miércoles, marzo 31, 2021

DIOS LO SABE. Orlando Márquez desde Cuba: Las cosas han cambiado ligeramente en Cuba, no sustancialmente, respecto a la vida religiosa.

 Tomado de https://www.otrapalabra.com/

DIOS LO SABE

Por Orlando Márquez

30 de marzo, 2021


Éramos muy pocos, casi todos nos conocíamos. Eso no nos importaba, o sí, pero no nos molestaba saber que éramos una minoría tan minoritaria de cristianos visitando el templo cuando todo alrededor era hostil; no al estilo del socialismo despiadado chino, o al estilo checo que generó una Iglesia clandestina, sino al estilo del oportunista y religioso socialismo cubano. Pero la fe en Dios era todo para nosotros

En aquel tiempo celebrar la Semana Santa era cosa de unos pocos inadaptados, quienes no habíamos superado los rezagos del pasado burgués, o la ignorancia, incapaces de comprender que la ciencia lo explicaba todo. Salir de misa un Domingo de Ramos con el guano bendito llegó a ser un anacronismo social, a veces provocaba la burla o generaba ojerizas. Era un dato importante que debía reportarse a los compañeros que preguntaban por la actitud de los vecinos. Nos daba igual. Dios lo sabía.

Participar en el triduo pascual era toda una aventura. Cuando desapareció el feriado de Semana Santa, como el de Navidad, se hizo normal ir del trabajo al templo, o de la escuela al templo, con uniforme y todo. No siempre había tiempo para cambiarse de ropa, ni darse un baño. Lo más importante no era la apariencia, si no ser y estar en el lugar indicado a la hora indicada. La fe era todo. Dios lo sabía.

Es cierto que a veces fallábamos. Aunque aparentaban ignorar una práctica religiosa que esperaban desapareciera pronto, los compañeros encargados de la lucha ideológica se esforzaban por acelerar el proceso. Había métodos de persuasión psicológica y hasta lúdica: planes para niños los domingos en la mañana, música en los parques frente al templo los domingos de Ramos o Resurrección; trasmisión por televisión, la noche del Viernes Santo y el Sábado Santo, de viejas películas norteamericanas como las de Tarzán, o las nuevas del guerrero Bruce Lee, o cualquier otra que invitara a no salir de casa. Todo un sabotaje de proporciones ideológicas muy creativas: combatir los rezagos burgueses con películas producidas por el mayor enemigo burgués. Dios lo sabía.

No son recuerdos tristes, solo recuerdos. Había algo de hermoso en aquellas experiencias, en afirmar en público la fe, en acudir al templo cuando éramos diez o veinte personas, u optar por perdernos una película entretenida porque éramos convocados a celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. La sociedad nos era hostil pero igual hicimos y mantuvimos esa opción sin creernos por ellos superiores, y así éramos libres. Dios lo sabía.

Las cosas han cambiado ligeramente en Cuba, no sustancialmente, respecto a la vida religiosa. A los cristianos se les mantiene a raya, “observados”, y será así mientras exista un Partido único que gobierne como “la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado” y organice y oriente “los esfuerzos comunes en la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”, según señala el artículo cinco de la Constitución. Como el socialismo no tiene fecha de término para su “construcción” y no se define qué es la “sociedad comunista”, solo queda en la práctica lo que es tangible: el Partido Comunista como “fuerza política dirigente superior” que decide qué, quién, dónde y cuándo. Dios lo sabe.

Pero algo ha cambiado, y con las visitas de los papas san Juan Pablo II y Benedicto XVI, se agregaron al calendario nacional los feriados de Navidad y Viernes Santo, incluidas trasmisiones televisadas o radiales, previa solicitud puntual y la aprobación correspondiente, de celebraciones litúrgicas tanto nacionales como de la Santa Sede. Cuando llegó el Papa Francisco ya no quedaban fechas litúrgicas para añadir como feriado nacional. Pero es bueno que los cristianos cubanos, sobre todo aquellos imposibilitados de ir a los templos, o acceder por otras vías a las celebraciones en Roma, puedan al menos verlo desde sus casas. Están muy agradecidos. Dios lo sabe.

