sábado, julio 03, 2021

Maquillar la realidad. Carlos Espinosa Domínguez sobre la UMAP. Así presentaba la prensa oficialista de Cuba las UMAP: No es un lugar de castigo. Allí los jóvenes no son mirados con desprecio, sino educados para hacer que cambien su actitud, formados, salvados

 
Tomado de https://www.cubaencuentro.com

Maquillar la realidad

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No es un lugar de castigo. Allí los jóvenes no son mirados con desprecio, sino educados para hacer que cambien su actitud, formados, salvados. Así presentaba la prensa de la Isla las UMAP

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Por Carlos Espinosa Domínguez

Aranjuez

02/07/2021 7

Como la de tantísimos hechos de la historia de Cuba de las últimas décadas, la bibliografía sobre las Unidades Militares de Ayuda a la Producción que puede rastrearse en las publicaciones periódicas de la Isla es muy escasa. Ya se sabe que aquello que no aparece registrado en blanco y negro se va olvidando y con el paso del tiempo termina por desaparecer. O lo que es lo mismo, es un modo de borrar el pasado. No obstante, durante los primeros meses transcurridos tras su creación la prensa oficial dio cabida a algunos artículos sobre aquella institución. Tenían un claro propósito propagandístico: presentar una imagen convenientemente maquillada de aquellos campos de trabajo forzado. Quienes concibieron las UMAP previeron la reacción negativa que iban a tener, y pusieron en práctica aquello de poner el parche antes de que caiga la gotera.

El 14 de marzo de 1966, el diario Granma dedicó toda la página 8 a un artículo firmado por Luis Báez, titulado “Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP)”. Comienza con este párrafo: “UMAP. Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Cuatro letras solamente. Pero con un contenido tan profundo y de una importancia tan vital que muchos dentro y fuera del país ignoran”.

El periodista expone que existían entonces entre los jóvenes “una serie de elementos desubicados, vagos, que ni trabajaban ni estudiaban”. Escapaban propiamente “por sus características a todas las demás instituciones educadoras, porque ni estudian en una Tecnológica, ni asisten a una Secundaria, o una Pre-Universitaria, ni pertenecen a una Unidad Militar, y por lo tanto, están fuera de todas las organizaciones donde pueden ser educados”.

En noviembre de 1965, un grupo de oficiales, reunidos en el Estado Mayor, discutieron ese tema con el Difunto, quien compartió esas preocupaciones. De ahí surgió la propuesta de crear una institución cuyo objetivo iba a ser “educar a esos jóvenes, hacer que cambien su actitud, educarlos, formarlos, salvarlos. Evitar que sean parásitos, incapaces de producir nada, delincuentes contrarrevolucionarios o comunes, personas inútiles para la sociedad”.

Se les llamó Unidades Militares de Ayuda a la Producción, y a su frente fue situado el comandante y miembro del Comité Central del Partido Ernesto Casillas, un “hombre de carácter pero de grandes condiciones humanas”. También formaban parte de la dirección el comandante Reinaldo Mora, como segundo jefe; el comandante José Ramón Silva, como jefe de instrucción; y el capitán José Q. Sandino, como jefe del Estado Mayor. Las distintas brigadas fueron concentradas en la provincia de Camagüey, en las zonas donde pudiesen ser útiles a la producción.

La UMAP, insiste Báez, “no es un lugar de castigo. Allí los jóvenes que ingresan no son mirados con desprecio, al contrario, son bien recibidos. Son bien tratados y se procura la manera de ayudarlos a que superen su actitud, a que cambien, a que aprendan. Se trata de convertirlos en hombres útiles a la sociedad”.

Reconoce el periodista que cuando llegaron los primeros grupos, estos no eran nada buenos. Esto dio lugar a que “algunos oficiales no tuvieron la paciencia necesaria ni la experiencia requerida y perdieron los estribos”. Pero ahí intervino de inmediato la justicia revolucionaria: algunos de ellos fueron sometidos a consejo de guerra, varios fueron degradados y a otros se les expulsó de las Fuerzas Armadas, que, faltaría más, no iban a tolerar semejantes comportamientos.

Mas eso solo ocurrió al inicio, insiste Báez. Es cierto que en las UMAP existe una gran disciplina, “pero esto no impide que exista un trato afectuoso entre jefes y subordinados”. Los jefes trabajan a la par con los reclutas en las tareas de la producción. Pasan sus mismas dificultades y necesidades. Y el periodista ilustra con un ejemplo cómo se educa a los jóvenes: “Cuando algún joven no está realizando su mayor esfuerzo el jefe no dice nada; solamente se pone a su lado y se pone a cortar, lo cual produce un gran efecto moral”.

Los jefes de gran ecuanimidad

Pese a que la inmensa mayoría de los reclutas están realizando una buena labor, el periodista comenta que no deja de haber individuos verdaderamente conflictivos, que solo crean problemas y dan mucho que hacer. Afortunadamente, “los jefes están dotados de una gran ecuanimidad y saben cómo tratarlos”. Eso hace que los jóvenes ven en el jefe “al que da el ejemplo, ven al amigo y a la persona con la cual se pueden franquear, y confiarle cualquier problema y dificultad”.

Algunos de los reclutas pertenecían a sectas religiosas que, por desgracia, fueron utilizadas por la contrarrevolución. Eso no significa, se apresura a puntualizar Báez, que estén allí por sus ideas religiosas, pues “la Revolución no tiene ninguna enemistad ni ve como un enemigo a alguien que profesa alguna creencia religiosa”.

Los reclutas de la UMAP participan en las labores de la VI Zafra del Pueblo. Como tales, disfrutan de los derechos a premios que otorga el plan emulativo del ejército. Esto quiere decir que “con su trabajo pueden ganar una casa, una máquina, motocicletas, etc.”. Aparte de su faena productiva, tienen horas en las cuales se les enseñan labores agrícolas, así como preparación combativa y cortesía militar. De noche, reciben clases de superación e instrucción revolucionaria. Además, practican deportes y después del almuerzo y la comida disponen de tiempo para descansar. El primer domingo de cada mes reciben visita de sus familiares, y cada cierto tiempo se les da un pase de salida. Quienes realizan un trabajo impecable, cumplen las normas y demuestran un buen comportamiento, pueden obtener días adicionales de pase.

De acuerdo al periodista, la inmensa mayoría de los jóvenes están dando “un cambio extraordinario”. Cuando terminen su período en las UMAP, podrán reintegrarse a la sociedad como hombres de bien. Eso lleva a Báez a concluir con optimismo: “Cuando en el mes de noviembre de este año se haga el balance del primer año de labor, se podrá contemplar el inestimable servicio que la UMAP le ha hecho al país y estarán más vigentes que nunca las palabras de Fidel de que «el trabajo enaltece al hombre»”.

En Granma también apareció publicada, los días 13 y 20 de diciembre de 1965, una nota de prensa de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. En la misma se anunciaba la concesión de permisos de salida a los jóvenes que se encuentran en la UMAP, con motivo de las fiestas de fin de año. El texto era el siguiente:

“Para general conocimiento se informa que el personal que se encuentra cumpliendo el servicio militar activo en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) se le concederán las vacaciones de Navidad y Fin de Año.

“Los permisos se otorgarán a todo el personal en dos grupos:

“1er. Grupo: a partir del 21 hasta el 29 de diciembre de 1966.

“2do. Grupo: a partir del 29 hasta el 6 de enero de 1967.

“Esta información es para evitar que los familiares planifiquen sus visitas a Camagüey”.

