viernes, octubre 18, 2019

Nazismo y comunismo: las verdaderas cifras del terror tras la histórica condena de la Unión Europea

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Mo obstante tanro el Nazismo como el Comunismo son anticapitalistas:

 

 *************************

Nazismo y comunismo: las verdaderas cifras del terror tras la histórica condena de la UE

*********
El 19 de septiembre, el Parlamento europeo igualó oficialmente los «asesinatos en masa, genocidios y deportaciones de ambos regímenes» durante el siglo XX
*********

Stalin (derecha) estuvo en el poder cerca de treinta años. Hitler, 12. Ambos murieron en el cargo/ Cien años de la ejecución de Rosa Luxemburgo: la comunista discrepante con la Revolución Rusa - ABC

Por Israel Viana
Madrid
16/10/2019 

El resultado fue aplastante: 535 votos a favor, 66 en contra y 52 abstenciones. El pasado 19 de septiembre, la Unión Europea situó oficialmente al comunismo al mismo nivel que el nazismo, tras aprobar una resolución en la que se condenó que «ambos regímenes cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones, y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad».

Los europarlamentarios pedían, además, que todos los Estados miembros «hagan una evaluación clara y basada en los crímenes y actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas totalitarios y el régimen nazi». A pesar de su trascendencia histórica, esta resolución ha pasado desapercibida para la gran mayoría de los medios de comunicación, lo que resulta curioso si tenemos en cuenta que dicha comparación ha sido un debate recurrente entre los historiadores más prestigiosos del mundo desde la caída de la URSS hace tres décadas.

En 1995, por ejemplo, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski llegó a la siguiente conclusión en su libro «El imperio» (Anagrama): «Si podemos establecer la comparación, el poder destructor de Stalin fue mucho mayor. La destrucción realizada por Hitler no duró más de seis años, mientras que Stalin empezó su terror en los años veinte y llegó hasta 1953. Su poder se mantuvo 30 años y la maquinaria de terror se prolongó mucho más. No es que Hitler fuese mejor, pero no tuvo tanto tiempo». No hay que olvidar que a Lenin ya se le responsabiliza antes de tres millones de muertes desde que tomó el poder en 1917 hasta su salida en 1924, sin incluir las registradas en la guerra civil.

«Libro negro del comunismo»

El debate alcanzó su punto álgido en 1997, con la publicación del «Libro negro del comunismo» a raíz del 80 aniversario de la Revolución de Octubre. Fue redactado por un grupo de historiadores bajo la dirección del investigador francés Stéphane Courtois, que se esforzó por hacer un balance preciso y documentado del verdadero coste humano del comunismo. Se apoyó en la información desclasificada de los archivos de Moscú y estableció un cómputo final sobrecogedor: cien millones de muertos, cuatro veces más que la cifra atribuida por estos mismos autores al nacionalsocialismo de Hitler.

El balance no fue una revelación, a pesar de todo. Numerosos investigadores ya se habían interesado en los años previos por los gulag, las hambrunas provocadas por Stalin en Ucrania y las deportaciones masivas de los disidentes del régimen soviético. En 1989, el politólogo Zbigniew Brzezinski ya había establecido los muertos del régimen soviético en 50 millones, en su obra «El gran fracaso: nacimiento y muerte del comunismo en el siglo XX». Robert Conquest, cuyos trabajos sobre la Unión Soviética le convirtieron en una autoridad, estimó 40 millones de víctimas, sin contar a los fallecidos en la Segunda Guerra Mundial. En 1987, Rudolph Rummel, de la Universidad de Hawai, dijo que la URSS había matado a 61,9 millones de personas entre 1917 y 1987. Mientras que el historiador ruso y premio Nobel de Literatura Aleksandr Solzhenitsyn, en el segundo volumen de su «Archipiélago Gulag», de 1973, cifró el número de víctimas de la represión en 88 millones.

