jueves, septiembre 07, 2023

Roberto Álvarez Quiñones: La crisis de vivienda en Cuba es sistémica y la peor de América

 
Tomado de https://diariodecuba.com/

La crisis de vivienda en Cuba es sistémica y la peor de América

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La ONEI, que siempre manipula las estadísticas, informa de un déficit de 862.000 viviendas en el país.

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami

06 Sep 2023

Unos 10.000 años antes de nuestra era, al descubrir la agricultura, los humanos dejaron de ser nómadas, se asentaron en lugares fijos e inventaron las viviendas sólidas permanentes: un techo con cuatro paredes firmes. Hoy, en el año 23 del tercer milenio, millones de cubanos no tienen una vivienda digna, propia o rentada. Están hundidos en la peor crisis habitacional de todo Occidente, si se excluye a Haití.

Así brota de las estadísticas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CEPAL, y el Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC). Y por contraste, pues de Cuba no informan nada.

Por ejemplo, según el BID en las 242 ciudades de América Latina y el Caribe con dos millones o menos de habitantes hay un déficit habitacional de un 6% como promedio. Pues bien, en La Habana no baja de un 20%.

Y ese porcentaje habanero seguramente es mayor, ya que se basa en un déficit de 216.000 viviendas reportado por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), que siempre manipula las estadísticas para "no dañar la imagen de la revolución", frase que acuñó el "Che" Guevara a principios de 1960, cuando con ese fin ordenó inflar el muy bajo crecimiento del PIB en 1959.

El otrora "París de América Latina" se cae a pedazos

Pero incluso asumiendo como veraz esa cifra oficial, y con tres personas por vivienda que estima como promedio la ONEI, hay en la capital cubana no menos de 600.000 personas sin una vivienda adecuada, propia, o rentada. Viven agregadas en casas de familiares, en albergues estatales colectivos de mala muerte, en casas en mal estado, muy precarias, apuntaladas a punto de derrumbarse, o han improvisado chozas en barrios marginales insalubres tipo "llega y pon", con peores condiciones de higiene que en los tiempos de Atila.

A nivel nacional, la ONEI dice que el déficit de viviendas es de 862.000 inmuebles, pero fuentes independientes afirman que no baja de 1,2 millones. Tomando nuevamente el déficit oficial y con tres personas por vivienda, hay en Cuba unos 2,58 millones de cubanos sin vivienda aceptable, ni propia, ni rentada.

La Habana hoy se cae a pedazos, y no lo digo en sentido metafórico. El propio Gobierno admite que en la capital se derrumban unas 1.000 viviendas cada año. Han muerto horriblemente aplastados muchos adultos y niños. Hay escombros y basureros inmundos por todas partes, aguas albañales, calles con zanjas y enormes baches pestilentes.

Qué contraste con el de esa misma urbe antes de 1959, cuando era una de las más bellas y seductoras del mundo. Asiduos visitantes hollywoodenses tan célebres como Marlon Brando, Gary Cooper, Rita Hayworth, Fred Astaire, Walt Disney, o Ava Gardner, la llamaban el "París de América Latina".

Los malos indicadores internacionales en Cuba son peores

El BID en otro informe revela el déficit cualitativo habitacional en Latinoamérica y el Caribe: viviendas carentes de electricidad, 4%; de saneamiento, 15%; de agua potable corriente, 9%; construidas con materiales deficientes,12%; techo deficiente, 3%; piso de tierra, 6%; paredes deficientes, 2%; hacinamiento, 6%; y carentes de la infraestructura necesaria.

Y el ECOSOC informa que en América Latina el 9% de la población carece de servicio de agua potable, el 15% vive en barrios insalubres, el 6% vive hacinados, el 4% sin electricidad, y el 5% "con paredes y techos pobres".

Según el censo de 2012, en Cuba había 3.785.196 viviendas en total, y el 35% de ellas necesitaban reparaciones, incluso capitales. Solo el 74,4% de ellas tenían servicio de agua potable de acueducto, el 41% tenía alcantarillados para eliminar las aguas albañales, el 38,3% lo hacía en fosas y del 21,7% restante el censo no dice nada. Y solo el 50,4% de los hogares tenía servicio de recogida de basura a domicilio en camiones y el otro 49,6% resto lo echaba en contenedores públicos o en vertederos callejeros nauseabundos.

O sea, hace 11 años ya todos los parámetros habitacionales en Cuba eran peores que los publicados por el BID y el ECOSOC. Y hoy la situación es mucho peor.

En la otrora fabulosa Habana hay actualmente decenas de barrios marginales insalubres, y cito algunos: Los Pocitos (28,102 habitantes), El Hueco, Los Sitios (32.700 habitantes), Cocosolo (31.484 habitantes), El Fanguito (dos kilómetros cuadrados), Los Mangos, La Timba, La Jata, Palo Cagao,  Atarés, La Güinera, El Palenque, La Escalera, Indaya, Cambute, La Isla del Polvo, Alturas del Diezmero, El Tropical, Ruta 11, El Canal, El Plátano, Las Cañas, Núñez, El Casino, La Yuca, La Ceiba, Los Bloques, Jesús María, La Corea, La Cuevita, La Loma del Burro, y muchos otros.

