jueves, junio 06, 2024

Dos de Roberto Álvarez Quiñones: El castrismo gramscista, un gran peligro para Occidente. El giro mundial a la izquierda explica la impunidad del castrismo

 Tomado de https://diariodecuba.com/

El castrismo gramscista, un gran peligro para Occidente

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'El régimen cubano es un protagonista destacado de ese movimiento geopolítico y social global que en Occidente se mueve contra Occidente, y valga la ironía, en particular contra EEUU.'

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami

05 junio 2024

El castrismo hoy no es marxista, es gramscista, una corriente político-ideológica en pos de un mismo objetivo antidemocrático, pero por vías diferentes.

El régimen cubano es un protagonista destacado de ese movimiento geopolítico y social global que en Occidente se mueve contra Occidente, y en particular contra EEUU.

No importa si la cúpula castrista y buena parte de la izquierda radical se niega a aceptar que el marxismo murió y está sepultado en las murallas del Kremlin, y que no sepan que ahora son seguidores de Antonio Gramsci (1891-1937), el más destacado teórico comunista para implantar el socialismo sin revolución ni violencia alguna.

Además, en el caso de EEUU para socavar la democracia liberal esa corriente se beneficia indirectamente de millonarias donaciones desde el Medio Oriente. Qatar regaló 4.700 millones de dólares a decenas de instituciones académicas de Estados Unidos entre 2001 y 2021, según el Institute for the Study of Global Antisemitism and Policy (ISGAP) en 2022.

A cambio de esas donaciones "altruistas" en las universidades de EEUU crece académicamente "una erosión de los valores democráticos" y una "retórica antisemita o antiisraelí", afirma textualmente el estudio del ISGAP.

Eso favorece al gramscismo y a la subversiva inteligencia castrista en EEUU.

¿Que es el gramscismo? 

¿Qué es exactamente el gramscismo?  Gramsci, fundador del Partido Comunista de Italia (el más fuerte de Europa Occidental), fue un intelectual y dirigente político más astuto que Marx y Lenin juntos.

Para Gramsci no era necesaria una revolución violenta, como postulaba Marx, e hizo Lenin, para implantar el socialismo, sino socavar la "hegemonía cultural" burguesa hasta acabar con ella y sustituirla. Por eso se distanció de Marx, Lenin, y de Stalin, que al morir Gramsci en 1937 (de hemorragia cerebral) estaba ejecutando o matando de hambre a millones de soviéticos.

El líder comunista italiano consideraba que el sector dominante de la sociedad puede ejercer su poder porque impone su filosofía, sus costumbres, el sentido común, que facilitan la identificación inconsciente del pueblo con la clase dominante.

A partir de esa conclusión Gramsci elaboró su estrategia para desplazar incruentamente del poder a la "burguesía", y que consta de tres pilares: 1) dominar los medios de comunicación y culturales; 2) dominar la enseñanza sobre todo en las universidades; y 3) acabar con la influencia religiosa en la población.

Ah, como habrán advertido, el gramscismo lo mismo puede servir para implantar un régimen comunista, que fascista o teocrático.

Marx sostenía que los comunistas solo pueden llegar al poder "derrocando por la violencia todo el orden social existente", como proclama el Manifiesto comunista (1848). Y en El Capital luego sentenció: "La violencia es la partera de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva".

Según Gramsci eso fue un grave error de Marx, pues para llevar las clases dominadas al poder político solo hay que usar las mismas armas de la burguesía, pero al revés, penetrando las bases de la hegemonía capitalista hasta controlarla por completo.

En el caso de Cuba, se da la paradoja de que el castrismo es hoy protagonista del empuje gramscista continental, luego de estar atacando furiosamente a Gramsci durante varias décadas.

También los Castro arremetieron indignados contra el "eurocomunismo", un movimiento político-ideológico lanzado por el Partido Comunista italiano en los años 70 que rechazaba el modelo comunista soviético y propugnaba una mayor proximidad hacia la clase media burguesa y la aceptación del modelo parlamentario pluripartidista, al que Marx llamaba "parlamentarismo idiota" y Fidel Castro  "pluriporquería".

A aquel movimiento europeo "revisionista" (según el léxico soviético) se unieron los partidos comunistas de Francia y de España, que llegaron a declarar que luchaban a la vez contra la OTAN y contra el Pacto de Varsovia.

Lo cierto es que hoy la dictadura castrista ya no dedica a su ejército de agentes de inteligencia, cubanos, y extranjeros pagados o voluntarios, a "crear dos, tres, muchos Vietnam" e incendiarlo todo, sino a minar el poder burgués desde dentro y acabar con su "hegemonía cultural".

Se infiltran en partidos políticos, gobiernos, sindicatos, instituciones sociales y académicas, organismos internacionales, y hasta en el mismísimo Pentágono y el Departamento de Estado de EEUU, como la puertorriqueña Ana Belén Montes, y el boliviano Víctor Rocha.

Esta ingeniería castrista de subversión antidemocrática opera con soltura en América, y casi todo Occidente. Muy atrás quedó la "lucha armada como única vía para lograr la liberación nacional de los pueblos y derrotar al imperialismo", y la intervención militar de Cuba en 16 países de Latinoamérica y seis de Africa y Medio Oriente. Entonces el castrismo era marxista. Eso es ya historia antigua.

¿Cuándo y por qué Fidel Castro "se convirtió" al gramscismo?

La "conversión" de Fidel Castro al gramscismo se produjo al desintegrarse la Unión Soviética y fallecer el "paganini" Volodia que mantenía a flote la improductiva economía cubana.

Se acabó la plata (soviética) y el Proxeneta en Jefe cubano aceptó enseguida las reglas del juego de la "pluriporquería". Se abrazó a Hugo Chávez, o más bien a su millonaria chequera, y el fanático venezolano comenzó a mantener a Cuba. Ambos sacaron de la manga el "Socialismo del Siglo XXI", gramscista al 100%, como lo son el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla.

Y hago aquí un paréntesis clave. Estoy convencido de que Fidel Castro nunca fue un marxista de verdad, por conciencia, como los antiguos militantes del PSP, digamos. En su egolatría megalómana no creyó en otra ideología que no fuera la suya propia, utilitaria. Para obtener poder, fama, y vivir a costa de otros. Fue lo que hizo toda su vida. Fidel jamás creyó en nadie (ni en su madre) ni en nada que no brotase de su propio ego.

Gramsci tuvo un gran despiste cuando puso en el mismo plano a una sociedad libre y democrática con una tiranía totalitaria al concebir su tesis comunista "infalible" y establecer que el poder de las clases dominantes no se basa en la fuerza militar y represiva, sino en la "hegemonía cultural" ejercida por medio de la educación, los medios y las instituciones religiosas.

Falso. Si el totalitarismo en Cuba ha durado 65 años ha sido por su monstruosa maquinaria de terror represivo. Y sin la KGB, la Stasi en Alemania Oriental, la Securitate en Rumanía, y las fuerzas represivas en los 35 países comunistas del siglo XX, el comunismo europeo no habría durado mucho tiempo. Y tampoco existiría en Asia.

En la Rusia bolchevique, para mantener el poder comunista Lenin asesinó o mató de hambre a varios millones de personas. Y Stalin a unos 20 millones. Otros millones de soviéticos sufrieron los horrores del Gulag, incluyendo tres mariscales, 13 generales de cuatro estrellas, 50 generales de tres estrellas, 154 generales de dos estrellas, y ocho almirantes. Son datos de varios historiadores y de la Enciclopedia Británica. En China se calcula que Mao Tse Tung mató o provocó la muerte de 65 millones de personas.

