miércoles, noviembre 27, 2024

Luis Cino Álvarez desde Cuba: Muchos intuimos que, a fuerza de tanto fracaso y desastre, el final de la dictadura debe estar cerca. ¿Momento de negociar?

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

¿Cuántas veces ha sido engañada o comprada  gran parte de la oposición política venezolana en su negociación con la dictadura  Chavista-Madurista?

Pero:

¿Cuántas veces  gran parte del pueblo venezolano ha salido  a la calle pidiendo libertad y democracia y sólo han recibido represión, muerte y prisión por parte de esa dictadura?

Una posible solución  para Cuba es la siguiente,  pero para ello hace falta una oposición valiente e inteligente y el decidido  apoyo  internacional de relevantes potencias democráticas.   

El 26 de diciembre  de 2024 el G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) de manera colectiva  aseguraron que mantendrán su apoyo a «los esfuerzos de socios regionales para facilitar una transición democrática y pacífica» en Venezuela. La declaración del G7, reconoce a Edmundo González Urrutia como ganador de los comicios de julio, pese a que Nicolás Maduro fue proclamado vencedor por el organismo electoral.

Fragmento de la Declaración del G7  del 26 de noviembre de 2024 concerniente a Venezuela:


EDMUNDO GONZÁLEZ: "Estoy moralmente preparado" para una detención en Venezuela 

AGENCIA EFE
26 noviembre, 2024

Entrevista de EFE a Edmundo González Urrutia en Madrid


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Tomado de https://www.cubanet.org/

¿Negociar con el régimen?: los pros y los contras

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Muchos intuimos que, a fuerza de tanto fracaso y desastre,  el final de la dictadura debe estar cerca. ¿Momento de negociar?

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Por Luis Cino

Noviembre 21, 2024

LA HABANA.-Muchos intuimos que, a fuerza de tanto fracaso y desastre,  el final de la dictadura debe estar cerca. Lo que no se sabe cómo pudiera ser ese final. Una negociación pudiera ser una de las maneras de  encaminarnos a ese final. Pero es bastante improbable.  El régimen, intransigente y soberbio por antonomasia,  jamás ha mostrado la menor disposición a dialogar con la oposición.  Y la idea de negociar, es rechazada de plano por sectores del exilio y gran parte de la oposición interna. 

Es perfectamente comprensible el rechazo acordar cambios con la dictadura y los temores de que de producirse, no conduzca a nada positivo o que contribuya a lo que llaman “un cambio-fraude”, que pudiera ser un régimen a lo Putin de generales oligarcas y aparatchiks disfrazados de demócratas.   

No obstante, hay riesgos que, ante la ausencia de otras opciones, vale la pena correr.

Que el régimen aceptara negociar significaría un gran paso de avance, pues le estaría reconociendo beligerancia y legitimidad  a la oposición pro-democrática, algo a lo que siempre se ha negado denodadamente.

Es poco probable que eso ocurra en este momento, cuando muchos de los más firmes opositores están en la cárcel o han sido forzados al exilio. Pero nunca se sabe qué puede pasar cuando una dictadura ve agotadas todas sus posibilidades, enfrenta la inminencia de un estallido popular de magnitudes incalculables y se le encima la  particularmente hostil administración Trump, con el cubanoamericano marco Rubio como Secretario de Estado.

El diálogo fue posible y condujo a buen puerto en Polonia, España, Sudáfrica y Chile. Solo que en esos países había, dentro de sus gobiernos, sectores reformistas, y en  Cuba no se ven venir. Pero debe haberlos. Es imposible la unanimidad absoluta que pretenden los mandamases del tardo-castrismo continuista. Tiene que haber algunos entre la cohorte castrista con dos dedos de frente y un ápice de sensatez que comprendan que no pueden seguir chapaleteando en el lodo, y que si no quieren un cataclismo, tarde o temprano tendrán que pactar con sus adversarios.Paquetes turísticos a Cuba

Si llega el momento, que un eventual intercambio no se convierta en una farsa y conduzca a un cambio-fraude dependerá de la inteligencia y firmeza del bando pro-democrático, que debe tener claro hasta dónde se puede llegar en el toma y daca, el pacto  y las concesiones.

