jueves, mayo 29, 2025

Dimas Castellanos desde Cuba: La Enmienda Platt, de la imposición a la abrogación: una victoria sin armas. Pedro Pablo Arencibia: Enmienda Platt y República

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Ramón Grau San Martín  no podía de ninguna manera  abolir o dejar sin vigor  la Enmienda Platt  por dos  razones muy específicas y contundentes. Grau San Martín las sabía,  pero su  populismo de izquierda lo hizo decir esas palabras el 10 de septiembre de 1933 desde la terraza del Palacio Presidencial;  veamos esas razones, pero antes diré que el Presidente  Gerardo Machado y Morales  también deseaba la abrogación de la Enmienda Platt  y sus conversaciones con el Presidente  Calvin Coolidge y, en general, con el gobierno norteamericano (no olvidar que el gobierno de los Estados Unidos tiene tres ramas: la Ejecutiva, la Legislativa y la Judicial)  estaban muy bien encaminadas  hasta que se produjo esa gran crisis  económica mundial que en los Estados Unidos se conoce como la Gran Depresión pero  que en gran parte del mundo se conoce como  la Crisis Mundial de 1929,  ya que comenzó en octubre de 1929 con el desplome de la Bolsa de Valores de Nueva York y se prolongó durante la década de 1930, aunque algunos especialistas afirman  que con  la II GUerra Mundial fue que se salió de esa crisis.

Esas dos dos razones eran:

1) En los Estados Unidos  de América  los Tratados  sólo pueden ser  aprobados  o derogados con la aprobación de la rama Legislativa; es decir con el Congreso. La Enmienda Platt no sólo era un apéndice a la Constitución cubana de 1903 (la cual con una nueva Asamblea Constituyente y una  Constitución podía ser eliminada) la gran dificultad  era que la Enmienda Platt estaba incluida en  el tratado sobre las relaciones permaentes entre Cuba y los Estados Unidos de 1903. En otras palabras: ni el propio Presidente de los Estados Unidos por sí solo podía derogar dicho tratado y con ello a la Enmienda Platt.

2)  El tratado sobre las relaciones permaentes entre Cuba y los Estados Unidos de 1903 fue firmado por los gobiernos legítimos y democráticamente elegidos  de los Estados Unidos  y de la República de Cuba; el gobierno de Grau-Guiteras  no cumplía con esa condición; como tampoco la cumplió el posterior  gobierno provisional de Carlos Mendieta y Montefur, pero éste, en cambio:  utilizó la diplomacia efizcamente; disminuyó la inestabilidad social en el país y no afectó los intereses norteamericanos de manera significativa. El ¨gobierno¨ de  Grau-Guiteras  fue  fruto solamente de un muy pequeño grupo  que ni siquiera representaba a la Agrupación Revolucionaria de La Habana, que había cambiado  su nombre a Agrupación Revolucionaria de Cuba, la cual  le había dado el  Golpe de Estado al Presidente Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, la cual tampoco representaba  al pueblo cubano. El error   fundamental que se cometió varias veces durante  la República cubana,  fue  creer que una Revolución es generadora de derechos. 

El sectario  Directorio Estudiantil Universitario fue el que básicamente ¨eligió¨a Ramón Grau San Martín,  cuando realmente el ABC  fue la mayor fuerza opositora al gobierno de Gerardo Machado y Morales la cual rechazó  las propuestas de Machado de irse sin tener en cuenta la prórroga de poderes de la reforma constitucional de 1938 . En el artículo Vindicación del Presidente Gerardo Machado y Morales, del historiador Frank Escobar, se lee: 

¨El 26 de mayo de 1931 el Presidente Machado propuso un plan de reforma constitucional que establecería el cese de su mandato en 1933, pero no fue aceptado por los intransigentes del ABC que como Marat exigían la cabeza y se mantuvo el terrorismo como arma política. El 16 de enero de 1932 el presidente Gerardo Machado quiso llegar a un entendimiento con la oposición, pero de Nuevo el ABC preparó una campaña terrorista contra el gobierno...¨

 Sobre la ¨elección¨  de Grau San Martín,   según dos fuentes diferentes y no coincidentes, los abordo  en mi artículo  Primera Presidencia  de Cuba  del Dr. Ramón Grau San Martín  con un  gobierno  de 127 días inconstitucional, no democraticamente elegido por el pueblo,  que no aseguró  paz y estabilidad.

