Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
sábado, julio 25, 2026
Videos y artículos sobre verdades, falsedades y mitos en el ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba
Nota de Pedro Pablo Arencibia blogusta de Baracutey Cubano
Deseo mostrar parte del contexto político en que se llevaron a cabo los preparativos y el ataque a los cuarteles Moncada en la ciudad de Santiago sw Cuba y al cuartel Carlos Manuel de Céspedes en la ciudad de Bayamo:
Como consecuencia de la situación creada por los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, las elecciones generales y multipartidistas se llevaron a cabo el 1 de noviembre de 1954.
En entrevista del historiador Antonio ¨Tony¨Rafael de la Cova con Mario Salabarría Aguiar (quien fuera comandante jefe del Servicio de Investigaciones Extraordinarias de la Policía Nacional durante el gobierno constitucional del Presidente Ramón Grau San Martín) el 7 de diciembre de 1983, Salabarría expresó algo que se soslaya en muchos de los artículos sobre los preparativos antes del ataque al cuartel Moncada, que indica que ya antes de dispararse el primer tiro en el Moncada ya Fidel Castro y algunos de los futuros asaltantes estaban fuera de la ley:
Yo hable con Orlando Castro en presidio sobre lo del Moncada. El es un elemento serio. Hay otra gente que agranda las cosas, y agregan. Lo del robo de automóviles me lo dijo un preso común, José Sánchez Fernández, apodado “Veinte a Diez” que lo utilizaron para eserobo de autos que llevaron al Moncada. El me hablaba de [Raúl] Martínez Ararás. Sánchez cayó preso en uno de los robos de autos en Matanzas, y Fidel fue como abogado y se lo resolvió.
En el artículo 26 de julio de 1953: Memoria histórica de un hecho publicado en el diario Granma (Órgano Oficial del Comité Central del PCC), se lee lo siguiente en el pie de la misma foto que encabeza artículo de este post.
Fidel con Ñico López, Abel Santamaría y José Luis Tassende en la Finca Santa Elena, en Los Palos, donde hacían prácticas de tiro antes de ir al asalto al Cuartel Moncada. En cuclillas de izquierda a derecha: Ernesto Tizol y Billy Gascón. Esta histórica foto se encuentra en el museo Casa Abel Santamaría de La Habana. Foto: Archivo
Este bloguista de Baracutey Cubano señala que Antonio ¨Ñico¨ López era militante del Partido Socialista Popular (nombre que tenía entoces el partido comunista en Cuba) , luego por disciplina de dicho partido tenía que informar sobre los preparativos y entrenamoentos que se estaban realizado. Eso explica el hecho que parte de la dirigencia del Partido Socialista Popular se encontrara el Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953 con ¨la fachada ¨ o pretexto, de que estaban celebrando el cumpleaños de Blas Roca en el marco de los carnavales de Santiago de Cuba. Algunas personas dicen que en un buque jamaicano surto en el puerto de Santiago de Cuba se encontraba oculto y expectante Fabio Grobart, un extranjero jefe de los comunistas cubanos que había sido fundador del Partido Comunista de Cuba en 1925 (algunas personas plantean que el extranjero con seudónimo Fabio Grobart pertenecía a la inteligencia militar soviética o GRU, y no a la KGB o al Comintern), el cual había sido expulsado de Cuba por el gobierno del Dr. Carlos Prío Socarrás si mal no recuerdo haber leido.
De izquierda a derecha: Ñico López, Abel Santamaría, Fidel Castro, persona no identificada, José Luis Tasende, Mario Hidalgo-Gato y Ernesto Tizol.
Por otra parte: en una entrevista llevada a cabo por un relevante historiador e investigador británico o norteamericano al Comandante Universo Sánchez (primer guardaespalda que tuvo Fidel Castro desde los preparativos de la expedición del yate Granma en México) que en 1953 era un joven cuadro del partido comunista en la provincia de Matanzas, el partido le orientó que estuviera atento a la radio en esos días de julio de 1953; esto fue orientado antes de llevarse a cabo el ataque al Cuartel Moncada.
Finalmente y por si todavía hay alguna duda sobre las ideas comunistas que ya tenía ek mentiroso y manipulador Fidel Castro Ruz que estuvo negando ser comunista hasta pocos años después de enero de 1959, veamos este video: pero teniendo en cuenta que muchos revolucionarios murieron luchando en la Sierra Maestra, en los pueblos y ciudades, etc., creyendo que Fidel Castro no era comunista, Un ejemplo sobresaliente es el del anticomunista René Ramos Latour ¨Daniel¨ (el sucesor de Frank País García) el cual tuvo un debate ideológico epistolar con el comunista Ernesto ¨Che¨ Guevara, no pocas veces ocultado. Al subir a la Sierra Maestra el sucesor de Frank País sólo recibió los grados militares de Capitán, pese a las numerosas acciones llevadas a cabo en ¨el llano¨; murió en combate en una de las tantas misiones a las que Fidel Castro lo envió...
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Fidel Castro ¿se perdió, o huyó, en el asalto al cuartel Moncada? 26 de julio 1953/ Batista
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Las 3 veces que Batista salvó a Fidel Castro.Canción Se va el General
************* El Dr. Mario Mencía falleció en La Habana el sábado primero y el Dr. Antonio de la Cova el domingo 30 en West Columbia, Carolina del Sur *************
Por Arnaldo M. Fernández
Broward
09/01/2019
Por coincidencia de los opuestos, los bandos encontrados del problema cubano perdieron en diciembre a sus respectivos historiadores señeros del parto de la Generación del Centenario ya en extinción. El Dr. Mario Mencía (Cienfuegos, 1931) falleció en La Habana el sábado primero y el Dr. Antonio de la Cova (La Habana, 1950), el domingo 30 en West Columbia, Carolina del Sur.
Mencía dio a imprenta, como su obra más acabada, El Moncada: La respuesta necesaria (Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2006 / 2013). De la Cova sentó cátedra de historiografía crítica con The Moncada Attack (Editorial de la Universidad de Carolina del Sur, 2007).
Contrapunteo cubano del tabaco castrista y el azúcar exiliar
Al ejercer la crítica de la historia oficial, De la Cova tuvo delante la obra anterior de Mencía, El grito del Moncada (Editora Política, 1986), que apenas dedica 40 páginas al combate y toma prestados pasajes del libro del novelista francés Robert Merle (Moncada: Premier combat de Fidel Castro, Laffont, 1965).
Aparte de no entrevistar a moncadistas revirados contra Castro ni a exmilitares de Batista presentes en Cuba durante su investigación (1972-86), Mencía soslayó la regla elemental de dar la bibliografía consultada y curiosamente omitió la leyenda negra de los prisioneros torturados, que Castro había extremado en La historia me absolverá (1954) con que “les trituraron los testículos y les arrancaron los ojos”.
Sobre la base de las fotos necrológicas del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), los informes de los médicos forenses y aun el testimonio del funerario encargado de recoger los cadáveres de los asaltantes y darles sepultura, De la Cova demostró que no hubo tortura, sino infame masacre de prisioneros. Ni trituraron testículos a Boris Luis Santa Coloma ni arrancaron ojos a Abel Santamaría.
La tortura se tornó superflua tras ser apresado bien temprano Osvaldo Socarrás y revelar enseguida desde quién era el jefe hasta dónde se habían concentrado. Otros muchos prisioneros confesarían de plano su participación y hasta abundarían en justificaciones políticas del asalto.
Se procedió a ejecutar a quienes —por haber disparado arma de fuego— daban positivo en la prueba de parafina. A las 11 de la mañana, 35 prisioneros habían sido ya asesinados a mansalva. El saldo de la masacre llegaría a 52, que sumados a 9 caídos en combate totalizaron 61 asaltantes muertos [1].
De la Cova desmintió por igual a Batista, quien imputó a Castro no haber estado “en la trágica escena del combate” [2]. Con moncadistas disidentes del castrismo como Gustavo Arcos y Mario Chanes, De la Cova confirmó que Castro iba en el segundo vehículo de la caravana que arribó al Moncada y se desmontó a combatir. El moncadista exiliado Gerardo Granados atestiguó haberlo visto “en el medio de la calle con una pistola Luger en la mano” [3].
Los comecandelas por Internet dirán hasta que Granados estaba aturdido, pero De la Cova no vino con su libro a dar palos de ciego invirtiendo el eslogan pa’lo que sea, Fidel, pa’lo que sea. Vino a exponer la verdad histórica, que no es castrista ni anticastrista. A tal efecto sudó la camiseta por tres décadas [4] para entrevistar a 115 fuentes personales relacionadas con el Moncada y revisar bien 132 fuentes documentales producidas en Cuba. Así mismo estudió a Castro como si fuera una asignatura, ya que sólo de este modo puede entenderse cómo, con los fórceps del Moncada, nació ese fenómeno histórico denominado revolución cubana [5].
[1] Las cuentas claras conservan la higiene mental y nadie ha manejado mejor los números del Moncada que De la Cova. En Biografía a dos voces (Debate, 2006) Castro aseveró: “Hubo cinco muertos en combate y otros cincuenta y seis que asesinan” (p. 145). De la Cova precisa en The Moncada Attack que Pedro Marrero, dado por Castro como muerto en acción, fue capturado vivo dentro del cuartel y asesinado (p. 108), mientras Manuel y Virginio Gómez, Guillermo Granados, Miguel Oramas y Rigoberto Corcho cayeron en combate (p. 319).
De la Cova encontró también que moncadistas exiliados estimaban entre “más de 2,000” [Héctor de Armas] y “1,500” [Carlos Bustillo] las personas que pasaron la preparación previa organizada por Castro con Isaac “Harriman” Santos, veterano del U.S. Army. Resulta entonces plausible que Castro reclutara “mil doscientos hombres”, como dijo en su biografía (p. 120).
Las armas disponibles reducirían las fuerzas a 160 (136 fueron a atacar el Moncada y 24, el cuartel de Bayamo). De los 99 sobrevivientes, 48 quedaron fugitivos, 32 fueron a la cárcel y 19 salieron absueltos en juicio. Sólo 20 vendrían al reenganche con Castro en el Granma.
[2] Cuba Betrayed, Vintage Books, 1962, 35. De paso quedó desguazado el mito de que Castro se había extraviado camino al Moncada. Quien se perdió —o más bien desertó— fue Ernesto Tizol, conductor del cuarto automóvil de la caravana, al tomar inexplicablemente por Avenida de las Américas en vez de por Victoriano Garzón. Le siguieron otros vehículos que nunca arribarían al cuartel, como el carro de Oscar Quintela, o llegarían demasiado tarde, como el auto de Oscar Alcalde.
[4] De la Cova principió su calicata en el Moncada hacia 1974, durante sus estudios de licenciatura en Historia (Universidad Atlántica de la Florida, Boca Ratón), tras asignársele como tarea de reseñar La historia me absolverá (1954) y llamar su atención que Castro apodara “El Tigre” al sargento Eulalio González.