Para no dejarse engañar y no caer en trampas,  la oposición prodemocrática debe tener claro el rumbo, las metas a las que aspira. Para ello, antes que con el régimen,  deben dialogar y ponerse de acuerdo, al menos en sus puntos básicos y demandas, con todos sus actores, tanto en Cuba como en el exilio. Algo que resulta bien difícil, cuando escuchamos a algunos que, sin ponerse de acuerdo con sus hermanos de lucha, descalificándolos e insultándolos, exigen la rendición incondicional de la dictadura, como si ya la tuvieran contra las cuerdas, y un ejército insurgente estuviera a punto de tomar por asalto el Palacio de la Revolución.

Las posturas extremas no ayudarán a encontrar una salida. Habrá, sin renunciar a la justicia,  que deponer parte de los viejos rencores. Anunciar un Nuremberg contra los comunistas solo contribuirá al atrincheramiento de los muy asustadizos mandamases.

Recientemente el escritor y periodista  polaco Adam Michnik decía que “dar la mano al verdugo, convencer a alguien de que lo haga, es muy difícil, y muchas veces es imposible, porque la víctima se niega”.

Recordando el caso del Chile post-Pinochet, “donde las víctimas tuvieron que asumir que iban a tener que convivir en el país con sus carceleros y con sus verdugos”, sentenció Michnick: “Si uno quiere para su país instaurar una democracia después de una dictadura, no cabe otro camino. El sufrimiento humano no puede ser un instrumento para destruir soluciones de acuerdo y de convivencia”


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martes, mayo 30, 2023

Francisco Almagro Domínguez: El Asere Ilustrado



Tomado de https://www.cubaencuentro.com

El  Asere Ilustrado

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Al abrir la sexta década del Siglo XX, los barbudos y melenudos bajados de la Sierra Maestra no lo saben, pero van a imponer un modo hacer y de parecer desconocido en Occidente

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(Juan Padrón, Paco Prats,Tulio Raggi  y Mario ...)

Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

24/05/2023

Juan Padrón, quien en la Gloria debe estar haciendo reír hasta los espíritus más sufrientes, solía decir que él solo era un “asere ilustrado”. La frase, contaba, se la había copiado a un Jesús de simple apellido Díaz, y a quien, en cierto carnaval, cerca de La Piragua, pude ver, perga en mano, disfrutando una cerveza agria y aguada como cualquier habanero común. Si la originalidad de la frase se le debe al novelista, cineasta, editor, y gran ser humano que fue Jesús Díaz, estamos ante una definición cuasi filosófica del intelectual cubano de los años sesenta y setenta. Es una generación nacida cuatro lustros antes, y que se asoma, con su juventud y sus ambiciones, a la revolución socialista. Es, al mismo tiempo, hija del proceso, y será su negación; esperable ruptura estética-ideológica de cualquier adolescencia: “semi-niño, asustado, mirando a la gente” (Silvio Dixit).

Al abrir la sexta década del Siglo XX, los barbudos y melenudos bajados de la Sierra Maestra no lo saben, pero van a imponer un modo hacer y de parecer desconocido en Occidente. En su afán de ser diferentes, obligados tal vez por la dureza de la guerrilla, no se bañaban ni se afeitaban, olían a cebolla rancia, pasaban la noche durmiendo en butacas de terciopelo, y ponían las botas enlodadas sobre escritorios de marmolina. No lo sabían y tal vez nunca lo llegaron a comprender: las barbas, las melenas, el olor rancio, el desenfado, en fin, la actitud iconoclasta, servirá de inspiración a movimientos liberales de diverso signo ideológico, desde los jipis norteamericanos hasta los altivos del Mayo Francés y los insurgentes de Tlatelolco 68.

La Revolución cubana del 59 viene con una contradicción dialéctica-cultural muy específica. Hay una elite, no de muy “alta cultura”, como la describiera Jorge Mañach, con excesivos poderes político y económico, y se han ido distanciando de una emergente clase media, instruida, informada, liberal. Nunca antes, en los cuarenta años de república, hubo tantas universidades, colegios, museos, conservatorios, teatros, cines, músicos, artistas plásticos y escritores para formar esa nueva generación de intelectuales y artistas.