Sin embargo, ahora que es posible observar el feriado de Navidad o del Viernes Santo, cuando aparentemente existe más tiempo para la oración y la adoración en el templo o en la casa, con independencia de las restricciones en las iglesias por causa del virus universal, las escaseces diarias obligan a permanecer horas en las colas y rezar allí, o poner en el altar propio cada día el sacrificio de la inseguridad del día siguiente. La oración no vale menos así, pero la pobreza y la incertidumbre diaria también atentan contra la salud espiritual y del alma. El contexto sigue siendo hostil para la vida de fe en Cuba. Dios lo sabe.

Tanto por opción, como por engaño o imposición, hemos recorrido un largo calvario social, no religioso sino existencial, una gran carga espiritual para la cual no hay cireneos. Pero habrá regreso a la vida, una vez más. Aunque los cristianos estemos convencidos de que la plenitud de la vida se alcanza más allá de este mundo, esperar vivir en este mundo el bien al que tenemos derecho y sabemos es posible, sin dudas es también una esperanza legítima a la cual no debemos renunciar. Esa esperanza la compartimos con todos los cubanos, y Dios lo sabe

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lunes, diciembre 24, 2018

Pedro Pablo Arencibia: Algunos de mis recuerdos de la Nochebuena en Cuba

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano
Este artículo lo escribí a petición de mi amigo Eugenio Yañez director y editor  del relevante sitio Cuba Análisis, un respetable Think-Tank de asuntos cubanos; al final de este post publicaré  lo que escribió Yañez sobre sus recuerdos de La Nochebuena. Esos recuerdos de Yañez, y los de otros muy conocidos y reconocidos cubanos, pueden leerse haciendo click en el enlace de donde se tomó  lo escrito por Yañez, al cual felicito no sólo por las Navidades sino también  por la idea de  recopilar  todos esos recuerdo.

Los Toribianitos - Arbolito Arbolito




La Marimorena



Villancico ¨Cascabel¨


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Algunos de mis recuerdos de la Nochebuena en Cuba

Por Pedro Pablo Arencibia
20 de diciembre de 2018

¡Qué entusiamo! ¡qué alegría!
¡Qué fiesta santa y amena!
Falta lo mejor: la cena;
¡La gran cena de este día!

De la mesa en derredor
 Donde todo se concilia,
Está toda la familia
Llena de dicha y amor.

  ¡Oh delicia de esta cena!
¡Oh familia venturosa! 
¡Noche alegre!  ¡Noche hermosa!
¡Noche santa!   ¡Noche buena!
Estrofas tomadas de  la poesía Noche Buena*
 de  Juan de Dios Peza


 

   Los  recuerdos de Las Nochebuenas, Las Navidades, Año Nuevo  y  Día de Reyes  de mi niñez y adolescencia están entre los recuerdos más felices de mi vida. El preámbulo a esas fechas lo eran, para mi alegría,  las blancas ¨flores de aguinaldo¨, pues en la entonces nueva urbanización donde mi padre construyó nuestras casas (construyó dos en diferentes etapas debido al crecimiento de la familia) en los años 50 del siglo XX, habían unos solares yermos donde  con la llegada del invierno florecían esas campanillas blancas que en un libro de lectura para la escuela primaria,  escrito si mal no recuerdo  por el Dr. Carlos de la Torre y Huerta, llamaban  la nieve de los campos de Cuba. Los villancicos en la escuela pública,  en la televisión y en la radio,   así como los anuncios navideños y los arbolitos de Navidad con sus nacimientos,  eran   junto con  el relativo frio del invierno cubano un marco ideal e inolvidable para disfrutar de la  magia  de las festividades navideñas, cuya razón de ser es Cristo.

