domingo, diciembre 07, 2025

Cuba. Video: ¿Cómo murió realmente Antonio Maceo? Lo que dice Valeriano Weyler, el ex Capìtán General de Cuba, en su libro "Mi Mando en Cuba¨ . Félix J. Fojo: . Una vieja polémica cubana

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En  la  España del siglo XIX, la figura de Valeriano Weyler es la de ser un individuo liberal dentro del marco  de la política interna española de ese tiempo; muy diferente es como  lo ha valorado gran parte de  la historiografía cubana del siglo siglo  XX y lo que va del siglo XXI.

Valeriano Weyler antes de ser nombrado Capitán General, ya había  estado en Cuba décadas antes; tal es así, que consta que Weyler le otorgó en Cuba a Máximo Gómez Báez algunos recursos por sus  méritos en la lucha a favor de España en la isla de Santo Domingo; por esos méritos es que para algunos dominicanos,  la figura de Máximo Gómez  es vista de manera   muy diferente a como se valora en casi toda la historiografía cubana.

En el libro Memorias de la Guerra, del General Enrique Loynaz del Castillo, se muestra que Máximo Gómez  envió,  en tres  momentos diferentes,  tres contingentes para intentar  romper el aislamiento  en que había quedado  Antonio Maceo  en Vueltaabajo con la trocha de Mariel a Majana. 

He leido que  la estrategia de la llamada  Reconcentración había sido ideada por el Capitán General Arsenio Martínez Campos, y que Weyler al llegar a Cuba sólo fue el que la implementó.  En casi toda la historiografía  cubana se habla mucho   del gran número de muertes por hambre de civiles, que causó la  Reconcentración, pero no se dice que el Generalísimo Máximo Gómez emitió una orden o circula prohibiendo  la entrada de alimentos y todo tipo de  comercio  a todas las poblaciones ocupadas por fuerzas afines a mantener a Cuba sujeta a la Metrópoli española, las cuales eran casi todas las país, por no decir todas: Al final de este post en mi artículo  No sólo fue Valeriano Weyler: dos ¨Circulares¨ del  General en Jefe Máximo Gómez Báez  que provocaron la muerte por hambruna de miles de habitantes  de Cuba,  aporto en detalles sobre esas órdenes o circulares  del Generalísimo Máximo Gómez Báez,  así como de su personalidad, de la cual habló Weyler en el siguiente  video:

El Tesoro del Presidente

Diciembre 6. 2025

¿Cómo murió realmente Antonio Maceo? Lo que dice Weyler en su libro "Mi Mando en Cuba

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DE LOS AECHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO


Una vieja polémica cubana

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Máximo Zertucha, el médico personal y amigo de Antonio Maceo, y lo que realmente ocurrió en el combate que le costó la vida al General
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Por Félix J. Fojo
Miami
14/11/2016

La objetividad en la evaluación y análisis de los acontecimientos de la historia no es el fuerte de los cubanos. Por supuesto que hay honrosas excepciones, pero lamentablemente, y es mi opinión, no hacen más que confirmar la regla.

Las razones de esta falta de objetividad son muchas: nuestra idiosincrasia, la falta de sistematicidad y orden en los estudios históricos y sociológicos, la extraordinaria mediocridad de esos mismos estudios en los últimos sesenta años, el desdén por la información actualizada, la creencia que con lecturas —o carencias de— superficiales y mal digeridas basta para conformar una opinión razonable, el infantilismo congénito de nuestra crítica histórica, el insensato temor a herir a las figuras consagradas, la ausencia de una cultura verdaderamente democrática, los eternos partidismos, esa doble moral que se ha convertido ya, lamentablemente, en una marca de la identidad del cubano, y un sinfín de avatares que piden a gritos un estudio pormenorizado, tanto sociológico como psicológico.

Pero hoy no vamos a entrar en ese terreno oscuro y minado, quizás lo intentemos algún día, simplemente vamos a recordar, repasándola brevemente, una polémica, una de tantas, casi olvidada de nuestra práctica cívica y nuestra historiografía.

Veamos.

La historia oficial —más o menos, pues no todas las versiones coinciden— nos cuenta que en la tarde del 7 de diciembre de 1896 una avanzada del ejército español, la denominada guerrilla del Peral, vanguardia de la columna al mando del comandante Francisco Cirujeda y Cirujeda (1853-1920), sorprendió el campamento del general Antonio Maceo y Grajales (1845-1896), ubicado, circunstancialmente, en terrenos de la finca Purísima Concepción (conocida también como Montiel), barrio de San Pedro, a unos pocos kilómetros al sudoeste de Punta Brava, provincia de La Habana.

La acción, aunque pone al descubierto un fallo táctico mambí de gran magnitud —el resultado fue verdaderamente catastrófico para las armas cubanas—, no hubiera tenido trascendencia sino hubiera sido, sin saberlo el ejército español, que se encontraba allí el lugarteniente general del ejército cubano en armas. Este objetivo de ocasión, casualmente en eso se convirtió Maceo, no solo era el segundo jefe del ejército mambí, sino, muy probablemente, la única reserva militar y moral que podía sostener vivo y pujante el separatismo contra España, dado que el general Máximo Gómez, el Generalísimo en propiedad, nacido en la República Dominicana, se encontraba en una situación sumamente frágil, desde el punto de vista político, con su propio Gobierno, al extremo de haber amenazado en más de una ocasión a los civiles (y algunos militares que se le oponían) con renunciar a su cargo e irse a alistar, como un soldado más, en las filas del propio Antonio Maceo.

Esta disputa entre Gómez y el gobierno civil de la “República en Armas”, y algunas otras desavenencias, intrigas y conatos de rebelión que preocupaban sobremanera al general Maceo, eran la causa directa de su regreso al este de la Isla, una travesía complicada y riesgosísima —el absurdo combate de San Pedro así lo demostró—, y, en última instancia, el evento que lo llevó a la muerte. Aunque siendo justos, Maceo era de esos individuos que arriesgaban empecinadamente su vida todo el tiempo, hecho demostrado en sus 28 heridas de guerra, aunque existen discrepancias en el cálculo.

Lo cierto es que el general Maceo, en lugar de preservarse —la misión que lo llevaba hacia Las Villas, como ya dijimos, era vital para los insurrectos— y retirarse ordenadamente con su escasa y pobremente municionada tropa, maniobra que podía haber ejecutado fácilmente, decide contraatacar a la guerrilla española, enzarzándose así en una pelea confusa e inútil que muy poca gloria podía depararle y que, por el contrario, le ocasionaría la derrota y algo infinitamente peor, la muerte.

En sus últimos momentos, cuentan las crónicas, el general Maceo se encuentra montado en su caballo y frente a una cerca de alambres y un matorral, bajo el fuego graneado de decenas de combatientes enemigos apostados a cierta distancia detrás de una cerca de piedra, e, inverosímilmente, casi completamente solo. Le acompañan el brigadier José Miró Argenter (1852-1925, Sitges, Barcelona), el médico del Estado Mayor, y a los efectos médico personal del general Maceo, Máximo Zertucha Ojeda (1855-1905, natural de Melena del Sur) y, quizás, aunque las versiones no suelen coincidir, el comandante Alfredo Jústiz (herido en el tiroteo y muerto al día siguiente), y unos pocos hombres de tropa, dedicados básicamente a abrir un portillo en la cerca metálica y no a proteger al General.

La escolta habitual del General, unos cien morenos orientales de fidelidad suicida, había quedado del otro lado de la trocha que los españoles construyeron y fortificaron desde el puerto de Mariel a la playita de Majana. ¿Explica esto la escandalosa soledad de Maceo en aquel potrero batido por las sucesivas descargas de la fusilería hispana? Si pensamos como militares de academia, la respuesta es no, pero esto era bastante común entre los mambises, baste recordar el irracional y caótico episodio de la muerte de José Martí en Dos Ríos, o la muerte —suicidio muy probablemente— en abandono y soledad del denominado Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes.

El caso es que estos dos hombres, Miró Argenter y Zertucha, los únicos que estaban lo suficientemente cerca para escucharlo, coinciden en que las últimas palabras del General fueron: “¡Esto va bien!”, dirigidas al brigadier Miró. Pero tan bien iba el combate, que inmediatamente después de pronunciar esta frase, una bala de fusil máuser le destroza la mandíbula inferior y le secciona el paquete vascular (arteria carótida y vena yugular) derecho del cuello, matándolo fulminantemente. Otras balas, además de esta, le pegaron a Maceo, por lo menos una en el abdomen, pero la cantidad exacta es, como casi todo aquí, motivo de discusión. Los dos oficiales que le acompañan, primero, tratan de reanimarlo, según cuentan ellos mismos —no parece haber habido otros testigos—, e, incluso, otra vez, según ellos, de reinstalarlo en la montura, algo dificilísimo tratándose de un cadáver de más de 200 libras de peso, exponiéndose obviamente a un fuego feroz y, por lo visto, muy certero. Como no logran sus propósitos —eran realmente imposibles— en un tiempo indeterminado, huyen abandonando el cadáver.

Según Miró Argenter, el médico Zertucha se “retiró” primero, pero, según este, fue aquel quien abandonó el campo inmediatamente después de caer Maceo.

