martes, diciembre 24, 2024

Celebrando las Navidades con videos de los villancicos y las canciones de Navidad más conocidas en español

 

Adeste, Fideles | Musica Catolica -  Letra en español en la segunda parte


VILLANCICOS NAVIDEÑOS

Vamos, Amigos


Villancico:  Cascabel


Raphael- EL TAMBORILERO



Andrea Bocelli – Noche De Paz




LA MARIMORENA



David Bisbal - El Burrito Sabanero



 Gloria Estefan Arbolito De Navidad



30 Mejores Villancicos Navideños con dibujos animados para niños



Villancicos tradicionales españoles (Coral Cordobesa de los Pedroches) Navidad España Spanish Carols


Feliz Navidad 2025 🎅Los 30 Mejores Villancicos - Villancicos Para Celebrar la Navidad




Una Hora de los Mejores Villancicos cantados por niños


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CANCIONES NAVIDEÑAS 

#helenefischer

Helene Fischer | Feliz Navidad (Live aus der Hofburg Wien)


Luis Aguilé - Ven a mi casa esta Navidad


El cantante cubano Antonio Machín - "Navidad" (1974)


La Sonora Matancera con  Celio González en Qué buena la Nochebuena 


Carlos Oliva y Los Sobrinos del Juez - Dos Navidades 





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viernes, diciembre 20, 2024

Celebración de la Navidad en el mes de diciembre: un ejemplo de Evangelización de la cultura. ORIGEN Y SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano 

Este artículo fue publicado en el número 22 de la revista Vitral, correspondiente a los meses de noviembre y diciembre de 1997 en la sección de Opinión. La escritura de este artículo fue motivada por las preguntas que muchas personas me hacían con respecto al día del nacimiento de Nuestro Salvador, Cristo Jesús. En este blog, puede consultarse el artículo "La ciencia histórica y la persona de Jesús " en el que hago una exposición sobre la historicidad de la persona de Jesús de Nazareth.

Los cristianos desde hace  dos milenios estamos haciendo lo que hoy llamamos Evangelización de la cultura; Dado que  las apariciones  de  Jesús resucutado  que aparecen en el Nuevo Testamento  fueron en los días  Domingo,  muy tempranamente a ese día los primeros cristianos le llamaron al día Domingo :  ¨el Día del Señor¨, con lo cual se le daba una importancia mayoe que el que los judíos le daban al  Sábado los judios que seguían la Ley de Moisés,  y sustituían así al  dios  que le asignaban los romanos al Domingo. La acción  de cambiarle el significado de ciertos actos o festividades de una cultura  por otros   significados relativos   a otra  cultura,  no es nada nuevo pues, por ejemplo, el antiguo pueblo de Israel tomó ciertas   festividades religiosas paganas  del pueblo  de la tierra llamada  Canaán  y les cambiaron sus nombres y significados vinculándolos a su religión; de esa judaización de la cultura cananea  surgieron  La fiesta de los Panes Ázimos, la Fiesta de los Tabernáculos y  la Fiesta de la Primera Gavilla. 

Finalmente. Para los cristianos al ser Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre (al ser la Segunda Persona de la Trinidad que se humilló encarnándose como ser humano) tenemos que: 

1) Como verdadero hombre nació y vivió en un tiempo y lugar determinados.

2) Cómo Dios, que es espíritu, no está sujeto al tiempo ni al espacio; lo cual no debe  asombrarnos, pues  tengamos en cuenta que hasta en este mundo material ni el tiempo ni el espacio son absolutos, lo cual ya se ha verificado en nuestros tiempos,  aunque   había sido inferido  teóricamente de una de las dos Leyes de la Relatividad de Albert Einstein.

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ORIGEN Y SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD

Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso

En los textos bíblicos y concretamente en aquellos que conforman el Nuevo Testamento (NT) no aparece de manera explícita la fecha del nacimiento de Jesucristo. Las alusiones más cercanas a dicho momento son las que aparecen en el Evangelio según San Lucas:

" Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que cuando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón."

Lucas 2, 1-7

y la siguiente alusión indirecta:

"En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinea, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados,"

Lucas 3, 1-3

si la leemos conjuntamente con Lucas 3,21:

"Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió,"

En un marco más amplio que el nuevo testamentario como lo es la Tradición Apostólica, la cual está contenida en los libros del NT pero también en los escritos de los grandes escritores cristianos de los primeros siglos, tampoco se encuentra la respuesta sobre la fecha exacta del nacimiento de Cristo. No obstante, los primeros versículos citados sirven para afirmar que Cristo nació aproximadamente 6 años antes que el año en que al principio se calculó su nacimiento, o sea, existe un error aproximado de 6 años en la manera en la que se han fechado tradicionalmente los diferentes hechos históricos de la humanidad con el convenio "después de Cristo" o "después de nuestra era", pues Jesús había nacido antes. Los cómputos se hicieron en el Siglo VI de nuestra era por el Monje Dionisio y la razón de ese error fue el carecer de la suficiente información para situar la fecha del nacimiento de Jesús correctamente. Pese al conocimiento que se tiene actualmente de ese error, se mantienen los fechados calculados con anterioridad por el trabajo y la confusión que podrían traer sus correcciones.

¿ POR QUÉ EL 25 DE DICIEMBRE ?

Para conocer el por qué los cristianos celebramos el nacimiento de Jesús el 25 de Diciembre, debemos remontarnos a la Roma del siglo IV d.C., en la cual desde el siglo anterior había aparecido el culto al dios Sol o dios Solar. El nacimiento del dios Solar era celebrado un día equivalente a nuestro actual 25 de Diciembre, pues en aquellos tiempos se usaba un calendario diferente al actual. Esa fecha fue escogida por el hecho de que ese día, el sol surgía triunfante de la noche más larga del año (según los cálculos de esa época), o sea del supuesto equinoccio de invierno para el hemisferio norte pues dicho equinoccio realmente ocurre el 21 ó 22 de Diciembre. A principios del siglo IV, el emperador romano Constantino el Grande había promulgado el Edicto de Milán en favor de los cristianos y decretado festivo el primer día de la semana o domingo, día del Sol para los paganos pero también, desde hacía dos siglos, día del Señor para los cristianos según se puede leer en los escritos de san Ignacio de Antioquía (muerto en el año 107 d.C.). El domingo es el día de la semana en el que Cristo resucitó y en el que posteriormente realizó varias de sus apariciones ante los apóstoles lo cual aparece intencionalmente destacado en el Nuevo Testamento, señalando con ello la importancia de ese día.

