miércoles, octubre 16, 2024

Luis Cino Álvarez desde Cuba: La felicidad obligatoria del castrismo; en 1962 era algo sospechoso y avieso que en la Cuba de 1962 alguien se atreviera a cantar “adiós, felicidad, casi no te conocí…”.

 Tomado de https://www.cubanet.org/

La felicidad obligatoria del castrismo

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Los comisarios castristas consideraron como algo sospechoso y avieso que en la Cuba de 1962 alguien se atreviera a cantar “adiós, felicidad, casi no te conocí…”.

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Por Luis Cino Álvarez

16 de octubre, 2024

LA HABANA, Cuba. – Para muchos puede resultar difícil de creer que la cantautora Ela O’Farrill (1930-2014) a inicios de la década de 1960 fue censurada, tildada de “gusana” y sometida al ostracismo por componer una canción de amor que se llamó Adiós, felicidad.

Dicha canción, que en 1962 se hizo muy popular en las interpretaciones de Elena Burke, Doris de la Torre, Bola de Nieve, Ela Calvo y la Orquesta Aragón, fue considerada “contrarrevolucionaria” por unos ridículos censores que veían alusiones contrarias al régimen hasta en la sopa y a los que ya no se les ocurría qué más podían prohibir.

Una noche, a Ela O’Farrill, la arrestaron en el lobby del hotel Saint John, en El Vedado, donde cantaba con su guitarra, alternando con José Antonio Méndez,  y se la llevaron a Villa Marista, la sede de la Seguridad del Estado. Allí, adustos interrogadores le preguntaron acerca de la gente con quién se relacionaba y qué se proponía al hacer canciones pesimistas y derrotistas como Adiós, felicidad.

Los comisarios castristas consideraron como algo sospechoso y avieso que en la Cuba de 1962 alguien se atreviera a cantar “adiós, felicidad, casi no te conocí…”. Había que estar feliz con la Revolución, las promesas del Máximo Líder y con el futuro luminoso del socialismo

Había que estar feliz, sin importar que La Habana se llenara de mugre y de uniformes militares, que los boleros y el son fueran sustituidos por marchas guerreras, que hubiera fusilamientos a tutiplén, que las cárceles estuvieran repletas, que los alimentos estuvieran racionados y las vidrieras de las tiendas vacías, que cada vez más familias estuviesen desgajadas, y que el Estado lo controlara todo, absolutamente todo, hasta con quién te acostabas. 

Ni siquiera podía empañar esa felicidad el hecho de que el país estuviese a punto de ser aniquilado debido a la decisión del “comandante en jefe” de permitir que los soviéticos instalaran misiles nucleares soviéticos en Cuba…

Así y todo, había que ser feliz, no podía haber espacio para la tristeza. Era mal mirado el que no mostrara alegría y entusiasmo en las labores diarias y el cumplimiento de “las tareas de la Revolución”. 

(Ela O’Farrill (1930-2014))

El júbilo había que expresarlo, en las aulas, los talleres o a bordo de los camiones que conducían al trabajo voluntario, a cualquier movilización militar o a la Plaza de la Revolución. Sonrientes, había que corear lemas y consignas y aplaudir fuerte para recibir a los mandamases en sus recorridos, y entonar  cánticos, como aquel espantoso “bon bon chía” que nadie sabe quién inventó,  para  halagar a los más destacados en la emulación socialista o los que, por cualquier motivo, recibieran un diploma o una medalla. 

El Estado-Partido-Gobierno que eliminó las Navidades, decidió que los súbditos se emborracharan y tomaran caldosa de olla colectiva en los aniversarios del ataque al cuartel Moncada y de la creación de los CDR; o cuando celebraban remedos de carnavales, para que, cerveza en mano,  arrollaran al compás de la conga santiaguera, y se menearan con el mozambique y El buey cansao.  

El que no se sumaba a las celebraciones oficiales era mal mirado, tenido en cuenta por los responsables de vigilancia de los CDR, y su nombre pasaba a engrosar la lista de los apáticos y posibles desafectos.

También decidió el régimen cuándo correspondía parar el jolgorio y ponerse luctuosos y solemnes para honrar a “los mártires de la Revolución” o a los mandamases que iban muriendo de viejos. 

En las últimas décadas, por mucho que se esfuerzan, los mandamases no logran, en medio de tanto desastre, que se cumplan sus convocatorias al entusiasmo y la alegría. Esa solo se ve en el Noticiero de Televisión.



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sábado, junio 26, 2021

Tania León, la compositora cubana que se enteró del Premio Pulitzer en el dentista

 DDC TV

Junio 24, 2021

Tania León, la compositora cubana que se enteró del Premio Pulitzer en el dentista


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Tomado de https://diariodecuba.com


Tania León, la compositora cubana que soñaba con vivir en París


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La ganadora del Premio Pulitzer de Música 2021 cuenta a DIARIO DE CUBA su trayectoria.

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Por Wendy Lazcano

Washington

24 junio 2021

La compositora cubana Tania León se enteró que había ganado el Premio Pulitzer de Música 2021 por el mensaje de felicitación de un colega. "Yo estaba en el dentista y después lo llamé y le dije 'congratulation de qué'. Me senté y le dije 'repíteme eso'", cuenta León en entrevista con DIARIO DE CUBA.

Tania León, directora de orquesta, empezó a estudiar música desde los cuatro años. "Mi abuela se dio cuenta de que yo tenía alguna conexión con la música y me llevó a un conservatorio. La música que estudié en el conservatorio era de culturas europeas, aunque eso nunca se me dijo. Estudiábamos a Chopin y a Tchaikovsky, pero no tenía conciencia de dónde era cada uno", cuenta León quien, a pesar de estudiar música clásica, no dejó de bailar chachachá y rock and roll.

"Yo era bailadora, es algo que extraño mucho.  Mi primer compañero de baile fue mi hermano. En épocas de rock and roll me tiraba por el aire y me recogía. Así crecí, sin barreras culturales en cuanto a la música".

Una Tania León de 24 años viajó a EEUU con la intención de que ese fuera su puente hacia París, la ciudad en la que siempre quiso vivir. "Desde niña le dije a mi familia que yo iba a vivir en París porque un maestro de música contemporánea que tuve fue a dar un concierto allí y me mandó una postal de la Torre Eiffel. Aquello me enamoró". 

León quería estudiar en Francia con Nadia Boulanger, para muchos la mejor maestra de música de todos los tiempos. "Yo sabía que Boulanger tenía mucha fuerza en el solfeo y, aparentemente, yo era buena en eso. Mi 'crianza musical' fue más bien el método francés".

León finalmente visitó su ciudad soñada, pero no de la forma en la que lo imaginó. "Fui a París a dirigir una orquesta y cuando cumplí 20 años en EEUU fui a la Torre Eiffel y me pasé una semana sentada allí preguntándome que 'por qué yo no vivía en París'".

Tania León usa la palabra "terror" para definir su llegada a EEUU. "Era una época de mucha tensión en el país, fue la primera vez que vi por la televisión las marchas de Martin Luther King. Yo no hablaba inglés, todo era visual. Cuando entré en la universidad, había muchas protestas por la guerra de Vietnam y nos cancelaban las clases para ir a las huelgas en Washington Square Park. Mis amigos eran puertorriqueños y ellos me decían lo que yo tenía que gritar en inglés en esas manifestaciones. Ellos me explicaban lo que estaba pasando".

Años después de su partida, Tania León regresó a Cuba con obras que había compuesto. Fue la primera vez que vio a su padre con el pelo blanco y habían nacido niños en la familia que no reconocían el acento de León. En ese viaje se encontró con sus raíces. 

"Mi padre me preguntó que dónde estaba yo en esas obras que había compuesto. Fue muy interesante porque, aparentemente, mi familia era muy musical sin haber ido a un conservatorio. Fue algo que no pude discutir con él porque meses después falleció de repente. Eso me impactó y me hizo pensar sobre qué estaba haciendo musicalmente. Así empecé a incluir rasgos cubanos, caribeños y del continente americano en mi música", dice la compositora.

La pieza Stride, que le valió el Premio Pulitzer a Tania León, fue un encargo de la Filarmónica de Nueva York para celebrar el centenario del mandato que dio derecho a votar a las mujeres en EEUU. "Yo estrené mi pieza justo antes de iniciar la pandemia y por esas mismas fechas había nacido Susan B. Anthony", la impulsora de este movimiento. 

Tania León es la primera de su familia en dedicarse a la música, pero no será la última. "Mi sobrina canta en el liceo de Barcelona y mi hermano es músico de jazz en Andorra", cuenta la compositora, quien dice visitar asiduamente Europa, aunque no precisamente París.


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