viernes, septiembre 18, 2026

Miguel Sales Figueroa escribe La Estafeta del Güikén (III): El Informe Harvard sobre Cuba y el fentanilo de los intelectuales

El Informe Harvard sobre Cuba y el fentanilo de los intelectuales

La religión es el opio del pueblo.

Karl Marx

 El marxismo es toda una religión, en el más impuro sentido de la palabra.

Simone Weil

 **********

En 1955, Raymond Aron publicó El opio de los intelectuales, a juicio de muchos críticos uno de los libros de política y sociología más importantes del siglo XX. El título de este nada modesto artículo mío rinde tributo a la enorme contribución aroniana a la búsqueda de la verdad y trata de arrimar la brasa de su clarividencia a nuestra maltrecha sardina caribeña.

***********

 Por Miguel Sales

Málaga, España

16 de septiembre de 2026

El Informe del Grupo de Trabajo de Harvard sobre el futuro de Cuba acaba de ver la luz esta semana. Aunque no he tenido acceso al texto íntegro, he leído atentamente el resumen publicado por la institución. Son unas 20 páginas, 15 de las cuales se consagran a una minuciosa descripción de la realidad actual del país, lo que podría considerarse la parte expositiva, y las cinco finales están dedicadas a las soluciones propuestas, que vienen a conformar la parte ejecutiva del documento.

Debo señalar que los autores del Informe Harvard integran una impresionante nómina de intelectuales y activistas, mayoritariamente cubanos de la Isla y la diáspora. Profesores universitarios, dirigentes de oenegés y especialistas de diversas ramas, que durante seis meses han trabajado “para examinar la crisis que enfrenta [sic] Cuba y elaborar recomendaciones para abordarla”. Es de lamentar que la mala calidad de la traducción española no haga justicia a tanto esfuerzo de cogitación.

Tras glosar las características de la crisis multisectorial que padece la población cubana en todos los ámbitos -escasez de servicios sociales, educativos y sanitarios; deterioro de infraestructuras, colapso del sistema energético, el transporte y la distribución de agua, falta de alimentos y combustibles y un largo etcétera de penurias harto conocidas por cualquiera que se mantenga al tanto de lo que ocurre en la Isla- , los autores emiten un juicio categórico sobre el origen de la situación, lo que un epígrafe denomina “El problema fundamental”:  “La crisis cubana afecta a múltiples áreas de la vida nacional, pero al centro de la misma hay un problema político: la existencia de un gobierno cuya legitimidad se ha erosionado profundamente, fruto de su propia ineptitud, de su incapacidad de dar respuesta a los problemas fundamentales del país, de prácticas represivas en la gestión del disenso ciudadano y de estructuras autoritarias e inmovilistas que obstaculizan el emprendimiento, la creación artística y cultural, la actividad científica y educacional, y el debate sobre cualquier tema importante o sensible”. [Los subrayados son míos].

Hasta aquí, la claridad es meridiana. Aunque previamente se ha mencionado la repercusión de medidas adoptadas por el gobierno estadounidense como factores agravantes de la crisis, el párrafo citado no deja dudas acerca de la responsabilidad del régimen cubano en la génesis del problema: un sistema anacrónico de partido único y economía ineficiente, que se mantiene en el poder mediante la represión y el encarcelamiento de quienes discrepan y el vaciamiento demográfico de la Isla.

El Informe analiza luego algunos de los mecanismos mediante los cuales el régimen cubano tergiversa los preceptos constitucionales. Según los autores, “la Constitución vigente, aprobada en el 2019, supuestamente consagra un estado de derecho, pero funciona en la práctica como sostén de un estado autoritario […] El sistema político está dominado por un partido único que, según afirma el artículo 5, ‘es la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado’” . Todo lo anterior configura un ordenamiento político “irrevocable”.  Esa estructura típica del Estado totalitario hace que “numerosos derechos (pensamiento y expresión, prensa, asociación, libertad de movimiento) sean sistemáticamente violados por las autoridades”.

Es importante este reconocimiento explícito de que la Constitución vigente es, en el mejor de los casos, un documento inane, incapaz de garantizar a la ciudadanía los derechos al uso en cualquier régimen democrático. Porque, como veremos más adelante, el recurso al andamiaje institucional constituye una de las muchas contradicciones entre la parte expositiva y las propuestas concretas que se formulan en la última sección. Como bien saben los cubanos, todos los artículos de la Constitución contienen, de manera explícita o implícita, una coda o coletilla en la que se aclara que su aplicación queda supeditada al interés superior del Estado socialista. Los derechos y las libertades que supuestamente se consagran en el ordenamiento jurídico están sujetos siempre a la conveniencia del Partido Comunista.

La parte más polémica del Informe Harvard llega en la última sección del documento, con las conclusiones y recomendaciones que pretenden contribuir a la acción futura en pro de la transición democrática. Porque los autores del Informe plantean la necesidad de que las autoridades cubanas no solo participen en ese tránsito sino que dirijan su evolución, fijen su calendario y orienten sus resultados.

Eso se llevaría a cabo mediante un sistema de toma y daca, en el que el régimen adoptaría paulatinamente normas liberalizadoras a las que Estados Unidos y la comunidad cubana en el exterior responderían con medidas que aliviarían las graves carencias de todo orden que padece hoy la población de la Isla. Así, el gobierno cubano aceptaría amnistiar a unos 1.300 presos políticos (de los comunes nada se dice, aunque hay miles de reclusos de derecho común condenados por delitos como el sacrificio de ganado, la tenencia de moneda extranjera o el ‘acaparamiento’ de bienes de consumo) y a cambio de esa medida de clemencia habría “una respuesta inmediata, positiva y contundente de la administración americana [sic] para frenar los peores efectos de la crisis humanitaria que vive el país, empezando por la eliminación de sanciones contra los suministros de combustibles”. Nótese la acumulación de adjetivos en torno a la presunta respuesta estadounidense.

La serie de cambios que empezaría con la amnistía conduciría, según el Informe, al restablecimiento “del estado de derecho inscrito en la Constitución vigente, a pesar de sus limitaciones” y propiciaría la instalación de un gobierno de transición que la ciudadanía consideraría legítimo.

En esta fórmula de avenencia –“estamos hablando de soluciones por vías pacíficas”, recuerda el texto – “las autoridades cubanas deben tomar la iniciativa y convertirse en facilitadoras”.

Este método se basa en la idea de que el gobierno cubano, autor, como el propio Informe reconoce, del desastre que aqueja al país desde hace décadas, estaría ahora en disposición de aplicar medidas que vulnerarían su sistema de control y represión, a cambio de ayuda exterior. Lo que los jerarcas del castrismo se han negado a hacer durante 67 años, lo harían de buen grado para acceder a suministros de combustible y comida. Y no solo eso, sino que además emprenderían un proceso de democratización que culminaría en el desmantelamiento del aparato represivo del régimen, la redacción de una nueva Constitución y la celebración de elecciones libres y pluralistas.

La premisa inicial ya resulta bastante inverosímil. Si el régimen comunista ha regido el país con mano de hierro, indiferente al sufrimiento de la población, por más de seis decenios, ¿por qué desmontaría ahora la cadena de mando y control a cambio de gasolina y pollo congelado? Porque la amnistía de 1.300 presos políticos no sería otra cosa que la renuncia a una pieza esencial del aparato represivo, una larga cadena que empieza en los comités de delatores del barrio (CDR) y pasando por la policía política, las brigadas de respuesta rápida y las tropas de Ministerio del Interior, termina en el goulag isleño, compuesto por cientos de cárceles, granjas de reeducación y campos de trabajo forzado.

La otra pregunta que viene al espíritu al leer esta propuesta es ¿por qué el gobierno de Cuba no promulgó ya motu proprio esa amnistía hace 15, 10 o 5 años, cuando no estaba sometido a la misma presión? La respuesta más lógica es: porque los presos siempre han sido y son una moneda de cambio, de la que es posible sacar algún rédito, mediante indultos parciales o ‘regalándolos’ a los mandatarios o figuras famosas que visitan la Isla y se interesan por ellos. Durante años, cada uno de los ‘amigos de Cuba’ que quiso solicitarlo, -Mitterrand, Cousteau, Ted Kennedy- recibió su cuota de presos excarcelados, como prueba de la clemencia del gobierno revolucionario… que tres días después ordenaba una nueva redada para rellenar las existencias. Resulta difícil no asociar esta pauta de comercio de rehenes con la sugerencia que el documento plantea como medida inicial del proceso negociador.

A la amnistía seguirían otras medidas de ambos gobiernos para escalonar los cambios. Todo eso se llevaría a cabo en un periodo indeterminado cuya duración el documento no especifica y que “en el mediano y largo plazo” desembocaría en la ya citada nueva Constitución y la celebración de elecciones. La Constitución vigente, a pesar de sus evidentes deficiencias y su carácter fraudulento, (“funciona en la práctica como sostén de un estado autoritario”) serviría como hoja de ruta de un proceso cuyo calendario y modo de ejecución quedarían al arbitrio de las autoridades cubanas.

Según los autores del Informe, “pasos [sic] iniciales como una amnistía señalarían claramente que los cubanos, todos, cualquiera que sea su ideología, trayectoria, raza, género, religión u orientación sexual, hacen parte [sic] de la comunidad nacional. La Cuba ‘con todos y para todos’ de Martí. Diversa, plural, múltiple, transnacional”. Aparte de la mutilación del apotegma martiano, las afirmaciones precedentes hacen hincapié en el sesgo de inclusión, igualdad y diversidad (DEI) que el Informe desearía imprimir al futuro de Cuba, bajo los auspicios del Partido Comunista. La estrategia basada en la lucha de clases y el dominio de la vanguardia del proletariado ha quedado obsoleta. Ahora urge implantar las políticas identitarias, la ecología anticapitalista y la barra libre a las migraciones.

