miércoles, junio 07, 2023

Alfredo M. Cepero: LA NUEVA REVOLUCIÓN AMERICANA

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Rubén Martínez Villena quien fuera  jefe del partido comunista en Cuba  en algunos años de la tercera y cuarta décadas del siglo XX fue el que expresó : “Hace falta una carga para matar bribones/para acabar la obra de las revoluciones”. Martínez Villena  fue el que supuestamente (después de salir de una reunión con el Presidente Gerardo Machado) le llamó ¨asno con garras¨al Presidente Machado; digo supuestamente porque es extremadamente improbable  que un cubano le llame asno a un burro; quizás la palabra asno haya sido una licencia literaria del también comunista Pablo de la Torriente Brau al escribir sobre lo ocurrido al salir Martínez  Villena de esa reunión, que no fue la única  con Machado pues, la del llamado por los comunistas ¨error de agosto´ fue otra,  la. Por otra parte: Rubén Martínez Villena  le vio garras a Machado (que no era bruto o poco inteligente, pues había sido un triunfador en la empresa privada y en la política) y no le vio ni una pezuña al comunista  José Stalin, que ya había matado a millones de rusos y ucranianos.

Tengo la opinión que de las revoluciones sociales  que he estudiado, conocido o sufrido (una de ellas ha sido la Revolución Francesa), la única con un resultado positivo para su pueblo y para el mundo  ha sido la de las 13 Colonias de Norteamerica.

Los cubanos aún después de casi 64 años estamos sufriendo  el arribo al poder e imposición  de una Revolución. Entender  al camino de la violencia como la única  vía viril, valiente, heroica y gloriosa  para resolver los problemas. nos ha llevado como pueblo al ¨revolucionarismo¨  y con ello  a usar métodos terroristas que afectaban a personas no participantes en la lucha. La exaltación  de la vía de la violencia  y el poco  respeto (infundado o bien fundado) a las instituciones del Estado, del gobierno y de la República, incluyendo las Constituciones, así como concebir a la ¨Revolución como fuente de derechos¨  para solucionar los problemas nacionales nos llevaron como pueblo al abismo en que hemos caido los cubanos, ya que  los objetivos  de las Revoluciones (los cuales pueden ser sublimes o perversos) dependen  de las intenciones y el actuar de los hombres que dirigen y manejan  la violencia revolucionaria.

************

Tomado de http://www.lanuevanacion.com

LA NUEVA REVOLUCIÓN AMERICANA

*******

“Hace falta una carga para matar bribones/para acabar la obra de las revoluciones”. 

*******

Por Alfredo M. Cepero

Director de La Nueva Nacion

alfredocepero@bellsouth.net

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

6-6-23

 Los pueblos necesitan—de vez en cuando—una revolución. Quizás por aquello del dicho popular de que: “Nada es eterno bajo el sol.” Thomas Jefferson lo dijo en la original Declaración de Independencia: “«El árbol de la libertad debe regarse de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos. Ésta constituye su abono natural.» Y aunque discrepo de su filosofía política cito –por  lo acertado de su contenido—los versos de mi compatriota Rubén Martínez Villena: “Hace falta una carga para matar bribones/para acabar la obra de las revoluciones”. 

Y sigo con Thomas Jefferson—a quién admiro por su talento, más que por su conducta—cuando afirmó en la misma Declaración de Independencia: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Defectos tenía aquel hombre porque la perfección es reservada para los dioses. De hecho, reto a cualquiera de mis lectores que me señale un hombre sin defectos. Mi mujer me recuerda los míos todos los días.

Por su parte, Abraham Lincoln—confrontado con una carnicería donde 620,000 blancos murieron en la horrenda Guerra Civil por la libertad de los hombres de raza negra—entonó su oración de Gettysburg: “Hace ochenta y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en Libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales”. Lincoln resumió la guerra en tres minutos, diez oraciones y menos de 300 palabras.

Ahora bien, todos sabemos que los hombres pasan por lo que hacen, no por lo que dicen. Lincoln le hizo honor a esta conducta con su Proclama de la Emancipación puesta en vigor el primero de enero de 1863. En la misma, el Presidente de los oprimidos y de los humildes declaró: “Todas las personas retenidas como esclavos en los estados en rebelión son, a partir de este momento, totalmente libres”.

