domingo, mayo 14, 2023

Zoé Valdés: MI MADRE.

 
Tomado de https://zoevaldes.net/

MI MADRE.


Zoé Valdés cargada por su joven y bella madre

Por Zoé Valdés.

La escritora Jacqueline Goldberg me pide un texto sobre las madres cubanas. He pasado toda mi vida escribiendo sobre mi madre, y escribiéndole a mi madre, poemas, novelas, y por supuesto, cartas. Lo mismo a mi abuela. El día en que en Cuba por fin existan la libertad y la democracia debiéramos hacerle un monumento a las madres y a las abuelas de Cuba. Más parecidas a las madres judías, luchadoras y protectoras, que a la madre típica del realismo socialista de Maksim Gorki, las madres y las abuelas cubanas han sido las grandes sacrificadas del castro-comunismo. Heroínas anónimas, olvidadas por la gran mayoría de los colectivos feministas o en defensa de la mujer y de la ancianidad. Vejadas y oprimidas por los machistas-leninistas del poder en el antiguo archipiélago transformado por obra y gracia del odio rojo en Aquella Isleta de Todos los Pesares.

Mi madre apenas se veía retratada en mis novelas, más bien leía en ellas el retrato de las mujeres de su generación. “No soy yo, son ellas, somos todas”, decía. Mi madre tampoco estaba demasiado orgullosa de lo que yo escribía, invariablemente exigía siempre más de mi, para ella yo podía ser mejor de lo que era. Lo que más leía de mi, comentaba con sus amistades, no eran mis libros, eran mis cartas. Y sobre todo las cartas enviadas desde las escuelas al campo, esa experiencia tan desastrosa por la que nos obligaron a pasar de manera obligatoria desde la edad de los doce años hasta los diecisiete.

Nos separaron abruptamente de nuestros padres, nos enviaron a albergues en medio de campos abandonados. Nos obligaron a trabajar rudamente desde las cinco de la madrugada hasta las nueve de la noche, sin resuello, mal abrigados, peor calzados, y onerosamente desnutridos. Ellos, nuestros padres, debían andar por esos caminos de Dios, de terraplenes y campos desolados, para los domingos por fin poder llevarnos algunos alimentos que antes debían de “forrajear”, de sacar de debajo de la tierra, de inventar, como el “famoso” biftec de frazada de trapear piso adobado con una salsa grisácea y amarga.

En uno de aquellos viajes mi madre se quedó dormida a orillas de la Laguna de Ariguanabo. La guagua, el bus que debía recogerla, la olvidó, y ella caminó hasta que no pudo ni con su alma. Durmió toda la noche en medio del campo, aterrada, aunque un poco aliviada porque había podido dejarme cuatro latas soviéticas de leche en conserva, un brazo de gaceñiga dura, un nailon con galletas zocatas, café de la cuota de un mes por la libreta de racionamiento en un termo, y las pocas chucherías que había podido encontrar en el Mercado Negro.

Mi madre lloraba esos domingos de abulia y calor infernal al verme cada vez más flaca, enferma, sucia y hambrienta, sollozaba cuando yo le pedía que me sacara de aquel espantoso campamento, que si abuela estuviera viva no se lo perdonaría, pero ella no podía hacerlo: la Revolución castrista había situado su poder de madre por debajo del poder político de un sistema educacional abusador y nefasto.

Mami sufrió toda su vida por culpa de esa maldita Revolución. Primero porque no sabía, no podía sopesar cuál sería mi futuro, después porque una vez que me largué, no sabía si volvería a verme y si volvería a ver a su única nieta.

Ahorrémonos la pesadilla del encarcelamiento de mi padre, ahorrémonos los abusos cometidos en su contra en el trabajo como camarera porque ella evitaba destacarse en las tareas políticas extras, los horarios impuestos de madrugada, las guardias a deshora para “cuidar la Revolución” antes que cuidar a su hija, los esfuerzos para nada, la pobreza, el hambre, la desolación.

Pero cuando más hicieron sufrir a mi madre fue precisamente cuando yo alcancé mi libertad y empecé a publicar mis libros fuera, desde el exilio. Los cederistas y chivatones la atacaban en las calles, lo hacían por ser la madre de una gusana, o sea yo. Le daban mítines de repudio a toda hora, la perseguían a los lugares más improbables. La citaron en innumerables ocasiones a Villamarista, principal centro de la DSE (Departamento de la Seguridad del Estado) de torturas e interrogatorios, para propinarle vejaciones y someterla a insultos e intensos interrogatorios de hasta seis horas. A una señora de setenta años.

Para poder liberar a mi madre y sacarla por fin del infierno comunista debí comprar su libertad al mismo oficial-militar que la acosaba y humillaba. Un día contaré esta historia en detalles en una novela o en mis memorias.

Mi madre llegó a París después de seis largos años de intensas angustias y sometida a un tratamiento psiquiátrico-médico. Las autoridades castristas no le permitían la salida del país, única y exclusivamente para castigarme a mi; llegó muy enferma, murió dos años después de haber podido contarme todo y de haber disfrutado, aunque poco, de su nieta. Nunca perdonaré el padecimiento con el que castigaron a mi madre, por el único hecho de ser mi madre.

Un simpático refrán cuenta -más o menos- que Dios al ver que no atinaba a ocuparse de todo creó entonces a la madre judía para que lo socorriera y ayudara. No se me ocurre más que algo muy similar relacionado con la madre cubana: Dios no podía salvar más él solo la dignidad de este mundo y creó a las dignas madres cubanas.

Zoé Valdés.

Mami murió el 5 de agosto del 2001, en París.

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domingo, noviembre 20, 2022

Dimas Castellanos desde Cuba: La otra cara de la enseñanza en Cuba: el 'hombre nuevo'

 


Tomado de https://diariodecuba.com/

La otra cara de la enseñanza en Cuba: el 'hombre nuevo'

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Evidentemente, Ernesto Guevara no había leído a estudiosos de las características del cubano como Fernando Ortiz y Jorge Mañach.

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Ernesto Guevara del Serna conocido como ¨Che¨Guevara

Por Dimas Castellanos

La Habana

19 noviembre 2022

El proyecto de ingeniería social para crear un "hombre nuevo", iniciado desde los primeros años de la revolución y teorizado por Ernesto "Che" Guevara en El socialismo y el hombre en Cuba, fracasó.

En ese texto tomó como referente a las acciones revolucionarias y a otros hechos protagonizados por un puñado de hombres, a partir de los cuales elaboró una fórmula dirigida a convertir esas actitudes en conductas generalizadas y cotidianas.

La lógica de su análisis está contenida en nueve citas tomadas de El socialismo y el hombre en Cuba:

  1. La lucha guerrillera se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar, y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor del movimiento, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo. Esa vanguardia —según sus palabras— fue "el agente catalizador que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria".
  2. "La iniciativa parte en general de Fidel o del alto mando de la Revolución y es explicada al pueblo que la toma como suya. Otras veces, experiencias locales se toman por el Partido y el Gobierno para hacerlas generales, siguiendo el mismo procedimiento."
  3. "(…) la educación se ejerce a través del aparato educativo del Estado en función de la cultura general, técnica e ideológica, por medio de organismos tales como el Ministerio de Educación y el aparato de Divulgación del Partido."
  4. "Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma."
  5. "El grupo de avanzada es ideológicamente más avanzado que la masa (…) Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que les permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos solo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no solo sobre la clase derrotada, sino también, individualmente, sobre la clase vencedora."
  6. "(…) la libertad, porque esta no existe todavía, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva."
  7. "Los dirigentes de la Revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde al marco de los compañeros de la Revolución. No hay vida fuera de ella."
  8. "El revolucionario, motor ideológico de la Revolución dentro de su partido, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial."
  9. "Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción."

Desconocedor de la idiosincrasia del cubano y de los seres humanos en general, Guevara estableció una relación entre la vanguardia y la masa; concepto este último que designa a un sujeto colectivo, dotado de una falsa ilusión sobre lo real, caracterizado por el desprecio a su propia autonomía; todo lo contrario del ciudadano.

Según su análisis, la lucha guerrillera se desarrolló en dos ambientes distintos: "el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar, y su vanguardia, la guerrilla, generadora de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo". Su propósito era perpetuar esa actitud heroica de la vanguardia en la vida cotidiana de las masas para conformar al hombre nuevo.

Guevara partió de una dicotomía. De un lado dirigentes capaces; de otro lado dirigidos que deben ser compulsados a través del aparato educativo del Estado. En ese proceso —según su discernimiento—, los dirigidos van adquiriendo conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad. Este planteamiento significa que los cubanos, a pesar de contar con varios siglos de historia, estaban fuera de la sociedad y que la vanguardia, ideológicamente más avanzada que la masa, debe someter a esta mediante estímulos y presiones de cierta intensidad. Es decir, la dictadura del proletariado que Marx concibió como mecanismo de dominación sobre la burguesía, ahora la vanguardia la ejerce sobre sí misma.

La libertad, por tanto, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva, resultante de los estímulos y presiones de la vanguardia sobre la masa.

Su planteamiento de que los dirigentes de la Revolución no tienen vida fuera de ella; que los hijos en sus primeros balbuceos no aprenden a nombrar al padre; que las mujeres deben sacrificar su vida para llevar la Revolución a su destino; que el marco de los amigos es el de los compañeros de la Revolución; y que el revolucionario se consume en la actividad revolucionaria ininterrumpida, que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial; es un autorretrato, ajeno a la cultura del cubano.

Evidentemente, Ernesto "Che" Guevara no había leído a estudiosos de las características del cubano como el sabio cubano Fernando Ortiz, uno de los pensadores más destacados del siglo XX cubano y al investigador de nuestros valores, Jorge Mañach.

