viernes, junio 27, 2025

María Elena Cruz Varela sobre la Carta Abierta a Fidel Castro del 31 de Mayo de 1991, conocida como la Carta de los Diez,

María Elena Cruz Varela: “El miedo es el peor enemigo que tiene el ser humano“

*Entrevista realizada por Micaela Hierro Dori el 29 de Mayo de 2021

(María Elena Cruz Varela)

María Elena es poeta cubana nacida en Colón en 1953, fue conocida como una de las principales intelectuales, miembro del espacio opositor Criterio Alternativo que impulsó la publicación de la Carta Abierta a Fidel Castro el 31 de Mayo de 1991, conocida como la Carta de los Diez, que la llevó a ser detenida arbitrariamente, víctima de un juicio sumario, y condena aprisión por razones políticas dodne además sufrió de tortura blanca. Finalmente cuando la liberan, al tiempo después del hostigamiento, el aislamiento se exilió. Hoy ejerce el periodismo y nos recuerda lo que pensó y sintió con el fusilamiento del General Ochoa en 1989, y esos primeros momentos después de caído el Muro de Berlín, cuando muchos cubanos creían que la caída del comunismo en Europa significaría también la caída del comunismo en Cuba.

MHD: ¿Puede contarnos sobre Criterio Alternativo, y Concertación Democrática, esos primeros espacios de diálogo de la oposición cubana a principios de los años noventa?

MECV: Todo fue un proceso. Cuando yo tomé la decisión de que había que hacer algo fue que me involucré más en todo ese movimiento. Yo veía todo el mundo aplaudiendo, y no entendía porque lo hacían, no sentía lo que ellos sentían (los militares). A la larga la historia y la práctica me dieron la razón, es como un embudo, la parte que te toca. El detonante para mí, la decisión la tomé con mis dos hijos, y recuerdo haber escuchado el discurso de Raúl Castro, quien es lo más lejano que pudo haber de un comunicador, y en ese momento les dije a mis hijos, aquí solo van a sobrevivir los fuertes y los inteligentes. 

En mi casa se congregaba una cantidad de personas de diferentes pensamientos y comportamientos, pero todos eran detractores del sistema cubano. Con la caída del muro de Berlín y la unión soviética había mucha esperanza en el gremio de artistas de que iban a avanzar. Todo el mundo pensaba que, si habíamos seguido a la unión soviética hasta ahí, el régimen cubano iba a llegar hasta ahí. Llegó mucho cine soviético a Cuba, mucho de ese material era bueno, pero era una campaña para lavar la mente.

Stalin mató muchos más comunistas que cualquier otra persona del mundo. Él decía que había que matarlos a todos porque la manzana nunca cae lejos del manzano, y con ese razonamiento eliminaba a quienes pensaban en contra de él, y mandaba familias completas en un tren a Siberia.

Más adelante me sume a Criterio Alternativo, donde teníamos pensamientos distintos al comunismo y fuimos reuniéndonos en mi casa porque yo tenía problemas para transportarme. Pujols se alojaba en mi casa y tuvimos un problema en mi casa, por lo que se fue de ese grupo que se reunía en mi casa. Nosotros fuimos el primer grupo que se declaró de oposición. No me gustan las medias tintas, y el miedo es el peor enemigo que tiene el ser humano.

MHD: ¿Quiénes eran los más activos de criterio alternativo?

MECV: Luque, había entrado Fernando Velásquez, Gabriel Aguado, sumamente fundamental su papel en CA. Pastor Herrera también había entrado y éramos ya unos cuantos, luego comenzó a crecer brutalmente.  

La idea era hacer cosas concretas, pequeñas proclamas que Aguado se encargaba de hacer. Un día Fernando Velázquez Medina me dice por qué no hacemos una declaración para los intelectuales cubanos, de una firmaron diez el documento, luego se fueron sumando más personas. Se difundió el 31 de mayo de hace treinta años. Ese año se realizaron los juegos panamericanos, y la embajadora de USA ante la ONU o la OEA (Harriet), con ella sacamos la primera información pública. Creo que en aquel momento era esposa de un gobernador, que no recuerdo cual. 

