martes, septiembre 09, 2025

Desde Cuba: La tumba del General de División Arnaldo Ochoa. ¿Dónde enterraron a los fusilados de la Causa 1 de 1989? Video de Ian Padrón con Enrique del Risco


En esta foto, `psoblemente tomada en 1959  en CMQ Televisión, aparece el joven Arnaldo Ochoa al fondo y  al lado  del que tiene gorra de plato y espejuelos.
*************

 Tomado de https://www.cubanet.org/9/

La tumba de Ochoa. ¿Dónde enterraron a los fusilados de la Causa 1 de 1989?

*********

Los cadáveres de los fusilados de la Causa 1 fueron enterrados en la necrópolis de Colón de forma que fuera casi imposible ubicarlos

*********.

COLABORADOR DESDE CUBA

Septiembre 9, 2025

LA HABANA, Cuba. – Una execrable y escandalosa página en la historia del régimen castrocomunista fue el fusilamiento del general de División de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y Héroe de la República de Cuba Arnaldo Ochoa Sánchez, el coronel del Ministerio del Interior Antonio de la Guardia Font y otros dos oficiales. 

Los cuatro fueron ejecutados en la madrugada del 13 de julio de 1989, en la unidad de Tropas Especiales de Baracoa, al este de La Habana.

Las acusaciones presentadas en el juicio, la Causa 1 de 1989, implicaban a esas personas en operaciones con narcotraficantes del Cartel de Medellín y de contrabando de diamantes y marfil.  

El proceso, que fue transmitido por televisión, dejó bastantes dudas. Sobre todo, porque era bastante improbable que Fidel y Raúl Castro (por entonces ministro de las FAR) no supieran del asunto y hubieran dado su autorización para dichas operaciones. Ninguna operación de esa magnitud pudo haberse realizado sin su conocimiento y consentimiento.

Recordemos que la noche antes del veredicto del fiscal militar, Raúl Castro apareció ante las cámaras en forma descompuesta, y dio un discurso, que no se retransmitió ni se publicó íntegramente en la prensa en el que daba a entender las desavenencias de criterio de él y su hermano con Arnaldo Ochoa por la conducción de la guerra en Angola.

La Causa 1 se produjo como consecuencia de las denuncias y pruebas presentadas por Estados Unidos, que acusó al Gobierno de Cuba de estar involucrado en el tráfico de cocaína. Para limpiarse de culpa, Fidel y Raúl Castro hicieron recaer la responsabilidad en Ochoa y los hermanos De la Guardia, a quienes utilizaron como chivos expiatorios en medio de toda una gran escenificación.  

Los cadáveres de los fusilados de la Causa 1 fueron enterrados en la necrópolis de Colón de forma que fuera casi imposible ubicarlos.  

Hace unos años, un archivero del cementerio, ya fallecido, me brindó información sobre la ubicación exacta de los restos de los fusilados.  

El archivero aseguraba que la letra de los asentamientos de las defunciones, en el libro correspondiente, era distinta a la escritura de las restantes, algo que permite conjeturar sobre las intenciones de ocultamiento por parte de las autoridades.  

Los documentos sobre los enterramientos no se hallan al alcance de ninguna persona conocida.

Recorrí recientemente los puntos señalados por el archivero. Me acompañó un amigo, conocedor del cementerio. Sin su auxilio me hubiera sido imposible encontrarlos.  

El estado de las tumbas, en general, es deplorable. Las hierbas crecidas dificultan identificar los panteones, que no presentan indicaciones con el nombre de los sepultados. Es posible que ya no estén allí sus restos.

Fuimos hasta la oficina turística del cementerio para saber si había algún mapa general del camposanto. Allí nos dijeron que solo cuentan con uno, pero está desactualizado y es solo para turistas extranjeros y personalidades relevantes. 

Hay un plano que data del año 1949 en una oficina del cementerio, enmarcado en un cuadro. Es la única guía para la orientación en el camposanto.  

Según los datos suministrados por el archivero, Arnaldo Ochoa fue sepultado en la zona S.E., cuadro 3, bóveda 3, y con expediente 46.672 en Campo Común, y exhumado en la zona de Segunda N.E., en el osario de Ángel Navarro Estrada, con expediente 23.706.

El coronel Antonio de la Guardia Font fue enterrado en la zona N.E., cuadro 1, bóveda 2, en Campo Común, con el expediente 46.427. La exhumación se realizó en la zona N.E. 14, Campo Común, expediente 1.180, en un osario propiedad de Rosa Madán de la Guardia (Libro de Enterramiento: Campo Común 347, folio 515).

Los otros oficiales involucrados, con menor categoría militar, fueron Jorge Martínez Valdés, que fue enterrado en la zona S.E. 424, Campo Común, bóveda 3, expediente 45.589, y exhumado en la zona N.E. 12, Campo Común, expediente 18.853, en un osario propiedad de Rafael y Aurora Valdés Muñoz; y Amado Padrón Trujillo, que fue enterrado en la zona S.E. 417, Campo Común, bóveda 4, y con el expediente 540-3431 [sic] (sin datos sobre su exhumación).

En los casos de Antonio de la Guardia y Jorge Martínez Valdés, los sitios de exhumación parecen pertenecer a algún familiar, pues los apellidos coinciden.

En el caso de Ochoa, el sepulcro tiene otra numeración (44.634). Da la impresión de que fue tapado y cambiado el anterior número (46.672).

Llama la atención que todos fueron enterrados en Campo Común, presumiblemente para enmascarar las tumbas, despistar y hacer más difícil saber dónde se encuentran los restos.

Es posible que los cuerpos fueran enterrados en panteones propiedad de personas que no radican en Cuba.  

Otra información obtenida fue que los familiares de los fusilados nunca pudieron colocar ni siquiera una jardinera encima de la tumba. Como los entierros fueron sin presencia de allegados, los familiares no obtuvieron la notificación del lugar del enterramiento hasta varias semanas después. 

Hoy, después de 36 años del fatídico suceso, persisten misterios por aclarar. Esperemos que algún día salga a la luz toda la verdad. 

***********

Aquí están enterrados ARNALDO OCHOA y los demás fusilados de la Causa 1 de 1989


NoticiasCubanet Cuba

11 de septiembre, 2025

La tumba de Ochoa. ¿Dónde enterraron a los fusilados de la Causa 1 de 1989? Otras Noticias.

2024

¿DÓNDE SE ENTERRÓ AL GENERAL OCHOA Y CUÁL ES LA CAUSA DE MUERTE, SEGÚN EL REGISTRO DEL CEMENTERIO?


********

Antonio de la Guardia con supuestos valientes hermanos de lucha¨  que conociendo  como funcionan las cosas  en Cuba  lo abandonaron prefiriendo pasar por tontos que creyeron en la mentira Castrista,  que alzar la voz... Y a Patricio, su hermano gemelo, lo detuvieron y condenaron a muchos años, sin que se le haya probado vinculación alguna con las tareas de narcotráfico que su hermano llevaba a cabo siguiendo las órdenes del más alto nivel, según lo expresa en el video Manuel de Beunza cuando narra sobre la  reunión  convocada por Fidel Castro en la que participaron él (Manuel de Beunza), Fidel Castro, Tony de la Guardia, Osmany Cienfuegos  y el Ministro del Interior José Abrantes ... 

