domingo, agosto 02, 2026

Julio M. Shiling: La batalla por Miami, centro político, intelectual, cultural y económico de una Cuba que se niega a rendirse




 La batalla por Miami

Por Julio M. Shiling

Agosto 1, 2026

Read in English

La nación cubana cuenta con dos grandes ciudades. Una es La Habana, la capital histórica que hoy sigue cautiva bajo el yugo de una dictadura marxista-leninista. La otra es Miami, una ciudad situada bajo la jurisdicción territorial de Estados Unidos, pero que, a lo largo de las décadas, se ha convertido en una ciudad tan cubana como la propia La Habana. Si La Habana encarna la tragedia de una república ocupada, Miami representa la continuidad de la nación cubana en libertad. Es allí donde una vigorosa comunidad de exiliados ha preservado los ideales del gobierno constitucional, la libertad individual y la restauración democrática. Se ha convertido en el centro político, intelectual, cultural y económico de una Cuba que se niega a rendirse.

Durante más de seis décadas, la nación cubana fuera de la isla ha mantenido una postura notablemente coherente. La crisis de Cuba no puede resolverse mediante reformas cosméticas, ajustes administrativos o aperturas económicas diseñadas meramente para prolongar la vida del régimen existente. Una reconciliación nacional auténtica requiere algo mucho más profundo: el desmantelamiento completo del sistema totalitario y la restauración de una república democrática regida por el Estado de derecho. El hecho de que el Estado comunista cubano imitara los modelos económicos de China, Vietnam o la Rusia postsoviética no alteraría la realidad fundamental de que un monopolio político leninista sigue siendo incompatible con la libertad.

Es precisamente esta postura inquebrantable la que se ha convertido en uno de los mayores obstáculos estratégicos de la dictadura. Desde 1959, el castrocomunismo ha dedicado enormes recursos a influir, dividir, infiltrarse y neutralizar a la nación cubana en el extranjero. Las organizaciones de la oposición, los círculos académicos, las instituciones culturales, las redes políticas, las comunidades empresariales y las plataformas mediáticas se han convertido, en distintos momentos, en objetivos de operaciones de influencia diseñadas para debilitar el apoyo al cambio democrático. El objetivo rara vez ha sido persuadir a la comunidad del exilio para que abrace el comunismo sin reservas. Una meta mucho más alcanzable ha sido fomentar la neutralidad, la resignación, la ambigüedad o el desánimo respecto al propio cambio de régimen. Ese esfuerzo ha fracasado en gran medida.

En todo caso, Miami se ha convertido en el principal bastión democrático de la nación cubana. Ha generado el liderazgo político, la memoria institucional, los recursos económicos y la defensa internacional que siguen poniendo al descubierto ante el mundo la verdadera naturaleza del castrocomunismo. Consciente de esta realidad, la dictadura ha ido perfeccionando constantemente sus métodos. Desde la década de 1990, la campaña para «domesticar» a Miami se ha acelerado considerablemente. Cada década que pasa ha sido testigo de esfuerzos cada vez más sofisticados por normalizar la dictadura, difuminar las distinciones morales y redefinir lo que constituye un discurso aceptable sobre Cuba comunista. Hoy en día, con una Administración estadounidense que presta una atención renovada a Cuba y un secretario de Estado cubano-estadounidense que contribuye a dar forma a la política de Washington hacia la isla, la importancia estratégica de neutralizar la nación cubana en el exterior se ha vuelto aún mayor desde la perspectiva de La Habana.

Es en este contexto estratégico más amplio donde ciertas narrativas cuidadosamente cultivadas merecen un análisis minucioso. Hay un hecho que no admite ninguna duda seria. El sistema de prisiones políticas de Cuba ha sido documentado durante décadas por antiguos presos, familiares, organizaciones internacionales e innumerables testigos presenciales como un sistema caracterizado por privaciones severas, coacción psicológica, maltrato físico, castigos arbitrarios, aislamiento prolongado y violaciones sistemáticas de la dignidad humana. No se trata de una acusación aislada, sino de un historial abrumador. Constituye la norma y no la excepción.

La historia también nos enseña que existen excepciones. A lo largo de la historia de los sistemas penitenciarios comunistas, algunos reclusos han aceptado distintos grados de colaboración con las autoridades penitenciarias y, a cambio, han recibido un trato menos severo que el impuesto a la mayoría. Tales casos han surgido en muchos sistemas dictatoriales. Su existencia no invalida la brutalidad del sistema en sí mismo; más bien, subraya el poder discrecional de las instituciones totalitarias para otorgar privilegios de forma selectiva siempre que ello sirva a los intereses institucionales.

En este contexto bien establecido, los relatos que hacen referencia a la creación de miles de obras de arte durante el encarcelamiento, al disfrute habitual de una alimentación excepcional, al acceso privilegiado al que no tienen acceso los reclusos comunes u otras circunstancias inusualmente favorables suscitan, naturalmente, preguntas legítimas por parte del público. Tales anomalías no pueden separarse simplemente de las realidades más amplias de un sistema penitenciario cuya característica definitoria ha sido durante mucho tiempo la represión. Las experiencias extraordinarias dentro de un sistema penitenciario extraordinariamente cruel exigen una explicación extraordinaria.

No es necesario alegar un reclutamiento formal o una colaboración consciente para reconocer cómo operan los servicios de inteligencia totalitarios. Las operaciones de influencia modernas no suelen basarse en agentes declarados, sino en situaciones, narrativas, personalidades y circunstancias que, objetivamente, promueven objetivos estratégicos. No es necesario que una persona tenga la intención de hacer propaganda para que la propaganda se beneficie de su imagen pública, su testimonio o su conducta.

El objetivo no es necesariamente persuadir a los observadores de que las prisiones cubanas son humanas. Tal afirmación se derrumbaría bajo el peso de miles de testimonios acumulados a lo largo de más de seis décadas. Más bien, el propósito es más sutil: introducir confusión donde antes existía claridad moral; normalizar casos excepcionales hasta que parezcan representativos; sustituir la abrumadora evidencia histórica por anomalías cuidadosamente amplificadas; y, sobre todo, transformar lo extraordinario en ordinario. Esta es la banalidad del mal en otra forma: no la negación rotunda de que existe la opresión, sino su dilución gradual a través de una narración selectiva hasta que lo excepcional eclipse la norma.

La dictadura comprende desde hace tiempo que todo proyecto totalitario que tenga éxito requiere algo más que poder policial. Requiere la construcción de un entorno cultural en el que los ciudadanos empiecen a cuestionar realidades que antes eran evidentes por sí mismas. No busca meramente la obediencia, sino la redefinición de la verdad misma. Lo que se ha logrado a lo largo de décadas dentro de Cuba se persigue ahora, mediante métodos diferentes, más allá de sus fronteras. El campo de batalla ya no se limita a la isla; ahora se extiende a las instituciones, los medios de comunicación y la vida cultural de la nación cubana libre.

Por esa razón, Miami debe mantenerse intelectualmente alerta. La respuesta no puede imitar la intolerancia de la dictadura. Toda persona tiene derecho a hablar libremente, a crear arte libremente, a expresar opiniones impopulares libremente e incluso a emplear un lenguaje o un comportamiento que otros puedan considerar vulgar u ofensivo. Estas libertades distinguen a la democracia del totalitarismo y deben permanecer inviolables. Sin embargo, la libertad de expresión nunca ha implicado estar exento del escrutinio público. Los demás tienen el mismo derecho a cuestionar afirmaciones bizarras, analizar circunstancias improbables, criticar la conducta pública y evaluar los relatos a la luz de las pruebas acumuladas por la historia. El discurso democrático exige precisamente ese ejercicio del juicio razonado.

La batalla por Miami no es, por lo tanto, meramente geográfica. Es una batalla por la memoria histórica, la claridad moral, la legitimidad política y la futura identidad de la propia nación cubana. La Habana entiende que, mientras Miami siga sin ser conquistada intelectualmente, las aspiraciones democráticas del pueblo cubano seguirán vivas. Al fin y al cabo, la obra de arte más trascendental no se ha pintado sobre lienzo. El verdadero cuadro, en este caso reciente, lo ha pintado el castrocomunismo.

© Patria de Martí. Todos los derechos reservados.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

jueves, octubre 23, 2025

Roberto Álvarez Quiñones: En solo 36 meses Cuba perdió 30.767 médicos, en su abrumadora mayoría porque emigraron a un ritmo de más de 10.000 anuales. ¿Por qué emigran tantos médicos cubanos?


************

 Tomado de https://diariodecuba.com/

¿Por qué emigran tantos médicos cubanos?

*******

En solo 36 meses Cuba perdió 30.767 médicos, en su abrumadora mayoría porque emigraron a un ritmo de más de 10.000 anuales.

*********

Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami

19 Oct 2025 

¿Cuántos médicos suizos, holandeses, daneses, canadienses, japoneses, o estadounidenses han emigrado y hoy, dispersos por todo, el mundo ejercen esa vital profesión incluso en otros continentes?

¿Cuántos médicos cubanos antes de 1959, graduados en Cuba, emigraron para ejercer esa profesión en otras naciones? La respuesta a ambas preguntas es la misma, poquísimos.

Para empezar, todo médico (y cualquiera otra persona) que emigra lo hace porque no le va bien en su país, o tiene su horizonte profesional muy limitado y quiere ejercer la medicina en un país que sí le ofrezca las oportunidades para su desarrollo, y a la vez, vivir mejor él y su familia.

Surgen entonces dos preguntas claves: 1) ¿cuántos médicos cubanos emigraron antes de 1959?; y 2) ¿cuántos lo han hecho después? Aquí las respuestas sí son muy diferentes.

No se sabe exactamente cuántos galenos cubanos se fueron a ejercer su profesión en otros países cuando la Isla era "explotada por el imperialismo", pero sí que fueron muy poquitos, casos aislados, singulares. Luego de asaltar el poder los Castro y el argentino Guevara son decenas de miles los médicos cubanos los que han emigrado, y lo siguen haciendo en oleadas impresionantes.

En solo 36 meses se fueron de Cuba unos 30.000 médicos

Bueno, en verdad más que emigrar los médicos cubanos se escapan. Huyen del mismísimo Diablo, para decirlo en términos literarios, hacia cualquier nación del mundo que les permita ejercer con dignidad y a plenitud su noble y vital profesión.

Antes de 1959 ocurría todo lo contrario. Algunos jóvenes estudiaban Medicina en el extranjero, pero para regresar y ejercer la profesión en Cuba. También médicos cubanos, la mayoría recién graduados en la Universidad de La Habana, cursaban estudios avanzados de posgrado en el exterior para ejercer la profesión en Cuba con mayor rigor científico.

Y eso lo digo con conocimiento de causa. De tres primos míos médicos, uno estudió la carrera en Francia, y los dos graduados en Cuba hicieron la especialidad en EEUU. Pero los tres regresaron y ejercieron en la Isla… hasta que llegó el comunismo.

Al grano, según el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), en 2021 en Cuba había 106.131 médicos, pero al inicio de 2025 la cifra era de 75.364 galenos. En solo 36 meses Cuba perdió 30.767 médicos, en su abrumadora mayoría porque emigraron, a un ritmo de más de 10.000 médicos anuales, que ahora prestan sus servicios en otros países.

El MINSAP en 2021 contaba con 312.406 trabajadores, y al iniciarse el año 2025 la cifra era de 234.884.  El país perdió 77.522 trabajadores de ese importantísimo sector, incluyendo también técnicos calificados y enfermeros. En su abrumadora mayoría emigraron y ninguno de ellos para regresar más calificado a Cuba.

No hay en el mundo otro caso parecido al de Cuba

No hay en el mundo otro caso ni siquiera parecido al de Cuba. De la India, el mayor emisor de migrantes médicos del planeta, con una población de 1.451 millones de habitantes, emigran anualmente unos 50.000 médicos. Aplicada a la población de Cuba esa relación población-médicos emigrantes de la India, de la Isla debieran emigrar 310 médicos cada año, no 10.000.

Otro ejemplo más a la mano, de Honduras, un país muy pobre que tiene 11 millones de habitantes y 21.000 médicos, emigraron unos 1.000 médicos, entre 2022 y 2024, el 4,7% del total de médicos, una cifra muy inferior al 28,2% médicos cubanos que emigraron en los últimos tres años

Mucho menos existe otro Gobierno en el planeta que haya convertido en propiedad del Estado a decenas de miles de médicos a los que explota como esclavos modernos en decenas de países para apropiarse del 85%-90% de sus salarios en divisas.

Pero hagamos hoy abstracción de esta delincuencial trata de personas en pleno siglo XX, de la exportación de médicos cubanos como si fuesen "instrumentos parlantes" (así definía Marco Terencio Varrón a los esclavos en la Roma antigua). Detengámonos ahora en la pregunta de por qué se van de Cuba tantos médicos.

Sí, porque estamos hablando de la "potencia médica" de la cual tanto presumió el Embaucador en Jefe como una "obra de la Revolución", cuando era el tío Alexei quien desde Moscú obsequiaba el dinero para mantener aquella vitrina propagandística. Claro, al fallecer el tío la vitrina se vino abajo.

La salud pública castrista solo funcionó con dinero soviético

Antes del castrismo la salud pública cubana gozaba de fama mundial por alta calidad y eficiencia, y si luego de 1959 funcionó adecuadamente fue porque la Unión Soviética la financió. Luego, por un tiempo la narcodictadura venezolana evitó el colapso total del sistema sanitario cubano. Pero se acabó la plata venezolana y quedó al desnudo la "prepotencia médica". Hoy Cuba tiene un sistema sanitario muy inferior al de la Cuba precastrista.

A la hora de explicarse por qué tantos médicos cubanos se van del país alguien podría argüir que por las mismas razones que lo han hecho 3,5 millones de cubanos desde que los Castro Ruz y el argentino Guevara asaltaron el poder.

Pero no es así, porque en el caso de los galenos hay otro factor adicional que va más allá de la pobreza y el malvivir: el no poder ejercer debidamente la medicina en Cuba debido a las asombrosas dificultades que tienen para realizar su trabajo quienes al graduarse hicieron solemnemente el juramento hipocrático, llamado así en honor al griego Hipócrates (460-370 A.C), considerado como "Padre de la Medicina".

Se trata de un código de ética en la práctica de la medicina, que entre otras cosas declara: "Pondré todos los medios a mi alcance para  mejorar la calidad de la atención médica y para fortalecer la salud pública (…) siempre en beneficio del paciente (…) consagraré mi vida al servicio de la humanidad".

Porque uno de los peores azotes adicionales al malvivir de los médicos en Cuba es la insólita escasez de medicamentos y de insumos de todo tipo. Un cirujano cubano amigo mío que trabajaba en el hospital Miguel Enríquez de La Habana, me contó a principio de los años 90 que con frecuencia no se podían realizar intervenciones quirúrgicas porque no había hilo para hacer las suturas o gasa para contener la sangre. Que las jeringuillas para coger la vena eran reusadas y a veces no había cuchillas para sacarle punta a las agujas ya en mal estado.

Es sabido que en Cuba los pacientes tienen que llevar a los hospitales las sábanas, almohadas, bombillos y hasta el mercurocromo. No hay agua, las paredes y pisos están sucios, pululan cucarachas, mosquitos y los malos olores. En las farmacias cubanas no hay medicamentos, ni siquiera aspirina u otros analgésicos. Según reportan periodistas independientes, los hipertensos, cardíacos o diabéticos están meses sin sus medicamentos. Nadie sabe cuántos cubanos mueren al año por falta de medicamentos vitales.

Sin dictadura se restaurará el prestigio de la medicina precastrista

Y de regreso un instante a la explotación de médicos cubanos en ultramar. Hay aquí dos caras de la moneda. En una, esa trata de personas en ultramar agrava la crisis de la atención médica en Cuba, cada vez más carente de médicos y sobre todo de especialistas.

Aunque a los médicos en "misión" les retiran sus pasaportes y son vigilados por esbirros del MININT (vestidos de blanco), les es más factible escapar del Big Brother comunista en otro país y ejercer allí libremente la profesión, o irse para otra nación. Eso facilita el éxodo migratorio, la única válvula que tienen para dejar de ser explotados, realizarse plenamente como médicos, y vivir mejor ellos y sus familias.

Pero en la otra cara de la moneda vemos que Cuba ha perdido y sigue perdiendo gran parte uno de los segmentos más preciado de su capital humano, con el éxodo de esos médicos.

Así se cae por gravedad la pregunta medular: ¿Habrían emigrado tantos miles de médicos cubanos si Fidel Castro no hubiese existido?

Y ahí está el detalle, en la respuesta negativa. Es una desgracia paradojal de origen "revolucionario" que miles de galenos sean prácticamente forzados a emigrar y beneficien así a otros pueblos, no al de Cuba, con el ejercicio de su noble profesión. Gracias, Fidel. Gracias, Raúl.

Conclusión: el descalabro del sistema de salud pública únicamente puede ser detenido y solucionado si se echa del poder a la cofradía mafiosa que lo usurpa. Solo así se restaurará la merecida admiración y el respeto internacional de que gozaba la medicina cubana antes del diluvio castrista-comunista, cuando los nombres de extraordinarios doctores cubanos eran elogiados por todo el mundo.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

viernes, mayo 02, 2025

Claudia Padrón Cueto: Así saqueó la Revolución a los cubanos: 11 historias de despojo y humillación. La lista negra del ¨Gobierno Revolucionario ¨ en los años 60: 'vete de Cuba con lo puesto'

 

Así saqueó la Revolución a los cubanos: 11 historias de despojo y humillación

*******

Estos son testimonios, enviados por nuestra audiencia, que merecen quedar en la memoria colectiva como prueba de los horrores cometidos por el régimen cubano.

*******

Por Claudia Padrón Cueto

Mayp 1, 2025

CDMX.-Desde que en 1959 la Revolución Cubana tomó el poder, el pueblo de Cuba ha vivido bajo un régimen que no solo destruyó las libertades individuales y políticas, sino que durante décadas despojó a miles de cubanos de sus propiedades, negocios, viviendas y pertenencias, bajo el amparo de decretos y leyes que sirvieron de fachada para una ola de abusos, humillaciones y despojo masivo.

A partir de los años 60, se instauró un proceso sistemático de expropiaciones e intervenciones forzosas. Talleres, bodegas, carnicerías, casas y hasta los objetos más personales como tazas, cubiertos o prendas de vestir, fueron confiscados a las familias que intentaban emigrar o simplemente se negaban a rendirse ante el sistema. Estos actos de saqueo estatal se extendieron durante décadas, y hasta entrados los años 2000 se seguían cometiendo injusticias similares contra los cubanos que decidían marcharse en busca de libertad.

Más allá del robo material, estos actos buscaron humillar y someter al ciudadano, destruir la estabilidad de familias enteras y borrar cualquier intento de independencia económica o social. Se despojó no solo de bienes, sino también de dignidad y de futuro.

Hoy, desde Cubanet, queremos rendir tributo a la memoria de quienes lo vivieron. Estos son testimonios, enviados por nuestra audiencia, que merecen quedar en la memoria colectiva como prueba de los horrores cometidos por el régimen cubano.

Xiomara: “¡Ladrones! Indemnizaron a mi padre con 60 pesos”.

En la década del 60, siendo yo todavía una niña y en ausencia de mis padres, apareció un vecino con la policía y dijo que lo habían nombrado interventor del taller de mi padre. Entró hasta la casa, donde estaba el almacén de piezas de repuesto, y lo robaron todo. Incluso una máquina que había dejado un hermano mío que vivía en Camagüey se la llevaron. Producto de esa fechoría, mi padre debutó con una diabetes que, con el tiempo, le costó la vida. Mis hermanos nunca fueron niños, siempre ayudaban a mi padre en el taller, así que también les intervinieron la niñez y la estabilidad económica de una familia trabajadora. ¡Ladrones! Indemnizaron a mi padre con 60 pesos.

Cary: “Los desalojaron y sellaron su casa”

Ciertamente no se puede tapar el sol con un dedo. Yo tuve que albergar a una familia en mi casa porque, la última noche antes de irse para EE. UU., los desalojaron y sellaron su casa. Eso fue en los 2000.

Esperanza: “A mis padres los dejaron salir porque un capitán de la milicia se enamoró de la casa”

A mis padres les hicieron lo mismo. Con el famoso inventario, tenían que dejarlo todo. En aquella época no se podía vender una casa. Yo salí antes que ellos y toda mi ropa, zapatos, pantalones interiores, brassieres… todo me lo contaron. A mis padres los dejaron salir porque un capitán de la milicia se enamoró de la casa que, con muchísimos sacrificios, mis padres habían construido para mí. Los dos trabajaban, nadie heredó nada. Y el ladrón, amparado por el gobierno, se quedó con una casa de dos plantas, tres cuartos, un baño arriba, y debajo de la escalera un lavabo y un inodoro. Sala, saleta-comedor, cocina y una terraza desde la que se veía la bahía. Todo ese sacrificio lo disfrutó el hijo de la buena madre de gratis. Eso pasó en 1970, cuando pudieron salir reclamados por mí.

Camacho: “Nunca más volvió a Cuba”

Mi mamá me contaba que a una tía suya le hicieron lo mismo. Le inventariaron hasta las cucharas y los juegos de sábanas. Ella vivía en una buena casa en El Vedado, y mi abuelo, que era su hermano, vivía en el campo, en una casita de madera y guano. No pudo dejarle nada, se lo quitaron todo. Incluso la hicieron salir antes de la fecha de su salida y se refugió un tiempo en el campo, en una casita que le decían “bar en tierra”, con dos hijos. Después vivió muchos años en Estados Unidos y nunca más volvió a Cuba.

Luz : “Despojaron de sus bienes a todo aquel que, con el sudor de su frente, había levantado algo”

En mi casa había una bodega, una carnicería y una guarapera, y todo fue intervenido por el gobierno. Ese año se llamó “El año de la nacionalización”. Despojaron de sus bienes a todo aquel que, con el sudor de su frente, había levantado algo. Los dejaron en la miseria. Todos se fueron del país con una mano adelante y otra atrás. Ese fue el primer gran robo de la Revolución. Así comenzó la degeneración de todos los valores, crearon envidia y discordia entre familias y amigos. Fue todo un plan macabro para robar y humillar al pueblo. El cubano de la generación de la Revolución se adaptó a robar y vivir de los demás, perdiendo valores y principios. Hoy queda muy poco de aquello, pero esa es la realidad cubana.

Cruz: “Eso fue muy triste y duro”.

A mi hermana no le hicieron inventario porque vivía con su suegra, pero tenía que ir a trabajar a la agricultura. Mujeres y hombres encaramados en un camión. Eso fue muy triste y duro. Mi cuñado se fue primero con su hijo mayor, y luego ella con el niño más pequeño. Y eso que su salida fue por España. A los que tenían casa los sacaban y le ponían un cuño en la puerta. No recuerdo exactamente qué decía ese papel. Aquí se cometieron muchos errores. Recuerdo que hubo un año que le llamaron “El año de la Rectificación de Errores”.

Danilo: “Ningún alto funcionario fue a vivir a un barrio humilde”.

Tengo un gran amigo, hoy muy famoso en EE. UU. por su arte —me reservo su nombre—, que cuando a sus padres les hicieron el inventario, faltaba una bicicleta de niños que él había regalado a un amiguito pobre del barrio y tuvo que quitársela. Recuerdo a los niños llorando. Eso aún está vivo en mi mente. Cada vez que me reúno con él en EE. UU., hablamos de aquello. Todos esos objetos de valor que decomisaban no se los asignaban a los pobres, no. Iban a parar a los almacenes de Recuperación de Bienes Malversados y de allí a los altos funcionarios y personalidades del gobierno para adornar sus viviendas, casi siempre en los repartos residenciales que iban quedando vacíos. Ningún alto funcionario fue a vivir a un barrio humilde. Así surgió una nueva clase social: la “burguesía revolucionaria” después de 1959.

Gladys: “Le hicieron inventario de todo en su apartamento, hasta las tazas de café y los vasos”.

Esta historia de mi tía es cierta. Le hicieron inventario de todo en su apartamento, hasta las tazas de café y los vasos. Por miedo a que no la dejaran irse —su único hijo había salido por la Operación Pedro Pan—, empezó a dar el agua y el café en latas vacías de leche condensada. Por poco se vuelve loca. No dejaba que le tocaran una vasija. Sin saber lo que le costaría eso, trajo a otra tía desde Camagüey para dejarla en su casa. Le costó siete años de espera y su hijo, solo en Estados Unidos, tuvo la suerte de que una buena familia lo acogiera. Se hizo un gran cantante de ópera y logró muchos triunfos. Falleció en 2020 por COVID. Si lo buscan en Google, era José Efrén Puig. Que en paz descanse, mi querido primo. Esta fue una de tantas historias verdaderas de los cubanos.

Mary: ” Se fue del país llorando por el modo en que le robaron su casa y pertenencias”.

Esa práctica se extendió durante muchos años. A mi vecino Ramón Delgado —ojalá vea este testimonio—, cuando le llegó su salida para EE. UU., vino de noche a mi casa a pedirme de favor que le guardara su televisor y un juego de sala, porque le venían a hacer la inspección y quería cambiarlos por los viejos de su madre, que llevaba años con el televisor roto y los muebles destrozados. Yo le dije: “Trae todo lo que puedas cambiar”. Ramón Delgado era el mejor soldador del antiguo central 6 de Agosto, y había construido, con su sudor y esfuerzo, una buena casa. Quería dejarla a sus padres, que vivían en una casita prácticamente en ruinas, pero no pudo. Se fue del país llorando por el modo en que le robaron su casa y pertenencias. Aclaro que, al poco tiempo, la casa de Ramón se la asignaron a un ingeniero del municipio de Los Arabos. Esos abusos quedan para siempre en nuestra memoria. Prohibido olvidar.

Juan E: “Me contaron hasta los tenedores y cucharas”.

Eso siguió por mucho tiempo. Yo me fui en 1999. Me quitaron mi casa, me contaron hasta los tenedores y cucharas. Si algo faltaba, no te autorizaban a salir. También un vecino me acusó. Es una larga historia. Y ni hablar de la tiradera de huevos de aquellos años. Hoy muchos cubanos recién llegados no conocen esas historias, aunque otros también han pasado por lo suyo. En fin, cada vez que escucho a alguien defendiendo al gobierno de Cuba, me pregunto si es un descarado o un anormal.

Miriam: “Se lo quitaron todo”.

Hasta los cubiertos inventariaban. Mi vecina y parte de mi familia pasaron por eso. Una tía por parte de padre tenía algunas casas y edificios, todo fruto de su trabajo y de un préstamo que le hicieron unos españoles para que montara su negocio. Se lo quitaron todo y, en 1960, se fue de Cuba. Mi tío se llamaba Miguel Hernández Varela.

****************




**********

DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO.

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Discurso de Fidel Castro RuzEN LA PLAZA DE LA CIUDAD DE CAMAGÜEY, EL 4 DE ENERO DE 1959: 

¨Yo estoy seguro de que los cubanos no se conforman simplemente con ser libres en su patria.  Yo estoy seguro de que los cubanos quieren además disfrutar de su patria.  Yo estoy seguro de que quieren también participar del pan y la riqueza que se producen en su patria.

¿Cómo vamos a decir:  “esta es nuestra patria”, si de la patria no tenemos nada?  “Mi patria”, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre.  ¡Eso no es patria!  Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo (APLAUSOS).  Patria no solo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo (APLAUSOS).  Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria.

Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria.  Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, pero no tienen patria.  Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden.  Y eso es verdad y ustedes lo saben  (EXCLAMACIONES).¨

****************

El cantante Alfredito Rodríguez  recuerda la salida frustrada de Cuba al comienzo de la Revolución


Nota  aclaratoria del Bloguista de Baracutey Cubano a unas palabras de Alfredito Rodríguez:

Esas palabras de ¨dile al mundo ...¨ no estaban en la Visa Waiver, que es un documento del gobierno de EE.UU.; esas palabras estaban en un ¨carnet de vacunación¨  que  nos daba la incipiente tiranía Castrista que tenía  forma de cartilla que contenía la acreditación de que habías sido vacunado contra la  viruela, etc. . Esa cartilla tenía a un niño ¨del tercer mundo¨ sentado en el suelo. La vacuna contra la viruela  me la inyectaron en la Aduana de la República, en el puerto de La Habana, si mal no me equivoco de  instalación portuaria. 