MHD: ¿Ustedes se conocían?

MECV: Yo nunca tuve relaciones con la oficina de intereses, fue casualidad.

MHD: Ella ayudó a difundir, pero ¿quién fue el contacto?

MECV: Dos veces nos vimos ella y yo en una cafetería con Jorge Domínguez. Nos encontramos cuando salí a Estados Unidos. Hablamos del levantamiento del embargo y esas cosas, tenían la intención de jalarme a su lado. Yo nunca fui de nadie.

Luego de eso se difundió la carta de los intelectuales, no nos metieron presos por eso, pero la vigilancia se acrecentó. Una de las cosas que yo nunca quise hacer fue nada clandestino, todo fue a la luz pública. Ya después el ataque a mi casa fue después de la declaración de los intelectuales, que yo sabía que esa no me la iban a dejar pasar. Cuando fue el presidente del principado de Asturias y nos reunimos Elisandro Sánchez, Camilo Rentano. Yo llevaba un informe. Había una paranoia sobre si miembros de la seguridad del estado iban a las reuniones, yo no perdía tiempo en eso, al final si hacían las tareas que se le encargaran, en ese momento no estaba trabajando para ellos, aunque luego fuera e informara. Igualmente, no éramos un grupo clandestino, así que no había mucho que perder, porque la información no era 100% secreta. Esa paranoia separaba a la gente del grupo.

Luego de la reunión del diplomático español que me dejó en mi casa, le dije que me abrazara porque no nos íbamos a volver a ver. Al día siguiente la seguridad del estado fue a mi casa. Ese diplomático fue el único mandatario que se reunió con miembros de la oposición cubana. Años después me cuenta que ese día el comandante en jefe fue a visitarlo al aeropuerto, y cuando llega él le dice “usted se estaba reuniendo con enemigos”, (a lo que respondió) “en lo personal vi una mujer muy inteligente con una visión muy clara de la situación cubana, ustedes deberían ponerse en contacto con ella y conversar”, el militar se molestó tanto que pateó una silla.

Entonces ahí fue donde el comandante que ya estaba bueno conmigo, fueron a mi casa y me tuvieron detenida tres días sin poder bañarme ni nada, luego me llevaron a una estación con toda la plana del ejército. Eso fue en noviembre del 91. 

MHD: En ese ínterin de publicar la carta y ser detenida ¿ustedes seguían realizando acciones?

MECV: Yo amaba eso de cartas y octavillas. Todo lo firmaba con mi dirección a puño y letra. Los chicos, Aguado y mi hermano me decían que Criterio Alternativo ya había dejado de ser un grupo de pensamiento. Ellos iban a las paradas de autobuses, colocaban los papeles en el techo y cuando el autobús arrancaba dispersaba eso por todas partes y nadie sabía quién lo había hecho. Yo tenía una tesis romántica de que cuando no hacíamos algo estábamos conviviendo con ellos, y eso no podía ser así. Nunca creí que íbamos a tumbar el gobierno, aunque siempre me acusaron de ambiciosa.

MHD: ¿Cuánto tiempo estuvo detenida?

MECV: Un poquito más de un mes y luego de un juicio rápido me llevan a la cárcel. Fue rápido para evitar el escándalo internacional de parte de organizaciones defensoras de derechos humanos. Me asignaron un abogado defensor que conocí diez minutos antes, el cual estaba súper aterrado. La petición fiscal era de 15 años y me condenaron a 2 años. Y me liberaron a los pocos meses, en una casa con libertad condicional, de ahí me escapé. Mi hijo estaba con su papá y mi hija cumplió la mayoría de edad estando en la cárcel, primero fue para España con la hija de José Luis Pujols y luego vino conmigo a Miami donde yo tenía familia. Yo después de prisión no hice más nada, ahí estuve un poquito menos de un año.