Por su parte, la revista Verde Olivo acogió en sus páginas tres artículos sobre las UMAP. El primero, titulado “Ascensos en la UMAP” (12 de junio de 1966, pp. 31-33) lo firma José Armas, quien informa sobre un acto que tuvo lugar en el estadio Cándido González, de Camagüey. En el mismo un crecido número de reclutas fueron ascendidos de rango. Pasaron a ser Jefes de Escuadra, “un cargo de notable responsabilidad dentro del marco organizativo que tienen las UMAP”. Para la promoción se tomaron en cuenta la disciplina, la actitud ante el trabajo, el estudio y todas las tareas que los jóvenes deben cumplir. “Esto demuestra palpablemente, anota el periodista, que, a pesar del poco tiempo de constituidas, las Unidades Militares de Ayuda a la Producción se van convirtiendo en un competente Ejército de Trabajadores que logra sus primeros frutos producto de un trabajo disciplinado acertado”.

Un orgullo para las madres cubanas

Armas pasa después a reproducir parte de las palabras que pronunció en el acto el primer capitán José Q. Sandino, jefe del Estado Mayor de las UMAP. Al dirigirse a los reclutas, este les expresó: “Esperamos que se hagan merecedores de esta nueva responsabilidad que la Revolución pone en ustedes; que sepan cuidar y enseñar a los nuevos cargos; que los sepan tratar con estricta disciplina, pero como hermanos siempre, y esa será una gran ayuda a los jefes superiores”.

Al referirse a la tarea que les tocará realizar, el susodicho afirma que “será la de tratar con los compañeros que vendrán en próximo (sic) producto del nuevo llamado. Ustedes tienen la experiencia para tratar con los nuevos compañeros; tal vez la que no teníamos nosotros al empezar a formas las UMAP”. Y luego agrega: “Esto no es sencillo. Tal vez ustedes han podido oír ciertas cosas que se han hablado por ahí de las UMAP; cómo elementos mal intencionados han tratado de presentarlas. Ustedes han visto que no es así; que las UMAP son un Ejército de Trabajadores y que ese trabajo es de la Patria, y por eso se está aquí; que aquí se cumple con un deber revolucionario donde nos hacemos acreedores de la digna Patria que tenemos nosotros. Nuestra tarea es demostrar que es así. Hablen con los nuevos compañeros y explíquenles qué son las UMAP en realidad”.

Igualmente les señala “que para las madres cubanas era un orgullo ver a sus hijos luchando, defendiendo la causa justa de una sociedad nueva”. De acuerdo al periodista, Sandino finalizó su discurso “recordándoles la nueva responsabilidad contraída con la Revolución y les dijo que en un futuro no muy lejano, cuando los jóvenes sean llamados a las filas del Ejército, las UMAP representarán el Ejército de los Trabajadores y entonces se preguntará a cada cuál a qué Ejército quiere pertenecer: si al Regular, al de Estudios o al del Trabajo”.

Concluye el reportaje con las palabras de uno de los ascendidos, Pedro Gutiérrez Ramos, de 24 años, quien durante la zafra realizó una destacadísima labor: cortó 41 mil arrobas de caña, para un promedio diario de 455. Esto fue lo declaró al periodista: “En las UMAP, me siento bien. He tenido un buen trato con los oficiales que siempre me han considerado como un trabajador. He sido seleccionado como ejemplar. El día conmemorativo del Asalto al Palacio (13 de marzo), representé a mi unidad en un acto en Nuevitas. Nunca he sido reportado. Mira, aquí mismo hay como 40 compañeros de mi unidad y son como hermanos todos. A la hora de trabajar, decimos: ¡Muchachos, a pinchar! Vaya… es para que la unidad de nosotros vaya palante”.

El segundo artículo, “Las brigadas de las UMAP” (14 de mayo de 1967, pp. 36-39), fue escrito por P.E. Cabrera, quien lo comienza así: “Una frase recibe al visitante: ‘Las UMAP saludan el Primero de Mayo con más de 12 brigadas millonarias’... Entonces el visitante comienza a conocer de nuevos esfuerzos y, en la medida que recorre los campos, ve pocas cañas y muchos retoños (…) Y los soldados se crecen en esfuerzos, la admiración trasciende al pueblo, y los aplausos se multiplican… Por eso aquel soldado decía que estaba orgulloso de sus compañeros”.

Entre los jóvenes reina el espíritu de trabajo

En ese trabajo, de poca extensión e ilustrado con siete fotos, su autor menciona algunas de las brigadas con mejores rendimientos en el trabajo: el batallón Treinta y Cuatro, que es cuatrimillonario; la compañía Dos, que cortó un millón en 76 días; la brigada Turcios Lima, con un millón 41 mil 380 arrobas cortadas. De esta última, proporciona los nombres de sus macheteros más destacados: Fernando Guilarte y Ciro Martínez.

Ese mismo periodista firma el tercer trabajo, “Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Un recorrido” (19 marzo 1967, pp. 34-37). De nuevo lo inicia con una descripción del sitio donde laboran los reclutas: “El camino es largo y lleno de curvas. En algunos lugares, a ambos lados, crece el marabú. Pero no como antes. Se han desmontado muchos campos. Y se han sembrado. Y producen (…) Hay mucha caña que cortar. Y mucha gente corta la caña. Y las alzan. Y el cañaveral se reduce”.

Visita la Brigada Comandante Horacio Rodríguez, que acumula 600 mil arrobas y un promedio diario de 10 mil. Entre los jóvenes, anota el periodista, reinan el entusiasmo, el espíritu de trabajo, la seguridad de que ganarán la emulación. Acerca de ellos, el jefe de la brigada comenta: “Estos compañeros son muy productivos. Se ponen de meta este medio campo pa’ la tarde, y lo cortan. Ahora me están pidiendo luces. Mechones pa’ apilar por la noche. Son incansables”.

Cabrera apunta que “los soldados cortan por dúos. Los mejores llevan brazaletes. El primero es rojo, el segundo verde y el tercero amarillo. Diariamente se reúnen para discutir los lugares. Y el primero de todos los dúos llevara, además, la bandera”. Y recoge diálogos como este:

“—¡Patria o muerte! —grita un hombre.

“—¡¡Venceremos con el millón!! —contestan los demás miembros de la brigada número cien. Manuel Campos García y José Antonio Laso toman la bandera y leen: ‘250 mil arrobas… Brigada de avanzada’.

“—Ahora sí que cogimos el trillo pal’ millón —dice uno del grupo.

“—Cogeremos la bandera del segundo paso el día catorce. Pa’ saludar al pueblo vietnamita en la Semana de la Solidaridad.

“—¿Y el millón?

“—¡Hay que guapear para llegar al millón! —dicen los segundos macheteros Francisco Hernández y José R. Fernández”.

El periodista entrevista a algunos de los reclutas más destacados. Uno de ellos es Pedro Pérez Torres, de Guantánamo. Pese a que esta es su primera zafra, es uno de los mejores macheteros. Declara que “es una experiencia maravillosa porque ve el producto de su esfuerzo en forma de arrobas de caña que contribuyen a elevar la economía del país”. Y añade: “Yo nunca había cortado caña, no sabía lo que era un millón. Pero ahora le puedo hablar de la emoción que se siente cuando se gana una bandera como esta de las 800 mil arrobas. Mi compañero de dúo (Orlando Zázeta) y yo estamos contentos por este triunfo y redoblaremos el esfuerzo a pesar de llegar al millón, porque llegaremos y pronto, ya que nuestro deber es elevar la producción al máximo y solo se logra esto con nuestro mejor esfuerzo en el trabajo”.

Concluyo aquí el resumen del contenido de todos esos artículos, en los cuales hay un detalle que llama mucho la atención: en ninguno se alude ni por asomo a los homosexuales, que fueron el sector de la población del cual más se nutrieron las UMAP. Tras leerlos, este comentarista se muestra convencido de que esos trabajos fueron la fuente en la cual Mariela Castro se documentó para concluir que las UMAP eran como las escuelas al campo.

© cubaencuentro.com

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Fragmentos del discurso de Fidel Castro del 13 de marzo de 1963 . El discurso completo de Fidel Castro puede leerse en:

http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1963/esp/f130363e.html

Unos fragmentos:

“ ¡Un momento! Es que ustedes no me han dejado completar la idea (RISAS y APLAUSOS). Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos (RISAS); algunos de ellos con una guitarrita en actitudes “elvispreslianas”, y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre.