   En nuestras casas siempre,  antes y después de 1959, se celebró La Nochebuena de manera abierta y sin ninguna ¨escondedera¨ cómo  nunca tampoco se escondió el Corazón de Jesús  ni la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre;   hasta la estatua de la Santa Bárbara siempre estuvo en su castillo mirando  para la calle en nuestra casa en el reparto habanero nada exclusivo de El Calvario.  Sin embargo,  a  la Nochebuena no le dábamos un significado religioso, aunque lo conocíamos. La Nochebuena  para nuestra familia (como para la gran mayoría de las familias cubanas) representaba la gran cena anual  de la unión y la reunión familiar de nuestra familia  en cuya mesa un lechón asado, matado y adobado en casa,  no podía faltar, así como el potaje de frijoles negros, la yuca con mojo, plátanos maduros fritos, tostones, la ensalada de lechuga y tomates,  los diferentes turrones españoles y cubanos, las nueces, las avellanas,  los dátiles y higos así como  los exquisitos dulces de cascos de guayaba y de naranja agria, el dulce de coco rallado, los buñuelos de yuca, etc. que preparaba  mi madre,   todo esto acompañado de agua, vinos, refrescos y alguna que otra cerveza sólo para los mayores,  pues en la casa no se tomaban, salvo en fechas excepcionales como esa, bebidas alcohólicas,  las cuales se tomaban en cantidades muy moderadas. También en la mesa estaban presentes latas de conservas en almíbar de mitades de pera,  de  melocotón y  de coctel de frutas, todas procedentes de Estados Unidos.

   Una Nochebuena muy especial fue la celebrada en 1957 en la residencia que mi tio materno Ramón  le  diseñó, construyó y regaló (con un auto Chevrolet de 1953 en el garaje) a mis abuelos y  a sus hermanas solteras en la incipiente urbanización de clase media llamada Ciudad Jardín; urbanización frustrada y venida a menos después de 1959. Mi tío Ramón, uno de los ocho hijos de mi abuelo sastre con mi abuela,  había sido  un ¨guajirito¨ mulato de Unión de Reyes, Matanzas,  que se ganó una beca para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios localizada en La Habana y después, trabajando y estudiando, se hizo arquitecto en la Universidad de La Habana;  su  ejemplo de superación y prosperidad no era un caso excepcional en la tan vilipendiada República de Cuba anterior al fatídico 1959, en la cual con esfuerzos, sacrificios y  perseverancia para lograr un bien definido objetivo en la vida se podía salir adelante y alto en la vida personal y social. En esa pletórica Nochebuena todos los hijos e hijas, yernos, nueras y  nietos de mis abuelos nos reunimos a cenar improvisando y uniendo varias ¨mesas¨ y dividiendo a los comensales en dos tandas: en la primera tanda cenamos los niños y en la segunda  los mayores. Los niños no nos dábamos cuenta que éramos dichosos como nunca más lo fuimos  en la vida,  pues todos nuestros seres queridos conocidos estaban  vivos y, para mayor felicidad, reunidos físicamente. Muy distinta esa Nochebuena a la de 1982 ó 1983  en la que  dos o tres días antes de esa fecha yo llevé  desde Pinar del Río, provincia donde yo residía,   en un viaje de ¨llega y vira¨  un gran pernil de puerco para la casa de mis padres en La Habana sin que afortunadamente  la Policía Nacional Revolucionaria parara  el carro del ¨botero¨ en que yo  lo llevaba,  pues estaban  registrando y decomisando toda la carne de cerdo  que fuera para La Habana. En esa ocasión mi madre un tanto triste y apenada me preguntó cuando yo le entregué la carne: Pedro ¿Puedo enviarle un pedazo a tus tías?  Yo le respondí: ¡Claro que sí Mima, lo que tú quieras!; fue su última Nochebuena en Cuba.

