lunes, diciembre 09, 2024

Videos y escritos desmontando falacias sobre la Segunda República Española, la Guerra Civil y la persona de Francisco Franco Bahamonde.

Desmontando  falacias sobre la Segunda Repúbliva Española, la Guerra Civil  y la persona de  Francisco Franco Bahamonde.

Francisco Franco Bahamonde (4 de diciembre de  1892 – 20 de noviembre  1975) saludando 

Por Pedro Pablo Arencibia

9 de diciembre de 1014

En estos últimos años  he visto con mucha preocupación hechos  que están  sucediendo en España  entre los que se encuentran las dos Leyes de la Memoria Histórica; la primera aprobada por la legislatura  durante el gobierno del Presidente  José Luis Rodríguez Zapatero   y  la segunda por el Presidente Pedro Sánchez Pérez-Castejón, ambos del  izquierdista Partido Socialista Obrero Español (PSOE),   así como    ¨colonización¨de casi todas las instituciones;   por parte del gobierno  que dirige  el Presidente del Gobierno Españoll  Pedro Sánchez.   Esta preocupación  comenzó  en mí cuando Zapatero,  de manera furtiva y sin referendum, retiró la estatua de Francisco Franco  que estaba en Madrid;  hoy Zapatero es cómplice de la dictadura de  Nicolás Maduro  en Venezuela.

Mi preocupación aumentó cuando eñ el gobierno del Presidente  Mariano Rajoy Brey  siendo  del Partido Popular (PP) que supuestamente era  un  partido de centro-derecha que tenía mayoría absoluta en el Congreso de Diputados (que es el nombre del Parlamento en España pues, según la constitución, en España la forma de gobierno es una monaequía parlamentaria  y no una monarquía constitucional como  muchas personas creen) no derogó,  teniendo  la mayoría absoluta la Ley de la Memoria Histórica de Zapatero pese a que desde el año  2008  se habían  encontrado  las actas  originales de las elecciones de febrero de 1936 donde se constata que la derecha,  mediante la coalición conocida por  Confederación Española de las Derechas Autónomas  (CEDA) fue ampliamente la ganadora  y no el Frente Popular (coalición de las izquierdas, los separatistas catalanes y los anarquistas )  el cual llegó al poder mediante un ftaude electoral o ¨pucherazo¨  al quitarle al menos 50 escaños  a la derecha. 

 La actitud cobarde  del centro-derechista  Niceto Alcalá Zamora  y la agresividad del ¨Lenin español¨, miembro del PSOE,  Francisco Largo Caballero, y  de los socialistas  Manuel Azaña  e Indalecio Prieto hacen siluetas con la actitud de  algunos líderwa políticos españoles de hoy  Muchos más detalles sobre el gran fraude electoral de febrero de   1936 se encuentran en este video de hace poco más de   7 años.


El fraude electoral de 1936


Pero vayamos  un poco antes de ese descomunal fraude 

Según sl manifiesto fundacional  de la  Agrupación al Servicio de la República (ASR),  el cual fue publicado en el periódico madrileño El Sol el 10 de febrero de 1931, dicha asociación  fue un movimiento político español creado por José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala con vistas a «movilizar a todos los españoles de oficio intelectual para que formen un copioso contingente de propagandistas y defensores de la República española»

En el artículo de Francisco Cuaresma, publicado el 9 de mayo de 2023,   titulado La decepción de los padres de la II República: Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón se aborda con detalles la decepción que  esos  padres de la II República tuvieron al ver en lo que se había convertido su soñada II República,  A continuación dicho artículo: 


 ANTONIO MACHADO Y RUIZ (1875-1939), GREGORIO MARAÑON  (1887-1960) JOSE ORTEGA Y GASSET (1883-1955) y RAMON PEREZ DE AYALA (1888-1962)

El pasado 14 de abril la izquierda española no perdió la oportunidad para ensalzar las bondades de la Segunda República. Alberto Garzón, por ejemplo, aseguró que el periodo republicano fue un intento de construir un régimen democrático y social, siendo abortado por una oligarquía golpista.

Dejando a un lado el relato tan simplón y pueril, no está de más en insistir en que aquella etapa tuvo poco de democrática, pues habrá mucha gente bienintencionada que todavía lo crea a estas alturas. Prueba inequívoca de ello es que los principales alentadores de los vientos de cambio republicano en 1931 acabaron decepcionados una vez la maquinaria del nuevo régimen comenzó a girar. Este desencanto se cristaliza en tres nombres: Ortega y Gasset, Pérez de Ayala y Gregorio Marañón.

Los tres intelectuales contribuyeron con sus plumas a la llegada del régimen republicano. Probablemente más que Queipo de Llano, los fusilados Galán y García Hernández y todos los firmantes del Pacto de San Sebastián. Años más tarde aquel triunvirato acabaría lamentando con inmensa amargura su nefasta contribución.

Probablemente de los tres el más entusiasta republicano fue Ortega y Gasset. El filósofo, radicalmente contrario a la dictadura de Primo de Rivera, publicó el 30 de noviembre de 1930 un mítico artículo en el diario El Sol llamado El error Berenguer. En opinión del intelectual, Alfonso XIII había unido su destino al de Miguel Primo de Rivera al aceptar la dictadura del militar. Tras la caída del dictador jerezano, Gasset consideraba que no podía hacerse como si nada hubiese pasado. Sus críticas a Alfonso XIII le convirtieron en generador de corrientes de opinión en favor de la República. Con sus columnas terminó por atraer a su trinchera a otros dos intelectuales de renombre: Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. Aquel famoso trío terminaría fundando el 10 de febrero de 1931 la Asociación al Servicio de la República, siendo conocidos como Los padres de la República.

No tardó demasiado tiempo Ortega y Gasset en arrepentirse de haber contribuido a la llegada del nuevo régimen. Conocidísimo es su artículo titulado No es esto, no es esto, publicado en septiembre de 1931, sólo unos meses después del nacimiento. En el mencionado artículo advertía lo siguiente: «La República es una cosa. El radicalismo es otra. Si no, al tiempo». Gasset, representante de una derecha moderada y liberal, no podía permanecer impasible ante los signos revolucionarios y de autoritarismo que desde bien temprano empezaba a mostrar la neonata república.

Con el paso de los meses, el descontento no hizo sino aumentar. Hastiado con la arbitrariedad y sectarismo de las autoridades republicanas, decidió disolver la Asociación al Servicio de la República, en septiembre de 1932.

El inicio de la Guerra Civil le sorprendió en Madrid, donde pasaría los primeros meses del conflicto. Allí tuvo que soportar la continua presión de milicianos frentepopulistas para que firmara manifiestos en favor de la República. En una de aquellas visitas lo amenazaron con la muerte si se negaba a firmar el manifiesto que los milicianos llevaron consigo. Sintiendo el aliento de los milicianos en la nuca, y viendo el clima de represión generalizada que se había desatado en el Madrid republicano contra todo aquel considerado desafecto al régimen, consideró que era mejor hacer las maletas y poner tierra de por medio. Así, emprendió viaje a París en agosto de 1936. Instalado en el país galo, vio como sus dos hijos se alistaron en el ejército nacional.

También Gregorio Marañón experimentó el mismo proceso interno —a nivel político— que Gasset. Tanto se implicó Marañón en conseguir el éxito de la causa republicana que prestó su casa para que los líderes republicanos negociasen la transición con los monárquicos el mediodía del 14 de abril. Una vez estallado el conflicto, también sufrió la presión de los milicianos. Viendo peligrar su vida, se refugió con su familia en la embajada de Polonia, desde donde consiguió escapar hacia París. Volvería a España en 1945. Durante la guerra, su hijo Gregorio dejó la comodidad parisina para alistarse en el ejército de Franco. El vástago del ilustre médico terminaría siendo procurador en las Cortes franquistas. En marzo de 1939 escribiría Marañón en una carta a Pérez de Ayala: «Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España. Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos».

El mismo recorrido vital de Ortega y Marañón fue el que realizó Pérez de Ayala. De ser un acendrado republicano pasó a mostrar su apoyo al ejército de Franco una vez estallada la guerra. El que fuese Premio Nacional de Literatura había sido el tercer firmante de del manifiesto de la Agrupación al Servicio de la República. Fue diputado hasta 1933, director del Museo del Prado y embajador en de España en Londres. De su último cargo dimitió en junio de 1936, viendo la deriva revolucionaria en la que España se había imbuido tras la victoria del Frente Popular. En el año 1938 publicó un artículo para el diario The Times en el que mostraba su apoyo a la causa franquista: «Desde el comienzo del movimiento nacionalista, he asentido a él explícitamente y he profesado al general Franco mi adhesión».

Desde el exilio francés los tres ilustres españoles intentaron quitar la venda de los ojos a aquellos intelectuales extranjeros que, probablemente bienintencionado pero equivocados, hacían campaña en favor de la causa republicana.

Aquellos tres intelectuales soñaron con una República civilizada que significara un soplo de aire fresco. Aire que trajera consigo las reformas que la España de 1931 pedía por los cuatro costados. No pudo ser. Y por ello repitieron en numerosas ocasiones su arrepentimiento por haber colaborado en el advenimiento de la República. Cierto es que después de la guerra no fueron fervorosos franquistas, pues el régimen nacido en Burgos en el año 1936 los miraba con cierta distancia. Pero es innegable que el testimonio de aquellos tres hombres libres sirve para dar buena cuenta de que la Segunda República no fue un paraíso terrenal.

Una vez más la realidad histórica, gélida e inalterable, escapa de las garras de los políticos manipuladores que únicamente pretenden sembrar discordia. La Segunda República no fue aquel oasis de paz, prosperidad y libertad que nos intenta vender la izquierda política con la colaboración de sus distintos satélites. Y no hay mayor prueba de ello que la enorme decepción y sentimiento de amargura que invadió a aquellos intelectuales que hicieron posible el nacimiento de aquel régimen.

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¿POR QUÉ ESTALLÓ LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA? - Fernando  Paz LO EXPLICA


En el año 2014 en el canal Periodista Digital, de YouTube, se publicó  una entrevista al  relevante  historiador y divulgador Pío Moa, autor  de varios libros  sobre los orígenes de  la Guerra Civil,  la Guerra Civil, Franco y el Franquismo que han tenido una gran venta.  Sobre Pío Moa  tomo un fragmento de lo que aparece  en  Wikipedia  sobre él: 

¨... Comunista en su juventud, durante sus primeros años participó en la oposición antifranquista como uno de los miembros fundadores de la organización terrorista marxista-leninista GRAPO. Expulsado del mismo en 1977 y condenado a un año de prisión en 1983, su pensamiento fue evolucionando hasta pasar a sostener posiciones políticas conservadoras y defensoras de muchos aspectos de la dictadura de Franco.

Defensor de la figura de Franco y de muchos aspectos de la dictadura franquista, ha señalado que «Franco debe […] recibir la gratitud y el reconocimiento de la mayoría de los españoles».3​ Moa culpa al Partido Socialista Obrero Español de causar la Guerra Civil, principalmente por su apoyo a la Revolución de 1934, abortada por el general Franco, que se mantuvo leal a la República. De igual manera, considera que la actual democracia es heredera del régimen franquista, que según Moa experimentó una «evolución democratizante»,4​ y no de las izquierdas del Frente Popular, según él totalitarias y antidemocráticas, y que dejaron un legado de «devastación intelectual, moral y política».¨

A continuación la entrevista de marras  que se le hizo a Pío Moa a raíz de  la edición  44 de su libro Los Mitos de la Guerra Civil:



El Toro TV
noviembre, 2024

Francisco Franco, el dictador que no dictaba


Mucho más sobre Franco  en el siguiente video entre los instantes 57:00  y 1:20:36

El Gato al Agua
22/11/24


Un profesor de Matemáticas  y  excomunista le explica de manera  clara y amena  a Pedro Sánchez,  actual Presidente  del Gobierno Español, la obra de gobierno de Francisco Franco.




Francisco Franco conversando con el actual Rey Felipe VI 


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A continuación   uno de los mejores artículos que he leido sobre  las causas y orígenes del levantamiento  militar del 18 de julio de 1936 y de la Guerra Civil Española ; su autor es  Stanley G. Payne,  Profesor Emérito de la Universidad de  Wisconsin-Madison, que trabaja en el Departamento de Historia de dicha universidad.


El camino al 18 de Julio

Por Stanley G. Payne
Nº 67-68

Conferencia pronunciada por el autor en el Centro Superior de Estudios de la Defensa (Ceseden), Madrid, el pasado 8 de marzo, con motivo de la presentación de su libro del mismo título.

La guerra civil de 1936 marcó el punto de inflexión en la historia contemporánea de España y, durante su curso, José Ortega y Gasset subrayó la importancia de "estar bien informado" al término de su "primer y más sustancial capítulo", que definió como "su origen, las causas que la han producido". Por lo general, la sección sobre las causas y los orígenes inmediatos es la parte más débil de las historias de esta guerra, un asunto que con frecuencia es soslayado o en gran parte ignorado. El objetivo de esta conferencia es aceptar el desafío de Ortega, enfocando los orígenes inmediatos del conflicto, que pueden estar entre los siete meses de diciembre de 1935 y julio de 1936.

Este análisis no presupone ninguna inevitabilidad o determinismo histórico en el proceso, porque todo lo que pasó fue la consecuencia de una serie de políticas y decisiones, que bien pudieron haber sido cambiadas o puestas al revés. Y ello parece haber sido el caso hasta una fecha tan cercana al inicio del conflicto como el 14 o 15 de julio. Como se verá, al final hubo varias decisiones explícitas para no dar marcha atrás.

Muchas veces se ha dicho que España estaba demasiado atrasada, o que el contexto internacional era demasiado negativo, para permitir el desarrollo de un régimen constitucional y democrático, pero lo único que podemos verificar es lo que de verdad pasó. Y así tenemos que durante cuatro años y medio el sistema funcionó esencialmente como un régimen constitucional y democrático, es decir, cuando los actores principales deseaban que funcionara así. El régimen sobrevivió a la quema de conventos en 1931, las tres insurrecciones anarquistas de 1932-33, la débil intentona militar de 1932 y hasta a la gran insurrección de los socialistas en 1934 para imponer el socialismo revolucionario y la declaración de independencia de la Generalidad de Cataluña.

Sobrevivió también a las insistentes exigencias de los partidos de izquierda de pretender anular los resultados de las primeras elecciones democráticas en la historia de España, cuando en noviembre-diciembre de 1933 presentaron una serie de cuatro propuestas al presidente de la República, Alcalá-Zamora, para anular la expresión de la democracia. Aquel fue el mejor momento de Alcalá-Zamora, quien se mantuvo firme a favor de los procedimientos constitucionales.

En cambio, su actuación fue muy diferente durante la vida de las Cortes elegidas en dichas elecciones. Durante 1934 y 1935, Alcalá Zamora interfirió frecuentemente para obstaculizar las actividades del Gobierno parlamentario. Finalmente, acabó con la vida de aquellas Cortes de un modo más que arbitrario, que fue denunciado por casi todos los políticos democráticos del centro. El propio presidente de la República marcó el primer jalón decisivo en el camino al 18 de Julio cuando en diciembre de 1935 vetó la formación de un Gobierno con mayoría parlamentaria, pese a que tal mayoría existía, y luego, un mes más tarde, puso fin a la vida de aquellas primeras Cortes democráticas de modo absolutamente arbitrario al disolver el Parlamento cuando le quedaban aún dos años más de vida.

Otros dos años de Gobierno parlamentario estable hubieran calmado posiblemente al país, y evitado la erosión de la democracia y la guerra. Aún más, el presidente de la República nombró a un Gobierno de gestión sin representación alguna en las Cortes, presidido por un asociado personal, Manuel Portela Valladares, que ni siquiera tenía escaño. Para colmo de males, le encargó la creación de un nuevo partido del presidente de la República –una vuelta a los antiguos estilos caciquiles–, con el objetivo de que desde el Gobierno tratase de fomentar y manipular los resultados de las nuevas elecciones. Así, el mismo presidente de la República, del modo más insistente y terco, creó el primer jalón en el camino.

Un segundo jalón fue la formación del Frente Popular, que fue muy diferente de su homónimo en Francia. El Frente Popular francés fue una alianza principalmente de partidos democráticos para defender y fortalecer la democracia en su país. El Frente Popular español fue la alianza de la mayor parte de los partidos que ya habían rechazado la democracia electoral durante 1933-34, y su intención fue la de convertir la República en otro régimen exclusivamente de izquierdas, para anular totalmente la influencia y actividad del centro y las derechas. Aún más, fue una alianza contradictoria entre los partidos de la izquierda burguesa y los movimientos revolucionarios, que no proponía un Gobierno mayoritario y era incapaz de lograr otro programa, salvo uno mínimo electoral, que permitiría divergencias profundas después. Se formó sobre la base de la total incertidumbre en cuanto al porvenir, que recordaba el clásico dicho leninista de –"quién explota a quién"–, un pulso que fue ganado por los movimientos revolucionarios, quienes consiguieron doblegar a la izquierda burguesa.

Tal vez el jalón más importante fue el largo proceso electoral que se desarrolló desde febrero a mayo de 1936. Durante ochenta años, los propagandistas de izquierdas han insistido hasta la saciedad en la "legitimidad" de un Gobierno "democrático elegido". Y pese a que fue siempre evidente que las tres últimas fases de ese proceso fueron fraudulentas, hemos creído durante casi un siglo que la primera vuelta de las elecciones del 16 de febrero fue democrática en sus procedimientos, pero ahora resulta que ni siquiera eso fue cierto. Según las nuevas investigaciones de dos historiadores jóvenes, que serán publicadas hacia el final de este año, no es exacto, sino que los grupos de izquierdas llevaron a cabo una serie de asaltos, manipulaciones y falsificaciones que alteraron los resultados en al menos seis provincias, que convirtió lo que parece haber sido aproximadamente un empate en la votación popular en una victoria clara, aunque por estrecho margen, del Frente Popular.

La campaña electoral de febrero del 36 fue la más violenta de la historia de España, con más de cuarenta muertos, y la violencia de las izquierdas continuó en la segunda vuelta del primero de marzo, lo que provocó la retirada de las derechas de la misma, aunque había pocos escaños en disputa. La tercera fase comenzó con la reunión de la Comisión de Actas de las Cortes nuevas el 25 de marzo, que anuló aproximadamente 35 escaños de las derechas para otorgárselos al Frente Popular. Casi todos los historiadores, hasta un historiador comunista como Manuel Tuñón de Lara, han condenado este paso tan fraudulento. La última fase tuvo lugar el 5 de mayo, en la repetición de las elecciones en las provincias de Cuenca y Granada, con la supresión violenta y casi completa de las derechas. Fue el proceso más largo y más violento de la historia electoral del país, y un proceso extensamente fraudulento, cuyos resultados falsificados abrieron el camino al 18 de julio.

Otro jalón en la erosión de la democracia tuvo lugar cuando Alcalá-Zamora rechazó la petición de declarar el estado de guerra el 17 de febrero. Ello habría cortado el proceso de fraude, y pudiera haber cerrado el paso al deterioro constante de la ley y el orden a partir de ese momento.

La formación apresurada y anormal del Gobierno de Manuel Azaña el 19 de febrero constituyó el siguiente paso, porque inició una política dual: fue dual en el sentido de lo que hacía y lo que dejaba de hacer. Por un lado llevó a cabo una serie de abusos fundamentales –cierre de los colegios católicos, eliminación total del culto en algunas parroquias, expulsión de curas, leyes nuevas para garantizar un control político y unilateral de los jueces y los tribunales, inclusión de milicianos revolucionarios como delegados de policía (utilizando a criminales, a veces ya juzgados y condenados, para pretender aplicar la ley)– y, a largo plazo, al comienzo de un proceso para ilegalizar a las organizaciones de derechas. Todo ello con un rechazo absoluto al concepto y a la práctica de un Gobierno igual para todos.

Desde otros ámbitos de las izquierdas burguesas meramente se dejaba hacer, rehusando que se aplicara la ley a sus aliados del Frente Popular, de cuyos votos dependían. Esto abrió paso a un elenco casi increíble de desórdenes y atropellos. Cualquier alternativa a esto amenazaba con "romper el Frente Popular", y Azaña aseguró en varias ocasiones que estaba dispuesto a cualquier cosa menos a que eso ocurriera. A veces se actuaba contra los anarquistas, que no formaban parte del Frente Popular. En algún momento hubo cierta reacción de parte del Gobierno, con iniciativas mortíferas de las fuerzas de orden, pero era espástica y episódica, todo lo contrario de una política metódica.

No hubo nada más decisivo –aparte de las elecciones– en el camino al 18 de Julio que la larga secuencia de desórdenes y atropellos de todos los tipos, sin comparación con la experiencia de cualquier otro país europeo de la época con régimen parlamentario en tiempos de paz. Los españoles tienen fama –inexacta y falsa– de ser impacientes, pero su capacidad de aguantar abusos durante los largos meses de desgobierno de Azaña y Casares Quiroga no tuvo parangón en cualquier otro país.