Que yo recuerde la concertación democrática solo hicimos la presentación. Querían que yo fuera la vocera y yo no quería. Criterio Alternativo decidió ir porque no nos íbamos a quedar fuera, no íbamos a negar la unidad, aunque eso se construye en objetivos determinados, no es algo etéreo. Si tenemos unidad de propósitos nos podemos aliar, pero esa concertación no tenía claro ni siquiera sobre qué iban a unirse.

MHD: ¿Qué grupos estaban ahí?

MECV: En aquella época había unas características muy curiosas, y es que tres o dos personas eran un grupo. Hoy hay una sociedad que me maravilla sobre la cantidad de espacios que hay y nadie se los ha regalado, a los actores sociales, activistas, periodistas independientes, cada cual con sus tendencias. Eso no existía en aquella época, porque la gente tenía mucho más miedo. Está en cambio es gente muy joven, que no conocen la historia de la represión, sobre los fusilamientos, las torturas, ese horror.

MHD: ¿Criterio alternativo se disolvió luego de que usted fuera detenida?

MECV: Algunos miembros querían mantenerlo activo, pero no lo lograron, y creo que eso fue un error. 

MHD: De aquella época ¿qué activistas o artistas recuerda que estén activos?

MECV: Iban muchos, pero no recuerdo, la mayoría están en el exilio. Pasé un tiempo en el hospital y la seguridad del estado me tuvo un mes con una luz intensa a menos de un metro de mi cabeza, encendida todo el día (tortura blanca), y a partir de ahí me borraron un poquito el rollo. Fernando debe tener más claro el contenido de la carta de los intelectuales. La experiencia de la cárcel me hizo revalorizar toda mi visión de las mujeres y los seres humanos.

No pertenezco a ningún grupo de oposición, ni dentro ni fuera de Cuba, no quiero. No soy una persona de vociferar, y puede que no esté de acuerdo con alguna acción de la oposición cubana, pero no soy capaz de hacer una crítica pública porque creo que moralmente no tengo ningún derecho. A muchos de los jóvenes activistas los veo y los miro con un cariño fraternal, les deseo todo lo mejor, porque sé que es su tiempo y poco a poco lo han hecho bien. No es mi tempo, ellos son los actores. Ya ahorita puedo mandar al carajo a un montón de gente. 

MHD: ¿Qué opinas de esos espacios de diálogo?

MECV: Yo creo que el diálogo solo se puede hacer con iguales, pero con el régimen no porque ellos están en estado de supervivencia, si les das un clavo ardiendo te van a soltar tres migajas y te van a tener ahí todavía.

MHD: ¿Y qué opinas del diálogo de la sociedad civil con los actores y las organizaciones? Cómo lograr la unidad entre todos para protestar. 

MECV: Yo me emocioné con el 27N no por el diálogo, sino por la movilización espontánea que surgió por un pensamiento colectivo.

*Entrevista realizada por Micaela Hierro Dori el 29 de Mayo de 2021

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ANTECEDENTE,  DE INTELECTUALES CUBANOS Y  NO CUBANOS, DE UNA CARTA ABIERTA A FIDEL CASTRO

Tomado de https://www.in-cubadora.com/2

Reinaldo Arenas & Jorge Camacho: Un plebiscito a Fidel Castro / Fragmento [1990]

Archivo | Libros | 17 de junio de 2025

(Reinaldo Arenas)

La CARTA ABIERTA a Fidel Castro, denominada también «La carta de París», pidiendo un Plebiscito en Cuba, fue redactada y firmada inicialmente por los intelectuales cubanos Reinaldo Arenas y Jorge Camacho, desde sus respectivos exilios de Nueva York y París en 1988. Misiva que se difundió en español, inglés y francés por correo postal y fue publicada en algunos periódicos o reproducida en revistas de la época en todo el mundo. Con posterioridad, a los dos años, se publicó el libro Un plebiscito a Fidel Castro (Betania, 1990) de Reinaldo Arenas y Jorge Camacho, 152 pp. Colección DOCUMENTOS que incluía esa carta, pero con más firmas de escritores, políticos y artistas de reconocido prestigio internacional (164 extranjeros y 110 cubanos) acompañada por los recortes de prensa y las cartas de apoyo solidario recibidas.


