Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
viernes, agosto 25, 2023
Chucho Valdés y Albita Rodríguez presentarán ‘Masters of Our Root’ en Miami. La firma de Chucho apoyando el fusilamiento de tres personas que no derramaron una gota de sangre en el secuestro de la lancha de Regla de nombre Baraguá
Chucho Valdés y Albita Rodríguez presentarán ‘Masters of Our Root’ en Miami
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Los dos músicos cubanos se presentarán en el Miami-Dade County Auditorium el 22 de septiembre para presentar 'Masters of Our Root'.
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CUBANET
25 de agosto, 2023
MIAMI, Estados Unidos. – La alquimia musical entre la guajira y el jazz afrocubano brillará con luz propia en el Auditorio del condado de Miami-Dade el próximo 22 de septiembre, con el encuentro entre el maestro del jazz Chucho Valdés y la versátil cantante Albita Rodríguez, quienes tras una extensa gira que incluyó Europa, Emiratos Árabes, parte de Estados Unidos y Puerto Rico, ahora presentan Masters of Our Root en tierras miamenses.
“Todo viene de Cuba, de lo que le dicen afro-cuban-jazz, de la música campesina. Es una mezcla de cosas, pero todo es muy cubano”, compartió Valdés en entrevista con la agencia de noticias EFE. Este proyecto, que se plasma tanto en concierto como en un álbum, nace de la idea de Chucho de unir su talento con una “voz femenina”. El músico pensó en Albita, y la magia surgió.
Este no es un concierto cualquiera. Masters of Our Root recoge grandes éxitos como Bacalao con pan, de Chucho, y Qué manera de quererte, de Albita. Pero además, “traerá también cosas nuevas”, adelanta la cantante. Una de las piezas más esperadas es la dedicada a la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, con música de Chucho y letra de Albita.
Albita resalta el virtuosismo de Valdés: “Chucho entra y sale de los diferentes estilos con una facilidad que hace muy fácil que esto sea, como dice él, una sola música”. Asimismo, expone cómo ambos artistas han apostado por la música cubana desde distintos ángulos pero siempre respetando sus raíces.
Chucho Valdés, a sus 81 años, no solo trae en su mochila el peso de una carrera musical admirable, sino también la ilusión de nuevos proyectos. Uno de ellos podría ser con el trompetista Arturo Sandoval, con quien fundó la banda Irakere en 1973. “Habrá sorpresas porque los grandes se tienen que unir”, insinúa el pianista sobre un posible reencuentro con Sandoval.
El concierto, que se promueve como “histórico”, contará con el acompañamiento del Royal Quartet, de Chucho, y una banda ampliada para el lucimiento de los metales. Ambos artistas anticipan que será una noche inolvidable, en especial en Miami.
“Lo hemos hecho en muchos lugares, pero que sea en nuestra ciudad donde hay tantos cubanos por todo norte, sur, este y oeste, entonces está claro…”, concluye Albita.
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AmericaTeVe Miami
22 de noviembre, 2024
Chucho Valdés se DECLARA EXILIADO con Juan Manuel Cao y aclara que no firmó la carta "Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos” apoyando el fusilamiento de tres jóvenes que no habían cometido ningún hecho de sangre
Cuando los intelectuales apoyaron "el terror del castrismo": A 17 años del “Mensaje desde La Habana..."
Algunos de los intelectuales firmantes del "Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos”, 2003.
Por Yolanda Huerga
Abril 19, 2020
Han pasado 17 años desde aquel 19 de abril en que un grupo de artistas y escritores cubanos firmara una carta respaldando el encarcelamiento de 75 disidentes, el fusilamiento de tres jóvenes y las sentencias a cadena perpetua de otros cuatro por haber secuestrado una lancha con la intención de llegar a Estados Unidos.
La carta divulgada como “Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos” respondía a otro documento suscrito por decenas de intelectuales del mundo entero, incluyendo tradicionales amigos de la Revolución, en el que condenaban la represión por delitos de opinión en Cuba y ponían en entredicho la legalidad y la “justicia revolucionaria
Radio Televisión Martí buscó opiniones sobre el tenebroso ambiente de aquellos días de Primavera Negra y del fusilamiento de tres jóvenes que estuvieron encarcelados tan solo diez días.
“El 2003 fue un año definitivo, no sólo para la política sino también para la cultura y la sociedad cubana. Fue el año de aquel vergonzoso acto represor conocido como Primavera Negra que daría inicio al más importante de los movimientos de resistencia social de la oposición, las Damas de Blanco, y fue el año en que tres jóvenes que intentaron huir de Cuba en una lancha, fueron engañados prometiéndoles un juicio justo, y al final, en un proceso absolutamente ilegal e inhumano, fueron fusilados”, destacó Amir Valle, establecido en Berlín, Alemania.
