jueves, marzo 17, 2022

Alberto Méndez Castelló desde Cuba: Comandante Manuel Piñeiro, más conocido como Barbarroja, los secretos que se llevó a la tumba. Detalles de la muerte del Comandante Antonio ¨Tony¨ Santiago, agente ¨Oliverio¨para la Seguridad del Estado

 
Tomado de https://www.cubanet.org/

Barbarroja, los secretos que se llevó a la tumba

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El rol que jugó Barbarroja al frente de la inteligencia castrista fue mucho más determinante que el de los generales que le sucedieron en el cargo

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Por Alberto Méndez Castelló 

16 de marzo 2022

LAS TUNAS, Cuba. — En ocasión del que hubiera sido su cumpleaños 89, este lunes CubaNet publicó una reseña biográfica del controvertido comandante Manuel Piñeiro Losada, más conocido como Barbarroja. El personaje de marras fue viceministro primero del Ministerio del Interior (MININT) y jefe fundador de la Dirección General de Inteligencia (DGI), brazo armado del castrismo en el mundo.

A solo tres días de cumplir 65 años y luego de participar en una recepción en la Embajada de México, Barbarroja murió en circunstancias desconocidas al estrellarse su automóvil contra un árbol la noche del 11 de marzo de 1998.

“Cuando llegué a la clínica con nuestra hija Camila, estaba semiconsciente y en menos de una hora inesperadamente murió”, diría su esposa, la psicóloga y escritora chilena Marta Harnecker.

(Manuel Piñeiro Losada, primero a la izquierda, cuando estaba en la lucha contra el gobierno de Fulgencio Batista)

Amado Quesada Serrano, quien fuera chofer de Barbarroja y por más de veinte años permaneciera junto a él, no estaba junto a su jefe el día de su muerte. Dijo que “no sabía siquiera que (Piñeiro) había llegado” a La Habana procedente de Santiago de Cuba, donde había participado en la conmemoración del 40 aniversario del Segundo Frente Oriental del Ejército Rebelde, del que Barbarroja fue jefe de operaciones en 1958. El hombre que dirigía los hilos del espionaje castrista en las principales ciudades del mundo desde su despacho en el piso 13 del edificio de la calle Línea sufrió heridas mortales por necesidad, en solitario.

Temprano en los años sesenta, haciendo él mismo de oficial operativo con el seudónimo de Petronio, Barbarroja había hecho infiltrar a supuestos desertores en las organizaciones anticastristas radicadas en Estados Unidos. Uno de esos casos fue el del comandante Tony Santiago, muerto en circunstancias desconocidas. Así y todo, pronto Fidel Castro se percató de que su régimen no sobreviviría si sólo combatía a sus adversarios sin crear otros frentes. De esa forma, creándolos donde no los había o fomentándolos donde ya existían, decidió exacerbar los sentimientos antiestadounidenses a nivel internacional. En ese rol de brazo ejecutor de la estrategia de Fidel Castro — primero como jefe de la DGI y luego en un órgano paralelo, el Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC)—  el comandante Barbarroja reclutó el mismo, o hizo reclutar agentes de inteligencia, guerrilleros, simpatizantes, colaboradores de los más dispares estratos sociales en toda América, en África, Asia, el Oriente Medio y en países de Europa con interés operativo para el régimen de La Habana, al punto que cuando hacían descender el féretro de Piñeiro en el Mausoleo de las Fuerzas Armadas en el Cementerio de Colón, Fidel Castro, junto a sus acompañantes, según trascendió, murmuró: “Se murió una enciclopedia”.

Y ciertamente la información que Piñeiro recolectó y la que tuvo acceso es enciclopédica y no tiene comparación con el desempeño de los generales Joaquín Méndez Cominches, Manuel Fernández Crespo, Jesús Bermúdez Cutiño y Eduardo Delgado Rodríguez, quienes, en ese orden, le sucedieron en la dirección de inteligencia con técnicas y oficiales formados por Manuel Piñeiro con ayuda de la Stasi y personalmente de Markus Wolf.

Los secretos que Barbarroja se llevó a la tumba no son pocos y algunos particularmente incómodos. Como dice CubaNet en la reseña La historia de Barbarroja, fundador del represivo G-2, “a pesar de haber sido fundador del aparato de inteligencia de la Seguridad del Estado cubano G-2, los medios oficialistas no recuerdan al comandante Manuel Piñeiro Losada, alias Barbarroja, otro de los tantos enigmas de la dictadura castrista”, porque quizás, dentro de todos esos secretos, salvo la muerte del presidente Kennedy, los vínculos del régimen con el tráfico de drogas y asesinatos de adversarios políticos, el mayor misterio tenga que ver con la construcción de un mito revolucionario a través de la muerte del Che Guevara en Bolivia.

(De izquierda a derecha: Manuel Piñeiro, Fidel Castro, Raúl Castro, una de las hijas de Raúl Castro y Vilma Espín)

Cuando el 8 de julio 2014 entrevisté a Félix Ismael Rodríguez Mendigutía, el agente de la CIA que condujo la captura del Che Guevara y el último cubano que vio vivo al guerrillero argentino, le pregunté: ¿Qué vio en los ojos del Che Guevara antes de morir? Félix me respondió: “Amargura. Derrota. Era un hombre que se sentía amargado y obviamente traicionado”.

