domingo, mayo 19, 2024

Alberto Roteta Dorado: José Martí, una muerte más allá del mito y el misterio

 José Martí, una muerte más allá del mito y el misterio

**********

José Martí más que una inspiración, es una necesidad espiritual, fuente necesaria a la que se acude de manera cíclica, cuando sentimos que nos vamos extinguiendo y se desvanece nuestra fe y nuestra esperanza.

**********

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado

19 de mayo, 2024

Santa Cruz de Tenerife. España.- “En hombres como él no es verdad la muerte”, la célebre frase de uno de los biógrafos de José Martí, adquiere dimensiones colosales cada vez que evocamos la imagen, el pensamiento y la obra del genial cubano, cuyo aniversario de haber trascendido lo terrenal recordamos un día como hoy, 19 de mayo. 

Si una muerte ha sido motivo de las más inconcebibles especulaciones, esta ha sido la muerte de José Martí. Tal vez las circunstancias contextuales relacionadas con aquel infausto instante, amén de tratarse de una de las figuras más trascendentales de la gesta independentista cubana del final del siglo XIX, determinaron que el “misterio” del suceso de Dos Ríos fuera más allá de lo previsible. 

Hacer mención a una serie interminable de hipótesis que pretenden explicar el porqué Martí cae en combate de esa insólita manera que ya todos conocemos, sería divagar, una vez más, sobre el más grande de los misterios martianos; algo que nada aportaría en un escrito que pretende recordar al autor de “Versos Libres” y no ahondar en lo que tantos autores han tratado. Al final se trata solo de hipótesis, cuyo paso a la teoría se dificultará siempre, toda vez que no resulta demostrable nada de lo que se ha dicho en torno a lo que hoy he preferido llamar un “misterio”.    

Todo hombre que sale al campo de batalla es vulnerable de ser abatido. Ya lo expresó el héroe cubano en su carta dirigida a Manuel Mercado, desde el Campamento de Dos ríos, el 18 de mayo de 1895, a solo un día antes de partir hacia otras dimensiones: “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber” (…) “Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad”; idea que se pudiera interpretar como un presentimiento o visión futura de su destino final. Téngase presente que al día siguiente fue mortalmente herido. 

No obstante, esto no demuestra per se que Martí supiera de manera premeditada lo que sucedería al día siguiente de la redacción de su carta, considerada su testamento político. De ahí que, no considero necesario especular más en torno al asunto del “misterio”: la grandeza del héroe de Dos Ríos es tal que no necesita ser adornada con elementos que nada aportan al tema de su muerte; pero sobre todas las cosas, que no resultan demostrables.    

Entre las tantas especulaciones en torno al análisis de la muerte del más grande de los cubanos, se destaca, no por su solidez y posible veracidad, sino por la falta total de fundamentos que lo sostengan, la hipótesis de un posible suicidio. Algo que, además de absurdo, considero una total falta de respeto hacia la figura y el pensamiento del destacado político cubano. No obstante, el militar y escritor español José Miró Argenter, contemporáneo de Martí, afirmó: “Buscó él mismo la muerte (no cabe otra deducción dentro de la lógica humana), solicitado por la grandiosidad de su destino que le ofrecía aquella ocasión de alcanzar la inmortalidad, la primera que le brindaba la fortuna, creyendo que el acoso no iba a prestarle ninguna otra más propicia ni más memorable”.

José Martí no necesitaba asumir la muerte para alcanzar la inmortalidad, en el sentido en que José Miró Argenter, quien a pesar de su origen español luchó en el ejército libertador de Cuba, quiso explicar. Se trata de una inmortalidad en un sentido metafórico, esto es, pasar a la posteridad, trascender las barrearas del tiempo y las fronteras a partir de una acción que resaltara la imagen martiana. No es precisamente la inmortalidad vista desde el punto de vista filosófico o religioso, como supervivencia de los principios espirituales del hombre, al menos, es lo que parece, si se analiza la referencia anterior. 

José Martí hubiera trascendido, como en efecto ha ocurrido, por sus grandes méritos y virtudes, no solamente como el genial político teórico, capaz de unir a cientos de cubanos dispersos por diferentes partes del mundo, principalmente en los Estados Unidos de América, para retomar la lucha iniciada y concretar la gesta independentista de 1895; sino como el elocuente orador que hacía vibrar a quienes le escuchaban, como el certero periodista que hacía un derroche de elegancia estilística en el lenguaje, como el escritor ejemplar que se anticipó con su poesía a los escritores modernistas, como el ensayista extraordinario capaz de adentrarse en temas tan disímiles como la música, la pintura, la historia y la filosofía. 

El historiador Leonardo Griñán Peralta, en total desacuerdo con la absurda idea del suicidio precisó: “No hay razón valedera para demostrar que su muerte en Dos Ríos tuvo caracteres de suicidio. No hay gran político que, conscientemente, quiera morir al acabar de pronunciar solemnemente estas palabras: “yo evoqué la guerra; mi responsabilidad comienza con ella en vez de acabar” (…) “En aquellos momentos morir era fracasar y no hay líder político a quien no horrorice cuanto pueda posibilitar el fracaso del ideal al que ha consagrado su vida. El éxito de la causa que defiende le importa más que la gloria de su muerte bella. Y si en aquel momento pudo aparecer bella la muerte, es imposible que le haya parecido oportuna”; algo que coincide con las valoraciones del intelectual cubano Jorge Mañach, una de las figuras de la primera mitad del pasado siglo XX que más conoció y analizó con certeza el pensamiento del Apóstol.

De cualquier manera, independientemente de que, como ya he expresado antes, la idea de lo mítico en torno a la muerte de Martí no admite fundamentaciones teóricas sólidas. Su caída en combate ha sido a través del tiempo un símbolo velado por un aura de misterio y de envoltura sacramental; algo que, al parecer, prevalecerá reforzando la idea de lo mítico en la figura del autor de Versos Libres. Se trata de pues, de su justa permanencia indescifrada, como bien resumió el escritor cubano José Lezama Lima. Para Lezama, un apasionado por la imagen martiana, vista en la plenitud de ese misterio que le han ofrecido muchos a través del tiempo, José Martí “fue para todos nosotros la última casa del Alibi”, o sea, de lo trascendental desde el punto de vista religioso. Idea que reitera en su obra ensayística, donde la figura de su paradigma como hombre se hace reiterativa. 

En su análisis Secularidad en José Martí precisa: “Sorprende en su primera secularidad la viviente fertilidad de su fuerza como impulsión histórica, capaz de saltar las insuficiencias toscas de lo inmediato, para avizorarnos las cúpulas de los nuevos actos nacientes”, dejando a un lado la idea mística y mítica que abordó en su poema La Casa del Alibi, para ofrecernos ahora un Martí más cercano a lo terrenal, representado en esa fuerza como impulsión histórica. 