El 28 de agosto de 1963—cien años después de que Lincoln  firmara su Proclama de la Emancipación liberando a los esclavos—un hombre joven llamado Martin Luther King subió los peldaños del Lincoln Memorial en la ciudad de Washington para describir su visión de América. El joven describió su visión diciendo: “Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo. Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales". Tres hombres con distintos orígenes pero unidos por el principio de la igualdad para todos los americanos.

En los próximos cuarenta años, los hijos malos de America violaron los principios de la Declaración de Independencia de Jefferson, olvidaron la Proclama de la Emancipación de Lincoln y dieron muerte al sueño americano de Martin Luther King. El amor fue sustituido por el odio, los principios por la demagogia y la esperanza por la desesperación. Así comenzó el camino de la contrarrevolución.

El pantano de ese camino se manifestó en toda su deplorable fetidez bajo la presidencia de Barack Hussein Obama. Un hombre que escondió con el sigilo de las serpientes su odio y desprecio por los valores de los fundadores de la patria americana. Aunque no tengo la total certeza nunca lo escuché mencionar a Martin Luther King, como él un hombre de raza negra. Quizás porque King no predicaba la venganza.

Afortunadamente, este “Reino de Terror” ha empezado a perder impulso. Su continuación erosionaría los 247 años de progreso y sacrificio que comenzaron en Filadelfia en 1776. Tradicionales y actuales izquierdistas—como Elon Musk, Bill Maher, Matt Taibbi, Bari Weiss, Glen Greenwald, Naomi Wolf, o Richard Dreyfuss—son calificados de contrarrevolucionarios por cuestionar no solo los excesos de la izquierda sino las propias premisas de la izquierda.

Las últimas encuestas muestran un ínfimo apoyo del pueblo americano por las fronteras abiertas, por las múltiples identidades sexuales y por hombres biológicos compitiendo en deportes de mujeres. Indemnizaciones a los americanos de raza negra por gobierno insolventes—sobre principios de que sus antecesores pudieron haber sido esclavos hace ocho generaciones  por aquellos que pudieran o no haber tenido esclavos hace las mismas ocho generaciones—es ampliamente rechazada por la población en general. Esto es “un arroz con mango” que ni sus proponentes lo entienden.

Al mismo tiempo, cuando compañías como Anheuser-Busch o Disney tratan de congraciarse con los “jacobinos de la izquierda” pierden miles de millones en ganancias. El mismo Pentágono ha perdido millares de reclutas. Un caso similar ha sido el de CNN que ha perdido millares de televidentes con su política editorial de apoyo a los militantes de la izquierda. Tal es el caso de la Asociación  Nacional de Básquetbol que ahora hace alardes de haber alcanzado una teleaudiencia de cuatro millones de fanáticos. Hace un cuarto de siglo—cuando la población de los Estados Unidos era 60 millones más pequeña que en la actualidad—el básquetbol “pre jacobino” atrajo a 70 millones de televidentes en el campeonato de 1998.

Por su parte, Joe Biden—la cubierta decrépita de la contrarrevolución—es aprobada únicamente por el 40 por ciento de los votantes. Aún ese bajo nivel de aprobación es incrementado por el hecho de que el fantasma de la Casa Blanca no tiene la más mínima idea de lo que dice ni de lo que está pasando—y por lo tanto, se merece ese 40 por ciento por su falta de responsabilidad en el huracán político que él mismo ha desencadenado.

Ya nadie duda de que nos encontramos en medio de una contrarrevolución. El único antídoto es un regreso a los valores y los principios de los Padres Fundadores de esta nación excepcional. Esa revolución está ganando terreno. No porque el pueblo americano está indignado sino porque se ha dado cuenta de que si se refugia en la indiferencia está a punto de perder su nación. No hay tiempo que perder. Bien lo dijo Benjamin Franklin, el más erudito de los fundadores de esta nación: “Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad”.

6-6-23

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

sábado, marzo 13, 2021

Julio M. Shiling: La muerte de las elecciones justas y libres en Estados Unidos a través de la H.R. 1. H. R. 1 va mucho más allá en violentar las intenciones originales de los Padres Fundadores


 Tomado de https://elamerican.com/

La muerte de las elecciones justas y libres en Estados Unidos a través de la H.R. 1

*******

H. R. 1 va mucho más allá en violentar las intenciones originales de los Fundadores para validar la legitimidad electoral de Estados Unidos.

*******

(Protestas elecciones presidenciales 2020. (EFE))

Por Julio M. Shiling

03.08.21

El Partido Demócrata está un paso más cerca de lograr su objetivo de montar un sistema político de partido único para acomodar un régimen autoritario posmoderno. Esto no es una exageración. Con la aprobación el miércoles 3 de marzo en la Cámara de Representantes de la H. R. 1 o la risiblemente apodada “Ley para el Pueblo de 2021” a lo largo de las líneas partidistas esperadas de 220-210, con el representante de Mississippi, Bennie Thompson, siendo la única deserción demócrata, la presidente de la Cámara Nancy Pelosi fue capaz de dar a la izquierda la victoria que habían estado esperando durante mucho tiempo.

Sólo el Senado se interpone en el camino de si Estados Unidos continuará con su típico patrón histórico de albergar elecciones justas y libres, o si la farsa metodológica de las elecciones de 2020 se normalizará y sancionará legalmente, haciendo caso omiso de la Constitución, el Estado de derecho, los preceptos elementales de la integridad electoral, la libertad de expresión y los principios básicos de la legitimidad de la soberanía popular.   

Esta sería más apropiadamente llamada “Para la élite del Partido Demócrata de 2021” o H. R. 1, en sus 791 páginas lograría numerosas cosas, todas ellas estructuradas para vencer las salvaguardias de la integridad electoral y proporcionar un espacio acomodaticio para el fraude generalizado, además de deconstruir la estricta primacía de los estados por mandato constitucional en materia de leyes electorales. Además, ahogaría la destreza y la capacidad de la oposición para competir limpiamente, así como diezmaría el sistema y las normas del Estado de derecho de Estados Unidos.

Las técnicas que se encuentran en la inadecuadamente denominada “Ley para el Pueblo” para neutralizar efectivamente la democracia americana, destruyendo su modelo electoral honesto y competitivo, incluyen la concesión al gobierno federal del poder absoluto para dirigir las elecciones de la nación, en lugar de las legislaturas estatales, como garantiza la Constitución.

Las reclamaciones de “fraude” electoral en la contienda presidencial de 2020, provenían principalmente de la revisión de las leyes electorales estatales por parte de entidades espurias y no constitucionales como los gobernadores, los secretarios de estado y los tribunales estatales. Los cambios en las normas electorales se argumentaron sobre la base de dejar de lado las normas de escrutinio más estrictas en nombre de acomodar las preocupaciones de la pandemia. Parece que la crisis de la pandemia no sobrevivirá a sí misma, a pesar de su enorme disminución de muertes e infecciones.   

H. R. 1 va mucho más allá en violentar las intenciones originales de los Fundadores para validar la legitimidad electoral de Estados Unidos. La ley propuesta impondría el registro automático de votantes en los 50 estados, independientemente de que las legislaturas estatales estén de acuerdo o no. Esto significaría que cada vez que cualquier persona, esté o no legalmente documentada, se inscriba en cualquier programa de servicios estatales, solicite un permiso de conducir, prestaciones de servicio de Medicaid o cupones de alimentos, se inscriba en una universidad pública, o en una de otras autoridades estatales, se registrarían automáticamente para votar. Además, el registro sería en el mismo día y podría ser en línea obligatoriamente. 

Ya es bastante malo que, en un sistema, como el americano, en el que el voto es totalmente voluntario, se registre a la gente a la fuerza para votar infringiendo su derecho a no hacerlo, pero el mayor mal de este plan siniestro está en el intento de las leyes propuestas de eviscerar todo el arsenal de protección de un proceso electoral limpio y de preservar listas de votantes prístinas.

¿Elecciones transparentes?

La mayoría demócrata en la Cámara de Representantes busca con esta perjudicial pieza de legislación provisional eliminar la verificación de firmas y/o testigos para los votos en ausencia en todos los estados. Además, prohibiría el requisito de identificación del votante al votar (aunque no lo crean). En otras palabras, una persona podría ir a votar en persona sin una identificación y todo lo que se esperaría es la firma de una declaración que atestigua que el votante es quien dice ser. Esta relajación masiva de las medidas de control de la integridad del votante sería obligatoria en todos los estados.

Para colmo de males, la ley H.R. 1 prohibiría a los funcionarios electorales estatales limpiar las listas de votantes eliminando a los votantes inelegibles. Verificar la dirección del votante, cruzar las listas de votantes y eliminar a los inscritos en general, independientemente del tiempo transcurrido, sería ilegal. Por decirlo de otra manera, la obligación del Estado de preservar la integridad del sistema de votación asegurándose de que sólo se cuenten los votos legales, se convertiría en un acto ilegal bajo la H. R. 1. Además, el proyecto de ley protege a los no ciudadanos que votan de cualquier sanción o persecución si se registran “automáticamente”, como pretende hacer la ley propuesta.

Menores de edad de hasta 16 años serían registrados a la fuerza para votar y la mayoría de los delincuentes en prisión tendrían la capacidad de hacerlo. La recolección de papeletas, la práctica de que terceras entidades hagan un sondeo de votos, estaría permitida y sería obligatoria en todos los estados. El plazo en el que los estados deben aceptar las papeletas de voto por correo se prescribiría de forma universal desde el gobierno federal, sobrepasando groseramente el derecho y la discreción popular de los estados para diseñar la especificidad de la ley electoral. Prácticas tradicionalmente desaprobadas, como el voto en la acera, dada la facilitación general que este procedimiento supone para el fraude electoral, se impondrían en todo el país. La H. R. 1 parece haber incluido todos los artilugios necesarios para aclimatar el robo de unas elecciones.

La “Ley para el Pueblo”, además de violar la Constitución al desconocer el papel primordial que tienen los legisladores estatales en la elaboración de las leyes electorales y buscar la eliminación de defensas probadas contra el fraude y el abuso de los votantes, intenta censurar flagrantemente el discurso de la oposición al criminalizar la publicación de “información engañosa” sobre las elecciones.

Esta sería la federalización de la censura de las Big Tech, ahora llevada a cabo desde la sede del gobierno nacional. Se convertiría en un delito federal del más alto calibre cuestionar la validez de las elecciones de cualquier forma que pueda desalentar el voto, tal y como lo entienden los demócratas. Esta supresión de la libertad de expresión que este proyecto de ley impondría es afín a Google, Twitter, Facebook y la conspiración confesa de la cábala izquierdista contra Donald Trump.   

Como si las violaciones de los derechos constitucionales y civiles que parece transgredir la ley H.R. 1 no fueran suficientes, las graves consideraciones éticas se hacen evidentes con la disposición que permite a los políticos utilizar fondos de campaña para gastos personales no relacionados con la política. Tal vez no sea una sorpresa encontrar en este proyecto de ley secciones que piden la estadidad en bastiones tradicionales del voto demócrata como Puerto Rico, y otras posesiones territoriales de los Estados Unidos. Esta ley tentativa no denota ninguna vergüenza en su obvia maniobra de toma de poder.

H. R. 1 sería mejor referida como “Ley para los estafadores de 2021”. Su aprobación no sólo exasperaría todas las razones de las graves irregularidades y anomalías de las elecciones de 2020. Establecería el mecanismo para destruir el elemento característico de la democracia americana de frenos y contrapesos, limitaría la libertad de expresión, induciría la corrupción política y degradaría las elecciones a niveles de una estafa del crimen organizado. Los republicanos del Senado y algunos senadores demócratas que aman a Estados Unidos deben detener esta monstruosidad. Si no lo hacen, la cita de Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia podría ser cada vez más relevante: “Que siempre que una forma de gobierno se vuelva destructiva de estos fines, es derecho del pueblo modificarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno”.   

Etiquetas: , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...