La coincidencia del día de la semana consagrado para el dios Sol y el día del Señor, así como el hecho que se identifica a Cristo como el sol de justicia del que se profetisa en Malaquías 4,2:

"Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada."

y la Luz del mundo de que se habla en Juan 8,12:

"Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida."

llevó pocos años después a identificar el día del nacimiento del dios Sol con el día del nacimiento histórico de Jesucristo.

Pero la Navidad no sólo celebra el nacimiento histórico de Jesús, también celebra la encarnación de Dios hecho hombre llamado el Misterio de la Encarnación que fue anunciado por Isaías.

"Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Enmanuel."

Isaías 7,14

"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz."

Isaías 9, 6

Como consecuencia de la expansión que tuvo el cristianismo en esa época, ya en el siglo V d.C. la celebración de la Navidad se había extendido grandemente por el mundo conocido de esos tiempos.

¿ PAGANISMO O EVANGELIZACIÓN ?

El origen pagano de la celebración de la Navidad el 25 de diciembre, ha sido tomado por pocas y bien determinadas personas para calificar de paganismo la celebración de la Navidad ese día. Esas personas probablemente desconocen que las más importantes fiestas del pueblo de Israel como son: La Pascua (la fiesta más importante del calendario judío), la Fiesta de la Primera Gavilla y la Fiesta de los Panes Ácimos y muchas otras costumbres judías, como es por ejemplo el considerar que el día comienza por la tarde y se extiende hasta la tarde siguiente, tienen su origen pagano en los pueblos entre los cuales nació y se desarrolló el pueblo de Israel así como por sus relaciones con los pueblos vecinos. El pueblo de Israel le dio un carácter totalmente nuevo a esas fiestas y costumbres, despojándolas de los elementos paganos que ellas poseían. Por nuestra parte, los cristianos hemos estado llevando a cabo desde muy temprano en la historia, una actividad que recibe hoy el nombre de Evangelización de la Cultura. La celebración de la Navidad el 25 de Diciembre y la adopción de un símbolo de origen pagano como es el árbol navideño, el cual procede de los pueblos nórdicos, son vivos ejemplos de esa actividad en las cuales los componentes religiosos paganos fueron totalmente eliminados y en su lugar hemos situado elementos de indiscutible carácter cristiano.

Los cristianos con cada Navidad celebramos el nacimiento del tierno y entrañable niño Dios y Padre eterno que vino a mostrar el camino para hacer realidad los anhelos de justicia, fraternidad, libertad y paz de toda la humanidad. La celebración de la Navidad es necesaria, bella e importante, pero aún más importante que celebrar ese bello acontecimiento, es ayudar a que ese niño nazca dentro de nosotros en esta muchas veces oscura gruta que llamamos corazón, y que después, crezca sano y hermoso acompañándonos en nuestro peregrinar. Cualquier momento es bueno para ese alumbramiento, pero La Navidad de este año sería sin duda un marco maravilloso para que dentro de muchos de nosotros se haga realidad ese acontecimiento.

¡Feliz Navidad !

Bibliografía:

La Biblia (Latinoamérica),Edición Pastoral, Editorial Verbo Divino, Navarra, España, 1972

Biblia de América, Editorial La Casa de la Biblia, coeditan Atenas, PPC, Sígueme, Verbo Divino, Madrid, España, 1994

La Santa Biblia. Antiguo y Nuevo Testamento (Reina-Valera), Sociedades Bíblicas Unidas, Corea, 1989.

Diccionario de Pastoral

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EL MES EN QUE JESUCRISTO NACIÓ REVELADO - La Verdadera Historia del Nacimiento de Jesús en la Biblia

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Tomado de  http://www.uv.mx/

EL ORIGEN DE LOS NACIMIENTOS

Texto de José Herrera Alcázar.

La palabra Navidad es una abreviatura de Natividad proveniente de la voz latina nativitas, que significa nacimiento. Es por ello que se aplica este nombre a la fiesta cristiana del 25 de diciembre, en que se celebra el nacimiento del Niño Jesús. Esta celebración se remonta a los primeros años de la iglesia cristiana, cuando el Papa Telésforo la instituyó en el siglo II. En esa época se celebraron las primeras ceremonias religiosas, en las que la iglesia utilizó el género teatral para persuadir a la gente sobre las bondades de su religión.

Durante la Edad Media en España, se representaba la Natividad en una ceremonia nocturna en la que un grupo de niños vestidos de ángeles cantaban en honor del Niño Jesús y otros ataviados como pastores hacían los coros, después de lo cual se abrían las cortinas que cubrían el pesebre y se mostraban al Niño y a la Virgen, dando paso a la celebración de la misa. También en España a finales del siglo XV, fue representado un auto sacramental del poeta Jorge Manrique llamado Renacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, que es una escenificación de la Navidad.

El Nacimiento es la representación plástica de la Natividad de Jesús. En los Evangelios Canónicos se narra con sobriedad la adoración al Niño Jesús por los pastores y por los Reyes Magos, en cambio en los llamados Evangelios Apócrifos se relata con mayor detalle el mismo episodio, motivo por el cual estos últimos fueron los más consultados por los artistas en busca de inspiración para crear sus obras.

