domingo, mayo 17, 2026

Julio M. Shiling: La visita del director de la CIA a La Habana: un ultimátum a plena luz del día. Video: Director de la CIA viajó a La Habana y se reunió con autoridades de la dictadura

La visita del director de la CIA a La Habana: un ultimátum a plena luz del día


NTN24
22 de mayo, 2026

Dimite jefa de inteligencia de EEUU en plena presión a Cuba: embajada publica un conteo regresivo



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Por Julio M. Shiling 

15 mayo,  2026

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La imagen resulta repulsiva a primera vista. Un alto funcionario del Gobierno de Estados Unidos, la principal democracia del mundo, sentado frente a los arquitectos uniformados de una de las tiranías más longevas del hemisferio occidental. Sin embargo, el contexto, el momento y el simbolismo deliberado transforman lo que podría parecer un mero encuentro en algo mucho más severo: un ultimátum público al régimen de los Castro. Cambien su sistema político o lo cambiaremos por ustedes, por cualquier medio que sea necesario.

 director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana el 14 de mayo de 2026, donde no se reunió con las figuras civiles del régimen, sino con sus altos mandos militares y de inteligencia. Estaban presentes el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas, jefe de la inteligencia cubana, y Raúl Guillermo «Raulito» Rodríguez Castro, nieto del dictador Raúl Castro, de 94 años. La visita se produjo en un contexto de colapso del sector energético cubano, con la isla anunciando que había agotado las reservas de fuelóleo para uso doméstico y para las centrales eléctricas. Otra variable que pesa en contra de la dictadura comunista es la creciente manifestación pública por parte de la sociedad cubana de descontento con el sistema y el régimen que causan estos males.

No se trató de un acercamiento por vías extraoficiales. A diferencia de las secretas negociaciones previas al deshielo de la administración Obama, Ratcliffe llegó abiertamente, en un avión oficial del Gobierno de EE. UU. El director de la CIA actuó como la cara visible del poder estadounidense. La elección del jefe de la inteligencia estadounidense —durante mucho tiempo el totí en la propaganda castrista— no fue en absoluto accidental. Tras décadas en las que el régimen achacaba todas las penurias al imperialismo yanqui y a las conspiraciones de la CIA, el líder de la agencia aterrizó a plena luz del día. El mensaje al pueblo cubano, a la diáspora y a los propios cuadros del régimen no podía haber sido más claro.

Ese mismo día, CBS News informó —y fuentes confirmaron posteriormente— que Estados Unidos está avanzando hacia la solicitud de una acusación formal ante un gran jurado federal y una orden de captura contra Raúl Castro por su papel en el derribo en 1996 de dos aviones de Hermanos al Rescate. Este incidente causó la muerte de cuatro voluntarios humanitarios. El ataque, llevado a cabo en espacio aéreo internacional bajo órdenes directas de la dirección comunista, sigue siendo uno de los actos más emblemáticos de asesinato patrocinado por el Estado en la historia moderna de las Américas. Esto refleja la estrategia legal utilizada contra Nicolás Maduro en Venezuela. La presión legal sirve tanto de preludio como de justificación para una escalada de la acción.

Los paralelismos con Venezuela son deliberados e instructivos. La CIA, bajo la supervisión de Ratcliffe, desempeñó un papel central en las operaciones que aislaron y presionaron al régimen de Maduro, incluida la dramática evacuación de una base venezolana. Ratcliffe ha estado notablemente activo en los asuntos venezolanos, manteniendo, según se informa, contactos de alto nivel. El envío del director de la CIA a La Habana indica que ahora se dispone de las mismas herramientas para Cuba. El hecho de reunirse con el núcleo de la inteligencia militar, en lugar de con diplomáticos o civiles del partido, sugiere además que Washington está identificando fracturas —posibles reclutas para un cambio interno o un golpe palaciego si la geriatría en el poder se niega a ceder.

La dictadura comunista de Cuba ha sobrevivido gracias a la represión, las subvenciones soviéticas, el petróleo venezolano y las interminables promesas de reforma que nunca tiene intención de cumplir. Es casi seguro que responderá con concesiones tácticas. Liberar a unos pocos presos, soltar tópicos sobre el diálogo u ofrecer aperturas económicas limitadas son modos probadas y comprobadas. El objetivo de esta dictadura, que ha resistido el paso del tiempo, es ganar tiempo. Los hechos estructurales y empíricos nos dicen que el comunismo castrista nunca aceptará una transición pactada que ponga fin a su dominio. El reparto del poder o la apertura democrática desmantelarían el aparato de control que ha sostenido a la familia Castro y a sus ejecutores durante más de seis décadas. El cambio de régimen, si llega a producirse, tendrá que ser impuesto.

La visita representa la última advertencia clara. Con la economía cubana en caída libre, los apagones generalizados y las protestas latentes, el régimen es más vulnerable que nunca. La larga historia de promesas incumplidas y fórmulas cínicas de retraso del castrismo debería dejar a Washington con poca confianza en cualquier transición negociada. Un ataque quirúrgico —ya sea cinético, cibernético o mediante operaciones especiales intensificadas y apoyo a la oposición interna— sigue sobre la mesa. La envejecida cúpula ya debe de estar barajando refugios para el nonagenario Raúl y preguntándose qué generales podrían ceder primero.

Los críticos tacharán cualquier línea dura de «intervencionista». Sin embargo, el cálculo moral es sencillo. Estados Unidos no debe ninguna deferencia a un régimen construido sobre pelotones de fusilamiento, prisiones políticas y terrorismo exportado. Décadas de sanciones, acercamiento y medias tintas no han logrado aflojar el yugo de la dictadura. El enfoque de la administración Trump —máxima presión combinada con exigencias explícitas de un cambio político fundamental— reconoce la realidad. El castrocomunismo no es un socio para la reforma, sino un tumor maligno que debe extirparse.

La imagen sigue siendo desagradable. Que los funcionarios estadounidenses compartan la mesa con los herederos del sangriento legado de los Castro choca con los principios fundacionales de la nación. Washington no debe caer en las maniobras evasivas bien ensayadas del régimen ni en sus falsas promesas de «cambio significativo». Perfeccionar el arte de la mentira es la forma en que el castrocomunismo llegó al poder y se ha aferrado a él durante casi siete décadas. Cualquier negociación debe llevarse a cabo estrictamente en términos de la rendición incondicional del régimen. La misión tan pública de Ratcliffe, sincronizada con las acciones legales contra Raúl Castro y el colapso en cascada de Cuba comunista, es un ultimátum de alto riesgo: transformación genuina o confrontación con el poder estadounidense.

Los castristas ganarán tiempo con evasivas. Washington no debe complacerlos, salvo en un caso: si la CIA evalúa que hay perspectivas creíbles de una revolución palaciega. En tal escenario, Estados Unidos debería proporcionar apoyo logístico y de inteligencia discreto para un golpe de Estado, pero solo bajo condiciones inquebrantables: la detención inmediata de los principales remanentes del régimen por parte de la facción rebelde, la liberación incondicional de todos los presos políticos y la supervisión directa estadounidense para garantizar un auténtico fin del régimen castrocomunista. Si esa opción interna no llegara a materializarse, la respuesta debe ser un ataque quirúrgico rápido dirigido contra las aproximadamente veinte instalaciones militares y de inteligencia clave de Cuba. La visita de Ratcliffe fue la última advertencia. La era de la paciencia infinita ha terminado.

© Patria de Martí. Todos los derechos reservados.

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ErnestoMiami

16 mayo, 2026

La Reunión de la CIA en La Habana: Anatomía de un régimen en quiebra


Marti Noticias

15 mayo, 2026

El jefe de la CIA se reúne con El Cangrejo en Cuba ¿Qué busca EEUU con este viaje?


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NTN24

14 de mayo, 2026

ATENCIÓN: Director de la CIA viajó a La Habana y se reunió con autoridades de la dictadura



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FOTOS PUBLICADAS POR LA CIA 

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viernes, abril 17, 2026

Tania Quintero: Verde por fuera y roja por dentro. Un día como hoy, pero de 1961, se anunció el carácter socialista de la revolución.


Tomado de https://diariodecuba.com/

Verde por fuera y roja por dentro

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Un día como hoy, pero de 1961, se anunció el carácter socialista de la revolución. Ese año, la periodista Tania Quintero le preguntó a Fidel Castro si era cierto lo que Lalo Carrasco le había dicho: que de su librería él se llevó unos libros de marxismo y nunca se los pagó.

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Por Tania Quintero

Lucerna

16 de abril  2026

La segunda vez que estuve cerca de Fidel Castro fue un domingo de febrero de 1961. La primera vez había sido en la tribuna de un acto en Ciudad Libertad, en diciembre de 1960. Recuerdo que le pregunté si era cierto lo que Lalo Carrasco me había dicho: que de su librería, en Carlos III casi esquina a Marqués González, él se llevó unos libros de marxismo y nunca se los pagó. "Lalo le hace el mismo cuento a todo el mundo", me respondió.

Esa segunda vez fue poco antes de incorporarme al tercer y último contingente de maestros voluntarios en la Sierra Maestra. Ocurrió en La Raquelita, finca ubicada en El Cacahual, otrora propiedad de Luis Conte Agüero, periodista y político fallecido a los 101 años en 2025 en Miami.

Tras la llegada al poder de los rebeldes, la finca había sido expropiada y entregada a Blas Roca, secretario general del Partido Socialista Popular (PSP), para que allí trabajara y descansara. Mi padre había sido guardaespaldas de Blas durante más de veinte años. Roca era el esposo de mi tía Dulce Antúnez, hermana de mi madre. Por si no bastara, desde agosto de 1959, el "tío Paco", como los sobrinos le decíamos a Blas, era mi jefe en las oficinas del PSP, donde era la única mecanógrafa.