Ya en 1961 Fidel Castro había resumido en una frase su política cultural: “Dentro de la Revolución, todo. Contra la Revolución, nada”. No Había alternativas. Los creadores, tuvieron que plegarse a tal mandato porque de ello dependía su supervivencia.
“Todos los que conocía, de todos los estratos de la cultura cubana, todos, pensaban que aquello era una aberración, lo comentaban en los corrillos no oficiales pero jamás levantaron sus voces y fueron muchos los que aceptaron esa afrenta que fue la carta en la cual personalidades como Alicia Alonso, Silvio Rodríguez, Miguel Barnet, entre otros, no sólo defendieron los fusilamientos sino que también tuvieron la indecencia de intentar que pensadores de otros países se sumaron a ese apoyo vergonzante”, apuntó el autor de “Los desnudos de Dios”.
A la carta inicial rubricada por 27 figuras destacadas de la cultura nacional y publicada en el diario oficial Granma, le siguió un llamamiento a todos los miembros de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de la Asociación Hermanos Saiz (AHS) y de las instituciones culturales y universidades de todo el país para que avalaran la decisión tomada por Fidel Castro.
En las semanas siguientes, Granma publicó periódicamente las listas de los firmantes que se sumaban a lo largo del país.
Al respecto, el escritor y activista Ángel Santisteban dijo desde la capital cubana: “Cuando se abrió la convocatoria, como mi apartamento está muy cerca de la sede de la UNEAC, muchos llegaban a mi casa a saludarme, y puedo asegurar que hasta los más fervorosos defensores del régimen me confesaron en aquella oportunidad no estar de acuerdo con el encarcelamiento de los 75, pero sobre todo, les indignaba el fusilamiento de esos muchachos”.
El gobierno cubano afirmaba que había una “agresión en ciernes”, que Estados Unidos pretendía invadir Cuba.
“La mayoría justificaba haber signado el “Mensaje” con el hecho de que no estaban de acuerdo con la invasión”, lamentó Santisteban, quien ya en 1995 había recibido el premio UNEAC por su libro de cuentos “Sueño de un día de verano”.
El ensayista Carlos Aguilera, radicado en la ciudad alemana de Frankfurt, recalcó que “aquella carta fue una infamia. Por una parte, un Estado despótico encarcelando, asesinando, reprimiendo. Y por otra, un grupo de cortesanos apuntalando todo el terror del castrismo. Cuando un día se puedan hacer preguntas y llevar a juicio a culpables, habrá que exigirle a la claque intelectual cubana no solo por haber firmado la proclama, sino por haber contribuido al crimen y haber favorecido el desmantelamiento de toda posición crítica, todo espacio de reflexión y discrepancia”.
Sin embargo, más que las contundentes declaraciones de figuras como Günter Grass, Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards, tuvo un impacto mucho mayor en la intelectualidad nacional que artistas y escritores, abiertamente de izquierda, como Pedro Almodóvar, Joan Manuel Serrat, Fernando Trueba, Joaquín Sabina, Caetano Veloso, José Saramago o Eduardo Galeano hicieran duras críticas al régimen. Hasta Noam Chomsky pidió en el 2008 la libertad de los detenidos en la Primavera Negra.
“De pronto había una unidad manifiesta entre colegas de la izquierda y la derecha a nivel mundial. Fue una semilla pequeña que se sembró en la cabeza de muchos de nosotros y que floreció unos años después en la rebelión intelectual que se conoció como “Pavongate o Guerrita de los emails” en 2007”, señaló Valle.
“Por eso pienso que el 2003 marca un antes y un después, porque no sólo pasaron los hechos y no sólo la sociedad se conmovió sino que hubo cambios muy profundos en lo político, lo cultural y lo social en Cuba”, agregó.
“Nadie debería estar a favor de la pena de muerte, la vida humana es sagrada, en mi opinión", indicó el escritor Gabriel Barrenechea, natural de Encrucijada, Villa Clara. “Y me parece totalmente incongruente que un escritor o un artista apoye procesos contra la libertad de expresión; negarla es negar nuestra esencia como creadores”.
A través del Blog Segunda Cita, Radio Televisión Martí contactó con Silvio Rodríguez, a quien preguntó: “En abril de 2003, usted firmó el Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos. Diecisiete años después, ¿sigue apoyando las ejecuciones?”
A lo que el cantautor respondió: “Nunca apoyé aquellas ejecuciones. Y estoy seguro de que ninguno de los firmantes de aquella carta lo hacía”.
17 años después, Silvio Rodríguez afirma que no apoyó las ejecuciones con la firma de la carta.
“Firmamos la carta cerrando filas con el derecho de Cuba a ser soberana”.