Que no confundan la serenidad de la Revolución y la ecuanimidad de la Revolución con debilidades de la Revolución. Porque nuestra sociedad no puede darles cabida a esas degeneraciones (APLAUSOS). La sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones.

¿Jovencitos aspirantes a eso? ¡No! “Arbol que creció torcido...”, ya el remedio no es tan fácil. No voy a decir que vayamos a aplicar medidas drásticas contra esos árboles torcidos, pero jovencitos aspirantes, ¡no!

Hay unas cuantas teorías, yo no soy científico, no soy un técnico en esa materia (RISAS), pero sí observé siempre una cosa: que el campo no daba ese subproducto. Siempre observé eso, y siempre lo tengo muy presente.

Estoy seguro de que independientemente de cualquier teoría y de las investigaciones de la medicina, entiendo que hay mucho de ambiente, mucho de ambiente y de reblandecimiento en ese problema. Pero todos son parientes: el lumpencito, el vago, el elvispresliano, el “pitusa” (RISAS).

¿Y qué opinan ustedes, compañeros y compañeras? ¿Qué opina nuestra juventud fuerte, entusiasta, enérgica, optimista, que lucha por un porvenir, dispuesta a trabajar por ese porvenir y a morir por ese porvenir? ¿Qué opina de todas esas lacras? (EXCLAMACIONES.)

Entonces, consideramos que nuestra agricultura necesita brazos (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”); y que esa gusanera lumpeniana, y la otra gusanera, no confundan La Habana con Miami...¨

 La revista Mella era la revista de la Unión de Jóvenes Comunistas.


La revista Mella, de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC)  en Cuba
 
Conducta Impropia Documental sobre la represion al homosexualismo en Cuba





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Tomado de https://www.tremendanota.com/

«A la UMAP nunca sobrevives del todo»




(Imágenes  añadida por el Bloguista de  Baracutey Cubano)

Por Claudia Padrón Cueto
La Habana
20 diciembre, 2019

(La psicóloga Liliana Morenza, una de las integrantes del equipo de investigación de psicólogos en las UMAP, junto a dos homosexuales pertenecientes a la Compañía 4, Batallón 7, Unidad de Ayuda a la Producción. “La Violeta”, Camagüey, 1967. Cortesía de la doctora María Elena Solé a Abel Sierra.)

Por más de 50 años José Rolando Valdés no contó que él mismo se tuvo que arrancar una muela a sangre fría con una cuchara, ni que fue golpeado y tirado sin ropa por cuatro días en un calabazo. Tampoco dijo que fue obligado a seguir trabajando en un campo de caña con un brazo lastimado por un machetazo. Sentía vergüenza, así que casi nadie supo sobre el trabajo forzado y vejaciones que padeció. Durante más de cinco décadas calló sobre su reclusión en las UMAP.

(José Rolando Valdés en varios momentos de su vida. foto y comentario del Bloguista de Baracutey Cubano

Entre 1965 y 1968 el Estado cubano, amparado en la ley 1129 del 26 de noviembre de 1963 que estableció el Servicio Militar Obligatorio (SMO), comenzó a recluir hombres con edades entre los 18 y 26 años en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Aquel fue un experimento social que no solo buscaba higienizar el país de todo aquel que no encajara con el molde del «hombre nuevo», sino también disponer de unos 60 mil brazos obligados a cortar caña.

Hoy, a sus 72 años, José Rolando recuerda los camiones que iban por cada pueblo y ciudad recogiendo a los jóvenes que el Estado miraba con recelo. Las categorías para la reclusión eran diversas: religiosos, homosexuales, burgueses, desafectos, otros que no trabajaban y era considerados con alto potencial delictivo, guardias castigados. Aunque nunca lo tuvo claro, Valdés podría pertenecer a esta última categoría.



En 1965 comenzó su servicio militar como guardia de la Marina en el municipio de Bahía Honda, provincia de Pinar del Río. Ahí estuvo unos pocos meses hasta que secuestraron unas lanchas torpederas y como consecuencia la mayoría de los chicos que estaban en ese campamento acabaron, sin muchas explicaciones, en un camión que los llevó hasta el centro del país.

(Pastores de diferentes denominaciones evangélicas)

«Cuando llegué a la nueva unidad mi primera reacción fue negarme a usar el uniforme, no entendía por qué estaba allí y no lo acepté», recuerda.

Como consecuencia de su insubordinación fue golpeado por los guardias, que lo lanzaron en ropa interior a una celda durante cuatro días. «Así aprendí a quedarme callado y esperar que terminara aquel infierno sin causar problemas».

Había llegado al central Primero de Enero, un campo donde estaban recluidos homosexuales y cristianos. «En las noches había un sargento que metía a los chicos afeminados en un tanque de agua fría desnudos hasta que perdieran la conciencia», confiesa José con la voz cortada. «Los oíamos sufrir sin poder ayudarles. Es una de las cosas más tristes que he visto».

Los castigos en las UMAP, documenta el investigador Abel Sierra, podían ir desde los insultos verbales hasta el maltrato físico y la tortura. Víctimas de estos campos enumeran también, entre las formas de violencia, la práctica de enterrarlos en un hueco y dejarlos con la cabeza fuera durante varias horas. A otros los ataban a un palo o a una cerca y los dejaban durante la noche a la intemperie, expuestos a los mosquitos.

Se calcula que alrededor de ochocientos homosexuales fueron presos en sitios como este.

(La psicóloga Liliana Morenza, una de las especialistas que integró el equipo investigación de psicólogos de las UMAP, junto a varios homosexuales y cabos. Compañía 4, Batallón 7, Unidad de Ayuda a la Producción “La Violeta”, Camagüey. 1967. (Cortesía de la doctora María Elena Solé a Abel Sierra))

Las unidades que recuerda José Rolando eran albergues largos donde dormían cientos de muchachos sobre camas de saco con colchonetas delgadas. Los baños estaban afuera y olían mal. Las cocinas eran de leña y la comida era escasa. Para el desayuno tomaban un vaso de agua con azúcar y tragaban un pedazo de pan. Unas cercas altas los separaban del exterior.


«Nos levantaban cada día a las 5:30 o 6:00 a.m. y volvíamos del campo de caña casi 12 horas después. En la noche, luego de la comida, nos formaban y comenzaba la lectura y debate de textos políticos. Comenzaba el adoctrinamiento cuando ya no tenías fuerzas ni para pensar».

Han pasado más de cincuenta años, pero José Rolando puede recordar casi todo de allí: olores, sensaciones, maltratos, las voces de los sargentos, la soledad. También es capaz de recitar de memoria un fragmento de un discurso de Fidel Castro que había escuchado en 1963 y que hasta hoy lo persigue:

«Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos; algunos de ellos con una guitarrita en actitudes ‘elvispreslianas’, y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre».

«Nuestra sociedad no puede darles cabida a esas degeneraciones», concluía el discurso del máximo líder cubano.

Dos años después comenzaron las UMAP.

En el tiempo que estuvo recluido, José Rolando Valdés fue trasladado del central Primero de Enero a la cárcel de Morón donde vivió en condiciones de hacinamiento con presos comunes. De ahí lo llevaron a Vertientes para seguir cortando cañas hasta el cierre de los campos. Allí dice que conoció a Pablo Milanés.

La explotación del cuerpo


Las UMAP no solo eran una imposición de cierta masculinidad militante y barbuda, sin cabida para ademanes «afeminados». Era también mano de obra barata y disponible para la agricultura. En un artículo de la época, el economista Carmelo Mesa-Lago analizaba que el gobierno logró ahorrar por concepto de trabajo no pagado alrededor de trescientos millones de pesos cubanos, entre 1962 y 1967. Por todo un mes con jornadas de medio día, a José Rolando le pagaban siete pesos.