(La entonces niña Tania Quintero de manos  de la entonces oficinista del  partido comunista de Cuba)

Aquel domingo, Blas y los principales líderes del comunismo nacional (los hermanos Aníbal y César Escalante, Joaquín Ordoqui, Carlos Rafael Rodríguez, Manolo Luzardo, Lázaro Peña, Flavio Bravo y Severo Aguirre), se reunieron secretamente con Fidel Castro.

A todos ellos y también a Juan Marinello, Secundino Guerra, Antero Regalado, Zoila "Tania" Castellanos, Carlos Fernández R., Rafael Ávila, Salvador García Agüero y Ramón Calcines, les mecanografiaba todo tipo de textos. Desde actas de reuniones del Comité Nacional —que con su ilegible letra redactaba Flavio Bravo y yo pasaba las de Caín para mecanografiar original y copia—, hasta la reedición del libro Los fundamentos del socialismo en Cuba, de Blas Roca, publicado en 1960. Lo más pesado eran las "tablas" con datos económicos que Carlos Rafael Rodríguez me daba, destinadas a los soviéticos, no sé si los de la embajada o los de Moscú.

Todo lo anterior mecanografiaba yo, además de imprevistos como los versos que el 29 de octubre de 1959 el poeta Manuel Navarro Luna había acabado de componer y me dictó de una hoja de papel manuscrita. Estaban dedicados a Camilo Cienfuegos, misteriosamente desaparecido en el mar el día antes. El poema se titula A Camilo. Grabadas se me quedaron las primeras líneas: "Tienes que estar caído, / tremendamente desgarrado y caído, / para que no respondas al pueblo que te llama / y ahora te busca entristecido... "

Aunque el rumbo socialista de la revolución no se hizo público hasta el 16 de abril de 1961, ya "la cosa" estaba ideológicamente amarrada desde 1959. Aquel lema de "la revolución es más verde que las palmas" no era más que eso, un lema. En sus inicios, se pensó que el proceso revolucionario tendría un carácter nacionalista, con participación de la pujante burguesía cubana. Lo realmente cierto era lo que la gente comentaba en la calle: "Es como un melón, verde por fuera y roja por dentro".

Regresando a la finca La Raquelita. En una pausa, mi tía Dulce me llevó al lugar donde se celebraba el secreto encuentro entre Castro y la plana mayor del PSP.  Era una especie de bohío circular sin paredes. El techo de guano no permitía mucha visibilidad.

—Fidel, esta es mi sobrina Tania. Dentro de poco se irá a la Sierra Maestra, a un curso de maestros voluntarios, pero nadie en la familia cree que va a aguantar, porque mira qué flaquita es —yo tenía 18 años y pesaba cerca de 100 libras o 45 kilos— y es muy mona para comer.

Fidel se puso de pie. No me dio la mano. Dirigiéndose a mi tía Dulce, dijo:

—No se preocupen. En las montañas hasta el aire engorda.

Como ya mencioné, entre los presentes aquella tarde se encontraban los hermanos Escalante. Si César era el ideólogo (fue el creador de la Comisión de Orientación Revolucionaria, reconvertida en departamento, hoy conocido como DOR), Aníbal era el enlace entre la dirección nacional del PSP y "Alejandro", seudónimo de Fidel Castro. Cada vez que un mensaje escrito debía ser enviado a "Alejandro", Secundino Guerra, alias Guerrero, me hacía dejar lo que estuviera realizando y de prisa me llevaba a la oficina de Aníbal, situada entre la de Guerrero y Manolo Luzardo, al fondo del local que entre 1959 y 1962 tuvo el PSP en Carlos III y Marqués González.

Aníbal me mandaba a sentar en la Underwood que había en un rincón de su oficina, compuesta por una mesa, tres taburetes, un pequeño librero y la máquina de escribir. Era de los pocos dirigentes del PSP que sabía mecanografiar, de cuando fue director del periódico Hoy. Cuando ya había puesto la hoja de papel, dando zancadas de un lado a otro, Aníbal empezaba a dictarme. Y yo tiquitiquitiquiti. Hacía una pausa y me decía:

—A ver, Tania, léeme qué has puesto ahí.

—Aníbal, puse lo que usted me dictó.

—Vamos, vamos, lee y no hables.

Y le leía. Si le parecía bien seguía dictando; si no, me hacía sacar el papel, él lo rompía y empezaba a dictarme de nuevo. Aníbal me decía las comas, puntos y aparte, punto y seguido, aunque no se necesitaban demasiadas reglas ortográficas. Siempre eran mensajes cortos, apremiantes, por eso les puse "corta y clava".

Esas urgencias no me preocupaban. Los entresijos políticos no me quitaban el sueño. Era joven, pero no tonta. Me daba cuenta de que tenían razón los enemigos incipientes de la revolución, cuando comenzaron a propagar que "era como un melón, verde por fuera y roja por dentro". En su macarrónico inglés, el barbudo mentirusco en 1959 decía "I am not a communist", y aseguraba que la revolución era más verde que las palmas.

Sí, que las palmas del Soviet de Mabay. El 13 de septiembre de 1933, dirigidos por el comunista Rogelio Recio Ramírez, los campesinos del ingenio Mabay, en la antigua provincia de Oriente, fundaron un gobierno popular, bautizado con el nombre de Soviet de Mabay. Ese día, en lo más alto del central azucarero ondearía una bandera roja con la hoz y el martillo.

Siempre que tenía que teclear un "corta y clava", uno de los mensajes de Aníbal Escalante para "Alejandro", estaba en mi puesto, en el salón de reuniones donde se encontraba la biblioteca. Cuando había reunión, me trasladaba con la Remington a la oficina de los "sindicaleros", que quedaba al lado y tenía dos mesas: una la compartían Lázaro Peña y su esposa, Zoila "Tania" Castellanos, y la otra, Carlos Fernández R. y Rafael Ávila. 

Entre agosto de 1959 y febrero de 1961, el tiempo que trabajé en el PSP, mi jornada laboral comenzaba a las ocho de la mañana y podía terminar a las ocho de la noche, de lunes a domingo. Por 47 pesos mensuales, aparte de mecanografiar, tenía que atender la biblioteca. Una vez, del Ministerio de Relaciones Exteriores pidieron prestados unos libros. Ese mismo día se los envié con un chofer y con él me enviaron una carta de agradecimiento dirigida a "la Dra. Tania Quintero Antúnez". Deben haber pensado que era una mujer con un título universitario y no una estudiante de la Escuela Profesional de Comercio de La Habana.

También, a diario, tenía que ir al correo que había a un costado del inmueble donde entonces radicaba el Ministerio de Salud Pública, en Belascoaín entre Maloja y Estrella, y que terminaría siendo sede del Instituto Superior de Diseño Industrial, hace poco demolido. Las reuniones del Comité Nacional eran quincenales. con una pausa para almorzar arroz frito y maripositas, una veintena de raciones previamente encargadas por La Mora y por mí en el restaurante chino de Belascoaín y Maloja, frente a la otrora Escuela de Artes y Oficios. Negra alta, corpulenta, La Mora vivía en Párraga y se ocupaba de colar café varias veces al día.

Por las mañanas salía unos diez o quince minutos y me tomaba una Pepsi Cola en la cafetería aledaña al periódico Revolución, en Carlos III y Oquendo. O iba a El Frisco, detrás de la Compañía Cubana de Electricidad, en Oquendo y Pocito, donde por una peseta (0.20 centavos) me tomaba una limonada frappé. Igualmente formaba parte de mi contenido de trabajo, caminar cuatro cuadras hasta el periódico Hoy, en la calle Desagüe, a llevar artículos que debían salir en la próxima tirada.

Solía almorzar un sandwich de pan de flauta, jamón dulce, pierna asada, queso y pepinillo que por 50 centavos preparaban en la famosa cafetería OK, en Zanja y Belascoaín. O iba con mi padre, José Manuel Quintero Suárez, custodio y recepcionista del Comité Nacional del PSP, al café, estilo parisino, en Reina y Belascoaín. Allí tomábamos café con leche, la bebida típica de los habaneros. Lo servían en jarras de cristal y, en un platico, rebanadas de pan caliente y mantequilla.

De vez en cuando me llegaba hasta una tiendecita que había en Belascoaín entre Reina y Estrella, y compraba alguno de los dulces tradicionales que allí vendían: cremitas de leche de Cascorro, raspadura, boniatillo, coquitos prietos, pasta de tamarindo, cucuruchos de Baracoa, guayaba en barra, mermelada o casquitos, entre otras delicias elaboradas en las seis provincias que entonces tenía Cuba: Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Las Villas, Camagüey y Oriente.

Esas "chucherías" no me engordaban. Seguía pesando 100 libras. Fue después de cuatro meses en el campamento La Magdalena, Minas del Frío, y luego de haber subido tres veces el Pico Turquino, que dejé ser flaquita. Cuando regresé a La Habana pesaba 130 libras.

Junto con varias chinas pelonas del río La Plata, en la mochila traía también un certificado por haber alfabetizado a Moña, una campesina que vivía en lo alto de la loma que quedaba frente a La Magdalena. Tres veces a la semana iba a su bohío. Además de enseñarle a leer y escribir, la ayudaba en tareas domésticas. De merienda me daba malanga hervida con trozos de puerco que guardaba en manteca, dulce de frijol caballero (parecido a las judías) y un jarro de café claro

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Flavio Bravo y Osvaldo Sánchez Cabrera

A la izquierda Anibal Escalante

César Escalante
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Jose Martí en su  carta a  Francisco Domínguez y a Jose Alfonso  Lucena, fechada el 9 de octubre de 1885 en New York escribió: 

...Un pueblo, antes de ser llamado a guerra, tiene que saber tras de  qué va, y adónde va, y qué le ha de venir después. Tan ultrajados  hemos vivido los cubanos que en mí es locura el deseo, y roca la  determinación, de ver guiadas las cosas de mi tierra de manera que se  respete como a persona sagrada la persona de cada cubano, y se  reconozca que en las cosas del país no hay más voluntad que la que  exprese el país, ni ha de pensarse en más interés que en el suyo.¨


Fidel Castro: "No hay comunismo o marxismo en nuestras ideas".  


En mi libro La Historia de Cuba que te ocultaron y otros temas  muestro como ya en Ecured  (la ¨wikipedia¨ de la dictadura Castrista)   se está mostrando los vínculos  de Fidel Castro con  el Partido Socialista Popular  que era el nombre que tenía en Cuba el partido comunista en Cuba, Puntualizo que el cubano  Flavio Bravo era mucho más que un miembro de  dicho partido: era un oficial de la Inteligencia soviética; probablemente del GRU, la Inteligencia Militar Soviética. También agrego que en una pequeña biografía de  Osvaldo Sánchez Cabrera (el mayor operativo del PSP) que se escribió y publicó en Cuba se lee que Sánchez Cabrera se entrevistó con Fidel Castro en dos ocasiones cuando se preparaban los futuros expedicionarios del yate Granma.,  Fidel Castro también se relacionó con el experimentado espía Víctor Trapote 

Víctor Trapote

(Flavio Bravo y Osvaldo Sánchez Cabrera)

(Fragmento de una página de mi  libro La Historia de Cuba que te ocultaron y otros temasHago la importante observación que Ñico López ya  era militante  comunista desde antes del ataque al cuartel Moncada  el 26 de julio de 1953 en Santiago de Cuba;  Dado que los partidos comunistas tienen una férrea disciplina partidista, no fue casualidad que algunos de los más  altos líderes  del PSP se encontraran ese día  en Santiago de Cuba supuestamente para celebrar  el cumpleaños de Blas Roca Calderio en los carnavales de esa ciudad)

Poco tiempo antes de morir Fidel Castro Ruz en un video   reveló que ya desde su juventud era un joven radical de izquierdas que se reunía con otros jóvenes  con esas características:

La ideología de Fidel Castro


Aunque no nombró a otros con ideas comunistas con los que también se reunía: 

Personas e ideas que no pasaban inadvertidas para aquellos que por imclinación y oficios  se ocupaban de identificar a aquellas personas con ideas comunistas:  una de esa personas  fue Salvador Díaz Versón

El periodista Salvador Díaz Versón quién había ocupado un alto cargo policial al ser el Jefe de la Inteligencia Militar durante todo el gobierno del Dr. Carlos Prío Socarrás,  tenía en su poder los expedientes de la Liga Anticomunista donde  estaban depositados muchos años de  investigación  sobre los comunistas en Cuba y fuera de Cuba. El expediente A-943 correspondía a Fidel Castro Ruz y en él se reflejaba que Fidel  Castro había comenzado a trabajar para la Unión Soviética  en 1943 y que en su reclutamiento y entrenamiento había desempeñado un importante  papel un diplomático supuestamente llamado Gomer Bashirov, En el expediente también habían fotos y documentos que  que evidenciaban su conexión con Moscú. Después del triunfo de la Revolución y concretamente tan cercano como el 23 de enero de 1959  se requisaron los archivos que estaban, si mal no recuerdo haber leido, en la casa de Salvador Díaz Versón en Cojimar.  En ese expediente había una carta de Fidel Castro dirigida  a Abelardo Adán en Praga que fue interceptada por Salvador Díaz Versón decía: ¨ Nuestro amigo me dijo que me mantiene reservado para mayores esfuerzos  y que no debo quemarme  viajando ahora. Ellos tienen  un plan  en el cual yo seré  el eje que  se implementara muypronto. Es posible  que entonces volvamos a vernos sin temor al imperialismo yanqui¨.  La información de casi todo lo que está en este párrafo están en las páginas 777 y 778 del excelente libro (aunque no coincido en algunas interpretaciones que aparecen en él)  titulado La Ve

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Nota del Bloguista

Este blog sólo publicará esta primera parte de la Introducción; el que desee leer el resto de este interesante artículo, puede usar el link o enlace que aparece a continuación.
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Tomado en idioma Inglés de http://www.latinamericanstudies.org/


(Traducción automática de Google)

Cuando Castro se hizo comunista: El impacto sobre la Política de EE.UU. hacia Cuba


Por Salvador Díaz-Versón
© 1997 Instituto de EU Relaciones Cuba.
Todos los derechos reservados.


INTRODUCCIÓN

(Parte 1)

La pregunta fundamental de cuando Fidel Castro se convirtió en un comunista ha tenido un impacto profundo y duradero en la política exterior de los Estados Unidos. Desde diciembre de 1956, el momento en que Castro desembarcó su expedición armada de México contra el dictador cubano Fulgencio Batista, y la caída de Batista el 1 de enero de 1959; hasta la aprobación del Presidente Eisenhower de llevar a cabo acciones encubiertas contra el régimen de Castro en marzo de 1960; (1) los EE.UU. siguieron aparentemente una política de no intervención en el área del Caribe y del hemisferio occidental en su conjunto. Los EE.UU. podrían haber invocado el Tratado de Río (2) en cualquier momento de este período de tiempo dada la información que estaban a disposición de los funcionarios de Washington sobre el involucramiento de Castro con el comunismo internacional y la amenaza que representa este para los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos. (3 )

(Salvador Díaz-Versón)

Durante este período posterior a la Segunda Guerra Mundial, comúnmente conocido como la Guerra Fría, la Unión Soviética se había convertido en el principal adversario de Estados Unidos. El dictador soviético José Stalin (1924-1953) tuvo una reacción adversa a la ayuda económica de EE.UU.a Europa, también conocido como el Plan Marshall (1947); el Golpe de Estado de Stalin en Checoslovaquia (1948), el bloqueo soviético de los sectores de los Aliados en Berlín (1948), y, el armamento por parte de la Unión Soviética a las tropas de Corea del Norte antes de la invasión al Sur que condujeron a la guerra de Corea (1950-1953), ayudaron a dar forma a la política exterior de EE.UU. hacia la región interamericana.

En un esfuerzo por asegurar la unidad hemisférica y la defensa mutua contra la amenaza de la expansión soviética, la Novena Conferencia Interamericana celebrada en Bogotá, Colombia en abril de 1948, dio lugar a la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA). (4) La importancia estratégica de Cuba, por lo tanto, con respecto a las rutas de navegación del Golfo-Atlántico-Caribe, el Canal de Panamá, y la Base Naval de Guantánamo, no podría haber sido más convincente.

Es en este contexto, en mayo de 1960 en Washington, que Salvador Diaz-Verson presentó testimonios concordantes sobre los vínculos tempranos de Castro con el creciente anti-americanismo de la Unión Soviética; esto fue antes el Subcomité Senatorial de Seguridad Interna (5). Diaz-Verson testificó acerca de la la destrucción por las fuerzas de Castro (6) de los archivos de la Liga Anti-Comunista de Cuba que él había creado y mantenido meticulosamente sobre los comunistas cubanos en toda América Latina. (7) Este acto criminal, que fue ampliamente difundido por los corresponsales de prensa extranjera en La Habana el día siguiente, el 27 de enero de 1959, (8), reveló la destrucción de los archivos de Diaz-Verson más de un año antes de la directiva del presidente Eisenhower aprobando las acciones encubiertas contra el régimen de Castro en marzo de 1960. Por temor a su vida, Díaz-Versón huyó al exilio el 19 de marzo de 1959. (9)

Si Fidel Castro fue o no una "card carrying", miembro del Partido Comunista (10) se convirtió en la prueba de fuego por el cual las acciones de EE.UU. hacia Cuba se determinaron. La afiliación comunista de Castro con la Tercera Internacional para América Latina no eran desconocidos; (11) en los acontecimientos de la llamada Bogotazo, (12) amplia evidencia era fácilmente la prueba disponible siempre que Castro era un agente enemigo de la intención de la Unión Soviética en la derrota los Estados Unidos. (13) Tan pronto como a mediados de 1957, el ex secretario de Estado Adjunto para Asuntos de América República, Spruille Braden, quien también se desempeñó como embajador de EE.UU. a Cuba desde 1943 a 1945, concedió una entrevista al semanario de Washington, Human Events, citando las actividades comunistas de Fidel Castro (14).

(El joven Fidel Castro al centro buscando publicidad con el ¨rescate¨ de la campana del ingenio De La Demajagua del Padre de La Patria Carlos Manuel de Céspedes; un montaje buscando publicidad. En la foto aparece su entonces amigo Rafael del Pino, no es el general de aviación que desertó en 1986, quien sería asesinado, dejado morir o inducido al suicidio en una prisión Castrista después de 1959 )

Contrariamente a los intereses de seguridad de Estados Unidos en América Latina, (15) se convirtió en la política de EE.UU. a: abandonar un gobierno amigo en Cuba, (16) no apoyan una alternativa viable a Castro, (17) y reconocer prematuramente el gobierno de Castro (18) que fue interpretado ampliamente como un producto no comunista de la revolución democrática (19). vicepresidente Richard M. Nixon había expresado su preocupación por el comunismo de Castro en un memorando confidencial distribuido a la CIA, el Departamento de Estado, y la Casa Blanca después de una reunión de tres horas con Castro durante su visita a Washington en abril de 1959. (20) viaje de Castro había sido organizada por el subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, Roy Rubottom, (21) que era plenamente consciente de inclinaciones comunistas de Castro y afiliaciones de haber sido publicado en Bogotá, Colombia en el momento de la Novena Conferencia Interamericana en 1948, (22) escena de la tristemente célebre Bogotazo (23).

En el momento en Castro declaró oficialmente a Cuba un estado socialista el 1 de mayo de 1961 (24) y se proclamó un "marxista-leninista" en un discurso televisado el 2 de diciembre de 1961, (25) poder comunista en Cuba se había consolidado. (26 ) Cuba no sólo proporcionaría una base para las actividades anti-estadounidense en el hemisferio occidental, pero la isla también serviría para proyectar la influencia de Moscú en todo el Tercer Mundo, exacerbando aún más tensiones de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

En una reseña del libro de 1987 titulado "Cuba y sus críticos," Saúl Landau (27) se refirió a una entrevista que había mantenido con Castro revela su dedicación temprana al comunismo. Según Landau, "explicó Fidel Castro en 1968 para mí que se había convertido en un marxista desde el mismo momento que leyó el Manifiesto Comunista en sus días de estudiante, (sin cursivas en el original) y un leninista de la época cuando leyó a Lenin en la cárcel en la Isla de Pinos en 1954. "(28) Esta cuenta coincide con la iteración Diaz-Verson de la destrucción de la prueba de archivo" de la deslealtad de Fidel desde sus días de escuela (cursivas en el original) en adelante. "(29)

Los eruditos a lo largo de los años han debatido sin cesar el comunismo de Castro; (30) la cuestión de que Castro se convirtió en un comunista; (31) o, para el caso, si alguna vez realmente era un comunista comprometido sugiriendo Castro se convirtió en comunista sólo por el pragmatismo. Los argumentos se han presentado alegando que los Estados Unidos obligó a Castro a los brazos de la Unión Soviética (32) y en el camino del comunismo internacional. Ahora, con el colapso del sistema soviético y el fin de la Guerra Fría, viene la apertura de los archivos de la antigua Unión Soviética (33).

A lo largo de este debate, la cuenta de alta credibilidad de Landau de su entrevista de 1968 con Castro ha sido ignorada. Incluso la admisión televisado de Castro el 2 de diciembre de 1961 (34) de sus raíces comunistas propia ha sido despedido como "afirmaciones" y se describe como "después de los hechos," y como "egoísta". (35) Si bien Díaz-Verson de en cuenta cuando Castro se convirtió en un comunista ha sido convenientemente despedido, (36) nunca ha sido cuestionada o negada. A pesar de la destrucción de los archivos de Diaz-Verson, la llamada de Castro "de estudiante" o "colegio" claramente se extienden desde la escuela secundaria a la universidad que abarca el período de 1943 (37) designado por Díaz-Verson como el momento "de Cuba jóvenes que ya habían entrado en servicio de la Unión Soviética y que recibieron una suma mensual de dinero para cubrir sus gastos comenzó a visitar la residencia del agente Bashirov "en La Habana incluye" Fidel Castro Ruz. "

Diaz-Verson, un distinguido periodista cubano y agente de inteligencia, se reunieron pruebas de la conexión de Castro con la Unión Soviética se remonta a 1943. Su cuenta de que Castro se convirtió en un comunista es de importancia desde una perspectiva política de los EE.UU., sino que es a la vez de importancia histórica y preciso contexto. Cuba estableció relaciones diplomáticas con la Unión Soviética en octubre de 1942 con Maxim Litvinov haber presentado sus credenciales en abril de 1943. (38) Habida cuenta de que Cuba tenía el más fuerte del Partido Comunista en América Latina en el momento "se consideran como una especie de la sede regional del Caribe" ( 39) en la que el "gobierno soviético puso un alto valor", (40), no es impensable que Castro entró en efecto bajo la influencia de Gumer W. Bashirov en los primeros meses de 1943, Diaz-Verson ha descrito en su trabajo seminal reimpreso titulada "Cuando Castro se convirtió en un comunista."

Todo indica que Castro habría sido frustrado mucho antes de la caída de Batista el 1 de enero de 1959. la política estadounidense de no intervención que se han convertido en inoperantes si el presidente Eisenhower discernir el alcance de la amenaza comunista que Castro llevó a Cuba representa para los Estados Unidos (41), como finalmente se puso de manifiesto por el cambio de Eisenhower-Kruschev de 09 de julio 1960 . En ese momento, el presidente Eisenhower justificadamente evocó el Tratado de Río y declaró: "Yo ratifico en los términos más enfáticos que los Estados Unidos no será disuadido de sus responsabilidades por las amenazas que el Sr. Kruschev está haciendo. Tampoco los Estados Unidos, de conformidad con sus obligaciones, permiten el establecimiento de un régimen dominado por el comunismo internacional en el Hemisferio Occidental. " (Boletín del Departamento de Estado, 25 de julio de 1960, páginas 139-140). (42) Si la revolución comunista de Castro ha considerado menos como una rebelión desde dentro o como una insurrección contra el orden establecido, ya que fue retratada y más por lo que realmente era, un ataque de caballo de Troya por las fuerzas del comunismo internacional liderado por Fidel Castro, entonces los responsables de la política de EE.UU. se han tratado como tal y Castro, disfrazado de demócrata, nunca habría tenido éxito en apoderarse de Cuba. En cambio, Castro sin trabas ascenso al poder hace la política de EE.UU. parecen indecisos y paralizado. papel Diaz-Verson proporciona la clave para ayudar a entender cuando Fidel Castro se convirtió en un comunista, en su totalidad se muestra cómo el proceso de la política de EE.UU. se derrumbó desde dentro y cómo Cuba se perdió a la influencia soviética y Rusia durante casi cuatro décadas.

Cuando Castro se hizo comunista


* Fidel Castro comenzó a trabajar para la Unión Soviética en 1943.

* En enero de 1959, destruyó la evidencia de sus relaciones con la Unión Soviética.

Tan pronto como Fidel Castro Ruz se enteró de que el archivo "A-943" en nuestros registros figura una prueba irrefutable de su relación con la Unión Soviética y que los registros también figuran los datos que resultaron de la militancia comunista de sus más cercanos colegas, ordenó su incautación. Dichos documentos fueron incautados en la noche del 24 de enero de 1959 en el barrio Vedado de La Habana. Fidel acababa de entrar en La Habana, rodeado por la demagogia, la falsedad y la mentira y que necesitaba para cubrir, por el momento, sus propósitos traicioneros. Sabíamos que había y la prueba de que Fidel Castro era uno de los agentes de Moscú. Habíamos sido capaz de reunir fotografías, documentos e informes que indican que él era un agente de la Unión Soviética a pesar de que no era un miembro regular del Partido Comunista. Y era natural que el traidor me preocuparía por neutralizar lo que pudiera traducirse en pruebas de su maldad en el momento de entusiasmo revolucionario y ciega.

Desde la fundación de la Tercera Internacional, la Unión Soviética dividió su organización en todo el mundo en dos grandes sectores. Por una parte, aparecieron los partidos comunistas, "las organizaciones de fachada". Por otra parte, estaban aquellos agentes directamente vinculados con el régimen de Moscú, que nunca fueron registrados con los grupos de color rojo en sus países de origen. El primero se compone de los que tuvo que intervenir en la política nacional, votar, postularse para cargos electivos y agitar sus respectivos pueblos a través de prensa, la radio, reuniones, organizaciones cívicas y patrióticas. Este último se formaron por los extranjeros, que no fueron pensadas para funcionar como activistas, así como los que realiza el espionaje, la subversión y los actos de engaño en diferentes "cubre". Esos fueron los casos de Lombardo Toledano en México y Jacobo Arbenz en Guatemala. Estas personas, que actuaron en nombre de la Unión Soviética, nunca apareció en las listas de cualquier partido comunista. Su trabajo era directamente con el gobierno soviético muy por encima de los partidos comunistas o delegados. Y Fidel Castro es uno de esos agentes.

Durante el tiempo que hemos estado en el exilio, que han sido la recolección de datos, la reconstrucción de los informes, y recordando los detalles. Por tanto, estamos en condiciones de ofrecer un resumen sobre las actividades de Fidel Castro como un agente para la Unión Soviética desde 1943 cuando sólo tenía 17 años de edad.

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Texto original en idioma Inglés

INTRODUCTION

The fundamental question of when Fidel Castro became a communist has had a profound and enduring impact on the foreign policy of the United States . From December 1956, the time Castro landed his armed expedition from Mexico against Cuban dictator Fulgencio Batista; to Batista's downfall on January 1, 1959; to President Eisenhower's approval of covert action against the Castro regime in March of 1960;(1) the U.S. ostensibly pursued a policy of non-intervention in the Caribbean area and the Western Hemisphere as a whole. Conceivably, the U.S. could have invoked the Rio Treaty(2) at any point during this time period given the information available to official Washington concerning Castro's involvement with international communism and the threat it posed to the national security interests of the United States.(3)

During this post-World War II period commonly referred to as the Cold War, the Soviet Union had become America's principal adversary. Soviet dictator Joseph Stalin's (1924-1953) adverse reaction to U.S. economic aid to Europe also known as the Marshall Plan (1947); Stalin's coup in Czechoslovakia (1948); the Soviet blockade of Berlin's Allied sectors (1948); and, the Soviet arming of North Korean troops before the invasion of the South ultimately leading to the Korean War (1950-1953); all of these events helped to shape U.S. foreign policy toward the inter-American region.

