sábado, octubre 31, 2020

Joe Biden / Donald Trump: Lo que está en juego. Miguel Sales Figueroa sobre las elecciones generales en Estados Unidos de América en el año 2020

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Este artículo es  complementario de un artículo del mismo autor titulado Biden, Trump y el futuro del castrismo, que examinaba el asunto desde el ángulo cubano. En este artículo el autor aborda  con un prisma más general las elecciones en EE.UU. en este año 2020,  ya que lo hace relación con las corrientes ideológicas que sacuden a la sociedad estadounidense.

Las encuestas  son una valiosa herramienta para inferir resultados a una población a partir de una muestra  cuando se cumplen todos  los principios científicos  para extraer verdaderamente una muestra  representativa de la población a la cual se desean inferir los resultados obtenidos en la muestra. También son muy importantes:  la manera en que se  redactan y  hacen las preguntas a las personas seleccionadas que conforman la muestra representativa de la población.  

Es muy frecuente oir que  una encuesta es sólo  ¨una fotografía de ese momento¨. Pero de nada sirve esa fotografía,  respecto a dar una visión de la realidad, si para hacer esa fotografía no se usó  la abertura del lente y  la velocidad correcta y  se le pusieron al lente filtros de luz de diferentes colores. En este caso la inmensa mayoría de las encuestas del 2016, y quizás las del presente año eleccionario 2020,   padecieron de  usar filtros de carácter ideológicos, políticos o siguiendo aquello de ¨el que paga manda¨, prostituyendo, con ese actuar, esa rama  dentro  del Análisis Estadístisco que se llama Inferencia Estadística. 


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Biden / Trump: Lo que está en juego.

Joe Biden y el Presidente Donald J. Trump

Por Miguel Sales

Málaga, España

20 de octubre, 2020

La elección presidencial que culmina el próximo martes 3 de noviembre será un suceso tan insólito en la historia de Estados Unidos como lo ha sido el mandato de Donald Trump. Él y Joe Biden son de los peores candidatos que se han postulado en las últimas décadas. Trump irrita a la mitad del electorado por su carácter y su gestión anárquica; Biden desanima a la otra mitad por el marxismo de sus principios (marxismo más de Groucho que de Karl) y por su torpeza.

En esa situación, la mayoría de los votantes acude a las urnas no tanto a ejercer el sufragio en pro de un candidato que le entusiasma como a votar en contra de otro que le repugna. Muchos de los votan a favor de Biden lo hacen además con la mala conciencia de estar eligiendo a Kamala Harris como muy posible presidenta en un futuro próximo. La sucesión, bien por fallecimiento o por incapacidad del probable mandatario, es un tema que ya se baraja entre algunos congresistas, a iniciativa de la portavoz demócrata Nancy Pelosi. 

Hasta que llegó la pandemia del COVID-19, en los primeros meses de este año, la buena marcha de la economía apuntaba a que Trump ganaría la reelección a sombrerazos. La irrupción del virus lo trastornó todo y los pronósticos son ahora más inciertos que nunca.  

  En medio de la epidemia y la consiguiente crisis económica, Biden se erigió en garante de la seguridad colectiva. La oferta de aumentar el aparato del Estado y el gasto gubernamental, sobre todo en lo relativo a educación y sanidad pública, resultaba atractiva para un buen número de votantes, especialmente en los estratos más pobres de la sociedad.  

Pero en la medida en que los disturbios por motivos raciales han causado muertes y daños a la propiedad en el centro de algunas ciudades gobernadas por alcaldes demócratas, Trump va apareciendo como el candidato de “ley y orden”, capaz de atajar los desmanes de la extrema izquierda que apoya a su rival. Los síntomas de recuperación económica también operan a su favor.

De un modo a veces confuso, la base electoral del partido republicano vota ahora contra la multiculturalidad, la hipertrofia del Estado, el igualitarismo autoritario, el ecologismo anticapitalista, la barra libre a la inmigración, la tiranía intelectual de la corrección política en colegios y universidades, y la hegemonía ideológica del autotitulado “progresismo” en Hollywood y en los medios de comunicación. Esos factores hicieron posible el meteórico ascenso de Trump en la política nacional y siguen reforzando la reacción conservadora en Estados Unidos y, en gran medida, también en Europa. No sin razón, la derecha considera que esas tendencias van más allá del debate político y amenazan la supervivencia misma del Estado de Derecho y las libertades de la nación.

A la legalidad constituida y los valores tradicionales, los radicales de izquierda oponen una presunta legitimidad constituyente (insuficiente por falta de consenso), basada en la convicción de que la Historia tiene un sentido unívoco y que ellos lo han descubierto. Esa certidumbre de estar en el lado correcto de la Historia y esa fe en la bondad automática del “progreso” sustentan la irritante superioridad ética de que hacen gala las élites urbanas de ambas costas en Estados Unidos. 

Esa cosmovisión ha calado lo suficiente en la población de California o de Nueva York, pero ha suscitado alarma y ha movilizado a la América profunda, que constituye el sólido núcleo de 60 millones de ciudadanos que votan por Trump. Ese es el electorado que los gurús de la demoscopia subestimaron en 2016 y que las encuestas de 2020 tampoco reflejan cabalmente. Por eso la elección de este año será mucho más reñida de lo que vaticinan los sondeos de opinión.

Biden podría ganar si consigue mejorar los resultados que Hillary Clinton obtuvo en 2016 en los Estados decisivos -Arizona, Florida, Míchigan, Carolina del Norte, Pennsylvania y Wisconsin- que pueden caer de un lado u otro del espectro político e inclinar la balanza. Pero las encuestas indican que en esos Estados la diferencia en intención de voto se sitúa alrededor del 4 por ciento, con lo que apenas supera el margen de error estadístico. 

En el momento actual, el triunfo de Biden representaría una importante victoria de los partidarios del socialismo, tanto dentro de Estados Unidos como en el resto del planeta. Los Castro, Maduro y Kim Jong Un de este mundo se frotan las manos al recordar lo bien que les fue en la era Obama e imaginando la benevolencia que pueden esperar de un futuro gobierno Harris-Biden, tanto monta.    

  La reelección de Trump no sería el antídoto definitivo contra el populismo iliberal que afecta hoy a buena parte de la sociedad estadounidense, pero sí actuaría como un dique que tal vez permita el rearme moral de la mayoría centrista, presente en ambos partidos, que no desea verse arrastrada por los radicales del #MeToo, el Black Lives Matter, el Proyecto 1619 y la “(in) cultura de la cancelación”. Esa mayoría que hoy vota, a veces tapándose la nariz y no precisamente por miedo al virus, para elegir al candidato que considera el mal menor.

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Una persona le  envió esta pregunta a un gran amigo mio: Hola J....,

Me interesa y mucho, conocer desde tu punto de vista, cuales serían las dos o tres (o varias las que consideres esenciales) razones para votarle a Trump en estas elecciones.  Confío en tu pensamiento, a partir de las lecturas de tu libro.

Esto fue lo que le respondíó mi gran amigo:

Esto puede ser largo. Deja ver cómo puedo abreviarlo.

Hay dos tipos de razones. Unas son (las positivas) por lo que ocurriria con una administración Trump y las otras son (las no negativas) para evitar los que ocurriría con una administración Biden-Harris.

Comenzaré por enumerar algunas de las positivas:

  • Que continúe la simplificación de los taxes y la eliminación de regulaciones innecesarias.
  • Que continúe una reforma escolar que potencie los vouchers y mayor libertad de elegir una escuela.
  • Que continúe el proceso de paz en el Oriente Medio que por fin logra progresos gracias a la más acertada estrategia de sacar a los palestinos de las fórmulas, que antes era condición necesaria.
  • Que continúe el proceso de un intercambio más equilibrado con otros países.
Y ahora algunas de las no negativas:

  • Evitar que hagan packing de la corte suprema y acaben con la división de poderes.
  • Evitar que nos arruinen con su Green New Deal
  • Evitar que suspendan el frackling , liquiden la recién alcanzada independencia energética, nos vuelvan a hacer dependientes de los terroristas, y suban los precios de la gasolina y la electricidad a la estratósfera.

Nótese que no menciono los defectos de  carácter de los candidatos. Me parece irrelevante. Que Trump tenga un ego que se lo pisa o Biden toquetee a las niñas es feo, pero nada tiene que ver con las virtudes o defectos de sus programas. El problema de Fidel Castro no era su ego, que quizás sí sea similar al de Trump, sino que destrozó Cuba. Trump no destroza Estados Unidos, sus oponentes sí pueden hacerlo.

Más relevante me parece la progresiva demencia senil de Biden y que nos quieran tomar por estúpidos. Se supone que se vote por el presidente, no por el vice, y si Biden gana absolutamente todo el mundo sabe que quien va a mandar va a ser la Kamala y no solamente ella, sino también el Bernie, la Warren y hasta la Ocasio Cortez.

Para mí esta elección es un no brainer.


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Video del Simposio: Trump vs Biden: Lo que está en juego


Simposio Trump vs Biden: Lo que está en juego


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T V Libertad

Octubre 29, 2020

El Simposio en Vivo Trump vs Biden: Lo que está en juego fue transmitido por Patria de Martí a través de TV Libertad (Canal de YouTube), Facebook Live PatriadeMarti y por Twitter @JulioMShiling el jueves 29 de octubre de 2020.

El Simposio Trump vs Biden: Lo que está en juego fue presentado y moderado por Julio M. Shiling, Director de Patria de Martí.

Este Simposio contó con la participación de  destacados panelistas:

  • Frank Rodríguez, Editor y economista
  • César Reynel Aguilera, Escritor y médico
  • Luís Zúñiga, Conferenciante y director del Consejo por la Libertad de Cuba

La producción técnica estuvo a cargo Jose Tarano, director de Electronics JR Computer Design and Service

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martes, julio 07, 2020

Zoé Valdés: FEMINISMO PERFUMADO

Advertencia del Bloguista de Baracutey Cubano

En el texto hay ¨malas palabras¨ cubanas y españolas que pueden dañar la sensibilidad de algunas personas
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Tomado del facebook de la autora

FEMINISMO PERFUMADO.

Zoé Milagros Valdés Martínez
5 de julio, 2020

Hay un originario y antiguo feminismo de la derecha con el que siempre me sentí identificada. Y, también con el de Germaine Greer. Esa de los pulóveres negros tejidos en estambre de seda.

Es un feminismo que, además de defender y reclamar desde la igualdad, y no desde la intolerancia, los derechos de todos, huele bien. Nos lavamos, nos aseamos, nos gusta lucir perfectamente arregladas y nos perfumamos. Nos encanta la buena vida y nos fascinan los buenos hombres. El champán y las joyas. Ya bastante tuvimos que cagar en letrinas de escuelas al campo y comer pan viejo con trozos de soga y rabos de ratas incrustados, sin contar las escupidas en el pelo recién lavado con jabón Nácar. 

Somos las feministas de derechas. O las feministas libres de tendencias, ideologías partidistas y demás monsergas; como yo. O yo como ellas.

Hay un feminismo que taconea con el alma y el manos a la obra, sin sentirse avergonzada ni humillada por enfundar sus pies en taconazos reales. Altos no, altísimos.

Existe un feminismo de la mujer que trabaja de verdad y no de la que finge, y espera a que se lo regalen todo instituciones gubernamentales mediante. 

A ese feminismo de la que singa por placer y deseo, porque le gusta singar, o follar, por amor o lo que sea que se llame, pertenecemos muchas, montones; y no como esas que singan porque anhelan redactar un mamotreto sociológico acerca de la apropiación de un hueco húmedo por un vil trozo de carne erecto.

Soy feminista y huelo divino. Soy feminista porque me siento inteligente y me pretendo femenina. La más inteligente, siempre.

Zoé Valdés.
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Zoé Valdés en el Gran Jurado del Festival de Cannes - 1998





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