«Allí éramos esclavos, sin saber por qué. Los guardias nos vigilaban todo el día para asegurarse de que estuviésemos cortando caña. Ni siquiera enfermo o herido podías descansar».

Cuando este hombre habla de las UMAP las define como una especie de asfixia que lo enloquecía a ratos. Quizá por eso, algunos de sus compañeros se automutilaban para escapar. Otros, por su parte, no lograron salir con vida. «Allí hubo suicidios y asesinatos», rememora.

Aunque no lo presenció, dice que en su campamento mataron a un joven abakúa por indisciplinas graves. Antes fue situado par de veces frente al pelotón de fusilamiento. Las dos primeras serían una suerte de tortura, un simulacro sin balas. En la tercera, las armas sí estaban cargadas.

José Rolando dice que tuvo suerte porque logró salir de allí y continuar su vida. Se mudó hasta San Juan y Martínez, al oeste de Pinar del Río, donde nadie conocía su pasado. Se casó con una chica de ese pueblo y trabajó como cantante en un cabaret nocturno hasta emigrar a Estados Unidos en 2002. En todo ese tiempo no volvió a mencionar las UMAP.

«Son demasiados los recuerdos atroces y hasta hoy nadie ha pedido disculpas siquiera. ¿A quién debo culpar por mi sufrimiento en la UMAP? O por los años que me robaron y todos los horrores que vi allí. Aunque salgas con vida, a un lugar así no sobrevives del todo».

En junio de 1968 pararon el trabajo en el corte de caña. Les anunciaron que era el fin de la UMAP. Los hombres saltaban de la dicha. Costaba creerlo. José Rolando volvió a casa después de unos 30 meses. Su familia siempre creyó que salía de la Marina.

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sábado, mayo 09, 2020

Mariela Castro descaradamente expresa que las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) fueron como una escuela al campo y que los 'campos de trabajo' para homosexuales en Cuba son un asunto 'muy sobredimensionado'




Mariela Castro: las UMAP fueron como una escuela al campo

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La directora del CENESEX cree que los 'campos de trabajo' para homosexuales en Cuba son un asunto 'muy sobredimensionado'.
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DDC
Miami
08 Mayo 2020

Mariela Castro negó que las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), donde entre 1965 y 1967 el régimen cubano encarceló a decenas de miles de personas, sobre todo homosexuales, religiosos y desafectos políticos, puedan ser calificadas como "campos de concentración."

En una comparecencia en vivo en el programa de YouTube La tarde se mueve, que conduce el periodista procastrista Edmundo García desde Miami, la hija de Raúl Castro y directora del estatal Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) señaló que ese es un asunto "muy sobredimensionado y muy distorsionado."

(Mariela Castro. EFE)

"Lo que se había creado era lo que es ahora el EJT (Ejército Juvenil del Trabajo). La idea de las Fuerzas Armadas era crear un Servicio Militar sobre todo con campesinos para apoyar la producción de alimentos. Por eso decían: en lo que se preparan para defender el país, que también apoyen la producción de alimentos que el país necesitaba. Había personas que estaban totalmente distanciadas de los problemas del país y no querían poner su granito de arena, y eran momentos muy difíciles", comentó.

"La manera de recoger a las personas fue terrible", criticó Castro, en referencia a los operativos violentos por los que muchas personas fueron detenidas y trasladadas a las UMAP. "Eso fue un trabajo que se hacía desde el Ministerio del Interior (MININT), no era compatible con lo que habían decidido las Fuerzas Armadas", justificó.

No obstante, según Castro, la experiencia de los campos de trabajo depende de las vivencia de cada persona que los vivió. "En las UMAP había directivos que no eran homofóbicos, y que trataron bien a su gente, y que fueron comprensivos", dijo.

Pero, según su parecer, "me hubiera gustado que existieran de otra manera."

"Nosotros íbamos a la escuela al campo. ¿Ir a la escuela al campo eran campos de concentración? Mira que aprendimos mucho y nos divertimos mucho y lo cuestionábamos todo. Si la pasábamos de lo más bien...", aseguró.

Castro comentó que las denuncias sobre lo que sucedía en las UMAP llegaron al Partido Comunista y de ahí a las Fuerzas Armadas a través de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y de la Casa de las Américas. Por ello, dijo, se comenzó una investigación que acabó con su cierre. 

(Mariela Castro Espí, su padre Raúl Castro Ruz y su tio Fidel Castro Ruz))

Según la también diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), tras el triunfo la revolución cubana en 1959, la reivindicación de los derechos de los homosexuales no fue contemplada "porque era un tema que no se discutía políticamente en aquellos tiempos" debido a los prejuicios con que lo abordaban las ciencias y las religiones.

"Cuando triunfa la revolución ese era el pensamiento científico dominante. (...) No podemos pretender que los dirigentes lo sepan todo", argumentó.

De acuerdo con Mariela Castro, si bien "ha habido prácticas que reprobamos", el pensamiento de Fidel Castro evolucionó en sus consideraciones sobre el tema.

Para ella, lo más recomendables es "no estar escudriñando en la basura con malas intenciones."
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Documental filmado en 1983 donde se pone al descubierto la represion castrista hacia los homosexuales y disidentes.Despues de 30 anos muchos de estos protagonistas y testigos han muerto pero su voz queda como eterno testimonio de una epoca de barbarie y de psicosis politica

Documental (fragmento)  Conducta Impropia

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A una hora de comenzado el video Mariela empieza a hablar de la UMAP
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Impactante revelación de Pablo Milanés: "En la Cuba revolucionaria hubo campos de concentración y a mi también me enviaron allí"

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El reconocido cantautor recordó cuando el régimen de Fidel Castro lo obligó a cumplir trabajos forzados en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). "Condenaron a miles de muchachos jóvenes simplemente porque pensaban libremente", contó
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29 de marzo de 2018

El cantautor cubano Pablo Milanés, uno de los fundadores del movimiento de la Nueva Trova Cubana, definió como "campos de concentración" a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) que existieron en la isla entre 1965 y 1968.

En una entrevista del diario chileno La Tercera, Milanés habló de las UMAP como "un asunto muy oscuro de la historia de la Cuba revolucionaria" adonde miles de jóvenes fueron enviados a "reeducarse" por órdenes de Fidel Castro.

(El joven Pablo Milanés cuando cantaba con el cuarteto del Rey; época en que fue internado en la UMAP. Foto y comentario añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

"Fue condenar a miles de muchachos jóvenes a campos de concentración simplemente porque pensaban libremente, ni siquiera porque pensaban lo contrario, sino porque eran librepensadores y tenían opiniones", expresó uno de los íconos de la música hispanoamericana.

Las UMAP funcionaron entre 1965 y 1968 y Pablo Milanés estuvo en uno de esos centros sometido a trabajos forzados, pero logró escapar y huyó hacia La Habana, donde luego fue encarcelado por desacato.

"Siempre lo recuerdo, pero nadie lo refleja nunca. Hago muchas entrevistas en Cuba y cuando hablo de las UMAP es como si hablara del diablo, porque es una pena que se lleva dentro, no han podido corregirla ni pedir perdón tampoco por lo que hicieron", dijo.

"Y no hablemos más de eso, porque fue un asunto muy muy oscuro de la historia de la Cuba revolucionaria: hubo campos de concentración. Fueron 50.000 jóvenes los que estuvieron en los campos de concentración, y entre ellos yo también", añadió.

El periodista de La Tercera le preguntó por qué siguió creyendo en la revolución después de eso que vivió. Y Milanés respondió: "Porque yo soy revolucionario. Ellos no, yo sí".

El músico de 75 años de edad no espera que el Gobierno cubano pida perdón alguna vez. "He dicho que pidan perdón, pero no lo han hecho", afirmó.
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En la UMAP  no sólo habían  homosexuales:  en la UMAP también se encontraban  jóvenes  que la tiranía Castrista pensara que  no eran simpatizante de la revolución o que no  cumplieran los parámetros ¨del hombre nuevo¨ que el Castro - comunismo  deseaba tener en Cuba.













