viernes, enero 23, 2026

Video de Carolina Barrero.sobre la información en manos de la DEA y el FBI sobre la vinculación de los Castro al narcotráfico que hubiera llevado a un encausamiento que los Clinton engavetaron ...

Carolina Barrero.sobre La información en manos de la DEA y el FBI sobre la vinculacion de los Castro  al narcotrafico


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Manuel de Beunza (Part.II)

( a partir del minuto  y 30 segundos  Manuel de Beunza  habla de una  reunión sobre narcotráfico en la que participaron él,   Fidel Castro, Ruiz Poo, Abrantes y  Osmany Cienfuegos. La parte que debía ejecutar Manuel de Beunza era el lavado producto de esas actividades de narcotráfico. Manuel de Beunza falleció en el 2013 si mal no recuerdo)



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El ex Teniente Coronel de Seguridad Personal y ex guardaespalda de Fidel Castro, ya fallecido en extrañas circunstancias, Juan Reinaldo Sánchez narra la  participacion de Fidel y Raul Castro en el trafico de Armas y Drogas


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Tomado de https://www.in-cubadora.com/

Carolina Barrero: Raúl Castro, el narcotraficante / La historia del ‘draft indictment’ del dictador cubano

DD.HH. | Memoria | 20 de enero de 2026

En 1993, Raúl Castro fue investigado por narcotráfico por un  jurado indagatorio federal de Florida. Este suceso, extrañamente olvidado, fue documentado en la prensa de la época, y años más tarde, en el año 2000, fue tratado en una audiencia del Congreso de Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de la evidencia, la investigación fue archivada por la administración de Bill Clinton. Durante más de tres décadas el tema ha sido reducido a meras menciones de notas al pie. Una reducción  que quizás sea la clave para entender por qué seguimos fallando al analizar el papel de Cuba en las redes de ilícitas que atraviesan el Caribe y Latinoamérica.

El 8 de abril de 1993, The Miami Herald reveló que fiscales federales del Distrito Sur de Florida habían redactado un borrador de acusación penal (draft indictment) que imputaba al gobierno cubano como una empresa criminal de racketeering (delincuencia organizada estructural, conforme a la ley RICO de EE. UU.) y al ministro de las Fuerzas Armadas, Raúl Castro, como jefe de una conspiración destinada a enviar toneladas de cocaína de carteles colombianos a través de Cuba hacia Estados Unidos.El documento, producto de meses de testimonio secreto ante un gran jurado, identificaba a quince altos funcionarios del Estado cubano como parte de una conspiración para facilitar el tránsito de cocaína del cartel de Medellín hacia Estados Unidos durante los años ochenta. Entre los nombres figuraba Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, descrito por el periódico como «el jefe de la conspiración», José Abrantes, Aberlado Colomé Ibarra, Manuel Piñeiro (Barba Roja), Nelson Blanco, Rosa María Abierno Gobín, entre otros, que incluían al coronel Antonio de la Guardia, que fue fusilado tras la Causa 1, en 1989.

El borrador atribuía a esa red el movimiento de al menos 7,5 toneladas de cocaína. Describía un esquema sostenido en el tiempo, apoyado en el uso del espacio aéreo, puertos y rutas marítimas cubanas. La hipótesis penal construida tras meses de investigación, formulada por fiscales federales, era lo suficientemente sólida como para haber sido considerado seriamente como acusación formal. Sin embargo, el indictment nunca llegó.

The Miami Herald explicó entonces que presentar una acusación de ese calibre requería la aprobación directa del Departamento de Justicia. No era un caso ordinario: implicaba imputar penalmente a un gobierno extranjero en su conjunto. Algo que recientemente había sucedido con Manuel Noriega en Panamá, acusado por un gran jurado federal en Miami y Tampa en febrero de 1988 por cargos de narcotráfico, lavado de dinero y conspiración, lo que derivó en su captura tras la invasión estadounidense de 1989 y su eventual condena en Estados Unidos y Francia.

En Cuba, el precedente Noriega había tenido repercusiones inmediatas: el juicio sumario contra el general Arnaldo Ochoa y otros oficiales, conocido como la Causa 1, se celebró en junio de 1989, seis meses después de la captura de Noriega, culminó en con el fusilamiento de cuatro de los acusado y funciono como chivo expiatorio de los Castro para librarse del mismo destino. Una purga diseñada para concentrar responsabilidades en figuras intermedias y blindar a la cúpula del poder. Cuatro años después, la investigación que preparaba un gran jurado federal del distrito sur de Miami mostraba que el problema del narcotráfico en Cuba no había terminado con los fusilados de 1989, sino que ascendía hasta los niveles más altos del poder.

Desde comienzos de los 80, diversos testimonios judiciales en Estados Unidos habían señalado contactos logísticos entre el cartel de Medellín y autoridades cubanas. Carlos Lehder, cofundador del cartel, declaró haber mantenido reuniones directas con Raúl Castro y haber obtenido facilidades para el tránsito de cargamentos. A estas declaraciones se sumaban las conocidas relaciones del régimen con organizaciones guerrilleras en Centroamérica con las FARC, el ELN, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, el Frente Farabundo Martí, entre otras,  un entramado donde la ideología, el financiamiento político y las economías ilícitas se superponían con inquietante normalidad.

En el año 2000, el caso fue retomado en una audiencia del Congreso de los Estados Unidos en la que se presentaron suficientes indicios que añadían información a la investigación de 1993, en a que participaron, entre otros Ileana de la Guardia, hija de Antonio de la Guardia, uno de los fusilados por Fidel Castro durante la Causa 1. La pregunta no es si había indicios suficientes, que los hay, sino si Estados Unidos estaba dispuesto a asumir las consecuencias políticas de llevar esa acusación hasta el final. Evidentemente la administración de Bill Clinton no lo estaba.

Hoy, cuando el debate internacional se centra en las acusaciones de narcotráfico contra altos funcionarios venezolanos y en la noción de «narco-Estado», este antecedente resulta ineludible. El caso de Nicolás Maduro suele presentarse como una anomalía, una degeneración reciente del poder en Venezuela. Pero la historia sugiere una continuidad de prácticas, saberes y modelos de control que Cuba no solo desarrolló, sino que exportó. Como cuando una empresa externaliza funciones y procesos fuera de su territorio para abaratar costos o evadir implicaciones legales: el régimen de los Castro simplemente identificó que era más conveniente sacar las operaciones fuera de su territorio; el destino fue Venezuela.

Desde principios de los años 2000, La Habana ha mantenido una presencia profunda y estructural en los aparatos militares, de inteligencia y de seguridad venezolanos. Esa relación no se limita a la cooperación política e ideológica. Implica transferencia de métodos, cadenas de mando paralelas y formas de gestión del poder donde la línea entre lo estatal y lo ilícito se vuelve deliberadamente borrosa. Observado a la luz de la investigación de 1993, resulta cada vez más difícil sostener que Cuba ha sido un mero espectador del auge del narcotráfico estatal en la región.

El silencio de entonces ha tenido consecuencias. Al no confrontarse a tiempo la dimensión estatal del narcotráfico cubano, se dejó intacto un modelo que luego encontraría terreno fértil en otros países. Tres décadas después, continúa impune el régimen de los Castro, artífice, y arquitecto de las redes de narcotráfico de la región, que en su momento sobrevivió a la captura de Noriega, y hoy pretende otra vez zafar tras la captura de Maduro.__________

Publicación fuente ‘Ciudadanía y libertad’

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Quizas Carolina Barrero en este articulo publicado en Baracutey Cubano ( por primera vez hace mas de una decada) encuentre algunas respuestas  ... 