La idea de que se pueda comparar a ambos regímenes ha sido siempre rechazada con indignación por los comunistas. De hecho, incluso el grupo socialista europeo –en el que se encuadra el PSOE– presentó una propuesta distinta a la resolución finalmente aprobada, en la que se evitaba mencionar al comunismo y los crímenes cometidos en su nombre en la condena. Es probable que los nazis también hubieran rechazado con igual indignación esta declaración pública, pero no hay que olvidar que esta equiparación ya fue establecida en la primera mitad del siglo XX por autores tan importantes y dispares como George Orwell, Simone Weil, Marcel Mauss, Bernard Shaw, el Nobel de Literatura André Gide y socialistas rusos convencidos como Victor Serge. Hay muchos historiadores que, incluso, defienden que el nazismo no podría explicarse sin la existencia previa del comunismo.

Exterminio racial o político

Una de las diferencias más notables entre ambos es que que los gulag soviéticos se emplearon para castigar y eliminar a los disidentes políticos soviéticos, con el objetivo de transformar lo más rápido posible las estructuras socio-económicas del país e impulsar la colectivización y la industrialización. Los nazis, por su parte, emplearon sus campos de concentración para el exterminio de la raza judía, principalmente.

El balance más desolador de este último fue hecho público hace dos años por el Holocausto Memorial Museum de Washington, a través del proyecto «Enciclopedia de Campos y Guetos». El resultado fue un mapa de 42.500 campos de concentración, guetos y factorías de trabajos forzados que provocaron entre 15 y 20 millones de muertos o internados. En su mayoría fueron judíos, pero también integrantes de otros grupos perseguidos por el nazismo, como los gitanos y los homosexuales. «Las cifras son más altas de lo que originalmente pensamos», aseguró el director del German Historical Institute de Washington, Hartmut Berghoff.

Sin embargo, el cómputo de la mayoría de estudios hechos desde 1945 era de seis millones. Ese mismo año, el Instituto de Asuntos Judíos de Nueva York ya situó los muertos entre 5.659.600 y 5.673.100. Una cifra similar a la que fue revelada antes por William Höttl, antiguo miembro de las SS, que declaró que fue usada por Adolf Eichmann, el arquitecto de la solución final, en 1944.

A la luz de estas cifras, Courtois estableció otra diferencia importante que parece haber sido resarcida con la presente resolución. «Habría que reflexionar sobre el régimen que a partir de 1945 fue considerado como el más criminal del siglo y un régimen comunista que, hasta 1991, ha conservado toda su legitimidad internacional y que hoy está en el poder en varios países y mantiene adeptos en el mundo entero».

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

miércoles, octubre 09, 2019

Citas de Adolf Hitler y otros colaboradores que prueban que eran socialista y lo correcto que fue llamarle Partido Nacional Socialista al Partido Nazi. COMUNISMO Y NAZISMO 25 Reflexiones sobre el totalitarismo en el Siglo XX (1917-1989)



******************

7 citas de Adolf Hitler que prueban que era socialista

*********
A menudo la gente asegura que Hitler y los Nazis representaban al capitalismo y a la derecha de hoy en día, estas citas demuestran lo contrario.
*********

Por MÁS Libertad
Jul 29, 2019

!) «He aprendido mucho del marxismo»… «como no dudo en admitir»

Hitler pudo haber denunciado públicamente al marxismo a causa de su guerra contra la odiada Unión Soviética, pero en privado siempre admitió que era de corazón un izquierdista. Una vez le dijo a Otto Wagener que el problema con los políticos de la República de Weimar era que «nunca habían leído a Marx».

Creía que el problema de los comunistas alemanes era que no entendían la diferencia entre los principios y las tácticas. Se refirió a ellos como simples panfletarios, mientras que «He puesto en práctica lo que estos traficantes de bolígrafos han comenzado tímidamente». Declaró claramente que «todo el nacionalsocialismo» se basó en Marx.

2) «Mi tarea es convertir el volk (pueblo) alemán al socialismo sin simplemente matar a los viejos individualistas»

Hitler quería utilizar la antigua clase liberal clásica, los empresarios y los recursos de los individualistas para construir el socialismo en Alemania. El socialismo se define técnicamente como la propiedad pública de los medios de producción, y en lugar de hacer lo que hizo Stalin y purgar a los capitalistas, se comprometió en lugar de simplemente confiscar su capital. La economía podría controlarse fácilmente simplemente despojando a la clase capitalista de sus medios de producción y guiando su capacidad productiva a través de las manos del Estado.