Ortiz, quien incorporó sus estudios científicos a la práctica política, escribió en 1919 "La crisis política cubana: sus causas y sus remedios". En esta investigación delimitó un conjunto de factores negativos que conservan su validez en el presente: una cultura deficiente en las clases directoras que impide refrenar sus egoísmos; la impulsividad, una debilidad psicológica del carácter cubano que nos lleva con frecuencia a actuaciones intensas, pero rápidas, precipitadas, impremeditadas y violentas. Mientras Mañach, consideraba que el negocio más serio que Cuba tenía en sus manos era la mejora de su material humano, de lo cual todo lo demás depende.

A manera de conclusión

Sin tener en cuenta lo investigado por estos y otros estudiosos de nuestra idiosincrasia, Ernesto Guevara adelantó un modelo de familia que se intentó inculcar en la Escuela al Campo, mediante la adhesión a las ideas comunistas, el ingreso forzoso en internados y la sustitución del papel de los padres por el Estado. Una vía que se ha demostrado imposible para el mejoramiento del material humano.

El resultado del proyecto de ingeniería social no merece comentarios. Basta mencionar solamente a los cientos de miles de jóvenes cubanos que, en vez de convertirse en el hombre nuevo, decidieron escapar de Cuba, por vías legales o ilegales arriesgando sus vidas para realizar sus proyectos en cualquier otra parte; y de otros cientos, que fueron y siguen siendo separados de sus estudios; y miles detenidos y/o condenados a elevadas pena de cárcel por hacer uso de la libertad de expresión.

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domingo, octubre 23, 2022

Dimas Castellanos desde Cuba: La otra cara de la enseñanza en Cuba: la Escuela en el Campo

 
Tomado de https://diariodecuba.com/

La otra cara de la enseñanza en Cuba: la Escuela en el Campo

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El régimen tenía en 1972 un gravísimo problema: 750.000 jóvenes en edad escolar ni estudiaban ni trabajaban. ¿Qué iba a ser del 'hombre nuevo'?

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Por Dimas Castellanos

La Habana

22 octubre 2022

La combinación del estudio y el trabajo —experimento instaurado desde los primeros años de la Revolución— derivó en la "Escuela al Campo por 45 días", que consistió en la movilización de los estudiantes de las enseñanzas media y media-superior a actividades agrícolas durante ese período en cada curso escolar. La Escuela en el Campo fue la continuidad de la Escuela al Campo. Esa segunda modalidad incluyó a las Escuelas Secundarias Básicas (ESBEC), donde los estudios se combinaban con  el trabajo durante todo el curso en internados construidos en zonas rurales.

Ambos métodos estaban dirigidos a convertir a los estudiantes en fuerza productiva, y continuar la formación del "hombre nuevo", iniciada desde 1959 con la militarización de la enseñanza, propósito que Ernesto Guevara teorizó en "El socialismo y el hombre en Cuba".

El plan en su primera modalidad (Escuela al Campo) incorporó las movilizaciones masivas de estudiantes a la agricultura los fines de semana siempre que se considerara necesario, y 15 días del período vacacional de julio y agosto. Involucró, asimismo, a los jóvenes de todos los niveles de enseñanza: en la primaria se le denominó Fuerzas de Acción Pioneril (FAPI); en secundaria, y preuniversitario, Brigadas Estudiantiles de Trabajo (BET) —además de los 45 días en el campo—; y en la enseñanza superior, las Brigadas Universitarias de Trabajo Social (BUTS).

La intensificación del plan ocurrida en los años 70 fue determinada por la presión que el boom de nacimiento de la década anterior ejerció sobre la necesidad de nuevas aulas y maestros. La base económica para sostener tan costoso proyecto fue posible gracias al mejoramiento de las relaciones con la URSS, y posteriormente a los préstamos e inversiones de los países capitalistas.

Adoctrinamiento, militarización y hombre nuevo

Según cifras citadas por Fidel Castro en su discurso de clausura del II Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), el 4 de abril de 1972, la población de jóvenes y adolescentes entre 12 y 18 años ascendía entonces a aproximadamente un millón, del cual 250.000 estaban estudiando y 750.000  —mayores de 16 años atrasados de la escuela primaria— ni estudiaban ni trabajan.

La forma de la ejecución del plan la definió el líder de la Revolución de la siguiente manera: "La mitad de esos 750.000 son mujeres, que no estudian, que no adquieren un oficio, y que trabajarán si quieren o no. […] No están ni en la escuela, ni están en la fábrica, ni son estudiantes, ni están en la Juventud (UJC). ¿Quién las educa? ¿Cómo las educan? Y esos son problemas reales, que tenemos que encontrarles solución […] En 1980 los comprendidos en esa edad llegarían a ser más de un millón y medio; otros dos millones y medio de menos de 12 años; por tanto, hasta la edad de 25 años habrá una masa de unos de cinco millones […]. Es con relación a esa masa que la Unión de Jóvenes Comunistas tiene que trabajar […] El problema lo vamos a resolver […] Aplicando consecuentemente el principio de la combinación del estudio y el trabajo, aplicándolo en todos los niveles de la enseñanza. […] Vamos a empezar por los centrales azucareros. Y después, cuanta fábrica se construya en este país, con la industria hay que construir al lado el politécnico […] Cuanta fábrica importante se haga en este país hay que construirle la correspondiente instalación escolar al lado, para que se combine allí el estudio y el trabajo".

Transcurrida más de una década de poder revolucionario, 750.000 jóvenes en edad escolar —la materia prima para producir al hombre nuevo— ni estudiaban ni trabajaban. Cifra que, según las palabras de Fidel  Castro, aumentaría hasta unos cinco millones para 1980. La combinación del estudio y el trabajo, que antes se había implementado de manera esporádica, ahora asumía carácter permanente, lo cual requería de la construcción de escuelas y la formación de maestros.

Con ese fin, en septiembre de 1972 —en un mismo día— se inaugurarían 40 ESBEC con capacidad para 20.000 alumnos; en 1973 se abrirían capacidades para otros 80.000 estudiantes; en 1974 las capacidades nuevas no bajarían de 100.000 por año. "De manera —expresaría Fidel— que en 1980 podemos tener un millón de jóvenes de ambos sexos estudiando y trabajando, entre los 12 y los 18 años".

En cuanto a los maestros, en aquel mismo discurso planteó: "Hay que desarrollar, a través de las organizaciones estudiantiles y de la Juventud (UJC), un movimiento de captación de jóvenes de décimo grado para que marchen a enseñar a las secundarias en el campo, bajo la dirección de profesores con más experiencia, e inscribiéndose en el Instituto Pedagógico […]. No hay otra fórmula que acudir a los alumnos del décimo grado, y reclutar no menos de 2.000 este año, y no menos de 5.000 el próximo año. Y así sucesivamente".

¿Cuál fue el resultado?

En las Escuelas en el Campo se destinaron millones de toneladas de cemento, así como otros tantos millones de toneladas de petróleo que la URSS enviaba a Cuba para los casi 2.000 ómnibus rusos encargados de transportar a los estudiantes semanalmente hasta sus viviendas. Se edificaron cientos de escuelas habilitadas con modernos laboratorios, y se garantizó una alimentación adecuada.

Tal estructura logística, que siempre fue insostenible, se derrumbó con la perestroika soviética encabezada por Mijaíl Gorbachov, quien disminuyó las subvenciones de dicho plan. El golpe a la dependiente economía cubana ocasionado por la posterior caída de la URSS, impactó en todos los órdenes de la vida en la Isla, y el sistema de educación no fue la excepción.

Para solucionar el colapso derivado de la insuficiencia crónica de personal docente —agravada ahora por la migración y el flujo masivo de maestros hacia otros sectores como el turismo en busca de mejores condiciones de vida o salarios más altos—, se formaron  miles de maestros "emergentes" y se nombró un profesor general integral para cada 15 alumnos, que impartía todas las materias excepto Inglés y Educación Física. Algunas de esas escuelas contaron con banda de música, cuyos instrumentos fueron adquiridos en países como Inglaterra y Austria.

A pesar de la gigantesca inversión en construcciones, equipamiento de primera clase, alimentos y transporte, el experimento dirigido a aumentar la producción agrícola, crear al hombre nuevo y convertir a Cuba en "el país más culto del planeta", se fue a bolina.

Unos años después, con los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido Comunista (2011), el programa de la Escuela al Campo fue desapareciendo. Los edificios fueron abandonados y desmantelados. Algunos se convirtieron en viviendas para los campesinos que se comprometieran a repararlos con el fin de garantizar la fuerza de trabajo en el campo, mientras otros pasaron a refugios para damnificados de los fenómenos atmosféricos. O sea, se los tragó la tierra.

Desde el punto de vista antropológico, el desgajamiento de los jóvenes de sus familias a tan temprana edad provocó traumas en niños y adolescentes que trabajaban como adultos sin ser remunerados, mientras el deterioro de las condiciones materiales  en las instalaciones y las particularidades del sistema creado, propició un clima de promiscuidad y depauperación de la condición humana, que incidió en la deformación  de varia generaciones de cubanos.

En las Escuelas en el Campo aquellos jóvenes "medio descarriados" que Fidel Castro mencionó en la clausura del II Congreso de la UJC, que ni estudiaban ni trabajan, en su mayoría se acabaron de "descarriar". Y el país recogió lo que se sembró. Lo positivo, si algo positivo hubo en el Plan de las Escuelas en el Campo, fue demostrar que tal método, lejos de materializar en la práctica el propósito martiano de educar, lo tergiversó y pervirtió en sus raíces más profundas.

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viernes, mayo 15, 2020

Sobre Cuba: Carta y video de la actriz Judith Gonzalez a Mariela Castro sobre la Escuela en el Campo

UniVista TV
Mayo 15, 2020

Judith González explota contra Mariela Castro


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De Judith Gonzalez a Mariela Castro
11 de mayo de 2020

Yo fui de las que tuvo que pasar la Escuela en el Campo, exactamente en un pueblito pequeño llamado Ceballos, solo fue bueno estar allí porque de aquellos 3 años aún conservo muy buenos amigos que sobrevivimos casi todos a esa etapa! Pero te voy a resumir lo que que es estar en una Escuela en el Campo a los 16 años.