Al reiterar la pregunta, ¿usted cree que el Che Guevara se sintió traicionado por Fidel Castro?, sin titubear, Félix Rodríguez respondió: “Oh, sí. Y Benigno (Dariel Alarcón, compañero del Che desde la Sierra Maestra) también lo cree. Obviamente, a mí no me lo iba a reconocer porque yo era su enemigo”.

(Manuel Piñeiro en sus últimos años)

El exagente de la CIA define el estado de incomunicación y la falta de apoyo externo que sufrieron los guerrilleros de forma lapidaria: “Cuando ellos vienen a Bolivia el gobierno cubano los estaba enviando a la muerte. Al Che Guevara lo dejaron en Bolivia a la buena de Dios. Ellos estaban en Bolivia sin comunicación. Recibieron un radio roto y, por si no fuera suficiente, con el pretexto de que se le había vencido la visa, le retiraron al oficial de enlace que los canalizó a su llegada, pero que luego lo retiraron de esa operación”.

En esa operación, por encima del jefe de la DGI sólo estaba Fidel Castro, por lo que cabe preguntar: ¿Podía Piñeiro sin consultarlo con Fidel Castro retirar al oficial de enlace con el Che en Bolivia dejándolo “a la buena de Dios”? Evidentemente no, pero esa es una pregunta sin respuesta. Ese es uno de los tantos secretos que Barbarroja se llevó a la tumba.

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Nota del Bloguista

El periodista e historiador Castrista y ex miembro del MINIT, ya fallecido en Miami, Juan Carlos Fernández (seudónimo) en su libro Todo es Secreto Hasta un Día (en Cuba me dijeron varias personas que Juan Carlos Fernández había pertenecido a la Sección o Buró Bandas en Pinar del Río; es posible que así sea, pues los diferentes capítulos de ese libro están dedicados a combatientes de la Seguridad del Estado de Pinar del Río), la labor como agente de Tony Santiago llevó a la neutralización de la ¨Operación Silencio¨, de suministro de alimentos y armas mediante ¨drops¨ en paracaidas a los grupos de alzados en el Escambray por parte de la CIA, ya que en un viaje a EE.UU. le había hecho llegar a la CIA un mapa con las ubicaciones para hacer esos lanzamientos; la inmensa mayoría de esos suministros cayeron en manos de las tropas Castristas. Por su labor se hizo la detención de fabricantes de ¨patas de elefante¨y otros materiales explosivos (supongo que hayan sido fusilados) en La Habana así como la detención del Comandante Jesús Carreras, al que el rencoroso Che Guevara se la guardaba desde que estaban en El Escambray.

(Juan Carlos Fernández, hablando por teléfono, y Norberto Fuentes en Miami)

Jesús Carreras era Comandante del Segundo Frente del Escambray y no había querido someterse a la jefatura del Che Guevara y habían tenido sus desavenencias. Jesús Carreras en su conspiración contra el Castrimo confió en Tony Santiago que era Comandante del Directorio Revolucionario 13 de Marzo en el Escambray y esa fue su perdición; fue fusilado. Tony Santiago era veterano de guerra de los EE.UU. y había participado en la guerra del Pacífico contra Japón; participó en la batalla de Iwo Jima, uno de los combates más sangrientos de la Segunda Guerra Mundial donde se distinguió en el combate.

Una observación sobre ese libro de Juan Carlos Fernández: En su primera edición, 1976, en la parte del testimonio fotográfico habían fotocopias de cartas de alzados, como la del Congo Pacheco, que se podían leer con el auxilio de una lupa y comprender el carácter patriótico de la lucha de esos alzados; en la segunda edición del libro, 1981, esas cartas y documentos fueron eliminados.
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Tomado de http://www.nuevoaccion.com


UN TREMENDO TRIUNFO DE LA RESISTENCIA ANTICASTRISTA



Por Aldo Rosado-Tuero


Desde el principio de la llegada de Fidel Castro al poder, cuando se comienza a ver brotar el enorme rechazo al totalitarismo comunista entre los que habíamos sido opositores a la dictablanda de Batista, principalmente los provenientes del Movimiento 26 de Julio, el incipiente totalitarismo, comenzó la táctica de tratar de infiltrar a los grupos que nos le oponíamos; pero, ya sea, bien porque sus aparatos de inteligencia aún no se habían perfeccionado o por el hecho que la mayoría de los que ya conspirábamos en contra de la implantación de una tiranía comunista, proveníamos del Movimiento 26 de Julio, nos permitió a nosotros también lograr un cierto grado de infiltración entre los que trataban de infiltrarnos a nosotros.

Hoy voy a relatar lo que constituyó una victoria de nuestra infiltración y como se eliminó a un peligroso grupo de infiltrados castristas que—al igual que lo hiciera después La Red Avispa—ya desde fines del 1960 y principios de enero del 1961, tenían la misión de marchar a los Estados Unidos, para espiar a favor del castrismo.

Desde temprano en el 1959, comenzamos nuestra tarea de preparar condiciones para oponernos por las armas a la instauración de lo que veíamos venir, como una tiranía totalitaria de signo comunista, junto a un buen grupo de ex combatientes tanto de las sierras como del llano, que no estábamos dispuestos a observar en silencio como nos aherrojaban la patria.