Cómplice de la alianza imperialismo chino-ruso-iraní-norcoreana

El "lavado de cerebro"” con la propaganda político-ideológica funcionó en Cuba para parte de la población mientras Moscú pagaba los gastos. Se acabó el dinero y la farsa de la "revolución cubana" saltó en pedazos, llevándose por delante al marxismo-leninismo, al argentino Guevara y a Masantini el torero. Desapareció el supuesto pacto social comunista según el cual el Estado esclaviza al pueblo y a cambio le da escuela, salud pública, y un poco de alimentos.

Hoy en Cuba ya nadie aguanta eso de "los trabajadores en el poder", ni que "el futuro pertenece por entero al socialismo". No se tragan ya esa bazofia ni quienes en décadas anteriores sufrieron daño antropológico por la propaganda.

Para resumir, la democracia, las libertades, derechos humanos y beneficios sociales y económicos logrados en Occidente en 200 años están en serio peligro. La humanidad sufrirá un retroceso multifacético si la izquierda gramscista sigue erosionando las bases del mundo moderno.

Y, finalmente, viene lo peor de todo esto. El gramscismo es cómplice de la alianza imperialista chino-ruso-iraní-norcoreana que pretende establecer un "nuevo orden mundial" de tintes medievales en pleno siglo XXI.

Dado lo anterior, la Administración Biden debe de sancionar y no hacerle más concesiones a la implacable dictadura castrista. Porque, además, como muchos cubanos yo me pregunto: ¿Por qué sin pedir nada a cambio?

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Tomado de https://diariodecuba.com

El giro mundial a la izquierda explica la impunidad del castrismo

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'Se está produciendo en buena parte del Occidente liberal un peligroso proceso de acercamiento al sueño de Antonio Gramsci, quien era más inteligente que Marx y Lenin juntos.'

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Los Ángeles

12 febrero 2022

Por estos días se cumplieron 60 años de dos los tres mayores golpes externos recibidos nunca por el régimen comunista cubano (el otro fue la desaparición de la URSS): la expulsión de Cuba de la OEA el 31 de enero de 1962, y unos días después el establecimiento del embargo comercial y financiero de EEUU.

Hoy, en 2022, eso sería imposible. La dictadura castrista no sería expulsada ni de la OEA, ni de ningún otro organismo internacional. No habría consenso ni votos suficientes para ello. Y si el demócrata presidente John F. Kennedy no lo hubiese hecho sería casi imposible que otro presidente demócrata, Joe Biden, lo pudiera hacer hoy.

Esa diferencia entre una época y otra, que los analistas no examinan a fondo, se debe a que la correlación de fuerzas y la identidad político-ideológica en la mayor parte del planeta ha cambiado sustancialmente en estas seis décadas. Y a mi modo de ver, no para bien. Que le pregunten a los cubanos.

Antes de la caída del Muro de Berlín, el mundo occidental en bloque rechazaba a los países ubicados detrás de lo que llamaba "Cortina de Hierro" comunista. Las democracias se negaban a confraternizar o ser cómplices políticos y diplomáticos de los regímenes estalinistas de Europa y Asia. Y quien lo hacía era muy mal visto.

Con Cuba, en cambio, la cosa era, y sigue siendo, diferente. Favorecida  además por otro factor solo concerniente a la Isla. Con la excepción del Gobierno de EEUU  y alguno que otro muy fugaz y puntualmente, el castrismo contó siempre, antes de la caída del Muro de la Vergüenza y después, con el silencio  sobre los atropellos castristas, o con el beneplácito y hasta la complicidad política y diplomática de muchos gobiernos.

Así ha sido sobre todo por parte de América Latina, y la Unión Europea (UE) cuando en España gobierna el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que arrastra a la UE a no actuar nunca contra la dictadura cubana, sino a apoyarla con acuerdos y dinero. El actual jefe de la diplomacia europea es el socialista catalán Josep Borrell, un aliado de la tiranía castrista.

Con la excepción de Cuba, no hubo elogios y "vista gorda" para los restantes 36 países que también formaron parte del sistema internacional comunista en el siglo XX, contando separadamente a las 15 repúblicas de la URSS, las seis de Yugoslavia, otras nueve del Este de Europa, y seis en Asia.

El izquierdismo gramscista y el mito de la "revolución cubana"

Y no hubo rechazo a la Cuba igualmente estalinista por dos razones: 1) el encantador de serpientes Fidel Castro desde el principio encasquetó a su tiranía el disfraz de una "revolución cubana" autóctona redentora del pueblo cubano y defensora de los oprimidos de la Tierra, que cual David bíblico se enfrenta al ogro gigante del Norte; y 2) el mundo ha girado a la izquierda, que paradójicamente es ahora más numerosa y fuerte que cuando hace 31 años fue sepultado el cadáver del marxismo-leninismo en las murallas del Kremlin.  

Esa izquierda, además, actúa internacionalmente bajo un dogma cuasi religioso: solo hay dictaduras de derecha, nunca de izquierda. Si un gobierno es dictatorial, pero de izquierda, no hay dictadura, y punto.

Se está produciendo en buena parte del Occidente liberal un peligroso proceso de acercamiento al sueño de Antonio Gramsci (fundador del Partido Comunista de Italia), quien era más inteligente que Marx y Lenin juntos.

Para Gramsci la vía para construir el socialismo no es la revolución sangrienta propugnada por Marx, Lenin, Trotski, Mao, el "Che" Guevara o Marulanda Véliz "Tiro Fijo", sino dominar o influir decisivamente en los medios de comunicación, las universidades, la cultura y la psicología social, modificar la percepción de la realidad, y neutralizar la influencia religiosa en la población. Y eso está ocurriendo incluso en la cuna de la democracia moderna, EEUU.

Hoy es inconcebible que la ONU haga algo fuerte y realmente efectivo contra la tiranía castrista. La alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet puso por delante su ideología socialista y procastrista en su informe anual sobre la violación de los derechos humanos presentado en septiembre de 2021 y no mencionó a Cuba entre los países en los que se pisotean esos derechos. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, es también socialista. La CEPAL divulga a los cuatro vientos las estadísticas probadamente falsas del castrismo. La FAO felicita al régimen por sus esfuerzos exitosos para alimentar al pueblo.



El castrismo está en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU

Bachelet guardó silencio, además, porque no se sintió compulsada a denunciar al castrismo. En la alta burocracia de la ONU pululan los funcionarios tan socialistas como ella y los simpatizantes de la "revolución cubana". El silencio de la alta comisionada alienta la represión en Cuba.

El colmo es que Cuba es uno de los actuales 47 miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, como también lo son otros regímenes violadores de los derechos humanos como los de Venezuela, Rusia, China, Pakistán, Somalia, Libia, Sudán y otros. En la ONU ahora los zorros cuidan el gallinero.

Luego de la desaparición del comunismo en Europa, la mayor parte de los marxistas latinoamericanos se niegan a ser llamados comunistas porque la palabra comunista les suena a fracaso, políticamente inconveniente. Y se refugiaron en la izquierda populista socializante. Y la están copando.

Ese masivo aumento del populismo estatista en América Latina junto al avance geopolítico de China, Rusia e Irán, la debilidad de EEUU y de la UE, favorecen a la tiranía castrista cuando es más represiva, hambreadora y cruel.