“Era 2003, cuando Bush se lanzaba contra Irak e inspirado en lo peor de la Florida le dijo a Collin Powell: 'Primero Irak y después Cuba'. Después tuvo que decir que lo había dicho en broma”.
“Jamás renunciaré a defender a mi país de los abusadores y de los amigos de los abusadores”, dijo Silvio Rodríguez.
En una entrevista concedida al diario español El Periódico en 2008, el trovador Pablo Milanés dijo que, a diferencia de otras personas, se negó "a firmar una carta de apoyo a los fusilamientos decretados en abril de 2003 y las penas de largos años de prisión a 75 disidentes.
A la pregunta de si se trató de "puro oportunismo" por parte de esos intelectuales firmantes de la carta, Milanés respondió que "sí, y de pura cobardía".
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Published on Apr 1, 2016
Los tres jóvenes habían secuestrado la embarcación conocida como la Lanchita de Regla. Al quedarse sin combustible fueron capturados por las autoridades y tras juicio sumario, fusilados.
Familiares recuerdan a tres jóvenes cubanos fusilados tras juicio sumarísimo
Los tres últimos fusilados, los cuales no mataron, hirieron ni derramaron una sola gota de sangre:
Lorenzo Enrique Copello Castillo, Bárbaro Leodan Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac.
Uploaded on Mar 31, 2008
Declaración de la madre cubana Ramona Copello, madre de Lorenzo Enrique Copello, uno de los tres jóvenes que el actual enfermo Dictador cubano Fidel Castro Ruz, envió a la muerte, ordenó que los fusilaran en Abril del año 2003 por el simple"delito" de querer emigar a Miami, EE.UU. en una lanchita de pasajero del Mucipio de Regla en la Ciudad de La Habana, sin estos jóvenes haber cometidos delitos de sangre o haber maltratado a los pasajeros. Sencillamente fue un asesinato ordenado por Fidel Castro Ruz.
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Uploaded on Sep 28, 2009
Los supuestos actos de "terrorismo" fueron intentar llevarse una de las lanchitas de regla, con pasajeros a bordo, NADIE resultó lesionado, se entregaron sin resistencia a los guardafronteras, fueron fusilados en el plazo de un poco más de una semana luego de que comenzara el juicio.
Rosa María Sevilla. Madre del fusilado Bárbaro Ledón Sevilla
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Emigrar al patíbulo
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Un testimonio de las últimas horas de Lorenzo Enrique Copello, el último fusilado del castrismo.
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Por Ricardo González Alfonso
La Habana
Convivir en un calabozo con un condenado a muerte es intrincarse en el laberinto de una vida ajena, que comienza a pertenecernos, a dolernos.
Lorenzo Enrique Copello, fusilado el 11 de abril de 2003.
Cuando abrieron la puerta de la celda tapiada y vi por primera vez a
Lorenzo Enrique Copello Castillo, no imaginé que lo fusilarían en una semana, tras uno de esos juicios sumarísimos de la primavera de 2003.
Lorenzo era un negro de treinta y tantos años, de buen aspecto, que caminaba cojo por la golpiza que le propinaron cuando lo arrestaron en el Puerto del Mariel, al oeste de La Habana. Los zapatos negros y sin cordones tenían marcas de salitre, y sus ojos reflejaban la extenuación de los náufragos, de esos que aún huelen a mar.
Nos saludó con una sonrisa doble: la de sus labios y la de sus ojos. Se acostó, y al instante dormía con la inmovilidad de los difuntos.
Mis compañeros de celda —el chino, un joven acusado de vender drogas, y un muchacho condenado por asesinato e involucrado en un tráfico de emigrantes— nos sentimos desilusionados. Nos sabíamos de memoria nuestras respectivas historias o leyendas y esperábamos del recién llegado una de estreno. En los calabozos de Villa Marista, sede nacional de la Seguridad del Estado, no hay espacio para caminar; y la única opción, entre interrogatorio e interrogatorio, es conversar sobre cualquier tema, para no pensar.
Por la mañana, descubrimos que Lorenzo era un criollazo. Nos relató, como quien cuenta una película, que a medianoche abordó con varios amigos y amigas la lancha Baraguá, una de esas que cruzan con pasajeros la bahía habanera. El grupo de piratas debutantes llevaba oculto en sus mochilas recipientes con combustible; y, además, contaban con un arsenal de desconsuelo: un revólver y un cuchillo. Lorenzo apoyaba su narración con mímica teatral. "Llegué hasta la cabina y disparé dos veces. Una contra la proa y otra al mar. Entonces grité: '¡Esto se jodió, nos vamos pa' Miami!'".
Al principio todo resultó a pedir de sueños. Entre los pasajeros habían dos extranjeras —magníficas piezas de cambio— acompañadas por un par de Rastafaris. En total, tenían una treintena de rehenes. La Bahía de La Habana quedaba atrás, y la embarcación se adentraba en el anchísimo Estrecho de la Florida.
Lorenzo cerró los ojos para disfrutar mejor de sus palabras. "Oigan, ya nos veíamos en las costas de Cayo Hueso enseñando unos carteles que habíamos hecho con frases contra el comunismo, para que los americanos nos dieran asilo político". Lorenzo sonrió, como un chiquillo que recuerda una travesura. Al abrir los ojos, despertó de su aventura onírica. Su expresión se transformó en la de un adulto en peligro.
(Lorenzo Enrique Copello Castillo)
Nos contó, siempre auxiliándose con su gestualidad criolla, cómo el mar —un mar histérico— cambió de humor repentinamente. Imaginé las olas como cascadas continuas, la lancha a la deriva, a merced de ascensos y descensos bruscos y constantes. Vi en el rostro del negro el terror que sintieron aquellos cachorros de mar —secuestradores y rehenes— al saber que en esa situación de espanto se había agotado el combustible, incluido el de reserva.
Un guardacostas cubano se aproximó. A través de un megáfono uno de los guardafronteras los conminó a entregarse. "Pero nosotros, de eso nada. Respondí a gritos que teníamos a dos extranjeras. Que nos dieran combustible o la cosa iba a terminar mal".
Llegaron a un acuerdo. El guardacostas remolcaría a la Baraguá hasta el Puerto del Mariel. Allí le proporcionarían lo necesario para llegar a Estados Unidos, a cambio de que no lastimaran a los rehenes.
Lorenzo intentó esgrimir una sonrisa de consuelo, pero, errático, emitió un suspiro triste. "Era una trampa. Muy cerca del muelle, un hombre rana del Ministerio del Interior le hizo una seña a las extranjeras para que se lanzaran al agua. Una de ellas se tiró. Traté de impedir que la otra hiciera lo mismo, pero un pasajero —después supe que era un militar vestido de civil— me empujó, caí al mar y perdí el arma. Varios hombres ranas me atraparon. En el agua comenzaron a golpearme. Continuaron en el muelle. Mis compañeros también estaban dominados".
"La cosa fue grande. Vino hasta Fidel. Nos dijo que si nos hubiéramos ido, dentro de unos años hubiéramos querido regresar".
Lorenzo movió la cabeza seguro de su negativa. "¡Qué va! Yo hubiera hecho como mi padre, que se pasó la mitad de la vida preso; pero en el 80, cuando lo del Mariel, se fue a Estados Unidos, se cambió el nombre, estudió y se hizo ingeniero. Sí, yo iba a hacer lo mismo. Después reclamaría a Muñe, mi mujer actual; y a Rorro, mi hija, que es del primer matrimonio".
Muñe —apócope de muñeca— vendía pizzas en su casa. Lorenzo la describía como una Venus de Milo, pero con brazos, cálida y cándida. Al hablar de Muñe la expresión del negro se asemejaba a la de un amante primerizo.
Pero ella, como Rorro, desconocía que Lorenzo vivía dos existencias paralelas, y que con esa doble vida recorría su laberinto personal. Él era una moneda que giraba por el aire a cara o cruz, a mal o bien.
Lorenzo trabajaba días alternos como custodio de una policlínica del municipio de Centro Habana. Allí su actitud era ejemplar, nos aseguró. Mas sus días libres eran libertinos. Se dedicaba al proxenetismo y a la estafa. Esta la ejercía a veces a través de juegos de azar; otras, como "guía" de turistas inexpertos.
"Una vez —nos relató entusiasmado— viajé a Pinar del Río con un francés. ÁQué vida! El lo pagaba todo: un apartamento que alquiló, bebida de la buena y a las mejores jineteras. Allá conoció a una temba y se quedó con ella. No sé qué le vio. El francés era un buen hombre. Yo siempre me porté bien con él. Aunque era muy confiado, jamás me aproveché de eso". Nos miró con picardía y añadió: "¡Pero a otros…!".
En una ocasión Lorenzo me dijo: "Ricardo, qué lástima que te dio por la política. Con tu pinta y facilidad de palabras, serías un estafador de primera".
También nos hablaba de Rorro. Una linda adolescente que sabía valerse por sí misma. "Es como yo, pero honrada". El sobrenombre surgió cuando era una bebé, pues la madre y Lorenzo le cantaban para dormirla: "A rorro mi niña, a rorro mi amor". La muchacha estudiaba la enseñanza media en Miramar, un reparto de la antigua —y actual— clase alta. "Papi, allá los autos son cómicos, la gente se viste cómico, las casas son cómicas. En fin, Miramar es una comedia".
El día que a Lorenzo le entregaron la petición fiscal, le dijo al guardia que servía la comida: "Échame más, ¡qué soy un pena de muerte!". Y se rió. Pero un rato después nos miró serio y comentó en voz baja, casi consigo: "quién lo hubiera dicho, ¡yo deseando una sanción de 30 años!".
Lorenzo regresó del juicio muy optimista. "Mi abogado dijo que cómo se iba a pedir sangre, si no se derramó una gota de sangre". Y repetía a cada rato estas palabras, con el fervor que un moribundo invoca a Dios.
También nos comentó: "Ustedes no me van a creer, pero sentí más miedo cuando en el juicio vi el vídeo de la lancha subiendo y bajando en aquel mar furioso, que cuando yo estaba allí mismito, jugándome la vida".
Esa noche nos llevaron a una oficina. A los cuatro por separado. Cuando llegó mi turno, un capitán me explicó que aunque a Lorenzo le pedían la pena de muerte, eso no significaba que lo fusilarían. "Pero —puntualizó el oficial— algunos condenados a la pena capital se desesperan y se suicidan por gusto, pues la sanción no es ratificada por el Tribunal Supremo o por el Consejo de Estado".
Con este argumento solicitó mi cooperación para impedir —dado el caso— que Lorenzo atentara contra su vida. Accedí. Después me enteré que a mis otros dos compañeros de celda le pidieron lo mismo. Nunca supe que le dijeron a Lorenzo.
Desde entonces la ventanilla de la puerta tapiada la mantuvieron abierta; y afuera, un policía permaneció de guardia.
Al otro día por la tarde vinieron a buscar a Lorenzo. Regresó muy contento. "La Seguridad del Estado trajo en un auto a Rorro, a la mamá de ella y a mi madre. Me dijeron que el director del policlínico le iba a escribir al Consejo de Estado hablándole de mi buena actitud laboral". Al rato vinieron de nuevo por él.
Ya a solas , el Chino, el otro muchacho y yo comentamos que esa visita era la despedida final. La policía política —y la otra— no acostumbra a traer a nuestros familiares para que nos visiten. Estábamos equivocados. No era la última despedida, sino la penúltima.
Lorenzo retornó feliz. Dos oficiales fueron a buscar a Muñe y había tenido una visita con ella. A discreción, mis compañeros de celda y yo nos miramos consternados. Comprendimos que Lorenzo sería ejecutado próximamente.
Aquella tarde la comida fue diferente a la habitual: medio pollo, arroz con moros, ensalada, vianda, postre y refresco. Lorenzo sospechó. "¿Medio pollo para cada uno?". El guardián lo tranquilizó argumentando que habían traído tantos pollos que no cabían en las neveras, y a todos los detenidos les estaban sirviendo la misma ración. Lorenzo le creyó —o simuló creerle—: era su última cena.
Horas después, Lorenzo sintió un dolor en el pecho. Avisé al guardia. Se lo llevaron inmediatamente a la posta médica. Regresó al rato. Nos aseguró que se sentía mejor después que lo inyectaron. Estaba soñoliento. Obviamente lo drogaron. Transcurridos unos minutos, dormía otra vez con la inmovilidad de los difuntos. Recordé la noche que lo conocí. Apenas —y a penas— había pasado una semana.
Sería medianoche cuando abrieron la puerta. En el pasillo vi a seis guardias. Uno entró y despertó a Lorenzo. Se levantó aturdido. Se calzó con torpeza sus zapatos sin cordones. Me miró como preguntándome: "¿Qué ocurre?". Se lo expliqué con una mirada. Le di una palmada en el hombro, y lo vi partir a la muerte.
En un libro bastante serio sobre la invasión de Girón o Bahía de Cochinos escrito y publicado en Cuba y de nombre La Batalla Inevitable del historiador Juan Carlos Rodríguez, se muestra y demuestra que Humberto Sorí Marín había sido¨ penetrado¨ en Cuba por el G2 Castrista o Departamento de Seguridad del Estado. La amistad que tenían desde la Sierra Maestra Humberto Sorí Marín con el capitán Alcibiades Bermúdez sirvió para que Sorí Marín en el Exilio se acercara mediante cartas a Alcibiades Bermúdez, este se lo comunicó al G2 Castrista y desde que entró a Cuba todos sus movimientos eran conocidos; no fue casualidad el que detuvieran a prácticamente toda la dirección del clandestinaje antiCastrista en la casa en que estaba Sorí Marín; la equivocación del G2 de ir a la casa de al lado y no a aquella en la que se estaba efectuando la reunión de los líderes fue un error que se explica muy bien en ese libro. El hermano de Alcibiades Bermúdez, ya fallecido, también estaba trabajando para el G2. Humberto Sorí Marín fue herido en un glúteo cuando huía. Lo demás fue una ¨puesta en escena ¨para proteger a las fuentes que dieron la información.
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Wenceslao Cruz
23 abril, 2023
Cuba y su historia - FUSILAMIENTOS EN CUBA (1959–2023)
En esta foto aparecen, de izquierda a derecha, Tután Fajardo, Alberto Fernández Hechevarría, Humberto Sorí Marín, mujer no identificada, Capt. Mario Redondo, Emilio Posada, y Ramón Corona. El grupo está en Miami frente al “Tejana III”, uno de los buques madres con que la CIA infiltró armamentos y hombres en Cuba antes de la invasión de Bahía de Cochinos.
El “Tejana III”, un ex caza submarino de la Segunda Guerra Mundial, iba artillado con cañones de 40 y 20 milímetros, ametralladoras calibre 50, y otras armas. El yate se mantenía en aguas internacionales mientras enviaba su cargamento a la isla en lanchas rápidas V-20, que alcanzaban 35 nudos de velocidad.
El 13 de marzo de 1961, Sorí Marín y Rafael Díaz Hanscom viajaron de Miami a la costa norte de la provincia de La Habana en el “Tejana III” y lograron infiltrarse sin ser detectados. Cinco días después, ambos hombres fueron arrestados en la capital en compañía de otros dirigentes de la resistencia anticastrista y fusilados posteriormente.
LO RECORDAMOS - 20 de abril de 1961 - Rogelio González Corzo “El Gallego”, de 28 años, ejecutado por un pelotón de fusilamiento después de un corto juicio. González estudió Agronomía en la Universidad de La Habana y se activó en la Agrupación Católica Universitaria. Se convirtió en el líder del Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) con el nombre de guerra de "Francisco". Fue arrestado durante una reunión con otros líderes de la resistencia en La Habana y ejecutado unos días después. Extractos de su última carta a sus padres: "Estoy escribiendo esto a las 2 a.m. del 20 de abril. Estoy en una celda llamada capilla, ya que mi muerte es cuestión de minutos. Quiero que sepan que mi último pensamiento en la tierra fue para ustedes y mis queridos hermanos".
Carta del 20 de abril de 1961 de Rogelio González Corzo a sus padres, escrita minutos antes de ser fusilado por el régimen de Castro.
20 de abril de 1961
Queridos padres y hermanos:
Sé lo que representa para ustedes el momento en que reciban la noticia de mi muerte encontrándose ustedes lejos de donde yo estoy. Quiero decirles que esto fue siempre lo que yo le pedí a Dios. Creo que hubiera sido para ustedes un sufrimiento mayor moral y quizás físico si hubieran estado aquí y hubieran tenido que pasar por todo este tiempo que entre mi prisión y mi muerte duró 32 días.
No tienen en ningún momento que abochornarse de mi prisión y fusilamiento, al contrario, espero que estén orgullosos de su hijo y que sepan adoptar una postura correcta en el momento en que Dios y la Patria pedían el sacrificio de su hijo. Quiero que sepan que era la única postura que podía tener en situaciones como la que está atravesando la patria en estos momentos.
Esto lo estoy escribiendo a las 2 a.m. del día 20 de abril. Estoy en una celda que le dicen capilla, ya que mi muerte es cuestión de minutos. Quiero que de esta manera sepan ustedes que mi último pensamiento en la tierra fue para ustedes y mis queridos hermanos.
Padres, hermanos, sólo tengo una terrible preocupación, pero confío que siendo mi última voluntad esta preocupación deje de serlo y se convierta en una gran alegría, ella es la vida espiritual, la vida religiosa de ustedes. Saben que siempre mi preocupación fue la Religión Católica y tratar de hacer la voluntad de Dios; en estos momentos estoy seguro que la estoy cumpliendo y quiero que esta muerte mía, de la cual deben de estar orgullosos, sirva para que ustedes papá y mamá, me hagan la promesa de ir a misa todos los domingos y de confesar y comulgar los dos y después hacerlo regularmente.
Que mis hermanos Manolito e Isidro hagan ejercicios espirituales, anualmente, que se confiesen y comulguen mensualmente y vayan a misa todos los domingos. Traten de ser buenos esposos con esas dos joyas que tienen, Laurita y Fifí, a las cuales también les pido mejoren su vida espiritual. Para mi sobrín Carlos Manuel que le digan lo mucho que su tío lo quería, que murió para que tuviera una Cuba digna y católica y por favor que vaya a un colegio católico. Recuerden que es más importante salvarse que saber inglés. A mi ahijado y mis dos sobrinas muchos besos. Que vayan a colegio católico y que sean buenos hijos todos.
En estos momentos en que la muerte toca a la puerta sabrán, padres y hermanos, que estoy con gran tranquilidad, lo mismo que todos mis compañeros, ya que ello me abre las puertas del cielo y de la dicha eterna. Además, me lleva al lado de abuelito y de mis abuelos donde, si Dios quiere, los espero a todos.
Recuerden, no lamenten, esto es lo mejor. Recuerden que los espero en el cielo, que tengan fortaleza como yo la tengo en estos momentos y que me voy con una sola preocupación de su vida espiritual. Por favor, no la abandonen, que en ningún momento mi problema vaya a afectar al catolicismo de ustedes, al contrario, lo fortalezca.
Sin más, esperándolos en el cielo, queda su hijo, que nunca los olvida y los espera con los abuelos,
Rogelio
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lgunos de otros fusilados en abril de 1961. En esta foto aparece Rogelio González Corzo.
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Carta postuma de Virgilio Campaneria Ángel
La Cabaña, Cuba Abril 17 de 1961 A mis compañeros estudiantiles y al pueblo de Cuba en general:
En estos momentos me encuentro esperando la sentencia del tribunal que me juzgo. La muerte no me preocupa, porque tengo fe en Dios y los destinos de mi Patria. Mi muerte será otro paso atrás de los que creen que pueden ahogar con sangre las ansias de libertad del pueblo cubano. No le temo, que venga la muerte; yo voy feliz porque ya veo libre a mi Patria, ya veo como suben jubilosos mis hermanos la gloriosa Colina, ya no habrá más odio entre hermanos, ya no habrá gargantas que pidan paredón. Todo será amor entre cubanos, amor de hermanos, amor de cristianos.
Pobre Cuba, cuanto has sufrido, pero la Cuba nueva surge del odio para sembrar el amor, de la injusticia para sembrar la justicia, justicia social, no demagogia engañadora de pueblo; una Cuba madura porque ya conoce todos los engaños y a los farsantes; una Cuba para los cubanos y “con todos y para el bien de todos”.
A ti, estudiante, te cabe la gloria de liberar a la Patria y de levantar esa Cuba nueva. ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA CUBA LIBRE! ¡VIVA EL DIRECTORIO REVOLUCIONARIO ESTUDIANTIL!
Firma: Virgilio Campaneria Ángel ***************
ÚLTIMA CARTA DE ALBERTO TAPIA RUANO
Queridos viejos: Acabo de recibir hace unos momentos la ratificación de la Pena de Muerte y es por eso, ahora que estoy en el final, que les escribo estas líneas. No me creerán pero puedo asegurarles que nunca he tenido tanta tranquilidad espiritual como en ese momento: me siento con sinceridad muy contento presintiendo que dentro de poco estaré con Dios , esperando y rezando por Uds. Hoy en el juicio vi a mis hermanos y padrinos llorando Y eso por que? No y mil veces No. Se que lo de hoy es doloroso para Uds., pero quiero que se sobrepongan y piensen que Dios en su infinita bondad me ha dado esta gracia de ponerme a bien con El, y todos deben de agradecérselo. Adiós viejucos, tengan mucha fe en la Vida Eterna que yo intercederé por todos Uds.
! VIVA CRISTO REY !
Besos y abrazos, no lágrimas, a todos. Adiós hermanos, padrinos y familia
FE EN DIOS.
Alberto
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TESTIGO DEL SACRIFICIO
(HACE 50 AÑOS)
Por Tomás Fernández-Travieso
El sol se ponía cuando salimos del juicio. Luis Fernández-Caubí fue el único abogado que se atrevió a defender nuestra causa. El juicio demoró sólo 20 minutos; lo interrumpió varias veces el ruido de los tanques de guerra destacados en La Cabaña corriendo hacia Playa Girón: era el 17 de abril de 1961.
Cuando iban a fusilar, dejaban solamente en capilla a los condenados a muerte. El único que sabíamos que ya estaba allí era Carlos Rodríguez Cabo. A su compañero de causa, Efrén Rodríguez López, le pidieron 30 años. Lo habíamos dejado en la galera y cuando vino a despedirse de nosotros, muy apenado, dijo: “Miren, perdonen que les pida esto, pero seguro que ustedes no regresan. Salúdenme a Carlitos allá”. No pudo seguir hablando. Nos abrazó llorando. Caminando esposados cruzamos el puente levadizo. Abajo, en el foso, un palo solitario se alzaba delante de unos sacos de arena. Virgilio Campanería Angel y yo íbamos esposados juntos. Alberto Tapia Ruano venía solo.
Al llegar a la prisión, desde el patio al otro lado del rastrillo, muchos compañeros nos saludaron en silencio. Nos pasaron a través de una galera donde dormían los guardias, hasta llegar a la capilla (galera interior dividida en cuatro celdas con un pasillo central). Continuamos caminando por un largo pasillo. Cuatro guardias nos escoltaban. Atravesamos tres rejas con gruesos candados. Al entrar en la capilla, desde una de las celdas, la voz de Efrén, fuerte y decidida, nos saludó: “Parece que me quieren tronar (fusilar) también. Me elevaron la condena de 30 a paredón. Además, Carlitos estaba muy solo y no podía abandonarlo”, agregó riendo Efrén. Compartimos la información que teníamos del desembarco por Playa Girón que apoyaría el movimiento clandestino. Efrén y Carlitos eran de Rescate Revolucionario; Virgilio, Alberto y yo del Directorio Revolucionario Estudiantil. Nos metieron en una celda iluminada por una lámpara de luz fría con dos literas sin colchón y un hueco en el piso que servía de inodoro.
Al poco rato trajeron a Lázaro Reyes Benítez y a Filiberto Rodríguez Ravelo, ambos de Güines. Filiberto se había ganado el apoyo de “el marciano” ya que desde que llegó a La Cabaña insistía en que él era un extraterrestre y que estaba en contacto permanente con los marcianos. Después llegó José Calderín, quien junto a Lázaro y a Filiberto fueron a otra celda. Por último, Carlos Calvo Martínez; al igual que Virgilio y Tapita tenía 21 años. Lo acusaron de poner la bomba de El Encanto. Lo metieron en nuestra celda.
Ya estábamos todos. Un guardia trajo las sentencias. A mí me conmutaron la pena de muerte por 30 años de prisión “porque esta gente no va a fusilar a un menor de edad”, me explicaron todos. Ya no pude seguir compartiendo los cantos y los chistes de los demás. Me convertí en el depositario de sus recuerdos, el enlace con la vida. Yo sería el testigo de su sacrificio. Pasaron horas. No sé, ahí no existe el tiempo. Rezamos el rosario, todos teníamos rosarios. Por fin las tres cerraduras crujieron y pasos de botas resonaron en la capilla. El sargento Moreno llamó el primer nombre: “Carlos Rodríguez Cabo”. “Presente”, gritó con voz firme. Dos guardias con fusiles lo escoltaron hasta la puerta de nuestra celda. Nos abrazamos a través de los barrotes. Me encomendó a su hija, le dejaba su sortija y dijo: “ánimo, que tengas suerte”. Al rato el sonido de los fusiles FAL llenó la capilla, seguido de un tiro de pistola. “El sargento Moreno es el que da los tiros de gracia”, me habían dicho. Las tres cerraduras se abrieron otra vez, ahora para Efrén. Respondio: “Presente”.Me abrazó entre las rejas, le dejaba su fosforera a la esposa Los FAL sonaron cerca, seguidos de un tiro de gracia. El tercero fue Virgilio. En el último abrazo me dijo: “Tommy, voy a gritar un Viva Cristo Rey, Viva Cuba Libre, Viva el Directorio, que le va a traquetear los cojones. Alberto (Tapita) se abrazó a mí: “Ojalá que yo vaya después”. Abrazados escuchamos a Virgilio cumpliendo su promesa, sonaron los FAL y después tres tiros de gracia. “Alberto Tapia Ruano”, llamó Moreno. “La Virgencita me oyó”, dijo Tapita con alegría. Salió rápido. Quedamos Carlos Calvo y yo en la celda. “¿Crees que Tapita contó los tiros de gracia de Virgilio?... Fueron tres. De todas maneras él lo va a ver en el suelo, no hay tiempo de quitar los cuerpos entre uno y otro…”, dijo.
El cuarto fue Filiberto, quien, reconociendo su broma, me confesó: “Ya ni los marcianos pueden salvarme del trueno (paredón)”. Salió cantando el Himno Nacional. Le dieron dos tiros de gracia. “Lázaro Reyes Benítez”. “Presente”. Me abrazó y salió. “José Calderín”. “Presente”. El penúltimo abrazo y salió. Carlitos Calvo fue el último. Ya yo conocía toda su vida. Antes de que abrieran las rejas, me pidió: “Cuenta mis tiros de gracia y me lo dices allá arriba”.
Fueron ocho en La Cabaña, hace 50 años.
****************** TOMÁS FERNÁNDEZ-TRAVIESO, ex miembro del Directorio Revolucionario Estudiantil, fue condenado a 30 años de prisión por el régimen castro-stalinista de Cuba. La publicación en Miami de su obra teatral “Prometeo Desencadenado” le ocasionó una condena adicional. Cumplió 19 años de prisión. Actualmente reside en Miami. Recién publicó la novela, “El Silencio del Ayer”.
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz