viernes, mayo 02, 2025

Claudia Padrón Cueto: Así saqueó la Revolución a los cubanos: 11 historias de despojo y humillación. La lista negra del ¨Gobierno Revolucionario ¨ en los años 60: 'vete de Cuba con lo puesto'

 

Así saqueó la Revolución a los cubanos: 11 historias de despojo y humillación

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Estos son testimonios, enviados por nuestra audiencia, que merecen quedar en la memoria colectiva como prueba de los horrores cometidos por el régimen cubano.

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Por Claudia Padrón Cueto

Mayp 1, 2025

CDMX.-Desde que en 1959 la Revolución Cubana tomó el poder, el pueblo de Cuba ha vivido bajo un régimen que no solo destruyó las libertades individuales y políticas, sino que durante décadas despojó a miles de cubanos de sus propiedades, negocios, viviendas y pertenencias, bajo el amparo de decretos y leyes que sirvieron de fachada para una ola de abusos, humillaciones y despojo masivo.

A partir de los años 60, se instauró un proceso sistemático de expropiaciones e intervenciones forzosas. Talleres, bodegas, carnicerías, casas y hasta los objetos más personales como tazas, cubiertos o prendas de vestir, fueron confiscados a las familias que intentaban emigrar o simplemente se negaban a rendirse ante el sistema. Estos actos de saqueo estatal se extendieron durante décadas, y hasta entrados los años 2000 se seguían cometiendo injusticias similares contra los cubanos que decidían marcharse en busca de libertad.

Más allá del robo material, estos actos buscaron humillar y someter al ciudadano, destruir la estabilidad de familias enteras y borrar cualquier intento de independencia económica o social. Se despojó no solo de bienes, sino también de dignidad y de futuro.

Hoy, desde Cubanet, queremos rendir tributo a la memoria de quienes lo vivieron. Estos son testimonios, enviados por nuestra audiencia, que merecen quedar en la memoria colectiva como prueba de los horrores cometidos por el régimen cubano.

Xiomara: “¡Ladrones! Indemnizaron a mi padre con 60 pesos”.

En la década del 60, siendo yo todavía una niña y en ausencia de mis padres, apareció un vecino con la policía y dijo que lo habían nombrado interventor del taller de mi padre. Entró hasta la casa, donde estaba el almacén de piezas de repuesto, y lo robaron todo. Incluso una máquina que había dejado un hermano mío que vivía en Camagüey se la llevaron. Producto de esa fechoría, mi padre debutó con una diabetes que, con el tiempo, le costó la vida. Mis hermanos nunca fueron niños, siempre ayudaban a mi padre en el taller, así que también les intervinieron la niñez y la estabilidad económica de una familia trabajadora. ¡Ladrones! Indemnizaron a mi padre con 60 pesos.

Cary: “Los desalojaron y sellaron su casa”

Ciertamente no se puede tapar el sol con un dedo. Yo tuve que albergar a una familia en mi casa porque, la última noche antes de irse para EE. UU., los desalojaron y sellaron su casa. Eso fue en los 2000.

Esperanza: “A mis padres los dejaron salir porque un capitán de la milicia se enamoró de la casa”

A mis padres les hicieron lo mismo. Con el famoso inventario, tenían que dejarlo todo. En aquella época no se podía vender una casa. Yo salí antes que ellos y toda mi ropa, zapatos, pantalones interiores, brassieres… todo me lo contaron. A mis padres los dejaron salir porque un capitán de la milicia se enamoró de la casa que, con muchísimos sacrificios, mis padres habían construido para mí. Los dos trabajaban, nadie heredó nada. Y el ladrón, amparado por el gobierno, se quedó con una casa de dos plantas, tres cuartos, un baño arriba, y debajo de la escalera un lavabo y un inodoro. Sala, saleta-comedor, cocina y una terraza desde la que se veía la bahía. Todo ese sacrificio lo disfrutó el hijo de la buena madre de gratis. Eso pasó en 1970, cuando pudieron salir reclamados por mí.

Camacho: “Nunca más volvió a Cuba”

Mi mamá me contaba que a una tía suya le hicieron lo mismo. Le inventariaron hasta las cucharas y los juegos de sábanas. Ella vivía en una buena casa en El Vedado, y mi abuelo, que era su hermano, vivía en el campo, en una casita de madera y guano. No pudo dejarle nada, se lo quitaron todo. Incluso la hicieron salir antes de la fecha de su salida y se refugió un tiempo en el campo, en una casita que le decían “bar en tierra”, con dos hijos. Después vivió muchos años en Estados Unidos y nunca más volvió a Cuba.

Luz : “Despojaron de sus bienes a todo aquel que, con el sudor de su frente, había levantado algo”

En mi casa había una bodega, una carnicería y una guarapera, y todo fue intervenido por el gobierno. Ese año se llamó “El año de la nacionalización”. Despojaron de sus bienes a todo aquel que, con el sudor de su frente, había levantado algo. Los dejaron en la miseria. Todos se fueron del país con una mano adelante y otra atrás. Ese fue el primer gran robo de la Revolución. Así comenzó la degeneración de todos los valores, crearon envidia y discordia entre familias y amigos. Fue todo un plan macabro para robar y humillar al pueblo. El cubano de la generación de la Revolución se adaptó a robar y vivir de los demás, perdiendo valores y principios. Hoy queda muy poco de aquello, pero esa es la realidad cubana.

Cruz: “Eso fue muy triste y duro”.

A mi hermana no le hicieron inventario porque vivía con su suegra, pero tenía que ir a trabajar a la agricultura. Mujeres y hombres encaramados en un camión. Eso fue muy triste y duro. Mi cuñado se fue primero con su hijo mayor, y luego ella con el niño más pequeño. Y eso que su salida fue por España. A los que tenían casa los sacaban y le ponían un cuño en la puerta. No recuerdo exactamente qué decía ese papel. Aquí se cometieron muchos errores. Recuerdo que hubo un año que le llamaron “El año de la Rectificación de Errores”.

Danilo: “Ningún alto funcionario fue a vivir a un barrio humilde”.

Tengo un gran amigo, hoy muy famoso en EE. UU. por su arte —me reservo su nombre—, que cuando a sus padres les hicieron el inventario, faltaba una bicicleta de niños que él había regalado a un amiguito pobre del barrio y tuvo que quitársela. Recuerdo a los niños llorando. Eso aún está vivo en mi mente. Cada vez que me reúno con él en EE. UU., hablamos de aquello. Todos esos objetos de valor que decomisaban no se los asignaban a los pobres, no. Iban a parar a los almacenes de Recuperación de Bienes Malversados y de allí a los altos funcionarios y personalidades del gobierno para adornar sus viviendas, casi siempre en los repartos residenciales que iban quedando vacíos. Ningún alto funcionario fue a vivir a un barrio humilde. Así surgió una nueva clase social: la “burguesía revolucionaria” después de 1959.

Gladys: “Le hicieron inventario de todo en su apartamento, hasta las tazas de café y los vasos”.

Esta historia de mi tía es cierta. Le hicieron inventario de todo en su apartamento, hasta las tazas de café y los vasos. Por miedo a que no la dejaran irse —su único hijo había salido por la Operación Pedro Pan—, empezó a dar el agua y el café en latas vacías de leche condensada. Por poco se vuelve loca. No dejaba que le tocaran una vasija. Sin saber lo que le costaría eso, trajo a otra tía desde Camagüey para dejarla en su casa. Le costó siete años de espera y su hijo, solo en Estados Unidos, tuvo la suerte de que una buena familia lo acogiera. Se hizo un gran cantante de ópera y logró muchos triunfos. Falleció en 2020 por COVID. Si lo buscan en Google, era José Efrén Puig. Que en paz descanse, mi querido primo. Esta fue una de tantas historias verdaderas de los cubanos.

Mary: ” Se fue del país llorando por el modo en que le robaron su casa y pertenencias”.

Esa práctica se extendió durante muchos años. A mi vecino Ramón Delgado —ojalá vea este testimonio—, cuando le llegó su salida para EE. UU., vino de noche a mi casa a pedirme de favor que le guardara su televisor y un juego de sala, porque le venían a hacer la inspección y quería cambiarlos por los viejos de su madre, que llevaba años con el televisor roto y los muebles destrozados. Yo le dije: “Trae todo lo que puedas cambiar”. Ramón Delgado era el mejor soldador del antiguo central 6 de Agosto, y había construido, con su sudor y esfuerzo, una buena casa. Quería dejarla a sus padres, que vivían en una casita prácticamente en ruinas, pero no pudo. Se fue del país llorando por el modo en que le robaron su casa y pertenencias. Aclaro que, al poco tiempo, la casa de Ramón se la asignaron a un ingeniero del municipio de Los Arabos. Esos abusos quedan para siempre en nuestra memoria. Prohibido olvidar.

Juan E: “Me contaron hasta los tenedores y cucharas”.

Eso siguió por mucho tiempo. Yo me fui en 1999. Me quitaron mi casa, me contaron hasta los tenedores y cucharas. Si algo faltaba, no te autorizaban a salir. También un vecino me acusó. Es una larga historia. Y ni hablar de la tiradera de huevos de aquellos años. Hoy muchos cubanos recién llegados no conocen esas historias, aunque otros también han pasado por lo suyo. En fin, cada vez que escucho a alguien defendiendo al gobierno de Cuba, me pregunto si es un descarado o un anormal.

Miriam: “Se lo quitaron todo”.

Hasta los cubiertos inventariaban. Mi vecina y parte de mi familia pasaron por eso. Una tía por parte de padre tenía algunas casas y edificios, todo fruto de su trabajo y de un préstamo que le hicieron unos españoles para que montara su negocio. Se lo quitaron todo y, en 1960, se fue de Cuba. Mi tío se llamaba Miguel Hernández Varela.

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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO.

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Discurso de Fidel Castro RuzEN LA PLAZA DE LA CIUDAD DE CAMAGÜEY, EL 4 DE ENERO DE 1959: 

¨Yo estoy seguro de que los cubanos no se conforman simplemente con ser libres en su patria.  Yo estoy seguro de que los cubanos quieren además disfrutar de su patria.  Yo estoy seguro de que quieren también participar del pan y la riqueza que se producen en su patria.

¿Cómo vamos a decir:  “esta es nuestra patria”, si de la patria no tenemos nada?  “Mi patria”, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre.  ¡Eso no es patria!  Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo (APLAUSOS).  Patria no solo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo (APLAUSOS).  Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria.

Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria.  Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, pero no tienen patria.  Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden.  Y eso es verdad y ustedes lo saben  (EXCLAMACIONES).¨

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El cantante Alfredito Rodríguez  recuerda la salida frustrada de Cuba al comienzo de la Revolución


Nota  aclaratoria del Bloguista de Baracutey Cubano a unas palabras de Alfredito Rodríguez:

Esas palabras de ¨dile al mundo ...¨ no estaban en la Visa Waiver, que es un documento del gobierno de EE.UU.; esas palabras estaban en un ¨carnet de vacunación¨  que  nos daba la incipiente tiranía Castrista que tenía  forma de cartilla que contenía la acreditación de que habías sido vacunado contra la  viruela, etc. . Esa cartilla tenía a un niño ¨del tercer mundo¨ sentado en el suelo. La vacuna contra la viruela  me la inyectaron en la Aduana de la República, en el puerto de La Habana, si mal no me equivoco de  instalación portuaria. 

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Tomado de https://diariodecuba.com/

La lista negra del Gobierno en los años 60: 'vete de Cuba con lo puesto'

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Durante más de 50 años el Gobierno liderado por Fidel Castro confiscó las propiedades de aquellos cubanos que decidían salir de la Isla.

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https://youtu.be/VwbZ3ECfu00

(Todás las imágenes, menos la de la clausura y robo de la vivienda, fueron añadidas por el Bloguista del blog  Baracutey Cubano)


Deseo añadir que hoy 2 de mato del 2025, me entero que ayer falleció Alfredo Felipe Fuentes, uno de los 75 que sufrieron la ola represiva conocida como La Primavera Negra del 2003. Alfredo Felipe fue la persona que halló y publicó la siguiente resolución firmada por Ramiro Valdés Menéndez; esta resolución y muchas más evidencias del actuar de la dictadura castrista,  fueron publicadas en La falsa imagen de Fidel Castro: Evidencias irrefutables,  uno de los libros de Alfredo Felipe Fuentes. EPD !!! 

Regis Iglesias Ramirez a raíz del deceso de  Alfredo Felipe: 

 Adiós Alfredo, mi hermano, regresa a la Casa del Padre y disfruta el banquete en la Gloria que ganaste con tu valentía, coherencia y dignidad. Cuba te contempla orgullosa! Gracias por tu sacrificio, por tu seriedad. Recuerdo ahora una de las veces que viaje a Artemisa, entonces Municipio de provincia Habana, durante la campaña del Proyecto Varela y pude comprobar la diferencia en el trabajo y la seriedad conque habías asumido la colecta y verificación de firmas a diferencia del sujeto que en un principio lo había hecho de manera chapucera e irresponsable.

DDC

La Habana

09 Jun 2022 

En la actualidad los cubanos que migran , a partir del año 2013, venden todas sus pertenencias para costear el viaje. La casa, los equipos electrodomésticos, las joyas, vehículos propios, y hasta la ropa y los zapatos, son rematados en cuestión de días a precios de "me voy y necesito dinero".

Pero no siempre fue así, no siempre el cubano pudo disponer de sus propiedades. En los años 60, cuando la Revolución comenzaba a tomar forma de lo que realmente terminaría siendo, los cubanos que decidían irse del país no lo tenían nada fácil.

La resolución 454 de septiembre de 1961 dictada por el Gobierno de Fidel Castro estableció que quienes abandonaban el país hacia EEUU, perderían sus propiedades si no regresaban en 29 días.

Una vez iniciado el proceso para marcharse del país, el futuro migrante recibía una inspección en su casa donde funcionarios del Gobierno inventariaban todo.

Llegado el momento definitivo de partir, esa persona recibía una lista donde se relacionaban los objetos que podía llevarse consigo. DIARIO DE CUBA tuvo acceso a esa lista y la comparte de forma íntegra.

Información a los señores pasajeros sobre disposiciones relativas al equipaje

Los señores pasajeros solamente podrán llevar los artículos y prendas de vestir que más abajo se relacionan, INCLUYENDO LO PUESTO:

Joyas: 1 reloj y 1 anillo de compromiso que en total representen un valor no mayor de $60. Prendas de fantasía que en total representen un valor moderado.

Artículos de Tocador: Una unidad de pasta de dientes y jabón en uso, de producción nacional por núcleo familiar, una máquina de afeitar que no sea eléctrica.

Cosméticos: Una unidad de perfumes, una unidad de pan-cake o base líquida, una unidad de polvos, una unidad de creyón de labios, una unidad de lápiz de cejas y una unidad de colorete.

Alimentos: Lo necesario para la dieta regular de infantes, calculada para el viaje.

Medicinas: Un frasco regular, una caja de inyecciones y una jeringuilla hipodérmica en uso de acuerdo a la prescripción facultativa.

En resumen, el cubano no se podía llevar nada de valor o nuevo. No tenían derecho a llevarse consigo un objeto que pudiera ser disfrutado por el poder comunista.

Varios testimonios han referenciado los terribles protocolos que seguían las autoridades en los aeropuertos. En ocasiones hacían que los "desertores" se desnudaran e hicieran cuclillas para comprobar que no ocultaban nada de valor en sus genitales.

Buena parte de las casas y mansiones de la burguesía cubana y la clase media que emigró a principios de los 60 terminaron en manos de funcionarios y dirigentes.

Esta política de expropiación forzada a aquel que decidiera irse de la Isla, estuvo en vigor hasta la reforma migratoria de 2013. Fueron más de 50 años de violaciones a estos derechos humanos elementales. En la actualidad, la Seguridad del Estado aún aplica la politica de "regulados" para evitar que ciudadanos cubanos puedan entrar o salir de la Isla por motivos fundamentalmente políticos.

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En años posteriores: 

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Antes de llegar a los EE.UU.

En el Ático de Pepe Forte: Los Vuelos de la LIBERTAD | The Freedom Flights



En el Ático de Pepe Forte: Aquel Día que te Fuiste de Cuba


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La Isla del Nunca Jamás

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Rehenes y apátridas. De cómo Fidel Castro acabó con el derecho del pueblo cubano de entrar y salir del país. El período 1959-1980.
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Por Manuel Zayas
Barcelona
17-01-2012


El 9 de enero de 1959, el autoproclamado "gobierno provisional de la Revolución" se sacó de la manga una ley para controlar los movimientos de los ciudadanos cubanos al extranjero, una medida inconstitucional que fue el preámbulo de las que vendrían después y que regularían y eliminarían de tajo el derecho a la libre circulación.

Sancionada hace 53 años bajo el título de "Vigencia de pasaportes", la Ley No. 2 decía: "Es necesario a los propios efectos y principios de la Revolución, evitar que personas comprometidas con el régimen anterior, autores de delitos comunes traten de abandonar el territorio nacional con el fin de evadir la acción de la justicia, dictándose al efecto las medidas oportunas para evitar que así suceda".

A los pocos días, aquella disposición fue enmedada por la Ley No. 18, y obligaba a lo siguiente: "Todo ciudadano cubano poseedor de Pasaporte válido expedido por el Ministerio de Estado, que se proponga trasladarse al extranjero, deberá obtener una autorización al efecto, que le será concedida por el señor Jefe de la Policía Nacional". [El énfasis en esta y otras frases es del autor del artículo.]

Bajo el pretexto de impedir la evasión de criminales del régimen de Fulgencio Batista, toda la población cubana pasó a ser sospechosa de colaboracionismo. Al jefe de la policía se le otorgó una autoridad desconocida hasta entonces, la de autorizar (o no) los viajes al extranjero. (Estaban exentos de esa autorización los portadores de pasaportes diplomáticos emitidos después del 6 de enero de 1959.)

A ojos vista, la medida era contraria a la Constitución de 1940 que, en su Artículo 30, consagraba como un derecho fundamental la libertad de circulación. "Toda persona podrá entrar y permanecer en el territorio nacional, salir de él, trasladarse de un lugar a otro y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte u otro requisito semejante, salvo lo que se disponga en las Leyes sobre inmigración y las atribuciones de la autoridad en caso de responsabilidad criminal".

Y continuaba ese artículo constitucional: "A nadie se obligará a mudar de domicilio o residencia sino por mandato de autoridad judicial y en los casos y con los requisitos que la Ley señale. Ningún cubano podrá ser expatriado ni se le prohibirá la entrada en el territorio de la República".

La Ley No. 2 fue aprobada por el Consejo de Ministros, con el presidente Manuel Urrutia a la cabeza. Sin cargo alguno en aquel primer gabinete gubernamental, pero con gran apoyo popular, Fidel Castro ejercía un poder a la sombra de aquellos ministros. Según un decreto de Urrutia, Castro ostentaba el título de Comandante en Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire.

Las promesas del gobierno provisional de celebrar elecciones y de reinstaurar el orden constitucional —quebrantado con el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952— cayeron en saco roto. Disuelto el Congreso y el Senado, el Consejo de Ministros quedó como única instancia legislativa: el 7 de febrero de 1959 sancionó la Ley Fundamental, que derogó la anterior Carta Magna, inservible desde los primeros días de enero.

Entre las principales modificaciones: se instaura la pena de muerte con efectos retroactivos para criminales y cómplices del anterior régimen (antes estaba contemplada solo para delitos militares en tiempos de guerra y proscrita para delitos políticos), se aprueba la confiscación de bienes a esas personas y para los autores de "delitos contrarrevolucionarios" y con fines sociales . El habeas corpus, garantía jurídica de libertad del individuo frente a las detenciones arbitrarias, fue suspendido por 90 días.

Pese a todas las modificaciones, el Artículo 30 de la Constitución de 1940 fue mantenido intacto. La Ley Fundamental seguía reconociendo la libertad de circulación como un derecho del pueblo cubano aunque, en la práctica, el ejercicio de ese derecho estaba truncado por la decisión de una maquinaria policial, facultada ahora para autorizar los viajes al exterior.

Los conflictos dentro del propio gobierno llevaron a José Miró Cardona a presentar su dimisión como primer ministro. Desde el 17 de febrero lo sustituiría Fidel Castro. Pocos meses después, las tensiones seguían. Entonces Castro presenta su dimisión, argumentando que el presidente Urrutia demoraba la firma de las nuevas leyes revolucionarias.

Forzado a renunciar por las protestas populares de respaldo a Castro, el 17 de julio Urrutia dejó su puesto como presidente. Su cargo como representante del Estado lo ocuparía Osvaldo Dorticós. Fidel Castro seguiría al frente del gobierno.

Una ley trampa

Los usos que se le dió a la Ley No. 2 excedieron los mismos límites de esa disposición. Se trataba, en efecto, de una ley trampa. Paradójicamente, dos de los antiguos miembros del primer gabinete del gobierno provisional y votantes de aquella ley, también serían víctimas de su aplicación. Solo obtendrían garantías para abandonar el territorio cubano después de solicitar asilo en las embajadas latinoamericanas en La Habana.

Ese fue el caso del ex primer ministro Miró Cardona, quien el 5 de junio de 1960 se refugió en la embajada de Argentina, y también el del ex presidente Urrutia, que en abril de 1961 se asiló en la de Venezuela. Tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre Caracas y La Habana, Urrutia fue trasladado a la delegación diplomática de México, donde permaneció hasta 1963 a la espera de un salvoconducto que le permitiera salir del país.

El asilo político quedaba como único garante de la libertad de circulación. Con la nacionalización de la prensa en 1960, José Ignacio Rivero, dueño del conservador Diario de la Marina, debió refugiarse en la embajada de Perú. Temía que el "entierro simbólico" con el que se proclamó la muerte de su periódico se tradujera en una muerte real. La suya, claro está. Por su parte, Miguel Ángel Quevedo, propietario de la revista Bohemia, buscó refugio en la delegación venezolana.

(Fotograma del filme 'Memorias del subdesarrollo', de Tomás Gutiérrez Alea: decomiso de relojes y sortijas a los que abandonan el país. (MANUEL ZAYAS))

En septiembre de 1960, los consulados cubanos recibieron una orden del Ministerio de Relaciones Exteriores. Se les instaba a contactar con los ciudadanos bajo su jurisdicción para que regresaran a la Isla. Quienes se nieguen, serán catalogados como "contrarrevolucionarios".

Así le sucedió por aquella fecha al escritor Severo Sarduy, becado en París, cuando comunica su intención de no regresar. Su hermana Mercedes Sarduy recuerda: "A partir de este momento es considerado un traidor contrarrevolucionario (adjetivos con los que 'acuñaban' a todo aquel que no viviera en Cuba o que no simpatizara con el sistema)".

El escritor viviría su propio limbo jurídico. En 1963, según su hermana, Severo Sarduy "tiene problemas con la renovación de su carta de residencia francesa y posteriormente, con la prórroga de su pasaporte cubano que quedó en un limbo, para siempre, entre las paredes del consulado cubano en Francia. Nunca se lo devolvieron".

Algo similar le ocurrió a la cantante Celia Cruz. Su pasaporte fue cancelado en octubre de 1960 por funcionarios del consulado cubano en México. Dos años después, las autoridades diplomáticas que debían representarla le negarán autorización para que pueda entrar a Cuba. Celia Cruz no podrá viajar a La Habana para asistir a los funerales de su madre.

En la mañana del 5 de agosto de 1961, los periódicos cubanos —ya bajo control del gobierno— anunciaron el cambio obligatorio de billetes, una medida que se había mantenido en el mayor secreto y que se haría efectiva en las siguientes 48 horas (6 y 7 de agosto). Debajo de los grandes titulares de la noticia, se podía leer : "Cerrado el país a la entrada del exterior durante esos dos días" (diario Hoy) y "Prohíben entrar al país durante esos dos días" (diario Revolución).

El Muro de Fidel Castro

En 1961, tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE UU, y unos días antes del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, el Máximo Líder proclamó el carácter socialista de la revolución. Para entonces, Castro ya tenía militarizado el país entero. Controlaba la administración de la justicia y cada institución civil. Había acabado con los partidos políticos, y nacionalizado la enseñanza, la prensa, la banca y las grandes empresas. Era el administador supremo del terror revolucionario.

El 5 de septiembre de 1961, el dictador amenazó con algo insólito: anunció que se le retiraría la nacionalidad cubana a todos los profesionales de la salud, técnicos y profesores que abandonaran el país. Esa medida draconiana había sido puesta en práctica un año atrás, pero permanecía en secreto.

El éxodo creciente de profesionales significaba una sangría para el nuevo régimen. En su discurso de clausura del Congreso Nacional de Alfabetización, Castro dijo sobre los médicos: "El que en esas [estas] circunstancias abandone hoy a su enfermo, ese, ese es un miserable, a ese no le debemos dar chance nunca más de volver a este país; a esa gente hay que quitarle la ciudadanía, hay que quitarle la ciudadanía (APLAUSOS) porque esa gente algún día va a mendigar aquí, a las puertas de este país que la dejen regresar".

Y continuó: "Cuando esa gente se indigeste de yankismo y cuando esa gente esté cansada de desprecios y de malos tratos, (…) llegará el día en que vengan a tocar aquí todos esos técnicos, a las puertas de este país, ingenieros, arquitectos, médicos, profesores, vendrán a tocar a las puertas de este país, pidiendo que los dejen entrar, y ese es el momento en que nosotros tenemos que ser duros (APLAUSOS), y yo creo sinceramente, nosotros sugerimos, y somos partidarios, de que seamos duros con esa gente".

Graduado en derecho —y sin nada ni nadie que le pusiera freno—, Castro era libre para inventarse conceptos absurdos de nacionalidad. Y de ponerlos en práctica: "Es decir que a esa gente le digamos: 'No, cubano no es el que nació aquí, cubano es el que ama este país, cubano es el que lucha por este país, cubano es el que defiende este país'".

En otro momento de su discurso, el dictador volvió a retratarse : "¿Qué van a hacer?, ¿vivir en la casa que le corresponderá a un obrero? ¡No! (El público corea: '¡No!') ¿Disfrutar de las riquezas que han creado y crearán nuestros trabajadores? ¡No! (El público corea: '¡No!') Ellos no tendrán ese derecho, y ese será el castigo duro, el castigo implacable que recibirán por su traición".

Para el 28 de septiembre de 1961, el Máximo Líder se reservará sus instrucciones a la población de cómo actuar con los que se van del país, y llama a "la vigilancia en las casas", labor que deberá desempeñar cada miembro de los Comités de Defensa de la Revolución, diseminados en cada barrio.

Dijo Castro: "Los parásitos que se van a veces traen a un parientico o traen a un amiguito para la casa, y, ¡de eso nada! No señor. Hay que vigilar para cuando ya ustedes los vean vendiendo máquina, muebles, etcétera, y ya se sabe que se van, nosotros tengamos la planilla. Y esa casa —lo advertimos— será para una familia obrera. El que se mude para la casa de un parásito que se vaya, ¡que sepa que después tiene que dejar la casa! (Aplausos), el que se mude para la casa de un parásito, que esas casas son para los obreros".

Las listas negras

Al día siguiente, el 29 de septiembre de 1961, el Ministerio del Interior (MININT) dictó una disposición contraria al Artículo 30 de la Ley Fundamental. Mediante la Resolución No. 454, se implantaba el permiso de salida y los tiempos de estancia que los ciudadanos cubanos podían permanecer en el extranjero, quienes, de no regresar en los términos establecidos, serían considerados emigrantes definitivos y se procedería a confiscar todos sus bienes, sin derecho a indemnización.

Pese a las críticas a esa disposición del MININT, que no era un organismo facultado para ordenar la confiscación de propiedades, el gobierno promulgó un texto más restrictivo, la Ley No. 989 de 5 de diciembre de 1961 (vigente en la actualidad), que reglamenta "las medidas a tomar sobre los muebles o inmuebles, o de cualquier otra clase de valor, etc. a quienes abandonan con imperdonable desdén el territorio nacional".

La nueva norma estableció lo que sería el permiso de salida y el de entrada, y reguló la confiscación de bienes al emigrante definitivo, sin derecho a compensación. Aunque contraria al ordenamiento jurídico, esa ley había levantado un muro infraqueable. Todos los ciudadanos eran rehenes de un sistema totalitario. De golpe, los cubanos en terceros países comenzaron a ostentar una nacionalidad inefectiva, la del apátrida, sin derecho a residencia y tránsito en su propio país.

La huida de batistianos y de miembros de la mediana y alta burguesía, perjudicada por las nacionalizaciones, le había servido al gobierno cubano para politizar el tema migratorio y desprestigiar a la emigración cubana. La Operación Pedro Pan, que sacó del país a unos 14.000 niños, había sido utilizada por los gobiernos de Cuba y EE UU para desacreditarse mutuamente. Pero lo que no estaba dispuesto a seguir permitiendo el gobierno revolucionario era el constante éxodo, ahora de profesionales.

Después de las declaraciones públicas del dictador, el deseo de querer emigrar (o haberlo hecho) comenzó a ser vigilado como razón de Estado. Pedir un permiso de salida contemplaría la muerte civil para el solicitante, cuyo nombre comenzaría a figurar en una lista negra. Todos sus bienes pasaban a ser minuciosamente inventariados y decomisados cuando se autorizaba la salida, que podía ser demorada meses o incluso años.

En su libro Diario para Uchiram (Verbum, Madrid, 2008), la escritora cubana Julia Miranda relata la odisea que significaba querer emigrar y ofrece un retrato del momento en que llegan a inventariar su casa "cuatro de los más repulsivos personajillos creados especialmente para nosotros":

"Los intrusos abrieron sus plumas y sus libros y comenzaron a apuntar, dos de ellos en los cuartos principales, deteniéndose en medio de cada habitación para mirar con ojos devoradores cada objeto, cada detalle. (…) Entré directamente hasta la cocina donde mi madre contaba, ayudada por uno de aquellos hombres, cada platico, cada tacita, cada jarro, cada cuchara. Miré sus canas y pensé que no había derecho a obligarla a realizar aquella labor…"

Y sigue la enumeración:

"Comencé, pues, a contar y dar el número exacto de mis vestidos, faldas, blusas, ajustadores, bloomers, medias, etc. Finalmente, y después de haber terminado con todo lo de la niña, hicimos lo mismo con las sábanas, toallas, fundas, almohadas, zapatos, carteras, collares, relojes, sortijas, en fin, con todos aquellos objetos que no constituyen un mueble o aparato, pues estos ya los habían inventariado desde el principio".

Julia Miranda resume:

"Aquel día sufrimos, de modo casi irreparable, la violación de nuestro hogar y las más desagradables horas de nuestra existencia".

El Estado se consumó como institución soberana del pillaje. En un fragmento documental insertado al inicio de la película Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, puede contemplarse cómo los funcionarios de emigración obligaban a los que abandonaban el país a dejar sortijas y relojes… Se suponía que esos pequeños objetos irían, también, al Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados.

Crisis migratoria y conflictos con EE UU

A pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas, Cuba y EE UU seguían enlazados por vuelos comerciales. En respuesta a las nacionalizaciones de empresas norteamericanas en la Isla y hacia 1962, durante el mandato de John F. Kennedy, el embargo estadounidense contra Cuba llegó a ser casi total. En octubre de 1962, durante la Crisis de los Misiles, el gobierno norteamericano suspendió los vuelos regulares entre las dos naciones. Ya para entonces, habían salido de la Isla más de 270.000 personas.

Molesto por la cantidad de cubanos que abandonaban el país irregularmente —lo que figuraba (y figura) como un delito penado con varios años de cárcel—, el Máximo Líder acusó a EE UU de promover la emigración ilegal.

En su alocución del 28 de septiembre de 1965, Castro dijo que la emigración ilegal era utilizada para hacer "una incesante propaganda contra la Revolución, para contar cosas terribles, tenebrosas. A ellos no les ha importado que más de uno se haya ahogado. ¡Eso les importa un bledo a los imperialistas, si les sirve para hacer propaganda!".

"Podríamos habilitar (…) el puerto de Camarioca, en Matanzas, que es uno de los puntos más próximos, para que todo el que tenga algún pariente le damos permiso para venir en el barco, sea quien sea, con todas las garantías, avisando con tiempo por correspondencia. Y si no puede, que se dirija entonces, la correspondencia la pueden dirigir al Ministerio del Interior, sí, para que tenga todas las garantías; y si quieren, 48 horas de permanencia en el puertecito, para que una vez allí les avisen a los familiares que los vienen a buscar y se los lleven por un medio seguro", aseguró.

La provocación de una emigración masiva sería la táctica del dictador para forzar a EE UU a la negociación migratoria, estrategia que emplearía también con sobrado éxito durante el éxodo del Mariel (1980) y la Crisis de los Balseros (1994).

El puente marítimo Camarioca-Florida comenzó el 3 de octubre y terminó el 15 de noviembre de 1965, cuando los dos países acordaron poner fin a la emigración ilegal y establecer lo que se conoció como los Vuelos de la Libertad (1965-1973).

En las negociaciones migratorias entre Washington y La Habana salió a relucir una cifra: en Cuba existían más de 70.000 presos políticos. La dictadura se proponía dejarlos libres y permitirles la salida. A cambio, EE UU debía lograr la liberación inmediata de todos los cubanos presos por actividades subversivas en distintas naciones latinoamericanas y asegurar su traslado al país comunista. El gobierno norteamericano declaró que no podía negociar a nombre de otros estados.

A un año del comienzo de los Vuelos de la Libertad, el Congreso de EE UU aprobó el 2 de noviembre de 1966 la Ley Pública 89-732, The Cuban Adjustment Act, también conocida como Ley de Ajuste Cubano, que permitiría a los refugiados cubanos ajustar el estatus migratorio al de residentes permanentes.

Campos de concentración y Campamentos de Apátridas

Como el Ministerio del Interior tenía noticias de qué cubano era desafecto o un apestado, se implantó el trabajo obligatorio como forma de reeducación. "El trabajo los hará hombres", era el cartel que aparecía a la entrada de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), los campos de concentración que el gobierno castrista creó el 19 de noviembre de 1965, a los pocos días de cerrarse el puerto de Camarioca.

En los tres años que duró aquel experimento, por allí pasaron unos 25.000 hombres, básicamente jóvenes en edad militar, entre los cuales había religiosos, homosexuales y hippies, los nuevos apestados del sistema totalitario. "Las alambradas, las torres de vigilancia, y los barracones son análogos a los que popularizaron Lenin, Stalin y Hitler". Son palabras del sacerdote católico Carlos Manuel de Céspedes.

Paralalemente a la creación de las UMAP, se establecieron campos de trabajo forzado en la agricultura, en régimen paramilitar, a los cuales serían enviadas las personas que manifestaban su deseo de emigrar. El trabajo agrícola era condición para otorgar el permiso de salida, y muchos de los que intentaron evadir esos trabajos eran condenados a prisión.

En 1968, en plena Ofensiva Revolucionaria, el gobierno bautizó los campos de trabajo forzado con un nuevo nombre. Los llamó Campamentos de Apátridas y los mantendría en vigor hasta mediados de los 70. Decenas de miles de cubanos pasaron por esa suerte de gulag castrista, básicamente hombres que sobrepasaban la edad del servicio militar obligatorio. A los varones entre 15 y 26 años no se les permitía emigrar. Por lo general, las mujeres sin hijos menores de 7 años eran enviadas a granjas avícolas en un régimen menos severo.

El departamento de orden público de esos campos llevaba un estricto control de cada ciudadano, y vigilaba con especial interés "los casos de homosexualidad".

En Diario para Uchiram, Julia Miranda reproduce íntegramente el Reglamento para Campamentos de Apátridas (se incluye abajo en pdf). Cito aquí fragmentos:

"La organización de los albergues será semi-militar. Los elementos se formarán por escuadras, pelotones y compañías. (…) [El jefe de brigada] llevará (…) una libreta de orden alfabético donde consten los siguientes datos: nombre y apellidos, dirección exacta, oficio, edad, si padece alguna enfermedad, y al reverso le señalará los pases otorgados, y las cortes disciplinarias a las que fue sometido [cada miembro de la brigada]. (…) Los miembros de la brigada (albergue) están obligados a desempeñar las labores a ellos encomendadas, rendimiento al máximo de productividad y calidad".

En repetidas ocasiones, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dirigió comunicados al gobierno cubano solicitando el cese de las actividades represivas contra los que se planteaban emigrar.

El régimen de La Habana siempre respondió con el silencio, y continuó despidiendo de sus puestos de trabajo a los solicitantes de permisos de salida y enviándolos a desempeñar labores agrícolas obligatorias, con excepción de los médicos, que permanecerían en constantes guardias localizables y sin derecho reconocido al descanso.

Muchos médicos pendientes de su "liberación" vivieron en esa pesadilla durante una década. Personas de otras profesiones, incluidos los funcionarios, también afrontarían serias limitaciones para emigrar.

Los apátridas

La palabra "apátrida" ha quedado como una de las formas de insulto que peor utiza la dictadura cubana para referirse a todos los nacionales identificados como contrarios a la revolución. Según la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas de la ONU, ese término designa "a toda persona que no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado, conforme a su legislación".

Antes de amenazar con retirar la nacionalidad, el gobierno cubano puso en ejecución —como medida de represión política— la cancelación y retirada de pasaportes a residentes en el extranjero. Si bien esos actos no dan constancia per se de que se haya producido una pérdida legal de nacionalidad, el solo hecho de no poder contar con documentación del país del que un ciudadano es originario, colocaba a la persona en un estado de indefensión jurídica, cercana a la apatridía.

El gobierno cubano nunca ha revelado cifras de a cuántos ciudadanos les retiró efectivamente la nacionalidad, abandonándolos como apátridas. Lo que sí hay constancia es del cuño de "salida definitiva" estampado en los pasaportes de los nuevos apestados. Y también de que existieron Campamentos de Apátridas para ciudadanos cubanos dentro de su propio país.

En los años 70, la CIDH se interesó por la suerte de varias personas con doble nacionalidad por nacimiento, la cubana y la estadounidense, a los que se les impedía salir del país. Después de varios años retenidos, el régimen los obligó a renunciar a la nacionalidad cubana, como requisito para autorizarles la salida.

La CIDH emitió una resolución en la que denunció el asunto como un "caso grave y reiterado de violación de los derechos de justicia y de protección contra la detención arbitraria, consagrados en los Artículos VIII y XXV de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre".

Con la Constitución Socialista de 1976, el régimen se consagró a sí mismo en el poder, y estableció la discriminación como política de Estado, intentado dar viso legal a todas las arbitrariedades ejercitadas desde los tempranos días de enero del 59. El derecho de cada cubano a entrar y salir libremente de su país, se esfumó, como por arte de magia, también de la nueva Ley de leyes.

Dispuesto a superarse siempre, el gobierno de Fidel Castro quedaba facultado para inaugurar los actos de repudio televisados y la deportación de ciudadanos. Así hizo durante el éxodo del Mariel. Desde entonces, nunca les han faltado personas indefensas a las que golpear. Ni otras a las que deportar.




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miércoles, junio 07, 2023

Fotos y video de 1956 y de 2023 de Kuquine, la casa del Presidente Fulgencio Batista de la finca Kuquine. Algunos de los lujos y privilegios de los Castro, sus acólitos y compinches

 
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Según un libro de Álvaro Prendes publicado en Cuba, la guardia personal de  Fulgencio Batista era de 12 hombres;  la Dirección de Seguridad Personal creada para proteger a Fidel Castro llegó a tener 10 000 hombres  en plantilla.

Fidel Castro llegó a tener más de 50 residencias y mansiones sólo para uso exclusivo de él que debían estar todo el año  preparadas para una posible estancia suya; algunas de esas mansiones fueron: la ubicada en la playa de María ¨La Gorda¨ en la Península de Guanahacabibes a la cual nadie podía siquiera tomar esa ruta;  la casa que posteriormente fue un tiempo la sede de la Facultad de Montaña de la Universidad de Pinar del Río en la carretera hacia el pueblo de La Palma, la finca y mansión del americano Larry Lunt situada al lado de la misma carretera hacia La Palma en la llamada ¨la loma del americano; la casa situada  muy cerca de la Escuela Provincial del Partido y de la Contra Inteligencia Militar en las afueras de la ciudad de Pinar del Río  y la más conocida en el exterior de Cuba: Cayo Piedra, situada al sur de la provincia de Matanzas.   

En el Palacio Presidencial no existía  puerta secreta;  así lo aseguran personas muy cercanas a Batista; además: de haber existido la  hubieran  mostrado en estos casi 64 años. Sí existe, por declaraciones de miembros de la Seguridad Personal,  un túnel  secreto de evacuación  del Consejo de Estado y Comité Central hacia  el edificio del MINFAR pero esa evacuación era sólo para  Fidel y Raúl Castro Ruz  y sus respectivas  guardia personal.

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Yasevids

6 de junio, 2023

Entré a la casa de Fulgencio Batista en Cuba, video NUNCA VISTO de Kuquine


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Tomado de https://www.cubacute.com

Así era Kukine, la lujosa finca en que vivía Fulgencio Batista en Cuba

By Redacción

abril 14, 2022


Al borde la autopista del Mediodía, en la periferia de La Habana, se encontraba la finca Kukine, la quera era la residencia campestre del expresidente cubano Fulgencio Batista, que en sus últimos meses al frente de los destinos de Cuba, alternaba las noches entre el “Castillito” de Columbia y esta mansión (el Palacio Presidencial dejó de usarlo tras el ataque del 13 de marzo de 1957).

La propiedad tenía una extensión de 17 caballerías con pastos de alta calidad y estaba dedicada a la producción de leche y frutos menores.

Tras al ataque del Directorio, Batista sentía temor por él y por su familia, por lo que hacía vigilar todos los puntos de acceso a Kukine por las fuerzas armadas y tenía su guarnición permanente.

La casa de vivienda de la finca, una verdadera mansión, estaba cubierta por tejas acanaladas de color rojo y los portales y terrazas eran todos de maderas preciosas. Estaba dotada de instalaciones para que sus ocupantes disfrutaran de música indirecta.

Contaba, además, con un pequeño cine con tres hileras de butacas en la que el presidente disfrutaba de los estrenos que llegaban al país en compañía de sus familiares y amigos. Batista, que casi siempre vestía de dril blanco, tenía un gran ropero con medio centenar de trajes de esta tela.

Justo en la entrada, Batista había mando a que construyera un lago artificial rodeado de palmas y hasta una capilla en la que se oficiaban misas.

Los jardines poseían una gran belleza, con obras de arte y esculturas. Por su fuera poco, la mansión contaba con dos piscinas, una para adultos y otra para los niños. Cercano a las piscinas se encontraba además un espacio en el que existían varias cabañas y un lujoso bar rodeado de tinajones camagüeyanos y antiguas campanas de los ingenios que existieron en los últimos siglos en el país.

La sala de estar estaba amueblada y decorada al estilo Luis XV. En los exteriores existía una zona llamada el Patio de los Héroes, donde alguna vez se alzaron las estatuas de José Martí, Simón Bolívar, Máximo Gómez, Abraham Lincoln y otros próceres americanos, mientras que sobre una de las estanterías de la biblioteca sobresalían entre otros los bustos de Ghandi y Churchill, Juana de Arco y Dante, Rommel y Stalin.

Ese patio se ubicaba entre las dos alas de la biblioteca que se utilizaba además como sala de conferencias y reuniones. Una bien nutrida colección de libros donde no faltaban títulos de los poetas de la revista Orígenes y de la generación de los años 50, aunque lo más probable es que nunca fueran leídos por su propietario.

En una vitrina, también en la biblioteca, Batista conservaba las condecoraciones e insignias militares de sus días de jefe del Ejército (1933-1939). Un estante, situado tras su escritorio y bajo una foto que lo mostraba en su época de oscuro sargento, guardaba decenas de ejemplares del libro titulado Un sargento llamado Batista, de Edmond Chester, y de otro, Batista y Cuba, de Ulpiano Vega Cobielles.

Batista siempre fue un gran coleccionista. Un pequeño espacio de la casa de Kuquine fue bautizado como el cuarto de los tesoros. Allí se guardaban objetos de plata y porcelana, relojes, cuchillería, vajillas y bandejas, estatuillas y objetos de arte de todos los estilos y épocas valorados en más de 300 000 pesos equivalentes a dólares. La mayor parte de esta colección se quedó en Cuba cuando se vio obligado a huir de Cuba en horas de la madrugada del 1ero de enero de 1959.

La noche del 31 de diciembre de 1959, el presidente Batista citó en Kukine a sus principales colaboradores y les informó su decisión de dejar el país y abandonar el país. Dio algunas instrucciones, repartió un par de abrazos y partió hacia el aeropuerto militar de Columbia para nunca más regresar a Cuba.

En un cuarto de desahogo, sepultadas por una montaña de libros viejos y empolvados, aparecieron en enero de 1959 cinco cajas de madera. Contenían 800 alhajas valoradas en dos millones de pesos; gargantillas de diamantes, crucifijos de plata, brazaletes de oro puro, relojes de las mejores marcas, algunos de ellos diseñados especialmente para Batista con incrustaciones de brillantes en las esferas, broches, relicarios, abanicos de marfil… El indio fue el símbolo de Batista. Una sortija de oro puro, con la efigie de un indio, apareció entre las joyas escondidas. Piedras preciosas adornaban la cabeza de la figura que lucía además los colores de la bandera del 4 de Septiembre.

Tras el triunfo de la Revolución, el predio, con el nombre de Libertad, pasó al Ministerio de Educación, y su casa principal fue sede, sucesivamente, de un instituto tecnológico, una escuela primaria y una escuela especial y también, por no dejar de ser, sirvió como albergue a familias que quedaron sin techo. Un buen día, la dirección provincial de Alojamiento decidió convertirla en un sitio de recreo y esparcimiento.

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Todas las fotos son de 1956 y para ver más hacer click AQUÍ.

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omado de https://www.martinoticias.com


Fidel Castro: los placeres secretos de un predicador del igualitarismo

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Cayo Piedra, su paraíso particular. Vacas y básquetbol en el pent-house de Once. Las despensas de Punto Cero. La casa de citas. Gastos millonarios en una visita de cinco días. La reserva: millones no fiscalizados. Cacerías en La Deseada, y otras propiedades exclusivas.
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Fidel Castro con una botella de Chablis en una bodega de Borgoña.



Por Rolando Cartaya
Noviembre 24, 2017

La izquierda mundial suele ensalzar a Fidel Castro como el creador de una de las sociedades más igualitarias del mundo, la cubana. Esa parece ser una de las razones de que, desde Hollywood hasta Madrid o la ribera izquierda del Sena le hayan excusado siempre ciertos “excesos” como los fusilamientos, las casi vitalicias condenas de prisión a los que se salvaron del paredón, las UMAP, los actos de repudio y los miles de balseros autorizados a jugarse la vida en el mar en el verano de 1994.

Castro proclamó desde muy temprano la útopica meta de establecer en Cuba una sociedad igualitaria, y aunque décadas después reconoció que ese objetivo no se había logrado, todavía en mayo del 2000 aseguraba que “revolución…es igualdad y libertad plenas”.


VIDEO: Castro proclama igualdad de clases en minuto 4:52



Pero el igualitarismo de Fidel Castro, como el de todos los comunistas que disfrutaron de “las mieles del poder”, era de la variedad que plasmó George Orwell en su novela Rebelión en la Granja, donde todos los animales eran iguales, aunque unos eran más iguales que otros.

La diferencia clave es que Castro, en su “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” procuró encubrir con tal celo sus privilegios, placeres y caprichos ─dignos de reyes europeos y jeques árabes─ que la existencia de su paraíso particular desde los años 60, Cayo Piedra, a la entrada de la Bahía de Cochinos, sólo empezó a conocerse entre los cubanos de a pie con las deserciones de altos oficiales de las fuerzas armadas y la inteligencia que empezaron a prodigarse desde finales de los años 80, cuyos testimonios fueron transmitidos a Cuba por Radio Martí.

Vista satelital de Bahía de Cochinos. En los círculos, Cayo Piedra (abajo) y la marina privada de Fidel Castro en Caleta del Rosario. (Luis Domínguez)




Entre los testigos, hubo uno excepcional, porque estuvo desde 1977 hasta 1994 literalmente al lado de “el Jefe”, como ellos le llamaban, primero en los anillos de su seguridad personal, donde desempeñó tareas de abastecimiento a la también arcana residencia fija de Castro en Punto Cero, y luego como su sombra, escoltándolo aun debajo del agua en sus pesquerías submarinas, y anotando cada uno de sus actos para los archivos del Consejo de Estado.

(Juan Reinaldo Sánchez es felicitado por Fidel Castro por  su trabajo como seguridad personal de Fidel Castro)

Después de caer en desgracia e ir a la cárcel por solicitar un retiro temprano, el teniente coronel Juan Reinaldo Sánchez salió de Cuba clandestinamente y murió en Miami en 2015. Una muerte, a los 66 años, quizás demasiado convenientemente para el régimen; pero no sin antes publicar La vie cachée de Fidel Castro (español: La vida oculta de Fidel Castro) sus memorias “explosivas”, como las presentó la editorial francesa Éditions Michel Lafon.

Los recuerdos de quien fuera por 17 años "la sombra" de Fidel Castro, e indagaciones posteriores del investigador Luis Domínguez, quien ha sido clave para este reportaje, incluyendo su aporte de decenas de fotos muy poco conocidas (cliquear en primera y última foto para ver fotogalerías), nos conducirán a través de este breve inventario de las secretas inequidades (de las iniquidades se ha escrito bastante) del Gran Igualitario.
Cayo Piedra, paraíso particular

● También llamado Cayo Piedras del Sur, está formado por dos cayos adyacentes de kilómetro y medio de largo en total, situados a unos 15 kilómetros de las costas de la Bahía de Cochinos, con playa por el oeste, y por el este, un entorno marino prácticamente virgen e ideal para el buceo, la caza submarina y la pesca.

● Cuando Castro descubrió Cayo Piedra poco después de la invasión de la Brigada 2506 por Playa Larga y Girón, solo conocían el lugar los lugareños. Vivía allí un farero, que el gobernante mandó a retirar.





Algunos detalles de las construcciones ordenadas por Fidel Castro en Cayo Piedra, su paraíso particular.(Luis Domínguez)

● Las construcciones emprendidas en el lugar, para el uso exclusivo de Castro, su familia y sus invitados, incluyen un muelle de 60 metros de largo; una casa de vivienda familiar construida donde estaba el faro; un puente de 215 metros para unir los dos cayos; un helipuerto; un canal de un kilómetro de largo dragado para permitir la llegada de embarcaciones; una estación eléctrica; un edificio para albergar a cocineros; mecánicos; electricistas; oficiales de radio y guardaespaldas; una reserva de agua potable llevada desde Cienfuegos en una patana, y otra de combustible; un escondite; un embarcadero de 60 metros al que se agregó una patana de 15 que sirve de comedor; incluidos un bar y parrilla; un delfinario y un enclaustramiento para la cría de tortugas.

En el otro cayo se construyeron una casa de invitados con piscina de agua dulce y jacuzzi y una instalación para lanzar misiles antiaéreos. Castro solo aludió alguna vez en público a este paraíso particular como “una modesta cabaña de pescador”.

● Los viajes de la familia y parte del abastecimiento del cayo se solían hacer en un helicóptero soviético MI-8 con capacidad para 24 personas, que despegaba del aeródromo de Playa Baracoa, situado a unos 190 kilómetros, en el lado sur de la carretera Panamericana entre Santa Fe y Mariel. (Las fotos que acompañan esta historia incluyen una bitácora de vuelo conservada por uno de los pilotos del MI-8, con escalas en Cayo Piedra).

● Castro salía siempre de paseo o pesquería, bien con avíos o a practicar caza submarina, en el yate Aquarama II, que tiene 27,5 metros de eslora, cuatro motores, dos camarotes dobles y capacidad para doce personas. Cuenta con dos cuartos de baño, bar (abastecido con su whisky favorito, Chivas Regal) aire acondicionado y televisión. Está decorado con maderas preciosas angolanas. Se fondea en Caleta del Rosario, una zona militar en la costa de la bahía, donde Castro tenía otra casa y un museo.



 (Fidel Castro y el gobernante de la RDA Erich Honecker (2do izq) de pesca en la popa del Aquarama II. (Luis Domínguez))

● El Aquarama II navegaba generalmente acompañado por otros tres barcos: uno de pesca, Purrial de Vicana I o II, y los Pionera I y II. Las visitas al cayo implicaban la movilización de una decena de guardaespaldas, un patrullero de las fuerzas guardafronteras y pilotos de cazas MiGs, listos para despegar desde las bases de Sajn Antonio de los Baños o Santa Clara.

● Las pesquerías eran precedidas por un reconocimiento tempranero de las zonas más abundantes en peces, a cargo de un equipo de pescadores dirigido por José M.Finalé, “el viejo Finalé”, quien le mostrara por primera vez el cayo a Castro.

● Capturaban pargos, dorados y meros, pero también especies protegidas como las caguamas, y langostas, cuya captura y venta estaban prohibidas para los cubanos.

● Cayo Piedra ha sido visitado por muy pocas personas fuera del círculo íntimo de Castro, que incluye a su esposa Dalia Soto del Valle (por largo tiempo un secreto de Estado), sus cinco hijos con ella y sus nueras y nietos; su edecán Pepín Naranjo; su médico de cabecera Eugenio Selman: el geógrafo y ex capitán del Ejército Rebelde Antonio Núñez Jiménez; y el escritor colombiano Gabriel García Márquez.

Además se conoce que visitaron el cayo el presidente de Colombia Alfonso López Michelsen y su esposa; el gobernante de Alemania Oriental Erich Honecker, (a quien Castro le regaló un cayo de la geografía cubana, Cayo Blanco del Sur, que rebautizaron como Ernest Thaelman); el Presidente de México Luis Echevarría y el ex presidente Carlos Salinas de Gortari; el ministro socialista francés de Cultura Jack Lang; el propietario de la CNN Ted Turner; la periodista estadounidense Barbara Walters; y algunos empresarios y cosmonautas soviéticos.



Gabriel García Márquez (i), el fugitivo ex presidente de México Carlos Salinas de Gortari (c) y Fidel Castro en el yate de éste.


VIDEO: Paseo en yate con Walters a partir del minuto 10:28



● Aunque Castro aseguraba que la revolución no le dejaba tiempo libre, y hasta manifestó desprecio por el concepto burgués de vacaciones, Juan Reinaldo Sánchez asegura que en los veranos, de junio a septiembre, él y Dalia se iban a Cayo Piedra todos los fines de semana.


La Casa de Once: vacas en la azotea

 (En su gimnasio de la calle 11 del Vedado. (Luis Domínguez))


● Se trata de la que fuera residencia de Celia Sánchez, muy conocida por los habaneros por estar enclavada cerca de las transitadas calles 12 y Línea del Vedado. En el cuarto piso se estableció la que fuera secretaria y confidente de Castro en la Sierra Maestra, y también su amante según Sánchez. El paso alrededor de esa manzana estaba controlado por puntos de control.

● Entre las obras que se emprendieron en el lugar, donde Castro era visita casi diaria, se unificaron todas las azoteas de la manzana, se instaló un elevador, y se construyeron un gimnasio, una cancha de básquetbol techada y una bolera de dos pistas. También un establo para cuatro vacas que fueron izadas en helicóptero, destinadas a los malhadados experimentos genéticos de Castro que arruinaron la ganadería en Cuba.

​ ● La cancha de baloncesto fue el fruto de una egoísta decisión del gobernante cuando una empresa alemana que instaló una pista sintética en el estadio Pedro Marrero de La Habana ofreció obsequiar a Cuba el equipamiento que escogiera, en agradecimiento por el contrato.
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Punto Cero: la casa de familia y sus despensas


 (Antonio (c) y Alexis Castro (en la portería) en el terreno de fútbol de Punto Cero, complejo residencial de los Castro-Soto del Valle.(Luis Domínguez))

● Más que una casa, Punto Cero es un complejo enclavado en lo que fuera un campo de golf, cerca de Jaimanitas, al oeste de La Habana, sobre un terreno de 30 hectáreas. La casa principal tiene 500 metros cuadrados de planta, dos pisos, piscina, área de juegos, seis hidropónicos para el cultivo de verduras, matas de plátano, y árboles frutales de naranjas, mandarinas, toronjas y limones. Otra casa para los guardaespaldas tiene unos 350 metros cuadrados.

La casa principal está decorada en el estilo de las casas señoriales de las Antillas, con mobiliario de mimbre y maderas tropicales.

● Sánchez dice que los Castro Soto del Valle comían a la carta como en restaurante; Dalia se encargaba de programar las comidas. Para ello tenían a su disposición dos cocineros y un mayordomo que les servía en la mesa. Cada miembro de la familia disponía en la propiedad de su propia vaca para la leche. Además había gallinas ponedoras. Varias sirvientas se ocupaban de la limpieza y el lavado y planchado de la ropa, menos la de Fidel, que se enviaba a diario a la tintorería del Palacio de la Revolución.


 (En Punto Cero, mariscos, pescado, pollo, cordero y jamón pata negra formaban parte de su dieta regular. (Luis Domínguez))

● Las preferencias culinarias de Castro incluían mariscos como los camarones y langostas, pescado a la parrilla, pollo, y en ocasiones cordero y jamón español pata negra. Renunció a la carne de res por prescripción médica. También frutas y verduras frescas. Acompañaba las comidas con vinos enviados desde Argelia, y como digestivo, coñac Napoleón.

● La llamada Unidad 160, ubicada en el reparto Siboney, cerca de Punto Cero, es la unidad logística de la Seguridad Personal pero allí también radicaban las despensas y los frigoríficos que surtían a la familia Castro-Soto del Valle. El lugar comprende gallinas ponedoras, un criadero de ocas y una fábrica de helados, más un pequeño taller donde se elaboraban los destinados a los dos hermanos Castro.

● Para la educación de sus hijos, Dalia, pedagoga de profesión, dirigía en la práctica una escuela para unos 50 niños situada en la calle 202 del cercano reparto La Coronela. Los alumnos y maestros eran escogidos por ella.

Entretenimiento y aventuras de cama

● También en la Unidad 160 se encontraba una sala privada de proyección de películas a disposición del Comandante y su familia (la favorita de él era la soviética de cinco horas de duración La Guerra y la Paz), y un museo con los regalos recibidos por el Jefe de Estado. Detrás de ese museo se encontraba una villa conocida como la Casa de Carbonell, escenario de los encuentros extramaritales del “Jefe”, que solía coordinar su edecán, José “Pepín” Naranjo.

● Según la descripción de Sánchez una de las amantes habituales de Castro era su intérprete de inglés, la coronel del servicio de información Juanita Vera, con quien tuvo un hijo, Abel, en 1983. El guardaespaldas dice que durante la única visita del gobernante a Corea del Norte él fue asignado a montar guardia en la puerta de su habitación y le avisaron que Vera lo visitaría esa noche “Al cabo de un rato (ella) llamó a la puerta de la suite, donde pasó dos o tres horas antes de volver a sus aposentos”, precisa. Luego, en 1992 en España, ordenó abrir un pasaje para comunicar las habitaciones de ambos.

(Aunque lleva el apellido del académico Gerardo Rodríguez, Abel es hijo de Castro y su intérprete Juanita Vera, asegura Juan Reinaldo Sánchez (Luis Domínguez))

Otras amantes de Castro de las que Sánchez dice tener constancia fueron Gladys Duarte, una azafata que le atendía en sus desplazamientos al extranjero; y Pilar, conocida como "Pili", una intérprete de francés.

Dos millones en una visita de cinco días

● Sánchez cuenta que para la visita de Castro a Zimbabue en 1986, en ocasión de la Octava Cumbre de los Países No Alineados, él viajó como “precursor” para ocuparse de la logística, con un maletín que contenía 250 mil dólares. Buscando un lugar seguro para su jefe, decidió comprar una conveniente casa de una planta en Harare.

● La casa fue totalmente renovada por obreros llevados desde Cuba que repararon el tejado, reforzaron la alambrada y construyeron un refugio antiaéreo y dos alojamientos para la escolta. Además se compraron otras dos casas para alojar al diplomático Carlos Rafael Rodríguez y al ministro del Interior José Abrahantes, y cinco vehículos para la escolta. Total: 2 millones de dólares.

● Castro llevaba siempre en sus viajes al extranjero su propia cama, grande y de madera. La única excepción fue su viaje a Corea del Norte
Salud VIP

● Se conoce que la mayoría de los dirigentes cubanos, y amigos de alto perfil como Hugo Chávez, se atienden cuando tienen problemas de salud en el bien equipado Centro Internacional Médico Quirúrgico, CIMEQ, donde también laboran médicos de mucho prestigio. Pero a pesar de que el lugar queda muy cerca de Punto Cero, Castro tenía su propia clínica personal en el Palacio de la Revolución.

● Sánchez describe esa instalación como un hospital en miniatura, con tres habitaciones, una era para Fidel con baño y terraza, otra para sus guardaespaldas, especialmente dos donantes de su grupo sanguíneo que dormían siempre allí y la tercera para el personal médico de guardia.

● La clínica cuenta con rayos X, farmacia, laboratorio, escáner de resonancia magnética y otros equipos avanzados, así como un gabinete dental, gimnasio, y cocina y comedor. Allí lo atendían al menos cuatro médicos: el Dr. Eugenio Selman, su médico de cabecera; el eminente Dr. Raúl Dorticós; el Dr. Ariel, anestesista; y el Dr. Cabrera, responsable de las transfusiones.

● En esa clínica Castro fue atendido en 1983 y 1992 por sendas crisis intestinales anteriores a la que le separó del poder en 2006. En la primera se le descubrió una úlcera cancerosa. En ninguna de estas ocasiones se informó de su salud a los cubanos, y como maniobra diversionista se hizo circular por La Habana en sus autos a un doble maquillado (Silvino Alvarez) que saludaba al pasar como si fuera él.
La reserva: dinero negro y blanco, no fiscalizado

● Aunque Castro se quejó de que en 2006 la revista estadounidense Forbes le calculara una fortuna de 900 millones de dólares, y aseguró que él solo recibía unos 750 pesos mensuales, la revista basó su cálculo en negocios creados y controlados por él como la corporación CIMEX, el palacio de Convenciones de La Habana y Medicuba.

● Sánchez asegura que en numerosas ocasiones le escuchó dar órdenes a su secretario “Chomy” Miyar o a su edecán Pepín Naranjo, sobre ventas internacionales de activos o creación de empresas fantasmas en Panamá.

● Para escapar a toda fiscalización Castro creó en los años 60 la llamada Reserva del Comandante, que manejaba a discreción. Esta era alimentada entre otras fuentes por las mencionadas instituciones oficiales, reventas de petróleo soviético o venezolano, y negocios turbios como las transacciones con diamantes y marfil angolanos, venta de licores (Chivas Regal) o ropa de marca (Levi’s) falsos, o el contubernio con el Cartel de Medellín con cuya culpa cargaron el general Arnaldo Ochoa y el coronel Tony de la Guardia (según el ex jefe de seguridad de Pablo Escobar, Jhon Jairo Velázquez, Popeye, “los cubanos recibían 2000 dólares por cada kilo de droga transportada y 200 dólares por cada kilo custodiado”) Sánchez relata que en una ocasión el luego defenestrado ministro del Interior José Abrantes entró en el despacho de Fidel con una maleta llena de billetes “para la revolución” y que Castro le pidió a Naranjo que ingresara el dinero en la reserva.

Cacería de patos en La Deseada, y otras propiedades para su uso exclusivo


Antonio Castro de cacería, probablemente en La Deseada, propiedad exclusiva de su padre en Pinar del Río.

● El autor de La vida oculta de Fidel Castro, un libro que Sánchez escribió en colaboración con el periodista francés Axel Gyldén, recuerda que el otro lugar de asueto favorito de Fidel Castro, después de Cayo Piedra, era la finca La Deseada, un pabellón de caza de patos y otras aves acuáticas en una zona pantanosa de la provincia de Pinar del Río que frecuentaba en los meses de invierno.
Otras propiedades de uso exclusivo del gobernante y sus allegados

 (Casa del Americano (con piscina, incautada al estadounidense Lawrence ¨Larry¨ Lunt)

En Pinar del Río: casa del Americano (con piscina, incautada al estadounidense Lawrence ¨Larry¨ Lunt y granja de la Tranquilidad.)

En La Habana: casa de Cojímar (primera residencia en 1959); casa de 160, municipio Playa; casa de Carbonell; casa en Santa María del Mar, junto al hotel Trópico; y casas con refugios antiaéreos en Punta Brava y Casa del Gallego.

En Matanzas: casa en Varadero que da a la playa, y casa y marina en Caleta del Rosario.

En Ciego de Avila: casa en las arenas de la isla de Turiguanó, cerca de Cayo Coco.

En Camagüey: finca San Cayetano, con picadero de caballos, y casa de Tabayito.

En Holguín: casa en Guardalavaca

En Santiago de Cuba: casas en la calle Manduley, con dos pisos y bolera, y casa con piscina en complejo del MININT.

Para cerrar este apretado resumen vale la pena reproducir un párrafo que tanbién sintetiza la visión que se formó Juan Reinaldo Sánchez sobre su ex jefe durante 17 años:

"Contrariamente a lo que siempre se ha dicho, Fidel no ha renunciado en modo alguno al confort capitalista ni ha optado por vivir en la austeridad. Al revés, su modo de vida se asemeja al de un capitalista sin limitaciones de ninguna clase. Jamás ha considerado que sus discursos sobre el modo de vida austero propio de todo buen revolucionario fueran vincuulantes a su persona. Ni él ni Raúl se han aplicado nunca los preceptos que enuncian para sus compatriotas".


Los placeres secretos de Fidel Castro
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

NO ES DE ENTRAÑAR QUE DISFRUTEN ¨DE LAS MIELES DEL PODER¨  SI FIDEL CASTRO TAMBIÉN LAS DISFRUTABA, MIENTRAS DESTRUÍA A CUBA, PERO  SECRETAMENTE.

Recuerdo, porque fui testigo,  que a principios de la década de los años 70 del pasado siglo,  un joven le habló a Fidel Castro de los privilegios que disfrutaba el Comandante Guillermo  García Frías y su familia; privilegios  que habían sido denunciados públicamente por otro joven que  visitó la casa de García Frías. Fidel le contestó al joven que la culpa de esa denuncia la tenía García Frías por dejar entrar a ese otro joven a su casa ....

En esos años era muy fuerte la propaganda de la dictadura Castrista en contra de los privilegios y prebendas mientras se enaltecía el supuesto comportamiento del hacía poco ejecutado en Bolivia  Ernesto ¨Che¨ Guevara.


AmericaTeVeCanal41

Mar 23, 2021

Millennials del clan Castro viven a todo lujo en Cuba


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Tomado de https://www.cubanet.org/

Nietos y parientes de Raúl Castro, el otro saco de papas podridas

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El Mercedes Benz de Sandro palidece al lado del imperio en las sombras que probablemente heredarán los verdaderos “nietísimos” de la dictadura más larga de América Latina.

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23 de marzo, 2021

LA HABANA, Cuba. – Las imágenes de un nieto de Fidel Castro alardeando del Mercedes Benz que usa como juguete apenas son la punta del iceberg de todo un clan. Los Castro gobiernan el país como a una finca familiar desde hace más de medio siglo y, aunque la mayoría ha optado por una vida apartada de la política, plena de ocio y glamour, como típicos “hijos de papá”, se saben dueños del poder que les otorga la sangre para saltarse normas, fidelidades y hasta al mismísimo Miguel Díaz-Canel, que porta en sus venas la desgracia de no ser un Castro y mucho menos parte de la casta militar que lo mangonea en las sombras.

Alex Castro Soto del Valle, el “Roberto Nabo Duro” de las redes sociales y marido de Kenelma Carvajal, actual viceministra de Cultura, calificó a su sobrino Sandro como la “papa podrida” de la familia, pero, al hacerlo, no solo pretendía hacernos olvidar su propio historial de vago “gozador de la vida” (sacando provecho de su proximidad al padre dictador para realizarse como artista de la imagen, sin apartarse demasiado de la mansión familiar en Punto Cero) sino, además, el detalle más importante, y es que la humildad de la cual han hecho bandera para manipular a las masas empobrecidas no se les da muy bien a ninguno. 

El caso de Sandro, incluso el del tío Alex, a pesar de la hipocresía del sistema que revelan, no son únicos ni están ellos en la cima de la pirámide de los “intocables”, un Olimpo comunista donde las familias de Mariela y Alejandro Castro Espín, dos de los cuatro hijos de Raúl Castro con Vilma Espín Guillois, han tomado el lugar que antes de 2008 estuviera reservado fundamentalmente a Antonio Castro Soto del Valle con sus pasiones de play-boy por el golf y los autos de lujo, los negocios turbios con el italiano Sandro Cristoforetti, sus vacaciones en Europa con la familia Hidalgo, dueños de Globalia, y el escándalo de las revelaciones que hiciera su novia Dashiell Torralba en 2002 sobre la vida al interior de la mansión de Fidel Castro y Dalia Soto del Valle.  

Se habla demasiado y se sabe solo un poco más sobre los hijos y nietos de Fidel Castro, se les atribuyen varios negocios de bares y paladares en La Habana, se les presta atención a las redes sociales de Tony, Sandro y hasta de otros miembros de esa rama poco conocida de los Castro que se han ido a Miami durante el declive y muerte de Fidel Castro —como presintiendo la revancha al interior del clan—, pero de la descendencia de Raúl Castro poco se dice y muy vagamente son revelados al público en las facetas más íntimas. 

Quizás tal desproporción sea intencional. Provocada incluso desde el interior del propio clan Castro buscando desplazar el foco de atención hacia donde son menos dañinas las revelaciones (Sandro y sus locuras, por ejemplo). Se trataría de exponer las cabezas cortadas por la opinión pública y no las que aún se mantienen algo firmes sobre los hombros por lo poco que sabemos de ellas. 

Mientras el público se inflama de rabia con las imágenes de Sandro en su Mercedes Benz o del Tony más joven tomando el sol en la Riviera francesa, pasa por alto que hay otros nietos, aunque no de Fidel sino de Raúl, que disfrutan de mejores “juguetes” en casa, al ser los dueños, posiblemente, de una fortuna mayor.

Sería el caso del joven estudiante de Economía Paolo Titolo Castro, “Paolito”, fruto del matrimonio formado por Mariela Castro Espín y el italiano Paolo Titolo. No es este padre de familia simplemente un fotógrafo al estilo de Alex Castro, sino uno de los empresarios extranjeros más importantes en la Isla, director general de Amorim Negocios Internacionais S.A., la representación cubana del Grupo Amorim, una empresa europea cuyos dueños han sido considerados por Forbes como la mayor fortuna de Portugal, vinculados a numerosos escándalos de fraude, corrupción y lavado de dinero, entre ellos los relacionados con Isabel dos Santos, la mujer más rica de África, hija del presidente angoleño, amigo de los Castro, José Eduardo dos Santos. 

Junto con Paolito Titolo, que prácticamente todas las Navidades disfruta con su familia italiana en Palermo o en París —pues coincide la festividad con el aniversario de boda de Mariela y Paolo padre—, también están sus primos Raúl Alejandro y Fidel Ernesto Castro Calis, los dos hijos de Alejandro Castro Espín con su primera esposa Marietta Calis Lauzurica, con la que se casó apenas graduado de la academia militar, con 25 años de edad. 

Quiénes son y qué hacen los nietos de Raúl Castro

Son muchos más que tres los nietos de Raúl Castro, pero Paolo, Raúl Alejandro y Fidel Ernesto son los que más gustan de frecuentar discotecas, vacacionar en sus casas de la playa y salir de fiesta con los amigos de la universidad. Mostrar que son bien divertidos y tan “normales” como cualquiera, aunque con la frecuencia que lo hacen parecen olvidar que la cotidianidad de ellos es considerada lujo por cualquier cubano, incluidos médicos, ingenieros, abogados y hasta artistas cuyos salarios precarios y condiciones de “plebeyos” no les permiten llevar una “vida normal”. 

Y hablando de privilegios y artistas sería el mejor momento para recordar que Edith Massola, la presentadora del programa 23 y M de la Televisión Cubana, fue la suegra de Paolito Titolo Castro, algo que, según cuentan sus allegados, no gustó mucho a “mamita” Mariela, que ha estado preparando al chico para la sucesión de su marido en el manejo de los negocios del Grupo Amorim en Cuba. Con tales propósitos fue matriculado en la carrera de Economía en la Universidad de La Habana e iniciado en los asuntos de la compañía.

El mismo Paolito anunció su noviazgo con la hija de Edith Massola en una de sus páginas de Facebook. La suegra, la cuñada y la novia reaccionan con frecuencia a las publicaciones del joven Castro, así como él y sus primos Tony, Raúl y Fidel Ernesto —que bien saben divertirse juntos—, han dado likes a las de Edith, pero también a las de Paula Massola, aquella pretty woman que hace un tiempo causó escándalo en las redes sociales cuando, en medio de la prohibición de acceso a las playas por causa de la pandemia, subió un video a internet alardeando de sus prerrogativas, por ser la “amiga de un general”.

De estas relaciones “sentimentales” entre los Castro y los Massola es posible inferir que no se trataba de un general cualquiera el que autorizó a la joven actriz a violar la cuarentena, sino del principal de todos los generales en Cuba. Del “abuelito” Castro, hoy apartado del ejercicio público aunque no del poder real, o del “papito”, también general del MININT, que ha heredado el látigo con que pone y dispone de altos funcionarios a su antojo. 

Alejandro Castro Espín, alias El Tuerto, es el militar más temido en Cuba. Su poder es ilimitado por su papel siniestro dentro de los servicios de inteligencia y contrainteligencia en la Isla. Estuvo presente en todas las conversaciones del proceso de acercamiento del régimen con los Estados Unidos. Pero lo más importante, sus grabaciones secretas de conversaciones e intercambio de mensajes entre el excanciller Felipe Pérez Roque, el exvicepresidente Carlos Lage Dávila y el exjefe de despacho de Fidel Castro, Carlos Valenciaga, hicieron caer en desgracia a cuanta persona incluía y rodeaba el llamado “Grupo de apoyo” de su otrora poderoso tío. 

La paciente labor de espionaje de Alejandro Castro Espín desde un oscuro departamento del MININT le aseguró a su padre Raúl en 2009 una herencia limpia de polvo y paja, oficinas y escritorios vaciados en el Consejo de Estado y los principales ministerios para así plantar a los fieles militares que, comandados por Luis Alberto Rodríguez López-Calleja (padre de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, por matrimonio con Déborah Castro Espín), había preparado con paciencia y que, con el disparo de arrancada, en apenas cinco años se apoderaron de la economía.

Raúl Alejandro, Fidel Ernesto Castro Calis y Paolo Titolo Castro son actualmente, junto con Raúl Guillermo, los verdaderos “nietísimos” de la dinastía y no los “infelices” de Sandro o Tony. Los dos primeros guardan un gran parecido con su abuelo paterno. El rostro de Paolito, en cambio, es idéntico al de su madre Mariela. Tanto Raúl Alejandro como Fidel Ernesto se graduaron de la universidad hace muy poco. 

Los dos jóvenes, junto con su madre Marietta y la prima Beatriz “Betty” Dorta Calis, disfrutan pasar vacaciones y fines de semana en hoteles o en la casa de veraneo que tienen los Castro en Varadero. Hasta el momento, las fotos han estado accesibles en sus perfiles de Facebook. 

Betty Dorta es otra artista de una familia donde los hay de sobra. Es prima de los nietos de Raúl Castro por parte de Marietta Calis. Confiando en lo que ha escrito en su currículo, entró con cinco años a la compañía de teatro La Colmenita y ya a los 13 era modelo infantil para una empresa de Libia. A los 15, la madre la llevó a vivir por un tiempo a Inglaterra y, de regreso, ingresó en la Escuela Nacional de Arte para estudiar actuación, una especialidad que, al parecer, se le da de manera muy natural a los Castro y a quienes se arriman a su sombra. 

Hoy aparece como actriz con un desempeño nada extraordinario en la compañía de Teatro El Público, de La Habana, y se la ha visto modelar en campañas publicitarias de Meliá y la revista Excelencias del Caribe, también en algún que otro videoclip.

Por su parte, Marietta Calis postea con frecuencia en su página de Facebook los paseos y festejos en familia. Igual usa el espacio para promocionar el incipiente negocio de mermeladas de frutas que ella elabora en los ratos de ocio, quizás aprovechando los excesos de una despensa para nada desabastecida como la mayoría en el país. Los frascos, etiquetados como “Mermeladas Mary”, los vende sin pagar licencia en su círculo de amigos por precios que oscilan entre los 100 y 200 pesos.

Pero “no es un negocio como tal, es solo un hobby”, dice Marietta a los cercanos para de ese modo evitar los comentarios maliciosos. Igual pudiera llevar razón. Su actual esposo, Manuel Melián Pérez Rolo, fue funcionario del Ministerio del Turismo, y ahora, con un empleo en la comercializadora estatal Artex, del Ministerio de Cultura, ganaría lo suficiente como para celebrar las Navidades de 2019 en Varadero y las del 2020, saltando de restaurante en restaurante por toda la Habana Vieja.  

Paolito, Paolo Titolo y Mariela Castro, los más “afortunados”

Paolito Titolo es “intranquilo y malcriado”, “alardoso y creído”, comentan quienes lo conocen de cerca, amigos de la Facultad de Economía que han compartido con él en esos lugares nocturnos que tanto le gustan cuando no está viajando por Italia con sus primos más queridos, en especial con Giorgia, la hija de Darío Titolo, hermano menor del esposo de Mariela Castro. 

De Italia le gusta Porto del Sole. De hecho, la foto que usa desde 2018 en la portada de una de sus varias cuentas de Facebook fue tomada en aquellas Navidades que pasó allá, frente a ese Mediterráneo por donde adoraba navegar con el abuelo paterno, Isidoro, o con la familia Gagliano que tanto lo mima. 

Cuba, en cambio, es una obligación trazada por el destino de ser un Castro. No es un país como Italia sino una empresa, muy suya, cuya dirección en las sombras lo espera. Un negocio-país que nadie, demasiado lejos del clan de los Castro, puede heredar porque se correría el riesgo de hacer peligrosamente escrutable una fortuna familiar de la que muy pocos saben la verdadera magnitud. 

La Habana es una ciudad aburrida, pero puede volverse interesante algunas noches cuando hay alcohol, cigarros y chicas por montones esperando por tragos gratis. Primero, la Casa de la Música de Miramar o el bar Sangri-La, solo para coger impulso. Después, a continuar la fiesta hasta el amanecer en el Bar Saltzucar, donde una mesa en la zona VIP cuesta más de 300 dólares.

Pero los precios no son obstáculo para el hijo de Mariela y Paolo. Ser mitad Castro, mitad extranjero lo coloca por encima del bien y el mal y le facilita muchas cosas incluso con eso de conquistar chicas. En redes sociales no publica demasiado sobre esa vida de juergas, tampoco sus padres reaccionan a lo poco que el hijo sube, pero de vez en cuando se le escapa una imagen o un comentario indiscretos como consecuencia del alcohol. Entonces llegan los regaños. 

Le han prohibido seguir haciéndolo. Quizás hasta el tío Fidel Antonio Castro, asesor del rector de la Universidad de Ciencias Informáticas, le ha hablado del peligro de postear en redes sociales. Él mismo ha pedido a los amigos cercanos, entre ellos a uno de los más queridos, a Ernestico Machado Briñis, alias “El Huevo”, nieto de José Ramón Machado Ventura, que no lo etiqueten en las publicaciones para así no llamar la atención de la gente curiosa, de los “gusanos” y las “garrapatillas” —así los definió Mariela—, como ha sucedido con publicaciones del propio “Machadito”, con Sandro “la papa podrida” y con Tony “el modelo”, quienes en ocasiones lo han acompañado en las aventuras habaneras. 

Aunque de la misma sangre, y hasta propietarios de dos o tres paladares de La Habana y de varias casas de renta en la ciudad, Sandro y Tony probablemente no serán jamás tan afortunados como habrá de serlo Paolo Titolo Castro llegado el momento de relevar al padre. En buena lid el italiano solo ha hecho, durante casi 20 años, el papel de prestanombre de un negocio que siempre ha sido de los Castro. 

Primero lo fue de Fidel, gran amigo de Américo Amorim desde inicios de los años 80, y después pasó en herencia a Raúl, que vio en el matrimonio de Mariela con el italiano (una unión consolidada con la llegada del nieto), la oportunidad de asegurar para él una parte valiosa del patrimonio de su hermano, convenciendo a este de colocar a Paolo Titolo al frente de los negocios del Grupo Amorim en Cuba, en sustitución del portugués José Guimaraes que, entre los años 80 y 2004, se había mantenido en el puesto, con el peligro que representaba para los Castro depositar confianza en alguien ajeno a la familia.

Américo Amorim, Fidel, Raúl, Paolo Titolo y hasta Isabel dos Santos

En enero de 2020 el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) accedió a unos 715 mil documentos que son conocidos como “Luanda Leaks”, el que quizás sea el mayor escándalo de corrupción en África hasta la fecha. Isabel dos Santos, la hija del presidente angoleño José Eduardo dos Santos se revelaba como la mayor fortuna del continente, una buena parte de ella labrada incluso con ayuda de compañías estadounidenses, pero siempre en complicidad con el Banco Internacional de Crédito, con participación del Grupo Amorim de Portugal, acusado por varios medios del lavado de millones de euros. 

De acuerdo con un artículo publicado en The New York Times, en enero de 2020, toda esa riqueza la obtuvo la llamada “Princesa de África” por medio de los decretos firmados por su padre desde su puesto de presidente de la nación. 

José Eduardo dos Santos, al igual que Fidel y Raúl Castro, fue muy buen amigo de Américo Amorim, y este, a su vez, disfrutaba de la amistad de todos los mandatarios del antiguo bloque socialista de Europa del Este, en especial de los soviéticos, quienes lo ayudaron en los años 70, cuando mediante la reforma agraria el gobierno de Portugal expropió a Amorim los campos de alcornoque que lo habían convertido en líder del mercado del corcho a nivel mundial.

El astuto empresario no solo inició una línea de contrabando de maderas y productos elaborados con los comunistas sino que, antes, incendió los bosques a punto de ser expropiados para reclamar el pago del seguro. 

Poco tiempo después, terminó negociando con Fidel Castro, a través de los soviéticos, la instalación de una oficina informal, medio clandestina, en La Habana para los negocios con la madera, que más tarde se fueron extendiendo a otras áreas de intereses, igual de subterráneas, como la importación y exportación de hidrocarburos —después del año 2000 posiblemente con algún tipo de acuerdo con Venezuela— y el turismo, un convenio que, según declaraciones a la prensa de la propia secretaria de Turismo de Portugal, solo se hizo oficial en papeles en mayo de 2017, con la visita de Ada Mendes Godinho a Cuba. En la firma, efectuada en el Hotel NH Parque Central, estuvo presente Paolo Titolo como representante de Amorim, de acuerdo con la información publicada por la prensa oficialista.

En aquella ocasión, también se firmaron acuerdos para el otorgamiento de becas en la Unión Europea para la preparación del personal de turismo vinculado fundamentalmente a las empresas relacionadas con el Grupo Amorim, en especial la cadena hotelera francesa Accor, que llegó a Cuba a finales de los años 90 de la mano del propio Américo Amorim, y que hoy cuenta con cerca de una decena de hoteles en la Isla, incluido el lujoso Paseo del Prado, en La Habana. Aunque algunas fuentes, como las citadas por Belén Balanyá en el libro Europa S.A.: la influencia de las multinacionales en la construcción de la UE (Icaria Editorial, página 290) le han atribuido a Amorim, en carácter de participación, hasta unas 40 instalaciones hoteleras en Cuba.

Lo interesante del acuerdo rubricado en 2017 por Paolo Titolo sobre financiamientos para la preparación especializada de personal es que obligatoriamente recuerda maniobras similares que, durante los años 80 del pasado siglo, condujeron a Américo Amorim a terminar acusado de fraude por la propia Unión Europea. 

Según información del diario portugués Publico, en el año 2000 el empresario amigo de los Castro fue acusado de falsificación de documentos, fraude y desvío de dinero del Fondo Social Europeo. La Unión Europea exigió una indemnización con carácter retroactivo desde 1987, con base en la utilización fraudulenta de dinero para la “formación profesional” entre 1985 y 1988. Entre las irregularidades detectadas estuvo que el dinero no fue a manos de jóvenes profesionales porque eran becas ficticias.

En cuanto al negocio de las maderas, del cual el Grupo Amorim ha sido líder mundial con más del 30 por ciento de participación en el comercio global, aún sin poseer bosques propios en Portugal, es posible asegurar que en 2019 había trabajadores cubanos, entre obreros, técnicos e ingenieros forestales, contratados como colaboradores en los aserraderos Amorim de Cabinda, en Angola, de acuerdo con la información que se desprende de un trabajo científico de investigación dirigido a elevar la productividad de la empresa, una sociedad donde además tenía participación Isabel dos Santos.  

El estudio fue publicado en la Revista Cubana de Ciencias Forestales, en el número de enero-abril de 2020 y lleva por título: “Análisis de la calidad del aserrado de maderas tropicales en Cabinda, Angola”, realizado por los ingenieros cubanos Daniel Álvarez Lazo, de la Universidad de Pinar del Río, y Solange Silva Fuentes, de la Empresa Agroforestal Matanzas, en conjunto con especialistas de Angola y Ecuador.

Es error reiterado el afirmar que Paolo Titolo llegó a Cuba con el Grupo Amorim. Una confusión que los Castro no se han tomado la molestia de rectificar porque quizás les conviene, en tanto revela el desconocimiento de la verdadera relación entre Américo Amorim, fallecido en julio de 2017, y Fidel Castro. Y más tarde con Raúl, cuando el hermano comienza a cederle las riendas del poder.

Cuando el Grupo Amorim llega a Cuba en los años 80 su director general en La Habana era el portugués José Guimaraes. Solo en 2004, según el propio Paolo Titolo ha registrado en su presentación de Linkedin, es que el italiano entra en la representación cubana y comienza a empaparse de los negocios y prepararse para, dos años más tarde, en 2006, sustituir al viejo Guimaraes (hombre de confianza de Américo y Fidel), lo cual fue pactado directamente por Raúl Castro durante su visita a Portugal en 2005. Es bueno recordar que fue a partir de este viaje que se inició en la Isla un proceso de expulsión de empresarios extranjeros, probablemente con la intención de hacer lugar a la expansión del Grupo Amorim.

También el año 2005, casualmente, fue el momento de fundación del Banco Internacional de Crédito de Angola junto con Isabel dos Santos a través del cual se lavaron cientos de millones de dólares, hasta que en 2014 Américo vende su participación a la llamada “Princesa africana”.

La prensa ha dado razón de aquel encuentro entre Américo Amorim y Raúl Castro, del recorrido de este por las empresas del millonario en Vila da Feria, así como también hay constancia de varias visitas similares de Fidel Castro, la primera en 1998, en ocasión de la Cumbre Iberoamericana celebrada en Oporto. El buen amigo Américo aparece junto al dictador cubano en decenas de fotos tomadas en aquellas oportunidades, aprovechadas por ambos para consolidar los viejos acuerdos de la era soviética, que hoy se extienden a otras empresas asociadas a Amorim como Engimov Construcciones S.A. y Engimov Negocios Inmobiliarios, que en Cuba tienen representación en la Zona Especial de Mariel como Engimov Caribe S.A.  

Todas son reconocidas por la Cámara de Comercio de Cuba y dirigidas por los Castro a través del administrador italiano Paolo Titolo, un ingeniero graduado en Palermo, al que le gusta viajar por el mundo y hacer fotografías pero que, sobre todas las cosas, tuvo la gran suerte de casarse con Mariela Castro Espín un 26 de diciembre de 1998 y entrar a la “Familia Real”. Ese clan que lo pondría al frente de los negocios de Américo Amorim con los únicos comunistas sobrevivientes de aquellos “tiempos de gloria”, los del contrabando de la madera y la explotación laboral disfrazada de trabajo voluntario en las fábricas y aserraderos. 

La instalación de fábricas en los países comunistas en los años 80 fue la forma que encontró Américo Amorim de influenciar al bloque en el diseño de los planes quinquenales, según reconoció en 2003 durante una entrevista para la revista Fortuna & Negocios. Igualmente los soviéticos ganaron por medio de Amorim el apoyo necesario para la introducción de diplomáticos del Este en Portugal y otros países del resto de Europa.

Por otra parte, Américo Amorim fue quien, a petición de Fidel Castro, convenció a Paulo Portas, vicepresidente de la Cámara de Comercio Portuguesa, para liderar una misión de empresarios a Cuba en 1998. El mismo año en que, según Belén Balanyá en su libro Europa S.A.: la influencia de las multinacionales en la construcción de la UE, Américo Amorim se vio involucrado en otro escándalo, en contubernio con el gobierno portugués por haber influenciado en la contratación de líderes empresariales para altos cargos de la administración pública del país. Ya para esa fecha el portugués invertía en varios hoteles de Cuba. 

Los negocios de Amorim no se detuvieron ni con la caída del Muro de Berlín ni con la enfermedad de Fidel Castro. Continuaron con Raúl a partir del acuerdo de 2005. Precisamente ese año, según el diario Observador, de Portugal, Américo Amorim protagoniza lo que ha sido hasta hoy uno de los mayores negocios hechos por un empresario portugués. Recupera la empresa Galp Energía para el control nacional (donde también tuvo participación Isabel dos Santos), gracias al descubrimiento de reservas de petróleo en aguas profundas.

Es momento también en que el petróleo está haciendo ganar millones a los Castro. En el año 2000, bajo el Convenio Integral de Cooperación, Hugo Chávez comienza a enviar diariamente unos 53 000 metros cúbicos (m³) de petróleo a Cuba, en tanto en Angola la hija de José Eduardo dos Santos también incrementa su fortuna con los hidrocarburos. 

Fue precisamente en 2005 que Venezuela elevó los envíos de crudo hasta los 92 000 m³ diarios, lo que representaba un 3,5 por ciento de la producción diaria de PDVSA. Entonces, Cuba —no se sabe con total seguridad a cuáles destinos—, reexportaba un excedente de entre 40 000 y 50 000 m³ diarios, pues el consumo total de la Isla era de unos 120 000 m³ y producía ella misma unos 80 000. 

Por el momento no se puede asegurar que exista una relación directa con lo que estaba sucediendo en esos años sobre la base del comercio de hidrocarburos, pero según el diario Esquerda, de Portugal, en un artículo de julio de 2010, Américo Amorim fue la mayor fortuna del país en 2009, con un extraordinario crecimiento del 9,1 por ciento. Casualmente el mismo año en que Raúl Castro hereda formalmente las riendas del poder en Cuba.

La imagen de Sandro Castro conduciendo un Mercedes Benz en un país comunista donde la miseria está por todas partes es innegablemente escandalosa. Las fotos de Tony Castro tomando el sol en un yate o de vacaciones en París también son ofensivas. Tanto como las del nieto de Guillermo García Frías de luna de miel con su novia por Europa mientras el abuelo comandante propone a los cubanos que coman avestruces y jutías como remedio contra el hambre. Pero el imperio en las sombras que probablemente heredarán los verdaderos “nietísimos” de la dictadura hará que los excentricismos de los otros nietos parezcan apenas juguetes.

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