Tales abusos fueron:

Una ola de huelgas iniciada en la primavera, muchas de ellas sin objetivo económico alguno, más allá de pretender la dominación de la propiedad privada, y que a menudo estuvieron acompañadas de violencia y destrucción de propiedades.

La incautación ilegal de propiedades, sobre todo en las provincias del sur, en ocasiones legalizadas a posteriori por un Gobierno sometido a la presión de los revolucionarios. Los efectos económicos fueron en gran parte destructivos, dado que no fomentaron la modernización y la productividad, sino la redistribución de la pobreza, sin capital y sin desarrollo tecnológico.

Una cadena de incendios provocados y la destrucción de propiedades, sobre todo en el sur.

La incautación de iglesias y propiedades eclesiásticas en el sur y el este, así como en algunas otras zonas del país.

El cierre de colegios católicos, que provocó el comienzo de una crisis educativa, así como la supresión de las actividades religiosas católicas en varias localidades, que estuvo acompañada de la expulsión de sacerdotes.

Un importante declive económico, que rara vez ha sido estudiado, y nunca en detalle, con una seria caída de la bolsa, la fuga de capitales y, en algunas provincias del sur, el abandono de los cultivos, dado que los costes de la recolección superaban con creces el valor de la cosecha.

La amplia extensión de la censura, con una grave limitación de las libertades de expresión y reunión.

Varios miles –no se sabe cuántas fueron– de detenciones políticas arbitrarias de miembros de partidos derechistas, que culminaron con el secuestro de Calvo Sotelo.

La impunidad en la comisión de los delitos para los miembros de los partidos frentepopulistas, que apenas sufrieron arrestos. En ocasiones se detuvo a anarquistas, ya que estos no eran miembros del Frente Popular.

La politización de la Justicia mediante nuevas políticas y leyes, con el fin de facilitar las detenciones y los procesos políticos arbitrarios e ilegalizar a los partidos derechistas, reemplazando a jueces según el capricho del Gobierno. Pese a las cuatro insurrecciones violentas de los movimientos revolucionarios contra la República –sin contrapartida entre los partidos derechistas–, ninguno de ellos fue acusado de delito alguno, pues la justicia había pasado a estar politizada, de acuerdo con el programa del Frente Popular.

Cambios arbitrarios de funcionarios y personal en los gobiernos provinciales y municipales en muchas provincias, a veces para eliminar a los representantes elegidos, para favorecer a los representantes de los partidos frentepopulistas.

El comienzo de un proceso de disolución oficial de los grupos derechistas, comenzando con los falangistas en marzo, los sindicatos católicos en mayo, y la pretensión de actuar de igual forma contra los monárquicos de Renovación Española en vísperas de la Guerra Civil. Cuando el Tribunal Supremo anuló la ilegalización de Falange a primeros de junio, el Gobierno no hizo el menor caso, sino que promovió aún más detenciones de sus altos cargos y responsables. El proceso se diseñó para crear las condiciones para el monopolio político de izquierdas, que se alcanzó, en primer lugar, en las agrupaciones sindicales. Los azañistas la llamaban la "República de izquierdas", y los comunistas, la "República de tipo nuevo".

La subversión de las fuerzas de seguridad gracias a la reincorporación de los elementos revolucionarios, algunos de ellos procesados con anterioridad por sus acciones violentas y subversivas. Uno de ellos estuvo al mando del escuadrón que asesinó a Calvo Sotelo. Igual de notoria fue la incorporación de activistas socialistas y comunistas como delegados de policía, nombrados ad hoc como policías suplentes. Ello continuaba el precedente sentado por el Gobierno de Hitler en 1933, cuando nombró a activistas violentos y subversivos de la SA y las SS como Hilfspolizei especiales.

El incremento de la violencia política, aunque su extensión fuera muy desigual en las distintas zonas del país. Algunas provincias experimentaron una relativa calma, mientras que en otras existió una violencia política frecuente, sobre todo en las ciudades de mayor tamaño. En seis meses y medio fueron asesinadas más de cuatrocientas personas.

Todo ello creó una situación que hasta historiadores con simpatías por las izquierdas han definido como "prerrevolucionaria", sin el menor precedente en otro país europeo en tiempos de paz internacional.

Una pregunta básica es: ¿cuáles fueron los proyectos exactos de los movimientos revolucionarios para pasar de estas condiciones prerrevolucionarias a la revolución directa? Entre 1932 y 1934 los anarquistas y los socialistas habían lanzado cuatro insurrecciones violentas para imponer dictaduras revolucionarias, y todas habían fracasado. Habían aprendido la lección siguiendo el consejo que León Trotsky apuntó en su Historia de la revolución rusa, cuando subrayó que los revolucionarios deben pretender actuar a la defensiva e iniciar la revolución bajo el disfraz de contestar a una agresión de los contrarrevolucionarios. De ahí que ni la FAI-CNT, ni el PSOE-UGT ni el pequeño POUM leninista tuvieran planes para lanzar una insurrección inmediata, sino de continuar con el desgaste del sistema republicano y capitalista. Concretamente, el principal sector revolucionario –los caballeristas del PSOE-UGT– pensaban provocar a sectores del Ejército para que se sublevaran y resolver la crisis subsiguiente con una huelga general, que les permitiría hacerse con el control del Gobierno republicano de un modo semilegal, con la excusa de haber actuado a la defensiva.

Hasta los comunistas habían cambiado de táctica. Hasta 1935 la Internacional Comunista, o Comintern, había seguido una política guerracivilista a ultranza, con el resultado de que perdió las contiendas en todos los países salvo en Rusia. Por eso en 1935 decidió cambiar, para adoptar la táctica fascista de formar alianzas y explotar la "legalidad burguesa". De ahí los orígenes del Frente Popular. En 1936 el PCE fue el único movimiento revolucionario en España que desaconsejó terminantemente la táctica de revolución y guerra civil, sino que insistió en explotar el sistema utilizando medios legales o semilegales (con casi todas las instituciones en manos de las izquierdas) para ilegalizar completamente a las derechas, usando las instituciones de la República democrática para transformarla con poca violencia en una "República de tipo nuevo": la República Popular revolucionaria (algo plenamente logrado meses después, en la Guerra Civil).

Las izquierdas han insistido muchas veces en que las derechas no eran pacientes, que rechazaban las "reformas". En su mayor parte eso es categóricamente falso. Lo contrario sería lo más acertado, en vista de las reiteradas declaraciones de los grupos de empresarios. Las reformas sí fueron aceptadas, salvo algunas de las más extremas, que destruían la economía, pero en cambio se pedía respeto a la Constitución y a ley y el orden, para poner fin a los actos ilegales y violentos. En mayo, los propietarios de hoteles en Barcelona ofrecieron ceder una parte de sus acciones a los empleados y hacerlos propietarios también, si abandonaban las huelgas salvajes y las demandas exorbitantes. A mediados de ese mes, la Federación Patronal Española y la Confederación Española Patronal Agrícola anunciaron oficialmente que aceptaban todos los cambios impuestos por la ley, dejando claro que con ello estaban al límite de sus posibilidades, y pidieron una vuelta a la ley y el orden. En la provincia de Córdoba hasta los pequeños propietarios que pertenecían a los partidos republicanos de izquierda presentaron una petición al Instituto de Reforma Agraria para que éste se ocupara de sus propiedades, pagando la compensación especificada por la ley, porque en las condiciones del momento el cultivo resultaba inútil.

El 7 de junio un manifiesto firmado por 126 asociaciones empresariales de todos los tipos aceptó la gran mayoría de los cambios recientes y hasta algunas de las propuestas nuevas, pero pidió angustiosamente medidas para frenar la anarquía. Se pidió un nuevo arbitraje, más justo y neutral, y un nuevo acuerdo oficial, similar al que había negociado el Gobierno del Frente Popular francés. A fines de junio, una asamblea general en Madrid de las Cámaras de Comercio de toda España pidió esencialmente la misma cosa.

¿Cuál fue la respuesta de los partidos políticos del centro y de la derecha? Protestaron mucho en las Cortes, el único foro del país que no estaba sometido a censura, y fuera de eso se frotaron las manos la mayor parte del tiempo, acción que no tuvo la menor eficacia. Finalmente, el 25 de mayo, Felipe Sánchez Román, amigo personal de Azaña y jefe de un diminuto Partido Nacional Republicano (un pequeño grupo moderado de centro-izquierda), propuso públicamente la formación de un nuevo Gobierno de alianza de las fuerzas del centro y de las izquierdas moderadas, para formar un Gobierno con plenos poderes, al objeto de restaurar la vigencia de la Constitución, que ya por entonces se había eclipsado. Un mes más tarde, Miguel Maura, un político democrático del centro, que había sido uno de los fundadores de la República, propuso lo mismo en una serie de artículos en El Sol llamando a tal alternativa "una dictadura constitucional republicana". Sabemos que el partido de Azaña discutió las propuestas apoyadas por algunos personajes del mismo partido, como Claudio Sánchez Albornoz, pero las rechazó terminantemente, prefiriendo mantener el statu quo de desgaste del orden constitucional.

El Gobierno afirmó de forma clara que rechazaba cualquier diálogo en serio, y que esperaba la sumisión total de las derechas. La CEDA, el único partido derechista de masas, no tenía una sección paramilitar, aunque parte de su juventud estaba radicalizándose. Los carlistas, que fueron pocos, preparaban sus propias milicias, pero rechazaban la cooperación con otros grupos. Los monárquicos alfonsinos buscaban armas en Roma sin éxito, porque Mussolini juzgaba la vida política española como una especie de jaula de grillos sin provecho alguno. Los falangistas crecían rápidamente en militancia y afiliados luchando y asesinando, pero habían sido ilegalizados a mediados de marzo, y no podían formar milicias propias de alguna importancia.

La extrema derecha miraba al Ejército, y varios sectores militares habían comenzado a conspirar no contra la República sino contra el Frente Popular, pero sin el menor éxito. La verdad es que la gran mayoría de los oficiales no querían alzarse en armas, porque ellos mismos estaban muy divididos en términos políticos, y ningún mando importante en activo estaba dispuesto a servir como líder. Tres meses después de las elecciones, cualquier foco de rebelión dentro del Ejército quedaba disociado e incierto, por no decir confuso.