Líderes marxistas erosionarán la democracia en Latinoamérica

Líderes marxistas, comunistas, enmascarados o descubiertos, están hoy incrustados en la estructura democrática latinoamericana, que va retrocediendo con el antiliberalismo retrógrado que, desde los tiempos de Juan Domingo Perón, Getulio Vargas, Lázaro Cárdenas y otros caudillos, paró en seco la posibilidad de que países latinoamericanos entraran en el Primer Mundo, cosa que sí han logrado muchas naciones de Asia porque no están taradas por las musarañas político-ideológicas nocivas a las que se rinde culto en América Latina.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial las naciones de Asia (con la excepción de Japón) eran más pobres que las de América Latina. Hoy cinco países asiáticos otrora pobres forman parte del Primer Mundo: Corea del Sur, Taiwán, Malasia, Singapur y Brunei. Y de Latinoamérica no hay ni uno solo.

Chile se estaba acercando al Primer Mundo, pero ahora todo indica que se va a frenar ese proceso con Gabriel Boric como presidente (desde el 11 de marzo próximo). Boric es un populista antiliberal, estatista, que obtuvo la presidencia en alianza con el Partido Comunista de Chile, y tendrá como ministros a varios comunistas que liderearon las manifestaciones terroristas que en 2019 destruyeron 23 estaciones del metro urbano y por poco arrasan con Santiago de Chile. Fueron protestas muy violentas que se sabe tuvieron la participación de la Inteligencia castrista y "amigos de Cuba" dentro de Chile, para desestabilizar al Gobierno de derecha de Sebastián Piñera.

Si las encuestas aciertan, el populista castrista Lula da Silva volverá a ser presidente de Brasil. Y en Colombia puede que sea electo el primer presidente de izquierda en la historia colombiana, Gustavo Petro, ex guerrillero guevarista y procastrista.

De ser así, con excepción de los tres países más pequeños —Uruguay, Paraguay y Ecuador—, prácticamente toda Sudamérica estará en manos de la izquierda populista, junto a México y buena parte de Centroamérica. Con Cuba serán 11 los gobiernos izquierdistas, estatistas, dedicados a erosionar la democracia liberal "burguesa", la que luego de la Revolución Francesa construyó el mundo moderno que hoy conocemos.

En fin, es grande la diferencia entre el mundo de 1962 y el de 2022, en el que se abre paso un gramscismo subrepticio. Sin ese cambio muy probablemente el totalitarismo que casi acabó con Cuba no hubiera podido tener tan larga vida con una asombrosa impunidad todo el tiempo. Y hoy, cuando los cubanos gritan en las calles "¡Basta ya!" y son golpeados y encarcelados, muchos por el mundo siguen hablando de una "revolución" que es solo una pandilla de mafiosos atornillados en el poder.

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Es importante puntualizar que en Cuba antes del triunfo de la revolución de 1959 había educación gratuita  desde la escuela primaria hasta la universitaria.   En los años 50 del pasado siglo más del 20% de la matrícula de la Universidad de La Habana eran matrícula gratis pese a que la carrera más  costosa era la de Medicina  con un costo de 70 pesos cubanos anuales   (incluyendo 5 pesos por el uso del estadiun universitario)  y el pago se podía hacer en tres cuotas. También existía educación privada. El Estado cubano en esa época era uno de los Estados de América Latina que  dedicaba, de su presupuesto anual, el mayor porciento a la Educación de sus habitantes.

FIDEL CASTRO RUZ EN EL DISCURSO PRONUNCIADO EN CONMEMORACION DEL XX ANIVERSARIO DEL ATAQUE AL CUARTEL MONCADA  EL 26 DE JULIO DE 1973 EXPRESÓ: En la educación está el instrumento fundamental de la sociedad para desarrollar los individuos integrales capaces de vivir en el comunismo. 
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La influencia de Antonio Gramsci: Educacion y Socialismo

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Estimo que nada ha influido más sobre el corazón del mundo moderno que los escritos y la consiguiente estrategia gramsciana. Desafortunadamente muchos son los que se quejan de los sucesos del momento pero muy pocos los que contribuyen a revertir la situación estudiando y difundiendo los principios y valores sobre los que descansa una sociedad abierta.

En la colección de sus escritos bajo el título de La ciudad futura Gramsci apunta que “Algunos lloriquean compasivamente, otros maldicen obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: si yo hubiera cumplido con mi deber, si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, mis ideas ¿hubiera ocurrido lo que pasó? […] Odio a los indiferentes porque me molesta su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas de cada uno de ellos por como ha desempeñado el papel que la vida le ha dado y le da todos los días, por lo que ha hecho y, sobre todo, por lo que no ha hecho”.

(Antonio Gramsci)

Desde la perspectiva liberal (y desde muchas otras) todo ser humano está interesado en que se lo respete, ergo, todos (cada uno) tenemos la responsabilidad ineludible e indelegable de contribuir a explicarnos y a explicar los fundamentos de una sociedad en la que prevalezca el respeto recíproco. Es irrelevante a que nos dediquemos en la vida, esta faena no es tarea solo de filósofos sino también de quienes se dedican a la danza, la pintura, el derecho, la economía, la mecánica o la literatura. Todos necesitamos para sobrevivir el cuidado y la garantía a nuestras autonomías individuales.

Antonio Gramsci era marxista, por ende, no consideraba el resguardo de la propiedad de cada cual como parte del respeto recíproco (Marx y Engels consignaron que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta expresión: abolición de la propiedad privada”), pero el pensamiento citado más arriba ilustra los esfuerzos realizados en pos de un ideal, el ideal del colectivismo que ha desembocado en los atropellos más brutales a los derechos de las personas. Debido a las enseñanzas gramscianas, estas ideas son las que de un tiempo a esta parte han tenido mayor éxito en el llamado mundo libre. El eje central de Gramsci puede resumirse en su frase: “Tomen la educación y la cultura y el resto se dará por añadidura”. Es a esto a lo que se refiere el premio Nobel en economía Friedrich Hayek cuando escribe en Intellectuals and Socialism que los liberales deben tomar como ejemplo las permanentes y persistentes tareas educativas de los socialistas. Ese fue el sentido de la insistente proclama de los Padres Fundadores en Estados Unidos en cuanto a que “el precio de la libertad estriba en su eterna vigilancia”.

Los apurados de siempre pretenden buscar atajos y coartadas que no existen y, para no proceder en consecuencia, se escudan en el lugar común de sostener que “la educación es a largo plazo” sin percatarse que se han dejado vencer infinidad de plazos y que como ha dicho Mao Tsé-Tung “la marcha más larga comienza con el primer paso”. El asunto no es endosar la responsabilidad a otros, se trate de la llamada oposición o de políticos en el Ejecutivo, sino de preguntarse que hace uno todos los días para contribuir con un granito de arena a despejar telarañas mentales.

Gramsci sugiere el establecimiento de una contra-hegemonía cultural que nazca del proletariado (cosa en la que Lenin descreía y que los hechos le dieron una y otra vez la razón) al efecto de arremeter contra la educación burguesa (una intelligentsia “orgánica” para oponerse a la tradicional). En otros términos influir sobre la cultura (“guerra de posición”) para tomar el poder (“guerra de momento”), lo cual no significaba adherir a todo lo dicho por Marx, por ejemplo, en “La Revolución contra Das Kapital”, Gramsci sostenía que la sublevación de octubre demostró que no es necesario esperar la maduración del capitalismo para establecer el socialismo.

