sábado, noviembre 19, 2022

Un mito fundado en la mentira. Carlos Espinosa Domínguez: El Gran Terror desatado por Stalin no fue más que una consecuencia lógica de la labor de Lenin

 
Tomado de https://www.cubaencuentro.com

Un mito fundado en la mentira

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La etapa inicial del régimen soviético sentó las bases de lo que vino después. El Gran Terror desatado por Stalin no fue más que una consecuencia lógica de la labor de Lenin

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Félix Dzerzhinski, rodeado por miembros de la Checa.

Por Carlos Espinosa Domínguez,

Aranjuez

18/11/2022 


Al Comité Ejecutivo de Penza:

“Es indispensable aplicar sin piedad un terror de masas contra los kulaks, los popes y los guardias blancos. Encerrar a los sospechosos en un campo de concentración fuera de la ciudad. Telegrafiar ejecución”.

Telegrama enviado por Lenin el 9 de agosto de 1918.

Tras la desintegración de la Unión Soviética, salieron a la luz miles de documentos secretos que antes eran totalmente inaccesibles. Gracias a eso, se pudo conocer la verdad sobre la Revolución de Octubre. Hasta entonces, los herederos y continuadores de su legado crearon en torno a aquel acontecimiento una gran mentira que resultó ser muy rentable. Gracias a ella, durante más de setenta años se mantuvo en el poder uno de los dos totalitarismos que inundaron de sangre varias décadas del siglo XX. Uno, el comunista estaba sustentado en la ideología marxista-leninista; el otro, el nazi, en el nacional-socialismo.

Ya desde que se produjo la toma del Palacio de Invierno, empezó fraguarse el mito: Aquella fue una revolución heroica, en la cual el pueblo ruso se alzó contra sus amos y protagonizó una gloriosa hazaña. A su frente estuvieron los bolcheviques, que tenían como ideal liberar y guiar a los hombres y mujeres para construir un futuro luminoso. Una utopía que aseguraba garantizar la libertad y el bienestar de la humanidad. Pero los documentos, los testimonios y los archivos han sido implacables y han hecho que de aquella leyenda hoy no quede nada en pie.

La primera invención que es necesario desmentir es la de llamar revolución a algo que no lo fue. De hecho, los propios bolcheviques no la calificaron así. Ese fue un mito que nació más tarde. En febrero de 1917, el gobierno imperial se hallaba debilitado por un conjunto de huelgas, así como por la presión de la oposición liberal y los mandos militares. Eso provocó que el zar Nicolás II, desacreditado e incapaz de controlar la situación, se viese obligado a abdicar. Los rebeldes, integrados por un conjunto de organizaciones demócratas, socialistas y anarquistas, asumieron entonces el poder a través de un comité provisional de gobierno, dirigido por el social-revolucionario Alexandr Kérenski. Pero el Soviet de Comisarios del Pueblo, una asamblea popular formada por obreros, campesinos y soldados, también quería gobernar.

Los bolcheviques, el grupo más radical del Soviet, buscaban apropiarse de aquella sedición para derrocar al gobierno provisional, eliminar la asamblea constituyente, apropiarse del poder y establecer la “dictadura del proletariado”. Incapaz de aceptar que se abriera el camino a una democracia pluralista, Lenin recurrió a la fuerza. La noche del 7 de noviembre de 1917, los bolcheviques asaltaron el Palacio de Invierno de Petrogrado, sede del gobierno provisional, y capturaron a todos sus miembros. De inmediato fueron prohibidos los partidos políticos existentes, así como la prensa.

En su momento, aquel golpe de Estado recibió sorprendentemente poca atención en el extranjero. Los bolcheviques fueron hábiles y consiguieron enmascarar su asalto al poder presentándolo como un simple traspaso de competencias del ineficaz gobierno provisional a los soviets. Tampoco puede obviarse el hecho de que los bolcheviques debieron en gran medida su victoria a los imperios centrales, dedicados a la destrucción de la Rusia imperial, esto es, del frente ruso.

De igual modo, hoy se sabe que Lenin actuaba como agente de Alemania. Desde 1914, defendía la idea de la revolución como una vía para lograr la derrota de Rusia. Para que pudiesen llevarla a cabo, antes y durante los acontecimientos de octubre de 1917 los bolcheviques fueron generosamente sufragados por círculos financieros alemanes. Una ayuda que contribuyó a hacer poderoso e influyente su partido. Tras varios años de una guerra de agotamiento y desgaste, los alemanes se enfrentaban a la derrota. Una retirada de Rusia les permitiría poder transferir cientos de miles de soldados al frente occidental, lo cual les daba la posibilidad de salir triunfantes.

Aversión incondicional hacia el proceso democrático

De esa mitología quedan aún otros ejemplos, como el ampliamente difundido de la “cruzada capitalista” contra el joven Estado soviético. No existió tal cruzada, y la guerra civil la libraron las tropas nacionales enfrentadas. Pero me voy a detener en una figura que ha alcanzado la categoría de icono y que casi un siglo después de muerto se sigue venerando. Me refiero, naturalmente, a Lenin, a quien el Diccionario filosófico marxista (1946) define como “el más grande teórico y guía del proletariado mundial y de toda la humanidad trabajadora; creador del leninismo, el marxismo de la nueva época, de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias”.

A eso se agrega que “sus pensamientos nunca dejaron de concentrarse en la tarea de liberar a los trabajadores”, y en los días de la gran Guerra Patria, “la figura prestigiosa del gran Lenin inspiraba las hazañas inmortales de los pueblos de la Unión Soviética”. Y se concluye afirmando que “el nombre de Lenin, jefe y educador del proletariado mundial, vivirá eternamente en el corazón de la humanidad trabajadora”.

Quienes tratan de legitimar la etapa soviética o por lo menos mantener a salvo algo de ella, sostienen que a Lenin se debe la creación de una revolución auténtica y liberadora. Solo que tras su fallecimiento, esa obra suya fue pervertida por Stalin. Es, por tanto, a este a quien hay que culpar de todos los errores y crímenes cometidos durante décadas.

Como ha hecho notar Anne Applebaum, durante sus muchos años como emigrado revolucionario Lenin era reconocido por su brillantez, pero también era rechazado por su falta de moderación y su espíritu faccioso. Asimismo, antes de que su partido llegara al poder se distinguía por defender posiciones extremas. Quien se tome el trabajo de leer sus famosas Tesis de abril (1917), comprobará que allí refleja claramente su aversión incondicional hacia el proceso democrático y la república parlamentaria. Esa postura fue acogida con hostilidad por la mayor parte de los dirigentes bolcheviques de Petrogrado, y en cambio halló una recepción favorable entre los nuevos miembros.

Fue Lenin quien en octubre convenció a la mayoría de sus compañeros para que apoyaran una insurrección armada lo antes posible. Sabía que si la transferencia del poder se hacía de acuerdo al voto del Congreso de los Soviets, surgiría un gobierno de coalición, en el cual los bolcheviques deberían compartir el mando con otras formaciones socialistas. Por eso reclamó que se apoderasen del poder mediante una insurrección militar antes de que se convocara el congreso.

No se conoce ningún documento firmado por él, en el cual condene o exprese su desacuerdo con lo que se acuñó como el terror rojo. Existen, por el contrario, pruebas irrefutables de que aquel a quien la propaganda del partido bautizó como “el más humano de los hombres”, no se inhibía en dejar por escrito disposiciones como las que encabeza este trabajo. En aquella orden telegráfica Lenin detallaba lo que se tenía que hacer: “1. Colgar (y digo colgar sin vacilación de manera que la gente lo vea) no menos de cien kulaks, ricos y chupasangres más conocidos. 2. Publicar sus nombres. 3. Confiscar su grano. 4. Identificar a los rehenes. Haced esto de manera que en centenares de leguas a la redonda la gente vea, tiemble, sepa y se diga: matan y continuarán matando a los kulaks sedientos de sangre”. Y al final añadía: “Encontrad gente más dura”.

Fusilen sin preguntar nada a nadie

Durante los años de la perestroika, el escritor Venedikt Eroféiev publicó una selección de telegramas de Lenin similares al antes reproducido. Copio algunos: “Al camarada Fiodorov, presidente del comité ejecutivo de Nizhni-Nóvgorod: En Nizhni se está preparando evidentemente una insurrección de los guardias blancos. Es preciso movilizar todas las fuerzas, aplicar inmediatamente el terror de masas, fusilar y deportar los centenares de prostitutas que emborrachan a los soldados, los antiguos oficiales, etc. Sin perder un minuto”. 9 agosto de 1918; “Al camarada Chliápnikov en Astracán: Aplique todas sus fuerzas en atrapar y fusilar a los prevaricadores y los especuladores de Astracán. Es preciso ajustar cuentas con esa basura de modo que lo recuerden para siempre”. 12 diciembre de 1918; “Al camarada Pajkis en Sarátov: Fusilen sin preguntar nada a nadie y sin subterfugios imbéciles”. 22 agosto de 1918. Por si alguien duda de la autenticidad de esos telegramas, aclaro que algunos aparecen reproducidos en las obras completas de quien los firma.

Pero no era Lenin el único que abogaban por el uso generalizado del terror. León Trotski sostenía que “el terror es eficaz contra la clase reaccionaria que no se decide a abandonar el campo de batalla. La intimidación es el medio más poderoso de acción política”. Y de Grigori Zinoviev son estas declaraciones expresadas en septiembre de 1918: “Para deshacernos de nuestros enemigos, debemos tener nuestro propio terror socialista. Debemos atraer a nuestro lado digamos a noventa de los cien millones de habitantes de la Rusia soviética. En cuanto a los otros, no tenemos nada que decirles. Deben ser fusilados”. Lo que no podía imaginar Zinoviev es que, dieciocho años después, su propio fusilamiento prepararía el terreno para los arrestos y ejecuciones en masa de los bolcheviques, ordenados por Stalin entre 1937 y 1938.