Tomado de http://neoliberalismo.com/prologo_nttr.htm

Prólogo a Narcotráfico y Tareas Revolucionarias
Por Ernesto Betancourt

(FRAGMENTO, pero pueden leerlo completo haciendo click AQUÍ)

Las relaciones de Castro con el tráfico de drogas a través de Cuba y en el lavado de dinero son más que confirmadas por hechos anteriores y posteriores al juicio de Ochoa y han sido motivo de acciones legales en los tribunales de Estados Unidos. Norberto Fuentes agrega detalles reveladores en su narrativa que dan validez a esta hipótesis.
Ya en 1980 Castro decide suspender operaciones de tráfico de marihuana cuando el entonces Ministro del Interior, Ramiro Valdés, pidió órdenes por escrito del Comandante en Jefe para continuar dichas operaciones. Fuentes revela que Castro estuvo envuelto en los tratos con Vesco y con el M-19 de Colombia/Jaime Guillot Lara, casos objeto de grandes jurados en Estados Unidos. En 1983, Castro planteó a Tony de la Guardia y a otros funcionarios del MININT la necesidad de demostrarle la factibilidad de hacer operaciones de drogas en forma tal que permitiera negar su envolvimiento y le ordenó iniciar los contactos con Pablo Escobar. Paralelo a estas operaciones, hay notas sobre crecientes contactos con los carteles mexicanos para operaciones de gran envergadura en los que la participación de Tony de la Guardia es más tangencial, pero no pueden tener lugar sin el conocimiento y la aprobación de Fidel Castro.
Esta implicación directa de Castro continúa mucho después del fusilamiento de Tony de la Guardia. El contrabandista Jorge «Gordito» Cabrera, actualmente cumpliendo una sentencia de diez y nueve años, fue capturado en los Cayos de la Florida, en Enero de 1996, con 6,000 libras de cocaína y una foto de él con Fidel Castro. Esto alcanzó gran publicidad cuando, durante el escándalo sobre contribuciones ilegales a la campaña del Presidente Clinton, se descubrió que Cabrera había contribuido $20,000 a dicha campaña y había sido invitado a una fiesta de Navidad en la Casa Blanca, donde se retrató con la Primera Dama, y a otra en Miami, donde se retrató con el Vice Presidente Al Gore.

 

 Jorge Luis «Gordito» Cabrera y Hillary Clinton

 Jorge Luis  «Gordito» Cabrera y Al Gore

( Fotos y comentario añadidos por el bloguista de Baracutey Cubano:

En el American Thinker del 30 de abril de 2009 se lee

"Thanks to Castro" boasted the FARC's late commander " Tiro-Fijo" (sure-shot) in a 2001 interview, "we are now a powerful army, not a hit and run band." The conduit for Castro's aid was (and is), of course, Venezuela.
"The evidence against Castro is already greater than the evidence that led to the drug indictment of Manuel Noriega in 1988," Said one of the federal prosecutors to the Miami Herald in Judy 25, 1996. A total of four grand juries had revealed Castro's involvement in drug traffic.
Much of the evidence came from famous Clinton financial backer Luis "El Gordito" Cabrera. Pictures from the 1995 White House Christmas party, show him smiling with Hillary and backslapping with Vice President Gore. 
During his arrest for cocaine smuggling exactly two weeks after that party, pictures turned up of "Gordito" Cabrera smiling and backslapping with Fidel Castro.

En Independet  del 25 de julio de  1996 se lee:

The drug arrest took place in Miami in January when police, following a tip about smuggled Cuban Cohiba cigars, raided a warehouse and found nearly three tons of cocaine. One Colombian and several Cuban Americans were detained, including 40-year-old Jorge Luis Cabrera, nicknamed "el Gordito" (the fat man), whose family owns a lobster and crab business in the Florida Keys.

The main basis for the supposed Castro link was alleged to be photographs found in a suspect's car at the scene of the bust, said to show "the fat man" posing with Mr Castro
.)


 Por su parte, de acuerdo con el periodista Andrés Oppenheimer, las autoridades mexicanas encontraron vínculos del Rey de los Cielos, Amado Carrillo Fuentes, con el régimen cubano. Este disfrutaba de una casa de protocolo del gobierno de Cuba durante sus visitas a la Habana, privilegio que cualquiera que sepa cómo se gobierna Cuba sabe es imposible de obtener sin la aprobación del propio Castro. Estas casas son asignadas personalmente por Fidel Castro y la administración de esas propiedades es una de las funciones de su Jefe de Despacho, el Dr. José M. Miyar Barruecos.


(Norberto Fuentes entre Fidel y Raúl Castro; nótese a Raúl eufórico. ¿estaría tomando  vodka con jugo de naranja  o de ?)

Finalmente, en este caso, lo que pudiera llamarse el «smoking gun», de acuerdo con el argot policíaco, es el incidente, ocurrido en enero 18 de 1991, en la prisión de Guanajay que albergaba tanto a los procesados en el caso Ochoa como en el caso Abrantes. En esa oportunidad Abrantes, antiguo Ministro del Interior, le confesó al general Patricio de la Guardia, cuyo hermano gemelo Tony fue uno de los ejecutados por Fidel Castro,  que él mantenía a Fidel Castro informado de todas las acciones de su Ministerio relacionadas con el tráfico de drogas.   Patricio reaccionó violentamente ante esta evidencia que confirmaba que su hermano había sido ejecutado por cumplir misiones aprobadas por Fidel.   Esta indiscreción de Abrantes ocasiona su misteriosa muerte el 21 de enero de 1991, tres días después, a causa de un fallo cardíaco que, en el mejor de lo casos, no fue atendido debidamente por sus carceleros y, en el peor, fue ocasionado deliberadamente por las inyecciones que le daban éstos.  

(Norberto Fuentes y Raúl Castro)

Pero, aparte de revelar que Castro sí ha estado y sigue estando envuelto en el tráfico de drogas, las revelaciones, hasta ahora inéditas, de Norberto Fuentes alimentan otra hipótesis sobre el caso de Ochoa. En vista de toda la evidencia aportada en esas notas, es razonable asumir que Ochoa estaba convirtiéndose en una amenaza para el monopolio de poder de Castro. Esto se deduce claramente del incidente ocurrido el 28 de Mayo de 1989 descrito en la narrativa de Fuentes. En esa oportunidad Raúl Castro, en presencia de los generales Ulises Rosales del Toro y Abelardo Colomé (Furry), se reúne con el General Ochoa, ya bajo arresto preventivo, y lo increpa en relación con cuatro temas:
Su juntadera con los generales soviéticos en Angola (en momentos en que Castro ya había dado órdenes al Ministro del Interior de seguir a los soviéticos en Cuba por desconfiar de sus contactos con funcionarios y oficiales cubanos);
Su desobediencia de las órdenes de Fidel en la última fase de la guerra en Angola (Ochoa se concentró en atacar a las fuerzas de Savimbi y Fidel quería que atacara a los sudafricanos);
El que hubiera apoyado la operación de ataque a la guarnición militar La Tablada en Buenos Aires sin haber consultado a la alta jerarquía del régimen (Ochoa había conocido a Gorriarán, el guerrillero argentino que lideró esa violenta acción, en Nicaragua y se habían hecho amigos); y, finalmente,
Sus esfuerzos por crear su propia organización para el tráfico de drogas en alianza con Pablo Escobar (lo que interfería con las mucho más amplias operaciones de narcotráfico que ya estaban en camino a través de Raúl y el Ministro del Interior, José Abrantes, con pleno conocimiento y aprobación del propio Fidel).
(Norberto Fuentes  hace unos pocos años en Miami)
Como puede apreciarse, la agenda anti-Ochoa era muy amplia. De hecho, constituía una respuesta al reto que él representaba al liderazgo de Castro en muchos frentes. La confirmación de este reto, que se acentúa con su regreso a Cuba y la intensificación de contactos con Pablo Escobar, coincide con las sentencias dictadas en el caso de los Ruiz en los tribunales de la Florida en Abril 23 de 1989. Este caso envolvía operaciones de tráfico de drogas que se estaban efectuando regularmente a través de Cuba, las cuales eran imposibles de llevar a cabo sin la aprobación de Raúl y, por consiguiente, del propio Fidel.  El dictador panameño Manuel Noriega advirtió a Castro que él era el objetivo en el caso de los Ruiz.
Castro decidió matar dos pájaros de un tiro. Ejecutando a Ochoa y sus principales colaboradores acusándolos de tráfico de drogas, silenciaba toda alusión al envolvimiento de él y su hermano Raúl en esas operaciones, y justificaba su inocencia, al mismo tiempo que se libraba de un peligroso rival potencial por el control del poder.
En este esfuerzo confiaba, además, en el apoyo incondicional que siempre ha tenido en los medios masivos de comunicación estadounidenses de simpatizadores o agentes de influencia como Ted Turner de CNN, Dan Rather de CBS y Peter Jennings de ABC, así como de algunos reporteros en los líderes de la prensa liberal como The Washington Post y The New York Times. Fidel Castro esperaba que esa interpretación, avalada por escritores como el premio Nóbel Gabriel García Márquez, iba a prevalecer en la opinión pública americana. Y así ha sido hasta ahora.
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En Amazon:
En forma cronológica presenta el autor información no conocida sobre las actividades terroristas y en el narcotráfico del gobierno de Fidel Castro. Revela también informaciones sobre el juicio de la Causa #1 de 1989, sobre el general Arnaldo Ochoa y los hermanos De la Guardia, sobre la guerra en Angola y otros escenarios fuera y dentro de Cuba en los que participara directamente o tuviera información por sus amigos del MININT y el MINFAR, que participaron en ellos. Un libro inquietante y revelador que muestra importantes interioridades de la cúpula gobernante de Cuba. Prólogo de Ernesto F. Betancourt.