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Tomado de https://diariodecuba.com/

La Enmienda Platt, de la imposición a la abrogación: una victoria sin armas

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Un día como hoy, el 29 de mayo de 1934, la Enmienda Platt, fue abrogada sin derramamiento de sangre.

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Por Dimas Castellanos

La Habana

29 Mayo 2025 

La Enmienda Platt fue incorporada como apéndice a la Constitución cubana en julio de  1901 y abrogada 33 años después, en mayo de 1934. El hecho contiene una valiosa lección de la superioridad de la política sobre el empleo de la violencia para la solución de conflictos que la historiografía oficial cubana elude por razones ideológicas, obviando que ambos momentos (imposición y abrogación) son partes del mismo proceso.

La Enmienda fue una ley norteamericana sobre los créditos asignados al Ejército, presentada por el senador Orville H. Platt (en el contexto en que EEUU emergía como potencia mundial) que, aprobada por el Congreso el 1 de marzo de 1901, definió la relación entre Cuba y EEUU al término de la guerra con España.

Esa ley, impuesta como apéndice a la Constitución cubana, establecía en su articulado el derecho de EEUU a intervenir en Cuba, prohibía al Gobierno de la Isla concertar tratados con gobiernos extranjeros, y obligaba a ceder una porción de territorio nacional para ubicar estaciones navales. Si esas y otras exigencias no se aceptaban, la ocupación militar continuaría y Cuba no podía convertirse en república independiente.

En abril de 1898, antes de EEUU declarar la guerra a España, la Resolución Conjunta firmada por el presidente estadounidense William MacKinley aseguraba que "el pueblo de la Isla de Cuba es, y de derecho debe ser, libre e independiente". En agosto de ese mismo año, al resultar vencedor en la guerra, y una vez y firmada la paz en París, Cuba quedó ocupada durante tres años.

La imposición de la Enmienda Platt

En ese contexto, en julio de 1900, el Gobierno interventor convocó a elecciones para conformar la Convención Constituyente encargada de redactar la Constitución de la naciente República. En la inauguración de las sesiones, el gobernador estadounidense de la Isla, general Leonardo Wood, indicó a los delegados electos: "Será vuestro deber, en primer término, redactar y adoptar una constitución para Cuba y, una vez terminada esta, formular cuáles deben ser, a vuestro juicio, las relaciones entre Cuba y EEUU".

Redactada y aprobada la Carta Magna —avanzada para su época respecto a los derechos y libertades— se procedió a formular dichas relaciones. Juan Gualberto Gómez, uno de los delegados, en su ponencia planteó que la Enmienda "altera esencialmente el espíritu y la letra del acuerdo conjunto de abril de 1898 y del Tratado de París de agosto del mismo año, porque mediante ella y a pesar de invocar aquel acuerdo y eludir este tratado, se coloca a la Isla de Cuba bajo la jurisdicción y soberanía de EEUU".

La discusión generada se suspendió el 13 de abril de 1901 para elegir una comisión que viajó a Washington a exponer las opiniones de la Convención, contrarias al dictamen recibido. De regreso a Cuba sin resultados, el 5 de junio la Enmienda fue aprobada por 15 votos contra 14, pero con objeciones de principios que el presidente McKinley rechazó. Tres días después, el 8 de junio, la Convención recibió un informe, firmado por el secretario de Guerra, que decía: "siendo un estatuto acordado por el Poder Legislativo […], está obligado a ejecutarlo y ejecutarlo tal como es […]. No puede cambiarlo ni modificarlo, añadirle o quitarle". Agotadas todas las posibilidades, el 25 de julio los delegados acordaron, por 16 votos contra 11, adicionar la Enmienda Platt a la Constitución.

Los delegados tenían dos opciones: la guerra o la política. En cuanto a la primera, la Enmienda, parte de la Constitución norteamericana, tenía fuerza de ley, y se imponía en condiciones de ocupación militar.  Mientras los cubanos carecían de instrumentos e instituciones: el Partido Revolucionario Cubano disuelto, el Ejército Libertador desmovilizado, carentes de un gobierno propio, y agotados por 30 años de guerras, y sin el suficiente apoyo popular.