Para legalizar el terror de masas, el 5 de septiembre de 1918 el gobierno aprobó el famoso decreto “Sobre el terror rojo”. En él se reconocía la necesidad de “proteger a la República Soviética contra sus enemigos de clase aislando a estos en campos de concentración, fusilar en el mismo lugar a todo individuo relacionado con organizaciones de guardias blancos, conjuras, insurrecciones o tumultos; publicar los nombres de los individuos fusilados dando las razones por las que han sido pasados por las armas”.

Con eso, expresó entonces Félix Dzerzhinski, “nos atribuían finalmente de manera legal aquello contra lo que incluso algunos camaradas del partido habían protestado hasta entonces, el derecho de acabar sobre el terreno, sin tener que informar a nadie, con la canalla contrarrevolucionaria”. A él precisamente le tocaría la responsabilidad de fundar y dirigir “el brazo armado de la dictadura del proletariado”.

(Félix Dzerzhinski)

Para apoyar el ambicioso plan de los bolcheviques, entró en escena la Checa, iniciales de la Comisión Extraordinaria para la Lucha contra la Contrarrevolución y Sabotaje de Toda Rusia. Empezó como una pequeña agencia para investigar y hacer frente a la oposición al gobierno soviético. Sin embargo, a finales de 1917 y principios de 1918, no existía una oposición seria que amenazara al nuevo régimen. A pesar de eso, en los meses siguientes la envergadura y el poder de la Checa crecieron de modo muy notorio. En poco tiempo se convirtió en una policía secreta de nuevo cuño, que estaba por encima de las leyes y de lo que Dzerzhinski calificaba de “juridicismo puntilloso”. Algo que constituía una verdadera revolución copernicana.

No tuvo que esperar mucho la flamante policía secreta para dar pruebas de su efectividad. Fue en la represión contra los funcionarios de Petrogrado, que se declararon en huelga desde que los bolcheviques se apropiaron del poder. Eso incluía a los funcionarios de varios ministerios, los de correos y telégrafos y los administrativos de los ferrocarriles, quienes se organizaron rápidamente. Esa huelga ponía en jaque al régimen soviético, al dejarlo escaso de brazos para ejecutar sus disposiciones.

No solo la prisión, sino la guillotina

El propio Lenin arremetió contra los huelguistas y llamó a implantar “un riguroso orden revolucionario”, que aplastara “sin misericordia los brotes de anarquía entre los borrachos, gamberros, contrarrevolucionarios y otros individuos”. La Checa se encargó de detener a los funcionarios indóciles y al comité de huelga organizado por los sindicatos. De ese modo, la insumisión fue cortada de raíz. Los funcionarios detenidos fueron sustituidos por otros de rango inferior afines al régimen soviético.

Entre el 11 y 12 de abril de 1918, la Checa llevó a cabo otra de sus ostentosas acciones. Realizó una redada durante la cual fueron asaltadas una veintena de sedes de los anarquistas en Moscú. Fueron detenidos 520 miembros, de los cuales 25 fueron ejecutados como “bandidos”. Ese fue, por cierto, un término que, a partir de entonces, se aplicó amplia e indiscriminadamente. Igual ocurrió con el de “enemigo de clase”: nunca se dio una descripción clara de qué era exactamente. Como consecuencia, eso sirvió para amparar las detenciones de todo tipo que aumentaron drásticamente a partir de octubre de 1917.

Una de las razones oficiales aducidas para justificar la represión fue el terror desatado por los blancos, que dejó una cifra de muertos que ha sido imposible precisar. Entre otras causas, porque el Ejército Blanco no tenía una estructura central, sino que estaba integrado por un conjunto de fuerzas que se unieron para luchar contra el bolchevismo.

Pero ante la explicación dada por el gobierno, cabe preguntarse por qué entonces el terror rojo comenzó mucho antes del comienzo de la guerra civil. De hecho, dio inicio desde que los bolcheviques desbancaron al gobierno provisional. El 1 de diciembre, Trotski adelantó: “En menos de un mes el terror va a adquirir formas muy violentas, a ejemplo de lo que sucedió durante la gran Revolución Francesa. No será ya solamente la prisión, sino la guillotina, ese notable invento (…) que tiene como ventaja reconocida la de recortar en el hombre una cabeza, lo que se dispondrá para nuestros enemigos”.

En realidad, el terror rojo estuvo dirigido a erradicar cualquier forma de oposición política e intelectual. Eso dio lugar a que la represión afectara no solo a representantes del régimen zarista, sino también a otros grupos socialistas, como los mencheviques, los anarquistas y los social revolucionarios o eseristas.

El filósofo y escritor ruso Yuri Kariakin reveló en un artículo que en 1922 Lenin ordenó a la Checa preparar una lista para expulsar del país o desterrar a sus lugares más remotos a los más ilustres médicos, historiadores, filósofos. Era el modo de asegurar su estricto confinamiento. Así, en el otoño partía de Rusia el llamado “barco de la filosofía”, en el cual iban 200 personas. Integraban la elite espiritual y moral de la nación. Ese era, apunta Kariakin, el buen resultado del diálogo, de la polémica filosófica e ideológica de Lenin con sus oponentes. Y añade: “Es asombroso que no haya ordenado hundir en la mar ese barco y culpar de ello a los piratas”.

El 30 de agosto de 1918, se produjo un intento fallido de asesinar a Lenin. Eso dio la excusa perfecta para intensificar el terror rojo y darle más poder a la Checa. Inmediatamente después del atentado, en Petrogrado se ejecutó a 512 miembros de la burguesía y las clases altas. El 5 de septiembre, 80 personas fueron fusiladas públicamente. Entre ellas, estaban dos exministros del Interior y el último presidente de la Cámara Alta del parlamento imperial. Y en la segunda quincena de ese mes, la lista de ejecutados se incrementó con 300 personas más. De acuerdo a los datos de los historiadores, ese otoño fueron asesinadas entre 1,600 y 8 mil personas en todo el país. Para los bolcheviques, esas medidas eran una respuesta legítima a los ataques de sus enemigos.

La Checa actuaba libremente y por su cuenta. Realizaba arrestos masivos, detenciones, torturas y ejecuciones, incluso sin procesos judiciales. Cuando estos se hacían, se creaba un tribunal compuesto por tres miembros, a los que se dio el nombre de troika. Los chequistas también aplicaban medidas represivas, que incluían confiscaciones de bienes, privación de alimentos, allanamientos de las casas, expulsión de los domicilios, divulgación de listas de “enemigos del pueblo”.

Una organización repleta de criminales y sádicos

Las checas provinciales, en particular, se excedían en la brutalidad, pues no tenían temor de ser denunciadas por diplomáticos o corresponsales extranjeros. Por otro lado, se establecieron los primeros campos de trabajo forzado. En mayo de 1919, la cifra de reclusos que había en ellos era de 16 mil; en septiembre de 1921, ascendía a 70 mil. A eso hay que agregar que se fomentó la delación. En la Rusia de Lenin, el terror y el crimen en masa pasaron a imponerse como forma de gobierno.

Las cifras de muertos correspondientes a esa etapa varían de acuerdo a las fuentes que se consulten. El historiador Serguéi Volkov sostiene que entre 1917 y 1922, los bolcheviques acabaron con la vida de hasta 2 millones de personas. Sea esa u otra la cifra exacta, lo esencial es que arroja luz sobre el sangriento legado leninista. Un dato que puede ilustrarlo es que en varias semanas, la Checa ejecutó de dos a tres veces más personas que las condenadas a muerte por el imperio zarista, aunque conviene decir que a algunas de ellas se les conmutó por penas de trabajos forzados.

La violencia de la Checa llegó a ser de tal magnitud, que el 25 de octubre de 1918 en los medios dirigentes se llegó a poner en tela de juicio su actuación. Mijaíl Olminski, amigo cercano de Lenin y miembro del equipo editorial del diario Pravda, acusó a la policía secreta de considerarse por encima del Partido. Nikolái Bujarin y otros militantes veteranos solicitaron medidas para limitar “los excesos de celo de una organización repleta de criminales y de sádicos, de elementos degenerados del lumpen-proletariado”. Lev Kámenen fue más allá y pidió que sencillamente se eliminara.

Para poner freno a esas críticas internas, el gobierno limitó el poder de la Checa. Pero eso fue solo en el papel, porque en la práctica lo potenció. Para 1922, la Checa contaba con 137 mil soldados, 94 guardias de frontera y 31 colaboradores. En tiempos del terror rojo, Dzerzhinski hizo publicar el periódico El Semanario de la Checa. En él se hacía propaganda de la labor de esa policía secreta y se estimulaba “el justo deseo de venganza de las masas”. Asimismo, se relataban sin pudor ni reservas detenciones, ejecuciones e internamientos en campos. El periódico circuló durante seis semanas, entre septiembre y octubre de 1918.

Finalmente, tras la victoria de la guerra civil la Checa fue restructurada y pasó a llamarse Dirección Política del Estado (GPU). En esa refundación, se eliminó lo de “extraordinaria” para convertirse en una institución permanente como aparato de represión. Luego el GPU dio paso a la Dirección Política Estatal Unificada (OGPU), al Comisariado del Pueblo del Interior (NKVD) y, por último, al Comité de Seguridad Estatal (KGB). Todas esas organizaciones replicaron las medidas represivas de la Checa, que es reconocida como una de las fuerzas de inteligencia más brutales de la historia de Rusia.