Ah, y no importa que en los últimos años han emigrado más de 450.000 cubanos, y ha bajado algo el porcentaje de personas sin vivienda, pues el pésimo estado de las viviendas es el mismo, o peor.

En Cuba falta de vivienda es sistémica, obra de la "revolución"

Expertos y organizaciones especializadas explican que la falta de viviendas adecuadas en un país es consecuencia de la pobreza. Cierto, no es culpa de los estados, pues en el mundo normal la construcción o renta de viviendas corre a cargo del sector privado.

El Estado-nación normal edifica algunas viviendas de bajo costo para familias pobres, y se encarga de la infraestructura vial, parques, avenidas, acueductos, limpieza de calles y ocasionalmente de la recogida de basura. Y punto.

Pero Cuba es un país furiosamente anormal. En vez de un Estado-nación hay un Partido Comunista-Estado que monopoliza la construcción de viviendas y la producción de materiales de construcción; y la abrumadora mayoría de la población es muy pobre, asfixiada por el sistema totalitario.

El Gobierno castrista, ahora ya quebrado financieramente, construye muy pocas viviendas. En 2022 se erigieron 20.131 viviendas de 48.143 planificadas. En 2023 el plan es de 25.134 viviendas, de ellas 12.770 a construir por las propias familias que las van a habitar. Pero no se llegará ni a la tercera parte de lo previsto.

Para colmo, la mafia gobernante con los pocos materiales de construcción que genera se dedica básicamente a edificar hoteles, pese a que el turismo declina ostensiblemente. Eso refuerza la sospecha de que es para lavar dinero sucio. Eso sí, construye apartamentos para militares y esbirros del MININT, o remodela y amplía mansiones del patriciado dictatorial, como se hizo recientemente con el bunker de la infanta (princesa) Mariela Castro.

La crisis habitacional va de la mano de la extrema pobreza

En cuanto a la pobreza, la CEPAL muestra que los países con mayor índice de pobreza, luego de Haití, son Honduras (20%), Nicaragua (18,3%), Guatemala (15,8%) y Colombia (15,4%).

No aparece Cuba, donde la pobreza es sistémica pues la genera el propio Partido Comunista-Estado y la padece no menos del 95% de la población, incluyendo, créase o no, más de un 80% de ciudadanos sumidos en la pobreza extrema, según los parámetros de la ONU y del Banco Mundial.  

Por ejemplo, el salario cubano promedio es de 3.828 pesos (31,12 dólares) mensuales, y el salario mínimo, 2.100 pesos (17,07 dólares). Y un médico gana algo más de 5.000 pesos mensuales, un científico investigador titular 5.560 pesos (45,20 dólares al cambio oficial de 123 pesos por dólar, a la venta).

Ninguno de esos sueldos alcanza el mínimo de 2,15 dólares diarios que la ONU establece ahora para medir la pobreza extrema. Con 2,15 diarios, cinco días a la semana, se percibe un salario mensual de 46,58 dólares, que supera en 15,42 dólares el sueldo promedio en Cuba, y en 1,38 dólares el de un científico titular. Y el costo de la canasta básica mensual no baja de 14.000 pesos, es decir, 113,82 dólares.

Eso significa que la abrumadora mayoría de los cubanos vive en la extrema pobreza y explica la gravedad de la crisis de vivienda. Pero este tema lo abordaré en otro artículo, pues se adentra en el terreno resbaladizo de pobres y ricos en el socialismo, y en las aberraciones agravantes que proliferan en el castrismo.

En fin, la dramática crisis habitacional cubana es sistémica, una obra legítima de la "revolución", y agravada in extremis por el divorcio ya definitivo, abierto y descarado de la mafia millonaria que usurpa el poder del pueblo cubano.

Y continuará empeorando, sin solución real posible, mientras esa plaga devastadora siga a cargo, impidiendo que tantos cubanos tengan un techo y cuatro paredes propios como los sumerios en la antigua Mesopotamia.

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jueves, agosto 25, 2022

Marlene Azor Hernández: “La economía de los compinches” y las nuevas medidas en Cuba que con todas las prohibiciones y controles que establece el Gobierno son medidas de un fracaso anunciado.

 
Tomado de https://www.cubanet.org/

“La economía de los compinches” y las nuevas medidas en Cuba

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¿Podrán las recientes medidas tomadas por el régimen cubano aliviar la grave crisis nacional? Con todas las prohibiciones y controles que establece el Gobierno son medidas de un fracaso anunciado.

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Por Marlene Azor Hernández

24 de agosto, 2022 3

CIUDAD DE MÉXICO. – La primera vez que leí el término “economía de compinches” fue en 2020, en una entrevista con Antonio Rodiles. Así el opositor cubano sintetizaba el proceso de conversión de la economía centralmente planificada de 1989 hacia la diversificación de la economía de los militares y civiles con el permiso del PCC.