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Tomado de http://taniaquintero.blogspot.com

El Cártel de La Habana (IV)

(pueden leer la partes I, II y III haciendo click AQUÍ )

Por Juan Benemelis

(Ex diplomático Castrista vinculado a la Inteligencia)



En el curso de la década de los 70 se dieron cita dos coyunturas importantes. La primera tendría que ver con el consumo de narcóticos, que vería una gran expansión en Estados Unidos primero con la marihuana y luego con la cocaína.

La otra coyuntura tenía que ver con el narcotráfico en sí. El Cartel de Medellín necesitaba de un punto intermedio cercano para operar hacia aguas norteamericanas. El Cartel de Medellín llegará a introducir unas 45 toneladas de cocaína en Estados Unidos, representando 25 billones de dólares, y alrededor de 10 toneladas en Europa.

En una intervención ante el Senado, en abril de 1983, James H. Michel, Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos, expresó que existían pruebas de que en 1979, el buró político del Partido Comunista de Cuba había aprobado un plan para intervenir en el narcotráfico utilizando a Cuba como puente y base de apoyo para las redes de traficantes de Estados Unidos.

El suministro se organizó desde las fuentes de abastecimiento en América del Sur y el gobierno de La Habana necesitaba recursos en moneda convertible que estaría dispuesto a obtener de cualquier manera. La vinculación cubana con el narcotráfico era inevitable desde un principio, y además tenía que producirse de manera casi natural: primero, porque en las áreas de producción de Suramérica, los guerrilleros sostenidos por Cuba ocupaban el mismo espacio ilegal que los narcotraficantes.

La guerrilla necesitaba armas y dinero, mientras que el narcotráfico, siempre abundante en dinero, necesitaba protección armada y, sobre todo, acceso a las redes de organización clandestina de la guerrilla y su experiencia conspirativa. Además, una parte importante de todo el tráfico de drogas cayó en manos de exilados cubanos, sobre los cuales La Habana tenía abundante información para el chantaje. La parte del exilio que se vinculó al narcotráfico con Cuba también se sentía razonablemente segura de que no sería traicionada.

En la medida que la crisis financiera y económica se hacía más profunda, la dependencia de la Isla para con los recursos extraídos de Angola y del narcotráfico se amplió. Apurado por lograr una nueva fuente de recursos, Castro se fue involucrando cada vez más en el tráfico de drogas, como apuntara el general cubano exiliado Rafael del Pino.


Tradicionalmente los barcos usados en el narcotráfico colombiano tenían que atravesar el Paso de los Vientos, entre Cuba y Haití, lo que muchas veces les situaba en aguas territoriales cubanas, donde eran interceptados. Las pérdidas de los narcotraficantes se incrementaron con alarma.

(Al centro el Embajador Fernando Ravelo y a su lado el alto Johny Crump)

Según el testimonio dado en 1982 por el narcotraficante colombiano de Miami Juan Lozano (alias Johnny Crump), es alrededor de 1975 que algunos de los más importantes narcotraficantes colombianos se entrevistaron en Bogotá con el embajador cubano Fernando Ravelo Renedo para negociar la devolución de los barcos y las tripulaciones.

El embajador cubano contestó con una contraoferta de La Habana: a cambio de 800 mil dólares por cada barco, Cuba estaba preparada no sólo para ignorar la actividad de los buques madres que se detectasen en sus aguas, sino que podía proveerles de servicios de reparación y gasolina en sus puertos, así como identificación y escolta cubana hasta las proximidades de los cayos de la Florida.

Así, los poderosos colombianos Alfonso Cotés y Alfonso García comenzaron sus negocios de tráfico a través de Cuba. Los agentes de inteligencia cubanos se pusieron en contacto con algunos potentados de la droga en Miami, como por ejemplo Johnny Crump y el conocido narcotraficante Jaime Guillot-Lara, quien con posterioridad sería empleado de los servicios secretos cubanos y se casaría con una hija de Raúl Castro.

Entre los cubanos exiliados en Estados Unidos implicados en el narcotráfico con Cuba estaban José Alvero Cruz y Osiris Santi. En noviembre de 1976, Alvero había viajado a España donde disponía de fondos bancarios, y allí obtuvo de la propia embajada cubana en Madrid un pasaporte cubano. En 1978, actuando como agente de Cuba, Alvero arregló el envío de 5,000 armas para las guerrillas sandinistas en Nicaragua. Por su parte, Osiris Santi era un narcotraficante cuyos barcos ya recibían protección en los puertos cubanos. Su lugarteniente, Orlando Torres, se entrevistaba constantemente en México con los funcionarios del régimen cubano destacados en Mérida.

El narcotraficante colombiano, Jaime Guillot-Lara -casado con la hija del ministro de defensa cubano Raúl Castro- será el contacto entre Cuba y el movimiento M-19. El 7 de noviembre de 1981, Guillot-Lara tiene que escapar a toda prisa de Colombia y se refugia en México, donde los agentes cubanos negocian su libertad con las autoridades mexicanas con el fin de evitar que se descubriera su conexión con La Habana. En 1982, Castro hablaba de Guillot-Lara como "un buen amigo".

(Jaime Guillot Lara, foto superior, y en la foto inferior René Rodríguez Cruz quien fuera una de las personas especializadas en dar el tiro de gracia a los fusilados en la Sierra Maestra  y al principio del triunfo de la Revolución; posteriormente fue Presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos o ICAP, una dependencia Castrista vinculada con la Dirección de Inteligencia. Murió en extrañas circunstancias en Cuba después de llegar huyendo por las acusaciones de narcotráfico. Comentarios y fotos añadidas por el bloguista de Baracutey Cubano)

La conexión cubana sería descubierta y probada más tarde. Los informes de la participación cubana en el tráfico de drogas saldrían por vez primera a la luz pública en 1982, cuando la Oficina Legal de los Estados Unidos en Miami nombró entre los acusados al jefe de la marina de guerra de Cuba, almirante Aldo Santamaría, y al ex embajador cubano en Colombia, Fernando Ravelo, en un caso que incluía 23 toneladas de marihuana.