Esa etapa inicial del régimen soviético explica la continuación estalinista y su atroz balance. El Gran Terror desatado por Stalin no fue más que una consecuencia lógica de la labor de Lenin, quien sostenía que “un buen comunista es también un buen chequista”. En ese sentido, es oportuno reproducir unas palabras escritas en 1995 por el brillante filólogo e historiador Dmitri Lijachov:

“Uno de mis objetivos es destruir el mito de que la época más cruel de la represión comenzó en 1936-1937. Pienso que en el futuro, las estadísticas mostrarán que la oleada de arrestos, condenas y destierros ya había comenzado a principios de 1918, incluso antes de la proclamación oficial, en ese otoño, del «terror rojo». A partir de ese momento, la ola simplemente se hizo cada vez más grande, hasta la muerte de Stalin”.

© cubaencuentro.com

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UN GOLPE DE ESTADO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA


El 7 de Noviembre/25 de Octubre de 1917 en el viejo calendario Juliano Vladimir Lenin, Leon Trotsky, y un grupo minúsculo de conspiradores asestan un golpe de estado/coup d'etat el cual posteriormente pasa a convertirse en la Revolución Bolchevique y por consecuencia se da paso a uno de los eventos mas significativos e influyentes del siglo XX.

Ya en Febrero del 1917 Rusia había tenido lugar una verdadera revolución donde los Comité de los Soviets, soldados, amas de casa, obreros, inteligentsia, Duma y otros sectores habian tomado lugar en una revuelta iniciada en Petrogrado donde un batallón del ejercito optó por la 'no acción' y se negó a reprimir a los manifestantes. Ante esta situación nada era "inevitable" como explica la sovietologia. Sencillamente el Tsar Nicholas II pudo haberse impuesto y reagrupar a otros batallones para terminar la rebelión con sangre. Pero como el Tsar era un hombre de caracter tibio y para evitar derramamientos de sangre y habiendo sido un hombre que quería todo menos ser gobernante renuncia a su cargo y es apresado, no antes sin saber el destino fatal que le esperaría al mismo y su familia unos meses despues. Eventualmente en ese periodo de tiempo entre Febrero y Octubre Alexander Kerensky un miembro prominente de la Duma y un moderado llegó a convertirse en el Segundo Presidente del Gobierno Provisional.

En la Revolución genuina de Feb de 1917 Lenin no tomo parte alguna. De hecho no estaba en Rusia.

Fue en el contexto de este periodo clave entre Febrero y Octubre de 1917 que Lenin regresa del exilio en Abril de 1917 organiza a su grupo minoritario de Bolcheviques y se las arregla para justificar en Octubre del 17 que el gobierno provisional les entregue armas ante la presencia de Alemanes cerca de Petrogrado. La justificación era armarse para defender Petrogrado de una posible invasión Alemana ya que por aquellos dias la 1ra Guerra Mundial estaba en pleno apogeo. Con esas armas Trotsky fundamentalmente dirige un golpe de estado quirúrgico a los lugares claves de la ciudad (Estaciones de correo, electricidad, puestos de gobierno y eventualmente el Palacio de Gobierno). Durante todo este tiempo Lenin permaneció escondido y disfrazado pues el valor nunca fue su fuerte. Al dia siguiente los habitantes de Petrogrado se levantaron y ni sabían lo que había ocurrido.

La cacareada "Gran Revolución Socialista de Octubre" no había sido mas que un golpe de estado quirúrgico basado en el manual de Curcio Malaparte y con elementos fascistoides, organizado y dirigido por un grupo minoritario de conspiradores, sin participación alguna de obreros ni Soviets. En la imagen y la mente de muchos se perpetuó este momento mediante imagenes que no fueron mas que la dramatización ficticia el gran director Sergei Eisenstein y Grigori Aleksandrov que recrearon los eventos de Petrogrado ajustandose a la propaganda y al imaginario sovietico en su famoso film (basado en el libro de Reed y con el guion del mismo) 'Los 10 dias que estremecieron al mundo' estrenada el 20 de Enero de 1928, 11 años despues del evento.

Comenzaba el "sistema soviético" sobre las bases de la fuerza, la represión, la censura y la sangre. Le seguirían a todo ello la creación de la Cheka que luego bajo otros nombres diferentes pero un mismo proposito (en el orden interno vigilar y reprimir y en el orden externo espiar e infiltrar), una brutal guerra civil bajo el gobierno de Lenin, las políticas del terror rojo, el comunismo de guerra, hambruna, Gulags, propaganda y la expansión del imperio en su periferia, en las provincias del Baltico, en las distintas nacionalidades musulmanas y asiaticas. Bajo el regimen Estalinista se le dio continuidad en casi todos sus aspectos al sistema leninista - le siguieron las Grandes Purgas, la ampliación de los Campos de Concentración (Gulags), el asesinato masivo de campesinos y nacionalidades rebeldes. Al culminar la 2da Guerra Mundial vendría la imposición forzada del sistema sovietico a los Checos, Hungaros, Polacos, Alemanes y otras naciones que desde sus inicios se rebelaron ante la ocupación y control de Moscú. Los primeros en rebelarse fueron los Hungaros con su revolución brutalmente aplastada en 1956, luego le siguieron los Checos y la posterior ocupación Sovietica en 1968 y los Polacos ante los cuales casi hubo una ocupación - creando en todo ese proceso la llama de la rebeldía y la disidencia desde abajo que motivó a Mikhail Gorbachev a continuar el socialismo con rostro humano que habian comenzado los Checos en el 68.

Una de los legados de la Revolución de Octubre de 1917 fue el establecimiento del Sistema Sovietico que fundó sus bases en el Leninismo para luego tener continuidad en el Estalisnismo y con ello se inició la practica sistematica de la falsificación y manipulación oficial de fotografias donde "enemigos" eran invisibilizados.

Lenin y Trotsky en el 2do Aniversario de la Revolución Rusa. 1919.


La misma foto donde Leon Trotsky, uno de los protagonistas y autores de la Revolución Bolchevique, Comisario de Guerra y figura ampliamente popular es borrada para hacerla disponible y publicarla en un libro de 1967 sobre el Leninismo. Ya desde la década de los 1930s Joseph Stalin habia convertido a Leon Trotsky en el enemigo principal del estalinismo.


Lenin: números, datos e imágenes de los crímenes del primer dictador comunista


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Uno de los mitos históricos más aberrantes del siglo XX es presentar a Lenin como el dictador “bueno” de la URSS, y a Stalin como el “malo”, en un intento de salvar el mandato del primero.
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@ElentirVigo
Mar 8·11·2016

AVISO: este artículo contiene imágenes que pueden herir tu sensibilidad

Las cifras de víctimas del leninismo, de noviembre 1917 a enero 1924
  •     Más de un millón de personas asesinadas por motivos políticos o religiosos.
  •     Entre 300.000 y 500.000 cosacos asesinados.
  •     Cientos de miles de trabajadores y campesinos asesinados por hacer huelgas.
  •     240.000 muertos en la represión de la rebelión de Tambov.
  •     Más de 50.000 prisioneros de guerra blancos ejecutados.
  •     Entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos por hambrunas entre rusos, kazajos y tártaros.
Lenin en un mitin el 18 de marzo de 1918.

Una revolución comunista que abortó la democracia en Rusia

Para desmitificar a Lenin hay primero que romper otros mitos. El más básico es que cuando estalló la Revolución bolchevique el 7 de noviembre de 1917, los comunistas no derrocaron al Zar -que ya no reinaba- sino que abortaron la incipiente democracia en Rusia, aprovechando la crisis surgida entre conservadores y socialistas. Tras el asalto violento al poder por parte de los comunistas, estalló una guerra civil que duró cinco años, y en la que -ya desde el poder- se enfrentaron los bolcheviques -que resultaron vencedores- contra todos sus rivales. Era el comienzo de una sanguinaria dictadura que duraría más de 70 años, hasta la desaparición de la URSS en 1991.


Chekistas bolcheviques asesinando a un detenido, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947).

Lenin ya había adelantado sus planes: dictadura y represión violenta

Poco antes de esa revolución comunista, en el verano de 1917 Lenin escribió un libro, “El Estado y la Revolución”, trazando cómo sería su dictadura. Entre otras consideraciones, el futuro déspota tiraba de la demagogia más burda y arremetía contra la democracia parlamentaria:

    “Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino en las repúblicas más democráticas.”

Lenin abogaba “por la destrucción del parlamentarismo burgués” y “por una República de los Soviets de diputados obreros y soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado“. Esa dictadura implicaría “una serie de restricciones impuestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas” (al final las aplicaría a todo el mundo), y añadía: “es evidente que allí donde hay represión hay violencia, no hay libertad ni democracia”. En el libro, además, ya adelantaba con absoluta franqueza y antes de llegar al poder que la violencia la usaría “tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios, en la obra de “poner en marcha” la economía socialista.” Uno de los más estrechos colaboradores del dictador comunista, León Trotsky, escribiría años después las palabras de Lenin a quienes se mostraban reticentes al uso del terrorismo: “¿Creéis realmente que podemos salir victoriosos sin utilizar el terror más despiadado?”


Funcionarios de la Cheka de Uman en 1920.

En tres años Lenin multiplicó por 18 el aparato represor del zarismo

Nada más tomar el poder los comunistas, empezaron a organizar su aparato represor. Una de las primeras medidas de la dictadura bolchevique fue instaurar la Chrezvycháinaya Komíssiya (más conocida como Cheka), un cuerpo de policía política fundado el 20 de diciembre de 1917, cuando Lenin llevaba algo más de un mes ejerciendo como dictador en concepto de “Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo”. La policía secreta zarista, la temible Ojrana, había llegado a tener a unos 15.000 miembros, encargados de detener a enemigos políticos, encarcelarles, torturarles e incluso ejecutarles sin ninguna orden judicial. A finales de 1918 la Cheka ya tenía 40.000 agentes, y dos años más tarde ya eran 280.000 chekistas. En tres años los bolcheviques había multiplicado por 18 el volumen del aparato represivo del zarismo.


Mujeres asesinadas por la Cheka de Járkov, Ucrania. Aún vivas, los chekistas les cortaron los pechos y les quemaron los genitales, introduciéndoles carbones dentro.

Los perversos métodos de tortura y asesinato de la Cheka

Si la Ojrana se había caracterizado por sus métodos brutales, la Cheka comunista superó en todos los sentidos el grado de crueldad de su predecesora zarista. Entre sus métodos de tortura y de asesinato contra disidentes políticos, clérigos ortodoxos y otras personas consideradas enemigas por los bolcheviques hay que citar salvajadas como las siguientes, documentadas por el historiador ruso Alexander Nikolaevich Yakovlev y por los Archivos Estatales de la Federación Rusa, entre otras fuentes:
  •     Lapidaciones, es decir, apedrear al reo hasta quitarle la vida.
  •     Crucifixiones, un método usado contra muchos sacerdotes y religiosos.
  •     Estrangulamientos.
  •     Arrojar a los reos a calderos de brea hirviente.
  •     Ahogamiento de reos en aguas heladas.
  •     Arrancarles el cuero cabelludo a los reos. Una práctica que se hacía, por ejemplo, en la Cheka de Járkov, en Ucrania.
  •     Ahorcamiento.
  •     Obligar a los reos a ingerir plomo fundido.
  •     Empalamiento.
  •     Matar a los reos arrojándolos a altos hornos.
  •     Castraciones.
  •     Enterrar a reos vivos, práctica perpetrada en la Cheka de Kremenchuk.
  •     Desollamientos, es decir, arrancarle la piel a tiras a los reos. La Cheka de Járkov usaba la piel arrancada a los presos para elaborar guantes.

Piel arracada de las manos de detenidos en el sótano de la Cheka de Járkov, Ucrania. Los chekistas utilizaban peines metálicos y tenazas para aplicar esta horrenda tortura.
  •     Escalfar al reo, es decir, arrojarle agua hirviendo hasta matarlo.
  •     Decapitaciones.
  •     Desnudar a reos, atarles y arrojarles agua fría en pleno invierno hasta congelarles, una práctica de la Cheka de Orel, a 360 Km de Moscú.
  •     Matar a los reos tirándolos al mar o a un río maniatados (es lo que hacía periódicamente con sus prisioneros la Cheka de Kholmogory en el río Dvina).
  •     Atar a víctimas desnudas en torno a barriles rodeados de clavos, y hacerlos rodar hasta que los reos morían, una práctica de la Cheka de Voronezh.
  •     Atar jaulas con ratas a los cuerpos de los presos y atizar a los roedores con hierros candentes hasta que se abrían paso entre los intestinos de los reos, una práctica usada por la Cheka de Kiev y que años después incluiría George Orwell en su famosa novela “1984”.
Más de un millón de personas fueron asesinadas por motivos políticos o religiosos durante lo que se conoce como el Terror Rojo, entre 1918 y 1922, la época más dura de la dictadura de Lenin. Para que nos hagamos una idea, según el historiador británico Hugh Thomas, las víctimas de la represión franquista suman unas 100.000 personas, entre los asesinados durante la Guerra Civil y la represión de la postguerra. Es decir, que en poco más de seis años de dictadura Lenin asesinó a diez veces más gente de la que se atribuye a la dictadura franquista en casi 40 años. Sin embargo, muchos ultraizquierdistas españoles que llaman “genocida” a Franco no tienen reparos en proclamar su admiración por Lenin, como por ejemplo el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón.


Monjes ortodoxos asesinados por la Cheka en 1919.

La salvaje persecución contra los cristianos y otras religiones

Con la Revolución bolchevique de 1917 se inició una persecución religiosa sistemática que supondría, a lo largo de la historia de la URSS, el asesinato de entre 12 y 20 millones de cristianos. En 1914 la Iglesia ortodoxa rusa tenía 55.173 iglesias, 29.593 capillas, 550 monasterios y 475 conventos: los comunistas clausuraron y destruyeron la amplia mayoría de ellos. Algo parecido ocurrió con las 5.000 sinagogas judías y las 25.000 mezquitas musulmanas que había en territorio ruso en 1917. Antes de la Revolución también había 112.629 sacerdotes y diáconos y 95.259 monjes y monjas de la Iglesia ortodoxa. Los comunistas desataron contra ellos una brutal persecución. Según Yakovlev, unos 3.000 sacerdotes, religiosos y monjas fueron asesinados ya sólo en 1918 con métodos tan brutales como los antes citados. Muchos laicos fueron acosados, torturados, detenidos y asesinados. El historiador Dimitry V. Pospielovsky dio cuenta de la brutalidad de los rojos contra los sacerdotes con casos como los siguientes:
  •     Un sacerdote de 80 años llamado Amvrosi fue brutalmente golpeado a culatazos antes de ser asesinado.
  •     Otro sacerdote llamado Dimitri fue llevado a un cementerio y desnudado, y cuando trataba de santiguarse antes de ser asesinado, un bolchevique le cortó el brazo derecho.
  •     Otro viejo sacerdote que intentaba detener la ejecución de un campesino fue golpeado, asesinado y desmembrado a sablazos por los bolcheviques. Esta forma de deshacerse de los cadáveres no fue un caso aislado entre los crímenes bolcheviques contra el clero ortodoxo.
  •     En el Monasterio de San Salvador los rojos mataron al abad, de 75 años, escalfándole y decapitándole.
  •     A Hermógenes, Arzobispo de Tobolsk y Siberia, le ataron piedras a la cabeza y le arrojaron al río Tura, donde murió ahogado.
  •     En Voronezh a siete monjas las mataron hirviéndolas en un caldero de alquitrán.
  •     En Pechora, un anciano sacerdote llamado Rasputin fue atado a un poste de telégrafo, tiroteado y su cadáver entregado a los perros para que lo devorasen.
  • En mayo de 1920 Lenin ordenó la ejecución masiva de todos los sacerdotes que fuesen contrarios al comunismo: fueron asesinados entre 14.000 y 20.000.

Los granjeros I. Afanasyuk y S. Prokopovich, maniatados y desollados vivos en una Cheka en Ucrania.

La represión de los granjeros kulaks


En el verano de 1918 los bolcheviques tuvieron que hacer frente a una rebelión de los kulaks, campesinos de Ucrania y del Cáucaso que eran propietarios de sus propias tierras y que se oponían a las políticas de colectivización comunistas y a la confiscación masiva de sus producciones de grano. Lenin envió una orden escrita a los bolcheviques de Penza para que ahorcasen públicamente a por lo menos 100 renombrados kulaks, a fin de usarlos como escarmiento contra los demás, y para que tomasen rehenes para forzar a los demás a someterse a los comunistas. En otra orden Lenin fue aún más claro: “Hay que formar inmediatamente una troika dictatorial (usted mismo, Markin y otro) implantar el terror de masas, fusilar o deportar a los centenares de prostitutas que hacen beber a los soldados, a todos los antiguos oficiales, etc. No hay un minuto que perder.”

El asesinato de miles de desertores del Ejército Rojo y de sus familias

El Ejército Rojo sufrió 3 millones de deserciones en 1919 y 1920. El primer año fueron arrestados por la Cheka 500.000 desertores, y casi 800.000 el segundo. Miles de ellos fueron asesinados, y sus familias fueron tomadas a menudo como rehenes y asesinadas para chantajear a los desertores. Un reporte típico de la Cheka afirmaba lo siguiente:

    “Provincia de Yaroslavl, el 23 de junio de 1919. La sublevación de desertores en el volost de Petropavlovskaya ha sido sofocada. Las familias de los desertores han sido tomadas como rehenes. Cuando empezamos a disparar a una persona de cada familia, los Verdes comenzaron a salir de los bosques y se rindieron. Treinta y cuatro desertores fueron fusilados como ejemplo.”

Entre agosto de 1920 y junio de 1921 se produjo en Tambov una gran rebelión antibolchevique con apoyo de desertores del Ejército Rojo, provocada por las masivas requisas ordenadas por los comunistas. Los rebeldes reunieron a un ejército de unos 40.000 hombres. Los bolcheviques aplastaron la rebelión. Entre las ejecuciones masivas y los internamientos en el Gulag murieron 240.000 civiles.

La brutal represión de los cosacos

Otro grupo que sufrió la brutal represión comunista fueron los cosacos, una etnia de origen turco. Muchos de sus miembros lucharon en el Ejército blanco, junto a los zaristas, en la Guerra Civil rusa. Entre 1918 y 1919 llegaron a formar una República independiente, de carácter democrático. Los bolcheviques dirigieron contra ellos una durísima represión. El historiador Michael Kort ha estimado que entre 300.000 y 500.000 cosacos fueron asesinados en 1919 y 1920, de una población de 1,5 millones.