Por el siglo VII la escena de la Natividad adquiere la importancia para ser utilizado en los cultos. Algunas crónicas afirman que el pesebre más antiguo que se conserva, aunque sólo en parte, está en la basílica romana de Santa María la Mayor. Este adoratorio guarda la misma estructura de la cueva de Belén. Pero fue San Francisco de Asís, nacido en 1182 en Asís, Italia, quien después de conseguir una autorización del Papa Honorio III., instaló el primer Nacimiento en la ermita de Greccio, en 1223. El religioso celebró el nacimiento de Jesús, colocando un altar frente a la ermita con una escenografía mínima; colocó luminarias por el monte y repartió hachas encendidas entre los frailes y los campesinos que lo acompañaban, lo que atrajo a muchos habitantes de la ciudad de Greccio. Él cantó el Evangelio invitando a todos a participar en el nacimiento del redentor y los campesinos reprodujeron el histórico acontecimiento. Tiempo después, sobre el pesebre de Greccio se erigió una iglesia en conmemoración de San Francisco.

El poeta tabasqueño Carlos Pellicer describió la representación del Nacimiento de la siguiente manera: “Y en una gruta, bajo el cielo de Navidad, arregló el pesebre, colocó el buey y el asno; sobre el pesebre, puso el ara en la cual un sacerdote operó el ritual de la misma, cuyo valor histórico, plásticamente hablando, no tiene par”.

La idea del Nacimiento se consolidó como tradición en el arte de toda Italia, siendo durante el Trescientos (siglo XIV), que se multiplicó la escena de la Natividad, habiéndose afianzado su popularidad en la segunda mitad del Cuatrocientos (siglo XV). En la Catedral de Volterra, un Nacimiento de grandes figuras era ya común. En Toscana el número de Nacimientos monumentales fue muy grande y es posible que desde ahí se propagaran al reino de Nápoles, en donde el Rey Carlos III fundó talleres de cerámica destacando el de Capodimonte, en donde se dice que el propio Rey aconsejaba y dirigía a los artesanos. En este taller encargó figuras para su pesebre, que instaló en una habitación del Palacio Real, lo que dio inicio a una de las más conocidas tradiciones navideñas. El Nacimiento fue todo un acontecimiento, lo visitaban ricos y pobres, nobles y plebeyos, con un poco de fervor religioso, por gusto o por curiosidad. Luego los Nacimientos invadieron las mansiones napolitanas, con figuras fastuosas, vestidas de seda y adornadas con pedrería inclusive con oro y plata. Y finalmente llegaron con más sencillez pero quizás con mayor autenticidad, hasta los modestos estratos sociales.

Se cuenta que el mismo Rey Carlos III promovió la difusión de los Nacimientos en la Península Ibérica. Al viajar de Italia a España llevó consigo el gusto por la representación sagrada y pronto encargó a varios artistas valencianos un Nacimiento para su hijo, el futuro Rey Carlos IV, que causó gran asombro entre la nobleza peninsular, repitiéndose la historia de Nápoles. Así proliferó la producción de Nacimientos, algunos de los cuales todavía se conservan en Museos españoles.

Por otro lado la llegada de los franciscanos a España durante el s. XIII, permitió también la difusión de los Nacimientos por toda la Península. En Alemania, a mediados del mismo siglo, se instaló por primera vez un Nacimiento en el monasterio de Füssen, considerado como el más parecido a los actuales en su diseño. Otros Nacimientos de gran influencia que todavía se conservan son los elaborados en el s. XVII con la corriente barroca que le imprimió un estilo de gran fuerza humana, que va más allá del solo objetivo religioso. Para el s. XVIII, el barroco se constituyó como el antecedente del romanticismo, dotando así a los Nacimientos de grandes escenas con estructuras escenográficas y con figuras preciosistas. En Portugal se elaboraban grandes Nacimientos con figuras de yeso y ojos de vidrio, desarrollándose una reconocida escuela sobre el tema. También destaca la labor de los artesanos españoles, que realizaron preciosos Nacimientos con pequeñas figuras, como las de Salzillo en Murcia y las de Amadeu en Barcelona.

La costumbre de colocar Nacimientos se extendió a partir del Renacimiento hacia otros países europeos. Por lo que respecta al continente americano, es lógico entender que con la evangelización llegaron a estas tierras las recreaciones del acto de fe navideño en diversos materiales. Las religiosas franciscanas elaboraban bellísimos Nacimientos, especialmente con Niños Jesús de cera, hermosas piezas escultóricas que permanecían en exhibición durante un año. Los artesanos mexicanos asimilaron rápidamente las técnicas artísticas traídas de Europa, de manera que las maderas estofadas y policromadas fueron comunes en los Nacimientos mexicanos de la Colonia. Al paso del tiempo, las figuras se hacían con ropa más elaborada, que procedía de conventos y casas particulares. Las caras, pies y manos eran generalmente de cera o barro, luego el Nacimiento se modificó hasta llegar a ser una abigarrada mezcla de estilos y motivos en los que aparece el portal rodeado de magueyes, guajolotes, pastores y tipos populares del México romántico del siglo XIX: el carbonero, el cazador, la tamalera, etc., hechos de barro, cera, madera, de fibras vegetales, hojalata, trapo y de todo material que corresponde a las ramas artesanales del país.

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Bibliografía

* Cantú Romandía, Claudia. “La Natividad”, en Nacimientos Mexicanos, Fundación Cultural SERFIN, México, 1994.

* Mompradé L., Electra y Gutiérrez, Tonatiúh, “Tradiciones Navideñas de México”, en La Cultura Popular en México, Suplemento de Mensual del diario Novedades, México, Diciembre de 1974.

* Novo, Salvador. “La Navidad en el México de Antaño” en Nacimiento, Villancico y Pastorela, Artes de México, México 1965.

* Reynoso, Louisa. "Nacimientos Artesanales Mexicanos", en Nacimientos Mexicanos, Fundación Cultural SERFIN, México, 1994.

Texto de José Herrera Alcázar.