Firmaron ocho Premios Nobel y siete expresidentes latinoamericanos; convirtiéndose en uno de los documentos históricos más importantes en contra del régimen castrista del 59 en sus 66 años de dictadura.  Entre los firmantes, se sumaron los españoles: Camilo José Cela, Fernando Arrabal, José Luis Aranguren, Fernando Claudín, Juan Goytisolo, Luis Rosales, Félix Grande, Juan Masé, Vicente Molina Foix, Fernando Savater, Carlos Semprún, Xavier Domingo, José Ferrater Mora, Pere Gimferrer, Ana María Moix, Xavier Rubert Ventós, Fernando Trueba, Xavier Tusell, José Ángel Valente, José Miguel Ullán, Julián Ríos, entre otros. También los latinoamericanos Octavio Paz, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa, Jorge Edwards, Violeta Chamorro, Juan Liscano, Sofía Imber, Plinio Apuleyo Medoza, Manuel Puig, Gabriel Zaid. Y los cubanos Lydia Cabrera, Gastón Baquero, Leví Marrero, Eugenio Florit, Enrique Labrador Ruiz, Felipe Pazos, Raúl Chibás, Roberto Agramonte, Rolando Cubelas, Eloy Gutiérrez Menoyo, Carlos Franqui, Martha Frayde, Heberto Padilla, Antonio Benítez Rojo, José Triana, César Leante, Carlos Alberto Montaner, José Mario, Pío E. Serrano y Néstor Almendros,  que junto a Orlando Jiménez Leal, colaboraron desde Nueva York con Reinaldo Arenas en este proyecto.  Además de otras firmas internacionales, como: Saul Below, Joseph Brodsky, Jean Daniel, Jacques Derrida, Milovan  Djilas, Federico Fellini, Allen Ginsberg, André Glucksmann, Eugene Ionesco, Bernand-Heri Lévy, Czestaw Milosz, Claude Simon, Phillipe Sollers, Susan Sontag, William Styron, Hugh Thomas, René Tavernier, etcétera.

Algunos  firmantes: 


Al cumplirse los 35 años de la primera edición de este libro, Betania pone a disposición de los lectores la versión digital del mismo.


Los documentos originales de esta obra pueden ser consultados en la colección Reinaldo Arenas de la Universidad de Princeton, Nueva Jersey.


[Para descargar Un plebiscito a Fidel Castro / Fragmento’ en PDF]


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ANTECEDENTE,  DE INTELECTUALES NO CUBANOS, DE UNA CARTA ABIERTA A FIDEL CASTRO


Tomado de https://rialta.org

Primera carta de los intelectuales a Fidel Castro

El original de esta carta apareció en francés en el periódico ʻLe Mondeʼ el 9 de abril de 1971.

Por RIALTA STAFF.08 mayo, 2018


Comandante Fidel Castro

Primer Ministro del Gobierno Revolucionario

Los abajo firmantes, solidarios con los principios y objetivos de la Revolución cubana, le dirigimos la presente para expresar nuestra inquietud debida al encarcelamiento del poeta y escritor Heberto Padilla y pedirle reexamine la situación que este arresto ha creado.

Como el gobierno cubano hasta el momento no ha proporcionado información alguna relacionada con este arresto, tememos la reaparición de una tendencia sectaria mucho más violenta y peligrosa que la denunciada por usted en marzo de 1962, y a la cual el comandante Che Guevara aludió en distintas ocasiones al denunciar la supresión del derecho de critica dentro del seno de la Revolución.

En estos momentos –cuando se instaura en Chile un gobierno socialista y cuando la nueva situación creada en el Perú y Bolivia facilita la ruptura del bloqueo criminal impuesto a Cuba por el imperialismo norteamericano– el uso de medidas represivas contra intelectuales y escritores quienes han ejercido el derecho de crítica dentro de la Revolución puede únicamente tener repercusiones sumamente negativas entre las fuerzas anti-imperialistas del mundo entero, y muy especialmente en la América Latina, para quienes la Revolución cubana representa un símbolo y estandarte.