En primer plano, el cadáver del telegrafista Ponomarenko en la Cheka de Járkov, Ucrania. Le cortaron la mano derecha y muestra cortes profundos en la cabeza. Al fondo se ven los cadáveres de otras dos víctimas de los chekistas.

La creación por Lenin de una red de campos de concentración: el Gulag

En abril de 1919 Lenin firmó un decreto para crear un sistema de campos de concentración que copiaba la Katorga zarista, que en 1916 contada con casi 20.000 reclusos, según cifras publicadas por Stephen G. Wheatcroft. La nueva red de campos de concentración recibió el nombre de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni (Dirección general de campos de trabajo). Era el nacimiento del Gulag, el mayor sistema de represión soviético. El primero de esos campos se había establecido en 1918 en Solovki, en las islas Solovetsky del Mar Negro. Nuevamente las cifras de la dictadura comunista acabaron superando con creces a las del zarismo en poco tiempo: a finales de 1920 ya había 84 campos con unos 50.000 prisioneros políticos. En octubre de 1923 ya eran 315 campos con 70.000 prisioneros. Los allí detenidos eran utilizados en trabajos forzados como mano de obra esclava. Entre la población reclusa había muy altos índices de mortalidad, debido a las durísimas condiciones de estos brutales centros de reclusión, en los que a menudo los presos morían de hambre o asesinados por sus guardianes.

Lenin animó a ejecutar en masa a huelguistas

Las huelgas también fueron sofocadas de forma sanguinaria. El 16 de marzo de 1919 la Cheka asaltó la factoría de Putilov, en la que sus trabajadores se habían declarado en huelga seis días antes, acusando al gobierno bolchevique de haberse convertido en una dictadura: 900 trabajadores fueron arrestados, y 200 ejecutados sin juicio alguno. La represión violenta, los encarcelamientos, la toma de rehenes y los asesinatos en masa fueron los métodos más usados por los bolcheviques para sofocar estas huelgas, tanto en las fábricas como en el campo. El 29 de enero de 1920, ante las huelgas de los trabajadores de la región de los Urales, Lenin envió un telegrama a Vladimir Smirnov animando a utilizar el asesinato en masa contra los huelguistas: “Me sorprende que usted tome el asunto con tanta ligereza y no ejecute inmediatamente un gran número de huelguistas por el delito de sabotaje.” Incluso se recurrió a estos métodos para sofocar las protestas de trabajadores al ser obligados a trabajar en domingo, como ocurrió en Tula, un malestar que los bolcheviques atribuían, sin más, a una “conspiración contrarrevolucionaria forjada por espías polacos”. Se estima que cientos de miles de trabajadores y campesinos rebeldes fueron ejecutados entre 1918 y 1922.

Asesinados por la Cheka de Kiev, Ucrania, en 1919.

La ejecución en masa de prisioneros de guerra

A finales de 1920 el propio Lenin dio su aprobación para el asesinato en masa de 50.000 prisioneros “blancos” y civiles en Crimea, a tiros o por ahorcamiento, en una de las mayores masacres de la Guerra Civil Rusa. Las víctimas de este crimen se habían entregado, según relata Robert Gellately, tras la promesa bolchevique de que habría una amnistía para ellos si se rendían.

Los cadáveres apilados de víctimas de la hambruna rusa en Buzuluk, en la región del Volga, invierno de 1921 a 1922.

Lenin usó el hambre con fines políticos: de 3,9 millones a 7,75 millones de muertos

Uno de los episodios más dramáticos de la dictadura de Lenin fue la hambruna rusa de 1921 y 1922, que afectó a unos 27 millones de personas y mató a entre 3 y 5 millones y que fue provocada, en gran medida, por las requisas masivas de grano ordenadas por los bolcheviques, la denominada Prodrazvyorstka (copiada y ampliada por los comunistas, como otras cosas, de la Razvyorstka, la requisa de grano zarista en la Primera Guerra Mundial). El grano requisado se usaba a menudo para exportación. Este exterminio mediante el hambre no fue algo accidental o que la dictadura bolchevique tratase de evitar: se hizo de forma intencionada e incluso se buscó con ella un fin antirreligioso, como escribía Lenin en una carta de Lenin al Politburó el 19 de marzo de 1922:

    “Ahora y solo ahora, cuando las personas se consumen en áreas afectadas por la hambruna y cientos, si no miles, de cadáveres yacen en las carreteras, podemos (y por lo tanto debemos) perseguir la eliminación de propiedades de la iglesia con la energía más frenética y despiadada y no dudéis en sofocar la menor oposición. (…) Debemos perseguir la eliminación de los bienes de la iglesia por cualquier medio necesario para asegurarnos un fondo de varios cientos de millones de rublos de oro (no olvidéis la inmensa riqueza de algunos monasterios y lauras). (…) Todas las consideraciones indican que más adelante no lo haremos, porque en ningún otro momento, además del hambre desesperada, nos dará ese estado de ánimo entre la masa general de campesinos que nos garantizaría la simpatía de este grupo, o, al menos, nos aseguraría la neutralización de este grupo en el sentido de que la victoria en la lucha por la eliminación de la propiedad de la iglesia, de manera incuestionable y completa, estará de nuestro lado”.

Este uso de las hambrunas como método para conseguir objetivos políticos ya lo había adelantado Lenin en 1891, cuando se negó a colaborar con una campaña de ayuda a los hambrientos de la ciudad de Samara. Según Lenin el hambre tiene “numerosas consecuencias positivas”, pues “destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios” (citado por Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bartosek y Jean-Louis Margolin en “Le livre noir du communisme”, 1997).


Bolcheviques requisando grano a campesinos, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947). Estas requisas provocaban un gran descontento y fueron, en gran medida, causantes de la letal hambruna de 1921 y 1922.

La hambruna rusa no fue la única en el territorio de la URSS durante la dictadura de Lenin. Hambrunas similares las sufrieron los kazajos (1919–1922, entre 400.000 y 750.000 muertos) y los tártaros (1921-1922, entre 500.000 y 2 millones muertos), todos ellos bajo dominio soviético. Sumando estas cifras a las de la hambruna rusa, tenemos entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos a causa del hambre, una situación provocada -insisto- por el propio régimen comunista.

Las hambrunas y las pésimas condiciones de vida dieron lugar a rebeliones en la URSS, hoy poco recordadas por la mayor parte del mundo. Una de las más significativas, además de la ya citada de Tambov, fue la de Kronstadt en marzo de 1921, cuando civiles, soldados y marinos de la flota soviética de Báltico se alzaron contra los bolcheviques. El Ejército Rojo sofocó la rebelión ejecutando a miles de personas. Y a día de hoy, tipos como el diputado comunista Alberto Garzón aún se atreven a ensalzar a esa dictadura criminal diciendo que representaba “Paz, Pan y Tierra”…

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miércoles, mayo 25, 2022

María Victoria Olavarrieta: Hay violencia porque no hay familia.

 Hay violencia porque no hay familia.

Por María  Victoria Olavarrieta

25 mayo, 2022

Mi profesor de terapia Gestalt, Luis Vela, nos dejó la tarea de leer varios perfiles de asesinos. En todos había un hogar roto, un niño no amado. La visión que los padres y adultos a cargo tienen del niño es lo que forma su autoimagen. La baja autoestima y la idea de que “no sirvo para nada” no nacen con el bebé, se la proporcionamos nosotros. Hace 40 años, nos decía Padre Luis, las personas llegaban a mi consulta con problemas puntuales, hoy me llegan hechas pedazos.

Los niños repiten los patrones de comportamiento aprendidos en casa, asusta la agresividad que hasta en los más pequeños vemos ya. Problema psicológico que no se trabaje en una terapia seria, tiene muchas posibilidades de potenciarse con las dificultades de la escuela y la vida adulta.

Cuántos niños criados a la deriva, madres estresadas de trabajar fuera y en casa, padres ausentes, divorciados en guerra a muerte y casados que pelean delante de sus hijos, ajenos a la culpa que generan en ellos. Vivimos esclavizados a horarios y la palabra que más escuchan los niños es: Apúrate. No hay tiempo para preguntarnos:  ¿ Qué estoy haciendo con mi vida y la de mis hijos?

Se va al hogar de visita, padres inquilinos de su propia familia. Una infancia que transcurre más en la escuela que en la casa, tardes y noches haciendo tareas y proyectos laboriosos, hijos que se perciben como una carga. Cocinar para los hijos es una esclavitud, sacrificar el gimnasio para llevarlos al parque es impensable, traer amiguitos a jugar en casa deja todo muy sucio y desordenado….

¡Qué triste un hogar vacío de recuerdos familiares, de tiempo jugando con tus hijos, de toda la familia sentada a la mesa, de cuentos leídos a la hora de dormir!

Permitimos que los hijos vean películas que transcurren entre tiros, sangre, venganzas. Los héroes no entienden de compasión. Veo similitud entre el proceder de los autores de matanzas en nuestro país y los protagonistas de las películas y videojuegos de moda. Donde no hay héroe se imita al antihéroe. Para detener esta espiral de violencia el gobierno tiene que hacer su parte y cada uno de nosotros la suya.

La sociedad influye, claro está, pero no siempre es determinante. Viví 29 años en la Cuba de Fidel. Mi hermana y yo recibimos el mismo adoctrinamiento y lavado de cerebro de todos mis compañeros y nunca nos hicimos pioneras, somos católicas practicantes y no paramos hasta llegar al imperio, el lugar que nos intentaron hacer odiar desde que tuvimos uso de razón. Nosotras no somos el fruto de la revolución cubana, nosotras somos las hijas de Cuco el panadero y Teté, una madre a tiempo completo.