Algún tiempo después (no sabemos exactamente cuánto tiempo, quizás unos minutos o algo más de una hora), el joven hijo de Máximo Gómez, Francisco Gómez Toro (1876-1896), que se encontraba de baja en la comandancia del campamento debido a heridas recibidas días antes, acude al lugar de los hechos, en un gesto gallardo que lo enaltece, y muere también a manos del enemigo. Un enemigo que desconoce completamente a quiénes han matado. Y lo desconoce porque rematan a machetazos a Francisco Gómez (Panchito para sus allegados), roban algunas pertenencias de los cadáveres —no todas, porque Maceo portaba algunos documentos en el bolsillo de su guerrera que son recuperados por los cubanos, o por lo menos eso cuenta después el médico Zertucha y lo aceptará a regañadientes Miró— y abandonan los cuerpos, unos despojos que pasan la noche sobre el campo, y que los propios cubanos, sus compañeros de armas, ya habían abandonado a su suerte antes.

Señalemos, antes de continuar, que la investigadora cubana Lídice Duany Destrade ha contabilizado, en un artículo publicado recientemente, 47 versiones diferentes alrededor de estos eventos, y es posible, apuntamos nosotros, que existan, o existieran en su momento, algunas más. Razón por la que somos tan reticentes en dar por seguros los asertos y declaraciones de los participantes.

Quiénes recuperan, en qué momento y de qué forma son rescatados los cuerpos del general Maceo y del joven Gómez son, desde los primeros días, motivos de muy serias discrepancias entre los cubanos implicados, y por qué no decirlo, de enconadas y amargas discusiones que durarán hasta los primeros lustros de la república.

Diremos que ese rescate se ha atribuido, probablemente con razón y es la versión que cuenta con la mayoría de citas, al coronel Juan Delgado González, jefe del regimiento Santiago de las Vegas, y a un grupo de soldados, alrededor de dieciocho o diecinueve, provenientes de diferentes grupos rebeldes. Pero también se ha dicho que fue el capitán (o teniente coronel) José Miguel Hernández Falcón, oficial de la tropa del teniente coronel Isidro Acea, e, incluso, varias publicaciones mencionan —sin ofrecer ninguna prueba— al teniente coronel Aranguren, como el oficial que lleva a cabo la acción.

Dos puntos son irrefutables en esta funesta historia tan cargada de contradicciones y cabos sueltos. La primera es que los dos cuerpos son ciertamente recuperados —con lucha o sin ella, no estamos seguros de eso—, transportados con extremo sigilo hasta una finca relativamente cercana (El Cacahual) y luego, enterrados en una tumba anónima hasta el final de la guerra y su posterior traslado a un monumento funerario adecuado. La segunda es que ninguno de los generales que acompañaban a Antonio Maceo en su expedición hacia el este de la Isla o los de las divisiones habaneras que debían protegerle, participan activamente en esa recuperación. La conclusión, estamos tentados de decir que la vergonzosa conclusión, es que el cadáver del lugarteniente general Antonio Maceo no cae en manos del enemigo por un milagro, un milagro de desinformación, porque de haber tenido los españoles alguna certeza de a quién acababan de matar, se hubieran hecho con el cuerpo desde el primer momento. Y lo afirmamos tan tajantemente, porque los soldados españoles tuvieron esos cadáveres en sus manos —de hecho, asesinaron junto al cuerpo de Maceo al indefenso joven Gómez— por un tiempo tan largo como el de una noche.

Pero ¿qué tiene que ver en todo esto el médico Máximo Zertucha, salvo como testigo presencial y profesional que escribe y firma —a mano, por supuesto— los certificados de defunción (sin necropsia, solo con una somera revisión externa y algún comentario pertinente) de Maceo y Gómez Toro? Pues el doctor Zertucha se convierte en el centro de la polémica porque dos días después de los hechos que acabamos de narrar, o sea, el día nueve de diciembre por la noche, abandona las filas mambisas, se presenta a los españoles, específicamente a la tropa del coronel Tort, y sin ningún otro trámite —no hay pruebas de lo contrario— se acoge al indulto y regresa a su pueblo, Melena del Sur, y a su familia.

Un hombre de segunda fila se convierte así en el blanco de todas las miradas y en el receptor de todas las injurias, y de paso, en el chivo expiatorio de todos los errores, omisiones, negligencias e, incluso, actos de evidente cobardía que rodearon aquella malhadada acción militar.

Profundicemos ligeramente en el asunto.

Muchos cubanos de la época, y, por supuesto, muchos mambises, vieron en la muerte de Antonio Maceo el final de la insurgencia. El propio general Valeriano Weyler, gobernador militar de la isla de Cuba en ese momento, lo vio inicialmente así.

Y el médico Máximo Zertucha, que parece haber sentido por Maceo una afinidad cercana a la de un hijo (el propio Zertucha lo expresó muchas veces), lo que no era nada extraño en quienes conocieron de cerca al lugarteniente, y que, por razones que nunca fueron aclaradas, no valoraba igual a otros oficiales cubanos —su enemistad manifiesta, y viceversa, con los generales Miró Argenter y Pedro Díaz era, por lo visto, conocida por muchos combatientes, sobre todo los oficiales superiores—, y que, además, vio con sus propios ojos morir a Maceo, parece haber sentido el impacto más que nadie, o, para decirlo de otra manera, su psiquis no estuvo a la altura de semejante reto y se derrumbó.

Aunque la deserción es un delito de guerra, punible incluso con la muerte, lo que señalamos en el párrafo anterior puede servir de atenuante, máxime, si aceptamos que el general Maceo, a despecho de las envidias y mojigangas cuarteleras, mantuvo a Zertucha a su lado hasta el fin (y Maceo no era para nada tonto); si aceptamos también que Zertucha parece haber intentado auxiliar al moribundo Maceo cuando ya el general Miró Argenter, alegando una herida que no pudo probar luego que existiera, salió a escape de la escena; y si encima de todo, nos enteramos de que Zertucha, alrededor de un año después, volvió a unirse a las filas mambisas, a las que solicitó un consejo de guerra que se llevó a efecto y donde fue “perdonado”.

Y un detalle más.

En los dos días largos en que Zertucha permaneció junto con su tropa, inmediatamente después de la caída de Antonio Maceo, dos días que tienen que haber sido oscuros para los mambises, nadie acusó a Zertucha, pero sí tiene que haber sido muy obvio para los presentes, el culposo y desmoralizador sentimiento que casi todos, comenzando por los generales, abandonaron al lugarteniente general, un sentimiento que expresó el propio Zertucha al Generalísimo Máximo Gómez en el lugar de los hechos, ya después de la guerra (1899) al espetarle, sumamente nervioso y alterado, según los muchos testigos presenciales (narrado por Urbano Gómez Toro, hijo del Generalísimo): “…¡el abandono de los cuerpos del general Maceo y de su hijo fue un acto de cobardía, de pánico, que nos acometió, y yo pensé que muerto el General, sería víctima de mis envidiosos compañeros…!”. Entonces, el Generalísimo, un hombre de genio recto y pocas palabras, detuvo a Zertucha con un gesto de la mano derecha y dijo: “Está bien, no se hable más del asunto”.

Y no se habló más del asunto, allí y ese día, porque el tema siguió dando vueltas y vueltas hasta los años cincuenta del siglo XX, muy lejos ya en el tiempo del incidente y con cada vez menos testigos presenciales vivos.

Como un comentario que creemos justo apuntar sobre ese encuentro cara a cara entre el denostado Zertucha y el Generalísimo Gómez, pensamos al igual que pensó Urbano, el hijo de Gómez[1], que de haber creído Máximo Gómez que Zertucha era un traidor a Maceo, y por ende a su propio hijo, no le hubiera permitido, de ninguna manera, que estuviera presente en aquel acto tan triste y luctuoso.

La revisión exhaustiva de esta vieja polémica nos llevaría decenas y decenas de cuartillas. Se escribieron artículos y cartas, atacando y defendiendo a Zertucha, en periódicos de Cuba y del extranjero (Estados Unidos, República Dominicana, Centroamérica), se rompieron amistades, algunos llegaron, incluso, a las manos. En fin, lo que hoy puede parecernos un asunto de época, se convirtió en un problema político de cierta envergadura en los primeros años de la república.

Pero lo cierto es, ya no queremos extendernos más en pruebas y contrapruebas, bretes y contrabretes —para hablar en cubano—, que nunca se llegó a una conclusión diáfana y coherente sobre tan espinoso asunto.

Cuando los defensores de Zertucha —entre ellos el propio Zertucha que escribió cartas públicas y artículos de prensa, e, incluso, un diario del que solo se publicó algunos fragmentos muy confusos en el año 1958— comenzaron a extender sus réplicas hacia ángulos definitivamente oscuros del evento, las aguas amenazaron con salirse de cauce, pero, en definitiva, como tantos temas en la historia cubana, todo quedó en la amenaza de que ”algún día se conocería la verdad”.

