Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
martes, febrero 04, 2020
"¿Qué hiciste en la guerra, amado Stalin?". Uno de los mayores tiranos del pasado siglo aún tiene millones de seguidores, algunos de los cuales se sientan en el consejo de ministros de España
Un largo segmento del importante y muy significativo documental La verdadera historia Soviética, pues el documental original dura una hora y 25 minutos
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LA MATANZA DE KATYN - Pruebas oficiales y documental.
Estamos en un momento de blanqueo del comunismo, objetivo para el que la formidable máquina de propaganda de la extrema izquierda emplea cualquier recurso. Estos días han recurrido al LXXV aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, por parte del Ejército Rojo en su avance hacia Berlín.
Los tuiteros de la extrema izquierda, encabezados por Pablo Iglesias, clamaron que el III Reich nacional-socialista fue vencido sólo gracias a la URSS y, en consecuencia, si no le agradecemos a Stalin haber derrotado a Hitler somoso ignorantes o fascistas.
Y lo primero que hay que responder es que la URSS se unió a la guerra contra el nazismo tarde, casi dos años después de que empezase, cuando los polacos la estaban librando desde el primer día y los británicos desde el tercero.
El cuarto reparto de Polonia
En la primavera de 1939, en Europa sólo había tres poderes capaces de determinar la guerra o la paz: la URSS soviética, el Reich nacional-socialista y el Imperio británico. Francia estaba subordinada a Londres; Italia y Polonia carecían de fuerza suficiente para inclinar la balanza; y España acaba de salir de una guerra. Stalin optó por firmar un pacto de no agresión con Hitler. Y Stalin sabía que su decisión provocaría la guerra, tal como dijo a sus camaradas (Simón Montefiori, en La corte del zar rojo).
"Naturalmente el juego consiste en ver quién engaña a quién. Ya sé lo que trama Hitler. Cree que es más listo que yo, pero en realidad soy yo quien lo ha engañado. La guerra tardará en afectarnos todavía un poco".
El plan de Stalin consistía en que "los burgueses" se destrozasen entre ellos para luego invadir Europa, como había intentado el Ejército Rojo, pero fue detenido en 1920 a las puertas de Varsovia.
Stalin atacó Polonia por la espalda el 17 de septiembre de 1939 y las tropas soviéticas desfilaron junto a las alemanas en Brest-Litovsk. Luego, absorbió Lituania. Letonia y Estonia y en noviembre atacó Finlandia, motivo por el que la URSS fue expulsada de la Sociedad de Naciones
En los meses siguientes, y sobre todo después de la victoria de Alemania sobre Francia, Stalin colaboró con los nazis: suministro de materias primas imprescindibles para el ejército alemán, como el petróleo, y alimentos. Moscú quería ganar tiempo, mientras se preparaba, y por tanto no quería indisponerse con Berlín. Sirva como ejemplo de esta entente la derrota del crucero Komet. En el verano de 1940, un rompehielos soviético abrió paso al barco alemán por el mar Ártico hasta que salió al Pacífico. Allí atacó varios mercantes aliados.
Además, Stalin tuvo tiempo para ordenar, con su firma, el genocidio de Katyn: la matanza de 22.000 oficiales polacos capturados, entre los que había un 8% de judíos. También entregó a los militares, las SS y la Gestapo a miles de polacos huidos y a comunistas alemanes.
La ruptura entre Alemania y la URSS sólo se realizó cuando Hitler invadió a su vecino. Para entonces, ya existía Auschwitz, construido en la zona de Polonia conquistada por Alemania.
La victoria, imposible por separado
Sin el sacrificio de los soviéticos, ¿habría sido posible la victoria de los anglosajones sobre Alemania? Seguramente, no. Pero tampoco la URSS habría podido soportar las ofensivas del Eje y realizar sus contraataques.
El historiador Anthony Beevor me dijo en una entrevista que "el 80% de las bajas alemanas las causó el Ejército Rojo" en el frente oriental, pero la ayuda de Gran Bretaña y, sobre todo, de EEUU, fue imprescindible.
Uno de los argumentos más usados por los neo-comunistas es el recuerdo de las bajas sufridas por los soviéticos, que en la actualidad se calculan en cerca de 27 millones de seres humanos. Es cierto que los nazis trataron a los eslavos (fuesen polacos o rusos o ucranianos) casi tan mal como a los judíos; en su ideología tenían reservado el papel de esclavos. Millones de ellos murieron de hambre, explotados en las fábricas, las minas o los campos y asesinados en represalias.
Paracaidistas sin paracaídas
Pero a Stalin y su camarilla les corresponde una enorme responsabilidad en esa orgía de sangre. El Gobierno, el Partido y la Stavka (mando soviético) trataron a su propio pueblo con una crueldad que en Alemania los nazis solo aplicaron en los últimos meses de la guerra, cuando ésta ya estaba perdida.