Al agradecerle la atención que se sirva prestar a nuestra petición, reafirmamos nuestra solidaridad con los principios que inspiraron la lucha en la Sierra Maestra y que el gobierno revolucionario de Cuba ha expresado tantas veces por medio de las palabras y acciones de su Primer Ministro, del comandante Che Guevara y de tantos otros dirigentes revolucionarios.

Firman

Carlos Barral, Simone de Beauvoir, Italo Calvino, Josep Maria Castellet, Fernando Claudín, Julio Cortázar, Jean Daniel, Marguerite Duras, Hans Magnus Enzensbeger, Jean-Pierre Faye, Carlos Franqui, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, Alain Jouffroy, André Pieyre de Mandiargues, Joyce Mansour, Dionys Mascolo, Alberto Moravia, Maurice Nadeau, Hélène Parmelin, Octavio Paz, Anne Philipe, Pignon, Jean Pronteau, Rebeyrolle, Rossana Rossanda, Francisco Rossi, Claude Roy, Jean-Paul Sartre, Jorge Semprún, Mario Vargas Llosa.

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miércoles, junio 25, 2025

: Redacción de CubitaNOW: “Carta de los Diez”, el mayor reclamo de los intelectuales al régimen castrista

 Tomado de https://noticias.cubitanow.com/

“Carta de los Diez”, el mayor reclamo de los intelectuales al régimen castrista

 Por Redacción de CubitaNOW

22 de junio de 2025

Este mes de junio se conmemora el 34.º aniversario de un hecho crucial en la historia reciente del disenso intelectual cubano: la publicación de la conocida “Carta de los Diez”, un documento valiente y frontal en el que un grupo de destacados escritores y periodistas exigió al régimen cubano profundas reformas democráticas. La misiva, fechada en 1991, fue redactada por la poeta María Elena Cruz Varela, fundadora del movimiento opositor Criterio Alternativo, y contó con el respaldo de nueve reconocidas figuras del ámbito literario e intelectual de la isla.

Firmaron junto a Cruz Varela: Raúl Rivero, Manuel Díaz Martínez, Nancy Estrada, José Lorenzo Fuentes, Bernardo Márquez Ravelo, Manuel Granados, Fernando Velázquez Medina, Roberto Luque Escalona y Víctor Manuel Serpa. En tiempos en que pronunciarse en contra del poder era prácticamente un acto suicida, estos diez intelectuales decidieron plantar cara al autoritarismo con lo que consideraron su propia declaración de independencia.

La reacción del aparato oficial no se hizo esperar. El periódico Granma, órgano del Partido Comunista de Cuba, publicó un editorial en respuesta, atribuido al entonces jefe del Departamento Ideológico del Comité Central, Carlos Aldana. En él, los firmantes fueron calificados de “agentes de la CIA”, la acusación infaltable del castrismo para deslegitimar la disidencia.

En un ataque particularmente virulento, el editorial arremetió contra Cruz Varela con un lenguaje profundamente ofensivo, llegando a decir que era “una desconocida, semianalfabeta, de dudosa conducta moral y enferma de neurosis histérica”. La descalificación resultaba doblemente absurda al considerar que, apenas dos años antes, había sido reconocida con el Premio Julián del Casal por su libro Hija de Eva, y que era considerada una de las voces poéticas más relevantes de su generación.

La campaña de descrédito también apuntó hacia autores de trayectoria consolidada, como José Lorenzo Fuentes, mención de honor del Premio Casa de las Américas en 1968; Manuel Díaz Martínez, ganador en 1967 del Premio Julián del Casal; Manuel Granados, premiado ese mismo año por la Casa de las Américas por su novela Adire y el tiempo roto; y Raúl Rivero, reconocido por su obra poética con los premios David y Julián del Casal en 1969 y 1972, respectivamente.

A partir de la publicación de la carta, todos sus firmantes fueron víctimas de acoso, represión y represalias. Pero la peor parte la sufrió su autora, María Elena Cruz Varela. La vigilancia habitual sobre su vivienda en Alamar se intensificó, hasta que agentes de la Seguridad del Estado irrumpieron en su apartamento y la detuvieron con violencia, arrastrándola por las escaleras. Uno de los episodios más aberrantes fue protagonizado por una oficialista que, según mostró el Noticiero Nacional de Televisión, “le hizo tragar alguno de los papeles hallados en el registro”, jactándose de su acción como si se tratara de un acto heroico.

Cruz Varela fue sometida a un juicio sumario y condenada a dos años de prisión. Tras su excarcelación en 1994, marchó al exilio, donde ha continuado denunciando la represión en su país. Los otros firmantes también fueron forzados a abandonar Cuba, con una excepción: Raúl Rivero decidió permanecer y, en 1995, fundó la agencia de noticias independiente Cuba Press. Sin embargo, tras su encarcelamiento durante la ola represiva de marzo de 2003, él también se vio obligado a abandonar la isla.

A pesar de la persecución, ninguno de los firmantes de la carta renunció jamás a continuar en la lucha por la libertad y la democracia. La “Carta de los Diez” marcó un hito sin precedentes como desafío frontal al castrismo desde el ámbito intelectual. No sería hasta tres décadas después, el 27 de noviembre de 2021, que el régimen enfrentaría un cuestionamiento de igual magnitud, cuando decenas de artistas se congregaron frente al Ministerio de Cultura en demanda de mayores libertades.

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Testimonio  del firmante  Manuel Díaz Martínez;  escrito  el 7 de abril de 1996 desde Las Palmas de Gran Canaria:  La carta de los diez

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Luis Cino Álvarez desde Cuba: La Carta de los Diez: el primer gran desafío de los intelectuales al castrismo

La Carta de los Diez: el primer gran desafío de los intelectuales al castrismo 

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La Carta de los Diez significó el primero y mayor de los retos por parte de intelectuales que ha tenido que enfrentar la dictadura castrista.

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Por Luis Cino

Junio 22, 2025

LA HABANA, Cuba. – Este mes de junio se cumplió el aniversario número 34 de la “Carta de los Diez”, el nombre con que es conocido el documento en reclamo de democracia que 10 destacados intelectuales cubanos dirigieron al régimen castrista en 1991. 

La carta, en que sin tapujos se exigían los cambios inaplazables que necesitaba el país, entre ellos la liberación de los presos de conciencia, fue redactada por la poeta María Elena Cruz Varela, quien unos pocos años antes había fundado el movimiento opositor Criterio Alternativo

Fue respaldada por las firmas de otros nueve poetas, periodistas y escritores: Raúl Rivero, Manuel Díaz Martínez, Nancy Estrada, José Lorenzo Fuentes, Bernardo Marquéz Ravelo, Manuel Granados, Fernando Velázquez Medina, Roberto Luque Escalona y Víctor Manuel Serpa. 

En aquellos momentos, cuando pocos se atrevían a chistar, la carta fue un acto heroico, casi suicida. Sus firmantes la consideraron su declaración de independencia.       

El periódico Granma, órgano oficial del partido único, ripostó con un editorial ―presumiblemente escrito por Carlos Aldana, el por entonces jefe del Departamento Ideológico del Comité Central― en el que le endilgaban a María Elena Cruz Varela y a los demás firmantes de la carta la infaltable acusación de “agentes de la CIA”. 

En aquel infame editorial, llegaron al absurdo de calificar a María Elena Cruz Varela, que había recibido hacía menos de dos años el Premio “Julián del Casal” por el libro Hija de Eva, y que estaba considerada entre las mejores autoras de su generación, como “una desconocida, semianalfabeta, de dudosa conducta moral y enferma de neurosis histérica”.

En una rabiosa campaña contra los firmantes de la carta también denigraron y trataron de restar méritos a autores que hasta entonces habían gozado de reconocimiento: fueron los casos de José Lorenzo Fuentes, que con su libro Después de la gaviota obtuvo mención de honor en el Concurso Casa de las Américas de 1968; de Manuel Díaz Martínez, que en 1967, con su poemario Vivir es eso, obtuvo el Premio Julián del Casal, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; de Manuel Granados, cuya novela Adire y el tiempo roto fue premiada en 1967 por Casa de las Américas; y de Raúl Rivero, que, antes de destacarse como periodista, había obtenido por su poesía los premios David y Julián del Casal, en 1969 y 1972, respectivamente.      