3) «Si somos socialistas, definitivamente debemos ser antisemitas, y lo opuesto, en ese caso, es el materialismo y el mammonismo, al que nos buscamos oponer». «¿Cómo, como socialista, no puedes ser un antisemita?»

En un discurso en Munich en agosto de 1920, Hitler se dirigió al Partido Nacional Socialista sobre los problemas de la raza y la política. Era ampliamente conocido que los socialistas de la época estaban vinculados a las políticas eugenésicas, como lo han hecho a lo largo de la historia. De hecho, todos los que apoyaron el genocidio en ese momento también se llamaron a sí mismos socialistas.

4) «Debemos encontrar y recorrer el camino del individualismo al socialismo sin revolución».

En declaraciones a su asociado, Hitler argumentó que el problema con el comunismo ruso era que habían elegido su camino como revolucionario. Si se iba a destruir el individualismo, la revolución era la forma más dolorosa y difícil de destruir a los capitalistas. Marx y Lenin tenían los objetivos correctos en mente, pero simplemente eligieron las tácticas incorrectas.

5) «¿Por qué necesitamos problemas para socializar bancos y fábricas? Socialicemos a los seres humanos».

(Paul Joseph Goebbels quien ocupó el cargo de Ministro de Ilustración pública (propaganda) era un seguidor de las políticas socialistas.)

La idea de Hitler de la unidad nacional era llevar el socialismo directamente a la gente. Quería que el socialismo no se tratara solo de nacionalizar la industria, sino de nacionalizar a la gente. Las personas son los servidores del Estado, y el socialismo fue la solución a todos los males de la sociedad.

6) «Somos socialistas, somos enemigos del sistema económico capitalista actual para la explotación de los económicamente débiles, con sus salarios injustos, con su evaluación indecorosa de un ser humano de acuerdo con la riqueza y la propiedad en lugar de la responsabilidad y el rendimiento, y todos estamos determinados destruir este sistema bajo todas las condiciones» 1927

¿Realmente necesitas algo más claro que esto? Hitler declaró claramente que era un enemigo del capitalismo.

7) «Lo que el marxismo, el leninismo y el estalinismo no lograron, estaremos en condiciones de lograrlo».

Hitler era simplemente un socialista heterodoxo. Una vez más, creía que los problemas de sus predecesores eran simplemente tácticos, no filosóficos.

La plataforma del partido nazi

Ahora bien, estas no son citas, per se, son simplemente las tablas de la plataforma con la que se lanzo del Partido Nacionalsocialista. Aún así, Hitler los apoyó, y son relevantes porque muestran la intención de los esquemas de redistribución de riqueza de Hitler, así como su deseo de socialismo.

11. Que todos los ingresos no ganados, y todos los ingresos que no surgen del trabajo, sean abolidos.

12. Como toda guerra impone a la gente sacrificios temerosos en sangre y tesoros, todas las ganancias personales que surjan de la guerra deben considerarse como traición a la gente. Por lo tanto, exigimos la confiscación total de todos los beneficios de guerra.

13. Exigimos la nacionalización de todos los fideicomisos.

14. Exigimos participación en los beneficios en las grandes industrias.

15. Exigimos un aumento generoso de las pensiones de vejez.

[…]

25. Para llevar a cabo este programa exigimos: la creación de una autoridad central fuerte en el Estado, la autoridad incondicional del parlamento político central de todo el Estado y todas sus organizaciones.

Esta era la formación de comités profesionales y de comités que representen las diversas fincas del reino, para asegurar que las leyes promulgadas por la autoridad central sean llevadas a cabo por los estados federales.

Los líderes del partido se comprometían a promover la ejecución de los puntos anteriores a toda costa, si es necesario, en el sacrificio de sus propias vidas.

Este artículo apareció por primera vez en The Libertarian Republic por Austin Petersen.
************
******
Tomado de http://revista.libertaddigital.com

Hitler y el Che, dos caras de la misma moneda
(Fragmento)

Más allá de esta anécdota, lo trágico de la cuestión radica en que multitud de jóvenes, políticos e intelectuales continúan alabando las virtudes de esta ideología totalitaria y genocida, al tiempo que proclaman con total soltura su espíritu "antifascista", cuando en realidad comunismo, fascismo y nazismo configuran un frente común. Son, en esencia, manifestaciones diversas del pensamiento anticapitalista más extremo.