El 2 de marzo de 1901 una manifestación pública contra la Enmienda Platt en la que participaron unas 15.000 personas recorrió varias calles de la capital, llegó al Teatro Martí donde sesionaba la Asamblea Constituyente y continuó hasta el Palacio de Gobierno en la Plaza de Armas. Sin embargo, en abril, a la despedida de la Comisión que viajó a EEUU para exponer sus diferencias asistieron menos de 200 personas, mientras al recibimiento de la delegación, según según Márquez Sterling, apenas participaron unas decenas.

Los delegados pues, contaban solo con su compromiso, inteligencia y capacidad para luchar, y eso fue lo que hicieron hasta el último momento. Lo contrario hubiera sido un acto suicida ante la superioridad del ocupante.

La abrogación de la Enmienda Platt

En los 33 años que siguieron a la imposición nació la República, no la deseada pero la posible. Basados en los derechos y libertades de la Constitución, se desplegaron múltiples esfuerzos de gobiernos, asociaciones cívicas y políticos para lograr la abrogación de la Enmienda Platt.

Entre los políticos cito solo a tres de ellos:

Ramón Grau San Martín (1881-1969), al ser elegido como presidente del Gobierno de los Cien Días, el 10 de septiembre de 1933, anunció desde la terraza del Palacio Presidencial que la Enmienda Platt quedaba sin vigor.

Cosme de la Torriente (1872- 1956), quien dedicó 60 años de su vida a la política, siempre creyó en la fuerza de la ley y no en la ley de la fuerza; convicción que le permitió transitar desde la guerra hasta la negociación. En 1925 Cosme de la Torriente publicó el folleto Los derechos de Cuba sobre la Isla de Pinos y en marzo de ese mismo año, gracias a su accionar diplomático, logró que se aprobara el Tratado Hay-Quesada, mediante el cual Cuba recuperó la soberanía sobre Isla de Pinos. En 1934 Cosme redactó el proyecto inicial del Tratado de Relaciones entre Cuba y EEUU, y desde La Habana dirigió las negociaciones que condujeron a la negociación y abrogación de la Enmienda Platt.

Manuel Márquez Sterling (1872-1934), crítico literario,  

Restaba la negociación acerca de la Base Naval de Guantánamo.

El valor histórico de la abrogación de la Enmienda Platt radica en la demostrada superioridad de la política sobre la violencia y en haber resultado de un esfuerzo colectivo. Carlos Márquez Sterling, adelantándose a futuras controversias sobre cualquier protagonismo personal, acuñó la siguiente frase: "Nadie puede decir: 'Yo soy quien ha librado a Cuba del Tratado Permanente'".

ensayista, articulista y diplomático, quien en 1934 ocupó

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Tomado de http://www.vitral.org/vitral/vitral48/cent.htm


ENMIENDA PLATT Y REPÚBLICA

(Fragmento)

Por  Pedro Pablo Arencibia Cardoso
Publicado en el No. 48 de la revista Vitral
Diócesis de Pinar del Río, Cuba

Sabiduría vs imposición

La República nació con su independencia y soberanía limitadas en cuanto a principios se refiere; eso es un hecho innegable en nuestra historia. Los cubanos más preclaros se decidieron por la opción de aceptar por el momento la mencionada enmienda ante la alternativa de la ocupación indefinida de Cuba por las tropas norteamericanas y que la misma pudiera desencadenar una inútil guerra de guerrillas contra el Gobierno Interventor norteamericano que destruyera, más aun, al ya devastado país. El Mayor General Calixto García después de concluida la Guerra Hispano Cubana Norteamericana había dicho:

"Yo creo que los Estados Unidos no faltarán a su palabra empeñada; pero si así fuera siempre habría tiempo para morir, ya que no para vencer" ( Rodríguez, 44 y 45)

La sabia estrategia planteada desde los mismos inicios de la República por Don Juan Gualberto Gómez, y otros patriotas, y que está expuesta en las siguientes palabras, demostró ser la más adecuada para la joven república.

"Declaración solemne del propósito de que mientras ese tratado esté vigente, será escrupulosa y lealmente observado por el pueblo cubano y por su gobierno; sin perjuicio de que el Gobierno de la República de Cuba aproveche cualquier oportunidad favorable que pueda presentarse en el porvenir para influir cerca del Gobierno de los Estados Unidos, a fin de obtener por mutuo acuerdo, la modificación de aquellas cláusulas del Tratado en que el pueblo cubano encuentra limitada su independencia y mermada su soberanía." (Ibarra, 245)

Los contenidos más lesivos de la Enmienda Platt en contra de la plena soberanía cubana fueron abrogados en 1934.

