viernes, junio 16, 2023

Alberto Roteta Dorado y Manuel A. Saeta Quintana: KARL MARX, UN PERSONAJE INFLUYENTE, PERO JAMÁS EL FILÓSOFO MÁS INFLUYENTE DE TODOS LOS TIEMPOS (-II-)

 KARL MARX, UN PERSONAJE INFLUYENTE, PERO JAMÁS EL FILÓSOFO MÁS INFLUYENTE DE TODOS LOS TIEMPOS (-II-) 

Por Doctor Alberto Roteta Dorado

y

Historiador Manuel A. Saeta Quintana

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Donde quiera que ha existido un pequeño toque de marxismo ha aparecido de manera insidiosa, cual malévolo cáncer invasor, la destrucción de las economías de aquellas naciones en las que se les ha impuesto, y aún más, tiene lugar la aniquilación de los valores éticos y morales de las sociedades, así como la total pérdida del sentido de la individualidad y de la libertad humana

Ser influyente no significa ser grande, este es el caso de Marx.

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Retomando la hipótesis del viejo amigo marxista en relación con la idea de que Karl Marx (1818-1883) es el filósofo más influyente de todos los tiempos, vale la pena precisar que el hecho de ser influyente no lleva implícita la idea de la grandeza, la genialidad, las bondades y la inteligencia, entre otras tantas virtudes. Marx, por desgracia, sigue siendo un personaje influyente. Las multitudes que aún permanecen en el mundo aferrados a las propuestas socialistas enunciadas por el autor de “La miseria de la Filosofía” hace más de un siglo, así como las continuas re-ediciones de sus obras y los centenares de ensayos analíticos, escritos biográficos y propuestas de coloquios y seminarios para evocar su enseñanza, constituyen pruebas suficientes para demostrar lo que pretendo exponer.  

En este sentido nuestro amigo marxista no está del todo errado: Marx, nos guste o no, es un personaje influyente, pero vale la pena recordarle al amigo marxista que para influenciar en grandes sectores poblacionales de diversas partes del mundo no es requisito que el poder influenciador esté dado por acciones o pensamientos positivos o ciertos. Se puede influenciar siendo un santo, pero también siendo un malvado. La idea del bien y el mal, que a modo de perfecto leitmotiv, se reitera a través de los siglos en todas las obras de la bibliografía religiosa y filosófica nos demuestra la existencia de seres que se hicieron célebres por ser hombres de bien, pero al propio tiempo nos enseñan que el mal no está excluido, y que quienes practican el mal también pueden ejercer una influencia, aunque negativa, sobre los hombres.   

(Karl Marx, seudónimo)

Nadie puede negar que Adolfo Hitler (1889-1945) ejerciera una notable influencia en la Alemania de su tiempo. Los miles de seguidores que tuvo durante años demuestran que, efectivamente, independientemente de su pensamiento distorsionado y de su perverso accionar, fue sobremanera influyente. En este caso se trata de un personaje que, a pesar de su crueldad y de sus ideas estrafalarias, ejerció una fuerte impronta en las masas dentro de un determinado contexto geográfico e histórico. La proliferación de diversos movimientos y organizaciones pro-fascistas, en nuestros días, a casi un siglo del esplendor hitleriano, son un hecho innegable del poder que puede ejercer un ser diabólico sobre las multitudes. 

Todos los seres humanos tienen como base de su conducta un conjunto de creencias estereotipadas, las cuales mueven a las masas, independientemente de que se trate de creencias reales o irreales, o que tengan su basamento en la realidad. Muchas de las creencias o fes, de las ideologías políticas, etc. tienen un efecto poderoso que hace movilizar a grandes grupos humanos, aún cuando estas puedan carecer de fundamento y estar totalmente erradas desde el punto de vista conceptual. La popularidad que logran alcanzar ciertas sectas de tendencias protestantes dentro del cristianismo no puede negarse; sin embargo, los que dirigen – con frecuencia se han autoproclamado pastores sin haber tenido formación académica– dichos movimientos pseudoreligiosos son, en su mayoría, estafadores e impostores que manipulan a sus seguidores para enriquecerse. He aquí un ejemplo del poder influenciador de líderes negativos en el ámbito de la religión, algo que resulta aplicable a todas las esferas del desempeño humano. Las constantes teorías conspiratorias que niegan hechos demostrados científicamente, como por ejemplo, la utilidad y efectividad de las vacunas para la prevención y erradicación de enfermedades infecciosas en el hombre es otro ejemplo muy preciso en este sentido, esta vez aplicado al campo de la ciencia y de la salud humana.   