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Villancicos tradicionales españoles (



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viernes, diciembre 23, 2022

Maikel Mederos Fiallo: Cómo fue la primera Nochebuena republicana en Cuba, año 1902. Artículos de Pedro Pablo Arencibia y de ugenio Yáñez titulados: Algunos de mis recuerdos de la Nochebuena en Cuba


Los Toribianitos - Arbolito Arbolito




La Marimorena



Helene Fischer canta Feliz Navidad 




Villancico ¨Cascabel¨


 


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Adeste Fidelis Pavarotti-1978


Coro Ars Nove - Topic - Vamos, amigos



El Consorcio (ex integrantes de Mocedades)- Navidad

Noche de paz con letra

Villancicos tradicionales españoles (Coral Cordobesa de los Pedroches) 


DOS NAVIDADES"-Carlos Oliva y Los Sobrinos del Juez


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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Este artículo lo escribí a petición de mi amigo Eugenio Yañez, hoy fallecido, entonces director y editor  del relevante sitio Cuba Análisis, un respetable Think-Tank de asuntos cubanos; al final de este post publicaré  lo que escribió Yañez sobre sus recuerdos de La Nochebuena. Esos recuerdos de Yañez, y los de otros muy conocidos y reconocidos cubanos, pueden leerse haciendo click en el enlace de donde se tomó  lo escrito por Yañez, al cual felicito no sólo por las Navidades sino también  por la idea de  recopilar  todos esos recuerdos.

Algunos de mis recuerdos de la Nochebuena en Cuba

Por Pedro Pablo Arencibia
20 de diciembre de 2018

¡Qué entusiamo! ¡qué alegría!
¡Qué fiesta santa y amena!
Falta lo mejor: la cena;
¡La gran cena de este día!

De la mesa en derredor
 Donde todo se concilia,
Está toda la familia
Llena de dicha y amor.

  ¡Oh delicia de esta cena!
¡Oh familia venturosa! 
¡Noche alegre!  ¡Noche hermosa!
¡Noche santa!   ¡Noche buena!
Estrofas tomadas de  la poesía Noche Buena*
 de  Juan de Dios Peza


 

   Los  recuerdos de Las Nochebuenas, Las Navidades, Año Nuevo  y  Día de Reyes  de mi niñez y adolescencia están entre los recuerdos más felices de mi vida. El preámbulo a esas fechas lo eran, para mi alegría,  las blancas ¨flores de aguinaldo¨, pues en la entonces nueva urbanización donde mi padre construyó nuestras casas (construyó dos en diferentes etapas debido al crecimiento de la familia) en los años 50 del siglo XX, habían unos solares yermos donde  con la llegada del invierno florecían esas campanillas blancas que en un libro de lectura para la escuela primaria,  escrito si mal no recuerdo  por el Dr. Carlos de la Torre y Huerta, llamaban  la nieve de los campos de Cuba. Los villancicos en la escuela pública,  en la televisión y en la radio,   así como los anuncios navideños y los arbolitos de Navidad con sus nacimientos,  eran   junto con  el relativo frio del invierno cubano un marco ideal e inolvidable para disfrutar de la  magia  de las festividades navideñas, cuya razón de ser es Cristo.

   En nuestras casas siempre,  antes y después de 1959, se celebró La Nochebuena de manera abierta y sin ninguna ¨escondedera¨ cómo  nunca tampoco se escondió el Corazón de Jesús  ni la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre;   hasta la estatua de la Santa Bárbara siempre estuvo en su castillo mirando  para la calle en nuestra casa en el reparto habanero nada exclusivo de El Calvario.  Sin embargo,  a  la Nochebuena no le dábamos un significado religioso, aunque lo conocíamos. La Nochebuena  para nuestra familia (como para la gran mayoría de las familias cubanas) representaba la gran cena anual  de la unión y la reunión familiar de nuestra familia  en cuya mesa un lechón asado, matado y adobado en casa,  no podía faltar, así como el potaje de frijoles negros, la yuca con mojo, plátanos maduros fritos, tostones, la ensalada de lechuga y tomates,  los diferentes turrones españoles y cubanos, las nueces, las avellanas,  los dátiles y higos así como  los exquisitos dulces de cascos de guayaba y de naranja agria, el dulce de coco rallado, los buñuelos de yuca, etc. que preparaba  mi madre,   todo esto acompañado de agua, vinos, refrescos y alguna que otra cerveza sólo para los mayores,  pues en la casa no se tomaban, salvo en fechas excepcionales como esa, bebidas alcohólicas,  las cuales se tomaban en cantidades muy moderadas. También en la mesa estaban presentes latas de conservas en almíbar de mitades de pera,  de  melocotón y  de coctel de frutas, todas procedentes de Estados Unidos.

   Una Nochebuena muy especial fue la celebrada en 1957 en la residencia que mi tio materno Ramón Cardoso le  diseñó, construyó y regaló (con un auto Chevrolet de 1953 en el garaje) a mis abuelos y  a sus hermanas solteras en la incipiente urbanización de clase media llamada Ciudad Jardín; urbanización frustrada y venida a menos después de 1959. Mi tío Ramón, uno de los ocho hijos de mi abuelo sastre con mi abuela,  había sido  un ¨guajirito¨ mulato de Unión de Reyes, Matanzas,  que se ganó una beca para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios localizada en La Habana y después, trabajando y estudiando, se hizo arquitecto en la Universidad de La Habana;  su  ejemplo de superación y prosperidad no era un caso excepcional en la tan vilipendiada República de Cuba anterior al fatídico 1959, en la cual con esfuerzos, sacrificios y  perseverancia para lograr un bien definido objetivo en la vida se podía salir adelante y alto en la vida personal y social. En esa pletórica Nochebuena todos los hijos e hijas, yernos, nueras y  nietos de mis abuelos nos reunimos a cenar improvisando y uniendo varias ¨mesas¨ y dividiendo a los comensales en dos tandas: en la primera tanda cenamos los niños y en la segunda  los mayores. Los niños no nos dábamos cuenta que éramos dichosos como nunca más lo fuimos  en la vida,  pues todos nuestros seres queridos conocidos estaban  vivos y, para mayor felicidad, reunidos físicamente. Muy distinta esa Nochebuena a la de 1982 ó 1983  en la que  dos o tres días antes de esa fecha yo llevé  desde Pinar del Río, provincia donde yo residía,   en un viaje de ¨llega y vira¨  un gran pernil de puerco para la casa de mis padres en La Habana sin que afortunadamente  la Policía Nacional Revolucionaria parara  el carro del ¨botero¨ en que yo  lo llevaba,  pues estaban  registrando y decomisando toda la carne de cerdo  que fuera para La Habana. En esa ocasión mi madre un tanto triste y apenada me preguntó cuando yo le entregué la carne: Pedro ¿Puedo enviarle un pedazo a tus tías?  Yo le respondí: ¡Claro que sí Mima, lo que tú quieras!; fue su última Nochebuena en Cuba.