Nadie me dio opción de elegir, tenía que ir a la escuela al campo porque sino donde me graduaba de Pre Universitario?

Siempre he sido muy alérgica y mi piel siempre estaba llena de picadas de mosquitos que fácilmente se infectaban, mis piernas se ponían tan feas que me daba vergüenzas estar en Sayas, solo mis Padres y yo sabemos cuánto sufrí..

pero eso es pequeño cuando recuerdo cada amanecer yendo para el campo a cargar jolongos de naranjas, 100 creo era la meta sino estabas castigada y eras señalada como incumplidora, nos ponían una compañera La Jefa de Brigada, que nos exigiera cumplir la meta del día, éramos trabajadores cumpliendo metas, comernos unas naranjas muchas veces se convierto en un acto de desobediencia.

En la escuela al campo aprendimos a defendernos, aquello era como una presión con una rueda de casino los Miércoles Culturales, no Jodas que las Escuelas en el campo era ir a pasarla bien... A mi al menos no me dieron otra opción, ojalá hubiera podido elegir quedarme en casa, estudiar desde mi casa o tener otra opción para hacerlo de otra manera En las Escuelas en el Campo, supe de amigas abusadas, amigas con enfermedades como la diabetes allí tenían que estar, los maestros haciendo guardias en los pasillos de Madrugada sin poder descansar. En fin, crearon un sistema que nuestra generación lo vio cómo escapar de casa, porque en pura adolescencia los jóvenes querían salir de casa fuera cual fuera el motivo, sin darnos cuenta que todo aquello era una trampa en la que no teníamos opciones

(Raúl Castro, Fidel Castro y Mariela Castro, hija y sobrina respectivamente de ambos tiranos. Fotos y comentarios añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Te pregunto Mariela Castro tú fuiste a la Escuela en el Campo? Tú te levantaste alguna vez a la 6 de la mañana a guataquear un surco de tierra en botas de gomas, bajo pleno sol ardiente sin desayunar ?
Tú te has subido en una escalera con un jolongo recogiendo naranjas de la mata y tener que recoger 100 jolongos llenos de naranjas al día?

Tú te has bañado con agua fría, desnuda sin privacidad, delante de 20, 30 mujeres con un pedacito de jabón y de pronto sentir una voz que dijera , - Mariela préstame el jabón.

Alguna vez Mariela tú has sido obligada hacer algo que no has querido hacer?, has tenido la fortuna de poder elegir?

Yo tuve que hacer muchas cosas en Cuba que no quería hacer.

Decir por ejemplo Seremos como el Che, sin saber ni quién era el Che

Ir a la escuela en el Campo sin querer ir.

Ay Mariela Castro mira que tú hablas Mierda, tú no has vivido nada de lo que le ha tocado vivir a todo un pueblo para que vengas hablarme de lo que tú no conoces...

porque mejor no hablas que se siente dormir en aire acondicionado, desayunar leche todos los días, viajar cada vez que quieres, y mejor aún, habla de la cantidad de Fusilados en Cuba durante la Dictadura Cubana, mejor háblanos de tu infancia, de tu Vida de millonaria mientras que tú Pueblo se hunde en la miseria, de esas cosas tú si puedes hablar pero de las Escuelas en el Campo no jodas, que sabes tú de eso!

(Aquí el link del disparate)
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jueves, mayo 14, 2020

Sobre Cuba: Carta abierta a la individua Mariela Castro Espín de Víctor Mozo, un ex confinado de los campos de trabajos forzados de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción conocidas como UMAP


Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En los últimos años de la década de los años 60 del pasado siglo XX un ex cuñado de Pablo Milanés me habló  cómo pocos años atrás  su hermana, que era la esposa  de Pablo Milanés,  tenía que ir  a Camagüey para   visitar y llevarle jabas a Pablo cuando estaba  en la UMAP.

En el curso escolar  1965-1966   y cursando el segundo año de Preuniversitario (onceno grado)  nos llevaron a todo el Pre a la primera  ¨Escuela al Campo¨ de más de un mes a la región de Manga Larga, cerca de Ciego de Ávila y de los centrales azucareros Cunagua  y Violeta; los mosquitos eran abundantes a cualquier hora del día y sobre todo por la mañana y al atardecer; la comida era inversamente proporcional a los mosquitos y sólo ¨escapamos¨por los pudines de pan que vendían en una casa  del batey o caserio  que quedaba cerca del campamento. Cuando empezó a llover, fue tal la intensidad y la frecuencia que  evacuaron en tren  (la única vía de comunicación)  a todo el campamento ( ¨Manolín¨ era el lugar donde estaba el campamento)  para llevaros a  lugares más altos; los rieles por el que iba el tren  estaban bajo el agua y no se veían. Nos llevaron a un campamento que había sido de la UMAP, el cual parecía un campo de concentración por las muy altas cercas (14 pelos de ¨alambre de púas¨)  y las garitas de vigilancias de las postas. Pese a que nosotros no estábamos bajo el régimen  de los miembros  de la UMAP, nos sentíamos  deprimidos de sólo  estar en ese lugar.

Una observación: en la UMAP habían individuos que pese a ser forzados a pertenecer a ella, optaron por  ser represores de sus compañeros de infortunios; eran los llamados ¨cabos¨, los cuales recibían algunos pequeños privilegios  por ayudar al personal militar de la tiranía a reprimir; de esos individuos apenas  se ha hablado.  No tengo conocimiento que Pablo haya sido ¨cabo¨.

La canción 14 pelos y un día fue compuesta por Pablo Milanés cuando estaba en la UMAP.; he aquí un fragmento:**********

Catorce pelos y un día, de Pablo Milanés, del disco Canta a Nicolás Guillén


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Por Victor Mozo
Crabtree
9 de mayo 2020

Carta abierta a la individua Mariela Castro Espín:

Individua:
Carta abierta a la individua Mariela Castro Espín:
Individua:

Sí, me dirijo a usted como individua por lo despreciable que es, por su falta de humanidad, por su bajeza sin límites, por su falta de respeto hacia todos aquellos que directa o indirectamente, pasamos por los tristes campamentos de las UMAP.

Harto conocida es su manera de insultar, de vejar a través de sus palabras y gestos. De mi padre y de mi tío lo aprendí, debería argüir. Lleva usted en sus genes la peor de las semillas.

Para ponerla fácil en su entrevista cargada de mísera propaganda y dirigida nada menos por otro que bien baila como lo es el también individuo Edmundo García, dice usted, individua, que las UMAP es un asunto “muy sobredimensionado y distorsionado”. Se equivoca usted, miserable individua.

Compara usted los campamentos de las UMAP con las escuelas al campo. Habla usted de servicio militar obligatorio. Permítame reír para no llorar, aunque mi risa sea sardónica.

Permítame aclararle, primeramente, individua, usted que se llena la boca para defender a todos los homosexuales, sobre todo a aquellos que comulgan con sus mentiras y sus delirios de defensora de oprimidos, que los homosexuales en los campamentos de las UMAP eran la minoría y que ni ellos ni nosotros los heterosexuales nunca debimos estar allí.
Escuelas al campo dice usted, individua. 

(Raúl Castro Ruz, Fidel Castro Ruz, padre y tio de  la ¨individua¨  Mariela Castro Ruz)

Como me recuerda mi buen amigo y compañero de infortunio en aquellos aciagos años 60 Pedro Bencomo:
“Era como una escuela al campo… excepto por la alambrada de púas, los guardias armados, las jornadas de trabajo de sol a sol, los castigos físicos y mentales, el aislamiento de nuestras familias, el hambre, la sed… ¿Servicio Militar? La ley del SMO establecía la edad entre los 16 y 27 años, en mi unidad los había de 16 hasta casi 60, teníamos de cuartelero permanente a un señor de La Habana, cojo y blanco en canas. Nuestro sanitario, Joaquín, era un antiguo enfermero del hospital psiquiátrico de Mazorra que ya tenía nietos”.

Añado yo en mi campamento al pelirrojo cuarentón que le faltaban tres dedos en una mano, al epiléptico de Nuevitas, al testigo de Jehová que torturaban sin piedad. Escuela al campo dices, individua. Servicio Militar dices, individua.

Dice usted que fue su nada ilustre tío Fidel quien conjuntamente con el partido comunista y otros organismos hicieron una investigación que acabó con el cierre de las UMAP. La mentira tiene patas cortas, pero qué es la mentira para usted, individua. Para usted la mentira es como una prenda de vestir que se pone a diario. No, la UMAP terminó cuando gracias a un periodista canadiense llamado Paul Kidd y otras fuentes filtraron la verdad.

Todo lo que usted habla, todo lo que usted escribe o menciona, individua, sale directo de las cloacas más inmundas de su ser, de casta le viene al galgo, por supuesto. ¿Qué otra cosa puede esperarse de usted, individua, que usa el poder que le otorga una casta maloliente? ¿Qué pida perdón? ¡Jamás, por supuesto!

Calificó usted recientemente de garrapatillas a aquellos que hacen activismo fuera de las instituciones estatales en Cuba. Mire usted, individua, fíjese bien, la garrapatilla es la proyección de usted misma y de toda una familia que desde hace 60 años le succionan la sangre a todo un pueblo.

Firman esta carta este servidor más los vejados, los suicidados, los torturados, los familiares que vivieron momentos de desasosiego y un gran etcétera. Muchos, como mis buenos amigos Luis Peix Riverón y José Pradas Casellas que ya no están entre nosotros.
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Entrevista en español  de Dariel Fernández a Víctor Mozo en el programa The True Show with Dariel Fernandez

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La Familia Perez
12 de mayo de 2020

Roberto San Martin explota contra Mariela Castro


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¿Qué fueron las UMAP?

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Trabajos forzados, reeducación política, tratamiento de la homosexualidad como enfermedad, instrumento para la modernización del ejército... Joseph Tahbaz ha publicado un estudio enjundioso sobre el tema.
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Por Antonio José Ponte
Madrid
 23 Feb 2014

La pregunta del título podría aparecer también en tiempo presente, y no porque las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) se encuentren en funcionamiento, sino porque este tema constituye deuda pendiente.

