sábado, julio 25, 2026

Videos y artículos sobre verdades, falsedades y mitos en el ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba

 

 Nota  de Pedro Pablo Arencibia blogusta de Baracutey Cubano

Deseo  mostrar parte del contexto  político en que se llevaron  a cabo los preparativos y el ataque a los cuarteles Moncada en la ciudad de Santiago sw Cuba  y  al cuartel  Carlos Manuel de Céspedes en la ciudad de Bayamo:

En entrevista del historiador  Antonio ¨Tony¨Rafael de la Cova con Mario Salabarría Aguiar (quien fuera comandante jefe del Servicio de Investigaciones Extraordinarias de la Policía Nacional durante el gobierno constitucional del Presidente Ramón Grau San Martín) el 7 de diciembre de 1983, Salabarría expresó algo que  se soslaya en muchos de los artículos sobre  los preparativos antes del ataque al cuartel Moncada,  que indica que ya antes de dispararse el primer tiro en el Moncada ya   Fidel Castro y algunos de los  futuros asaltantes estaban fuera de la ley:

Yo hable con Orlando Castro en presidio sobre lo del Moncada. El es un elemento serio. Hay otra gente que agranda las cosas, y agregan. Lo del robo de automóviles me lo dijo un preso común, José Sánchez Fernández, apodado “Veinte a Diez” que lo utilizaron para ese robo de autos que llevaron al Moncada. El me hablaba de [Raúl] Martínez Ararás. Sánchez cayó preso en uno de los robos de autos en Matanzas, y Fidel fue como abogado y se lo resolvió.

Muchas más revelaciones en:

En el artículo 26 de julio de 1953: Memoria histórica de un hecho publicado en el diario Granma (Órgano Oficial del Comité Central del  PCC), se lee  lo siguiente  en el  pie de  la misma foto que encabeza artículo de  este post.

Fidel con Ñico López, Abel Santamaría y José Luis Tassende en la Finca Santa Elena, en Los Palos, donde hacían prácticas de tiro antes de ir al asalto al Cuartel Moncada. En cuclillas de izquierda a derecha: Ernesto Tizol y Billy Gascón. Esta histórica foto se encuentra en el museo Casa Abel Santamaría de La Habana. Foto: Archivo

Este bloguista de Baracutey Cubano  señala  que Antonio ¨Ñico¨ López era militante del Partido Socialista Popular (nombre que tenía entoces el partido comunista en Cuba) , luego por disciplina de dicho partido tenía que informar sobre los preparativos y entrenamoentos que se estaban realizado. Eso explica  el hecho  que parte de la  dirigencia del  Partido Socialista Popular  se encontrara el Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953 con  ¨la fachada ¨ o pretexto, de que estaban celebrando el cumpleaños de Blas Roca en el marco de los carnavales de Santiago de Cuba. Algunas personas dicen que en un buque jamaicano surto en el puerto de Santiago de Cuba se encontraba oculto y expectante Fabio Grobart, un extranjero jefe de los comunistas cubanos que había sido fundador del Partido Comunista de Cuba en 1925  (algunas personas plantean que el extranjero con seudónimo Fabio Grobart pertenecía a la inteligencia militar soviética o GRU, y no a la KGB o al Comintern), el cual había sido expulsado de Cuba por el gobierno del Dr. Carlos Prío Socarrás si mal no recuerdo haber leido.


De izquierda a derecha: Ñico López, Abel Santamaría, Fidel Castro, persona no identificada, José Luis Tasende, Mario Hidalgo-Gato y Ernesto Tizol.

Por otra parte: en una entrevista  llevada a cabo por un relevante  historiador e investigador  británico o norteamericano al Comandante Universo Sánchez (primer guardaespalda que tuvo Fidel Castro desde los preparativos  de la expedición del yate Granma en México) que en 1953 era un joven cuadro del partido comunista en la provincia de Matanzas, el partido le orientó que estuviera atento a la radio en esos días  de julio de 1953; esto fue orientado antes de llevarse a cabo  el ataque al Cuartel Moncada.

Finalmente y por si todavía hay alguna duda  sobre  las ideas comunistas que ya tenía  ek mentiroso  y manipulador Fidel Castro Ruz que estuvo negando ser comunista hasta pocos años después de enero de 1959,  veamos este  video: pero teniendo en cuenta  que muchos revolucionarios murieron luchando  en la Sierra Maestra, en  los pueblos y ciudades, etc.,  creyendo que Fidel Castro no era comunista, Un ejemplo sobresaliente es el del anticomunista René Ramos Latour ¨Daniel¨ (el sucesor de Frank País García) el cual tuvo un debate ideológico  epistolar con el comunista Ernesto ¨Che¨ Guevara, no pocas veces ocultado. Al subir a la Sierra Maestra  el sucesor de Frank País sólo recibió los grados militares de  Capitán, pese a las numerosas acciones llevadas a cabo en ¨el llano¨; murió en combate en una de las tantas misiones a las que  Fidel Castro lo envió...

La ideología de Fidel Castro




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El Secreto que Cuba NO quiere que veas: Los Ojos de Abel


El Tesoro del Presidente

Fidel Castro ¿se perdió, o huyó, en el asalto al cuartel Moncada? 26 de julio 1953/ Batista



Esta foto la tuvo Raúl Castro  detrás de su buró en  su oficina   del MINFAR. El que está a su lado es Ñico López 

El Tesoro del Presidente

2025

El Papel Real de Raúl ¿Castro? el 26 de julio de 1953. Testimonios de los soldados que lo capturaron


El Tesoro del Presidente

Mayo, 2026

La Verdadera Historia de Raúl Castro


El Tesoro del Presidente

Las 3 veces que Batista salvó a Fidel  Castro. Canción Se va el General

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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO 

Tomado de  https://www.cubaencuentro.com


De la Cova, Mencía y el Moncada

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El Dr. Mario Mencía falleció en La Habana el sábado primero y el Dr. Antonio de la Cova el domingo 30 en West Columbia, Carolina del Sur
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Por Arnaldo M. Fernández
Broward
09/01/2019

Por coincidencia de los opuestos, los bandos encontrados del problema cubano perdieron en diciembre a sus respectivos historiadores señeros del parto de la Generación del Centenario ya en extinción. El Dr. Mario Mencía (Cienfuegos, 1931) falleció en La Habana el sábado primero y el Dr. Antonio de la Cova (La Habana, 1950), el domingo 30 en West Columbia, Carolina del Sur.

Mencía dio a imprenta, como su obra más acabada, El Moncada: La respuesta necesaria (Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2006 / 2013). De la Cova sentó cátedra de historiografía crítica con The Moncada Attack (Editorial de la Universidad de Carolina del Sur, 2007).

Contrapunteo cubano del tabaco castrista y el azúcar exiliar

Al ejercer la crítica de la historia oficial, De la Cova tuvo delante la obra anterior de Mencía, El grito del Moncada (Editora Política, 1986), que apenas dedica 40 páginas al combate y toma prestados pasajes del libro del novelista francés Robert Merle (Moncada: Premier combat de Fidel Castro, Laffont, 1965).

Aparte de no entrevistar a moncadistas revirados contra Castro ni a exmilitares de Batista presentes en Cuba durante su investigación (1972-86), Mencía soslayó la regla elemental de dar la bibliografía consultada y curiosamente omitió la leyenda negra de los prisioneros torturados, que Castro había extremado en La historia me absolverá (1954) con que “les trituraron los testículos y les arrancaron los ojos”.

Sobre la base de las fotos necrológicas del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), los informes de los médicos forenses y aun el testimonio del funerario encargado de recoger los cadáveres de los asaltantes y darles sepultura, De la Cova demostró que no hubo tortura, sino infame masacre de prisioneros. Ni trituraron testículos a Boris Luis Santa Coloma ni arrancaron ojos a Abel Santamaría.

La tortura se tornó superflua tras ser apresado bien temprano Osvaldo Socarrás y revelar enseguida desde quién era el jefe hasta dónde se habían concentrado. Otros muchos prisioneros confesarían de plano su participación y hasta abundarían en justificaciones políticas del asalto.

Se procedió a ejecutar a quienes —por haber disparado arma de fuego— daban positivo en la prueba de parafina. A las 11 de la mañana, 35 prisioneros habían sido ya asesinados a mansalva. El saldo de la masacre llegaría a 52, que sumados a 9 caídos en combate totalizaron 61 asaltantes muertos [1].

De la Cova desmintió por igual a Batista, quien imputó a Castro no haber estado “en la trágica escena del combate” [2]. Con moncadistas disidentes del castrismo como Gustavo Arcos y Mario Chanes, De la Cova confirmó que Castro iba en el segundo vehículo de la caravana que arribó al Moncada y se desmontó a combatir. El moncadista exiliado Gerardo Granados atestiguó haberlo visto “en el medio de la calle con una pistola Luger en la mano” [3].

Los comecandelas por Internet dirán hasta que Granados estaba aturdido, pero De la Cova no vino con su libro a dar palos de ciego invirtiendo el eslogan pa’lo que sea, Fidel, pa’lo que sea. Vino a exponer la verdad histórica, que no es castrista ni anticastrista. A tal efecto sudó la camiseta por tres décadas [4] para entrevistar a 115 fuentes personales relacionadas con el Moncada y revisar bien 132 fuentes documentales producidas en Cuba. Así mismo estudió a Castro como si fuera una asignatura, ya que sólo de este modo puede entenderse cómo, con los fórceps del Moncada, nació ese fenómeno histórico denominado revolución cubana [5].

Coda

Al aplicar la lógica con sentido crítico, De la Cova destruyó tanto los cuentos propagandísticos de Mencía como numerosos forros historiográficos que cunden por los mentideros del exilio [6] y aun entre historiadores de renombre [7].

Notas

[1] Las cuentas claras conservan la higiene mental y nadie ha manejado mejor los números del Moncada que De la Cova. En Biografía a dos voces (Debate, 2006) Castro aseveró: “Hubo cinco muertos en combate y otros cincuenta y seis que asesinan” (p. 145). De la Cova precisa en The Moncada Attack que Pedro Marrero, dado por Castro como muerto en acción, fue capturado vivo dentro del cuartel y asesinado (p. 108), mientras Manuel y Virginio Gómez, Guillermo Granados, Miguel Oramas y Rigoberto Corcho cayeron en combate (p. 319).