Sin embargo, el autor de Paradiso no puede desprenderse del todo de la concepción del misterio martiano y retoma la figura cimera de la patria como símbolo del optimismo y la inspiración: “Tomará nueva carne cuando llegue el día de la desesperación y de la justa pobreza”, acudiendo al mensaje de Lezama. José Martí más que una inspiración, es una necesidad espiritual, fuente necesaria a la que se acude de manera cíclica, cuando sentimos que nos vamos extinguiendo y se desvanece nuestra fe y nuestra esperanza. Entonces el hombre divino renace: “tomará nueva carne” como una “necesidad en nosotros de justificar el surgimiento de su germen, como si lo igualáramos a la semilla que necesita de su Tierra”. 

Estas sabias palabras de Lezama Lima, escritas hace siete décadas, adquieren un valor extraordinario en el presente. José Martí representa esa semilla, que cual germen eterno, se hace cada vez más necesario en su tierra, en su patria; una patria que se desmorona en pedazos como resultado del deterioro progresivo causado por los efectos devastadores de una de las dictaduras más destructivas del mundo. En medio de la terrible desesperación y pobreza, asumiendo las palabras de Lezama en su ensayo Secularidad en José Martí, es necesario un Martí que tome “nueva carne” y sea capaz de unir a los cubanos para enfrentar la justa lucha que derrote, de una vez y por todas, al régimen castrista.  

Con o sin “misterio”, lo cierto es que la muerte del más colosal de los cubanos sorprendió a todos. Algunos se negaron a creer la triste noticia, otros lo pusieron en duda, otros lo desmintieron y hasta se recoge en la amplia bibliografía sobre el tema que una banda de música tocó para festejar, a modo de negación, lo improbable de su muerte. En España, donde Martí pasó cuatro años de su vida mientras cursaba las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, entre 1871 y 1874, durante su primera deportación política, su muerte fue motivo de grandes especulaciones. Una reciente publicación de la Universidad de “La Rioja” hace mención a los hechos de Dos Ríos en un ensayo titulado: La muerte de José Martí: un debate historiográfico. En dicho escrito se cita al capitán español Antonio Serra Ortiz, quien, en un libro de memorias publicado en 1906, durante uno de sus destinos militares en las Islas Canarias, afirmó: 

«Como a la media hora cesó el fuego y el capitán Satué, ayudante del Coronel, me dijo»:

—« ¿A qué no adivinas a quien hemos matado?»

—«A Máximo Gómez, contesté».

—«Cerca le andas; ¡a Martí!».

—« ¡Imposible! Contesté».

—«Pues no te quepa duda; le he visto y reconocido».

—«Pues me alegro que caigan pájaros gordos; no siempre han de ser los muertos esos héroes anónimos que son los que verdaderamente se baten».

«Más tarde vi el cadáver y como le conocía personalmente, fácil fue reconocerle también».

«Entonces, me dije»:

—« ¡Pero señor! ¿Por qué se batía Martí en vanguardia? ¿Es posible que un futuro Presidente de la República Cubana, se bata como un guerrillero? ¡Aquí hay misterio y conviene desenredar la madeja de la insurrección por dentro!».

Lo que demuestra que la idea en torno al “misterio” de su muerte estuvo presente desde siempre. Téngase presente que estamos ante testigos presenciales del suceso del 19 de mayo de 1895. Luego siguieron las múltiples hipótesis, las que definitivamente, no aportan nada objetivo; aunque si contribuyen a mantener el espíritu de la investigación en relación con el líder de la Guerra de 1895, de la que fue, sin duda, su gestor, organizador y teórico por excelencia. 

Y es por el hecho de haber sido un gran teórico, inmerso en las más grandes abstracciones, que no tuviera una visión práctica acerca de las estrategias convenientes para poder eludir, o al menos, atenuar el gran riesgo que se tiene cuando se lucha directamente en el campo de batalla. No hay tal misterio, aunque si es un hecho real de que en hombres como el no es verdad la muerte. 

No puede haber misterio en un ser que se entregó por entero a la lucha por su amada patria, en un ser donde el deber adquirió un significado cuasi sacramental: “En la tierra, el único placer es el cumplimiento del deber: la única fuerza enérgica el amor. De aquel hasta las penas son placeres. De éste hasta los dolores son impulsos: en bien o en mal ciertamente: ¡dichoso el que ama a aquella de quien es amado! Porque ni el amor basta ni el cumplimiento del deber basta.”

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

Laura Rodríguez Fuentes desde Cuba: De Dos Ríos a Santa Ifigenia: el recorrido funerario de José Martí. Arnaldo Miguel Fernández Díaz sobre la muerte y los varios entierros del cadáver de José Martí, Apóstol de la Independencia cubana

 

De Dos Ríos a Santa Ifigenia: el recorrido funerario de José Martí

********

Al momento del tiro mortal, Martí era un blanco fácil a la vista enemiga: vestía botines, un saco negro y sombrero oscuro de castor.

********

(Pintura, hoy inexistente, de la muerte de José Martí. El pintor  Esteban Valderrama fue al lugar, observó el lugar y hasta tuvo en  cuenta la luz que había a la hora en que mataron al Apóstol de la Independencia cubana. El propio pintor destruyó la pintura por las erradas  críticas que se le hacía al cuadro. Imágenes y comentarios añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Por Laura Rodríguez Fuentes

19 de mayo, 2024 

SANTA CLARA, Cuba. – Habrían pasado unos seis meses desde los sucesos en Dos Ríos cuando el campesino José Rosalía Pacheco le señalara a Enrique Loynaz del Castillo el sitio exacto donde había caído el “presidente de los insurrectos”, marcado por un palo de corazón. “Aquí, aquí mismo recogí la sangre de Martí. Vea todavía la huella del cuchillo por donde arranqué a la tierra todo el charco de sangre coagulada para guardarla en un pomo”.

A tres kilómetros al noroeste de Palma Soriano, donde confluyen los ríos Cauto y el Contramaestre, el ejército español causó una única baja aquel mediodía del 19 de mayo de 1895. En vano, el joven teniente Ángel de la Guardia había intentado rescatar al caído creyéndolo aún herido en la escaramuza. A minutos de la retirada y posterior regreso junto a las tropas cubanas, aparecía el caballo Baconao cubierto de sangre como confirmación inmediata de la desgracia. 