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Castrar para purificar

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Carolina de la Torre ha escrito un libro necesario y valiente en el que, aparte de narrar una historia de familia, recupera una página ignominiosa de la historia reciente de Cuba
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(Prensa Castrista  con un artículo apologético a la UMAP. Todas las imágenes y comentarios  fueron añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano )

Por Carlos Espinosa Domínguez
Aranjuez 
05/10/2018

Debo confesar que cuando leí las primeras referencias sobre Benjamín. Cuando morir es más sensato que esperar (Editorial Verbum, Madrid, 2018, 334 páginas), me sorprendió mucho que su autora, Carolina de la Torre (Matanzas, 1937), hubiese aguardado tanto para redactar ese libro. Pero una vez concluida su lectura, he quedado convencido de que su decisión fue madura e inteligente. La distancia que lo separa del doloroso hecho que documenta y recrea le permitieron abordarlo con ecuanimidad y rigor. Y también dedicar el tiempo necesario para recopilar y procesar el abundante material con que lo ha compuesto.

El suceso que sirve de núcleo al libro fue el suicidio de su hermano Benjamín a los veinticuatro años. Esa pérdida de uno de los miembros significó un golpe traumático para la familia, que tuvo que sobrevivir con la carga de aflicción y culpa. Su autora, quien es una distinguida y respetada figura en el campo de la psicología y cuyo trabajo ha sido laureado en varias ocasiones en Cuba, expresa que en Benjamín quiso registrar, “después de muchos años, el daño que puede producirse cuando la furia y los prejuicios toman el lugar que debe ocupar el amor por los semejantes y por nuestra diversa humanidad”. Y agrega que “si de algo vale para otros (ya a mí me valió) es para que ninguna persona, atrapada e n los problemas y contrariedades de la vida, se vuelva inútil, ciega o egoísta ante el sufrimiento de los demás”.

(Carolina de la Torre)

Para redactar su libro, partió, en primer lugar, de sus propias vivencias y del testimonio que recogió de sus hermanos. También incorporó documentos escritos por su madre y por los amigos de su hermano. En el caso de estos últimos, se dedicó a localizarlos por distintas vías, pues muchos pasaron a residir después en el extranjero. Asimismo, recopiló cartas y poemas pertenecientes a Benjamín, que forman parte del bloque final titulado “Memorias, testimonios y recuerdos”.

Comenta la autora que comenzó a investigar “en serio y con una especie de proyecto en 2010, buscando amigos, yendo a bibliotecas, escribiendo a conocidos, hasta llegar a saber mucho de lo que ignoraba de la vida de mi hermano Benjamín, aunque esta obra, como cualquier relato basado en una historia real, no es una reconstrucción perfecta ni siquiera de mi historia familiar. Los olvidos y los falsos recuerdos son casi imposibles de evitar”. Sus padres y hermanos aparecen con sus nombres auténticos y conservan sus identidades. Los demás caracteres, aunque se inspiran en personas reales, han sido recreados por la ficción. Para reconstruir esta historia familiar, Carolina de la Torre decidió no emplear la primera persona y optó por un narrador omnisciente.

Los acontecimientos que tuvieron lugar los primeros días de enero de 1959 hicieron que Blanca y Alfredo, los padres de Benjamín y Carolina, empezaran a reconsiderar sus planes de instalarse en Colombia, el país natal de la madre. El triunfo de la revolución era una motivación poderosa para que optaran por quedarse en la Isla. La familia había logrado una buena posición económica, pero se sintió identificada con las leyes de beneficio social encaminadas a alcanzar la igualdad y la justicia con las que el matrimonio tanto había soñado. “Ahora, que por primera vez puedo vislumbrar una nueva vida y una esperanza, no vamos a irnos”, le argumentó Blanca a su esposo.

(Libro de la Dra. en Psicología Carolina de la Torre, quien fuera profesora de Mariela Castro Espín en la Universidad de La Habana cuando estudiaba Psicología)

Este era profesor de Ciencias en una exclusiva academia norteamericana y antes había ganado una beca Guggenheim para trabajar en la Smithsonian Institution. Desde el inicio del triunfo revolucionario, se hizo miliciano y culminó la caminata de los 62 kilómetros. Asimismo, poseía una colección que perteneció a su tío, el eminente antropólogo y naturalista Carlos de la Torre, y la donó al Museo Nacional de Ciencias Naturales de la recién creada Academia de Ciencias. Pero debido a su carácter introvertido y benigno, no aguantó las presiones del extremismo que ya empezaba a imperar y abandonó la universidad. Se dedicó entonces a laborar en varios centros científicos, tras rechazar las buenas ofertas de trabajo de instituciones norteamericanas con las cuales había tenido vínculos.

Los tres hermanos, Carolina, Benjamín y Salvador, iban con sus padres a los desfiles y concentraciones. Disfrutaban y comentaban entre ellos los logros y nuevas leyes que se promulgaban y participaban de cuanta iniciativa era convocada. Los tres jóvenes además se sumaron de manera activa y entusiasta al proceso revolucionario. Salvador tomó parte en la defensa combativa de la patria. Se alistó en las milicias y cumplió duros entrenamientos. Se formó luego como artillero antiaéreo y estuvo movilizado durante la invasión de Playa Girón y la crisis de los misiles de 1962. Después fue nombrado jefe de una base aérea en Santa Clara. Irónicamente, a comienzos de los 70, después de cinco años en su voluntario y durísimo servicio militar, fue llevado a los tribunales al aplicársele la Ley contra la Vagancia, “mientras trataba, a puro pulmón, de hacerse ingeniero”.

Carolina y Benjamín, por su parte, se sumaron a la campana de alfabetización. Para el joven, resultó ser la oportunidad de redención personal que le permitiría sentirse a la altura de los tiempos y de sus hermanos, “que se pasaban la vida alardeando de su incorporación practica al proceso revolucionario”. Aunque su mayor deseo era adelantar el bachillerato y estudiar arte, no dudó ni por un instante en su decisión de irse a alfabetizar. Lo asignaron en el hogar de una familia campesina en Buey Arriba, en la región oriental. Y pese a las dificultades y los problemas de salud (padecía de asma y en una ocasión se puso tan mal, que lo enviaron por dos semanas a su casa), aguantó con firmeza: “¡No me voy a rajar! No solo porque quiero cumplir hasta el final, sino porque me gusta lo que hago, a pesar de los trabajos que paso. Siento que es útil; lo más útil que he hecho en toda mi vida”. Al igual que su hermana, estaba convencido de que “nunca jamás otro llamado de la Revolución podría ser más significativo, ni podría, en tan corto tiempo, producir en ellos una transformación tan radical”.

(Carolina de la Torre  con el  uniforme de las Brigadas Conrado Benítez (franjas verdes olivo en las mangas del uniforme)  o  del Preuniversaitario Especial Raúl Cepero Bonilla del Plan de Becas del Gobierno Revolucionario (franjas de color naranja en las mangas del uniforme )

Tras finalizar la campaña de alfabetización, Carolina y Benjamín fueron recuperando las rutinas de la existencia que antes llevaban. Regresaron a sus clases con buena parte de los conocimientos olvidados, pero enriquecidos espiritualmente con la experiencia acumulada. Ella continuó en la secundaria, mientras que su hermano tomó los cursos que le restaban para graduarse de bachillerato, de artes plásticas en San Alejandro y de profesor de inglés.

Benjamín era un joven imbuido en la creación y se había rodeado de un grupo de amigos con intereses e inquietudes afines. Juntos asistían al teatro, a conciertos y a otras actividades culturales, y tenían tertulias callejeras en las que compartían charlas y reflexiones. Podían pasar horas hablando de literatura, música, ballet, pintura e incluso filosofía. Todo eso está muy bien resumido y narrado en el capítulo titulado “Benjamín y sus amigos (1962-1963)”, que corresponde además al final de una etapa de la vida del joven.