Por la guía de teléfonos de Miami dio con este militar de Batista, quien aclaró que su apodo era “El Mulo”, ya que había prestado veinte años de servicio en el arria de mulos de La Cabaña. Luego de verificarlo con otros militares, De la Cova formuló como hipótesis de trabajo que detrás de aquella mentira había otras.
Sólo que, ya graduado, fue detenido en mayo de 1976 por tentativa de bombazo, de madrugada, contra el establecimiento Libros para Adultos (Pequeña Habana), que el informante mismo del FBI calificaba de fachada comercial de Castro. Encajó condena de 65 años, pero salió bajo palabra en agosto de 1982 y trabajaría como periodista en Puerto Rico hasta 1990, sin dejar de lidiar con fuentes personales y documentales sobre el Moncada.
A poco de completar la Maestría en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Estatal de San Diego (1989), emprendió su carrera académica en la Universidad de Virginia Occidental, donde se doctoró en Historia de Estados Unidos (1994) con disertación sobre el coronel confederado de origen cubano Ambrosio José Gonzales (Matanzas, 1818 – Nueva York, 1893). La editorial de la Universidad de Carolina del Sur publicó el estudio biográfico en 2003 y para 2007 sacaría en doble tirada —junio y octubre— The Moncada Attack.
[5] Por no consultar The Moncada Attack, el Dr. Rafael Rojas escribió uno de los relatos más disparatados del Moncada en su Historia mínima de la revolución cubana (El Colegio de México, 2015), que incluye retrasar a y difuminar en 1956 el nacimiento de aquella.
[6] Un forro exiliar que pasó a The Moncada Attack (p. 243) fue aquel que había metido Francisco Lorié Bertot en Rafael Díaz-Balart. Pensamiento y acción (Rex Press, 1978): al filo de la Ley de Amnistía (1955), Díaz-Balart había largado discurso en el Congreso para oponerse a que Castro saliera en libertad. No hay ningún rastro de tal discurso —ni mención alguna de Castro— en la relatoría del Diario de Sesiones del Congreso de la República de Cuba [Vol. 91, No. 19, 74 pp.], digitalizado por la Universidad de la Florida.
[7] V.g., Hugh Thomas, quien incurrió en diversas pifias —como la guataquería historiográfica de presentar a Raúl Castro como uno de los jefes del asalto— por entre las 21 páginas de su obra monumental Cuba: The Pursuit of Freedom (Eyre & Spottiswoode, 1971) dedicadas al Moncada. Vid.: The Moncada Attack, xiv.
ENTREVISTA al profesor Antonio de la Cova, PhD en Historia, autor del nuevo libro “The Moncada Attack” sobre "El Asalto al Cuartel Moncada"
realizada por www.cubalibredigital.com
Pregunta: ¿Qué lo llevó a Ud., siendo un opositor al régimen de Fidel Castro, a ahondar en la historia del primer hecho de guerra promovido por el actual dictador
Respuesta: En 1974, cuando comenzaba mis estudios de historiador en Florida Atlantic University, un profesor marxista me asignó hacer una reseña sobre “La Historia Me Absolverá,” la obra basada en la autodefensa de Fidel Castro al ser juzgado después del asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953. En dicho relato, Castro acusa al sargento Eulalio “El Tigre” González, de haber asesinado a Abel Santamaría, un héroe revolucionario. Curiosidad histórica me motivó buscar a González en la guía telefónica de Miami. González me dijo, entre otras cosas, que su apodo era “El Mulo” porque había trabajado con la compañía de transporte de mulos en La Cabaña durante veinte años y que Fidel Castro inventó el apodo de “El Tigre” para presentarlo como feroz. Posteriormente confirmé a través de otros militares que conocieron a González, que su apodo siempre fue “El Mulo,” y que Castro estaba mintiendo. Mi entrenamiento como historiador me decía que donde hay una mentira, siempre hay otras.
Posteriormente encontré en la revista oposicionista “Bohemia,” de diciembre 27, 1953, página 70, en un breve recuento sobre el juicio de Fidel Castro, que había terminado su alegato de defensa diciendo: “La historia, definitivamente, lo dirá todo.” Esto indica que Castro falsificó el lema “La historia me absolverá.” Estos descubrimientos fueron los que me motivaron a rescatar la verdad histórica, para que esta y futuras generaciones comprendan cuales fueron los verdaderos sucesos del 26 de julio. La mayoría de los 115 protagonistas que entrevisté ya fallecieron. Si yo no hubiera tomado sus testimonios, se hubieran perdido para la historia, ya que ningún otro historiador los había entrevistado. Entre estos testimonios rescatados está el del magistrado Aldolfo Nieto, que presidió el juicio de la Causa 37, donde fueron juzgados Fidel Castro y los implicados en los sucesos del 26 de julio.
P: ¿Qué diferencia tiene este libro suyo sobre el Asalto al Cuartel Moncada, de otros libros similares que tratan un tema sobre el cual se han escrito muchos libros antes, tanto por autores comprometidos con Fidel Castro, como por autores independientes?
R: En el prefacio de mi libro hago un análisis de todas las obras que han tratado el tema del asalto a los cuarteles de Bayamo y del Moncada el 26 de julio de 1953. Señalo como los errores históricos se han perpetuado como mitos revolucionarios, sin que ningún historiador haya realizado un estudio académico o crítica de la “versión oficial” del gobierno cubano. Por ejemplo, en 1961 el periodista Robert Taber publicó “M-26: The Biography of a Revolution,” donde dice que Castro era “presidente de la FEU” y que “apareció brevemente dentro del cuartel” Moncada durante el ataque. Ni el propio Fidel Castro jamás ha dicho que entró en el cuartel en aquel momento. Taber se acoge a la “Leyenda Negra” creada por Castro en “La Historia Me Absolverá,” diciendo que los prisioneros rebeldes fueron torturados, les extirparon los ojos, los castraron, los mutilaron, y que a Haydée Santamaría le quemaron los brazos con hierros calientes, una mentira tan absurda que ni ella la repitió en sus memorias sobre el Moncada. Ningún historiador jamás ha cuestionado la veracidad de esos alegatos. En 1965, el novelista francés Robert Merle fue contratado por el gobierno cubano para escribir “Moncada: Premier Combate de Fidel Castro.” Merle entrevistó a sesenta rebeldes participantes, a seis civiles, y a un solo militar, el teniente que arrestó a Castro. Dicho libro carece de un relato balanceado, ya que solo presenta la “versión oficial” de los sucesos. Igual ocurre con las numerosas obras publicadas en Cuba por Marta Rojas, Mario Mencia, y otros autores, que se acogen a la advertencia que Fidel Castro dio en una reunión de la Unión de Escritores y Artistas Cubanos en agosto de 1961: “Con la revolución, todo; contra la revolución, nada.” Hasta el momento, no se había publicado una obra sobre los sucesos del 26 de julio por un académico con un doctorado en historia. Mucho de lo que se ha escrito es por escritores comprometidos con el régimen castrista o por neófitos que no tienen el entrenamiento universitario adecuado necesario para ser historiador.
P: ¿Cuáles son sus credenciales como historiador?
R: Yo recibí el doctorado en Historia de la Universidad de West Virginia en 1994, y este es el segundo libro que publico con una prensa universitaria, que es el más alto reconocimiento intelectual que se le puede dar a una obra.
P: ¿Cuáles fueron sus fuentes principales de información, dado que Ud. no vive en Cuba y no ha viajado a ella para escuchar la versión de los principales líderes de la acción que relata?
R: Mi libro está basado principalmente en entrevistas grabadas y transcritas que realicé durante treinta y un años con 115 personas que participaron directamente en los hechos, además de publicaciones contemporáneas de aquella época, y cientos de artículos y obras que se han publicado en Cuba desde 1959. Todo está citado en la bibliografía del libro. Además, puse mis entrevistas en la red en
http://www.latinamericanstudies.org/entrevistas.htm para que los lectores pue
dan formular sus propias opiniones. Los dirigentes revolucionarios que participaron en los sucesos del 26 de julio, ya han dado sus versiones a la prensa cubana, acogiéndose a los parámetros dictados por el régimen. Yo los cito cuando concuerdan con la verdad, o señalo donde hay discrepancias. Por ejemplo, Robert Merle escribe en 1965 que cuando Abelardo Crespo cayó herido en combate, Jaime Costa lo metió dentro de un auto en retirada. Sin embargo, después que Costa fue detenido en Cuba, Crespo cambia su versión para omitir a Costa y decir que Fidel Castro fue quien lo asistió. Entrevistar a estos protagonistas en Cuba no rendiría mucho más, ya que no van a contradecir la “versión oficial” o lo que ya dijeron en entrevistas previas. Sí tuve la oportunidad de entrevistar telefónicamente a dos personas en Cuba, Gustavo Arcos Bergnes, quien iba en el mismo carro que manejaba Fidel Castro al ataque, y el ex teniente Jesús Yanez Pelletier, supervisor militar de la prisión de Boniato donde estuvieron encarcelados los acusados en la Causa 37. Como los dos eran disidentes, no tenían miedo a decir la verdad y contradecir la versión entronizada. Además, en Estados Unidos logré entrevistar a catorce rebeldes exiliados que tuvieron una participación decisiva en los sucesos. Por ejemplo, los tres dirigentes del simultáneo asalto al cuartel de Bayamo, Raúl Martínez Ararás, Orlando Castro García, y Gerardo Pérez-Puelles Valmaseda, rompieron con Castro en 1955 cuando detectaron sus aspiraciones dictatoriales, lo cual denunciaron en una proclama pública. Los tres han sido borrados de la “historia oficial” del gobierno cubano, quienes le han achacado el liderato de la acción de Bayamo a Ñico López, un analfabeto peón del mercado de La Habana. Ñico entorpeció el ataque al cuartel de Bayamo al no cumplir su misión de llevar un alicates que se le asignó para cortar la cerca de alambre de púas, porque se le olvidó. La “versión oficial” es incapaz de criticar a un mártir de la revolución.
P: ¿Hay otros protagonistas que no aparecen en la versión oficial del gobierno cubano?
R: De los 99 rebeldes sobrevivientes, veintisiete se convirtieron en disidentes, por lo cual han sido omitidos de la “historia oficial.” Fidel Castro no los invitó a participar en los festejos oficiales del cincuentenario del asalto al Moncada. Otras personas cuyo papel no ha sido reconocido o tergiversado son los casos de Raúl Castro, Naty Revuelta y Reinaldo Boris Luis Santa Coloma. Raúl Castro va a Santiago de Cuba por invitación de José Luís Tasende sin saber el plan. Fidel Castro se sorprende al ver a su hermano allí en la granja de Siboney horas antes de ir al ataque, y lo asigna al grupo de menos riesgo, los que toman el edificio del Palacio de Justicia, colindante al cuartel Moncada, que eran dirigidos por Léster Rodríguez. Sin embargo, el muro de contención en el techo de la audiencia era muy alto y no les permitió a los rebeldes disparar hacia el cuartel. Por eso, cuando Raúl Castro es detenido, la prueba de parafina que le hicieron para comprobar si había disparado un arma, resultó negativa. Como Léster Rodríguez era santiaguero y pudo escapar sin problemas, Fidel Castro falsamente le achacó el papel de dirigente del grupo a su hermano Raúl. Natalia “Naty” Revuelta Clews, la amante de Fidel Castro, también ha sido omitida de la versión oficial, a pesar que donó más de cinco mil pesos para comprar las armas que usaron los asaltantes. Reinaldo Boris Luis Santa Coloma aparece en la “versión oficial” como el “novio” de Haydée Santamaría. Sin embargo, el verdadero amor de Boris era Nereida Rodríguez, con quien tuvo un hijo que nació el 13 de julio de 1953. Nereida y su hijo han sido borrados de la historia, hasta ahora.