(El General Enrique Loynaz y del Castillo al finalizar la Guerra de Independencia de Cuba (1895-1898) con su Estado Mayor; Enrique Loynaz y del Castillo es el autor de El Himno Invasor. Fotos y comentarios añadidos por el Bloguista de Baracutey Cubano)

(Enrique Loynaz y del Castillo con su hija Dulce María Loynaz)

A pesar de las señas ofrecidas por De la Guardia, quien acompañaba en ese momento a Martí, el general Máximo Gómez aún conservaba la ilusión de que hubiese podido quedarse extraviado en la “confusión de la pelea” o prisionero de la columna enemiga. En carta al coronel en jefe español, solicitó fe de vida o que le comunicaran al menos dónde habían sido depositados sus restos, mas no recibió respuesta de la contraparte. Luego de varios intentos fallidos por recuperarlo y tras el retorno del mensajero que condujo la misiva, asumió la certeza definitiva de la muerte del delegado y futuro presidente de la República en Armas.

Ni siquiera el propio coronel Ximénez de Sandoval, al mando de la columna que ejecutó la avanzada, estuvo completamente confiado de la identidad del abatido hasta que hubo de revisar sus pertenencias personales. En un mensaje posterior enviado a sus superiores, aclaró que el “titulado presidente cayó con cinco balazos” y que la posesión de su cadáver estaba siendo “muy disputada por los suyos”.

Al momento del tiro mortal, Martí era un blanco fácil a la vista enemiga: vestía botines, un saco negro y sombrero oscuro de castor, y en la mano llevaba el revolver Colt con empuñadura de nácar obsequiado por Panchito Gómez Toro, sujeto al cuello por un cordón, del que no fue disparado un solo cartucho. 

En su poder tenía un reloj y un pañuelo, ambos con sus iniciales (JM), y varios documentos preciados en los bolsillos: cartas y un retrato de María Mantilla y otras misivas de Carmen Miyares, Bartolomé Masó y Clemencia Gómez dirigidas a él, según reseña el fallecido investigador Rolando Rodríguez en su libro Dos Ríos: A caballo y con el sol en la frente. 

También se halló el manuscrito inconcluso de la carta a Manuel Mercado, una cinta azul y el cortaplumas y la escarapela que se afirma pertenecieron a Carlos Manuel de Céspedes. Por múltiples referencias en textos históricos se conoce que el revólver fue entregado luego al general Arsenio Martínez Campos como botín de guerra y que las epístolas se confirieron a los archivos militares españoles. 

Tras la debida identificación del cuerpo, que permaneció envuelto en una hamaca, la columna lo trasladó doblado y atado al lomo de un caballo, para depositarlo al pie de un jobo antes de tomar camino a Remanganaguas, donde previamente habían abierto el hoyo de su primera tumba en tierra viva.

Los dos primeros entierros de Martí

Son las tres de la tarde del día 20 de mayo cuando finalmente se le da sepultura al cuerpo de Martí en una fosa del pequeño cementerio de Remanganaguas, debajo del cadáver de un soldado español y solamente con el pantalón con el que iba vestido. Tanto la sortija de hierro como el reloj, cinto, polainas y papeles fueron entregados al mando superior y las monedas que portaba habían sido usadas para comprar tabacos y aguardiente para la tropa que celebraba la muerte del “cabecilla”. 

A solo tres días de aquel primer enterramiento, el cadáver fue exhumado para que el médico cubano Pablo de Valencia realizara el proceso de autopsia, embalsamamiento y debido dictamen del fallecido en el que se le describe como “delgado, de estatura regular”, “con una pequeña calvicie en la coronilla, entradas muy pronunciadas en las sienes y frente ancha y despejada”.  

El acta también especifica que presentaba una herida de bala penetrante en el pecho con orificio de salida en la parte posterior del tórax, otra en el cuello debajo de la barbilla, una tercera en el muslo y algunas contusiones y laceraciones en el resto del cuerpo. Las vísceras y el corazón fueron extraídos y depositados en la misma fosa abierta, y para mejor conservación del cadáver el doctor le aplicó una solución de alumbre y barniz.

No obstante, debido al avanzado estado de descomposición, se encargó de inmediato la fabricación de un ataúd rústico de cedro con ventanilla de cristal para trasladarlo finalmente hasta Santiago de Cuba, primero sobre parihuelas llevadas por mulos y luego mediante las vías férreas en un vagón de carga del tren de pasajeros que cubría la ruta, según reseña el libro Piedras imperecederas: la ruta funeraria de José Martí.

El féretro del adalid de la nueva guerra hacía entrada en Santiago a las 6:00 de la tarde del día 26 y aunque se aglomeró una multitud en la estación de trenes, el ataúd permaneció escondido en el vagón hasta entrada la noche. A la mañana siguiente, patriotas, conocidos y amigos de José Martí asistieron a Santa Ifigenia para corroborar con sus propios ojos que se trataba de su cadáver.

Con el fin de exponerlo ante los incrédulos se le encargó a un soldado español que levantara la tapa y desprendiera las puntillas con su bayoneta. Los testimonios describen una rústica caja de madera precintada por tiras de latas y a un cuerpo “algo descompuesto ya, descansando con la boca abierta y el pelo peinado hacia atrás”. “No había duda alguna, era la misma frente”, escribiría uno de los asistentes. 

Poco antes de ser depositado el cuerpo en el nicho 134 de la galería sur del camposanto, el fotoperiodista Higinio Martínez tomaría la única imagen que existe del rostro exangüe de José Martí, instantánea publicada dos semanas más tarde en la primera plana del bisemanario La Caricatura.

Tras una siguiente exhumación, se constataron fragmentos de piezas de ropa, entre estas una corbata de lazo negra, por lo que los historiadores suponen que en Remanganaguas fue vestido nuevamente antes de colocarlo en el sarcófago. Con sumo dramatismo y cierto respeto quizá, Ximénez de Sandoval pronunció él mismo las palabras de despedida alegando: “No vean en el que está a nuestra vista al enemigo y sí al cadáver del hombre que las luchas políticas colocaron ante los soldados españoles”. 

Un año después de la tragedia de Dos Ríos y en el mismo lugar marcado por Loynaz del Castillo con una cruz de madera, peregrinarían los generales Máximo Gómez y Calixto García junto a Fermín Valdés Domínguez y un grupo de soldados. Por orden del dominicano, cada uno dejó caer una piedra extraída del Contramaestre sobre el sitio exacto de la caída, hasta formar una pirámide rústica, un acto que se repitió a modo de homenaje durante toda la guerra de independencia.

****************


Hay que hablar sobre José Martí de pie, aunque muchos en Cuba hablen de él de rodillas… Algunos lo consideran apóstol y mártir, yo prefiero verlo como escritor y como hombre… Somos el exilio, los genuinos herederos de José Martí, que vivimos entre el paraíso y el infierno.”
Guillermo Cabrera Infante.
*************

Nota del bloguista de Baracutey Cubano

“Una revolución es necesaria todavía: la que no haga Presidente a su caudillo, la revolución contra todas las revoluciones: el levantamiento de todos los hombres pacíficos, una vez soldados, para que ni ellos ni nadie vuelvan a serlo jamás!”

(José Martí. Alea jacta est, El Federalista, México, 7 de diciembre de 1876, en Obras Escogidas, Tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, , p. 99)
****************

Martí y la sangre

**********
El tiempo pasó y el cadáver de Martí dista ya de causar espanto o frenesí
**********

Por Arnaldo M. Fernández
Broward
19/05/2020 
Ustedes sí tienen a Martí llorando sangre
Aldo el Aldeano y Silvito el Libre

El domingo 19 de mayo de 1895, la sangre de Martí se derramó en un potrero de Boca de Dos Ríos al recibir un balazo que fracturó el esternón y salió por el cuarto espacio intercostal; otro que salió por el labio superior tras entrar por debajo de la barbilla —por tener la cabeza hiperextendida en virtud del impacto anterior— y otro más en la parte posterior del tercio inferior del muslo, al pasar la pierna derecha por encima del caballo en la caída.

Tiempos de cambio

En vez de dejar a Martí al frente y cuidado del campamento mambí de Vuelta Grande, como había hecho ya el viernes 17 por salir de Dos Ríos con todos los caballos disponibles a hostigar un convoy español, el General en Jefe Máximo Gómez dejó aquel domingo al coronel Francisco Estrada con su tropa protegiendo el acceso al campamento y dejó que Martí tomara parte —con grado de mayor general, pero sin tropa— en la acción irrelevante de salir a batirse con la columna enemiga que, luego de llevar el convoy hasta su destino sin ser hostigada, cambió de rumbo y enfiló hacia Dos Ríos creyendo que los insurrectos acampaban allí.

El campamento mambí se había trasladado a Vuelta Grande, durante la noche del sábado 18 y la madrugada del 19, porque no había pasto suficiente en Dos Ríos para los trescientos o más caballos con que arribó el mayor general Bartolomé Masó. La caballería entera cruzó el río Contramaestre hacia el oeste para acampar en los mejores prados de Vuelta Grande.

Nada sabía el jefe de la columna española, coronel José Ximénez de Sandoval, pero Gómez se enteró enseguida por aviso —su último escrito conocido— que Martí envió con mensajero. Gómez llegaría a Vuelta Grande casi al mediodía y su encuentro con Masó, según el cronista de la guerra José Miró Argenter, devino en parada militar que incluyó discurso en que Martí soltó: “¡Quiero que conste que por la causa de Cuba me dejo clavar en la cruz!”

La cruz maldita

Ya en el almuerzo se oyeron algunos tiros lejanos y llegó la noticia de que una columna enemiga enrumbaba hacia Dos Ríos. Como allí el Contramaestre confluye con el Cauto, la clave táctica era salir de Vuelta Grande y cruzar el Contramaestre hacia el este por detrás de los españoles, a fin de cercarlos por su retaguardia y flanco derecho. Su vanguardia y flanco izquierdo quedarían entonces contra el Cauto y el Contramaestre, respectivamente, y rifleros en las orillas opuestas de ambos ríos amargarían todavía más la vida del coronel Ximénez de Sandoval.

La vanguardia de la columna mambisa avanzaba más allá del Paso del Salvial cuando las fuerzas del centro —con Gómez y el resto del generalato: Masó, Martí y Francisco Borrero— llegaban al paso anterior de Santa Úrsula y por allí cruzaron imprudentemente el Contramaestre a la altura de las posiciones enemigas. Gómez relataría: “Ordené al general Borrero que atacara por la derecha y yo lo hice por la izquierda”, así como que “Martí siguió por el centro, acompañado del ayudante Guardia, un loco, en tanto Masó se abstenía de seguirlo o apoyarlo en el avance, y se puso lejos del peligro” [Ver Infografía].

El suboficial Ángel de la Guardia, ayudante de Masó, acompañó a Martí en su cabalgata hacia la muerte y no dejó testimonio directo, pero su hermano —también ayudante de Masó— sí que atestiguaría por escrito la muerte del Apóstol. Y lo hizo de manera plausible, al margen de todo bombo y platillo en periódicos y revistas. El campesino Dominador de la Guardia fechó el 11 de marzo de 1916 en Niquero una carta al Dr. Eligio Palma, quien indagaba cómo había muerto su paciente y amigo. Así explica en qué cruz clavaron a Martí aquel 19 de mayo [1].



  • El práctico de la vanguardia, al llegar al primer paso del Contramaestre, dijo que por allí no se podía pasar y siguió la marcha a buscar otro paso. Al llegar el general Gómez con su práctico, este último aseguró que por allí podía vadearse el río.
  • Gómez dijo: “Pues pasemos” y sería el primero en echarse al Contramaestre junto con el práctico. “¡Aquello fue el delirio! Los jefes y oficiales no quisieron quedarse atrás y cada uno espoleó su caballo y se perdió la formación”.
  • Al otro lado del río acampaba la avanzada española, que hizo una descarga y se dio a la fuga. El grueso de las fuerzas del coronel Ximénez de Sandolval esperaba en formación cerrada de tres líneas y rompió el fuego. A la orden del general Gómez, los mambises se detuvieron. En ese momento el general Masó estaba al lado del general Gómez. Este le dijo a Martí: “¡Aquí!”, y le señaló detrás de él, como para ampararlo con su cuerpo. “Yo estaba al lado del general Masó y mi hermano Ángel al lado mío y junto a Martí”.
  • Al romperse el fuego contra los españoles, Martí convidó a mi hermano Ángel a seguir adelante y así lo hicieron. “Con el humo de los disparos no nos dimos cuenta de su avance y se adelantaron a nosotros como cincuenta metros”. Así presentaron un blanco magnífico a las fuerzas españolas y estas les hicieron una descarga cerrada. Martí cayó y “Angelito trató de cargarlo, pero no pudo”.
  • Entonces dio espaldas al enemigo para venir adonde nosotros en su caballo, que casi no podía caminar. Al darnos finalmente la noticia de la muerte de Martí, los españoles llegaban ya adonde estaba el cadáver.

No hay enigma en Dos Ríos


De nada vale justificar la caída de Martí con que decidió correr al combate, pues el quid estriba en que fue el único mambí que murió aquel día. La simple recomendación, advertencia, orden, consejo, indicación o lo que sea, de ponerse detrás de Gómez o quedarse atrás no bastaba para orientar a quien recibe su bautismo de fuego en la situación nunca vista de mayor general sin un solo soldado bajo su mando.

La víspera Martí había plasmado —en su famosa carta inconclusa a Manuel Mercado— la máxima prioridad de su andar por aquellos potreros: “Seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar, conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas”. Para el 22 de agosto de 1895, desde Ciego de Najasa (Camagüey), el General en Jefe mandaba por carta su valoración al sucesor de Martí en la jefatura del Partido Revolucionario Cubano, Tomás Estrada Palma:

“Lo que hizo Martí es nada, lo que usted tiene que hacer ahora es lo gordo. Aquello fue la incubación, ahora es llegada la hora del parto, que después de su fracaso (el pobre) tiene que ser muy laborioso. Porque Martí, aunque no es tiempo de juzgar, empezó a torcerse y fracasar desde la Fernandina hasta caer en Boca de Dos Ríos (…) Pudiera decirse que los amigos de Martí, que alocados lo endiosaban, lo empujaron a ocupar un lugar que no era el suyo y donde pereció sin beneficio para la patria y sin gloria para él” [2].

Coda

La asamblea de delegados del pueblo cubano visible sesionaría del 13 al 18 de septiembre de 1895 en Jimaguayú sin que ninguna de sus actas recogiera tan siquiera una referencia a Martí [3]. Hoy sus restos son hasta polvo iluminado para muchos, mientras que otros optan por tirotear su estatua en Washington y por embarrar sus bustos en La Habana con sangre de cerdo. Al cabo el tiempo pasó y el cadáver de Martí dista ya de causar espanto o frenesí.

Notas

[1] Ubieta, Enrique: Efemérides de la revolución cubana, La Moderna Poesía (1920), Tomo IV.
[2] Primelles, León: La revolución del 95 según la correspondencia de la delegación cubana en Nueva York, La Habanera (1932).
[3] Llaverías, Joaquín: Actas de las Asambleas de Representantes y del Consejo de Gobierno durante la guerra de independencia, Siglo XX (1928), Tomo I.


© cubaencuentro.com
************


Desvaríos en torno a la muerte de Martí.

Por Miguel Fernández-Díaz.
20 de mayo de 2010

Al día siguiente de la escaramuza en Dos Ríos, el General en Jefe, Máximo Gómez, echó a rodar por carta al coronel José Miró que Martí, "debido a su valor temerario y a la fogosidad de su caballo, traspasó los límites que la prudencia aconsejaba defender". Sin embargo, Fermín Valdés Domínguez precisaría en Ofrenda de hermano (El Triunfo, mayo 19 de 1908) que Martí cabalgaba en "una jaquita mansa de buen paso" y pondría el dedo en la llaga del combate: Martí "no seguía a nadie". En Dos Ríos no hubo dirección alguna, sino galopar frenético y retroceso desordenado, como puntualizó el general Enrique Loynaz en sus Memorias de la guerra (1989).

El único testigo mambí de la tragedia fue un ayudante del mayor general Bartolomé Masó: el subteniente Ángel de la Guardia. Según Enrique Gay-Calbó, miembro de número de la Academia de la Historia de Cuba, aquel "compañero de Martí" escribió acerca del suceso, pero su padre quemó la carta por temor a las autoridades coloniales. Las versiones "más autorizadas" se atribuyeron entonces a los jefes adversarios en Dos Ríos: el Generalísimo Gómez y el coronel español José Ximénez de Sandoval.

Extrañeza de estar.

A ellos se sumó Miró con el abrumador impulso de sus Crónicas de la guerra (1909), que se convirtieron en clásico de la literatura de campaña. Para 1970 se tiraban 80 mil ejemplares en tres tomos de formato manuable (Ediciones Huracán) y otros 15 mil de la anterior reedición en un solo volumen (Editorial Lex, 1945).

Desde que Manuel Isidro Méndez dio a imprenta su Estudio biográfico (1925) de Martí y apuntó que Miró había sido "testigo de la etapa final de nuestro héroe", semejante impostura prosigue circulando, a pesar de que el propio Miró admitió haber dado el 14 de mayo de 1895 su "postrer adiós al divino Martí" (El Fígaro, número 8, 1913, página 86). Para el 11 de mayo de 1895, Gómez y Martí habían anotado en sus diarios de campaña (publicados juntos hacia 1941) que "Miró partió hacia Holguín" y "Se va Miró con su gente", respectivamente. No es la misma fecha que dio Miró, pero el consenso estriba en que no fue testigo de la acción de Dos Ríos.

Muecas para escribientes.

Así queda en pie tan sólo el contrapunteo de Ximénez de Sandoval y Máximo Gómez. La historiografía oficial no puede menos que inclinarse hacia la versión del Generalísimo mambí: la otra proviene del enemigo. El pasaje más socorrido de mayo 19 de 1895 en el diario de Gómez reza: "Esta pérdida sensible del amigo, del compañero y del patriota; la flojera y poco brío de la gente, todo eso abrumó mi espíritu a tal término, que dejando algunos tiradores sobre un enemigo que ya de seguro no podía derrotar, me retiré con el alma entristecida. ¡Qué guerra ésta! Pensaba yo por la noche, que al lado de un instante de ligero placer aparece otro de amarguísimo dolor. Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma podemos decir del levantamiento".

En "la flojera y poco brío de la gente" encontró el historiógrafo de Los últimos días de Martí (1937), Gerardo Castellanos, la causa determinante de la única baja mortal de los cubanos en la escaramuza de Dos Ríos: "Es una dura e hiriente verdad, pero porque lo es y la dice el general Gómez, no como justificación en años posteriores, sino el mismo día, me atrevo a estamparla".

Del mismo argumento de inmediatez se vale Rolando Rodríguez (Premio Nacional de Ciencias Sociales 2007) para justificar los términos de otra carta de Gómez (Dos Ríos, mayo 20 de 1985) remitida al jefe enemigo con intención de saber "si el señor Martí está en su poder herido y cuál sea su estado, o si muerto, dónde han quedado depositados sus restos. Eso es todo, porque en el último caso, percances son esos de la guerra y para nosotros, no obstante ser el señor Martí un compañero estimable, nada importa un cadáver más o menos de tantos que tendrá que haber en la guerra".

Rodríguez explana en Dos Ríos: a caballo y con el sol en la frente (2001) que así el General en Jefe mambí habría impartido al coronel español Ximénez de Sandoval la lección martiana de que "la guerra no dependería de la vida de un hombre, y ese criterio se pone de manifiesto cuando se sabe [lo] que la noche anterior Gómez había escrito en su diario" (página 114). José Massip funge como hermeneuta en Martí ante sus diarios de guerra (2002) para reforzar el argumento de Rodríguez: "Horas después [de la acción de Dos Ríos] Máximo Gómez (...) deja constancia en su diario de sentimientos transidos de tan honda aflicción que nunca antes ni después expresaría" (página 138).

La sabiduría de Rodríguez y la hermenéutica de Massip no alcanzan para percatarse de que la expresión "Pensaba yo por la noche" indica inequívocamente que esa noche ya pertenece al pasado con relación al momento en que Gómez anotó los hechos en su diario. Y como no puede asegurarse cuándo redactó esos apuntes, pierde sentido el argumento de inmediatez que Castellanos esgrimió para explicar la caída de Martí, mientras Rodríguez y Massip lo usan para limpiar la imagen de Gómez.

Al efecto de eludir su responsabilidad por conducir irracionalmente el combate y dejar expuesto a Martí en su bautismo de fuego, el propio Gómez no vaciló en echarle el muerto a Bartolomé Masó: "Ese hombre tuvo en parte la culpa de la muerte de Martí", dijo a Valdés Domínguez, quien así lo anotó el 29 de agosto de 1896, con explicación de Gómez y todo, en su Diario de soldado.

Coda.

Gómez sabía que escribía su diario para la historia. En la reedición (1968) se comprobó que había vuelto sobre muchos pasajes para enmendarlos y hasta redactarlos de nuevo. Lo que no sabía era que, tras su fallecimiento (junio 17, 1905), el presidente Tomás Estrada Palma donaría al Archivo Nacional 18.275 cartas recibidas por la delegación del Partido Revolucionario Cubano en Nueva York, las cuales acabaron siendo publicadas por León Primelles (1932). Entre ellas descolló una que Gómez había fechado el 22 de agosto de 1895 en Ciego de Najasa (Camagüey) para comentarle a su viejo amigo Estrada Palma que Martí "empezó a torcerse y fracasar desde la Fernandina hasta caer en Boca de Dos Ríos (…) Pudiera decirse que los amigos de Martí, que alocados lo endiosaban, lo empujaron a ocupar un lugar que no era el suyo y donde pereció sin beneficio para la patria y sin gloria para él".

Este juicio de Gómez y no haberse incluido entre los amigos de Martí parecen fatigar la atención de la Oficinal del Programa Martiano.


*************

Tomado de http://eichikawa.com/

Desvaríos en torno a los entierros de Martí (I)

Por Arnaldo M. Fernández
Mayo 21, 2010

Antes de ayer mataron a Martí y un día como ayer lo enterraron, hace 115 años, en fosa común del cementerio de Remanganaguas (foto), junto con un sargento español que había fallecido por el camino como consecuencias de las heridas recibidas en el combate de Dos Ríos. El Atlas histórico-biográfico José Martí (1983) considera esta inhumación «gran desprecio hacia el héroe caído» y en su Cronología crítica de José Martí (1992) Ibrahim Hidalgo Paz (Centro de Estudios Martianos) tacha de indigno al coronel español José Ximénez de Sandoval por haber tratado así el cadáver de Martí.

Al parecer quería que lo llevaran en carroza de Dos Ríos a Remanganaguas y enterrarlo aquí con pompa, pero se cae de la mata que Ximénez de Sandoval se vio forzado a comportarse con los restos de Martí, por ironía historiográfica, tal como escribiera Máximo Gómez (Dos Ríos, mayo 20 de 1895): «un cadáver más o menos de tantos que tendrá que haber en la guerra».

****************

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Ximénez de Sandoval mostró hidalguía ante el cadáver de José Martí y si no mostró más fue porque no se estaba totalmente seguro de que fuera el cadáver de Martí y por las condiciones de la guerra, entre las que se destaca los tres ataques que tropas al mando del General Quintín Bandera hicieron a las tropas españolas para rescatar el cadáver. Ximénez de Sandoval y José Martí eran hermanos masones.

La indignante actitud fue la de aquellos cubanos que conocían a José Martí y se quedaron callados. Ese silencio cobarde y vergonzoso producido por el miedo ante un poder terrenal superior hoy todavía se extiende sobre millones de cubanos de dentro y de FUERA de la Isla.Hasta oficiales al servicio de España fueron los que mediante sus gestiones se obtuvo la tumba y costearon la lápida del lugar donde descansarían los restos de nuestro Apóstol de la Independencia.¿ Con el Castrismo se ha visto algo similar con sus adversarios muertos ? . Al fondo del Cementerio de Colón hay tanques de 55 galones llenos con los huesos de muchos de los fusilados en los primeros años de Castrismo; la inmensa mayoría de sus cuerpos no se los entregaron a la familia para que los enterraran en su panteones familiares por miedo a marchas y protestas públicas en sus entierros y las peregrinaciones en los aniversarios de sus fusilamientos. Hasta 10 años después no le decían a los familiares donde habían sido enterrados; había que creerles a las autoridades de la tiranía que decían la verdad.

La foto del cadáver de José Martí corresponde a la exhumación del cadáver de Martí en Remanganaguas el 27 de mayo de 1895 y la ví por primera vez en la revista Bohemia a finales de los años 50s o en los primeros años de los 60s del pasado siglo XX. Antonio Oliva un guerrillero cubano fue el que dicen que lo remató con un disparo en el pecho. El pintor pinareño Pedro Pablo Oliva es biznieto de Antonio Oliva y por eso en muchos de sus cuadros, el Martí aparece muerto o dormido. Por cierto, fue otro guerrillero cubano nombrado Brígido Verdecia el que  cobró la recompensa por la muerte de Carlos Manuel de Cépedes y López del Castillo, el padre de la Patria, en San Lorenzo, aunque he leido que el que lo mató con un disparo fue un sargento u oficial español. En la Guerra de 1895 los miembros del Ejército Libertador no pasaron de 55 000 combatientes, mientras que fuerzas guerrilleras cubanas habían más de 30 000 sin contra que entre los Voluntarios del Orden ( Mal llamados Voluntarios Españoles ) habían muchos cubanos que gritaban Viva Cuba española !!

************************

Tomado de http://www.damisela.com

El Comandante Enrique Ubieta y Mauri, que había sido amigo de Martí obtuvo, invocando el nombre del General Don Juan Salcedo y el suyo, que por el Sr. Bartolomé Vidal, Alcalde Municipal de Santiago de Cuba, cediese, sin costo alguno, el nicho No. 134 de la galería Sur del Cementerio, para enterrar a Martí, y los oficiales españoles costearon una lápida que fue fijada en el nicho.

(Jaime Sánchez, una de las personas que ayudó a exhumar el cadáver de Martí y a construir el ataud para el cadáver, enseña el lugar donde fue enterrado por primera vez nuestro Apóstol de la Independencia; nota y foto agregadas por el bloguista )

El cadáver fue identificado por el Sr. Joaquín Castillo Duany, y por el Licenciado Bravo Correoso. Se levantó acta de la identificación.

En el momento de ser colocado el féretro en el nicho, el Coronel Sandoval hizo la pregunta siguiente: "¿No hay aquí ningún pariente o allegado, o amigo del finado?" Viendo que nadie respondía, dijo:

"Vaya, señores, puesto que el difunto no tiene aquí parientes ni allegados que lo hagan, despediré yo el duelo."

El Coronel José Ximénez de Sandoval, descubierto, pronunció estas palabras:

"Señores: Ante el cadáver del que fue en vida José Martí, y en la carencia absoluta de quien ante su cadáver pronuncie las frases que la costumbre ha hecho de rúbrica, suplico a ustedes no vean en el que a nuestra vista está, al enemigo, y sí al cadáver del hombre que las luchas de la política colocaron ante los soldados españoles. Desde el momento que los espíritus abandonan las materias, el Todopoderoso, apoderándose de aquéllos, los acoge con generoso perdón allá en su seno; y nosotros al hacernos cargo de la materia abandonada cesa todo rencor como enemigo dando a su cadáver la cristiana sepultura que los muertos se merecen. He dicho."


Nicho con los  los restos de José Martí  hasta 1905



*****************
Tomado de http://www.juventudrebelde.cu/

Numerosas cruces y condecoraciones repartió el Gobierno español entre los soldados y oficiales que participaron en la acción de Dos Ríos. Al coronel Sandoval solo le tocó la cruz de María Cristina de tercera clase. Ascendería con el tiempo a General de División y justo es decir que declinó el marquesado de Dos Ríos porque, dijo, «lo de Dos Ríos no fue una victoria; allí murió el genio más grande que ha nacido en América». Falleció en 1924.
****************


Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

jueves, mayo 19, 2022

Alberto Roteta Dorado: JOSÉ MARTÍ, EN HOMBRES COMO ÉL NO ES VERDAD LA MUERTE. A PROPÓSITO DEL 127º ANIVERSARIO DE SU CAÍDA EN COMBATE

 JOSÉ MARTÍ, EN HOMBRES COMO ÉL NO ES VERDAD LA MUERTE. A PROPÓSITO DEL 127º ANIVERSARIO DE SU CAÍDA EN COMBATE


Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.- 

19 de mayo, 2022

“Otros lamenten la muerte necesaria:

 yo creo en ella como la almohada,

 y la levadura,  y el triunfo 

de la vida”. José Martí. 

Santa Cruz de Tenerife. España. En hombres como el no es verdad la muerte. Sentencia muy certera de uno de los biógrafos del considerado Apóstol de Cuba que adquiere dimensiones aún más colosales en los días cercanos al aniversario de su muerte. La veracidad de tal afirmación se puso de manifiesto desde los lejanos tiempos del final del siglo XIX. El  infausto 19 de mayo de 1895, recién comenzada la guerra de independencia de Cuba, las balas del ejército español alcanzaron al ideólogo de la gesta independentista cubana. La muerte de José Martí se convirtió en el más sagrado símbolo de la historia de la nación

Una aureola, cuasi mística, envuelve el trágico momento en que el extraordinario ser se despojó de sus vestiduras carnales para emancipar su alma pura – el hombre más puro de la raza, según la poetisa chilena Gabriela Mistral–, que cual inmaculado martirio, trascendería las fronteras de la temporalidad. Su prematura muerte es atemporal, toda vez que aún nos resistimos a aceptar lo que para nosotros no puede ser cierto. Tampoco lo fue para los cubanos de aquellos agitados tiempos de combates, reveses, contradicciones y sinsabores; aunque también de victorias y placeres, ese placer sacro del cumplimiento del deber patrio que en el héroe cubano adquirió inusitadas dimensiones. 

Sus contemporáneos se aferraron a la idea de que Martí seguía vivo, no solo como viviente símbolo de una bien ganada, merecida y alcanzada inmortalidad; sino como un hecho concreto real. Cuentan que desde diversas partes del mundo, donde se encontraban los exiliados cubanos, lejos de aparecer notas mortuorias, esquelas referenciales o cualquier manifestación de luto, dolor y recogimiento, se gritaba de júbilo y alegría. Hasta una banda de música de pueblo se dispuso a entonar marchas de victoria. La noticia de la muerte del gran hombre se había malinterpretado. Circularon notas aclaratorias respecto a una posible falsedad del trágico momento de Dos Ríos, de ahí la reacción de alegría muy contraria a la esperada actitud de recogimiento, propio de noticias de esta naturaleza.  

José Martí, el presidente para algunos, el genial intelectual que supo unificar con su ardiente palabra y su insuperable oratoria a los cubanos del exilio, y al propio tiempo, animar a los que se encontraban en la isla decepcionados ante el fracaso de la contienda de los diez años, había muerto en el campo de batalla y los cubanos se negaron a aceptarlo. Comienza aquí, justo en el propio instante de su caída en combate, el gran misterio en torno a su muerte. Un misterio exaltado por estudiosos profundos e intelectuales brillantes que lo inmortalizaron sobremanera, aún cuando su inmortalidad estaba coronada no solo por el hecho en sí de su prematura partida rodeada del sacramental misterio, sino por aquel legado histórico, político e intelectual insuperable aún en nuestros tiempos.

José Lezama Lima, el apasionado martiano, tan difícil de descifrar en su colosal poema dedicado al Apóstol cubano “La casa del Alibi”, intenta resumirnos su trascendencia a partir de su muerte histórica de la siguiente forma: “Su justa permanencia indescifrada sigue en sus memoriales enviados a un rey secuestrado, en sus cartas de relación nos describe para su primera secularidad una tierra intocada, Et caro nova fiet in die irae, tomará nueva carne cuando lleguen la desesperación y el temblor y la justa pobreza”.

Lo que realza aún más en su colosal ensayo “Secularidad en José Martí” al evocarnos, con su complicada prosa, el trascendental significado de esa permanencia eterna del genial hombre de Dos Ríos: “Sorprende en su primera secularidad la viviente fertilidad de su fuerza como impulsión histórica, capaz de saltar las insuficiencias toscas de lo inmediato, para avizorarnos las cúpulas de los nuevos actos nacientes”, hasta hacer imperecedera la imagen de su caballo, que cual único y fiel testigo, le acompañara en el instante del alcance de su inmortalidad:  “Y el pequeño caballo está quieto, pues sabe que la mano que lo traía ha penetrado con su alegría en la casa del Alibi” (…) “la brevedad de su mano mide incesantemente la distancia de la puerta hasta el símbolo”.            

Otros estudiosos, investigadores y apasionados biógrafos trataron de contribuir a conservar esa trascendencia ganada con creces por nuestro Hombre-Héroe. El intelectual cubano Luis Rodríguez-Embil, en su estudio crítico-biográfico: “José Martí, el Santo de América”, encuentra no solo al filósofo; sino al místico, que algunos pretenden ocultar y otros se niegan a descubrir. Rodríguez-Embil lo llama místico práctico y realista activo “de tradición y cultura occidentales, de cepa teresiana y española. Como tal, una de las fuerzas mayores de este mundo que encuentra el camino de la santidad por la “acción, el pensamiento y la aceptación heroica de su destino”.

Hoy, 19 de mayo de 2022, cuando han pasado 127 años de su partida del mundo terrenal, su muerte sigue siendo motivo de múltiples especulaciones, todas en torno a ese gran misterio que, por el momento, no podrá ser revelado, por cuanto, en seres como el no es verdad la muerte, y también porque los que le amamos nos resistimos a poder aceptar su trágica partida de este mundo. Las razones por las que nos resistimos a aceptarlo son muy diversas si consideramos la propia diversidad de los miles de admiradores de la ejemplaridad martiana y de los cientos de seguidores de su extraordinaria enseñanza – recopilada en una veintena de volúmenes, muchos de los cuales siguen las recomendaciones del propio Martí–. 

Cada quien lo evoca a su manera, a la vez que lo siente demasiado cercano como para poner el hecho de su muerte como infranqueable barrera ante nosotros. Los niños, con su inocencia e ingenuidad, han seguido representado los personajes de esa joya literaria que es "La edad de oro", la recopilación de los únicos cuatro ejemplares de la revista que, a pesar del tiempo, sigue estando entre nosotros. Otros prefieren recordarlo – o lo recuerdan inconscientemente– a través de la apasionada  lectura de aquellos versos íntimos que dedicara a su único hijo y que publicara con el título de Ismaelillo: “¡Venga mi caballero, por esta senda! ¡Éntrese mi tirano por esta cueva! Tal es, cuando a mis ojos, su imagen llega, cual si en lóbrego antro pálida estrella, con fulgores de ópalo todo vistiera”.

Otros tantos acuden continuamente a su sabia palabra para citarlo en los debates políticos acerca de la opresión a los pueblos, la tiranía de los gobernantes, las libertades del hombre, las bases de las democracias, y hasta sus concepciones y premisas éticas en relación con la guerra. “La libertad no puede ser fecunda para los pueblos que tienen la frente manchada de sangre” (...) “Imponerse es de tiranos. Oprimir es de infames”, expresó el Apóstol hace más de un siglo en su “La República española ante la Revolución cubana”, imprescindible documento al que hay que acudir en estos duros tiempos en los que la patria martiana se ve cruelmente oprimida, no por una República española, sino por una sanguinaria dictadura comunista. De ahí la vigencia de su pensamiento político, al que hay que acudir, toda vez que,  como diría Lezama Lima: “tomará nueva carne cuando lleguen la desesperación y el temblor y la justa pobreza”. Su “Discurso en el Liceo Cubano de Tampa”, de 1891, constituye en el presente un texto de obligada referencia. La tensa situación sociopolítica de Cuba está a punto de desencadenar una nueva oleada de resurrecciones populares. Hay demasiados valientes impacientes y granos de maíces en las calles cubanas: “iQue las guerras estallan, cuando hay causas para ella, de la impaciencia de un valiente o de un grano de maíz!”

Como resulta también más oportuno que nunca su universal  ensayo dictado en la reunión de emigrados cubanos en Nueva York, conocido como “Lectura en Steck Hall”, donde José Martí expresó: “Ni ha de permitir un pueblo que lo guíen los que desconozcan sus verdaderos elementos, ignoran en absoluto el objeto real y la vía útil del país en que nacieron, y en lugar de remover con mano fuerte, a fin de conocerlas y encauzarlas, las entrañas hirvientes del volcán, a riesgo de morir en ellas abrasados, pretenden evitar la erupción sentándose en la cima, como si en las horas de fuego y de lava fuera bastante en evitar el estrago tan pequeño estorbo: como si, cuando la mejor y mayor parte de un pueblo se levanta, y de las tres comarcas de una tierra, dos mueren por un intento, y la otra lo admira, pudiera ser el esfuerzo sofocado por la algazara descompuesta de un grupo que sólo ha sabido señalar su nombre a merced de conscientes engaños, de mantener promesas que sabía que no habían de ser cumplidas, y de escarnecer y sonrojar a la revolución originaria de su poder ficticio, a la madre gloriosa a quien habían debido la existencia”. 

Por su parte los intelectuales y artistas prefieren ahondar en las profundidades de su prosa envidiable, siempre plena de sabios mensajes, amén de aquel estilo – lo que el propio Martí llamó la esencia– inigualable, en géneros como el ensayo y la poesía – precursor del Modernismo, junto a Julián del Casal y Gutiérrez Nájera–, aspectos por lo que fuera llamado el príncipe del castellano, y también, según Díaz-Plaja, el primer “creador” de prosa que ha tenido el mundo hispánico. Recordemos sus enormes ensayos dedicados a figuras de la ciencia, de las letras o de la filosofía: Darwin, Whitman y especialmente Emerson, amén de los artículos: “Ruinas Indias”, “El Padre Las Casas”, “Tres héroes” y “Un paseo por la tierra de los anamitas”, pertenecientes a La Edad de Oro, y por supuesto, “Nuestra América”, y “Lectura en Steck Hall”, considerados verdaderos paradigmas de este género. Cientos de ensayos críticos sobre su vida y su obra, unos muy acertados, precisos y certeros, otros, lamentablemente, cargados de sesgos intencionales con el objetivo de tergiversar una enseñanza bien distante de lo que los regímenes totalitarios pretenden difundir y atribuir al Apóstol cubano, aparecen de manera sistemática en eventos y coloquios en los que se recuerda al inmortal héroe. 

Y es que todos, de una u otra forma, cada cual como sabe y puede hacerlo, nos resistimos a olvidarlo, lo que constituye una prueba más de la no aceptación de una prematura y trágica muerte, envuelta desde siempre en el misterio, tan indescifrable e impenetrable que no parece ser cierta, que la sentimos tan cercana a pesar de los 127 años transcurridos desde aquel 19 de mayo de 1895, lo que Lezama Lima pretende tratar en su citado ensayo: “Su imaginación, al volcarse sobre ese punto terrenal, poco antes de morir, le ganaba dimensiones inauditas, medidas de precisión punteadas por quien viene de la imagen hasta el hecho de comprobación asombroso” (…) “Su afán de tocar la tierra antes de morir, era una extensión de esa hipérbole ganada por su imaginación”.

Su alentador pensamiento merece ser retomado no solo en días como estos, sino que debe estar siempre presente en nuestras vidas. Su evocación en medio de la desesperanza, la frustración y la desilusión, será siempre estimulante para continuar en nuestra lucha por restaurar el orden democrático y las libertades mínimas del hombre: “¡Hágase la levadura, aunque no se sepa quién va a comer el pan que se alce con ella. De la semilla, oscura y triunfante, se renueva y se mantiene el mundo”. 

**********

Etiquetas: , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...