Balance controversial de la Enmienda Platt

El balance de la Enmienda Platt es muy controversial. Considero que sus consecuencias deben analizarse desde al menos dos perspectivas o ángulos diferentes. Una primera perspectiva nos dice que la mencionada enmienda:

1)
 Propició el aumento significativo de las inversiones extranjeras en un país totalmente destruido necesitado de las mismas. La mencionada enmienda garantizaba, en cierto medida, el ambiente de paz necesario para el desarrollo de las inversiones en el país.

2) Contribuyó grandemente para que no sucedieran en Cuba, largas y sangrientas guerras fratricidas similares a la ocurrida durante y después de la independencia en muchas repúblicas hispanoamericanas y en Haití, o como la ocurrida en los propios Estados Unidos con la guerra de Secesión.

3) Limitó significativamente la posibilidad de una agresión extracontinental por parte de las potencias europeas como la efectuada por Alemania, con la ayuda de Inglaterra, a Venezuela en 1901 mediante los bombardeos a La Guaira, Maracaibo y Puerto Cabello, por ésta no pagar las deudas adquiridas con un poderoso consorcio alemán. Anteriormente, en 1897, la marina alemana ya había realizado demostraciones de fuerza en Haití.

Una segunda perspectiva de la Enmienda Platt nos dice que:

1) 
Limitó en cierta medida, en cuanto a principios se refiere, la soberanía de Cuba, otorgándole a la república desde un punto de vista formal, una independencia restringida.

2) Creó una mentalidad de Patronato en ciertos segmentos del pueblo cubano mediante la cual, se esperaba que los norteamericanos fueran los que resolvieran nuestros problemas políticos. En otros segmentos de la población cubana, creó o acentuó un sentimiento nacionalista antinorteamericano.

La enmienda Platt nos privó de gozar de una independencia y soberanía total, pero también nos evitó grandes desastres y sufrimientos.

CARICATURA MENTIROSA Y MANIPULADORA: 


Manuel Sanguily como Ministro de Estado (responsabilidad que corresponde a la de Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores en nuestros días) del gobierno de José Miguel Gómez, en su discurso en el teatro Polyteama, a poco más de una década de la imposición de la Enmienda Platt, expresó:

"Mantendrá el Gobierno las relaciones más cordiales en el orden diplomático y de los negocios, con las naciones amigas entre nosotros dignamente representadas, y sobre todo cultivará los grandes y vitales intereses que en franca y afectuosa correspondencia nos ligan a los Estados Unidos, no ya solo en consideración a las ventajas que deriva de ellos nuestra economía, sino por los incomparables servicios que el pueblo y el Gobierno americanos han prestado a la causa de la justicia, de la civilización y de nuestra nacional soberanía.

Y no os sorprenda esta sincera manifestación de quien siempre ha vivido inquieto y receloso en el temor de los grandes y los fuertes. Dos veces -una, por la ceguedad de nuestra vieja y orgullosa Metrópoli; otra por la ceguedad de enconos fratricidas-, vinieron aquí los americanos traídos por su fortuna o llamados por nuestras discordias, y siempre se retiraron de nuestro territorio, haciéndonos el doble beneficio de construir dos veces la república, y dejándonos en el corazón atribulado, desengaños y escarmientos; más en ambas ocasiones, motivos superiores de admiración y de gratitud por esa magnánima conducta que jamás en la historia habían observado los pueblos fuertes y triunfantes con los débiles, conturbados y decaídos" (
Ibarra, 312)

He escogido esas palabras de Manuel Sanguily en el teatro Polyteama, y no las de otro cualquier patriota o ciudadano, por la posición vertical que siempre mantuvo Sanguily en su quehacer político:

Sanguily se opuso en un primer momento, como ya expresamos, a la imposición de la Enmienda Platt. Posteriormente, y ya en la República como miembro del Senado cubano, se opuso a la venta de tierras cubanas a capital norteamericano. En ese cargo de Secretario de Estado del Gobierno de José Miguel Gómez, se opuso de palabra y de hecho a la injerencia norteamericana en Méjico cuando el derrocamiento del presidente Francisco I. Madero y su sustitución por Victoriano Huerta, actitud que suscitó desavenencias con el gobierno norteamericano. Sanguily fue en su momento, él más fuerte y decidido opositor en el Senado cubano a la aprobación en 1903 del Tratado de Reciprocidad Comercial con los Estados Unidos (TRC). La verticalidad de Sanguily llegó hasta el punto de acusar públicamente de corrupto al gobierno de José Miguel Gómez (1909-1913), pese a pertenecer a su gabinete como Secretario de Estado.

El fundamento de la preocupación norteamericana por nuestra estabilidad republicana iba desde los más excelsos y enaltecedores sentimientos humanos de solidaridad, hasta la más fría y calculada preocupación por sus inversiones económicas y su seguridad nacional. En ese amplio espectro, es donde debemos situar los móviles que tuvieron las numerosas personalidades norteamericanas que intervinieron en la confección, aprobación y aplicación de la Enmienda Platt.

Un caso concreto de la aplicación de la Enmienda Platt

Por otra parte, debemos admitir que en general, en el caso cubano, los gobiernos norteamericanos no se inclinaron en hacer un uso indiscriminado o exagerado de la prerrogativa que les daba la Enmienda Platt. El proceder del presidente Teodoro Roosevelt durante "la guerrita de agosto" de 1906 así lo atestigua, pues tanto el presidente Estrada Palma como los alzados contra él, pidieron la intervención norteamericana y fue el presidente Roosevelt el que trató de que la misma no se produjera. La carta de Roosevelt al embajador cubano Gonzalo de Quesada del 14 de septiembre de 1906 y su telegrama a Estrada Palma del 25 de septiembre de ese mismo año así lo muestran. Algunos fragmentos de la mencionada carta son:

" Solemnemente conjuro a todos los patriotas cubanos a unirse estrechamente para que olviden sus diferencias, todas sus ambiciones personales, y recuerden que el único medio de conservar la independencia de su república es evitar, a todo trance, que surja la necesidad de una intervención exterior para salvarla de la anarquía y de la guerra civil.
Espero ardientemente que estas palabras de apelación, pronunciadas en nombre del pueblo americano, por el amigo más firme de Cuba y el mejor intencionado hacia ella que pueda existir en el Mundo, serán interpretadas rectamente, meditadas seriamente y que se procederá de acuerdo con ellas, en la seguridad de que, si así se hiciere, la independencia permanente de Cuba y su éxito como República se asegurarán.
" (Pichardo, 283)
En el telegrama de Roosevelt a Estrada Palma del 25 de septiembre, éste le escribe en un tono invocatorio y suplicante:
" Bajo su gobierno y durante cuatro años, ha sido Cuba República independiente. Yo le conjuro, en bien de su propia fama de justo, a que no se conduzca de tal suerte que la responsabilidad por la muerte de la República, si tal cosa sucediere, pueda ser arrojada sobre su nombre. Le suplico proceda de manera tal, que aparezca que Ud. por lo menos, se ha sacrificado por su país y que lo deja aún libre cuando abandone su cargo." (Pichardo, 285)


Estrada Palma permaneció intransigente y convocó al Congreso para renunciar pese a que los sublevados no pedían su renuncia. Se creó una comisión para convencerlo que retirara la renuncia pero el resultado fue negativo. No pudieron obtener arreglo alguno con Estrada Palma, el cual, para colmo, le pidió al Vicepresidente que también renunciara, dejando así acéfala a la república.

El país quedó sin presidente y con una sublevación en sus entrañas que deseaba también la intervención extranjera. La intervención se produjo y como la anterior intervención militar, no hubo oposición armada a la misma.
El Subsecretario de Estado Bacon, según el historiador Howard Hill, citado por Ibarra, le dijo contrito a Taft:
" Me avergonzaré de mirar a mister Root a la cara. Esta intervención es contraria a su política y a todo lo que él ha estado predicando en América del Sur" (Ibarra, 294)

Elihu Root, el padre de la Enmienda Platt, era en ese momento Secretario de Estado.