P: ¿Qué hay de cierto que Boris Luís fue emasculado, que le sacaron los ojos a Abel Santamaría, y que otros rebeldes fueron torturados después de capturados?
R: No hubo tal tortura organizada ni necesidad para eso. La tortura generalmente se aplica cuando algún reo no quiere revelar algo. Allí todos los capturados rápidamente admitieron quienes eran, que Fidel Castro era el líder, y que estaban motivados por patriotismo para redimir la patria. Según el teniente Jesús Yanez Pelletier, el prisionero Osvaldo Socarrás Martínez, lo condujo hasta la granja Siboney, donde se habían acuartelado los rebeldes antes del ataque. Unos treinta rebeldes capturados fueron inmediatamente ejecutados en el campo de tiro de armas cortas dentro del Moncada, bajo la autorización del coronel Alberto del Río Chaviano, quien ordenó que regaran los cadáveres por el cuartel para hacer lucir que murieron en combate. El Servicio de Inteligencia Militar (SIM) le tomó una foto a cada muerto, a quien le pusieron un papel con un número de identificación en el pecho. El régimen castrista ha publicado algunas de esas fotos, pero jamás han mostrado la foto del cadáver de Abel Santamaría. Yo reto al gobierno cubano que publique dicha foto y que reproduzca todos los certificados de defunción que redactaron los médicos forenses. Marta Rojas publicó algunos, pero no todos, y demuestran que los rebeldes fueron ejecutados, pero no mencionan señales de tortura o desmembramiento. Yo entrevisté para mi libro a Manuel Bartolomé, director de la funeraria Bartolomé en Santiago de Cuba, quien recogió todos los cadáveres de los rebeldes muertos. Él dijo que no vio señales de tortura y que los médicos forenses de Santiago de Cuba que reconocieron los cadáveres hubieran levantado la alarma si hubieran visto tal cosa. Uno de los médicos forenses, el doctor Manuel Prieto Aragón, fue entrevistado en la revista “Bohemia” en 1968, pero no confirmó el alegato de tortura de los presos, cuando lo pudo haber dicho a la prensa castrista sin problemas. Haydée Santamaría, quien más propagó la versión de la tortura de los presos y que su novio fue emasculado, sin embargo, cuando testificó en el juicio, sin ser coaccionada, no hizo dicha denuncia. El testimonio de ella en corte aparece en la prensa de aquella época.
P: ¿Qué hay de cierto que los soldados en la posta del cuartel y en el hospital militar fueron pasados a cuchillo por los rebeldes?
R: Ese es el otro gran mito que ha perdurado sobre los sucesos del 26 de julio. Eso surge porque el coronel del Río Chaviano llegó al cuartel después del ataque, según me dijeron varios militares. Cuando el general Batista lo llama por teléfono indagando cómo los rebeldes h
abían pasado la posta, el coronel le dijo que los pasaron a cuchillo y añadió que los dos muertos en el hospital militar, el sanitario José Vázquez y el policía Roberto Ferrándiz, también fueron apuñaleados. Ambos recibieron tiros en la cabeza al asomarse a diferentes ventanas al inicio del ataque. Yo entrevisté a los tenientes médicos Erik Juan Pita y Rolando Pérez Sainz de la Peña, quienes estaban de turno en el hospital militar durante el ataque, y ambos confirmaron que no hubo ningún militar herido o muerto con cuchillo. El soldado José Ferrá Mulet me dijo que vio cuando los rebeldes desarmaron a los dos guardias en la posta 3, Orlando Molina Amores y Walfrido Monzón, y los acostaron en el suelo boca abajo sin lesionarlos. La controversia surge porque una vez que Batista da su discurso al día siguiente, diciendo que la posta y los enfermos fueron pasados a cuchillo, eso se convierte en la versión oficial del gobierno. Sin embargo, la prensa contemporánea, que reportó los eventos del juicio, señala que los testigos médicos militares confirmaron que no murió ningún soldado por arma blanca. Otro dato interesante es que cuando Batista escribe sus memorias, dice que los enfermos fueron asesinados, pero no pasados a cuchillo.
P: ¿Cuál fue la participación directa de Fidel Castro en los sucesos?
R: Fidel Castro, notorio por su memoria y su verborrea, jamás ha descrito en detalle su participación en el combate del Moncada. Nunca ha revelado si disparó un arma, cuantas veces, cuando, o contra quien, como han dicho otros rebeldes. Su actuación la he podido descifrar por rebeldes que estuvieron a su lado, como Gustavo Arcos, que lo acompañó al Moncada, y Héctor de Armas, Carlos Bustillo, y Gerardo Granados, que estuvieron con Castro en la balacera frente a la posta tres, pero no lo vieron disparar su pistola Luger. Castro se pasó los veinte minutos que duró el combate tratando de reagrupar a los rebeldes que se habían dispersado en los patios de las casas del reparto militar y erróneamente penetraron en el hospital militar fuera del cuartel. Un dato interesante es que después que Castro es detenido y llevado a la prisión de Boniato, el médico forense José Ramón Cabrales va a hacerle la prueba de la parafina, para ver si había disparado un arma, y Castro se niega que lo haga. Según el libro de Georgina Cuervo y Ofelia Llenín, “Moncada: Epopeya Heroica,” publicado en La Habana en 1973, página 116, Castro dice: “¿A mí? A mi no me la hacen; ponga que da positivo porque yo sí tiré. A mí no hay que hacerme la parafina. Búsquenme un arma y verán como sigo tirando. – Y fue al único combatiente que no se le hizo la prueba de la parafina.” Parece que Castro sabía que su prueba de la parafina iba a dar negativa, y no quiso desprestigiarse de esa manera, que siendo el líder, no disparó ni un solo tiro.
P: ¿Cuáles eran los antecedentes de los rebeldes del 26 de julio?
R: Castro escogió selectivamente a los 160 rebeldes dentro de la juventud del Partido Ortodoxo, donde él militaba. El libro “Mártires del Moncada” de Marta Rojas, publica biografías de los rebeldes que indica que la gran mayoría no tenían instrucción más allá del sexto grado escolar. Cuatro rebeldes eran graduados de la universidad y había solamente dos negros y doce mulatos, incluyendo a Melba Hernández. Muchos tenían empleos humildes, como peón de albañil, parqueador de autos, dependiente de tienda, mozo de limpieza, campesinos, y desempleados. El hoy en día general Calixto García Martínez era mensajero de bicicleta de la Farmacia Johnson; el general Juan Almeida Bosque era asistente de albañil; el ministro Ramiro Valdés Menéndez era ayudante de camionero; y Agustín Díaz Cartaya, autor del himno del 26 de julio, era un huérfano que tocaba guitarra por las calles de Marianao. Algunos asaltantes eran delincuentes con antecedentes penales. Jacinto García Espinosa era un marihuanero convicto por traficar narcóticos; Carmelo Noa Gil estuvo preso por intento de asesinato; y Flores Betancourt Rodríguez había cumplido un año en el reformatorio juvenil Torrens. Otros cuatro rebeldes habían sido arrestados por fajarse con la policía. Por lo menos veinticinco rebeldes eran huérfanos de padre. Era fácil para el abogado Castro, con su verborrea de persuasión, apelar a los sentimientos patrióticos de dichos jóvenes y manipularlos.
P: Después de tantos años recopilando la información relevante para escribir su libro sobre el Moncada, ¿Qué conclusiones Ud. extrae sobre el carácter de esa acción de guerra, sus lecciones y sus motivaciones?
R: Las acciones del 26 de julio de 1953 comenzaron a prepararse escasamente tres meses antes de realizarse. Raúl Martínez Ararás, jefe del ataque al cuartel de Bayamo, señaló que el plan de ataque era superficial, improvisado, y descabellado. Su segundo al mando, Orlando Castro dijo que más fácil hubiera sido tomar el cuartel de Bayamo sin disparar un tiro si hubieran detenido en su hogar al comandante del cuartel y lo hubieran llevado allí para franquear la entrada. En aquel momento solamente había cinco soldados dentro del cuartel de Bayamo. La prensa había anunciado con anticipación que Batista estaría en las regatas de Varadero el 26 de julio para presentar el trofeo al ganador. Hubiera sido más fácil si se le hubiera hecho allí un atentado en vez de intentar tomar el Moncada. Fidel Castro trató de adelantarse a un plan insurreccional que preparaba la oposición con el Plan de Montreal en abril de 1953. Castro pensó que si él se alzaba primero, el resto de la oposición tendría que secundarlo, como pasó con el prematuro alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes durante la Guerra de los Diez Años. El problema fue que los rebeldes iban vestidos de militares, y la oposición no actuó porque pensó que aquello era una bronca entre militares. Otro dato que no menciona la “versión oficial” es que Gustavo Arcos, Pepe Ponce, Abelardo Crespo, Reinaldo Benítez, y algunos otros rebeldes fueron heridos equivocadamente por otros asaltantes porque iban vestidos de militares. Arcos estaba mirando hacia el cuartel, cuando el balazo le entró por la espalda, con trayectoria de abajo hacia arriba. Ponce y Crespo tuvieron heridas de calibre 22 y Benítez fue herido con perdigones, calibres de armas que usaban exclusivamente los rebeldes. En mi libro yo detallo todos los fallos del plan de ataque, cuyo mayor error estratégico fue no tomar la azotea del edificio de tres pisos frente al Moncada, desde donde un grupo de francotiradores hubieran dominado el polígono, las salidas de todos los dormitorios, y hubieran neutralizado la ametralladora que les prohibió la entrada por la posta lateral. Los rebeldes iban mal armados, con rifles 22, revólveres, y escopetas, y con solo un puñado de balas, para enfrentarse a soldados armados con rifles de alto calibre, ametralladoras, y granadas de mano. Por cierto, los huecos de los balazos en la fachada del Moncada inicialmente fueron hechos por una ametralladora calibre 30 que disparó el sargento José Virués Moraga contra cinco rebeldes que se atrincheraron en el ala izquierda del cuartel. Después del ataque, aquellos daños se repellaron y se pintó la pared. Sin embargo, en los 1970s, el gobierno abrió nuevos huecos en la pared, como aparecen ahora, pretendiendo que son los disparos originales. Es evidente que Fidel Castro llevó a esos muchachos a morir allí, para treparse sobre sus cadáveres, y lograr su fama por primera vez a través de la prensa internacional.El ministro de Información de Batista, Ernesto de la Fe, declaró que el coronel del Río Chaviano debió haber sido llevado ante una corte marcial por no cumplir las reglas de guerra y ejecutar a los prisioneros. Eso fue lo que permitió a Fidel Castro convertir una derrota militar en una victoria política.