 

El Coronel Antonio de la Guardia Font y el General de División  Arnaldo Ochoa Sánchez en el juicio. Los grados militares no se quitan  con un aterrado Tribunal de Honor  que temen  represalias  en caso de  oponerse  a los Castro Ruz

*********

Manuel de Beunza reveló la relación de los Castro con el narcotráfico mediante testimonio personal

Manuel de Beunza (quien desertó el 14 de junio de 1987 y que falleció en el 2013) en  tres momentos de su vida


 




Manuel de Beunza rompe el silencio y habla de la fortuna de Fidel Castro.  Beunza también revela la relación de los Castro con el narcotráfico mediante testimonio personal; ese testimonio comienza en el instante 29:23 de este video

***********
Cuba y el narcotráfico en 1984 (Part. I)



Cuba y el narcotráfico en 1984 (Part. II)


**************
Tomado de http://taniaquintero.blogspot.com
El Cártel de La Habana (IV)

(pueden leer la partes I, II y III ha
ciendo click AQUÍ )

Por Juan Benemelis
(Ex diplomático Castrista vinculado a la Inteligencia)


En el curso de la década de los 70 se dieron cita dos coyunturas importantes. La primera tendría que ver con el consumo de narcóticos, que vería una gran expansión en Estados Unidos primero con la marihuana y luego con la cocaína.

La otra coyuntura tenía que ver con el narcotráfico en sí. El Cartel de Medellín necesitaba de un punto intermedio cercano para operar hacia aguas norteamericanas. El Cartel de Medellín llegará a introducir unas 45 toneladas de cocaína en Estados Unidos, representando 25 billones de dólares, y alrededor de 10 toneladas en Europa.

En una intervención ante el Senado, en abril de 1983, James H. Michel, Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos, expresó que existían pruebas de que en 1979, el buró político del Partido Comunista de Cuba había aprobado un plan para intervenir en el narcotráfico utilizando a Cuba como puente y base de apoyo para las redes de traficantes de Estados Unidos.

El suministro se organizó desde las fuentes de abastecimiento en América del Sur y el gobierno de La Habana necesitaba recursos en moneda convertible que estaría dispuesto a obtener de cualquier manera. La vinculación cubana con el narcotráfico era inevitable desde un principio, y además tenía que producirse de manera casi natural: primero, porque en las áreas de producción de Suramérica, los guerrilleros sostenidos por Cuba ocupaban el mismo espacio ilegal que los narcotraficantes.

La guerrilla necesitaba armas y dinero, mientras que el narcotráfico, siempre abundante en dinero, necesitaba protección armada y, sobre todo, acceso a las redes de organización clandestina de la guerrilla y su experiencia conspirativa. Además, una parte importante de todo el tráfico de drogas cayó en manos de exilados cubanos, sobre los cuales La Habana tenía abundante información para el chantaje. La parte del exilio que se vinculó al narcotráfico con Cuba también se sentía razonablemente segura de que no sería traicionada.

En la medida que la crisis financiera y económica se hacía más profunda, la dependencia de la Isla para con los recursos extraídos de Angola y del narcotráfico se amplió. Apurado por lograr una nueva fuente de recursos, Castro se fue involucrando cada vez más en el tráfico de drogas, como apuntara el general cubano exiliado Rafael del Pino.

Tradicionalmente los barcos usados en el narcotráfico colombiano tenían que atravesar el Paso de los 
Vientos, entre Cuba y Haití, lo que muchas veces les situaba en aguas territoriales cubanas, donde eran interceptados. Las pérdidas de los narcotraficantes se incrementaron con alarma.

(Al centro el Embajador Fernando Ravelo y a su lado el alto Johny Crump)

Según el testimonio dado en 1982 por el narcotraficante colombiano de Miami Juan Lozano (alias Johnny Crump), es alrededor de 1975 que algunos de los más importantes narcotraficantes colombianos se entrevistaron en Bogotá con el embajador cubano Fernando Ravelo Renedo para negociar la devolución de los barcos y las tripulaciones.

El embajador cubano contestó con una contraoferta de La Habana: a cambio de 800 mil dólares por cada barco, Cuba estaba preparada no sólo para ignorar la actividad de los buques madres que se detectasen en sus aguas, sino que podía proveerles de servicios de reparación y gasolina en sus puertos, así como identificación y escolta cubana hasta las proximidades de los cayos de la Florida.

Así, los poderosos colombianos Alfonso Cotés y Alfonso García comenzaron sus negocios de tráfico a través de Cuba. Los agentes de inteligencia cubanos se pusieron en contacto con algunos potentados de la droga en Miami, como por ejemplo Johnny Crump y el conocido narcotraficante Jaime Guillot-Lara, quien con posterioridad sería empleado de los servicios secretos cubanos y se casaría con una hija de Raúl Castro.

Entre los cubanos exiliados en Estados Unidos implicados en el narcotráfico con Cuba estaban José Alvero Cruz y Osiris Santi. En noviembre de 1976, Alvero había viajado a España donde disponía de fondos bancarios, y allí obtuvo de la propia embajada cubana en Madrid un pasaporte cubano. En 1978, actuando como agente de Cuba, Alvero arregló el envío de 5,000 armas para las guerrillas sandinistas en Nicaragua. Por su parte, Osiris Santi era un narcotraficante cuyos barcos ya recibían protección en los puertos cubanos. Su lugarteniente, Orlando Torres, se entrevistaba constantemente en México con los funcionarios del régimen cubano destacados en Mérida.

El narcotraficante colombiano, Jaime Guillot-Lara -casado con la hija del ministro de defensa cubano Raúl Castro- será el contacto entre Cuba y el movimiento M-19. El 7 de noviembre de 1981, Guillot-Lara tiene que escapar a toda prisa de Colombia y se refugia en México, donde los agentes cubanos negocian su libertad con las autoridades mexicanas con el fin de evitar que se descubriera su conexión con La Habana. En 1982, Castro hablaba de Guillot-Lara como "un buen amigo".

(Jaime Guillot Lara, foto superior, y en la foto inferior René Rodríguez Cruz quien fuera una de las personas especializadas en dar el tiro de gracia a los fusilados en la Sierra Maestra  y al principio del triunfo de la Revolución; posteriormente fue Presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos o ICAP, una dependencia Castrista vinculada con la Dirección de Inteligencia. Murió en extrañas circunstancias en Cuba después de llegar huyendo por las acusaciones de narcotráfico. Comentarios y fotos añadidas por el bloguista de Baracutey Cubano)

La conexión cubana sería descubierta y probada más tarde. Los informes de la participación cubana en el tráfico de drogas saldrían por vez primera a la luz pública en 1982, cuando la Oficina Legal de los Estados Unidos en Miami nombró entre los acusados al jefe de la marina de guerra de Cuba, almirante Aldo Santamaría, y al ex embajador cubano en Colombia, Fernando Ravelo, en un caso que incluía 23 toneladas de marihuana.