Uno de los aspectos más llamativos y contradictorios de estos movimientos de izquierda tiene que ver con su total ignorancia del ideario nacionalsocialista, que guarda numerosas similitudes con el comunista. Ambos aspiran a reconstruir la sociedad desde los cimientos –para lo cual precisan derribar las instituciones existentes–; a conformar un mundo nuevo que, a modo de paraíso utópico, dé origen a un hombre renovado, cuya voluntad individual quede anegada por el bien común, el espíritu del pueblo (léase Estado). Así pues, el eje vertebrador de comunistas y nazis es ni más ni menos que su idolatrado socialismo.

Hitler y Lenin perseguían un mismo objetivo: erradicar la libertad individual y el capitalismo. El primero tenía una visión nacionalista basada en la lucha de razas; el segundo, una perspectiva internacionalista sustentada en la lucha de clases. Luciano Pellicani, en su obra Lenin y Hitler, los dos rostros del totalitarismo, desentraña a la perfección el denominador común de ambas ideologías. Así, basta con leer los alegatos anticapitalistas de los líderes nazis para comprobar el germen puramente socialista del totalitarismo hitleriano:
  • Adolf Hitler: La lucha más fuerte no debía hacerse contra los pueblos enemigos, sino contra el capital internacional. La lucha contra el capital financiero internacional era el punto programático más importante en la lucha de la Nación alemana para su independencia económica y su libertad (...)
  • En la medida en que la economía se adueñó del Estado, el dinero se convirtió en el Dios que todos tenían que adorar de rodillas (...) La Bolsa empezó a triunfar y se dispuso lenta pero seguramente a someter a su control la vida de la nación (...) El capital debe permanecer al servicio del Estado y no tratar de convertirse en el amo de la nación.
  • Tampoco después de la guerra podremos renunciar a la dirección estatal de la economía, pues de otro modo todo grupo privado pensaría exclusivamente en la satisfacción de sus propias aspiraciones. Puesto que incluso en la gran masa del pueblo todo individuo obedece a objetivos egoístas, una actividad ordenada y sistemática de la economía nacional no es posible sin la dirección del Estado.
  • Yo no soy sólo el vencedor del marxismo, sino también su realizador. O sea, de aquella parte de él que es esencial y está justificada, despojada del dogma hebraico-talmúdico. El nacionalsocialismo es lo que el marxismo habría podido ser si hubiera conseguido romper sus lazos absurdos y superficiales con un orden democrático.
  • Joseph GoebbelsNosotros somos socialistas (...) somos enemigos, enemigos mortales del actual sistema económico capitalista con su explotación de quien es económicamente débil, con su injusticia en la redistribución, con su desigualdad en los sueldos (...) Nosotros estamos decididos a destruir este sistema a toda costa (...) El Estado burgués ha llegado a su fin. Debemos formar una nueva Alemania (...) El futuro es la dictadura de la idea socialista del Estado (...) Ser socialista significa someter el Yo al Tú; socialismo significa sacrificar la personalidad individual al Todo.
  • S. H. Sesselman (líder el partido nazi en Múnich): Nosotros somos completamente de izquierda y nuestras exigencias son más radicales que las de los bolcheviques.
  • Gregor Strasser (presidente del partido nazi entre 1923 y 1925, mientras Hitler estuvo encarcelado): Nosotros, jóvenes alemanes de la guerra, nosotros, revolucionarios nacionalsocialistas, desencadenamos la lucha contra el capitalismo.
*******

Las estrechas relaciones entre la Alemania Nazi y la URSS


*******

COMUNISMO Y NAZISMO
25 Reflexiones sobre el totalitarismo en el Siglo XX (1917-1989)

( Fragmento de un extenso ensayo)
Por Alain de Benoist

I
La publicación, con ocasión del 80.º aniversario de la Revolución de Octubre, de un Libro negro del comunismo redactado por un grupo de historiadores bajo la dirección de Stéphane Courtois, ha desencadenado un debate de gran amplitud primero en Francia y después en el extranjero.[5] La obra, que tenía que haber sido prologada por François Furet, fallecido algunos meses antes, se esfuerza por dibujar, a la luz de las informaciones de que hoy disponemos, un balance preciso y documentado del coste humano del comunismo. Este balance se cifra en cien millones de muertos, o sea, cuatro veces más que el número de muertos que esos mismos autores atribuyen al nacionalsocialismo .