    No deseo  terminar este escrito sin señalar que el 24 de diciembre de 1969,  es decir: el día de Nochebuena de ese año, en el restaurant El Cochinito, restaurant  especializado en platos con carne de puerco  y  localizado en la famosa y céntrica calle 23 de  El Vedado, lo que se les ofreció  ese día a todos los comensales fue BACALAO. Señalo y enfatizo, para que se entienda en toda su magnitud lo inmediatamente antes señalado, que en aquella época ya todos los restaurantes, cafeterías, etc.   tenían un sólo dueño: la tiranía Castrista,  ladrona de haciendas, sueños... ¡ y  VIDAS de todo un pueblo!
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* Poesía Noche Buena de  Juan de Dios Peza (México, 29 de junio de 1852 - 16 de marzo de 1910) tomada de Cuba y América: Revista ilustrada ..., Volume 8, Issues 106-111. Revista editada por  Raimundo Cabrera
Esta poesía,  con algunas de sus estrofas ya formando parte de la tradición navideña cubana,  fue condenada al ostracismo por el Castro-Comunismo,  pues  dos de los objetivos del Comunismo son  eliminar las creencias religiosas y el papel fundamental de la familia. En el  sitio de la Liga Internacional Comunista (Fourth Internationalis) se pueden leer en el artículo  El enfoque marxista de la liberación de la mujer. El comunismo y la familia. Mujer y Revolución esos objetivos. No obstante, adelantaré algunos fragmentos de ese artículo  en el  que de manera explícita se  leen  esos objetivos del comunismo y de la izquierda radical.

  •   La familia bajo el capitalismo es el principal mecanismo de la opresión de la mujer y de la juventud, atada por innumerables lazos interrelacionados con las operaciones básicas de la economía de “libre mercado”. La familia, el estado y la religión organizada conforman un tripié de opresión en el que se sostiene el orden capitalista. En los países del Tercer Mundo, el atraso y la pobreza arraigados, promovidos por la dominación imperialista, conducen a prácticas horriblemente opresivas como el velo, el precio de la novia y la mutilación genital femenina.


  •   Remplazar la familia por instituciones colectivas es el aspecto más radical del programa comunista, y el que traerá los cambios más profundos y drásticos en la vida cotidiana, incluida la de los niños.


  •   En la actualidad, la visión de una sociedad sin la institución opresiva de la familia ya no puede hallarse en la gran mayoría de los que dicen estar por el marxismo, el socialismo o la liberación de la mujer. 
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Eugenio Yáñez, Miami, Estados Unidos

Las Nochebuenas que recuerdo eran la unión de toda la familia para cenar en grandes mesas que se colocaban en el patio de la casa de mi abuela, los mayores en una, los niños en la otra. La comida era muy sabrosa, pero el arroz, los frijoles, las viandas y ensaladas eran algo cotidiano en nuestras mesas durante todo el año, así como la carne, el pollo y el pescado (fundamentalmente los viernes). Lo peculiar en Nochebuena era el lechón asado, que se adobaba en la casa y se cocinaba en la panadería de la esquina, así como vinos (solamente para los mayores) y turrones españoles, manzanas y uvas, nueces y avellanas.

En esa gran reunión había familiares liberales, batistianos, comunistas, ortodoxos, auténticos y no interesados en política, católicos y ateos, pero en Nochebuena y Navidad no se hablaba de esas cosas, sino solamente de amor, confraternidad, alegría, amistad, esperanzas, buena voluntad y mejores deseos. Todo al lado del arbolito y el nacimiento, con villancicos y música navideña, además de música cubana bailable. Cada familia cubana celebraba de acuerdo a sus posibilidades y recursos, pero ni odios ni rencores cabían en ese ambiente festivo: esas miserias humanas las introduciría más tarde el comunismo en nuestra patria.

Después de la cena, algunos iban a la misa del gallo, otros a bailar o pasear, y otros se quedaban en la casa con los niños que, naturalmente, no íbamos a bailar ni tampoco a la misa, por ser a una hora muy tarde para los menores de edad. Y todos comenzaban desde ese momento a pensar en las fiestas de año nuevo, mientras los niños soñábamos con los regalos de los Reyes Magos, confiados en que nos habíamos portado bien.

El totalitarismo nos quitó las festividades y las posibilidades materiales de realizarlas, pero no pudo arrebatarnos las ilusiones ni la buena voluntad entre cubanos, y tanto en la isla esclava como en el destierro, la Nochebuena continúa significando siempre ese gran encuentro familiar de cubanos esperando la Navidad y compartiendo la cena con lo que se pueda poner en la mesa, mientras nos deseamos lo mejor de lo mejor para todos, menos para los miserables que nos roban las ilusiones y el futuro.

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