domingo, marzo 22, 2026

Roberto Álvarez Quiñones: Fidel Castro alentó el golpe de Estado de Fulgencio Batista. Fidel Castro y las pandillas políticas en la Universidad de la Habana

Fidel Castro alentó el golpe de Estado de Fulgencio Batista

**********

'¿Quiénes hoy en Cuba saben que Fidel Castro alentó y contribuyó a que Batista diera aquel cuartelazo del 10 de marzo de 1952?'

**********

(Una de las denuncias de corrupción al  gobierno del Dr. Carlos  Prío Socarrás. El denunciante: Fidel Castro Ruz, superaria descomunalmente la corrupción de cualquier otro Presidente, mandatario, empresario, etc., de la República de Cuba antes de 1959. La denuncia es del 4 de marzp de 1952, sólo 5 días antes del Golpe de Estado.)

Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami

19 Mar 2026

A propósito de haberse cumplido hace unos días casi tres cuartos de siglo del golpe de Estado perpetrado por Fulgencio Batista que desbrozó el camino para que Fidel Castro implantara el comunismo, es oportuno sacar a la luz datos históricos silenciados o tergiversados por la propaganda castrista.

Por ejemplo, ¿quiénes hoy en Cuba saben que Fidel Castro alentó y contribuyó a que Batista diera aquel cuartelazo del 10 de marzo de 1952?

No solo se lo propuso personalmente al "general" unos meses antes en Kuquine, sino que días antes del cuartelazo lanzó una gran campaña política y mediática contra el presidente Carlos Prío Socarrás, a quien acusó ante los tribunales, demandó su destitución y propuso poner fin a su Gobierno.

En su afán de que se produjera un golpe de Estado, una semana antes (3 de marzo) Fidel presentó cargos formales contra el presidente de la República ante el Tribunal de Cuentas. Denunció a Prío por "estimular los grupos gansteriles a los que se les había otorgado 'botellas' (salarios sin ir a trabajar) y asignaciones fabulosas en efectivo".

Y al día siguiente (4 de marzo) el diario Alerta publicó parte de esa denuncia y declaraciones suyas: "Cuando esta edición de Alerta corra por las calles, ya los señores magistrados estarán considerando nuestro alegato al Tribunal de Cuentas, que en su parte más esencial expresa: 'Al Tribunal de Cuentas acudo en patriótica llamada. Cuba convertida en tierra de caínes feroces, camino del suicidio, hecha garito y antro de unos cuantos desenfrenados, vuelve desesperada sus ojos para pedir de ustedes el milagro que pueda salvarla del derrumbe constitucional y moral que la amenaza'".

Y el 5 de marzo, en la sesión ordinaria del Tribunal de Cuentas de La Habana, en su Acuerdo 426, se decidió por unanimidad "citar al Dr. Fidel Castro Ruz" a fin de ratificar su denuncia contra el "señor presidente".

Fidel Castro incitaba al golpe de Estado contra Prío

Con sus denuncias, Fidel estaba justificando por adelantado el derrocamiento violento del presidente de la República, pues era lo que él necesitaba para luego asaltar el poder manu militari.

Lo más escandaloso es que quien estaba acusando a Prío de alentar el gansterismo era precisamente uno ellos. Fidel Castro era de los más connotados y peligrosos pandilleros habaneros en la segunda mitad de los años 40 y en los dos primeros años del mismísimo Gobierno de Prío.

¿Ah, y por qué Fidel escogió al diario Alerta? Era el más conveniente para alentar el golpe de Estado. Su propietario y director era Ramón Vasconcelos, un gran amigo del "general", que seis días después apoyó su golpe de Estado, y convirtió a Alerta en panfleto de propaganda batistiana. Vasconcelos asumió funciones legislativas durante los dos años iniciales de la dictadura de Batista, y luego fue ministro de Comunicaciones del régimen desde 1954 hasta el 1 de enero de 1959.

Acusado de dos asesinatos, Fidel Castro fue absuelto

Continuando con el pandillerismo en aquellos tiempos, el gatillo alegre nacido en Birán asesinó a rivales políticos, hirió a otros de gravedad, incluso cobardemente por la espalda (Leonel Gómez), y atentó fallidamente contra su gran rival Rolando Masferrer.

 Fidel era miembro destacado de la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR), la pandilla gansteril-política enemiga acérrima de la pandilla Movimiento Socialista Revolucionario (MSR) a la que pertenecían Masferrer y Manolo Castro. Este último y Fidel se odiaban y se habían amenazado de muerte mutuamente.

Manolo Castro fue asesinado a balazos el 22 de febrero de 1948, después de que José Fallat alias "El Turquito" matara a Emilio Tro, el jefe de Fidel, en la llamada "masacre de Orfila", en Marianao, con un saldo de seis muertos en total, en 1947.

El 19 de marzo de 1948 Fidel fue arrestado por su presunta implicación en el asesinato de Manolo Castro y de Carlos Puchol Samper. Y antes, en febrero de 1948, había sido acusado de asesinar a Oscar Fernández Caralt, sargento de la Policía universitaria. El luego líder revolucionario fue  acusado formalmente de asesinar a Manolo Casto y a Fernández Caralt porque hubo testimonios que lo inculparon en ambos casos. Incluso Caralt, ya herido de muerte, dijo que fue Fidel quien le disparó, y así lo publicó el diario El Crisol.

La causa fue asignada al juez Arturo Mencía. Pero Fidel nunca llegó a ser juzgado. El caso fue silenciado, archivado y olvidado. Sotto voce se decía que el juez fue sobornado.

"General, aquí falta un libro"

De la visita de Fidel a Batista meses antes del cuartelazo fue testigo oportunísimo el periodista de la revista Carteles Antonio Llano Montes, quien había ido ese día a Kuquine a entrevistar a Batista, y que años después ofreció detalles al respecto.

En una entrevista realizada por Jesús Díaz Loyola a Bobby Batista, hijo del exdictador, publicada en Cibercuba el 7 de junio de 2018, este relató: "Fidel Castro a principios de los años 50, antes de los sucesos del 26 de julio de 1953, fue una vez a la biblioteca que mi padre tenía en la finca Kuquine en Arroyo Arenas, La Habana. Fue allí junto a su cuñado Rafael Lincoln Díaz Balart y Gutiérrez, el hijo de Rafael José Díaz Balart, íntimo amigo de mi padre. Todos ellos eran de Banes y la hija de Díaz Balart (Mirta Francisca de la Caridad) estaba casada entonces con Fidel Castro. Por eso fue allí y le hizo una observación sobre su colección. Castro le dijo: 'Batista, el único libro que le falta es Técnicas de golpe de Estado de Curzio Malaparte (1931)'. Pareciera una premonición de lo que mi padre hizo después".

Anteriormente, en una entrevista al hijo mayor del exdictador, Rubén "Papo" Batista Godínez, que le hizo Emilio Ichikawa en enero de 2007, este contó: "En el año 51, me lo contó el mismo Rafael Díaz Balart, él fue con Castro a ver a Batista a Kuquine, la residencia que tenía mi padre en las afueras de La Habana. Estuvieron hablando largo rato. Hay un periodista que vive y te puede confirmar esa entrevista. Se llama Llano Montes, quien también me lo contó. Porque dio la casualidad de que Llano Montes había ido ese día a hacer una entrevista a Batista…".

En otra entrevista que en 1988 le hizo a Rafael Díaz-Balart el historiador Tony de la Cova, el excuñado narró que Fidel le dijo: "Batista es el líder natural para dar un golpe de Estado... Vamos a plantearle que dé un golpe... Entonces yo voy con ustedes".

Destacó Díaz-Balart que estando ellos en la biblioteca, Fidel le dijo a Batista: "General, aquí falta un libro". Y aclaró que era el de Técnicas del golpe de Estado, de Curzio Malaparte.

Podría quedar la duda de si Fidel se dirigió a Batista o a su cuñado con respecto a ese libro. Pero yo al menos no tengo duda alguna de que Fidel se lo dijo a Batista, pues era ese su propósito, alentar a Batista a dar un golpe de Estado. Era su plan, y creo que por una de estas dos razones:

1) O para que el "general" tomara el poder por la fuerza y entonces él (Fidel) convertirse en un destacado líder popular nacional contra la dictadura, derrocarla y asaltar el poder político. Pues él ya sabía que con su pedigrí gansteril y su fama de loco e irresponsable, no sería electo en las urnas.

2) O para sumarse a una nueva dictadura de Batista, y basándose en sus habilidades destacarse y escalar posiciones, subir en la jerarquía dictatorial, y desde dentro del Gobierno orquestar un golpe de Estado para "restablecer la democracia y restablecer la Constitución de 1940", etc.

Al final, todo le salió a pedir de boca, con Batista usurpando el poder por la fuerza. Como si todo lo hubiese planeado por él (Fidel). Lo tenía todo bien preparado. Y pocas horas después del golpe de Estado publicó un documento público, en el que le dijo a quien él alentó a dar el madrugazo: "Su asalto al poder carece de principios que lo legitimen (…) los principios son a la larga más poderosos que los cañones. De principio se forman y alimentan los pueblos".

El 24 de marzo Fidel Castro presentó una denuncia contra Batista en el Tribunal de Urgencia. El 16 de agosto de 1952 llamó al pueblo a alzarse en armas contra la dictadura batistiana. Y 11 meses después, el 26 de julio de 1953 asaltó el cuartel Moncada. Y después…. en fin.

************

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Mario Salabarría  no pertenecía  a la pandilla o banda  MSR; su hermano si pertenecía a una de esas bandas. José ¨Pepe¨de Jesús Jinjaume Montaner  era familia de Rita Montaner y de Carlos Alberto Montaner, Si mal no recuerdo haber leido   Gustavo E. Ortiz  Fáez al triunfo de la Revolución   fue miembro de  la Seguridad del  Estado castrista y posteriormente se fue  para  Venezuela .donde desempeñó  tareas  similares para el gobierno de Venezuela.  Fidel Castro le disparó a Leonel  Acosta desde detrás del muro de la Universidad cuando Leonel estaba saliendo  por la puerta de entraday salida del estadiun universitario junto a otras personas. El recien fallecido  Dr. Gustavo León  en sus programas de radio manifestó que Mario Salabarría  le dijo a Fidel Castro  que una manera de  hacer las paces con Leonel y evitar su retaliación  era metiéndose a la banda UIR, banda a la que pertenecía Leonel, el Dr. León  dijo que Mario Salabarría  usó a Fidel Castro  para conocer lo que sucedía en  la UIR, cuyo jefe era Emilio Tró. Mario Salabarría   después del supuesto triunfo de la Revolución  estuvo involucrado en un atentado a Fidel Castro,  en el cual Salabarría le dispararía a Fidel desde la Biblioteca Nacional con un fusil durante un acto en la Plaza Cívica José Martí. rebautizada como Plaza de la Revolución.  Fue una sorpresa que Mario Salabarría no fuera fusilado, .

  Primera parte

¡Crimen en La Habana! La historia que nadie te contó de FIDEL CASTRO





Segunda Parte

¿Sabías esto del pasado secreto de Fidel Castro?


**********

Tomado de https://espaciolaical.net/articulo/5375/

El asesinato del profesor Ramiro Valdés Daussá

*********

A través de su historia, la Universidad de La Habana ha sufrido dos etapas de violencia gansteril de las que poco se ha escrito. La primera, de 1937 a 1944, por el surgimiento del llamado bonche estudiantil. La segunda, de 1944 a 1952, debido a las pugnas entre organizaciones pseudorrevolucionarias. Alumnos y profesores cayeron bajo las balas. Esos capítulos de la historia no deben ser olvidados.

El presente trabajo contiene datos inéditos sobre aquellos sucesos.

**********

Por admin_elaical

28 noviembre, 2018

Lo más brillante y significativo de cuanto Ramiro hizo fue rescatar

la Universidad de la fuerza de las armas sin imponer la fuerza de otras armas,

sin sustituir unos pistoleros por otros.

Gastón Baquero

Diario de la Marina.

La Habana, 15 de agosto de 1945

» El crimen

El 15 de agosto de 1940 fue asesinado el profesor universitario Ramiro Valdés Daussá, de 32 años de edad, cuando se disponía a entrar a su automóvil tras abandonar la casa de huéspes de la calle Mazón, número 18, Centro Habana. Sus victimarios pertenecían al bonche estudiantil, un grupo de pseudoestudiantes que mediante amenazas, golpizas y tiros imponían su voluntad sobre profesores y alumnos. Su muerte ocurrió en los momentos en que la Universidad más necesitaba de su altruismo, energía y entereza.

» Revolucionario, estudiante y atleta

Ramiro Valdés Daussá nació en Pinar del Río el 5 de septiembre de 1909. Su padre, José Valdés León, era pagador central del Ministerio de Hacienda. Terminó sus estudios de Segunda Enseñanza en el Instituto de La Habana y en 1926 matriculó la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad, donde se destacó por sus cualidades como atleta y dirigente estudiantil. Se enfrentó a la dictadura de Gerardo Machado Morales (1925-1933) y en 1930 participó junto a Pablo de la Torriente Brau, Rubén de León, José (Pepelín) Leyva, Carlos Prío, Segundo Curti, Pío Alvarez y otros más en la fundación del Directorio Estudiantil Universitario (DEU).

El 3 de enero de 1931 fue recluido en el Castillo del Príncipe y trasladado luego al Presidio Modelo de Isla de Pinos. Tras ser liberado, participó junto a Pío Alvarez, José Morell Romero, Mario Salabarría y Guillermo Barrientos en la Comisión Secreta del DEU, responsable de acciones violentas contra la dictadura. También viajó a Estados Unidos junto a Morell Romero para comprar armas.1

El 25 de enero de 1932 fue detenido y condenado a ocho años de prisión en Isla de Pinos. En la cárcel recibió la trágica noticia de la muerte de sus hermanos José Antonio y Solano, asesinados el 14 de abril de 1933 como resultado de una delación que condujo a los esbirros al apartamento de 29 y G, Vedado, donde se escondían. Uno de los sicarios, el sargento de la Sección de Expertos, Miguel Balmaseda, fue abatido años después, el 9 de diciembre de 1939, por el propio Ramiro a la entrada de la residencia de Orestes Ferrara, donde trabajaba de custodio. Otro de los asesinos, el teniente Oscar Fernández Trebejo, fue ejecutado por los miembros de la organización Acción Revolucionaria Guiteras (ARG) Juan Valdés Morejón y Jesús González Cartas, alias El Extraño, en 1941.2

» El 4 de septiembre

El 4 de septiembre de 1933 un grupo de sargentos, cabos y soldados protagonizó con éxito un golpe militar en el campamento de Columbia. La sedición estuvo dirigida por los sargentos Fulgencio Batista y Pablo Rodríguez, con la participación de José Eleuterio Pedraza, Jaime Mariné y otros. Por conducto del periodista Sergio Carbó, director de La Semana, antes del golpe los sargentos habían estado reuniéndose con miembros del DEU, entre ellos Ramiro Valdés Daussá.

Tras consumarse la asonada, Batista ocupó el despacho del Coronel jefe del distrito y comenzó recibir a los que llegaban, pero al ver a Carbó se reunió con él en las oficinas del oficial auditor, para escuchar sus consejos. A la entrada de la oficina, Ramiro Valdés Daussá, fusil en mano, custodiaba el acceso. Había llegado a Columbia junto a miembros de Pro Ley y Justicia y del DEU.

En Columbia se presentó también el periodista Lucilo de la Peña, director de La Gaceta Oficial, quien trató de participar en la entrevista de Batista y Carbó; pero Ramiro lo detuvo: «Aquí no queremos nada con los políticos viejos», le dijo. «Usted no puede pasar». Lucilo le recordó su conducta frente a Machado, su condición de expedicionario de Gibara, su actividad política en Artemisa, su renuncia a un acta de Representante; pero no logró entrar. A las 3 de la madrugada lo intentó de nuevo, y esa vez lo paró Batista: «¿Usted qué quiere? Esto es un asunto militar, no político. Aquí no queremos politiquería. Allá dentro se discuten los destinos de Cuba y eso es importante.» Sin perder la calma, Lucilo respondió: «Si a mi edad no fuera político, ¿qué otra cosa pudiera ser en mi país?». Con el paso del tiempo Lucilo llegó a pertenecer al círculo íntimo de Batista.

Unos miembros del DEU le preguntaron a Batista sobre el propósito del golpe, pero el sargento, que había sido aconsejado por Carbó, les respondió: «Por lo pronto hay que acabar con la muerte de los porristas. Después hay que implantar el programa de la revolución». Al escuchar la segunda parte los estudiantes hicieron demostraciones de júbilo. Uno gritó: «Esta es la auténtica revolución. Esta sí es auténtica». El también sargento golpista Ignacio Galíndez exclamó: «Este es el golpe mas grandioso que se ha dado en el mundo. Y sin derramar sangre». Al día siguiente Guillermo Martínez Márquez desplegó en su diario Ahora el siguiente titular: «Paso a la Revolución Auténtica». El cintillo dio más tarde nombre al partido que acogió el programa del DEU, el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), constituido en febrero de 1934 en la redacción de la revista Alma Máter.

» El gobierno de la Pentarquía

 La Agrupación Revolucionaria de Cuba (ARC), integrada por Sergio Carbó, el DEU y el ABC Radical Revolucionario, dirigido por Oscar de la Torre, fue la encargada de nombrar a los integrantes de la Comisión Ejecutiva o gobierno provisional. Los estudiantes José Antonio Rubio Padilla y Guillermo Barrientos le pidieron al doctor Ramón Grau San Martín que participara. Por el número de sus miembros la Comisión fue bautizada «Gobierno de la Pentarquía», y la integraron: Ramón Grau San Martín, el periodista, Sergio Carbó,, José Miguel Irisarri, amigo y colaborador de Antonio Guiteras, el abogado Guillermo Portela y el banquero Porfirio Franca.

La Comisión no logró avanzar por las diferencias ideológicas de sus integrantes. Ante su fracaso, un miembro del DEU propuso a Grau para la Presidencia Provisional. La solicitud fue aceptada. Comenzó entonces el llamado más tarde Gobierno de los Cien Días, que promulgó diversas leyes en el orden social y en favor de la economía nacional, como la intervención de la Compañía de Electricidad y de los centrales Chaparra y Delicias, en Oriente, que pagaban salarios de miseria a sus obreros. El gobierno de Estados Unidos no reconoció al gobierno revolucionario a pesar de que Grau sostuvo dos entrevistas secretas con el diplomático Summer Wells y una con Jeferson Caffery, según documentos del Foreign Office publicados cincuenta años después. Para defender el gobierno se organizó el Ejército Caribe, en el que militaron Ramiro Valdés Daussá, Santiago Álvarez, Manolo Castro, Mario Salabarría y Roberto Meoqui Lezama. En ese gobierno el doctor Antonio Guiteras ocupó la cartera de Gobernación.

» La traición

El 15 de enero de 1934 el coronel Batista, en complicidad con el embajador Caffery, dio un «golpe blando» al presidente Grau, quien forzado por las circunstancias renunció a favor de Carlos Hevia. El presidente del Tribunal Supremo, Federico Edelman, juramentó en el cargo al nuevo mandatario, quien se mantuvo en el puesto menos de 48 horas, razón por la que el pueblo lo bautizó «Flor de un Día». Entonces el presidente de la Unión Nacionalista, Carlos Mendieta, fue designado por Batista para ocupar la Presidencia Provisional. El coronel tomó posesión del cargo el 18 de enero de 1934. Guiteras se sumergió en la clandestinidad. Para enfrentar al régimen usurpador fundó la organización T.N.T y luego Joven Cuba. Se le unieron Pedro Vizcaíno, Newton Briones, José Antonio Casariego, Conchita Valdivieso y algunos más.