En rigor, tales cifras no constituyen una revelación. Numerosos autores, desde Boris Souvarin hasta Robert Conquest y Soljenitsin, se habían interesado ya en el sistema concentracionario soviético (Gulag); en las hambrunas deliberadamente mantenidas — si no provocadas — por el Kremlin en Ucrania, que en 1921-22 y 1932-33 causaron cinco y seis millones de muertos respectivamente; en las deportaciones de que fueron víctimas siete millones de personas en la URSS (kulaks, alemanes del Volga, chechenos, inguches y otros pueblos del Cáucaso) entre 1930 y 1953; en los millones de muertos provocados por la «revolución cultural» china, etc. Respecto a esos trabajos anteriores, el balance que propone el Libro Negro parece incluso calculado a la baja: no han faltado estimaciones mucho más altas. [6]

El interés del libro reside más bien en que se apoya en una documentación rigurosa procedente en parte de los archivos de Moscú, hoy abiertos a los investigadores. Ésa es la razón de que las cifras que en él se reflejan no hayan sido apenas impugnadas, y la conclusión de un cierto número de observadores es que «el balance del comunismo constituye el caso de carnicería política más colosal de la historia» [7] o que ya se ha hecho la verdad sobre «el mayor, el más sanguinario sistema criminal de la historia». [8]

Así las cosas, lo que ha despertado el debate no son tanto los propios hechos como su interpretación. Sea cual fuere su latitud — observa Stéphane Courtois —, todos los regímenes comunistas han «erigido el crimen de masas en verdadero sistema de gobierno» .

Puede deducirse de ahí que el comunismo no ha matado en contradicción con sus principios, sino en conformidad con ellos — en otros términos, que el sistema comunista no ha sido sólo un sistema que ha cometido crímenes, sino un sistema cuya esencia misma era criminal. «Nadie más — escribe Tony Judt — podrá desde ahora poner en duda la naturaleza criminal del comunismo».[9] A ello se añade el hecho de que el comunismo ha matado más que el nazismo, que ha matado durante más tiempo que él y que ha comenzado a matar antes que él. «Los métodos instituidos por Lenin y sistematizados por Stalin y sus émulos — escribe Courtois — no sólo recuerdan a los métodos nazis, sino que con mucha frecuencia les son anteriores». Y añade: «Este mero hecho incita a una reflexión comparativa sobre la similitud entre el régimen que a partir de 1945 fue considerado como el más criminal del siglo y un régimen comunista que hasta 1991 ha conservado toda su legitimidad internacional y que, hasta hoy, está en el poder en varios países y mantiene adeptos en el mundo entero» .


Etiquetas: , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

domingo, abril 28, 2019

La carrera política del «comunista» Adolfo Hitler antes de convertirse en un antisemita convencido


La carrera política del «comunista» Hitler antes de convertirse en un antisemita convencido

***********
Nuevas tesis confirman que comenzó sus andanzas en la extrema izquierda, algo que posteriormente ocultó en su biografía
***********

 (Imagen añadida por el bloguista de Baracutey Cubano )

Rosalía Sánchez
Berlín
15/04/2019

El 19 de abril de 1919, con una Alemania ya derrotada en la Primera Guerra Mundial pero sin haber sido todavía firmado el Tratado de Versalles, Adolf Hitler participó en unas elecciones a los consejos militares en Múnich. Fue su primera actividad política. Obtuvo el segundo mejor resultado, pero nunca mencionó esa elección ni su participación en ella. Tampoco hizo referencia a este hecho, que consta en un documento recién descubierto en el Archivo de Guerra de Múnich, en «Mi Lucha», el libro que escribió en la cárcel y en el que narró en primera persona el desarrollo de su ideología.