En la selección de trabajos de Gramsci publicados bajo el título de Los intelectuales y la organización de la cultura el autor se detiene a considerar en detalle las estrategias de penetración en revistas, periódicos, centros de estudio, bibliotecas populares, escuelas, universidades y academias en el contexto de referencias históricas y del análisis de diferentes tipos de audiencias y lectores para concluir que lo que existe refleja “cementerios de la cultura” y que “el objetivo es obtener una centralización de la cultura y un impulso de la cultura nacional”. Y en los ensayos recopilados en  Antología, Gramsci -la mayor parte escritos desde la cárcel fascista y muchas veces entre vómitos de sangre debido a su precaria salud- alienta a los revolucionarios de todos las épocas al manifestar que “Es en verdad admirable la lucha que lleva la humanidad desde tiempos inmemoriales, lucha incesante con la que se esfuerza por arrancar y desgarrar todas las ataduras”.

La mayor parte de mis amigos que han abandonado el socialismo para abrazar el liberalismo confiesan que uno de sus autores favoritos era precisamente Antonio Gramsci puesto que sin bombas ni metralletas aconsejaba el recorrido cultural y educativo como el arma más potente para implementar el socialismo. Paradójicamente, las recetas de quien sufriera las persecuciones y encierros de Mussolini se han convertido de facto en políticas fascistas por doquier. Esto es, en lugar de seguir el camino más directo de expropiar la propiedad de modo completo se opta por permitir el registro a nombre de particulares pero el aparato estatal usa y dispone del flujo de fondos.

La misma paradoja se presenta en el ahora célebre panfleto de Stéphane Hessel que sirve de base a los “indignados” del mundo: el autor fue apresado por los criminales de la Gestapo y escapó milagrosamente de Buchenwald y, sin embargo, aconseja el programa económico de sus captores nacional-socialistas, léase el férreo control y administración de las empresas más relevantes por parte de los gobiernos. Es a raíz de influencias de este tipo que los “indignados” piden más de lo mismo a pesar de que un Leviatán elefantiásico les succiona el fruto de sus trabajos, el cual  se endeuda de modo astronómico, establece presiones tributarias crecientes, impone regulaciones asfixiantes, revela déficit alarmantes, alienta sistemas bancarios insolventes, promueve legislación que expulsa del mercado a los que más necesitan trabajar y, como si esto fuera poco, financia a manos llenas con recursos de otros a empresarios irresponsables, ineptos o las dos cosas al mismo tiempo.

Ya escribí antes en estas mismas columnas un extenso artículo donde mostraba el íntimo parentesco entre “derechas” e “izquierdas” y su común odio al liberalismo (y no digo “neoliberalismo” puesto que se trata de una etiqueta que ningún intelectual serio de esta época asume). Tal vez el meollo de la cuestión resida en la incomprensión respecto a las causas de las condiciones de vida de la gente. Se trata de contar con marcos institucionales civilizados, es decir respetuosos del derecho de todos, lo cual significa descartar los discursos de pretendidos brujos que compiten desde los más variados flancos para manejar a su antojo las vidas y las haciendas de los demás. Por esto es que Juan Bautista Alberdi al referirse a nuestra Constitución fundadora subrayaba que “no bastaba reconocer la propiedad como derecho inviolable. Ella puede ser respetada en su principio y desconocida y atacada en lo que tiene de más precioso: en el uso y disponibilidad de sus ventajas […] El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado en nombre de la utilidad pública”.

Esos marcos institucionales permiten atraer inversiones que hacen de apoyo logístico al trabajador para elevar su productividad. No es lo mismo arar con las uñas que hacerlo con un tractor y no es lo mismo pescar a cascotazos que hacerlo con una red para tal fin. Los salarios no son más altos en Canadá que en Angola debido a la generosidad de los empleadores canadienses sino que están obligados a pagar sumas mayores como consecuencia de las mayores tasas de capitalización.

Por último, y sin pretender que con esta nota periodística se agoten los innumerables temas respecto al debate socialismo-liberalismo, es de interés destacar que, en un mercado abierto, la tendencia al igualitarismo crematístico atenta contra el nivel de vida de los más necesitados puesto que los factores de producción se asignan allí donde se atiende mejor la demanda. En esta línea argumental, el que da en la tecla obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. Este cuadro de situación queda por completo distorsionado cuando los amigos del poder hacen negocios en los despachos oficiales, en cuyo caso los patrimonios resultantes son fruto de una gravísima explotación a los consumidores.

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE FIDEL CASTRO RUZ, EN LA CONCENTRACIÓN PARA CELEBRAR EL   IV ANIVERSARIO DE LA INTEGRACIÓN DEL MOVIMIENTO JUVENIL CUBANO, EN LA CIUDAD ESCOLAR “ABEL SANTAMARÍA”, SANTA CLARA, EL 21 DE OCTUBRE DE 1964.

Pero no es solo un problema de educación política, no es solo un problema de educación económica, es también un problema de educación moral.  Todos los hombres no se comportan siempre igual.  En un grupo de diez hombres, en cualquier grupo de diez hombres, siempre se encontrarán un hombre que es el primero y siempre se encontrarán un hombre que es el último; en todo grupo de diez hombres siempre se encontrarán uno que es el más generoso de todos, uno que es el mejor compañero de todos, uno que es el más sacrificado de todos, y siempre se encontrarán otro que es el menos generoso de todos, que es el menos sacrificado de todos, que es el más egoísta de todos.  Y eso es lógico, la naturaleza humana no produce a todos los hombres exactamente iguales.  Hay solo una cosa que puede hacer a todos los hombres más o menos iguales, hay solo un medio de hacer que todos los hombres se semejen, y ese medio es la educación.

La educación es el único medio capaz de ir creando en el hombre, desde que empieza a tener uso de razón, una conducta social, una conducta moral; la educación es lo único capaz de hacer que los hombres sean mejores, es lo único capaz de hacer que los hombres puedan variar una inclinación del mal hacia el bien
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Spanish Libertarian
Nov 20, 2017

Yuri Bezmenov, Ex espía desertor  de la KGB soviética, sobre la Subversión Ideológica


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martes, mayo 14, 2024

Julio M. Shiling: El marxismo más que el antisemitismo es el responsable de los disturbios universitarios

 
Tomado de https://patriademarti.com/

El marxismo más que el antisemitismo es el responsable de los disturbios universitarios

Por Julio M. Shiling *

08 de mayo 2024

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Para los analfabetos políticos, la causa palestina es fácil de vender. Conceptos como «genocidio», «ocupación», «limpieza étnica», «liberación» y «Palestina libre» se han utilizado para socavar y proselitizar a los estudiantes en el culto político que es el marxismo. Una historia de 3,000 años de antigüedad contrapuesta a una campaña ideológica de décadas de duración parecería abrumadoramente fácil como para pintar un cuadro claro de conocimiento. Pasa desapercibido el hecho de que la identidad palestina es una invención sintética y carece de base para reivindicaciones legítimas. La maniobra dialéctica de la izquierda radical por el poder político ha explotado el ataque del islamismo a Israel del 7 de octubre, más allá de la imaginación de muchos. Estamos siendo testigos de una cuasi insurrección de bajo nivel en campus universitarios estadounidenses de alto nivel donde se está desafiando el orden existente.

El clásico de Allan Bloom, The Closing of the American Mind (1987), advertía sobre los peligros de los cambios en los planes de estudio, que comenzaron en la década de 1960 y se afianzaron en la de 1970, en el sistema de educación superior de Estados Unidos. El filósofo judío estadounidense sostenía que esto suponía una amenaza para la democracia y la libertad de pensamiento y expresión. Los «cambios», señaló Bloom, procedían todos de incursiones intelectuales que se nutrían de la Teoría Crítica marxista, una serie de programas de estudios sobre el agravio con apéndices posmodernos inherentes, ha logrado casi monopolizar los cursos universitarios estadounidenses. Hay un alumnado ignorante que ha sido adoctrinado según lo previsto.