No se olvide de que “estamos hablando de soluciones por vías pacíficas”. Buenismo, angelismo y pacifismo gozan de buena prensa en los medios de izquierda de América y Europa occidental. Constituyen casi siempre una postura loable, salvo cuando sirven para prolongar la esclavitud y el sufrimiento. Como señaló a principios del siglo XX el poeta Patrick Pearse, mientras los irlandeses luchaban para independizarse del Imperio Británico, “hay cosas más horribles en la vida que la violencia y la esclavitud es una de ellas.”

En las escuelas de la República, a los niños cubanos nos hicieron aprender una canción que dice lo mismo: “en cadenas vivir es vivir en afrenta y oprobio sumido”.

La fórmula de avenencia propuesta en el Informe Harvard promete la prolongación sine die de la afrenta y el oprobio implantados en Cuba hace 67 años por un régimen totalitario. Sin mencionar ni en una sola línea la justicia real y la reparación debida a las víctimas, que deberán aceptar mansamente la convivencia con sus antiguos verdugos. De ahí que las soluciones propuestas hagan hincapié en la justicia social y otros conceptos etéreos, como inclusión, igualdad y diversidad, característicos del wokismo, pero soslayen asuntos medulares como las vulneraciones a la vida, la libertad, el derecho a la propiedad privada y otras prerrogativas humanas esenciales, perpetradas por el régimen castrista a lo largo de varias décadas.

El final previsible de un proyecto así sería un poscastrismo a la rusa, con un partido hegemónico que controle la falsa pluralidad democrática y una nueva clase de hijos y nietos del régimen que dominen la economía y la política, en connivencia con elementos afines del exilio. El marxismo sacralizado o neocomunismo que predomina en Harvard -el de la DEI, las políticas de género y la ecología anticapitalista- tiene más probabilidades de prosperar en un contexto como ese, que en un país donde el Partido Comunista haya sido barrido del poder por medios más expeditivos. 

Dejar la recuperación de las libertades y los derechos de los cubanos al arbitrio del PCC, la familia Castro y sus subalternos no es precisamente una idea muy luminosa. Resulta desconcertante que, para llegar a esa conclusión, la Universidad de Harvard haya necesitado el trabajo de una docena de expertos durante medio año. El Departamento Ideológico del PCC podría haberles servido un resultado idéntico, en menos tiempo y a un costo netamente inferior.

 xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

 Post scriptum- Hace 20 años, en 2006, terminé un libro que la editorial Verbum publicó al año siguiente con el título El poscastrismo y otros ensayos contrarrevolucionarios, firmado con el pseudónimo Julián B. Sorel. Por entonces yo era funcionario de la UNESCO y no podía usar mi nombre real en una publicación de este tipo.

En el volumen figura un ensayo titulado Rectificación de la República, que contiene un largo comentario sobre los programas de los grupos de oposición que operaban en la Isla. En la página 128 escribí lo siguiente:

  “Si yo tuviera la suerte de tener 20 años -que por desgracia no tengo- y tuviera la desgracia de vivir en Cuba -que por suerte tampoco tengo- creo que me agradaría leer un documento programático o de consenso de una sola página, que propusiera con palabras sencillas más o menos lo siguiente:

 Amnistía inmediata de todos los presos políticos

Abolición de la pena de muerte

Reforma de la Constitución y el Código Penal, para suprimir todas las cláusulas que violan, por la letra o por el espíritu, los preceptos de la Declaración Universal de Derechos Humanos

Convocatoria, en un plazo máximo de seis meses, de elecciones generales, abiertas a todos los partidos y bajo supervisión internacional

Formación de un parlamento y un gobierno que reflejen las preferencias de la ciudadanía, expresadas en las urnas

Redacción de una nueva Constitución, que el gobierno someterá a referendo, y elaboración posterior de los nuevos códigos legislativos

Reforma del poder judicial.

 Ese documento ideal dejaría todas las demás medidas a cargo del gobierno y el parlamento legítimos que saldrían de los comicios. Esta sería la manera más simple de devolver a cada ciudadano su soberanía personal, que desde hace medio siglo ve sacrificada en aras de la soberanía nacional”.

 Por supuesto, en ningún punto de mi ensayo se planteaba la posibilidad de que esas medidas corriesen a cargo del gobierno o del Partido Comunista de Cuba, y mucho menos que “las autoridades cubanas deban tomar la iniciativa y convertirse en facilitadoras”, como postula el Informe Harvard. Las ideas adelantadas en mi libro estaban dirigidas explícitamente a la oposición porque, “si los cubanos que afronten la era poscastrista carecen de ideas nítidas acerca de los efectos que el revolucionarismo ha ejercido sobre la historia del país, si no están conscientes de cuáles han de ser las competencias y los límites del Estado en una sociedad moderna, si no han puesto en claro sus creencias acerca Estados Unidos e ignoran la función que ese país ha desempeñado en Cuba desde el siglo XVIII, nunca llegarán a elaborar y adoptar un nuevo proyecto de nación que sea, como planteaba Renan, un plebiscito cotidiano y que les permita superar definitivamente la resaca de la era castrista”. (p.131)

Las 150 páginas de mi libro El poscastrismo… las escribí en dos meses, recluido en la antigua casona de mi amigo Dennis Rousseau, en un pueblito encantador del centro de Francia. No contaba con una docena de colaboradores, aunque me habría gustado tenerlos.  

Cualquier parecido con trabajos o informes posteriores sobre el futuro de Cuba es pura coincidencia. O no

**************

******************

Opinión  breve, clara y alta de Bismary Bacallao sobre el Informe del Grupo de Trabajo de Harvard

 

 *****************

ErnestoMiami

15 de septiembre, 2026

El Informe de Harvard sobre Cuba: Lo bueno, lo malo y lo feo

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

viernes, junio 27, 2025

María Elena Cruz Varela sobre la Carta Abierta a Fidel Castro del 31 de Mayo de 1991, conocida como la Carta de los Diez,

María Elena Cruz Varela: “El miedo es el peor enemigo que tiene el ser humano“

*Entrevista realizada por Micaela Hierro Dori el 29 de Mayo de 2021

(María Elena Cruz Varela)

María Elena es poeta cubana nacida en Colón en 1953, fue conocida como una de las principales intelectuales, miembro del espacio opositor Criterio Alternativo que impulsó la publicación de la Carta Abierta a Fidel Castro el 31 de Mayo de 1991, conocida como la Carta de los Diez, que la llevó a ser detenida arbitrariamente, víctima de un juicio sumario, y condena aprisión por razones políticas dodne además sufrió de tortura blanca. Finalmente cuando la liberan, al tiempo después del hostigamiento, el aislamiento se exilió. Hoy ejerce el periodismo y nos recuerda lo que pensó y sintió con el fusilamiento del General Ochoa en 1989, y esos primeros momentos después de caído el Muro de Berlín, cuando muchos cubanos creían que la caída del comunismo en Europa significaría también la caída del comunismo en Cuba.

MHD: ¿Puede contarnos sobre Criterio Alternativo, y Concertación Democrática, esos primeros espacios de diálogo de la oposición cubana a principios de los años noventa?

MECV: Todo fue un proceso. Cuando yo tomé la decisión de que había que hacer algo fue que me involucré más en todo ese movimiento. Yo veía todo el mundo aplaudiendo, y no entendía porque lo hacían, no sentía lo que ellos sentían (los militares). A la larga la historia y la práctica me dieron la razón, es como un embudo, la parte que te toca. El detonante para mí, la decisión la tomé con mis dos hijos, y recuerdo haber escuchado el discurso de Raúl Castro, quien es lo más lejano que pudo haber de un comunicador, y en ese momento les dije a mis hijos, aquí solo van a sobrevivir los fuertes y los inteligentes. 

En mi casa se congregaba una cantidad de personas de diferentes pensamientos y comportamientos, pero todos eran detractores del sistema cubano. Con la caída del muro de Berlín y la unión soviética había mucha esperanza en el gremio de artistas de que iban a avanzar. Todo el mundo pensaba que, si habíamos seguido a la unión soviética hasta ahí, el régimen cubano iba a llegar hasta ahí. Llegó mucho cine soviético a Cuba, mucho de ese material era bueno, pero era una campaña para lavar la mente.

Stalin mató muchos más comunistas que cualquier otra persona del mundo. Él decía que había que matarlos a todos porque la manzana nunca cae lejos del manzano, y con ese razonamiento eliminaba a quienes pensaban en contra de él, y mandaba familias completas en un tren a Siberia.

Más adelante me sume a Criterio Alternativo, donde teníamos pensamientos distintos al comunismo y fuimos reuniéndonos en mi casa porque yo tenía problemas para transportarme. Pujols se alojaba en mi casa y tuvimos un problema en mi casa, por lo que se fue de ese grupo que se reunía en mi casa. Nosotros fuimos el primer grupo que se declaró de oposición. No me gustan las medias tintas, y el miedo es el peor enemigo que tiene el ser humano.

MHD: ¿Quiénes eran los más activos de criterio alternativo?

MECV: Luque, había entrado Fernando Velásquez, Gabriel Aguado, sumamente fundamental su papel en CA. Pastor Herrera también había entrado y éramos ya unos cuantos, luego comenzó a crecer brutalmente.  

La idea era hacer cosas concretas, pequeñas proclamas que Aguado se encargaba de hacer. Un día Fernando Velázquez Medina me dice por qué no hacemos una declaración para los intelectuales cubanos, de una firmaron diez el documento, luego se fueron sumando más personas. Se difundió el 31 de mayo de hace treinta años. Ese año se realizaron los juegos panamericanos, y la embajadora de USA ante la ONU o la OEA (Harriet), con ella sacamos la primera información pública. Creo que en aquel momento era esposa de un gobernador, que no recuerdo cual. 