El presente sería entonces el de las interrogantes que esperan por contestación: ¿Qué son las UMAP?

Joseph Tahbaz ha publicado en una revista especializada la aproximación más completa que conozco sobre el tema: "Demystifying las UMAP: The Politics of Sugar, Gender, and Religion in 1960s Cuba".

Tahbaz nació y creció en Miami. De madre cubana y padre iraní, él se identifica como cubanoamericano. Tiene 20 años y asiste a Dartmouth College (New Hampshire), donde estudia Historia. Fue allí, en una clase de Historia del Caribe de su primer año universitario, cuando oyó mencionar  las UMAP, le sorprendió no tener noticias previas y, decidido a investigar, descubrió que apenas podía hallarse información.

Supo pronto que el tema resultaba incómodo para políticas de distintos signos. "Por un lado, a los de derecha le gusta hablar sobre la represión en Cuba, pero no les gusta hablar sobre los derechos de los homosexuales. Mientras que a los de izquierda les encanta hablar sobre los derechos de los homosexuales, pero evitan hablar de los problemas en Cuba. Y parece ser que entre este cisma ideológico y el estigma contra la homosexualidad, la historia de las UMAP casi ha sido olvidada."

Dentro de las UMAP

Según Tahbaz, las UMAP fueron campos de trabajo forzado establecidos en la provincia de Camagüey, en funciones entre noviembre de 1965 y julio de 1968. Dos años antes de que fueran internados los primeros reclusos había sido aprobada la Ley 1129 de Servicio Militar Obligatorio, que serviría como justificación oficial: se alegó que allá iban quienes no podían cumplir el servicio militar regular.

(Confinados en el trabjo en el Campo. Todas las fotos e imágenes y comentarios fueron añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano) 

Un estimado hecho por dos antiguos agentes de la inteligencia cubana eleva a 35.000 el número de reclusos. La mayoría, religiosos y homosexuales. Religiosos de diversos credos: Testigos de Jehová, abakuás, adventistas del Séptimo Día, católicos, bautistas, metodistas, pentecostales, episcopalianos, santeros, gedeonistas.

Joseph Tahbaz ha compilado un catálogo de reclusos: universitarios ideológicamente inconformes, sacerdotes, artistas, intelectuales, hippies, marihuaneros, drogadictos, prisioneros políticos, funcionarios acusados de corrupción, emigrantes potenciales, criminales, chulos, campesinos reacios a la colectivización de las tierras, vagos, trabajadores ilegales por cuenta propia… De ellos, se ocupa detalladamente de los Testigos de Jehová, los adventistas del Séptimo Día, los abakuás y los homosexuales.

Los antiguos reclusos que entrevistara le negaron que hubiese mujeres en las UMAP, aunque varios autores —Lillian Guerra, Louis Garinger y José Conesa Martínez— sostienen la presencia allí de prostitutas y lesbianas, y cabe la posibilidad de que estuviesen confinadas en campos de los cuales aquellos reclusos no tuvieran noticia.

Eran los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) los encargados de facilitar candidatos, y podía ser internado cualquiera que fuese considerado "antisocial " o "contrarrevolucionario". Tahbaz apunta que las UMAP no se mantuvieron en secreto: Fidel Castro las mencionó en un discurso de 1966, y al menos una docena de artículos publicados en la prensa cubana entre 1966 y 1967 dieron cuenta de su existencia. Sin embargo, discurso y artículos ocultaron la verdadera naturaleza de aquellos campos: llegaron a publicarse entrevistas con reclusos llenos de entusiasmo por el trabajo que hacían.

En su estudio, Joseph Tabahz expone el procedimiento seguido para la recogida, transportación y llegada, así como la composición, régimen y dimensiones de los campos. Los reclusos trabajaban largas jornadas en la agricultura de lunes a sábado (desde el amanecer hasta el anochecer durante la zafra azucarera), se les negaba la comida en el caso de que no cumplieran las cuotas de producción, recibían el mismo pago de los movilizados por el Servicio Militar Obligatorio (7 pesos) y tenían libres aquellos domingos en que no fuese programado trabajo voluntario.

Los campamentos ostentaban nombres como "Viet Nam Heroico", "Mártires de Girón" y "Héroes del Granma". En cada uno, el político a cargo se ocupaba de la reeducación de los reclusos, y las sesiones de concientización solían ser más largas los domingos. En ocasiones, sobre todo cuando recibían permiso de visita, los hacían marchar vestidos de uniforme. Seguramente con el fin de hacer creíble la versión de que aquello era una suerte de servicio militar.

Hubo, según afirma Tahbaz, toda variedad de trato por parte de los guardas, desde el abuso hasta la compasión. Pero quienes recibieron el peor fueron, indudablemente, los Testigos de Jehová. Golpeados, pasados por falsas ejecuciones, enterrados hasta el cuello, atados desnudos con alambre de púas sin comida ni agua, hundidos en la mierda de las letrinas, colgados por los brazos del asta de la bandera… No les permitían recibir visitas o correspondencia, y no gozaban de pase. Y entre las posibles causas de esa especialización del escarnio menciona Tahbaz las conexiones de su credo con los EEUU y el apoliticismo remarcado del que esos religiosos daban muestras.

¿Creadas para qué?

Sin descartar el celo ideológico y la intransigencia política que dieran lugar a la creación de las UMAP, Tahbaz estudia otros factores, de carácter económico y empresarial, relativamente desatendidos por quienes se han acercado a este tema.

Las creación de las UMAP fue, a juicio suyo, un "movimiento altamente estratégico por parte de los militares cubanos", que permitió alcanzar tres objetivos esenciales para la conversión del ejército en una institución profesional: neutralización de potenciales contrarrevolucionarios, creación de puestos para personal militar que no cumplía con los estándares de la modernización del ejército, y formación de una fuerza laboral que ayudara a reducir los costos de las numerosísimas fuerzas armadas.

De manera que no solo los reclusos estaban allí por apartarse de ciertas normas, sino también los guardas.

"La función vital de las UMAP no era matar civiles, sino aprovechar la fuerza laboral de las 'lacras sociales', sin preocupación alguna por su costo humano", resume Tahbaz. Como su estudio puntualiza, en la Cuba de los años 60 el trabajo impagado era la norma, no la excepción. Existía una creciente falta de brazos para el trabajo agrícola y se hicieron imprescindibles las movilizaciones "voluntarias" y la utilización en esas tareas de soldados y de presos políticos. La apuesta por el azúcar, que tendría su apogeo en 1970, obligó a buscar fuerza de trabajo desesperadamente. Un artículo publicado en 1967 en Verde Olivo, revista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), bajo el título "¿Qué es la UMAP?",  preguntaba cómo resolver el problema de la escasez de brazos para la zafra.

La respuesta estaba, evidentemente, en esos campos de trabajo forzado.

¡A erradicar la homosexualidad!

Las UMAP constituyeron parte de una política sanitaria de erradicación de la homosexualidad, entendida como enfermedad prevenible. Joseph Tahbaz cita un informe del ministro de Salud Pública que, en 1965, llamaba a la prevención temprana de esos casos. Cita también un artículo del Dr. Eduardo Gutiérrez Agramonte, director de la Revista del Hospital Psiquiátrico, que abogaba por tratamientos de la homosexualidad a base de descargas eléctricas y hormonas.

Investigadores de la Universidad de La Habana fueron enviados a las UMAP para estudiar la "rehabilitación" de homosexuales. Tahbaz cita el siguiente testimonio del dramaturgo Héctor Santiago:  "A veces te dejaban sin agua y sin comida durante tres días mientras te mostraban fotos de hombres desnudos, y luego te daban comida y te mostraban fotos de mujeres. Si no eras diabético y te inyectaban insulina, entrabas en shock, te orinabas, te defecabas, vomitabas… Descargas eléctricas… Perdías la memoria, y dos o tres días después no sabías quién eras, estabas catatónico y no conseguías hablar". 

El tratamiento se repetía una y otra vez hasta que los investigadores confirmaran, mediante interrogatorio, la rehabilitación del recluso paciente. Sin embargo, medio año después de iniciarlos, las autoridades suspendieron esos tratamientos, en vista de la inefectividad demostrada.

Pese a todo lo anterior, Tahbaz considera que aquellos historiadores que caracterizan las UMAP como el ejemplo extremo de una política de represión contra los homosexuales no alcanzan a describir completamente lo que fueron esos campos. Porque la política de represión del Estado abarcaba, no solo a los homosexuales, sino a toda la población cubana.

"En lugar de explicar la historia de las UMAP, muchos han tratado de defender a la revolución cubana con respecto a este tema, como si fuera la excepción de una revolución magnánima", opina Tahbaz. "Sin embargo, lo que he encontrado es que las UMAP no fueron ninguna excepción, sino una parte clave de las metas y la política de la revolución cubana."

¿Campos de concentración o no?

De los 35.000 reclusos, 500 terminaron bajo cuidados psiquiátricos, 180 eligieron el suicidio y 70 murieron por torturas. No obstante, las UMAP no podrían catalogarse como campos de exterminio, pues allí no se buscaba expresamente la muerte de los reclusos. Tahbaz niega que fueran campos de concentración, y su argumentación en este punto resulta bastante débil.

En un volumen dedicado a los campos de concentración soviéticos —Gulag. A History (la traducción al español, Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos, cuenta con varias reediciones)— Anne Applebaum traza una genealogía de los campos de concentración que se inicia en la Cuba colonial, durante la campaña de reconcentración ordenada por Weyler, pasa luego por la guerra anglo-bóer, por la colonización alemana de África, y desemboca en el  Tercer Reich y en la Unión Soviética. (Otra posible genealogía sitúa el origen de los campos de concentración, no en la Cuba del siglo XIX, sino en la Polonia del siglo anterior,  cuando los rusos aplastaron el levantamiento de nobles confederados en la fortaleza de Bar.)

(Confinados con su uniforme militar)

Abiertos en distintas épocas y países, todos los campos de concentración enumerados por Applebaum terminan unidos por esta formulación de base jurídica: "Entiendo por campos de concentración aquellos construidos para recluir a personas no lo por lo que hayan hecho, sino por ser quienes son. A diferencia de los campos para delincuentes comunes o para prisioneros de guerra, los campos de concentración fueron edificados para una categoría peculiar de prisionero civil no criminal, el miembro de un grupo 'enemigo', o en todo caso de una categoría de personas que, por razones de su raza o presunta posición política, era considerada extremadamente peligrosa o prescindible para la sociedad".

Aceptada esta fórmula, un campo de concentración puede incluir más o menos respeto por la vida de los recluidos, pero eso no cambiará su carácter. Y tampoco lo cambiarán los objetivos económicos que persiga o la reeducación a la que sean sometidos los reclusos: seguirá siendo un campo de concentración.

Las UMAP podrían entenderse, creo, como campos de concentración donde fue impuesto un régimen de trabajo forzado (como en el archipiélago Gulag) y un régimen de reeducación política, a la manera china bajo Mao Tse Tung. (Frank Dikötter se ocupa de esta última modalidad en su recién aparecido The Tragedy of Liberation: A History of the Chinese Revolution, 1945-1957.) A lo que habría que agregar una particularidad más, por breve que haya sido en la práctica: la experimentación médica en busca de "rehabilitación" para los homosexuales.

Historia por hacer

Recientemente, el investigador Abel Sierra Madero recordaba una promesa hecha hace más de tres años por Mariela Castro Espín. La directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) anunciaba entonces una investigación en marcha sobre las UMAP y, en realidad, le daba largas al asunto. Pues hasta ahora no ha aparecido artículo o resultado alguno de esa investigación.

"La historia de este período está por hacerse, aunque ya ha empezado a escribirse", afirmaba Sierra Madero, con la esperanza puesta lejos de los predios del CENESEX.

Sin dudas que  el trabajo publicado por Joseph Tahbaz es un ejemplo notable de esa empresa intelectual.

"Todavía queda mucho que decir sobre las UMAP", me ha comentado él. Para agregar: "Ojalá que mi artículo contribuya a pensar el impacto de esos campos, y ojalá inspire a más exconfinados a compartir sus experiencias".

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Joseph Tahbaz, "Demystifying las UMAP: The Politics of Sugar, Gender, and Religion in 1960s Cuba", en Delaware Review of Latin American Studies, vol. 14, no. 2, December 31, 2013.
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sábado, mayo 09, 2020

Mariela Castro descaradamente expresa que las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) fueron como una escuela al campo y que los 'campos de trabajo' para homosexuales en Cuba son un asunto 'muy sobredimensionado'




Mariela Castro: las UMAP fueron como una escuela al campo

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La directora del CENESEX cree que los 'campos de trabajo' para homosexuales en Cuba son un asunto 'muy sobredimensionado'.
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DDC
Miami
08 Mayo 2020

Mariela Castro negó que las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), donde entre 1965 y 1967 el régimen cubano encarceló a decenas de miles de personas, sobre todo homosexuales, religiosos y desafectos políticos, puedan ser calificadas como "campos de concentración."

En una comparecencia en vivo en el programa de YouTube La tarde se mueve, que conduce el periodista procastrista Edmundo García desde Miami, la hija de Raúl Castro y directora del estatal Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) señaló que ese es un asunto "muy sobredimensionado y muy distorsionado."

(Mariela Castro. EFE)

"Lo que se había creado era lo que es ahora el EJT (Ejército Juvenil del Trabajo). La idea de las Fuerzas Armadas era crear un Servicio Militar sobre todo con campesinos para apoyar la producción de alimentos. Por eso decían: en lo que se preparan para defender el país, que también apoyen la producción de alimentos que el país necesitaba. Había personas que estaban totalmente distanciadas de los problemas del país y no querían poner su granito de arena, y eran momentos muy difíciles", comentó.

"La manera de recoger a las personas fue terrible", criticó Castro, en referencia a los operativos violentos por los que muchas personas fueron detenidas y trasladadas a las UMAP. "Eso fue un trabajo que se hacía desde el Ministerio del Interior (MININT), no era compatible con lo que habían decidido las Fuerzas Armadas", justificó.

No obstante, según Castro, la experiencia de los campos de trabajo depende de las vivencia de cada persona que los vivió. "En las UMAP había directivos que no eran homofóbicos, y que trataron bien a su gente, y que fueron comprensivos", dijo.

Pero, según su parecer, "me hubiera gustado que existieran de otra manera."

"Nosotros íbamos a la escuela al campo. ¿Ir a la escuela al campo eran campos de concentración? Mira que aprendimos mucho y nos divertimos mucho y lo cuestionábamos todo. Si la pasábamos de lo más bien...", aseguró.

Castro comentó que las denuncias sobre lo que sucedía en las UMAP llegaron al Partido Comunista y de ahí a las Fuerzas Armadas a través de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y de la Casa de las Américas. Por ello, dijo, se comenzó una investigación que acabó con su cierre. 

(Mariela Castro Espí, su padre Raúl Castro Ruz y su tio Fidel Castro Ruz))

Según la también diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), tras el triunfo la revolución cubana en 1959, la reivindicación de los derechos de los homosexuales no fue contemplada "porque era un tema que no se discutía políticamente en aquellos tiempos" debido a los prejuicios con que lo abordaban las ciencias y las religiones.

"Cuando triunfa la revolución ese era el pensamiento científico dominante. (...) No podemos pretender que los dirigentes lo sepan todo", argumentó.

De acuerdo con Mariela Castro, si bien "ha habido prácticas que reprobamos", el pensamiento de Fidel Castro evolucionó en sus consideraciones sobre el tema.

Para ella, lo más recomendables es "no estar escudriñando en la basura con malas intenciones."
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Documental filmado en 1983 donde se pone al descubierto la represion castrista hacia los homosexuales y disidentes.Despues de 30 anos muchos de estos protagonistas y testigos han muerto pero su voz queda como eterno testimonio de una epoca de barbarie y de psicosis politica

Documental (fragmento)  Conducta Impropia

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A una hora de comenzado el video Mariela empieza a hablar de la UMAP
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Impactante revelación de Pablo Milanés: "En la Cuba revolucionaria hubo campos de concentración y a mi también me enviaron allí"

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El reconocido cantautor recordó cuando el régimen de Fidel Castro lo obligó a cumplir trabajos forzados en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). "Condenaron a miles de muchachos jóvenes simplemente porque pensaban libremente", contó
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29 de marzo de 2018

El cantautor cubano Pablo Milanés, uno de los fundadores del movimiento de la Nueva Trova Cubana, definió como "campos de concentración" a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) que existieron en la isla entre 1965 y 1968.

En una entrevista del diario chileno La Tercera, Milanés habló de las UMAP como "un asunto muy oscuro de la historia de la Cuba revolucionaria" adonde miles de jóvenes fueron enviados a "reeducarse" por órdenes de Fidel Castro.

(El joven Pablo Milanés cuando cantaba con el cuarteto del Rey; época en que fue internado en la UMAP. Foto y comentario añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

"Fue condenar a miles de muchachos jóvenes a campos de concentración simplemente porque pensaban libremente, ni siquiera porque pensaban lo contrario, sino porque eran librepensadores y tenían opiniones", expresó uno de los íconos de la música hispanoamericana.

Las UMAP funcionaron entre 1965 y 1968 y Pablo Milanés estuvo en uno de esos centros sometido a trabajos forzados, pero logró escapar y huyó hacia La Habana, donde luego fue encarcelado por desacato.

"Siempre lo recuerdo, pero nadie lo refleja nunca. Hago muchas entrevistas en Cuba y cuando hablo de las UMAP es como si hablara del diablo, porque es una pena que se lleva dentro, no han podido corregirla ni pedir perdón tampoco por lo que hicieron", dijo.

"Y no hablemos más de eso, porque fue un asunto muy muy oscuro de la historia de la Cuba revolucionaria: hubo campos de concentración. Fueron 50.000 jóvenes los que estuvieron en los campos de concentración, y entre ellos yo también", añadió.

El periodista de La Tercera le preguntó por qué siguió creyendo en la revolución después de eso que vivió. Y Milanés respondió: "Porque yo soy revolucionario. Ellos no, yo sí".

El músico de 75 años de edad no espera que el Gobierno cubano pida perdón alguna vez. "He dicho que pidan perdón, pero no lo han hecho", afirmó.
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En la UMAP  no sólo habían  homosexuales:  en la UMAP también se encontraban  jóvenes  que la tiranía Castrista pensara que  no eran simpatizante de la revolución o que no  cumplieran los parámetros ¨del hombre nuevo¨ que el Castro - comunismo  deseaba tener en Cuba.













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Castrar para purificar

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Carolina de la Torre ha escrito un libro necesario y valiente en el que, aparte de narrar una historia de familia, recupera una página ignominiosa de la historia reciente de Cuba
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(Prensa Castrista  con un artículo apologético a la UMAP. Todas las imágenes y comentarios  fueron añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano )

Por Carlos Espinosa Domínguez
Aranjuez 
05/10/2018

Debo confesar que cuando leí las primeras referencias sobre Benjamín. Cuando morir es más sensato que esperar (Editorial Verbum, Madrid, 2018, 334 páginas), me sorprendió mucho que su autora, Carolina de la Torre (Matanzas, 1937), hubiese aguardado tanto para redactar ese libro. Pero una vez concluida su lectura, he quedado convencido de que su decisión fue madura e inteligente. La distancia que lo separa del doloroso hecho que documenta y recrea le permitieron abordarlo con ecuanimidad y rigor. Y también dedicar el tiempo necesario para recopilar y procesar el abundante material con que lo ha compuesto.

El suceso que sirve de núcleo al libro fue el suicidio de su hermano Benjamín a los veinticuatro años. Esa pérdida de uno de los miembros significó un golpe traumático para la familia, que tuvo que sobrevivir con la carga de aflicción y culpa. Su autora, quien es una distinguida y respetada figura en el campo de la psicología y cuyo trabajo ha sido laureado en varias ocasiones en Cuba, expresa que en Benjamín quiso registrar, “después de muchos años, el daño que puede producirse cuando la furia y los prejuicios toman el lugar que debe ocupar el amor por los semejantes y por nuestra diversa humanidad”. Y agrega que “si de algo vale para otros (ya a mí me valió) es para que ninguna persona, atrapada e n los problemas y contrariedades de la vida, se vuelva inútil, ciega o egoísta ante el sufrimiento de los demás”.

(Carolina de la Torre)

Para redactar su libro, partió, en primer lugar, de sus propias vivencias y del testimonio que recogió de sus hermanos. También incorporó documentos escritos por su madre y por los amigos de su hermano. En el caso de estos últimos, se dedicó a localizarlos por distintas vías, pues muchos pasaron a residir después en el extranjero. Asimismo, recopiló cartas y poemas pertenecientes a Benjamín, que forman parte del bloque final titulado “Memorias, testimonios y recuerdos”.

Comenta la autora que comenzó a investigar “en serio y con una especie de proyecto en 2010, buscando amigos, yendo a bibliotecas, escribiendo a conocidos, hasta llegar a saber mucho de lo que ignoraba de la vida de mi hermano Benjamín, aunque esta obra, como cualquier relato basado en una historia real, no es una reconstrucción perfecta ni siquiera de mi historia familiar. Los olvidos y los falsos recuerdos son casi imposibles de evitar”. Sus padres y hermanos aparecen con sus nombres auténticos y conservan sus identidades. Los demás caracteres, aunque se inspiran en personas reales, han sido recreados por la ficción. Para reconstruir esta historia familiar, Carolina de la Torre decidió no emplear la primera persona y optó por un narrador omnisciente.

Los acontecimientos que tuvieron lugar los primeros días de enero de 1959 hicieron que Blanca y Alfredo, los padres de Benjamín y Carolina, empezaran a reconsiderar sus planes de instalarse en Colombia, el país natal de la madre. El triunfo de la revolución era una motivación poderosa para que optaran por quedarse en la Isla. La familia había logrado una buena posición económica, pero se sintió identificada con las leyes de beneficio social encaminadas a alcanzar la igualdad y la justicia con las que el matrimonio tanto había soñado. “Ahora, que por primera vez puedo vislumbrar una nueva vida y una esperanza, no vamos a irnos”, le argumentó Blanca a su esposo.

(Libro de la Dra. en Psicología Carolina de la Torre, quien fuera profesora de Mariela Castro Espín en la Universidad de La Habana cuando estudiaba Psicología)

Este era profesor de Ciencias en una exclusiva academia norteamericana y antes había ganado una beca Guggenheim para trabajar en la Smithsonian Institution. Desde el inicio del triunfo revolucionario, se hizo miliciano y culminó la caminata de los 62 kilómetros. Asimismo, poseía una colección que perteneció a su tío, el eminente antropólogo y naturalista Carlos de la Torre, y la donó al Museo Nacional de Ciencias Naturales de la recién creada Academia de Ciencias. Pero debido a su carácter introvertido y benigno, no aguantó las presiones del extremismo que ya empezaba a imperar y abandonó la universidad. Se dedicó entonces a laborar en varios centros científicos, tras rechazar las buenas ofertas de trabajo de instituciones norteamericanas con las cuales había tenido vínculos.

Los tres hermanos, Carolina, Benjamín y Salvador, iban con sus padres a los desfiles y concentraciones. Disfrutaban y comentaban entre ellos los logros y nuevas leyes que se promulgaban y participaban de cuanta iniciativa era convocada. Los tres jóvenes además se sumaron de manera activa y entusiasta al proceso revolucionario. Salvador tomó parte en la defensa combativa de la patria. Se alistó en las milicias y cumplió duros entrenamientos. Se formó luego como artillero antiaéreo y estuvo movilizado durante la invasión de Playa Girón y la crisis de los misiles de 1962. Después fue nombrado jefe de una base aérea en Santa Clara. Irónicamente, a comienzos de los 70, después de cinco años en su voluntario y durísimo servicio militar, fue llevado a los tribunales al aplicársele la Ley contra la Vagancia, “mientras trataba, a puro pulmón, de hacerse ingeniero”.

Carolina y Benjamín, por su parte, se sumaron a la campana de alfabetización. Para el joven, resultó ser la oportunidad de redención personal que le permitiría sentirse a la altura de los tiempos y de sus hermanos, “que se pasaban la vida alardeando de su incorporación practica al proceso revolucionario”. Aunque su mayor deseo era adelantar el bachillerato y estudiar arte, no dudó ni por un instante en su decisión de irse a alfabetizar. Lo asignaron en el hogar de una familia campesina en Buey Arriba, en la región oriental. Y pese a las dificultades y los problemas de salud (padecía de asma y en una ocasión se puso tan mal, que lo enviaron por dos semanas a su casa), aguantó con firmeza: “¡No me voy a rajar! No solo porque quiero cumplir hasta el final, sino porque me gusta lo que hago, a pesar de los trabajos que paso. Siento que es útil; lo más útil que he hecho en toda mi vida”. Al igual que su hermana, estaba convencido de que “nunca jamás otro llamado de la Revolución podría ser más significativo, ni podría, en tan corto tiempo, producir en ellos una transformación tan radical”.

(Carolina de la Torre  con el  uniforme de las Brigadas Conrado Benítez (franjas verdes olivo en las mangas del uniforme)  o  del Preuniversaitario Especial Raúl Cepero Bonilla del Plan de Becas del Gobierno Revolucionario (franjas de color naranja en las mangas del uniforme )

Tras finalizar la campaña de alfabetización, Carolina y Benjamín fueron recuperando las rutinas de la existencia que antes llevaban. Regresaron a sus clases con buena parte de los conocimientos olvidados, pero enriquecidos espiritualmente con la experiencia acumulada. Ella continuó en la secundaria, mientras que su hermano tomó los cursos que le restaban para graduarse de bachillerato, de artes plásticas en San Alejandro y de profesor de inglés.

Benjamín era un joven imbuido en la creación y se había rodeado de un grupo de amigos con intereses e inquietudes afines. Juntos asistían al teatro, a conciertos y a otras actividades culturales, y tenían tertulias callejeras en las que compartían charlas y reflexiones. Podían pasar horas hablando de literatura, música, ballet, pintura e incluso filosofía. Todo eso está muy bien resumido y narrado en el capítulo titulado “Benjamín y sus amigos (1962-1963)”, que corresponde además al final de una etapa de la vida del joven.

Admitía su orientación sexual como una enfermedad


A Benjamín la juventud se le venía encima con una idea confusa o culpable de su homosexualidad. No era amanerado, abierto ni osado. Al contrario, la admitía como se puede admitir la epilepsia o el vitíligo, como una enfermedad, lo mismo que hacía la psicopatología de esos años. En sus escritos, se refería a su homosexualidad como la “flor asquerosa de mi juventud”, y hubiese querido reprimirla. No estaba preparado para resolver ese problema, mucho menos para hablar sobre él. Y cuando lo hizo con su psiquiatra, lo animaba el deseo de poderse “curar”.

(Al frente Carolina de la Torre en una actividad cultural del Preuniversitario Especial ¨Raúl Cepero Bonilla¨ )

Y a propósito de los tratamientos que recibió, Benjamín le contó a una amiga que el doctor Eduardo Gutiérrez Agramonte lo sometió a su llamada “Nueva modalidad del tratamiento de la homosexualidad”, que él había puesto en práctica con pleno apoyo oficial. Se trataba, como se explica en el libro, de una torturante terapia aversiva, mediante la cual se esperaba que el paciente acabase venciendo los impulsos homoeróticos debido a que le mostraban imágenes con atractivas figuras masculinas, a la vez que le aplicaban pequeñas descargas eléctricas (en otros países también empleaban vomitivos). La curación de la patología sexual se basaba en la hipótesis de que al quedar asociada la visualización con la reacción negativa producida por la electricidad, se lograría el rechazo de las figuras masculinas. “No puede ser mejor reprimir un impulso con torturas que tratar de sublimar”, le comenta a Benjamín su amiga
.

Por esos mismos años circulaban en la Isla creencias no menos descabelladas que la del antes mencionado doctor. En el fragmento de un discurso suyo reproducido en el libro, el Finado expresa esta perla: “Hay unas cuantas teorías, yo no soy científico, no soy un técnico en esa materia (Risas), pero sí observé siempre una cosa: que el campo no daba ese subproducto. Siempre observé eso, siempre lo tengo muy presente”. (A quien le interese, aquí puede leer el discurso completo acerca de los “flojos de pierna” y los “árboles torcidos”: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1963/esp/f130363e.html)

 (Fidel Castro en uno de sus discursos)

Se estaba preparando la depuración de las filas revolucionarias de todas aquellas personas que amenazaban la pureza del proyecto socialista y de la nación. La universidad fue el principal centro donde se instrumentaron y empezaron a aplicarse las medidas necesarias, pero estas se extendieron a otros sectores de la sociedad. En el discurso antes citado, pronunciado el 13 de marzo de 1963, el susodicho “no había utilizado la palabra «enfermito», que se puso de moda después, pero había abierto el camino para que otros siguieran cultivando lo que él sembró. Había hablado de vicios, de debilidades, de investigaciones de la medicina y había dicho que había que combatir la conducta antisocial como se combate una enfermedad. A partir de ahí, solo hubo que ponerle el nombre de «enfermitos» a todos aquellos que no se ajustaban a lo que ya se había dejado muy claro con anterioridad”.

A Benjamín y a un amigo suyo les tocó ser víctimas de una de las “recogidas” hechas entonces (el término se decía en los 60 y siguió diciéndose después, “como si se tratara de basura que se esconde, oculta o almacena para que no desluzca algún lugar”). Se hallaban en la cafetería El Carmelo, a donde fueron tras salir de un concierto en el Teatro Amadeo Roldán. Un comentario gracioso los hizo reír en exceso, lo cual irritó al camarero. Este pasó a insultarlos en voz alta y protestó de estar “harto de tanto pájaro aquí”. Ninguno de ellos creyó que las risas eran la causa de lo sucedido. Era obvio que los estaban cazando. Eso quedó confirmado cuando un hombre vestido de civil se les acercó cuando estaban a punto de salir. Muy educadamente les pidió sus carnets y les dijo que lo acompañasen un momento a la estación de policía. Allí se les hizo una acusación por “escándalo público y sodomía contra la ciudanía”, les levantaron un 
acta de advertencia y los dejaron encerrados esa noche. Benjamín y su amigo quedaron así fichados para engrosar un proyecto de reeducación a la manera china que ya estaba a punto de ponerse en marcha.

(Confinados en un campamento de la UMAP)

A partir de ese momento, el joven y todos los que integraban el grupo tuvieron bien claro que no se descansaría en perseguir a quienes no diesen la talla en el paradigma de moral comunista que, de acuerdo al régimen castrista, los cubanos debían alcanzar. ¿Qué opción les quedaba? Renunciar a los teatros, los encuentros en los parques, los conciertos, el arte y cualquier otra actividad que pudiera identificarlos como “enfermitos”. Eso llevó a Benjamín a comentar con tanto enfado como amargura: “¡Qué desgracia cumplir veinte años con tanta estupidez! ¡Con tantas cosas que se pudieran crear! ¿Cómo una Revolución que ha sido tan grande puede echarse de enemigos a quienes los pudieran apoyar? En el mundo hay guerras, niños hambrientos, viejos abandonados, enfermedades sin cura, qué sé yo. Pero aquí se desgastan en estos absurdos, y luchan contra cualquier cosa que les parezca una emancipación. Elisheba, ni te creas que el asunto es la patilla o el librito, sino lo que creen un símbolo de rebeldía y de libertad”.

Semanas después, Benjamín y su amigo recibieron un telegrama en el que se les ordenaba presentarse “para unirse a las filas del honroso Servicio Militar Obligatorio”. En realidad, iban a ser enviados a una de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Se trataba de campos de trabajo forzado establecidos en la provincia de Camagüey, y que estuvieron activos entre 1965 y 1968. Los Comités de Defensa de la Revolución eran los encargados de proporcionar el material humano. La denuncia por la cual el joven fue enviado a las UMAP se debió justamente a la presidenta del CDR de su zona. Años después, Blanca le escribió a esa señora una carta en la cual, entre otras cosas, le expresa: “Josefa, ¿qué afán mezquino y vil, qué pobreza de espíritu te llevaron a cometer semejante crimen? (…) Vientre podrido, vientre yermo, donde Dios no se atrevió a sembrar nueva vida. Si hubieras podido, aunque hubieses parido una víbora como tú, quizás no habrías sido tan depravada (…) Yo te maldigo desde mi vientre sagrado y puro. Te maldicen mis hijos Salvador y Carolina a que aún luchan llenos de buena voluntad y desinterés por la Revolución. Te maldice el padre de Benjamín al que has destruido al igual que a mí; te maldice mi ángel, Liz, a quien arrancaste su más puro y gran compañero y hermano. Y te maldice él desde esa tumba fría que tú abriste”.

(Confinados de la UMAP en labores agrícolas)
 
Benjamín pasó en las UMAP dos años. Fue desmovilizado por enfermedad en febrero de 1967. Mientras eso sucedía, Carolina empezó a estudiar Psicología en la Universidad de La Habana. Conoció entonces a unas psicólogas y estudiantes que habían sido enviadas a investigar la situación socioeducativa y clínica de los homosexuales retenidos en CamagüeyEn el estudio, que fue encargado por los Servicios Médicos de las Fuerzas Armadas, se concluía que los objetivos de las UMAP no estaban claramente definidos; que los campamentos parecían prisiones; que el trabajo era excesivo; que se aplicaban maltratos y castigos “ejemplarizantes”; que el énfasis casi absoluto estaba puesto en la producción. Pese a ese informe, pasaron dos años más para que las UMAP fueran desmanteladas, decisión en la cual influyeron las protestas internacionales.

A nosotros nos jodieron la esperanza

A Benjamín le tocaba ahora emprender el proceso de “reintegración social”, que supuestamente era el objetivo de las UMAP. Sabía que iba a resultar muy difícil reinsertarse en la misma sociedad que lo había segregado. Y, en efecto, lo fue. No pudo reiniciar los estudios de pintura, ni estudiar música, ni volver a la universidad. Eso fue para él lo peor, pues lo que sufrió en las UMAP pertenecía al pasado y había decidido perdonarlo. Lo más terrible era el presente, en el que no veía solución. Como le comentó a una amiga, “a nosotros nos jodieron la esperanza”. Reconoció que no era fuerte y que era incapaz de enfrentar lo que veía venir: “un desprecio que no merezco, vivir una vida sin estudios, sin libertades y sin dignidad”. El 11 de octubre de 1968, su madre lo encontró muerto, tras haberse tomado las decenas de pastillas de 
Fenobarbital que había ido acumulando en las últimas semanas. Entre las notas que antes de suicidarse redactó, dejó escrito en una dirigida a una amiga: “No ha llegado nuestro tiempo y más sensato que esperar es morir”. Tenía veinticuatro años.

Para la familia, el suicidio de Benjamín significó un golpe terrible. No hablaron mucho sobre ello, ni a la semana, ni al mes de haber acaecido. Al dolor de todos se sumaba un incurable sentimiento de impotencia y de culpa. Probablemente, a quien más afectó fue a Blanca, quien no podía soportar ni comprender la ausencia de su hijo: “Me has dejado absolutamente sola y tú sabes por qué lo digo; nadie me entiende como tú, nadie me mira con tus ojos comprensivos, nadie como tú me prestará los oídos para escuchar música”. Se indignaba además con las palabras con que algunos trataban de consolarla: “Y cuántas veces me ponen de ejemplo a las madres de los héroes, de los mártires de la patria. ¿Cómo se atreven? ¿Soy acaso la madre de Martí o de Frank País? ¿Tuviste acaso el derecho de luchar por tu causa? ¿Pudo alzarse tu voz para defenderla? ¿Se te honra o se te glorifica acaso? ¿En cuántos corazones vivirás eternamente? Y tus sublimes pensamientos, ¿de quiénes serán patrimonio?”.

En el último capítulo, titulado “A modo de epílogo: Carolina soy yo”, la autora del libro deja de ser un personaje y pasa a escribir desde la primera persona. Cuenta allí que la muerte de su hermano la cambió a ella y a los demás miembros de su familia. Confiesa que, en su caso personal, no se volvió de derecha, ni cambió radicalmente su modo de pensar. Pero se volvió más crítica, más sensible a las injusticias e injerencias en la vida privada de las personas y perdió el extremismo y la intolerancia. Eso ocurrió poco a poco, y ya después, cuando maduró y tuvo más experiencia, expresa que “no solo seguí cambiando, sino que mi camino contó con el apoyo de mi voluntad consciente de no parecerme a la persona fanática y obediente que antes de morir mi hermano pude llegar a ser; no quiero ser una más de los que callan y dicen a todo que sí”.

(Carolina de la Torre con su hijo José Manuel Calviño en Miami , hijo del psicólogo Calviño que tenía o tiene un espacio en la televisión cubana)

Esa Carolina madura, despojada de intransigencia y sectarismo, capaz de comprender que la justicia social y la igualdad no pueden alcanzarse pagando como precio la falta de libertades y los repudios ofensivos contra quienes no piensan igual, esa Carolina digo, es la que ha escrito Benjamín. Lo hizo incitada por el deber de realizarlo antes de perder las facultades imprescindibles y convencida de que poseía la motivación de poder acometerlo, aprovechando su experiencia como investigadora y su mirada de mujer y madre. De todo ello se ha beneficiado el libro, que aparte de narrar una historia de familia, recupera una página ignominiosa de la historia reciente de Cuba.

Su autora no se ha limitado a plasmar sus recuerdos, sino que antes de comenzar a redactar el libro se dedicó a rescatar y leer lo dejado por las personas que para entonces ya habían fallecido. Buscó también a los sobrevivientes y extrajo de ellos toda la información y los testimonios que pudo. Se sentó después a escribir, para tratar de entender las razones que llevaron a su hermano a inmolarse. Era consciente de que el trágico hecho se produjo como consecuencia de circunstancias políticas y sociales muy concreta, y por eso consideró indispensable incorporar alguna información sobre el contexto. Reflejó así el júbilo popular del 1 de enero de 1959, la intensidad con que se vivieron los primeros meses, el comienzo de los ataques y sabotajes, la fallida invasión de Playa Girón, pero también los discursos incendiarios, la puesta en marcha de la campaña contra los elementos considerados antisociales” y degenerados, la satanización de la música extranjera, el absurdo debate que se suscitó en torno al feeling, a partir de una crítica de Gaspar Jorge García Galló.

(Carolina de la Torre con su hija Johana y  otros familiares)

Todo eso está aparece armado a la manera de un puzle bien planificado, contado con un justo balance entre la emoción y el rigor documental. Benjamín está escrito además con un estilo claro y directo, que elude las digresiones innecesarias. Y también con una solvencia literaria poco usual en alguien que normalmente se mueve en otro campo. Asimismo, el libro posee una buscada eficacia comunicativa que hace que su lectura se siga con mucho interés. Carolina de la Torre ha contado una historia que tenía que ser salvada del olvido. Y lo ha hecho en un libro necesario y valiente.

En las páginas finales, la autora expresa su esperanza en que con su libro, “otros puedan ver sus culpas y hasta pedir perdón con humildad. Tal vez pudiera servir también como reflexión para quienes, en nombre de un supuesto deber, o de un ideal, promovieron, apoyaron, o callaron, ciertos hechos y tendencias que nunca se debieron permitir”. La publicación de Benjamín coincide con el medio siglo transcurrido desde el cierre de las UMAP. Hasta hoy, nadie ha perdido perdón por aquel oprobioso engendro, y lo más probable es que nunca nadie lo hará. Abel Sierra Medero comentó que Mariela Castro ha tratado de minimizar el alcance y dimensión de las UMAP en la historia de la Revolución, y ha asegurado que va a promover una investigación sobre este tema. Ocho o nueve años después, sus palabras no han pasado de la promesa.

(Con su hijo ¿Abel?  cuando él trabajaba en Singapur)

Por eso lo que Benjamín escribió en un poema cuando se hallaba en Camagüey, sigue siendo resonando hoy como una acusación: “Yo denuncio a los criminales verdugos/ que dicen salvar a la sociedad/ estrangulando la naturaleza./ Yo denuncio a quienes sistematizan y destruyen el amor,/ yo denuncio a aquellos que ignoran/ la naturaleza trágica del sexo,/ yo denuncio a los estúpidos/ que para purificar castran”.

© cubaencuentro.com
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Tomado de http://www.diariodecuba.com

UMAP: Castro se desencadena


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Un discurso de 1966 prueba su responsabilidad por esos campos de concentración
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Por Manuel Zayas
Barcelona
03-02-2012

¿Recuerdan aquellas declaraciones de Fidel Castro al periódico mexicano La Jornada donde decía que él había sido responsable de la persecución homófoba de los años 60 en Cuba? ¿Se acuerdan de que asumió esa responsabilidad precisamente por no prestarle atención a la persecución homófoba, por estar ocupado de cosas más importantes, como los atentados contra su vida y los planes de invasión?

Bien. Pues en uno de esos momentos en que el Máximo Líder no temía mucho por su vida ni esperaba una invasión inminente, se explayó anunciando detenciones por todo el país. Habló hasta de eliminar el pecado y el vicio dentro de la revolución. Y amenazó con la necesidad de ser sanguinarios.

El discurso es del 13 de marzo de 1966 y fue efectuado en la escalinata de la Universidad de La Habana ante un público de seguidores que aplaudía y voceaba frenéticamente.

Los campos de concentración estaban en pleno apogeo entonces: habían sido abiertos el 19 de noviembre de 1965 bajo el nombre de Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP).
¿De quién había sido la idea de esos campos?

"Fidel les dio el nombre", escribió Gerardo Rodríguez Morejón, periodista oficial y el primer biógrafo del líder cubano, en un artículo publicado el 14 de abril de 1966 en el diario habanero El Mundo: "UMAP: forja de ciudadanos útiles a la sociedad".

¿Cuánta crueldad se administraría en esos campos de concentración cubanos? Bueno, dejemos que sea el propio Fidel Castro quien lo diga. Lo citaré in extenso, porque creo que sus palabras no tienen desperdicio. El enfásis en las frases es mío, y el discurso está (todavía) accesible en el portal gubernamental que contiene sus discursos :

"Lógicamente, si la Revolución, abandonando su carácter paciente, hubiese querido un día arreglar cuentas con unas pocas decenas de sujetos, todos los cuales sabemos en qué esquina se paran, qué hacen, qué hablan, con quiénes se juntan, a qué bar van a tomar —porque son unas pocas decenas—, y los conocemos a ellos y a todos sus amigos, en dondequiera que están; si la Revolución, abandonando sus métodos de paciencia, hubiese querido un día arreglar cuentas con todo ese lumpen si queremos llamarlo ‘lumpen revolucionario...’ ¿y por qué llamarlo ‘lumpen revolucionario’? Porque se hacen pasar por revolucionarios, pero criticando todo el día a la Revolución; se hacen pasar por gentes que no están del lado de allá, sino del lado de acá. Y, claro, del lado de allá posiblemente no iban a vivir mejor de lo que han vivido, como parásitos, sin hacer nada." [El énfasis en esta y otras frases es del autor del artículo.]

(Fidel Castro)

"¿Cuántos son? Pues les puedo asegurar que no pasan de 50, exagerando mucho, exagerando mucho. Esos elementos del amiguismo, de la piña, de las fiestas, de las juergas, del vicio, del parasitismo, que han querido estarle cobrando el precio a la Revolución, en estos siete años, de lo que hicieron. Y mientras muchos murieron, y otros muchos después del triunfo de la Revolución se han acabado la vida trabajando, hay unas pocas decenas de gentes que se han pasado el tiempo cobrándole a la Revolución el precio, de lo poquito que hicieron, en algunos casos más, en algunos casos bastante, y en algunos casos nada —y, por cierto, esos que han hecho un poco más que lo que los demás son muy pocos. Por sus nombres los podríamos enumerar a todos. Pero, ¿para qué? No hace falta."

"En este caso —como decíamos nosotros— lo que hay que liquidar no es el pecador sino el pecado. Y sencillamente a ese elemento parásito de la Revolución, ¡con ese elemento vamos a ajustar cuentas, y estamos ajustando cuentas! (Aplausos.)"

[...]

"Y nuestro problema con estos señores tenemos que resolverlos sencillamente. Son unas pocas decenas. De esas pocas decenas, unos tendrán que ir a la cárcel por delito de tipo común, sencillamente por desfalco, uso indebido de fondos; otros tendrán que ir al Servicio Militar; otros tendrán que ir a la UMAP, Unidades Militares de Ayuda a la Producción; y otros tendrán que ir a centros de rehabilitación de acuerdo con las disposiciones del Código de Defensa Social. (Aplausos.)"
"Ha sido necesaria esta amarga experiencia, esta dolorosa experiencia."

"Y como yo decía, lo importante no es fusilar a tres o cuatro, y que unas cuantas gentes más siguieran en la 'dulce vita'. Y además, creando las condiciones que viabilizan estos pecados."

[...]

"Y nosotros, partiendo de este amargo ejemplo, sin matar un mosquito, sin que se derrame la sangre de un mosquito, y siempre que se pueda ganar una batalla sin que se derrame la sangre de un mosquito, ganemos la batalla sin derramar la sangre de un mosquito. (Aplausos)" "Y cuando no quede más remedio que derramar la sangre de muchos mosquitos, o muchos gusanos, pues entonces derramemos la sangre de los gusanos. Porque si estamos en defensa de la Revolución dispuestos a que se derrame la sangre de los revolucionarios, no vacilaremos en derramar la sangre de nuestros enemigos cuando las circunstancias lo exijan. (Aplausos.)" "¿Qué ocurre con esa gente que hacen tales cosas? Desalientan al trabajador, desmoralizan al trabajador."

[...]

"No vamos a fusilar a esa gente, no; en otros sitios los han fusilado, pero de verdad que lo que debemos es fusilar el vicio, porque en eso hay muchas responsabilidades. Todos tenemos responsabilidades, ¡todos! Tomar conciencia de esos vicios y erradicarlos es lo que corresponde hacer, y algunos pepillitos de estos mandarlos al Servicio Militar Obligatorio (aplausos), o mandarlos a la agricultura, sean quienes sean y llámense como se llamen. (Aplausos.) ¿Privilegios en el seno de la Revolución? (Exclamaciones de: '¡No!'); ¿derechos feudales en el seno de esta Revolución? (Exclamaciones de: '¡No!'); ¿apellidos en el seno de esta Revolución? (Exclamaciones de: '¡No!') Pues bien, luchemos contra eso y habremos sacado el más saludable fruto de esta experiencia amarga."

"Tenemos a unos cuantos señores arrestados. No les va a pasar nada, nadie se asuste; simplemente estamos investigando algunas irregularidades, algunas inmoralidades, algunas faltas que están sancionadas por el Código Penal. ¿Viciosos en el seno de la Revolución? ¡No! Porque, en todo caso, lo mandamos a un hospital para que lo curen; si está loco, a un manicomio, pero que no estorben. Hay mucho que hacer, hay mucho que trabajar." "¿Guapos por la calle? ¡No! Si son guapos haremos boxeadores con ellos, o algo por el estilo, a ver si, no sé."
"Y les advierto que esta es la atmósfera capitalina, estos vicios son capitalinos. Una ciudad grande tiene las características de una ciudad grande.Estos vicios no son propios de las capitales de provincias, son propios de nuestra capital. ¿Qué lo ha alentado? Cierta impunidad, cierto historial de quienes han sido genuinos representantes de esos vicios." "Y ha llegado la hora —como decía—, sin matar un mosquito, de ponerle fin a todo esto. Y, desde luego, le pondremos fin sin violencia. Habrá que, desde luego, en algunos casos interrogarlos, hacer investigaciones, hacer ciertas inquisiciones, y las estamos haciendo."

Castro contra Castro

Las decenas de arrestos anunciados por Fidel Castro se convirtieron en decenas de miles. Alrededor de 25.000 hombres en edad del servicio militar acabaron en los campos de concentración de las UMAP: hippies, homosexuales y religiosos.

La crueldad admistrada implicaba la tortura física, el trabajo forzado y hasta el fusilamiento. Fidel Castro había pedido sangre de ser necesario. Todas estas medidas él las definió así: "Ha sido necesaria esta amarga experiencia". Él, el Gran Inquisidor.

Pese a sus lapsus mentis reconociendo una responsabilidad indirecta con las UMAP, Fidel Castro nunca ha pedido perdón por sus crímenes. Hasta su sobrina tuvo que salirle al paso y decir que no, que él no era responsable de nada.

"Pedir perdón sería una gran hipocresía. (…) Me alegro que aquí no se pida perdón, sino que se traten de establecer reglas y leyes para que nunca más ocurra", dijo Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

Poco tiempo después, Mariela Castro pidió investigar qué sucedió en las UMAP, cerradas en 1968. Pero, ¿se imaginan a un familiar de Adolf Hitler dirigiendo el Tribunal de Nüremberg? ¿A un pariente de Iósif Stalin ordenando investigar los crímenes perpetrados en los gulags soviéticos? ¿A la viuda de Augusto Pinochet condenando los crímenes de su marido? ¿Se imaginan?

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