Admitía su orientación sexual como una enfermedad


A Benjamín la juventud se le venía encima con una idea confusa o culpable de su homosexualidad. No era amanerado, abierto ni osado. Al contrario, la admitía como se puede admitir la epilepsia o el vitíligo, como una enfermedad, lo mismo que hacía la psicopatología de esos años. En sus escritos, se refería a su homosexualidad como la “flor asquerosa de mi juventud”, y hubiese querido reprimirla. No estaba preparado para resolver ese problema, mucho menos para hablar sobre él. Y cuando lo hizo con su psiquiatra, lo animaba el deseo de poderse “curar”.

(Al frente Carolina de la Torre en una actividad cultural del Preuniversitario Especial ¨Raúl Cepero Bonilla¨ )

Y a propósito de los tratamientos que recibió, Benjamín le contó a una amiga que el doctor Eduardo Gutiérrez Agramonte lo sometió a su llamada “Nueva modalidad del tratamiento de la homosexualidad”, que él había puesto en práctica con pleno apoyo oficial. Se trataba, como se explica en el libro, de una torturante terapia aversiva, mediante la cual se esperaba que el paciente acabase venciendo los impulsos homoeróticos debido a que le mostraban imágenes con atractivas figuras masculinas, a la vez que le aplicaban pequeñas descargas eléctricas (en otros países también empleaban vomitivos). La curación de la patología sexual se basaba en la hipótesis de que al quedar asociada la visualización con la reacción negativa producida por la electricidad, se lograría el rechazo de las figuras masculinas. “No puede ser mejor reprimir un impulso con torturas que tratar de sublimar”, le comenta a Benjamín su amiga
.

Por esos mismos años circulaban en la Isla creencias no menos descabelladas que la del antes mencionado doctor. En el fragmento de un discurso suyo reproducido en el libro, el Finado expresa esta perla: “Hay unas cuantas teorías, yo no soy científico, no soy un técnico en esa materia (Risas), pero sí observé siempre una cosa: que el campo no daba ese subproducto. Siempre observé eso, siempre lo tengo muy presente”. (A quien le interese, aquí puede leer el discurso completo acerca de los “flojos de pierna” y los “árboles torcidos”: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1963/esp/f130363e.html)

 (Fidel Castro en uno de sus discursos)

Se estaba preparando la depuración de las filas revolucionarias de todas aquellas personas que amenazaban la pureza del proyecto socialista y de la nación. La universidad fue el principal centro donde se instrumentaron y empezaron a aplicarse las medidas necesarias, pero estas se extendieron a otros sectores de la sociedad. En el discurso antes citado, pronunciado el 13 de marzo de 1963, el susodicho “no había utilizado la palabra «enfermito», que se puso de moda después, pero había abierto el camino para que otros siguieran cultivando lo que él sembró. Había hablado de vicios, de debilidades, de investigaciones de la medicina y había dicho que había que combatir la conducta antisocial como se combate una enfermedad. A partir de ahí, solo hubo que ponerle el nombre de «enfermitos» a todos aquellos que no se ajustaban a lo que ya se había dejado muy claro con anterioridad”.

A Benjamín y a un amigo suyo les tocó ser víctimas de una de las “recogidas” hechas entonces (el término se decía en los 60 y siguió diciéndose después, “como si se tratara de basura que se esconde, oculta o almacena para que no desluzca algún lugar”). Se hallaban en la cafetería El Carmelo, a donde fueron tras salir de un concierto en el Teatro Amadeo Roldán. Un comentario gracioso los hizo reír en exceso, lo cual irritó al camarero. Este pasó a insultarlos en voz alta y protestó de estar “harto de tanto pájaro aquí”. Ninguno de ellos creyó que las risas eran la causa de lo sucedido. Era obvio que los estaban cazando. Eso quedó confirmado cuando un hombre vestido de civil se les acercó cuando estaban a punto de salir. Muy educadamente les pidió sus carnets y les dijo que lo acompañasen un momento a la estación de policía. Allí se les hizo una acusación por “escándalo público y sodomía contra la ciudanía”, les levantaron un 
acta de advertencia y los dejaron encerrados esa noche. Benjamín y su amigo quedaron así fichados para engrosar un proyecto de reeducación a la manera china que ya estaba a punto de ponerse en marcha.

(Confinados en un campamento de la UMAP)

A partir de ese momento, el joven y todos los que integraban el grupo tuvieron bien claro que no se descansaría en perseguir a quienes no diesen la talla en el paradigma de moral comunista que, de acuerdo al régimen castrista, los cubanos debían alcanzar. ¿Qué opción les quedaba? Renunciar a los teatros, los encuentros en los parques, los conciertos, el arte y cualquier otra actividad que pudiera identificarlos como “enfermitos”. Eso llevó a Benjamín a comentar con tanto enfado como amargura: “¡Qué desgracia cumplir veinte años con tanta estupidez! ¡Con tantas cosas que se pudieran crear! ¿Cómo una Revolución que ha sido tan grande puede echarse de enemigos a quienes los pudieran apoyar? En el mundo hay guerras, niños hambrientos, viejos abandonados, enfermedades sin cura, qué sé yo. Pero aquí se desgastan en estos absurdos, y luchan contra cualquier cosa que les parezca una emancipación. Elisheba, ni te creas que el asunto es la patilla o el librito, sino lo que creen un símbolo de rebeldía y de libertad”.

Semanas después, Benjamín y su amigo recibieron un telegrama en el que se les ordenaba presentarse “para unirse a las filas del honroso Servicio Militar Obligatorio”. En realidad, iban a ser enviados a una de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Se trataba de campos de trabajo forzado establecidos en la provincia de Camagüey, y que estuvieron activos entre 1965 y 1968. Los Comités de Defensa de la Revolución eran los encargados de proporcionar el material humano. La denuncia por la cual el joven fue enviado a las UMAP se debió justamente a la presidenta del CDR de su zona. Años después, Blanca le escribió a esa señora una carta en la cual, entre otras cosas, le expresa: “Josefa, ¿qué afán mezquino y vil, qué pobreza de espíritu te llevaron a cometer semejante crimen? (…) Vientre podrido, vientre yermo, donde Dios no se atrevió a sembrar nueva vida. Si hubieras podido, aunque hubieses parido una víbora como tú, quizás no habrías sido tan depravada (…) Yo te maldigo desde mi vientre sagrado y puro. Te maldicen mis hijos Salvador y Carolina a que aún luchan llenos de buena voluntad y desinterés por la Revolución. Te maldice el padre de Benjamín al que has destruido al igual que a mí; te maldice mi ángel, Liz, a quien arrancaste su más puro y gran compañero y hermano. Y te maldice él desde esa tumba fría que tú abriste”.

(Confinados de la UMAP en labores agrícolas)
 
Benjamín pasó en las UMAP dos años. Fue desmovilizado por enfermedad en febrero de 1967. Mientras eso sucedía, Carolina empezó a estudiar Psicología en la Universidad de La Habana. Conoció entonces a unas psicólogas y estudiantes que habían sido enviadas a investigar la situación socioeducativa y clínica de los homosexuales retenidos en CamagüeyEn el estudio, que fue encargado por los Servicios Médicos de las Fuerzas Armadas, se concluía que los objetivos de las UMAP no estaban claramente definidos; que los campamentos parecían prisiones; que el trabajo era excesivo; que se aplicaban maltratos y castigos “ejemplarizantes”; que el énfasis casi absoluto estaba puesto en la producción. Pese a ese informe, pasaron dos años más para que las UMAP fueran desmanteladas, decisión en la cual influyeron las protestas internacionales.