    No deseo  terminar este escrito sin señalar que el 24 de diciembre de 1969,  es decir: el día de Nochebuena de ese año, en el restaurant El Cochinito, restaurant  especializado en platos con carne de puerco  y  localizado en la famosa y céntrica calle 23 de  El Vedado, lo que se les ofreció  ese día a todos los comensales fue BACALAO. Señalo y enfatizo, para que se entienda en toda su magnitud lo inmediatamente antes señalado, que en aquella época ya todos los restaurantes, cafeterías, etc.   tenían un sólo dueño: la tiranía Castrista,  ladrona de haciendas, sueños... ¡ y  VIDAS de todo un pueblo!
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    Eugenio Yáñez, Miami, Estados Unidos

    Las Nochebuenas que recuerdo eran la unión de toda la familia para cenar en grandes mesas que se colocaban en el patio de la casa de mi abuela, los mayores en una, los niños en la otra. La comida era muy sabrosa, pero el arroz, los frijoles, las viandas y ensaladas eran algo cotidiano en nuestras mesas durante todo el año, así como la carne, el pollo y el pescado (fundamentalmente los viernes). Lo peculiar en Nochebuena era el lechón asado, que se adobaba en la casa y se cocinaba en la panadería de la esquina, así como vinos (solamente para los mayores) y turrones españoles, manzanas y uvas, nueces y avellanas.

    En esa gran reunión había familiares liberales, batistianos, comunistas, ortodoxos, auténticos y no interesados en política, católicos y ateos, pero en Nochebuena y Navidad no se hablaba de esas cosas, sino solamente de amor, confraternidad, alegría, amistad, esperanzas, buena voluntad y mejores deseos. Todo al lado del arbolito y el nacimiento, con villancicos y música navideña, además de música cubana bailable. Cada familia cubana celebraba de acuerdo a sus posibilidades y recursos, pero ni odios ni rencores cabían en ese ambiente festivoesas miserias humanas las introduciría más tarde el comunismo en nuestra patria.

    Después de la cena, algunos iban a la misa del gallo, otros a bailar o pasear, y otros se quedaban en la casa con los niños que, naturalmente, no íbamos a bailar ni tampoco a la misa, por ser a una hora muy tarde para los menores de edad. Y todos comenzaban desde ese momento a pensar en las fiestas de año nuevo, mientras los niños soñábamos con los regalos de los Reyes Magos, confiados en que nos habíamos portado bien.

    El totalitarismo nos quitó las festividades y las posibilidades materiales de realizarlas, pero no pudo arrebatarnos las ilusiones ni la buena voluntad entre cubanos, y tanto en la isla esclava como en el destierro, la Nochebuena continúa significando siempre ese gran encuentro familiar de cubanos esperando la Navidad y compartiendo la cena con lo que se pueda poner en la mesa, mientras nos deseamos lo mejor de lo mejor para todos, menos para los miserables que nos roban las ilusiones y el futuro.

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    Cómo fue la primera Nochebuena republicana en Cuba, año 1902



    Artículo de Maikel Mederos Fiallo.

    El 24 de diciembre de 1902 Cuba celebró su primera Nochebuena libre del dominio colonial español y sin el Gobierno Interventor norteamericano. Hacía solo siete meses que el Presidente Don Tomás Estrada Palma, había tomado posesión en su cargo y poco más de cuatro años que la Guerra de Independencia había terminado.

    En la Nochebuena de 1902 la economía cubana era bien modesta. Con una población estimada en 1 751 366 habitantes, las recaudaciones de impuestos para el presupuesto ascendieron a 17 306 523, un promedio de diez pesos per-cápita. El comercio exterior alcanzó la cifra de 124 914 000, con 71.32 pesos per-cápita y la zafra azucarera fue de 850 181 toneladas con un promedio casi aproximado de media tonelada por habitante.

    Lo modesto de estas cifras contrasta en comparación a la década de los años 50 del siglo XX. Alrededor de cincuenta pesos de recaudaciones presupuestales per-cápita (unas veces más, otras menos); unos 200 pesos de comercio exterior por habitante y una zafra azucarera que llegó a más de una tonelada per-cápita.

    Pero en 1902 los cubanos tenían una ventaja sobre sus descendientes de los años 50 del siglo XX, ni que decir de los tataranietos de hoy día, que compensaba lo modesto de la economía patria: si bajos eran los ingresos, bajos eran los gastos. En 1902 no hubo déficit presupuestal, hubo superávit. Los impuestos eran pocos comparados con los de 1950 y por supuesto, con los de ahora mismo. Los precios parecen sueños…

    De la baratura de la comida tomamos al azar esta cena ofrecida por “El Jerezano” a sus clientes por solo ¡40 centavos!: almejas en salsa verde, vaca frita con mojo, postre, un vasito de vino de Rioja, pan y café.

    Los alquileres estaban por los suelos. Una casa en la calle Chávez con sala, saleta, cuatro cuartos, cocina, baño, patio e inodoro valía seis centenes (30 pesos). Los juegos de cuarto se podían comprar desde 62 pesos, los de comedor, desde 42 pesos y los de antesala desde 28 pesos. Una camisa de franela, con cuello a la marinera (la moda entonces), costaba un peso plata.

    Con semejantes precios los cubanos de 1902 podían celebrar tremenda Nochebuena pese a lo modesto de sus ingresos. Una cena costaba la tercera parte de lo que se pagaría en los años 50 y no tengo matemáticas para calcular lo que costaría hoy, a ver… vamos con los datos: dos libras de jamón en dulce, un pollo asado, dos libras de lechón asado, una libra de turrón, nueces, avellanas y castañas, una barra de pan, una botella de Jérez seco o dulce, dos media botellas de Rioja clarete alambrado y un pomo de aceitunas costaban cinco pesos plata. En los años 50 semejante pedido costaría de 13 a 14 pesos… No hay forma de estimar el costo actual amen de que buena parte de la mercadería no está disponible.

    No se acostumbraba cenar en restaurantes, pero “El Jerezano”, a tono con la fecha, ofrecía el siguiente menú el 24 de diciembre: arroz con guinea, lechón asado, turrón, un vaso de vino Rioja, pan, café y hasta un buen consejo que decía textualmente: “No se meta con nadie”.

    El costo de todo lo anterior, consejo incluido, alcanzaba la cifra de ¡60 centavos!

    Vamos a echar un vistazo a los precios de los artículos de Nochebuena en las tiendas de víveres de 1902, con las ofertas de las cuatro principales casas dedicadas a ese giro: “La Flor Cubana”, “Cuba - Cataluña”, “El Progreso del País” y “La Viña” (en los años 50 solo sobrevivía una de ellas):

    Lechones asados a tres y cinco pesos; pavos asados a 1,50 pesos; pollos y guineas asados a cincuenta centavos; jamón en dulce desde un peso de plata. Turrones de Nieve (blanco, de almendra, con frutas en el centro), Mazapán, Fruta, Yema, Alicante y Crocante, de la mejor calidad, a cuarenta centavos la libra. El de Jijona (mi favorito) a sesenta centavos pues estaba escaso. La botella de vino moscatel a cuarenta centavos y el galón (cinco botellas) un peso plata. “Cuba - Cataluña” regalaba a los clientes que compraran por más de 50 pesos una preciosa ponchera de cristal.



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    * Poesía Noche Buena de  Juan de Dios Peza (México, 29 de junio de 1852 - 16 de marzo de 1910) tomada de Cuba y América: Revista ilustrada ..., Volume 8, Issues 106-111. Revista editada por  Raimundo Cabrera
    Esta poesía,  con algunas de sus estrofas ya formando parte de la tradición navideña cubana,  fue condenada al ostracismo por el Castro-Comunismo,  pues  dos de los objetivos del Comunismo son  eliminar las creencias religiosas y el papel fundamental de la familia. En el  sitio de la Liga Internacional Comunista (Fourth Internationalis) se pueden leer en el artículo  El enfoque marxista de la liberación de la mujer. El comunismo y la familia. Mujer y Revolución esos objetivos. No obstante, adelantaré algunos fragmentos de ese artículo  en el  que de manera explícita se  leen  esos objetivos del comunismo y de la izquierda radical.

    •   La familia bajo el capitalismo es el principal mecanismo de la opresión de la mujer y de la juventud, atada por innumerables lazos interrelacionados con las operaciones básicas de la economía de “libre mercado”. La familia, el estado y la religión organizada conforman un tripié de opresión en el que se sostiene el orden capitalista. En los países del Tercer Mundo, el atraso y la pobreza arraigados, promovidos por la dominación imperialista, conducen a prácticas horriblemente opresivas como el velo, el precio de la novia y la mutilación genital femenina.
    •   Remplazar la familia por instituciones colectivas es el aspecto más radical del programa comunista, y el que traerá los cambios más profundos y drásticos en la vida cotidiana, incluida la de los niños.
    •   En la actualidad, la visión de una sociedad sin la institución opresiva de la familia ya no puede hallarse en la gran mayoría de los que dicen estar por el marxismo, el socialismo o la liberación de la mujer. 








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    jueves, diciembre 22, 2022

    Tania Quintero sobre cómo el pueblo cubano ¨de a pié¨ festejaba la Nochebuena y las Navidades antes de 1959

     

     Gloria Estefan Arbolito De Navidad




    LA MARIMORENA



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    Tomado de http://www.ddcuba.com

    Navidades, en plural

    Por Tania Quintero
    Lucerna
    18-12-2011
    'El lechón salía en una bandeja de la panadería y las frutas venían de California, pero los turrones eran cubanos…'

    Nací en 1942 y en mi infancia decíamos Navidades, en plural, y muchas postales decían Felices Pascuas, cuando en realidad la Pascua se celebra el lunes siguiente al Domingo de Resurrección, marcando el fin de la Semana Santa. Detalles que no importaban a los cubanos de mi época, en particular a los niños, deseosos de que llegaran los meses de diciembre y enero.

    Las Navidades se ajustaban a los bolsillos. Como en mi familia paterna todos trabajaban, cada uno aportaba algo. Mis tres tías eran modistas, un tío era carpintero y el otro agricultor. Y mi padre alternaba su oficio de barbero ambulante con el de guardaespaldas (fue guardaespalda del líder comunista Blas Roca en esa época.  nota del bloguista de BC). En realidad lo que a mi padre le gustaba era ser panadero. Lo aprendió siendo adolescente y al amanecer, cuando llegaba cargado de flautas calientes, su madre lo estaba esperando con una chancleta en la mano. No aceptaba que uno de sus hijos dedicara las madrugadas a hacer pan para que se lo comieran quienes dormían plácidamente toda la noche.

    Se fuera más o menos pobre, nunca se dejaban de celebrar las dos fechas de diciembre más importantes en la Cuba de entonces: la Nochebuena, el 24 de diciembre, y la llegada del Año Nuevo, el 31 de diciembre. Ni tampoco el de más ilusión, el día de los Reyes Magos, el 6 de enero.

    Vivíamos en el segundo piso de un viejo edificio, a dos cuadras de la Esquina de Tejas, en El Cerro. Mi madre tenía ocho hermanos, cinco residían en la capital y tres en Sancti Spiritus. Que yo recuerde, nunca fuimos a cenar el 24 ni esperar el año junto a alguno de sus hermanos, con los cuales se llevaba muy bien. Es que ella, caso raro, congeniaba muy bien con su suegra y sus cuñados, y de buena gana iba a Luyanó, a casa de Matilde, mi abuela paterna, una mulata que medía seis pies y no creía en cuentos de caminos.

    En la mañana del 24 cogíamos la ruta 10 en la Esquina de Tejas, a un costado del cine Valentino y la valla de gallos, hace tiempo desaparecidos. Cuando llegábamos, ya mi abuela y mis tías tenían distribuidas las tareas. Mi padre iba a la panadería, a ver si ya le quedaba poco al lechón y averiguar a qué hora se podía ir a buscar.

    Había familias que preferían comprar el puerco, cerdo, macho o marrano ya muerto y limpio, pero otras lo compraban vivo y lo mataban en el patio de su casa o de un vecino. Luego de sacarle la grasa y las vísceras, lo adobaban con sal, ajo, cebolla, naranja agria y orégano. Y lo llevaban a la panadería del barrio, que cuando llegaban las Navidades, a la producción diaria de pan, galletas de manteca y palitroques, añadían los numerosos encargos para asar puercos en sus hornos de leña.

    (La autora, a la izquierda, junto a su madre y una vecinita. (La Habana, 1945))

    El momento más esperado era cuando hacía su entrada triunfal el bandejón que prestaban en la panadería, con el animal bocabajo, asado y crujiente, que uno quería comérselo enseguida, sin arroz ni frijoles ni yuca.

    Una de las cosas que más recuerdo de aquellas Nochebuenas era el olor a lechón asado que inundaba toda la ciudad, proveniente de los timbiriches vendiendo pan con lechón en trozos, por libras, a precios accesibles a las personas de pocos recursos.

    Volviendo a Luyanó. A uno de los tíos le tocaba ir a la bodega, que quedaba al lado, a comprar dos o tres botellas de vino tinto español, y para los fiñes, Materva y Salutaris, refrescos muy populares. El agua, de la pila, enfriada en el refrigerador, nada de agua mineral El Cotorro, la más famosa de La Habana. Prohibida la cerveza y el ron. "Es un día para estar en familia, no para jalarse", decía la matriarca del clan.

    A mis primos varones, para que no fastidiaran dentro de la casa, que no era muy amplia, los mandaban a jugar a la calle. Eran vigilados por la abuela Matilde, sentada en un sofá de madera con rejillas de mimbre, al lado de la puerta de la calle, que mantenía entreabierta. A las hembras nos tocaba ayudar a limpiar el arroz y los frijoles negros, escoger las hojas de lechuga y lavar los tomates y rabanitos. O fregar y secar con un paño la vajilla y los cubiertos.
    Las mujeres, entre ellas mi madre, se encargaban de cocinar el arroz, los frijoles negros (deliciosos cuando le echaban hojitas de culantro), la yuca con mojo y el fricasé de guineo o gallina de Guinea. Cocinaban en grandes calderos, por partes, porque la cocina solo tenía tres hornillas.

    [Tania Quintero de niña.] Tania Quintero de niña.

    Los dulces caseros, tradicionales en el menú criollo de Nochebuena, se preparaban con antelación: cascos de guayaba, naranja o toronja en almíbar, que se comían acompañados de queso blanco de Camagüey o de Jicotea, un poblado villaclareño. O queso amarillo, de esos de cubierta roja que vendían en las bodegas por pedazos.
    El postre más esperado lo repartían al final. En una bandeja de cristal, turrones españoles, de jijona, alicante y yema, y también mazapán y membrillo, en pedacitos demasiado pequeños para el gusto infantil. En otra bandeja, los dátiles e higos secos, traídos de no sé cuál país árabe.

    Después de los postres llegaba el turno de las nueces y avellanas, vendidas a granel en las bodegas. Para partirlas se utilizaban rompenueces de metal, que recordaban instrumentos de dentistas para sacar muelas. Había llegado el momento de conversar y reírse. Si existía alguna desavenencia familiar, Matilde no permitía que se tratara de solventar en ese momento.

    En casa de mi abuela no había televisor, tampoco en nuestra casa (vinimos a tener uno ruso, de la marca Krim, el 31 de diciembre de 1977, no olvido la fecha porque ese día falleció el padre de mis hijos). Como a mi abuela y tíos les gustaba la música cubana, se prendía la radio y esa noche en la sobremesa se escuchaba, entre otros, a Barbarito Diez, Benny Moré y María Teresa Vera, la cantante favorita de mi padre, según él, la mejor intérprete de Y tú qué has hecho (En el tronco de un árbol), de Eusebio Delfín, natural de Palmira, Cienfuegos, la patria chica de mi familia paterna.

    Aunque todos ellos habían nacido en Palmira, municipio con fama de grandes santeros y brujeros, ninguno tenía creencias religiosas, católicas o afrocubanas. En casa de mi abuela nunca vi una imagen del Sagrado Corazón ni de un santo o virgen. El cuadro que presidía la sala no podía ser más realista: una de esas fotos retocadas y coloreadas que se hacían a principios del siglo XX y en la que aparecían seis bebés desnudos, mi padre y sus cinco hermanos, en poses que ocultaban el sexo de hembras y varones.

    Pese a su agnosticismo, todos los años se ponía un arbolito navideño, con sus bolas, pico, guirnalda y algodón sobre las ramas, recurso usado en Cuba para imitar la nieve.

    Alrededor de las 12 de la noche emprendíamos el regreso a casa. Ya estaba funcionando la confronta, y si la ruta 9 venía primero que la 10, la cogíamos y nos bajábamos en la Calzada de Cristina, y caminábamos unas cinco cuadras.
    Al día siguiente, 25 de diciembre, nos volvíamos a reunir en Luyanó. No para ver qué regalos nos había traído Santa Claus, personaje conocido por la gran influencia que teníamos de las costumbres en Estados Unidos. Si no para la "montería", como llamaban al almuerzo con los restos de cerdo, calentados tal y como habían quedado de la Nochebuena o guisados, con cebolla, ají, puré de tomate y otros condimentos.