El 15 de noviembre de 1982, los colombianos Guillot-Lara y Johnny Crump, y los cubanos Lázaro Visuña, Mario Estévez y David L. Pérez, brindaron a un tribunal en Miami amplias pruebas de las actividades de narcotráfico por parte de Cuba desde el año 1975, tráfico que tenía como uno de sus objetivos el envió de armas a la guerrilla colombiana del M-19.

Según la deposición de Johnny Crump, él y Guillot-Lara se dirigieron a La Habana en compañía del embajador Ravelo, donde éste y el embajador de Cuba en Venezuela, Norberto de la Osa, les confirmaron que el barco Viviana, dedicado al narcotráfico, obtendría salvoconducto todas las veces que atravesase las aguas jurisdiccionales cubanas.


Por la protección de este tránsito, Guillot-Lara pagaba 20 mil dólares por cada tonelada de marihuana a bordo. A su vez, el compromiso incluía el transporte de armas a las guerrillas del M-19 en Colombia. 
Según Guillot-Lara, a su retorno a Colombia inició los trámites para preparar otro barco para enviar a Cuba en 1980.

(El embajador Fernando Ravelo bautizando a Viviana, hija de Johny Crump, el cual se encuentra en la extrema derecha de la foto)

Conforme al testimonio de Johnny Crump, los funcionarios cubanos Ravelo y René Rodríguez Cruz -presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP)-, le sugirieron la posibilidad de comprar y enviar armas para elementos anti-Pinochet en Chile a través de Panamá. Una semana después, un chileno de apellido Galván, le hacía entrega de un microfilm en un cigarrillo que contenía la lista de las armas, alimentos y municiones para 300 hombres.

Por otra parte, Johnny Crump cuenta cómo durante una campaña en la costa norte del Pacifico, las autoridades colombianas cercaron a un grupo guerrillero del M-19 comandados por Carmenea Cardona, muchos de los cuales figuraron en el secuestro de la embajada dominicana en Bogotá y que supuestamente debían haber estado refugiados en Cuba.

Entre los detenidos y testigos de la causa de Miami figuraba también Mario Estévez, un agente de la inteligencia cubano, infiltrado en los Estados Unidos en 1980. En su deposición ante el Gran Jurado, Estévez expresó que había sido infiltrado con el objetivo de activar el tráfico de drogas, comenzando por transacciones de marihuana hasta que fue arrestado el 29 de noviembre de 1981. Estévez testificó ante una comisión del senado de los Estados Unidos que había introducido en la Florida marihuana y gualudes desde Cuba, y de ahí trasladado a Nueva York.

Las declaraciones de Estévez resultaron desconcertantes: la alta cúpula de la dirigencia cubana había organizado una extensa red de narcotráfico desde América Latina hasta los puntos de distribución en ciudades norteamericanas, usando sus propios servicios secretos. Estévez identificó al alto oficial de inteligencia cubana, René Rodríguez Cruz y al vicealmirante Aldo Santamaría como las personas encargadas por Castro para canalizar este tráfico.

Estévez apuntó que desde los inicios de la década de los setenta se producía marihuana en la región cubana de Manzanillo para venderla en los Estados Unidos, operación que Castro venía madurando desde los días de la guerra de Vietnam. Estévez estimó en 200 millones de dólares anuales los ingresos cubanos sólo por concepto de la marihuana.

Durante el período de su actividad ilícita, Estévez logró el traslado de Cuba a Estados Unidos de alrededor de 270 kilogramos de cocaína, posteriormente vendida en Miami, Chicago, Ohio, Nueva Jersey, Nueva York y otras ciudades. El dinero acumulado lo llevaba a Cuba él personalmente. También informó que en un momento de su actividad, sus jefes en el gobierno cubano le recomendaron se trasladase a Bimini, en Las Bahamas, para conocer y entrenar a Frank Bonilla, otro agente proveniente de Cuba.

De regreso a Cuba, recalaron en la pequeña isla de Paredón Grande, donde hallaron el buque Viviana del colombiano Guillot-Lara con un cargamento de 8 millones de qualudes. El yate estaba escoltado por buques de guerra cubanos.

De acuerdo con la narración de Estévez, corroborada luego por otros narcotraficantes, estando en Paredón Grande concurrieron el jefe de la Marina de Cuba, almirante Santamaría, y el alto jefe de la inteligencia René Rodríguez, presidente del ICAP, organismo pantalla de la inteligencia cubana, con quienes sostuvo una extensa conversación sobre el narcotráfico. Explicó que cuando salió de Cuba a bordo del Viviana se acarreaba otro barco, el Lazy Lady, hasta la isla de Andros en Las Bahamas, donde se hizo el traspaso de los qualudes. Después fue ordenado a seguir hasta Cayo Güincho donde recogió 23,000 libras de marihuana procedente de Cuba.

(fotos superiores:  Gonzalo Bassols y el ya fallecido Vicealmirante  Aldo Santamaría Cuadrado; fotos inferiores: el extrañamente  fallecido en Cuba  René Rodríguez Cruz  y el embajador Fernando Ravelo)

El testimonio de Estévez implicó en el narcotráfico internacional a Santamaría, René Rodríguez, al embajador Ravelo, a Gonzalo Bassols Suárez, diplomático cubano en Colombia; a Teodobaldo Rico Rodríguez y Francisco Echemendía, funcionarios del Ministerio del Interior de Cuba.

Con posterioridad, René Rodríguez moría en La Habana, en circunstancias misteriosas, después del fusilamiento de los militares el general Ochoa, Tony de La Guardia, en 1989, y al deceso en prisión, en 1991, del general José Abrantes Fernández, exministro del Interior.

Coincidentemente, Estévez también fallecería en una prisión norteamericana. Los hilos de la trama que conducían hasta Fidel y Raúl Castro irían desapareciendo con el tiempo.

El ex secretario de Estado, Shultz, refiriéndose a los resultados del Gran Jurado de Miami, indicó que se "demostró la evidencia de la complicidad de Cuba en el tráfico de narcóticos en América Latina”. En marzo de 1983 fue confiscado en la Florida un velero con 750 libras de marihuana a bordo. Durante el registro del bote se halló un diario con la ruta seguida. Había zarpado de la Florida para Las Bahamas, siguió a Haití, luego a Cuba, después a Jamaica, retornó a Las Bahamas y finalmente llegó a la Florida de nuevo.

Poco después, el 20 de mayo de 1983, el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan declaraba en Miami que existían fuertes pruebas de que funcionarios de Castro estaban involucrados en el tráfico de drogas desde Cuba. Un mes después, el administrador de la DEA, Francis Mullen ratificaba ante el senado estadounidense que el gobierno de Cuba estaba consciente de los movimientos de drogas a través de su territorio, y que facilitaban tales movimientos.

Del libro Las guerras secretas de Fidel Castro, de Juan F. Benemelis.

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miércoles, diciembre 17, 2025

Video de entrevista a Carlos Lehder: Así traficamos Cøcaína desde CUBA por un plan de Fidel y Raúl Castro: Carlos Lehder revela detalles


Carlos Lehder en el restaurant La Bodeguita de el Medio, La Habana, Cuba
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Más Allá del Silencio Podcast

13 de diciembre, 2025

Así traficamos Cøcaína desde CUBA por un plan de Fidel y Raúl Castro: Carlos Lehder revela detalles


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DE LOS ARCHIVOS DEL BLOG  BARACUTEY CUBANO

Tomado de https://diariodecuba.com/

'Hay elementos suficientes' como para que ya existiese una película sobre la trama cubana del Cartel de Medellín

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DIARIO DE CUBA conversa con Santiago Alonso Buers, autor de 'Desmontando las narcoseries. Mitos del Cartel de Medellín'.

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(Carlos Lehder después de salir de la prisión después de cumplir su larga condena)

Por Diego Santana

Córdoba

30 Oct 2024

No son pocas las series y películas sobre Pablo Escobar y el Cartel de Medellín. El personaje que creó el narcotraficante para sí mismo ha sido representado con más o menos acierto, con más o menos éxito, con más o menos verosimilitud, con más o menos lugares comunes, en grandes producciones o en otras en las que solo se menciona su nombre.