(Jesús Díaz en España)

Dentro del proceso de liberación por las armas, otra revolución explota con jóvenes en sus veinte primaveras. Muchachos que ven en la Revolución Mayor la posibilidad real de cambios profundos, la democratización de la educación y la cultura; la oportunidad de llevar el saber más allá de las fronteras conocidas. Creen que es posible rebasar la perenne discusión entre elites culturales; definir lo cubano, como no pudo ser en los treinta porque se fue a bolina; exorcizar la republica de generales y doctores de sus guerritas intestinas, ignorancias y cursilerías.

El “alumbramiento cultural” de los sesenta y los setenta nos ofrece un intelectual de nuevo tipo. Uno que debe cambiar el traje por la camisa de miliciano, la estilográfica por la cartilla de alfabetizar y la mocha, los zapatos Amadeo por las botas rusas, la corbata por la mochila para subir los Cinco Picos, la “soledad por la solidaridad”- ¡Ay, Don Alejo, tan lejos de La Habana, tan cerca de Paris! Otros, intelectuales y creadores reconocidos, bien pagados, partieron al exilio, o simplemente se “insiliaron” en un Jardín o una casa en la Calle Trocadero. Los periódicos, los escenarios, las editoriales y las galerías se llenaron de caras frescas, desconocidas, algunas en función de directivos.

En aquellos días de “parto cultural”, muy pocos de ellos avizoraron que el caer las melenas y las barbas de los guerrilleros ellos debían poner las suyas en remojo. Creyeron que filmando una noche de carnaval con obreros embriagados, escribiendo cuentos sobre la guerra civil en el Escambray, cantando “ojalá pase algo que te borre de pronto”, y poetizando el horror del totalitarismo “hacían revolución”. Creyeron ir en el mismo tren, y cuando el Chofer en Jefe desenganchó el vagón —su vagón— los más “listos” se subieron al coche del “intelectual comprometido”.

Debe haber sido muy difícil para quienes tenían criterios propios. Sobrevivir al quinquenio-decenio gris, la parametración y otras formas de silenciamiento fue la meta existencial. Y es que los sobrevivientes —Retamar nunca dijo a quienes estos debían la sobrevida— mostraron una capacidad de adaptación que solo es explicable a partir de tener la “universidad de la calle”, además del Alma Mater. Pasar por “asere”, por “jodedor cubano”, permitió a quienes tenían algo que decir, poder decirlo. El disfraz del choteo, la humildad simulada y la aparente falta de seriedad, ocultaron conocimientos enciclopédicos que hubieran sido, en un ambiente secularizador, señalizaciones inculpatorias. Un traje, una palabra en francés, una fragancia desconocida y ya eran sospechosos rezagos pequeño-burgueses. Años después era curioso visitar La Peña del Ambia, en la UNEAC; allí confluían alcohólicos de sapiencia proverbial, y entre tragos baratos y ambiente sosegado, se oían las historias más truculentas del sicariato cultural.

Hoy van quedando muchos “aseres” y pocos intelectuales. Quizás una de las pocas cosas en las que el Depredador de la Cabaña tuvo razón era que, por definición, los intelectuales no son confiables, revolucionarios fieles. No lo pueden ser porque hay una contradicción semántica: intelectual y “libre pensador” es lo mismo; se alimentan ellos y a los demás, de la duda, la crítica, el humor. El “aserismo” sin ilustración, ese que ha copado hasta la Academia para no hablar del Pasatiempo Nacional, no es otra cosa que el reflejo de una sociedad decadente en lo económico y lo social. Es un proceso irrecuperable, aunque hagan creer al pueblo, zanahoria delante del hocico, que levantando el “bloqueo” los problemas tendrán solución.

El régimen sigue insistiendo que tiene un pueblo culto, bien informado. Sería para reír si no fuera una falacia total. La gente no sabe ni por qué se llama Yuri, Santiago su ciudad, el camarón, ¿a qué sabe? —dormido, solo se sabe que se lo comen los turistas. Recomiendo ver El corto Utopía de Arturo Infante: nada como una comedia del absurdo para explicar algo tan triste. Se extraña esa otra Cuba desaparecida, donde por lo menos aquellos “aseres ilustrados” tenían algo que decir. Entre socarronerías y hasta un poco cinismo, escondían sus frustraciones y talento de los sicarios culturales. Pasar por “aseres” para dejar legados de original intelectualidad.

© cubaencuentro.com

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Habana Abierta.- Asere, ¿Qué Volá?


Nosotros los Cubanos - Marisela Verena


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Tomado de https://www.calameo.com/

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