Resulta decepcionante y peligroso ver cómo el grueso de la clase política estadounidense y los comentaristas de los medios de comunicación se detienen en los síntomas y no en la causa. La reciente aprobación de la «Ley de Concienciación sobre el Antisemitismo» en la Cámara de Representantes (aún pendiente de aprobación en el Senado) es un ejemplo de esta percepción errónea. Esta legislación de «incitación al odio» es horrible, en lo que respecta a una sociedad libre. Coarta la libertad de expresión, es contraproducente para los intereses israelíes y excusa la falta de voluntad de los funcionarios públicos para hacer cumplir las leyes vigentes en materia de derechos civiles. 

Los ataques virulentos a los judíos y al Estado de Israel en los campus universitarios son evidentes, al igual que la toma ilegal de espacios públicos y locales universitarios comunes. Sin embargo, la opinión de que las protestas y los ataques contra los judíos y el Estado judío se basan principalmente en el antisemitismo es simplista y errada. Pasa por alto un elemento subyacente general que está presente y fundamenta esta acción. El contexto de la causa de «liberación» palestina está en el corazón de lo que lleva a los jóvenes jacobinos universitarios al fanatismo.

Herbert Marcuse, Franz Fanon, Edward Said y Jean-Paul Sartre son más responsables de estas acciones subversivas que se están desplegando, que el odio a la Torá, el Antiguo Testamento (Biblia hebrea), el Talmud o el sionismo. La Teoría Crítica Postcolonial, una variante de la serie de Teoría Crítica inventada por la Escuela de Frankfurt de llamamientos revolucionarios a la guerra basados en dicotomías seleccionadas de opresor/oprimido, sustenta estos actos. Los mandatos británico y francés repartieron legalmente Asia Occidental y Oriente Próximo a partir de la partición del Imperio Otomano. Así surgió el Estado de Israel y los actuales Estados de Jordania, Siria, Arabia Saudí, Líbano, Irak y Egipto. Los árabes palestinos, cabe señalar, también recibieron territorio y la oportunidad de formar un Estado, pero rechazaron la oferta. La antigua Unión Soviética y la comunidad comunista internacional sacaron provecho de ello e inmediatamente se asociaron con los nacionalistas árabes vinculados a la zona geográfica de Palestina. Así comenzaron las guerras marxistas para «liberar» Palestina y la invención de la etiquetada identitaria palestina. 

Los canallescos actos de subversión que tienen lugar en los campus de Estados Unidos están bien financiados y organizados. El dinero que financia a muchos de los grupos que están coordinando logísticamente el vandalismo, las protestas y las ocupaciones y destrucción de espacios públicos son donantes importantes de grupos y causas de la extrema izquierda y políticos del Partido Demócrata. Esto incluye a benefactores del presidente Joe Biden. Mega-estructuras exentas de impuestos como la Fundación Tides, el Centro Tides, la Fundación Libra, el Fondo de los Hermanos Rockefeller y la Fundación Bill y Melinda Gates han aportado, en diferentes intervalos, generosas cantidades de dinero a los movimientos de ultraizquierda más agresivos que encabezan las protestas a favor de Hamás. 

Grupos como Jewish Voice for Peace, IfNotNow, Palestine Legal, Solidaire Action, Climate Justice Alliance, Black Organizing for Leadership and Dignity e Immigrant Defense Project son algunas de las milicias de campo que han encabezado los despreciables actos. Todas han recibido financiación de uno o más de los conglomerados de donantes protegidos fiscalmente mencionados anteriormente. ¿Quién dirige estas organizaciones donantes? George Soros, Nicholas y Susan Pritzker (herederos del imperio hotelero Hyatt), Bill y Melinda Gates, y David Rockefeller Jr. Conviene señalar que Soros y los Pritzker son judíos. Esto debería poner de relieve que el antisemitismo no es el principal factor instigador.

El denominador común de esta fuerza sediciosa que busca perturbar el civismo y desafiar el orden democrático estadounidense es el marxismo, epistemológicamente, en particular la Teoría Crítica, y el socialismo globalista, metodológicamente. En otras palabras, las doctrinas marxistas son los marcos intelectuales más adecuados, teniendo en cuenta su atractivo emocional. El final práctico es un orden globalizado centralizado de tipo socialista fabiano. El Estado de Israel es, para ellos, parte de la civilización occidental. Israel y los judíos no-marxistas encarnan, según esta alianza marxista-islamista, estructuras de poder supremacistas blancas, colonialistas y patriarcales. El problema interno de la apología y el activismo pro-terrorista en las universidades y ciudades estadounidenses es el marxismo.

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* Julio M. Shiling es politólogo, escritor, conferenciante, comentarista y director de los foros políticos y las publicaciones digitales, Patria de Martí y The CubanAmerican Voice y columnista. Tiene una Maestría en Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) de Miami, Florida. Es miembro de The American Political Science Association (“La Asociación Estadounidense de Ciencias Políticas”) y el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio

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miércoles, mayo 01, 2024

Calixto Campos Corona: LA VERDAD SOBRE EL 1 DE MAYO COMO EL DÍA DE LOS TRABAJADORES. José Martí sobre los hechos sangrientos en Chicago y el proceso de los siete anarquistas condenados a muerte

 DE LOS ARCHIVOS DE BLOG BARACUTEY CUBANO


PRIMERO DE MAYO: ¿FESTIVIDAD MARXISTA O DÍA DEL TRABAJO?


Por Dr. Alberto Roteta Dorado.
1 de mayo de 2020

Santa Cruz de Tenerife. España.- Los partidistas cubanos – sin que sea necesario explicar de qué partidismo se trata, toda vez que solo se reconoce un partido único de manera oficial– han de sentirse frustrados ante la suspensión de los tradicionales actos por el día primero de mayo, algo de lo que han hecho una fiesta demasiado teatralizada como para poder creer que ese “mar de trabajadores” acude a la cita por su plena voluntad, al menos así debe ser para aquellos que no han perdido la capacidad de pensar y analizar dejando a un lado la maligna influencia de aquellos encargados de manipular el pensamiento de las “masas”. 

La presencia de una pandemia, cuyos males hacen estragos por doquier, sin distinción de razas y credos, culturas e ideologías, posición social y tenencias materiales, ha determinado que la mayoría de los países del mundo suspendieran las grandes concentraciones de personas por el elevado riesgo de contagiarse por un misterioso virus que en breve tiempo se ha expandido por todo el planeta. 

Hubiera sido el colmo que el régimen de La Habana, en su empeño por hacer perdurar lo que ya no tiene existencia, convocara masivamente a sus trabajadores – porque sin duda, son suyos ante la total ausencia de libertades que reina en la isla caribeña desde hace más de medio siglo–, aunque como todos conocen del comunismo puede esperarse cualquier cosa por muy incoherente y absurda que sea. En todo este tiempo han dado múltiples pruebas que demuestran lo que expongo.  