Para analizar las implicaciones audiovisuales del mito y examinar los entresijos de una amplísima red criminal, que también incluyó al régimen cubano y otros actores de envergadura, el profesor y escritor español Santiago Alonso Buers publica, con la editorial Última línea, el libro Desmontando las narcoseries. Mitos del Cartel de Medellín. Con él conversa DIARIO DE CUBA, tras la pista de una pregunta fundamental: ¿Por qué las series y películas que se han hecho hasta ahora sobre el tema no incluyen la rama cubana?

"Se ha intentado varias veces", afirma Alonso Buers y detalla que el que fuera la mano derecha de Escobar, Carlos Lehder, trabaja para que Netflix adquiera los derechos de su libro Vida y muerte del Cartel de Medellín, publicado en enero de 2024 por Penguin Random House. A pesar de que Lehder se negó a ser entrevistado para el libro de Alonso Buers, este opina que, en consonancia con lo escrito por el exnarcotraficante, quien detalló la relación entre el régimen cubano y el tráfico de drogas, esta tendría, para ser fiel al libro y a la historia, que estar representada en el audiovisual, por lo que vale la pena esperarlo con ansias.

Entre testimonios, libros, series, películas y medias verdades, mucho se ha especulado sobre la relación entre Escobar y Fidel Castro y, preguntado por el tema, Alonso Buers dice: "Yo hablé con el hermano de Pablo Escobar, Roberto, y nunca hubo un encuentro personal entre Pablo Escobar ni su hermano [con Fidel Castro], según me dijo. El encuentro que hubo fue con su socio, Carlos Lehder, y no fue con Fidel Castro, sino con su hermano Raúl. Es decir, nunca hubo un encuentro personal entre ambos, según dicen ellos".

"Fidel Castro siempre fue una persona muy inteligente y dejó funcionar a su entorno. Nunca se ligó personalmente a ello. Pero claro, es evidente que si Pablo Escobar tenía conexión directa a través de Carlos Lehder y a través de otras personas con Raúl, y Raúl es hermano de Fidel, es evidente que Fidel estaba al tanto", agrega, a tono con la histórica conjetura de que Castro sabía todo cuanto los militares cubanos hacían en relación al narcotráfico.

"Es imposible que él no lo supiera, porque fueron más de 400 millones de dólares los que el Gobierno cubano sacó del cartel de Medellín por mover la droga. Con lo cual, aunque la conexión no sea directa, porque Fidel era demasiado inteligente como para hacer una conexión directa, es verdad que dejaba a la gente trabajar", afirma Alonso Buers, quien declara como uno de sus referentes principales para esta investigación el libro Narcotráfico y tareas revolucionarias. El concepto cubano, del escritor y periodista cubano Norberto Fuentes.

En Cuba, todo lo relacionado al Cartel de Medellín está íntimamente ligado a la Causa 1 de 1989, que terminó con el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa, el coronel Antonio de la Guardia y sus respectivos ayudantes, pero varias personas involucradas en el tráfico de drogas a través de Cuba han declarado, y el libro de Alonso Buers así lo sostiene, "que por encima de Ochoa el verdadero jefe de toda la operación era Raúl Castro".

"Ochoa era una persona muy querida y muy díscola con el régimen. Después de Angola, Fidel sabía que Ochoa tenía mucho mando, y él se lo quiso quitar del medio, no porque traficara droga, sino porque traficaba droga a espaldas de Fidel. Porque lo hizo por una parte con Fidel y por otra parte sin Fidel. Entonces ese es el problema de Ochoa. Él [Fidel Castro] quiere hacer una limpieza de imagen porque Ronald Reagan en un momento determinado dice que tiene constancia de que los altos cargos cubanos están traficando. Y entonces, ¿qué hace? Dice: 'Voy a decir que los malos eran ellos', y por eso decidió matar a Ochoa. Pero no lo hace gratuitamente. Lo hace porque Ochoa estaba cogiendo mucho mando", destaca Alonso Buers, en consonancia con las especulaciones que circulan desde 1989.

Pero, "esta trama de tráfico de drogas y corrupción incluyó también el lavado de dinero a través de Cuba. Y esto continuó, porque el lavado de activos ha sido muy recurrente en la Isla, no solamente a través del narcotráfico, sino a través de cualquier cosa que se pudiera mover", dice el autor de Desmontando las narcoseries. Mitos del Cartel de Medellín.

Alonso Buers se refiere, asimismo, a la relación triangular entre Pablo Escobar, Fidel Castro y el presidente de España entre 1982 y 1996, Felipe González. "González y Escobar eran muy amigos", dice, y "cuando Felipe González tomó posesión del cargo, él invitó a Pablo Escobar". El escritor y profesor opina, además, que "González siempre ha intentado hacer alianzas con gente poderosa y en esa ecuación entraban Fidel y Pablo, y sí, hubo una triangulación clara entre ellos".

Para invitar a los lectores de DIARIO DE CUBA a leer el libro, el autor afirma que "se trata de la mejor síntesis que se ha hecho hasta el día de hoy, desde el origen del cartel de Medellín hasta su final. Es decir, desde 1976 hasta 1993, pero lejos de todas las series, de todo lo que han visto por televisión".

"Está basado en fuentes vivas, en las entrevistas a la familia de Pablo. Todo lo que se ha visto en televisión, todo lo de Netflix, todo lo de Hollywood, es una cosa que intenta ser verídica en lugar de ficticia", agrega.

Entonces, "hay elementos suficientes" como para que ya existiese una película sobre la Causa 1 y la trama cubana del Cartel de Medellín, ratifica Alonso Buers y "no se ha hecho por tema de intereses, porque las películas precisan financiación y aquí hay muchos intereses cruzados".

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Manuel de Beunza (quien desertó el 14 de junio de 1987 y que falleció en el 2013) en  tres momentos de su vida




 



Manuel de Beunza rompe el silencio y habla de la fortuna de Fidel Castro.  Beunza también revela a partir del instante 29: 55  la relación de los Castro con el narcotráfico mediante testimonio personal 


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Nota del  bloguista de Baracutey Cubano:

En la Sierra Maestra  desde antes de la Revolución se cultivaba marihuana y se transportaba a las ciudades. El fugitivo Crescencio Pérez, posteriormente Comandante del Ejército Rebelde,   era uno de los más destacados traficantes cuando Fidel Castro y Raúl Castro desembarcaron del yate Granma. En el libro de Huber Matos titulado Cómo llegó la noche, se narra como el Ejército Rebelde cuidaba de plantaciones de marihuana y cobraba impuestos por su cultivo durante la lucha contra Batista. Por cierto,  todavía están vivos algunos testigos  cuando en los primeros días después del primero de enero de 1959, el destacado combatiente del Ejército Rebelde nombrado ¨Pepín¨ Quiala le recordó en un bar de Santiago de Cuba a Fidel Castro cuando juntos fumaban marihuana en la Sierra Maestra. ¨Pepín¨ Quiala le hizo ese recordatorio ante una pose de pureza de Fidel Castro.

 (Ion Mihai Pacepa  en una ceremonia militar en la  Rumanía del dictador comunista Nicolae Ceausescu)

 Ion Mihai Pacepa, fue un exTeniente General (equivalente a General de División en los grados del  Ejército Castrista) del espionaje rumano de los tiempos de Nicolás y Elena Ceausescu, el cual desertó en aquella época y ofreció importantes revelaciones a Occidente. 

De los archivos del   blog Baracutey Cubano

Asociación Española Cuba en Transición.

¿Quién es Raúl Castro? Un tirano al que sólo un hermano puede querer.

Por Ion Mihai Pacepa.