A nosotros nos jodieron la esperanza

A Benjamín le tocaba ahora emprender el proceso de “reintegración social”, que supuestamente era el objetivo de las UMAP. Sabía que iba a resultar muy difícil reinsertarse en la misma sociedad que lo había segregado. Y, en efecto, lo fue. No pudo reiniciar los estudios de pintura, ni estudiar música, ni volver a la universidad. Eso fue para él lo peor, pues lo que sufrió en las UMAP pertenecía al pasado y había decidido perdonarlo. Lo más terrible era el presente, en el que no veía solución. Como le comentó a una amiga, “a nosotros nos jodieron la esperanza”. Reconoció que no era fuerte y que era incapaz de enfrentar lo que veía venir: “un desprecio que no merezco, vivir una vida sin estudios, sin libertades y sin dignidad”. El 11 de octubre de 1968, su madre lo encontró muerto, tras haberse tomado las decenas de pastillas de 
Fenobarbital que había ido acumulando en las últimas semanas. Entre las notas que antes de suicidarse redactó, dejó escrito en una dirigida a una amiga: “No ha llegado nuestro tiempo y más sensato que esperar es morir”. Tenía veinticuatro años.

Para la familia, el suicidio de Benjamín significó un golpe terrible. No hablaron mucho sobre ello, ni a la semana, ni al mes de haber acaecido. Al dolor de todos se sumaba un incurable sentimiento de impotencia y de culpa. Probablemente, a quien más afectó fue a Blanca, quien no podía soportar ni comprender la ausencia de su hijo: “Me has dejado absolutamente sola y tú sabes por qué lo digo; nadie me entiende como tú, nadie me mira con tus ojos comprensivos, nadie como tú me prestará los oídos para escuchar música”. Se indignaba además con las palabras con que algunos trataban de consolarla: “Y cuántas veces me ponen de ejemplo a las madres de los héroes, de los mártires de la patria. ¿Cómo se atreven? ¿Soy acaso la madre de Martí o de Frank País? ¿Tuviste acaso el derecho de luchar por tu causa? ¿Pudo alzarse tu voz para defenderla? ¿Se te honra o se te glorifica acaso? ¿En cuántos corazones vivirás eternamente? Y tus sublimes pensamientos, ¿de quiénes serán patrimonio?”.

En el último capítulo, titulado “A modo de epílogo: Carolina soy yo”, la autora del libro deja de ser un personaje y pasa a escribir desde la primera persona. Cuenta allí que la muerte de su hermano la cambió a ella y a los demás miembros de su familia. Confiesa que, en su caso personal, no se volvió de derecha, ni cambió radicalmente su modo de pensar. Pero se volvió más crítica, más sensible a las injusticias e injerencias en la vida privada de las personas y perdió el extremismo y la intolerancia. Eso ocurrió poco a poco, y ya después, cuando maduró y tuvo más experiencia, expresa que “no solo seguí cambiando, sino que mi camino contó con el apoyo de mi voluntad consciente de no parecerme a la persona fanática y obediente que antes de morir mi hermano pude llegar a ser; no quiero ser una más de los que callan y dicen a todo que sí”.

(Carolina de la Torre con su hijo José Manuel Calviño en Miami , hijo del psicólogo Calviño que tenía o tiene un espacio en la televisión cubana)

Esa Carolina madura, despojada de intransigencia y sectarismo, capaz de comprender que la justicia social y la igualdad no pueden alcanzarse pagando como precio la falta de libertades y los repudios ofensivos contra quienes no piensan igual, esa Carolina digo, es la que ha escrito Benjamín. Lo hizo incitada por el deber de realizarlo antes de perder las facultades imprescindibles y convencida de que poseía la motivación de poder acometerlo, aprovechando su experiencia como investigadora y su mirada de mujer y madre. De todo ello se ha beneficiado el libro, que aparte de narrar una historia de familia, recupera una página ignominiosa de la historia reciente de Cuba.

Su autora no se ha limitado a plasmar sus recuerdos, sino que antes de comenzar a redactar el libro se dedicó a rescatar y leer lo dejado por las personas que para entonces ya habían fallecido. Buscó también a los sobrevivientes y extrajo de ellos toda la información y los testimonios que pudo. Se sentó después a escribir, para tratar de entender las razones que llevaron a su hermano a inmolarse. Era consciente de que el trágico hecho se produjo como consecuencia de circunstancias políticas y sociales muy concreta, y por eso consideró indispensable incorporar alguna información sobre el contexto. Reflejó así el júbilo popular del 1 de enero de 1959, la intensidad con que se vivieron los primeros meses, el comienzo de los ataques y sabotajes, la fallida invasión de Playa Girón, pero también los discursos incendiarios, la puesta en marcha de la campaña contra los elementos considerados antisociales” y degenerados, la satanización de la música extranjera, el absurdo debate que se suscitó en torno al feeling, a partir de una crítica de Gaspar Jorge García Galló.

(Carolina de la Torre con su hija Johana y  otros familiares)

Todo eso está aparece armado a la manera de un puzle bien planificado, contado con un justo balance entre la emoción y el rigor documental. Benjamín está escrito además con un estilo claro y directo, que elude las digresiones innecesarias. Y también con una solvencia literaria poco usual en alguien que normalmente se mueve en otro campo. Asimismo, el libro posee una buscada eficacia comunicativa que hace que su lectura se siga con mucho interés. Carolina de la Torre ha contado una historia que tenía que ser salvada del olvido. Y lo ha hecho en un libro necesario y valiente.

En las páginas finales, la autora expresa su esperanza en que con su libro, “otros puedan ver sus culpas y hasta pedir perdón con humildad. Tal vez pudiera servir también como reflexión para quienes, en nombre de un supuesto deber, o de un ideal, promovieron, apoyaron, o callaron, ciertos hechos y tendencias que nunca se debieron permitir”. La publicación de Benjamín coincide con el medio siglo transcurrido desde el cierre de las UMAP. Hasta hoy, nadie ha perdido perdón por aquel oprobioso engendro, y lo más probable es que nunca nadie lo hará. Abel Sierra Medero comentó que Mariela Castro ha tratado de minimizar el alcance y dimensión de las UMAP en la historia de la Revolución, y ha asegurado que va a promover una investigación sobre este tema. Ocho o nueve años después, sus palabras no han pasado de la promesa.

(Con su hijo ¿Abel?  cuando él trabajaba en Singapur)

Por eso lo que Benjamín escribió en un poema cuando se hallaba en Camagüey, sigue siendo resonando hoy como una acusación: “Yo denuncio a los criminales verdugos/ que dicen salvar a la sociedad/ estrangulando la naturaleza./ Yo denuncio a quienes sistematizan y destruyen el amor,/ yo denuncio a aquellos que ignoran/ la naturaleza trágica del sexo,/ yo denuncio a los estúpidos/ que para purificar castran”.

© cubaencuentro.com
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Tomado de http://www.diariodecuba.com

UMAP: Castro se desencadena


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Un discurso de 1966 prueba su responsabilidad por esos campos de concentración
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Por Manuel Zayas
Barcelona
03-02-2012

¿Recuerdan aquellas declaraciones de Fidel Castro al periódico mexicano La Jornada donde decía que él había sido responsable de la persecución homófoba de los años 60 en Cuba? ¿Se acuerdan de que asumió esa responsabilidad precisamente por no prestarle atención a la persecución homófoba, por estar ocupado de cosas más importantes, como los atentados contra su vida y los planes de invasión?

Bien. Pues en uno de esos momentos en que el Máximo Líder no temía mucho por su vida ni esperaba una invasión inminente, se explayó anunciando detenciones por todo el país. Habló hasta de eliminar el pecado y el vicio dentro de la revolución. Y amenazó con la necesidad de ser sanguinarios.

El discurso es del 13 de marzo de 1966 y fue efectuado en la escalinata de la Universidad de La Habana ante un público de seguidores que aplaudía y voceaba frenéticamente.

Los campos de concentración estaban en pleno apogeo entonces: habían sido abiertos el 19 de noviembre de 1965 bajo el nombre de Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).
¿De quién había sido la idea de esos campos?

"Fidel les dio el nombre", escribió Gerardo Rodríguez Morejón, periodista oficial y el primer biógrafo del líder cubano, en un artículo publicado el 14 de abril de 1966 en el diario habanero El Mundo: "UMAP: forja de ciudadanos útiles a la sociedad".

¿Cuánta crueldad se administraría en esos campos de concentración cubanos? Bueno, dejemos que sea el propio Fidel Castro quien lo diga. Lo citaré in extenso, porque creo que sus palabras no tienen desperdicio. El enfásis en las frases es mío, y el discurso está (todavía) accesible en el portal gubernamental que contiene sus discursos :

"Lógicamente, si la Revolución, abandonando su carácter paciente, hubiese querido un día arreglar cuentas con unas pocas decenas de sujetos, todos los cuales sabemos en qué esquina se paran, qué hacen, qué hablan, con quiénes se juntan, a qué bar van a tomar —porque son unas pocas decenas—, y los conocemos a ellos y a todos sus amigos, en dondequiera que están; si la Revolución, abandonando sus métodos de paciencia, hubiese querido un día arreglar cuentas con todo ese lumpen si queremos llamarlo ‘lumpen revolucionario...’ ¿y por qué llamarlo ‘lumpen revolucionario’? Porque se hacen pasar por revolucionarios, pero criticando todo el día a la Revolución; se hacen pasar por gentes que no están del lado de allá, sino del lado de acá. Y, claro, del lado de allá posiblemente no iban a vivir mejor de lo que han vivido, como parásitos, sin hacer nada." [El énfasis en esta y otras frases es del autor del artículo.]

(Fidel Castro)

"¿Cuántos son? Pues les puedo asegurar que no pasan de 50, exagerando mucho, exagerando mucho. Esos elementos del amiguismo, de la piña, de las fiestas, de las juergas, del vicio, del parasitismo, que han querido estarle cobrando el precio a la Revolución, en estos siete años, de lo que hicieron. Y mientras muchos murieron, y otros muchos después del triunfo de la Revolución se han acabado la vida trabajando, hay unas pocas decenas de gentes que se han pasado el tiempo cobrándole a la Revolución el precio, de lo poquito que hicieron, en algunos casos más, en algunos casos bastante, y en algunos casos nada —y, por cierto, esos que han hecho un poco más que lo que los demás son muy pocos. Por sus nombres los podríamos enumerar a todos. Pero, ¿para qué? No hace falta."

"En este caso —como decíamos nosotros— lo que hay que liquidar no es el pecador sino el pecado. Y sencillamente a ese elemento parásito de la Revolución, ¡con ese elemento vamos a ajustar cuentas, y estamos ajustando cuentas! (Aplausos.)"

[...]

"Y nuestro problema con estos señores tenemos que resolverlos sencillamente. Son unas pocas decenas. De esas pocas decenas, unos tendrán que ir a la cárcel por delito de tipo común, sencillamente por desfalco, uso indebido de fondos; otros tendrán que ir al Servicio Militar; otros tendrán que ir a la UMAP, Unidades Militares de Ayuda a la Producción; y otros tendrán que ir a centros de rehabilitación de acuerdo con las disposiciones del Código de Defensa Social. (Aplausos.)"
"Ha sido necesaria esta amarga experiencia, esta dolorosa experiencia."

"Y como yo decía, lo importante no es fusilar a tres o cuatro, y que unas cuantas gentes más siguieran en la 'dulce vita'. Y además, creando las condiciones que viabilizan estos pecados."

[...]

"Y nosotros, partiendo de este amargo ejemplo, sin matar un mosquito, sin que se derrame la sangre de un mosquito, y siempre que se pueda ganar una batalla sin que se derrame la sangre de un mosquito, ganemos la batalla sin derramar la sangre de un mosquito. (Aplausos)" "Y cuando no quede más remedio que derramar la sangre de muchos mosquitos, o muchos gusanos, pues entonces derramemos la sangre de los gusanos. Porque si estamos en defensa de la Revolución dispuestos a que se derrame la sangre de los revolucionarios, no vacilaremos en derramar la sangre de nuestros enemigos cuando las circunstancias lo exijan. (Aplausos.)" "¿Qué ocurre con esa gente que hacen tales cosas? Desalientan al trabajador, desmoralizan al trabajador."

[...]

"No vamos a fusilar a esa gente, no; en otros sitios los han fusilado, pero de verdad que lo que debemos es fusilar el vicio, porque en eso hay muchas responsabilidades. Todos tenemos responsabilidades, ¡todos! Tomar conciencia de esos vicios y erradicarlos es lo que corresponde hacer, y algunos pepillitos de estos mandarlos al Servicio Militar Obligatorio (aplausos), o mandarlos a la agricultura, sean quienes sean y llámense como se llamen. (Aplausos.) ¿Privilegios en el seno de la Revolución? (Exclamaciones de: '¡No!'); ¿derechos feudales en el seno de esta Revolución? (Exclamaciones de: '¡No!'); ¿apellidos en el seno de esta Revolución? (Exclamaciones de: '¡No!') Pues bien, luchemos contra eso y habremos sacado el más saludable fruto de esta experiencia amarga."

"Tenemos a unos cuantos señores arrestados. No les va a pasar nada, nadie se asuste; simplemente estamos investigando algunas irregularidades, algunas inmoralidades, algunas faltas que están sancionadas por el Código Penal. ¿Viciosos en el seno de la Revolución? ¡No! Porque, en todo caso, lo mandamos a un hospital para que lo curen; si está loco, a un manicomio, pero que no estorben. Hay mucho que hacer, hay mucho que trabajar." "¿Guapos por la calle? ¡No! Si son guapos haremos boxeadores con ellos, o algo por el estilo, a ver si, no sé."
"Y les advierto que esta es la atmósfera capitalina, estos vicios son capitalinos. Una ciudad grande tiene las características de una ciudad grande.Estos vicios no son propios de las capitales de provincias, son propios de nuestra capital. ¿Qué lo ha alentado? Cierta impunidad, cierto historial de quienes han sido genuinos representantes de esos vicios." "Y ha llegado la hora —como decía—, sin matar un mosquito, de ponerle fin a todo esto. Y, desde luego, le pondremos fin sin violencia. Habrá que, desde luego, en algunos casos interrogarlos, hacer investigaciones, hacer ciertas inquisiciones, y las estamos haciendo."

Castro contra Castro

Las decenas de arrestos anunciados por Fidel Castro se convirtieron en decenas de miles. Alrededor de 25.000 hombres en edad del servicio militar acabaron en los campos de concentración de las UMAP: hippies, homosexuales y religiosos.

La crueldad admistrada implicaba la tortura física, el trabajo forzado y hasta el fusilamiento. Fidel Castro había pedido sangre de ser necesario. Todas estas medidas él las definió así: "Ha sido necesaria esta amarga experiencia". Él, el Gran Inquisidor.

Pese a sus lapsus mentis reconociendo una responsabilidad indirecta con las UMAP, Fidel Castro nunca ha pedido perdón por sus crímenes. Hasta su sobrina tuvo que salirle al paso y decir que no, que él no era responsable de nada.

"Pedir perdón sería una gran hipocresía. (…) Me alegro que aquí no se pida perdón, sino que se traten de establecer reglas y leyes para que nunca más ocurra", dijo Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

Poco tiempo después, Mariela Castro pidió investigar qué sucedió en las UMAP, cerradas en 1968. Pero, ¿se imaginan a un familiar de Adolf Hitler dirigiendo el Tribunal de Nüremberg? ¿A un pariente de Iósif Stalin ordenando investigar los crímenes perpetrados en los gulags soviéticos? ¿A la viuda de Augusto Pinochet condenando los crímenes de su marido? ¿Se imaginan?

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