Como sustitución de la habitual concentración de cubanos en todas las plazas, avenidas y parques, desde la capital de la isla hasta el más remoto pueblo campestre, el régimen castrista se encargó de diseñar una serie de “acciones estratégicas” utilizando las llamadas redes sociales – la principal herramienta en estos tiempos de confinamiento–. De ahí que hoy han estado muy atareados sus “acólitos”, quienes obligados a obedecerlos hasta el fin de sus días, se encargan de publicar sus obsoletas consignas, de mostrar los barrios con banderas e himnos, de repetir una vez más los considerados “logros” de una revolución que dejó de serlo hace un buen tiempo, de recordar a quienes deben absoluta obediencia que han de estar eternamente agradecidos por unas “bondades” que solo ellos pueden creer – si es que en realidad dan sentido de credibilidad a su demoníaco discurso–.   
  
De cualquier modo, y de manera general en el mundo ya no se celebra con tanta intensidad el primero de mayo, por cuanto, muchos de los objetivos que se proponían los trabajadores en un pasado no tan distante, actualmente se suelen negociar y alcanzar sus logros y propósitos a través de acciones concretas de diálogos y legislaciones, por lo que la festividad va quedando un tanto en el olvido y su evocación resulta mucho más simbólica que práctica en muchos sitios del orbe en los que las pancartas, consignas y marchas han cedido su paso a nuevos métodos de reclamo y propuestas prácticas que puedan beneficiar no solo a proletarios obreros –como en el pasado–, sino a multitudes de hombres, incluyendo empresarios y directivos; y es justo en este punto que la teatralización de la festividad cubana no tiene límites toda vez que allí todo es “gloria y beneplácito”, sus trabajadores – unos de los más explotados, reprimidos y mal pagados del mundo– no tienen nada que reclamar; lejos de cualquier actitud de reclamo surgen consignas de alabanza a su mal llamada revolución, a las múltiples victorias, y como es de esperar, al viejo comandante, por suerte, ya no está presente en el reino de este mundo. 

Esto origina una reacción de rechazo por parte de las propias multitudes que acuden tras la apariencia de una voluntariedad, que como es sabido no es real. Al final unos lo hacen de modo mecánico arrastrados por los efectos devastadores del excesivo adoctrinamiento, otros por el que dirán, otros ante el temor que reina por doquier, y si acaso una exigua minoría que aun le sigue los pasos al castrismo.  

Sin embargo, el día de los trabajadores, o del trabajo, es una de las fechas más universales si consideramos que una gran cantidad de países del mundo, más allá de sus ideologías, creencias, posición política, desarrollo económico, etc., la conmemoran, reservándome el término celebración, que en realidad es correcto para una convocatoria de esta naturaleza, por lo polémico que pudiera resultar si consideramos que su origen está en relación con protestas que culminaron de manera sangrienta con la ejecución de varios líderes proletarios en 1886, en la ciudad de Chicago. 

Está de más detenerme a explicar que la utilización del término proletarios* –independientemente de que los lectores lo asocien inmediatamente a las tendencias marxistas, a Karl Marx, al izquierdismo socialista, a la Internacional Comunista, o a cualquier otro elemento de esta naturaleza– es correcta, y esto no me hace simpatizante del socialismo, sino conocedor de un significado que hemos olvidado, o mejor aún, hemos estigmatizado erróneamente a partir de la posesión que el socialista alemán Carlos Marx asumió del término al vincularlo al sistema capitalista, en el cual los obreros, esto es, los proletarios, según sus concepciones teóricas, al no disponer de los medios de producción se ven forzados a vender su fuerza de trabajo a la burguesía, la clase empleadora; con lo que acuñó la idea del proletariado y su verdadera definición a la oposición entre dos clases sociales antagónicas: la burguesía y el proletariado.  

Con la incursión de los preceptos marxistas la tenida del primero de mayo adquirió un matiz demasiado politizado y estigmatizado, con lo que se dejaba a un lado la evocación a  Albert Parsons, Adolph Fischer, August Spies, George Engels y Oscar Neebe, quienes fueron ejecutados tras los trágicos sucesos de aquel primero de mayo de 1886 en Chicago, donde los agentes policiales arremetieron contra una multitud de hombres que reclamaban derechos laborales y entre los que además de los líderes antes mencionados se encontraban Louis Ling, quien se suicidó en prisión, y Samuel Fielden y Michael Schwab, a quienes se les conmutó la pena de muerte por cadena perpetua; conocidos más tarde como los Mártires de Chicago – a los hechos del último de los días de protesta se le recuerda como la revuelta de Haymarket–, a los que en el presente apenas se les recuerda, no solo en Cuba, la nación donde únicamente se predican los “inmensos logros” de su “socialismo sostenible”, sino de manera general en un mundo demasiado inmerso en la superficialidad y el sensacionalismo como para estar recordando a aquellos que sentaron las bases para lo que hoy conocemos como el día de los trabajadores. 

No es menos cierto que los movimientos socialistas han tenido a través de los años una participación muy activa en relación con esta festividad, a la que se le seguirá asociando, al parecer inevitablemente, con las corrientes de este tipo. El hecho de que la exigencia de una jornada de trabajo no superior a las ocho horas fuera propuesta veinte años antes de los hechos de Haymarket por el Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra en 1866, y repetido en 1889 por el Congreso Obrero de París, ha sido el elemento que con mayor fuerza permite establecer los lazos entre el día del trabajo y las demandas de los socialistas que Federico Engels se encargó de ensalzar en el prefacio de 1890 a El Manifiesto Comunista, documento en el que menciona fuerzas del proletariado, ejército de proletarios, y retoma la célebre frase “proletarios de todos los países están unidos”, (así como la he escrito literalmente) que en realidad no le pertenece ni a él, ni a Marx como se cree, sino al también alemán Karl Shapper: “Proletarier aller Länder, vereinigt euch!” **

Y así las cosas, y aunque los llamados proletarios desconozcan estos elementos que antes he expuesto, el primero de mayo, tal y como se percibe en la actualidad en aquellas naciones donde se reúnen quienes trabajan de manera tradicional, y sin mucho entusiasmo, es una celebración que huele demasiado a socialismo, a marxismo, a izquierdismo, y por qué no, al oportunismo inherente a aquellos que se empeñan en defender el diabólico engendro marxista.  
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*El origen del término proletario se remonta a la antigua Roma, cuando no se habían establecido pautas socialistas, ni se había hecho referencia a esta tendencia, exceptuando la posibilidad de algunas ideas de Platón que se pudieran relacionar con esta modalidad de sistema, algo que no deja de ser una simple especulación. En Roma los proletarios, del latín proletarius, eran los integrantes de la clase social más baja, los carentes de propiedad, que solo eran vistos como gente generadora de proles, o sea, de hijos, quienes pasaban más tarde a formar el ejército imperial.
**Frase original en alemán que puede traducirse como “proletarios de todos los países uníos”, ahora como una exhortación y no como una referencia como la escribiera Engels en El Manifiesto Comunista.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano


El filósofo  y ex comunista, Antonio Escohotado habla sobre la figura de Karl Marx

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LA VERDAD SOBRE EL 1 DE MAYO COMO EL DÍA DE LOS TRABAJADORES

Por Calixto Campos Corona
Director de la Revista LUX
28 DE MAYO DE 2016


Policías asesinados por bomba detonada por anarco-comunistas en Chicago


Uno de los fraudes más grandes del comunismo ha sido sobre la fecha del primero de mayo, el mal llamado Día de los Trabajadores.

En la ciudad de Chicago no hubo ningún trabajador muerto. El día 4 de mayo los trabajadores de una fábrica hicieron una manifestación en demanda justa de la jornada de 8 horas. La policía, al formarse disturbios –podemos pensar que un grupúsculo que pasaron a desór­denes– y la policía intervino violentamente después que un grupito lanzó una bomba por la cual murieron cuatro policía y alrededor de siete resultaron heridos. Fueron apresados por la fuerza pública cinco revoltosos, que no por casualidad eran anarquistas y comunistas. Fueron solo cinco los detenidos y semanas después condenados a la horca. Cuatro de los revoltosos eran alemanes, solo uno era norteame­ricano. Uno de ellos se ahorcó en la cárcel. Los restantes fueron ahorcados públicamente.

Como verán, la historia que hacen los comunistas del 1ro. de mayo es falsa, el 1ro. de mayo no pasó nada; no hubo trabajadores muertos; lo del 1ro. de mayo, como es costumbre, los comunistas falseando la verdad.

Llevamos años el Dr. Luis Conte Agüero y la Federación Eléctrica acabando con esa falsa fecha. Pero sí proponemos para la futura fecha de los trabajadores cubanos, el 18 de enero de 1961, cuando tres traba­jadores eléctricos fueron fusilados por el castrismo.

Estos sí son mártires, los del 18 de enero de 1961: Willam Le Santé. Orilio Méndez y Julio Casielles.

El desfile de la firma Chanel en el Prado de La Habana, con todas sus riquezas y sus bellas vestimentas, es una afrenta al pobre pueblo cubano con sus despojos y sus pobres vestimentas. O sea, un choteo ante la miseria del pueblo.

En opinión del Wall Street Journal, la reanudación de relaciones de la administración de Obama con el régimen de los Castro, solo favorece al gobierno cubano.

Halliburton, uno de los mayores contratistas del mundo de campos petrolíferos, fue sancionado por negociar con el gobierno cubano.

Nunca nos atrevemos a opinar sobre la política de Estados Unidos, pero en esta ocasión creemos que el fenómeno Trump se debe a que el pueblo americano está cansado de sus políticos. Por eso la gran acogida al Sr. Trump.

Al principio de la revolución cubana, el dictador Castro dijo que los futuros gobernantes cubanos no permitirían que los viejos se perpetúen en el poder. No lo ha cumplido. Solo los jóvenes pueden encaminar por senderos de progreso y grandeza un país. ¡Demos paso a los jóvenes!


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Video del año 2009: Cuba: Libertad y Sindicalismo

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La vida poco «comunista» de Karl Marx: criadas, deudas y despilfarro de dinero en alcohol y burdeles

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El comportamiento del pensador que clamó contra la opresión y defendió a las clases obreras más desprotegidas fue muy poco coherente con las ideas que desarrolló
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Por I. Viana
Madrid
29/09/2019

Karl Marx es el pensador que, posiblemente, más ha influido en la historia y la política de los dos últimos siglos, imprescindible para configurar el mundo tal y como lo conocemos hoy. Su obra es la responsable del surgimiento de ideologías tan importantes como el comunismo y el socialismo, que dio lugar a regímenes dominantes y longevos como la URSS de Lenin y Stalin, la China de Mao Tse Tung, la Cuba de Fidel Castro, la Camboya de Pol Pot, la Rumanía de Ceausescu o la Yugoslavia de Tito.

Desde su muerte, obviamente, se ha hablado y escrito mucho sobre sus ideas, pero no tanto sobre si estas han sido coherentes con la propia vida de su autor. Resulta chocante pensar que el hombre que se alzó contra los obreros esclavizados e introdujo conceptos como la lucha de clases, la dictadura del proletariado y la importancia del trabajo llevara una vida de burgués y fuera, durante su juventud, un estudiante aficionado a los burdeles, las borracheras y los suspensos. Esa otra parte de su vida la recogen Malcolm Otero y Santi Giménez en «El club de los execrables» (Penguin Random House, 2018), donde cuentan el lado oscuro de otros de los personajes más idolatrados de la humanidad, como Churchill, Chaplin, Picasso, Hitchcock o Einstein.

El de Marx tiene lo suyo. No hay más que ver dónde gastó su estancia en la Universidad de Bonn, muy lejos de las aulas. Se unió al Club de la Taberna de Tréveris, una asociación de bebedores de la que llegó a ser su presidente. Allí malgastó sus primeros meses con unos compañeros de batallas que, encima, le describían como un juerguista violento e infiel, muy poco preocupado por su formación. La situación tocó fondo cuando, en el primer semestre de 1836, las autoridades universitarias lo expulsaron por «desorden nocturno en la vía pública y embriaguez».

La solución de la familia Marx, una familia de clase media acomodada, fue matricularle en Derecho por la Universidad Humboldt de Berlín y tampoco le fue muy bien. Sus estudios en leyes no le interesaron mucho (o nada), pero allí por lo menos comenzó a desarrollar su querencia hacia las ideas filosóficas de los jóvenes hegelianos. Finalmente se doctoró en la Universidad de Jena —conocida en el ámbito académico como un centro donde se conseguían títulos con relativa facilidad— con una tesis sobre el materialismo de Demócrito y Epicuro.

«Más que los jóvenes millonarios»

Marx nunca llegó a sentar la cabeza del todo. Durante su estancia en la Universidad de Berlín, donde pasó cuatro años y medio, fue encarcelado por alboroto y embriaguez y, además, fue acusado de llevar armas no permitidas. Llegó incluso a batirse en duelo y en el diploma que se le extendió la institución constaba que había sido denunciado en varias ocasiones por no saldar debidamente sus deudas económicas. En aquella época fue frecuente que su padre le llamase la atención por el mal uso que hacía del dinero que la familia le enviaba para su manutención.

(Karl Marx, junto a su mujer, en 1869 - ABC)

Prueba de ello es la carta que este le manda preguntándole por cómo era posible que, durante el primer año en la capital alemana, se gastara 700 tárelos, tres o cuatro veces más que cualquier otro estudiante de su edad. «Más que los jóvenes millonarios», le decía este. Era casi lo que ganaba un concejal del ayuntamiento de Berlín. «A veces me hago a mí mismo amargos reproches por haberte aflojado demasiado la bolsa y he aquí el resultado: corre el cuarto mes del año judicial y tú ya has gastado 280 táleros. Yo no he ganado todavía esa cantidad durante todo el invierno», añadía su padre en otra carta recogida por Antonio Cruz en « Sociología: una desmitificación» (Clie, 2002).

Después de aquello, Marx se volcó en el periodismo. Se trasladó a la ciudad de Colonia en 1842 y comenzó a escribir para el periódico radical «Gaceta Renana». Allí expresó libremente unas opiniones cada vez más socialistas sobre la política, junto a unos compañeros de trabajo que le describían como un hombre dominante, impetuoso, apasionado y con una confianza sobredimensionada en sí mismo.

Matrimonio aristócrata

El pensador alemán ya se había casado con Jenny von Westphalen, una baronesa de la clase dirigente prusiana que rompió su compromiso con un joven alférez aristocrático para estar con él. Otra cosa es que Marx le correspondiera con es debido. Lo primero que hizo este fue pedirle que pagara las deudas que había contraído de sus de juergas y afición a las prostitutas. Y ni aún así detuvo sus excesos. La dote de su esposa se esfumó rápidamente. En la misma noche de bodas perdió una buena parte del dinero que le había regalado su suegra.

Obviamente, no se habló de estas cosas cuando, en mayo, un manuscrito del pensador alemán fue vendido por 523.000 dólares en una subasta celebrada en Pekín. Más de 1.250 páginas de notas que el filósofo de Tréveris produjo en Londres, entre septiembre de 1860 y agosto de 1863, como preparación para su obra cumbre, « El Capital», base de la ideología comunista. Fue precisamente durante su estancia en la capital británica, y mientras su propia familia sufría calamidades, cuando se pulió su propia herencia a base de borracheras.

Durante esos años, Marx y su familia tuvieron que sobrevivir de las pequeñas ayudas que les brindaba su suegra millonaria y sus amigos. El propio Friedrich Engel, con quien el filósofo alemán escribió su famoso « Manifiesto comunista» en 1848, tuvo que regalarles una casa. Y a pesar de ello, no consiguió que llegara a su hogar la estabilidad económica que tanto ansiaban su mujer y sus hijos. Él mismo lo confiesa en una carta a su amigo, en la que reconoce que, a pesar de no tener que pagar ningún alquiler, sus deudas no paran de crecer. Esto no impidió que Marx veraneara en los mejores balnearios ni que mandara a sus hijas a estudiar piano, idiomas, dibujo y clases de buenas maneras con los mejores profesores de Londres. Todo ello, claro, pagado por Engels.

Un yerno de «mala» familia

Resulta sorprendente igualmente que el famoso pensador socialista, promotor de la lucha de clases, llegara a escribir otra carta en la que expresaba sus dudas sobre el marido de una de estas hijas. La razón: no tenía claro que fuera de buena familia. Una actitud no muy propia de alguien que pregonaba contra la opresión y defendía a las clases obreras más desprotegidas y desfavorecidas.

Otra dato curioso es que, a pesar de las penurias económicas que arrastró, el autor del «Manifiesto comunista» tuvo una criada trabajando en su casa durante toda su vida. Su nombre era Helene Demuth y servía a familias ricas desde los diez años. Después de pasar por varias mansiones llegó a la de la baronesa Westphalen, la suegra de Marx. Cuando la hija de esta se casó con el pensador, les regaló a su sirvienta, que tuvo que seguir al matrimonio hasta París y Londres aunque solo hablaba alemán.

Por su trabajo, Karl Marx no la pagaba ni un solo céntimo, a pesar que se encargaba de las tareas domésticas, de cuidar a sus siete hijos y de administrar los pocos recursos de la familia. Y por si no fuera poco, el filósofo mantuvo con ella una relación extramatrimonial. En 1850 dejó embarazada a su mujer y, aprovechando un viaje de esta a Holanda para conseguir fondos para la causa marxista, también a su criada. Él no lo reconoció, hasta el mundo de que le dijo a  esposa que el padre era su amigo Engels. Hasta le puso el nombre de su colaborador.

(Marx, en 1875 - ABC)

A causa de esto, la mujer de Marx no podía ver a Engels. Marx mantuvo la mentira durante un tiempo, pidiéndole a su esposa que no le recriminara nada a su amigo, que no solo le regaló un piso, sino que asumió una paternidad que no le correspondíaY cuando la señora von Westphalen por fin conoció la verdad, aquello se convirtió en una especie de herida familiar silenciada para los restos. «No se hablaba del asunto, en parte porque el hecho les parecía escandaloso a la luz de la moral burguesa imperante en la época, y en parte porque no se ajustaba a los rasgos heroicos e idílicos propios de un ídolo de las masas. Se borraron, pues, todas las huellas de ese hijo y, sólo la casualidad, preservó de la destrucción una carta que aclaraba el asunto», escribió el filósofo alemán Hans Blumenberg, en «Karl Marx en documentos propios y testimonios gráficos» (Salvat 1984).

Pero ahí no acabaron las andanzas del fundador del comunismo. Además de su afición por los prostíbulos londinenses, cuentan Otero y Giménez que, mientras su mujer estaba convaleciente con varicela, intentó abusar de su sobrina. Todo ello mientras su familia sufría un revés tras otro. De sus siete hijos, solo consiguieron sobrevivir tres hijas. Y de estas, una murió de cáncer a los 38 años y las otras dos se suicidaron. Una de ellas, Laura, lo hizo junto con a su marido, Paul Lafargue, uno de los introductores del marxismo en España y autor del famoso «El derecho a la pereza». Habían pactado hace años ya que se quitarían la vida cuando su salud no les permitiera mantener su independencia vital y lo cumplieron pasados los 60 años. La otra, Eleanor, se envenenó a los 43 al descubrir que su compañero, el socialista Edward Aveling, se había casado en secreto con una amante.

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Nota  del Bloguista de Baracutey Cubano

José Martí  en esta carta al Director del diario argentino La Nación, para el cual en esa época  escribía frecuentemente y muy bien remunerado,  escribe sobre los hechos ocurridos en   Chicago,  pero un año  después, Noviembre 13, 1887,   escribe  también para La Nación  algo muy diferente y mucho más largo sobre la ejecución de los supuestos mártires de Chicago, el cual pueden leer  haciendo clicl AQUÍ. 

El proceso de los siete anarquistas de Chicago

Terroristas de Chicago

Nueva York, septiembre 2 de 1886
Señor Director de La Nación

Aquellos anarquistas que en la huelga de la primavera lanzaron sobre los policías de Chicago una bomba que mató a siete de ellos, y huyeron luego a las casas donde fabrican sus aparatos mortíferos, a los túneles donde enseñan a sus afiliados a manejar las armas, y a untar de ácido prúsico, para que maten más seguramente, los puñales de hoja acanalada; aquellos que construyeron la bomba, que convocaron a los trabajadores a las armas, que llevaron cargado el proyectil a la junta pública, que excitaron a la matanza y el saqueo, que acercaron el fósforo encendido a la mecha de la bomba, que la arrojaron con sus manos sobre los policías, y sacaron luego a la ventana de su imprenta una bandera roja; aquellos siete alemanes, meras bocas por donde ha venido a vaciarse sobre América el odio febril acumulado durante siglos europeos en la gente obrera; aquellos míseros, incapaces de llevar sobre su razón floja el peso peligroso y enorme de la justicia, que en sus horas de ira enciende siempre a la vez, según la fuerza de las almas en que arraiga, apóstoles y criminales; aquéllos han sido condenados, en Chicago, a muerte en la horca.

Tres de ellos ni entendían siquiera la lengua en que los condenaban. El que hizo la bomba, no llevaba más que unos nueve meses de pisar esta tierra que quería ver en ruinas.

Uno solo de los siete casado con una mulata que no llora, es norteamericano, y hermano de un general de ejército: los demás han traído de Alemania cargado el pecho de odio.


Desde que llegaron, se pusieron a preparar la manera mejor de destruir. Reunían pequeñas sumas de dinero; alquilaban casas para hacer experimentos; rellenaban de fulmicoton trozos pequeños de cañería de gas: iban de noche con sus novias y mujeres por los lugares abandonados de la costa a ver cómo volaban con esta bomba cómoda los cascos de barco: imprimían libros en que se enseña la manera fácil de hacer en la casa propia los proyectiles de matar: se atraían con sus discursos ardientes la voluntad de los miembros más malignos, adoloridos y obtusos de los gremios de trabajadores: “pudrían,–dice el abogado,–como el vómito del buitre, todo aquello a que alcanzaba su sombra”.

Aconsejaban los bárbaros remedios imaginados en los países donde los que padecen no tienen palabra ni voto, aquí, donde el más infeliz tiene en la boca la palabra libre que denuncia la maldad, y en la mano el voto que hace la ley que ha de volcarla: al favor de su lengua extranjera, y de las leyes mismas que desatendían ciegamente, llegaron a tener masas de afiliados en las ciudades que emplean mucha gente alemana: en Nueva York, en Milwaukee, en Chicago.
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