    A veces también se freían chicharrones. O se compraban en los puestos de chinos, verdaderos especialistas, sobre todo en los chicharrones de tripitas o de viento. En la montería los niños tomábamos malta o maltina y los mayores cerveza, Hatuey, Polar o Cristal, de fabricación nacional. Una o dos botellas. Matilde no permitía borracheras en su hogar.

    Seis días después, el 31 de diciembre, se celebraba un nuevo encuentro familiar en casa de la abuela. El menú consistía en arroz congrí o moros y cristianos; guanajo (pavo) en fricasé; ensalada de lechuga y tomate y tostones de plátano verde.

    En los postres se repetían los dulces caseros, pero los turrones eran cubanos. Antes, en Cuba, en La Estrella o La Ambrosía, dos de las principales fábricas de galletas, caramelos y chocolates, se elaboraban turrones de maní, semilla de marañón, yema, mazapán...

    Los mayores bebían vino blanco y los menores, jugo. Mientras esperábamos las 12 de la noche, de una gran bandeja en el centro de la mesa podíamos coger manzanas, peras, melocotones y albaricoques. A pocas cuadras de nuestra casa, en Frutas Rivas, un gran almacén en la calle Monte frente al Mercado Único de Cuatro Caminos, se dedicaba a la importación de frutas frescas de California.

    Para el 31, mis padres compraban allí esas frutas y también las uvas, verdes y moradas, que se preparaban en ramitos de 12 y se comían cuando se acercaban las doce campanadas. El brindis, deseando salud y un próspero año nuevo, se hacía con sidra El Gaitero, la más consumida en la isla en aquellos años.

    Todas esas costumbres se fueron perdiendo, por la escasez material, la pérdida de valores morales y las rupturas familiares que trajo consigo la revolución de Fidel Castro. Tal vez un día, cuando Cuba tenga una economía desarrollada y vuelva a ser una nación democrática y cosmopolita, la tradición de las Navidades deje de ser un recuerdo.
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    La Navidad antes de 1959

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    La cena solía consistir en arroz blanco, frijoles negros, puerco asado, fricasé de guanajo, ensalada de tomate, lechuga y rabanitos, yuca con mojo y tostones de plátano verde.
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    El cerdo asado, junto al arroz con frijoles y la yuca con mojo constituyen la comida tradicional cubana de fin de año.

    Por Tania Quintero
    diciembre 24 2012
    Antes de Fidel Castro y los barbudos tomar el poder, el 1 de enero de 1959, la llegada de la Navidad era un acontecimiento en todos los hogares, al margen del presupuesto doméstico y la categoría social. Nunca se dejaba de celebrar.

    Las familias numerosas y de modestos recursos, como la mía, el 23 de diciembre llevaban un puerco, ya adobado, a la panadería más cercana para que se lo asaran. Los que vivían en las afueras, preparaban condiciones para asarlo en el patio.

    En esa época, la década 1940-50, no se cenaba el 24 con bistec o una pierna de cerdo, como ahora se estila en Cuba, sino con un puerco asado completo, como el de la foto. Además, había la posibilidad de comprar las partes del animal que uno prefería, ya asadas, en los quioscos y timbiriches esparcidos por toda la ciudad, y que la inundaban con un sabroso olor a lechón asado.

    También vendían pan con lechón, a 0.20 centavos. El pan de flauta era fresco, y luego de servidas las masas con sus correspondientes gorditos y pellejitos crujientes, el vendedor lo rociaba con un mojo de naranja agria, ajo y cebolla. Si a uno le gustaba el picante, le echaba un aliñado de vinagre con ají guaguao y pimienta de guinea.

    El 23 era el día de los preparativos, de revisar si no faltaba nada o si había que comprar más. Entonces mandaban a los muchachos a la bodega de la esquina, a comprar más turrones, de jijona, alicante, yema o mazapán; nueces, avellanas, dátiles, higos...

    Mis padres y yo siempre cenábamos el 24 en la casa de mi abuela Matilde, en Luyanó, barrio obrero en las inmediaciones de La Habana. Nos íbamos temprano, para ayudar en lo que hiciera falta. Como vivíamos cerca de Frutas Rivas, un almacén importador de frutas de California, frente al Mercado de Cuatro Caminos, llevábamos un cartucho grande con manzanas, peras y melocotones, que se ponían en una fuente en la mesa. En Nochebuena no se comían uvas: éstas se dejaban para despedir el año, el 31 de diciembre, a razón de doce por persona.

    La cena solía consistir en arroz blanco, frijoles negros, puerco asado, fricasé de guanajo, ensalada de tomate, lechuga y rabanitos, yuca con mojo y tostones de plátano verde. Para beber, vino blanco o tinto para los adultos y refresco para los niños. De postre, dulce casero: coco rayado, mermelada de guayaba o cascos de toronja con queso blanco. Los turrones, nueces, avellanas, higos y dátiles se comían en la sobremesa. Al final, la imprescindible tacita de café.

    El arbolito ocupaba un lugar especial en las salas de las casas. A veces les ponían algodón, para imitar la nieve. Debajo, más grande o más pequeño, el nacimiento o belén. En las tiendas vendían adornos navideños, importados de Estados Unidos o Europa, pero a la gente le gustaba decorar con flores de pascuas, común en los jardines cubanos en estos meses del año. Otra costumbre era el envío de tarjetas por correo y los intercambios de regalos.

    Mis tres tías eran modistas; los dos tíos, carpinteros, y mi padre, barbero ambulante. Si a alguno se le presentaba un compromiso y no podía ir a cenar, tenía que pasar y disculparse con la abuela Matilde, una mulata que medía 6 pies y pesaba 100 kilos. Era la matriarca. Y para ella, Navidad, Nochebuena y Fin de Año eran citas obligadas para toda la familia.

    Este post, de la periodista Tania Quintero, fue publicado originalmente en el Blog de Iván García y sus amigos.

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