En la esquina de las calles Luz Caballero e Industria, en la ciudad de Caibarién, existía una enorme arboleda de mangos en la que funcionaba la gallería de mi tío Ramón “Mongo” Rosado. Allí, con la anuncia del propietario, se estableció el cuartel general de los que ya preparábamos alzamientos, ayudábamos a los alzados del Escambray y del frente Norte de Las Villas, repartíamos propaganda, realizábamos sabotajes y conseguíamos armas, municiones y medicinas. Por la gran cantidad de personas que visitaban diariamente la gallería donde funcionaba una valla y los muchos gallos de distintos propietarios que mi tío cuidaba, el lugar era perfecto para reunirnos sin levantar grandes sospechas.

Pero parece ser que el G-2 comenzó a sospechar y se empezaron a aparecer por la gallería una serie de personas de las que los anticomunistas sospechábamos que se dedicaban a la chivatería. Entre ellos estaba un primo hermano mío—cuyo hermano mayor más adelante dirigió el piquete de milicianos que nos detuvo, entre muchos otros cangrejeros, a mi tío Mongo y a mí—que me conocía de mis correrías en el clandestinaje contra Batista, al que muy inteligentemente me le acerqué un día y le dije- “Oye me parece que andamos en lo mismo y no hemos coordinado”. Su respuesta fue franca—tal vez producto de sus pocos años y su inexperiencia como chivato—“Coño y yo que creía que tú estabas con los enemigos”. Mi primo tragó el anzuelo y todos los días yo le sacaba las informaciones que él conseguía.

Desde antes de la conversación con mi primo chivatón, a la gallería acudía, con dos o tres subordinados, soldados del Ejército Rebelde, el capitán Tomasito Pena, hermano del difunto Comandante Felix Pena, ¿suicidado?, después que como Presidente del tribunal revolucionario de Santiago de Cuba, absolviera a los pilotos de la Fuerza Aérea de la República. Tomasito había llevado varios ejemplares de gallos finos para que mi tío se los cuidara y era visita seguida de la gallería.

(Comandante Antonio ¨Tony¨ Santiago, agente ¨Oliverio¨para la Seguridad del Estado )

El capitán Pena, unos días después de mi conversación con mi primo en que le hice creer que yo estaba en lo mismo que él, comenzó a tratarme con mucha deferiencia y a tratar de hacerse amigo mío y de algunos de los patriotas anticomunistas que me acompañaban.

Por los últimos días del 1960, no sé si por una indiscreción de mi primo o de Tomás Pena, o de otro de los infiltrados castristas, que habían sido infiltrados por los anticastristas, el movimiento subterráneo se enteró que se preparaba una importante misión, por parte del G-2, mediante la cual introducirían en los EE.UU. a un grupo de espías, entre los que se encontraba un ex Comandante de la sierra, que se estaba haciendo pasar como enemigo de la revolución. En los primeros días de enero, ya la resistencia anticastrista tenía más detalles de la “operación”. Los planes de los falsos anticastristas eran llevarse el magnífico velero “El Pensativo”, de Arcadio Oliva fondeado en Caibarién y con el que marcharían hacia los Estados Unidos, en su importante misión, ya que la tiranía esperaba la inminente invasión de los cubanos que se entrenaban en Guatemala y la isla Vieques.

De inmediato la alta dirigencia de la resistencia, avisó a Miami. Un importante dirigente nos notificó que ya se había avisado y que Antoñico “El Isleño” se encargaría de eso.

Antoñico “El Isleño”, Antonio Pérez Quesada, era el hombre que mejor se conocía los cayos y los canalizos de la Costa Norte de Las provincias centrales de Cuba y además, sabía perfectamente las rutas de escape de Caibarién a La Florida. Por eso lado, se podría dormir tranquilo. El "él se encargará" era más que una frase, una seguridad para los que conocíamos del coraje y del patriotismo de "Antoñico".

La resistencia, muy cuidadosamente montó una guardia en el muelle donde atracaba “El Pensativo”; y así se pudo avisar de inmediato a Miami, la noche en que los castristas zarparon. Era el 9 de enero del 1961.

Yo al menos no supe nada más sobre el asunto, hasta unos días después de llegar a Miami, el 11 de julio de 1961. Aquí me enteré que “El Pensativo” fue interceptado en aguas cerca de Cayo Sal por una lancha artillada procedente de Miami y que fue hundido, pereciendo todos los que en él viajaban. Unos años después, en una clara mañana con un mar en calma total, Antoñico me llevó al lugar del hundimiento y pude ver en el fondo los restos del que había sido unos de los veleros más hermosos y famosos del Puerto de Caibarién.

(De espaldas, el reportero Oscar Angulo, de pie, con el sombrero australiano Aldo Rosado-Tuero en el viaje en que comprobó por sus propios ojos, la derrota inflingida al castrato que narra en este artículo. Quizás en esta foto se encuentre Antoñico ¨El Isleño¨, pero Aldo no lo señala en el post de donde tomé la foto. Comentario del bloguista de Baracutey Cubano)

Pasaron muchos años antes de que la tiranía hablara del incidente y de esta importante derrota inflingida a ellos por los anti castristas.

La tiranía ha reconocido que el Comandante que dirigía la misión era el comandante del Directorio Revolucionario, Antonio "Tony" Santiago, que había actuado en las montañas del Escambray, durante la lucha contra Batista y que siguiendo instrucciones de la Seguridad castrista se había infiltrado en alguno de los grupos contrarrevolucionarios siendo en realidad “El agente Oliverio”, del G2 y que venía a Miami, con una importante misión, tal vez si más importante, que la que llevaron a cabo años después, los integrantes de la Red Avispa.

Según la tiranía, allí murieron, además de Tony Santiago, Juan Bautista Hernández, Lisandro Sánchez Nieto y Francisco Pequeño Saéz.

Pero si la memoria no me engaña yo tenía la seguridad de que en ese velero venían además un gran grupo de soldados rebeldes, comandados por el capitán Tomás Pena.

Ahora la tiranía no habla de esos, tal vez para minimizar la derrota, pero lo cierto es que yo no ví más nunca a Tomasito Pena en la gallería y abandoné el país sin saber nunca más de él.

Lo cierto es que fue un gran triunfo de la resistencia interna y de los bravos que desde aquí arriesgaban a diario la vida, llevando pertrechos, realizando ataques armados, infiltrando y ex filtrando combatientes anti castristas.

NOTA: Este es mi humilde homenaje a un hombre, acusado de "pirata" por la tiranía, a un pescador que siempre estuvo dispuesto a llevar lo que fuera a los costas cubanas, cuyo nombre (Antonio Pérez Quesada) habrá de aparecer algún día en la Historia patria y al que un día, "después del viento y del fuego" habrá que levantarle un monumento en mi querido Caibarién, muy cerca del mar al que él tanto amó y en el que vivió dos tercios de su vida.

Mi tío Mongo fue condenado a varios años de cárcel y murió poco después de ser liberado, de un cáncer, que se comenzó a manifestar en las mazmorras castristas y que nunca le trataron mientras permaneció en prisión. Mi primito chivato, aún está en Cuba y no sé si ya se arrepintió, como su hermano mayor, que anda por estos lares. Razón por la que no doy su nombre.
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Gary Prado Salmón cuenta detalles sobre la captura del Che Guevara



Dariel Alarcón (¨Benigno¨) habla sobre como el Che los subestimaba en cuanto a la capacidad militar de ellos






Dariel Alarcón (¨Benigno¨)  plantea que Fidel Castro los abandonó en Bolivia 


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miércoles, abril 22, 2020

Haroldo Dilla Alfonso: El pensamiento crítico en Cuba y sus circunstancias, comentarios a un artículo de Alfredo Prieto

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Me ha causado Jesús Díaz 
En el artículo Raúl Castro, desde las sombras del poder, de la autoría  de Pablo Alfonso y del año 2018 se lee: 
Raúl Castro es el mismo dirigente del Partido Comunista que aplastó a los académicos cubanos, llamados aperturistas, agrupados en el Centro de Estudios de América (CEA ) en la década del 90, a quienes acusó de “diversionismo ideológico”.

“Y la lección debe servir, además, para que en nuestros medios de difusión no aparezcan artífices o portavoces de ideas y conceptos ajenos a los que preconiza y defiende la Revolución. Cada uno de los colectivos en la prensa escrita, la radio y la televisión, en todas las cuales hay motivo de orgullo y prestigio para nuestro pueblo, deben en lo adelante examinar todo a la luz del momento histórico y de estas orientaciones. Esto es responsabilidad ante todo de quienes lo dirigen, además de los órganos del Partido y de la UJC y de sus militantes”. (Fragmento informe presentado por Raúl Castro al Buró Político, publicado en Granma, 27 marzo 1996).

El CEA pertenecía al Partido Comunista, estaba protegido por Manuel Piñeiro, alias Barba Roja, quien fuera jefe de los servicios de inteligencia para la subversión castrista en el hemisferio.
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El pensamiento crítico en Cuba y sus circunstancias

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Comentarios a un artículo de Alfredo Prieto
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Por Haroldo Dilla Alfonso
Santiago de Chile
21/04/2020

He leído con mucho agrado el artículo de Alfredo Prieto titulado “El Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana (en nosotros)”. Primero, por su agudeza y elegante estilo, a lo cual Alfredo nos tiene acostumbrados. Y segundo, porque me obligó a rememorar etapas de mi vida, algunas de la cuales tuve el privilegio de compartir con Alfredo.

Como él, considero que el Departamento de Filosofía (DF) y su revista Pensamiento Crítico (PC) fueron hitos en la formación del pensamiento social cubano. Yo era un joven estudiante en la Universidad de la Habana (1968-1972, con 16 y 20 años) y esperaba ansioso la salida de dos revistas: PC y Revolución y Cultura. Las devorábamos y comentábamos, unas veces creyendo en las virtudes de la revolución cultural china y otras ansiando ser partes del combate cultural de mayo de 1968. Algunos profesores del DF pasaron por mis aulas, en ocasiones diciendo disparates que resultaban mucho más estimulantes que las verdades ortodoxas que ya se abrían paso en la Universidad de la Habana. También como él, creo que no es posible separar la experiencia del Centro de Estudios sobre América (CEA) del DF/PC, y no es casual, como afirma Alfredo, que una parte significativa de los efectivos del CEA estuviera formada por antiguos DF, unos muy protagónicos como Aurelio Alonso y Fernando Martínez, otros con involucramientos más ligeros como fueron los casos de Rafael Hernández, Juan Valdez Paz y Hugo Azcuy, entre otros. Al final ambas experiencias buscaron un posicionamiento más comprometido de las ciencias sociales con el proyecto de cambios abierto en 1959 (o al menos como lo imaginaban), y al mismo tiempo un remozamiento de sus bases epistemológicas, siempre amenazadas por las ortodoxias doctrinarias. Pero cada una lo hizo a su manera y en sus circunstancias.

Y en esto último estriba una discrepancia fundamental con el artículo de Alfredo Prieto: las figuras paradigmáticas de DF/PC —sin restarles un adarme de sus méritos intelectuales— no fueron relevantes en el desarrollo teórico que tuvo lugar en el CEA. Tanto Aurelio Alonso como Fernando Martínez fueron siempre electrones diferenciados que realizaban sus quehaceres intelectuales en relación con otros espacios y no produjeron ninguno de los productos intelectuales críticos icónicos que señalizaron el apogeo intelectual del CEA entre 1990 y 1996 y sirvieron de argumentos para la represión de 1996. Las personas que sí tuvieron impacto en el CEA fueron las que tuvieron un rol marginal en el DF/PC: Juan Valdez, Rafael Hernández, Ilya Villar y Hugo Azcuy. Y no se trata de una simple casualidad, sino de que había una diferencia fundamental entre lo que quería hacer el DF/PC y lo que quería el CEA, sencillamente porque cada uno fue un resultado de sus circunstancias.

Hagamos un viaje a la semilla. DF/PC fue un proyecto intelectual orgánico a un momento específico de la Revolución Cubana en que esta transitaba a su primera fase termidoriana. Es decir, cuando se había detenido el ímpetu liberador, la nueva élite establecía sus arreglos institucionales mediante un severo autoritarismo y la sociedad comenzaba a buscar su acomodo en el mundo real, lo que para los cubanos significaba en primera instancia el acceso al coto de consumo del sur de la Florida.

Los grandes debates “revolucionarios” habían concluido —como organizar la economía, como relacionarla con las metas espirituales revolucionarias o como congeniar libertad y militancia en el arte revolucionario— y comenzó una etapa voluntarista y autoritaria que reprimió las diferencias y erradicó los últimos espacios de autonomía social: campos de reclusión de los “otros”, eliminación de derechos civiles y políticos, eliminación de toda forma de economía privada, etc. Con todo ello tuvo que convivir Pensamiento Crítico y mirar para el lado de forma vergonzante. Miró hacia delante en el único ángulo en que la post-revolución trataba de mostrarse renovadora: la revolución latinoamericana y en general el movimiento anticapitalista mundial del que Cuba se convirtió en un centro con las conferencias de OLAS y Tricontinental. Y murió en las arenas militantes cuando el gobierno cubano comenzó su desvío prosoviético y el escenario político latinoamericano comenzó a derivar hacia experiencias de nacionalismo militar (Panamá, Bolivia, Perú, Ecuador) y la muy heterodoxa experiencia socialista chilena. Los últimos números de PC fueron de un “fidelismo” a toda prueba francamente decepcionante.

El CEA fue durante la mayor parte de su historia un espacio ilustrado y poco tomado en cuenta de estudios latinoamericanos. Aunque muchos detractores han querido mostrar al CEA como una avanzada de la inteligencia cubana, eso no es cierto. No dudo que algún miembro más avezado haya desempeñado roles en este sentido, pero nuestro quehacer era mas modesto y aburrido. Un par de veces al año nos reuníamos con Piñeiro para conversar algunas generalidades y de vez en cuando nos pedían del Departamento América un informe sobre algo o alguien, lo cual nos hacía sentirnos importantes. Y sosteníamos intercambios interesantes con universidades hemisféricas, más interesadas en que les habláramos de Cuba que de realidades que ellos conocían mejor que nosotros. Como bien argumenta Alfredo Prieto en su artículo, a su interior se gestaba un pensamiento más renovado que en el resto del país, debido por un lado a la presencia de colegas latinoamericanos, pero también de dos fundadores que tuvieron un rol destacado en el planteamiento de nuevos temas, lecturas de nuevos autores y el planteamiento de una metodología rigurosa: Juan Valdés Paz y Rafael Hernández. Cualquiera de los dos, y en particular Juan Valdés, difería totalmente del modelo de intelectual que animaba DF/PC. Juan era (y es) un erudito de base marxista, pero notablemente heterodoxo y ecléctico. En cualquier otro país, Juan estaría sentado en una poltrona universitaria, con un salario astronómico, explicándonos como ve al mundo. No ha sido así, pero afortunadamente los que estábamos en el CEA pudimos escuchar sus explicaciones y alimentarnos de su erudición.

Pero lo que proyectó al CEA a sus 15 minutos de gloria fue su incursión en temas cubanos. Sin lugar a dudas, esto se debió a la decisión de sus entonces investigadores más jóvenes —digamos que transitaban por sus cuartas décadas de vida— de proyectar su bagaje intelectual sobre una situación crítica y que requería de una reestructuración de la sociedad cubana. No fue una acción coincidente en diagnósticos y recetas, pero sí en cuanto a que era necesario actuar sobre la sociedad y la política cubana para obtener una economía viable que implicaba necesariamente dosis mayores de mercado, una sociedad civil más autónoma y una política más democrática y participativa. Y no se hizo sobre bases teóricas estrictas —nadie se preocupó de la salud del marxismo— sino a partir de un bagaje ecléctico nutrido de anaqueles muy diversos. Fueron estos investigadores treintañeros quienes produjeron lo que la gente leía con avidez y lo que despertó la furia inquisitorial en marzo de 1996. Y, aclaro, para poder hacerlo el CEA también tuvo que no mirar a un sector oposicionista que reclamaba, con pleno derecho, un lugar en esa sociedad democrática que nosotros asumíamos como el mejor de los mundos posibles.

Pero la decisión de los investigadores de colocar el tema cubano bajo escrutinio entre 1990 y 1996 no se hubiera podido materializar si no se hubieran desplegado otras dos variables. La primera de ellas fue la profunda crisis llamada eufemísticamente Período Especial. Nunca como entonces la clase política postrevolucionaria sintió sobre sus espaldas el peso de su propio estropicio, lo que en un primer momento abrió algunos espacios al debate nacional formal (1990-1991) y luego dejó un vació de políticas que condujo a una tolerancia de facto ante algunas manifestaciones críticas. El trabajo del CEA en este período fue un resultado de esta apertura parcial del espacio público. Y, en segundo lugar, un hecho más prosaico: buena parte de las investigaciones del CEA se hacían con financiamientos externos con buenos salarios en dólares para sus investigadores que terminaban alimentando las depauperadas arcas del Partido Comunista. Eso explica, por ejemplo, que cuando el reformista Carlos Aldana tratara en 1992 de disolver al CEA —un intento de ajuste de cuentas subsecuente a la defenestración de Piñeiro— la institución recibió el apoyo del muy conservador departamento de organización comandado por Machado Ventura. Cosas de la política en minúsculas.

En resumen, el DF/PC fue orgánico a un momento específico de la revolución en su metamorfosis termidoriana y recibió todo el apoyo de la élite política y de Fidel Castro. El CEA, desde 1990, aprovechó una oportunidad política y se lanzó al ruedo para buscar una solución socialista a la crisis generalizada, pero no fue orgánico a ningún factor político. Solo fue conveniente en la coyuntura. Por nuestro edificio en la calle 18 en Miramar, pasaban importantes figuras políticas —Armando Hart, Abel Prieto, Pedro Ross, Roberto Robaina, etc.— y se daban en nuestros salones una ducha de tolerancia pluralista. El director del CEA le llamaba la estrategia de “los muchos paraguas abiertos”. De cierto, cuando Raúl Castro habló en el V Pleno acusándonos de quintacolumnistas del imperialismo, ni un solo paragüitas resistió la invitación al cierre.

Entre la experiencia del DF/PC y el CEA de los 90 mediaba un cuarto de siglo. Toda una generación, y probablemente por ello Fernando Martínez debió inquietarse cuando percibía nuestro desinterés en sus charlas filosóficas sabatinas, que nos parecían oscuras, etéreas y supernumerarias. Nos separa otro cuarto de siglo de la represión del CEA, y la nueva generación crítica que aflora en Cuba generalmente prescinde de los diseños sistémicos que produjimos hace 25 años. Pudiera parecer una falencia, pero a favor de ellos y ellas diría que han conseguido una diversidad de temas bajo escrutinio que nosotros nunca alcanzamos. Es otra generación.

Y cada una ha sido sencillamente ella y sus circunstancias.

© cubaencuentro.com
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Raúl Castro: La Sombra del Poder II


Por Pedro Corzo


Entre la Fiscalía y el Narcotráfico


Relativo a Raúl Castro escribió recientemente en The New Yorker, Jon Lee Anderson, uno de los biógrafos de Ernesto Guevara: “Pese a su reputación de hombre cálido, puede ser impulsivo, dogmático y a veces brutal, en 1959, durante la rendición de Santiago, la segunda ciudad del país, Raúl presidió la ejecución de más de 70 soldados y oficiales que fueron ametrallados y sus cadáveres lanzados a un foso"[1].

Pero hay un aspecto poco comentado de la vida de Raúl Castro y es que en todos los procesos “judiciales” de gran relevancia que han tenido lugar en Cuba después del triunfo de la insurrección, ha jugado un rol fundamental. Ha sido una especie de fiscal especial, un acusador con capacidad de sancionar.

En 1959, durante el proceso contra el comandante Huber Matos fue una especie de Robespierre. En una escena en la que se aprecia su intención de imponer un terror colectivo impuso su voluntad al tribunal. Amenazó y coaccionó hasta que se le enfrentó Matos quien rebatió con firmeza todos sus argumentos. Al abogado defensor de Matos, Francisco Loriet Bertot trató de injuriarlo y desacreditarlo de todas las formas posibles. Según Matos, el letrado puso en ridículo a Raúl y logró que en la sala se rieran a su costa. El “Segundo”, hoy “Primero”, no escatimó injurias ni ofensas, ni de inventar conspiraciones y denunciar a todos los que consideraba enemigos de la Revolución.

Aparentemente Raúl Castro cumple a satisfacción el papel de malo que le asignó su hermano, rol que cumple con extrema satisfacción y dedicación. Es el “chico” terrible, antipático. Dicen que sus chistes son como una piedra en el zapato. No es ingenioso ni es capaz de seducir a su interlocutor pero en verdad, salvo contadas ocasiones como aquella del secuestro de los americanos, solo cumple los deseos y caprichos de su hermano.

Recuerdo que en los días del triunfo de insurrección todos decían: “Raúl es el que mata y cuando lo hace Fidel se disgusta”. También están los que se tragaron el cuento que Raúl era el comunista y que trampeaba a Fidel, que Raúl era el único responsable, junto a Guevara, de la importancia que habían adquirido los amigos de Moscú. En fin, en la Mitología hasta hoy escrita de la Revolución Cubana, Raúl Castro es el depredador y Fidel Castro el benefactor.

Hay una fuerte tendencia a considerar a Fidel Castro como el único gestor y actor del desastre nacional cubano. No cabe dudas de que es con mucho el principal responsable pero es evidente que no pocos han colaborado en esa gestión y uno de ellos ha sido Raúl Castro,[2][2] quien al mando de una delegación en su condición de Ministro de Defensa, viajo a la Unión Soviética, julio de 1962, para discutir el embarque de armas soviéticas a Cuba, entre las que estaban incluidos los cohetes SAMs, tierra-aire, y los cohetes balìsticos con capacidad nuclear que generaron la crisis de los misiles de 1962. Raúl y Ernesto Guevara cumplieron con satisfacción el deseo de Fidel Castro de convertir a Cuba en el primer objetivo en una guerra termonuclear.

Raúl Castro, según un artículo del Miami Herald, se reunió con narcotraficantes colombianos en 1980 y les autorizó a usar puertos cubanos en su trasiego de drogas a Estados Unidos a cambio de que facilitaran armas y municiones a las guerrillas del M-19. Años más tarde se reunió con uno de los hombres de Manuel Antonio Noriega para mediar en una disputa que el general panameño sostenía con narcotraficantes colombianos. Se podría decir que su papel había mutado, de fiscal y verdugo, a mediador entre narcotraficantes.

Manuel de Beunza, quien fuera mayor de los servicios de inteligencia del gobierno cubano, testificó en una audiencia del Senado de Estados Unidos que Raúl Castro sustituyó a Generoso Escudero como jefe de la unidad naval de Cienfuegos, porque éste se negó a colaborar en el desplazamiento de las lanchas rápidas que transportaban cocaína hasta la costa sur de Cuba.

Beunza agrega que el hoy vicealmirante Pedro Pérez Betancourt, próximo a Raúl Castro y jefe de la marina de Guerra de Cuba, le confesó en Riga, Letonia, que era necesario hacer cambios en la estructura de mando ya que oficiales como el vicealmirante Aldo Santa Maria Cuadrado no querían prestarle apoyo al tráfico de drogas que tenía como objetivo destruir la sociedad estadounidense.

Otro vínculo con el narcotráfico es cuando el narcotraficante convicto Carlos Lehder asegura en una corte estadounidense que se había reunido en dos ocasiones con Raúl Castro y que éste le había otorgado permiso para sobrevolar la isla como punto de tráfico de cocaína con rumbo a Estados Unidos. Dos años mas tarde, 1993, la fiscalía federal redacta un proyecto de encausamiento, en él hace referencia a Raúl castro como líder de un complot para enviar toneladas de cocaína a Estados Unidos a través de Cuba.

Por otra parte en un libro de reciente publicación y en declaraciones dadas a la prensa, John Jairo “Popeye” Velásquez, estuvo muy próximo a Pablo Escobar Gaviria, manifestó que Raúl, sostenía una estrecha relación con el cártel de la cocaína de Medellín y que protegió los embarques de droga que pasaban por Cuba rumbo a la costa sur de la Florida.

El hecho de que prestara protección a los narcotraficantes no impedía que continuara cumpliendo con su rol de protector de la fe. Un caso notable en el que Raúl Castro jugó un papel relevante es en el que se establece contra el atacante al cuartel Moncada, Gustavo Arcos Bergnes,[3][3] ex embajador de Cuba en los Países Bajos y uno de los fundadores del Movimiento Pro-Derechos Humanos en la isla.

En el proceso que instrumentó la dictadura contra la dirigencia del viejo Partido Socialista Popular conocido como la “Microfracciòn”, 1968, jugó un papel destacado. Fue quien ordenó a la Seguridad del Estado las medidas a tomar contra los supuestos complotados. Al final del proceso, cuando el terror “raulista” corría impetuosamente por el torrente sanguíneo de culpables e inocentes, y se creía que el chico malo produciría un baño de sangre, se apareció Fidel componiéndolo todo y mandando a los inculpados a cumplir sentencias de prisión.

Raúl Castro fue el responsable del primer cierre de la revista Caimán Barbudo, un medio que se atrevía a cuestionar algunas decisiones gubernamentales. Meses mas tarde asumió la organización del Congreso de Educación y Cultura, que en la opinión del investigador Alberto Álvarez García[4][4] fue lo máximo en represión intelectual que había conocido el país hasta ese momento, proceso que culminó con el cierre de la publicación “Pensamiento Crítico” y de la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Habana.

En 1971, tiene lugar un “juicio” al mejor estilo de los procesos de Moscú contra el intelectual y destacado poeta Heberto Padilla. Según Manuel Díaz Martínez, Raúl Castro cumplió en la investigación, montaje y desarrollo de la acusación un papel relevante.[5][5] El proceso que fue una advertencia a los intelectuales que se atrevían a pensar libremente, desencantó a muchos intelectuales, nacionales y extranjeros, con el liderazgo de la Revolución, y a partir de la prisión de Padilla y su posterior destierro, se convirtieron en críticos de Fidel Castro y su régimen. Paradójicamente todos desconocían el rol cumplido por Raúl Castro, y consideraban que lo acontecido era inspiración de Fidel.

Pero en el que sin dudas Raúl Castro desempeñó su papel mas estelar fue en el llamado “Proceso de los Generales”. Raúl preparó las condiciones en su discurso del 13 de junio de 1989 para la decisión que tomaría el máximo líder de fusilar a sus asociados en el narcotráfico. Raúl bajo la dirección de su hermano, o por iniciativa propia, montó un proceso, instrumentó el terror y demostró que continuaba siendo el mas fiel de los fidelistas. Sus palabras confirmaron que seguía siendo válido el postulado de “Por la Revolución todo” con las connotaciones indefinidas que ese “todo” tiene. Este proceso hizo posible que Raúl Castro sumase a su control absoluto en el MINFAR, el manejo y conducción del poderoso Ministerio del Interior, MININT.

Evidentemente Raúl Castro no ha cesado de cumplir uno de sus roles, el de cancerbero del totalitarismo cubano. En 1992, fue el protagonista en impugnar a Carlos Aldana, ideólogo del Partido Comunista de Cuba y miembro del Buró Político, y diez años mas tarde asumió el mismo rol en el caso “Robertico Robaina”, el canciller que jugó con fuego hasta quemarse.
Raúl fue el primero en acusar a este último de deslealtad, corrupción y de sugerir que el defenestrado ministro había intentado establecer las bases para cuando se presentara la oportunidad asumir el control del país.

Para Alberto Álvarez[6][6], Raúl Castro ha sido una especie de escudo, de protector del sistema. Apunta que fue el creador del Dpto. Ideológico de las Fuerzas Armadas, antes de que este organismo se constituyera en otro aparato del Estado, consecuencia de ese Dpto. fue la revista Verde Olivo un medio que promovía el pensamiento mas ortodoxo y el culto mas fiel a los líderes del proceso revolucionario. Afirma que controlaba también el Dpto. de Cultura por medio de un funcionario de nombre Luís Pavón.

A partir del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, 1975, Raúl Castro empezó a controlar el Dpto. Ideológico del Partido Comunista de Cuba, entidad responsable de velar por la pureza ideológica del Gobierno y de la Revolución y que trabaja estrechamente vinculada con la sección de contra inteligencia del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas. Los jefes de este Dpto. fueron personas estrechamente vinculadas al ministro de la Defensa,
Al comandante Antonio Pérez Herrero, primer jefe del Dpto., sustituido por Carlos Aldana, ayudante personal del ministro, quien a su vez fue relevado, 1992, por José Ramón Balaguer, un viejo guerrillero que había sido testigo de la Perestroika porque fungió como embajador de Cuba en ese país, años mas tarde fue relevado por otro oficial, el coronel Rolando Alfonso.

Afirma Alberto Álvarez[7][7] que en el Quinto Pleno del Comité Central del Partido, Raúl Castro, leyó un documento que contó con la aprobación de su hermano en el que se atacaba ferozmente a los académicos y a los centros de investigación de Ciencias Sociales que supuestamente se habían identificado con el aperturismo. El inquisidor funcionó a toda máquina en lo de atacar, desmontar y convertir en enemigos a la mayor parte de los investigadores y funcionarios del CEA.
Los miembros de este grupo académico fueron interrogados e investigados, el régimen trató de que se auto impugnasen y asumiesen la responsabilidad de crímenes que no habían cometido. El informe que leyó Raúl Castro en el V Pleno del Comité Central del Partido, marzo del 96, fue publicado en el órgano oficial del Partido. Raúl, una vez más fue fiscal, ya que el rol de verdugo nunca lo ha abandonado.

Pedro Corzo.
Septiembre-06

[1] Revista Cambio.
[2] Jorge Risquet www.crisisdeoctubre.cubaweb.cu/discursos/discu2.ht
[3]Su nombre era Aldana y su ocupación la de vigilar a Gustavo Arcos y a Guillermo Cabrera Infante; pero a Arcos sobre todo. Este Aldana era el hombre de Raúl Castro en el Ministerio del Interior. No informaba al ministro Ramiro Valdés, sino al propio Raúl directamente. El 15 de marzo de 1966, Raúl Castro ordenó su detención y Arcos fue incomunicado en una celda del Departamento de Seguridad del Estado.
Este artículo fue publicado por primera vez en El Nuevo Herald, de Miami, en 1989.

[4] Alberto F. Álvarez García, fue jefe de Departamento del Centro de Estudios sobre América.
[5]Intrahistoria abreviada del caso Padilla. Manuel Díaz Martínez “Nadie lo sabía. Aún se hacen conjeturas sobre la identidad del amanuense que se ocultaba tras ese seudónimo (la más insistente señala al teniente Luís Pavón, entonces pendolista de Raúl Castro), aunque la voz que le dictaba fue reconocida en el acto como la del máximo poder……….El capitán me aseguró que cuando, alrededor de las nueve de la noche, llegó a la revista con la grabación, en el despacho de Pavón le esperaban ansiosamente Raúl Castro y otros militares. Según este hombre -al que di crédito porque habló delante de compañeros suyos en un club de oficiales-en aquella época Raúl Castro presidía unas reuniones que se celebraban en la oficina del director de la revista, en las que, a partir de informes aportados por los cuerpos de seguridad u obtenidos por otros medios, se seguía el comportamiento político de los escritores y artistas cubanos que vivíamos en la isla.
[6]Alberto Alvarez Garcia. Entrevista con el autor.9-16-06-Miami.
[7] Alberto Alvarez.Cuba:Las ciencias socials y los probleas de la libertad academica
Fonte: LiberPress
liberpress@gmail.com

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