Los firmantes de la declaración fueron sometidos a todo tipo de represalias y acosos. Pero lo peor recayó sobre María Elena Cruz Varela. 

La habitual vigilancia de la policía política y sus chivatos sobre el edificio donde residía la escritora en Alamar fue redoblada. Finalmente, los esbirros recibieron la orden de allanar su apartamento y detenerla: la bajaron a rastras por la escalera del edificio. Y, como si fuera poco, una porrista, a la que luego mostraron en el Noticiero Nacional de Televisión presumiendo de “su proeza”, le hizo tragar alguno de los papeles hallados en el registro. 

En juicio sumarísimo, María Elena Cruz Varela fue condenada a dos años de prisión. Después que salió de la cárcel, en 1994, se fue al exilio, desde donde no ha cesado en su lucha contra la dictadura. 

También fueron forzados al exilio los demás firmantes de la carta. Solo se negó a irse del país Raúl Rivero que, en 1995, creó la agencia de prensa independiente Cuba Press. Pero tras ser encarcelado durante la ola represiva de marzo de 2003, también se vio obligado a exiliarse.

Ninguno de los firmantes de la carta renunció jamás a continuar en la lucha por la libertad y la democracia. 

La Carta de los Diez significó el primero y mayor de los retos por parte de intelectuales que ha tenido que enfrentar la dictadura castrista. El régimen no enfrentaría un desafío de esta índole hasta 30 años después, el 27 de noviembre de 2021, con la protesta de varias decenas de artistas ante el Ministerio de Cultura

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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

Quince años después


La 'Carta de los Diez': Un desafío intelectual al castrismo.

Bernardo Marques-Ravelo,
Miami
viernes 9 de junio de 2006 6:00:00

Es cierto: no fuimos los primeros. Antes que nosotros Ricardo Bofill y Elizardo Sánchez, entre otros, ya habían creado la primera organización para defender los derechos humanos, conculcados en la Isla desde el mismo triunfo de la "Involución", como le gusta decir a una amiga entrañable.

Se ha dicho, en estos tres lustros, que poco o nada se consiguió con la Declaración de los Intelectuales Cubanos. Y que el texto en cuestión era muy tímido. Que debió ser más agresivo, o más viril. Y que los reclamos contentivos en esa hoja es —fueron— una entelequia, o sencillamente no pasó de ser una algazara de un puñado de intelectuales irresponsables para centrar en ellos —nosotros— los ojos de la prensa extranjera.

Y de los adversarios de la Plaza de la Revolución. No es cierto o, para decirlo de una manera más adecuada o diplomática, están equivocados.

En estos quince años transcurridos, el régimen de La Habana sigue igual. O sea, que el cuartito está igualito: no hay pan ni libertad ni justicia. Y escasea todo, empezando por lo más elemental. Y de ello, por ejemplo, puede dar cuenta la muy famosa —y sombría— Primavera Negra, de marzo de 2003, cuando los gendarmes de Castro arrastraron a las cárceles a 75 luchadores por la libertad y la democracia.

Pedimos entonces lo que podíamos pedir y estaba a nuestro alcance: "Elecciones directas a la Asamblea nacional, sin restricciones; eliminación de las exclusiones migratorias; reactivación de los mercados libres campesinos, para evitar la hambruna que se nos avecina; petición de asistencia a los organismos especializados de Naciones Unidas, con el fin de paliar la escasez de medicinas y el previsible aumento de la mortalidad; y decretar amnistía a todos los presos de conciencia y a aquellos que intentaron abandonar el país de forma clandestina: No se puede condenar a un ser humano por seguir el dictado de su instinto de conservación".

Y con la excepción de Manuel Granados —que falleció en Francia poco después de salir al exterior, casi inmediatamente de la firma del documento—, todavía están (estamos) vivos y gozando de cierta (y discreta) buena salud: María Elena Cruz Varela, Roberto Luque Escalona, Raúl Rivero Castañeda, Fernando Velázquez Medina, Manuel Díaz Martínez, Víctor M. Serpa Riestra, Nancy Estrada Galván, José Lorenzo Fuentes y Bernardo Marqués Ravelo, que soy yo. Todos ahora en el exilio.

(María Elena Cruz Varela en la Casa Bacardí, Miami )

Estos fueron los diez primeros, a los que luego se sumaron, entre otros, el germanista Jorge Pomar Montalvo, ex combatiente internacionalista en las guerras de África y hasta ese momento militante del Partido Comunista de Cuba, el actor y cantante Alberto Pujol Parlá, y el cineasta Ricardo Vega Figarola.

Creo que si algún valor tiene la muy traída —y llevada— declaración, es la de sentar un precedente epocal. Aunque sin pertenecer a una misma generación, los firmantes, por separado, sin previamente ponerse de acuerdo —hasta donde sé—, comprendieron que era el momento justo de hacer un pronunciamiento público que, al menos, salvara la honra para las siguientes promociones de cubanos.

Fueron días de zozobras, miedos, y casi terrores porque a cada hora nos sentíamos como lo que en realidad éramos: unos seres perseguidos, repudiados, desamparados a la buena de Dios —o del Diablo, uno nunca sabe—, que tenían que comenzar a esconderse, evitar los lugares congestionados, y poco a poco comenzar a ser los seres invisibles de una saga que un gran escritor de ficción había escrito para nosotros. Con lujo de detalles.

Puedo explicar, sin que experimente vergüenza u otro sentimiento de la misma laya, que el miedo era entonces una constante. Según un famoso y viejo precepto de psicología, "cuando el estímulo no varía, la tensión desaparece". Y una bendita alborada de aquel verano de 1991 amaneció sin que el miedo se hiciera presente, y desde entonces comprendí (al menos así me lo hice saber) que comenzaba a ser un hombre libre porque había expulsado los desasosiegos de mis entrañas, de una vez y por —y para— toda la vida.

Tan sencillo o complicado como suena. Y desde entonces fui libre, entero y sin cortapisas. Y eso fue lo que gané en mi peripecia personal de aquellos días. De buenas a primera, y sin proponérmelo al menos conscientemente, ya no sentí el miedo que me corroía las entrañas. Que me hacía sudar, temblar las piernas, y resecárseme la boca.

De aquel verano guardo un sinnúmero de anécdotas. Que prefiero pasar por alto en este aniversario. Guardo un montón de gestos de solidaridad, firmeza, valentía, y otros de asombrosas pequeñeces humanas. Por suerte, son muy pocas.

¿Qué ganamos y qué perdimos?

Perdimos la posibilidad de participar en la vida cotidiana de nuestros contemporáneos, perdimos nuestra presencia en la Isla, perdimos tantas cosas que no vale la pena recordar. Ganamos, eso sí, la posibilidad de ser parte de la historia —con minúsculas, no hay que exagerar—, y ganamos algo más que no es posible explicar en breves golpes de teclas: ser libres, como nunca antes habíamos sido.

Fuimos un puñado de mujeres y hombres que se levantó desde el silencio, la sombra y la desidia. Que por un momento fuimos depositarios de lo mejor de nuestros coetáneos, además del quehacer y ejecutoria de los mártires y héroes de esta larga y denodada lucha por conquistar los espacios de libertad que se merecen los descendientes de Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Agramonte, José Martí y Antonio Maceo, por no hacer excesiva la enumeración.

Han pasado quince años. Y me parece que el tiempo no ha transcurrido. Pero lo ha hecho, y de qué manera. El tirano ya está decrépito, y de qué forma. El poco prestigio que le quedaba entonces, ha rodado por el suelo, lleno de cieno, por no utilizar un epíteto de un calibre mayor. Hoy estamos más cerca de la luz. Permanecemos a punto de romper las tinieblas, de una vez y para siempre.
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