Finalmente, el general de brigada Emilio Mola, que mandaba las fuerzas del pequeño cuartel de Pamplona, se presentó para organizar una conspiración militar a escala nacional. Hacia finales de mayo había logrado el reconocimiento de los pocos elementos dispuestos a comprometerse en tal empresa. Lo que Mola propuso fue una reforma tajante de la República para restaurar la disciplina, descartando totalmente la restauración de la Monarquía. Aun así, a finales de junio calculaba que solamente un quince por ciento de los oficiales estaban dispuestos a participar en una revuelta armada, y Francisco Franco no formaba parte de tal minoría. Finalmente, Mola llegó a un acuerdo limitado con los falangistas, pero el 9 de julio las negociaciones con los carlistas fracasaron y Mola quedó amargado y desesperado. Miraba con buenos ojos la propuesta de Miguel Maura de formar una "dictadura constitucional republicana", pero también veía que eso no parecía tener el menor apoyo de parte del Gobierno. No sabía si atreverse a dar un salto en el vacío, o si era mejor dimitir y huir al extranjero.

De ahí la gran importancia del secuestro y magnicidio de José Calvo Sotelo en Madrid la noche del 12-13 de julio. Su enorme resonancia en España no fue consecuencia de otro asesinato más, en el largo elenco de las más de cuatrocientas personas muertas violentamente en aquellos meses, y ni siquiera porque fuera uno de los dos más importantes portavoces de la derecha en las Cortes, sino por la forma en que se hizo y por la identidad de los asesinos. Un diputado del Parlamento no podía ser detenido legalmente sino por votación de las mismas Cortes, pero Calvo Sotelo fue secuestrado en su casa durante la noche y asesinado poco después por un escuadrón ilegal de Guardias de Asalto y cuatro milicianos del Partido Socialista mandados irregularmente por un capitán de la Guardia Civil, que había sido repuesto en sus funciones después de una condena a treinta años por haberse amotinado en 1934 en el intento de derrocar el régimen. Ellos formaron la primera de las checas de Madrid, y uno de los socialistas asesinó al jefe monárquico con un tiro en la nuca, al estilo soviético. La conmoción que produjo la expresó en una carta Gregorio Marañón dos días después. Marañón había votado al Frente Popular en febrero, pero ahora afirmaba: "Todo el país está indignado, como no lo ha estado jamás", subrayando estas últimas palabras con su propia mano.

Aquel magnicidio salvó la conspiración militar, porque su efecto fue dramático y eléctrico, llegó a ser el gran catalizador de una sublevación militar que, desde ese instante, podría tener posibilidades de alcanzar una dimensión importante. El propio Franco se comprometió totalmente con la sublevación por vez primera, y miles de oficiales le acompañaron.

La mañana de aquel asesinato pudo darse casi la última oportunidad para abandonar el camino al 18 de Julio y dar marcha atrás. Pero ¿cuál fue la reacción del Gobierno de Santiago Casares Quiroga? Prácticamente ninguna. Prometió una "investigación" rutinaria, como si se tratara de un accidente de tráfico, que luego nunca se llevó a cabo; por el contrario, extendió la censura para tratar de esconder la verdad y detuvo a más derechistas, como si los responsables hubiesen sido ellos.

Aunque luego las izquierdas pasarían muchos años retorciéndose las manos sobre la iniquidad de la sublevación militar, la verdad fue que por aquellas fechas el Gobierno la deseaba y, si necesario fuera, quería provocarla. Sabemos por los testimonios personales de izquierdistas prominentes, como Francisco Largo Caballero, Juan-Simeón Vidarte, Santiago Carrillo y otros, que Casares Quiroga les decía que no buscaba la reconciliación o cualquier intento de evitar la sublevación, sino que la deseaba, porque se sentía absolutamente seguro de poder aplastarla. Al Ejército español se le juzgaba como una especie de tigre de papel, y una victoria fácil daría al Gobierno mayor fuerza e independencia.

Aun en tales condiciones, Mola dudó. Impresionado por la propuesta de Miguel Maura, unas doce horas después del magnicidio, hizo un intento de contactar personalmente con Mariano Ansó, presidente de la Comisión de Guerra de las Cortes. No conocemos sus intenciones a ciencia cierta, pero parece que buscaba alguna comunicación con el Gobierno para averiguar si consideraba alguna iniciativa de moderación o conciliación que hiciera innecesaria la rebelión. De todas formas, Ansó nos dice en sus memorias que rechazó cualquier contacto con Mola, de modo constitucionalmente correcto, pero políticamente –tal vez– desastroso. Al día siguiente, Mola emitió las órdenes finales para la sublevación.

Una vez iniciada la sublevación, el error de cálculo del Gobierno llegó pronto a ser evidente. Después de consumar todo el camino hacia el 18 de Julio, paso por paso, Manuel Azaña se decidió, finalmente, a dar marcha atrás en las primeras horas del día 19 nombrando un Gobierno de izquierda más moderada para lograr la conciliación, pero llegó ya demasiado tarde. Para colmo de males, el último y mayor de sus errores de cálculo lo llevó a cabo veinticuatro horas después, al cambiar radicalmente de criterio y decidirse por potenciar a los revolucionarios entregándoles las armas y, en gran parte, el poder.

Durante ocho décadas, las izquierdas han denunciado la insurrección del 18 de Julio, lo cual, desde un punto de vista partidista, es perfectamente lógico, porque fue mucho más fuerte que la sublevación que habían deseado provocar, y dio al traste con todas sus ambiciones de dominar España. Desde un punto de vista práctico, en cambio, no es tan convincente, porque nunca ha existido un proceso revolucionario que no haya provocado una resistencia contrarrevolucionaria, aunque en ocasiones haya fracasado. Quienes no deseen la contrarrevolución, que no emprendan la revolución. Es así.

Desde muy pronto, la propaganda izquierdista intentó establecer que la sublevación contrarrevolucionaria constituyó una "rebelión en contra de la democracia". De hecho, fue en contra de la erosión total de la democracia, porque si se hubiera mantenido la democracia constitucional nunca habría habido una sublevación de importancia.

Resulta toda una paradoja que el general Franco, aunque no creía en la democracia, estuviera reclamando la conservación y el respeto a la constitución democrática, que durante largo plazo se fue completamente erosionando, hasta su completa destrucción.

Se ha dicho que en España las derechas y el centro no eran pacientes, que deberían haber estado dispuestos a dejarse atropellar indefinidamente, lo que puede ser cierto desde la perspectiva de una lógica partidista, pero no puede ser un argumento histórico, puesto que en términos de historia comparada es totalmente ahistórico, antiempírico y hasta absurdo. En toda la historia, es difícil identificar a un grupo social o político de importancia que hubiera actuado como pedían las izquierdas españolas. Lo que llama la atención es lo contrario, es decir, la extraordinaria paciencia de las derechas en España, incluida la del propio Franco. En muchos países no se hubiese soportado ni la mitad de lo que se venía soportando desde hacía meses en España. Cualquier persona que dude de esta afirmación debe primero hacer la comparación con las tres grandes guerras civiles de la época moderna en los países de habla inglesa –en 1640, en 1775 y en 1861–, y verá inmediatamente que la situación en España era bastante más atroz. Estos países de habla inglesa son a los que, generalmente, se considera que llevan la batuta en democracia moderna y gobierno constitucional, y no se encontrará entre sus ciudadanos la menor disposición a dejarse atropellar indefinidamente.

Uno de los problemas cuando se provoca una contrarrevolución es que ésta, en muchas ocasiones, no supone meramente la anulación de la revolución. Si fuera así, en España, presumiblemente, se habría vuelto a Lerroux y a Gil Robles. Pero, como señaló Joseph de Maistre hace dos siglos, una contrarrevolución no es meramente lo contrario de una revolución, sino que, a menudo, se convierte en una especie de revolución contrapuesta, que es lo que pasó en España. Clausewitz se refirió a lo que en las guerras (y las revoluciones) se denomina el efecto de Wechselwirkung, esto es, de la acción recíproca y de la mutua transformación de la radicalización en el seno de los conflictos. Tal fue el caso del movimiento franquista durante la Guerra Civil, que pronto se desplazó mucho más allá de los en principio limitados objetivos políticos de la conspiración originaria de Mola, para abrazar una revolución nacional, autoritaria y semifascista. Estas antítesis dialécticas no son infrecuentes en la historia, pero España experimentó un doble riesgo. Antes del 18 de Julio, las izquierdas erosionaron la democracia en España por medio de un proceso revolucionario de desgaste constante que duró cinco meses, pero, a su vez, la contrarrevolución creó un radicalismo de oposición igualmente violento, y mantuvo un régimen autoritario durante cuatro décadas. El precio del proceso revolucionario fue, sin duda, elevado.

Es muy simplista creer que el autoritarismo de Franco brotó únicamente de las ambiciones malvadas del propio Franco. Una vez elevado a la jefatura única, el Generalísimo mostró una gran ambición y diseñó ciertos aspectos individuales y personalistas para un nuevo régimen, pero de ningún modo creó la situación autoritaria en que se encontraba España a mediados de julio de 1936. Más bien, la verdad es que fue al revés, que había tratado de evitar que se produjera tal situación, que fue el resultado directo de las condiciones prerrevolucionarias creadas por las izquierdas. Al contrario, el general siempre defendió una política firme que mantuviera la ley y el orden, política que habría evitado el descenso a una situación puramente desordenada y autoritaria.

Hay que reconocer la verdad, y es que en julio de 1936 casi todo el mundo pedía un régimen autoritario para España. La CNT buscaba imponer por la violencia su propia utopía en una fecha indeterminada, los caballeristas y el POUM pedían la imposición de la dictadura del proletariado, los comunistas se afanaban por construir la "República de tipo nuevo", los azañistas y prietistas buscaban una república exclusivamente de izquierdas, eliminando políticamente a la mitad de la nación; los carlistas querían imponer su visión monárquica; los monárquicos alfonsinos deseaban una monarquía autoritaria y corporativista; los falangistas, su llamada revolución nacionalsindicalista, e incluso bastantes personas del centro o de la izquierda moderada pedían públicamente una dictadura constitucional republicana. Fue función de Franco ordenar todo esto, por las buenas o por las malas.

También se ha dicho –falsamente– que entonces nadie deseaba la guerra civil. Lo exacto sería decir que nadie quería una guerra civil tan larga y tan destructiva, o perderla. Pero del mismo modo que había muchos que buscaban un nuevo régimen autoritario los había que buscaban una guerra civil que –eso creían– sería breve, y que iban a ganar. Este fue el objetivo de los comunistas hasta 1935 (aunque luego cambiaron) y de los teóricos marxistas revolucionarios como Araquistain y Maurín, ya que muchos revolucionarios –sobre todo entre los caballeristas– insistían en que nunca podría haber una revolución verdadera sin una guerra civil; naturalmente, una guerra civil ganada por ellos mismos. Todos los marxistas revolucionarios la consideraban una inevitabilidad histórica, mientras los anarcosindicalistas insistían en la redención a través de su gran insurrección revolucionaria, cuando llegara la hora. Los monárquicos y los falangistas igualmente pedían alguna clase de confrontación armada, aunque no pregonaban la guerra civil públicamente con la misma confianza. Mola veía que un golpe de Estado en Madrid sería totalmente imposible (con Franco esencialmente de acuerdo) y que una insurrección militar sólo podía imponerse a través de una guerra civil, aunque también esperaba que fuera breve. Los conspiradores monárquicos pensaban lo mismo, y por eso buscaban armas en Berlín y en Roma, aunque sin éxito. Entre todos ellos, el que durante largo tiempo mantuvo la posición más moderada y responsable fue el propio Franco.

Ironías de la historia. 

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Nota 

La renuencia de Francisco Franco a participar  en la conspiración no era por falta de valor personal: 

¿Quién era Realmente FRANCO antes de la Guerra Civil?


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LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA NO COMENZÓ EL 18 DE JULIO DE 1936 CON EL LEVANTAMIENTO MILITAR ¿CUÁNDO REALMENTE COMENZÓ Y QUIÉNES LA PROVOCARON?

VICENTE GIL | "Valencia, Franco y Notre Dame:  Sectarismo, cobardía y odio"


Especial Tiempos Modernos | El Terror Rojo en la Guerra Civil


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¿LA GUERRA CIVIL ES LA PEOR DE LAS GUERRAS? -  Historiador Experto Fernando Paz RESPONDE y aporta cifras más cercanas a las verdaderas  sobre las muertes en la Guerra Civil Expañola


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Fernando Paz es historiador, profesor, conferenciante y  escritor, reconocido por su especialización en Historia  Contemporánea. Autor de una docena de libros, entre  ellos Europa bajo los escombros, Antes que nadie y La  neutralidad de Franco. Además, con La Esfera de los  Libros ha publicado Núremberg: Juicio al nazismo, una  obra clave en el análisis del legado del Tercer Reich. En televisión, ha dejado su huella como director y  presentador de programas como Tiempos modernos en  Intereconomía TV, dedicado a explorar la Historia, y La  inmensa minoría en El Toro TV, un espacio centrado en  el análisis de la actualidad. Su trayectoria lo  posiciona como una referencia en el ámbito histórico y cultural. ¡Espero que disfrutes de esta entrevista!

A continuación  el video  ÍNTEGRO  de la entrevsta  a Fernando Paz: 

Aladetres

Diciembre 4, 2024

Los SECRETOS OCULTOS de LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA - Fernando Paz



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viernes, septiembre 09, 2022

En paz descanse Su Majestad Isabel II, Iconografía parcial de la Reina Isabel II

 


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Tomado de https://zoepost.com/

En paz descanse Su Majestad Isabel II

Por Zoé Valdés y Redacción ZoePost

08/09/2022

”The Queen Dies”, así anunció la Casa Real británica el fallecimiento de Su Majestad Isabel II, Reina de Inglaterra. Figura emblemática del Siglo XX y de la primera mitad del Siglo XXI, el mundo y Gran Bretaña no serán los mismos sin esta extraordinaria figura de nuestra historia contemporánea.

En paz descanse, Su Majestad.


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Pepe Forte

8 de septiembre,2022

#ReinaElizabeth #ElAticoDePepe #PepeForte

La Ultima REINA


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La Reina Isabel I  y su hija  la Princesa Isabel ¨mecaneando¨  la ambulacia que manejaba al ser Segunda Teniente del Servicio Territorial de Mujeres en el marco de la II Guerra Mundial

Las Princesas Isabel  y Margarita durante la II Guerra Mundial

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Festejando el Fin de la II Guerra Mundial

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Boda con el Príncipe Felipe y un amor para toda la vida

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La joven Reina  Isabel II

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La Reina Isabel II , el Presidente Donald J. Trump, la Primera Dama Melania, el Príncipe Carlos y su esposa Camila

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martes, mayo 31, 2022

Ex General Rafael del Pino: Neozarismo del Siglo XXI (I), Neozarismo del Siglo XXI (II) y Neozarismo del Siglo XXI (III)

 


Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

Neozarismo del Siglo XXI (I)

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Este trabajo aparecerá en tres partes

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Por Rafael del Pino

EEUU

27/05/2022 

Antecedentes

Por siglos, la explotación, el crimen, los abusos y todo tipo de violaciones a los derechos humanos han cobrado la vida de decenas de millones de ciudadanos rusos y de las repúblicas que una vez formaron parte de la extinta Unión Soviética.

Desde las guerras de rapiña del zarismo, pasando por la espantosa época comunista del estalinismo, mucho más despiadado y cruel que el anterior, hasta el fenómeno actual de un gobierno surgido de las cenizas que dejaron más de setenta años de dictadura totalitaria, esa desafortunada región euroasiática retorna al punto de partida de su tenebrosa pesadilla histórica.

Mucho antes de la injustificada invasión a Ucrania por parte de las tropas rusas. Los oligarcas que se apoderaron de las principales riquezas del país, atornillando en el poder a las figuras que mejor convenían a sus intereses, iniciaron el camino a la completa dominación neozarista.

Vladimir Putin, que ha cumplido ya 23 años en el poder, ha sido la persona que más tiempo ha gobernado Rusia desde la Revolución de Octubre, solo superado por Stalin. Su popularidad comenzó principalmente debido a sus acciones durante la segunda guerra chechena, en la que fue percibido por parte de la ciudadanía como un individuo fuerte que estaba “retomando el control” de Moscú sobre la República de Chechenia, y esto fue visto como un resurgimiento del poderío del Estado ruso. Chechenia se había escindido de facto de Rusia tras la caída de la URSS, hasta que Moscú decidió recuperar el control de la república norcaucásica en dos guerras (1995-96 y 1999-2009).

Una de las razones por las que el Estado ruso no colapsó en la década de 1990, coinciden los expertos, fue por la existencia de un acuerdo entre Yeltsin, sus aliados políticos y los oligarcas. Logrando alcanzar cierto equilibrio que permitía la coexistencia de todas las partes. Pero al convertirse en presidente de la Federación, Putin anunció que ese trato se convertiría en cosa del pasado. El líder permitiría a los oligarcas conservar la riqueza que amasaron en los años 90, pero ya no podrían involucrarse en cuestiones políticas. Para Putin, la política rusa estaba exclusivamente en sus manos.

Sin embargo, Mijaíl Khodorkovski, el principal oligarca del país, no estaba de acuerdo con esta visión. Se trataba del hombre más pudiente de Rusia y uno de los más ricos del mundo, según la revista Forbes, pero gran parte de su poderío económico se evaporó de la noche a la mañana tras ser acusado por el gobierno de Putin de evasión de impuestos y fraude durante la década de los 90.

Putin y su círculo le pasaron la cuenta. Lo arrestaron y le confiscaron sus bienes, entre los cuales se encontraba Loukos, que era entonces una de las compañías petroleras más grandes en todo el mundo. Se trató de un momento importante que explica cómo el mandatario ha logrado estar en el poder durante tanto tiempo.

El incidente de Khodorkovski se convirtió en una especie de vitrina que tuvo un efecto escalofriante sobre otros oligarcas que entendieron lo que podría pasarles si tomaban el mismo camino.

En septiembre de 2004, un grupo de hombres y mujeres enmascarados, armados con cinturones explosivos, irrumpieron en la Escuela Número Uno de Beslán, en Osetia del Norte, abriendo fuego en el momento en que terminaba una ceremonia que marcaba el comienzo del año escolar. Tomaron como rehenes a alrededor de 1.000 personas —entre alumnos y maestros— y tras más de 50 horas de secuestro, la operación culminó con 331 personas muertas, 186 de ellas niños. Putin utilizó maquiavélicamente el episodio en la escuela de Beslán para poner fin a la elección directa de gobernadores en las regiones rusas.

Ese evento daba continuidad a la segunda guerra chechena. Cuando Putin se convirtió en presidente su objetivo siempre fue el de mostrar una imagen de hombre fuerte que garantizaría el control de Moscú sobre la República de Chechenia. Pero el incidente de Beslán fue un intento de desafiar ese control en la medida en que los actores paramilitares involucrados pedían independencia, secesión y el fin del control de Moscú en esa zona. Putin lo vio como un ataque directo a su pretensión de ser un líder fuerte y también que no había hecho lo suficiente para centralizar el poder dentro de la Federación de Rusia. Era él quien tenia que tener control. No podía ser desafiado. Y si alguien se atrevía a desafiarlo, las cosas no iban a terminar muy bien para esa persona o para ese grupo de personas.

Bajo su gobierno se produjeron las intervenciones militares no solo en las antiguas repúblicas soviéticas de Chechenia, Georgia, Kirguizistán, Ucrania, Moldavia, sino también en Siria y otras naciones africanas que solicitaron a los mercenarios rusos del Grupo Wagner controlado por el Kremlin.

Hasta la invasión del 24 de febrero de 2022, todo resultaba un paseo para las huestes rusas. Tanto Putin como la mayoría de los analistas militares alrededor del planeta calculaban que el gobierno ucraniano colapsaría en 72 horas después de iniciada la invasión. Incluso así lo declaró frente al congreso norteamericano el general Mark A. Milley, jefe del Estado mayor Conjunto de Estados Unidos.

Para sorpresa de todos, el paseo que esperaba el presidente ruso se convirtió en un sorpresivo camino del infierno. La resistencia, el valor y el heroísmo de los ucranianos le demostró al mundo la fortaleza y el poderío de la razón contra la barbarie y el crimen.

Uno a uno fue fracasando los planes de los invasores, dejando sobre los campos de batalla millares de muertos y equipos de combate de todo tipo. El desastre de las operaciones militares rusas demostró claramente no solo la errónea apreciación de Putin sobre la voluntad de luchar de los ucranianos y la mala planificación de los jefes principales sino también la desmoralización de sus tropas que fueron factores clave en la debacle sufrida.

Después de dos meses y medio de encarnizados combates las fuerzas rusas han quedado tan diezmadas que ya las operaciones ofensivas se han ralentizado de tal manera que no tienen posibilidad alguna de cumplir los objetivos propuestos.

Por lo tanto, cuál podría ser el último recurso que puede tomar el presidente ruso para salirse de tan engorrosa situación que él mismo creó y que de extenderse indefinidamente pueda costarle el poder que tan férreamente ha mantenido.

© cubaencuentro.com

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Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

Neozarismo del Siglo XXI (II)

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Segunda parte de este trabajo

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Por Rafael del Pino

EEUU

27/05/2022 

Posibles escenarios

Putin probablemente tenga la intención de anexar los territorios ocupados el sur y el este de Ucrania directamente a la Federación Rusa en los próximos meses. Es probable que luego declare, directa o indirectamente, que la doctrina rusa que permite el uso de armas nucleares para defender el territorio ruso se aplica a esos territorios recién anexados.

Tales acciones amenazarían a Ucrania y sus aliados occidentales con un ataque nuclear si continúan las contraofensivas ucranianas para liberar el territorio ocupado por Rusia. Putin puede estar convencido que la amenaza o el uso de armas nucleares restauraría la disuasión rusa después de que su desastrosa invasión destruyera las capacidades disuasorias convencionales de Rusia.

El cronograma de Putin para la anexión probablemente dependa de la medida en que entienda el estado degradado del ejército ruso en Ucrania. El ejército ruso aún no ha logrado los objetivos territoriales declarados de Putin de asegurar todas las provincias (óblasts) de Donetsk y Lugansk y es poco probable que lo haga. Si Putin logra entender su debilidad militar, es probable que apresure la anexión e introduzca la disuasión nuclear rápidamente en un intento de retener el control del territorio ucraniano que Rusia ocupa actualmente.

Si Putin cree que las fuerzas rusas son capaces de avances adicionales, es probable que retrase la anexión con la esperanza de cubrir más territorio con ella. En ese caso, su pobre liderazgo y las contraofensivas ucranianas podrían conducir al ejército ruso hacia un estado de colapso.

Putin también podría intentar mantener los ataques rusos mientras moviliza fuerzas adicionales. Podría retrasar el anuncio de la anexión por mucho más tiempo en este caso, esperando hasta que llegaran los refuerzos para ganar más territorio para anexar. A Ucrania y sus aliados occidentales les queda una estrecha ventana de oportunidad para apoyar una contraofensiva ucraniana en el territorio ucraniano ocupado antes de que el Kremlin se anexione ese territorio.

Ucrania y Occidente también deben desarrollar un plan coherente para responder a cualquier anexión y a la amenaza de ataque nuclear que pueda seguirla. Las consecuencias políticas y éticas de una ocupación rusa de larga duración en el sureste de Ucrania serían devastadoras para la viabilidad a largo plazo del Estado ucraniano. Los intereses vitales de Ucrania y occidente requieren el apoyo urgente de Occidente para una contraofensiva ucraniana inmediata.

Putin probablemente tenga la intención de anexar directamente a la Federación Rusa en los próximos meses el sur y el este de Ucrania ocupados para consolidar su control sobre estos territorios y posiblemente disuadir los contraataques ucranianos. El Kremlin probablemente planee anexar gran parte del territorio ucraniano actualmente ocupado por las fuerzas rusas, incluyendo partes de los óblasts de Kherson y Zaporizhia en el sur y las áreas de los óblasts de Donetsk y Lugansk en el este que las fuerzas rusas y sus representantes controlan. Moscú también puede anexar otros estados proxy del Kremlin como Osetia del Sur (en Georgia) y Transnistria (en Moldavia).

Ese establecimiento de condiciones incluye reemplazar los medios locales con medios de comunicación administrados por el Kremlin, instalar redes rusas de Internet y comunicaciones, hacer la transición forzosa de las economías locales al rublo ruso, secuestrar, ejecutar y reemplazar a los funcionarios ucranianos locales con colaboradores rusos, y probablemente perseguir y eliminar a los activistas contra la ocupación y a los guerrilleros que ya actúan en la retaguardia rusa de varias regiones.

Las atrocidades rusas contra civiles ucranianos son parte de los métodos tradicionales establecido por el Kremlin para obtener el control sobre las áreas ocupadas.

El Kremlin ya no oculta sus intenciones de anexar áreas de la Ucrania ocupada. El secretario de Rusia Unida, el partido político de Putin, visitó Kherson el 6 de mayo y anunció que “Rusia está aquí para siempre”.

El subdirector de la Administración Civil-Militar de Kherson, Kirill Stremousov, nombrado por Rusia, anunció el 11 de mayo que Kherson desarrollaría un marco legislativo para unirse a Rusia a fines de 2022 y renunciaría por completo a un referéndum público después de los informes de que las autoridades de ocupación rusas se estaban preparando para un referéndum fraudulento de independencia en Kherson.

Agregó también que la comunidad internacional no reconocía el referéndum (amañado) de Rusia sobre la anexión de la península de Crimea después de que las fuerzas rusas invadieran y capturaran ese territorio ucraniano en 2014, y que, por lo tanto, un referéndum de Kherson no era importante. Stremousov dijo claramente lo que los rusos han tratado de ocultar: Rusia se anexionará Kherson a pesar de la amplia oposición local a la anexión.

La declaración de Stremousov muestra que el Kremlin probablemente se da cuenta de que cualquier intento de llevar a cabo un “referéndum” en Kherson se encontraría con una resistencia generalizada incluso después de meses de brutalización e intimidación rusa de la población local. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, no contradijo a Stremousov en una conferencia de prensa el 11 de mayo, afirmando que la anexión rusa de Kherson “debe tener un trasfondo legal absolutamente claro, justificado y ser absolutamente legítimo, como fue el caso de Crimea”, pero explícitamente no mencionó un referéndum. El jefe regional de Kherson, Volodymyr Saldo, nombrado por Rusia, dijo el 9 de mayo que “si la Federación Rusa está aquí, entonces todo el conjunto de leyes, la estructura y la construcción del poder serán precisamente rusas”. Dijo, además, que esperaba que “se creara algún tipo de distrito federal [ruso], que incluiría las regiones de Crimea,Kherson, y Zaporizhia”, aunque el Kremlin no está obligado a administrar un óblast de Kherson anexionado de esta manera y contraviene regularmente las expectativas declaradas de sus otros representantes.

El Kremlin tiene muchos modelos para la gobernanza de los territorios anexionados basados en el complejo y variado sistema federal de Rusia. Los territorios ocupados podrían incorporarse como óblasts (la unidad administrativa aproximadamente análoga a los estados estadounidenses que comprenden la mayor parte de Rusia), repúblicas (como la península de Crimea anexionada ilegalmente), ciudades federales (como las dos ciudades principales de Rusia, Moscú y San Petersburgo, y la ciudad y la base naval de Sebastopol), o una estructura organizativa completamente nueva.

El Kremlin también podría optar por convertir primero los territorios ocupados en “repúblicas populares” como un paso intermedio, u ofrecer un camino gradual hacia la anexión. Es imposible pronosticar actualmente qué camino hacia la anexión probablemente seguirá el Kremlin, pero los recientes comentarios oficiales rusos señalados anteriormente sugieren que la anexión directa es actualmente la más probable. La ola de anexiones planeada por el Kremlin también podría incluir territorios de poder fuera de Ucrania. El recién elegido líder de Osetia del Sur, una de las dos regiones de poder ruso en Georgia, creada y defendida por el ejército ruso durante y después de la invasión rusa de Georgia en 2008, dijo el 11 de mayo que esperaba una “señal” rusa para celebrar un referéndum sobre la adhesión a Rusia. Su predecesor dijo en su discurso de concesión el 9 de mayo que su gobierno ya había presentado documentos para preparar y determinar una fecha para el referéndum de adhesión.

Funcionarios de Abjasia, el otro Estado proxy ruso en Georgia, dijeron el 31 de marzo que apoyan, pero no comparten las aspiraciones de Osetia del Sur de unirse a Rusia, lo que indica que Abjasia probablemente no será incluida en un barrido de anexión rusa.

Por separado, la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Avril Haines, advirtió el 10 de mayo que Putin busca un puente terrestre a la región separatista moldava de Transnistria.

El Kremlin puede aprobar la anexión de Transnistria o reconocer la independencia de la autoproclamada República Moldava Pridnestroviana para establecer las condiciones para futuras operaciones en Moldavia o el suroeste de Ucrania. Tales acciones rusas probablemente seguirían al establecimiento del control militar de la Ucrania ocupada y tendrían en cuenta el hecho de que Rusia casi con certeza carece de la capacidad militar para apoderarse de las partes de Ucrania, incluida Odesa, que serían necesarias para tal puente terrestre.

Costos y beneficios de la anexión para Rusia

La anexión directa rusa de cualquier área de la Ucrania ocupada cambiaría permanentemente los marcos legales previos a la invasión codificados en los Acuerdos de Minsk II e impediría regresar a cualquier tipo de status quo anterior a la guerra. Por lo tanto, le costaría a Putin la oportunidad que persiguió obstinadamente de 2014 a 2022, tratando de insertar representantes rusos (DNR y LNR) en el sistema político ucraniano como palancas permanentes de influencia. La anexión total del territorio ucraniano excluiría la resurrección de los marcos legales esbozados por los acuerdos de Minsk II, que dependían de tratar a los Estados proxy de Rusia como partes de Ucrania y exigir que Kiev les otorgara autonomía y los derechos a participar en el sistema político ucraniano.

El reconocimiento de Putin de la “independencia” de esos Estados inmediatamente antes de la invasión de febrero ya ha cambiado formalmente la situación. Pero mientras que uno podría teóricamente imaginar a Putin intercambiando esa “independencia” por un retorno al marco de Minsk II, es casi imposible imaginarlo aceptando una retrocesión del territorio que ha anexado formalmente a la Federación Rusa.

Si Putin anexa los territorios ocupados, habrá decidido renunciar a la opción de usar representantes dentro del sistema político ucraniano para reanudar el enfoque de guerra híbrida que había adoptado hacia Ucrania desde 2014.

Probablemente tomaría tal decisión porque sabe que su última invasión ya ha destruido cualquier posibilidad de regresar a esos marcos favorables para el Kremlin, porque teme un colapso militar ruso, o porque busca restaurar la disuasión rusa creíble mediante la introducción de una amenaza nuclear, o las tres variantes.

Independientemente del razonamiento de Putin, Rusia no puede, y no aceptará, un retorno a un status quo anterior a la guerra. Si el Kremlin se anexiona directamente el territorio ucraniano, marcará un cambio fundamental en el enfoque del Kremlin hacia Ucrania, desde la guerra híbrida y la manipulación política hasta la coerción militar directa y, si es posible, la conquista.

La anexión de tierras ucranianas es probablemente la única salida que Putin está interesado en perseguir en este momento. Incluso esta opción para salvar la cara, que está muy por debajo de los objetivos iniciales de guerra del Kremlin de un cambio de régimen completo en Kiev, sería un golpe devastador para Ucrania y es probablemente el resultado mínimo que el Kremlin está dispuesto a aceptar.

Si Putin puede declarar la victoria anexando grandes franjas de territorio ucraniano, puede vender mejor los costos de la guerra a la población rusa y a cualquier audiencia global comprensiva. El Kremlin justificó absurdamente su guerra de agresión no provocada contra Ucrania como la defensa de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk de la agresión “nazi” ucraniana y un supuesto genocidio planificado contra los rusoparlantes.

El Kremlin probablemente evalúa que debe consolidar y justificar sus ganancias anexando al menos las partes actualmente ocupadas de los óblasts de Lugansk y Donetsk si busca mantener esa narrativa y afirmar que logró los objetivos declarados de la guerra.

Una anexión rusa buscaría presentar a Kiev un hecho consumado que impida las negociaciones sobre límites territoriales incluso para un alto el fuego al afirmar que Rusia no discutirá el estado del territorio ruso (anexado ilegalmente a través de la conquista militar), el argumento que el Kremlin ha utilizado con respecto a Crimea desde 2014.

El Kremlin no se involucró seriamente en sus negociaciones superficiales con Ucrania en Estambul en marzo y abril. Después de anexar el territorio ucraniano, el Kremlin enmarcará cualquier demanda de los negociadores ucranianos para la devolución del territorio soberano de Ucrania como solicitudes absurdas para que Rusia renuncie a su propia tierra y las descarte.

Un colapso militar ruso combinado con más éxitos en el campo de batalla ucraniano o la aceptación del Kremlin de que un colapso militar es inminente son probablemente las únicas otras circunstancias bajo las cuales Putin aceptaría algo menos que sus objetivos declarados para esta fase de la guerra.

El colapso no significa necesariamente una rendición masiva o una derrota del ejército ruso. Un colapso militar ruso probablemente sería más o menos análogo al estado del ejército francés de abril a junio de 1917 durante la Primera Guerra Mundial, cuando más de la mitad de las divisiones en el ejército francés se negaron a pasar a la ofensiva debido a la moral destrozada y el liderazgo deficiente.

Las fuerzas rusas en tal estado serían extraordinariamente vulnerables a las contraofensivas ucranianas y el ejército ucraniano podría elegir las batallas de su elección si las fuerzas rusas no estuvieran dispuestas a atacar. Un colapso militar ruso probablemente implicaría un nivel endémico de deserciones y desgaste de oficiales, la práctica de que el personal mate a sus propios oficiales, los cuales se han observado a lo largo de la guerra. Tal colapso haría imposibles nuevas ofensivas en la fase actual de la guerra en Ucrania y podría conducir a una retirada desordenada de las fuerzas rusas de las líneas del frente como se vio después de la pérdida rusa en la Batalla de Kiev. Síntomas de este estado ya surgieron con la negativa de paracaidistas de la división aerotransportada que se negaron a participar en combates y fueron arrestados y enviados detenidos hacia Rusia.

El ejército ruso no será completamente destruido, ni tendrá que abandonar Ucrania antes de llegar a un estado de colapso. Sin embargo, un ejército ruso colapsado perdería su capacidad de funcionar como una fuerza de combate coherente. Si eso sucediera, Putin bien podría verse obligado a aceptar mucho menos que sus objetivos declarados actualmente. El Kremlin ha establecido condiciones parciales para la anexión en áreas como Kherson y Zaporizhia y en realidad ha tenido que controlar a algunos de sus funcionarios delegados de la DNR, LNR y Osetia del Sur mientras claman por la anexión.

Pero el Kremlin aún no ha anunciado formalmente la anexión o la formación de nuevas repúblicas proxy en esas áreas. El Kremlin probablemente establezca ciertas condiciones políticas y militares antes de poder anexar los territorios ocupados. Sin embargo, las realidades militares podrían forzar un cambio en la línea de tiempo o en el ritmo, y las ganancias militares ucranianas en el este podrían impulsar una anexión más rápida de áreas específicas.

Es probable que el Kremlin tenga la intención de anexar todos los territorios que quiere incorporar a Rusia a la vez, en lugar de escalonar el proceso de anexión. El Kremlin probablemente cree que la anexión masiva minimizaría la longevidad de la indignación internacional. La comunidad internacional finalmente normalizó las relaciones con Rusia después de su invasión de Georgia en 2008 y el estancamiento de su invasión de Ucrania en 2014 y la anexión de Crimea; Putin probablemente buscaría replicar ese patrón.

El Kremlin tendrá que establecer estructuras de seguridad y administración relativamente completas dentro de sus territorios ocupados antes de que pueda anunciar una anexión efectiva. La inesperadamente dura resistencia ucraniana en la planta siderúrgica ocupada de Mariúpol en Azovstal, así como las protestas contra la ocupación en Kherson y otras áreas ocupadas, probablemente han ralentizado el cronograma previsto del Kremlin

El Kremlin probablemente espera una fuerte reacción violenta en los territorios ucranianos ocupados cuando declare la anexión formal y, por lo tanto, está tratando de destruir y eliminar los grupos partidistas y de oposición antes; para seguir después con la anexión, probablemente a través de los esfuerzos de control de la población de las fuerzas de Rosgvardia (Guardia Nacional de Rusia).

El Kremlin también necesita transformar su ocupación militar de los territorios ucranianos en una serie de administraciones políticas capaces de gobernar las regiones rusas recién acuñadas antes de que pueda anexar formalmente esos territorios. Este proceso llevará tiempo, ya que el Kremlin aplasta los movimientos de oposición, arresta o asesina a funcionarios ucranianos locales, erradica las estructuras de gobierno local y las reemplaza con administradores rusos o colaboradores ucranianos.

Cuanto más tiempo tengan las fuerzas rusas para controlar y someter el territorio ucraniano ocupado, más difícil será para Ucrania reconstruir las estructuras administrativas y de gobierno locales en esas áreas si pueden recuperar el control. El tiempo se va acortando cada vez más sobre la capacidad de Ucrania para recuperar el control del sureste.

El jefe ruso de la región de Kherson dijo en una entrevista el 9 de mayo que la formación de un gobierno regional estaba en marcha. Afirmó que no había violencia generalizada u organizada en Kherson, solo “manifestaciones separadas”. Estas afirmaciones (probablemente exageradas) pueden indicar que las fuerzas de ocupación, probablemente incluidas las tropas de Rosgvardia (Guardia nacional rusa), han tomado medidas enérgicas contra la resistencia ucraniana y las actividades guerrilleras en la región, habilitadas por el control ruso de la infraestructura de comunicaciones.

El grado de éxito de esas represiones rusas, o de las actividades guerrilleras ucranianas en curso, no está claro. Es probable que el Kremlin también necesite abordar los desacuerdos internos sobre los límites administrativos y la organización antes de anexar formalmente el territorio ucraniano. El jefe de la DNR, Denis Pushilin, afirmó el 9 de mayo que Mariúpol “es el territorio de la República Popular de Donetsk para siempre. Nadie nos lo quitará”. Sin embargo, los informes contradictorios de Rusia y Ucrania del 3 de mayo sugieren que otros dirigentes rusos con poder de decisión pueden estar planeando anexar Mariúpol directamente al óblast (provincia) de Rostov de Rusia, en lugar de al DNR.

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Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

Neozarismo del Siglo XXI (II)

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Tercera y última parte de este trabajo

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Por Rafael del Pino

EEUU

30/05/2022

Efectos que pueden esperarse con la anexión

El Kremlin podría amenazar con usar armas nucleares contra una contraofensiva ucraniana en territorio anexionado para disuadir la ayuda militar occidental en curso que permitiría tal contraofensiva. El Kremlin ya ha afirmado que los ataques ucranianos en territorio ruso, durante una guerra no provocada de agresión rusa contra Ucrania, son de alguna manera una escalada en lugar de una respuesta legal ucraniana bajo las leyes de la guerra. Sin embargo, la doctrina nuclear rusa claramente permite el uso de armas nucleares en respuesta a “la agresión contra la Federación Rusa con el uso de armas convencionales cuando la existencia misma del Estado está en peligro”. El Kremlin podría enmarcar una contraofensiva ucraniana en territorio ucraniano anexionado como una amenaza a la existencia del estado ruso; una afirmación tan absurda no sería menos plausible que muchas otras afirmaciones que Rusia ya ha hecho. Hacer esa afirmación, sin embargo, probablemente requiera la anexión rusa de los territorios ocupados, en lugar de crear estados proxy adicionales en regiones como Kherson y Zaporizhia.

El Kremlin puede pensar que una amenaza nuclear disuadiría la ayuda militar occidental en curso que permitiría tal contraofensiva ucraniana. Ucrania y Occidente no deben permitir que eso suceda. El Kremlin probablemente ha calculado que la OTAN apoyaría retórica y materialmente una ofensiva ucraniana contra un hipotético Estado proxy de la República Popular de Kherson (o simplemente Ucrania ocupada por Rusia), pero que no apoyaría por ejemplo los ataques ucranianos en el Óblast de Kherson que ya figuren como parte de Rusia.

El Kremlin también puede creer que Kiev no estaría dispuesta a atacar directamente el territorio ruso reclamado, particularmente después de que el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky dijera el 27 de marzo que Ucrania no intentaría recuperar todo el territorio controlado por Rusia por la fuerza, argumentando que podría conducir a una tercera guerra mundial. Zelensky ha pedido repetidamente la restauración de las fronteras de facto a partir del 23 de febrero, el día antes de la última invasión de Rusia. El Kremlin podría creer que la anexión evitaría las contraofensivas ucranianas, incluso sin una amenaza nuclear explícita.

Esfuerzo de apoyo militar

Para permitir la anexión de los territorios ucranianos ocupados, el Kremlin debe lograr los siguientes objetivos militares:

Mantener y consolidar el control del territorio ocupado. Este objetivo requiere la interrupción de las actividades partidistas y la defensa de los territorios retenidos.

Impedir que Ucrania retome territorio adicional.

El Kremlin probablemente ordenará a las fuerzas rusas que se establezcan en posiciones defensivas una vez que los funcionarios del Kremlin acepten que la campaña rusa en Donbás ha alcanzado su punto culminante, si es que alguna vez lo hacen. Sin embargo, es posible que el Kremlin no reconozca que su campaña militar en Donbás se ha estancado y que todavía sus fuerzas pueden tomar el resto de los óblasts de Donetsk y Lugansk controlados por Ucrania. El jefe marioneta implantado por Rusia en la DNR afirmó el 9 de mayo que la DNR “se enfrenta a la tarea de recuperar el control sobre sus territorios, y luego la república decidirá sobre su futuro”, casi con certeza refiriéndose a la adhesión a Rusia.

Las fuerzas rusas continúan las operaciones ofensivas ineficaces en el este de Ucrania a pesar de la escasa posibilidad de que obtengan ganancias territoriales sustanciales.

Probables criterios bajo los cuales el Kremlin está operando

Es probable que el Kremlin esté operando bajo uno de los siguientes criterios:

Evaluando erróneamente que las fuerzas rusas pueden completar su objetivo declarado es decir la captura completa de los óblasts de Donetsk y Lugansk:

Que se hayan percatado de que las fuerzas rusas no podrán capturar completamente los óblasts de Donetsk y Lugansk, pero siguen ordenando ataques para mantener el impulso y evitar la fragmentación de las fuerzas rusas

Que planeen una mayor movilización de las reservas rusas de menor calidad o de la población en general para lograr sus objetivos territoriales originales, lo que obliga a un retraso de meses para que lleguen fuerzas rusas adicionales y cambien el rumbo (o eso podría creer el Kremlin).

Que pueden estar considerando que los ataques rusos en curso, aunque ineficaces, logren el objetivo militar de fijar a los defensores ucranianos en su lugar amenazando con nuevos avances.

Kiev puede no estar dispuesta a arriesgarse a retirar las fuerzas que necesitaría para llevar a cabo una contraofensiva contra el sur de Ucrania ocupado de las áreas que actualmente están bajo ataque ruso. Si las fuerzas rusas aceptan que no ganarán territorio adicional en Ucrania y se establecen en posiciones defensivas, las fuerzas ucranianas tendrán la oportunidad de tomar la iniciativa y elegir dónde lanzar contraofensivas contra las fuerzas rusas agotadas, que pueden colapsar ante un contraataque decidido.

Pronósticos

Es de esperar que el resto de esta nueva fase de la guerra en Ucrania probablemente seguirá uno de tres cursos siguientes:

  • Los rusos anexarán el territorio ucraniano ocupado a Rusia,
  • El ejército ruso se detendrá por un tiempo mientras intenta movilizar fuerzas adicionales,
  • El ejército ruso continuará persiguiendo objetivos militares imposibles con recursos insuficientes y, en última instancia, colapsará en los próximos meses.

La movilización no excluye el colapso militar. Muchos de los peligros descritos en este análisis dependen de un reconocimiento ruso de su debilidad militar convencional y una decisión proactiva para asegurar las ganancias rusas en Ucrania. La decisión equivocada de Putin de invadir Ucrania a pesar de la mala preparación de Rusia y las capacidades militares convencionales sugiere que Occidente no debería confiar en evaluaciones rusas claras de sus propias capacidades militares.

Las fuerzas ucranianas pueden ser capaces de obligar a las fuerzas rusas a salir de las regiones ocupadas de Donetsk y Lugansk, o al menos regresar a las fronteras anteriores a febrero de la DNR y la LNR, si las fuerzas rusas no deciden poner fin a sus ofensivas antes de tiempo.

Si las fuerzas rusas toman la decisión deliberada de poner fin a su ofensiva antes de que el ejército ucraniano las obligue a hacerlo, esa decisión sería un fuerte indicador de una anexión inminente. Si las fuerzas rusas no reconocen que su campaña de Donbás ha culminado, el ejército ruso en Ucrania puede estar dirigiéndose a un colapso total. Las fuerzas rusas probablemente decidirán poner fin a sus ofensivas en Donetsk y Lugansk y anexar el territorio que actualmente poseen o serán derrotadas militarmente por las fuerzas ucranianas.

Si las fuerzas rusas no logran capturar la totalidad de los óblasts de Donetsk y Lugansk, el Kremlin le deberá a la población rusa una explicación de por qué no logró sus objetivos declarados. La falsa narrativa del Kremlin de un “genocidio” antirruso en el este de Ucrania tiene amarrado a los dirigentes rusos encargados de tomar decisiones. Si realmente les importa esa consistencia narrativa están obligados a ocupar suficiente territorio para afirmar que han detenido el “genocidio”. Con el fin de reclamar la victoria, el Kremlin podría también calcular que el apoyo interno para terminar con la guerra no es importante para sus objetivos y simplemente reclamar una victoria, aunque sea inconsistente con las narrativas del Kremlin.

A pesar de sus fracasos militares convencionales, la única salida que el Kremlin parece estar considerando es al menos una victoria parcial. Putin probablemente entiende que no habrá retorno a los acuerdos de Minsk II o cualquier marco legal similar que permitió la interferencia rusa en la política ucraniana. Pero Putin no ha cedido su ambición a largo plazo de controlar Kiev, a pesar de que sus intentos de tomar el estado ucraniano por la fuerza han fracasado (por ahora).

Si Putin se anexiona el territorio ocupado y el conflicto se instala a lo largo de nuevas líneas de frente, el Kremlin podría reconstituir sus fuerzas y renovar la invasión de Putin a Ucrania en los próximos años, esta vez desde una posición de mayor fuerza y ventaja territorial. Occidente debe tomar en serio la amenaza real y probable de que Rusia se anexionará el sureste de Ucrania y la expansión de la doctrina nuclear rusa para cubrir ese territorio recién anexionado. Este análisis no significa que los planes de anexión de Rusia tengan éxito. Dependen de consolidar el control del territorio ocupado, establecer capacidades administrativas y prevenir una contraofensiva ucraniana.

Occidente con Estados Unidos a la cabeza no debe repetir el imperdonable error cometido en 2014 cuando permitieron la ocupación y anexión de Crimea a Rusia. Estados Unidos y la OTAN pueden y deben hacer lo posible para disuadir el expansionismo de Putin y al mismo tiempo preparar una respuesta que bajo ningún concepto ofrezca una capitulación de Ucrania.

En estos momentos, Estados Unidos y sus aliados tienen una estrecha ventana de oportunidad para apoyar una contraofensiva ucraniana en el territorio ucraniano ocupado antes de que el Kremlin anexe ese territorio (o traiga fuerzas adicionales).

Esta ventana de oportunidad no es necesariamente obvia. En un sentido militar, las fuerzas ucranianas deberían comenzar su contraofensiva antes de que las fuerzas rusas decidan que su campaña ha culminado y comiencen a cavar y atrincherarse en posiciones defensivas más ordenadas y posiblemente que aumenten la moral. La baja moral y el pésimo liderazgo han degradado sólidamente a las fuerzas rusas; igualmente, Ucrania debería contraatacar en el momento del máximo desorden ruso antes de que las fuerzas rusas tengan tiempo de pasar completamente a la defensa.

Las consecuencias políticas y éticas de una ocupación rusa de largo plazo en el sureste de Ucrania serían devastadoras para la viabilidad del estado ucraniano y requerirían el apoyo occidental para una contraofensiva ucraniana más inmediata. Cada día que la Ucrania ocupada permanece bajo control ruso es otro día de horribles abusos contra los derechos humanos, degradación selectiva de las estructuras de gobierno ucranianas y “filtración” de la población civil. Si las fuerzas ucranianas no retoman el sureste de Ucrania antes de que Moscú se anexione ese territorio, Kiev puede encontrar que el sureste se ha sumido irreparablemente en la misma situación que Crimea ha enfrentado desde 2014.

Lecciones de la historia

En 17 de febrero de 1979 los soldados del Ejército Popular de China comenzaron a cruzar la frontera. Entre China y Vietnam. Hacia solo cuatro años que Vietnam del Norte había logrado la victoria contra el sur respaldado por Estados Unidos.

Vietnam se había debilitado por la guerra y la pobreza. Ningún analista, politólogo o experto militar dio al país más de una semana antes de que los chinos capturaran Hanoi.

Sin embargo, el Ejército vietnamita de 100.000 efectivos detuvo al Ejército Popular de Liberación de China, parándolo, en seco. De repente, el mundo se dio cuenta que el coloso asiático no era más que un “Tigre de papel” como Mao Zedong solía llamar a Estados Unidos y Occidente. En poco más de dos meses el mito de la invencibilidad de la maquinaria militar china fue de cabeza al basurero de la historia.

Ni siquiera sus alardes de superpotencia nuclear fue capaz de derrotar al pequeño, pero bien equipado, entrenado, endurecido en la batalla y motivado ejército vietnamita.

Deng Xiaoping solo necesitó unas pocas semanas contemplando como los vietnamitas le desguazaban sus decenas de miles de efectivos cubriendo los campos de batalla para comprender que su ejército solo servía para desfiles rimbombantes más allá del mausoleo de Mao Zedong en la Plaza de Tiananmen en Beijing. No se refugió en la paranoia, buscando enemigos externos por doquier, ni gastó desesperadamente su menguante cofre de guerra para reequipar a su aplastado ejército con nuevos tanques y cohetes.

En cambio, se decidió por el principio de “cut short his looses” bien conocido en Wall Street y retiró sus tropas dándose cuenta de que la integración global y una economía en auge eran más importantes para el neocapitalismo chino que mantener el mito del ejército más feroz del mundo.

Putin, sin embargo, está sordo ante las lecciones de la historia. Se empecina a continuar la guerra a ultranza y, al hacerlo, sigue siendo rehén de su propia propaganda.

Se basa en los desfiles militares del Día de la Victoria en la Plaza Roja, las fábulas de la retirada de Napoleón de Moscú en 1812 y otras victorias militares rusas históricas, que se remontan al primer príncipe de Moscú Dmitri Donskoi y su lucha contra las hordas mongolas en el siglo 14.

En resumen, Putin está atrapado por todos los mitos del poder militar que sustentan su legitimidad, y que sirven como la principal base ideológica del Estado ruso. La realidad es que hoy en día, Rusia es de facto un agresor y un paria, y su ejército “legendario” resulta ser una banda bárbara y vergonzosa de criminales de guerra y bandidos depredadores.

Putin cruzó la línea roja que separa la guerra de la barbarie al cometer horrendos crímenes y masacres a todo lo largo y ancho de su vecino ucraniano. Ha abandonado cualquier posibilidad de adoptar la “opción china” para parar el desastre que ha creado, cambiar de rumbo y corregir sus errores —y esa tozudez solo presagia un desastre incalculable para Rusia.

Putin ha manejado tan mal la situación que los líderes mundiales, desde Washington hasta Londres y Berlín, han acordado no solo defender a Ucrania de su agresor, sino también garantizar el regreso de los territorios previamente capturados y, lo que es más importante, romper la maquinaria de guerra rusa hasta sus cimientos, para que el país nunca más pueda amenazar a nadie.

Aún más dramáticamente, Putin ha logrado por sí solo unir más a la OTAN e incluso expandirla hasta las fronteras de San Petersburgo. Con Suecia y Finlandia expresando ahora su intención de unirse, Rusia se ha paralizado estratégica y tácticamente, no solo en Ucrania sino a lo largo de toda su frontera con Europa.

La invasión de Ucrania, en resumen, ha consolidado a Occidente. La batalla final con el espectro de un pasado amado por Putin tiene lugar ahora en suelo ucraniano.

Y el resultado, dará una lección dura y poderosa a todos los tiranos como él que se sienten amenazados por el sistema internacional multipolar que ha sido construido.

© cubaencuentro.com 


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