Tenía, desde luego, motivos para ocultarlo. La Münchner Räterepublik (República de los Consejos de Múnich) que duró cerca de cinco semanas, fue el intento de imponer en el Estado Libre de Baviera una república socialista de los consejos de inspiración soviética, lo que significa que la carrera política de Adolf Hitler comenzó en la extrema izquierda, en un momento en que en toda Alemania se formaban consejos revolucionarios de trabajadores y de militares, de abierta orientación soviética y surgidos de la Revolución de Noviembre (1918) que había derrocado la monarquía constitucional de Guillermo II y desembocaría en una república parlamentaria.

(Adolfo Hitler)

Su participación, en todo caso, no fue muy destacada. En dos ocasiones aparece su nombre en la documentación del Segundo Regimiento de Múnich, asociado a un resultado de 19 votos y elegido como vicepresidente del consejo del batallón en la reserva del la Segunda Compañía desmovilizada del Segundo Regimiento de Infantería. La siguiente ocasión en que Hitler concurrió a unas elecciones fue en 1932, como líder del partido nazi, aparentemente en las antípodas ideológicas de estos consejos.

Las elecciones de abril de 1919 tuvieron lugar en los confusos meses posteriores al fallido «golpe del Domingo de Ramos» llevado a cabo por la Alianza de Defensa Republicana, un gobierno de coalición bajo la asociación de voluntarios leales al socialdemócrata Johannes Hoffmann. Aquellos representantes de los soldados y los consejos obreros proclamaron una dictadura comunista. En este contexto, se llevaron a cabo las nuevas elecciones de los consejos de soldados. Los candidatos a los consejos habían proclamado el 14 de abril «con unidad de voz» que «los consejos de soldados de la guarnición de Munich de todo corazón se mantendrían fieles a la república socialista», según consta en un informe del Departamento de Policía de Munich.

Finalmente, como, contrariamente a lo que se esperaba, la guarnición de Munich, incluido el Segundo Regimiento de infantería, no se alió con el Schutzbund, sino que incluso llegó a apoyar parcialmente a la República Soviética, la operación revolucionaria fue un fracaso. Previamente a las elecciones, Hitler había asistido a finales de febrero de 1919 a la marcha fúnebre en honor del primer ministro Kurt Eisner, socialista asesinado de familia judía.

Esa es, en realidad, la clave que ha vuelto a poner en jaque a los historiadores expertos en la figura de Adolf Hitler. Sus afinidades soviéticas son deducibles del programa del partido nacionalsocialista y del pacto que llegó a firmar con Stalin, pero su antisemitismo sí resultaría incompatible con los principios de la izquierda en la que militó en sus primeros pinitos políticos. Varios de los principales líderes de aquella república soviética, como Ernst Toller, Erich Mühsam y Gustav Landauer, Leviné o Tobias Axelrod provenían de conocidas familias judías.

La afirmación de Hitler «Mein Kampf», que se convirtió en «fanático antisemita» a más tardar en Viena en 1908, queda seriamente cuestionada. En ese libro no solo ocultó su militancia junto a judíos comunistas, sino que incluso afirmó haber actuado como un oponente de la República Soviética y, por lo tanto, haber entrado en la mira de los revolucionarios: «en la mañana del 27 de abril, temprano, debía ser detenido, pero los tres troncos que venían a por mí no tuvieron el coraje de hacerlo frente a los carabineros y se volvieron por donde habían venido», dice en su libro.

La revuelta comunista de los consejos fue disuelta por tropas enviadas desde Berlín, con resultado de alrededor de mil muertes, e inmediatamente después de la represión, en mayo o junio de 1919, Hitler se presenta ya como un radical antisemita. Como miembro de una comisión, acusó a acusó a los soldados Georg Dufter y Jakob Seihs, que habían ganado significativamente más votos que él e las elecciones que habían tenido lugar tres semanas antes, de haber participado en la República Soviética.

La interpretación de todos estos hechos, sin embargo, queda sujeta a la discusión entre los historiadores. Los reconocidos expertos en la figura de Hitler Ralf Georg Reuth, Othmar Plöckinger y Thomas Weber ofrecen diferentes tesis en tres libros publicados recientemente al respecto.