**********

Tomado de https://diariodecuba.com/

La lista negra del Gobierno en los años 60: 'vete de Cuba con lo puesto'

*******

Durante más de 50 años el Gobierno liderado por Fidel Castro confiscó las propiedades de aquellos cubanos que decidían salir de la Isla.

*******

https://youtu.be/VwbZ3ECfu00

(Todás las imágenes, menos la de la clausura y robo de la vivienda, fueron añadidas por el Bloguista del blog  Baracutey Cubano)


Deseo añadir que hoy 2 de mato del 2025, me entero que ayer falleció Alfredo Felipe Fuentes, uno de los 75 que sufrieron la ola represiva conocida como La Primavera Negra del 2003. Alfredo Felipe fue la persona que halló y publicó la siguiente resolución firmada por Ramiro Valdés Menéndez; esta resolución y muchas más evidencias del actuar de la dictadura castrista,  fueron publicadas en La falsa imagen de Fidel Castro: Evidencias irrefutables,  uno de los libros de Alfredo Felipe Fuentes. EPD !!! 

Regis Iglesias Ramirez a raíz del deceso de  Alfredo Felipe: 

 Adiós Alfredo, mi hermano, regresa a la Casa del Padre y disfruta el banquete en la Gloria que ganaste con tu valentía, coherencia y dignidad. Cuba te contempla orgullosa! Gracias por tu sacrificio, por tu seriedad. Recuerdo ahora una de las veces que viaje a Artemisa, entonces Municipio de provincia Habana, durante la campaña del Proyecto Varela y pude comprobar la diferencia en el trabajo y la seriedad conque habías asumido la colecta y verificación de firmas a diferencia del sujeto que en un principio lo había hecho de manera chapucera e irresponsable.

DDC

La Habana

09 Jun 2022 

En la actualidad los cubanos que migran , a partir del año 2013, venden todas sus pertenencias para costear el viaje. La casa, los equipos electrodomésticos, las joyas, vehículos propios, y hasta la ropa y los zapatos, son rematados en cuestión de días a precios de "me voy y necesito dinero".

Pero no siempre fue así, no siempre el cubano pudo disponer de sus propiedades. En los años 60, cuando la Revolución comenzaba a tomar forma de lo que realmente terminaría siendo, los cubanos que decidían irse del país no lo tenían nada fácil.

La resolución 454 de septiembre de 1961 dictada por el Gobierno de Fidel Castro estableció que quienes abandonaban el país hacia EEUU, perderían sus propiedades si no regresaban en 29 días.

Una vez iniciado el proceso para marcharse del país, el futuro migrante recibía una inspección en su casa donde funcionarios del Gobierno inventariaban todo.

Llegado el momento definitivo de partir, esa persona recibía una lista donde se relacionaban los objetos que podía llevarse consigo. DIARIO DE CUBA tuvo acceso a esa lista y la comparte de forma íntegra.

Información a los señores pasajeros sobre disposiciones relativas al equipaje

Los señores pasajeros solamente podrán llevar los artículos y prendas de vestir que más abajo se relacionan, INCLUYENDO LO PUESTO:

Joyas: 1 reloj y 1 anillo de compromiso que en total representen un valor no mayor de $60. Prendas de fantasía que en total representen un valor moderado.

Artículos de Tocador: Una unidad de pasta de dientes y jabón en uso, de producción nacional por núcleo familiar, una máquina de afeitar que no sea eléctrica.

Cosméticos: Una unidad de perfumes, una unidad de pan-cake o base líquida, una unidad de polvos, una unidad de creyón de labios, una unidad de lápiz de cejas y una unidad de colorete.

Alimentos: Lo necesario para la dieta regular de infantes, calculada para el viaje.

Medicinas: Un frasco regular, una caja de inyecciones y una jeringuilla hipodérmica en uso de acuerdo a la prescripción facultativa.

En resumen, el cubano no se podía llevar nada de valor o nuevo. No tenían derecho a llevarse consigo un objeto que pudiera ser disfrutado por el poder comunista.

Varios testimonios han referenciado los terribles protocolos que seguían las autoridades en los aeropuertos. En ocasiones hacían que los "desertores" se desnudaran e hicieran cuclillas para comprobar que no ocultaban nada de valor en sus genitales.

Buena parte de las casas y mansiones de la burguesía cubana y la clase media que emigró a principios de los 60 terminaron en manos de funcionarios y dirigentes.

Esta política de expropiación forzada a aquel que decidiera irse de la Isla, estuvo en vigor hasta la reforma migratoria de 2013. Fueron más de 50 años de violaciones a estos derechos humanos elementales. En la actualidad, la Seguridad del Estado aún aplica la politica de "regulados" para evitar que ciudadanos cubanos puedan entrar o salir de la Isla por motivos fundamentalmente políticos.

************

En años posteriores: 

************



Antes de llegar a los EE.UU.

En el Ático de Pepe Forte: Los Vuelos de la LIBERTAD | The Freedom Flights



En el Ático de Pepe Forte: Aquel Día que te Fuiste de Cuba


************
La Isla del Nunca Jamás

************
Rehenes y apátridas. De cómo Fidel Castro acabó con el derecho del pueblo cubano de entrar y salir del país. El período 1959-1980.
************

Por Manuel Zayas
Barcelona
17-01-2012


El 9 de enero de 1959, el autoproclamado "gobierno provisional de la Revolución" se sacó de la manga una ley para controlar los movimientos de los ciudadanos cubanos al extranjero, una medida inconstitucional que fue el preámbulo de las que vendrían después y que regularían y eliminarían de tajo el derecho a la libre circulación.

Sancionada hace 53 años bajo el título de "Vigencia de pasaportes", la Ley No. 2 decía: "Es necesario a los propios efectos y principios de la Revolución, evitar que personas comprometidas con el régimen anterior, autores de delitos comunes traten de abandonar el territorio nacional con el fin de evadir la acción de la justicia, dictándose al efecto las medidas oportunas para evitar que así suceda".

A los pocos días, aquella disposición fue enmedada por la Ley No. 18, y obligaba a lo siguiente: "Todo ciudadano cubano poseedor de Pasaporte válido expedido por el Ministerio de Estado, que se proponga trasladarse al extranjero, deberá obtener una autorización al efecto, que le será concedida por el señor Jefe de la Policía Nacional". [El énfasis en esta y otras frases es del autor del artículo.]

Bajo el pretexto de impedir la evasión de criminales del régimen de Fulgencio Batista, toda la población cubana pasó a ser sospechosa de colaboracionismo. Al jefe de la policía se le otorgó una autoridad desconocida hasta entonces, la de autorizar (o no) los viajes al extranjero. (Estaban exentos de esa autorización los portadores de pasaportes diplomáticos emitidos después del 6 de enero de 1959.)

A ojos vista, la medida era contraria a la Constitución de 1940 que, en su Artículo 30, consagraba como un derecho fundamental la libertad de circulación. "Toda persona podrá entrar y permanecer en el territorio nacional, salir de él, trasladarse de un lugar a otro y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte u otro requisito semejante, salvo lo que se disponga en las Leyes sobre inmigración y las atribuciones de la autoridad en caso de responsabilidad criminal".

Y continuaba ese artículo constitucional: "A nadie se obligará a mudar de domicilio o residencia sino por mandato de autoridad judicial y en los casos y con los requisitos que la Ley señale. Ningún cubano podrá ser expatriado ni se le prohibirá la entrada en el territorio de la República".

La Ley No. 2 fue aprobada por el Consejo de Ministros, con el presidente Manuel Urrutia a la cabeza. Sin cargo alguno en aquel primer gabinete gubernamental, pero con gran apoyo popular, Fidel Castro ejercía un poder a la sombra de aquellos ministros. Según un decreto de Urrutia, Castro ostentaba el título de Comandante en Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire.

Las promesas del gobierno provisional de celebrar elecciones y de reinstaurar el orden constitucional —quebrantado con el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952— cayeron en saco roto. Disuelto el Congreso y el Senado, el Consejo de Ministros quedó como única instancia legislativa: el 7 de febrero de 1959 sancionó la Ley Fundamental, que derogó la anterior Carta Magna, inservible desde los primeros días de enero.

Entre las principales modificaciones: se instaura la pena de muerte con efectos retroactivos para criminales y cómplices del anterior régimen (antes estaba contemplada solo para delitos militares en tiempos de guerra y proscrita para delitos políticos), se aprueba la confiscación de bienes a esas personas y para los autores de "delitos contrarrevolucionarios" y con fines sociales . El habeas corpus, garantía jurídica de libertad del individuo frente a las detenciones arbitrarias, fue suspendido por 90 días.

Pese a todas las modificaciones, el Artículo 30 de la Constitución de 1940 fue mantenido intacto. La Ley Fundamental seguía reconociendo la libertad de circulación como un derecho del pueblo cubano aunque, en la práctica, el ejercicio de ese derecho estaba truncado por la decisión de una maquinaria policial, facultada ahora para autorizar los viajes al exterior.

Los conflictos dentro del propio gobierno llevaron a José Miró Cardona a presentar su dimisión como primer ministro. Desde el 17 de febrero lo sustituiría Fidel Castro. Pocos meses después, las tensiones seguían. Entonces Castro presenta su dimisión, argumentando que el presidente Urrutia demoraba la firma de las nuevas leyes revolucionarias.

Forzado a renunciar por las protestas populares de respaldo a Castro, el 17 de julio Urrutia dejó su puesto como presidente. Su cargo como representante del Estado lo ocuparía Osvaldo Dorticós. Fidel Castro seguiría al frente del gobierno.

Una ley trampa

Los usos que se le dió a la Ley No. 2 excedieron los mismos límites de esa disposición. Se trataba, en efecto, de una ley trampa. Paradójicamente, dos de los antiguos miembros del primer gabinete del gobierno provisional y votantes de aquella ley, también serían víctimas de su aplicación. Solo obtendrían garantías para abandonar el territorio cubano después de solicitar asilo en las embajadas latinoamericanas en La Habana.

Ese fue el caso del ex primer ministro Miró Cardona, quien el 5 de junio de 1960 se refugió en la embajada de Argentina, y también el del ex presidente Urrutia, que en abril de 1961 se asiló en la de Venezuela. Tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre Caracas y La Habana, Urrutia fue trasladado a la delegación diplomática de México, donde permaneció hasta 1963 a la espera de un salvoconducto que le permitiera salir del país.

El asilo político quedaba como único garante de la libertad de circulación. Con la nacionalización de la prensa en 1960, José Ignacio Rivero, dueño del conservador Diario de la Marina, debió refugiarse en la embajada de Perú. Temía que el "entierro simbólico" con el que se proclamó la muerte de su periódico se tradujera en una muerte real. La suya, claro está. Por su parte, Miguel Ángel Quevedo, propietario de la revista Bohemia, buscó refugio en la delegación venezolana.

(Fotograma del filme 'Memorias del subdesarrollo', de Tomás Gutiérrez Alea: decomiso de relojes y sortijas a los que abandonan el país. (MANUEL ZAYAS))

En septiembre de 1960, los consulados cubanos recibieron una orden del Ministerio de Relaciones Exteriores. Se les instaba a contactar con los ciudadanos bajo su jurisdicción para que regresaran a la Isla. Quienes se nieguen, serán catalogados como "contrarrevolucionarios".

Así le sucedió por aquella fecha al escritor Severo Sarduy, becado en París, cuando comunica su intención de no regresar. Su hermana Mercedes Sarduy recuerda: "A partir de este momento es considerado un traidor contrarrevolucionario (adjetivos con los que 'acuñaban' a todo aquel que no viviera en Cuba o que no simpatizara con el sistema)".

El escritor viviría su propio limbo jurídico. En 1963, según su hermana, Severo Sarduy "tiene problemas con la renovación de su carta de residencia francesa y posteriormente, con la prórroga de su pasaporte cubano que quedó en un limbo, para siempre, entre las paredes del consulado cubano en Francia. Nunca se lo devolvieron".

Algo similar le ocurrió a la cantante Celia Cruz. Su pasaporte fue cancelado en octubre de 1960 por funcionarios del consulado cubano en México. Dos años después, las autoridades diplomáticas que debían representarla le negarán autorización para que pueda entrar a Cuba. Celia Cruz no podrá viajar a La Habana para asistir a los funerales de su madre.

En la mañana del 5 de agosto de 1961, los periódicos cubanos —ya bajo control del gobierno— anunciaron el cambio obligatorio de billetes, una medida que se había mantenido en el mayor secreto y que se haría efectiva en las siguientes 48 horas (6 y 7 de agosto). Debajo de los grandes titulares de la noticia, se podía leer : "Cerrado el país a la entrada del exterior durante esos dos días" (diario Hoy) y "Prohíben entrar al país durante esos dos días" (diario Revolución).

El Muro de Fidel Castro

En 1961, tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE UU, y unos días antes del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, el Máximo Líder proclamó el carácter socialista de la revolución. Para entonces, Castro ya tenía militarizado el país entero. Controlaba la administración de la justicia y cada institución civil. Había acabado con los partidos políticos, y nacionalizado la enseñanza, la prensa, la banca y las grandes empresas. Era el administador supremo del terror revolucionario.

El 5 de septiembre de 1961, el dictador amenazó con algo insólito: anunció que se le retiraría la nacionalidad cubana a todos los profesionales de la salud, técnicos y profesores que abandonaran el país. Esa medida draconiana había sido puesta en práctica un año atrás, pero permanecía en secreto.

El éxodo creciente de profesionales significaba una sangría para el nuevo régimen. En su discurso de clausura del Congreso Nacional de Alfabetización, Castro dijo sobre los médicos: "El que en esas [estas] circunstancias abandone hoy a su enfermo, ese, ese es un miserable, a ese no le debemos dar chance nunca más de volver a este país; a esa gente hay que quitarle la ciudadanía, hay que quitarle la ciudadanía (APLAUSOS) porque esa gente algún día va a mendigar aquí, a las puertas de este país que la dejen regresar".

Y continuó: "Cuando esa gente se indigeste de yankismo y cuando esa gente esté cansada de desprecios y de malos tratos, (…) llegará el día en que vengan a tocar aquí todos esos técnicos, a las puertas de este país, ingenieros, arquitectos, médicos, profesores, vendrán a tocar a las puertas de este país, pidiendo que los dejen entrar, y ese es el momento en que nosotros tenemos que ser duros (APLAUSOS), y yo creo sinceramente, nosotros sugerimos, y somos partidarios, de que seamos duros con esa gente".

Graduado en derecho —y sin nada ni nadie que le pusiera freno—, Castro era libre para inventarse conceptos absurdos de nacionalidad. Y de ponerlos en práctica: "Es decir que a esa gente le digamos: 'No, cubano no es el que nació aquí, cubano es el que ama este país, cubano es el que lucha por este país, cubano es el que defiende este país'".

En otro momento de su discurso, el dictador volvió a retratarse : "¿Qué van a hacer?, ¿vivir en la casa que le corresponderá a un obrero? ¡No! (El público corea: '¡No!') ¿Disfrutar de las riquezas que han creado y crearán nuestros trabajadores? ¡No! (El público corea: '¡No!') Ellos no tendrán ese derecho, y ese será el castigo duro, el castigo implacable que recibirán por su traición".

Para el 28 de septiembre de 1961, el Máximo Líder se reservará sus instrucciones a la población de cómo actuar con los que se van del país, y llama a "la vigilancia en las casas", labor que deberá desempeñar cada miembro de los Comités de Defensa de la Revolución, diseminados en cada barrio.

Dijo Castro: "Los parásitos que se van a veces traen a un parientico o traen a un amiguito para la casa, y, ¡de eso nada! No señor. Hay que vigilar para cuando ya ustedes los vean vendiendo máquina, muebles, etcétera, y ya se sabe que se van, nosotros tengamos la planilla. Y esa casa —lo advertimos— será para una familia obrera. El que se mude para la casa de un parásito que se vaya, ¡que sepa que después tiene que dejar la casa! (Aplausos), el que se mude para la casa de un parásito, que esas casas son para los obreros".

Las listas negras

Al día siguiente, el 29 de septiembre de 1961, el Ministerio del Interior (MININT) dictó una disposición contraria al Artículo 30 de la Ley Fundamental. Mediante la Resolución No. 454, se implantaba el permiso de salida y los tiempos de estancia que los ciudadanos cubanos podían permanecer en el extranjero, quienes, de no regresar en los términos establecidos, serían considerados emigrantes definitivos y se procedería a confiscar todos sus bienes, sin derecho a indemnización.

Pese a las críticas a esa disposición del MININT, que no era un organismo facultado para ordenar la confiscación de propiedades, el gobierno promulgó un texto más restrictivo, la Ley No. 989 de 5 de diciembre de 1961 (vigente en la actualidad), que reglamenta "las medidas a tomar sobre los muebles o inmuebles, o de cualquier otra clase de valor, etc. a quienes abandonan con imperdonable desdén el territorio nacional".

La nueva norma estableció lo que sería el permiso de salida y el de entrada, y reguló la confiscación de bienes al emigrante definitivo, sin derecho a compensación. Aunque contraria al ordenamiento jurídico, esa ley había levantado un muro infraqueable. Todos los ciudadanos eran rehenes de un sistema totalitario. De golpe, los cubanos en terceros países comenzaron a ostentar una nacionalidad inefectiva, la del apátrida, sin derecho a residencia y tránsito en su propio país.

La huida de batistianos y de miembros de la mediana y alta burguesía, perjudicada por las nacionalizaciones, le había servido al gobierno cubano para politizar el tema migratorio y desprestigiar a la emigración cubana. La Operación Pedro Pan, que sacó del país a unos 14.000 niños, había sido utilizada por los gobiernos de Cuba y EE UU para desacreditarse mutuamente. Pero lo que no estaba dispuesto a seguir permitiendo el gobierno revolucionario era el constante éxodo, ahora de profesionales.

Después de las declaraciones públicas del dictador, el deseo de querer emigrar (o haberlo hecho) comenzó a ser vigilado como razón de Estado. Pedir un permiso de salida contemplaría la muerte civil para el solicitante, cuyo nombre comenzaría a figurar en una lista negra. Todos sus bienes pasaban a ser minuciosamente inventariados y decomisados cuando se autorizaba la salida, que podía ser demorada meses o incluso años.

En su libro Diario para Uchiram (Verbum, Madrid, 2008), la escritora cubana Julia Miranda relata la odisea que significaba querer emigrar y ofrece un retrato del momento en que llegan a inventariar su casa "cuatro de los más repulsivos personajillos creados especialmente para nosotros":

"Los intrusos abrieron sus plumas y sus libros y comenzaron a apuntar, dos de ellos en los cuartos principales, deteniéndose en medio de cada habitación para mirar con ojos devoradores cada objeto, cada detalle. (…) Entré directamente hasta la cocina donde mi madre contaba, ayudada por uno de aquellos hombres, cada platico, cada tacita, cada jarro, cada cuchara. Miré sus canas y pensé que no había derecho a obligarla a realizar aquella labor…"

Y sigue la enumeración:

"Comencé, pues, a contar y dar el número exacto de mis vestidos, faldas, blusas, ajustadores, bloomers, medias, etc. Finalmente, y después de haber terminado con todo lo de la niña, hicimos lo mismo con las sábanas, toallas, fundas, almohadas, zapatos, carteras, collares, relojes, sortijas, en fin, con todos aquellos objetos que no constituyen un mueble o aparato, pues estos ya los habían inventariado desde el principio".

Julia Miranda resume:

"Aquel día sufrimos, de modo casi irreparable, la violación de nuestro hogar y las más desagradables horas de nuestra existencia".

El Estado se consumó como institución soberana del pillaje. En un fragmento documental insertado al inicio de la película Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, puede contemplarse cómo los funcionarios de emigración obligaban a los que abandonaban el país a dejar sortijas y relojes… Se suponía que esos pequeños objetos irían, también, al Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados.

Crisis migratoria y conflictos con EE UU

A pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas, Cuba y EE UU seguían enlazados por vuelos comerciales. En respuesta a las nacionalizaciones de empresas norteamericanas en la Isla y hacia 1962, durante el mandato de John F. Kennedy, el embargo estadounidense contra Cuba llegó a ser casi total. En octubre de 1962, durante la Crisis de los Misiles, el gobierno norteamericano suspendió los vuelos regulares entre las dos naciones. Ya para entonces, habían salido de la Isla más de 270.000 personas.

Molesto por la cantidad de cubanos que abandonaban el país irregularmente —lo que figuraba (y figura) como un delito penado con varios años de cárcel—, el Máximo Líder acusó a EE UU de promover la emigración ilegal.

En su alocución del 28 de septiembre de 1965, Castro dijo que la emigración ilegal era utilizada para hacer "una incesante propaganda contra la Revolución, para contar cosas terribles, tenebrosas. A ellos no les ha importado que más de uno se haya ahogado. ¡Eso les importa un bledo a los imperialistas, si les sirve para hacer propaganda!".

"Podríamos habilitar (…) el puerto de Camarioca, en Matanzas, que es uno de los puntos más próximos, para que todo el que tenga algún pariente le damos permiso para venir en el barco, sea quien sea, con todas las garantías, avisando con tiempo por correspondencia. Y si no puede, que se dirija entonces, la correspondencia la pueden dirigir al Ministerio del Interior, sí, para que tenga todas las garantías; y si quieren, 48 horas de permanencia en el puertecito, para que una vez allí les avisen a los familiares que los vienen a buscar y se los lleven por un medio seguro", aseguró.

La provocación de una emigración masiva sería la táctica del dictador para forzar a EE UU a la negociación migratoria, estrategia que emplearía también con sobrado éxito durante el éxodo del Mariel (1980) y la Crisis de los Balseros (1994).

El puente marítimo Camarioca-Florida comenzó el 3 de octubre y terminó el 15 de noviembre de 1965, cuando los dos países acordaron poner fin a la emigración ilegal y establecer lo que se conoció como los Vuelos de la Libertad (1965-1973).

En las negociaciones migratorias entre Washington y La Habana salió a relucir una cifra: en Cuba existían más de 70.000 presos políticos. La dictadura se proponía dejarlos libres y permitirles la salida. A cambio, EE UU debía lograr la liberación inmediata de todos los cubanos presos por actividades subversivas en distintas naciones latinoamericanas y asegurar su traslado al país comunista. El gobierno norteamericano declaró que no podía negociar a nombre de otros estados.

A un año del comienzo de los Vuelos de la Libertad, el Congreso de EE UU aprobó el 2 de noviembre de 1966 la Ley Pública 89-732, The Cuban Adjustment Act, también conocida como Ley de Ajuste Cubano, que permitiría a los refugiados cubanos ajustar el estatus migratorio al de residentes permanentes.

Campos de concentración y Campamentos de Apátridas

Como el Ministerio del Interior tenía noticias de qué cubano era desafecto o un apestado, se implantó el trabajo obligatorio como forma de reeducación. "El trabajo los hará hombres", era el cartel que aparecía a la entrada de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), los campos de concentración que el gobierno castrista creó el 19 de noviembre de 1965, a los pocos días de cerrarse el puerto de Camarioca.

En los tres años que duró aquel experimento, por allí pasaron unos 25.000 hombres, básicamente jóvenes en edad militar, entre los cuales había religiosos, homosexuales y hippies, los nuevos apestados del sistema totalitario. "Las alambradas, las torres de vigilancia, y los barracones son análogos a los que popularizaron Lenin, Stalin y Hitler". Son palabras del sacerdote católico Carlos Manuel de Céspedes.

Paralalemente a la creación de las UMAP, se establecieron campos de trabajo forzado en la agricultura, en régimen paramilitar, a los cuales serían enviadas las personas que manifestaban su deseo de emigrar. El trabajo agrícola era condición para otorgar el permiso de salida, y muchos de los que intentaron evadir esos trabajos eran condenados a prisión.

En 1968, en plena Ofensiva Revolucionaria, el gobierno bautizó los campos de trabajo forzado con un nuevo nombre. Los llamó Campamentos de Apátridas y los mantendría en vigor hasta mediados de los 70. Decenas de miles de cubanos pasaron por esa suerte de gulag castrista, básicamente hombres que sobrepasaban la edad del servicio militar obligatorio. A los varones entre 15 y 26 años no se les permitía emigrar. Por lo general, las mujeres sin hijos menores de 7 años eran enviadas a granjas avícolas en un régimen menos severo.

El departamento de orden público de esos campos llevaba un estricto control de cada ciudadano, y vigilaba con especial interés "los casos de homosexualidad".

En Diario para Uchiram, Julia Miranda reproduce íntegramente el Reglamento para Campamentos de Apátridas (se incluye abajo en pdf). Cito aquí fragmentos:

"La organización de los albergues será semi-militar. Los elementos se formarán por escuadras, pelotones y compañías. (…) [El jefe de brigada] llevará (…) una libreta de orden alfabético donde consten los siguientes datos: nombre y apellidos, dirección exacta, oficio, edad, si padece alguna enfermedad, y al reverso le señalará los pases otorgados, y las cortes disciplinarias a las que fue sometido [cada miembro de la brigada]. (…) Los miembros de la brigada (albergue) están obligados a desempeñar las labores a ellos encomendadas, rendimiento al máximo de productividad y calidad".

En repetidas ocasiones, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dirigió comunicados al gobierno cubano solicitando el cese de las actividades represivas contra los que se planteaban emigrar.

El régimen de La Habana siempre respondió con el silencio, y continuó despidiendo de sus puestos de trabajo a los solicitantes de permisos de salida y enviándolos a desempeñar labores agrícolas obligatorias, con excepción de los médicos, que permanecerían en constantes guardias localizables y sin derecho reconocido al descanso.

Muchos médicos pendientes de su "liberación" vivieron en esa pesadilla durante una década. Personas de otras profesiones, incluidos los funcionarios, también afrontarían serias limitaciones para emigrar.

Los apátridas

La palabra "apátrida" ha quedado como una de las formas de insulto que peor utiza la dictadura cubana para referirse a todos los nacionales identificados como contrarios a la revolución. Según la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas de la ONU, ese término designa "a toda persona que no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado, conforme a su legislación".

Antes de amenazar con retirar la nacionalidad, el gobierno cubano puso en ejecución —como medida de represión política— la cancelación y retirada de pasaportes a residentes en el extranjero. Si bien esos actos no dan constancia per se de que se haya producido una pérdida legal de nacionalidad, el solo hecho de no poder contar con documentación del país del que un ciudadano es originario, colocaba a la persona en un estado de indefensión jurídica, cercana a la apatridía.

El gobierno cubano nunca ha revelado cifras de a cuántos ciudadanos les retiró efectivamente la nacionalidad, abandonándolos como apátridas. Lo que sí hay constancia es del cuño de "salida definitiva" estampado en los pasaportes de los nuevos apestados. Y también de que existieron Campamentos de Apátridas para ciudadanos cubanos dentro de su propio país.

En los años 70, la CIDH se interesó por la suerte de varias personas con doble nacionalidad por nacimiento, la cubana y la estadounidense, a los que se les impedía salir del país. Después de varios años retenidos, el régimen los obligó a renunciar a la nacionalidad cubana, como requisito para autorizarles la salida.

La CIDH emitió una resolución en la que denunció el asunto como un "caso grave y reiterado de violación de los derechos de justicia y de protección contra la detención arbitraria, consagrados en los Artículos VIII y XXV de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre".

Con la Constitución Socialista de 1976, el régimen se consagró a sí mismo en el poder, y estableció la discriminación como política de Estado, intentado dar viso legal a todas las arbitrariedades ejercitadas desde los tempranos días de enero del 59. El derecho de cada cubano a entrar y salir libremente de su país, se esfumó, como por arte de magia, también de la nueva Ley de leyes.

Dispuesto a superarse siempre, el gobierno de Fidel Castro quedaba facultado para inaugurar los actos de repudio televisados y la deportación de ciudadanos. Así hizo durante el éxodo del Mariel. Desde entonces, nunca les han faltado personas indefensas a las que golpear. Ni otras a las que deportar.




*******

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...