In an effort to secure hemispheric unity and mutual defense against the threat of Soviet expansion, the Ninth Inter-American Conference was held in Bogota, Colombia in April 1948, leading to the creation of the Organization of American States (OAS).(4) The strategic importance of Cuba, therefore, with regard to the Gulf-Atlantic-Caribbean shipping lanes, the Panama Canal, and the Guantanamo Naval Base, could not have been more compelling.

It is in this setting in May of 1960 in Washington that Salvador Diaz-Verson presented corroborative testimony of Castro's early links with the growing anti-Americanism of the Soviet Union before the Senate Subcommittee on Internal Security.(5) Diaz-Verson testified about the destruction by the Castro forces(6) of the files he had created and meticulously maintained on Cuban communists throughout Latin America on behalf of the Anti-Communist League of Cuba.(7) This criminal act, which was widely reported by foreign newspaper correspondents in Havana the following day on January 27, 1959,(8) revealed the destruction of the Diaz-Verson archives more than one year before President Eisenhower's directive approving covert action against the Castro regime in March of 1960. Justifiably in fear of his life, Diaz-Verson fled into exile on March 19, 1959.(9)

Whether or not Fidel Castro was a "card carrying" member of the Communist Party(10) became the litmus test by which U.S. actions toward Cuba were determined. Castro's communist affiliations with the Third International for Latin America were not unknown; (11) in the events of the so-called Bogotazo, (12) ample evidence was readily available providing proof that Castro was an enemy agent of the Soviet Union intent on defeating the United States.(13) As early as mid-1957, former Assistant Secretary of State for American Republic Affairs, Spruille Braden, who also served as U.S. ambassador to Cuba from 1943 to 1945, gave an interview to the Washington weekly, Human Events, citing Fidel Castro's communist activities.(14)

Contrary to America's security interests in Latin America,(15) it became U.S. policy to: abandon a friendly government in Cuba,(16) fail to support a viable alternative to Castro,(17) and to prematurely recognize the Castro government(18) which was widely portrayed as a non-communist product of a democratic revolution.(19) Vice President Richard M. Nixon had expressed his concern over Castro's communism in a confidential memorandum distributed to the CIA, the State Department, and the White House following a three hour meeting with Castro during his visit to Washington in April 1959.(20) Castro's trip had been arranged by Assistant Secretary of State for Latin American Affairs, Roy Rubottom,(21) who was fully aware of Castro's communist leanings and affiliations having been posted in Bogota, Colombia at the time of the Ninth Inter-American Conference in 1948,(22) scene of the infamous Bogotazo.(23)

By the time Castro formally declared Cuba a socialist state on May 1, 1961(24) and proclaimed himself a "Marxist-Leninist" in a televised speech on December 2, 1961,(25) communist power in Cuba had been consolidated.(26) Cuba would not only provide a base for anti-American activities in the Western Hemisphere but the island would also serve to project Moscow's influence throughout the Third World further exacerbating Cold War tensions between the United States and the Soviet Union.

In a 1987 book review entitled "Cuba and Its Critics," Saul Landau(27) referred to an interview he had had with Castro revealing his early dedication to communism. According to Landau, "Fidel Castro in 1968 explained to me that he had become a Marxist from the very time that he read the Communist Manifesto in his student days, (emphasis added) and a Leninist from the period when he read Lenin while in prison on the Isle of Pines in 1954."(28) This account coincides with Diaz-Verson's iteration of the destruction of the archival proof "of Fidel's disloyalty from his schooldays (emphasis added) onward."(29)

Scholars throughout the years unceasingly have debated Castro's communism;(30) the question of when Castro became a communist;(31) or, for that matter, if he ever truly was a committed communist suggesting Castro became a communist only out of pragmatism. Arguments have been presented contending that the United States forced Castro into the arms of the Soviet Union(32) and onto the path of international communism. Now, with the collapse of the Soviet system and the end of the Cold War, comes the opening of the archives of the former Soviet Union.(33)

Throughout this debate, Landau's highly credible account of his 1968 interview with Castro has been ignored. Even Castro's televised admission on December 2, 1961(34) of his own communist roots has been dismissed as "assertions" and described as "after-the-fact," and as "self-serving."(35) While Diaz-Verson's account of when Castro became a communist has been conveniently dismissed,(36) it has never been disputed or denied. Notwithstanding the destruction of Diaz-Verson's files, Castro's so-called "student days" or "schooldays" clearly span from high-school-to-university encompassing the 1943 period(37) designated by Diaz-Verson as the time when "the Cuban youth who had already entered into the Soviet Union's service and who received a monthly sum of money to cover their expenses began visiting agent Bashirov's residence" in Havana included "Fidel Castro Ruz."

Diaz-Verson, a distinguished Cuban journalist and intelligence officer, gathered evidence of Castro's connection with the Soviet Union dating back to 1943. His account of when Castro became a communist is of importance from a U.S. policy perspective; it is both historically significant and contextually accurate. Cuba established diplomatic relations with the Soviet Union in October 1942 with Maxim Litvinov having presented his credentials in April 1943.(38) Given that Cuba had the strongest Communist Party in Latin America at the time "regarded as a sort of Caribbean regional headquarters"(39) in which the "Soviet government placed a high value,"(40) it is not unthinkable that Castro did indeed come under the influence of Gumer W. Bashirov in the early months of 1943 as Diaz-Verson has described in his seminal paper reprinted below entitled "When Castro Became A Communist."

There is every indication that Castro would have been thwarted long before Batista's downfall on January 1, 1959. America's policy of non-intervention would have become inoperative had President Eisenhower discerned the extent of the communist threat that a Castro-led Cuba posed to the United States(41) as eventually was made clear by the Eisenhower-Khrushchev exchange of July 9, 1960. At that time, President Eisenhower justifiably evoked the Rio Treaty and declared, "I affirm in the most emphatic terms that the United States will not be deterred from its responsibilities by the threats Mr. Khrushchev is making. Nor will the United States, in conformity with its treaty obligations, permit the establishment of a regime dominated by international communism in the Western Hemisphere." (Department of State Bulletin, July 25, 1960, pages 139-140).(42) Had the Castro communist revolution been viewed less as a rebellion from within or as an insurrection against the established order as it was portrayed and more for what it really was, a Trojan horse attack by the forces of international communism led by Fidel Castro, then U.S. policy makers would have dealt with it as such and Castro, disguised as a democrat, would never have been successful in taking over Cuba. Instead, Castro's unhindered rise to power made U.S. policy appear indecisive and paralyzed. Diaz-Verson's paper provides the key in helping to understand when Fidel Castro became a communist; in its entirety it shows how the U.S. policy process collapsed from within and how Cuba was lost to Soviet-Russian influence for nearly four decades.
WHEN CASTRO BECAME A COMMUNIST


* Fidel Castro began working for the Soviet Union in 1943.

* In January 1959, he destroyed the evidence of his connections with the Soviet Union.

As soon as Fidel Castro Ruz learned that file "A-943" in our records contained irrefutable evidence of his connection with the Soviet Union and that those records also contained data which proved the communist militancy of his closest colleagues, he ordered their seizure. Those documents were seized on the evening of January 24, 1959 at the Vedado neighborhood of Havana. Fidel had just entered Havana surrounded by demagoguery, falsehood and lies and he needed to cover up, for the time being, his treacherous purposes. We knew and had the proof that Fidel Castro was one of Moscow's agents. We had been able to gather photographs, documents and reports indicating he was an agent for the Soviet Union although he was not a regular member of the Communist Party. And it was natural that the traitor would worry about neutralizing whatever could translate into evidence of his wickedness at the time of revolutionary and blind excitement.

Since founding the Third International, the Soviet Union divided its worldwide organization into two large sectors. On the one part, there appeared the Communist Parties, "facade organizations." On the other part, there were those agents directly linked to the Moscow regime who never were registered with the red groups in their countries of origin. The former were comprised of those who had to intervene in national politics, vote, run for elective offices and agitate their respective peoples through press, radio, meetings, civic and patriotic organizations. The latter were formed by foreigners, who never were meant to function as activists, as well as those who performed espionage, subversion and acts of deceit under different "covers." Those were the cases of Lombardo Toledano in Mexico and Jacobo Arbenz in Guatemala. These persons, who acted on behalf of the Soviet Union, never appeared on the rosters of any Communist Party. Their work was directly with the Soviet government well above the communist parties or delegates. And Fidel Castro is one of those agents.

During the time we have been in exile, we have been gathering data, reconstructing reports, and recalling details. We are therefore able to offer a summary about Fidel Castro's activities as an agent for the Soviet Union since 1943 when he was only 17 years old.
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viernes, enero 23, 2026

Video de Carolina Barrero.sobre la información en manos de la DEA y el FBI sobre la vinculación de los Castro al narcotráfico que hubiera llevado a un encausamiento que los Clinton engavetaron ...

Carolina Barrero.sobre La información en manos de la DEA y el FBI sobre la vinculacion de los Castro  al narcotrafico


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Manuel de Beunza (Part.II)

( a partir del minuto  y 30 segundos  Manuel de Beunza  habla de una  reunión sobre narcotráfico en la que participaron él,   Fidel Castro, Ruiz Poo, Abrantes y  Osmany Cienfuegos. La parte que debía ejecutar Manuel de Beunza era el lavado producto de esas actividades de narcotráfico. Manuel de Beunza falleció en el 2013 si mal no recuerdo)



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El ex Teniente Coronel de Seguridad Personal y ex guardaespalda de Fidel Castro, ya fallecido en extrañas circunstancias, Juan Reinaldo Sánchez narra la  participacion de Fidel y Raul Castro en el trafico de Armas y Drogas


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Tomado de https://www.in-cubadora.com/

Carolina Barrero: Raúl Castro, el narcotraficante / La historia del ‘draft indictment’ del dictador cubano

DD.HH. | Memoria | 20 de enero de 2026

En 1993, Raúl Castro fue investigado por narcotráfico por un  jurado indagatorio federal de Florida. Este suceso, extrañamente olvidado, fue documentado en la prensa de la época, y años más tarde, en el año 2000, fue tratado en una audiencia del Congreso de Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de la evidencia, la investigación fue archivada por la administración de Bill Clinton. Durante más de tres décadas el tema ha sido reducido a meras menciones de notas al pie. Una reducción  que quizás sea la clave para entender por qué seguimos fallando al analizar el papel de Cuba en las redes de ilícitas que atraviesan el Caribe y Latinoamérica.