P: ¿Según su punto de vista, el Asalto al Cuartel Moncada deja alguna lección importante que pudiera extenderse fuera del territorio nacional cubano?
R: Lo más llamativo de esta obra es la manipulación maquiavélica de Fidel Castro sobre sus seguidores para lograr su ambición personal. En la granja Siboney, cuando Castro reveló su plan de ataque, una docena de rebeldes se negaron a participar en lo que denunciaron como un plan suicida. En Bayamo, Hugo Camejo, jefe de la célula de Marianao, desertó a último momento, al igual que Ernesto Tizol, que había rentado la granja Siboney. Tizol, mientras manejaba su auto rumbo al Moncada, se acobardó y desvió una parte de la caravana motorizada de los asaltantes, muchos de los cuales no participaron en el ataque, que solo duró veinte minutos. El “Manifiesto a la Nación” que redactó Raúl Gómez García, que postulaba las metas democráticas de los rebeldes, y por lo cual sesenta y uno de ellos dieron sus vidas, nunca se llevó a cabo por Fidel Castro.
P: Donde se puede adquirir el libro suyo y que recomendaciones daría para una mejor lectura.
R: El libro se acaba de poner a la venta en Miami el Sentir Cubano, en el 2900 S.W. 8 Street. Se puede pedir en la red a http://www.cubanfoodmarket.com/
También está a la venta el la red en www.amazon.com
Ciertas peripecias del nacimiento con fórceps de la revolución cubana que dan para películas de Monty Python
Por Arnaldo M. Fernández
Broward
30/07/2020
El viernes 31 de julio de 1953, Ernesto Tizol —cuadro dirigente del Comité Militar del movimiento insurreccional aún anónimo de Fidel Castro— se entrega a las autoridades tras las gestiones de su padre con un cura y un masón en la estela del asalto a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo. Tizol había llegado a casa de sus padres en Holguín el mismo 26 de julio, luego de anticiparse al nacimiento de ese fenómeno histórico denominado revolución cubana con la acción contrarrevolucionaria de doblar por la Avenida Las Américas en vez de continuar por la Avenida Victoriano Garzón hacia el Moncada.
Los vehículos que venían detrás siguieron la rima y en La historia me absolverá (1954) Castro explicó: “Aun cuando disminuya nuestro mérito, la mitad del grueso de nuestras fuerzas y la mejor armada, por un error lamentable, se extravió a la entrada de la ciudad y nos faltó en el momento decisivo (…) Tomó por una calle equivocada y se desvió por completo dentro de una ciudad que no conocían”. Tal como Castro dictó la historia oficial que embaraja la deserción como extravío, Batista echaría a rodar la fake history de que Castro mismo “did not appear at the tragic scene of the fighting” [1]. Así corre aún por mentideros exiliares y redes sociales gracias a quienes no saben de qué hablan o entonan cualquier cosa para el alma divertir.
Ser o no ser bayamés
La ruta al Moncada era intuitiva y el lugarteniente de Castro para el ataque al cuartel de Bayamo, Raúl Martínez-Ararás, cuñado de Tizol, aclaró que no cabía equivocación. Tizol había negociado el arriendo de la Granjita Siboney —punto de partida de la caravana de 16 autos de los asaltantes— con el propietario José Vázquez-Rojas. A tal efecto fue dos o tres veces a una gasolinera en la Avenida Garzón que Vázquez Rojas también poseía. Por eso Tizol sabía bien que, para ir al cuartel Moncada desde la granjita, tenía que pasar por frente a esta gasolinera, sita más allá de la intersección de Avenida Garzón con Avenida de las Américas.
Tizol y los extraviados andaban por Alturas de Quintero cuando escucharon el tiroteo. Boris Luis Santa Coloma, Oscar Alcalde y otros regresaron, pero muchos optaron por no correr al combate. Tizol se deshizo del uniforme y del arma para tomar un ómnibus rumbo a Holguín.
Viernes de Concilio
Para el 31 de julio, las gestiones de otro cura [Arzobispo Enrique Pérez-Serantes] y otro masón [Gran Maestro Carlos Piñeiro del Cueto] habían frenado el desmadre de los militares en la caza de rebeldes. Pérez-Serantes enrumbó por la carretera de Siboney hacia el caserío de Sevilla con ánimo de regresar a Santiago trayendo a Fidel Castro, pero volvió sin él. Ya circulaba hasta en volantes la orden dada por Batista: “Respetar la vida de los insurgentes”. Piñeiro del Cueto oyó a Batista advertirle por teléfono al jefe del regimiento acuartelado en el Moncada, coronel Alberto del Río Chaviano, que iba a pasarle la cuenta si ejecutaban a otro prisionero [2].
De ahí que ese mismo día Ramirito Valdés fuera conducido vivito y cojeando [3] al vivac de Santiago, tras ser detenido cerca de La Calera en la carretera al Castillo del Morro. A sus interrogadores diría que sólo sé que no sé nada, ni siquiera quién es Fidel Castro, pero en juicio se vino abajo esta coartada socrática y fue condenado a 10 años. Otros 19 que negaron haber participado en el asalto corrieron mejor suerte y salieron absueltos por falta de pruebas.
Destino de Tizol
El capitán Bebo Lavastida, jefe de inteligencia militar del regimiento, tomó declaración a Tizol. Su confesión corroborada selló la condena a 13 años, que también encajaron Oscar Alcalde, Raúl Castro y Pedro Miret por estimar el tribunal que habían desempeñado cierto papel de liderazgo. Al salir en libertad por la amnistía de 1955, Tizol marchó al exilio en USA con su esposa e hijos. Regresaría a Cuba en 1959 y ocuparía cargos gubernamentales de poca monta. En 1978 pasó a fungir como tercer secretario de la embajada cubana en Checoslovaquia, donde curiosamente prestaba servicio desde 1974 otro que también salió de la Granjita Siboney —en un Dodge 1950— y nunca llegó al Moncada: Oscar Quintela [4]. Tizol fallecería el 1 de julio de 1984 sin que Granma se dignara a publicar su obituario.
Coda
En vez de meter la pata con que Castro no llegó al Moncada, el teatro bufo del anticastrismo tardío debiera poner en escena ciertas peripecias del nacimiento con fórceps de la revolución cubana que dan para películas de Monty Python: Léster Rodríguez olvidó subir a la azotea en su exploración del Palacio de Justicia y a la hora del combate se topó con un muro tan alto que no permitía disparar contra el cuartel; Ñico López dejó en el motel Gran Casino los alicates con que debía cortar la alambrada para abrirse paso hacia el cuartel de Bayamo por el terreno yermo adyacente; Renato Guitar dibujó mal el plano de ubicación del arsenal del cuartel Moncada y quienes tenía la misión de ocuparlo subieron por una escalera hacia la barbería…
Notas
[1] Cuba Betrayed, Nueva York: Vantage Press (1962), 35.
[2] De la Cova, A. R.: The Moncada Attack, Columbia (SC): Editorial de la Universidad de Carolina del Sur (2007), 168.
[3] Siendo ya ministro del Interior, Ramirito contó al novelista francés Robert Merle que había disparado su pistola contra un sargento alto y mulato, quien devolvió el fuego hiriéndolo en un pie. Cf.: Merle, R.: Moncada: Premier combat de Fidel Castro, Paris: Robert Laffon (1965), 182. Tras escapar en un auto con los neumáticos ponchados por los tiros, Ramirito no pudo rodar más allá del reparto Vista Alegre y andaba a pie al ser arrestado.
[4] Quintela regresó a La Habana y dejó el Dodge en el mismo lugar de donde había salido, con las llaves en la guantera y las puertas cerradas. Sería interrogado como sospechoso unos días después, pero dio excusa tan plausible que ni siquiera fue a juicio. De su célula —Calabazar— sólo René Bedia cayó en el jamo batistiano y fue sancionado a 10 años.
Datos sobre el Asalto al Cuartel Moncada (Fragmento)
Lugares de entrenamiento: Finca Santa Elena en Los Palos Finca de Pijirigua Club de cazadores del Cerro Universidad de La Habana Acera del Louvre San Francisco de Paula Baños de Martín Mesa La Caleray Las Cañas en Artemisa
Puntos de reunión más importantes: Artemisa 25 y O Jovellar 107
Mujeres que participaron: Melba Hernández Rodríguez del Rey Haydée Santamaría Cuadrado
Jóvenes que ocuparon el Palacio de Justicia: Raúl Castro Ruz Léster Rodríguez Pérez Ángel Sánchez Pérez José Ramón Martínez Álvarez Abelardo García Ylls Mario Darmau de la Cruz
Grupo que tomó el Hospital Civil Saturnino Lora: Abel Santamaría Cuadrado Raúl Gómez García Antonio Betancourt Flores José Francisco Costa Velázquez Julio Máximo Reyes Cairo Juan Domínguez Díaz Mario Muñoz Monroy José Antonio Labrador Díaz Pablo Cartas Rodríguez Gerardo Antonio Álvarez Álvarez Tomás Álvarez Breto Roberto Medero Rodríguez Ramón Ricardo Méndez Cabezón Félix Rivero Vasallo Horacio Matheu Orihuela Wilfredo Matheu Orihuela Reemberto Abad Alemán Rodríguez Julio Trigo López Juan Manuel Ameijeiras Delgado Osvaldo Socarrás Martínez Ramón Pez Ferro Haydée Santamaría Cuadrado Melba Hernández Rodríguez del Rey
Combatientes que salieron para el asalto: 135 Asaltantes que llegaron al Cuartel Moncada: 78 Militares acuartelados en el Moncada: 809 (Antonio de la Cova plantea unos 300 aunque casi la mitad vivían en las casa cercanas; apunte del bloguista de Baracutey Cubano)
Asaltantes muertos en el ataque Perecieron en la acción: 6 Asesinados: 61 Heridos que sobrevivieron: 5
Militares muertos en combate: 19 Heridos: 31
Cuartel Carlos Manuel de Céspedes Asaltantes: 28 Muertos en combate:0 Detenidos: 10 Asesinados: 10
Civiles asesinados en el Moncada o en otros lugares a consecuencia de los hechos
Manuel Reyes Cala, "El Niño Cala". Miguel A. Ravelo Ravelo Rubén Cordero Sánchez Eduardo Ambrosio Hernández Rolando del Valle Armando Miranda Montes de Oca Pedro Romero Fonseca Francisco Viera Milián Raúl Villareal
Causa que se abrió para el juicio: Causa 37 del Tribunal de Urgencias de Santiago de Cuba
Composición del tribunal que juzgó a los moncadistas:
Presidente: Dr. Adolfo Nieto Piñeiro Osorio
Magistrados: Dr. Ricardo Díaz Olivera Dr. Juan Francisco Mejías Valdivieso Fiscal: Dr. Francisco Mendieta Hechavarría
Establecieron su autodefensa: Ramiro Arango Alsina Roberto García Ibañez Fidel Castro Ruz
Forenses: Dr. Manuel Prieto Aragón Dr. Alipio Rodríguez López Dr. José Ramón Cabrales Arjona
Abogados defensores: Dr. José Valls Tamayo Dr. Juan José García Benítez Dr. Conrado Castells Cordero Dr. Miguel Angel Pérez Lamy Dr. Elizardo Díaz Lorenzo Dr. Raúl de Villalvilla Carbonell Dr. Carlos Peña Jústiz Dr. Jorge Mariño Branet Dr. Lucas Morán Arce Dr. José María Badell Romero Dr. Luis Pérez Rey Dr. Marcial Rodríguez Dr. Héctor Carrió Caballero Dr. Rubén Alonso Álvarez Dr. Braudilio Castellanos García Dr. Luis Antonio Gómez Domínguez Dr. Héctor Canciano Laboré Dr. Rafael Cisneros Ponteau Dr. Domíngo Estrada Beatón Dr. Andrés Silva Adán Dr. Gerardo Hernández Vera Dr. Eduardo Eljaick Eldidi Dr. Roberto Rosillo Rodríguez Dr. Jorge Pagliery Cardero Dr. Recadero García Fernández
Resultados del juicio: Total de acusados en la causa - 132 Comprometidos con los sucesos - 50 Sancionados – 32
Fuentes: Los días del Moncada Marta Rojas Morir por la patria es vivir Orlando Guevara Núñez Centro de Información para la Prensa
ALGO MUY POCO CONOCIDO SOBRE LA PROHIBICIÓN DE ENTRADA DE LOS MAMBISES EN SANTIAGO DE CUBA. POSICIÓN DEL MANDO Y GOBIERNO MAMBÍ ANTE LA INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA EN LA GUERRA. EL FALSO MEMORANDÚN DEL INEXISTENTE J.C. Breckenridge
Si había algo que hermoseaba la ciudad de La Habana, eran sus monumentos a lo largo del malecón. La dictadura castrista fue la primera en vandalizar cientos de monumentos en toda la isla de Cuba, siendo los más recordados el derribo del águila imperial del monumento al Maine, arrancada salvajemente por los milicianos con la “pera” de una grúa, y la del primer presidente don Tomás Estrada Palma, a la que los “rebeldes comunistas” cortaron por los pies, dejando los zapatos sobre el pedestal en la Avenida de los Presidentes, la misma avenida donde al final estaba la estatua ecuestre del Lugarteniente General Calixto García Iñiguez.