Según algunos historiadores cubanos de nuestros días, la renuencia del gobierno norteamericano a intervenir se debió a que podía afectarse la imagen del nuevo modelo neocolonial que se estaba experimentando en Cuba y que deseaba llevar a otros países latinoamericanos. Considero que esa explicación no es compatible con la imagen del gobierno cuyo presidente públicamente dio a conocer la política del Gran Garrote y de las Cañoneras. Esta ocasión no fue la única en la que el gobierno de los E.U. invocó la Enmienda Platt para intervenir en Cuba, pero sí fue la única en la que la intervención verdaderamente se llevó a cabo; las otras invocaciones (algunas veces precedidas de intentos por reconciliar a las partes cubanas beligerantes) se limitaron a amagos de intervención y a algún que otro desembarco en determinadas regiones lejanas del país, cercanas a la Base de Guantánamo o dentro de ella y en Santiago de Cuba, las cuales ayudaron a que se apaciguaran los ánimos de los cubanos que contendían entre sí. El artículo tercero de la Enmienda Platt se aplicó, o estuvo a punto de aplicarse, solamente en momentos en los que se habían producido enfrentamientos armados en el país y el gobierno democráticamente elegido había perdido o estaba perdiendo ostensiblemente el control del país. Esta situación se puede ilustrar también con el siguiente fragmento de la nota del Secretario de Estado norteamericano P.S. Knox, el 16 de enero de 1912, al Presidente José Miguel Gómez: "evitaran una situación peligrosa que pudiera obligar al Gobierno de los Estados Unidos, contra sus propios deseos, a considerar las medidas que debe tomar en función de sus obligaciones con respecto a las relaciones con Cuba"(Alzugaray, 29).

El artículo tercero de la Enmienda Platt nunca se aplicó cuando los objetivos políticos, sociales, obreros y de la mujer se buscaban pacíficamente. La anterior república cubana, pese a los defectos, deficiencias y males que tuvo, ocupó comparativamente una posición privilegiada en América Latina en cuanto a las conquistas políticas, sociales, laborales y de la mujer que en ella se alcanzaron.

No conozco que en esas intervenciones o amagos se haya producido algún enfrentamiento armado entre las fuerzas norteamericanas y alguna fuerza cubana.

Un hecho polémico no sujeto a esquemas

La intervención norteamericana en los asuntos cubanos en las postrimerías del antepasado siglo XIX y en los inicios del pasado siglo XX ha sido un hecho histórico muy polémico de nuestra historia. Para que se tenga una idea de lo controvertida que ha sido la apreciación cubana sobre la intervención norteamericana después de finalizada la guerra de independencia contra España diré, que en contra de todo esquema simplista, podemos encontrar desde burgueses cubanos admiradores de los E.U. opinar duramente en contra de ella, hasta a un destacado político de izquierda defender, en cierta medida y en la década del 40, la presencia norteamericana en los primeros años de independencia de España, pues esta aceleraba el desarrollo del capitalismo en Cuba y con ello, según la filosofía marxista clásica, la instauración del socialismo en Cuba.

La Enmienda Platt no fue abrogada en 1934 por poseer la república cubana en esa fecha, un gobierno fuerte que respondiera a los intereses del gobierno norteamericano, pues todos sabemos lo convulsa que fue en nuestro país la década del 30 del pasado siglo XX; tampoco se abrogó por ser una demanda del sentimiento nacionalista antinorteamericano que había en determinados estratos de la población cubana de los años veinte y treinta (también existían sentimientos antiespañol, antijudio, antihaitiano, antijamaicano, etc), sentimiento que después de 1940 y hasta 1959 disminuyó grandemente (Domínguez, 244). Fueron varios los factores que motivaron esa decisión entre los que, por supuesto, también se encontraban esa corriente y ese sentimiento nacionalista, pero no se pueden obviar tampoco: el trabajo paciente, tenaz y sabio de nuestros diplomáticos, las relaciones de amistad entre Cuba y Estados Unidos, la política del Buen Vecino de Franklyn D. Roosevelt, y finalmente, la percepción norteamericana de los cambios que se habían producido en las relaciones internacionales de las otras potencias con los países de nuestro continente.