Este esquema pretendía paliar la crisis estructural de la economía por la pérdida de los subsidios soviéticos. El pilar central de esta conversión lo llevaría GAESA, un consorcio militar creado por el dictador Raúl Castro y que pretendía ser la alternativa a la liberación de la producción y el comercio en Cuba.

En el mismo sentido de control económico hasta el detalle, en 2017 se crearon las Organizaciones Superiores del Desarrollo Económico (OSDE), que agrupaban a las empresas estatales de la misma rama de producción y que evaluadas cinco años después, muestran el fracaso en mejorar la eficiencia económica y aumentar la producción. En resumen, mayor cantidad de burocracia parasitaria a la que van a parar la mayor parte de los recursos, mientras las unidades de base continúan en la mayor miseria para producir. 

Según los especialistas, GAESA controla más del 50% de la economía nacional con el privilegio de que no tiene que rendir cuentas a nadie. 

Nada de esta reestructuración tiene que ver con el embargo estadounidense. Según cifras del Banco Mundial, Cuba comercia con 155 países, aunque toda la exportación e importación es desde empresas estatales. El monopolio del comercio exterior sigue siendo controlado por un ministerio en Cuba. Lo mismo ocurre con el comercio interior.

La muestra de esta torcida estrategia es el declive de todos los indicadores de la producción de alimentos en los últimos cinco años, lo cual se puede observar en los diferentes anuarios de la ONEI. 

Las nuevas medidas económicas son una flexibilización de prohibiciones que solo perpetúan la prohibición fundamental de la producción y el comercio libres. Por eso, significan un nuevo fracaso para la seguridad alimentaria en Cuba

Las flexibilizaciones en la Aduana para importar productos en medio de la mayor escasez desde hace tres décadas sigue teniendo el límite de precios y productos “sin interés comercial”. Es decir, los emprendedores cubanos no pueden contar con la importación de insumos para sus negocios, sino comprar en el mercado informal pequeñas porciones de los que necesitan para producir bienes o servicios.

La otra medida fundamental es la apertura al capital extranjero de la inversión en el comercio mayorista y minorista, pero siempre en asociación con empresas estatales. El monopolio del comercio por parte del Estado sigue intocable y sigue prohibida la competencia entre los actores económicos, como dejaron claro la viceministra primera del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX), Ana Teresita González Fraga, y la ministra de Comercio Exterior, Betsy Díaz Velázquez, recientemente.

Varios economistas cubanos expresaron sus dudas sobre la eficacia de esta medida. Pavel Vidal, profesor asociado en la Universidad Javeriana de Cali (Colombia), cree que Cuba podría aprovechar la infraestructura de la actual red de supermercados y tiendas estatales en divisas. Sin embargo, destaca tres problemas que podrían disuadir a posibles inversores: el primero de ellos es la engorrosa burocracia. “Si una cadena de supermercados quiere entrar a Cuba tendrá que recorrer un camino muy complicado de permisos, burocracia, autorizaciones”, apuntó. 

La segunda barrera sería la insolvencia del Estado cubano, que debe varios miles de millones de dólares a proveedores. “Cuba tiene muchísimas deudas que no paga desde 2019. Que los negocios que entren queden protegidos de los impagos del Gobierno es algo que habría que considerar”, aseguró Vidal.

Las autoridades anunciaron que al principio “no habrá competencia” en el mercado y que darán prioridad a las empresas que han estado radicadas en Cuba durante varios años. Pero es precisamente a estas a quienes el Estado debe importantes sumas, por lo que no está claro si decidirán aventurarse en nuevos proyectos con su insolvente deudor.

En tercer lugar, Cuba tiene un serio problema monetario: su economía está cada vez más dolarizada y su moneda local, el peso, carece de valor internacional y ha reducido su valor a una quinta parte respecto al billete estadounidense en el último año y medio.

“Habría que negociar la tasa de cambio y cómo las utilidades de ese inversionista van a tener una vía expedita para salir de Cuba, que siempre ha sido un problema”, apuntó Vidal.

Por su parte, el economista cubano Omar Everleny señala: “Surge el problema financiero: cómo se paga, con qué moneda, a qué tasa de cambio. Si vendes en pesos cubanos, los precios serían muy elevados. ¿Y el Estado va a cambiárselos por divisas a las empresas para que las saquen al exterior, o va a autorizar que vendan directamente en divisas? Si es así ya empieza a haber una contradicción”. 

Es decir, se sigue dolarizando la economía. Peor aún, se oficializa la disminución de los salarios cubanos como uno de los más bajos del mundo.

Otra arista no comentada por los economistas es el tráfico de influencias políticas que se instaura con esta medida: “la selección” de las contrapartes extranjeras por parte del Gobierno cubano privilegia a sus aliados políticos o a aquellos inversores extranjeros que aceptan utilizar la mano de obra sin derechos que le ofrece la dictadura cubana. Una mano de obra más o menos calificada pero sin derechos. 

¿Podrán estas medidas aliviar la grave crisis nacional? Con todas las prohibiciones y controles que establece el Gobierno son medidas de un fracaso anunciado.

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