«El odio de Hitler a los judíos», de Reiuth, defiende que Hitler estaba dispuesto a «funcionar como rueda de engranaje en la revolución mundial comunista» pero percibió «una gran cantidad de judíos en su liderazgo» que terminó separándole de este movimiento. Plöckinger, coeditor de la edición crítica de «Mein Kampf» publicada en 2016, llega a la conclusión opuesta en su estudio «Entre soldados y agitadores»: el anti-bolchevismo no fue la causa, sino el resultado del odio de Hitler hacia los judíos.

Finalmente, Weber afirma por su parte poder probar que «durante la Revolución, Hitler sirvió en varios regímenes revolucionarios de izquierda y mostró simpatía incluso hacia los grupos moderados de izquierda». Solo después de su colapso, según Weber, tuvo que «sacar su cabeza de la cuerda», Hitler se convirtió en «un torcecuello oportunista».

*****************
Pero Hitler no fue el único; algunos ejemplos:


 (fragmento)

Adolf Hitler: La lucha más fuerte no debía hacerse contra los pueblos enemigos, sino contra el capital internacional. La lucha contra el capital financiero internacional era el punto programático más importante en la lucha de la Nación alemana para su independencia económica y su libertad (...)

    En la medida en que la economía se adueñó del Estado, el dinero se convirtió en el Dios que todos tenían que adorar de rodillas (...) La Bolsa empezó a triunfar y se dispuso lenta pero seguramente a someter a su control la vida de la nación (...) El capital debe permanecer al servicio del Estado y no tratar de convertirse en el amo de la nación.

    Tampoco después de la guerra podremos renunciar a la dirección estatal de la economía, pues de otro modo todo grupo privado pensaría exclusivamente en la satisfacción de sus propias aspiraciones. Puesto que incluso en la gran masa del pueblo todo individuo obedece a objetivos egoístas, una actividad ordenada y sistemática de la economía nacional no es posible sin la dirección del Estado.

    Yo no soy sólo el vencedor del marxismo, sino también su realizador. O sea, de aquella parte de él que es esencial y está justificada, despojada del dogma hebraico-talmúdico. El nacionalsocialismo es lo que el marxismo habría podido ser si hubiera conseguido romper sus lazos absurdos y superficiales con un orden democrático.

    Joseph Goebbels: Nosotros somos socialistas (...) somos enemigos, enemigos mortales del actual sistema económico capitalista con su explotación de quien es económicamente débil, con su injusticia en la redistribución, con su desigualdad en los sueldos (...) Nosotros estamos decididos a destruir este sistema a toda costa (...) El Estado burgués ha llegado a su fin. Debemos formar una nueva Alemania (...) El futuro es la dictadura de la idea socialista del Estado (...) Ser socialista significa someter el Yo al Tú; socialismo significa sacrificar la personalidad individual al Todo.

    S. H. Sesselman (líder el partido nazi en Múnich): Nosotros somos completamente de izquierda y nuestras exigencias son más radicales que las de los bolcheviques.

    Gregor Strasser (presidente del partido nazi entre 1923 y 1925, mientras Hitler estuvo encarcelado): Nosotros, jóvenes alemanes de la guerra, nosotros, revolucionarios nacionalsocialistas, desencadenamos la lucha contra el capitalismo.

El programa político nazi incluía la "eliminación de las ganancias" y de la "esclavitud del interés", la "estatalización" de empresas estratégicas y la "expropiación" forzosa, sin indemnización, de la propiedad privada. Y si bien el régimen nazi no nacionalizó todos los medios de producción, puso la economía al servicio de los intereses del Estado, bajo amenaza de duras penas y castigos (expropiación, cárcel, trabajos forzosos y condena a muerte). No en vano, tal y como razonaba la cúpula nazi, "¿qué necesidad tenemos de socializar los bancos y las fábricas? Nosotros socializamos los seres humanos".

Así, no es extrañar que el último canciller de la República de Weimar, el general Kurt von Schleicher, advirtiera de que el programa nacionalsocialista "apenas era distinto del puro comunismo". De hecho, muchos de los que engrosaron las filas de las temidas SS y SA procedían de las filas comunistas, siendo su fin último el bolchevismo.


Etiquetas: , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...