El 15 de noviembre de 1982, los colombianos Guillot-Lara y Johnny Crump, y los cubanos Lázaro Visuña, Mario Estévez y David L. Pérez, brindaron a un tribunal en Miami amplias pruebas de las actividades de narcotráfico por parte de Cuba desde el año 1975, tráfico que tenía como uno de sus objetivos el envió de armas a la guerrilla colombiana del M-19.

Según la deposición de Johnny Crump, él y Guillot-Lara se dirigieron a La Habana en compañía del embajador Ravelo, donde éste y el embajador de Cuba en Venezuela, Norberto de la Osa, les confirmaron que el barco Viviana, dedicado al narcotráfico, obtendría salvoconducto todas las veces que atravesase las aguas jurisdiccionales cubanas.

Por la protección de este tránsito, Guillot-Lara pagaba 20 mil dólares por cada tonelada de marihuana a bordo. A su vez, el compromiso incluía el transporte de armas a las guerrillas del M-19 en Colombia. 
Según Guillot-Lara, a su retorno a Colombia inició los trámites para preparar otro barco para enviar a Cuba en 1980.

(El embajador Fernando Ravelo bautizando a Viviana, hija de Johny Crump, el cual se encuentra en la extrema derecha de la foto)

Conforme al testimonio de Johnny Crump, los funcionarios cubanos Ravelo y René Rodríguez Cruz -presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP)-, le sugirieron la posibilidad de comprar y enviar armas para elementos anti-Pinochet en Chile a través de Panamá. Una semana después, un chileno de apellido Galván, le hacía entrega de un microfilm en un cigarrillo que contenía la lista de las armas, alimentos y municiones para 300 hombres.

Por otra parte, Johnny Crump cuenta cómo durante una campaña en la costa norte del Pacifico, las autoridades colombianas cercaron a un grupo guerrillero del M-19 comandados por Carmenea Cardona, muchos de los cuales figuraron en el secuestro de la embajada dominicana en Bogotá y que supuestamente debían haber estado refugiados en Cuba.

Entre los detenidos y testigos de la causa de Miami figuraba también Mario Estévez, un agente de la inteligencia cubano, infiltrado en los Estados Unidos en 1980. En su deposición ante el Gran Jurado, Estévez expresó que había sido infiltrado con el objetivo de activar el tráfico de drogas, comenzando por transacciones de marihuana hasta que fue arrestado el 29 de noviembre de 1981. Estévez testificó ante una comisión del senado de los Estados Unidos que había introducido en la Florida marihuana y gualudes desde Cuba, y de ahí trasladado a Nueva York.

Las declaraciones de Estévez resultaron desconcertantes: la alta cúpula de la dirigencia cubana había organizado una extensa red de narcotráfico desde América Latina hasta los puntos de distribución en ciudades norteamericanas, usando sus propios servicios secretos. Estévez identificó al alto oficial de inteligencia cubana, René Rodríguez Cruz y al vicealmirante Aldo Santamaría como las personas encargadas por Castro para canalizar este tráfico.

Estévez apuntó que desde los inicios de la década de los setenta se producía marihuana en la región cubana de Manzanillo para venderla en los Estados Unidos, operación que Castro venía madurando desde los días de la guerra de Vietnam. Estévez estimó en 200 millones de dólares anuales los ingresos cubanos sólo por concepto de la marihuana.

Durante el período de su actividad ilícita, Estévez logró el traslado de Cuba a Estados Unidos de alrededor de 270 kilogramos de cocaína, posteriormente vendida en Miami, Chicago, Ohio, Nueva Jersey, Nueva York y otras ciudades. El dinero acumulado lo llevaba a Cuba él personalmente. También informó que en un momento de su actividad, sus jefes en el gobierno cubano le recomendaron se trasladase a Bimini, en Las Bahamas, para conocer y entrenar a Frank Bonilla, otro agente proveniente de Cuba.

De regreso a Cuba, recalaron en la pequeña isla de Paredón Grande, donde hallaron el buque Viviana del colombiano Guillot-Lara con un cargamento de 8 millones de qualudes. El yate estaba escoltado por buques de guerra cubanos.

De acuerdo con la narración de Estévez, corroborada luego por otros narcotraficantes, estando en Paredón Grande concurrieron el jefe de la Marina de Cuba, almirante Santamaría, y el alto jefe de la inteligencia René Rodríguez, presidente del ICAP, organismo pantalla de la inteligencia cubana, con quienes sostuvo una extensa conversación sobre el narcotráfico. Explicó que cuando salió de Cuba a bordo del Viviana se acarreaba otro barco, el Lazy Lady, hasta la isla de Andros en Las Bahamas, donde se hizo el traspaso de los qualudes. Después fue ordenado a seguir hasta Cayo Güincho donde recogió 23,000 libras de marihuana procedente de Cuba.

(fotos superiores:  Gonzalo Bassols y el ya fallecido Vicealmirante  Aldo Santamaría Cuadrado; fotos inferiores: el extrañamente  fallecido en Cuba  René Rodríguez Cruz  y el embajador Fernando Ravelo)

El testimonio de Estévez implicó en el narcotráfico internacional a Santamaría, René Rodríguez, al embajador Ravelo, a Gonzalo Bassols Suárez, diplomático cubano en Colombia; a Teodobaldo Rico Rodríguez y Francisco Echemendía, funcionarios del Ministerio del Interior de Cuba.

Con posterioridad, René Rodríguez moría en La Habana, en circunstancias misteriosas, después del fusilamiento de los militares el general Ochoa, Tony de La Guardia, en 1989, y al deceso en prisión, en 1991, del general José Abrantes Fernández, exministro del Interior.

Coincidentemente, Estévez también fallecería en una prisión norteamericana. Los hilos de la trama que conducían hasta Fidel y Raúl Castro irían desapareciendo con el tiempo.

El ex secretario de Estado, Shultz, refiriéndose a los resultados del Gran Jurado de Miami, indicó que se "demostró la evidencia de la complicidad de Cuba en el tráfico de narcóticos en América Latina”. En marzo de 1983 fue confiscado en la Florida un velero con 750 libras de marihuana a bordo. Durante el registro del bote se halló un diario con la ruta seguida. Había zarpado de la Florida para Las Bahamas, siguió a Haití, luego a Cuba, después a Jamaica, retornó a Las Bahamas y finalmente llegó a la Florida de nuevo.

Poco después, el 20 de mayo de 1983, el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan declaraba en Miami que existían fuertes pruebas de que funcionarios de Castro estaban involucrados en el tráfico de drogas desde Cuba. Un mes después, el administrador de la DEA, Francis Mullen ratificaba ante el senado estadounidense que el gobierno de Cuba estaba consciente de los movimientos de drogas a través de su territorio, y que facilitaban tales movimientos.