“La familia sigue siendo la institución más importante para la persona y la sociedad”, nos decía San Juan Pablo II en su incesante catequesis.

No hay tiempo para los hijos. Miami, ciudad de malls llenos y parques vacíos. Llevo más de 12 años explorando el bosquecito del parque Kendall Indian Hammocks con mi sobrino y la pequeña tropa de amiguitos. Solo recuerdo 3 ocasiones de habernos cruzado con alguien en sus senderos. La experiencia sensorial de oler, tocar, escuchar, observar… que los niños experimentan en medio de la naturaleza ayuda mucho a contrarrestar la agitación de la ciudad.

“La mano que mece la cuna es la mano que gobierna al mundo”, nos dejó escrito el poeta estadounidense William Ross Wallace. Hoy esa mano, con una manicura perfecta, está posada en cualquier parte menos sobre los hombros de sus hijitos, pareciera que los hijos molestan, que hay que quitárselos de encima para “realizarse”, que es la gran meta de la mujer moderna. Todavía están lactando y ya los mandamos para el day care. No hay excusa válida para que en un país tan rico como Estados Unidos las madres no puedan disfrutar de un año de licencia de maternidad. A otros no se les permite nacer; ni en el vientre de su madre los niños pueden estar seguros, porque hasta allí llegamos a quitarles la vida, para poder nosotros vivir la nuestra. 

Jóvenes de estos tiempos, hijos de la cultura de la muerte, bañan en sangre a Estados Unidos y nos hacen temblar ante el futuro. El padre de mi amiga Cary Correa siempre tuvo un revólver encima del armario y ella me cuenta que jamás ninguno de sus hijos se atrevió a tocarlo. “Papá lo había prohibido y su palabra era la ley”. Hoy, no solo no se respeta a los padres, se toma el arma, se dispara a sus compañeros de clase y si mamá o papá se interponen podrían morir también.

Los padres estamos tan mal que no hay esperanza para los hijos, comentábamos abatidos con la lectura de tantos perfiles de criminales

“Hay una buena noticia”, dijo Padre Luis, tratando de llegarnos al alma:

“Para que un niño no se pierda, solo necesita una cosa: Tener la certeza de que al menos una persona en el mundo se muere de amor por él”.

Profesora de Español y Literatura.

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https://youtu.be/GBH2FTJ_ztA

Tomado de https://elpais.com/i

Matanza en una escuela de Texas: 19 niños y dos profesores asesinados a tiros

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La policía de Uvalde abate al supuesto atacante, de 18 años, que irrumpió en el centro de primaria Robb con una pistola y un rifle el último día de clase

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Por Luis Pablo Beauregard

Uvalde (Texas)

24 mayo 2022 

(Fragmento)

Todavía sin haber digerido la matanza racista de Búfalo, Estados Unidos se ve obligado a mirar de nuevo al oscuro pozo de su historia de violencia. El nombre de Uvalde, una pequeña y tranquila comunidad de 16.000 personas en el centro del Estado de Texas, a pocos kilómetros de la frontera con México, se suma este martes a una larga lista de los horrores que ha dejado la violencia con armas de fuego en este país. Salvador Ramos, un joven de 18 años de esta misma localidad, irrumpió en la escuela de primaria Robb minutos antes de las 11.30 (hora local) armado con una pistola y un rifle de asalto semiautomático y, según el relato de las autoridades, “comenzó a disparar a quien estuviera en su camino, sin importar si eran niños, maestros o adultos”, antes de ser abatido por la policía en el interior del recinto escolar. El saldo provisional de esta nueva matanza es de 19 niños y dos profesoras muertas. El tirador era alumno del último año del instituto de la misma localidad, muy próximo a la escuela de primaria atacada, donde están escolarizados alrededor de 500 niños de siete a 10 años, la mayoría hispanos.

Uvalde se suma a nombres como Columbine, Parkland y Sandy Hook, ciudades estadounidenses que han sido testigos de cómo las armas irrumpen en el que debería ser el sitio más seguro de todos, los colegios. ¿Cómo ha podido suceder aquí? ¿Por qué nadie la vio venir? Estas son las preguntas que ahora se hacen los vecinos de esta localidad de mayoría hispana y donde todos se conocen.

Adolfo Cruz, de 69 años, esperaba la tarde del martes a las afueras de la escuela alguna noticia sobre su nieta, Elija Cruz Torres, de 10 años. Desde mediodía nadie sabía nada de la menor. Su madre, Leandra, había ido a buscarla al hospital de la ciudad, donde se atendía a heridos, y al centro cívico, adonde fueron trasladados algunos alumnos. “La única esperanza que tenemos es que se la hayan llevado en la ambulancia aérea, porque dijeron en la radio que evacuaron a San Antonio a un adulto y a una niña de 10 años. Tengo la esperanza de que sea mi nieta”, aseguraba Adolfo, originario de Uvalde. “Me siento triste no solo por ella, sino por todos los niños”, agregaba. Pero no hubo suerte. Leandra ha confirmado a este periódico esta madrugada que la pequeña está entre las víctimas mortales. Hasta la noche del martes, las autoridades no habían dado a conocer la lista de fallecidos.

La escuela atacada festejaba este martes el último día de clases. Padres e hijos habían acudido a una ceremonia de fin de curso y a recoger los diplomas. El centro, ubicado en un extenso terreno en un barrio de casas de una sola planta de clase media-baja, solo contaba con tres grados, de segundo a cuarto de educación básica. “Esto es una pesadilla”, ha clamado Mary Schumer, quien fue a esa escuela hace décadas, y este martes estaba de visita en casa de su madre, frente al colegio.

A unas manzanas de allí, Carlos Mendoza, un conductor de camión, observaba en su móvil la última fotografía de su sobrina Emery Joe Garza, de 10 años. La niña sonríe y abraza a su abuelo mientras muestra a la cámara el diploma que recibió por la mañana. Minutos después de aquella ceremonia, Salvador Ramos y su ira irrumpieron en el centro. Emery es una de las víctimas de este sinsentido. Carlos, hablando con un vecino, cuestiona: “¿Cómo es posible que un huerco [chaval] de 18 años pueda comprar armas?”. “Mínimo debería de hacerlo a los 21″, le replica Leo, su vecino.

Mendoza y Leo viven en la calle Díaz, donde se originó la tragedia que ha marcado a esta pequeña comunidad tejana este martes. A escasos metros de ellos vivía el asesino, en una casa que compartía con sus abuelos maternos, Rodolfo y Celia. “No le hacían nada a nadie”, cuenta Leo.

El origen de la tragedia

Según la primera reconstrucción de los hechos, “el sospechoso se vio involucrado en una pelea doméstica con su abuela. Él le disparó a ella”, ha explicado a la prensa el sargento Christopher Olivarez, del Departamento de Seguridad Pública del Estado de Texas. De acuerdo al relato de los testigos, después de disparar a su abuela en la cabeza (que fue evacuada de urgencia al hospital de San Antonio, el mismo al que han sido trasladados los heridos en el tiroteo), Ramos subió a una camioneta negra y condujo escasos metros hasta la escuela. Los vecinos escucharon cómo la camioneta cayó en una zanja frente al centro. El sujeto salió del vehículo y saltó la cerca. Los primeros disparos comenzaron a escucharse minutos antes de las 11.30. Agentes del FBI y de la Agencia de Alcohol, Tabaco y Armas están investigando qué tipo de calibre usó el tirador y cómo tuvo acceso a las armas.

Greg Abbott, el gobernador de Texas, fue el primero que informó de que Ramos “disparó y mató, de manera horrible e incomprensible” a los niños y a dos profesoras. “Los tejanos están de duelo por las víctimas de este crimen sin sentido y por la comunidad de Uvalde”, manifestó en un tuit. Uno de los maestros ha sido identificado esta noche como Eva Mireles, de 44 años y con 17 años de experiencia como educadora. El Gobierno de Abbott ha aprobado, sin embargo, normas para hacer más fácil la propiedad de armas. En junio del año pasado promulgó una ley que eliminaba la necesidad de tener un permiso para portar amas o tomar un curso para manejarlas. Esta iniciativa, promovida por el poderoso lobby de armas en el Estado, está en vigor desde septiembre pasado.


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domingo, enero 02, 2022

Manuel C. Díaz: Los fusilamientos en Cuba: el terror como política de Estado. Padre Jorge Bez Chabebe sobre los cubanos fusilados por Raúl Castro


Pedro Corzo entrevista al Padre Jorge Bez Chabebe sobre los cubanos fusilados por Raúl Castro





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 Desde antes del triunfo de la Revolución ya  el Castrismo fusilaba pra imponer su terror
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Los fusilamientos en Cuba: el terror como política de Estado

Por Manuel C. Díaz
Especial/el Nuevo Herald
6 de marzo de 2019 05:19 PM

 La imagen de Fidel Castro ha ido evolucionando a través de las décadas, desde sus primeras fotografías como joven abogado y dirigente universitario a principios de la década de 1950.
por Mario Mateo

La pena de muerte se encuentra contemplada en las constituciones de numerosos países. Es tan antigua como la misma sociedad. Aparece ya en la Ley del Talión, que establecía que el castigo debía ser proporcional al crimen cometido.

Sin embargo, no siempre ha sido utilizada atendiendo al principio de justicia retributiva. Ni tampoco para proteger a la sociedad. Ese es el caso de los regimenes totalitarios que siempre la han empleado para sembrar el terror y perpetuarse en el poder. La lista de ellos es extensa y de triste recordación: la Unión Soviética, China, Corea del Norte, Irán y Cuba. Así, en ese orden. Y solo por citar algunos.