En los primeros días de Barbarroja, Moscú ordenó contra-ataques desesperados, que sólo causaron más muertos y no detuvieron el avance alemán. En cumplimiento de la Orden 227, firmada por Stalin en julio de 1942, llamada '¡Ni un paso atrás!', casi 430.000 militares fueron destinados a batallones de castigo, por delitos como derrotismo, o flojedad en el combate. Los comisarios políticos ametrallaban sin vacilar a los soldados que no ponían suficiente empeño en lanzarse contra los tanques alemanes. Los ataques frontales fueron una táctica constante hasta la batalla de Berlín, aunque costasen más bajas y la Stavka dispusiera de la artillería, los vehículos, el espacio de maniobra y la masa humana necesarios para evitarlos.
Para asegurar el triunfo del cerco de Stalingrado (Operación Urano), Stalin aprobó la revelación de otra operación, llamada Marte, a los alemanes mediante un agente doble. La distracción se consiguió, pero al coste de entre 70.000 y 100.000 muertos en el Ejército Rojo.
Los rojos aplicaron métodos espantosos en el campo de batalla. Cuando la nieve tenía un metro de espesor, lanzaban a los paracaidistas sin paracaídas y daban por aceptables un treinta por ciento de bajas. Colocaban infantes sin protección encima de los plintos de sus blindados para aprovechar las penetraciones. Y el mariscal Zhukov mandaba a sus tropas penetrar en los campos de minas sin detenerse a desminarlos:
Las bajas que sufrimos por minas las consideramos equivalentes a las que habríamos sufrido por ametralladoras y artillería si los alemanes hubieran decidido defender el área con grandes cuerpos de tropas en lugar de minas.
Stalin deportó en condiciones inhumanas a millones de seres humanos, como las poblaciones de alemanes del Volga y los tártaros de Crimea ante las sospechas de colaboración con los invasores.
Mientras en Inglaterra hubo huelgas obreras en las fábricas de armamento en petición de mejores condiciones (descansos y paga), el Kremlin estableció jornadas de 18 horas en las fábricas de armamento y la pena de muerte para el personal para delitos como no cumplir la producción asignada o llegar tarde al puesto.
La maquinaria de represión no se detuvo, porque ésta era la única manera en que los bolcheviques podían mantener su régimen, que sabían odiado por el pueblo. A continuación, unos datos sacados de La tormenta de la guerra, de Andrew Roberts.
Entre junio y octubre de 1941, en los peores meses de la guerra para la URSS, la NKVD detuvo a unas 26.000 personas y mató a no menos de 10.000. En 1942, los Gulags tenían cuatro millones de presos, algunos de ellos condenados por la pantomima de ser espías de las potencias que, por la vía de los hechos, se habían convertido en aliadas de la URSS. "No menos de 135.000 soldados del Ejército Rojo –el equivalente a 12 divisiones— fueron fusilados por su propio bando, entre ellos muchos que se habían rendido a los alemanes y habían sido recapturados".
Cambio de tiranos
Sí, el Ejército Rojo fue imprescindible en la derrota de Hitler, pero sin Stalin y su marxismo la Segunda Guerra Mundial no habría comenzado cuando y como lo hizo y la victoria no le habría costado tantos millones de muertos a los rusos y demás pueblos sometidos a la URSS.
En Europa Oriental entre 1944 y 1945 se cambió a un tirano por otro. A uno de esos tiranos hoy solo lo defiende un puñado de locos; por el contrario, el otro, debido a la superioridad moral de la izquierda, aún tiene millones de seguidores, algunos de los cuales se sientan en el consejo de ministros del Reino de España.
El oscuro (y efectivo) plan de Stalin que llenó Europa de dictaduras comunistas tras la IIGM
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A partir de 1945, los partidos comunistas de muchos países del viejo continente accedieron al poder por primera vez a base de pucherazos y golpes de Estados, con la inestimable ayuda de la URSS
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Por Israel Viana
Madrid
21/03/2019
Cartel propagandístico de la Europa cominista de Stalin
« La república, proclamada en Albania», titulaba ABC el 12 de enero de 1946. «Enver Hoxha es el Tito de Albania y ambos son hechuras de la Unión Soviética. Y puesto que Yugoslavia proclamó la república sin tener en cuenta los méritos de la dinastía Karageorgevich y la voluntad de millones de ciudadanos, la asamblea albanesa ha hecho lo mismo», explicaba después el artículo sobre estos países que, con apenas veinte días de diferencia, fueron los dos primeros en establecer regímenes comunistas bajo la órbita de la URSS una vez acabada la Segunda Guerra Mundial.