MHD: ¿Ustedes se conocían?

MECV: Yo nunca tuve relaciones con la oficina de intereses, fue casualidad.

MHD: Ella ayudó a difundir, pero ¿quién fue el contacto?

MECV: Dos veces nos vimos ella y yo en una cafetería con Jorge Domínguez. Nos encontramos cuando salí a Estados Unidos. Hablamos del levantamiento del embargo y esas cosas, tenían la intención de jalarme a su lado. Yo nunca fui de nadie.

Luego de eso se difundió la carta de los intelectuales, no nos metieron presos por eso, pero la vigilancia se acrecentó. Una de las cosas que yo nunca quise hacer fue nada clandestino, todo fue a la luz pública. Ya después el ataque a mi casa fue después de la declaración de los intelectuales, que yo sabía que esa no me la iban a dejar pasar. Cuando fue el presidente del principado de Asturias y nos reunimos Elisandro Sánchez, Camilo Rentano. Yo llevaba un informe. Había una paranoia sobre si miembros de la seguridad del estado iban a las reuniones, yo no perdía tiempo en eso, al final si hacían las tareas que se le encargaran, en ese momento no estaba trabajando para ellos, aunque luego fuera e informara. Igualmente, no éramos un grupo clandestino, así que no había mucho que perder, porque la información no era 100% secreta. Esa paranoia separaba a la gente del grupo.

Luego de la reunión del diplomático español que me dejó en mi casa, le dije que me abrazara porque no nos íbamos a volver a ver. Al día siguiente la seguridad del estado fue a mi casa. Ese diplomático fue el único mandatario que se reunió con miembros de la oposición cubana. Años después me cuenta que ese día el comandante en jefe fue a visitarlo al aeropuerto, y cuando llega él le dice “usted se estaba reuniendo con enemigos”, (a lo que respondió) “en lo personal vi una mujer muy inteligente con una visión muy clara de la situación cubana, ustedes deberían ponerse en contacto con ella y conversar”, el militar se molestó tanto que pateó una silla.

Entonces ahí fue donde el comandante que ya estaba bueno conmigo, fueron a mi casa y me tuvieron detenida tres días sin poder bañarme ni nada, luego me llevaron a una estación con toda la plana del ejército. Eso fue en noviembre del 91. 

MHD: En ese ínterin de publicar la carta y ser detenida ¿ustedes seguían realizando acciones?

MECV: Yo amaba eso de cartas y octavillas. Todo lo firmaba con mi dirección a puño y letra. Los chicos, Aguado y mi hermano me decían que Criterio Alternativo ya había dejado de ser un grupo de pensamiento. Ellos iban a las paradas de autobuses, colocaban los papeles en el techo y cuando el autobús arrancaba dispersaba eso por todas partes y nadie sabía quién lo había hecho. Yo tenía una tesis romántica de que cuando no hacíamos algo estábamos conviviendo con ellos, y eso no podía ser así. Nunca creí que íbamos a tumbar el gobierno, aunque siempre me acusaron de ambiciosa.

MHD: ¿Cuánto tiempo estuvo detenida?

MECV: Un poquito más de un mes y luego de un juicio rápido me llevan a la cárcel. Fue rápido para evitar el escándalo internacional de parte de organizaciones defensoras de derechos humanos. Me asignaron un abogado defensor que conocí diez minutos antes, el cual estaba súper aterrado. La petición fiscal era de 15 años y me condenaron a 2 años. Y me liberaron a los pocos meses, en una casa con libertad condicional, de ahí me escapé. Mi hijo estaba con su papá y mi hija cumplió la mayoría de edad estando en la cárcel, primero fue para España con la hija de José Luis Pujols y luego vino conmigo a Miami donde yo tenía familia. Yo después de prisión no hice más nada, ahí estuve un poquito menos de un año.

Que yo recuerde la concertación democrática solo hicimos la presentación. Querían que yo fuera la vocera y yo no quería. Criterio Alternativo decidió ir porque no nos íbamos a quedar fuera, no íbamos a negar la unidad, aunque eso se construye en objetivos determinados, no es algo etéreo. Si tenemos unidad de propósitos nos podemos aliar, pero esa concertación no tenía claro ni siquiera sobre qué iban a unirse.

MHD: ¿Qué grupos estaban ahí?

MECV: En aquella época había unas características muy curiosas, y es que tres o dos personas eran un grupo. Hoy hay una sociedad que me maravilla sobre la cantidad de espacios que hay y nadie se los ha regalado, a los actores sociales, activistas, periodistas independientes, cada cual con sus tendencias. Eso no existía en aquella época, porque la gente tenía mucho más miedo. Está en cambio es gente muy joven, que no conocen la historia de la represión, sobre los fusilamientos, las torturas, ese horror.

MHD: ¿Criterio alternativo se disolvió luego de que usted fuera detenida?

MECV: Algunos miembros querían mantenerlo activo, pero no lo lograron, y creo que eso fue un error. 

MHD: De aquella época ¿qué activistas o artistas recuerda que estén activos?

MECV: Iban muchos, pero no recuerdo, la mayoría están en el exilio. Pasé un tiempo en el hospital y la seguridad del estado me tuvo un mes con una luz intensa a menos de un metro de mi cabeza, encendida todo el día (tortura blanca), y a partir de ahí me borraron un poquito el rollo. Fernando debe tener más claro el contenido de la carta de los intelectuales. La experiencia de la cárcel me hizo revalorizar toda mi visión de las mujeres y los seres humanos.

No pertenezco a ningún grupo de oposición, ni dentro ni fuera de Cuba, no quiero. No soy una persona de vociferar, y puede que no esté de acuerdo con alguna acción de la oposición cubana, pero no soy capaz de hacer una crítica pública porque creo que moralmente no tengo ningún derecho. A muchos de los jóvenes activistas los veo y los miro con un cariño fraternal, les deseo todo lo mejor, porque sé que es su tiempo y poco a poco lo han hecho bien. No es mi tempo, ellos son los actores. Ya ahorita puedo mandar al carajo a un montón de gente. 

MHD: ¿Qué opinas de esos espacios de diálogo?

MECV: Yo creo que el diálogo solo se puede hacer con iguales, pero con el régimen no porque ellos están en estado de supervivencia, si les das un clavo ardiendo te van a soltar tres migajas y te van a tener ahí todavía.

MHD: ¿Y qué opinas del diálogo de la sociedad civil con los actores y las organizaciones? Cómo lograr la unidad entre todos para protestar. 

MECV: Yo me emocioné con el 27N no por el diálogo, sino por la movilización espontánea que surgió por un pensamiento colectivo.

*Entrevista realizada por Micaela Hierro Dori el 29 de Mayo de 2021

**********

ANTECEDENTE,  DE INTELECTUALES CUBANOS Y  NO CUBANOS, DE UNA CARTA ABIERTA A FIDEL CASTRO

Tomado de https://www.in-cubadora.com/2

Reinaldo Arenas & Jorge Camacho: Un plebiscito a Fidel Castro / Fragmento [1990]

Archivo | Libros | 17 de junio de 2025

(Reinaldo Arenas)

La CARTA ABIERTA a Fidel Castro, denominada también «La carta de París», pidiendo un Plebiscito en Cuba, fue redactada y firmada inicialmente por los intelectuales cubanos Reinaldo Arenas y Jorge Camacho, desde sus respectivos exilios de Nueva York y París en 1988. Misiva que se difundió en español, inglés y francés por correo postal y fue publicada en algunos periódicos o reproducida en revistas de la época en todo el mundo. Con posterioridad, a los dos años, se publicó el libro Un plebiscito a Fidel Castro (Betania, 1990) de Reinaldo Arenas y Jorge Camacho, 152 pp. Colección DOCUMENTOS que incluía esa carta, pero con más firmas de escritores, políticos y artistas de reconocido prestigio internacional (164 extranjeros y 110 cubanos) acompañada por los recortes de prensa y las cartas de apoyo solidario recibidas.


Firmaron ocho Premios Nobel y siete expresidentes latinoamericanos; convirtiéndose en uno de los documentos históricos más importantes en contra del régimen castrista del 59 en sus 66 años de dictadura.  Entre los firmantes, se sumaron los españoles: Camilo José Cela, Fernando Arrabal, José Luis Aranguren, Fernando Claudín, Juan Goytisolo, Luis Rosales, Félix Grande, Juan Masé, Vicente Molina Foix, Fernando Savater, Carlos Semprún, Xavier Domingo, José Ferrater Mora, Pere Gimferrer, Ana María Moix, Xavier Rubert Ventós, Fernando Trueba, Xavier Tusell, José Ángel Valente, José Miguel Ullán, Julián Ríos, entre otros. También los latinoamericanos Octavio Paz, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa, Jorge Edwards, Violeta Chamorro, Juan Liscano, Sofía Imber, Plinio Apuleyo Medoza, Manuel Puig, Gabriel Zaid. Y los cubanos Lydia Cabrera, Gastón Baquero, Leví Marrero, Eugenio Florit, Enrique Labrador Ruiz, Felipe Pazos, Raúl Chibás, Roberto Agramonte, Rolando Cubelas, Eloy Gutiérrez Menoyo, Carlos Franqui, Martha Frayde, Heberto Padilla, Antonio Benítez Rojo, José Triana, César Leante, Carlos Alberto Montaner, José Mario, Pío E. Serrano y Néstor Almendros,  que junto a Orlando Jiménez Leal, colaboraron desde Nueva York con Reinaldo Arenas en este proyecto.  Además de otras firmas internacionales, como: Saul Below, Joseph Brodsky, Jean Daniel, Jacques Derrida, Milovan  Djilas, Federico Fellini, Allen Ginsberg, André Glucksmann, Eugene Ionesco, Bernand-Heri Lévy, Czestaw Milosz, Claude Simon, Phillipe Sollers, Susan Sontag, William Styron, Hugh Thomas, René Tavernier, etcétera.