En el caso cubano es necesario, primero, un poco de historia.

La Constitución de 1901, aunque contemplaba la aplicación de la pena de muerte, establecía en su Artículo 14 que “no podría imponerse en ningún caso por delitos de carácter político”.

 (Fusilamiento del oficial Olayón en los primeros días de enero de  1959  en las calles de Santiago de Cuba. El que dirige el pelotón de fusilamiento es René Rodríguez Cruz, quien años después sería jefe del Instituto Cubano con los Pueblos, ICAP, una institución muy relacionada con la Inteligencia Castrista. Rodríguez Cruz años después sería encausado en Colombia por narcotráfico; murió misteriosamente en Cuba hacia donde huyó. Fotos y comentarios del Bloguista de Baracutey Cubano)


La de 1940 abolía en su Artículo 25 la pena de muerte, con la sola excepción de los casos de delitos militares en circunstancias especiales.

Sin embargo, cuando triunfó la revolución, lo primero que hizo Fidel Castro fue derogar la Constitución de 1940 mediante la promulgación, el 7 de febrero de 1959, de la Ley Fundamental de la República, que ampliaba las excepciones en las que podría aplicarse la pena de muerte de manera que pudiesen ser fusilados “los miembros de las Fuerzas Armadas, de los cuerpos represivos de la Tiranía y de de los grupos auxiliares organizados por ésta”.

Apenas seis meses después, el 29 de junio de 1959, la Ley Fundamental de la República fue modificada por la Ley de Reforma Constitucional que ampliaba aun más las excepciones para incluir a las personas “culpables de delitos contrarrevolucionarios”.

Más adelante, mediante la Ley 425, se crearon nuevas figuras delictivas que, bajo la sombrilla de los llamados Delitos contra los Poderes del Estado y Delitos contra la Integridad y la Estabilidad de la Nación, permitían que fuesen consideradas como contrarrevolucionarias acciones tales como intentar abandonar el país en una lancha o sobrevolar el territorio cubano.

Es decir, cualquiera podría ser considerado enemigo de la revolución. Lo mismo un balsero que un piloto de avión. En realidad, de lo que se trataba era de aterrar a la población a través de la institucionalidad de la muerte y la legalización del asesinato político. La sangre derramada en los paredones como elemento de disuasión y sometimiento. El castigo máximo, en fin, como política de Estado.

Fueron esas tres últimas leyes las que permitieron que el número de ciudadanos cubanos fusilados ascendiera, según un informe de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, a cifras “aterradoras”.

En ese mismo informe se reportaban “638 fusilados oficialmente y 165 fusilados sin juicio previo”, que hicieron que el Che Guevara, en un discurso pronunciado en la ONU el 11 de diciembre de 1964 admitiese, desafiante, lo siguiente: “Hemos fusilado. Fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”.

Ya por esa fecha Fidel Castro había comenzado a desmantelar la democracia nacionalizando la empresa privada, cerrando los medios de prensa y aboliendo los partidos políticos. Nada era dejado al azar. El cerco a la libertad se iba cerrando poco a poco.

Cuando comenzaron las primeras conspiraciones en contra de la revolución, los fusilamientos continuaron. Ya habían sido ejecutados los militares del gobierno de Batista acusados de haber cometido crímenes. Ahora se fusilaba a estudiantes, jóvenes católicos, antiguos revolucionarios, comerciantes, obreros y campesinos que se oponían al comunismo.

Las galeras de la Fortaleza de La Cabaña se llenaban de presos y el Foso de los Laureles, donde se llevaban a cabo los fusilamientos, era regado con la sangre de los cientos de hombres que morían gritando Viva Cristo Rey.

Alberto Müller, ex preso político cubano y periodista de Radio y Televisión Martí, fue uno de los muchos que estuvieron en las celdas de los condenados a muerte esperando su ejecución. En entrevista con el Nuevo Herald, contó: “Fui capturado el 21 de abril de 1961 en la Sierra Maestra cuando fracasó, por la falta del apoyo prometido por Estados Unidos, el alzamiento del Directorio Revolucionario Estudiantil”.

Müller estuvo incomunicado durante tres meses en la galera de los condenados a muerte junto a otros jóvenes revolucionarios, entre los que se encontraba Nelson Figueras Blanco, uno de los principales dirigentes del Movimiento Revolucionario del Pueblo. “Nelson fue finalmente fusilado el 19 de septiembre de 1961” recordó Müller. “Ese día, cuando vinieron a buscarlo para ser llevado al paredón, salió de su celda con una entereza increíble”.

A Alberto Müller, en el último momento, la pena de muerte le fue conmutada por la de 30 años de prisión: “Salvé la vida gracias a las gestiones del Papa Juan XXIII y a las de los presidentes Rafael Caldera, Janio Quadros y Arturo Frondizi”.

En aquellos primeros años eran tantos los fusilamientos que la prensa americana los calificó como “un baño de sangre”. A veces eran múltiples. En una sola noche podían ser fusilados varios condenados. Como la noche del 18 de abril de 1961 en la que fueron ocho los que murieron frente al pelotón de fusilamiento. Todos estaban en la galera de los condenados a muerte de La Cabaña.

Tomás Fernández-Travieso, ex preso político cubano, escritor y profesor de español en el sistema escolar de Miami-Dade, que también había sido condenado a muerte y estaba con ellos, recuerda bien sus nombres y el orden en que fueron ejecutados: “El primero fue Carlos Rodríguez Cabo. Lo vino a buscar el sargento Moreno, que era el que daba los tiros de gracia. Cuando llamaron su nombre, con voz firme gritó: presente”.

Le siguieron Efrén Rodríguez López, Virgilio Campanería Ángel y Alberto Tapia Ruano. El quinto fue Filiberto Rodríguez, que salió cantando el himno nacional y que recibió, según pudieron escuchar todos, tres tiros de gracia. “Los fusilamientos podían escucharse tanto desde las galeras como desde las capillas. Primero se oía el ruido del motor del jeep en que trasladaban a los condenados hasta el paredón y después las voces de mando del jefe del pelotón”, recordó Fernández-Travieso.

El resto de los sancionados, Lázaro Reyes Benítez, José Calderín y Carlos Calvo, fueron ejecutados al filo de la medianoche. “Aquella misma mañana nos habían celebrado el juicio. El fiscal era Fernando Flores Ibarra, apodado ‘charco de sangre’ y el presidente del tribunal era Pelayo Fernández Rubio, al que llamaban ‘Pelayito Paredón’. La audiencia solo duró una hora. Antes de las doce del día salimos, ya condenados, hacia la capilla”, relata Fernández-Travieso, a quien en el último minuto le fue conmutada la pena de muerte por la de 30 años de prisión. “Siempre he pensado que no me fusilaron porque en aquel momento yo era menor de edad. Fui puesto en libertad 20 años después por gestiones del gobierno de Luis Herrera Campins”.

La pena de muerte es en la sociedad contemporánea un tema de permanente debate. Unos están en contra; otros a favor. Los argumentos de ambos grupos se balancean entre la ética y la moralidad por una parte, y las creencias religiosas y filosóficas por la otra.

Pero cuando se habla de los fusilamientos en Cuba, donde el derecho penal fue un mero instrumento de represión política, muchos piensan que esas consideraciones no tienen cabida en el debate, no solo por la falta de garantías con la que se celebraron los juicios sino también por la manera despiadada en que se ejecutaron las sentencias.

Han transcurrido más de cincuenta años de aquellos hechos, pero los miles de cubanos que estuvieron presos en La Cabaña todavía recuerdan con horror cómo en el silencio de la noche podían escuchar la orden dada a los pelotones de fusilamiento: preparen, apunten, fuego. Pero también recuerdan con orgullo cómo el grito de Viva Cristo Rey de los condenados retumbaba victorioso contra las murallas del Foso de los Laureles.
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CARTAS ANTES DE SER FUSILADOS
Carta postuma de Virgilio Campaneria Ángel


La Cabaña, Cuba Abril 17 de 1961 A mis compañeros estudiantiles y al pueblo de Cuba en general:

En estos momentos me encuentro esperando la sentencia del tribunal que me juzgo. La muerte no me preocupa, porque tengo fe en Dios y los destinos de mi Patria. Mi muerte será otro paso atrás de los que creen que pueden ahogar con sangre las ansias de libertad del pueblo cubano.
No le temo, que venga la muerte; yo voy feliz porque ya veo libre a mi Patria, ya veo como suben jubilosos mis hermanos la gloriosa Colina, ya no habrá más odio entre hermanos, ya no habrá gargantas que pidan paredón. Todo será amor entre cubanos, amor de hermanos, amor de cristianos.

Pobre Cuba, cuanto has sufrido, pero la Cuba nueva surge del odio para sembrar el amor, de la injusticia para sembrar la justicia, justicia social, no demagogia engañadora de pueblo; una Cuba madura porque ya conoce todos los engaños y a los farsantes; una Cuba para los cubanos y “con todos y para el bien de todos”.

A ti, estudiante, te cabe la gloria de liberar a la Patria y de levantar esa Cuba nueva.
¡VIVA CRISTO REY!
¡VIVA CUBA LIBRE!
¡VIVA EL DIRECTORIO REVOLUCIONARIO ESTUDIANTIL!

Firma: Virgilio Campaneria Ángel
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ÚLTIMA CARTA DE ALBERTO TAPIA RUANO

Queridos viejos:
Acabo de recibir hace unos momentos la ratificación de la Pena de Muerte y es por eso, ahora que estoy en el final, que les escribo estas líneas. No me creerán pero puedo asegurarles que nunca he tenido tanta tranquilidad espiritual como en ese momento: me siento con sinceridad muy contento presintiendo que dentro de poco estaré con Dios , esperando y rezando por Uds.
Hoy en el juicio vi a mis hermanos y padrinos llorando Y eso por que? No y mil veces No. Se que lo de hoy es doloroso para Uds., pero quiero que se sobrepongan y piensen que Dios en su infinita bondad me ha dado esta gracia de ponerme a bien con El, y todos deben de agradecérselo.
Adiós viejucos, tengan mucha fe en la Vida Eterna que yo intercederé por todos Uds.

! VIVA CRISTO REY !

Besos y abrazos, no lágrimas, a todos.
Adiós hermanos, padrinos y familia

FE EN DIOS.

Alberto


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Tomado de http://www.hermanos.org

Carta del 20 de abril de 1961 de Rogelio González Corzo a sus padres, escrita minutos antes de ser fusilado por el régimen de Castro.


20 de abril de 1961

Queridos padres y hermanos:

Sé lo que representa para ustedes el momento en que reciban la noticia de mi muerte encontrándose ustedes lejos de donde yo estoy. Quiero decirles que esto fue siempre lo que yo le pedí a Dios. Creo que hubiera sido para ustedes un sufrimiento mayor moral y quizás físico si hubieran estado aquí y hubieran tenido que pasar por todo este tiempo que entre mi prisión y mi muerte duró 32 días.

No tienen en ningún momento que abochornarse de mi prisión y fusilamiento, al contrario, espero que estén orgullosos de su hijo y que sepan adoptar una postura correcta en el momento en que Dios y la Patria pedían el sacrificio de su hijo. Quiero que sepan que era la única postura que podía tener en situaciones como la que está atravesando la patria en estos momentos.

Esto lo estoy escribiendo a las 2 a.m. del día 20 de abril. Estoy en una celda que le dicen capilla, ya que mi muerte es cuestión de minutos. Quiero que de esta manera sepan ustedes que mi último pensamiento en la tierra fue para ustedes y mis queridos hermanos.

Padres, hermanos, sólo tengo una terrible preocupación, pero confío que siendo mi última voluntad esta preocupación deje de serlo y se convierta en una gran alegría, ella es la vida espiritual, la vida religiosa de ustedes. Saben que siempre mi preocupación fue la Religión Católica y tratar de hacer la voluntad de Dios; en estos momentos estoy seguro que la estoy cumpliendo y quiero que esta muerte mía, de la cual deben de estar orgullosos, sirva para que ustedes papá y mamá, me hagan la promesa de ir a misa todos los domingos y de confesar y comulgar los dos y después hacerlo regularmente.

Que mis hermanos Manolito e Isidro hagan ejercicios espirituales, anualmente, que se confiesen y comulguen mensualmente y vayan a misa todos los domingos. Traten de ser buenos esposos con esas dos joyas que tienen, Laurita y Fifí, a las cuales también les pido mejoren su vida espiritual. Para mi sobrín Carlos Manuel que le digan lo mucho que su tío lo quería, que murió para que tuviera una Cuba digna y católica y por favor que vaya a un colegio católico. Recuerden que es más importante salvarse que saber inglés. A mi ahijado y mis dos sobrinas muchos besos. Que vayan a colegio católico y que sean buenos hijos todos.

En estos momentos en que la muerte toca a la puerta sabrán, padres y hermanos, que estoy con gran tranquilidad, lo mismo que todos mis compañeros, ya que ello me abre las puertas del cielo y de la dicha eterna. Además, me lleva al lado de abuelito y de mis abuelos donde, si Dios quiere, los espero a todos.

Recuerden, no lamenten, esto es lo mejor. Recuerden que los espero en el cielo, que tengan fortaleza como yo la tengo en estos momentos y que me voy con una sola preocupación de su vida espiritual. Por favor, no la abandonen, que en ningún momento mi problema vaya a afectar al catolicismo de ustedes, al contrario, lo fortalezca.

Sin más, esperándolos en el cielo, queda su hijo, que nunca los olvida y los espera con los abuelos,

Rogelio

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TESTIGO DEL SACRIFICIO
(HACE 50 AÑOS)

Por Tomás Fernández-Travieso


El sol se ponía cuando salimos del juicio. Luis Fernández-Caubí fue el único abogado que se atrevió a defender nuestra causa. El juicio demoró sólo 20 minutos; lo interrumpió varias veces el ruido de los tanques de guerra destacados en La Cabaña corriendo hacia Playa Girón: era el 17 de abril de 1961.

Cuando iban a fusilar, dejaban solamente en capilla a los condenados a muerte. El único que sabíamos que ya estaba allí era Carlos Rodríguez Cabo. A su compañero de causa, Efrén Rodríguez López, le pidieron 30 años. Lo habíamos dejado en la galera y cuando vino a despedirse de nosotros, muy apenado, dijo: “Miren, perdonen que les pida esto, pero seguro que ustedes no regresan. Salúdenme a Carlitos allá”. No pudo seguir hablando. Nos abrazó llorando. Caminando esposados cruzamos el puente levadizo. Abajo, en el foso, un palo solitario se alzaba delante de unos sacos de arena. Virgilio Campanería Angel y yo íbamos esposados juntos. Alberto Tapia Ruano venía solo.

Al llegar a la prisión, desde el patio al otro lado del rastrillo, muchos compañeros nos saludaron en silencio. Nos pasaron a través de una galera donde dormían los guardias, hasta llegar a la capilla (galera interior dividida en cuatro celdas con un pasillo central). Continuamos caminando por un largo pasillo. Cuatro guardias nos escoltaban. Atravesamos tres rejas con gruesos candados. Al entrar en la capilla, desde una de las celdas, la voz de Efrén, fuerte y decidida, nos saludó: “Parece que me quieren tronar (fusilar) también. Me elevaron la condena de 30 a paredón. Además, Carlitos estaba muy solo y no podía abandonarlo”, agregó riendo Efrén. Compartimos la información que teníamos del desembarco por Playa Girón que apoyaría el movimiento clandestino. Efrén y Carlitos eran de Rescate Revolucionario; Virgilio, Alberto y yo del Directorio Revolucionario Estudiantil. Nos metieron en una celda iluminada por una lámpara de luz fría con dos literas sin colchón y un hueco en el piso que servía de inodoro.

Al poco rato trajeron a Lázaro Reyes Benítez y a Filiberto Rodríguez Ravelo, ambos de Güines. Filiberto se había ganado el apoyo de “el marciano” ya que desde que llegó a La Cabaña insistía en que él era un extraterrestre y que estaba en contacto permanente con los marcianos. Después llegó José Calderín, quien junto a Lázaro y a Filiberto fueron a otra celda. Por último, Carlos Calvo Martínez; al igual que Virgilio y Tapita tenía 21 años. Lo acusaron de poner la bomba de El Encanto. Lo metieron en nuestra celda.

Ya estábamos todos. Un guardia trajo las sentencias. A mí me conmutaron la pena de muerte por 30 años de prisión “porque esta gente no va a fusilar a un menor de edad”, me explicaron todos. Ya no pude seguir compartiendo los cantos y los chistes de los demás. Me convertí en el depositario de sus recuerdos, el enlace con la vida. Yo sería el testigo de su sacrificio. Pasaron horas. No sé, ahí no existe el tiempo. Rezamos el rosario, todos teníamos rosarios. Por fin las tres cerraduras crujieron y pasos de botas resonaron en la capilla. El sargento Moreno llamó el primer nombre: “Carlos Rodríguez Cabo”. “Presente”, gritó con voz firme. Dos guardias con fusiles lo escoltaron hasta la puerta de nuestra celda. Nos abrazamos a través de los barrotes. Me encomendó a su hija, le dejaba su sortija y dijo: “ánimo, que tengas suerte”. Al rato el sonido de los fusiles FAL llenó la capilla, seguido de un tiro de pistola. “El sargento Moreno es el que da los tiros de gracia”, me habían dicho. Las tres cerraduras se abrieron otra vez, ahora para Efrén. Respondio: “Presente”.Me abrazó entre las rejas, le dejaba su fosforera a la esposa Los FAL sonaron cerca, seguidos de un tiro de gracia. El tercero fue Virgilio. En el último abrazo me dijo: “Tommy, voy a gritar un Viva Cristo Rey, Viva Cuba Libre, Viva el Directorio, que le va a traquetear los cojones. Alberto (Tapita) se abrazó a mí: “Ojalá que yo vaya después”. Abrazados escuchamos a Virgilio cumpliendo su promesa, sonaron los FAL y después tres tiros de gracia. “Alberto Tapia Ruano”, llamó Moreno. “La Virgencita me oyó”, dijo Tapita con alegría. Salió rápido. Quedamos Carlos Calvo y yo en la celda. “¿Crees que Tapita contó los tiros de gracia de Virgilio?... Fueron tres. De todas maneras él lo va a ver en el suelo, no hay tiempo de quitar los cuerpos entre uno y otro…”, dijo.

El cuarto fue Filiberto, quien, reconociendo su broma, me confesó: “Ya ni los marcianos pueden salvarme del trueno (paredón)”. Salió cantando el Himno Nacional. Le dieron dos tiros de gracia. “Lázaro Reyes Benítez”. “Presente”. Me abrazó y salió. “José Calderín”. “Presente”. El penúltimo abrazo y salió. Carlitos Calvo fue el último. Ya yo conocía toda su vida. Antes de que abrieran las rejas, me pidió: “Cuenta mis tiros de gracia y me lo dices allá arriba”.

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