Karl Marx, al igual que Adolph Hitler (1889-1945), Mao Zedong (1893-1976), Fidel Castro (1926-2016), entre otros políticos y líderes de diversas sectas y movimientos “religiosos”, fue capaz de ejercer una notable influencia en su tiempo, y lamentablemente, lo sigue haciendo en el nuestro. El alto índice porcentual de simpatizantes de la izquierda socialista – inspirados en los postulados e ideales del comunismo marxista– en varios países de Europa y de América, así como la constante re-edición de sus obras, de manera particular  “El Capital” y “El Manifiesto Comunista”, son pruebas irrefutables de lo que afirmo.

El hipnotismo que provoca el marxismo como ideología impide que sus seguidores puedan percibir los graves errores teóricos sobre los que se sustenta esta modalidad de pensamiento. Estas lagunas en lo teórico hacen inaplicable el modelo propuesto por Marx. Según la sabia palabra del escritor de origen cubano, Carlos Alberto Montaner: “Las ideas de Marx han fracasado en todas las latitudes y en todas las culturas donde las han tratado de implementar”. Esta es la realidad del socialismo marxista. Aún así muchos siguen aferrados a la idea de imponer las premisas socialistas. Todo parece indicar que no han interiorizado que la miseria atrae la miseria, y que donde quiera que ha existido un pequeño toque de marxismo ha aparecido de manera insidiosa, cual malévolo cáncer invasor, la destrucción de sus economías. El atraso al que llegaron las naciones de Europa Oriental, a las que se les impuso el sistema socialista – basado en los fundamentos teóricos de Marx–, es un ejemplo más que evidente para demostrar la ineficacia e inaplicabilidad del modelo socialista propuesto teóricamente por el autor de “Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel”.  

Más allá de la destrucción de las economías de todos los países a donde ha llegado el socialismo, está la aniquilación de los valores éticos y morales de las sociedades, así como la total pérdida del sentido de la individualidad y de la libertad humana. En los sistemas comunistas la clase dominante – porque sigue existiendo una clase dominante y opresora versus otra sumisa y oprimida, esto es, jamás desaparecen las clases sociales, a diferencia de lo que teóricamente presentase Marx en sus utópicas premisas expuestas en “El Manifiesto Comunista”– no solo se apropia de los bienes materiales de los más desposeídos, sino del pensamiento de los hombres hasta convertirlos en entes estáticos capaces de reaccionar como autómatas, y movidos por instintos rudimentarios como si hubieran regresado a un pasado animal, lo que hace comprensible esa desmedida pasión que muchos aun experimentan hacia un sistema que les ha arrebatado lo más preciado del hombre: su capacidad de pensar, y de pensar con libertad.

(Friedrich Wilhelm Joseph Schelling )

Concluyo dejándome llevar por la pasión, como hizo el amigo marxista. Si de verdaderos filósofos influyentes se trata, en primer lugar pongo a los grandes del idealismo alemán. Además del ya citado Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), sin duda, el más grande – al que dediqué varios comentarios en la primera parte de este ensayo–, hay que reconocer a Immanuel Kant (1724-1804), el precursor del Idealismo Alemán; Fichte (1762-1814), uno de los padres del Idealismo, amén de ser una de las figuras más influyentes del pensamiento occidental; Schelling (1775-1854) y Krause (1781-1832), el creador del llamado Krausismo, movimiento de gran auge en la España del siglo XIX.* 

Immanuel Kant


(Karl Christian Friedrich Krause)

Pero muchos siglos atrás, en Éfeso, ciudad de Jonia, en la costa occidental del Asia Menor, se destacó sobremanera Heráclito (540 a. C-480 a.C.), uno de los precursores del pensamiento filosófico de todos los tiempos. Heráclito de Éfeso con su teoría del devenir sentó las bases de la especulación filosófica más profunda, independientemente de su colosal definición del Logos (λóγος) – retomado luego como Demiurgo por platón–, el primero en utilizar el término, y no solo en asumirlo, sino en definirlo con una colosal profundidad que ha prevalecido en nuestros días como la más exacta de las conceptualizaciones de esta gran abstracción filosófica. Según la enseñanza de Heráclito, el λóγος expresa, tanto la ley universal que rige el mundo y hace posible el orden y la justicia, como también el propio pensamiento humano. De esta manera establece una unión entre el ser y el λóγος, como reunión de lo ente y el ser. Dicha unión se manifiesta también en el pensamiento humano que concibe lo ente en relación a su ser y lo revela a través del lenguaje: la palabra, el verbo, el λóγος.

(Ralph W. Emerson )

Y así las cosas, le recuerdo al amigo marxista que cuando murieron Marx y Emerson nuestro José Martí, contemporáneo de ambos, hizo referencia a sus vidas y obras. Recordemos que Martí ejercía el periodismo y era publicado en varias revistas y diarios de su tiempo. Cuando murió Ralph W. Emerson (1803-1882) dedicó uno de los más colosales ensayos que se han escrito en las letras hispanoamericanas, escrito que se publicó el 19 de mayo de 1882, en La Opinión Nacional, en Caracas, Venezuela, y que el propio Martí, en su testamento literario, recomendó a Gonzalo de Quesada, que se incluyera en el tomo dedicado a los norteamericanos en el proyecto de edición de sus obras. Este ensayo, además de ser perfecto desde el punto de vista estilístico, es extenso y profundo.

Sin embargo, al morir Karl Marx solo redacta unas brevísimas líneas que publicó en las páginas del diario “La Nación”, el 29 de marzo de 1883. Es en este escrito que lo llamó "alemán de alma sedosa y mano férrea"; pero también afirmó que “anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestión natural y laboriosa”, lo que demuestra el desacuerdo de nuestro héroe de Dos Ríos con los postulados marxistas, independientemente de la brevedad y sencillez de este escrito – en realidad una simple nota necrológica –. Marx había muerto, y nos guste o no, fue un personaje con cierta trascendencia en la contextualidad del proletariado europeo de las últimas décadas del siglo XIX. Un periodista de la altura de Martí no podía pasar por alto este suceso, de ahí las breves palabras dedicadas al autor de “La miseria de la filosofía”; pero de una nota necrológica al profundo y extenso ensayo dedicado a Ralph W. Emerson va un buen trecho.

Si aún así el amigo marxista pone en duda lo que expongo, le remito a la nota martiana antes citada donde Martí expresó: "pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño".  Marx es un personaje influyente, nadie lo pone en duda; pero jamás el filósofo más influyente de todos los tiempos. 

(Final)

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* El Krausismo español es un movimiento intelectual y filosófico limitado a España, desarrollado a partir de las ideas de Krause presentadas en este país por su discípulo, el jurista y profesor universitario Julián Sanz del Río (1814-1869). El Krausismo, si bien, no tuvo una gran influencia en Alemania, la patria de Karl Krause, en tierra española tuvo una gran resonancia. El movimiento contribuyó a cambios radicales que renovaron la enseñanza y las teorías pedagógicas. El Krausismo se basaba en la interpretación de las obras de Krause, que defendía el panteísmo inspirado en el idealismo alemán y en Spinoza. Krause logró sintetizar desde el punto de vista metafísico la moral de los ideales humanitarios y las matizó del misticismo.


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sábado, octubre 05, 2019

La vida secreta de Mao Tse-Tung: el líder comunista de los 40 millones de muertos y las mil amantes

Las vidas de Karl Marx y de Mao Tse Tung  (Mao Zedong) narradas al estilo de Alex Ota Ola


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Tomado de https://www.abc.es/

La vida secreta de Mao Tse-Tung: el líder comunista de los 40 millones de muertos y las mil amantes

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Resulta sorprendente que la biografía íntima del líder comunista haya estado rodeada de tanto misterio hasta hace pocos años en los que algunas obras escritas por colaboradores cercanos lo han retratado como a un ególatra cruel y sádico con un insaciable apetito sexual
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Mao Tse-Tung, rodeado de mujeres, en 1950, un año después de que creara la República popular China - ABC

Por Israel Viana
Madrid

« China, sin Mao Tse-Tung», titulaba ABC en su edición del 10 de septiembre de 1976. El dictador había muerto el día anterior, tras casi tres décadas dirigiendo con mano de hierro los designios del país más poblado del planeta. Tal fue su influencia que acabó convirtiéndose en una especie de icono cultural del siglo XX. En 2017, uno de los retratos que Andy Warhol hizo de él se vendió a través de la casa de subastas Sotheby’s de Hong Kong  por más de 17 millones de dólares. Como ya comentaba a este diario entre lágrimas una joven pekinesa frente a las puertas de la Ciudad Prohibida durante el funeral: «Vosotros los extranjeros nunca podréis entender lo que significa para nosotros».


Resulta sorprendente que la vida del «Gran Timonel», como se le conocía en vida, estuviera rodeada de tanto misterio hasta muchos años después de su muerte, a unos niveles enfermizos solo alcanzados por los norcoreanos Kim Jong-un y su padre Kim Jong-il. El mismo día 9 de septiembre, la radio china daba la noticia de que «el líder Mao ha muerto a consecuencia de un empeoramiento de su enfermedad», pero no se especificaba cuál era esta. Se sabía que dos años antes había sufrido un ataque al corazón y se rumoreaba con que, últimamente, había experimentado problemas de salud debidos al mal de Parkinson, aunque esto nunca fue confirmado. Sobre lo que no hubo una sola noticia fue de los tres infartos que tuvo en la primera mitad de 1976.

Hagiografías oficiales aparte, solo unos pocos libros en los últimos años han vertido algo de luz sobre la vida privada del líder comunista. Véase, « Mao: la historia desconocida», de Jung Chang y Jon Halliday, o « La vida secreta del presidente Mao, memorias del médico personal de Mao» , del doctor Li Zhisui, los cuales retratan al líder comunista como un ególatra cruel y sádico. No en vano, durante décadas ejerció el poder absoluto sobre la cuarta parte de los habitantes del planeta y fue responsable de la muerte de más de setenta millones de personas en tiempo de paz. Todo ello unido a que desplegó uno de los cultos a la personalidad más extravagantes y profusos de los que se tengan memoria. De ningún otro líder político del siglo XX puede decirse tanto, ni tan siquiera de Hitler, que provocó una guerra mundial.

«Egoísta, paranoico y sanguinario»

Según describe el escritor Pedro Arturo Aguirre en «Historia mundial de la megalomanía: Desmesuras, desvaríos y fantasías del culto a la personalidad en la política» , Mao Tse-Tung era un «egoísta, absolutamente inescrupuloso, paranoico, envidioso, sanguinario y vil. A pesar de ser considerado uno de los baluarte del comunismo, en realidad no tuvo otra ideología en su vida que no fuera conservar el poder. En lo personal, Mao siempre estuvo reñido con la más mínima higiene corporal pero, eso sí, estaba obsesionado con el sexo».

(Mao Tse-Tung, en una imagen de 1966 - ABC)

Muchas de las pretendidas hazañas del padre del comunismo chino fueron leyendas difundidas por él mismo. Un ejemplo es el «Gran Salto Adelante», con el que Mao trató de transformar la tradicional economía agraria del país con unas serie de medidas económicas, sociales y políticas, entre 1958 y 1961, pero con las que lo único que consiguió fue acabar con la vida de 40 millones de personas. Una rápida industrialización y colectivización con la que quiso convertir a China en una superpotencia económica y militar, pero acabó en prácticamente un holocausto.

El resultado fue la peor hambruna de la historia, que fue provocada principalmente al expropiar los alimentos del pueblo para enviarlos a la URSS a cambio de fábricas y armas. Superó con creces a la provocada por Stalin en Ucrania, que había acabado unos años antes con diez millones de inocentes. «China tiene en su enorme población uno de los recursos renovables más preciados. Hay que pensar en términos estratégicos. Si alcanzar el rango de potencia nos va a costar el 10 o 15% de la población, es un precio más que asequible», justificó el dictador.

La Gran Revolución Cultural

Al «Gran Salto Adelante» le siguió la «Revolución Cultural Proletaria», con la que Mao Tse-Tung eliminó sin contemplaciones a quienes consideraba sus enemigos. Se calcula que cerca de un millón y medio de personas perdieron la vida, y otros 20 millones fueron enviados a campos de reeducación. Era, tal y como lo como la calificó él mismo, una purga contra «la camarilla derechista y burguesa. Y también fue el periodo de clímax en lo que respecta al culto a su personalidad, que él defendió bajo el pretexto de «fomentar la alta moral de las tropas».

Con esta Revolución Cultural, la vida de todos los chinos debía girar en torno a la figura del presidente y su pensamiento, porque Mao sentía que era el intelectual e ideólogo más importante de todos los tiempos. De ahí la enorme difusión que hizo de su « Libro Rojo» , una recopilación de citas, discursos, escritos y ocurrencias que en solo tres años se convirtió en el libro más publicado del mundo por detrás de la Biblia. Su estudio se hizo obligatorio en todas las escuelas y centros de trabajo. Una obsesión que llegó hasta el punto de que todos los teléfonos oficiales debían contestar, por ley, con una de las citas de esta obra: «Las masas son los verdaderos héroes, en tanto que nosotros somos a menudo pueriles y ridículos» o «El Partido Comunista es el núcleo dirigente del pueblo», por poner dos ejemplos.

Pedro Arturo Aguirre cuenta que Mao Tse-Tung fue, sobre todo, un envidioso de lo más ruin e inclemente: «Aniquiló moral y físicamente a tres grandes héroes de la Revolución china: Liu Shaoqi, He Long y Peng Dehui, quienes tenían muchos más méritos, agallas y cualidades humanas que el miserable Sol Rojo; y a un cuarto, Zhou en Lai, lo obligó a tolerar una dolorosa y larga agonía». Este último fue quien se atrevió a detener el demencial «Gran Salto Adelante», para iniciar una serie de reformas que pusieran freno a la hambruna, pero el Gran Timonel no se lo perdonó. Fue depuesto de su cargo y humillado públicamente de manera salvaje. Los Guardias Rojas le acusaban de «rata capitalista» y «traidor» y China entera se llenó de carteles en los que se le insultaba, hasta que finalmente fue enviado a prisión. Allí falleció a los tres años, después de que el líder comunista se negara a que recibiera tratamiento por su diabetes y por su neumonía.

Secreciones vaginales

El doctor Li Zhisui comenzó a escribir su «vida secreta» de Mao, publicado en 1995, con las primeras anotaciones que hizo al ser nombrado nombrado para el importante e ingrato cargo de médico del líder comunista, a los 35 años, que no pudo rechazar. El mismo empleó que le llevó al ostracismo cuando el corazón de Mao Tse-Tung se paró el 10 de septiembre y la viuda del mandatario, Jiang Qing, fue a verle: «¿Y ustedes qué estaban haciendo? Ustedes tendrán que responder por esto», amenazó al equipo de doctores que tenía a su mando. No hay que olvidar que, durante décadas, se había hecho popular el eslogan de «Mao no debería morir» y los chinos habían terminado creyéndoselo.

(Portada de la edición sevillana del 10 de septiembre de 1976 - ABC)

El mismo Mao Tse-Tung estaba obsesionado con ello. A medida que iba envejeciendo, buscaba cualquier terapia de rejuvenecimiento. Una de ellas eran las aguas de yin o secreciones vaginales que usaba para complementar su declinante yang o esencia masculina. Es decir, la fuerza y su longevidad, que él consideraba la fuente de su poder. «Se sentía feliz y satisfecho cuando tenía varias muchachas compartiendo su cama simultáneamente. Casi siempre les decía a las jovencitas que leyeran el manual taoísta “La vía secreta y simple de las muchachas” antes de llegar a su cama. Como el texto era de difícil lectura, ellas me pedían explicaciones con frecuencia», cuenta el doctor Li en su libro.

El médico le había acompañado en sus viajes por el país. Recuerda que se trasladaban en un tren lujoso y que el líder comunista ordenaba al partido que se sembraran de arroz todos los campos que por lo que pasaban las vías por las que él pasaba. Miles de kilómetros sólo para deleitarse con la supuesta fertilidad de sus tierras. No le importaba que el trabajo implicara a centenares de miles de agricultores y que tuvieran que paralizar o desviar el itinerario de muchos trenes durante semanas.

«Apetito por cualquier forma de sexo»

El asunto de la obra de Li que más ha llamado la atención ha sido la vida sexual de Mao. Hiperactividad, sería la palabra clave, dirigida fundamentalmente a jovencitas bailarinas, que eran su debilidad. Se dice que las tuvo por miles y que, a menudo, exigía que fueran vírgenes. El médico asegura que nunca dejó de saciar su apetito sexual, pese a saber perfectamente que sufría blenorragia y que podía contagiar a todas sus amantes. Ni siquiera consintió jamás ser tratado de esa enfermedad.

Como revolucionario seguidor del taoísmo, llegó a escribir que «la sexualidad es una fuerza cósmica cargada de potencialidad revolucionaria». En 1931, 18 años antes de tomar el poder, se mostraba partidario de la libertad sexual e hizo suya la teoría del vaso de agua de los soviets rusos, según la cual las relaciones sexuales no sólo deben servir para quitar la sed. Se ha dicho que durante la Larga Marcha (1934-35) Mao exigía una joven vírgen en cada pueblo por el que pasaba. Algo que contrasta vivamente con el impecable comportamiento de sus soldados en esta epopeya, aunque fuera una estudiada estrategia para ganarse el favor de los campesinos.

El médico confirmó el gigantesco apetito sexual del líder poco después de incorporase a su puesto. «Menos de una semana después de haber empezado a trabajar para Mao, quedé sorprendido cuando me enteré de que el presidente estaba organizando un baile. Los salones de baile habían sido prohibidos como decadentes y burgueses después de la revolución, pero tras los muros de Zhongnanhai, Mao organizaba fiestas una vez a la semana. Se esperaba que yo asistiera. Entré al inmenso salón Loto de Primavera con Mao e, inmediatamente después, estaba rodeado de jóvenes atractivas que coqueteaban con él para que las sacara a bailar [...]. Pasaron varios años hasta que entendí cuál era el propósito de estas fiestas: en 1961, una de las camas de Mao fue llevada a un cuarto contiguo al salón de baile donde se retiraba a “descansar” durante los bailes. Varias veces lo vi llevando a una de las jóvenes de su mano hasta el cuarto donde se metía con ella y cerraba la puerta». Y añade después: «Varias veces su esposa lo encontró con otras mujeres, incluyendo sus propias enfermeras. La conducta de Mao la hirió profundamente. Una vez la encontré llorando en un banco a las afueras de la residencia de Mao. Sollozante dijo que nadie, ni siquiera Stalin, podría ganar una batalla política contra su esposo, de la misma manera que ninguna mujer podría ganar jamás una batalla por su amor. Su gran temor era que Mao la dejara».

La homosexualidad penada, menos para Mao

La actividad sexual del dictador comunista no se limitaba a las mujeres, según confiesa el doctor Li. Los apuestos guardaespaldas del presidente tenían que darle masajes en su cuerpo, incluyendo sus partes íntimas. El mismo médico describe una escena que él mismo presenció: «En 1964 vi como Mao, completamente desnudo, agarró a un joven guardaespaldas y lo comenzó a acariciar. Al principio tomé esa actitud como una evidencia de su homosexualidad, pero más tarde concluí que no era más que un insaciable apetito por cualquier forma de sexo». Y a continuación relata que, como se negaba a bañarse, obligaba a estos a que le lavaran con toallas calientes.

(Una de la imágenes propagandísticas de Mao Tse-Tung - ABC)

Resulta curioso que esto ocurriera en un lugar como China, donde la tolerancia con respecto a la homosexualidad desapareció en el mismo momento en que Mao creó la República Popular el 1 de octubre de 1949, hace hoy justo 70 años. El régimen comunista persiguió duramente a los gays y a las lesbianas, pues consideraban su libertad sexual como una perversión del capitalismo y, por lo tanto, una práctica contrarrevolucionaria que debía ser erradicada. No existía una ley que tipificara específicamente la homosexualidad como delito, pero las personas que la practicaban eran condenadas a severas penas de cárcel, castración forzada e, incluso, pena de muerte, bajo cualquier pretexto con foma de legalidad.

Cuando empezó a sufrir los primeros síntomas de impotencia a una edad temprana, Mao se volvió prácticamente loco. Estaba convencido de que un líder como él debía ser sexualmente activo hasta lo 80 años. Para intentar ponerle freno, estaba convencido de que debía seguir tratándose con toda clase de afrodisíacos, tal y como habían hecho sus antecesores, incluyendo inyecciones de un extracto de cuernos de venado. Zhisui le recomendó que se sometiera a los tratamientos convencionales, pero su desconfianza se lo impedía. «En todos los años que trabajé para Mao, nunca fui capaz de educarlo en la medicina moderna. A él le faltaban los más rudimentarios conocimientos del sistema reproductor del ser humano. Cuando le dije que las pruebas de laboratorio habían revelado que él no era fértil, respondió: “¿Eso significa que me volví eunuco?”. Pero a Mao no le preocupaba la infertilidad, pues ya había sido padre de seis niños con cuatro esposas», explica el doctor.

A día de hoy, Mao Tse-Tung siendo un desconocido por el celo con que el régimen de Pekín protege su figura. El motivo es sencillo: aunque el país se abrió al capitalismo hace ya cuatro décadas, la legitimidad de su autoritario sistema político sigue descansando en la herencia que él dejó como «padre» de la «nueva China», cuya gestión fue valorada como «positiva en un 70% y negativa en un 30%». Con esta solución de compromiso, el Partido Comunista salvaba siempre la cara del líder y se aseguraba su supervivencia tras causar dos de las mayores catástrofes de la historia del país, las mencionadas «Revolución Cultural» y el «Gran Salto Adelante».
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Mao Tse Tung 

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jueves, noviembre 29, 2018

España. Federico Jiménez Losantos recibe a Xi Jingping: 13 libros con toda la verdad sobre la peor tiranía del mund. Sugerencia de Bibliografía sobre el comunismo en China

Tomado de https://www.youtube.com

esRadiovideos
Published on Nov 28, 2018


 Mao Tse Tung o Mao Zedong junto al Presidente Richard Nixon


Federico recibe a Xi Jingping: 13 libros con toda la verdad sobre la peor tiranía del mundo



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Bibliografía: el comunismo en China (por cortesía de don Federico Jiménez Losantos):

 1) Diane Wei Liang: Les amants de Tiananmen (Aube, 2006) [Los amantes de Tiananmen]
 2) Frank Dikötter y Joan Josep Mudarra Roca: La Gran Hambruna En La China De Mao (El Acantilado, 2017)
 3) Frank Dikötter: The Cultural Revolution (Versión Kindle y Bloomsbury Plc, 2017)
 4) Frank Dikötter: The Tragedy of Liberation: A History of the Chinese Revolution 1945-1957 (Versión Kindle) [La tragedia de la liberación: una historia de la revolución china 1945-1957]
 5) Harry Wu y Carolyn Wakeman: Vientos amargos: memorias de mis años en el gulag chino (Libros del Asteroide, 2008)
 6) Jean-Luc Domenach: Mao, sa cour et ses complots. Derrière les Murs rouges (Fayard, 2012 y Versión Kindle) [Mao, su corte y sus complots. Detrás de los muros rojos]
 7) Jean-Luc Domenach: Chine: L'archipel oublié (Fayard, 1992) [China: el olvidado archipiélago]
 8) Jean-Luc Domenach: Les fils de princes: Une génération au pouvoir en Chine (Fayard, 2016) [Los hijos de los príncipes: una generación en el poder en China]
 9) Jung Chang y Jon Halliday: Mao: La historia desconocida (Taurus, 2006)
10) Jung Chang: Cisnes salvajes: tres hijas de China (Circe Ediciones, 2003)
11) Li Zhisui: La vida privada del presidente Mao (Editorial Planeta, 1995)
12) Philip Short: Mao (Editorial Crítica, 2003, y Club Círculo de Lectores, 2008)
13) Stein Ringen: The Perfect Dictatorship: China in the 21st Century (Hong Kong University Press, 2016) [La dictadura perfecta: China en el siglo XXI]
14) Thierry Wolton: Le grand bluff chinois: Comment Pékin nous vend sa «révolution» capitaliste (Robert Laffont, 2007) [El gran engaño chino: cómo Pekín nos vende su "revolución" capitalista]

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