Algunos  firmantes: 


Al cumplirse los 35 años de la primera edición de este libro, Betania pone a disposición de los lectores la versión digital del mismo.


Los documentos originales de esta obra pueden ser consultados en la colección Reinaldo Arenas de la Universidad de Princeton, Nueva Jersey.


[Para descargar ‘Un plebiscito a Fidel Castro / Fragmento’ en PDF]


*********

ANTECEDENTE,  DE INTELECTUALES NO CUBANOS, DE UNA CARTA ABIERTA A FIDEL CASTRO


Tomado de https://rialta.org

Primera carta de los intelectuales a Fidel Castro

El original de esta carta apareció en francés en el periódico ʻLe Mondeʼ el 9 de abril de 1971.

Por RIALTA STAFF.08 mayo, 2018


Comandante Fidel Castro

Primer Ministro del Gobierno Revolucionario

Los abajo firmantes, solidarios con los principios y objetivos de la Revolución cubana, le dirigimos la presente para expresar nuestra inquietud debida al encarcelamiento del poeta y escritor Heberto Padilla y pedirle reexamine la situación que este arresto ha creado.

Como el gobierno cubano hasta el momento no ha proporcionado información alguna relacionada con este arresto, tememos la reaparición de una tendencia sectaria mucho más violenta y peligrosa que la denunciada por usted en marzo de 1962, y a la cual el comandante Che Guevara aludió en distintas ocasiones al denunciar la supresión del derecho de critica dentro del seno de la Revolución.

En estos momentos –cuando se instaura en Chile un gobierno socialista y cuando la nueva situación creada en el Perú y Bolivia facilita la ruptura del bloqueo criminal impuesto a Cuba por el imperialismo norteamericano– el uso de medidas represivas contra intelectuales y escritores quienes han ejercido el derecho de crítica dentro de la Revolución puede únicamente tener repercusiones sumamente negativas entre las fuerzas anti-imperialistas del mundo entero, y muy especialmente en la América Latina, para quienes la Revolución cubana representa un símbolo y estandarte.

Al agradecerle la atención que se sirva prestar a nuestra petición, reafirmamos nuestra solidaridad con los principios que inspiraron la lucha en la Sierra Maestra y que el gobierno revolucionario de Cuba ha expresado tantas veces por medio de las palabras y acciones de su Primer Ministro, del comandante Che Guevara y de tantos otros dirigentes revolucionarios.

Firman

Carlos Barral, Simone de Beauvoir, Italo Calvino, Josep Maria Castellet, Fernando Claudín, Julio Cortázar, Jean Daniel, Marguerite Duras, Hans Magnus Enzensbeger, Jean-Pierre Faye, Carlos Franqui, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, Alain Jouffroy, André Pieyre de Mandiargues, Joyce Mansour, Dionys Mascolo, Alberto Moravia, Maurice Nadeau, Hélène Parmelin, Octavio Paz, Anne Philipe, Pignon, Jean Pronteau, Rebeyrolle, Rossana Rossanda, Francisco Rossi, Claude Roy, Jean-Paul Sartre, Jorge Semprún, Mario Vargas Llosa.

Etiquetas: , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

miércoles, junio 25, 2025

: Redacción de CubitaNOW: “Carta de los Diez”, el mayor reclamo de los intelectuales al régimen castrista

 Tomado de https://noticias.cubitanow.com/

“Carta de los Diez”, el mayor reclamo de los intelectuales al régimen castrista

 Por Redacción de CubitaNOW

22 de junio de 2025

Este mes de junio se conmemora el 34.º aniversario de un hecho crucial en la historia reciente del disenso intelectual cubano: la publicación de la conocida “Carta de los Diez”, un documento valiente y frontal en el que un grupo de destacados escritores y periodistas exigió al régimen cubano profundas reformas democráticas. La misiva, fechada en 1991, fue redactada por la poeta María Elena Cruz Varela, fundadora del movimiento opositor Criterio Alternativo, y contó con el respaldo de nueve reconocidas figuras del ámbito literario e intelectual de la isla.

Firmaron junto a Cruz Varela: Raúl Rivero, Manuel Díaz Martínez, Nancy Estrada, José Lorenzo Fuentes, Bernardo Márquez Ravelo, Manuel Granados, Fernando Velázquez Medina, Roberto Luque Escalona y Víctor Manuel Serpa. En tiempos en que pronunciarse en contra del poder era prácticamente un acto suicida, estos diez intelectuales decidieron plantar cara al autoritarismo con lo que consideraron su propia declaración de independencia.

La reacción del aparato oficial no se hizo esperar. El periódico Granma, órgano del Partido Comunista de Cuba, publicó un editorial en respuesta, atribuido al entonces jefe del Departamento Ideológico del Comité Central, Carlos Aldana. En él, los firmantes fueron calificados de “agentes de la CIA”, la acusación infaltable del castrismo para deslegitimar la disidencia.

En un ataque particularmente virulento, el editorial arremetió contra Cruz Varela con un lenguaje profundamente ofensivo, llegando a decir que era “una desconocida, semianalfabeta, de dudosa conducta moral y enferma de neurosis histérica”. La descalificación resultaba doblemente absurda al considerar que, apenas dos años antes, había sido reconocida con el Premio Julián del Casal por su libro Hija de Eva, y que era considerada una de las voces poéticas más relevantes de su generación.

La campaña de descrédito también apuntó hacia autores de trayectoria consolidada, como José Lorenzo Fuentes, mención de honor del Premio Casa de las Américas en 1968; Manuel Díaz Martínez, ganador en 1967 del Premio Julián del Casal; Manuel Granados, premiado ese mismo año por la Casa de las Américas por su novela Adire y el tiempo roto; y Raúl Rivero, reconocido por su obra poética con los premios David y Julián del Casal en 1969 y 1972, respectivamente.

A partir de la publicación de la carta, todos sus firmantes fueron víctimas de acoso, represión y represalias. Pero la peor parte la sufrió su autora, María Elena Cruz Varela. La vigilancia habitual sobre su vivienda en Alamar se intensificó, hasta que agentes de la Seguridad del Estado irrumpieron en su apartamento y la detuvieron con violencia, arrastrándola por las escaleras. Uno de los episodios más aberrantes fue protagonizado por una oficialista que, según mostró el Noticiero Nacional de Televisión, “le hizo tragar alguno de los papeles hallados en el registro”, jactándose de su acción como si se tratara de un acto heroico.

Cruz Varela fue sometida a un juicio sumario y condenada a dos años de prisión. Tras su excarcelación en 1994, marchó al exilio, donde ha continuado denunciando la represión en su país. Los otros firmantes también fueron forzados a abandonar Cuba, con una excepción: Raúl Rivero decidió permanecer y, en 1995, fundó la agencia de noticias independiente Cuba Press. Sin embargo, tras su encarcelamiento durante la ola represiva de marzo de 2003, él también se vio obligado a abandonar la isla.

A pesar de la persecución, ninguno de los firmantes de la carta renunció jamás a continuar en la lucha por la libertad y la democracia. La “Carta de los Diez” marcó un hito sin precedentes como desafío frontal al castrismo desde el ámbito intelectual. No sería hasta tres décadas después, el 27 de noviembre de 2021, que el régimen enfrentaría un cuestionamiento de igual magnitud, cuando decenas de artistas se congregaron frente al Ministerio de Cultura en demanda de mayores libertades.

************

Testimonio  del firmante  Manuel Díaz Martínez;  escrito  el 7 de abril de 1996 desde Las Palmas de Gran Canaria:  La carta de los diez

*******



Etiquetas: , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

Luis Cino Álvarez desde Cuba: La Carta de los Diez: el primer gran desafío de los intelectuales al castrismo

La Carta de los Diez: el primer gran desafío de los intelectuales al castrismo 

*********

La Carta de los Diez significó el primero y mayor de los retos por parte de intelectuales que ha tenido que enfrentar la dictadura castrista.

*********

Por Luis Cino

Junio 22, 2025

LA HABANA, Cuba. – Este mes de junio se cumplió el aniversario número 34 de la “Carta de los Diez”, el nombre con que es conocido el documento en reclamo de democracia que 10 destacados intelectuales cubanos dirigieron al régimen castrista en 1991. 

La carta, en que sin tapujos se exigían los cambios inaplazables que necesitaba el país, entre ellos la liberación de los presos de conciencia, fue redactada por la poeta María Elena Cruz Varela, quien unos pocos años antes había fundado el movimiento opositor Criterio Alternativo. 

Fue respaldada por las firmas de otros nueve poetas, periodistas y escritores: Raúl Rivero, Manuel Díaz Martínez, Nancy Estrada, José Lorenzo Fuentes, Bernardo Marquéz Ravelo, Manuel Granados, Fernando Velázquez Medina, Roberto Luque Escalona y Víctor Manuel Serpa. 

En aquellos momentos, cuando pocos se atrevían a chistar, la carta fue un acto heroico, casi suicida. Sus firmantes la consideraron su declaración de independencia.       

El periódico Granma, órgano oficial del partido único, ripostó con un editorial ―presumiblemente escrito por Carlos Aldana, el por entonces jefe del Departamento Ideológico del Comité Central― en el que le endilgaban a María Elena Cruz Varela y a los demás firmantes de la carta la infaltable acusación de “agentes de la CIA”. 

En aquel infame editorial, llegaron al absurdo de calificar a María Elena Cruz Varela, que había recibido hacía menos de dos años el Premio “Julián del Casal” por el libro Hija de Eva, y que estaba considerada entre las mejores autoras de su generación, como “una desconocida, semianalfabeta, de dudosa conducta moral y enferma de neurosis histérica”.