De la Cova encontró también que moncadistas exiliados estimaban entre “más de 2,000” [Héctor de Armas] y “1,500” [Carlos Bustillo] las personas que pasaron la preparación previa organizada por Castro con Isaac “Harriman” Santos, veterano del U.S. Army. Resulta entonces plausible que Castro reclutara “mil doscientos hombres”, como dijo en su biografía (p. 120).

Las armas disponibles reducirían las fuerzas a 160 (136 fueron a atacar el Moncada y 24, el cuartel de Bayamo). De los 99 sobrevivientes, 48 quedaron fugitivos, 32 fueron a la cárcel y 19 salieron absueltos en juicio. Sólo 20 vendrían al reenganche con Castro en el Granma.

[2] Cuba Betrayed, Vintage Books, 1962, 35. De paso quedó desguazado el mito de que Castro se había extraviado camino al Moncada. Quien se perdió —o más bien desertó— fue Ernesto Tizol, conductor del cuarto automóvil de la caravana, al tomar inexplicablemente por Avenida de las Américas en vez de por Victoriano Garzón. Le siguieron otros vehículos que nunca arribarían al cuartel, como el carro de Oscar Quintela, o llegarían demasiado tarde, como el auto de Oscar Alcalde.

[3] The Moncada Attack, 100. Así validó la portada del primer libro de Mencía.

[4] De la Cova principió su calicata en el Moncada hacia 1974, durante sus estudios de licenciatura en Historia (Universidad Atlántica de la Florida, Boca Ratón), tras asignársele como tarea de reseñar La historia me absolverá (1954) y llamar su atención que Castro apodara “El Tigre” al sargento Eulalio González.

Por la guía de teléfonos de Miami dio con este militar de Batista, quien aclaró que su apodo era “El Mulo”, ya que había prestado veinte años de servicio en el arria de mulos de La Cabaña. Luego de verificarlo con otros militares, De la Cova formuló como hipótesis de trabajo que detrás de aquella mentira había otras.

Sólo que, ya graduado, fue detenido en mayo de 1976 por tentativa de bombazo, de madrugada, contra el establecimiento Libros para Adultos (Pequeña Habana), que el informante mismo del FBI calificaba de fachada comercial de Castro. Encajó condena de 65 años, pero salió bajo palabra en agosto de 1982 y trabajaría como periodista en Puerto Rico hasta 1990, sin dejar de lidiar con fuentes personales y documentales sobre el Moncada.

A poco de completar la Maestría en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Estatal de San Diego (1989), emprendió su carrera académica en la Universidad de Virginia Occidental, donde se doctoró en Historia de Estados Unidos (1994) con disertación sobre el coronel confederado de origen cubano Ambrosio José Gonzales (Matanzas, 1818 – Nueva York, 1893). La editorial de la Universidad de Carolina del Sur publicó el estudio biográfico en 2003 y para 2007 sacaría en doble tirada —junio y octubre— The Moncada Attack.

[5] Por no consultar The Moncada Attack, el Dr. Rafael Rojas escribió uno de los relatos más disparatados del Moncada en su Historia mínima de la revolución cubana (El Colegio de México, 2015), que incluye retrasar a y difuminar en 1956 el nacimiento de aquella.

[6] Un forro exiliar que pasó a The Moncada Attack (p. 243) fue aquel que había metido Francisco Lorié Bertot en Rafael Díaz-Balart. Pensamiento y acción (Rex Press, 1978): al filo de la Ley de Amnistía (1955), Díaz-Balart había largado discurso en el Congreso para oponerse a que Castro saliera en libertad. No hay ningún rastro de tal discurso —ni mención alguna de Castro— en la relatoría del Diario de Sesiones del Congreso de la República de Cuba [Vol. 91, No. 19, 74 pp.], digitalizado por la Universidad de la Florida.

[7] V.g., Hugh Thomas, quien incurrió en diversas pifias —como la guataquería historiográfica de presentar a Raúl Castro como uno de los jefes del asalto— por entre las 21 páginas de su obra monumental Cuba: The Pursuit of Freedom (Eyre & Spottiswoode, 1971) dedicadas al Moncada. Vid.: The Moncada Attack, xiv.

© cubaencuentro.com

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ENTREVISTA al profesor Antonio de la Cova, PhD en Historia, autor del nuevo libro “The Moncada Attack” sobre "El Asalto al Cuartel Moncada"
realizada por www.cubalibredigital.com

Pregunta: ¿Qué lo llevó a Ud., siendo un opositor al régimen de Fidel Castro, a ahondar en la historia del primer hecho de guerra promovido por el actual dictador 
Respuesta: En 1974, cuando comenzaba mis estudios de historiador en Florida Atlantic University, un profesor marxista me asignó hacer una reseña sobre “La Historia Me Absolverá,” la obra basada en la autodefensa de Fidel Castro al ser juzgado después del asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953. En dicho relato, Castro acusa al sargento Eulalio “El Tigre” González, de haber asesinado a Abel Santamaría, un héroe revolucionario. Curiosidad histórica me motivó buscar a González en la guía telefónica de Miami. González me dijo, entre otras cosas, que su apodo era “El Mulo” porque había trabajado con la compañía de transporte de mulos en La Cabaña durante veinte años y que Fidel Castro inventó el apodo de “El Tigre” para presentarlo como feroz. Posteriormente confirmé a través de otros militares que conocieron a González, que su apodo siempre fue “El Mulo,” y que Castro estaba mintiendo. Mi entrenamiento como historiador me decía que donde hay una mentira, siempre hay otras. 

Posteriormente encontré en la revista oposicionista “Bohemia,” de diciembre 27, 1953, página 70, en un breve recuento sobre el juicio de Fidel Castro, que había terminado su alegato de defensa diciendo: “La historia, definitivamente, lo dirá todo.” Esto indica que Castro falsificó el lema “La historia me absolverá.” Estos descubrimientos fueron los que me motivaron a rescatar la verdad histórica, para que esta y futuras generaciones comprendan cuales fueron los verdaderos sucesos del 26 de julio. La mayoría de los 115 protagonistas que entrevisté ya fallecieron. Si yo no hubiera tomado sus testimonios, se hubieran perdido para la historia, ya que ningún otro historiador los había entrevistado. Entre estos testimonios rescatados está el del magistrado Aldolfo Nieto, que presidió el juicio de la Causa 37, donde fueron juzgados Fidel Castro y los implicados en los sucesos del 26 de julio.

P: ¿Qué diferencia tiene este libro suyo sobre el Asalto al Cuartel Moncada, de otros libros similares que tratan un tema sobre el cual se han escrito muchos libros antes, tanto por autores comprometidos con Fidel Castro, como por autores independientes?

R: En el prefacio de mi libro hago un análisis de todas las obras que han tratado el tema del asalto a los cuarteles de Bayamo y del Moncada el 26 de julio de 1953. Señalo como los errores históricos se han perpetuado como mitos revolucionarios, sin que ningún historiador haya realizado un estudio académico o crítica de la “versión oficial” del gobierno cubano. Por ejemplo, en 1961 el periodista Robert Taber publicó “M-26: The Biography of a Revolution,” donde dice que Castro era “presidente de la FEU” y que “apareció brevemente dentro del cuartel” Moncada durante el ataque. Ni el propio Fidel Castro jamás ha dicho que entró en el cuartel en aquel momento. Taber se acoge a la “Leyenda Negra” creada por Castro en “La Historia Me Absolverá,” diciendo que los prisioneros rebeldes fueron torturados, les extirparon los ojos, los castraron, los mutilaron, y que a Haydée Santamaría le quemaron los brazos con hierros calientes, una mentira tan absurda que ni ella la repitió en sus memorias sobre el Moncada. Ningún historiador jamás ha cuestionado la veracidad de esos alegatos. En 1965, el novelista francés Robert Merle fue contratado por el gobierno cubano para escribir “Moncada: Premier Combate de Fidel Castro.” Merle entrevistó a sesenta rebeldes participantes, a seis civiles, y a un solo militar, el teniente que arrestó a Castro. Dicho libro carece de un relato balanceado, ya que solo presenta la “versión oficial” de los sucesos. Igual ocurre con las numerosas obras publicadas en Cuba por Marta Rojas, Mario Mencia, y otros autores, que se acogen a la advertencia que Fidel Castro dio en una reunión de la Unión de Escritores y Artistas Cubanos en agosto de 1961: “Con la revolución, todo; contra la revolución, nada.” Hasta el momento, no se había publicado una obra sobre los sucesos del 26 de julio por un académico con un doctorado en historia. Mucho de lo que se ha escrito es por escritores comprometidos con el régimen castrista o por neófitos que no tienen el entrenamiento universitario adecuado necesario para ser historiador.

P: ¿Cuáles son sus credenciales como historiador?

R: Yo recibí el doctorado en Historia de la Universidad de West Virginia en 1994, y este es el segundo libro que publico con una prensa universitaria, que es el más alto reconocimiento intelectual que se le puede dar a una obra.

P: ¿Cuáles fueron sus fuentes principales de información, dado que Ud. no vive en Cuba y no ha viajado a ella para escuchar la versión de los principales líderes de la acción que relata?

R: Mi libro está basado principalmente en entrevistas grabadas y transcritas que realicé durante treinta y un años con 115 personas que participaron directamente en los hechos, además de publicaciones contemporáneas de aquella época, y cientos de artículos y obras que se han publicado en Cuba desde 1959. Todo está citado en la bibliografía del libro. Además, puse mis entrevistas en la red en

 http://www.latinamericanstudies.org/entrevistas.htm para que los lectores pue
dan formular sus propias opiniones. Los dirigentes revolucionarios que participaron en los sucesos del 26 de julio, ya han dado sus versiones a la prensa cubana, acogiéndose a los parámetros dictados por el régimen. Yo los cito cuando concuerdan con la verdad, o señalo donde hay discrepancias. Por ejemplo, Robert Merle escribe en 1965 que cuando Abelardo Crespo cayó herido en combate, Jaime Costa lo metió dentro de un auto en retirada. Sin embargo, después que Costa fue detenido en Cuba, Crespo cambia su versión para omitir a Costa y decir que Fidel Castro fue quien lo asistió. Entrevistar a estos protagonistas en Cuba no rendiría mucho más, ya que no van a contradecir la “versión oficial” o lo que ya dijeron en entrevistas previas. Sí tuve la oportunidad de entrevistar telefónicamente a dos personas en Cuba, Gustavo Arcos Bergnes, quien iba en el mismo carro que manejaba Fidel Castro al ataque, y el ex teniente Jesús Yanez Pelletier, supervisor militar de la prisión de Boniato donde estuvieron encarcelados los acusados en la Causa 37. Como los dos eran disidentes, no tenían miedo a decir la verdad y contradecir la versión entronizada. Además, en Estados Unidos logré entrevistar a catorce rebeldes exiliados que tuvieron una participación decisiva en los sucesos. Por ejemplo, los tres dirigentes del simultáneo asalto al cuartel de Bayamo, Raúl Martínez Ararás, Orlando Castro García, y Gerardo Pérez-Puelles Valmaseda, rompieron con Castro en 1955 cuando detectaron sus aspiraciones dictatoriales, lo cual denunciaron en una proclama pública. Los tres han sido borrados de la “historia oficial” del gobierno cubano, quienes le han achacado el liderato de la acción de Bayamo a Ñico López, un analfabeto peón del mercado de La Habana. Ñico entorpeció el ataque al cuartel de Bayamo al no cumplir su misión de llevar un alicates que se le asignó para cortar la cerca de alambre de púas, porque se le olvidó. La “versión oficial” es incapaz de criticar a un mártir de la revolución.

P: ¿Hay otros protagonistas que no aparecen en la versión oficial del gobierno cubano?

R: De los 99 rebeldes sobrevivientes, veintisiete se convirtieron en disidentes, por lo cual han sido omitidos de la “historia oficial.” Fidel Castro no los invitó a participar en los festejos oficiales del cincuentenario del asalto al Moncada. Otras personas cuyo papel no ha sido reconocido o tergiversado son los casos de Raúl Castro, Naty Revuelta y Reinaldo Boris Luis Santa Coloma. Raúl Castro va a Santiago de Cuba por invitación de José Luís Tasende sin saber el plan. Fidel Castro se sorprende al ver a su hermano allí en la granja de Siboney horas antes de ir al ataque, y lo asigna al grupo de menos riesgo, los que toman el edificio del Palacio de Justicia, colindante al cuartel Moncada, que eran dirigidos por Léster Rodríguez. Sin embargo, el muro de contención en el techo de la audiencia era muy alto y no les permitió a los rebeldes disparar hacia el cuartel. Por eso, cuando Raúl Castro es detenido, la prueba de parafina que le hicieron para comprobar si había disparado un arma, resultó negativa. Como Léster Rodríguez era santiaguero y pudo escapar sin problemas, Fidel Castro falsamente le achacó el papel de dirigente del grupo a su hermano Raúl. Natalia “Naty” Revuelta Clews, la amante de Fidel Castro, también ha sido omitida de la versión oficial, a pesar que donó más de cinco mil pesos para comprar las armas que usaron los asaltantes. Reinaldo Boris Luis Santa Coloma aparece en la “versión oficial” como el “novio” de Haydée Santamaría. Sin embargo, el verdadero amor de Boris era Nereida Rodríguez, con quien tuvo un hijo que nació el 13 de julio de 1953. Nereida y su hijo han sido borrados de la historia, hasta ahora.

P: ¿Qué hay de cierto que Boris Luís fue emasculado, que le sacaron los ojos a Abel Santamaría, y que otros rebeldes fueron torturados después de capturados?

R: No hubo tal tortura organizada ni necesidad para eso. La tortura generalmente se aplica cuando algún reo no quiere revelar algo. Allí todos los capturados rápidamente admitieron quienes eran, que Fidel Castro era el líder, y que estaban motivados por patriotismo para redimir la patria. Según el teniente Jesús Yanez Pelletier, el prisionero Osvaldo Socarrás Martínez, lo condujo hasta la granja Siboney, donde se habían acuartelado los rebeldes antes del ataque. Unos treinta rebeldes capturados fueron inmediatamente ejecutados en el campo de tiro de armas cortas dentro del Moncada, bajo la autorización del coronel Alberto del Río Chaviano, quien ordenó que regaran los cadáveres por el cuartel para hacer lucir que murieron en combate. El Servicio de Inteligencia Militar (SIM) le tomó una foto a cada muerto, a quien le pusieron un papel con un número de identificación en el pecho. El régimen castrista ha publicado algunas de esas fotos, pero jamás han mostrado la foto del cadáver de Abel Santamaría. Yo reto al gobierno cubano que publique dicha foto y que reproduzca todos los certificados de defunción que redactaron los médicos forenses. Marta Rojas publicó algunos, pero no todos, y demuestran que los rebeldes fueron ejecutados, pero no mencionan señales de tortura o desmembramiento. Yo entrevisté para mi libro a Manuel Bartolomé, director de la funeraria Bartolomé en Santiago de Cuba, quien recogió todos los cadáveres de los rebeldes muertos. Él dijo que no vio señales de tortura y que los médicos forenses de Santiago de Cuba que reconocieron los cadáveres hubieran levantado la alarma si hubieran visto tal cosa. Uno de los médicos forenses, el doctor Manuel Prieto Aragón, fue entrevistado en la revista “Bohemia” en 1968, pero no confirmó el alegato de tortura de los presos, cuando lo pudo haber dicho a la prensa castrista sin problemas. Haydée Santamaría, quien más propagó la versión de la tortura de los presos y que su novio fue emasculado, sin embargo, cuando testificó en el juicio, sin ser coaccionada, no hizo dicha denuncia. El testimonio de ella en corte aparece en la prensa de aquella época.

P: ¿Qué hay de cierto que los soldados en la posta del cuartel y en el hospital militar fueron pasados a cuchillo por los rebeldes?

R: Ese es el otro gran mito que ha perdurado sobre los sucesos del 26 de julio. Eso surge porque el coronel del Río Chaviano llegó al cuartel después del ataque, según me dijeron varios militares. Cuando el general Batista lo llama por teléfono indagando cómo los rebeldes h
abían pasado la posta, el coronel le dijo que los pasaron a cuchillo y añadió que los dos muertos en el hospital militar, el sanitario José Vázquez y el policía Roberto Ferrándiz, también fueron apuñaleados. Ambos recibieron tiros en la cabeza al asomarse a diferentes ventanas al inicio del ataque. Yo entrevisté a los tenientes médicos Erik Juan Pita y Rolando Pérez Sainz de la Peña, quienes estaban de turno en el hospital militar durante el ataque, y ambos confirmaron que no hubo ningún militar herido o muerto con cuchillo. El soldado José Ferrá Mulet me dijo que vio cuando los rebeldes desarmaron a los dos guardias en la posta 3, Orlando Molina Amores y Walfrido Monzón, y los acostaron en el suelo boca abajo sin lesionarlos. La controversia surge porque una vez que Batista da su discurso al día siguiente, diciendo que la posta y los enfermos fueron pasados a cuchillo, eso se convierte en la versión oficial del gobierno. Sin embargo, la prensa contemporánea, que reportó los eventos del juicio, señala que los testigos médicos militares confirmaron que no murió ningún soldado por arma blanca. Otro dato interesante es que cuando Batista escribe sus memorias, dice que los enfermos fueron asesinados, pero no pasados a cuchillo.

P: ¿Cuál fue la participación directa de Fidel Castro en los sucesos?

R: Fidel Castro, notorio por su memoria y su verborrea, jamás ha descrito en detalle su participación en el combate del Moncada. Nunca ha revelado si disparó un arma, cuantas veces, cuando, o contra quien, como han dicho otros rebeldes. Su actuación la he podido descifrar por rebeldes que estuvieron a su lado, como Gustavo Arcos, que lo acompañó al Moncada, y Héctor de Armas, Carlos Bustillo, y Gerardo Granados, que estuvieron con Castro en la balacera frente a la posta tres, pero no lo vieron disparar su pistola Luger. Castro se pasó los veinte minutos que duró el combate tratando de reagrupar a los rebeldes que se habían dispersado en los patios de las casas del reparto militar y erróneamente penetraron en el hospital militar fuera del cuartel. Un dato interesante es que después que Castro es detenido y llevado a la prisión de Boniato, el médico forense José Ramón Cabrales va a hacerle la prueba de la parafina, para ver si había disparado un arma, y Castro se niega que lo haga. Según el libro de Georgina Cuervo y Ofelia Llenín, “Moncada: Epopeya Heroica,” publicado en La Habana en 1973, página 116, Castro dice: “¿A mí? A mi no me la hacen; ponga que da positivo porque yo sí tiré. A mí no hay que hacerme la parafina. Búsquenme un arma y verán como sigo tirando. – Y fue al único combatiente que no se le hizo la prueba de la parafina.” Parece que Castro sabía que su prueba de la parafina iba a dar negativa, y no quiso desprestigiarse de esa manera, que siendo el líder, no disparó ni un solo tiro.

P: ¿Cuáles eran los antecedentes de los rebeldes del 26 de julio?

R: Castro escogió selectivamente a los 160 rebeldes dentro de la juventud del Partido Ortodoxo, donde él militaba. El libro “Mártires del Moncada” de Marta Rojas, publica biografías de los rebeldes que indica que la gran mayoría no tenían instrucción más allá del sexto grado escolar. Cuatro rebeldes eran graduados de la universidad y había solamente dos negros y doce mulatos, incluyendo a Melba Hernández. Muchos tenían empleos humildes, como peón de albañil, parqueador de autos, dependiente de tienda, mozo de limpieza, campesinos, y desempleados. El hoy en día general Calixto García Martínez era mensajero de bicicleta de la Farmacia Johnson; el general Juan Almeida Bosque era asistente de albañil; el ministro Ramiro Valdés Menéndez era ayudante de camionero; y Agustín Díaz Cartaya, autor del himno del 26 de julio, era un huérfano que tocaba guitarra por las calles de Marianao. Algunos asaltantes eran delincuentes con antecedentes penales. Jacinto García Espinosa era un marihuanero convicto por traficar narcóticos; Carmelo Noa Gil estuvo preso por intento de asesinato; y Flores Betancourt Rodríguez había cumplido un año en el reformatorio juvenil Torrens. Otros cuatro rebeldes habían sido arrestados por fajarse con la policía. Por lo menos veinticinco rebeldes eran huérfanos de padre. Era fácil para el abogado Castro, con su verborrea de persuasión, apelar a los sentimientos patrióticos de dichos jóvenes y manipularlos.

P: Después de tantos años recopilando la información relevante para escribir su libro sobre el Moncada, ¿Qué conclusiones Ud. extrae sobre el carácter de esa acción de guerra, sus lecciones y sus motivaciones?

R: Las acciones del 26 de julio de 1953 comenzaron a prepararse escasamente tres meses antes de realizarse. Raúl Martínez Ararás, jefe del ataque al cuartel de Bayamo, señaló que el plan de ataque era superficial, improvisado, y descabellado. Su segundo al mando, Orlando Castro dijo que más fácil hubiera sido tomar el cuartel de Bayamo sin disparar un tiro si hubieran detenido en su hogar al comandante del cuartel y lo hubieran llevado allí para franquear la entrada. En aquel momento solamente había cinco soldados dentro del cuartel de Bayamo. La prensa había anunciado con anticipación que Batista estaría en las regatas de Varadero el 26 de julio para presentar el trofeo al ganador. Hubiera sido más fácil si se le hubiera hecho allí un atentado en vez de intentar tomar el Moncada. Fidel Castro trató de adelantarse a un plan insurreccional que preparaba la oposición con el Plan de Montreal en abril de 1953. Castro pensó que si él se alzaba primero, el resto de la oposición tendría que secundarlo, como pasó con el prematuro alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes durante la Guerra de los Diez Años. El problema fue que los rebeldes iban vestidos de militares, y la oposición no actuó porque pensó que aquello era una bronca entre militares. Otro dato que no menciona la “versión oficial” es que Gustavo Arcos, Pepe Ponce, Abelardo Crespo, Reinaldo Benítez, y algunos otros rebeldes fueron heridos equivocadamente por otros asaltantes porque iban vestidos de militares. Arcos estaba mirando hacia el cuartel, cuando el balazo le entró por la espalda, con trayectoria de abajo hacia arriba. Ponce y Crespo tuvieron heridas de calibre 22 y Benítez fue herido con perdigones, calibres de armas que usaban exclusivamente los rebeldes. En mi libro yo detallo todos los fallos del plan de ataque, cuyo mayor error estratégico fue no tomar la azotea del edificio de tres pisos frente al Moncada, desde donde un grupo de francotiradores hubieran dominado el polígono, las salidas de todos los dormitorios, y hubieran neutralizado la ametralladora que les prohibió la entrada por la posta lateral. Los rebeldes iban mal armados, con rifles 22, revólveres, y escopetas, y con solo un puñado de balas, para enfrentarse a soldados armados con rifles de alto calibre, ametralladoras, y granadas de mano. Por cierto, los huecos de los balazos en la fachada del Moncada inicialmente fueron hechos por una ametralladora calibre 30 que disparó el sargento José Virués Moraga contra cinco rebeldes que se atrincheraron en el ala izquierda del cuartel. Después del ataque, aquellos daños se repellaron y se pintó la pared. Sin embargo, en los 1970s, el gobierno abrió nuevos huecos en la pared, como aparecen ahora, pretendiendo que son los disparos originales. Es evidente que Fidel Castro llevó a esos muchachos a morir allí, para treparse sobre sus cadáveres, y lograr su fama por primera vez a través de la prensa internacional. El ministro de Información de Batista, Ernesto de la Fe, declaró que el coronel del Río Chaviano debió haber sido llevado ante una corte marcial por no cumplir las reglas de guerra y ejecutar a los prisioneros. Eso fue lo que permitió a Fidel Castro convertir una derrota militar en una victoria política.

P: ¿Según su punto de vista, el Asalto al Cuartel Moncada deja alguna lección importante que pudiera extenderse fuera del territorio nacional cubano?

R: Lo más llamativo de esta obra es la manipulación maquiavélica de Fidel Castro sobre sus seguidores para lograr su ambición personal. En la granja Siboney, cuando Castro reveló su plan de ataque, una docena de rebeldes se negaron a participar en lo que denunciaron como un plan suicida. En Bayamo, Hugo Camejo, jefe de la célula de Marianao, desertó a último momento, al igual que Ernesto Tizol, que había rentado la granja Siboney. Tizol, mientras manejaba su auto rumbo al Moncada, se acobardó y desvió una parte de la caravana motorizada de los asaltantes, muchos de los cuales no participaron en el ataque, que solo duró veinte minutos. El “Manifiesto a la Nación” que redactó Raúl Gómez García, que postulaba las metas democráticas de los rebeldes, y por lo cual sesenta y uno de ellos dieron sus vidas, nunca se llevó a cabo por Fidel Castro.

P: Donde se puede adquirir el libro suyo y que recomendaciones daría para una mejor lectura.


R: El libro se acaba de poner a la venta en Miami el Sentir Cubano, en el 2900 S.W. 8 Street. Se puede pedir en la red a http://www.cubanfoodmarket.com/

También está a la venta el la red en www.amazon.com


Le sugiero a los lectores que lean las entrevistas que puse en la red, en las cuales está basada la obra

 
para que lleguen a su propia conclusión respecto a la objetividad y la veracidad de este libro, que tomó más de treinta años en completar.

Fonte: cubalibredigital.com
http://www.cubalibredigital.com
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VIDEOS DEL AÑO 2007 DONDE SE DESMONTAN ALGUNOS DE LOS MITOS Y FALSEDADES SOBRE EL ATAQUE AL CUARTEL MONCADA

A Mano Limpia con el Dr. Antonio ¨Tony¨de la Cova : The Moncada Attack, 7-25-2007,


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Ciertas peripecias del nacimiento con fórceps de la revolución cubana que dan para películas de Monty Python

Por Arnaldo M. Fernández
Broward
30/07/2020

El viernes 31 de julio de 1953, Ernesto Tizol —cuadro dirigente del Comité Militar del movimiento insurreccional aún anónimo de Fidel Castro— se entrega a las autoridades tras las gestiones de su padre con un cura y un masón en la estela del asalto a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo. Tizol había llegado a casa de sus padres en Holguín el mismo 26 de julio, luego de anticiparse al nacimiento de ese fenómeno histórico denominado revolución cubana con la acción contrarrevolucionaria de doblar por la Avenida Las Américas en vez de continuar por la Avenida Victoriano Garzón hacia el Moncada.

Los vehículos que venían detrás siguieron la rima y en La historia me absolverá (1954) Castro explicó: “Aun cuando disminuya nuestro mérito, la mitad del grueso de nuestras fuerzas y la mejor armada, por un error lamentable, se extravió a la entrada de la ciudad y nos faltó en el momento decisivo (…) Tomó por una calle equivocada y se desvió por completo dentro de una ciudad que no conocían”. Tal como Castro dictó la historia oficial que embaraja la deserción como extravío, Batista echaría a rodar la fake history de que Castro mismo “did not appear at the tragic scene of the fighting” [1]. Así corre aún por mentideros exiliares y redes sociales gracias a quienes no saben de qué hablan o entonan cualquier cosa para el alma divertir.

Ser o no ser bayamés

La ruta al Moncada era intuitiva y el lugarteniente de Castro para el ataque al cuartel de Bayamo, Raúl Martínez-Ararás, cuñado de Tizol, aclaró que no cabía equivocación. Tizol había negociado el arriendo de la Granjita Siboney —punto de partida de la caravana de 16 autos de los asaltantes— con el propietario José Vázquez-Rojas. A tal efecto fue dos o tres veces a una gasolinera en la Avenida Garzón que Vázquez Rojas también poseía. Por eso Tizol sabía bien que, para ir al cuartel Moncada desde la granjita, tenía que pasar por frente a esta gasolinera, sita más allá de la intersección de Avenida Garzón con Avenida de las Américas.

Tizol y los extraviados andaban por Alturas de Quintero cuando escucharon el tiroteo. Boris Luis Santa Coloma, Oscar Alcalde y otros regresaron, pero muchos optaron por no correr al combate. Tizol se deshizo del uniforme y del arma para tomar un ómnibus rumbo a Holguín.

Viernes de Concilio

Para el 31 de julio, las gestiones de otro cura [Arzobispo Enrique Pérez-Serantes] y otro masón [Gran Maestro Carlos Piñeiro del Cueto] habían frenado el desmadre de los militares en la caza de rebeldes. Pérez-Serantes enrumbó por la carretera de Siboney hacia el caserío de Sevilla con ánimo de regresar a Santiago trayendo a Fidel Castro, pero volvió sin él. Ya circulaba hasta en volantes la orden dada por Batista: “Respetar la vida de los insurgentes”. Piñeiro del Cueto oyó a Batista advertirle por teléfono al jefe del regimiento acuartelado en el Moncada, coronel Alberto del Río Chaviano, que iba a pasarle la cuenta si ejecutaban a otro prisionero [2].

De ahí que ese mismo día Ramirito Valdés fuera conducido vivito y cojeando [3] al vivac de Santiago, tras ser detenido cerca de La Calera en la carretera al Castillo del Morro. A sus interrogadores diría que sólo sé que no sé nada, ni siquiera quién es Fidel Castro, pero en juicio se vino abajo esta coartada socrática y fue condenado a 10 años. Otros 19 que negaron haber participado en el asalto corrieron mejor suerte y salieron absueltos por falta de pruebas.

Destino de Tizol

El capitán Bebo Lavastida, jefe de inteligencia militar del regimiento, tomó declaración a Tizol. Su confesión corroborada selló la condena a 13 años, que también encajaron Oscar Alcalde, Raúl Castro y Pedro Miret por estimar el tribunal que habían desempeñado cierto papel de liderazgo. Al salir en libertad por la amnistía de 1955, Tizol marchó al exilio en USA con su esposa e hijos. Regresaría a Cuba en 1959 y ocuparía cargos gubernamentales de poca monta. En 1978 pasó a fungir como tercer secretario de la embajada cubana en Checoslovaquia, donde curiosamente prestaba servicio desde 1974 otro que también salió de la Granjita Siboney —en un Dodge 1950— y nunca llegó al Moncada: Oscar Quintela [4]. Tizol fallecería el 1 de julio de 1984 sin que Granma se dignara a publicar su obituario.

Coda

En vez de meter la pata con que Castro no llegó al Moncada, el teatro bufo del anticastrismo tardío debiera poner en escena ciertas peripecias del nacimiento con fórceps de la revolución cubana que dan para películas de Monty Python: Léster Rodríguez olvidó subir a la azotea en su exploración del Palacio de Justicia y a la hora del combate se topó con un muro tan alto que no permitía disparar contra el cuartel; Ñico López dejó en el motel Gran Casino los alicates con que debía cortar la alambrada para abrirse paso hacia el cuartel de Bayamo por el terreno yermo adyacente; Renato Guitar dibujó mal el plano de ubicación del arsenal del cuartel Moncada y quienes tenía la misión de ocuparlo subieron por una escalera hacia la barbería…

Notas

[1] Cuba Betrayed, Nueva York: Vantage Press (1962), 35.
[2] De la Cova, A. R.: The Moncada Attack, Columbia (SC): Editorial de la Universidad de Carolina del Sur (2007), 168.
[3] Siendo ya ministro del Interior, Ramirito contó al novelista francés Robert Merle que había disparado su pistola contra un sargento alto y mulato, quien devolvió el fuego hiriéndolo en un pie. Cf.: Merle, R.: Moncada: Premier combat de Fidel Castro, Paris: Robert Laffon (1965), 182. Tras escapar en un auto con los neumáticos ponchados por los tiros, Ramirito no pudo rodar más allá del reparto Vista Alegre y andaba a pie al ser arrestado.
[4] Quintela regresó a La Habana y dejó el Dodge en el mismo lugar de donde había salido, con las llaves en la guantera y las puertas cerradas. Sería interrogado como sospechoso unos días después, pero dio excusa tan plausible que ni siquiera fue a juicio. De su célula —Calabazar— sólo René Bedia cayó en el jamo batistiano y fue sancionado a 10 años.

© cubaencuentro.com

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Tomado de http://www.cubavision.icrt.cu/

Datos sobre el Asalto al Cuartel Moncada
(Fragmento)


Lugares de entrenamiento:
Finca Santa Elena en Los Palos
Finca de Pijirigua
Club de cazadores del Cerro
Universidad de La Habana
Acera del Louvre
San Francisco de Paula
Baños de Martín Mesa
La Caleray Las Cañas en Artemisa

Puntos de reunión más importantes:
Artemisa
25 y O
Jovellar 107

Mujeres que participaron:
Melba Hernández Rodríguez del Rey
Haydée Santamaría Cuadrado

Jóvenes que ocuparon el Palacio de Justicia:
Raúl Castro Ruz
Léster Rodríguez Pérez
Ángel Sánchez Pérez
José Ramón Martínez Álvarez
Abelardo García Ylls
Mario Darmau de la Cruz

Grupo que tomó el Hospital Civil Saturnino Lora:
Abel Santamaría Cuadrado
Raúl Gómez García
Antonio Betancourt Flores
José Francisco Costa Velázquez
Julio Máximo Reyes Cairo
Juan Domínguez Díaz
Mario Muñoz Monroy
José Antonio Labrador Díaz
Pablo Cartas Rodríguez
Gerardo Antonio Álvarez Álvarez
Tomás Álvarez Breto
Roberto Medero Rodríguez
Ramón Ricardo Méndez Cabezón
Félix Rivero Vasallo
Horacio Matheu Orihuela
Wilfredo Matheu Orihuela
Reemberto Abad Alemán Rodríguez
Julio Trigo López
Juan Manuel Ameijeiras Delgado
Osvaldo Socarrás Martínez
Ramón Pez Ferro
Haydée Santamaría Cuadrado
Melba Hernández Rodríguez del Rey

Combatientes que salieron para el asalto: 135
Asaltantes que llegaron al Cuartel Moncada: 78
Militares acuartelados en el Moncada: 809   (Antonio de la Cova  plantea unos 300 aunque  casi la mitad vivían en las casa cercanas; apunte del bloguista de Baracutey Cubano)

Asaltantes muertos en el ataque
Perecieron en la acción: 6
Asesinados: 61
Heridos que sobrevivieron: 5

Militares muertos en combate: 19
Heridos: 31

Cuartel Carlos Manuel de Céspedes
Asaltantes: 28
Muertos en combate:0
Detenidos: 10
Asesinados: 10

Civiles asesinados en el Moncada o en otros lugares a consecuencia de los hechos

Manuel Reyes Cala, "El Niño Cala".
Miguel A. Ravelo Ravelo
Rubén Cordero Sánchez
Eduardo Ambrosio Hernández
Rolando del Valle
Armando Miranda Montes de Oca
Pedro Romero Fonseca
Francisco Viera Milián
Raúl Villareal


Causa que se abrió para el juicio:
Causa 37 del Tribunal de Urgencias de Santiago de Cuba

Composición del tribunal que juzgó a los moncadistas:

Presidente:
Dr. Adolfo Nieto Piñeiro Osorio

Magistrados:
Dr. Ricardo Díaz Olivera
Dr. Juan Francisco Mejías Valdivieso
Fiscal: Dr. Francisco Mendieta Hechavarría

Secretario:
Raúl Fernández Mascaró

Oficial de secretaría:
Adolfo Alomá Serrano

Alguaciles:
Mariano Redondo Sólano
Bernardo Duany Castillo
Edesio Ramos
Lupicinio Trujillo Bonet
Alcibiades Zalazar (el indio)

Auxiliares de la defensa:
Carlos Martorell García

Establecieron su autodefensa:
Ramiro Arango Alsina
Roberto García Ibañez
Fidel Castro Ruz

Forenses:
Dr. Manuel Prieto Aragón
Dr. Alipio Rodríguez López
Dr. José Ramón Cabrales Arjona

Abogados defensores:
Dr. José Valls Tamayo
Dr. Juan José García Benítez
Dr. Conrado Castells Cordero
Dr. Miguel Angel Pérez Lamy
Dr. Elizardo Díaz Lorenzo
Dr. Raúl de Villalvilla Carbonell
Dr. Carlos Peña Jústiz
Dr. Jorge Mariño Branet
Dr. Lucas Morán Arce
Dr. José María Badell Romero
Dr. Luis Pérez Rey
Dr. Marcial Rodríguez
Dr. Héctor Carrió Caballero
Dr. Rubén Alonso Álvarez
Dr. Braudilio Castellanos García
Dr. Luis Antonio Gómez Domínguez
Dr. Héctor Canciano Laboré
Dr. Rafael Cisneros Ponteau
Dr. Domíngo Estrada Beatón
Dr. Andrés Silva Adán
Dr. Gerardo Hernández Vera
Dr. Eduardo Eljaick Eldidi
Dr. Roberto Rosillo Rodríguez
Dr. Jorge Pagliery Cardero
Dr. Recadero García Fernández

Resultados del juicio:
Total de acusados en la causa - 132
Comprometidos con los sucesos - 50
Sancionados – 32

Fuentes:
Los días del Moncada
Marta Rojas
Morir por la patria es vivir
Orlando Guevara Núñez
Centro de Información para la Prensa
Libro de texto de Historia de Cuba
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sábado, julio 26, 2025

La cobardía de Fidel y de Rául Castro en videos y artículos relacionados con el ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953

Nota del Blogusta de Baracutey Cubano


En el artículo 26 de julio de 1953: Memoria histórica de un hecho publicado en el diario Granma (Órgano Oficial del Comité Central del  PCC), se lee  lo siguiente  en el  pie de  la misma foto que encabeza este post.

Fidel con Ñico López, Abel Santamaría y José Luis Tassende en la Finca Santa Elena, en Los Palos, donde hacían prácticas de tiro antes de ir al asalto al Cuartel Moncada. En cuclillas de izquierda a derecha: Ernesto Tizol y Billy Gascón. Esta histórica foto se encuentra en el museo Casa Abel Santamaría de La Habana. Foto: Archivo



Esta foto la tuvo Raúl Castro  detrás de su buró en  su oficina   del MINFAR. El que está a su lado es Ñico López 


Ñico López era del  Partido Socialista Popular (PSP; nombre entonces del partido comunista en Cuba)   y desempeñaba  un papel relevante en la conspiración  y, al menos,  por disciplina partidista, tenía que informar lo que se estaba preparando. Quizás el partido lo situó para saber de primera mano los por menores de la conspiración. No olvidemos tampoco  que  Salvador Díaz Versón (Jefe de la Inteligencia Militar en todo el gobierno de Prío) tenía en su poder los expedientes de la Liga Anticomunista donde  estaban depositados muchos años de  investigación  sobre los comunistas en Cuba y fuera de Cuba. El expediente A-943 correspondía a Fidel Castro Ruz y en él se reflejaba que Fidel  Castro había comenzado a trabajar para la Unión Soviética  en 1943 y que en su reclutamiento y entrenamiento había desempeñado un importante  papel un diplomático supuestamente llamado Gomer Bashirov, En el expediente también habían fotos y documentos que  que evidenciaban su conexión con Moscú. Después del triunfo de la Revolución y concretamente tan cercano como el 23 de enero de 1959  se requisaron los archivos que estaban, si mal no recuerdo haber leido, en la casa de Salvador Díaz Versón en Cojimar.  En ese expediente había una carta de Fidel Castro dirigida  a Abelardo Adán en Praga que fue interceptada por Salvador Díaz Versón decía: ¨ Nuestro amigo me dijo que me mantiene reservado para mayores esfuerzos  y que no debo quemarme  viajando ahora. Ellos tienen  un plan  en el cual yo seré  el eje que  se implementara muy pronto. Es posible  que entonces volvamos a vernos sin temor al imperialismo yanqui¨.  La información de casi todo lo que está en este párrafo están en las páginas 777 y 778 del excelente libro (aunque no coincido en algunas interpretaciones que aparecen en él)  titulado La Verdadera República de Cuba , del Dr.Andrés Cao Mendiguren.

Deseo  mostrar parte del contexto  político en que se llevaron  a cabo los preparativos y el ataque a los cuarteles Moncada en la ciudad de Santiago sw Cuba  y  al cuartel  Carlos Manuel de Céspedes en la ciudad de Bayamo:

Dada la cantidad de implicados, hubo más de un juicio  respecto  a los sucesos  acahecidos  en el Cuartel Moncada en la madrugada del 26 de julio de 1953. En el juicio donde se juzgó, entre otros,  a Fidel Castro  Ruz,  se encontraba presente la periodista Marta Rojas, la cual  entonces trabajaba en la revista Bohemia y que según el padre de Carlos Alberto Montaner (el cual trabajaba en Bohemia) ellos se cuidaban de ella, ya que  tenía fama de batistiana. Marta Rojas afirmaba que ella estuvo   presente en el juicio a Fidel Castro y que éste al final de su alegato había dicho:  "¡Condenadme, no importa, la Historia me absolverá!" . Pero las actas de los dos juicios del Moncada desaparecieron muy tempranamente de los archivos de la Audiencia de Santiago de Cuba. ¿ Por qué y quiénes las desaparecieron ?. La tiranía Castrista trata de que no se les desbaraten sus mitos ni se les descubran sus abundantes mentiras; de consultarse esas actas se vendría abajo el supuesto alegato de Fidel Castro que se conoce como La Historia me absolverá ...PERO BORRAR TODAS LA HUELLAS ES DRECUENTEMENTE ALGO MUY DIFÍCIL:  en el número de la revista Bohemia (Sección En Cuba,  página 70) correspondiente al  27 de diciembre de 1953 SE LEE ALGO MUY DIFERENTE:


¨Al  final:
- Señores de la Sala, en gratitud  a vuestra generosidad, honorabilidad y justicia, voy a terminar. No pido mi libertad. Ustedes cuentan con el respaldo del pueblo de Cuba, aunque nos condenen. No importa el silencio de hoy. La historia, en definitiva, lo dirá todo.¨

En entrevista del historiador  Antonio ¨Tony¨ Rafael de la Cova con Mario Salabarría Aguiar (quien fuera comandante jefe del Servicio de Investigaciones Extraordinarias de la Policía Nacional durante el gobierno constitucional del Presidente Ramón Grau San Martín) el 7 de diciembre de 1983, Salabarría expresó algo que  se soslaya en muchos de los artículos sobre  los preparativos antes del ataque al cuartel Moncada,  que indica que ya antes de dispararse el primer tiro en el Moncada ya   Fidel Castro y algunos de los  futuros asaltantes estaban fuera de la ley:

Yo hable con Orlando Castro en presidio sobre lo del Moncada. El es un elemento serio. Hay otra gente que agranda las cosas, y agregan. Lo del robo de automóviles me lo dijo un preso común, José Sánchez Fernández, apodado “Veinte a Diez” que lo utilizaron para ese robo de autos que llevaron al Moncada. El me hablaba de [Raúl] Martínez Ararás. Sánchez cayó preso en uno de los robos de autos en Matanzas, y Fidel fue como abogado y se lo resolvió.

Antonio  Rafael de la Cova  Ph,D.  en la investigación sobre los asaltos a los cuartes de Santiago de Cuba y de Bayamo entrevistó a 104 personas (las entrevistas están en Internet) ; entre ellas a 39 militares y a 14 de los asaltantes.

Algunas cifras sobre los asaltos a los cuartes de Santiago de Cuba y de Bayamo:

El número de los convocados por  la jefatura (Fidel Castro, Abel Santamaría, etc.)  que  llegaron o estaban en  Santiago de Cuba fueron  160; de ellos murieron en combate y asesinados: 61.
Militares muertos: 19
De los convocados, 25 fueron a asaltar el Cuartel de Bayamo  y 3 desertaron a última hora. En la granja Siboney 8 o     10 se negaron a participar del asalto al cuartel Moncada al ver el pobre armamento que se tenía para ello, además del hecho que un grupo de no más de 5 ó 6 personas de los convocados sabía  realmente para qué viajarían a Santiago de Cuba.
Después del fracaso militar de  los ataques a los cuarteles, de los 45 que regresan a la Granja Siboney; solamente 19 se dirigen con Fidel Castro  hacia las montañas, el cual  se había retirado, o huido, del Moncada antes de las 6 am (el combate había comenzado aproximadamente a las 5:20 am) pese a que hasta cerca de las 8 am aún se estaba disparando hacia el Moncada desde el Hospital Civil, donde estaban Abel Santamaría y el Dr. Antonio Muñoz Monroy entre otros.

Muchas más revelaciones en:

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El Tesoro del Presidente
19 de septiembre, 2025

¿Quién salvó realmente a Fidel Castro en el Moncada? 26 de julio de 1953



El Tesoro del Presidente
12 de septiembre, 2025


Las cartas que jugó Fidel Castro para salvar su vida el 26 de julio de 1953




El Tesoro del Presidente
29 de agosto, 2025

El Papel Real de Raúl ¿Castro? en el Moncada (1953) Testimonios de los soldados que lo capturaron


El Tesoro del Presidente
26 de julio, 2025

El asalto al cuartel Moncada: la voz de los militares de Batista /Cuba/ 26 de Julio 1953

Fidel Castro ¿se perdió, o huyó, en el asalto al cuartel Moncada?





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Ciertas peripecias del nacimiento con fórceps de la revolución cubana que dan para películas de Monty Python

Por Arnaldo M. Fernández
Broward
30/07/2020

El viernes 31 de julio de 1953, Ernesto Tizol —cuadro dirigente del Comité Militar del movimiento insurreccional aún anónimo de Fidel Castro— se entrega a las autoridades tras las gestiones de su padre con un cura y un masón en la estela del asalto a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo. Tizol había llegado a casa de sus padres en Holguín el mismo 26 de julio, luego de anticiparse al nacimiento de ese fenómeno histórico denominado revolución cubana con la acción contrarrevolucionaria de doblar por la Avenida Las Américas en vez de continuar por la Avenida Victoriano Garzón hacia el Moncada.

Los vehículos que venían detrás siguieron la rima y en La historia me absolverá (1954) Castro explicó: “Aun cuando disminuya nuestro mérito, la mitad del grueso de nuestras fuerzas y la mejor armada, por un error lamentable, se extravió a la entrada de la ciudad y nos faltó en el momento decisivo (…) Tomó por una calle equivocada y se desvió por completo dentro de una ciudad que no conocían”. Tal como Castro dictó la historia oficial que embaraja la deserción como extravío, Batista echaría a rodar la fake history de que Castro mismo “did not appear at the tragic scene of the fighting” [1]. Así corre aún por mentideros exiliares y redes sociales gracias a quienes no saben de qué hablan o entonan cualquier cosa para el alma divertir.

Ser o no ser bayamés

La ruta al Moncada era intuitiva y el lugarteniente de Castro para el ataque al cuartel de Bayamo, Raúl Martínez-Ararás, cuñado de Tizol, aclaró que no cabía equivocación. Tizol había negociado el arriendo de la Granjita Siboney —punto de partida de la caravana de 16 autos de los asaltantes— con el propietario José Vázquez-Rojas. A tal efecto fue dos o tres veces a una gasolinera en la Avenida Garzón que Vázquez Rojas también poseía. Por eso Tizol sabía bien que, para ir al cuartel Moncada desde la granjita, tenía que pasar por frente a esta gasolinera, sita más allá de la intersección de Avenida Garzón con Avenida de las Américas.

Tizol y los extraviados andaban por Alturas de Quintero cuando escucharon el tiroteo. Boris Luis Santa Coloma, Oscar Alcalde y otros regresaron, pero muchos optaron por no correr al combate. Tizol se deshizo del uniforme y del arma para tomar un ómnibus rumbo a Holguín.

Viernes de Concilio

Para el 31 de julio, las gestiones de otro cura [Arzobispo Enrique Pérez-Serantes] y otro masón [Gran Maestro Carlos Piñeiro del Cueto] habían frenado el desmadre de los militares en la caza de rebeldes. Pérez-Serantes enrumbó por la carretera de Siboney hacia el caserío de Sevilla con ánimo de regresar a Santiago trayendo a Fidel Castro, pero volvió sin él. Ya circulaba hasta en volantes la orden dada por Batista: “Respetar la vida de los insurgentes”. Piñeiro del Cueto oyó a Batista advertirle por teléfono al jefe del regimiento acuartelado en el Moncada, coronel Alberto del Río Chaviano, que iba a pasarle la cuenta si ejecutaban a otro prisionero [2].

De ahí que ese mismo día Ramirito Valdés fuera conducido vivito y cojeando [3] al vivac de Santiago, tras ser detenido cerca de La Calera en la carretera al Castillo del Morro. A sus interrogadores diría que sólo sé que no sé nada, ni siquiera quién es Fidel Castro, pero en juicio se vino abajo esta coartada socrática y fue condenado a 10 años. Otros 19 que negaron haber participado en el asalto corrieron mejor suerte y salieron absueltos por falta de pruebas.

Destino de Tizol

El capitán Bebo Lavastida, jefe de inteligencia militar del regimiento, tomó declaración a Tizol. Su confesión corroborada selló la condena a 13 años, que también encajaron Oscar Alcalde, Raúl Castro y Pedro Miret por estimar el tribunal que habían desempeñado cierto papel de liderazgo. Al salir en libertad por la amnistía de 1955, Tizol marchó al exilio en USA con su esposa e hijos. Regresaría a Cuba en 1959 y ocuparía cargos gubernamentales de poca monta. En 1978 pasó a fungir como tercer secretario de la embajada cubana en Checoslovaquia, donde curiosamente prestaba servicio desde 1974 otro que también salió de la Granjita Siboney —en un Dodge 1950— y nunca llegó al Moncada: Oscar Quintela [4]. Tizol fallecería el 1 de julio de 1984 sin que Granma se dignara a publicar su obituario.

Coda

En vez de meter la pata con que Castro no llegó al Moncada, el teatro bufo del anticastrismo tardío debiera poner en escena ciertas peripecias del nacimiento con fórceps de la revolución cubana que dan para películas de Monty Python: Léster Rodríguez olvidó subir a la azotea en su exploración del Palacio de Justicia y a la hora del combate se topó con un muro tan alto que no permitía disparar contra el cuartel; Ñico López dejó en el motel Gran Casino los alicates con que debía cortar la alambrada para abrirse paso hacia el cuartel de Bayamo por el terreno yermo adyacente; Renato Guitar dibujó mal el plano de ubicación del arsenal del cuartel Moncada y quienes tenía la misión de ocuparlo subieron por una escalera hacia la barbería…

Notas

[1] Cuba Betrayed, Nueva York: Vantage Press (1962), 35.
[2] De la Cova, A. R.: The Moncada Attack, Columbia (SC): Editorial de la Universidad de Carolina del Sur (2007), 168.
[3] Siendo ya ministro del Interior, Ramirito contó al novelista francés Robert Merle que había disparado su pistola contra un sargento alto y mulato, quien devolvió el fuego hiriéndolo en un pie. Cf.: Merle, R.: Moncada: Premier combat de Fidel Castro, Paris: Robert Laffon (1965), 182. Tras escapar en un auto con los neumáticos ponchados por los tiros, Ramirito no pudo rodar más allá del reparto Vista Alegre y andaba a pie al ser arrestado.
[4] Quintela regresó a La Habana y dejó el Dodge en el mismo lugar de donde había salido, con las llaves en la guantera y las puertas cerradas. Sería interrogado como sospechoso unos días después, pero dio excusa tan plausible que ni siquiera fue a juicio. De su célula —Calabazar— sólo René Bedia cayó en el jamo batistiano y fue sancionado a 10 años.

© cubaencuentro.com
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Wenceslao Cruz
Junio 17, 2016

Pedro Corzo entrevista al Padre Jorge Bez Chabebe sobre la  rendición y detención de Fidel Castro después del asalto al Cuartel Moncada,  el triunfo de larevolución y  los cubanos fusilados por Raúl Castro


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Parodia de juicio y ejecución del Teniente Despaigne  en Cuba en   la zanja de la Loma de San Juan  a mediados de enero de 1959


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El Dr. Antonio de la Cova  y otros testigos habla sobre el asalto al cuartel Moncada con Oscar Haza, Julio 26, 2007



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El Dr. Antonio de la Cova y  participantes del asalto al cuartel Moncada  de la ciudad de Santiago de Cuba y al cuartel Carlos Manuel de Céspedes   de la ciudad de Bayamo hablan con Maria Elvira Salazar, Julio 26, 2004. Hacer CLICK  encima de Watch on YouTube.  A PARTIR DEL INSTANTE 26:02  EL  ASALYANTE ORLANDO CASTRO Y EL HISTORIADOR ENRIQUE ROSS   HACEN DECLARACIONES  MUY IMPORTANTES.  En  estos últimos  años  se ha conocido que  ya en esa época detrás de  Fidel Castro, y otros individuos, estaba la Inteligencia de la Unión Soviética, según se lee, por ejemplo, en el libro  El sóviet caribeño: La otra historia de la Revolución Cubana, del investigador y científico César Reynel Aguilera.

https://www.amazon.com/-/es/El-s%C3%B3viet-caribe%C3%B1o-historia-Revoluci%C3%B3n/dp/1088722571

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Servicio fúnebre  a los 19 militares muertos en el ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Un ataque producido con premeditación, nocturnidad, y alevosía, ya que al comenzar el ataque estaban durmiendo. Los atacantes vestían  los mismos uniformes militares que los atacados. Años después Fidel Castro Ruz  criticó que los aviones de la Brigada de Asalto 2506 que combatió en Bahía de Cochinos y sus alrededores,  estaban pintados de manera similar que los aviones de la Fuerza Aérea Revolucionaria ....

LA MENTIRA DE FIDEL CASTRO EN LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ SOBRE EL ¨TIGRE¨, QUE REALMENTE ERA ¨EL MULO´, QUE SUPUESTAMENTE LE SACÓ LOS OJOS A ABEL SANTAMARÍA EN EL MONCADA CUANDO REALMENTE NI ABEL TENÍA SACADOS LOS OJOS Y ¨EL MULO ¨ ERA REALMENTE UN INFELIZ INCAPAZ DE MATAR A NADIE. EL DUEÑO DE LA FUNERARIA ATESTIGUÓ EN UN PROGRAMA DE " A MANO LIMPIA " DE QUE NO HABÍA NINGÚN CADAVER SIN OJOS.

Fragmento tomado de http://www.latinamericanstudies.org


Entrevista del Dr. Antonio de la Cova a Jesús Yanez Pelletier; en  letras negritas o bold lo que habla o pregunta  el Dr.  Dr. Antonio de la Cova

Debajo de las matas. Otra cosa, aquí se habla también de que el oficial Morejón fue uno de los que implicaron también en la muerte de esta gente. ¿Este no era el teniente Pedro Morejón Valdés?

Pedro Morejón, sí.

¿Este es uno de los oficiales que implican en las muertes de los presos?

Sí, sí, sí, y él, si le hubieran dado chance, hubiera acabado allí también.

Por cierto, yo también hablé con “El Mulo” González.

¿”El Mulo” González? [risa]

Murió en el año 78 [Febrero 28, 1988].

Sí, ¿no? Bueno, pues, “El Mulo,” ¿cómo se llamaba él, Eladio?

Eulalio González Amador.

Eulalio. Eulalio González. Era un infeliz. ¿Tú sabes lo que me dijo él? Que él, el único gran dolor que tenía él era que le habían perforado, que estuvieron a punto de matar la hijita. Que uno de los disparos rompìó la cuna.

Y le mataron la cotorra. El le echó la culpa a Alfonso Silva.

Yo no sé a quien le echó la culpa, pero él me decía a mí, “Coño, Yánez, por poco me matan la chiquita.”

Yo tengo la tesis que González, para mí, por lo que me has dicho tu y me ha dicho muchaotra gente, González yo no creo que participó en matar a los presos.

No, no hombre, no, mentira.

Sí. Yo creo, aunque a él le echan la culpa en “La Historia Me Absolverá,” y lo apodan “El Tigre,” y toda esa cosa.

Sí, el que le sacó los ojos a Abel y que tenía las manos ensangrentadas. “El Mulo” González no tenía valor para eso.

Efectivamente, no tenía valor para eso.

Era un infeliz.

Sí, era un infeliz. Eso mismo es lo que me han dicho otras personas. Y claro, los grandes culpables ahí eran Lavastida, Rico Boué, toda esta gente, Policarpo Ochoa Ferrer, toda esta gente. Y entonces, claro, cogen a este infeliz, le echan a él todos los muertos, y esta gente se queda callada.

Se quedan callados, por supuesto.

Sí. Oyeme, él, que trabajo, él, yo se que él trabajaba en la prisión de Boniato que era donde tenía los gallos finos. ¿Qué es lo que él hacía allí?

Nada. El no trabajaba allí.

¿No trabajaba allí?

El iba a la prisión a cuidar sus gallos, él tenía gallos allí, que los cuidaba allí.

El iba allí nada más a cuidar sus gallos.

A cuidar sus gallos. El no trabajaba en la prisión.

El falleció en el año 88. Yo lo ví semanas antes de que muriera. Oye, y cobarde. Tu sabes que a mí me dijo el teniente Camps, que una vez lo vió a él en una bodega, y él decía, “No, porque yo en Cuba, yo a lo que me dedicaba era a trabajar en un central. Yo era campesino, esto y lo otro.” Y dice Camps que él fue y lo miró y le dijo, “Oigame, yo lo conozco a usted del central Moncada.” Y que se asustó. Se asustó porque no lo reconoció. Y después lo vió y le dió un abrazo.

Era un guajiro infeliz. Yo tengo la idea que era un guajiro infeliz. El era amigo de mi suegro.
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LA VERDADERA HISTORIA DE LA CAPTURA DE RAÚL CASTRO

Raúl Castro Ruz, Jesús Montané Oropesa y otros asaltantes al Cuartel Moncada detenidos 

Por el Dr. Antonio de la Cova
La Nueva Cuba
Agosto 6, 2006

La verdad es más cercana a la versión que estoy citando aquí de mi libro "The Moncada Attack: Birth of the Cuban Revolution" (El Ataque al Moncada: Nacimiento de la Revolución Cubana), que será publicado por la Prensa de la Universidad de South Carolina, el 30 de junio de 2007.

Después que el ataque al Moncada fue sofocado, se envió aviso de radiocomunicación rapidamente a los puestos militares en la provincia de Oriente. El teniente Vicente Camps Ruiz, de 42 años de edad, había sido asignado dos días antes a la guarnición de San Luis, 17 millas al norte de Santiago de Cuba, que contaba con 15 hombres. Él respondió a la alerta. situando un bloqueo en la carretera y vigilancia sobre las línea ferroviaria entre San Luis y el poblado de Dos Caminos. El lunes, temprano en la mañana, Raúl Castro, entonces con 21 años de edad, caminaba rumbo a San Luis, siguiendo las líneas del ferrocarril, habiendo dormido la noche antes en un cañaveral en El Cristo. Había comprado pan y agua en Dos Caminos antes de caer en la emboscada tendida por el sargento de la policía Emilio Bóveda González, el cabo Canet y el policía Victoriano Pellecier. Bóveda condujo al detenido al puesto de San Luis, porque no tenía identificación, mientras dejó a los otros dos policías en el puesto de vigilancia.

Cuando el teniente Campos interrogó a Raúl Castro, alrededor de las 8 de la mañana, éste dijo llamarse Ramón González, y ser hermano del lider del PAP (partido de Fulgencio Batista) en Marcané. Declaró que había asistido a los carnavales de Santiago e iba de regreso a su casa en Cueto, cerca de Marcané. Camps recuerda: "Raúl no tenía documentación y sólo traía 50 centavos en los bolsillos. Se me hizo sospechoso cuando no pudo explicar satisfactoriamente por qué no había comprado pasaje de ida y vuelta para los carnavales. Entonces él dijo que había ido a Santiago en un carro con dos amigos que nombró." Camps hizo desvestir al prisionero para ver si tenía alguna herida y examinar su hombro para ver si tenía marcas de haber disparado con un rifle. "No obstante su declaración de que era un campesino, yo noté que usaba canzoncillos atléticos, una ropa interior no usada por los campesinos por su similitud con la ropa interior femenina." El teniente recuerda que las manos de Raúl Castro temblaban cuando lo dejó en la celda mientras verificaba su identidad.

El teniente Camps llamó al jefe militar del puesto de Alto Cedro, quien le contestó que la persona que supuestamente había llevado a Raúl hasta Santiago, había vendido su carro un mes antes y que el otro alegado acompañante estaba convaleciendo de una fractura en una pierna. La descripción dada de Ramón González, no coincidía con la del detenido. Cuando el sospechoso fue confrontado con los hechos, enseguida confesó su participación en el asalto al Moncada y su verdadera identidad. La prueba de la parafina demostró que el detenido no había disparado ningún arma de fuego. Al día siguiente Camps y dos cabos escoltaron al prisionero hasta el cuartel de Palma Soriano, donde permaneció por tres días hasta que fue trasladado al vivac de la Cárcel Municipal de Santiago, un edificio colonial construído en 1845. Camps le dijo a Raúl: " mira, a tu hermano lo mataron," y le entregó un ejemplar del periódico gubernamental Ataja con una titular que decía "Muerto Fidel Castro." Camps dijo que el jóven exclamó: "Murió como él quería, fue un gran cabrón." A la pregunta de Camps de "¿Por qué dices eso?", Raúl le contestó: "porque nos traicionó. Dijo que nos íbamos a unir a algunos soldados del Moncada que iban a dar un golpe de estado. Yo no maté a nadie".

Al llegar a Santiago Raúl Castro declaró a los reporteros de Cadena Oriental de Radio y del Havana Post lo siguiente:

"Yo arribé a Santiago el sábado por la noche con el propósito de tomar parte en el asalto al Moncada. Me marché de La Habana, donde vivía en la calle Neptuno # 214, el viernes, invitado por mi hermano Fidel, quien no me explicó los planes hasta que arribamos a la granja Siboney. Allí nos dijo que íbamos a asaltar el Moncada y como íbamos a hacerlo, pero todo resultó diferente (ellos fueron engañados y les dijeron que los soldados y los oficiales estaban contra el gobierno y que los iban a apoyar). Mi hermano me aseguró que no iba a haber asesinatos, pero cuando llegamos al hospital civil, ocurrieron algunos. Yo entré al edificio del Palacio de Justicia, con cinco compañeros, para evitar que los soldados lo tomaran y desde allí dispararan contra los atacantes."

"En la granja Siboney nos entregaron uniformes del ejército y armas. No teníamos planes de que hacer en Cuba, yo era ortodoxo, y dije "era" porque el ortodoxismo no existe ya. Al fallar el plan me deshice del uniforme del ejército y bajé, por la colina detrás del Palacio de Justicia y abandoné la ciudad y me dirigí a Dos Caminos, cuando fui arrestado y llevado a San Luis y al Moncada, donde fui bien tratado en ambos lugares."

(Citado del artículo "Brother of Fidel Castro Admits Hospital Murders," Havana Post, July 31, 1953, página 1).
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Parte 2
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(Aquí   Mario Chánes de Armas, asaltante al Cuartel Moncada, cuenta como Fidel Castro Ruz se rinde  donde estaba escondido y que no estaba dormido)


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Fidel Castro, Armando Mestre, Juan Almeida  y otros asaltantes en el VIVAC de Santiago de Cuba; observen que no están esposados ni se les ve golpeados.

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Las actas de los dos juicios sobre el ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953  desaparecieron  muy tempranamente de los archivos de  la Audiencia de Santiago de Cuba; las actas criminales deben estar en los archivos durante 25 años. La existencia de esas actas de los juicios del Moncada desmentían  la propaganda  del incipiente Movimiento 26 de Julio con la distribución del supuesto alegato de Fidel Castro en su juicio sobre el ataque al Cuartel Moncada. Hay versiones que vinculan al cercano amigo  y cómplice  en hechos de matonismo y de juergas de Fidel Castro, al ya fallecido abogado Baudilio ¨Bilito¨Castellanos (cuyas hijas viven en Francia desde hace muchos años)  con la temprana desaparición de esas actas donde se recogían lo expresado por las diferentes partes, incluyendo a los acusado;  hecho muy necesario para fabricar el mito del alegato de Fidel Castro en el Juicio del Moncada . Un abogado conocido mío sí me expresó en los años 70s en Cuba, que Juan Almeida sí había sido muy valiente en el juicio.

Por cierto:  ¿ alguien ha oido o leido algo escrito por Fidel Castro en que se emplee el galicismo: ¨OS VOY ...¨que aparece al inicio del capítulo XII de La Historia me Absolverá, conocedores de las técnicas de crítica textual apuntan que la mano, entre otras,  de Jorge Mañach está en ese inventado alegato. La entonces batistiana ( razón esta por la que se le permitió ser la primera periodista en entrar al Moncada y en asistir al juicio de Fidel Castro) Marta Rojas ha sido la única fuente del oficialismo  que estuvo presente y que asegura que Fidel  Castro expresó en el juicio lo que aparece en La Historia me absolverá, pero el testimonio  de Marta Rojas no es confiable, pues para su beneficio dice y escribe lo que le es conveniente. Veamos esta carta que le escribió a Fulgencio Batista después del ataque al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957.


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 La Historia me absolverá: una mentira olímpica

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Nos dijo lo que queríamos escuchar y, en menos de cinco meses, sin necesidad de Internet, su funesta y ruin comedia ya había recorrido la isla de San Antonio a Maisí.
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Por Juan Juan Almeida
20 de octubre de 2014

La Historia me absolverá , más que un documento histórico, es una invención fabricada que nunca es tarde para desmontar. Y no me refiero al hecho de que los actos denunciados en la conocida soflama, continúen teniendo vigencia.

Conocemos la autobiografía del fracaso y nuestra bancarrota moral, sabemos que los males que aquejaban a la sociedad cubana de entonces, hoy se multiplican. Los cubanos continuamos padeciendo a un dictador, la prostitución prolifera, la pobreza es una pandemia, los problemas de vivienda son el pan de cada día, y los militares y reclutas continúan trabajando sin paga en las fincas de los Generales. Nada de aquello ha cambiado, no hay una ley de transparencia que nos ayude a evidenciar, por ejemplo, el escandaloso gasto de una modesta funcionaria que a nombre del CENESEX, viaja por el mundo con acceso a un presupuesto que supera los $100.000 diarios.

No, yo hablo del documento, porque hace unos días leí que el pasado 16 de octubre se conmemoraron 61 años de "La Historia me absolverá", alocución de autodefensa pronunciada por Fidel Castro ante el tribunal de urgencia del Palacio de Justicia santiaguero; donde fue encausado junto a sus compañeros, los llamados Generación del Centenario del Apóstol, por los asaltos al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, el 26 de julio de 1953.

Primero, debo aclarar que las personas procesadas por la causa número 37 de 1953 fueron juzgadas en el Palacio de Justicia de Santiago. Mucho se ha dicho, tanto que empalaga, sobre los 29 acusados que fueron sancionados a entre seis meses y trece años de privación de libertad, del tiempo que pasaron juntos en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, luego el indulto y posterior salida hacia México. Pero muy poco se conoce sobre un grupo de acusados que al ser considerados ciudadanos ajenos a los hechos, luego de finalizado el juicio, y de guardar prisión preventiva, inmediatamente fueron puestos en libertad. De ellos hablaré en otro momento; los menciono únicamente para que no nos engañen.

Fidel Castro no fue juzgado junto a sus compañeros de causa, su juicio fue el 16 de octubre en la sala de enfermeras del hospital Saturnino Lora, junto al encamillado Abelardo Crespo y Gerardo Poll.

Sin dudas, la defensa existió y, como cualquier reggaeton, fue una expresión muy barroca de verborrea inspiracional. Cuatro horas de entretenimiento oral salpicado de emotiva crítica social y adornado con narraciones épicas; que dista por mucho de lo que conocemos hoy.

Casi toda realidad encierra alguna entelequia, y "La Historia me absolverá" no es realmente el alegato, sino una libérrima versión adaptada a la literatura por la fantasía de Fidel. Me lo contó Melba Hernández, una de "las heroínas del Moncada": el documento lo escribió después, rodeado de libros en su propia biblioteca en el Presidio Modelo. Por cierto, el entonces joven abogado Castro Ruz nunca tuvo acceso a los apuntes que escribió durante el juicio la periodista Marta Rojas, ni a las transcripciones del letrado. Siempre a su favor, magnificó el hecho y modificó los datos.

Nos mintió olímpicamente y aceptamos por desidia, por ignorancia, por mala voluntad o por cualquier otra razón que ahora ni viene al caso. Nos dijo lo que queríamos escuchar y, en menos de cinco meses, sin necesidad de Internet, su funesta y ruin comedia ya había recorrido la isla de San Antonio a Maisí. Pero siempre habrá quien hable porque –como decía mi abuela, a quien le faltaba escuela pero le sobraba mundo–: "Ni todos los ojos abiertos ven, ni todos los cerrados duermen".
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Fragmento de la entrevista que el Dr. Antonio ¨Tony¨ de la Cova le hizo a Adolfo Nieto y Piñeiro Osorio,  el Magistrado  que Presidió el tribunal que juzgó a Fidel Castro por  el asalto al Cuartel Moncada el  26 de  julio de 1953. Esa entrevista  se llevó a cabo el 10 de mayo de 1975 y en Internet se puede OIR o LEER  íntegramente.

T: ¿Porqué es que el juicio de Fidel con este otro se hace en el hospital civil, en el cuarto de las enfermeras y en una sesión con las puertas cerradas?

No, las puertas no estaban cerradas. Todas las puertas estaban abiertas, lo que pasa es que no había nada más que dos puertas. Una de entrada a un corredor y la puerta de entrada al salón. Esas puertas estaban abiertas y había público, enfermos en el hospital, que estaban presenciando esa vista. Y Fidel habló, y habló largo y tendido con todas las garantías y todo 10 que le dió la gana de decir, que nadie lo interrumpió. Ahora, 10 que usted dice de "La Historia Me Absolverá", hubo cosas que dijo en el juicio, por ejemplo, habló de la reforma agraria y una serie de cosas que se debían hacer, y habló efectivamente que algunos compañeros habían sido asesinados por los militares en el cuartel. habló del gobierno, habló de Chaviano, dijo todo l0 que quiso y otras cosas mas que habló, pero todo l0 demás fue escrito posteriormente en el folleto "La historia me absolverá." Unos se l0 atribuyen a Miró Cardona, otros se lo atribuyen a los comunistas •••

T: Otros se 10 atribuyen a Jorge Mañach
.
Eso es una mentira. Entonces, el primer folleto que circuló fue mimeografiado como documento subversivo••• después el segundo, dos, tres, pero si usted los confronta unos con otros, lo que indica que todo eso fue fabricado a la medida, hay cosas ahí que él no dijo. El juicio dur6 un solo día para él y el otro que estaba ahí. Ese juicio comenzó .~ las 8:30 o 9 de la mañana y se termin6 como a las 3 de la tarde, estaban los testigos y el estuvo hablando largo y tendido y todo lo que le dio la gana. Que no había podido ••• Pero todo 10 que dijo, que dice el folleto que dijo, algunas cosas que dijo es cierto pero otras no eran verdad, y cosas que no tenían que ver con el caso.

T: ¿y usted como presidente del Tribunal, no le dijo, no hable más de cosas que no tienen que ver con esto?

No, porque nosotros no queríamos cortar a nadie sino que cada uno se manifestara se desahogara como quisiera, para que no dijeran que lo queríamos coaccionar, quitarle la palabra. Es más, si yo conozco a Fidel desde que estaba en el colegio de Dolores, en Santiago de Cuba. Fué compañero de una hija mía en la Universidad de La Habana, y Fidel tiene una memoria que es una caja fotográfica. Yo he presenciado, cuando pasaba las vacaciones en La Habana la casa de una familia donde él estudiaba yo he visto a Fidel tomar el derecho romano, y con ese montaje que él sabe hacer, y repetirlo por página de memoria •••

T: ¿Entonces durante el juicio se le dej6 que hablara y el habl6 yo diría unas tres o cuatro horas?

Bueno,'quizás tres o cuatro no, pero sus dos horas las hab16 perfectamente bien. 

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