» Periodista y revolucionario

En 1933 Valdés Daussá participa en la fundación del periódico Luz, órgano del DEU, y forma parte del Consejo de Redacción de la revista estudiantil Polémica, junto a Pablo de la Torriente Brau y Raúl Roa. En 1934 se gradúa de ingeniero y al año siguiente funda Izquierda Revolucionaria (IR), junto a Eduardo Chibás, Roa y Rubio Padilla. Posteriormente, esta organización se convierte en partido político, pero en 1937 se legaliza el Partido Auténtico y una parte de los integrantes de Izquierda Revolucionaria se le une, entre ellos Ramiro Valdés Daussá, quien pasó a integrar la Asamblea Nacional. A finales del año 1938 ganó por oposición la plaza de Profesor Auxiliar de Dibujo en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de La Habana y meses después se incorporó al Partido Agrario Nacional, presidido por Alejandro Vergara, pero al poco tiempo se retira de esta organización por discrepancias en cuanto al enfrentamiento a Batista. En noviembre de 1939 se presentó como candidato a Delegado a la Asamblea Constituyente y por ese tiempo inició su labor docente en la Universidad.

» El bonche. Condiciones para su surgimiento

Tras la caída de Machado, el movimiento estudiantil ganó un reconocimiento sin precedentes a nivel nacional por su enfrentamiento a la dictadura. Los estudiantes llegaron a controlar la política en los centros de Segunda Enseñanza. La frustración de la Revolución del 30, por la traición de Batista, dio lugar a que muchos revolucionarios carentes de formación ideológica, recurrieran a la violencia para subsistir. A partir de 1934, se identificó como revolucionario a todo el que portara un arma de fuego o perpetrara un atentado. Muchos de estos elementos ingresaron en los Institutos de Segunda Enseñanza y mediante la violencia controlaron los organismos estudiantiles y negocios como cantinas, venta de conferencias, libros, etc. El caldo de cultivo para el surgimiento de estos pseudoestudiantes aumentó con las medidas dictadas por el ministro de Educación, Anaya Murillo, que favorecieron los Institutos Cívicos Militares, creados por Batista, en detrimento de los centros de Segunda Enseñanza.

» Batista: padre del bonche

Tras el fracaso de la huelga general de marzo de 1935, se desató una ola represiva contra sindicalistas, estudiantes y elementos revolucionarios. El coronel Eleuterio Pedraza, al frente de la Policía Nacional, dirigió las operaciones. Se ordenó el cierre de la Universidad y la suspensión de su autonomía. Muchos revolucionarios fueron encarcelados, otros asesinados y algunos marcharon a España para combatir el fascismo tras el estallido de la Guerra Civil, como Pablo de la Torriente Brau, Rodolfo de Armas, Eufemio Fernández, Jorge Agostini, Rolando Masferrer y Pedro Fajardo Boheras (Manzanillo).

En 1937 Batista tiene la situación bajo control, autoriza la apertura de la Universidad y le devuelve su autonomía. Pero la rebeldía no se extingue en el centro docente de altos estudios. En esos momentos las condiciones no son las mismas y Batista, debido a sus aspiraciones presidenciales, no puede dañar su imagen con la muerte de estudiantes. Necesita reprimir la rebeldía sin utilizar sus cuerpos policiacos.

Fue el coronel Jaime Mariné quien dio solución a la compleja ecuación. Él propuso la idea de introducir en la Universidad a un grupo de estudiantes pseudorevolucionarios, agresivos, que estuviesen bajo su control y mediante la violencia y la intimidación dominasen las distintas escuelas para evitar futuros actos de rebeldía. Batista nombró a Mariné director de Deportes y con fondos de esa institución financió el bonche, una estrategia criminal para reprimir las protestas estudiantiles.

Procedentes de los Institutos de la Víbora y del número 1 de La Habana, los bonchistas matricularon en las Escuelas de Derecho y de Ciencias Sociales. Algunos ni siquiera habían terminado sus estudios de Segunda Enseñanza, pero mediante la falsificación de documentos lograron la matricula. Entre los miembros del bonche estaban: José Noguerol Conde, Dionisio (El Gallego) Gutiérrez, Andrés Prieto Quince, Miguel Echegarrúa, Juan (Ñaño) González Andino, Mario Sáenz de Burohaga, Raúl Díaz Argüelles, Antonio Morín Dopico, Arnelio López, Gustavo Enrique Martínez, Felipe González Sarraín y Jorge Bacallao Pérez. Los alumnos de Derecho Antonio Castells y Guillermo Ara fueron simpatizantes de ellos.

Un grupo del claustro académico fue señalado de ser cómplice del bonche, como el profesor de Historia Calixto Masó, el profesor de la Escuela de Ciencias Comerciales Raúl Fernández Fiallo, que utilizaba a los bonchistas en sus campañas políticas en Pinar el Río, el decano de la Escuela de Derecho, Guillermo Portela, y el profesor Manuel Costales Latatú. En cambio los profesores Ramiro Valdés Daussá, Manuel Bisbé, Herminio Portell Vilá, Aureliano Sánchez Arango, Raúl Roa y Francisco Carone tuvieron una actitud digna de enfrentamiento a estos pandilleros, a diferencia del rector, Rodolfo Méndez Pénate, cuya postura fue débil y de tolerancia.

» El bonche en acción

Los bonchistas pronto comenzaron a sembrar el temor entre los estudiantes. Concurrían a la cafetería de la Escuela de Derecho e ingerían bebidas alcohólicas, gritaban palabras obscenas, formaban reyertas en el local y destruían platos, vasos, sillas y otros objetos. En más de una ocasión, realizaron disparos dentro del recinto universitario. El bonchista Antonio Morín Dopico agredió a tiros en el edificio del rectorado al supervisor de la Sección de Matrícula Gratis, el estudiante de Derecho Cándido Mora Morales, quien repelió la agresión e hirió a Morín en un brazo.3

Para controlar las distintas escuelas, el bonche trató de ganar los cargos de Delegados de Asignatura. En 1938 lo hicieron por primera vez en las elecciones en la Escuela de Derecho. En esos comicios cometieron todo tipo de tropelías: amenazas, secuestro de un delegado para impedir su voto, coacciones, boletas falsas, alteradas, etc.

Las actividades del bonche no se limitaron al recinto universitario. El 22 de marzo de 1939 en la calle 23 esquina L, en el Vedado, agredieron al estudiante Antonio Hernández Travieso, presidente de la Escuela de Filosofía y Letras, en presencia de su novia, la estudiante, Esperanza Figueroa Blanco, que resultó lesionada. En más de una oportunidad el bonchista Juan González Andino participó junto a otros en el robo de autos, a punta de pistola, para utilizarlos en distintas fechorías. Andino tenía una plaza de jardinero en la Universidad por la que cobraba sin trabajar. Para imponer respeto y ganar notoriedad, los bonchistas perpetraron algunos atentados, como el de Braulio Ortega, sicario de Machado, quien había resultado absuelto por los Tribunales de Excepción; y el de Orestes Ferrara, en el que participaron junto a Mariano Puertas y Emilio Tro.4

Al observar el deterioro moral al que había descendido el recinto universitario, Ramiro le solicitó al Rector la posición de Jefe de la Policía Universitaria, pero la petición fue denegada. Una mañana, Ramiro se presentó en la oficina del Rector junto con su auxiliar de Cátedra, Manolo Castro, y tuvo que esperar largo rato para ser atendido. Cuando entraba vio salir de la oficina a Morín Dopico y a Noguerol Conde. Ramiro le preguntó al doctor Méndez Peñate el motivo de tan pintoresca visita. «Quieren la misma plaza», respondió. Entonces Ramiro le advirtió el peligro que entrañaba poner el cuerpo de seguridad en manos de unos gamberros.

En septiembre de 1939, durante una celebración a la que asistió el Rector, los bonchistas se llevaron el recipiente que contenía un ponche de frutas destinado a los asistentes y se lo bebieron. En estado de embriaguez, insultaron a Méndez Peñate en presencia de todos. Al día siguiente, este llamó a su oficina a Ramiro y a Manolo Castro y los nombró al frente de la Policía Universitaria. Al aceptar sus respectivos cargos, señalaron que no cobrarían salario por su trabajo y que «limpiarían» el centro docente de altos estudios.

» Ramiro frente al bonche

Desde su posición en el cuerpo de seguridad, Ramiro hizo lo posible por restaurar la disciplina universitaria. Modificó el reglamento de la policía y reorganizó su personal. Los amigos de los pandilleros fueron expulsados y sustituidos por simpatizantes de su política de saneamiento, entre ellos Eufemio Fernández, Roberto Meoqui, ex- teniente de la policía a las órdenes de Guiteras, y Orestes Martínez, esposo de la doctora en Medicina y luchadora anti-machadista Leonor Ferreira.5

El 30 de septiembre de 1939, en el tradicional acto de recordación al mártir Rafael Trejo, muerto a manos del policía Félix Robaina, a las órdenes de Machado, Ramiro denunció a los bonchistas y señaló la desmoralización de las autoridades docentes. Al final puntualizó: «Cuidemos esta Alma Máter, que tanto amamos». Los bonchistas intentaron agredirlo, pero sus amigos lo rodearon para protegerlo.

El bonche se fue debilitando. Fue estrictamente observada la prohibición de entrar a los predios universitarios con armas de fuego. El «trabajo» de jardinero de González Andino le fue retirado. Las matrículas de los bonchistas fueron revisadas y se detectaron irregularidades en varias de ellas, como la de Prieto Quince, que carecía del diploma de graduado de la Segunda Enseñanza.

» El bonchista Mario Sáenz de Burohaga

 Mario Salabarría tenía, además de Julio, también conocido revolucionario, dos hermanas: Hilda, novia del mártir del DEU Juan Mariano González Rubiera, asesinado por Machado a los 17 años de edad, e Irma, esposa del estudiante de Ingeniería Agrónoma Wilfredo (Yuyo) del Prado. Una tarde, cuando este se dirigía a sus clases, se cruzó con un grupo de bonchistas que merodeaban la entrada de la Universidad. Entre ellos estaba Mario Sáenz de Burohaga, quien había sido expulsado por dos años de la Universidad por alterar el resultado de un examen de Derecho Penal. El titular de la cátedra, Guillermo Portela, le propuso que se fuera a México por un tiempo, hasta que las cosas se calmaran. En principio aceptó; pero luego le mandó a decir con el estudiante Antonio Tenjido que «él no iba a huir y se quedaba».6 Portela reportó la falta y el bonchista fue expulsado del centro, pero poco después recibió un indulto por «buena conducta».

Al ver llegar a Wilfredo, los bonchistas ofendieron a su cuñado, Mario Salabarría. Wilfredo les ripostó: «Eso díganselo ustedes, si tienen valor para hacerlo», y como respuesta recibió una brutal golpiza. De regreso a casa le contó a Irma lo sucedido. El relato llegó a oídos de Mario Salabarría, quien se propuso darle un escarmiento a los pandilleros. Esa misma noche Mario se reunió con Manolo Castro.7

A la mañana siguiente Salabarría se dirigió a la Universidad en un auto conducido por su amigo Eustaquio Soto Carmenate. Iba armado con una ametralladora Tomphson y una pistola calibre 45. El carro ingresó por la entrada de la calle J. El policía de posta los dejó entrar armados. Manolo Castro se encontraba cerca del lugar. Se dirigieron a la Plaza Cadenas, hoy Plaza Ignacio Agramonte. Sentado en un banco, frente a la Escuela de Derecho, estaba Burohaga. Salabarría le ordenó a Soto detener el auto y bajó pistola en mano. Sigilosamente, se aproximó a Burohaga y sin darle tiempo a reaccionar le hizo cuatro disparos. Luego, sin alterarse, regresó al auto y se marchó. Una cruz en el pavimento señala el lugar donde Burohaga cayó. Emilio Tro estaba a poca distancia junto a Miguel Echegarrúa. Al sentir las detonaciones ambos corrieron hacia la plaza y vieron cuando Mario se retiraba.8

» Las renuncias

El trabajo de Ramiro rindió sus frutos. La Universidad comenzó a respirar una aparente calma. Cumplida la misión, el 6 de agosto de 1940 Ramiro y Manolo presentaron sus renuncias al cuerpo de seguridad. Fueron sustituidos por Roberto Meoqui y por Orestes Martínez. Al conocer las renuncias, los bonchistas pensaron que el momento de vengar a Burohaga había llegado. En principio habían elegido a Salabarría, pero este les resultaba una presa difícil y peligrosa por su experiencia insurreccional. Luego pensaron en Manolo Castro, porque según González Andino, Manolo tenía frente a su casa, en la Víbora, un alto árbol muy frondoso, y desde una de sus ramas él le podía disparar. Pero después la huida sería complicada. Al final optaron por Ramiro.9

» La asociación Alma Máter

La Asociación Alma Máter, con sede en la calle Infanta número 206, Centro Habana, fue una entidad legal concebida por el estudiante de Derecho Jorge Bacallao. Su objetivo era darle al bonche una cobertura legal que le permitiera operar dentro del recinto universitario. Contó con el respaldo de Jaime Mariné y fue presidida por Bacallao.10 En la relación de sus actividades estuvo la celebración de rifas y colectas entre los estudiantes para «ayudar a los más necesitados». En el local de dicha asociación se planificó la muerte de Valdés Daussá.

La selección de los participantes en el atentado se realizó mediante sorteo. A oídos de Ramiro llegaron noticias de lo pactado y resueltamente se dirigió a la Asociación. Al llegar al local les dijo a los presentes: «Aquí estoy, pueden matarme ahora si lo desean». Uno de los bonchistas, Miguel Echegarrúa, le aseguró que ellos no planeaban matarlo, que eso eran rumores.11 Sin mediar más palabras, Ramiro se retiró.

» Muerte en la calle Mazón

A pesar de tener enemigos peligrosos, Valdés Daussá -al igual que Manolo Castro- era muy despreocupado; no se cuidaba, a diferencia de Salabarría, que siempre observaba las reglas de precaución. Todas la noches Valdés Daussá cenaba en la casa de huéspedes marcada con el número 18, en la calle Mazón. Al terminar, subía a su auto y se dirigía a casa de su novia, Olga Govantes. En la noche del 15 de agosto de 1940, tras concluir su habitual cena, fue acribillado a balazos cuando se disponía a montar en el carro. Desde un solar, a un costado de la residencia, Miguel Echegarrúa y Prieto Quince le abrieron fuego y desde otra posición, más cercana, Gustavo Enrique Martínez le hizo varios disparos, mientras González Andino vigilaba y Noguerol Conde esperaba al timón de un auto. Cuando iban a emprender la fuga el carro efectuó una violenta marcha atrás y se proyectó contra un poste del alumbrado público. El golpe provocó que la pistola de Prieto Quince se disparara e hiriera a Noguerol en la nuca; ambos fueron detenidos en el lugar. Al siguiente día Echegarrúa fue capturado, al igual que Morín Dopico; pero este no había participado de forma directa en el atentado. Gustavo E. Martínez y González Andino lograron huir.

La instrucción del caso la practicó el juez Gilberto Mosquera. Ante él concurrió a prestar declaración Méndez Peñate. Al finalizar el proceso, los acusados Prieto Quince y Noguerol Conde fueron sentenciados a 30 años de prisión, Echegarrúa y Morín Dopico resultaron absueltos. Gustavo Enrique Martínez escapó a México y un tiempo después murió apuñalado durante una disputa en un bar. Juan González Andino marchó a Estados Unidos y se enroló en el ejército. En 1945 Noguerol se fugó de la Sala de Penados del hospital Calixto García, gracias a haber recibido ayuda del exterior. En 1948 el presidente Grau indultó a Prieto Quince. La petición la había hecho Emilio Tro poco tiempo antes de morir en la masacre de Orfila, el 15 de septiembre de 1947.

En 1941 la Sección de Ingeniería y Arquitectura del Comité Estudiantil de Superación Universitaria (CESU) publicó bajo el título Libro blanco de la crisis universitaria una enérgica y valiente denuncia contra el bonche. Su presidente, Manolo Castro, le había encargado la redacción del folleto al estudiante Arquímides Poveda, miembro de la Juventud Comunista. Al comentar la muerte de Burohaga, el documento señala como autor a «una persona desconocida». No menciona a Salabarría.

» La muerte del profesor Fernández Fiallo

 Tras el atentado a Valdés Daussá la policía realizó un minucioso registro en el local de la Asociación Alma Máter, donde se ocuparon armas y objetos propios de actividades delictivas. Entre los documentos encontrados había un plano que detallaba el lugar del crimen. Los amigos de Ramiro hicieron su propia investigación. En su condición de Jefe de la Policía Universitaria, Meoqui entró en compañía de Salabarría al depósito donde estaba el auto usado por los bonchistas. Al inspeccionarlo vieron en las gomas una mancha de arcilla de color peculiar, poco común, idéntica a la que existe en los terrenos de la finca de Fernández Fiallo en Pinar del Río. El hallazgo reveló la complicidad de este profesor en el delito: el auto, robado, había sido escondido en su finca antes del atentado. Las sospechas se agravaron al estar Fiallo sujeto a investigaciones por sus vínculos con el bonche.

En horas del mediodía del 28 de noviembre de 1940 Fernández Fiallo abandonó el recinto universitario y caminó por la calle 27 de noviembre en dirección a la calle L. Lo acompañaban su coterráneo, Lomberto Díaz, quien más tarde, en el gobierno de Prío, fue ministro de Gobernación, y el Representante a la Cámara, el auténtico Félix Puentes. Cuando llegaron a la calle K Manolo Castro y Mario Salabarría, que los seguían a corta distancia, le dispararon. Al sentirse herido, Fiallo le pidió a Lomberto que lo sujetara, pero recibió otras descargas y cayó al pavimento. Sus agresores cruzaron la calle y se dirigieron al auto que los esperaba en K y 27 con Soto Carmenate al volante.12 El herido fue trasladado al hospital Calixto García, donde falleció pocas horas después.

En horas de la noche de aquel día, Mario Salabarría visitó a Lomberto en la casa de huéspedes donde se alojaba y le advirtió sobre el daño a su salud que le pudiera acarrear el hecho de identificar a los autores del atentado. Fue la viuda de Fernández Fiallo quien declaró ante el Juez Especial que su esposo había dicho que Manolo Castro quería matarlo. El magistrado libró una orden de detención contra este. El 3 de diciembre de 1940 Manolo Castro fue suspendido de empleo y sueldo como técnico de la Cátedra de Dibujo en la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad. Poco tiempo después la causa criminal fue sobreseída.

» El entierro de Valdés Daussá

Una inmensa multitud acompañó su cadáver al cementerio. En él se dieron cita familiares, amigos, miembros de la generación del 30, estudiantes, profesores, militantes de organizaciones revolucionarias, del Partido Auténtico y del CESU. Las palabras de despedida del duelo estuvieron a cargo del profesor de la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana y Representante a la Cámara Manuel Bisbé Alberni, quien hizo el panegírico de la vida de Ramiro y destacó su trabajo como revolucionario, estudiante, atleta y profesor, así como su abnegada lucha por el adecentamiento de la casa de altos estudios. Acusó de manera directa a sus asesinos y señaló la responsabilidad de profesores y autoridades universitarias que apoyaron al bonche. Recordó las dos pasiones de Ramiro: la Revolución y la Universidad. Y concluyó: «Por la Revolución dio su libertad, por la Universidad su vida».

» El Homenaje

En el curso de verano de 1946 la Universidad de la Habana celebró un acto en homenaje a Ramiro Valdés Daussá con la asistencia del Rector, doctor Clemente Inclán. Durante el evento, en una de las paredes del rectorado se colocó una tarja para honrar su memoria, en señal de eterno agradecimiento por su sacrificio. Entre los presentes estaban Manolo Castro, José (Pepín) Díaz Garrido, y Mario Salabarría. Al final del emotivo acto, Manolo Castro se echó a llorar.13

Notas:

1.Entrevista a José Morell Romero realizada por el autor en Miami, Florida, años 1996-1997.

2.Entrevista a Juan Valdés Morejón realizada por el autor en Miami, Florida, años 1995-1996.

3.Entrevista a Antonio Morín Dopico realizada por el autor en el Bufete Colectivo de Obispo y San Ignacio, Habana Vieja, y en su domicilio, calle Mangos # 110, Jesús del Monte, Municipio 10 de Octubre, La Habana. Años 19781980.

4.Entrevista a Guillermo García Riestra (a) Billiken. Realizada por el autor en su apartamento de la calle 47 # 860 e/ Conill y Sta Ana, Nuevo Vedado, La Habana. Años 1976-1979.

5.Entrevista a Leonor Ferreira realizada por el autor en Miami, Florida. Años 1999-2000.

6.Entrevista al Dr. Antonio Tenjido realizada por el autor en el Bufete Colectivo de Carlos iii y Franco, Centro Habana. Años 1980-1981.

7.Entrevista a Mario Salabarría realizada por el autor en Miami, Florida. Años 1991-1994.

8.Entrevista a Miguel Echegarrúa realizada por el autor en Miami, Florida. Años 1992-1993.

9.Entrevista a Juan González Andino (Ñaño) realizada por el autor en su domicilio, 5760 SW, 5 calle, Miami Florida. Años 1995-1997.

10.Entrevista a Jorge Bacallao Pérez realizada por el autor en el Bufete Colectivo de la calle Galiano, La Habana, y en su domicilio de calle San Mariano No 109, 10 de Octubre, La Habana.

11.Entrevista a José Díaz Garrido) realizada por el autor en el domicilio de Mario Salabarría, en la calle Flagler y 51 ave (bajos), Miami Florida. Años 1996-1998.

12.Entrevista a Mario Salabarría.

13.Entrevista a José Díaz Garrido realizada por el autor en el domicilio de Mario Salabarría, calle Flagler y 51 avenida, Miami, Florida.

*******************

Nota  En el largo artículo  Vindicación de Manolo Castro,   de  la autoría de Jorge Domingo Cuadriello,  publicado en la revista Espacio Laical  en su número 4 del año 2019, tal parece que se intenta justificar, explicar o exonerar a Manolo Castro de las acusaciones que aparecieron en el artículo El asesinato del profesor Ramiro Valdés Daussá; en particular,  del asesinato del  profesor Dr.  Raúl Fernández Fiallo.

**********

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano  relacionada con el segmento La Traición del  artículo El asesinato del profesor Ramiro Valdés Daussá, publicado en Espacio Laical el 28 de noviembre de 2018.

Algunos sucesos que mostraron la incompetencia del gobierno provisional de Grau-Guiteras  para garantizar  paz y estabilidad en el país.

I) Los comunistas dentro de su estrategia de tomar el poder en Cuba  promovieron y hasta efectuaron  mútiples desórdenes como fueron, por ejemplos:

  • Se apoderaron de  los centrales  Mabay, Jobabo y Jar onú donde instalaron ¨soviets¨ al estilo ruso,
  • Invadieron el Realengo 18  y repartieron tierras a campesinos afines.
  • Asaltaron el Central Delicias  y mataron a los Guardias Rurales
 (el Partido Comunista de los EEUU lanzó una  un manifiesto apoyando a los comunistas cubanos atacando a la Enmienda Platt y pidiendo la evacuación de la Base Naval de Guantánamo)
  • Provocando disturbios en la manifestación del 29 de septiembre de 1933, autorizada por Antonio Guiteras, Secretario de Gobernación  del gobierno de Grau, al cantar el himno comunista ¨La Internacional¨ y gritar consignas en contra de los EEUU  y del gobierno de Grau durante su trayecto hacia el Parque de la Fraternidad, vía la calle Reina. La manifestación estuvo custodiada  por agentes de la autoridad. Al llegar al Parque de la Fraternidad se formó un tiroteo donde murieron 6 personas, entre los que se encontraba  un capitán que custodiaba la manifestación y  el pionero comunista Francisco “Paquito” González Cueto, que cayó abatido por disparos en la cabeza mientras portaba un cartel; tenía sólo 13 años.
II) La ¨batalla del Hotel Nacional¨ comenzada el 1 de octubre de 1933, en la que Antonio Guiteras, como Secretario de Guerra y Marina del gobierno de Grau,  desempeñó un  papel fundamental y decisivo que la historiografía ha mayoritariamente tratado de ocultar,  desviando la  responsabilidad de ese ataque  a Fulgencio Batista. Es importante conocer que Batista no tenía mando sobre la Marina de Guerra.  Los buques de guerra nombrados Patria y Baire cañonearon al Hotel Nacional de Cuba. Mucho más  en  en el post de este blog titulado Fue Antonio Guiteras Holmes, y no Fulgencio Batista, el que ordenó el ataque y la toma a la fuerza del Hotel Nacional el 1 de octubre de 1933... .

Batalla del Hotel Nacional. Cuba Still In Revolt! (1933)


III) El  levantamiento  de gran envergadura del 8 y 9  de noviembre  de 1933 protagonizado por el ABC  y  apoyado por pequeños grupos de ex militares y civiles:


Levantamiento del ABC. La toma del Castillo de Atarés. Cuba's Latest Revolt (1933)





Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

viernes, julio 18, 2025

Cuba: Discurso pronunciado por Ignacio Agramonte y Loynaz en febrero de 1862 en el acto de recibir la investidura del grado de Licenciado en Derecho Civil y Canónico por la Universidad de La Habana

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

 Dado el interés que ha despertado  un artículo, publicado  hace años en este blog, donde aparecen fragmentos del discurso de Ignacio Agramonte y Loynaz (al ser investido en febrero de 1862 como Licenciado en Derecho Civil y Canónico por la Universidad de La Habana) donde manifiesta explícitamente su rechazo al comunismo,  publico a continuación el discurso íntegro. Ignacio Agramonte y Loynaz  años después se le conocería como ¨El Bayardo¨ , ¨El Mayor¨ y José Martí  le llamaría ¨la azucena de la Revolución¨ por la carencia de máculas en su actuar patriótico tanto en lo militar como en lo civilista.  José Martí también diría de Agramonte:  el “diamante con alma de beso”, Veamos las palabras de José Martí donde lo califica de esa manera: 

¨¿Y aquél del Camagüey, aquel diamante con alma de beso? Ama a su Amalia locamente; pero no la invita a levantar casa sino cuando vuelve de sus triunfos de estudiante en la Habana, convencido de que tienen todavía mejilla aquellos señores para años: "no valen para nada ¡para nada!" Y a los pocos días de llegar al Camagüey, la Audiencia lo visita, pasmada de tanta autoridad y moderación en abogado tan joven; y por las calles dicen: "¡ése!"; y se siente la presencia de una majestad, pero ¡no él, no él! que hasta que su mujer no le cosió con sus manos la guajira azul para irse a la guerra, no creyó que habían comenzado sus bodas.

Por su modestia parecía orgulloso: la frente, en que el cabello negro encajaba como en un casco, era de seda, blanca y tersa, como para que la besase la gloria: oía más que hablaba, aunque tenía la única elocuencia estimable, que es la que arranca de la limpieza del corazón; se sonrojaba cuando le ponderaban su mérito; se le humedecían los ojos cuando pensaba en el heroísmo, o cuando sabia de una desventura, o cuando el amor le besaba la mano: "¡le tengo miedo a tanta felicidad!" Leía despacio obras serias. Era un ángel para defender, y un niño para acariciar. De cuerpo era delgado, y más fino que recio, aunque de mucha esbeltez. Pero vino la guerra, domó de la primera embestida la soberbia natural, y se le vio por la fuerza del cuerpo, la exaltación de la virtud. Era como si por donde los hombres tienen corazón tuviera él estrella. Su luz era así, como la que dan los astros; y al recordarlo, suelen sus amigos hablar de él con unción, como se habla en las noches claras, y como si llevasen descubierta la cabeza.¨ 

En ese mismo artículo José Martí  escribió; ¨De Céspedes el ímpetu, y de Agramonte la virtud¨

***********

Tomado de http://futurodecuba.org/Agramonte%20tesis.htm

Discurso pronunciado por Ignacio Agramonte y Loynaz.

Acto de recibir la investidura del grado de Licenciado en Derecho Civil y Canónico, ante el Claustro de la Real Universidad de La Habana.

Sr. Rector e Ilustre Claustro. Señores:

La administración que permite el franco desarrollo de la acción individual a la sombra de una bien entendida concentración del poder, es la más ocasionada a producir óptimos resultados, porque realiza una verdadera alianza del orden con la libertad.

Viven el hombre en sociedad, porque en su estado natural, es condición indispensable para el desarrollo de sus facultades físicas, intelectuales y morales, y no en virtud de un convenio o de un pacto social, como han pretendido Hobbes y Rosseau.

La sociedad no se comprende sin orden, ni el orden sin un poder que lo prevenga y lo defienda, al mismo tiempo que destruya todas las causas perturbadoras de él. Ese poder, que no es otra cosa que el Gobierno de un Estado, está compuesto de tres poderes públicos, que cuales otras tantas ruedas de la máquina social, independientes entre sí, para evitar que por un abuso de autoridad, sobrepujando una de ellas a las demás y revistiéndose de un poder omnímodo, absorba las públicas libertades, se mueven armónicamente y compensándose, para obtener un fin determinado, efecto del movimiento triple y uniforme de ellas.

Me ocuparé de uno de esos poderes: del poder ejecutivo o administrativo; y sólo él, porque tal es el terreno en que me coloca la proposición que defiendo. En ella se ha tomado la palabra administración en una de sus diversas acepciones, en la del ejercicio del poder ejecutivo en toda la extensión de sus atribuciones.

La divina mano del Omnipotente ha grabado en la conciencia humana la ley del progreso, el desarrollo indefinido de las facultades físicas, intelectuales y morales del hombre; y para llegar a ese fin, ciertas condiciones que constituyen en él deberes de respecto a Dios, porque tiene que someterse a ellas, para llegar al cumplimiento de su destino, destino grandioso, sagrado, marcado por la Providencia; y derechos con respecto a la sociedad que debe respetarlos y proporcionar todos los medios para que llegue a aquel desenvolvimiento. "Detener la marcha del espíritu humano, ha dicho un célebre escritor, privándole de los derechos que ha recibido de la mano bienhechora de su Creador, oponerse así a los progresos de las mejoras morales y físicas, al acrecentamiento del bienestar y felicidad de las generaciones presentes y futuras, es cometer el más criminal de los atentados, es violar las santas leyes de la Naturaleza, es propagar indefinidamente los males, los sufrimientos, las disensiones y las guerras, de que los pueblos no han cesado de ser las víctimas".

Estos derechos del individuo son inalienables e imprescriptibles, puesto que sin ellos no podrá llegar al cumplimiento de su destino; no puede renunciarlos, porque como ya he dicho, constituyen deberes respecto a Dios, y jamás se puede renunciar al cumplimiento de esos deberes. Se ha dicho que el hombre, para vivir en sociedad, ha tenido que renunciar a una parte de sus derechos; lejos de ser así contribuye con una porción de sus rentas y aún a veces con su persona al sostenimiento del Estado, que debe defendérselos, que debe conservárselos íntegros, que debe facilitar su libre ejercicio. Bajo ningún pretexto se pueden renunciar esos sagrados derechos, ni privar de ellos a nadie sin hacerse criminal ante los ojos de la divina Providencia, sin cometer un atentado contra ella, hollando y despreciando sus eternas leyes. "La ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los Gobiernos", como en Francia la Asamblea Constituyente de 1791.

La justicia, la verdad, la razón, sólo pueden ser la suprema ley de la sociedad; decir: "salus populi suprema lex est" es tomar el efecto por la causa. El derecho para ser tal y obligarlo, debe tener por fundamento la justicia.

Tres leyes del espíritu humano encontramos en la conciencia: la de pensar, la de obrar. A estas leyes para observarlas, corresponden otros tantos derechos, como ya he dicho, imprescindibles e indispensables para el desarrollo completo del hombre y de la sociedad. Al derecho de pensar libremente corresponden la libertad de examen, de duda, de opinión, como fases o direcciones de aquél. Por fortuna, éstas, a diferencia de la libertad de hablar y obrar, no están sometidas a coacción directa; se podrá obligar a uno a callar, a permanecer inmóvil, acaso a decir que es justo lo que es altamente injusto. Pero ¿cómo se le podrá impedir que dude de lo que se le dice? ¿Cómo que examine las acciones de los demás, lo que se le trata de inculcar como verdad, todo, en fin, y que sobre ello formule su opinión? Sólo por medios indirectos; la educación, las precipitaciones, las costumbres, influyen a veces coartando el franco ejercicio de ese derecho, que es la más fuerte garantía para la sociedad y el Gobierno de un Estado que se funda en la verdad y la justicia.

A pesar de que la razón y la experiencia nos demuestran que no podemos formarnos una opinión exacta en ninguna materia sin examinarla previa y detenidamente, no han faltado hombres y aún clases enteras en la sociedad, que con miras interesadas y ambiciosas, han querido despojar al hombre de esos derechos revelados por la razón a todos, pues son universales, y monopolizarlos ellos. En cuanto a nosotros, siempre diremos con san Pablo: "Examinémoslo todo y atengámonos a lo que es bueno".

Consecuencia de la libertad de pensar es la de hablar. ¿De qué servirían nuestros pensamientos, nuestras meditaciones, si no pudiéramos comunicarlos a nuestros semejantes? ¿Cómo adquirir los conocimientos de los demás? El desarrollo de la vida intelectual y moral de la sociedad sería detenido en medio de su marcha.

De la enunciación de los diversos exámenes, de las contrarias opiniones, de las diferentes observaciones, de la discusión en fin, surge la verdad como la luz del sol, como del eslabón con el pedernal, la ígnea chispa.

Pero la verdad, se ha dicho, no siempre conviene exponerla; en realidad no conviene; pero es al poderoso que oprime al débil, al rico que vive del pobre, el ambicioso que no atiende a la justicia o injusticia de los medios de elevarse; lejos de ser perjudicial, es siempre conveniente al ciudadano y a la sociedad, cuyas felicidades estriban en la ilustración y no en la ignorancia o el error, y a los gobernantes cuando lo son en nombre de la justicia y la razón.

La prensa con razón es considerada como la representación material del progreso. La libertad de la prensa es un medio de obtener las libertades civil y política, instruyendo a las masas, rasgando el denso velo de la ignorancia, hace conocer sus derechos a los pueblos y pueden estos exigirlos.

No carece de inconvenientes la prensa completamente libre, pero ni contrapesan sus ventajas, ni son de tanta importancia como se ha tratado de hacer creer. "Se puede abusar de la prensa, dice un autor inglés, por la publicidad de principios falsos y corrompidos; pero es más fácil, añade el mismo, remediar este inconveniente combatiéndolo con buenas razones que empleando las persecuciones, las multas, la prisión y otros castigos de este género".

También se ha dicho que puede ser perjudicial por las infamaciones; a esto respondemos con Ovidio: "Conciamens recti famae mendacia ridet"; o con el emperador Teodosio, en una ley que promulgó en 393, en la que dice: "Si alguno se deja ir hasta difamar nuestro nombre, nuestro gobierno y nuestra conducta, no queremos que esté sujeto a la pena ordinaria, marcada por las leyes, ni que nuestros oficiales le hagan sufrir una pena rigurosa, porque si es por ligereza, es necesario despreciarlo; si es por ciega locura, es digno de compasión; si es por malicia, es necesario perdonarle".

Por otra parte, no es fácil que se expusiera un escritor a que el calumniado entablase contra él, ante el tribunal competente, la acción de calumnia, y sufrir las consecuencias.

La libertad de obrar consiste en hacer todo lo que le plazca a cada uno en tanto que no dañe los derechos de los demás. No puede darse, empero, demasiada latitud a esa restricción; hay casos en que, obrando libremente el individuo, causa un daño a los demás y a veces a la sociedad entera; y sin embargo, no puede impedírsele el ejercicio de su derecho, sin causarlos mayores atacando la libre acción individual. Así sucedería cuando un hombre imprudentemente invirtiera su capital en empresas ruinosas; en tal caso los abastecedores de un consumo sufrirían un menoscabo, pues que esa menos salida tendrían sus frutos; perjudicaría económicamente a la sociedad, porque ese capital se pierde para la circulación y una cantidad equivalente de industria perece. El único remedio a males de esta clase, es fomentar la instrucción y estimular los sentimientos nobles y generosos. Por punto general, nadie conoce mejor los intereses de uno como él mismo; y cuando la opinión general está bien dirigida y por la conservación de la individualidad tiene energía, es un freno bastante poderoso contra el egoísmo, la avaricia, la prodigalidad, la envidia y demás carcomas del bienestar individual y social.

El individuo mismo es el guardián y soberano de sus intereses, de su salud física y moral; la sociedad no debe mezclarse en la conducta humana, mientras no dañe a los demás miembros de ella. Funestas son las consecuencias de la intervención de la sociedad en la vida individual; y más funestas aún cuando esa intervención es dirigida a uniformarla, destruyendo así la individualidad, que es uno de los elementos del bienestar presente y futuro de ella. Debe el hombre escoger los hábitos que más convengan a su carácter, a sus gustos, a sus opiniones y no amoldarse completamente a la costumbre arrastrado por el número. Es muy frecuente ese deseo de imitar ciegamente a aquellos que se hallan a igual altura que nosotros en la escala social, cuando no en una mayor. De este modo el hombre libre, convirtiéndose en máquina va perdiendo esa tendencia a examinarlo todo, a querer comprender y explicarse cuanto ve, a comparar y escoger lo bueno, desechando lo malo. Tendencia tan natural como necesaria en él.

Así llega a ser capaz de grandes sentimientos, de esa voluntad fuerte, invencible, que se ha comparado a un torrente que arrastra cuanto encuentra a su paso y que caracteriza a los grandes genios. Una sociedad compuesta de miembros de aquella índole, en la que por la uniformidad de costumbres, de modo de pensar, no hay tipos distintos donde poder entresacar las perfecciones parciales, que reunidos en un solo todo pueda servir de modelo, se paralizará en su marcha progresiva hasta que otra parte de la humanidad, que haya ascendido más en la escala del progreso y de la civilización, sacándola del estado estacionario en que se encuentra, le dé nuevo impulso para que continúe en la senda de su destino. Dígalo si no la China, el Oriente todo.

Que la sociedad garantice su propiedad y seguridad personal, son también derechos del individuo, creados por el mero hecho de vivir en sociedad. El olvido o el desprecio de ellos, si bien no es más criminal que los demás, sí es más a menudo causa de revoluciones y conflictos en que a cada paso se ven envueltas las naciones.

Estos derechos, lo mismo que los anteriormente expuestos, deben respetarse en todos los hombres porque todos son iguales; todos son de la misma especie, en todos colocó Dios la razón, iluminando la conciencia y revelando sus eternas verdades; todos marchan a un mismo fin; y a todos debe la sociedad proporcionar igualmente los medios de llegar a él.

La Asamblea Constituyente francesa de 1791 proclamó entre los demás derechos del hombre el de la resistencia a la opresión...

Demostrado ya que el gobierno debe respetar los derechos del individuo, permitiendo su franco desarrollo y expedito ejercicio, creemos haber llenado nuestro deber con respecto a la primera parte de la proposición. Pasaremos a la segunda, o sea a demostrar que solo la administración centralizada de una manera bien entendida o conveniente deja expedito el desarrollo individual.

La centralización llevada hasta cierto grado, es por decirlo así, la anulación completa del individuo, es la senda del absolutismo; la descentralización absoluta conduce a la anarquía y al desorden. Necesario es que nos coloquemos entre estos dos extremos para hallar esa bien entendida descentralización que permite florecer la libertad a la par que el orden.

Frecuentemente se confunde la unidad con la centralización; pero la unidad es: la uniformidad de intereses, de ideas y sentimientos entre los miembros del Estado, y la centralización: la acumulación de las atribuciones del poder ejecutivo de un gobierno central. Las más de las veces existen juntas, sin embargo la Historia nos las muestra separadas en Roma cuando estaba en su apogeo de grandeza; en ella, al paso que sus Emperadores habían concentrado en sus manos todo el poder, no había unidad en el Imperio; y en la moderna Inglaterra, donde hay unidad de sentir y de pensar al mismo tiempo que descentralización administrativa.

La centralización limitada a los asuntos trascendentales y de alta importancia, aquellos que recaen, o que por sus consecuencias pueden recaer bajo el dominio de la centralización política, es indudable que es conveniente; más que conveniente, necesaria: pero es abusiva desde el momento en que, extralimitándose de la inspección y dirección que en aquellos negocios le corresponde, interviene en otros que no tienen esos caracteres.

Por fuerte que sea un gobierno centralizado, no ofrece seguridades de duración, porque todavía su vida está concentrada en el corazón y un golpe dirigido a él, lo echa por tierra. Los acontecimientos palpitantes aún y que han tenido lugar en Francia a fines del siglo pasado, confirman esta verdad.

La centralización no limitada convenientemente, disminuye, cuando no destruye la libertad de industria, y de aquí la disminución de la competencia entre los productores, de esta causa tan poderosa del perfeccionamiento de los productos y de su menor precio, que los pone más al alcance de los consumidores.

La administración, requiriendo un número casi fabuloso de empleados, arranca una multitud de brazos a las artes y a la industria; y debilitando la inteligencia y la actividad, convierte al hombre en órgano de transmisión o ejecución pasiva.

A pesar del gran número de empleados que requiere la dicha administración, los funcionarios no tienen tiempo suficiente para despachar el cúmulo de negocios que se aglomera en el Gobierno por su intervención tan peligrosa como minuciosa en los intereses locales e individuales, y de aquí demoras harto perjudiciales, y lo que es peor aún, su despacho, tras dilatado, es encomendado por su número a subalternos, cuya impericia o falta de conocimientos locales no ofrecen garantía alguna de acierto.

Mientras los sueldos de los empleados son demasiado mezquinos para sostenerlos con dignidad en la posición que sus funciones demandan, obligándolos a descuidar aquella algún tanto y recargándose con otras ocupaciones, aquellos por su multitud forman una suma altamente gravosa para el Estado.

La centralización hace desaparecer ese individualismo, cuya conservación hemos sostenido como necesaria a la sociedad. De allí al comunismo no hay más que un paso; se comienza por declarar impotente al individuo y se concluye por justificar la intervención de la sociedad en su acción destruyendo su libertad, sujetando a reglamento sus deseos, sus pensamientos, sus más íntimas afecciones, sus necesidades, sus acciones todas.

Lejos de tener todos esos inconvenientes una concentración bien entendida, disminuyendo el número de sus empleados, se les pagaría de un modo proporcionado a su trabajo y suficiente a satisfacer dignamente sus necesidades. Sólo así podrían dedicarse exclusivamente y con entusiasmo al cumplimiento de sus deberes. Este es el gran secreto para que la administración esté bien servida, dice Jules Simon, observando la administración inglesa.

Estableciendo cierta independencia entre ellos, su dignidad en vez de humillarse estando sometidos a los caprichos de un superior, crecería hasta llegar a su correspondiente altura, con una responsabilidad legal y no arbitraria. Lejos de ser convertidos en máquinas de ejecución o de transmisión, necesitarían desplegar su actividad e inteligencia, que redundaría en provecho de él mismo y de la sociedad.

El individuo, con esta organización, podría tener garantizado el libre ejercicio de sus derechos contra los excesos y errores de los funcionarios, con acciones legales y entabladas ante los tribunales competentes. Un código único. Arma regular y recursos financieros reunidos en la mano de un poder central para ser empleados conforme a la ley, sería una garantía bastante contra el federalismo y para repartir sus impuestos, administrar sus propiedades, construir sus vías de comunicación, gobernar, en una palabra, sus asuntos locales, que solamente ellos conocen y más directamente les interesan.

Si me fuera permitido mayor extensión yo aglomeraría más razones y los hechos que apoyan una concentración bien entendida del poder, porque es una organización dictada por los sanos y eternos principios y confirmada por la experiencia; pero fuerza es que concluya esta parte y lo haré copiando un trozo de Maurice Lachatre: "Así como los antiguos romanos no usaban de la dictadura sino por cortos intervalos y solamente cuando la patria corría grandes peligros, es necesario tener en ellos una acumulación tan enorme de poder, como la de una máquina que permite a un solo hombre atar una nación y someterla a su voluntad. En tiempo de paz, la centralización (limitada como lo hemos hecho nosotros), es el estado natural de un pueblo libre y cada parte de su territorio debe gozar de la mayor suma de libertad, a fin de que siempre y por todas partes, los ciudadanos puedan adquirir el desenvolvimiento normal de todas sus facultades".

Demostrado que sólo una administración concentrada convenientemente puede dejar expedito el desarrollo de la acción individual, quédalo también que sólo a la sombra de aquélla puede realizarse esa alianza del orden con la libertad, que es el objeto que debe ponerse todo gobierno y el sueño dorado del publicista, porque aquélla es la representación del orden; de esa armonía de los intereses y acciones de los individuos entre sí, y de los de éstos con el gobierno en su más perfecta concurrencia de libertad, representada por ese franco desarrollo de la acción individual.

El Estado que llegue a realizar esa alianza será modelo de las sociedades y dará por resultado la felicidad suya, y en particular, de cada uno de sus miembros; la luz de la civilización brillará en él con todo esplendor, la ley providencia del progreso lo caracterizará y perpetua será su marcha hacia el destino que le marcó la benéfica mano del Altísimo.

Por el contrario, el Gobierno que con una centralización absoluta destruya ese franco desarrollo de la acción individual y detenga la sociedad en su desenvolvimiento progresivo, no se funda en la justicia y en la razón, sino tan sólo en la fuerza; y el Estado que tal fundamento tenga, podrá en un momento de energía anunciarse al mundo como estable e imperecedero, pero tarde o temprano cuando los hombres, conociendo sus derechos violados, se propongan reinvindicarlos, irá el estruendo del cañón a anunciarle que cesó su letal dominación.

-----------------------------------------------------------------------------------

NOTAS:

1- Revista de la Facultad de Letras y Ciencias, Habana, 1912, vol. XV, p. 28-36.

2- Tomado del tomo II de la colección de Documentos Históricos del Coronel del Ejército Libertador Cubano, Sr. Francisco de Arredondo Miranda.

3- En la reproducción ofrecida por la citada Revista, léese al final de la misma esta fecha: Habana, Febrero 8 de 1862.

4- Ignacio Agramonte recibió la investidura de Licenciado en derecho Civil y canónico, el día 11 de junio de 1865.

5- Antonio Zambrana, en el discurso que pronunció en la velada conmemorativa del 40º aniversario de la muerte del insigne caudillo (1913), afirmó que "en uno de los ejercicios que sostenían un día de la semana en el aula magna los estudiantes de cada facultad, leyendo el elegido para el caso una disertación a que otros, también designados por el catedrático a quien tocaba hacerlo, presentaban objeciones y reparos, leyó Ignacio Agramonte... un discurso vibrante, eléctrico, elocuentísimo, en que, a propósito de un tema de administración, habló de los derechos menospreciados de Cuba y de su pésimo gobierno". Es decir, que para su condiscípulo Zambrana, el discurso de Agramonte fue simple y sencillamente un trabajo de academia, una juevina o sabatina como se decía en el lenguaje de las aulas.

Fuente:

http://escritorescubanos.multiply.com/

***********

Ese discurso también puede leerse en:Discurso leído por Ignacio Agramonte y Loynaz en la Universidad de La Habana en la Sabatina de 22 de febrero de 1862.

***********

ErnestoMiami

The Tragedy of Cuba: How Collectivism Dissolved the Individual

**********

DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

INFORMACIÓN  RELACIONADA

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

El General de Brigada Julio Sanguily Garrite  y el Coronel del Ejército Libertador, gran tribuno, Senador y Secretario de Estado  Manuel Sanguily Garrite  en la República nacida el 20 de mayo de 1902 eran  HERMANOS. Julio Sanguily Garrite tuvo un sólo hijo: Julio Sanguily Echarte, el cual tenía una alta responsabilidad militar cuando la Revolución de los sargentos del 4 de septiembre de 1933.

El jefe de la conspiración para el levantamiento en armas  en 1868 era Francisco Vicente Aguilera; el levantamiento se había pospuesto dos o tres veces esperando, entre otros argumentos, para  vender el azúcar de la zafra y tener dinero para la guerra. Carlos Manuel de Céspedes y López del Castillo había dilapidado su fortuna en viajes y vida suntuosa y  el pequeño ingenio de la Demajagua que había comprado con su hermano estaba hipotecado y la  dotación de esclavos era solamente de una decena si mal no recuerdo. No se ha encontrado evidencias de que iba a ser apresado por motivos políticos ni tampoco el supuesto  telegrama para su detención  por el cual  su sobrino, Ismael Céspedes,  que trabajaba en el telégrafo le avisó de su supuesta detención. De los otros conspiradores no hay noticias semejantes.

Carlos Manuel de Céspedes en sus 5 ó 6 años  como Presidente de la República de Armas  actuó de manera autoritaria y son conocidos  sus discrepancias con el civilista Ignacio Agramonte y Loynaz, al que José Martí llamó ¨diamante con alma de beso¨y ¨la azucena de la Revolución ¨por su actuar sin máculas. y llegó a  expresar: “De Céspedes el ímpetu, y de Agramonte la virtud”.

I) Tomado de http://www.elveraz.com/articulo1400.htm


Quizás la más notoria de todas las reacciones en contra de Céspedes, la hizo el General Ignacio Agramonte, primo de Ana de Quesada, quien se declaró abiertamente enemigo de Céspedes, escribiéndole una carta a la Cámara el día 26 de Abril de 1870 en la que incitaba a deponer al Presidente.

(Ignacio Agramonte y Loynaz)


A continuación fragmentos de esa carta:

«… ¿Hasta dónde nos llevarán las contemplaciones y la falta de energía de la Cámara de Representantes? ¿Hasta cuándo aparecerá impasible ante tantos abusos? ¿Esperará que Carlos Manuel y sus Secuaces arruinen el país, para proceder con energía?

No parece sino que se quiere acabar con el Camagüey para poder decir luego neciamente, cuando se le haya reducido a la impotencia, que no hace nada, que el enemigo se pasea impunemente en su territorio; y en tanto sus Representantes que conocen el mal, que lo palpan como yo, y como todos, sufren y callan por contemplaciones que se avienen mal con la marcha firme y enérgica que exige toda revolución y la conciencia de todo buen patriota.

Piensen, amigos míos, que contraen responsabilidades ante los hermanos cuya confianza tienen, ante su conciencia y ante la Historia, los Representantes del Camagüey que permiten se les sacrifique en aras de celos mezquinos y de un encono injustificable; y de una vez pongan coto á esa explotación y á esa devastación inmotivada que amenazan hundir el país y la Revolución»

De V. V. de corazón. — Ignacio Agramonte y Loynaz.

Quemado de Cubilas, Mayo 21 de 1870

Al final del diario de Carlos Manuel de Céspedes hay un escrito,  con otra letra diferente, que dice que un negro que había sido esclavo o sirviente  de Salvador Cisneros Betancourt, Marqués de Santa Lucía (1828-1914) ya entonces Presidente de la República en Armas se había presentado ante el batallón español de San Quintín para delatar  donde estaba Carlos Manuel Céspedes; conocida su ubicación  fueron y persiguieron a Céspedes el cual fue muerto  según una fuente por el sargento Felipe González Ferrer, aunque la recompensa se dice que fue cobrada por el cubano Brígido Verdecia.

Se cree que Salvador Cisneros Betancourt se había negado a ofrecerle a Céspedes permiso para salir al exterior, donde estaba su familia (su segunda esposa Ana de Quesada, su hija y su hijo) porque Céspedes  cuando era Presidente de la República le había negado el permiso de salida del país al abogado, periodista y Mayor General Francisco Maceo Osorio, el cual había pedido ese permiso por su enfermedad para recuperarse en el extranjero. Maceo Osorio (quién había sido amigo de Céspedes tuvo posteriormente grandes diferencias con Céspedes) quien era muy amigo de Salvador Cisneros Betancourt,  muere de esa enfermedad el 16 de noviembre de  1873. Poco tiempo antes de la muerte de Céspedes, Salvador  Cisneros Betancourt le había retirado  la guardia personal a Céspedes, el cual muere muy pocos meses  después que Maceo Osorio el 27 de febrero de 1874.

Zoé Valdés fue la que transcribió  el diario de Carlos Manuel de Céspedes cuando ella trabajaba  con Eusebio Leal, el cual ignoró su trabajo al publicar el diario. La siguiente foto es ella trabajando con una gran lupa para hacer la transcripción.


**************
Tomado de https://s3.eu-central-1.amazonaws.com/

La última página del diario de Carlos Manuel de Céspedes

********

El diario del Padre de la Patria, con sus acres comentarios que contradicen las versiones de la historiografía oficial, es otra muestra de que la historia de Cuba tiene muchas lagunas

******** 

Por Jorge Luis González Suárez

7 de octubre de 2021

LA HABANA, Cuba. ─ El historiador de La Habana Eusebio Leal Spengler publicó en 1992 un documento histórico trascendental: “El Diario Perdido” de Carlos Manuel de Céspedes (Editorial Ciencias Sociales).

Es interesante la historia de cómo ese texto llegó a nuestros días. Al morir Céspedes en la finca San Lorenzo el 27 de febrero de 1874 el diario fue tomado por los españoles como trofeo de guerra. El brigadier Julio Sanguily lo compró a las autoridades españolas y pasó después a manos de su hijo Manuel Sanguily. Este, a su vez, legó a su hijo el manuscrito. A su muerte lo heredó su esposa, Sarah Cuervo.

El documento llegó posteriormente a manos de José de la Luz León, diplomático y periodista, quien lo tuvo en su poder hasta su fallecimiento en La Habana el 5 de junio de 1981. Su viuda, Alice Dana, por orden expresa del difunto,  entregó en sobre cerrado el manuscrito a Eusebio Leal. En el exterior del sobre, estaba escrito: “Estos papeles son de mi patria”.

La última etapa del diario abarca desde el 25 de julio de 1873 hasta el 27 de febrero de 1874, día de la muerte de Céspedes. Recoge las anotaciones que hizo Céspedes después de ser sustituido como Presidente de la República en Armas.

En la última hoja del diario, Céspedes hace fuertes críticas a varios patriotas de la época.

Sobre Tomás Estrada Palma dijo: “Era tan inmoral en sus costumbres privadas como hipócrita en sus manifestaciones públicas. Después de exigir en las mujeres una pureza ideal, seducía y hacía madres a las hijas de sus mayorales y por último lo hizo con una joven de buena familia que vivía en la casa de él en compañía de su anciana madre”

Sobre Salvador Cisneros Betancourt, marqués de Santa Lucía, escribió: “El Marqués tenía en Camagüey pésima opinión. Ignorante, arruinado, petardista, vicioso, puerco, no gozaba de más consideraciones que las que le dada su título”. Y agrega: “Después se ha distinguido por su crasa ignorancia, bajeza de miras y solapada ambición personal”.

Comentó sobre Luis Victoriano Betancourt: “No se ocupaba de sus funciones en la Cámara desde 1870, nunca ha tenido opinión propia, siempre ha sido eco de otros…”.

De Eduardo Machado comentó: “Se distingue por su miedo a los españoles… De poco ha servido en la revolución, pues la mayor parte del tiempo la ha pasado en los ranchos, huyendo y consumiendo los recursos de las familias”.

De Juan Spotorno afirmó: “Teniendo de quien hablar mal está satisfecho. Ligero, imprudente, ignorante de los negocios públicos y poco amigo de hallarse en contacto con el soldado no obstante de ser un coronel del ejército, tiene todas las malas cualidades de los hombres que hablan con dos voces y harán de él lo demás todo lo que quieran siempre que le arrojen alguna presa en que hincar el diente.”

La página final concluye: “Abrazando en conjunto a todos estos legisladores, concluiré asegurando que ninguno sabe lo que es la Ley”.

Los demoledores comentarios escritos por Carlos Manuel de Céspedes en sus horas finales son verdaderamente inquietantes.

Resulta llamativa en especial su mala opinión sobre Tomás Estrada Palma, quien sería, en la guerra de 1895, hombre de confianza de José Martí, su sustituto al frente del Partido Revolucionario Cubano y el primer presidente de la República.

De ser ciertos los cuestionamientos que hace Céspedes, demuestran a las claras la desunión y las rencillas que había entre algunos de los principales jefes de  la Guerra de los Diez Años, a la postre factor esencial  del fracaso de la contienda iniciada el 10 de octubre de 1868 y que terminó en 1878.

¿Por qué tanto rencor entre los que luchaban  por la independencia? ¿Serían solamente casos aislados?

El diario del Padre de la Patria, con sus acres comentarios que contradicen las versiones de la historiografía oficial, es otra muestra de que la historia de Cuba tiene muchas lagunas. Habrá que reescribirla, sin censuras, en una patria libre y democrática para conocer la realidad.

**************


Interesante retrato en el que aparece Ignacio Francisco Eduardo de la Merced Agramonte y Loynaz - de pie -  junto a sus padres  (Ignacio Agramonte Sánchez  y Filomena Loynaz Caballero) y hermanos: Enrique, Francisc@, Loreto y Mariano  - 

Ignacio Agramonte y Amalia Simoni  tuvieron dos hijos: Ignacio Ernesto y Herminia; 

Ignacio Ernesto Agramonte Simoni,  al menos , tuvo tres hijos: Ignacio Eduardo, Jorge y Osvaldo:


En Facebook se lee este comentario de una persona que se identifica como Diana M. Cortina: 

Yo fui muy amiga de los hijos de Ignacio, la única que vive es Amalia y vive en Tallahassee, eran Aidita, Amalia, Herminita, e Ignacio. Las de vista Hermosa calle10 era Jorge el papá de  Estela y Jorge .Herminia, al menos tuvo dos hijos:


 

Etiquetas: , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...