Del libro Las guerras secretas de Fidel Castro, de Juan F. Benemelis.






Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

sábado, abril 19, 2025

Esteban Fernandez: CAMILO Y EL CHE DE ORIENTE A LAS VILLAS. Aldo Rosado-Tuero sobre la muerte del Comandante Tony Santiago, agente Oliveros del G-2 castrista

 Tomado de https://www.facebook.com/

CAMILO Y EL CHE DE ORIENTE A LAS VILLAS

Por Esteban Fernandez-Roig

Abril 18,  2025

¿Por qué le entra al monstruo el culillo el 22 de agosto de 1958 de lanzar a Camilo y el Che en una travesía de la Sierra Maestra a Las Villas?

Dijeron que “Fue una gloriosa invasión llena de peligros diseñada para llevar y avanzar la guerra de Oriente a Occidente”...

La verdad: Llegaron a tierras villareñas -después de comprar el pase por Camagüey- con pocas bajas y muchos arañazos producidos por algunas inclemencias del terreno.

Y no fue para avanzar la guerra sino por el terror de que el foco de la insurrección y su jefatura se les fuera de las manos y se enfocara en el Segundo Frente del Escambray y en el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, en Rolando Cúbelas, Faure Chomón o Eloy Gutiérrez Menoyo.

Para allá envió a Camilo y el Che a ponerse -a la cañona- al frente del Escambray, a arrancar grados y a borrar el más mínimo mérito que los alzados allí tuvieran.

Camilo dispersó a los alzados de la “Organización Auténtica”, mientras aupó y le puso los grados de Comandante al asesino comunista Félix Torres.

No fue nada fácil, porque entre otros altercados el Che tuvo que verse cara a cara con el comandante JESÚS CARRERAS quien “le tiró los pantalones” delante de la tropa al asustadizo argentino.

Como es natural el 11 de marzo de 1961 se vengaron y fusilaron a Jesús Carreras, pulverizaron al Directorio, mientras los comandantes del Segundo Frente se montaron en una lancha y tuvieron que poner pies en polvorosa.

Y ahora viene lo inverosímil de una tiranía y de su vil promotor: Cuando las dos agrupaciones revolucionarias fueron eliminadas del mapa cubano, ya ustedes saben a quiénes la hiena de Birán consideró que le hacían sombra: “Al Señor de la Vanguardia y al Combatiente Heroico” ...

A los dos les dieron "tafia" utilizando la palabra favorita de Camilo para describir cuando mataban a un guajiro en la Sierra acusado de robarse una lata de leche condensada.

Al final de la jornada: Unas estatuas diseminadas por el territorio nacional, unas flores anuales tiradas al mar y una historia mal contada y tergiversada. 

***********

DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO 

Sobre la muerte del Comandante Tony Santiago, agente Oliveros del G-2 Castrista cuya actividad llevó al fusilamiento a algunos de sus antiguos amigos y compañeros de lucha contra Batista y del fracaso de la Operación Silencio, y otros individuos en la fracasada infiltración Castrista del velero El Pensativo

Tomado de http://baracuteycubano.blogspot.com



UN TREMENDO TRIUNFO DE LA RESISTENCIA ANTICASTRISTA


Por Aldo Rosado-Tuero

Desde el principio de la llegada de Fidel Castro al poder, cuando se comienza a ver brotar el enorme rechazo al totalitarismo comunista entre los que habíamos sido opositores a la dictablanda de Batista, principalmente los provenientes del Movimiento 26 de Julio, el incipiente totalitarismo, comenzó la táctica de tratar de infiltrar a los grupos que nos le oponíamos; pero, ya sea, bien porque sus aparatos de inteligencia aún no se habían perfeccionado o por el hecho que la mayoría de los que ya conspirábamos en contra de la implantación de una tiranía comunista, proveníamos del Movimiento 26 de Julio, nos permitió a nosotros también lograr un cierto grado de infiltración entre los que trataban de infiltrarnos a nosotros.

Hoy voy a relatar lo que constituyó una victoria de nuestra infiltración y como se eliminó a un peligroso grupo de infiltrados castristas que—al igual que lo hiciera después La Red Avispa—ya desde fines del 1960 y principios de enero del 1961, tenían la misión de marchar a los Estados Unidos, para espiar a favor del castrismo.

Desde temprano en el 1959, comenzamos nuestra tarea de preparar condiciones para oponernos por las armas a la instauración de lo que veíamos venir, como una tiranía totalitaria de signo comunista, junto a un buen grupo de ex combatientes tanto de las sierras como del llano, que no estábamos dispuestos a observar en silencio como nos aherrojaban la patria.

En la esquina de las calles Luz Caballero e Industria, en la ciudad de Caibarién, existía una enorme arboleda de mangos en la que funcionaba la gallería de mi tío Ramón “Mongo” Rosado. Allí, con la anuencia del propietario, se estableció el cuartel general de los que ya preparábamos alzamientos, ayudábamos a los alzados del Escambray y del frente Norte de Las Villas, repartíamos propaganda, realizábamos sabotajes y conseguíamos armas, municiones y medicinas. Por la gran cantidad de personas que visitaban diariamente la gallería donde funcionaba una valla y los muchos gallos de distintos propietarios que mi tío cuidaba, el lugar era perfecto para reunirnos sin levantar grandes sospechas.

Pero parece ser que el G-2 comenzó a sospechar y se empezaron a aparecer por la gallería una serie de personas de las que los anticomunistas sospechábamos que se dedicaban a la chivatería. Entre ellos estaba un primo hermano mío—cuyo hermano mayor más adelante dirigió el piquete de milicianos que nos detuvo, entre muchos otros cangrejeros, a mi tío Mongo y a mí—que me conocía de mis correrías en el clandestinaje contra Batista, al que muy inteligentemente me le acerqué un día y le dije- “Oye me parece que andamos en lo mismo y no hemos coordinado”. Su respuesta fue 
franca—tal vez producto de sus pocos años y su inexperiencia como chivato—“Coño y yo que creía que tú estabas con los enemigos”. Mi primo tragó el anzuelo y todos los días  yo le sacaba las informaciones que él conseguía.

(Comandante Félix Pena)

Desde antes de la conversación con mi primo chivatón, a la gallería acudía, con dos o tres subordinados, soldados del Ejército Rebelde, el capitán Tomasito Pena, hermano del difunto Comandante Felix Pena, ¿suicidado?, después que como Presidente del tribunal revolucionario de Santiago de Cuba, absolviera a los pilotos de la Fuerza Aérea de la República. Tomasito había llevado varios ejemplares de gallos finos para que mi tío se los cuidara y era visita seguida de la gallería.

El capitán Pena, unos días después de mi conversación con mi primo en que le hice creer que yo estaba en lo mismo que él, comenzó a tratarme con mucha deferencia y a tratar de hacerse amigo mío y de algunos de los patriotas anticomunistas que me acompañaban.

Por los últimos días del 1960, no sé si por una indiscreción de mi primo o de Tomás Pena, o de otro de los infiltrados castristas, que habían sido infiltrados por los anticastristas, el movimiento subterráneo se  enteró que se preparaba una importante misión, por parte del G-2, mediante la cual introducirían en los EE.UU. a un grupo de espías, entre los que se encontraba un ex Comandante de la sierra, que se estaba haciendo pasar como enemigo de la revolución. En los primeros días de enero, ya la resistencia anticastrista tenía más detalles de la “operación”. Los planes de los falsos anticastristas eran  llevarse el magnífico velero “El Pensativo”, de Arcadio Oliva fondeado en Caibarién y con el que marcharían hacia los Estados Unidos, en su importante misión, ya que la 
tiranía esperaba la inminente invasión de los cubanos que se entrenaban en Guatemala y la isla Vieques.

De inmediato la alta dirigencia de la resistencia, avisó a Miami. Un importante dirigente nos notificó que ya se había avisado y que  Antoñico “El Isleño” se encargaría de eso.

Antoñico “El Isleño”, Antonio Pérez Quesada, era el hombre que mejor se conocía los cayos y los canalizos de la Costa Norte de Las provincias centrales de Cuba y además, sabía perfectamente las rutas de escape de Caibarién a La Florida. Por ese lado, se podría dormir tranquilo. El “él se encargará” era más que una frase, una seguridad para los que conocíamos del coraje y del patriotismo de “Antoñico”.

La resistencia, muy cuidadosamente montó una guardia en el muelle donde atracaba “El Pensativo”; y así se pudo avisar de inmediato a Miami, la noche en que los castristas zarparon. Era el 9 de enero del 1961.

Yo al menos no supe nada más sobre el asunto, hasta unos días después de llegar a Miami, el 11 de julio de 1961. Aquí me enteré que “El Pensativo” fue interceptado en aguas cerca de Cayo Sal por una lancha artillada procedente de Miami y que fue hundido, pereciendo todos los que en él viajaban. Unos años después, en una clara mañana con un mar en calma total, Antoñico me llevó al lugar del hundimiento y pude ver en el fondo los restos del que había sido unos de los veleros más hermosos y famosos del Puerto de Caibarién.(Arriba, al principio del artículo, una foto del autor, precisamente en ese viaje en que comprobó por sus propios ojos, la derrota inflingida al castrato que narra en este artículo)

Pasaron muchos años antes de que la tiranía hablara del incidente y de esta importante derrota inflingida a ellos por los anti castristas.

(Comandante Tony Santiago ¨Oliveros¨para el G-2 Castrista; era veterano de la II Guerra Mundial y peleó en la extremadamente cruenta batalla por la isla de Iwojima contra los japoneses. Si mal no recuerdo haber leido, fue el causante de que los pertrechos de guerra lanzados  a los combatientes Castristas  del Escambray no cayeran en manos de dichos combatientes pues en dichos puntos  habían tropas Castristas esperando por los lanzamientos o drops  con esos pertrechos. Fotos y comentarios añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

La tiranía ha reconocido que el  Comandante que dirigía la misión era el comandante del Directorio Revolucionario, Antonio “Tony” Santiago (foto), que había actuado en las montañas del Escambray, durante la lucha contra Batista y que siguiendo instrucciones de la Seguridad castrista se había infiltrado en alguno de los grupos contrarrevolucionarios siendo en realidad “El agente Oliverio”, del G2 y que venía a Miami, con una importante misión, tal vez si más importante, que la que llevaron a cabo años después, los integrantes de la Red Avispa.

Según la tiranía, allí murieron, además de Tony Santiago, Juan Bautista Hernández, Lisandro Sánchez Nieto y Francisco Pequeño Saéz.

Pero si la memoria no me engaña yo tenía la seguridad de que en ese velero venían además un  
gran grupo de soldados rebeldes, comandados por el capitán Tomás Pena.

(Comandante Félix Pena *, uno de los amigos traicionados por Tony Santiago; otro de esos amigos traicionados fue el Comandante William Morgan, del cual dicen algunos testimoniantes que,  junto al Comandante Eloy Gutiérrez Menoyo,  había traicionado a  los participantes de lo que se conoce como la invasión Trujillista a Trinidad en 1959, la cual ocurrió después de la invasión Castrista a Santo Domingo meses antes))

Ahora la tiranía no habla de esos, tal vez para minimizar la derrota, pero lo cierto es que yo no ví más nunca a Tomasito Pena en la gallería y abandoné el país sin saber nunca más de él.

Lo cierto es que fue un gran triunfo de la resistencia interna y de los bravos que desde aquí arriesgaban a diario la vida, llevando pertrechos, realizando ataques armados, infiltrando y ex filtrando combatientes anti castristas.

NOTA:  Este es mi humilde homenaje a un hombre, acusado de “pirata” por la tiranía, a un pescador que siempre estuvo dispuesto a llevar lo que fuera a los costas cubanas, cuyo nombre (Antonio Pérez Quesada) habrá de aparecer algún día en la Historia patria y al que un día, “después del viento y del fuego” habrá que levantarle un monumento en mi querido Caibarién, muy cerca del mar al que él tanto amó y en el que  vivió dos tercios de su vida.

Mi tío Mongo fue condenado a varios años de cárcel y murió poco después de ser liberado, de un cáncer, que se comenzó a manifestar en las mazmorras castristas y que nunca le trataron mientras permaneció en prisión. Mi primito chivato, aún está en Cuba y no sé si ya se arrepintió, como su hermano mayor, que anda por estos lares. Razón por la que no doy su nombre.

(Publicado en la edición del 27 de enero del 2011)

*************
Jesús Carreras Zayas  Vs  Che Guevara 



*************
Tomado de http://www.cubademocraciayvida.org/

* Y Musulungo le contó a los allí presente todo la historia con lujo de detalles. Cuando  los otros tres cometían los atracos vestidos de rebeldes,  les daba  mala fama a los alzados: Contó que ellos estaban presos en la cárcel de Trinidad y conocían muy bien el Escambray por haber trabajado en varias fincas recogiendo café y por lo tanto podían desplazarse de noche porque eran prácticos en aquellas lomas.

Resultó que aquellos hombres tenían un trato con un concejal batistiano de Trinidad y que en combinación con el director de la cárcel y el jefe de la guardia rural, se les autorizaba  a robar en nombre de los rebeldes y de esta forma crearnos problemas con los campesinos de la zona. Ellos podían quedarse con el dinero que robaban y disfrutaban casi de entera libertad y podían salir a su voluntad.

Cuando Musulungo terminó de contar su confesión, Roger volvió a interrogar a los detenidos, ya que lo del tiro fue una farsa para intimidarlos y les dijo: ‘ustedes tres son los delincuentes que han perpetrado los atracos’.

Se vieron descubiertos y confesaron los hechos. Los tres fueron con los papeles hechos de su confesión con una patrulla para el Estado Mayor que se encontraba en la zona de Nuevo Mundo. Allí fueron juzgado y fusilados por el comandante Jesús Carreras Zayas. El código militar nuestro era una copia del vigente en la Sierra Maestra, similar al de las Guerras de Independencia del siglo XIX. En tiempos de guerra por el robo de un caballo, se aplica la pena de muerte por ahorcamiento o fusilamiento, lo cual lógicamente no es así en tiempo de paz”.
*********






Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

sábado, noviembre 23, 2024

Video: Chucho Valdés se DECLARA EXILIADO con Juan Manuel Cao y afirma que no firmó la carta apoyando el fusilamiento de tres jóvenes en Cuba

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Yo le creo totalmente , pero Chucho  estuvo décadas, que yo aepa, sin desmentir públicamente  la supùesta firma de esa carta; claro, ese desmentido hubiera  teido  un precio que él no quiso pagar;  una pregunta de seguimiento hubiera sido:  ¿Cuáles eran las causas o razones por las cuales no quiso pagar ese precio? pregunta que hubiera ahuyentado a posibles futuros invitados al programam  por ser demasiado inquisitivo el conductor o entrevistador del programa,  y con ello  el rating se viera cuestionado al negarse a asistir otros invitados. Chucho sufrió  la partida de su padre Bebo Baldés y quizás una de esas razones fue que no quería que otras personas muy allegadas o dependientes de él  sufrieran su partida o su muerte incruenta dentro de Cuba.

***********

AmericaTeVe Miami

22 de noviembre, 2024

Segunda parte

Chucho Valdés se DECLARA EXILIADO con Juan Manuel Cao y aclara  que no firmó  la carta  "Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos”  apoyando el fusilamiento de  tres jóvenes que no habían cometido ningún hecho de sangre



Primera parte

Chucho Valdés se reencuentra con Arturo Sandoval en A Fondo con Juan Manuel Cao

*********


Cuando los intelectuales apoyaron "el terror del castrismo": A 17 años del “Mensaje desde La Habana..."


Algunos de los intelectuales firmantes del "Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos”, 2003.

Por Yolanda Huerga
Abril 19, 2020

Han pasado 17 años desde aquel 19 de abril en que un grupo de artistas y escritores cubanos firmara una carta respaldando el encarcelamiento de 75 disidentes, el fusilamiento de tres jóvenes y las sentencias a cadena perpetua de otros cuatro por haber secuestrado una lancha con la intención de llegar a Estados Unidos.

La carta divulgada como “Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos” respondía a otro documento suscrito por decenas de intelectuales del mundo entero, incluyendo tradicionales amigos de la Revolución, en el que condenaban la represión por delitos de opinión en Cuba y ponían en entredicho la legalidad y la “justicia revolucionaria

Radio Televisión Martí buscó opiniones sobre el tenebroso ambiente de aquellos días de Primavera Negra y del fusilamiento de tres jóvenes que estuvieron encarcelados tan solo diez días.

“El 2003 fue un año definitivo, no sólo para la política sino también para la cultura y la sociedad cubana. Fue el año de aquel vergonzoso acto represor conocido como Primavera Negra que daría inicio al más importante de los movimientos de resistencia social de la oposición, las Damas de Blanco, y fue el año en que tres jóvenes que intentaron huir de Cuba en una lancha, fueron engañados prometiéndoles un juicio justo, y al final, en un proceso absolutamente ilegal e inhumano, fueron fusilados”, destacó Amir Valle, establecido en Berlín, Alemania.

Ya en 1961 Fidel Castro había resumido en una frase su política cultural: “Dentro de la Revolución, todo. Contra la Revolución, nada”. No Había alternativas. Los creadores, tuvieron que plegarse a tal mandato porque de ello dependía su supervivencia.

“Todos los que conocía, de todos los estratos de la cultura cubana, todos, pensaban que aquello era una aberración, lo comentaban en los corrillos no oficiales pero jamás levantaron sus voces y fueron muchos los que aceptaron esa afrenta que fue la carta en la cual personalidades como Alicia Alonso, Silvio Rodríguez, Miguel Barnet, entre otros, no sólo defendieron los fusilamientos sino que también tuvieron la indecencia de intentar que pensadores de otros países se sumaron a ese apoyo vergonzante”, apuntó el autor de “Los desnudos de Dios”.

A la carta inicial rubricada por 27 figuras destacadas de la cultura nacional y publicada en el diario oficial Granma, le siguió un llamamiento a todos los miembros de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de la Asociación Hermanos Saiz (AHS) y de las instituciones culturales y universidades de todo el país para que avalaran la decisión tomada por Fidel Castro.

En las semanas siguientes, Granma publicó periódicamente las listas de los firmantes que se sumaban a lo largo del país.

Al respecto, el escritor y activista Ángel Santisteban dijo desde la capital cubana: “Cuando se abrió la convocatoria, como mi apartamento está muy cerca de la sede de la UNEAC, muchos llegaban a mi casa a saludarme, y puedo asegurar que hasta los más fervorosos defensores del régimen me confesaron en aquella oportunidad no estar de acuerdo con el encarcelamiento de los 75, pero sobre todo, les indignaba el fusilamiento de esos muchachos”.

El gobierno cubano afirmaba que había una “agresión en ciernes”, que Estados Unidos pretendía invadir Cuba.

“La mayoría justificaba haber signado el “Mensaje” con el hecho de que no estaban de acuerdo con la invasión”, lamentó Santisteban, quien ya en 1995 había recibido el premio UNEAC por su libro de cuentos “Sueño de un día de verano”.

El ensayista Carlos Aguilera, radicado en la ciudad alemana de Frankfurt, recalcó que “aquella carta fue una infamia. Por una parte, un Estado despótico encarcelando, asesinando, reprimiendo. Y por otra, un grupo de cortesanos apuntalando todo el terror del castrismo. Cuando un día se puedan hacer preguntas y llevar a juicio a culpables, habrá que exigirle a la claque intelectual cubana no solo por haber firmado la proclama, sino por haber contribuido al crimen y haber favorecido el desmantelamiento de toda posición crítica, todo espacio de reflexión y discrepancia”.

Sin embargo, más que las contundentes declaraciones de figuras como Günter Grass, Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards, tuvo un impacto mucho mayor en la intelectualidad nacional que artistas y escritores, abiertamente de izquierda, como Pedro Almodóvar, Joan Manuel Serrat, Fernando Trueba, Joaquín Sabina, Caetano Veloso, José Saramago o Eduardo Galeano hicieran duras críticas al régimen. Hasta Noam Chomsky pidió en el 2008 la libertad de los detenidos en la Primavera Negra.

“De pronto había una unidad manifiesta entre colegas de la izquierda y la derecha a nivel mundial. Fue una semilla pequeña que se sembró en la cabeza de muchos de nosotros y que floreció unos años después en la rebelión intelectual que se conoció como “Pavongate o Guerrita de los emails” en 2007”, señaló Valle.

“Por eso pienso que el 2003 marca un antes y un después, porque no sólo pasaron los hechos y no sólo la sociedad se conmovió sino que hubo cambios muy profundos en lo político, lo cultural y lo social en Cuba”, agregó.

“Nadie debería estar a favor de la pena de muerte, la vida humana es sagrada, en mi opinión", indicó el escritor Gabriel Barrenechea, natural de Encrucijada, Villa Clara. “Y me parece totalmente incongruente que un escritor o un artista apoye procesos contra la libertad de expresión; negarla es negar nuestra esencia como creadores”.

Silvio Rodríguez: "Nunca apoyé aquellas ejecuciones"

A través del Blog Segunda Cita, Radio Televisión Martí contactó con Silvio Rodríguez, a quien preguntó: “En abril de 2003, usted firmó el Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos. Diecisiete años después, ¿sigue apoyando las ejecuciones?”

A lo que el cantautor respondió: “Nunca apoyé aquellas ejecuciones. Y estoy seguro de que ninguno de los firmantes de aquella carta lo hacía”.

17 años después, Silvio Rodríguez afirma que no apoyó las ejecuciones con la firma de la carta.

“Firmamos la carta cerrando filas con el derecho de Cuba a ser soberana”.

“Era 2003, cuando Bush se lanzaba contra Irak e inspirado en lo peor de la Florida le dijo a Collin Powell: 'Primero Irak y después Cuba'. Después tuvo que decir que lo había dicho en broma”.

“Jamás renunciaré a defender a mi país de los abusadores y de los amigos de los abusadores”, dijo Silvio Rodríguez.

En una entrevista concedida al diario español El Periódico en 2008, el trovador Pablo Milanés dijo que, a diferencia de otras personas, se negó "a firmar una carta de apoyo a los fusilamientos decretados en abril de 2003 y las penas de largos años de prisión a 75 disidentes.

A la pregunta de si se trató de "puro oportunismo" por parte de esos intelectuales firmantes de la carta, Milanés respondió que "sí, y de pura cobardía".

************

Fernando Godo | A Tranca Limpia

25 de noviembre, 2024


************



Los tres últimos fusilados, los cuales no mataron, no hirieron ni derramaron una sola gota de sangre:



Lorenzo Enrique Copello Castillo, Bárbaro Leodan Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac. 


Emigrar al patíbulo

*********
Un testimonio de las últimas horas de Lorenzo Enrique Copello, el último fusilado del castrismo.
 *********
Por Ricardo González Alfonso
La Habana

Convivir en un calabozo con un condenado a muerte es intrincarse en el laberinto de una vida ajena, que comienza a pertenecernos, a dolernos.
Lorenzo Enrique Copello, fusilado el 11 de abril de 2003.

Cuando abrieron la puerta de la celda tapiada y vi por primera vez a 
Lorenzo Enrique Copello Castillo, no imaginé que lo fusilarían en una semana, tras uno de esos juicios sumarísimos de la primavera de 2003.
Lorenzo era un negro de treinta y tantos años, de buen aspecto, que caminaba cojo por la golpiza que le propinaron cuando lo arrestaron en el Puerto del Mariel, al oeste de La Habana. Los zapatos negros y sin cordones tenían marcas de salitre, y sus ojos reflejaban la extenuación de los náufragos, de esos que aún huelen a mar.

Nos saludó con una sonrisa doble: la de sus labios y la de sus ojos. Se acostó, y al instante dormía con la inmovilidad de los difuntos.

Mis compañeros de celda —el chino, un joven acusado de vender drogas, y un muchacho condenado por asesinato e involucrado en un tráfico de emigrantes— nos sentimos desilusionados. Nos sabíamos de memoria nuestras respectivas historias o leyendas y esperábamos del recién llegado una de estreno. En los calabozos de Villa Marista, sede nacional de la Seguridad del Estado, no hay espacio para caminar; y la única opción, entre interrogatorio e interrogatorio, es conversar sobre cualquier tema, para no pensar.

Por la mañana, descubrimos que Lorenzo era un criollazo. Nos relató, como quien cuenta una película, que a medianoche abordó con varios amigos y amigas la lancha Baraguá, una de esas que cruzan con pasajeros la bahía habanera. El grupo de piratas debutantes llevaba oculto en sus mochilas recipientes con combustible; y, además, contaban con un arsenal de desconsuelo: un revólver y un cuchillo. Lorenzo apoyaba su narración con mímica teatral. "Llegué hasta la cabina y disparé dos veces. Una contra la proa y otra al mar. Entonces grité: '¡Esto se jodió, nos vamos pa' Miami!'".

Al principio todo resultó a pedir de sueños. Entre los pasajeros habían dos extranjeras —magníficas piezas de cambio— acompañadas por un par de Rastafaris. En total, tenían una treintena de rehenes. La Bahía de La Habana quedaba atrás, y la embarcación se adentraba en el anchísimo Estrecho de la Florida.

Lorenzo cerró los ojos para disfrutar mejor de sus palabras. "Oigan, ya nos veíamos en las costas de Cayo Hueso enseñando unos carteles que habíamos hecho con frases contra el comunismo, para que los americanos nos dieran asilo político". Lorenzo sonrió, como un chiquillo que recuerda una travesura. Al abrir los ojos, despertó de su aventura onírica. Su expresión se transformó en la de un adulto en peligro.

(Lorenzo Enrique Copello Castillo)

Nos contó, siempre auxiliándose con su gestualidad criolla, cómo el mar —un mar histérico— cambió de humor repentinamente. Imaginé las olas como cascadas continuas, la lancha a la deriva, a merced de ascensos y descensos bruscos y constantes. Vi en el rostro del negro el terror que sintieron aquellos cachorros de mar —secuestradores y rehenes— al saber que en esa situación de espanto se había agotado el combustible, incluido el de reserva.

Un guardacostas cubano se aproximó. A través de un megáfono uno de los guardafronteras los conminó a entregarse. "Pero nosotros, de eso nada. Respondí a gritos que teníamos a dos extranjeras. Que nos dieran combustible o la cosa iba a terminar mal".

Llegaron a un acuerdo. El guardacostas remolcaría a la Baraguá hasta el Puerto del Mariel. Allí le proporcionarían lo necesario para llegar a Estados Unidos, a cambio de que no lastimaran a los rehenes.

Lorenzo intentó esgrimir una sonrisa de consuelo, pero, errático, emitió un suspiro triste. "Era una trampa. Muy cerca del muelle, un hombre rana del Ministerio del Interior le hizo una seña a las extranjeras para que se lanzaran al agua. Una de ellas se tiró. Traté de impedir que la otra hiciera lo mismo, pero un pasajero —después supe que era un militar vestido de civil— me empujó, caí al mar y perdí el arma. Varios hombres ranas me atraparon. En el agua comenzaron a golpearme. Continuaron en el muelle. Mis compañeros también estaban dominados".

"La cosa fue grande. Vino hasta Fidel. Nos dijo que si nos hubiéramos ido, dentro de unos años hubiéramos querido regresar".

Lorenzo movió la cabeza seguro de su negativa. "¡Qué va! Yo hubiera hecho como mi padre, que se pasó la mitad de la vida preso; pero en el 80, cuando lo del Mariel, se fue a Estados Unidos, se cambió el nombre, estudió y se hizo ingeniero. Sí, yo iba a hacer lo mismo. Después reclamaría a Muñe, mi mujer actual; y a Rorro, mi hija, que es del primer matrimonio".

Muñe —apócope de muñeca— vendía pizzas en su casa. Lorenzo la describía como una Venus de Milo, pero con brazos, cálida y cándida. Al hablar de Muñe la expresión del negro se asemejaba a la de un amante primerizo.

Pero ella, como Rorro, desconocía que Lorenzo vivía dos existencias paralelas, y que con esa doble vida recorría su laberinto personal. Él era una moneda que giraba por el aire a cara o cruz, a mal o bien.

Lorenzo trabajaba días alternos como custodio de una policlínica del municipio de Centro Habana. Allí su actitud era ejemplar, nos aseguró. Mas sus días libres eran libertinos. Se dedicaba al proxenetismo y a la estafa. Esta la ejercía a veces a través de juegos de azar; otras, como "guía" de turistas inexpertos.

"Una vez —nos relató entusiasmado— viajé a Pinar del Río con un francés. ÁQué vida! El lo pagaba todo: un apartamento que alquiló, bebida de la buena y a las mejores jineteras. Allá conoció a una temba y se quedó con ella. No sé qué le vio. El francés era un buen hombre. Yo siempre me porté bien con él. Aunque era muy confiado, jamás me aproveché de eso". Nos miró con picardía y añadió: "¡Pero a otros…!".

En una ocasión Lorenzo me dijo: "Ricardo, qué lástima que te dio por la política. Con tu pinta y facilidad de palabras, serías un estafador de primera".

También nos hablaba de Rorro. Una linda adolescente que sabía valerse por sí misma. "Es como yo, pero honrada". El sobrenombre surgió cuando era una bebé, pues la madre y Lorenzo le cantaban para dormirla: "A rorro mi niña, a rorro mi amor". La muchacha estudiaba la enseñanza media en Miramar, un reparto de la antigua —y actual— clase alta. "Papi, allá los autos son cómicos, la gente se viste cómico, las casas son cómicas. En fin, Miramar es una comedia".

El día que a Lorenzo le entregaron la petición fiscal, le dijo al guardia que servía la comida: "Échame más, ¡qué soy un pena de muerte!". Y se rió. Pero un rato después nos miró serio y comentó en voz baja, casi consigo: "quién lo hubiera dicho, ¡yo deseando una sanción de 30 años!".

Lorenzo regresó del juicio muy optimista. "Mi abogado dijo que cómo se iba a pedir sangre, si no se derramó una gota de sangre". Y repetía a cada rato estas palabras, con el fervor que un moribundo invoca a Dios.

También nos comentó: "Ustedes no me van a creer, pero sentí más miedo cuando en el juicio vi el vídeo de la lancha subiendo y bajando en aquel mar furioso, que cuando yo estaba allí mismito, jugándome la vida".

Esa noche nos llevaron a una oficina. A los cuatro por separado. Cuando llegó mi turno, un capitán me explicó que aunque a Lorenzo le pedían la pena de muerte, eso no significaba que lo fusilarían. "Pero —puntualizó el oficial— algunos condenados a la pena capital se desesperan y se suicidan por gusto, pues la sanción no es ratificada por el Tribunal Supremo o por el Consejo de Estado".

Con este argumento solicitó mi cooperación para impedir —dado el caso— que Lorenzo atentara contra su vida. Accedí. Después me enteré que a mis otros dos compañeros de celda le pidieron lo mismo. Nunca supe que le dijeron a Lorenzo.

Desde entonces la ventanilla de la puerta tapiada la mantuvieron abierta; y afuera, un policía permaneció de guardia.

Al otro día por la tarde vinieron a buscar a Lorenzo. Regresó muy contento. "La Seguridad del Estado trajo en un auto a Rorro, a la mamá de ella y a mi madre. Me dijeron que el director del policlínico le iba a escribir al Consejo de Estado hablándole de mi buena actitud laboral". Al rato vinieron de nuevo por él.
Ya a solas , el Chino, el otro muchacho y yo comentamos que esa visita era la despedida final. La policía política —y la otra— no acostumbra a traer a nuestros familiares para que nos visiten. Estábamos equivocados. No era la última despedida, sino la penúltima.

Lorenzo retornó feliz. Dos oficiales fueron a buscar a Muñe y había tenido una visita con ella. A discreción, mis compañeros de celda y yo nos miramos consternados. Comprendimos que Lorenzo sería ejecutado próximamente.

Aquella tarde la comida fue diferente a la habitual: medio pollo, arroz con moros, ensalada, vianda, postre y refresco. Lorenzo sospechó. "¿Medio pollo para cada uno?". El guardián lo tranquilizó argumentando que habían traído tantos pollos que no cabían en las neveras, y a todos los detenidos les estaban sirviendo la misma ración. Lorenzo le creyó —o simuló creerle—: era su última cena.

Horas después, Lorenzo sintió un dolor en el pecho. Avisé al guardia. Se lo llevaron inmediatamente a la posta médica. Regresó al rato. Nos aseguró que se sentía mejor después que lo inyectaron. Estaba soñoliento. Obviamente lo drogaron. Transcurridos unos minutos, dormía otra vez con la inmovilidad de los difuntos. Recordé la noche que lo conocí. Apenas —y a penas— había pasado una semana.

Sería medianoche cuando abrieron la puerta. En el pasillo vi a seis guardias. Uno entró y despertó a Lorenzo. Se levantó aturdido. Se calzó con torpeza sus zapatos sin cordones. Me miró como preguntándome: "¿Qué ocurre?". Se lo expliqué con una mirada. Le di una palmada en el hombro, y lo vi partir a la muerte.
***********

Tomado de Cuba DemocraciayVida.org


Declaración de Ramona Copello, madre de Lorenzo Enrique Copello, uno de los tres jóvenes cubanos que el actual enfermo Dictador cubano Fidel Castro Ruz, envió a la muerte, ordenó que los fusilaran en Abril del año 2003 por el simple"delito" de querer emigar a Miami, EE.UU. en una lanchita de pasajero del Mucipio de Regla en la Ciudad de La Habana, sin estos jóvenes haber cometidos delitos de sangre o haber maltratado a los pasajeros. Sencillamente fue un asesinato ordenado por Fidel Castro Ruz.

Video del noticiero de la TVE colocado en You Tube por Guillermo Milán Reyes. Editor y redactor de la página web: "Cuba Democracia y Vida"


DECLARACIÓN DE RAMONA COPELLO ,MADRE DE FUSILADO



Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...