Viendo las tres estatuas ecuestres del malecón, aprendí el “antiguo” código de la arquitectura, relacionado con el “comportamiento” del caballo. Al estar el caballo de Máximo Gómez con las cuatro patas en el suelo significaba que el héroe había muerto por causas naturales, y si miraba al mar, el héroe era extranjero. El caballo de Maceo al estar encabritado de las dos patas delanteras, significaba que el jinete había muerto en combate, y por estar de espaldas al mar, era cubano.
En el caso del General Calixto García, donde su caballo tiene la pata derecha levantada, significaba que el héroe había muerto de una herida en combate. La herida fue provocada al intentar suicidarse antes de caer prisionero. Y su caballo estaba frente al mar porque murió en el extranjero (Estados Unidos) en una visita oficial.
Al trasladar el monumento del héroe holguinero hacia un lugar menos visible, la 5ta. Avenida y las calles 120 y 146 en Miramar, “tras sufrir los embates del huracán Irma”, la operación levantó ciertas suspicacias políticas, sin embargo, al investigar las obras del General Batista, el Presidente en aquel acto de la primera piedra, había depositado varias colecciones de monedas del Cincuentenario de la Bandera, y del Centenario del Apóstol José Martí.
Imagínense el valor monetario, histórico, y sobre todo numismático de esas colecciones monetarias en oro, colocadas personalmente por el Presidente de la República de Cuba, Fulgencio Batista, sesenta (60) años atrás, cuando las depositó el día 29 de abril de 1957, hasta que decidieron trasladarla en el 2017.
¿Dónde están esas colecciones, patrimonio de pueblo cubano?
Fuente.
1. Diario de la Marina. Año CXXV. No.103. La Habana, martes 30 de abril de 1957. Primera Página y la 13B.
Los generales Lawton y Wheeler reconocieron públicamente la deuda con los mambises.
(El General William Ludlow y el Lugarteniente General Calixto García)
En http://eddosrios.org se lee la carta de reconocimiento del general William Ludlow del día 15 a Calixto García, pero antes hagamos la observación que los españoles habían hecho una fuerte propaganda de que los EE.UU. usarían a los mambises como ¨carne de cañón¨ en sus batallas junto a los norteamericanos ( el falso Memorandum Breckenridge es una muestra ) y por eso en las batallas en que estuvieron ambas fuerzas, los cubanos mambises fueron usados por el mando norteamericano no directamente en la batalla sino en tareas de exploración, búsqueda de información y en la construcción de trincheras y defensas.
¨I beg to congratulate you as well as ourselves on what seems now to have been a fortunate solution of the Santiago problem, resulting in the success of our combined forces in the taking of the city, the departure of the Spaniards, and the restoration of peace in Santiago. Permit me to say to you that your forces have performed most notable service, and their work has been invaluable for us not only in scouting and procuring information, but in the vital matter of the construction of trenches and defenses for the investment of the city...¨
Y más adelante en ese mismo enlace pero escribiendo ahora sobre el agravio y desagravio norteamericano a Calixto García y a su tropa se lee lo siguiente, aunque antes aclararé, que a Calixto García y a una representación mambisa se le había invitado personalmente a entrar junto a las tropas norteamericanas a Santiago de Cuba, pero Calixto García defendió en su carta el derecho de todas las fuerzas mambisas a entrar a esa ciudad.
¨Por suerte para los cubanos Shafter regresó a los Estados Unidos el 26 de agosto. Adiposo y enfermizo, el calor y la campaña de Santiago lo hicieron sufrir; siempre tuvo mal recuerdo de Cuba y de los cubanos, de los que siguió hablando mal para justificar sus desaciertos. Quedó como gobernador militar de la plaza el general Leonardo Wood y, ya en ausencia de Shafter, quiso hacerle justicia a los mambises —acto que le reduce su cuenta de culpas en Cuba. Invitó a la ciudad al general García y parte de su tropa. El 23 de setiembre fue a esperarlo a las afueras de Santiago: un testigo excepcional narró el acontecimiento: Emilio Bacardí:
A las nueve menos cinco de esta mañana radiante de sol y rebosante el corazón de Cuba, llegó a las puertas del Palacio de Gobierno Calixto García Íñiguez. Desde las primeras horas la ciudad entera se dispuso al recibimiento del héroe. La muchedumbre invadió las calles de la carrera, carrera verdaderamente triunfal. Casi todas las casas particulares y muchos establecimientos ostentaban colgaduras y banderas cubanas. Desde el Paseo de Concha a la Plaza de Armas, subiendo por la céntrica calle de Santo Tomás, el pueblo estaba congregado en grandes masas. Al costado del Palacio estaban apostadas varias compañías de la guarnición americana de esta ciudad con banda de música dispuesta para tributar honores militares a nuestro general. En la entrada de Dos Caminos le aguardaba con sus oficiales, en representación del gobierno americano, el general Wood. Rodeado por ellos y seguido por su Estado Mayor, y una numerosa escolta, entró por fin. Después de permanecer en Palacio algunos momentos para saludar al general Lawton siguió el general García por las calles de la Marina, San Pedro, Heredia y Calvario hasta su residencia, en la casa número 6 de ésta.
Agradecido por el homenaje y en elogio de los americanos dijo Calixto García en aquella oportunidad: “Gran nación deben de ser los Estados Unidos cuando los hijos de sus millonarios, que solamente podían ganar en Cuba gloria militar, vinieron aquí a morir junto a los soldados cubanos”. Y por la noche hubo una gran fiesta en el criollísimo Club San Carlos, que no había querido cerrar sus puertas ni cuando el bombardeo ni cuando el éxodo, y que desafiando el desaire de Shafter colocó la bandera cubana en su balcón desde el día 18 de julio. Y en todo hijo de la ciudad, y en toda santiaguera hermosa que acudió aquella noche a felicitarlo, tuvieron el guerrero, y su patria, el mejor desagravio.¨
Por último con respecto a la prohibición norteamericana de no permitir la entrada de las fuerzas mambisas a Santiago de Cuba, deseo puntualizar que en esas fechas y después de terminada la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana, en los círculos políticos norteamericanos que deseaban la independencia cubana, la figura preferida para ser primer Presidente de Cuba era Calixto García Íñiguez y no Don Tomás Estrada Palma.
En mi ensayo escribí
2) Los insurrectos rechazaron la disposición española del 10 de abril de 1898 de suspender las hostilidades en Cuba con objeto de preparar y facilitar la paz .141.
Me faltó explicar en el ensayo que el gobierno español con esa disposición de suspender las hostilidades en Cuba querían eliminar la causa que hizo que el Presidente William McKinley llamara a la guerra ante el Congreso norteamericano. La causa que McKinley esgrimió en su discurso para que la nación fuera a la guerra, fue el estado de inseguridad que había en Cuba para las propiedades y vidas norteamericanas. En su discurso el Presidente McKinley no tomó la explosión del acorazado Maine en la bahía de La Habana para llamar a la guerra. Los cubanos independentistas no cayeron en la trampa de unas negociaciones donde la Metrópoli Española se habría quitado la presión de una guerra con EE.UU. y trataría por todos los medios de mediatizar o bloquear la independencia de Cuba usando su poder y a las fuerzas políticas cubanas que estaban en contra de la independencia, entre las que se destacaban los autonomistas e integristas. El ya fallecido y notable historiador cubano Manuel Moreno Fraginals en una de sus últimas investigaciones averiguó que de los 5 acorazados tipo Maine que se construyeron, 3 tuvieron explosiones, incluyendo el propio Maine; se cree que fue debido a un error de diseño dada la cercanía de la Santa Bárbara o polvorín a las calderas del acorazado. La tiranía Castrista habla mucho que la oficialidad del Maine estaba en tierra ( murieron 2 oficiales) cuando ocurrió la explosión y que muchos marineros negros murieron en ella (hubo en total 266 muertes) pero no dice con el mismo énfasis de que el Comandante del Maine, el capitán Charles Dwight Sigsbee, estaba en su camarote escribiendo a su esposa cuando se produjo la explosión. A New York había llegado en visita amistosa de reciprocidad un buque de guerra español.
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ALGO POCO CONOCIDO SOBRE LA PROHIBICIÓN DE ENTRADA DE LOS MAMBISES EN SANTIAGO DE CUBA. POSICIÓN DEL MANDO Y GOBIERNO MAMBÍ ANTE LA INTERVENCIÓN NORTEAMERICANA EN LA GUERRA
( Muy breve fragmento de mi ensayo Ecos de Una Extraña Petición, Mención del Concurso Vitral 2000, concurso de la revista del mismo nombre de la Diócesis de Pinar del Río; el premio quedó desierto ...por las bases del concurso de haber recibido el premio se tenía que publicar )
Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso
LA PROHIBICION DE ENTRADA DE LOS MAMBISES EN SANTIAGO DE CUBA
La prohibición de que el Ejército Libertador desfilase en Santiago de Cuba no fue una acción personal del general Shafter; en la carta de respuesta de Shafter a la magnífica carta de Calixto García, éste se disculpa: sintiendo en extremo que usted se haya considerado agraviado en lo más mínimo.132
y después alega: Yo no puedo discutir la política del gobierno de los Estados Unidos.133
El periódico The New Journal, amigo de la causa cubana expresó:
La carta del General García es una carta llena de verdad. Toda su indignación es justa; todos sus reproches dignos y merecidos. Su sustancia y su tono serán aprobados por el pueblo norteamericano. Pero no por los españoles y sus amigos en los Estados Unidos.134
y más adelante envía este mensaje al General García, al General Gómez, a todos los soldados de sus ejércitos y a todos los hombres dignos de la Isla:
Confiad en el pueblo americano. El gobierna esta República. El elige los Presidente y los Congresos. Su voluntad es la ley. Para libertar a Cuba, para entregar la Isla a sus leales y bravos hijos, este país ha ido a la guerra con España. La palabra de la nación está dada en prenda y esa prenda será redimida.135
Sin embargo, cuando se lee la circular emitida por el Cuartel General del Departamento de Occidente del Ejército Libertador sobre la entrada a los poblados para evitar venganzas, no nos parecen tan inverosímiles las razones que expuso Shafter en la carta que mereció la contundente respuesta de García. Un fragmento de esa circular aparecida en el periódico “El Mambí” es citado por Poumier:
Los individuos del cuerpo que penetren en poblaciones ocupadas por las fuerzas españolas lo harán debidamente autorizados, vistiendo de paisanos y desprovistos de armas, traje de campaña, insignias o correajes que pudieran hacer conocida su condición militar.Sólo se concederá permiso para pasar a las poblaciones no evacuadas por las tropas españolas en caso de necesidad atendible, justificada, y procurando el jefe que lo confiera limitarlo al más reducido espacio de tiempo.136
(Calixto García Íñiguez)
Por último, sobre este punto, deseo señalar que a los dos meses de la rendición de Santiago de Cuba, exactamente el 22 de septiembre de 1898, Calixto García, su Estado Mayor y 200 mambises en sus cabalgaduras entraron en Santiago. Fueron deferentemente esperados en las afueras de la ciudad y posteriormente escoltados por el gobernador civil de esa ciudad, el general Leonardo Wood, y parte de su Estado Mayor. Los mambises fueron objeto de un cálido recibimiento por los habitantes de la ciudad simpatizantes de la causa independentista. El general norteamericano Lawton, jefe del Departamento Militar de Santiago de Cuba, esperó a esa representación mambisa en la casa de gobierno y les ofreció una recepción oficial y un memorable acto en el Club San Carlos137. Con ese recibimiento Calixto García se sintió desagraviado, aunque él en particular había sido invitado por el general norteamericano Shafter a la ceremonia de rendición de las fuerzas españolas en Santiago de Cuba., según expone Emilio Bacardí en el tomo X de sus Crónicas de Santiago de Cuba.138
POSICION DEL MANDO MAMBI Y DEL PUEBLO CUBANO ANTE LA INTERVENCION NORTEAMERICANA
Para conocer cual era la disposición del mando cubano con respecto a la intervención norteamericana en la guerra, es importante conocer que después del hundimiento del acorazado Maine ( el 15 de febrero de 1898) y conociendo el fuerte deseo de sectores del gobierno y del pueblo norteamericano de intervenir en la situación cubana, ocurrieron estos dos hechos:
1) Máximo Gómez, General en Jefe del Ejército Libertador, se negó rotundamente, llamándole atrevimiento a la proposición del Gobernador español Ramón Blanco de que se alíe al Ejército español para combatir a Estados Unidos. La carta de Blanco es del 20 de marzo de 1898139 , pero según otros historiadores, ambas cartas son de principios del mes de mayo de ese año. Bernabé Boza en su segundo tomo de Mi diario de la guerra incluye la carta de Gómez, de la cual extraemos el siguiente fragmento:
Usted dice que pertenecemos a la misma raza y me invita a luchar contra un invasor extranjero; pero usted se equivoca otra vez, porque no hay diferencia de sangre ni de razas.Yo sólo creo en una raza: la humanidad, y para mí no hay sino naciones buenas y malas. España habiendo sido hasta aquí mala y cumpliendo en estos momentos los Estados Unidos hacia Cuba un deber de humanidad y civilización. Desde el atezado indio salvaje, hasta el rubio inglés refinado, un hombre para mí es digno de respeto, según su honradez y sentimiento cualquiera que sea el país o raza a que pertenezca o la religión que profese.
(Máximo Gómez Báez)
Así son para mí, las naciones y hasta el presente, sólo he tenido motivos de admiración hacia los Estados Unidos. He escrito al Presidente Mc Kinley y al general Miles dándoles gracias por la intervención americana en Cuba. No veo el peligro de nuestro exterminio por los Estados Unidos a que usted se refiere en su carta. Si así fuese, la historia los juzgará.140
2) Los insurrectos rechazaron la disposición española del 10 de abril de 1898 de suspender las hostilidades en Cuba con objeto de preparar y facilitar la paz .141. En esa disposición
Posteriormente el Consejo de Gobierno, presidido por Bartolomé Masó, aprobó el 10 de mayo de 1898 supeditar las fuerzas cubanas al mando militar norteamericano142. Esta aprobación fue anterior a que tropas norteamericanas desembarcaran en Cuba; aunque, la guerra entre España y Estados Unidos oficialmente había comenzado el sábado 23 de abril, cuando España le declaró la guerra a Estados Unidos ante la publicación de la Resolución Conjunta, el 19 de abril de 1898, y los preparativos bélicos que se estaban haciendo por la parte norteamericana, pero básicamente, para evitar un golpe de estado militar que derribara a la monarquía y con él salir de la crítica situación militar, política y socioeconómica que presentaba la España de ese fin de siglo. Estados Unidos le declaró oficialmente la guerra a España el lunes 25 de abril.143
Debo añadir que la decisión del Consejo de Gobierno del día 10 de mayo de 1898 fue tomada sobre la base que los insurgentes cubanos debían hacer causa común con Estados Unidos, país valorado como ... nación justa, poderosa y fuerte, dispuesta a coadyuvar con nosotros144.
Para conocer cual era la disposición del pueblo cubano ante la intervención norteamericana en la guerra, me voy a referir a una entrevista realizada el día 16 de diciembre de 1969 por María Poumier al destacado historiador cubano José Luciano Franco, fallecido en Cuba, donde éste planteó:
El ejército americano fue bien recibido, contra todo lo que diga todo el mundo; porque el odio concentrado de Cuba desde años era contra los españoles; se tomó en ese momento por el pueblo la llegada norteamericana como una cosa libertadora. Había, en comparación con España, un idealismo cubano, considerando al norteamericano el mejor del mundo.145
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Material Adjuntado por el bloguista a su artículo
Supuesta carta de J.C. Breckenridge al Teniente General N. A. Miles
DEPARTAMENTO DE GUERRA
OFICINA DEL SECRETARIO
WASHINGTON D.C.
24 de Diciembre, 1897
Teniente General N. A. Miles
Querido señor:
Esta Secretaría, de acuerdo con la de Negocios Extranjeros y de la Marina, se cree obligada a completar las instrucciones que sobre la parte de la organización militar de la próxima campaña en las Antillas le tiene dadas, con algunas observaciones relativas a la misión política que, como General en Jefe de nuestras fuerzas, recaerá en ustedes.
Las anexiones de territorios a nuestra República han sido hasta ahora de vastísimas regiones con escasa densidad de población y siempre precedidas por la invasión pacífica de emigrados nuestros; de modo que la absorción y amalgama de la población existente ha sido fácil y rápida.
El problema se presenta, con relación a las islas Hawai, más complejo y peligroso, pues la diversidad de fuerzas y el hallarse casi nivelados nuestros intereses con los de los japoneses, así lo determinan: pero teniendo en cuenta lo exiguo de su población, la corriente de emigración nuestra hará esos peligros ilusorios.
El problema antillano se presenta bajo dos aspectos: el uno relativo a la isla de Cuba y el otro a Puerto Rico, así como también son distintas nuestras aspiraciones y la política que respecto a ellas habrá de observarse.
Puerto Rico constituye una isla fieracísima, estátegicamente situada en la extremidad oriental de las Antillas, y a mano para la nación poseedora que sea dueña de la vía de comunicación más importante del Golfo de México, el día (que no tardará en lucir, gracias a nosotros) en que sea un hecho la apertura del istmo de Darién. Esta adquisición, que debemos hacer y conservar, nos será fácil, porque al cambiar de soberanía, considera, tiene más de ganar que de perder, por ser los intereses existentes allí más cosmopolitas que peninsulares.
Para la conquista habrá que emplear medios relativamente suaves, extremando en nuestra ocupación del territorio con exquisito celo el cumplimiento de todos los preceptos de las leyes de guerra, entre naciones civilizadas y cristianas, llegando, sólo en caso muy extremo, el bombardeo de algunas de sus plazas fuertes.
Para evitar conflictos, las fuerzas de desembarque lo harán aprovechando los puntos deshabitados de la costa sur.
Los habitantes pacíficos serán rigurosamente respetados, como sus propiedades.
Recomiendo a usted muy especialmente procure ganarse, por todos los medios posibles, el afecto de la raza de color, con el doble objeto, primero, para procurarnos su apoyo para el plebiscito de anexión, y segundo, teniendo presente que el móvil principal y el objeto de la expansión de los Estados Unidos en las Antillas, es resolver de una manera eficaz y rápida nuestro conflicto de razas, conflicto que cada día aumenta, merced al crecimiento de los negros; éstos, conocidas las ventajosas circunstancias para ellos en las Indias Occidentales, una vez que estén en nuestro poder, no tardarán en ser inundadas por un desbordamiento de esta inmigración.
La isla de Cuba, con mayor territorio, tiene mayor densidad de población que Puerto Rico, y está desigualmente repartida; a pesar de ello, constituye el núcleo de población más importante de las Antillas. Su población la constituyen las razas blanca, negra, asiática y sus derivadas. Sus habitantes son por regla general, indolentes y apáticos. En ilustración se hallan colocados desde la más refinada hasta la ignorancia más grosera y abyecta. Su pueblo es indiferente en materia de religión, y por lo tanto, su mayoría es inmoral, como es a la vez de pasiones vivas, muy sensual; y como no posee sino nociones vagas de lo justo y de lo injusto, es propenso a procurarse los goces no por medio del trabajo, sino por medio de la violencia; y como resultado eficiente de esta falta de moralidad, es despreciador de la vida.
Claro está que la anexión inmediata a nuestra federación de elementos tan perturbadores y en tan gran número, sería una locura, y antes de plantearla debemos sanear ese país, aunque sea aplicando el medio que la Divina Providencia aplicó a Sodoma y a Gomorra.
Habrá que destruir cuanto alcancen nuestros cañones, con el hierro y con el fuego; habrá que extremar el bloqueo para que el hambre y la peste, su constante compañera, diezmen su población pacífica, y mermen su ejército; y el ejército aliado habrá de emplearse constantemente en exploraciones y vanguardias, para que sufran indeclinablemente el peso de la guerra entre dos fuegos, y a ellas se encomendarán precisamente todas las empresas peligrosas y desesperadas.
La base de operaciones más conveniente será Santiago de Cuba, desde donde se podrá verificar la invasión lenta por Camagüey, ocupando con la rapidez posible los puertos necesarios para refugio de nuestras escuadras en la estación de los ciclones.
Coetáneamente, o mejor dicho, cuando estos planes empiecen a tener cumplido desarrollo, se enviará un ejército numeroso a la provincia de Pinar del Río, con el objeto de completar el bloqueo marítimo de La Habana con la circunvalación por tierra; pero su verdadera misión será la de impedir que los enemigos sigan ocupando el interior, disgregando columnas de operaciones contra el ejército invasor de Oriente, pues dadas las condiciones de inexpugnabilidad de La Habana, es ocioso exponernos ante ella a pérdidas dolorosas.
El Ejército Occidental empleará los mismos procedimientos que el Oriental. Dominadas y retiradas todas las fuerzas regulares de los españoles, sobrevendrá una época, de tiempo indeterminado, de pacificación parcial durante la cual seguiremos ocupando militarmente todo el país, ayudando con nuestras bayonetas al gobierno independiente que se constituya, aunque sea informalmente, mientras resulte en minoría con el país. El terror por un lado y la propia conveniencia por otro, han de determinar que esa minoría se vaya robusteciendo y equilibrando sus fuerzas, constituyendo en minoría al elemento autonomista y a los peninsulares que se queden en el país.
Llegado este momento, son de aprovecharse, para crear conflictos al gobierno independiente, las dificultades que éste tiene que acarrear la insuficiencia de medios para atender a nuestras exigencias y los compromisos con nosotros contraídos los gastos de la guerra y la organización de un nuevo país. Estas dificultades habrán de coincidir con las reivindicaciones que los atropellos y violencias han de suscitar entre los dos elementos citados, y a los cuales debemos prestar nuestro apoyo.
Resumiendo: nuestra política se concreta a apoyar siempre al más débil contra el más fuerte, hasta la completa exterminación de ambos, para lograr anexarnos la Perla de las Antillas.
Con respecto a las posesiones asiáticas de España, en principio se ha resuelto un movimiento de división, cuya extensión y detalles oportunamente se acordarán, teniendo en cuenta que los celos de las potencias coloniales asiáticas, forzosamente nos obligan a limitar a estrecho círculo nuestra accción y, teniendo a la vez en cuenta, no excitar las susceptibilidades de Japón, ya demasiado vivas por la cuestión del Hawai.
La época probable de nuestra campaña será el próximo octubre; pero será conveniente ultimar el menor detalle para estar listos ante la eventualidad de que nos viésemos precisados a precipitar los acontecimientos para anular el desarrollo del elemento autonomista, que pudiera aniquilar el movimiento separatista.
Aunque la mayor parte de estas instrucciones están basadas en las distintas conferencias que hemos celebrado, estimaríamos nos someta usted cualquier observación que puedan la práctica y la conveniencia aconsejar como corrección, pero ateniéndose siempre, mientras tanto, a lo acordado.
Soy de usted sinceramente,
J.C. Breckenridge
Secretario de Guerra********
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l memorandun de J.C. Breckenridge, es un documento espurio que la tiranía Castrista y algunos anticastristas antinorteamericanos desean seguir usando en su manipulación.
Por Pedro P. Arencibia Cardoso
En Cuba son muy divulgadas las calumnias y opiniones negativas de Grant hacia los cubanos y el contenido de una presunta carta del Subsecretario de Guerra J. C. Breckenridge del 24 de diciembre de 1897. En ellas se resaltan la opinión anticubana y de falta de respeto de Grant hacia nuestros mambises y las presuntas ideas genocidas, racistas y fascistas del mencionado Subsecretario. Sin embargo quedarse en esas posiciones y no mostrar otras diferentes, es permanecer en la parte negativa del abanico de las diferentes opiniones y posiciones que tuvieron ciertos miembros de los gobiernos norteamericanos hacia los cubanos.
Veamos un fragmento de la supuesta carta del inexistente Subsecretario de Guerra J.C. Breckenridge.
.. destruir cuanto alcancen nuestros cañones [ .... ] habrá que extremar el bloqueo para que el hambre y la peste, su constante compañera; y el ejército aliado habrá de emplearse constantemente en exploraciones y vanguardias, para que sufran indeclinablemente el peso de la guerra entre dos fuerzas, a ellos se encomendarán precisamente todas las empresas peligrosas y desesperadas.121
Con respecto a la carta de Breckenridge debo decir que ya en el libro La Guerra en Cuba, de Enrique Collazo, que es de donde Hortensia Pichardo extrajo ese documento, se duda con respecto a su carácter original, o sea, auténtico. Un estudio con muy fuertes argumentos en contra de la autenticidad de ese documento es Reflexiones en torno a un documento controvertido, de Gustavo Placer Cervera, publicado en 1994 en el Boletín de Historia Militar del Departamento de Historia Militar del Instituto de Historia de Cuba. La razón de la existencia de ese documento se cree que haya sido una maniobra de desinformación y diversionismo con el objetivo de confundir y destruir la unidad de las fuerzas antiespañolas. En la obra publicada en Cuba La intervención militar norteamericana en la contienda
independentista cubana, de Oscar L. Abdala Pupo, se encuentran muchos de los argumentos planteados por Placer Cervera en contra de la autenticidad del mencionado documento, entre los cuales se encuentran algunos ya expuestos desde 1934 por el historiador norteamericano M. Spaulding. Veamos un largo fragmento de la obra citada de Abdala Pupo, el cual se encuentra en las páginas de la 37 a la 39.
(Nelson A. Miles)
¨ Sin embargo, en un interesante trabajo publicado en 1994, lamentablemente poco conocido, el investigador Gustavo Placer Cervera recurre al artículo que sobre el documento en cuestión hiciera en 1934 el historiador Thomas M. Spaulding, el cual, tomando como referencia una versión que del mismo apareciera en el libro de Horatio S. Rubens, Liberty, The Story of Cuba, 1932, ponía en duda su autenticidad con las reflexiones siguientes:1. Que el Departamento de la Guerra de los Estados Unidos, nunca había conocido la existencia del documento, hasta 1908 cuando el secretario de Estado transmitió al citado Departamento un recorte de un periódico dominicano con el texto completo del mismo.2. Que el autor del memorándum era una persona no familiarizada con el Departamento de Guerra, ya que:En cada una de las copias disponibles las instrucciones están dirigidas ‘ al Teniente General J.S. Miles del U.S.A. ‘ Nelson A. Miles era Mayor General en la fecha en cuestión; ‘ el Mayor General jefe del ejército ‘ , no recibió el grado de Teniente General hasta junio 6 de 1900.3. Que el documento aparece firmado indistintamente como ‘J.M. Breakreason’, ‘J.M. Breakreazon’ y ‘ J.M. Br-acle-ca-on’, ninguno de cuyos nombres tiene semejanza alguna con ‘ el del Secretario Adjunto, George D. Meiklejohn, quien habitualmente firmaba escribiendo tan claramente su nombre que ninguna letra de ‘Meiklejohn’ podía ser mal leída de manera que no se trata de dificultades para transcribir una firma ilegible’.4. Que en relación con el nombre utilizado por Rubens, ‘ J.C. Breckenridge’, había existido realmente un alto funcionario del Departamento de la Guerra con ese nombre, pero que en este caso se hacía más improbable la autenticidad del documento, ya que el General Breckenridge era inspector del ejército y por tanto –se preguntaba Spaulding-, ‘ ¿cómo es concebible que el inspector general pueda firmar instrucciones dirigidas al General en Jefe o en lugar del Secretario Adjunto?[ para concluir: ] Esto pudiera parecer insignificante para un lego, pero una mente burocrática se estremecería de horror con sólo pensarlo’.A todo lo anterior Placer añadía, de su propio análisis, el hecho de que un historiador de la talla y la posición ideológica de Foner – marxista y antimperialista, considerara como espurio el susodicho memorándum, lo cual era más que suficiente para, por lo menos, poner en duda su autenticidad. Pero, además, para descartar cualquier posible opinión en contra, Placer afirma que, por el contario de lo que pudiera deducirse del citado documento no había, a fines de 1897, planes conjuntos entre la Secretaría de la Guerra y el ejército norteamericano, por un lado, y la Marina de guerra de los Estados Unidos, por el otro, para intervenir en Cuba y otros lugares tan pronto diera inicio el conflicto. Está comprobado según este autor, que el ejército norteamericano, a diferencia de la Marina, que venía confeccionando sus planes de acciones desde 1894, no tenía elaborados los suyos en vísperas del conflicto, lo que lo obligó a improvisarlos sobre la marcha, una vez comenzado el mismo.
(... ). Finalmente, el hecho de que la Marina diera prioridad en sus planes al occidente de la Isla, lugar por donde comenzara sus actividades bélicas – lo cual estaba reñido con las supuestas orientaciones del memorándum – , y que convirtiera el sur del litoral santiaguero en el escenario principal de las mismas sólo después de conocer la existencia en la bahia santiaguera de la escuadra de Cervera, es, por último, el otro elemento utilizado por Placer para descartar la legitimidad del supuesto documento, que planteaba que ´la base de las operaciones más conveniente será la de Santiago de Cuba y el departamento oriental ...´ ”
No obstante, en caso de que ese documento fuera original y auténtico en su contenido fundamental y teniendo en cuenta que nunca se llevaron a cabo las barbaridades que ese inexistente Subsecretario le orientaba ejecutar al general Nelson A. Miles, General en Jefe del Ejército Norteamericano para las operaciones militares en Cuba, se encuentra una demostración clara y contundente que existían otras ideas diferentes a ese mismo nivel o en los niveles superiores de cómo se debía llevar a cabo la guerra en Cuba, pues ni en la Guerra Cubano-Hispano-Norteamericana, ni en los dos períodos de ocupación norteamericana que tuvo Cuba, se conoce un solo cubano muerto por las fuerzas armadas norteamericanas.
Por otra parte, la carta del Presidente Teodoro Roosevelt ( quien fuera años antes, uno de los jefes militares norteamericanos en la guerra Hispano-Cubana-Americana) a Gonzalo de Quesada, fechada el 14 de septiembre de 1906 en Oyster Bay, es casi siempre ignorada. En esa carta se leen criterios muy diferentes a los de Grant con relación a los cubanos; criterios de admiración, afecto y respeto emitidos por la máxima personalidad política de uno de esos gobiernos norteamericanos. En el segundo tomo de la obra citada de Hortensia Pichardo sobre documentos para el estudio de la Historia de Cuba se encuentra dicha carta. Esa carta es una muestra, junto con las ya aludidas, de la pluralidad de ideas y posiciones que han existido con relación a los cubanos en esos gobiernos. Veamos algunos fragmentos:
Usted sabe muy bien cuán sinceros son mis sentimientos de afecto, admiración y respeto hacia Cuba. Ud. sabe que jamás he hecho ni haré nada, tampoco, con respecto a Cuba que no sea inspirado en un sincero miramiento en favor de su bienestar. Ud. se da cuenta, asimismo del orgullo que he sentido por haberme cabido la satisfacción, como Presidente de esta República, de retirar las tropas americanas que ocupaban la Isla y proclamar oficialmente su independencia, a la vez que le deseaba todo género de venturas en la carrera que le tocaba emprender como República libre.
Y más adelante plantea:
Nuestra intervención en los asuntos cubanos se realizará únicamente si demuestra Cuba que ha caído en el hábito insurreccional y que carece del necesario dominio sobre ella misma para realizar pacíficamente el gobierno propio, así como que sus facciones rivales la han sumido en la anarquía.Solemnemente conjuro a todos los patriotas cubanos a unirse estrechamente para que olviden todas sus diferencias, todas sus ambiciones personales, y recuerden que el único medio de conservar la independencia de su República es evitar, a todo trance, que surja la necesidad de una intervención exterior para salvarla de la anarquía y de la guerra civil.Espero ardientemente que estas palabras de apelación pronunciadas en nombre del pueblo americano, por el amigo más firme de Cuba y el mejor intencionado hacia ella que puede existir en el mundo, serán interpretadas rectamente, meditadas seriamente y que se procederá de acuerdo con ellas, en la seguridad de que, si así se hiciere, la independencia permanente de Cuba y su éxito como República se asegurarán.
Ante la firme decisión del presidente Tomás Estrada Palma de dejar acéfala la República, mediante su renuncia y otras acciones, Roosevelt le envió un telegrama a Estrada Palma, del cual extraemos este fragmento:
Bajo su gobierno y durante cuatro años, ha sido Cuba República independiente. Yo le conjuro, en bien de su propia fama de justo, a que no se conduzca de tal suerte que la responsabilidad por la muerte de la República, si tal cosa sucediere, pueda ser arrojada sobre su nombre. Le suplico proceda de manera tal, que aparezca que Ud. por lo menos, se ha sacrificado por su país y que lo deja aún libre cuando abandone su cargo.
El anterior telegrama puede leerse íntegramente en el segundo tomo, página 283, de la obra de Hortensia Pichardo Documentos para la Historia de Cuba; obra en la que la autora hace el siguiente comentario sobre Roosevelt y la intervención norteamericana:... El Presidente Roosevelt agotó todos los medios que estuvieron a su alcance para evitar ese paso.
Volviendo a la supuesta carta del inexistente Subsecretario de Estado J.C. Breckenridge diré, que pese a que varias ciudades cubanas fueron bombardeadas por las fuerzas norteamericanas ( Cienfuegos, Matanzas, Santiago de Cuba, Baracoa, Manzanillo, etc. ) no se conocen bajas civiles por las medidas tomadas por las autoridades españolas y norteamericanas para la evacuación de ese personal. Es más, la única alusión que he encontrado con relación a la muerte de un cubano (en un incidente donde intervienen tropas norteamericanas) es un hecho producido en la ciudad de Cienfuegos durante el período de ocupación y que el escritor y etnólogo Miguel Barnet cita en su conocida obra Biografía de un cimarrón, pero en el texto citado, no se asegura que las balas que mataron accidentalmente al padre de familia que estaba paseando con sus tres hijos cuando se produjo la balacera, hayan sido disparadas por las tropas norteamericanas. El fragmento citado por Barnet es de la obra Memorias Descriptiva, Histórica y Biográfica de Cienfuegos, de Pablo L. Rousseau y Diaz de Villegas, publicada en Cienfuegos.
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El presente libro no tiene necesariamente que leerse de ¨cabo a rabo¨; es decir, de ¨principio a fin¨, pues está escrito como un libro de consultas. Por esta razón en algunos temas se repiten fragmentos que aparecen en otros.
En este libro solo abordo algunos episodios de la historia política de Cuba que por razones disímiles se han tergiversado o escamoteado a generaciones de estudiantes y lectores, incluso, aunque en cierta medida, cuando existía un sistema democrático en el país, pero desde que se impone la dictadura comunista esta situación se recrudece, y ya no por diferentes razones, sino por una sola: mantener el poder político de una casta y la ideología que le sirve de fachada.
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Calixto García con militares norteamericanos
Calixto García Íñiguez con su Estado Mayor
Calixto García presidiendo la comisión elegida por la Asamblea del Cerro para las negociaciones con el gobierno de los EE.UU.
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El Tesoro del Presidente
2023 ó 2024
¡¿Involución Histórica?! Loma de San Juan, Santiago de Cuba DECONSTRUYENDO LA HISTORIA
Deconstruyendo la Historia: Loma de San Juan ¿victoria?
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano
En la batalla terrestre por tomar la ciudad de Santiago de Cuba, en más de una ocasión las tropas mambises tuvieron que auxiliar a las tropas norteamericanas; la ciudad no fue tomada y lo que decidió la guerra fue la batalla naval en las afueras de la bahía de Santiago de Cuba, batalla que más parecía un ¨tiro al blanco¨; al Almirante español Cervera se le hizo Consejo de Guerra por parte de las autoridades en España, pero sin graves consecuencias para su integridad física.
Batalla de las colinas de San Juan 1 de Julio de 1898
Published on Jun 23, 2016
El 1 de Julio de 1898 en las defensas exteriores de Santiago de Cuba chocaron las dos fuerzas opuestas: los defensores españoles 1.700 españoles con 2 cañones Krupp de montaña y los atacantes americanos 20.000 soldados regulares del ejército USA más 4.000 mambises con 12 cañones y 4 ametralladoras gatling.
Los españoles que defendían las posiciones pertenecientes a los regimientos de Asia, Talavera, Puerto Rico y Constitución más un contingente de la Armada desembarcado de la flota del Almirante Cervera, contaban con cañones Krupp de tiro rápido.
El general en jefe americano William Rufus Shafter dividió sus fuerzas en tres divisiones, dos de infantería y una de caballería. Una de las divisiones de infantería fue mandada a tomar la posición de El Caney con la orden de que una vez tomada se dirigiría a apoyar a las otras dos para el ataque a las cumbres de las Lomas.
La otra de infantería y la de caballería, se dirigirían directamente a las colinas de San Juan con la división de caballería en el centro y la de infantería al sur.
La primera línea de defensa de la Loma contaba con una serie de trincheras, alambradas y pozos de tirador defendida por 521 hombres. A unos 700 metros de encontraba la segunda línea defendida por unos 411 hombres. En esta segunda línea estableció el general Linares su cuartel general.
Los atacantes intentaron entonces cruzar el rio San Juan para envolver las posiciones defensivas, al observar el despliegue el general Linares ordenó reforzar las Lomas con una compañía del Regimiento de Talavera y la posición de Canosa con otra compañía del Regimiento de Puerto Rico.
La guarnición española de la Loma al mando del coronel Vaquero es de apenas 300 hombres por lo que el general Linares decidió enviar otra compañía de refuerzo.
Los americanos se lanzaron al ataque confiados en su superioridad y en la poca resistencia que iban a encontrar en los defensores españoles.
Las trincheras defensoras escupían fuego continuado que causó decenas de heridos y muertos entre los atacantes. Los americanos empezaron a caer ante el fuego de los máuseres españoles. Cundió el pánico y había muchos soldados que se negaron a avanzar.
La caballería yanqui cruzó el río San Juan para enlazar con los que se suponían vencedores del puesto avanzado de El Caney, pero estos 6.500 hombres seguían enfrentándose a los 500 españoles que lo defendían.
A las 11 de la mañana los norteamericanos lanzaron un globo cautivo para ver la posición de las tropas españolas, éste es derribado por los cañones del coronel Ordoñez que además causa graves pérdidas en la concentración de enemigos del punto de origen del mismo.
Nuevamente los cañones españoles salvaron la situación. Mientras uno seguía atacando las baterías americanas a las que volvió a silenciar, el otro cañón hacía frente al avance enemigo logrando contenerlo.
A las 12 cesa el fuego y el general Linares recibe una petición de ayuda de los defensores de El Caney, ayuda que no pudo ser prestada ante el peligro que representaba el avance yanqui que podía copar la loma de San Juan.
El fuego se reanudó a las 13 horas, los atacantes avanzaron con decisión a pesar de sus enormes bajas. Los defensores se quedaron sin munición para sus cañones lo que permitió a los atacantes avanzar sus ametralladoras y a la artillería apoyar a sus fuerzas, cosa que hasta ese momento no habían podido hacer. Los americanos desistieron de un ataque frontal y su general en jefe ordenó rodear la Loma.
En este momento, los españoles tuvieron dos frentes abiertos y apenas contaban con munición para defenderse. La Loma de San Juan era un cementerio, casi toda la guarnición había sido exterminada; su jefe, el coronel Vaquero, estaba destrozado por la artillería; escaseaba la munición de los fusiles y estaba acabada la de artillería, pero la posición resistía.
Las compañías del Regimiento de Talavera, los marineros de la Armada y la caballería, que se dirigían en su auxilio, fueron rechazadas.
En la Loma solo quedaban los artilleros y unos 40 soldados de infantería con unas pocas balas. Los artilleros se retiraron con las piezas. A los pocos minutos, las balas se acabaron y el capitán Patricio de Antonio, ordenó calar la bayoneta. Abandonaron las trincheras y retrocedieron hasta los blocaos y de ahí a la segunda línea de defensa donde solo llegaron 8 hombres.
A las 16 horas la Loma fue ocupada. Era un auténtico cementerio.
Los EEUU habían tomado la posición a un alto precio: 205 muertos, 1.180 heridos (el 10% de las fuerzas destinadas en Cuba) además de 200 cubanos rebeldes muertos.
Los españoles habían tenido 165 muertos, 376 heridos y 121 prisioneros.
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Libro de Pedro Pablo Arencibia: Paradigmas Psicopedagogicos y caminos de la Investigacion Matematica en la Ensenanza de la Matematica Universitaria y Media
OPINIÓN SOBRE EL LIBRO:
Lo he ojeado, aqui y alla; es conmovedor. humano. Tardare en leerlo de tapa a tapa. Comprendo que es holistico, lo que me parece admirable, meritorio, politica, experiencia humana, Matematicas, Ciencias, y tambien ¨very scholar. Una combinacion unica. Gracias. B.M.
“Marco Rubio a Donald Trump: Te diré lo que es un buen acuerdo: que Cuba sea libre
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz