sábado, mayo 23, 2020

LO QUE NO SE DICE EN CUBA SOBRE LA AUSENCIA DE REPRESENTACIÓN CUBANA EN LAS CONVERSACIONES Y TRATADO DE PARIS EN 1898 ENTRE EE.UU. Y ESPAÑA TRAS LA GUERRA HISPANO CUBANO NORTEAMERICANA. RAZONES QUE PUEDEN EXPLICAR EL NO RECONOCIMIENTO DE LAS REPÚBLICAS DE CUBA EN ARMAS DEL SIGLO XIX POR PARTE DE LO EE.UU.



SOBRE LA AUSENCIA DE REPRESENTACIÓN  CUBANA EN LAS CONVERSACIONES Y TRATADO DE PARIS EN 1898  ENTRE EE.UU. Y  ESPAÑA TRAS LA GUERRA HISPANO CUBANO NORTEAMERICANA
 
(publicado originalmente el 21 de marzo de 2016)
 
 
Por Pedro Pablo Arencibia
20 de marzo de 2016
 
Al amigo  Dagoberto Valdés y a Juan Manuel Cao  periodista de la televisión de Miami 
 
A finales del año 1898 se reunieron en la ciudad de París las delegaciones de los gobiernos de  Estados Unidos y España para negociar  las  condiciones de paz entre ambos países. Es muy frecuente  en Cuba resaltar el hecho de que Cuba no estuvo representada en esa reunión. Sobre esto deseo plantear lo siguiente:

En primer lugar diré que soy del criterio que debió existir una representación cubana; pero también, soy del criterio, que debió   existir una representación de cada uno del resto de los países  cuya suerte se estaba definiendo (Puerto Rico, Filipinas, etc.); aunque reconozco  la existencia de  motivos que engendrarían  objeciones  de  Estados Unidos y España  en aceptar  delegaciones  de estos  últimos países, y la particular situación cubana (en cuanto a los  antecedentes de las luchas separatistas) con relación a la llevada por esos países.

Sobre la ausencia de la representación cubana a esas negociaciones diré, que España  era la más interesada  en que no existiera una delegación cubana en esas conversaciones.  La razón fundamental que movía a esa actitud española era económica: que los Estados Unidos le pagaran  a España  La Deuda de Cuba, la cual ascendía a aproximadamente $500 millones (Leuchsenring, 1960, p. 68). La Deuda de Cuba era, entre otras cosas, el monto de lo que le había costado a España la guerra de Cuba y las de otros países desde décadas atrás. Con una representación cubana en esas negociaciones, era evidente para España que los Estados Unidos no asumirían el  pago de  esa deuda, y mucho menos, lo haría, la representación cubana. El resentimiento español hacia los cubanos, por éstos combatirlos durante años,  también fue otro factor que movió al gobierno español a  no admitir una representación cubana. Por otra parte, los Estados Unidos ya habían decidido mediante  una resolución congresional: La Resolución Conjunta o Joint Resolution , cual iba ser el destino de Cuba;

¨Que los Estados Uidos por la presente  declaran  que no tienen  deseo  ni intención  de ejercer soberanía, jurisdicción o dominio sobr dicha Isla, excepto para su pacificación, y afirman su determinación, cuando ésta se  hay  conseguido, de dejar  el gobierno  y dominio de la Isla a su pueblo.¨ (Artículo cuarto de la Joint  Resolution o Resolución Conjunta  o Enmienda  Teller, Pichardo, 1976, Tomo I p. 510)

Quiero señalar además, que en caso de que España hubiera aceptado la participación  de una representación cubana a esas negociaciones, se hubiera presentado un gran problema: ¿Quiénes conformarían esa representación?

La representación cubana debía representar, valga  la redundancia,  todos los segmentos del pueblo cubano. El pueblo cubano estaba conformado, sin caer en posiciones sectarias o idílicas,  por independentistas, integristas, autonomistas, pacíficos, anexionistas, etc.
(John Hay, Secretario de Estado de EE.UU., firmando la ratificación del Tratado de París)

Ha sido una característica de la historiografía cubana  el asumir implícitamente que la inmensa mayoría de los cubanos eran independentistas.
El historiador español Benavent, refiriéndose a un  período anterior y mediato a 1898, plantea:

El liberalismo autonomista constituía la opción política mayoritaria de las clases medias cubanas; pero era una opción  que no podía expresarse por las perversiones del sistema electoral y por el bloqueo político que la tupida red de unionistas, voluntarios del orden, integristas y conservadores, imponían¨. (Prieto. 1998, p. 107-108)

Pero es que aun dentro de las filas de tendencia independentista, existían serias discrepancias que dificultarían en gran medida la composición de una representación cubana formada por elementos de esta tendencia, o la elección de algunos representantes de esta tendencia para la conformación de una comisión mixta, donde las diferentes tendencias estuvieran representadas. Un ejemplo de lo anterior fueron las  serias desavenencias que se manifestaron entre el Consejo de Gobierno cubano  y el mando militar mambí durante la guerra, y las que después de terminada la guerra protagonizaron La Asamblea del Cerro y el Generalísimo Máximo Gómez  y los seguidores  de ambos. Debo señalar que la actitud del Generalísimo Máximo Gómez de desconocer la autoridad jurídica de la Asamblea, al entablar conversaciones con el enviado especial de McKinley, Robert P. Porter, sobre el asunto del empréstito para  la disolución del Ejército Libertador, fue compatible con la decisión del gobierno de los Estados Unidos  de desconocer toda agrupación cubana  particular como representación del pueblo cubano, pues E.U. podía ser acusado de apoyar una u otra facción (fundamentalmente por las potencias europeas). Hasta que no se hicieran elecciones generales y libres, los Estados Unidos no reconocerían ninguna agrupación o institución como la legítima representación del pueblo cubano. Debo aclarar que la Asamblea ya había iniciado contactos sobre un empréstito con el señor Cohen, quien en representación de entidades bancarias norteamericanas ofreció un empréstito suficiente para el licenciamiento del Ejército Libertador (Costa, 1950, p. 66-67).
El historiador Rolando Rodríguez escribe lo siguiente sobre lo que expresó Calixto García en su carta  del primero de mayo de 1898 a Méndez Capote, integrante del  Consejo de Gobierno presidido por Bartolomé Masó, y en la  dirigida a  Tomás Estrada Palma, Delegado del Partido Revolucionario Cubano,  del 27 de junio de 1898:

¨en la cual planteaba que la falta de reconocimiento de Washington  a ese órgano se debía a su carencia  de condiciones como  gobierno real, o la dirigida  a Estrada Palma, el 27 de junio, en la cual manifestaba que el gobierno de Estados Unidos  no podía reconocer al gobierno cubano que resultaba antidemocrático¨.(Rodríguez, 1998,Tomo II p. 613)
En la carta de Calixto García del 27 de junio de 1898 a Tomás Estrada Palm, texto tomado de Historia de la Nación Cubana (Tomo VI  p. 425), se lee:

¨Sé que el Gobierno americano es un Gobierno eminentemente práctico y observador, a quien no podía escapar de modo alguno que la forma en que había nacido en nuestra Revolución la más alta  representación del Estado era viciosa, informe, impropia de un pueblo que derramaba su sangre por conseguir su independencia y las  libertades a que tenía derecho. Que con esa institución, lejos de ganarse libertades  se establecían principios oligárquicos, que ningún gobierno libre verdaderamente podía ayudar a consagrar, y de aquí que la política  del gobierno de Washington  haya sido constante en esa dirección, desde que estalló la actual guerra

El 13 de agosto de 1898 el Consejo destituyó de su cargo de Lugarteniente General  a  Calixto  García por haber desconocido las decisiones  del gobierno  y disponer  que el mando militar designara  a los funcionarios  de las ciudades  evacuadas  por las autoridades  españolas  entre otros argumentos (Rodríguez, 1998,Tomo II p. 613)
Por otra parte, en esa monumental obra  Historia de la Nación Cubana (Tomo VI   p. 425) aparece la carta del 1 de mayo de 1898 de Méndez Capote (miembro del Consejo de Gobierno presidido por el General Bartolomé  Masó) a Don Tomás Estrada Palama donde expresa  las ventajas que tendrían los autonomistas respecto a los independentistas  si los EE.UU.   desearan tomar  a una facción política del pueblo cubano para formar un gobierno cubano que representara al pueblo cubano:

¨Esa gente del gobierno y Cámara autonomistas han venido rectificándose  constantemente y son capaces de decir  en un momento dado a los Estados Unidos: aceptamos la independencia, secundamos a los americanos para  formar un gobierno ´fuerte y libre´, y los americanos se encontrarían con un Gobierno y una Cámara ´constituida´ , organizada más o menos bien, mientras que nosotros sólo tenemos un gobierno deficientísimo,con todos los poderes comprendidos en  una sola mano, la del Consejo de Gobierno, sin tener siquiera el país una administración de Justicia, ya que sólo ésta se ejerce malamente por los los Consejos de Guerra

Sobre la fuerza que había tomado el autonomismo aún  dentro del Ejército Mambí, un cercano amigo y colaborador de José Martí, el intelectual, militar y político Enrique Collazo, escribió en su libro  Los americanos en Cuba:

¨ En el campo insurrecto, la noticia  del establecimiento de la autonomía produjo  gran  excitación y alarma, que dieron lugar a que por el gobierno de la república se dictaran órdenes severísimas  para evitar los efectos de la novedad implantada y que contuvieran a los débiles o a los cansados de la guerra (que no escaseaban)  y que al saber que los españoles  no mataban, buscaron en la presentación el término  de los riesgos y miserias de campaña.
En el extranjero provocó  por parte del elemento oficial de la revolución y de los exaltados, serias y continuadas protestas, y a muchos les dio facilidades para dejar de comer el negro pan de la emigración cambiándolo con mucho placer por el turrón autonomista que lograron conseguir al llegar a Cuba.
El gobierno de la revolución  pasó circulares recordando a todas las autoridades de la república, tanto civiles como militares,  que estaba en todo vigor y fuerza  el antiguo decreto Spotorno, y que los correos, prácticos y portadores  de proposiciones  que no estuvieran basadas  en la independencia, serían considerados  como traidores, juzgados en consejo de guerra verbal y condenados a muerte, y que en la misma falta incurriría cualquiera  que las recibiera  y no procediera  inmediatamente  a dar cumplimiento a lo ordenado.
La aplicación de este decreto  fue causa de la muerte  de dos emisarios  en Oriente y de la del teniente coronel Ruiz del ejército español, en el territorio de La Habana.
La severidad de las medidas tomadas da idea clara del  temor que el planteamiento de la autonomía causaba al elemento revolucionario.
¨

El gobierno norteamericano fue lo suficiente sabio o sensato de no seleccionar una facción política y dejar que en su momento el pueblo cubano tomara  esa decisión, aunque el Presidente William McKinley  y Leonardo Wood deseaban, de manera  personal, que el pueblo cubano se decidiera por la anexión; ambos respetaron la decisión  que tomó años después el pueblo cubano.

Es evidente que todo lo anterior dificultaría el comienzo y la terminación de unas conversaciones  cuyo objetivo inmediato era la firma de  un tratado que diera un fin oficial y definitivo a la conflagración. 
 
 Por cierto, el favorito en los círculos norteamericanos para que  fuera Presidente de Cuba era Calixto García, por lo del ¨mensaje a García¨que llevó el Teniente Rowan,  y no Don Tomás Estrada Palma por su carácter.  Leonardo Wood, que era doctor en medicina y tenía a la esposa de McKinley como paciente, era el favorito de su partido para las elecciones presidenciales en EE.UU. en 1920, pero, si mal no recuerdo haber leido Al estar desempeñando  en Puerto Rico un alto cargo, un mal manejo de carácter logístico (¿alimentos en mal estado?)  afectó de tal manera a la tropa  que se convirtió en un escándalo que lo privó de la candidatura para la Presidencia.

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El libro de Rolando Rodríguez es Cuba: La forja de una nación (3 tomos) de la Editorial de Ciencias Sociales
Pichardo, H. (1976). Documentos para la Historia de Cuba (Tomos I y II). La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
Roig de Leuchsenring, E. (1960. Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos. La Habana: Ediciones La Tertulia.
Prieto, J. (1998). El Liberalismo cubano en el siglo XIX. Revista Hispano Cubana, No. 1. Madrid: Editorial FHC.  

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martes, enero 28, 2020

Los dos últimos generales mambises. Alejandro González Acosta sobre el hecho que la tiranía castro comunista de Cuba no les tributó los honores correspondientes a su trayectoria patriótica y jerarquía militar.



Los dos últimos generales mambises

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Fallecidos en 1963, el Gobierno de Fidel Castro no les tributó los honores correspondientes a su trayectoria patriótica y jerarquía militar.
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Enrique Loynaz y del Castillo

'Carga al machete', boceto. ARMANDO GARCÍA MENOCAL MUSEO DE BELLAS ARTES DE CUBA

Por Alejandro González Acosta
Ciudad de México
26 Ene 2020

Con poco más de un mes de diferencia, ya en tiempos de Fidel Castro, murieron en La Habana los dos últimos generales mambises, y ninguno recibió los honores militares que le correspondían.

1963 empezó mal: el 6 de enero fallecía el general de brigada Carlos Gabriel García Luna y Vélez Cabrera (nacido el 29 de abril de 1867 en el Tejar de Santa Rita, Jiguaní, Oriente), hijo del mayor general Calixto Ramón García Íñiguez, a los 95 años. Poco después, el 10 de febrero, moría el también general de brigada del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo (quien vino al mundo el 5 de junio de 1871, en Puerto Plata, República Dominicana), con 91 años. Con ellos se iba todo un tiempo de heroísmo y valentía ciudadana.

A ninguno de ellos se le tributaron los honores correspondientes a su trayectoria patriótica y su alta jerarquía militar. El nuevo "Gobierno revolucionario" pasaba cuenta así a dos viejos luchadores que no aplaudieron los "nuevos tiempos", y de esta forma infringía además un agravio no solo a sus familiares, sino a sus compatriotas.

(Carlos García Vélez,  nombre con el que era y es  más conocido en la historia  Carlos Gabriel García Luna y Vélez Cabrera)

Cinco años después, nada menos que en La Demajagua, con gran cinismo, el dictador insular se autonombraría "heredero directo de los mambises": "Ellos hoy serían como nosotros; nosotros, ayer, seríamos como ellos". Y remachó diciendo que aquella gesta independentista iniciada en ese mismo sitio el 10 de octubre hacía un siglo, culminaba con la suya propia: él había alcanzado lo que aquellos no pudieron. Cien años de lucha por la libertad, que se coronaban con una dictadura comunista unipersonal: hicieron bien los dos generales en morirse antes de escuchar esto.

García Vélez había alcanzado el rango de general de brigada por méritos propios, no por ser "hijo de su padre", muy distinto a los militarotes de hoy en la Isla. Cuando casi al final de la guerra Calixto García le presentó la lista de ascensos al generalísimo Máximo Gómez, este advirtió que en la relación no estaba su hijo y se lo reclamó. La respuesta de Calixto fue directa y rotunda: "Yo no asciendo a mi hijo". Entonces, de su propia mano, Gómez agregó el nombre del oficial y este fue promovido.

(Calixto Ramón García Íñiguez en 1898)

En su larga y azarosa vida, García Vélez fue mensajero de la Western Union Telegraph Company, pianista profesional y, sobre todo, un gran dentista: fundó en Madrid la segunda revista especializada en odontología más antigua de Europa. Fue el primer ministro plenipotenciario de la República de Cuba ante el Gobierno de México, de 1902 a 1906 (ya como embajador lo sería más tarde), en correspondencia con el envío del representante azteca, Gilberto Crespo Martínez.

Ocupó también las embajadas cubanas en Londres y Washington, con brillante y honroso desempeño. Fue además el líder del Movimiento de Veteranos y Patriotas que demandó el adecentamiento de la vida republicana en oposición a los gobiernos republicanos corrompidos, y una figura de ejemplar conducta ciudadana hasta su último suspiro. Todavía se encuentra inédito su Diario, depositado en su Casa Museo de Holguín, donde es consultado por algunos investigadores: este debe editarse, así como se hizo con el Diario de campaña de Carlos Manuel de Céspedes.

Murió solo, pues su hijo que lo cuidaba tuvo que huir de Cuba perseguido por el nuevo Gobierno. (No he encontrado mucha información sobre él, pero según he podido indagar, Carlos García Vélez Martínez Ybor fue más tarde un prominente miembro de la comunidad cubana en EEUU y vicepresidente del First Federal Savings & Loan Association of Miami, ciudad donde falleció en 10 de marzo de 2004 a los 97 años de edad. Agradeceré cualquier otro dato sobre este personaje.) El anciano venerable, quien poco antes había perdido a su esposa, ya no pudo resistir este último golpe en su muy larga vida. Calladamente y en la sombra del olvido, se iba del mundo el hijo del "León de Holguín", quien ocupara el cargo de lugarteniente general del Ejército Libertador a la muerte de Antonio Maceo.

El general de brigada Loynaz del Castillo no murió solo, pero sí apartado, no por su avanzada edad —pues conservó lucidez y energías hasta su último suspiro— sino por no haber prestado su nombre y prestigio a las nuevas autoridades impuestas. Tenía varios hijos que le sobrevivieron: Dulce María, Enrique, Carlos Manuel y Flor, de su primer matrimonio con María de las Mercedes Muñoz Sañudo, una rica heredera criolla, y otros de sus matrimonios y uniones siguientes.

Loynaz del Castillo también escribió un Diario de campaña que después de muchas e ingratas gestiones, gracias al empeño de su hija Dulce María quien lo transcribió amorosa y cuidadosamente, y al apoyo decisivo de la entonces funcionaria Lucía Sardiñas, pudo por fin publicarse, cumpliendo así el anhelo supremo de la Premio Miguel de Cervantes: "Ese es el mayor triunfo y la alegría más grande de mi vida", me escribió en una carta.
(Todas las fotos y comentarios fueron añadid0s por el Bloguista de Baracutey Cubano. En esta foto  se ve al joven  Alejandro, autor de este artículo,  conversando con Dulce María (Mercedes) Loynaz; probablementemente en una  actividad de la Academia de la Lengua)

 Loynaz fue el autor del "Himno de la Invasión a Occidente", que fuera considerado como el otro canto republicano junto con el "Himno de Bayamo", de Perucho Figueredo. Este sirvió como aliento musical en la Guerra de los Diez Años, y aquel en la Guerra de Independencia. De hecho, se consideraba el himno de Loynaz como la tonada oficial del Ejército Nacional de Cuba.

(Dulce María Loynaz y su padre  Enrique Loynaz del Castillo, quien le salvó la vida a Antonio de la Caridad Maceo y Grajales cuando atentaron en contra  de la vida del Titán de Bronce en tierras de Centroamérica)

Dos robles gloriosos de la lucha por la independencia cubana, no tuvieron al partir de este mundo siquiera el reconocimiento debido a sus ejecutorias, pues los incluyeron en el proceso de reescritura de la historia que hoy continúa desarrollándose desde el Gobierno y a través de sus amanuenses, que necesitaba y reclamaba suprimir la difusión de la verdadera trayectoria de un país joven, a través de las vicisitudes de su búsqueda de la libertad. A ellos se agregarían pronto muchos más, sobre todo con la progresiva adulteración del pensamiento martiano y su amoldamiento a las necesidades del régimen, lo cual se extendería a otros patriotas insulares.

Algún día, en una futura Cuba democrática con ejercicio pleno de las libertades ciudadanas, habrá que reparar esa injuria cometida contra esos dos grandes patricios, los últimos generales mambises, para que reciban finalmente, aunque a destiempo, el homenaje debido a sus vidas ejemplares al servicio de la patria. A ellos y a muchos más.

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Himno invasor 1895  (Su historia y su letra)

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