El 8 de abril de 1993, The Miami Herald reveló que fiscales federales del Distrito Sur de Florida habían redactado un borrador de acusación penal (draft indictment) que imputaba al gobierno cubano como una empresa criminal de racketeering (delincuencia organizada estructural, conforme a la ley RICO de EE. UU.) y al ministro de las Fuerzas Armadas, Raúl Castro, como jefe de una conspiración destinada a enviar toneladas de cocaína de carteles colombianos a través de Cuba hacia Estados Unidos.El documento, producto de meses de testimonio secreto ante un gran jurado, identificaba a quince altos funcionarios del Estado cubano como parte de una conspiración para facilitar el tránsito de cocaína del cartel de Medellín hacia Estados Unidos durante los años ochenta. Entre los nombres figuraba Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, descrito por el periódico como «el jefe de la conspiración», José Abrantes, Aberlado Colomé Ibarra, Manuel Piñeiro (Barba Roja), Nelson Blanco, Rosa María Abierno Gobín, entre otros, que incluían al coronel Antonio de la Guardia, que fue fusilado tras la Causa 1, en 1989.

El borrador atribuía a esa red el movimiento de al menos 7,5 toneladas de cocaína. Describía un esquema sostenido en el tiempo, apoyado en el uso del espacio aéreo, puertos y rutas marítimas cubanas. La hipótesis penal construida tras meses de investigación, formulada por fiscales federales, era lo suficientemente sólida como para haber sido considerado seriamente como acusación formal. Sin embargo, el indictment nunca llegó.

The Miami Herald explicó entonces que presentar una acusación de ese calibre requería la aprobación directa del Departamento de Justicia. No era un caso ordinario: implicaba imputar penalmente a un gobierno extranjero en su conjunto. Algo que recientemente había sucedido con Manuel Noriega en Panamá, acusado por un gran jurado federal en Miami y Tampa en febrero de 1988 por cargos de narcotráfico, lavado de dinero y conspiración, lo que derivó en su captura tras la invasión estadounidense de 1989 y su eventual condena en Estados Unidos y Francia.

En Cuba, el precedente Noriega había tenido repercusiones inmediatas: el juicio sumario contra el general Arnaldo Ochoa y otros oficiales, conocido como la Causa 1, se celebró en junio de 1989, seis meses después de la captura de Noriega, culminó en con el fusilamiento de cuatro de los acusado y funciono como chivo expiatorio de los Castro para librarse del mismo destino. Una purga diseñada para concentrar responsabilidades en figuras intermedias y blindar a la cúpula del poder. Cuatro años después, la investigación que preparaba un gran jurado federal del distrito sur de Miami mostraba que el problema del narcotráfico en Cuba no había terminado con los fusilados de 1989, sino que ascendía hasta los niveles más altos del poder.

Desde comienzos de los 80, diversos testimonios judiciales en Estados Unidos habían señalado contactos logísticos entre el cartel de Medellín y autoridades cubanas. Carlos Lehder, cofundador del cartel, declaró haber mantenido reuniones directas con Raúl Castro y haber obtenido facilidades para el tránsito de cargamentos. A estas declaraciones se sumaban las conocidas relaciones del régimen con organizaciones guerrilleras en Centroamérica con las FARC, el ELN, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, el Frente Farabundo Martí, entre otras,  un entramado donde la ideología, el financiamiento político y las economías ilícitas se superponían con inquietante normalidad.

En el año 2000, el caso fue retomado en una audiencia del Congreso de los Estados Unidos en la que se presentaron suficientes indicios que añadían información a la investigación de 1993, en a que participaron, entre otros Ileana de la Guardia, hija de Antonio de la Guardia, uno de los fusilados por Fidel Castro durante la Causa 1. La pregunta no es si había indicios suficientes, que los hay, sino si Estados Unidos estaba dispuesto a asumir las consecuencias políticas de llevar esa acusación hasta el final. Evidentemente la administración de Bill Clinton no lo estaba.

Hoy, cuando el debate internacional se centra en las acusaciones de narcotráfico contra altos funcionarios venezolanos y en la noción de «narco-Estado», este antecedente resulta ineludible. El caso de Nicolás Maduro suele presentarse como una anomalía, una degeneración reciente del poder en Venezuela. Pero la historia sugiere una continuidad de prácticas, saberes y modelos de control que Cuba no solo desarrolló, sino que exportó. Como cuando una empresa externaliza funciones y procesos fuera de su territorio para abaratar costos o evadir implicaciones legales: el régimen de los Castro simplemente identificó que era más conveniente sacar las operaciones fuera de su territorio; el destino fue Venezuela.

Desde principios de los años 2000, La Habana ha mantenido una presencia profunda y estructural en los aparatos militares, de inteligencia y de seguridad venezolanos. Esa relación no se limita a la cooperación política e ideológica. Implica transferencia de métodos, cadenas de mando paralelas y formas de gestión del poder donde la línea entre lo estatal y lo ilícito se vuelve deliberadamente borrosa. Observado a la luz de la investigación de 1993, resulta cada vez más difícil sostener que Cuba ha sido un mero espectador del auge del narcotráfico estatal en la región.

El silencio de entonces ha tenido consecuencias. Al no confrontarse a tiempo la dimensión estatal del narcotráfico cubano, se dejó intacto un modelo que luego encontraría terreno fértil en otros países. Tres décadas después, continúa impune el régimen de los Castro, artífice, y arquitecto de las redes de narcotráfico de la región, que en su momento sobrevivió a la captura de Noriega, y hoy pretende otra vez zafar tras la captura de Maduro.__________

Publicación fuente ‘Ciudadanía y libertad’

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Quizas Carolina Barrero en este articulo publicado en Baracutey Cubano ( por primera vez hace mas de una decada) encuentre algunas respuestas  ... 

Tomado de http://neoliberalismo.com/prologo_nttr.htm

Prólogo a Narcotráfico y Tareas Revolucionarias
Por Ernesto Betancourt

(FRAGMENTO, pero pueden leerlo completo haciendo click AQUÍ)

Las relaciones de Castro con el tráfico de drogas a través de Cuba y en el lavado de dinero son más que confirmadas por hechos anteriores y posteriores al juicio de Ochoa y han sido motivo de acciones legales en los tribunales de Estados Unidos. Norberto Fuentes agrega detalles reveladores en su narrativa que dan validez a esta hipótesis.
Ya en 1980 Castro decide suspender operaciones de tráfico de marihuana cuando el entonces Ministro del Interior, Ramiro Valdés, pidió órdenes por escrito del Comandante en Jefe para continuar dichas operaciones. Fuentes revela que Castro estuvo envuelto en los tratos con Vesco y con el M-19 de Colombia/Jaime Guillot Lara, casos objeto de grandes jurados en Estados Unidos. En 1983, Castro planteó a Tony de la Guardia y a otros funcionarios del MININT la necesidad de demostrarle la factibilidad de hacer operaciones de drogas en forma tal que permitiera negar su envolvimiento y le ordenó iniciar los contactos con Pablo Escobar. Paralelo a estas operaciones, hay notas sobre crecientes contactos con los carteles mexicanos para operaciones de gran envergadura en los que la participación de Tony de la Guardia es más tangencial, pero no pueden tener lugar sin el conocimiento y la aprobación de Fidel Castro.
Esta implicación directa de Castro continúa mucho después del fusilamiento de Tony de la Guardia. El contrabandista Jorge «Gordito» Cabrera, actualmente cumpliendo una sentencia de diez y nueve años, fue capturado en los Cayos de la Florida, en Enero de 1996, con 6,000 libras de cocaína y una foto de él con Fidel Castro. Esto alcanzó gran publicidad cuando, durante el escándalo sobre contribuciones ilegales a la campaña del Presidente Clinton, se descubrió que Cabrera había contribuido $20,000 a dicha campaña y había sido invitado a una fiesta de Navidad en la Casa Blanca, donde se retrató con la Primera Dama, y a otra en Miami, donde se retrató con el Vice Presidente Al Gore.

 

 Jorge Luis «Gordito» Cabrera y Hillary Clinton

 Jorge Luis  «Gordito» Cabrera y Al Gore

( Fotos y comentario añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano:

En el American Thinker del 30 de abril de 2009 se lee

"Thanks to Castro" boasted the FARC's late commander " Tiro-Fijo" (sure-shot) in a 2001 interview, "we are now a powerful army, not a hit and run band." The conduit for Castro's aid was (and is), of course, Venezuela.
"The evidence against Castro is already greater than the evidence that led to the drug indictment of Manuel Noriega in 1988," Said one of the federal prosecutors to the Miami Herald in Judy 25, 1996. A total of four grand juries had revealed Castro's involvement in drug traffic.
Much of the evidence came from famous Clinton financial backer Luis "El Gordito" Cabrera. Pictures from the 1995 White House Christmas party, show him smiling with Hillary and backslapping with Vice President Gore. 
During his arrest for cocaine smuggling exactly two weeks after that party, pictures turned up of "Gordito" Cabrera smiling and backslapping with Fidel Castro.

En Independet  del 25 de julio de  1996 se lee:

The drug arrest took place in Miami in January when police, following a tip about smuggled Cuban Cohiba cigars, raided a warehouse and found nearly three tons of cocaine. One Colombian and several Cuban Americans were detained, including 40-year-old Jorge Luis Cabrera, nicknamed "el Gordito" (the fat man), whose family owns a lobster and crab business in the Florida Keys.

The main basis for the supposed Castro link was alleged to be photographs found in a suspect's car at the scene of the bust, said to show "the fat man" posing with Mr Castro
.)


 Por su parte, de acuerdo con el periodista Andrés Oppenheimer, las autoridades mexicanas encontraron vínculos del Rey de los Cielos, Amado Carrillo Fuentes, con el régimen cubano. Este disfrutaba de una casa de protocolo del gobierno de Cuba durante sus visitas a la Habana, privilegio que cualquiera que sepa cómo se gobierna Cuba sabe es imposible de obtener sin la aprobación del propio Castro. Estas casas son asignadas personalmente por Fidel Castro y la administración de esas propiedades es una de las funciones de su Jefe de Despacho, el Dr. José M. Miyar Barruecos.


(Norberto Fuentes entre Fidel y Raúl Castro; nótese a Raúl eufórico. ¿estaría tomando  vodka con jugo de naranja  o de ?)

Finalmente, en este caso, lo que pudiera llamarse el «smoking gun», de acuerdo con el argot policíaco, es el incidente, ocurrido en enero 18 de 1991, en la prisión de Guanajay que albergaba tanto a los procesados en el caso Ochoa como en el caso Abrantes. En esa oportunidad Abrantes, antiguo Ministro del Interior, le confesó al general Patricio de la Guardia, cuyo hermano gemelo Tony fue uno de los ejecutados por Fidel Castro,  que él mantenía a Fidel Castro informado de todas las acciones de su Ministerio relacionadas con el tráfico de drogas.   Patricio reaccionó violentamente ante esta evidencia que confirmaba que su hermano había sido ejecutado por cumplir misiones aprobadas por Fidel.   Esta indiscreción de Abrantes ocasiona su misteriosa muerte el 21 de enero de 1991, tres días después, a causa de un fallo cardíaco que, en el mejor de lo casos, no fue atendido debidamente por sus carceleros y, en el peor, fue ocasionado deliberadamente por las inyecciones que le daban éstos.  

(Norberto Fuentes y Raúl Castro)

Pero, aparte de revelar que Castro sí ha estado y sigue estando envuelto en el tráfico de drogas, las revelaciones, hasta ahora inéditas, de Norberto Fuentes alimentan otra hipótesis sobre el caso de Ochoa. En vista de toda la evidencia aportada en esas notas, es razonable asumir que Ochoa estaba convirtiéndose en una amenaza para el monopolio de poder de Castro. Esto se deduce claramente del incidente ocurrido el 28 de Mayo de 1989 descrito en la narrativa de Fuentes. En esa oportunidad Raúl Castro, en presencia de los generales Ulises Rosales del Toro y Abelardo Colomé (Furry), se reúne con el General Ochoa, ya bajo arresto preventivo, y lo increpa en relación con cuatro temas:
Su juntadera con los generales soviéticos en Angola (en momentos en que Castro ya había dado órdenes al Ministro del Interior de seguir a los soviéticos en Cuba por desconfiar de sus contactos con funcionarios y oficiales cubanos);
Su desobediencia de las órdenes de Fidel en la última fase de la guerra en Angola (Ochoa se concentró en atacar a las fuerzas de Savimbi y Fidel quería que atacara a los sudafricanos);
El que hubiera apoyado la operación de ataque a la guarnición militar La Tablada en Buenos Aires sin haber consultado a la alta jerarquía del régimen (Ochoa había conocido a Gorriarán, el guerrillero argentino que lideró esa violenta acción, en Nicaragua y se habían hecho amigos); y, finalmente,
Sus esfuerzos por crear su propia organización para el tráfico de drogas en alianza con Pablo Escobar (lo que interfería con las mucho más amplias operaciones de narcotráfico que ya estaban en camino a través de Raúl y el Ministro del Interior, José Abrantes, con pleno conocimiento y aprobación del propio Fidel).
(Norberto Fuentes  hace unos pocos años en Miami)
Como puede apreciarse, la agenda anti-Ochoa era muy amplia. De hecho, constituía una respuesta al reto que él representaba al liderazgo de Castro en muchos frentes. La confirmación de este reto, que se acentúa con su regreso a Cuba y la intensificación de contactos con Pablo Escobar, coincide con las sentencias dictadas en el caso de los Ruiz en los tribunales de la Florida en Abril 23 de 1989. Este caso envolvía operaciones de tráfico de drogas que se estaban efectuando regularmente a través de Cuba, las cuales eran imposibles de llevar a cabo sin la aprobación de Raúl y, por consiguiente, del propio Fidel.  El dictador panameño Manuel Noriega advirtió a Castro que él era el objetivo en el caso de los Ruiz.
Castro decidió matar dos pájaros de un tiro. Ejecutando a Ochoa y sus principales colaboradores acusándolos de tráfico de drogas, silenciaba toda alusión al envolvimiento de él y su hermano Raúl en esas operaciones, y justificaba su inocencia, al mismo tiempo que se libraba de un peligroso rival potencial por el control del poder.
En este esfuerzo confiaba, además, en el apoyo incondicional que siempre ha tenido en los medios masivos de comunicación estadounidenses de simpatizadores o agentes de influencia como Ted Turner de CNN, Dan Rather de CBS y Peter Jennings de ABC, así como de algunos reporteros en los líderes de la prensa liberal como The Washington Post y The New York Times. Fidel Castro esperaba que esa interpretación, avalada por escritores como el premio Nóbel Gabriel García Márquez, iba a prevalecer en la opinión pública americana. Y así ha sido hasta ahora.
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En Amazon:
En forma cronológica presenta el autor información no conocida sobre las actividades terroristas y en el narcotráfico del gobierno de Fidel Castro. Revela también informaciones sobre el juicio de la Causa #1 de 1989, sobre el general Arnaldo Ochoa y los hermanos De la Guardia, sobre la guerra en Angola y otros escenarios fuera y dentro de Cuba en los que participara directamente o tuviera información por sus amigos del MININT y el MINFAR, que participaron en ellos. Un libro inquietante y revelador que muestra importantes interioridades de la cúpula gobernante de Cuba. Prólogo de Ernesto F. Betancourt.

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Tomado de http://taniaquintero.blogspot.com

El Cártel de La Habana (IV)

(pueden leer la partes I, II y III haciendo click AQUÍ )

Por Juan Benemelis

(Ex diplomático Castrista vinculado a la Inteligencia)



En el curso de la década de los 70 se dieron cita dos coyunturas importantes. La primera tendría que ver con el consumo de narcóticos, que vería una gran expansión en Estados Unidos primero con la marihuana y luego con la cocaína.

La otra coyuntura tenía que ver con el narcotráfico en sí. El Cartel de Medellín necesitaba de un punto intermedio cercano para operar hacia aguas norteamericanas. El Cartel de Medellín llegará a introducir unas 45 toneladas de cocaína en Estados Unidos, representando 25 billones de dólares, y alrededor de 10 toneladas en Europa.

En una intervención ante el Senado, en abril de 1983, James H. Michel, Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos, expresó que existían pruebas de que en 1979, el buró político del Partido Comunista de Cuba había aprobado un plan para intervenir en el narcotráfico utilizando a Cuba como puente y base de apoyo para las redes de traficantes de Estados Unidos.

El suministro se organizó desde las fuentes de abastecimiento en América del Sur y el gobierno de La Habana necesitaba recursos en moneda convertible que estaría dispuesto a obtener de cualquier manera. La vinculación cubana con el narcotráfico era inevitable desde un principio, y además tenía que producirse de manera casi natural: primero, porque en las áreas de producción de Suramérica, los guerrilleros sostenidos por Cuba ocupaban el mismo espacio ilegal que los narcotraficantes.

La guerrilla necesitaba armas y dinero, mientras que el narcotráfico, siempre abundante en dinero, necesitaba protección armada y, sobre todo, acceso a las redes de organización clandestina de la guerrilla y su experiencia conspirativa. Además, una parte importante de todo el tráfico de drogas cayó en manos de exilados cubanos, sobre los cuales La Habana tenía abundante información para el chantaje. La parte del exilio que se vinculó al narcotráfico con Cuba también se sentía razonablemente segura de que no sería traicionada.

En la medida que la crisis financiera y económica se hacía más profunda, la dependencia de la Isla para con los recursos extraídos de Angola y del narcotráfico se amplió. Apurado por lograr una nueva fuente de recursos, Castro se fue involucrando cada vez más en el tráfico de drogas, como apuntara el general cubano exiliado Rafael del Pino.


Tradicionalmente los barcos usados en el narcotráfico colombiano tenían que atravesar el Paso de los Vientos, entre Cuba y Haití, lo que muchas veces les situaba en aguas territoriales cubanas, donde eran interceptados. Las pérdidas de los narcotraficantes se incrementaron con alarma.

(Al centro el Embajador Fernando Ravelo y a su lado el alto Johny Crump)

Según el testimonio dado en 1982 por el narcotraficante colombiano de Miami Juan Lozano (alias Johnny Crump), es alrededor de 1975 que algunos de los más importantes narcotraficantes colombianos se entrevistaron en Bogotá con el embajador cubano Fernando Ravelo Renedo para negociar la devolución de los barcos y las tripulaciones.

El embajador cubano contestó con una contraoferta de La Habana: a cambio de 800 mil dólares por cada barco, Cuba estaba preparada no sólo para ignorar la actividad de los buques madres que se detectasen en sus aguas, sino que podía proveerles de servicios de reparación y gasolina en sus puertos, así como identificación y escolta cubana hasta las proximidades de los cayos de la Florida.

Así, los poderosos colombianos Alfonso Cotés y Alfonso García comenzaron sus negocios de tráfico a través de Cuba. Los agentes de inteligencia cubanos se pusieron en contacto con algunos potentados de la droga en Miami, como por ejemplo Johnny Crump y el conocido narcotraficante Jaime Guillot-Lara, quien con posterioridad sería empleado de los servicios secretos cubanos y se casaría con una hija de Raúl Castro.

Entre los cubanos exiliados en Estados Unidos implicados en el narcotráfico con Cuba estaban José Alvero Cruz y Osiris Santi. En noviembre de 1976, Alvero había viajado a España donde disponía de fondos bancarios, y allí obtuvo de la propia embajada cubana en Madrid un pasaporte cubano. En 1978, actuando como agente de Cuba, Alvero arregló el envío de 5,000 armas para las guerrillas sandinistas en Nicaragua. Por su parte, Osiris Santi era un narcotraficante cuyos barcos ya recibían protección en los puertos cubanos. Su lugarteniente, Orlando Torres, se entrevistaba constantemente en México con los funcionarios del régimen cubano destacados en Mérida.

El narcotraficante colombiano, Jaime Guillot-Lara -casado con la hija del ministro de defensa cubano Raúl Castro- será el contacto entre Cuba y el movimiento M-19. El 7 de noviembre de 1981, Guillot-Lara tiene que escapar a toda prisa de Colombia y se refugia en México, donde los agentes cubanos negocian su libertad con las autoridades mexicanas con el fin de evitar que se descubriera su conexión con La Habana. En 1982, Castro hablaba de Guillot-Lara como "un buen amigo".

(Jaime Guillot Lara, foto superior, y en la foto inferior René Rodríguez Cruz quien fuera una de las personas especializadas en dar el tiro de gracia a los fusilados en la Sierra Maestra  y al principio del triunfo de la Revolución; posteriormente fue Presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos o ICAP, una dependencia Castrista vinculada con la Dirección de Inteligencia. Murió en extrañas circunstancias en Cuba después de llegar huyendo por las acusaciones de narcotráfico. Comentarios y fotos añadidas por el bloguista de Baracutey Cubano)

La conexión cubana sería descubierta y probada más tarde. Los informes de la participación cubana en el tráfico de drogas saldrían por vez primera a la luz pública en 1982, cuando la Oficina Legal de los Estados Unidos en Miami nombró entre los acusados al jefe de la marina de guerra de Cuba, almirante Aldo Santamaría, y al ex embajador cubano en Colombia, Fernando Ravelo, en un caso que incluía 23 toneladas de marihuana.

El 15 de noviembre de 1982, los colombianos Guillot-Lara y Johnny Crump, y los cubanos Lázaro Visuña, Mario Estévez y David L. Pérez, brindaron a un tribunal en Miami amplias pruebas de las actividades de narcotráfico por parte de Cuba desde el año 1975, tráfico que tenía como uno de sus objetivos el envió de armas a la guerrilla colombiana del M-19.

Según la deposición de Johnny Crump, él y Guillot-Lara se dirigieron a La Habana en compañía del embajador Ravelo, donde éste y el embajador de Cuba en Venezuela, Norberto de la Osa, les confirmaron que el barco Viviana, dedicado al narcotráfico, obtendría salvoconducto todas las veces que atravesase las aguas jurisdiccionales cubanas.


Por la protección de este tránsito, Guillot-Lara pagaba 20 mil dólares por cada tonelada de marihuana a bordo. A su vez, el compromiso incluía el transporte de armas a las guerrillas del M-19 en Colombia. 
Según Guillot-Lara, a su retorno a Colombia inició los trámites para preparar otro barco para enviar a Cuba en 1980.

(El embajador Fernando Ravelo bautizando a Viviana, hija de Johny Crump, el cual se encuentra en la extrema derecha de la foto)

Conforme al testimonio de Johnny Crump, los funcionarios cubanos Ravelo y René Rodríguez Cruz -presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP)-, le sugirieron la posibilidad de comprar y enviar armas para elementos anti-Pinochet en Chile a través de Panamá. Una semana después, un chileno de apellido Galván, le hacía entrega de un microfilm en un cigarrillo que contenía la lista de las armas, alimentos y municiones para 300 hombres.

Por otra parte, Johnny Crump cuenta cómo durante una campaña en la costa norte del Pacifico, las autoridades colombianas cercaron a un grupo guerrillero del M-19 comandados por Carmenea Cardona, muchos de los cuales figuraron en el secuestro de la embajada dominicana en Bogotá y que supuestamente debían haber estado refugiados en Cuba.

Entre los detenidos y testigos de la causa de Miami figuraba también Mario Estévez, un agente de la inteligencia cubano, infiltrado en los Estados Unidos en 1980. En su deposición ante el Gran Jurado, Estévez expresó que había sido infiltrado con el objetivo de activar el tráfico de drogas, comenzando por transacciones de marihuana hasta que fue arrestado el 29 de noviembre de 1981. Estévez testificó ante una comisión del senado de los Estados Unidos que había introducido en la Florida marihuana y gualudes desde Cuba, y de ahí trasladado a Nueva York.

Las declaraciones de Estévez resultaron desconcertantes: la alta cúpula de la dirigencia cubana había organizado una extensa red de narcotráfico desde América Latina hasta los puntos de distribución en ciudades norteamericanas, usando sus propios servicios secretos. Estévez identificó al alto oficial de inteligencia cubana, René Rodríguez Cruz y al vicealmirante Aldo Santamaría como las personas encargadas por Castro para canalizar este tráfico.

Estévez apuntó que desde los inicios de la década de los setenta se producía marihuana en la región cubana de Manzanillo para venderla en los Estados Unidos, operación que Castro venía madurando desde los días de la guerra de Vietnam. Estévez estimó en 200 millones de dólares anuales los ingresos cubanos sólo por concepto de la marihuana.

Durante el período de su actividad ilícita, Estévez logró el traslado de Cuba a Estados Unidos de alrededor de 270 kilogramos de cocaína, posteriormente vendida en Miami, Chicago, Ohio, Nueva Jersey, Nueva York y otras ciudades. El dinero acumulado lo llevaba a Cuba él personalmente. También informó que en un momento de su actividad, sus jefes en el gobierno cubano le recomendaron se trasladase a Bimini, en Las Bahamas, para conocer y entrenar a Frank Bonilla, otro agente proveniente de Cuba.

De regreso a Cuba, recalaron en la pequeña isla de Paredón Grande, donde hallaron el buque Viviana del colombiano Guillot-Lara con un cargamento de 8 millones de qualudes. El yate estaba escoltado por buques de guerra cubanos.

De acuerdo con la narración de Estévez, corroborada luego por otros narcotraficantes, estando en Paredón Grande concurrieron el jefe de la Marina de Cuba, almirante Santamaría, y el alto jefe de la inteligencia René Rodríguez, presidente del ICAP, organismo pantalla de la inteligencia cubana, con quienes sostuvo una extensa conversación sobre el narcotráfico. Explicó que cuando salió de Cuba a bordo del Viviana se acarreaba otro barco, el Lazy Lady, hasta la isla de Andros en Las Bahamas, donde se hizo el traspaso de los qualudes. Después fue ordenado a seguir hasta Cayo Güincho donde recogió 23,000 libras de marihuana procedente de Cuba.

(fotos superiores:  Gonzalo Bassols y el ya fallecido Vicealmirante  Aldo Santamaría Cuadrado; fotos inferiores: el extrañamente  fallecido en Cuba  René Rodríguez Cruz  y el embajador Fernando Ravelo)

El testimonio de Estévez implicó en el narcotráfico internacional a Santamaría, René Rodríguez, al embajador Ravelo, a Gonzalo Bassols Suárez, diplomático cubano en Colombia; a Teodobaldo Rico Rodríguez y Francisco Echemendía, funcionarios del Ministerio del Interior de Cuba.

Con posterioridad, René Rodríguez moría en La Habana, en circunstancias misteriosas, después del fusilamiento de los militares el general Ochoa, Tony de La Guardia, en 1989, y al deceso en prisión, en 1991, del general José Abrantes Fernández, exministro del Interior.

Coincidentemente, Estévez también fallecería en una prisión norteamericana. Los hilos de la trama que conducían hasta Fidel y Raúl Castro irían desapareciendo con el tiempo.

El ex secretario de Estado, Shultz, refiriéndose a los resultados del Gran Jurado de Miami, indicó que se "demostró la evidencia de la complicidad de Cuba en el tráfico de narcóticos en América Latina”. En marzo de 1983 fue confiscado en la Florida un velero con 750 libras de marihuana a bordo. Durante el registro del bote se halló un diario con la ruta seguida. Había zarpado de la Florida para Las Bahamas, siguió a Haití, luego a Cuba, después a Jamaica, retornó a Las Bahamas y finalmente llegó a la Florida de nuevo.

Poco después, el 20 de mayo de 1983, el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan declaraba en Miami que existían fuertes pruebas de que funcionarios de Castro estaban involucrados en el tráfico de drogas desde Cuba. Un mes después, el administrador de la DEA, Francis Mullen ratificaba ante el senado estadounidense que el gobierno de Cuba estaba consciente de los movimientos de drogas a través de su territorio, y que facilitaban tales movimientos.

Del libro Las guerras secretas de Fidel Castro, de Juan F. Benemelis.

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