(Fragmento)

“RAÚL ES EL ENCARGADO DE ORGANIZAR LA EJECUCIÓN DE CIENTOS DE POLICÍAS Y OFICIALES DEL RÉGIMEN BATISTA”.

El abril de 1971 visité Cuba como miembro de la delegación del gobierno de Rumanía para conmemorar el décimo aniversario de la victoria de Castro en Bahía de Cochinos. Un par de días después de la ceremonia, Raúl me invitó a ir con Sergio del Valle a pescar en su barco. También invitó a un soviético que se presentó como Aleksandr Alekseyev. “Este es Shitov”- me susurró al oído Sergio del Valle- “ahora es consejero de Allende”. (El marxista Salvador Allende había sido elegido presidente de Chile en las elecciones del pasado noviembre). Ahí, en ese barco, comprendí de una forma más clara que nunca que Raúl, y no Fidel, era quien estaba llevando los mandos de aquella revolución cubano.

En 1972, tuve que organizar el viaje de Ceausescu a La Habana y fui su mano derecha durante toda la visita. Fidel era la cabeza visible, Raúl el movia los hilos. La primera dama de Cuba no era la mujer de Fidel sino la de Raúl. A Elena Ceausescu le estraño pero ambas mujeres conectaron a la perfección. Las dos, Elena y Vilma Espin Guilloys, habían abandonado sus estudios en la escuela; ambas querían ser químicas; las dos habían logrado reconocidos doctorados en la universidad, ambas se unieron al partido comunista antes de que hubiera llegado al poder en sus respectivos países, llegaron formar parte del Consejo de Estado y las dos eran presidentes de la Federación de Organizaciones de mujeres en sus países.

Durante esa visita, los hermanos Castro y Ceausescu acordaron aventurarse en el tráfico de drogas. Querían regir los destinos del mundo con las drogas. “Las drogas pueden hacer mucho más daño al imperialismo que las armas nucleares”-pontificaba Fidel. Raúl estaba de acuerdo: -“Las drogas pueden erosionar el capitalismo desde dentro”. En esas conversaciones nunca escuche la palabra “dinero” pero yo ya estaba administrando el dinero estaba generando Rumanía con estas operaciones. Todo este dinero era transferido a las cuentas personales de Ceausescu. En 1978, cuando afortunadamente pude abandonar Rumania esa cuenta, que llamaban AT-78, tenía un saldo de 400 millones de dólares –a pesar de las considerables dentadas que provocaba Elena con sus gastos en joyería y abrigos de lujo.


*Traducido por la Asociación Española Cuba en Transición.

Fuente en ingles:

http://article.nationalreview.com/?q=OTA0ZjhiYzRlYmYwZWIwMDEzYjY3NjYyZGY3YmI1ZWM=

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martes, septiembre 09, 2025

Desde Cuba: La tumba del General de División Arnaldo Ochoa. ¿Dónde enterraron a los fusilados de la Causa 1 de 1989? Video de Ian Padrón con Enrique del Risco


En esta foto, `psoblemente tomada en 1959  en CMQ Televisión, aparece el joven Arnaldo Ochoa al fondo y  al lado  del que tiene gorra de plato y espejuelos.
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 Tomado de https://www.cubanet.org/9/

La tumba de Ochoa. ¿Dónde enterraron a los fusilados de la Causa 1 de 1989?

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Los cadáveres de los fusilados de la Causa 1 fueron enterrados en la necrópolis de Colón de forma que fuera casi imposible ubicarlos

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COLABORADOR DESDE CUBA

Septiembre 9, 2025

LA HABANA, Cuba. – Una execrable y escandalosa página en la historia del régimen castrocomunista fue el fusilamiento del general de División de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y Héroe de la República de Cuba Arnaldo Ochoa Sánchez, el coronel del Ministerio del Interior Antonio de la Guardia Font y otros dos oficiales. 

Los cuatro fueron ejecutados en la madrugada del 13 de julio de 1989, en la unidad de Tropas Especiales de Baracoa, al este de La Habana.

Las acusaciones presentadas en el juicio, la Causa 1 de 1989, implicaban a esas personas en operaciones con narcotraficantes del Cartel de Medellín y de contrabando de diamantes y marfil.  

El proceso, que fue transmitido por televisión, dejó bastantes dudas. Sobre todo, porque era bastante improbable que Fidel y Raúl Castro (por entonces ministro de las FAR) no supieran del asunto y hubieran dado su autorización para dichas operaciones. Ninguna operación de esa magnitud pudo haberse realizado sin su conocimiento y consentimiento.

Recordemos que la noche antes del veredicto del fiscal militar, Raúl Castro apareció ante las cámaras en forma descompuesta, y dio un discurso, que no se retransmitió ni se publicó íntegramente en la prensa en el que daba a entender las desavenencias de criterio de él y su hermano con Arnaldo Ochoa por la conducción de la guerra en Angola.

La Causa 1 se produjo como consecuencia de las denuncias y pruebas presentadas por Estados Unidos, que acusó al Gobierno de Cuba de estar involucrado en el tráfico de cocaína. Para limpiarse de culpa, Fidel y Raúl Castro hicieron recaer la responsabilidad en Ochoa y los hermanos De la Guardia, a quienes utilizaron como chivos expiatorios en medio de toda una gran escenificación.  

Los cadáveres de los fusilados de la Causa 1 fueron enterrados en la necrópolis de Colón de forma que fuera casi imposible ubicarlos.  

Hace unos años, un archivero del cementerio, ya fallecido, me brindó información sobre la ubicación exacta de los restos de los fusilados.  

El archivero aseguraba que la letra de los asentamientos de las defunciones, en el libro correspondiente, era distinta a la escritura de las restantes, algo que permite conjeturar sobre las intenciones de ocultamiento por parte de las autoridades.  

Los documentos sobre los enterramientos no se hallan al alcance de ninguna persona conocida.

Recorrí recientemente los puntos señalados por el archivero. Me acompañó un amigo, conocedor del cementerio. Sin su auxilio me hubiera sido imposible encontrarlos.  

El estado de las tumbas, en general, es deplorable. Las hierbas crecidas dificultan identificar los panteones, que no presentan indicaciones con el nombre de los sepultados. Es posible que ya no estén allí sus restos.

Fuimos hasta la oficina turística del cementerio para saber si había algún mapa general del camposanto. Allí nos dijeron que solo cuentan con uno, pero está desactualizado y es solo para turistas extranjeros y personalidades relevantes. 

Hay un plano que data del año 1949 en una oficina del cementerio, enmarcado en un cuadro. Es la única guía para la orientación en el camposanto.  

Según los datos suministrados por el archivero, Arnaldo Ochoa fue sepultado en la zona S.E., cuadro 3, bóveda 3, y con expediente 46.672 en Campo Común, y exhumado en la zona de Segunda N.E., en el osario de Ángel Navarro Estrada, con expediente 23.706.

El coronel Antonio de la Guardia Font fue enterrado en la zona N.E., cuadro 1, bóveda 2, en Campo Común, con el expediente 46.427. La exhumación se realizó en la zona N.E. 14, Campo Común, expediente 1.180, en un osario propiedad de Rosa Madán de la Guardia (Libro de Enterramiento: Campo Común 347, folio 515).

Los otros oficiales involucrados, con menor categoría militar, fueron Jorge Martínez Valdés, que fue enterrado en la zona S.E. 424, Campo Común, bóveda 3, expediente 45.589, y exhumado en la zona N.E. 12, Campo Común, expediente 18.853, en un osario propiedad de Rafael y Aurora Valdés Muñoz; y Amado Padrón Trujillo, que fue enterrado en la zona S.E. 417, Campo Común, bóveda 4, y con el expediente 540-3431 [sic] (sin datos sobre su exhumación).

En los casos de Antonio de la Guardia y Jorge Martínez Valdés, los sitios de exhumación parecen pertenecer a algún familiar, pues los apellidos coinciden.

En el caso de Ochoa, el sepulcro tiene otra numeración (44.634). Da la impresión de que fue tapado y cambiado el anterior número (46.672).

Llama la atención que todos fueron enterrados en Campo Común, presumiblemente para enmascarar las tumbas, despistar y hacer más difícil saber dónde se encuentran los restos.

Es posible que los cuerpos fueran enterrados en panteones propiedad de personas que no radican en Cuba.  

Otra información obtenida fue que los familiares de los fusilados nunca pudieron colocar ni siquiera una jardinera encima de la tumba. Como los entierros fueron sin presencia de allegados, los familiares no obtuvieron la notificación del lugar del enterramiento hasta varias semanas después. 

Hoy, después de 36 años del fatídico suceso, persisten misterios por aclarar. Esperemos que algún día salga a la luz toda la verdad. 

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Aquí están enterrados ARNALDO OCHOA y los demás fusilados de la Causa 1 de 1989


NoticiasCubanet Cuba

11 de septiembre, 2025

La tumba de Ochoa. ¿Dónde enterraron a los fusilados de la Causa 1 de 1989? Otras Noticias.

2024

¿DÓNDE SE ENTERRÓ AL GENERAL OCHOA Y CUÁL ES LA CAUSA DE MUERTE, SEGÚN EL REGISTRO DEL CEMENTERIO?


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Antonio de la Guardia con supuestos valientes hermanos de lucha¨  que conociendo  como funcionan las cosas  en Cuba  lo abandonaron prefiriendo pasar por tontos que creyeron en la mentira Castrista,  que alzar la voz... Y a Patricio, su hermano gemelo, lo detuvieron y condenaron a muchos años, sin que se le haya probado vinculación alguna con las tareas de narcotráfico que su hermano llevaba a cabo siguiendo las órdenes del más alto nivel, según lo expresa en el video Manuel de Beunza cuando narra sobre la  reunión  convocada por Fidel Castro en la que participaron él (Manuel de Beunza), Fidel Castro, Tony de la Guardia, Osmany Cienfuegos  y el Ministro del Interior José Abrantes ... 

 

El Coronel Antonio de la Guardia Font y el General de División  Arnaldo Ochoa Sánchez en el juicio. Los grados militares no se quitan  con un aterrado Tribunal de Honor  que temen  represalias  en caso de  oponerse  a los Castro Ruz

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Manuel de Beunza reveló la relación de los Castro con el narcotráfico mediante testimonio personal

Manuel de Beunza (quien desertó el 14 de junio de 1987 y que falleció en el 2013) en  tres momentos de su vida


 




Manuel de Beunza rompe el silencio y habla de la fortuna de Fidel Castro.  Beunza también revela la relación de los Castro con el narcotráfico mediante testimonio personal; ese testimonio comienza en el instante 29:23 de este video

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Cuba y el narcotráfico en 1984 (Part. I)



Cuba y el narcotráfico en 1984 (Part. II)


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Tomado de http://taniaquintero.blogspot.com
El Cártel de La Habana (IV)

(pueden leer la partes I, II y III ha
ciendo click AQUÍ )

Por Juan Benemelis
(Ex diplomático Castrista vinculado a la Inteligencia)


En el curso de la década de los 70 se dieron cita dos coyunturas importantes. La primera tendría que ver con el consumo de narcóticos, que vería una gran expansión en Estados Unidos primero con la marihuana y luego con la cocaína.

La otra coyuntura tenía que ver con el narcotráfico en sí. El Cartel de Medellín necesitaba de un punto intermedio cercano para operar hacia aguas norteamericanas. El Cartel de Medellín llegará a introducir unas 45 toneladas de cocaína en Estados Unidos, representando 25 billones de dólares, y alrededor de 10 toneladas en Europa.

En una intervención ante el Senado, en abril de 1983, James H. Michel, Secretario de Estado para Asuntos Interamericanos, expresó que existían pruebas de que en 1979, el buró político del Partido Comunista de Cuba había aprobado un plan para intervenir en el narcotráfico utilizando a Cuba como puente y base de apoyo para las redes de traficantes de Estados Unidos.

El suministro se organizó desde las fuentes de abastecimiento en América del Sur y el gobierno de La Habana necesitaba recursos en moneda convertible que estaría dispuesto a obtener de cualquier manera. La vinculación cubana con el narcotráfico era inevitable desde un principio, y además tenía que producirse de manera casi natural: primero, porque en las áreas de producción de Suramérica, los guerrilleros sostenidos por Cuba ocupaban el mismo espacio ilegal que los narcotraficantes.

La guerrilla necesitaba armas y dinero, mientras que el narcotráfico, siempre abundante en dinero, necesitaba protección armada y, sobre todo, acceso a las redes de organización clandestina de la guerrilla y su experiencia conspirativa. Además, una parte importante de todo el tráfico de drogas cayó en manos de exilados cubanos, sobre los cuales La Habana tenía abundante información para el chantaje. La parte del exilio que se vinculó al narcotráfico con Cuba también se sentía razonablemente segura de que no sería traicionada.

En la medida que la crisis financiera y económica se hacía más profunda, la dependencia de la Isla para con los recursos extraídos de Angola y del narcotráfico se amplió. Apurado por lograr una nueva fuente de recursos, Castro se fue involucrando cada vez más en el tráfico de drogas, como apuntara el general cubano exiliado Rafael del Pino.

Tradicionalmente los barcos usados en el narcotráfico colombiano tenían que atravesar el Paso de los 
Vientos, entre Cuba y Haití, lo que muchas veces les situaba en aguas territoriales cubanas, donde eran interceptados. Las pérdidas de los narcotraficantes se incrementaron con alarma.

(Al centro el Embajador Fernando Ravelo y a su lado el alto Johny Crump)

Según el testimonio dado en 1982 por el narcotraficante colombiano de Miami Juan Lozano (alias Johnny Crump), es alrededor de 1975 que algunos de los más importantes narcotraficantes colombianos se entrevistaron en Bogotá con el embajador cubano Fernando Ravelo Renedo para negociar la devolución de los barcos y las tripulaciones.

El embajador cubano contestó con una contraoferta de La Habana: a cambio de 800 mil dólares por cada barco, Cuba estaba preparada no sólo para ignorar la actividad de los buques madres que se detectasen en sus aguas, sino que podía proveerles de servicios de reparación y gasolina en sus puertos, así como identificación y escolta cubana hasta las proximidades de los cayos de la Florida.

Así, los poderosos colombianos Alfonso Cotés y Alfonso García comenzaron sus negocios de tráfico a través de Cuba. Los agentes de inteligencia cubanos se pusieron en contacto con algunos potentados de la droga en Miami, como por ejemplo Johnny Crump y el conocido narcotraficante Jaime Guillot-Lara, quien con posterioridad sería empleado de los servicios secretos cubanos y se casaría con una hija de Raúl Castro.

Entre los cubanos exiliados en Estados Unidos implicados en el narcotráfico con Cuba estaban José Alvero Cruz y Osiris Santi. En noviembre de 1976, Alvero había viajado a España donde disponía de fondos bancarios, y allí obtuvo de la propia embajada cubana en Madrid un pasaporte cubano. En 1978, actuando como agente de Cuba, Alvero arregló el envío de 5,000 armas para las guerrillas sandinistas en Nicaragua. Por su parte, Osiris Santi era un narcotraficante cuyos barcos ya recibían protección en los puertos cubanos. Su lugarteniente, Orlando Torres, se entrevistaba constantemente en México con los funcionarios del régimen cubano destacados en Mérida.

El narcotraficante colombiano, Jaime Guillot-Lara -casado con la hija del ministro de defensa cubano Raúl Castro- será el contacto entre Cuba y el movimiento M-19. El 7 de noviembre de 1981, Guillot-Lara tiene que escapar a toda prisa de Colombia y se refugia en México, donde los agentes cubanos negocian su libertad con las autoridades mexicanas con el fin de evitar que se descubriera su conexión con La Habana. En 1982, Castro hablaba de Guillot-Lara como "un buen amigo".

(Jaime Guillot Lara, foto superior, y en la foto inferior René Rodríguez Cruz quien fuera una de las personas especializadas en dar el tiro de gracia a los fusilados en la Sierra Maestra  y al principio del triunfo de la Revolución; posteriormente fue Presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos o ICAP, una dependencia Castrista vinculada con la Dirección de Inteligencia. Murió en extrañas circunstancias en Cuba después de llegar huyendo por las acusaciones de narcotráfico. Comentarios y fotos añadidas por el bloguista de Baracutey Cubano)

La conexión cubana sería descubierta y probada más tarde. Los informes de la participación cubana en el tráfico de drogas saldrían por vez primera a la luz pública en 1982, cuando la Oficina Legal de los Estados Unidos en Miami nombró entre los acusados al jefe de la marina de guerra de Cuba, almirante Aldo Santamaría, y al ex embajador cubano en Colombia, Fernando Ravelo, en un caso que incluía 23 toneladas de marihuana.

El 15 de noviembre de 1982, los colombianos Guillot-Lara y Johnny Crump, y los cubanos Lázaro Visuña, Mario Estévez y David L. Pérez, brindaron a un tribunal en Miami amplias pruebas de las actividades de narcotráfico por parte de Cuba desde el año 1975, tráfico que tenía como uno de sus objetivos el envió de armas a la guerrilla colombiana del M-19.

Según la deposición de Johnny Crump, él y Guillot-Lara se dirigieron a La Habana en compañía del embajador Ravelo, donde éste y el embajador de Cuba en Venezuela, Norberto de la Osa, les confirmaron que el barco Viviana, dedicado al narcotráfico, obtendría salvoconducto todas las veces que atravesase las aguas jurisdiccionales cubanas.

Por la protección de este tránsito, Guillot-Lara pagaba 20 mil dólares por cada tonelada de marihuana a bordo. A su vez, el compromiso incluía el transporte de armas a las guerrillas del M-19 en Colombia. 
Según Guillot-Lara, a su retorno a Colombia inició los trámites para preparar otro barco para enviar a Cuba en 1980.

(El embajador Fernando Ravelo bautizando a Viviana, hija de Johny Crump, el cual se encuentra en la extrema derecha de la foto)

Conforme al testimonio de Johnny Crump, los funcionarios cubanos Ravelo y René Rodríguez Cruz -presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP)-, le sugirieron la posibilidad de comprar y enviar armas para elementos anti-Pinochet en Chile a través de Panamá. Una semana después, un chileno de apellido Galván, le hacía entrega de un microfilm en un cigarrillo que contenía la lista de las armas, alimentos y municiones para 300 hombres.

Por otra parte, Johnny Crump cuenta cómo durante una campaña en la costa norte del Pacifico, las autoridades colombianas cercaron a un grupo guerrillero del M-19 comandados por Carmenea Cardona, muchos de los cuales figuraron en el secuestro de la embajada dominicana en Bogotá y que supuestamente debían haber estado refugiados en Cuba.

Entre los detenidos y testigos de la causa de Miami figuraba también Mario Estévez, un agente de la inteligencia cubano, infiltrado en los Estados Unidos en 1980. En su deposición ante el Gran Jurado, Estévez expresó que había sido infiltrado con el objetivo de activar el tráfico de drogas, comenzando por transacciones de marihuana hasta que fue arrestado el 29 de noviembre de 1981. Estévez testificó ante una comisión del senado de los Estados Unidos que había introducido en la Florida marihuana y gualudes desde Cuba, y de ahí trasladado a Nueva York.

Las declaraciones de Estévez resultaron desconcertantes: la alta cúpula de la dirigencia cubana había organizado una extensa red de narcotráfico desde América Latina hasta los puntos de distribución en ciudades norteamericanas, usando sus propios servicios secretos. Estévez identificó al alto oficial de inteligencia cubana, René Rodríguez Cruz y al vicealmirante Aldo Santamaría como las personas encargadas por Castro para canalizar este tráfico.

Estévez apuntó que desde los inicios de la década de los setenta se producía marihuana en la región cubana de Manzanillo para venderla en los Estados Unidos, operación que Castro venía madurando desde los días de la guerra de Vietnam. Estévez estimó en 200 millones de dólares anuales los ingresos cubanos sólo por concepto de la marihuana.

Durante el período de su actividad ilícita, Estévez logró el traslado de Cuba a Estados Unidos de alrededor de 270 kilogramos de cocaína, posteriormente vendida en Miami, Chicago, Ohio, Nueva Jersey, Nueva York y otras ciudades. El dinero acumulado lo llevaba a Cuba él personalmente. También informó que en un momento de su actividad, sus jefes en el gobierno cubano le recomendaron se trasladase a Bimini, en Las Bahamas, para conocer y entrenar a Frank Bonilla, otro agente proveniente de Cuba.

De regreso a Cuba, recalaron en la pequeña isla de Paredón Grande, donde hallaron el buque Viviana del colombiano Guillot-Lara con un cargamento de 8 millones de qualudes. El yate estaba escoltado por buques de guerra cubanos.

De acuerdo con la narración de Estévez, corroborada luego por otros narcotraficantes, estando en Paredón Grande concurrieron el jefe de la Marina de Cuba, almirante Santamaría, y el alto jefe de la inteligencia René Rodríguez, presidente del ICAP, organismo pantalla de la inteligencia cubana, con quienes sostuvo una extensa conversación sobre el narcotráfico. Explicó que cuando salió de Cuba a bordo del Viviana se acarreaba otro barco, el Lazy Lady, hasta la isla de Andros en Las Bahamas, donde se hizo el traspaso de los qualudes. Después fue ordenado a seguir hasta Cayo Güincho donde recogió 23,000 libras de marihuana procedente de Cuba.

(fotos superiores:  Gonzalo Bassols y el ya fallecido Vicealmirante  Aldo Santamaría Cuadrado; fotos inferiores: el extrañamente  fallecido en Cuba  René Rodríguez Cruz  y el embajador Fernando Ravelo)

El testimonio de Estévez implicó en el narcotráfico internacional a Santamaría, René Rodríguez, al embajador Ravelo, a Gonzalo Bassols Suárez, diplomático cubano en Colombia; a Teodobaldo Rico Rodríguez y Francisco Echemendía, funcionarios del Ministerio del Interior de Cuba.

Con posterioridad, René Rodríguez moría en La Habana, en circunstancias misteriosas, después del fusilamiento de los militares el general Ochoa, Tony de La Guardia, en 1989, y al deceso en prisión, en 1991, del general José Abrantes Fernández, exministro del Interior.

Coincidentemente, Estévez también fallecería en una prisión norteamericana. Los hilos de la trama que conducían hasta Fidel y Raúl Castro irían desapareciendo con el tiempo.

El ex secretario de Estado, Shultz, refiriéndose a los resultados del Gran Jurado de Miami, indicó que se "demostró la evidencia de la complicidad de Cuba en el tráfico de narcóticos en América Latina”. En marzo de 1983 fue confiscado en la Florida un velero con 750 libras de marihuana a bordo. Durante el registro del bote se halló un diario con la ruta seguida. Había zarpado de la Florida para Las Bahamas, siguió a Haití, luego a Cuba, después a Jamaica, retornó a Las Bahamas y finalmente llegó a la Florida de nuevo.

Poco después, el 20 de mayo de 1983, el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan declaraba en Miami que existían fuertes pruebas de que funcionarios de Castro estaban involucrados en el tráfico de drogas desde Cuba. Un mes después, el administrador de la DEA, Francis Mullen ratificaba ante el senado estadounidense que el gobierno de Cuba estaba consciente de los movimientos de drogas a través de su territorio, y que facilitaban tales movimientos.

Del libro Las guerras secretas de Fidel Castro, de Juan F. Benemelis.






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