El doctor Máximo Zertucha murió en su pueblo, Melena del Sur, a causa de un tumor maligno, en el año 1905. Máximo Gómez murió, a causa de una septicemia, el mismo año. Miró Argenter les sobrevivió veinte años y escribió un libro, Crónicas de la Guerra, considerado un clásico de la historiografía militar cubana, donde narra, desde su perspectiva, estos trágicos eventos. Cirujeda, ya general (retirado) y elevado a la nobleza como Marqués de Punta Brava (algo que nos parece de una ridiculez espantosa), murió en España en 1920. El empresario periodístico William Randolph Hearst, que utilizó a Zertucha (sin conocerlo ni tener mucha información sobre él) como el “demonio blanco” que asesinó “al mulato Maceo”, como una manera de vender periódicos, vivió hasta 1951. El mayor general mambí José María Rodríguez y Rodríguez “Mayía”, defensor a ultranza de la inocencia de Zertucha en la muerte de Maceo, murió de tuberculosis pulmonar en 1903. El general pinareño Pedro Antonio Díaz Molina, cuyos aparentes celos con Zertucha por la cercanía a Maceo (así lo cuentan el propio Zertucha y el coronel Manuel Piedra Martel), lo llevaron a maltratarlo de palabra en alguna que otra ocasión, murió en 1924. El general Valeriano Weyler y Nicolau, Duque de Rubí y Marqués de Tenerife, murió en Madrid en 1930. El coronel Piedra Martel murió en La Habana en 1954. El coronel Juan Delgado González, el hombre que probablemente rescató los cadáveres de Antonio Maceo y el joven Gómez, murió —lo mataron, en realidad, junto a dos de sus hermanos y varios familiares más en las calles de su pueblo— a los treinta años de edad, en 1898 y, como no podía ser menos, hay dos versiones muy diferentes de su alevosa muerte, pero esa es otra historia.

¿Fue Zertucha un cobarde? ¿Fue un valiente al que dejaron solo y luego vilipendiaron porque había visto demasiado? ¿Debió haber sido fusilado por desertor? ¿Estuvo bien que lo perdonaran? ¿Hizo bien el Generalísimo Máximo Gómez al impedir que Zertucha siguiera hablando de sus cuitas en público? ¿Por qué generales como José Miró Argenter y Pedro Díaz repudiaron tan decididamente a Zertucha? ¿Por qué generales como Mayía Rodríguez y coroneles como Piedra Martel defendieron tan decididamente a Máximo Zertucha? La lista de preguntas podría ser extensa, pero nuestro interés era solo recordar —siempre algo se aprende, aunque ese algo queda a la elección del lector— una vieja polémica que brotó de uno de los acontecimientos históricos, quizás, más trascendentes de nuestra rica y, en realidad, poco estudiada historia.

Cerremos este artículo con las palabras del doctor Benigno Souza Rodríguez, biógrafo del Generalísimo Máximo Gómez e historiador de las guerras cubanas por la independencia:

“…como homenaje a la justicia y público mentís a tantas cosas como se dijeron del doctor Zertucha después de la muerte del Lugarteniente. Todavía la historia de Cuba no está para verdades. Zertucha, quien adoraba a Maceo, del cual fue amigo antes de la guerra, se incorporó a esta y a su lado estaba cuando cayó Maceo. A su inmenso dolor se unió el maltrato que recibiera de un Mayor General a raíz del suceso. El coronel Piedra Martel, un testigo de aquellas miserias, puede dar fe de lo que digo. Al morir Maceo, Zertucha pensó como otros y dijo: ¡Se acabó la guerra!”[2].

¿Está ya para verdades la historia de Cuba? Preguntamos nosotros.

[1] Carta personal al Dr. LeRoy Gálvez, Revista de la Biblioteca Nacional, octubre-diciembre de 1958.
[2] Diario de la Marina, 26 de enero de 1945.
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No sólo fue Valeriano Weyler: dos ¨Circulares¨ del  General en Jefe Máximo Gómez Báez  que provocaron la muerte por hambruna de miles de habitantes  de Cuba

Por Pedro Pablo Arencibia 

 8 de diciembre, 2023

Lo que me ha motivado a escribir este artículo es que hoy en el programa Cita con la Historia (o un nombre algo parecido) que conduce el Dr. Gustavo León en la estación radial La Nueva Poderosa,  el conductor expresó que yo era  controversial y calificó de especulaciones mis planteamientos históricos. Yo intenté decirle que lo que yo había dicho está avalado con sus fuentes en mi libro de Historia de Cuba titulado La Historia de Cuba que te ocultaron y otros temas, pero  Fredy (¿Fredi?) Corea (¿Korea?) no  dejó pasar esas palabras a la audiencia radial, diciéndome que habían  muchas llamadas en espera, algo cuestionable pues faltando 20 ó 25 minutos  para terminar el programa, se habían agotado las llamadas y tuvo que llamar dos veces la atención para que los oyentes participaran con sus llamadas telefónicas.

Yo soy una persona que abordo la Historia de Cuba dejando, lo más posible,  a un lado  mis simpatías políticas, ideológicas o hechos de mi vida personal o de mis  familiares vivos o muertos; también intento estar al tanto de las investigaciones  históricas más recientes para no quedarme anclado en la Historia de Cuba que se escribió en los primeros 60 años de la República de Cuba.

(Pedro Pablo Arencibia es fotografiado a finales de los años 80s, o principios de los 90s, buscando y comprando libros en una librería de ¨libros viejos¨ en Pinar del Río para acompañar un artículo del periodista Pedro Juan Gutiérrez cuando trabajaba en el periódico Guerrillero)

Un tema tabú, al igual que el análisis del incendio de Bayamo, es la prohibición en una  circular de Máximo Gómez de no permitir la entrada de alimentos a todos los pueblos ocupados por las fuerzas españolas, que eran prácticamente todos los del país. En mi libro, a partir de la página 174, aparece íntegra el Acta del Consejo de la República en Armas presidido por el Mayor General Bartolomé Masó, donde al final de la guerra se echa abajo, para determinados casos muy particulares, esa orden o circular para que los alimentos llegaran a la población.  En este artículo la volveré a publicar.

Se ha hablado y escrito mucho sobre la genocida  Reconcentración, ideada por Martinez Campos e implementada por Valeriano Weyler,  pero no se escribe o habla de las circulares del 1 de julio de 1895  y del 6 de noviembre de 1895 del General en Jefe  Máximo Gómez donde ¨... se prohibía  terminantemente, la introducción á  poblado enemigo, de toda clase de artículo  que constituya  comercio, y se previene el  castigo que alcanzará á los que las infringiesen...¨ . Esas circulares fueron anteriores a la llegada de Valeriano Weyler a Cuba como Capitán General, pues anteriormente ya había prestado sus servicios militares en Cuba a favor de la Metrópoli. Señalo enfáticamente  que casi la totalidad de los pueblos, puertos y ciudades de Cuba  estaban  en poder de las fuerzas militares  de la Metrópoli española y de cubanos que le servían.  

A continuación muestro capturas de pantalla de las páginas 185, 42 y 43 del libro Mi diario de la guerra desde Baire hasta la  intervención americana, de la autoría de. Bernabé Boza,  General jefe del  Estado Mayor del General Máximo Gómez, libro publicado en La  Habana en  el año 1900. Esas capturas de pantalla fueron tomadas de una biblioteca digital de reconocido prestigio. 

A caballo el entonces Teniente Coronel Bernabé Boza cuando era el Jefe de la Escolta de Máximo Gómez, posteriormente pasó a Jefe del Estado Mayor.





En el presente artículo, como ya expresé, presento la copia fiel e íntegra del Acta del Consejo de Gobierno del primero de septiembre de 1898, acta que corresponde a la sesión donde se tomó el acuerdo, terminada la Guerra Hispano Cubana Norteamericana,  de decretar AMNISTÍA  GENERAL para  los delitos cometidos durante la guerra de independencia. Joaquín Llaverías Martínez, historiador de número de la Academia de Historia de Cuba y uno de los compiladores de las Actas del Consejo de Gobierno de la República  de Cuba en Armas,  expresó lo siguiente antes de  mostrar el contenido  del Acta del Consejo de Gobierno del primero de septiembre de 1898

« Y para terminar con algo sobresaliente, vamos a transcribir un bellísimo documento, que prueba hasta la saciedad el espíritu generoso y de transigencia de aquellos hombres que durante cuatro años lucharon contra una nación poderosa y un ejército aguerrido y valiente para obtener el derecho sagrado de ciudadanos libres». 


(personal de la Fuerza Aérea de la República de Cuba  a los que le repitieron el mismo juicio, pero con otro tribunal de militares del Ejército Rebelde que eran más dóciles a los mandatos de Fidel Castro)

Nada que ver con lo que ocurrió a partir del 1 de enero de 1959 con el supuesto triunfo revolucionario, donde la vendetta estaba, para colmo, disfrazada de justicia con parodias de juicios donde no existían realmente las garantías procesales y las sentencias estaban previamente dictadas; si alguien duda: recordemos que en el juicio a los aviadores, mecánicos, etc. de la Fuerza Aérea de la República de Cuba fueron encontrados no culpables y Fidel Castro, cometiendo una aberración jurídica,  mandó a repetir el juicio con otro tribunal (esta vez presidido por el Comandante Manuel Piñeiro Losada, conocido por ¨Barbarroja¨). El Comandante Félix Pena que había formado parte del tribunal en el primer juicio  supuestamente se suicidó.

La búsqueda de hallar esa acta fue lo que me motivó  ir desde Pinar del Río hasta la Biblioteca Nacional en la ciudad de La Habana para buscar el volumen de las Actas del Consejo  de Gobierno de la República en Armas que la contenía y cuyo volumen no estaba en la Biblioteca Provincial de Pinar del Río. Esa acta está  contenida en mi artículo Un ejemplo de generosidad, transigencia y magnanimidad mambisa, el cual fue publicado en el número 40 de la revista Vitral (noviembre-diciembre del año 2000)  cuando yo aún residía en Cuba y era un asiduo colaborador de Vitral,  revista del hoy extinto Centro de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río,  fundado y dirigido por Dagoberto Valdés Hernández y del cual era Rector Monseñor José Siro González Bacallao, entonces Obispo de la Diócesis de Pinar del Río.  La lectura  de esa acta  me  dió una gran sorpresa al leer que el mencionado Consejo tenía que dar permiso para hacer llegar  alimentos a  la población de Puerto Príncipe (la ciudad de Camagüey) y dejar entrar y salir de las poblaciones a los llamados  pacíficos, que eran aquellas personas que en la guerra  no pertenecían ni  actuaban a favor   de  ninguna de las partes contendientes.

Esa  Acta del Consejo de Gobierno de la República de Cuba en Armas (Presidido por Bartolomé Masó) fue tomada de:

Llaverías, J. (1931). Actas de las asambleas de representantes y del Consejo de Gobierno durante la Guerra de Independencia Volumen 4. La Habana: El siglo XX, pp. 128-132,  Joaquín Llaverías Martínez (1875-1956) fue  académico de número de la Academia de la Historia de Cuba, El gran historiador Emeterio Santovenia fue otro de los autores de la recopilación y edición de esas actas.

Acta del Consejo de Gobierno

En La Viuda – Camagüey - a primero de Septiembre de mil ochocientos noventa y ocho, reunido el Consejo de Gobierno bajo la presidencia del Presidente de la República Mayor General Bartolomé Masó y Márquez, con asistencia de los señores Dr. Domingo Méndez Capote, Vice Presidente y encargado interinamente del despacho de la cartera de Guerra; Ernesto Fonts y Sterling, Secretario de Hacienda; Nicolás Alberdi, Sub-Secretario del Exterior en el desempeño de esa cartera por ausencia del Secretario en propiedad, y de mí, Secretario nombrado al efecto por enfermedad del Sr. José Clemente Vivanco, que lo es en propiedad, se declaró abierta la sesión, dándose lectura al acta de la anterior, que fue aprobada.

Da cuenta el Secretario de la Guerra con un expediente de indulto, iniciado a favor de los Sres. Enrique Lezcano, José Vázquez, Julio Muñoz, Froylán Toledo, Teodoro Castillo, Clemente Martínez y Benito Pérez, condenados a la pena de muerte en Consejo de Guerra en que fueron juzgados como traidores. El Consejo de Gobierno oído los informes del Auditor de la primera Brigada, segunda División, del 3er. Cuerpo, fuerzas en la que se celebró el Consejo; el del Jefe que las manda, y el emitido en consulta por el Auditor agregado a las órdenes directas del Consejo de Gobierno; vista la petición de los interesados; acordó que ofreciéndosele preciosísima ocasión de ejecutar con oportunidad nunca evaluada y en obsequio de los altos fines de la Revolución, la más augusta de las prerrogativas con que la Sociedad inviste al poder público, acuerda conceder el indulto que solicitan los reos.

Da cuenta el Secretario de la Guerra de una carta suscrita por el General Lope Recio manifestando en ella la necesidad de acudir en socorro de las familias que residen en Puerto Príncipe y pidiendo al Consejo permita3 la introducción y venta de carne en dicho pueblo. El Consejo atendiendo a las razones de gran peso expuestas en dicha carta acordó autorizar a la comisión de Hacendados que en ella se refiere para que pueda introducir ganado en Pto. Ppe. para el consumo de las familias pobres, no pudiendo vender la carne a un precio superior a cinco centavos la libra, debiendo depositar el importe de la venta en poder de la persona de respetabilidad que designe el General Recio, y se aplicará lo que se recaude al fin benéfico que oportunamente se acuerde. Asimismo acuerda el Consejo se pida a dicho General los nombres de los Hacendados a que se refiere para la dicha constancia.

El Consejo, evacuando la consulta que en su comunicación número 465 del libro 5o hace el General Jefe del tercer Cuerpo, Lope Recio, acuerda: conceder autorización a los dueños de fincas rústicas residentes en Pto. Ppe. para que pasen a sus propiedades a trabajar en la reconstrucción de las mismas. Que se permita a los pacíficos la entrada y salida en las poblaciones, y que se permita asimismo que los dueños, arrendatarios, poseedores o encargados de las fincas situadas en las zonas de los pueblos se establezcan en ellas.

Se da lectura a la petición que hace el Sr. José A. Hernández para poder vender la madera de su propiedad existente en la finca "Jiquimal" de su propiedad, en la zona de Ciego de Ávila. El Consejo acuerda autorizarlo para ello y que así se comunique al Jefe del Tercer Cuerpo, al Territorial para su conocimiento y efectos.

Se da lectura a la solicitud que hace la Compañía Eléctrica de alumbrado de Puerto Príncipe, pidiendo se le permita al C. Juan Silva el corte y arrastre de maderas para leña de la finca "El Jucaral" que necesita dicha Compañía para tener alumbrada la población de Puerto Príncipe. El Consejo acuerda conceder dicha autorización y que se comunique también a los Jefes Territorial y del 3er. Cuerpo.

Se presentan dos instancias suscritas por A. G. Fouceda y Mario de Zayas, pidiendo pase para el extranjero. Se acuerda concedérselos al primero en el bote al servicio de este Consejo y al segundo por vía de Pto. Príncipe, siendo los gastos por cuenta de los solicitantes.

Propone el Sub-Secretario del Exterior al Sr. José Eliseo Cartaya para el grado de Capitán del Ejército Libertador, con antigüedad de enero del año próximo pasado por los méritos y servicios que viene prestando desde hace tiempo y poseer además nombramiento de oficial expedido por el Delegado Plenipotenciario. El Consejo acuerda se le expida dicho diploma con la antigüedad que se señala.

Se da lectura a la siguiente instancia: " Ldo. Jesús Sotolongo y Lynch al Consejo de Gobierno con el debido respeto pide: se le conceda autorización para comenzar los trabajos preparatorios de la zafra y las faenas agrícolas a ésta aparejadas, en las fincas "Pilar", "Mercedes" y "San Gerónimo" situadas en la provincia de la Habana, propiedad del que suscribe y sus hermanos Vidal y Tomás. Siendo también necesario para los trabajos que se han de emprender ganados caballar, mular, vacuno y de cerda ha de concedérsele también que todos los que en adelante se adquiera a justo título sean respetados por las autoridades civiles y militares de la República, así como también los cercados que se hagan necesarios para el cuidado de las labranzas". El Consejo acuerda acceder a lo que se pide y que se den las órdenes oportunas a los Jefes de aquella provincia para su conocimiento y efectos.

Se da lectura a la siguiente comunicación: "Al Consejo de Gobierno.- Considerando y creyendo firmemente que el patriotismo y las reglas del Derecho Internacional que han de hacerse efectivos en estos momentos en que se ha resuelto el problema de la independencia de Cuba, nos obliga a retirarnos inmediatamente del Poder para facilitar el cumplimiento de los fines que han de realizarse, y no siendo éste el criterio que aprueba, acepta o cree más conveniente el Consejo de Gobierno, sírvase Vd. aceptar la renuncia inmediata e irrevocable del cargo de Secretario del Interior que hasta aquí he venido desempeñando. De Vd. con la mayor consideración.- P. y L. Agosto 25 de 1898- Manuel R. Silva.

Manifiesta el Vice Presidente que con posterioridad a esa fecha recibió una carta del Sr. Silva en la que trata con más extensión las causas que le mueven a presentar su renuncia; se da lectura a dicha carta y se acuerda consignar el final de ella que copiado literalmente dice: "A mi juicio nosotros debemos lanzar un manifiesto renunciando a nuestros poderes y suspendiendo la convocatoria4 por no poder efectuarse y así cumplimos mejor. Si este juicio no se acepta yo exijo que mi renuncia lo sea, pues me creo con derecho para defender y conservar mis convicciones y no volveré a incorporarme al Gobierno como miembro del mismo". El Consejo después de deliberar extensamente sobre el asunto, teniendo en cuenta que las manifestaciones y criterio del Sr. Silva son completamente distintos de los que sustenta el Consejo de Gobierno principalmente en lo que se refiere a la renuncia de los poderes que le han sido conferidos por el pueblo, y creyendo necesaria la permanencia en sus puestos en los momentos en que se espera el resultado de esa convocatoria que hoy más que nunca cree necesaria el Consejo, acuerda, aceptar a dicho Secretario del Interior la renuncia que presenta, haciendo constar que ve con sentimiento la resolución por él tomada.

El Consejo de Gobierno: considerando que suspendidas las hostilidades no deben mantenerse vigentes disposiciones que coarten la libertad de los encargados de pactar la paz, cuando está ya reconocida por España y los Estados Unidos la independencia de Cuba y que en tales circunstancias es inútil privar al ejército español de noticias y prácticos que a veces hasta será un deber facilitarle para que pueda realizar la evacuación del territorio convenida con los Estados Unidos. Considerando que terminada la guerra deben cesar las pasiones y odios desarrollados durante la lucha, realizando de este modo la unión de todos los cubanos bajo nuestra bandera, que es símbolo de libertad y no de venganzas ni rencores. Considerando que en estos momentos los Jefes del Ejército deben extremar su celo para que no quede sin castigo ningún atentado contra la seguridad personal y que con ocasión del contacto entre nuestras fuerzas y las personas que han estado al servicio de España, no se ejerciten venganzas privadas en las que el crimen de uno mancha el prestigio de todos.

Acuerda el Consejo: Primero, suspender en sus efectos hasta nueva orden el párrafo segundo en su último extremo y los párrafos nueve, diez, trece, catorce y quince del artículo cuarenta y ocho de la Ley Penal. Segundo, conceder amnistía a los culpables de cualquiera de los delitos definidos en el artículo cuarenta y ocho de la misma Ley. Tercero, que se circulen al Ejército y autoridades de la República estas resoluciones haciéndoles notar los males que podrían sobrevenir de no observar una conducta de olvido y de perdón.

Se da lectura a la exposición que dirige el Presidente de la República de Cuba al de los Estados Unidos Mr. William McKinley y que queda para constancia asentada en el libro segundo de salida al folio doscientos noventa y cuatro con el número doscientos cincuenta y Libro 2o correspondiente a la Secretaría del Exterior. El Consejo acuerda aprobar en todas sus partes dicha exposición y que por nuestro Representante en el extranjero sea entregado dicho documento5.

Se da lectura y se aprueba la publicación de dos alocuciones dirigidas la primera al "Ejército Libertador" y la segunda "A los habitantes de territorios cubanos no ocupados aún por las fuerzas del Ejército Libertador", acordando sean certificados un ejemplar impreso de cada una de ellas por el Secretario que suscribe y archivadas para constancia.

El Consejo acuerda nombrar comisionados especiales para los siguientes Cuerpos de la división militar de la República comprendiendo las ciudades y los pueblos radicados en los mismos ya estén bajo nuestra directa autoridad ya los ocupen España o la América del Norte; para las poblaciones y territorios del Primero y Segundo Cuerpo, el Comandante de Estado Mayor Manuel Despaigne; para los del Tercer Cuerpo al Director Jefe de Sanidad Militar General de Brigada Dr. Eugenio Sánchez Agramonte; para los de la primera División del Quinto Cuerpo, Matanzas, al Teniente Coronel del Cuerpo Jurídico Lcdo. Octavio Giberga y Galí; para los de la Segunda División del Quinto Cuerpo, Habana, al Auditor General, Jefe del Cuerpo Jurídico General de Brigada, Fernando Freyre de Andrade, dándoles la siguiente credencial con las facultades que se expresan: ‘El Consejo de Gobierno en sesión celebrada el día de hoy, acordó nombrar a Vd. comisionado especial al objeto de que, con el carácter oficial de representante del Gobierno, y por éste debidamente instruido y facultado, se constituya personalmente y acompañado de los auxiliares que designe en el mencionado territorio, disponga y realice libremente por sí o por medio de sus auxiliares las medidas y actos de propaganda y organización política que juzgue conducentes a armonizar la opinión y el sentimiento de los habitantes con las mantenidas por el cuerpo revolucionario y la entidad que los dirige, al intento de favorecer en toda la extensión del país el desarrollo de un movimiento uniforme y encaminado al fin único de asegurar para la entera población de Cuba el ejercicio de la soberanía y el disfrute de la libertad dentro de un régimen sinceramente democrático y expansivo; funde Comités, Clubs y agrupaciones civiles de cualquier otra especie tendientes a la determinación y desenvolvimiento del propósito indicado; elija y nombre representantes, agentes y cualquier otros funcionarios civiles que juzgue necesarios para cooperar al propio fin; comunique con los ya nombrados y con las fuerzas militares residentes en dicho territorio e instruya a todos del pensamiento y tendencia del Gobierno, inspirándoles la línea de conducta que deben observar en relación con la situación y momentos políticos presentes y con el probable progreso y dirección de los acontecimientos; y en suma, acuerde y practique cuantas diligencias y gestiones sean a su juicio de oportunidad y de eficacia para ganar a nuestra causa el espíritu del pueblo cubano, en cuanto disintiere encauzar las distintas corrientes de nuestra sociedad hacia un solo rumbo, marcado por la estrella de nuestro pabellón, y organizar las diferentes fuerzas colectivas dentro del mismo todo, como medio el más adecuado y tal vez exclusivo para el logro de los ideales de paz, justicia y libertad que dieron nacimiento a la Revolución y han inspirado invariablemente todas sus determinaciones. Por tanto, las autoridades y funcionarios civiles y militares de la República prestarán inmediatamente al Comisionado o a cualquiera de sus auxiliares, con absoluta preferencia a cualquiera otra atención o servicio de su cargo, los auxilios de cualquier género que reclamen de los mismos, poniendo a su disposición las fuerzas y recursos que solicitaren. Y para que sirva de credencial al interesado y de requerimiento a quien se exhiba se expide la presente firmada por el Presidente de la República’.

Da cuenta el Secretario del Exterior con las cuentas que para su examen e informe le fueron entregadas correspondientes a los meses de Junio y Julio, que fueron presentadas por el Secretario del ramo. Fueron aprobadas y quedando copia duplicada en Secretaría del Consejo.

Y no habiendo otro asunto de que tratar se dió por terminada la sesión.- Bart. Masó.- Domingo Méndez Capote.- Ernesto Fonts Sterling.- Dr. N. Alberdi.

Sobre  la persona de Máximo Gómez

Máximo Gómez, con grandes méritos militares,  tenía un carácter veleidoso según leí en un libro allá en Cuba, lo cual era ejemplificado con su trato voluble respecto a los ¨pacíficos¨ . Para mí es muy sugnificativo que Máximo Gómez dió la orden de ahorcar a todo el que llevara a un campamento mambí un mensaje para firmar la Paz del Zanjón y al que la firmara y, sin embargo, él después se acogió a la Paz del Zanjón. 

Hay un pasaje de Máximo Gómez donde él golpea salvajemente al infeliz negro ¿Edua? que le servía de ordenanza por algo que ya no recuerdo, En el diario de José Martí que han titulado De Cabo Haitiano a Dos Ríos, Martí escribe que a él llega un coronel del Ejército Libertador sumamente enojado porque Máximo Gómez lo había humillado y le dice a Martí que él está peleando para que no hubieran humillaciones en Cuba.

 Antonio Maceo pidió el grado de Lugarteniente General para no estar subordinado a Máximo Gómez, pues aunque en el Exilio en Centroamérica habían sido compañeros de correrías de mujeres (aparece narrado en uno de los tres volúmenes que escribió el historiador José Luciano Franco sobre Antonio Maceo) , sabía del carácter del ¨chino viejo¨. Dado que no había esa subordinación es que Antonio Maceo pudo, tras el fuerte  desencuentro con José Martí en  la reunión de La Mejorana,  tratar a Gómez y a Martí  de manera inadecuada, de la cual Máximo Gómez dejó constancia en su diario:

  “(…) nos condujo a las afueras de su campamento, en donde pernoctamos solos y desamparados, apenas escoltados por 20 hombres bisoños y mal armados”.

 Máximo Gómez tuvo serios problemas con el Consejo de Gobierno Presidido por el Mayor General Bartolomé Masó; ya en tiempos de paz ocurre el error de Máximo Gómez  al  estar de acuerdo  con el dinero (3 millones de dólares)  que  Porter le propuso para la paga del Ejército Libertador (no confundir con el dinero para el licenciamiento del Ejército Libertador, licenciamiento pedido por Manuel Sanguily, Juan Gualberto Gómez y otros patriotas en una importante reunión); entopeciendo así  la  estrategia política y financiera  de la Asamblea del Cerro y de la Comisión creada para negociar ese asunto con el gobierno de los Estados Unidos. Ese asunto lo abordo con muchos detalles  en mi libro:


Veamos como el comandante de la división Cuba, el  General americano John R. Brooke recibió el país el 1º  de enero de 1899.

“Muchedumbres hambrientas pululaban por todas partes y  cubrían con harapos de luto por la muerte de deudos más  o menos próximos cuerpos extenuados hasta lo  inverosímil, o a veces, hasta lo inverosímil también  abultados por la hidrohemia. Aquellas pobres gentes,  sin auxilio alguno, habían agotado sus recursos y  echado mano de toda clase de alimentos. Los más  inmundos y repugnantes animales se devoraron con  deleite y se buscaron con empeño frenético. Las raíces,  los troncos y las hierbas se utilizaron también”.

“Las mujeres y los niños famélicos buscaban en los  pesebres de las fuerzas de caballería acampadas en las calles y entre la tierra polvorienta los granos desechados, para comerlos crudos, y las semillas y  cortezas de las frutas se recogían también como  preciosos hallazgos. Con frecuencia llevábanse a  pedazos, y a pesar de los esfuerzos de la policía para  impedirlo, los restos de animales muertos de  enfermedades contagiosas” (2).

Fuente del anterior fragmento:.

2.- Cuba los primeros años de independencia. Dr. Rafael  Martínez Ortiz. Primera parte. Tercera edición. 1920.  Pág. 19

Para profundizar  respecto a la Reconcentración de Weyler  sería muy interesante leer el libro Guerra y genocidio en Cuba, 1895-1898,  de John Lawrence Tone; el cual está publicado en los idiomas Inglés y Español.





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sábado, abril 05, 2025

Video y artículos sobre La masacre del rio Canímar el 6 de julio de 1980. El barco XX Aniversario, el barco que Fidel Castro ordenó hundir durante el éxodo del Mariel

 ErnestoMiami

5 de abril, 2025

El barco que Fidel Castro ordenó hundir durante el éxodo del Mariel. La masacre del rio Canímar


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 DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

. Publicado en Baracutey Cubano en julio del 2009 -



6 de julio del 2007, Summit, New Jersey.


Entre las flagrantes atrocidades cometidas por el régimen castrista en su larga historia de abusos, se destacan dos incidentes –la Masacre del Río Canímar y la del Remolcador 13 de marzo, ambas ocurridas en el mes de julio. Estos sucesos no dejan duda sobre el profundo desprecio del liderazgo cubano por la vida humana y su cruel trasgresión al derecho de los ciudadanos cubanos a salir de su país.

El 6 de julio de 1980 tres jóvenes se apoderaron de una recién inaugurada embarcación de excursiones, el “XX Aniversario,” que navegaba a lo largo del pintoresco Rio Canímar, desembocando en la bahía de Matanzas. Los sorprendidos pasajeros gritaron de alegría cuando supieron que se dirigían a los Estados Unidos, pero el guardia de seguridad se resistió, disparándole a los jóvenes. Estos lo hirieron con pistolas llevadas a bordo, obtenidas en su servicio militar obligatorio. Preocupados por el estado del herido, lo enviaron a tierra junto a un pasajero que rehusaba partir.

Alertadas las autoridades, ordenaron una persecución. Lanchas de alta velocidad de la Marina cubana alcanzaron la nave y dispararon a mansalva contra los pasajeros. Al no poderla hundir, pronto apareció un avión de la Fuerza Aérea, que también abrió fuego sobre el “XX Aniversario.” Finalmente, un barco especializado en trabajos industriales pesados entró en escena, embistiendo la sólida nave hasta que se hundió. La mayoría de los heridos y que habían logrado escapar sanos hasta el momento se ahogó. Aunque el barco tenía capacidad para 100 pasajeros, sólo sobrevivieron diez personas. El número preciso de víctimas quedó en secreto, pero se cuentan al menos 56 conocidas, incluyendo niños de 3, 9, 11, y 17 años. No se les entregaron los cadáveres recuperados a sus familiares y se prohibió la realización de funerales comunitarios. El gobierno cubano declaró que había sido un accidente y amenazó a los sobrevivientes con prisión para exigir su silencio, manteniéndolos bajo vigilancia por años.

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Archivo Cuba have un llamado a los gobiernos mundiales, a las organizaciones internacionales, y a todas las personas de buena voluntad a que hagan al gobierno cubano responsible de sus crímenes y a que exijan que se respeten los derechos fundamentales de los cubanos a la vida, a la seguridad y a la libertad de salir de su país por voluntad propia.

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LA MASACRE DEL RÍO CANIMAR, PROVINCIA DE MATANZAS, CUBA

6 DE JULIO DE 1980

El Domingo 6 de Julio de 1980, establecido como el Día del Niño, un sinnúmero de personas mayores de edad, y algunos llevando a menores de edad, abordaron en el Centro de Recreo Caminar la embarcación adaptada para excursión "XX Aniversario".

El barco comenzó a navegar lentamente por las aguas y cuando llevaban un corto tiempo en la travesía, los hermanos y miembros del Servicio Militar Obligatorio: Sergio Águila Yanes de 19 años de edad, con el arma de fuego que portaba, y Silvio Águila de 18 años de edad, conminaron al capitán de la embarcación y a los dos tripulantes (custodios, y uno tenia un arma), que el "yate" pusiera rumbo a los EE.UU. En esta decisión de escapar de Cuba, también los acompañaba Roberto Calveiro de 15 años de edad. Otro joven que estaba en el plan a última hora decidió no participar en el escape. (Debido al hermetismo que siempre ha adoptado el régimen comunista cuando algo no le conviene, se desconoce si otros ocupantes excursionistas estaban en el plan).

Cuando el Capitán bajo esa premisa giró la nave, y puso proa hacía el norte, el custodio armado a un descuido de Sergio debido a la confusión que se había formado entre los excursionistas, sacó su pistola y Sergio le disparó hiriéndolo (versión: "un miliciano que participó en los hechos, comentó que el custodio se había lanzado al agua y llegó nadando a la orilla" otros ciudadanos afirmaron "que el custodio fue muerto por el disparo que le impacto en el pecho", y en las versiones también se exponen: "que el custodio fue herido y puesto en una lancha de pescadores que estaba cerca, o en un bote pequeño que llevaba remolcando el barco excursionista").


Pero bien, aunque es lamentable si el custodio fue herido y murió, lo trascendental de este caso del Río Canimar, es la masacre que perpetuó el régimen en su arrogancia criminal, y por supuesto, basado también que sus asesinatos a niños, mujeres, y ancianos eran impune, no tenían ninguna repercusión adversa en el ámbito internacional, aunque si en el plano nacional, pues continuaban manteniendo el terror implantado en la población.

Los hechos según Radio Martí.

De acuerdo a una investigación de Radio Martí que fue trasmitida en un programa de más de media hora el jueves 5 septiembre de 1985 y titulado "La Matanza del Río Canimar", y la cual fue basada en entrevistas a unas 20 personas residentes en Cuba, y de las cuales varias fueron pasadas en el programa sin decir sus nombres por razones obvias, reseñamos lo siguiente:

Que el 6 de julio de 1980 cuando los sucesos del llamado éxodo marítimo del Mariel, una embarcación de recreo llevando entre 70 y 100 pasajeros de paseo por el Río Canimar, fue tomada por unos tres o cuatro jóvenes militares armados que a punta de pistola amenazaron al capitán del barco para que pusiera rumbo a los Estados Unidos, y en ese momento un miembro de la Seguridad del Estado que iba en el barco sacó su pistola y fue muerto por los secuestradores.

Al entrar el barco turista en la Bahía de Matanzas, y los guardafronteras percatarse de lo que sucedía, mandaron una patrulla marítima, la cual le hizo varios disparos de advertencia, pero la nave no se detuvo. Pasado unos minutos otra lancha de los guardafronteras apareció en la escena y un avión, y como la embarcación turística seguía su curso norte, las patrullas del régimen comenzaron a dispararle directamente. Aunque la andanada de balas era intensa por parte de los guardafronteras, el XX Aniversario no se detenía, y fue en ese momento que se apareció una draga y envistió al barco turístico provocando su hundimiento, y por consiguiente la perdida de vidas de un indeterminado número de personas.

En las entrevistas realizadas por R. Martí, algunos dijeron que ese día habían mucha movilización de militares en Matanzas, y que las funerarias velaban a un inusual número de cadáveres. Este programa lo repitió varias veces Radio Martí dando más detalles de la masacre..

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Algunos de los masacrados: Sergio Águila Yanes; Mirta de Armas Naranjo; Onelia Quintana; Delio Gómez González; Marisol Martines Aragonés (menor); Osmany Rosales Valdés (menor); Juan Domínguez Alfonso; Vicente Fleitas Cabrera; Lilián González López (menor); Marisel San Juan Aragonés (menor); José San Juan;

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El 11 de septiembre de ese año 1985. el periodista Tomás Regalado que en ese tiempo trabajaba para el periódico en español del Miami Herald, saca un articulo titulado "Más para Radio Martí", de donde tomamos los siguientes párrafos:

(Tomás Regalado, hoy comisionado y aspirante a Alcalde de la ciudad de Miami )

...... para este propósito iniciar esta breve cronología, no en el litoral de Matanzas, sino en el teatro Atenas de la capital de la provincia. En horas de la mañana del 6 de julio de 1980, se iniciaba en el teatro Atenas la Asamblea de Renovación y Ratificación de Mandatos del Partido Comunista en la provincia de Matanzas; presidía la misma Julián Rizo Álvarez, entonces primer secretario del Partido en la provincia de Matanzas, y junto a él entre otros se encontraba el mayor Romelio Pérez León, jefe del Ministerio del Interior en la ciudad de Matanzas. Alguien se acerca a Julián Rizo y le dice algo, y éste airadamente toma el micrófono y grita: "Compañeros, queda suspendida esta actividad por motivos de una emergencia. Acto seguido, Rizo, Pérez León y mas de una veintena de funcionarios y ayudantes abordaron sus autos y se dirigieron a la ribera del río Canimar, casi en su desembocadura en la Bahía de Matanzas. Allí, en la posta de los guardafronteras, aun tirado sobre una pequeña chalupa, se encontraba el cadáver de un agente del Ministerio del Interior con un balazo en el pecho, y junto a el, sollozando, el capitán del barco de turismo del Canimar, quien contó lo que había ocurrido: Que minutos después de haber iniciado el viaje de turismo río arriba, cuatro personas, tres jóvenes reclutas del servicio militar y un sargento de tercera que habían logrado entrar como pasajeros en el barco ocultando cada uno una pistola Makarov y dos AKM-- habían asumido el control de la embarcación, un barco de ferro-cemento construido en los astilleros de Cárdenas y que había sido modificado, incluso mediante la colocación de asientos en el techo. El custodio extrajo un M-52 para hacer frente a los jóvenes, y estos le dieron muerte. Mas tarde le dieron permiso al capitán para que llevara el cadáver a la orilla en una pequeña chalupa que tenia el barco. Ya en esos momentos, el barco conducido por uno de los jóvenes, se dirigía hacia la bahía. Julián Rizo, dirigiéndose al mayor Pérez León, le grita: "De ahí no pueden irse", señalando hacia lo que se conoce como el bolso de la Bahía de Matanzas. En esos momentos una lancha que patrullaba el río San Juan llegó a toda maquina al lugar y minutos después una avioneta de fumigación agrícola hace dos pases sobre el barco, disparando contra la embarcación. La lancha patrullera hace también disparos y cae muerto uno de los jóvenes que habían asumido el control de la nave.

Llegan otras dos lanchas y hacen un cerco a la nave secuestrada que ya ha parado sus motores; los jóvenes ordenan que las mujeres y niños bajen a los camarotes. Rizo, histérico, repetía que no podían "salir de la bolsa de la bahía", y mirando una draga o arenera en el muelle, ordena que varios tiradores la aborden y "le partan para arriba al barco". Y así fue. La pesada draga golpea al barco, pero nada ocurre; el segundo golpe, sin embargo, fue fatal, el barco se parte en dos y se hunde en segundos; las lanchas patrulleras rescatan a ocho de los pasajeros y a los tres jóvenes, 11 sobrevivientes en total, se recogen unos 10 cadáveres; el resto quedo atrapado en los camarotes.
Al siguiente día, oculta en una pagina interior del periódico matancero Girón, se publica una nota de tres líneas donde se informa que se frustró un intento de salida ilegal del país; y nada mas.

Nota de CS: En el relato del capitán hay algunas incongruencias, como que los disparos hechos desde la avioneta o la lancha patrullera que llegaron primero a la escena, mataron a uno de los asaltantes.

Pero como expresamos con anterioridad, lo trascendental de este caso es la masacre que efectuó el régimen comunista contra niños y mujeres que eran en su mayoría los ocupantes del barco.

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Luego de estas trasmisiones de Radio Martí, y los artículos que aparecieron en los periódicos El Miami Herald, el San Francisco Chronicle, el Philadelphia Inquirer y otros medios de prensa en Estados Unidos, de Europa y Latinoamérica, fueron saliendo en forma esporádica más datos de la masacre del Canimar y que cubanos en el exilio daban a conocer.

Julián Rizo Álvarez quien era el secretario del Partido Comunista de Matanzas, y dio en la escena del crimen la orden del ametrallamiento (por supuesto previa confirmación con la jerarquía de la Habana), lo nombraron a los escasos cinco meses de los hechos, a la Secretaria del Partido Comunista a nivel nacional en el II Congreso del PCC (Diciembre 1980). Después en el III Congreso del PCC, por sus "meritos" dentro de la tiranía, a Rizo lo nombran miembro alterno en el Politburó, y en el IV Congreso del PCC continuó en el Politburó (octubre 1991).

Sobre el suicidio de Sergio Águila Yanes es más que cuestionable, pues en casos como este el régimen utilizando sus sofisticados medios para aplicar el terror psicológico, obliga a testigos declarar lo que desean aunque el testigo logre salir tiempo después al exilio; no obstante al transcurrir el tiempo, los años del testigo fuera de Cuba, puede que narre la verdad de lo ocurrido.. Un caso que refleja más o menos este terror psicológico, es el hecho ocurrido el 14 de julio 2003 en La Coloma, Pinar del Río, donde cuatro jóvenes procuraron apoderarse de una lancha para escapar de Cuba, y tres según las declaraciones a la prensa de Marquiel Montana de 17 años, sus compañeros se suicidaron. Ver en estas Historias individuales el video con voz y datos: Caso La Coloma.

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APORTES AL GENOCIDIO

Por Norberto Fuentes

El 6 de julio de 1980, el barco de río «XX Aniversario» salió del centro turístico Canímar Abajo, situado en las márgenes del río Canímar, en Matanzas, con más de 60 pasajeros. Sergio Aguila Yanes, de 19 años, sargento en el ejército cubano, reclutó a su hermano menor Silvio y a sus amigos Roberto y Humberto, y juntos habían planeado la fuga. Cuando el barco se alejó de los muelles, sacaron sus armas e intentaron tomar por sorpresa a los guardias. No pudieron y cuando uno de los guardias sacó la pistola, Sergio disparó primero y lo hirió. Pronto el barco estuvo bajo control de los muchachos, que ordenaron a su capitán que se desviara hacia hacia los Estados Unidos.

( El autor y Fidel Castro; foto posteada por el blogguista )

El informe del tiroteo no tardó en llegar a Julián Rizo Alvarez, primer secretario del Partido en Matanzas, que inmediatamente convirtió un restaurante local en puesto de mando con teléfonos directos a la oficina central del Partido y a Fidel Castro, que le dio órdenes explícitas de que no se podía permitir que el barco se escapara. Fidel Castro subrayó a Rizo Alvarez «que pase lo que pase». Rizo despachó enseguida varias lanchas torpederas para que detuvieran el «XX Aniversario». Los barcos de guerra, más pequeños y más rápidos, se acercaron al barco e insistieron en que pararan y regresaran a Cuba. Los muchachos decidieron no obedecer las demandas del gobierno y siguieron hacia el norte. Después de que le notificaron por radio que las torpederas no podrían detener al «XX Aniversario», Rizo tomó una decisión. «Las órdenes fueron no permitir que el barco saliera de Cuba, aunque eso significara hundirlo». Como si supieran lo que iba a ocurrir, algunos de los pasajeros levantaron a sus hijos rogando a los barcos del gobierno que no dispararan. Rizo dio la orden de disparar y comenzó la masacre de los hombres, mujeres y niños que estaban a bordo del «XX Aniversario».

A pesar de que había dos barcos completamente armados atacando al «XX Aniversario» y a sus pasajeros, Rizo despachó otro patrullero más fuertemente armado y a un avión que empezó a circular encima. Los pilotos del avión empezaron el ataque justo antes de que el barco de río saliera de las aguas cubanas. Después que el avión hizo dos pases mortales, el barco estaba aún milagrosamente a flote, aunque sólo capaz de navegar en círculo. Para entonces, casi la mitad de sus sesenta pasajeros estaban ya muertos o heridos. Cuando se dio cuenta de las repercusiones internacionales que habría si el «XX Aniversario» se escapaba, Rizo tomó el mando del enorme «23 de Mayo» y le ordenó que interceptara y hundiera el barco de río, mucho más pequeño. La tripulación del «23 de Mayo» llevaron a cabo las órdenes de hundir el barco, embistiéndolo por el medio. Buscando su seguridad, Sergio había llevado a todas las mujeres y niños a la bodega para que estuvieran fuera del alcance de las balas. Aunque el primer golpe no hizo mucho daño al barco, las mujeres y los niños, ahora atrapados abajo, empezaron a gritar histéricamente. Segundos más tarde, el «23 de Mayo» embistió por segunda vez al barco y casi lo partió en dos. Al empezar a llenarse de agua el «XX Aniversario», Sergio le dijo a Roberto, el amigo de dieciséis años: «Perdóname, Papito» y fue a la cabina. Entre los frenéticos gritos de las mujeres y los niños de la bodega, Sergio sacó la pistola y le gritó a Roberto: «Los comunistas no me cogerán vivo nunca». Dirigió la pistola a la sien y se mató.

Roberto Calveiro aún recuerda que las aguas se enrojecieron alrededor de los cuerpos de los hombres, mujeres y niños balaceados. También fue testigo del ahogamiento de los que sobrevivieron la matanza inicial pero que no pudieron soportar la fuerza del mar y se hundieron sin volver a salir más. El propio Calveiro saltó al agua y empezó a nadar, pero cuando los patrulleros lo vieron le empezaron a disparar. Más tarde, cuando fue recogido en el mar por el cabello y golpeado en un patrullero, los guardafronteras que le dispararon le confesaron: «Chico, no sé cómo pudiste sobrevivir con todas las balas que te disparé». Cuando llegaron al fin a la costa, los guardias le dijeron a Roberto que se echara a correr. Roberto se negó, sabiendo bien que le dispararían. Aunque había salvado la vida, le esperaban muchas otras experiencias al muchacho de 16 años en los próximos doce años, que pasó en una cárcel cubana.

El régimen rescató sólo 11 de los cadáveres de los casi cuatro docenas de hombres, mujeres y niños masacrados ese día. El gobierno no le dio ninguna explicación a las familias de los desaparecidos, solo que habían muerto en el mar durante el «secuestro» de un barco. El gobierno no permitió entierros comunes. Antes de permitir a los diez sobrevivientes que regresaran a casa, les ordenaron no hablar con nadie sobre el incidente y no reunirse en grupos en que hubiera más de dos de ellos presentes. Durante los próximos dos años, tuvieron agentes del gobierno estacionados para monitorear sus actividades, mientras intentaban sobornar a los familiares de las víctimas, así como a los sobrevivientes, dándoles televisores, refrigeradores y otros equipos usualmente reservados para altos funcionarios del gobierno. "

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 LA MASACRE DEL RÍO CANÍMAR.


A poca distancia de las playas de Varadero, el 6 de julio de 1980, tres jóvenes secuestraron una embarcación con capacidad para casi 100 pasajeros, el "XX Aniversario", que hacía excursiones en ese río.

Los hermanos Silvio y Sergio Águila Yanes, de 18 y 19 años, junto con Ramón Cabeiro, de 15 años, se apoderaron del barco con la intención de huir de Cuba rumbo a los Estados Unidos. Sergio, que cumplía el servicio militar obligatorio, había sustraído armas de fuego para la operación.

Al apoderarse de la embarcación, los jóvenes gritaron "A Miami" en medio de los gritos de aprobación por parte de muchos de los sorprendidos pasajeros. Uno de los guardias de seguridad resistió, disparando contra los jóvenes. Quedó herido cuando éstos devolvieron el fuego. Preocupados
 por su estado, los jóvenes lo colocaron en un botecito para que regresara a tierra junto con otro pasajero que tampoco quería irse. El "XX Aniversario" se dirigió hacia el mar mientras los otros dos llegaban a tierra y alertaban a las autoridades.

Julián Rizo Álvarez, secretario del partido comunista de la provincia de Matanzas, se hizo cargo de la persecución. Según cuenta en su libro "Los Hijos del Enemigo" el escritor Norberto Fuentes, excolaborador de Fidel Castro, Rizo convirtió un restaurante local en puesto de mando con teléfonos directos a la oficina central del Partido y a Fidel Castro, que le dió órdenes explícitas de que no se podía permitir que el barco se escapara “bajo ninguna circunstancia”. Despachó dos lanchas rápidas de la patrulla de la Marina con órdenes de evitar la fuga y hundir la embarcación si fuera necesario. Las lanchas patrulleras abrieron fuego contra el "XX Aniversario" y los jóvenes respondieron. Como resultaba difícil hundir la embarcación, que estaba hecha de fibra de cemento, las patrullas se retiraron. En cubierta quedaron varios pasajeros muertos y heridos. Entonces, un avión de la Fuerza Aérea sobrevoló la nave. Algunos padres cargaron en alto a sus hijos con la esperanza de evitar un ataque, pero éste regresó y abrió fuego, hiriendo y matando a más personas.

Apareció entonces un enorme barco, de uso industrial, que embistió el "XX Aniversario". Poco antes de llegar a las aguas internacionales, los agresores lograron hundirlo y continuaron disparando contra los sobrevivientes que habían caído al mar, repleto de tiburones atraídos por la sangre. Silvio Águila Yanes se tiró al agua para ayudar a los sobrevivientes que se estaban ahogando. Según las informaciones recopiladas, sólo llegaron a tierra diez sobrevivientes.

Hay dudas sobre la suerte que corrió Sergio Águila. Según Norberto Fuentes, se suicidó después de gritar: "Los comunistas no me cogerán vivo nunca". Sin embargo, otras fuentes aseguran que la tripulación de las lanchas de la Marina lo sacó del agua, posiblemente con vida aún. Silvio Águila y Ramón Cabeiro recibieron una sentencia de 30 años de cárcel. Cumplieron una larga condena en la cárcel habanera Combinado del Este, donde testigos informaron que se les sometió a tortura con drogas psicotrópicas. Con el tiempo ambos fueron puestos en libertad y viven ahora en el exilio. Otros tres jóvenes que sabían del plan o ayudaron a planificar la fuga recibieron sentencias de dos a tres años de cárcel. Además, a los cinco jóvenes se les confiscó todos sus bienes.

La dictadura cubana alega que el hundimiento fué un "accidente" que ocurrió cuando la embarcación chocó con el barco más grande debido a la fuerza del oleaje. No se sabe si se recuperaron cadáveres, ya que ninguno fué devuelto a los familiares.

Murieron 56 personas, pero nunca hubo una declaración oficial sobre el número de víctimas. Entre los niños asesinados se encuentran Lilián González López, de 3 años, Marisol Martínez Aragonés, de 17, Osmanly Rosales Valdés, de 9, y Marisel San Juan Aragonés, de 11.

A los sobrevivientes se les ordenó guardar silencio y se les prohibió reunirse, bajo amenaza de someterlos a juicio como cómplices del secuestro. Por años, los agentes de la seguridad del estado vigilaron sus actividades, mientras se les ofrecían televisores y otros electrodomésticos generalmente reservados para altos funcionarios del gobierno.

ASESINOS !!!
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Lista parcial de las victimas:
( tomado del sitio: http://www.lanuevacuba.com/canimar.html )

Juan J. Dominguez Alfonso
Vicente Fleitas Cabrera
Onelia Quintana Cremales
Delio B. Gomez Gonzalez
Mirta de Armas Naranjo
Osmani Rosales Valdes
Marisel San Juan Aragones
Marisol Martinez Aragones
Jose R. San Juan Luis
Sergio Aguila Yanes
Luis Espinosa Elias
Lilian de la C. Gonzalez Lopez

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Por Lionel Rodriguez de la Torre

(CM)La embarcación turística "XX Aniversario", de dos pisos y construida de ferrocemento, salió desde el muelle bajo el puente de la Vía Blanca para su recorrido por el rió Canimar en Matanzas, Cuba, con unos 50 pasajeros, muchos de ellos niños que, con sus padres y familiares, festejaban el fin de las clases.

La nave, custodiada por un miliciano, navegaba por entre los bosques que siglos antes habitaban indios al mando del cacique "Caneymar". Sobre una colina, un sencillo monumento recuerda el sitio de un encuentro a tiros en que murieron el líder nacionalista Antonio Guiteras y uno de los soldados que le perseguían. El final , de la ruta, conocida como "la estrechura", lo marca un frondoso e improvisado parquecito donde subieron al barco dos miembros del Servicio Militar Obligatorio (SMO), los hermanos Sergio y Silvio Aguila Yanes, de 19 y 18 años de edad respectivamente, quienes portaban sendas "jabas" o bolsas dentro de las cuales ocultaban fusiles automáticos sovieticos AKM a los que habían quitado las culatas para hacerlos mas cortos, dos bayonetas, once cargadores de bala, una brújula y cuatro luces de bengala. Aparentemente contaban con el apoyo de tres pasajeros, dos hombres y una mujer.

El buque inició su retorno y los dos jóvenes precipitaron la acción que habían planeado, sacaron de las bolsas sus AKM y conminaron al timonel a salir a la bahía y poner proa al mar, rumbo a Estados Unidos. El miliciano resistió y recibió un balazo mortal en el pecho. Los ingenuos asaltantes permitieron que el guardia fuese llevado a la orilla en un bote auxiliar de la nave y eso sirvió para dar la alarma prematura a los milicianos del muelle que pidieron refuerzos y comenzaron a disparar. En ese momento el Partido Comunista de Matanzas celebraba una reunión de la que participaban su Secretario General, Julian Rizo Alvarez y el Jefe del Ministerio del Interior, Mayor Romelio Perez León quienes al ser informados fueron a la desembocadura del rió y aun sabiendo que la nava llevaba una carga inocente de muchos escolares, ordenaron a sus esbirros "Hagan todo lo necesario para que no puedan salir de la bahía".

Lanchas patrulleras y un pequeño avión se unieron a la cacería agregando sus disparos a los que se hacían desde tierra, ante los azorados ojos de bañistas y transeúntes. Rizo ordenó que una nave dragonera de casco de acero que por allí trabajaba fuera lanzada contra la endeble ferrocemento.Dentro de la "XX Aniversario" todo era pánico, los padres trataban de proteger a sus hijos que lloraban, algunos viajeros querían que la fuga se consumara, otros clamaban por piedad, varios se lanzaron al mar o intentaban bajar al fondo del buque que finalmente fue embestido y partido en dos por la arenera.

-Cuantos murieron?Tal vez se sepa cuando Cuba sea libre. Un acta oficial (copia de la cual pude ver) cita como muertos a: Sergio Aguila Yanes (uno de los secuestradores), Mirta de Armas Naranjo, Onelia Quintana, Delio Gomez Gonzalez, Juan Dominguez Alfonso, Vicente Fleitas Cabrera, José San Juan y su hija Marisel San Juan, de 11 años de edad, Osmani Rosales, de 9 años; Marisol Martinez ,17;Lilian Gonzalez Lopez, de solo tres años. Los testigos hablan de muchos desaparecidos y once supervivientes.

Los cadáveres recuperados fueron entregados a sus familiares con ordenes severas de "velorio discreto" en las únicas dos funerarias de la ciudad y entierro rápido. El féretro con el miliciano muerto, por el contrario, fue paseado por la ciudad como "un héroe". El libelo local solo habló del "combatiente" y no se refirió a la matanza. Un parte oficial daba cuenta del arresto " de los secuestradores", que fueron acusados de "piratería" y otros cargos. La sentencia si fue ampliamente divulgada. Fueron condenados los jovencitos Silvio Aguila Llanes y Roberto Calbeiro León a 30 años de prisión, Humberto Martinez Rosabal a 15, Rey Angel Lorenzo a tres y Mercedes de la Caridad Cervera Llanes a dos años. Mercedes logró después llegar a Florida.

Fonte: PenhadeCuba
penhadecuba@googlegroups.com
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