(Enver Hoxha)
A Stalin se le había ocurrido la idea de formar un «cordón sanitario» con estados políticamente afines, y subordinados a las decisiones de Moscú, dos años antes, cuando sus tropas empezaron a extenderse por Europa Oriental tras el éxito de la «Operación Bagration». Esta, iniciada el 23 de Junio de 1944, fue la mayor ofensiva realizada por la Unión Soviética hasta la fecha. En Occidente nunca alcanzó la fama que merecía por ser coetánea al desembarco de Normandía, pero logró que la Wehrmacht sufriera su mayor derrota de la guerra en menos de 6 semanas. Los nazis tuvieron, incluso, más bajas que en la batalla de Stalingrado.
Aquella operación y los acuerdos al final de la contienda (Postdam y Yalta) supusieron una gran expansión territorial para los soviéticos. Stalin consiguió anexionarse –militar o políticamente– países como Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Bulgaria, Ucrania, Checoslovaquia, Finlandia, Hungría, Rumanía, partes de Alemania (Prusia Oriental) y hasta Manchuria y el norte de Corea. Antes, el antiguo imperio ruso se había limitado a zonas de la cultura eslava, pero después de la Segunda Guerra mundial, la URSS se expandió a una región mayor de Europa y en poco tiempo comenzó a intervenir en otras partes del mundo. Adquirió un perfil expansionista y pasó de ser una nación atrasada y a la defensiva con respecto a Occidente, a una potencia conquistadora que debía organizar nuevos territorios sobre los que nunca habían tenido un dominio de tal magnitud. Era el momento perfecto para poner en marcha la maquinaria roja con la que expandir su influencia e imponerse a Estados Unidos.
Albania y Yugoslavia
Hablamos del bloque del Este, que comenzaba a gestarse aquel enero de 1946 con la subida al poder de Hoxha y Tito en Albania y Yugoslavia, respectivamente, en el que se mantuvieron 41 y 35 años. Dos movimientos estratégicos apoyados y motivados por Stalin tan solo ocho meses después del suicidio de Hitler y mientras se estaban celebrando todavía los Juicios de Núremberg. No había tiempo que perder. Con la caída de los nazis, el terreno ya estaba abonado para que los partidos comunistas del resto de países empezaran su ascenso, con un empujoncito soviético y utilizando los medios que fueran necesarios.
(Josip Broz Tito)
El guión que siguió Stalin para extender su influencia fue similar en todos ellos. Y tuvo que ser muy preciso, porque la mayoría de las formaciones comunistas y socialistas en aquellos países no eran todavía muy importantes. El Partido comunista rumano, por ejemplo, pasó de mil afiliados a más de un millón en tan solo cuatro años. En Albania, el Frente Democrático de Enver Hoxha, que estaba ya bajo la influencia de los bolcheviques, obtuvo una victoria electoral aplastante el 11 de enero de 1946, pero porque era el único partido que se presentó. Sin olvidar que su líder tenía el control del país hace tiempo como presidente de un gobierno provisional que se apresuró a centralizar la economía y realizar una reforma agraria antes de los comicios.
El caso de Yugoslavia fue parecido. La victoria militar sobre los nazis había supuesto un enorme éxito para Tito y los comunistas, que vieron reforzada su popularidad entre la población. La monarquía y los políticos que estaban en el poder antes de la guerra quedaron muy debilitados. En la elecciones de noviembre de 1945, los primeros se presentaron bajo la coalición del Frente Unitario Nacional de Liberación. De hecho, ya habían acordado la organización del país antes de su llegada al poder con las fuerzas de resistencia al Eje. Los monárquicos se negaron a participar y estos obtuvieron el 90% de los votos. El mariscal Tito proclamó rápidamente la nueva República Federativa Popular, en la que incluyó a las repúblicas socialistas de Serbia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Eslovenia, Macedonia y Montenegro. Poco después comenzaron las ejecuciones y la represión de miles de personas que eran enviadas a campos de concentración como el de Goli Otok, por donde pasaron hasta 1956 unos 16.000 «nuevos enemigos» del régimen.
Bulgaria, Rumanía y Polonia
Después de Albania y Yugoslavia, la mayoría de los partidos comunistas de los países bajo la órbita de Stalin fueron accediendo al poder por primera vez en la historia. En muchos casos, con la cobertura directa de las autoridades soviéticas de ocupación, como el NKVD y el Ejército ruso. En ocasiones, por medio de coaliciones y no siempre obteniendo la presidencia en el primer momento, pero procurándose los ministerios que le proporcionaban el verdadero poder: el del Interior, con el que dominaban la Policía y los servicios secretos; el de Agricultura, para promover las reformas agrarias con las que ganarse a los campesinos sin tierra, o el de Justicia, con el que controlar a los jueces y depurar de la administración a los elementos que no les eran afines.
