelia que, en 2007, rodé en Las Palmas de Gran Canaria. En aquellas incursiones de fin de semana compartíamos apartamento con el actor Carlos Cruz, y las anécdotas de aquella estancia alcanzarían para un libro de setecientas páginas.

Trabajó durante cinco ediciones del Festival Internacional de Documentales Miradas Doc. Se ocupaba de todo el universo de las acreditaciones. La estaba animando, para que cuando saliera del cáncer fuera productora, con mayúsculas, de mi próximo proyecto: un documental sobre la vida del actor Reinaldo Miravalles… La tenía convencida, pero su salud empeoró de manera casi fulminante.

Era, además, una devoradora de historias. Leía todo lo que yo escribía, y como consumidora de cine era de una sagacidad muy notable; sobre todo en géneros como el thriller y el suspense: todo lo adivinaba, siempre estaba diez secuencias por delante de los hechos, no había criminal o asesino que pudiera escapar a su lucidez. Yo no ponía una, y ella me decía que se debía a su conocimiento de las matemáticas. En eso de aplicar la lógica me llevaba una gran ventaja.

Su sentido del humor nunca lo perdió, ni estando cerca de la muerte, porque Ileana, que por momentos podía ser muy melodramática, tenía una puerta siempre abierta para descargar la ironía. Ingresada ya en Cuidados Intensivos, en los momentos finales de su existencia, tenía una máscara de oxígeno herméticamente sellada sobre su rostro, y una cantidad de equipos conectados para medir y controlar sus signos vitales. Un día antes de su deceso, nos comentó a mí y a sus hijos, que estuvimos siempre junto a ella (con una voz que escuchada a través de aquella máscara sonaba como la de Skywalker, el malo de La Guerra de Las Galaxias) "Tengo más cables encima que una compañía de teléfonos".
 .

Esa es la Ileana que quiero recordar, esa es la Ileana que voy a recordar

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miércoles, enero 08, 2025

Falacias sobre la Segunda Repúbliva Española, la Guerra Civil y la persona y gobierno de Francisco Franco Bahamonde. Stanley G. Payne: El camino al 18 de Julio de 1936

 Desmontando  falacias sobre la Segunda República Española, la Guerra Civil  y la persona de  Francisco Franco Bahamonde.

(Francisco Franco Bahamonde (4 de diciembre de  1892 – 20 de noviembre  1975) saludando)

Por Pedro Pablo Arencibia

9 de diciembre de 1014

En estos últimos años  he visto con mucha preocupación hechos  que están  sucediendo en España  entre los que se encuentran las dos Leyes de la Memoria Histórica; la primera aprobada por la legislatura  durante el gobierno del Presidente  José Luis Rodríguez Zapatero   y  la segunda por el Presidente Pedro Sánchez Pérez-Castejón, ambos del  izquierdista Partido Socialista Obrero Español (PSOE),   así como    ¨colonización¨de casi todas las instituciones;   por parte del gobierno  que dirige  el Presidente del Gobierno Españoll  Pedro Sánchez.   Esta preocupación  comenzó  en mí cuando Zapatero,  de manera furtiva y sin referendum, retiró la estatua de Francisco Franco  que estaba en Madrid;  hoy Zapatero es cómplice de la dictadura de  Nicolás Maduro  en Venezuela.

Mi preocupación aumentó cuando eñ el gobierno del Presidente  Mariano Rajoy Brey  siendo  del Partido Popular (PP) que supuestamente era  un  partido de centro-derecha que tenía mayoría absoluta en el Congreso de Diputados (que es el nombre del Parlamento en España pues, según la constitución, en España la forma de gobierno es una monaequía parlamentaria  y no una monarquía constitucional como  muchas personas creen) no derogó,  teniendo  la mayoría absoluta la Ley de la Memoria Histórica de Zapatero pese a que desde el año  2008  se habían  encontrado  las actas  originales de las elecciones de febrero de 1936 donde se constata que la derecha,  mediante la coalición conocida por  Confederación Española de las Derechas Autónomas  (CEDA) fue ampliamente la ganadora  y no el Frente Popular (coalición de las izquierdas, los separatistas catalanes y los anarquistas )  el cual llegó al poder mediante un ftaude electoral o ¨pucherazo¨  al quitarle al menos 50 escaños  a la derecha. 

 La actitud cobarde  del centro-derechista  Niceto Alcalá Zamora  y la agresividad del ¨Lenin español¨, miembro del PSOE,  Francisco Largo Caballero, y  de los socialistas  Manuel Azaña  e Indalecio Prieto hacen siluetas con la actitud de  algunos líderwa políticos españoles de hoy  Muchos más detalles sobre el gran fraude electoral de febrero de   1936 se encuentran en este video de hace poco más de   7 años.


El fraude electoral de 1936


Pero vayamos  un poco antes de ese descomunal fraude 

Según sl manifiesto fundacional  de la  Agrupación al Servicio de la República (ASR),  el cual fue publicado en el periódico madrileño El Sol el 10 de febrero de 1931, dicha asociación  fue un movimiento político español creado por José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala con vistas a «movilizar a todos los españoles de oficio intelectual para que formen un copioso contingente de propagandistas y defensores de la República española»

En el artículo de Francisco Cuaresma, publicado el 9 de mayo de 2023,   titulado La decepción de los padres de la II República: Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón se aborda con detalles la decepción que  esos  padres de la II República tuvieron al ver en lo que se había convertido su soñada II República,  A continuación dicho artículo: 


 ANTONIO MACHADO Y RUIZ (1875-1939), GREGORIO MARAÑON  (1887-1960) JOSE ORTEGA Y GASSET (1883-1955) y RAMON PEREZ DE AYALA (1888-1962)

El pasado 14 de abril la izquierda española no perdió la oportunidad para ensalzar las bondades de la Segunda República. Alberto Garzón, por ejemplo, aseguró que el periodo republicano fue un intento de construir un régimen democrático y social, siendo abortado por una oligarquía golpista.

Dejando a un lado el relato tan simplón y pueril, no está de más en insistir en que aquella etapa tuvo poco de democrática, pues habrá mucha gente bienintencionada que todavía lo crea a estas alturas. Prueba inequívoca de ello es que los principales alentadores de los vientos de cambio republicano en 1931 acabaron decepcionados una vez la maquinaria del nuevo régimen comenzó a girar. Este desencanto se cristaliza en tres nombres: Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón.

Los tres intelectuales contribuyeron con sus plumas a la llegada del régimen republicano. Probablemente más que Queipo de Llano, los fusilados Galán y García Hernández y todos los firmantes del Pacto de San Sebastián. Años más tarde aquel triunvirato acabaría lamentando con inmensa amargura su nefasta contribución.

Probablemente de los tres el más entusiasta republicano fue Ortega y Gasset. El filósofo, radicalmente contrario a la dictadura de Primo de Rivera, publicó el 30 de noviembre de 1930 un mítico artículo en el diario El Sol llamado El error Berenguer. En opinión del intelectual, Alfonso XIII había unido su destino al de Miguel Primo de Rivera al aceptar la dictadura del militar. Tras la caída del dictador jerezano, Gasset consideraba que no podía hacerse como si nada hubiese pasado. Sus críticas a Alfonso XIII le convirtieron en generador de corrientes de opinión en favor de la República. Con sus columnas terminó por atraer a su trinchera a otros dos intelectuales de renombre: Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. Aquel famoso trío terminaría fundando el 10 de febrero de 1931 la Asociación al Servicio de la República, siendo conocidos como Los padres de la República.

No tardó demasiado tiempo Ortega y Gasset en arrepentirse de haber contribuido a la llegada del nuevo régimen. Conocidísimo es su artículo titulado No es esto, no es esto, publicado en septiembre de 1931, sólo unos meses después del nacimiento. En el mencionado artículo advertía lo siguiente: «La República es una cosa. El radicalismo es otra. Si no, al tiempo». Gasset, representante de una derecha moderada y liberal, no podía permanecer impasible ante los signos revolucionarios y de autoritarismo que desde bien temprano empezaba a mostrar la neonata república.

Con el paso de los meses, el descontento no hizo sino aumentar. Hastiado con la arbitrariedad y sectarismo de las autoridades republicanas, decidió disolver la Asociación al Servicio de la República, en septiembre de 1932.

El inicio de la Guerra Civil le sorprendió en Madrid, donde pasaría los primeros meses del conflicto. Allí tuvo que soportar la continua presión de milicianos frentepopulistas para que firmara manifiestos en favor de la República. En una de aquellas visitas lo amenazaron con la muerte si se negaba a firmar el manifiesto que los milicianos llevaron consigo. Sintiendo el aliento de los milicianos en la nuca, y viendo el clima de represión generalizada que se había desatado en el Madrid republicano contra todo aquel considerado desafecto al régimen, consideró que era mejor hacer las maletas y poner tierra de por medio. Así, emprendió viaje a París en agosto de 1936. Instalado en el país galo, vio como sus dos hijos se alistaron en el ejército nacional.

También Gregorio Marañón experimentó el mismo proceso interno —a nivel político— que Gasset. Tanto se implicó Marañón en conseguir el éxito de la causa republicana que prestó su casa para que los líderes republicanos negociasen la transición con los monárquicos el mediodía del 14 de abril. Una vez estallado el conflicto, también sufrió la presión de los milicianos. Viendo peligrar su vida, se refugió con su familia en la embajada de Polonia, desde donde consiguió escapar hacia París. Volvería a España en 1945. Durante la guerra, su hijo Gregorio dejó la comodidad parisina para alistarse en el ejército de Franco. El vástago del ilustre médico terminaría siendo procurador en las Cortes franquistas. En marzo de 1939 escribiría Marañón en una carta a Pérez de Ayala: «Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España. Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos».

El mismo recorrido vital de Ortega y Marañón fue el que realizó Pérez de Ayala. De ser un acendrado republicano pasó a mostrar su apoyo al ejército de Franco una vez estallada la guerra. El que fuese Premio Nacional de Literatura había sido el tercer firmante de del manifiesto de la Agrupación al Servicio de la República. Fue diputado hasta 1933, director del Museo del Prado y embajador en de España en Londres. De su último cargo dimitió en junio de 1936, viendo la deriva revolucionaria en la que España se había imbuido tras la victoria del Frente Popular. En el año 1938 publicó un artículo para el diario The Times en el que mostraba su apoyo a la causa franquista: «Desde el comienzo del movimiento nacionalista, he asentido a él explícitamente y he profesado al general Franco mi adhesión».

Desde el exilio francés los tres ilustres españoles intentaron quitar la venda de los ojos a aquellos intelectuales extranjeros que, probablemente bienintencionado pero equivocados, hacían campaña en favor de la causa republicana.

Aquellos tres intelectuales soñaron con una República civilizada que significara un soplo de aire fresco. Aire que trajera consigo las reformas que la España de 1931 pedía por los cuatro costados. No pudo ser. Y por ello repitieron en numerosas ocasiones su arrepentimiento por haber colaborado en el advenimiento de la República. Cierto es que después de la guerra no fueron fervorosos franquistas, pues el régimen nacido en Burgos en el año 1936 los miraba con cierta distancia. Pero es innegable que el testimonio de aquellos tres hombres libres sirve para dar buena cuenta de que la Segunda República no fue un paraíso terrenal.

Una vez más la realidad histórica, gélida e inalterable, escapa de las garras de los políticos manipuladores que únicamente pretenden sembrar discordia. La Segunda República no fue aquel oasis de paz, prosperidad y libertad que nos intenta vender la izquierda política con la colaboración de sus distintos satélites. Y no hay mayor prueba de ello que la enorme decepción y sentimiento de amargura que invadió a aquellos intelectuales que hicieron posible el nacimiento de aquel régimen.

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En el año 2014 en el canal Periodista Digital, de YouTube, se publicó  una entrevista al  relevante  historiador y divulgador Pío Moa, autor  de varios libros  sobre los orígenes de  la Guerra Civil,  la Guerra Civil, Franco y el Franquismo que han tenido una gran venta.  Sobre Pío Moa  tomo un fragmento de lo que aparece  en  Wikipedia  sobre él: 

¨... Comunista en su juventud, durante sus primeros años participó en la oposición antifranquista como uno de los miembros fundadores de la organización terrorista marxista-leninista GRAPO. Expulsado del mismo en 1977 y condenado a un año de prisión en 1983, su pensamiento fue evolucionando hasta pasar a sostener posiciones políticas conservadoras y defensoras de muchos aspectos de la dictadura de Franco.

Defensor de la figura de Franco y de muchos aspectos de la dictadura franquista, ha señalado que «Franco debe […] recibir la gratitud y el reconocimiento de la mayoría de los españoles».3​ Moa culpa al Partido Socialista Obrero Español de causar la Guerra Civil, principalmente por su apoyo a la Revolución de 1934, abortada por el general Franco, que se mantuvo leal a la República. De igual manera, considera que la actual democracia es heredera del régimen franquista, que según Moa experimentó una «evolución democratizante»,4​ y no de las izquierdas del Frente Popular, según él totalitarias y antidemocráticas, y que dejaron un legado de «devastación intelectual, moral y política».¨

A continuación la entrevista de marras  que se le hizo a Pío Moa a raíz de  la edición  44 de su libro Los Mitos de la Guerra Civil:



El Toro TV
noviembre, 2024

Francisco Franco, el dictador que no dictaba


Mucho más sobre Franco  en el siguiente video entre los instantes 57:00  y 1:20:36

El Gato al Agua
22/11/24


Un profesor de Matemáticas  y  excomunista le explica de manera  clara y amena  a Pedro Sánchez,  actual Presidente  del Gobierno Español, la obra de gobierno de Francisco Franco.





Juan Ramón Rallo
10 de enero, 2025

¿Creció más la economía durante el franquismo o durante la democracia?





Francisco Franco conversando con el actual Rey Felipe VI 


Elite Podcast
9 de enero, 2025
TE CUENTAN LA HISTORIA MAL 🇪🇸 | Fernando Paz




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A continuación   uno de los mejores artículos que he leido sobre  las causas y orígenes del levantamiento  militar del 18 de julio de 1936 y de la Guerra Civil Española ; su autor es  Stanley G. Payne,  Profesor Emérito de la Universidad de  Wisconsin-Madison, que trabaja en el Departamento de Historia de dicha universidad.


El camino al 18 de Julio

Por Stanley G. Payne
Nº 67-68

Conferencia pronunciada por el autor en el Centro Superior de Estudios de la Defensa (Ceseden), Madrid, el pasado 8 de marzo, con motivo de la presentación de su libro del mismo título.

La guerra civil de 1936 marcó el punto de inflexión en la historia contemporánea de España y, durante su curso, José Ortega y Gasset subrayó la importancia de "estar bien informado" al término de su "primer y más sustancial capítulo", que definió como "su origen, las causas que la han producido". Por lo general, la sección sobre las causas y los orígenes inmediatos es la parte más débil de las historias de esta guerra, un asunto que con frecuencia es soslayado o en gran parte ignorado. El objetivo de esta conferencia es aceptar el desafío de Ortega, enfocando los orígenes inmediatos del conflicto, que pueden estar entre los siete meses de diciembre de 1935 y julio de 1936.

Este análisis no presupone ninguna inevitabilidad o determinismo histórico en el proceso, porque todo lo que pasó fue la consecuencia de una serie de políticas y decisiones, que bien pudieron haber sido cambiadas o puestas al revés. Y ello parece haber sido el caso hasta una fecha tan cercana al inicio del conflicto como el 14 o 15 de julio. Como se verá, al final hubo varias decisiones explícitas para no dar marcha atrás.

Muchas veces se ha dicho que España estaba demasiado atrasada, o que el contexto internacional era demasiado negativo, para permitir el desarrollo de un régimen constitucional y democrático, pero lo único que podemos verificar es lo que de verdad pasó. Y así tenemos que durante cuatro años y medio el sistema funcionó esencialmente como un régimen constitucional y democrático, es decir, cuando los actores principales deseaban que funcionara así. El régimen sobrevivió a la quema de conventos en 1931, las tres insurrecciones anarquistas de 1932-33, la débil intentona militar de 1932 y hasta a la gran insurrección de los socialistas en 1934 para imponer el socialismo revolucionario y la declaración de independencia de la Generalidad de Cataluña.

Sobrevivió también a las insistentes exigencias de los partidos de izquierda de pretender anular los resultados de las primeras elecciones democráticas en la historia de España, cuando en noviembre-diciembre de 1933 presentaron una serie de cuatro propuestas al presidente de la República, Alcalá-Zamora, para anular la expresión de la democracia. Aquel fue el mejor momento de Alcalá-Zamora, quien se mantuvo firme a favor de los procedimientos constitucionales.

En cambio, su actuación fue muy diferente durante la vida de las Cortes elegidas en dichas elecciones. Durante 1934 y 1935, Alcalá Zamora interfirió frecuentemente para obstaculizar las actividades del Gobierno parlamentario. Finalmente, acabó con la vida de aquellas Cortes de un modo más que arbitrario, que fue denunciado por casi todos los políticos democráticos del centro. El propio presidente de la República marcó el primer jalón decisivo en el camino al 18 de Julio cuando en diciembre de 1935 vetó la formación de un Gobierno con mayoría parlamentaria, pese a que tal mayoría existía, y luego, un mes más tarde, puso fin a la vida de aquellas primeras Cortes democráticas de modo absolutamente arbitrario al disolver el Parlamento cuando le quedaban aún dos años más de vida.

Otros dos años de Gobierno parlamentario estable hubieran calmado posiblemente al país, y evitado la erosión de la democracia y la guerra. Aún más, el presidente de la República nombró a un Gobierno de gestión sin representación alguna en las Cortes, presidido por un asociado personal, Manuel Portela Valladares, que ni siquiera tenía escaño. Para colmo de males, le encargó la creación de un nuevo partido del presidente de la República –una vuelta a los antiguos estilos caciquiles–, con el objetivo de que desde el Gobierno tratase de fomentar y manipular los resultados de las nuevas elecciones. Así, el mismo presidente de la República, del modo más insistente y terco, creó el primer jalón en el camino.

Un segundo jalón fue la formación del Frente Popular, que fue muy diferente de su homónimo en Francia. El Frente Popular francés fue una alianza principalmente de partidos democráticos para defender y fortalecer la democracia en su país. El Frente Popular español fue la alianza de la mayor parte de los partidos que ya habían rechazado la democracia electoral durante 1933-34, y su intención fue la de convertir la República en otro régimen exclusivamente de izquierdas, para anular totalmente la influencia y actividad del centro y las derechas. Aún más, fue una alianza contradictoria entre los partidos de la izquierda burguesa y los movimientos revolucionarios, que no proponía un Gobierno mayoritario y era incapaz de lograr otro programa, salvo uno mínimo electoral, que permitiría divergencias profundas después. Se formó sobre la base de la total incertidumbre en cuanto al porvenir, que recordaba el clásico dicho leninista de –"quién explota a quién"–, un pulso que fue ganado por los movimientos revolucionarios, quienes consiguieron doblegar a la izquierda burguesa.

Tal vez el jalón más importante fue el largo proceso electoral que se desarrolló desde febrero a mayo de 1936. Durante ochenta años, los propagandistas de izquierdas han insistido hasta la saciedad en la "legitimidad" de un Gobierno "democrático elegido". Y pese a que fue siempre evidente que las tres últimas fases de ese proceso fueron fraudulentas, hemos creído durante casi un siglo que la primera vuelta de las elecciones del 16 de febrero fue democrática en sus procedimientos, pero ahora resulta que ni siquiera eso fue cierto. Según las nuevas investigaciones de dos historiadores jóvenes, que serán publicadas hacia el final de este año, no es exacto, sino que los grupos de izquierdas llevaron a cabo una serie de asaltos, manipulaciones y falsificaciones que alteraron los resultados en al menos seis provincias, que convirtió lo que parece haber sido aproximadamente un empate en la votación popular en una victoria clara, aunque por estrecho margen, del Frente Popular.

La campaña electoral de febrero del 36 fue la más violenta de la historia de España, con más de cuarenta muertos, y la violencia de las izquierdas continuó en la segunda vuelta del primero de marzo, lo que provocó la retirada de las derechas de la misma, aunque había pocos escaños en disputa. La tercera fase comenzó con la reunión de la Comisión de Actas de las Cortes nuevas el 25 de marzo, que anuló aproximadamente 35 escaños de las derechas para otorgárselos al Frente Popular. Casi todos los historiadores, hasta un historiador comunista como Manuel Tuñón de Lara, han condenado este paso tan fraudulento. La última fase tuvo lugar el 5 de mayo, en la repetición de las elecciones en las provincias de Cuenca y Granada, con la supresión violenta y casi completa de las derechas. Fue el proceso más largo y más violento de la historia electoral del país, y un proceso extensamente fraudulento, cuyos resultados falsificados abrieron el camino al 18 de julio.

Otro jalón en la erosión de la democracia tuvo lugar cuando Alcalá-Zamora rechazó la petición de declarar el estado de guerra el 17 de febrero. Ello habría cortado el proceso de fraude, y pudiera haber cerrado el paso al deterioro constante de la ley y el orden a partir de ese momento.

La formación apresurada y anormal del Gobierno de Manuel Azaña el 19 de febrero constituyó el siguiente paso, porque inició una política dual: fue dual en el sentido de lo que hacía y lo que dejaba de hacer. Por un lado llevó a cabo una serie de abusos fundamentales –cierre de los colegios católicos, eliminación total del culto en algunas parroquias, expulsión de curas, leyes nuevas para garantizar un control político y unilateral de los jueces y los tribunales, inclusión de milicianos revolucionarios como delegados de policía (utilizando a criminales, a veces ya juzgados y condenados, para pretender aplicar la ley)– y, a largo plazo, al comienzo de un proceso para ilegalizar a las organizaciones de derechas. Todo ello con un rechazo absoluto al concepto y a la práctica de un Gobierno igual para todos.

Desde otros ámbitos de las izquierdas burguesas meramente se dejaba hacer, rehusando que se aplicara la ley a sus aliados del Frente Popular, de cuyos votos dependían. Esto abrió paso a un elenco casi increíble de desórdenes y atropellos. Cualquier alternativa a esto amenazaba con "romper el Frente Popular", y Azaña aseguró en varias ocasiones que estaba dispuesto a cualquier cosa menos a que eso ocurriera. A veces se actuaba contra los anarquistas, que no formaban parte del Frente Popular. En algún momento hubo cierta reacción de parte del Gobierno, con iniciativas mortíferas de las fuerzas de orden, pero era espástica y episódica, todo lo contrario de una política metódica.

No hubo nada más decisivo –aparte de las elecciones– en el camino al 18 de Julio que la larga secuencia de desórdenes y atropellos de todos los tipos, sin comparación con la experiencia de cualquier otro país europeo de la época con régimen parlamentario en tiempos de paz. Los españoles tienen fama –inexacta y falsa– de ser impacientes, pero su capacidad de aguantar abusos durante los largos meses de desgobierno de Azaña y Casares Quiroga no tuvo parangón en cualquier otro país.

Tales abusos fueron:

Una ola de huelgas iniciada en la primavera, muchas de ellas sin objetivo económico alguno, más allá de pretender la dominación de la propiedad privada, y que a menudo estuvieron acompañadas de violencia y destrucción de propiedades.

La incautación ilegal de propiedades, sobre todo en las provincias del sur, en ocasiones legalizadas a posteriori por un Gobierno sometido a la presión de los revolucionarios. Los efectos económicos fueron en gran parte destructivos, dado que no fomentaron la modernización y la productividad, sino la redistribución de la pobreza, sin capital y sin desarrollo tecnológico.

Una cadena de incendios provocados y la destrucción de propiedades, sobre todo en el sur.

La incautación de iglesias y propiedades eclesiásticas en el sur y el este, así como en algunas otras zonas del país.

El cierre de colegios católicos, que provocó el comienzo de una crisis educativa, así como la supresión de las actividades religiosas católicas en varias localidades, que estuvo acompañada de la expulsión de sacerdotes.

Un importante declive económico, que rara vez ha sido estudiado, y nunca en detalle, con una seria caída de la bolsa, la fuga de capitales y, en algunas provincias del sur, el abandono de los cultivos, dado que los costes de la recolección superaban con creces el valor de la cosecha.

La amplia extensión de la censura, con una grave limitación de las libertades de expresión y reunión.

Varios miles –no se sabe cuántas fueron– de detenciones políticas arbitrarias de miembros de partidos derechistas, que culminaron con el secuestro de Calvo Sotelo.

La impunidad en la comisión de los delitos para los miembros de los partidos frentepopulistas, que apenas sufrieron arrestos. En ocasiones se detuvo a anarquistas, ya que estos no eran miembros del Frente Popular.

La politización de la Justicia mediante nuevas políticas y leyes, con el fin de facilitar las detenciones y los procesos políticos arbitrarios e ilegalizar a los partidos derechistas, reemplazando a jueces según el capricho del Gobierno. Pese a las cuatro insurrecciones violentas de los movimientos revolucionarios contra la República –sin contrapartida entre los partidos derechistas–, ninguno de ellos fue acusado de delito alguno, pues la justicia había pasado a estar politizada, de acuerdo con el programa del Frente Popular.

Cambios arbitrarios de funcionarios y personal en los gobiernos provinciales y municipales en muchas provincias, a veces para eliminar a los representantes elegidos, para favorecer a los representantes de los partidos frentepopulistas.

El comienzo de un proceso de disolución oficial de los grupos derechistas, comenzando con los falangistas en marzo, los sindicatos católicos en mayo, y la pretensión de actuar de igual forma contra los monárquicos de Renovación Española en vísperas de la Guerra Civil. Cuando el Tribunal Supremo anuló la ilegalización de Falange a primeros de junio, el Gobierno no hizo el menor caso, sino que promovió aún más detenciones de sus altos cargos y responsables. El proceso se diseñó para crear las condiciones para el monopolio político de izquierdas, que se alcanzó, en primer lugar, en las agrupaciones sindicales. Los azañistas la llamaban la "República de izquierdas", y los comunistas, la "República de tipo nuevo".

La subversión de las fuerzas de seguridad gracias a la reincorporación de los elementos revolucionarios, algunos de ellos procesados con anterioridad por sus acciones violentas y subversivas. Uno de ellos estuvo al mando del escuadrón que asesinó a Calvo Sotelo. Igual de notoria fue la incorporación de activistas socialistas y comunistas como delegados de policía, nombrados ad hoc como policías suplentes. Ello continuaba el precedente sentado por el Gobierno de Hitler en 1933, cuando nombró a activistas violentos y subversivos de la SA y las SS como Hilfspolizei especiales.

El incremento de la violencia política, aunque su extensión fuera muy desigual en las distintas zonas del país. Algunas provincias experimentaron una relativa calma, mientras que en otras existió una violencia política frecuente, sobre todo en las ciudades de mayor tamaño. En seis meses y medio fueron asesinadas más de cuatrocientas personas.

Todo ello creó una situación que hasta historiadores con simpatías por las izquierdas han definido como "prerrevolucionaria", sin el menor precedente en otro país europeo en tiempos de paz internacional.

Una pregunta básica es: ¿cuáles fueron los proyectos exactos de los movimientos revolucionarios para pasar de estas condiciones prerrevolucionarias a la revolución directa? Entre 1932 y 1934 los anarquistas y los socialistas habían lanzado cuatro insurrecciones violentas para imponer dictaduras revolucionarias, y todas habían fracasado. Habían aprendido la lección siguiendo el consejo que León Trotsky apuntó en su Historia de la revolución rusa, cuando subrayó que los revolucionarios deben pretender actuar a la defensiva e iniciar la revolución bajo el disfraz de contestar a una agresión de los contrarrevolucionarios. De ahí que ni la FAI-CNT, ni el PSOE-UGT ni el pequeño POUM leninista tuvieran planes para lanzar una insurrección inmediata, sino de continuar con el desgaste del sistema republicano y capitalista. Concretamente, el principal sector revolucionario –los caballeristas del PSOE-UGT– pensaban provocar a sectores del Ejército para que se sublevaran y resolver la crisis subsiguiente con una huelga general, que les permitiría hacerse con el control del Gobierno republicano de un modo semilegal, con la excusa de haber actuado a la defensiva.

Hasta los comunistas habían cambiado de táctica. Hasta 1935 la Internacional Comunista, o Comintern, había seguido una política guerracivilista a ultranza, con el resultado de que perdió las contiendas en todos los países salvo en Rusia. Por eso en 1935 decidió cambiar, para adoptar la táctica fascista de formar alianzas y explotar la "legalidad burguesa". De ahí los orígenes del Frente Popular. En 1936 el PCE fue el único movimiento revolucionario en España que desaconsejó terminantemente la táctica de revolución y guerra civil, sino que insistió en explotar el sistema utilizando medios legales o semilegales (con casi todas las instituciones en manos de las izquierdas) para ilegalizar completamente a las derechas, usando las instituciones de la República democrática para transformarla con poca violencia en una "República de tipo nuevo": la República Popular revolucionaria (algo plenamente logrado meses después, en la Guerra Civil).

Las izquierdas han insistido muchas veces en que las derechas no eran pacientes, que rechazaban las "reformas". En su mayor parte eso es categóricamente falso. Lo contrario sería lo más acertado, en vista de las reiteradas declaraciones de los grupos de empresarios. Las reformas sí fueron aceptadas, salvo algunas de las más extremas, que destruían la economía, pero en cambio se pedía respeto a la Constitución y a ley y el orden, para poner fin a los actos ilegales y violentos. En mayo, los propietarios de hoteles en Barcelona ofrecieron ceder una parte de sus acciones a los empleados y hacerlos propietarios también, si abandonaban las huelgas salvajes y las demandas exorbitantes. A mediados de ese mes, la Federación Patronal Española y la Confederación Española Patronal Agrícola anunciaron oficialmente que aceptaban todos los cambios impuestos por la ley, dejando claro que con ello estaban al límite de sus posibilidades, y pidieron una vuelta a la ley y el orden. En la provincia de Córdoba hasta los pequeños propietarios que pertenecían a los partidos republicanos de izquierda presentaron una petición al Instituto de Reforma Agraria para que éste se ocupara de sus propiedades, pagando la compensación especificada por la ley, porque en las condiciones del momento el cultivo resultaba inútil.

El 7 de junio un manifiesto firmado por 126 asociaciones empresariales de todos los tipos aceptó la gran mayoría de los cambios recientes y hasta algunas de las propuestas nuevas, pero pidió angustiosamente medidas para frenar la anarquía. Se pidió un nuevo arbitraje, más justo y neutral, y un nuevo acuerdo oficial, similar al que había negociado el Gobierno del Frente Popular francés. A fines de junio, una asamblea general en Madrid de las Cámaras de Comercio de toda España pidió esencialmente la misma cosa.

¿Cuál fue la respuesta de los partidos políticos del centro y de la derecha? Protestaron mucho en las Cortes, el único foro del país que no estaba sometido a censura, y fuera de eso se frotaron las manos la mayor parte del tiempo, acción que no tuvo la menor eficacia. Finalmente, el 25 de mayo, Felipe Sánchez Román, amigo personal de Azaña y jefe de un diminuto Partido Nacional Republicano (un pequeño grupo moderado de centro-izquierda), propuso públicamente la formación de un nuevo Gobierno de alianza de las fuerzas del centro y de las izquierdas moderadas, para formar un Gobierno con plenos poderes, al objeto de restaurar la vigencia de la Constitución, que ya por entonces se había eclipsado. Un mes más tarde, Miguel Maura, un político democrático del centro, que había sido uno de los fundadores de la República, propuso lo mismo en una serie de artículos en El Sol llamando a tal alternativa "una dictadura constitucional republicana". Sabemos que el partido de Azaña discutió las propuestas apoyadas por algunos personajes del mismo partido, como Claudio Sánchez Albornoz, pero las rechazó terminantemente, prefiriendo mantener el statu quo de desgaste del orden constitucional.

El Gobierno afirmó de forma clara que rechazaba cualquier diálogo en serio, y que esperaba la sumisión total de las derechas. La CEDA, el único partido derechista de masas, no tenía una sección paramilitar, aunque parte de su juventud estaba radicalizándose. Los carlistas, que fueron pocos, preparaban sus propias milicias, pero rechazaban la cooperación con otros grupos. Los monárquicos alfonsinos buscaban armas en Roma sin éxito, porque Mussolini juzgaba la vida política española como una especie de jaula de grillos sin provecho alguno. Los falangistas crecían rápidamente en militancia y afiliados luchando y asesinando, pero habían sido ilegalizados a mediados de marzo, y no podían formar milicias propias de alguna importancia.

La extrema derecha miraba al Ejército, y varios sectores militares habían comenzado a conspirar no contra la República sino contra el Frente Popular, pero sin el menor éxito. La verdad es que la gran mayoría de los oficiales no querían alzarse en armas, porque ellos mismos estaban muy divididos en términos políticos, y ningún mando importante en activo estaba dispuesto a servir como líder. Tres meses después de las elecciones, cualquier foco de rebelión dentro del Ejército quedaba disociado e incierto, por no decir confuso.

Finalmente, el general de brigada Emilio Mola, que mandaba las fuerzas del pequeño cuartel de Pamplona, se presentó para organizar una conspiración militar a escala nacional. Hacia finales de mayo había logrado el reconocimiento de los pocos elementos dispuestos a comprometerse en tal empresa. Lo que Mola propuso fue una reforma tajante de la República para restaurar la disciplina, descartando totalmente la restauración de la Monarquía. Aun así, a finales de junio calculaba que solamente un quince por ciento de los oficiales estaban dispuestos a participar en una revuelta armada, y Francisco Franco no formaba parte de tal minoría. Finalmente, Mola llegó a un acuerdo limitado con los falangistas, pero el 9 de julio las negociaciones con los carlistas fracasaron y Mola quedó amargado y desesperado. Miraba con buenos ojos la propuesta de Miguel Maura de formar una "dictadura constitucional republicana", pero también veía que eso no parecía tener el menor apoyo de parte del Gobierno. No sabía si atreverse a dar un salto en el vacío, o si era mejor dimitir y huir al extranjero.

De ahí la gran importancia del secuestro y magnicidio de José Calvo Sotelo en Madrid la noche del 12-13 de julio. Su enorme resonancia en España no fue consecuencia de otro asesinato más, en el largo elenco de las más de cuatrocientas personas muertas violentamente en aquellos meses, y ni siquiera porque fuera uno de los dos más importantes portavoces de la derecha en las Cortes, sino por la forma en que se hizo y por la identidad de los asesinos. Un diputado del Parlamento no podía ser detenido legalmente sino por votación de las mismas Cortes, pero Calvo Sotelo fue secuestrado en su casa durante la noche y asesinado poco después por un escuadrón ilegal de Guardias de Asalto y cuatro milicianos del Partido Socialista mandados irregularmente por un capitán de la Guardia Civil, que había sido repuesto en sus funciones después de una condena a treinta años por haberse amotinado en 1934 en el intento de derrocar el régimen. Ellos formaron la primera de las checas de Madrid, y uno de los socialistas asesinó al jefe monárquico con un tiro en la nuca, al estilo soviético. La conmoción que produjo la expresó en una carta Gregorio Marañón dos días después. Marañón había votado al Frente Popular en febrero, pero ahora afirmaba: "Todo el país está indignado, como no lo ha estado jamás", subrayando estas últimas palabras con su propia mano.

Aquel magnicidio salvó la conspiración militar, porque su efecto fue dramático y eléctrico, llegó a ser el gran catalizador de una sublevación militar que, desde ese instante, podría tener posibilidades de alcanzar una dimensión importante. El propio Franco se comprometió totalmente con la sublevación por vez primera, y miles de oficiales le acompañaron.

La mañana de aquel asesinato pudo darse casi la última oportunidad para abandonar el camino al 18 de Julio y dar marcha atrás. Pero ¿cuál fue la reacción del Gobierno de Santiago Casares Quiroga? Prácticamente ninguna. Prometió una "investigación" rutinaria, como si se tratara de un accidente de tráfico, que luego nunca se llevó a cabo; por el contrario, extendió la censura para tratar de esconder la verdad y detuvo a más derechistas, como si los responsables hubiesen sido ellos.

Aunque luego las izquierdas pasarían muchos años retorciéndose las manos sobre la iniquidad de la sublevación militar, la verdad fue que por aquellas fechas el Gobierno la deseaba y, si necesario fuera, quería provocarla. Sabemos por los testimonios personales de izquierdistas prominentes, como Francisco Largo Caballero, Juan-Simeón Vidarte, Santiago Carrillo y otros, que Casares Quiroga les decía que no buscaba la reconciliación o cualquier intento de evitar la sublevación, sino que la deseaba, porque se sentía absolutamente seguro de poder aplastarla. Al Ejército español se le juzgaba como una especie de tigre de papel, y una victoria fácil daría al Gobierno mayor fuerza e independencia.

Aun en tales condiciones, Mola dudó. Impresionado por la propuesta de Miguel Maura, unas doce horas después del magnicidio, hizo un intento de contactar personalmente con Mariano Ansó, presidente de la Comisión de Guerra de las Cortes. No conocemos sus intenciones a ciencia cierta, pero parece que buscaba alguna comunicación con el Gobierno para averiguar si consideraba alguna iniciativa de moderación o conciliación que hiciera innecesaria la rebelión. De todas formas, Ansó nos dice en sus memorias que rechazó cualquier contacto con Mola, de modo constitucionalmente correcto, pero políticamente –tal vez– desastroso. Al día siguiente, Mola emitió las órdenes finales para la sublevación.

Una vez iniciada la sublevación, el error de cálculo del Gobierno llegó pronto a ser evidente. Después de consumar todo el camino hacia el 18 de Julio, paso por paso, Manuel Azaña se decidió, finalmente, a dar marcha atrás en las primeras horas del día 19 nombrando un Gobierno de izquierda más moderada para lograr la conciliación, pero llegó ya demasiado tarde. Para colmo de males, el último y mayor de sus errores de cálculo lo llevó a cabo veinticuatro horas después, al cambiar radicalmente de criterio y decidirse por potenciar a los revolucionarios entregándoles las armas y, en gran parte, el poder.

Durante ocho décadas, las izquierdas han denunciado la insurrección del 18 de Julio, lo cual, desde un punto de vista partidista, es perfectamente lógico, porque fue mucho más fuerte que la sublevación que habían deseado provocar, y dio al traste con todas sus ambiciones de dominar España. Desde un punto de vista práctico, en cambio, no es tan convincente, porque nunca ha existido un proceso revolucionario que no haya provocado una resistencia contrarrevolucionaria, aunque en ocasiones haya fracasado. Quienes no deseen la contrarrevolución, que no emprendan la revolución. Es así.

Desde muy pronto, la propaganda izquierdista intentó establecer que la sublevación contrarrevolucionaria constituyó una "rebelión en contra de la democracia". De hecho, fue en contra de la erosión total de la democracia, porque si se hubiera mantenido la democracia constitucional nunca habría habido una sublevación de importancia.

Resulta toda una paradoja que el general Franco, aunque no creía en la democracia, estuviera reclamando la conservación y el respeto a la constitución democrática, que durante largo plazo se fue completamente erosionando, hasta su completa destrucción.

Se ha dicho que en España las derechas y el centro no eran pacientes, que deberían haber estado dispuestos a dejarse atropellar indefinidamente, lo que puede ser cierto desde la perspectiva de una lógica partidista, pero no puede ser un argumento histórico, puesto que en términos de historia comparada es totalmente ahistórico, antiempírico y hasta absurdo. En toda la historia, es difícil identificar a un grupo social o político de importancia que hubiera actuado como pedían las izquierdas españolas. Lo que llama la atención es lo contrario, es decir, la extraordinaria paciencia de las derechas en España, incluida la del propio Franco. En muchos países no se hubiese soportado ni la mitad de lo que se venía soportando desde hacía meses en España. Cualquier persona que dude de esta afirmación debe primero hacer la comparación con las tres grandes guerras civiles de la época moderna en los países de habla inglesa –en 1640, en 1775 y en 1861–, y verá inmediatamente que la situación en España era bastante más atroz. Estos países de habla inglesa son a los que, generalmente, se considera que llevan la batuta en democracia moderna y gobierno constitucional, y no se encontrará entre sus ciudadanos la menor disposición a dejarse atropellar indefinidamente.

Uno de los problemas cuando se provoca una contrarrevolución es que ésta, en muchas ocasiones, no supone meramente la anulación de la revolución. Si fuera así, en España, presumiblemente, se habría vuelto a Lerroux y a Gil Robles. Pero, como señaló Joseph de Maistre hace dos siglos, una contrarrevolución no es meramente lo contrario de una revolución, sino que, a menudo, se convierte en una especie de revolución contrapuesta, que es lo que pasó en España. Clausewitz se refirió a lo que en las guerras (y las revoluciones) se denomina el efecto de Wechselwirkung, esto es, de la acción recíproca y de la mutua transformación de la radicalización en el seno de los conflictos. Tal fue el caso del movimiento franquista durante la Guerra Civil, que pronto se desplazó mucho más allá de los en principio limitados objetivos políticos de la conspiración originaria de Mola, para abrazar una revolución nacional, autoritaria y semifascista. Estas antítesis dialécticas no son infrecuentes en la historia, pero España experimentó un doble riesgo. Antes del 18 de Julio, las izquierdas erosionaron la democracia en España por medio de un proceso revolucionario de desgaste constante que duró cinco meses, pero, a su vez, la contrarrevolución creó un radicalismo de oposición igualmente violento, y mantuvo un régimen autoritario durante cuatro décadas. El precio del proceso revolucionario fue, sin duda, elevado.

Es muy simplista creer que el autoritarismo de Franco brotó únicamente de las ambiciones malvadas del propio Franco. Una vez elevado a la jefatura única, el Generalísimo mostró una gran ambición y diseñó ciertos aspectos individuales y personalistas para un nuevo régimen, pero de ningún modo creó la situación autoritaria en que se encontraba España a mediados de julio de 1936. Más bien, la verdad es que fue al revés, que había tratado de evitar que se produjera tal situación, que fue el resultado directo de las condiciones prerrevolucionarias creadas por las izquierdas. Al contrario, el general siempre defendió una política firme que mantuviera la ley y el orden, política que habría evitado el descenso a una situación puramente desordenada y autoritaria.

Hay que reconocer la verdad, y es que en julio de 1936 casi todo el mundo pedía un régimen autoritario para España. La CNT buscaba imponer por la violencia su propia utopía en una fecha indeterminada, los caballeristas y el POUM pedían la imposición de la dictadura del proletariado, los comunistas se afanaban por construir la "República de tipo nuevo", los azañistas y prietistas buscaban una república exclusivamente de izquierdas, eliminando políticamente a la mitad de la nación; los carlistas querían imponer su visión monárquica; los monárquicos alfonsinos deseaban una monarquía autoritaria y corporativista; los falangistas, su llamada revolución nacionalsindicalista, e incluso bastantes personas del centro o de la izquierda moderada pedían públicamente una dictadura constitucional republicana. Fue función de Franco ordenar todo esto, por las buenas o por las malas.

También se ha dicho –falsamente– que entonces nadie deseaba la guerra civil. Lo exacto sería decir que nadie quería una guerra civil tan larga y tan destructiva, o perderla. Pero del mismo modo que había muchos que buscaban un nuevo régimen autoritario los había que buscaban una guerra civil que –eso creían– sería breve, y que iban a ganar. Este fue el objetivo de los comunistas hasta 1935 (aunque luego cambiaron) y de los teóricos marxistas revolucionarios como Araquistain y Maurín, ya que muchos revolucionarios –sobre todo entre los caballeristas– insistían en que nunca podría haber una revolución verdadera sin una guerra civil; naturalmente, una guerra civil ganada por ellos mismos. Todos los marxistas revolucionarios la consideraban una inevitabilidad histórica, mientras los anarcosindicalistas insistían en la redención a través de su gran insurrección revolucionaria, cuando llegara la hora. Los monárquicos y los falangistas igualmente pedían alguna clase de confrontación armada, aunque no pregonaban la guerra civil públicamente con la misma confianza. Mola veía que un golpe de Estado en Madrid sería totalmente imposible (con Franco esencialmente de acuerdo) y que una insurrección militar sólo podía imponerse a través de una guerra civil, aunque también esperaba que fuera breve. Los conspiradores monárquicos pensaban lo mismo, y por eso buscaban armas en Berlín y en Roma, aunque sin éxito. Entre todos ellos, el que durante largo tiempo mantuvo la posición más moderada y responsable fue el propio Franco.

Ironías de la historia. 

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Nota 

La renuencia de Francisco Franco a participar  en la conspiración no era por falta de valor personal: 

¿Quién era Realmente FRANCO antes de la Guerra Civil?


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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA NO COMENZÓ EL 18 DE JULIO DE 1936 CON EL LEVANTAMIENTO MILITAR ¿CUÁNDO REALMENTE COMENZÓ Y QUIÉNES LA PROVOCARON?

VICENTE GIL | "Valencia, Franco y Notre Dame:  Sectarismo, cobardía y odio"


Especial Tiempos Modernos | El Terror Rojo en la Guerra Civil


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¿LA GUERRA CIVIL ES LA PEOR DE LAS GUERRAS? -  Historiador Experto Fernando Paz RESPONDE y aporta cifras más cercanas a las verdaderas  sobre las muertes en la Guerra Civil Expañola


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Fernando Paz es historiador, profesor, conferenciante y  escritor, reconocido por su especialización en Historia  Contemporánea. Autor de una docena de libros, entre  ellos Europa bajo los escombros, Antes que nadie y La  neutralidad de Franco. Además, con La Esfera de los  Libros ha publicado Núremberg: Juicio al nazismo, una  obra clave en el análisis del legado del Tercer Reich. En televisión, ha dejado su huella como director y  presentador de programas como Tiempos modernos en  Intereconomía TV, dedicado a explorar la Historia, y La  inmensa minoría en El Toro TV, un espacio centrado en  el análisis de la actualidad. Su trayectoria lo  posiciona como una referencia en el ámbito histórico y cultural. ¡Espero que disfrutes de esta entrevista!

A continuación  el video  ÍNTEGRO  de la entrevsta  a Fernando Paz: 

Aladetres

Diciembre 4, 2024

Los SECRETOS OCULTOS de LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA - Fernando Paz



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