En una rabiosa campaña contra los firmantes de la carta también denigraron y trataron de restar méritos a autores que hasta entonces habían gozado de reconocimiento: fueron los casos de José Lorenzo Fuentes, que con su libro Después de la gaviota obtuvo mención de honor en el Concurso Casa de las Américas de 1968; de Manuel Díaz Martínez, que en 1967, con su poemario Vivir es eso, obtuvo el Premio Julián del Casal, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba; de Manuel Granados, cuya novela Adire y el tiempo roto fue premiada en 1967 por Casa de las Américas; y de Raúl Rivero, que, antes de destacarse como periodista, había obtenido por su poesía los premios David y Julián del Casal, en 1969 y 1972, respectivamente.      

Los firmantes de la declaración fueron sometidos a todo tipo de represalias y acosos. Pero lo peor recayó sobre María Elena Cruz Varela. 

La habitual vigilancia de la policía política y sus chivatos sobre el edificio donde residía la escritora en Alamar fue redoblada. Finalmente, los esbirros recibieron la orden de allanar su apartamento y detenerla: la bajaron a rastras por la escalera del edificio. Y, como si fuera poco, una porrista, a la que luego mostraron en el Noticiero Nacional de Televisión presumiendo de “su proeza”, le hizo tragar alguno de los papeles hallados en el registro. 

En juicio sumarísimo, María Elena Cruz Varela fue condenada a dos años de prisión. Después que salió de la cárcel, en 1994, se fue al exilio, desde donde no ha cesado en su lucha contra la dictadura. 

También fueron forzados al exilio los demás firmantes de la carta. Solo se negó a irse del país Raúl Rivero que, en 1995, creó la agencia de prensa independiente Cuba Press. Pero tras ser encarcelado durante la ola represiva de marzo de 2003, también se vio obligado a exiliarse.

Ninguno de los firmantes de la carta renunció jamás a continuar en la lucha por la libertad y la democracia. 

La Carta de los Diez significó el primero y mayor de los retos por parte de intelectuales que ha tenido que enfrentar la dictadura castrista. El régimen no enfrentaría un desafío de esta índole hasta 30 años después, el 27 de noviembre de 2021, con la protesta de varias decenas de artistas ante el Ministerio de Cultura

**********

DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG BARACUTEY CUBANO

Quince años después


La 'Carta de los Diez': Un desafío intelectual al castrismo.

Bernardo Marques-Ravelo,
Miami
viernes 9 de junio de 2006 6:00:00

Es cierto: no fuimos los primeros. Antes que nosotros Ricardo Bofill y Elizardo Sánchez, entre otros, ya habían creado la primera organización para defender los derechos humanos, conculcados en la Isla desde el mismo triunfo de la "Involución", como le gusta decir a una amiga entrañable.

Se ha dicho, en estos tres lustros, que poco o nada se consiguió con la Declaración de los Intelectuales Cubanos. Y que el texto en cuestión era muy tímido. Que debió ser más agresivo, o más viril. Y que los reclamos contentivos en esa hoja es —fueron— una entelequia, o sencillamente no pasó de ser una algazara de un puñado de intelectuales irresponsables para centrar en ellos —nosotros— los ojos de la prensa extranjera.

Y de los adversarios de la Plaza de la Revolución. No es cierto o, para decirlo de una manera más adecuada o diplomática, están equivocados.

En estos quince años transcurridos, el régimen de La Habana sigue igual. O sea, que el cuartito está igualito: no hay pan ni libertad ni justicia. Y escasea todo, empezando por lo más elemental. Y de ello, por ejemplo, puede dar cuenta la muy famosa —y sombría— Primavera Negra, de marzo de 2003, cuando los gendarmes de Castro arrastraron a las cárceles a 75 luchadores por la libertad y la democracia.

Pedimos entonces lo que podíamos pedir y estaba a nuestro alcance: "Elecciones directas a la Asamblea nacional, sin restricciones; eliminación de las exclusiones migratorias; reactivación de los mercados libres campesinos, para evitar la hambruna que se nos avecina; petición de asistencia a los organismos especializados de Naciones Unidas, con el fin de paliar la escasez de medicinas y el previsible aumento de la mortalidad; y decretar amnistía a todos los presos de conciencia y a aquellos que intentaron abandonar el país de forma clandestina: No se puede condenar a un ser humano por seguir el dictado de su instinto de conservación".

Y con la excepción de Manuel Granados —que falleció en Francia poco después de salir al exterior, casi inmediatamente de la firma del documento—, todavía están (estamos) vivos y gozando de cierta (y discreta) buena salud: María Elena Cruz Varela, Roberto Luque Escalona, Raúl Rivero Castañeda, Fernando Velázquez Medina, Manuel Díaz Martínez, Víctor M. Serpa Riestra, Nancy Estrada Galván, José Lorenzo Fuentes y Bernardo Marqués Ravelo, que soy yo. Todos ahora en el exilio.

(María Elena Cruz Varela en la Casa Bacardí, Miami )

Estos fueron los diez primeros, a los que luego se sumaron, entre otros, el germanista Jorge Pomar Montalvo, ex combatiente internacionalista en las guerras de África y hasta ese momento militante del Partido Comunista de Cuba, el actor y cantante Alberto Pujol Parlá, y el cineasta Ricardo Vega Figarola.

Creo que si algún valor tiene la muy traída —y llevada— declaración, es la de sentar un precedente epocal. Aunque sin pertenecer a una misma generación, los firmantes, por separado, sin previamente ponerse de acuerdo —hasta donde sé—, comprendieron que era el momento justo de hacer un pronunciamiento público que, al menos, salvara la honra para las siguientes promociones de cubanos.

Fueron días de zozobras, miedos, y casi terrores porque a cada hora nos sentíamos como lo que en realidad éramos: unos seres perseguidos, repudiados, desamparados a la buena de Dios —o del Diablo, uno nunca sabe—, que tenían que comenzar a esconderse, evitar los lugares congestionados, y poco a poco comenzar a ser los seres invisibles de una saga que un gran escritor de ficción había escrito para nosotros. Con lujo de detalles.

Puedo explicar, sin que experimente vergüenza u otro sentimiento de la misma laya, que el miedo era entonces una constante. Según un famoso y viejo precepto de psicología, "cuando el estímulo no varía, la tensión desaparece". Y una bendita alborada de aquel verano de 1991 amaneció sin que el miedo se hiciera presente, y desde entonces comprendí (al menos así me lo hice saber) que comenzaba a ser un hombre libre porque había expulsado los desasosiegos de mis entrañas, de una vez y por —y para— toda la vida.

Tan sencillo o complicado como suena. Y desde entonces fui libre, entero y sin cortapisas. Y eso fue lo que gané en mi peripecia personal de aquellos días. De buenas a primera, y sin proponérmelo al menos conscientemente, ya no sentí el miedo que me corroía las entrañas. Que me hacía sudar, temblar las piernas, y resecárseme la boca.

De aquel verano guardo un sinnúmero de anécdotas. Que prefiero pasar por alto en este aniversario. Guardo un montón de gestos de solidaridad, firmeza, valentía, y otros de asombrosas pequeñeces humanas. Por suerte, son muy pocas.

¿Qué ganamos y qué perdimos?

Perdimos la posibilidad de participar en la vida cotidiana de nuestros contemporáneos, perdimos nuestra presencia en la Isla, perdimos tantas cosas que no vale la pena recordar. Ganamos, eso sí, la posibilidad de ser parte de la historia —con minúsculas, no hay que exagerar—, y ganamos algo más que no es posible explicar en breves golpes de teclas: ser libres, como nunca antes habíamos sido.

Fuimos un puñado de mujeres y hombres que se levantó desde el silencio, la sombra y la desidia. Que por un momento fuimos depositarios de lo mejor de nuestros coetáneos, además del quehacer y ejecutoria de los mártires y héroes de esta larga y denodada lucha por conquistar los espacios de libertad que se merecen los descendientes de Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Agramonte, José Martí y Antonio Maceo, por no hacer excesiva la enumeración.

Han pasado quince años. Y me parece que el tiempo no ha transcurrido. Pero lo ha hecho, y de qué manera. El tirano ya está decrépito, y de qué forma. El poco prestigio que le quedaba entonces, ha rodado por el suelo, lleno de cieno, por no utilizar un epíteto de un calibre mayor. Hoy estamos más cerca de la luz. Permanecemos a punto de romper las tinieblas, de una vez y para siempre.
***********

Etiquetas: , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

domingo, agosto 27, 2023

Luis Cino Álvarez desde Cuba: Intelectuales y escritores en Cuba: como el perro que se muerde la cola

 
Tomado de https://www.cubanet.org/

Intelectuales y escritores en Cuba: como el perro que se muerde la cola

*******

Hoy, los escritores cubanos son posmodernos, sólo que con una abigarrada mezcla de cinismo, desesperanza, hedonismo, camuflaje, pedantería, escapismo revoltoso y la autocensura que dicta su aguzado instinto de conservación

*******

Por Luis Cino Álvarez

27 de agosto, 2023

LA HABANA, Cuba. — A la literatura cubana, la posmodernidad, o una muy particular versión de ella, adaptada a las circunstancias del régimen castrista, llegó con retraso y desventaja, casi dos décadas después de mayo del 68 y unos pocos años antes de la caída del Muro de Berlín.

Para cuando se empezó a colarse de a poco entre las grietas de la plaza sitiada, los debates sobre la posmodernidad en los medios intelectuales del Primer Mundo ya habían concluido. Así, los escritores cubanos, hartos de tanta ideologización y ávidos de ponerse al paso del resto del mundo, tuvieron que estirarse y saltar como ranas de las aguas estancadas de la charca del Quinquenio Gris y el realismo socialista como política cultural de Estado a la procelosa corriente del arte pos-moderno.

Hoy, los nuevos escritores cubanos son posmodernos —¡Qué duda cabe!—, sólo que con una abigarrada mezcla de cinismo, desesperanza, hedonismo, camuflaje, pedantería, escapismo revoltoso y la autocensura que dicta su aguzado instinto de conservación. Porque, aunque ya quedó atrás el Pavonato, la parametración y Leopoldo Ávila abriendo fuego contra los escritores desde las páginas de la revista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, tampoco, por muchas redes sociales que haya, son los tiempos de los perestroikos y los pintores contestatarios de Arte-Calle.

No olvidemos que el régimen de la continuidad castrista, que se dice víctima de “una guerra cultural impulsada desde los centros de poder hegemónicos”, no escatima las leyes y decretos para limitar la creación artística y aherrojar todavía más el arte.

Frente a ese desestimulante panorama, los nuevos narradores se asumen como posmodernos y descontextualizados, cual si ese fuera el ropaje que los impermeabiliza de comisarios y censores.

Los nuevos narradores se empeñan en usar un lenguaje preciosista y críptico (metatranca lo llama el vulgo). Cuando se refieren a la realidad nacional, lo hacen del modo más difuso posible. Eso les evita buscarse problemas con la censura.

Seis décadas de aberrantes políticas culturales que se iniciaron en junio de 1961, con la advertencia de Fidel Castro a los escritores y artistas de que “dentro de la revolución todo, contra la revolución, ningún derecho”, han generado en Cuba un medio intelectual donde imperan el miedo, la simulación, el doble discurso y la desvergüenza.

Los jóvenes escritores y poetas de la Asociación Hermanos Saíz son parte de ese medio. Saben que tanto la AHS como la UNEAC, en vez de ser un gremio de escritores y artistas, funcionan como todas las demás organizaciones de masas: cumpliendo orientaciones “de arriba”. Por tanto, han tenido que aprender a lidiar con los comisarios reclutados por el régimen entre oportunistas y mediocres —y hasta algunos talentosos que aceptaron someterse— para implementar sus políticas culturales.

Si no quieren ser condenados al ostracismo, tienen que jugar con las reglas de los comisarios y arreglárselas con su mangoneo de los jurados de los premios, las revistas, las editoriales, la radio, la TV y los viajes al exterior.

En la más reciente narrativa cubana (¿pos-literatura para el pos-totalitarismo?), el discurso oficial es sólo un zumbido remoto, un abejeo que apenas molesta, relativamente fácil de obviar.

Para escribir sus atmósferas intimistas, alucinadas y cargadas de sexo, que no llegan a ser verdaderas historias, al menos en el sentido aristotélico, los autores, a través de la fusión, la parodia y la intertextualidad, apelan a todo tipo de influencias: Lezama, Borges, Bukovsky, Houellebecq, Cormac McCarthy. También les sirven de referentes la mitología del rock, las películas de Hollywood (especialmente las de Kubrick, Tarantino, Woody Allen, Alan Parker y los hermanos Cohen), la ciencia ficción o los muñequitos rusos. Hasta a los labios de Norah Jones echan mano, como hizo Alberto Garrandés, para titular un cuento homoerótico.

Gracias a la descontextualización, los narradores —y a veces ciertos ensayistas, que son los que se atreven a ir más lejos— en vez de regaños de los comisarios de la UNEAC, suelen recibir premios en concursos convocados por revistas literarias. Rara vez llegan a las editoriales nacionales. Cuando más, los publican en El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba o la revista Unión. Pero se conforman con lucir sus dotes y desahogarse, diciendo hasta donde se atreven y sin buscarse demasiados problemas.

En definitiva, ellos tienen claro lo que quieren decir. El arte —no se cansan de repetirlo, y hay que admitir que tienen mucho de razón en eso— más que en cualquier otra cosa, está en la insinuación.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...

miércoles, julio 19, 2023

Luis Cino Álvarez desde Cuba: Lenin, el azote de los escritores libres en Rusia

 





Tomado de https://www.cubanet.org/

Lenin, el azote de los escritores libres en Rusia

*******

Fue probablemente Lenin quien inspiró en sus discípulos Stalin, Mao y Fidel Castro la animadversión contra los escritores, intelectuales y artistas que no se sometieran a sus designios

*******

Por Luis Cino Álvarez

16 de julio, 2023

LA HABANA, Cuba. — Fue probablemente Lenin quien inspiró en sus discípulos Stalin, Mao y Fidel Castro la animadversión contra los escritores, intelectuales y artistas que no se sometieran a sus designios.

Vladímir Ilich Lenin detestaba a los escritores que no sirvieran a la causa comunista. Desde mucho antes de que en 1917 se apoderara del poder, el líder bolchevique no ocultaba el desprecio que sentía por aquellos que no se plegaban a sus planes, a quienes calificaba de “pseudointelectuales” y otros epítetos.

En fecha tan temprana como 1905, cuando aún no había creado el primer soviet, en La organización y la literatura del Partido, escribía Lenin con su prosa exaltada y farragosa: “¡Fuera los literatos que no pertenezcan al Partido! ¡Fuera esos falsos superhombres de las letras! La literatura debe formar parte de la causa del proletariado universal, debe ser un tornillo o una palanca en el complicado mecanismo movido por la aparición de la conciencia de clases y colocarse al lado de los trabajadores.”

Tanto recelo sentía Lenin hacia los escritores, tanto le disgustaban, que incluso algunos de los que sirvieron lealmente al régimen soviético, como Máximo Gorki y los poetas Serguei Esenin y Vladímir Mayakovsky, tuvieron encontronazos con el poder y fueron acusados de “elitistas, individualistas  y pequeño-burgueses”.

A Lenin le irritaba el más grande de los escritores rusos: León Tolstoi. Si no se ensañó más con él fue porque murió en 1910, siete años antes del triunfo de la Revolución bolchevique. Si no, quién sabe si hubiera terminado preso o exiliado.

El pacifismo de León Tolstoi, su misticismo cristiano y, particularmente, su doctrina de la no resistencia al mal se contradecían con la violencia propugnada por Lenin luego de la Revolución de 1905. Por eso, reprochaba a Tolstoi “la torpeza de los visionarios, la falta de perspicacia política”, “sus puntos de vista perjudiciales”, no entender la Revolución y “evitarla de modo consciente”.

El líder bolchevique, aunque decía admirar la literatura de Tolstoi, no conseguía ocultar el desdén que sentía por él. Afirmaba que los criterios de Tolstoi “eran los de un campesino patriarcal e ignorante y no los de un escritor de cultura europea”.

En el artículo León Tolstoi, espejo de la Revolución rusa, escrito por Lenin poco después de la muerte del autor de Ana Karenina y La Guerra y la Paz, sentenció: “Como profeta que ha descubierto nuevas fórmulas para la salvación de la humanidad, Tolstoi es francamente ridículo y sus seguidores rusos y extranjeros son criaturas lastimeras, porque tratan de elevar a dogmas la parte más débil de sus enseñanzas”.

Vale la pena citar en extenso el roñoso análisis que hace Lenin en dicho artículo sobre el ideario del apóstol de Yasnaia Poliana:

“Es algo que salta a primera vista la inconsistencia que se encuentra en las obras, opiniones, enseñanzas y doctrinas de la escuela de Tolstoi. Por un lado, tenemos a un autor de genio que ha producido pinturas inigualables de la vida rusa, obras que pueden ser calificadas de clásicas en la literatura universal, por el otro nos encontramos con el terrateniente, sectario de Cristo. Con una mano, Tolstoi escribe la protesta más sincera, directa y acuciosa que existe contra la falsedad e injusticia del actual orden social, y con la otra produce a los tolstoianos, cansados, lastimosos, harapos de intelectuales que se golpean el pecho públicamente exclamando: soy un pecador, un miserable pecador, pero ahora me entrego a perfeccionarme moralmente y ya no como carne, solo me alimento de arroz y lechuga. Por un lado, la obra de Tolstoi contiene la crítica más severa de la explotación capitalista, la acusación más desenmascaradora de la violencia gubernamental, de la comedia de la justicia y de los contrastes entre la creciente plutocracia y el aterrador avance de la pobreza entre las clases trabajadoras; por el otro, contiene esa imbécil prédica de la resistencia al mal. En algunas de sus páginas nos encontramos con el más sincero realismo, en otras con prédicas sobre la más absurda hipocresía existente, la religión, sentimiento que trata de imponer, sustituyendo a los predicadores oficiales con otros sacerdotes, movidos estos por convicciones morales, cultivando así una nueva, odiosa y refinada clerecía”.

Lástima que Tolstoi no hubiese estado vivo para ripostar.

¿Qué iba Lenin a apreciar la literatura, y el arte en general, por sus valores intrínsecos, más allá  de la política? En Lenin, que era un hombre culto, el fanatismo y el odio se imponían sobre la cierta sensibilidad artística que poseía.

Sobre la Appassionata de Beethoven, escribió una vez,: “No conozco nada más hermoso que la Appassionata. Podría oírla todos los días. Es una música maravillosa, ultraterrena. Cada vez que oigo esas notas, pienso con orgullo, quizás con ingenuidad infantil en las hermosas cosas que el hombre puede realizar. Pero no puedo oír esa música a menudo, me afecta los nervios. Quisiera decirles cosas amables a las gentes y acariciarles la cabeza a quienes pueden crear tal belleza en un mundo tan horrible. Pero hoy no es el momento de acariciar cabezas, sino de destrozarlas con nuestros puños cerrados”. Y, en un rapto de sinceridad, concluía confesando: “Le aseguro, amigo mío, que nuestra tarea es verdaderamente infernal”.

***************

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano 

Lenin fue mucho más que el azote de los escritores libres en Rusia; fue un genocida:


Lenin: números, datos e imágenes de los crímenes del primer dictador comunista

**********
Uno de los mitos históricos más aberrantes del siglo XX es presentar a Lenin como el dictador “bueno” de la URSS, y a Stalin como el “malo”, en un intento de salvar el mandato del primero.
**********
@ElentirVigo
Mar 8·11·2016

AVISO: este artículo contiene imágenes que pueden herir tu sensibilidad

Las cifras de víctimas del leninismo, de noviembre 1917 a enero 1924
  •     Más de un millón de personas asesinadas por motivos políticos o religiosos.
  •     Entre 300.000 y 500.000 cosacos asesinados.
  •     Cientos de miles de trabajadores y campesinos asesinados por hacer huelgas.
  •     240.000 muertos en la represión de la rebelión de Tambov.
  •     Más de 50.000 prisioneros de guerra blancos ejecutados.
  •     Entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos por hambrunas entre rusos, kazajos y tártaros.
Lenin en un mitin el 18 de marzo de 1918.

Una revolución comunista que abortó la democracia en Rusia

Para desmitificar a Lenin hay primero que romper otros mitos. El más básico es que cuando estalló la Revolución bolchevique el 7 de noviembre de 1917, los comunistas no derrocaron al Zar -que ya no reinaba- sino que abortaron la incipiente democracia en Rusia, aprovechando la crisis surgida entre conservadores y socialistas. Tras el asalto violento al poder por parte de los comunistas, estalló una guerra civil que duró cinco años, y en la que -ya desde el poder- se enfrentaron los bolcheviques -que resultaron vencedores- contra todos sus rivales. Era el comienzo de una sanguinaria dictadura que duraría más de 70 años, hasta la desaparición de la URSS en 1991.

Chekistas bolcheviques asesinando a un detenido, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947).

Lenin ya había adelantado sus planes: dictadura y represión violenta

Poco antes de esa revolución comunista, en el verano de 1917 Lenin escribió un libro, “El Estado y la Revolución”, trazando cómo sería su dictadura. Entre otras consideraciones, el futuro déspota tiraba de la demagogia más burda y arremetía contra la democracia parlamentaria:

    “Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino en las repúblicas más democráticas.”

Lenin abogaba “por la destrucción del parlamentarismo burgués” y “por una República de los Soviets de diputados obreros y soldados, por la dictadura revolucionaria del proletariado“. Esa dictadura implicaría “una serie de restricciones impuestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, de los capitalistas” (al final las aplicaría a todo el mundo), y añadía: “es evidente que allí donde hay represión hay violencia, no hay libertad ni democracia”. En el libro, además, ya adelantaba con absoluta franqueza y antes de llegar al poder que la violencia la usaría “tanto para aplastar la resistencia de los explotadores como para dirigir a la enorme masa de la población, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a los semiproletarios, en la obra de “poner en marcha” la economía socialista.” Uno de los más estrechos colaboradores del dictador comunista, León Trotsky, escribiría años después las palabras de Lenin a quienes se mostraban reticentes al uso del terrorismo: “¿Creéis realmente que podemos salir victoriosos sin utilizar el terror más despiadado?”

Funcionarios de la Cheka de Uman en 1920.

En tres años Lenin multiplicó por 18 el aparato represor del zarismo

Nada más tomar el poder los comunistas, empezaron a organizar su aparato represor. Una de las primeras medidas de la dictadura bolchevique fue instaurar la Chrezvycháinaya Komíssiya (más conocida como Cheka), un cuerpo de policía política fundado el 20 de diciembre de 1917, cuando Lenin llevaba algo más de un mes ejerciendo como dictador en concepto de “Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo”. La policía secreta zarista, la temible Ojrana, había llegado a tener a unos 15.000 miembros, encargados de detener a enemigos políticos, encarcelarles, torturarles e incluso ejecutarles sin ninguna orden judicial. A finales de 1918 la Cheka ya tenía 40.000 agentes, y dos años más tarde ya eran 280.000 chekistas. En tres años los bolcheviques había multiplicado por 18 el volumen del aparato represivo del zarismo.


Mujeres asesinadas por la Cheka de Járkov, Ucrania. Aún vivas, los chekistas les cortaron los pechos y les quemaron los genitales, introduciéndoles carbones dentro.

Los perversos métodos de tortura y asesinato de la Cheka

Si la Ojrana se había caracterizado por sus métodos brutales, la Cheka comunista superó en todos los sentidos el grado de crueldad de su predecesora zarista. Entre sus métodos de tortura y de asesinato contra disidentes políticos, clérigos ortodoxos y otras personas consideradas enemigas por los bolcheviques hay que citar salvajadas como las siguientes, documentadas por el historiador ruso Alexander Nikolaevich Yakovlev y por los Archivos Estatales de la Federación Rusa, entre otras fuentes:
  •     Lapidaciones, es decir, apedrear al reo hasta quitarle la vida.
  •     Crucifixiones, un método usado contra muchos sacerdotes y religiosos.
  •     Estrangulamientos.
  •     Arrojar a los reos a calderos de brea hirviente.
  •     Ahogamiento de reos en aguas heladas.
  •     Arrancarles el cuero cabelludo a los reos. Una práctica que se hacía, por ejemplo, en la Cheka de Járkov, en Ucrania.
  •     Ahorcamiento.
  •     Obligar a los reos a ingerir plomo fundido.
  •     Empalamiento.
  •     Matar a los reos arrojándolos a altos hornos.
  •     Castraciones.
  •     Enterrar a reos vivos, práctica perpetrada en la Cheka de Kremenchuk.
  •     Desollamientos, es decir, arrancarle la piel a tiras a los reos. La Cheka de Járkov usaba la piel arrancada a los presos para elaborar guantes.
Piel arracada de las manos de detenidos en el sótano de la Cheka de Járkov, Ucrania. Los chekistas utilizaban peines metálicos y tenazas para aplicar esta horrenda tortura.
  •     Escalfar al reo, es decir, arrojarle agua hirviendo hasta matarlo.
  •     Decapitaciones.
  •     Desnudar a reos, atarles y arrojarles agua fría en pleno invierno hasta congelarles, una práctica de la Cheka de Orel, a 360 Km de Moscú.
  •     Matar a los reos tirándolos al mar o a un río maniatados (es lo que hacía periódicamente con sus prisioneros la Cheka de Kholmogory en el río Dvina).
  •     Atar a víctimas desnudas en torno a barriles rodeados de clavos, y hacerlos rodar hasta que los reos morían, una práctica de la Cheka de Voronezh.
  •     Atar jaulas con ratas a los cuerpos de los presos y atizar a los roedores con hierros candentes hasta que se abrían paso entre los intestinos de los reos, una práctica usada por la Cheka de Kiev y que años después incluiría George Orwell en su famosa novela “1984”.
Más de un millón de personas fueron asesinadas por motivos políticos o religiosos durante lo que se conoce como el Terror Rojo, entre 1918 y 1922, la época más dura de la dictadura de Lenin. Para que nos hagamos una idea, según el historiador británico Hugh Thomas, las víctimas de la represión franquista suman unas 100.000 personas, entre los asesinados durante la Guerra Civil y la represión de la postguerra. Es decir, que en poco más de seis años de dictadura Lenin asesinó a diez veces más gente de la que se atribuye a la dictadura franquista en casi 40 años. Sin embargo, muchos ultraizquierdistas españoles que llaman “genocida” a Franco no tienen reparos en proclamar su admiración por Lenin, como por ejemplo el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón.

Monjes ortodoxos asesinados por la Cheka en 1919.

La salvaje persecución contra los cristianos y otras religiones

Con la Revolución bolchevique de 1917 se inició una persecución religiosa sistemática que supondría, a lo largo de la historia de la URSS, el asesinato de entre 12 y 20 millones de cristianos. En 1914 la Iglesia ortodoxa rusa tenía 55.173 iglesias, 29.593 capillas, 550 monasterios y 475 conventos: los comunistas clausuraron y destruyeron la amplia mayoría de ellos. Algo parecido ocurrió con las 5.000 sinagogas judías y las 25.000 mezquitas musulmanas que había en territorio ruso en 1917. Antes de la Revolución también había 112.629 sacerdotes y diáconos y 95.259 monjes y monjas de la Iglesia ortodoxa. Los comunistas desataron contra ellos una brutal persecución. Según Yakovlev, unos 3.000 sacerdotes, religiosos y monjas fueron asesinados ya sólo en 1918 con métodos tan brutales como los antes citados. Muchos laicos fueron acosados, torturados, detenidos y asesinados. El historiador Dimitry V. Pospielovsky dio cuenta de la brutalidad de los rojos contra los sacerdotes con casos como los siguientes:
  •     Un sacerdote de 80 años llamado Amvrosi fue brutalmente golpeado a culatazos antes de ser asesinado.
  •     Otro sacerdote llamado Dimitri fue llevado a un cementerio y desnudado, y cuando trataba de santiguarse antes de ser asesinado, un bolchevique le cortó el brazo derecho.
  •     Otro viejo sacerdote que intentaba detener la ejecución de un campesino fue golpeado, asesinado y desmembrado a sablazos por los bolcheviques. Esta forma de deshacerse de los cadáveres no fue un caso aislado entre los crímenes bolcheviques contra el clero ortodoxo.
  •     En el Monasterio de San Salvador los rojos mataron al abad, de 75 años, escalfándole y decapitándole.
  •     A Hermógenes, Arzobispo de Tobolsk y Siberia, le ataron piedras a la cabeza y le arrojaron al río Tura, donde murió ahogado.
  •     En Voronezh a siete monjas las mataron hirviéndolas en un caldero de alquitrán.
  •     En Pechora, un anciano sacerdote llamado Rasputin fue atado a un poste de telégrafo, tiroteado y su cadáver entregado a los perros para que lo devorasen.
  • En mayo de 1920 Lenin ordenó la ejecución masiva de todos los sacerdotes que fuesen contrarios al comunismo: fueron asesinados entre 14.000 y 20.000.
Los granjeros I. Afanasyuk y S. Prokopovich, maniatados y desollados vivos en una Cheka en Ucrania.

La represión de los granjeros kulaks


En el verano de 1918 los bolcheviques tuvieron que hacer frente a una rebelión de los kulaks, campesinos de Ucrania y del Cáucaso que eran propietarios de sus propias tierras y que se oponían a las políticas de colectivización comunistas y a la confiscación masiva de sus producciones de grano. Lenin envió una orden escrita a los bolcheviques de Penza para que ahorcasen públicamente a por lo menos 100 renombrados kulaks, a fin de usarlos como escarmiento contra los demás, y para que tomasen rehenes para forzar a los demás a someterse a los comunistas. En otra orden Lenin fue aún más claro: “Hay que formar inmediatamente una troika dictatorial (usted mismo, Markin y otro) implantar el terror de masas, fusilar o deportar a los centenares de prostitutas que hacen beber a los soldados, a todos los antiguos oficiales, etc. No hay un minuto que perder.”

El asesinato de miles de desertores del Ejército Rojo y de sus familias

El Ejército Rojo sufrió 3 millones de deserciones en 1919 y 1920. El primer año fueron arrestados por la Cheka 500.000 desertores, y casi 800.000 el segundo. Miles de ellos fueron asesinados, y sus familias fueron tomadas a menudo como rehenes y asesinadas para chantajear a los desertores. Un reporte típico de la Cheka afirmaba lo siguiente:

    “Provincia de Yaroslavl, el 23 de junio de 1919. La sublevación de desertores en el volost de Petropavlovskaya ha sido sofocada. Las familias de los desertores han sido tomadas como rehenes. Cuando empezamos a disparar a una persona de cada familia, los Verdes comenzaron a salir de los bosques y se rindieron. Treinta y cuatro desertores fueron fusilados como ejemplo.”

Entre agosto de 1920 y junio de 1921 se produjo en Tambov una gran rebelión antibolchevique con apoyo de desertores del Ejército Rojo, provocada por las masivas requisas ordenadas por los comunistas. Los rebeldes reunieron a un ejército de unos 40.000 hombres. Los bolcheviques aplastaron la rebelión. Entre las ejecuciones masivas y los internamientos en el Gulag murieron 240.000 civiles.

La brutal represión de los cosacos

Otro grupo que sufrió la brutal represión comunista fueron los cosacos, una etnia de origen turco. Muchos de sus miembros lucharon en el Ejército blanco, junto a los zaristas, en la Guerra Civil rusa. Entre 1918 y 1919 llegaron a formar una República independiente, de carácter democrático. Los bolcheviques dirigieron contra ellos una durísima represión. El historiador Michael Kort ha estimado que entre 300.000 y 500.000 cosacos fueron asesinados en 1919 y 1920, de una población de 1,5 millones.
En primer plano, el cadáver del telegrafista Ponomarenko en la Cheka de Járkov, Ucrania. Le cortaron la mano derecha y muestra cortes profundos en la cabeza. Al fondo se ven los cadáveres de otras dos víctimas de los chekistas.

La creación por Lenin de una red de campos de concentración: el Gulag

En abril de 1919 Lenin firmó un decreto para crear un sistema de campos de concentración que copiaba la Katorga zarista, que en 1916 contada con casi 20.000 reclusos, según cifras publicadas por Stephen G. Wheatcroft. La nueva red de campos de concentración recibió el nombre de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni (Dirección general de campos de trabajo). Era el nacimiento del Gulag, el mayor sistema de represión soviético. El primero de esos campos se había establecido en 1918 en Solovki, en las islas Solovetsky del Mar Negro. Nuevamente las cifras de la dictadura comunista acabaron superando con creces a las del zarismo en poco tiempo: a finales de 1920 ya había 84 campos con unos 50.000 prisioneros políticos. En octubre de 1923 ya eran 315 campos con 70.000 prisioneros. Los allí detenidos eran utilizados en trabajos forzados como mano de obra esclava. Entre la población reclusa había muy altos índices de mortalidad, debido a las durísimas condiciones de estos brutales centros de reclusión, en los que a menudo los presos morían de hambre o asesinados por sus guardianes.

Lenin animó a ejecutar en masa a huelguistas

Las huelgas también fueron sofocadas de forma sanguinaria. El 16 de marzo de 1919 la Cheka asaltó la factoría de Putilov, en la que sus trabajadores se habían declarado en huelga seis días antes, acusando al gobierno bolchevique de haberse convertido en una dictadura: 900 trabajadores fueron arrestados, y 200 ejecutados sin juicio alguno. La represión violenta, los encarcelamientos, la toma de rehenes y los asesinatos en masa fueron los métodos más usados por los bolcheviques para sofocar estas huelgas, tanto en las fábricas como en el campo. El 29 de enero de 1920, ante las huelgas de los trabajadores de la región de los Urales, Lenin envió un telegrama a Vladimir Smirnov animando a utilizar el asesinato en masa contra los huelguistas: “Me sorprende que usted tome el asunto con tanta ligereza y no ejecute inmediatamente un gran número de huelguistas por el delito de sabotaje.” Incluso se recurrió a estos métodos para sofocar las protestas de trabajadores al ser obligados a trabajar en domingo, como ocurrió en Tula, un malestar que los bolcheviques atribuían, sin más, a una “conspiración contrarrevolucionaria forjada por espías polacos”. Se estima que cientos de miles de trabajadores y campesinos rebeldes fueron ejecutados entre 1918 y 1922.
Asesinados por la Cheka de Kiev, Ucrania, en 1919.

La ejecución en masa de prisioneros de guerra

A finales de 1920 el propio Lenin dio su aprobación para el asesinato en masa de 50.000 prisioneros “blancos” y civiles en Crimea, a tiros o por ahorcamiento, en una de las mayores masacres de la Guerra Civil Rusa. Las víctimas de este crimen se habían entregado, según relata Robert Gellately, tras la promesa bolchevique de que habría una amnistía para ellos si se rendían.
Los cadáveres apilados de víctimas de la hambruna rusa en Buzuluk, en la región del Volga, invierno de 1921 a 1922.

Lenin usó el hambre con fines políticos: de 3,9 millones a 7,75 millones de muertos

Uno de los episodios más dramáticos de la dictadura de Lenin fue la hambruna rusa de 1921 y 1922, que afectó a unos 27 millones de personas y mató a entre 3 y 5 millones y que fue provocada, en gran medida, por las requisas masivas de grano ordenadas por los bolcheviques, la denominada Prodrazvyorstka (copiada y ampliada por los comunistas, como otras cosas, de la Razvyorstka, la requisa de grano zarista en la Primera Guerra Mundial). El grano requisado se usaba a menudo para exportación. Este exterminio mediante el hambre no fue algo accidental o que la dictadura bolchevique tratase de evitar: se hizo de forma intencionada e incluso se buscó con ella un fin antirreligioso, como escribía Lenin en una carta de Lenin al Politburó el 19 de marzo de 1922:

    “Ahora y solo ahora, cuando las personas se consumen en áreas afectadas por la hambruna y cientos, si no miles, de cadáveres yacen en las carreteras, podemos (y por lo tanto debemos) perseguir la eliminación de propiedades de la iglesia con la energía más frenética y despiadada y no dudéis en sofocar la menor oposición. (…) Debemos perseguir la eliminación de los bienes de la iglesia por cualquier medio necesario para asegurarnos un fondo de varios cientos de millones de rublos de oro (no olvidéis la inmensa riqueza de algunos monasterios y lauras). (…) Todas las consideraciones indican que más adelante no lo haremos, porque en ningún otro momento, además del hambre desesperada, nos dará ese estado de ánimo entre la masa general de campesinos que nos garantizaría la simpatía de este grupo, o, al menos, nos aseguraría la neutralización de este grupo en el sentido de que la victoria en la lucha por la eliminación de la propiedad de la iglesia, de manera incuestionable y completa, estará de nuestro lado”.

Este uso de las hambrunas como método para conseguir objetivos políticos ya lo había adelantado Lenin en 1891, cuando se negó a colaborar con una campaña de ayuda a los hambrientos de la ciudad de Samara. Según Lenin el hambre tiene “numerosas consecuencias positivas”, pues “destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios” (citado por Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bartosek y Jean-Louis Margolin en “Le livre noir du communisme”, 1997).

Bolcheviques requisando grano a campesinos, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947). Estas requisas provocaban un gran descontento y fueron, en gran medida, causantes de la letal hambruna de 1921 y 1922.

La hambruna rusa no fue la única en el territorio de la URSS durante la dictadura de Lenin. Hambrunas similares las sufrieron los kazajos (1919–1922, entre 400.000 y 750.000 muertos) y los tártaros (1921-1922, entre 500.000 y 2 millones muertos), todos ellos bajo dominio soviético. Sumando estas cifras a las de la hambruna rusa, tenemos entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos a causa del hambre, una situación provocada -insisto- por el propio régimen comunista.

Las hambrunas y las pésimas condiciones de vida dieron lugar a rebeliones en la URSS, hoy poco recordadas por la mayor parte del mundo. Una de las más significativas, además de la ya citada de Tambov, fue la de Kronstadt en marzo de 1921, cuando civiles, soldados y marinos de la flota soviética de Báltico se alzaron contra los bolcheviques. El Ejército Rojo sofocó la rebelión ejecutando a miles de personas. Y a día de hoy, tipos como el diputado comunista Alberto Garzón aún se atreven a ensalzar a esa dictadura criminal diciendo que representaba “Paz, Pan y Tierra”…

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , ,


Para seguir leyendo hacer click aqui­ ...