Este último fue el caso de Bulgaria y Georgi Dimitrov, que estableció una República Popular en diciembre de 1947, después de un referéndum que abolió la monarquía y unas elecciones totalmente mediatizadas. La Asamblea Nacional, controlada por el partido comunista, pronto se puso en marcha y los Tribunales Populares condenaron a muerte a una cuarta parte de los más de 11.000 individuos que fueron juzgaron al acabar la Segunda Guerra Mundial. Se dice, sin embargo, que la cifra extraoficial de ejecuciones fue de 18.000.
(Gheorghe Gheorghiu-Dej)
El caso de Rumanía fue mucho más escandaloso. Se produjo en el mismo mes de diciembre. El país estaba ocupado por el Ejército de la URSS y el partido comunista de Gheorghe Gheorghiu-Dej falsificó las elecciones después de haber sido ampliamente derrotado. Y, de paso, obligó a dimitir al Rey Miguel I. Un país más al que Stalin podría manejar a sus anchas.
Y lo mismo en Polonia, también en diciembre de 1947, donde el Partido Obrero de Boleslaw Bierut tuvo que falsificar igualmente las elecciones para acceder al poder, también con el apoyo de las tropas soviéticas. Lo primero que hizo fue, obviamente, rechazar el Plan Marshall financiado por Estados Unidos y eliminar a la amplia oposición que existía. Cinco años más tarde, instauraron una República Popular y aprobaron una constitución que estuvo vigente hasta 1997, momento en fue sustituida por otra que sí garantizaba las libertades civiles y económicas.
Checoslovaquia y Hungría
En muchos de estos países fue muy importante minar el poder de los rivales políticos, por lo menos en los que existían. Para ello se sirvieron de un control férreo de la prensa y la radio, con el que evitar que sus opiniones llegaran a la población o directamente para criticarlos, acusarles de delitos falsos y sembrar la división en sus filas. Todo valía a la hora de menoscabar la imagen pública de los que no eran comunistas.
(Klement Gottwald)
En casos extremos se recurrió al asesinato de líderes opositores aún con funciones públicas. Ese fue el caso de Checoslovaquia. El Partido Comunista de Klement Gottwald llegó al poder el 9 de mayo de 1948 mediante un golpe de Estado y, una semana después, el ministro de exteriores falleció en extrañas circunstancias. Su cuerpo fue encontrado muerto, con el pijama, debajo de la ventana de su cuarto de baño en el jardín del Ministerio. La investigación inicial del recién instaurado régimen comunista concluyó que se trataba de un suicidio, pero las investigaciones posteriores realizadas en 1968, 2004 y 2006 determinaron que fue un asesinato de los nuevos mandatarios.
Ese mismos mes, en las elecciones de Hungría, los comunistas obtuvieron un improbable 48% de los votos. La República Popular fue proclamada en agosto, con el líder del Partido de los Trabajadores, Mátyás Rákosi, a la cabeza. Pronto se convirtió en una dictadura personal que nacionalizó empresas y colectivizó las tierras. Solo fue el primer paso hasta llegar a las terribles purgas que llevó a cabo en sus propias filas para erradicar cualquier posibilidad de disidencia. Creó una réplica a pequeña escala de la dictadura estalinista de la URSS.
Alemania Oriental
Uno de los últimos episodios de esta reconversión comunista fue precisamente el más conocido: Alemania Oriental. La República Democrática Alemana ( RDA) fue fundada, el 7 de octubre de 1949, en el sector del país ocupado por las tropas soviéticas. Su primer presidente fue Wilhelm Pieck, el secretario general del Partido Socialista Unificado (SED), de mayoría comunista.
A partir de ahí, durante casi medio siglo la Unión Soviética supervisó todo aquello que acaecía en su área de influencia. Con una primera etapa muy dura, desde 1945 hasta 1953, en la que el comunismo se estableció como única fuerza política de todos estos regímenes. Algo que siguió siendo posible durante muchos años gracias a la presencia del ejército rojo, la inanición internacional y la inestimable ayuda de Moscú, que exigió que se estableciera en el Bloque del Este una soberanía limitada, es decir, el control directo por parte de la URSS.
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Libro de Pedro Pablo Arencibia: Paradigmas Psicopedagogicos y caminos de la Investigacion Matematica en la Ensenanza de la Matematica Universitaria y Media
OPINIÓN SOBRE EL LIBRO:
Lo he ojeado, aqui y alla; es conmovedor. humano. Tardare en leerlo de tapa a tapa. Comprendo que es holistico, lo que me parece admirable, meritorio, politica, experiencia humana, Matematicas, Ciencias, y tambien ¨very scholar. Una combinacion unica. Gracias. B.M.
“Marco Rubio a Donald Trump: Te diré lo que es un buen acuerdo: que Cuba sea libre
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz