miércoles, julio 07, 2021

Ariel Hidalgo: Un milagro llamado Teté Machado. Modelo, actriz y cantante, una mujer que se despojaba de lo suyo para dárselo a quienes lo necesitaban, y que contaba con una capacidad de trabajo increíble y una memoria prodigiosa

 

Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

Un milagro llamado Teté Machado

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Modelo, actriz y cantante, una mujer que se despojaba de lo suyo para dárselo a quienes lo necesitaban, y que contaba con una capacidad de trabajo increíble y una memoria prodigiosa

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Por Ariel Hidalgo

Miami

06/07/2021 

Casi puede decirse que el movimiento disidente en Cuba no habría podido sobrevivir sin el apoyo de una persona: Teté Machado, modelo, actriz y cantante, una mujer que se despojaba de lo suyo para dárselo a quienes lo necesitaban, y que contaba con una capacidad de trabajo increíble y una memoria prodigiosa. Había días en que además de su novela, tenía que hacer una comedia y algún que otro comercial, en una época en que todo en la televisión era en vivo, y se aprendía todos los libretos al dedillo. Muy alegre y entusiasta, iluminaba con su presencia, cualquier fiesta donde apareciera.

En 1959 fue acosada debido a su belleza por varias de las figuras del nuevo régimen, incluso por el nuevo dueño de Cuba, quien la persiguió por toda la calle Prado del Vedado hasta darle alcance, y como ella, más que rechazarlo, lo ignoró, la mantuvo detenida toda una madrugada en una estación de policía. Luego comentaría que, para ella, aquello no fue una revolución social sino una “revolución sexual”, por lo que tuvo que marcharse de Cuba en 1960.

En el exilio, sin abandonar la actuación, se dedicó principalmente a cantar, que fue lo primero que empezó a hacer en su vida en la Coral del Instituto Cívico Militar donde estudió de niña, y se sentía muy orgullosa de haber sido alumna de la muy prestigiosa profesora de música, María Muñoz de Quevedo. Comenzaron a llamarla “la actriz de la canción” por la forma en que dramatizaba sus interpretaciones, pero un crítico luego redujo la frase en un solo término: “cantactriz”, un adjetivo que actualmente se ha popularizado para designar a las actrices que incursionan en el canto.

Realizó recitales en numerosos países. En 1975 la revista Vanidades, en un número especial, la incluyó entre las 14 mujeres del mundo que habían hecho noticia en ese año junto a Ingrid Bergman, Olivia Newton John y María Schneider.

Finalmente, en 1988, se retiró definitivamente de su carrera artística para dedicarse en cuerpo y alma a la actividad de derechos humanos en Cuba. Y vendió todas sus prendas de valor, y se fue a las calles a vender flores para cubrir el costo de las llamadas a los disidentes en Cuba. Fue la primera en realizar ese trabajo de forma sistemática, en una época en que muchos en el destierro miraban con desconfianza a aquellas personas que en Cuba no predicaban la guerra, sino la no violencia. Tampoco entendían cómo era posible lograr esa comunicación cuando las llamadas a Cuba eran por entonces “imposibles”. Pero Teté decía que había borrado de su diccionario esa palabra. Y yo les decía que se armaran de paciencia y fueran a nuestra casa —por entonces no teníamos oficina—, y vieran cómo se hacía el “milagro”. Ella muchas veces se pasaba la mañana y la tarde entera para poder establecer una comunicación. Por entonces no se marcaba, sino que se discaba. Y en una comedia teatral se le criticó: “Teté, el problema tuyo no es que metas la pata, sino que metes el dedo”. Pero ella no se enojaba, y un día que se encontró con el autor de la obrita, le dijo: “¿Así que yo no meto la pata sino el dedo?”.

Hubo días en que no teníamos ni siquiera para comer, solo pan y café con leche, porque casi todo el dinero se usaba para las llamadas. Pero no faltaron ayudas valiosas, sobre todo personas mayores de pocos recursos que nos hacían llegar sus aportes peso a peso, sindicalistas como Mario Fontela, como el Padre Santana, el profesor Enrique Baloyra, y organizaciones como el Partido Demócrata Cristiano, Solidaridad de Trabajadores Cubanos, y Cuba Independiente y Democrática entre otros. Pero, no obstante, los gastos eran excesivos y más de una vez nos cortaron el servicio telefónico. También teníamos problemas con el pago de la renta. Hasta que un día nos tocó a la puerta una mujer joven que se dio a conocer como Chiqui Gavilán, alguien que con el tiempo llegaría a ser multimillonaria, pero que era hija de un actor que había trabajado en Cuba con Teté en la película Olé Cuba. Venía de parte del National Endowment for Democracy para ofrecernos una ayuda periódica. Nosotros nunca habíamos pedido ayuda a ninguna fundación, y le dijimos que aceptábamos a condición de que no hubiera condicionamientos políticos de ningún tipo. Aceptaron, y aunque la ayuda no era grande, fue suficiente para que no tuviéramos más dificultades.

El trabajo era excesivo, mañana, tarde y noche. Yo solo transcribía e imprimía todas las denuncias y declaraciones que ella grababa durante las llamadas, así como las entrevistas que ella les hacía. Y después ella hacía llegar por fax todo eso a los medios y a numerosas organizaciones internacionales. En aquella época todavía no contábamos con internet. Pero cuando había redadas contra los disidentes, hasta de madrugada estaba ella pegada al teléfono. Para colmo, cuando finalmente contábamos con internet, se levantaba temprano para recoger, en computadora, todas las noticias que sobre Cuba se había publicado ese día. Actualmente en la Universidad Internacional de la Florida, se encuentra un inmenso archivo de lo que fuera el Buró de Información de Derechos Humanos en Cuba (Infoburo).

Curiosamente, muy pocos saben que Teté estuvo muchas veces al borde de la muerte, y otras tantas corrió el falso rumor de su fallecimiento, hasta el punto de que algunos amigos la llamaban “ave fénix”. En 1960, en Cuba, intentó envenenarse ante el acoso de que era objeto. Pero aquella noche, su madre, que estaba en Estados Unidos, regresó de improviso y la encontró inconsciente. Fue salvada por un eminente médico, el Dr. Veciana. En 1970, en Nicaragua, a donde viajó a dar un recital, un vehículo destrozó la pared del cuarto donde estaba la cama, y cuando los dueños de la casa entraron para sacar su cadáver, se encontraron que ella aún dormía. En 1972, muy activa en la campaña impulsada en Puerto Rico por el pelotero Roberto Clemente para llevar alimentos a los nicaragüenses ante el terrible terremoto donde murieron casi veinte mil personas, planeaba viajar en el avión que llevaría la ayuda y a última hora, no pudo subir al avión, que, saliendo de Puerto Rico, cayó al mar. En 1975 enfermó de un mal que ni médicos de México, ni de Nueva York pudieron diagnosticar, y así, extremadamente delgada, realizó un concierto en Miami Beach bajo el título de “Hasta luego”, porque pensaba suspender momentáneamente todas sus presentaciones. Muchos en ese concierto pensaron que la veían por última vez. Siete años después regresó con un concierto histórico que paralizó el tráfico de la calle Brickell. Y en 1996 sufrió un paro cardiaco en el Mercy Hospital donde le dieron descargas eléctricas. Y como no volvía a la vida, alguien me dio el pésame. Pero a los cuatro minutos, Teté volvió a respirar.

Yo le decía que cuando muriera de verdad, nadie la iba a llorar, porque no iban a creer que era cierto que había muerto. Por eso, cuando aquella noche un enfermero me llamó para decirme que acababa de fallecer, no le creí, y sólo cuando vi su cuerpo sin vida en la habitación del hospital, convencido de que esta vez se había ido para siempre. finalmente la lloré.

© cubaencuentro.com

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Teté Machado  y Carmita González


En el film  Olé Cuba  actúan: Leopoldo Fernández (Pototo), Anibal de Mar (Filomeno), Mimí Cal, Julito Díaz y Alicia Rica (como padres del personaje que  desempeña Teté Machado) y otros. Actúan Celia Cruz y la Sonora Matancera, Xiomara Alfaro, Los Llopis, la pareja de baile Anicia y Rolando, Orquesta Sensación, Moralitos Jr. y otros. El actor español es Miguel Herrero.

¡Olé... Cuba!  (1957)






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martes, mayo 11, 2021

Ariel Hidalgo: La no violencia no es una lucha con odio, sino con amor

 
Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

Largo y tortuoso camino

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La no violencia no es una lucha con odio, sino con amor

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Ticardo Bofill

Por Ariel Hidalgo

Miami

11/05/2021 

Estudiar la historia es indispensable para asimilar las experiencias del pasado y poder actuar, en el presente, con mayor efectividad. Todas las acciones y movimientos que acudieron a la violencia contra el régimen dictatorial y luego totalitario que se impuso por la fuerza en Cuba desde 1959, fueron derrotados, todas las conspiraciones, desarticuladas, muchas, incluso, antes de nacer, casi todos sus protagonistas, encarcelados o fusilados. La lista sería muy extensa. ¿Cuál fue el único movimiento que jamás pudo ser derrotado? La disidencia. ¿Por qué? Porque la principal característica que lo define es la no violencia. El poder se preparó para enfrentar toda forma violenta de lucha, pero no para las no violentas. Cuando el primer grupo disidente surgió en 1983, sus fundadores, apenas media docena de hombres, no podían ser arrestados… porque ya lo estaban. Y la cárcel no podía detener su forma de lucha.

Generalmente los presos políticos continuaban sus actividades en sus respectivas organizaciones, pero casi siempre circunscritas al presidio político, y cuando enviaban algún escrito al exterior, firmaban con seudónimos. Por eso, cuando ese año en el Combinado del Este Ricardo Bofill me propuso firmar una denuncia con nuestros propios nombres para que tuviera credibilidad, me pareció un acto suicida. Sin embargo, como se trataba de dar a conocer las condiciones infrahumanas del prisionero Jacinto Fernández en los corredores de la muerte donde yo había compartido temporalmente una celda con él, accedí, y lo hicimos en nombre de un supuesto comité de derechos humanos que hasta entonces no existía. Cuando ese documento, primera denuncia del movimiento disidente, se hizo público en el exterior con la noticia implícita de que en Cuba había surgido el primer grupo de derechos humanos, la reacción de nuestros represores no fue tan brutal como habíamos esperado, porque ya teníamos la protección de la opinión pública internacional. Y ésta es otra característica de la disidencia, la lucha frontal, dar la cara, aún en una aparente lucha desigual.

Se podrá decir que, si bien nunca fue derrotada, tampoco fue victoriosa. Y aunque llegara a triunfar en el futuro, ha sido una lucha que podríamos calificar con el nombre de una canción de los Beatles: “largo y tortuoso camino”. Las razones fueron dos:

Primero, porque el poder pudo instrumentar una maquinaria represiva muy efectiva, con todos los medios de difusión bajo su control para manipular la mentalidad de los ciudadanos, y, al suprimir a la clase media, dejó a la población dependiente absolutamente del Estado para subsistir, por lo que se añadía, a la coacción política, la económica. Por lo tanto, se requería tiempo suficiente para desarrollar una conciencia que calara en las diferentes capas de la sociedad sobre la violación de derechos que eran inherentes de los seres humanos. Se trataba de la “gestación natural y laboriosa” que José Martí había mencionado en su famosa crítica a Carlos Marx, quien, según Martí, “anduvo de prisa y un tanto en las sombras, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido una gestación natural y laboriosa”. Lo que contaba no era el número de armas en las manos, sino “el número de estrellas en la frente”. Si se quería la libertad “para todos los tiempos”. No se trataba simplemente de sustituir en los cargos públicos a unas personas por otras, sino de cultivar una nueva espiritualidad en la conciencia de los ciudadanos.

La otra razón para que ese proceso se prolongara fue un error estratégico: algunos grupos exhortaban al pueblo a unirse a ellos, pero ellos no se unían al pueblo. Marx había sostenido que los seres humanos, antes de hacer política, arte y religión, debían tener antes un techo bajo el cual vivir, alimentos con qué alimentarse y ropa con qué abrigarse. Esos grupos, influidos principalmente por una retórica de organizaciones políticas del destierro, cayeron en el mismo error de la dirigencia gubernamental, que, a pesar de calificarse de “marxista”, ignoraron las necesidades más urgentes de la población. Esos grupos apoyaban en sus mensajes el fortalecimiento del embargo estadounidense y la suspensión de remesas y viajes. Y el pueblo, que veía en las remesas y gastos de turistas un respiro para sus penurias, se distanciaba de ellos e hicieron que la disidencia quedara reducida a un segmento marginal de la sociedad. Aquellos del destierro que no solo niegan ayuda económica a sus familiares en Cuba, sino que además exhortan a otros a que tampoco lo hagan con el pretexto de que el opresor se beneficia, tienen una forma muy extraña de liberarlos cooperando con ese opresor que los está matando de hambre y contribuyendo aún más a que dependan de él, porque nadie romperá con el Estado que le da la subsistencia, por muy miserable que ésta sea si los que dicen que lo quieren liberar le niegan hasta las migajas. Por el contrario, lo que será decisivo en esa liberación no es el debilitamiento del opresor sino el fortalecimiento de los oprimidos.

Esta actitud contrasta con la del líder Luis Manuel Otero Alcántara, que cuando la Seguridad del Estado destruyó o se apropió de sus pinturas, le exigió, en medio de una huelga de hambre y sed, una indemnización de medio millón con el propósito de reparar las casas de su barrio de San Isidro. Aun cuando los opresores se nieguen a pagar tal suma, esa actitud de apoyar a la población sufriente e indefensa que el régimen ha abandonado a su suerte, es una actitud de gran generosidad que demuestra quiénes son los verdaderos aliados del pueblo.

La no violencia no es una lucha con odio, sino con amor. Esto no significa que no seamos implacables al denunciar la injusticia y desenmascarar la mentira, pero lo que debe guiarnos en nuestra lucha no debe ser el odio contra el que reprime y calumnia, sino el amor a la justicia y la verdad. Cuando uno de los más feroces represores de los cristianos, Saulo de Tarso, fue enviado a Damasco a perseguir a los cristianos de esa ciudad, Jesús se interpuso en su camino y le preguntó: “Saulo, ¿por qué me persigues?”. Y Saulo se convirtió en uno de los más devotos seguidores de Jesús. Ha habido muchos Saulo de Tarso en la historia de la disidencia.

El poder de la no violencia es el verdadero poder de los sin poder.

© cubaencuentro.com

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