Por último, deseo observar que el nuevo tratado sobre las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos que se firmó en esos años, nunca tuvo en su haber, un período norteamericano de ocupación de nuestro país pese a la inestabilidad política y de oposición armada que presentaron algunos gobiernos cubanos antes del primero de enero de 1959.
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 Fue durante el gobierno del Presidente provisional Carlos Mendieta y Montefur, y no durante el de  Grau -Guiteras, que fue abrogada la Enmienda Platt. Carlos Mendieta y Montefur  fue un Coronel del Ejército Libertador del que  Orestes Ferrara escribió:

 ¨... A Carlos Mendieta lo califica de ¨mula dócil del campamento de Columbia¨,  sin recordar que Mendieta  esgrimió, yendo a la cabeza en los asaltos, el machete más sangriento  de la guerra de la Independencia, y que era considerado como el joven más valiente en los campos de la batalla de Cuba.  Yo lo recuerdo  en la ¨crisis¨ del combate cuando sonriente nos mostraba su sombrero perforado   por las balas...¨ .¨ (Ferrara, 2009, pp. 419-420)
Ferrara, O. (2009).Una mirada sobre tres siglos. Memorias. Miami: Ediciones Universal.

Por cierto: Carlos Mendieta y Montefur conspiró y luchó contra el Presidente Gerardo Machado y Morales. ¿A una persona con ese valor personal se le puede de manera justa  adjudicar el calificativo  de marioneta  de Fulgencio Batista?






El Embajador Manuel Márquez Sterling  firmando el nuevo tratado (arriba) que abrogaba la Enmienda Platt; detrás el Secretario de Estado Cordell Hull.

Más en mi libro:

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Sobre Isla de Pinos y el Tratado Hay-Quesada


Por Pedro Pablo Arencibia 

 24 de diciembre, 2023


En 1903, bajo la Presidencia de Don Tomás Estrada Palma,  Gonzalo de Quesada y Aróstegui, embajador de Cuba en Washington, logró convencer al gobierno estadounidense que Isla de Pinos  había sido parte del territorio cubano desde 1511; sin embargo, el Tratado Hay-Quesada no fue ratificado por el senado de Estados Unidos hasta el 13 de marzo de 1925. 

(Gonzalo de Quesada y Aróstegui)

En Estados Unidos un Tratado debe ser aprobado o derogado por el Congreso de los Estados Unidos, el cual  está constituido por dos Cámaras: La Cámara Baja o Casa de Representantes (House of Representatives)  y la Cámara Alta o Senado (Senate). Hago la observación que Gonzalo de Quesada y Aróstegui ya había fallecido el  9 de enero de 1915.

A continuación un fragmento, conformado por 4 párrafos,  tomado del artículo La Enmienda Platt ante la historia de Cuba: confrontando al antimperialismo doctrinario, de la autoría  del historiador Vicente Morín Aguado,

Era el año 1903 y al siguiente, 1904, los plenipotenciarios John Hay por la parte gringa y Gonzalo de Quesada por la criolla, formalizaron lo antes acordado en el llamado Tratado Hay-Quesada sobre Isla de Pinos. Inmediatamente el senado cubano lo ratificó, el del vecino norteño tardó hasta 1925 en hacerlo, dando vientos a la creciente bandera antimperialista dentro del archipiélago caribeño.

El limbo legal creado por la demora estadounidense en ratificar lo que era un hecho y un derecho, alimentó la inmigración de colonos norteamericanos, ante la creencia, fomentada por inescrupulosos especuladores de tierras (real states), de que la ínsula sureña era o muy pronto sería territorio norteamericano.

(Elihu Root, verdadero padre de la Enmienda Platt, fue por breve tiempo gobernador de Matanzas cuando el primer gobierno de ocupación y recibió  en 1912 el  Premio Nobel de la Paz  por su labor respecto a las relaciones de EE.UU. con los países latinoamericanos)

En 1905, un centenar de colonos yanquis se reunieron en Nueva Gerona, capital pinera, solicitando a la Casa Blanca la intervención a su favor. La respuesta de Elihu Root los dejó sin aliento. Copio fragmentos de la carta enviada al presidente de la asociación de colonos por quien era entonces Secretario de Guerra y Estado:

“La Isla de Pinos se halla legalmente sujeta a la jurisdicción y Gobierno de la República de Cuba, y usted y sus asociados están obligados a obedecer las leyes del país en tanto permanezcan en la Isla. El Tratado que se halla actualmente pendiente ante el Senado, si se aprueba por ese Cuerpo, renunciará a todo derecho de parte de los Estados Unidos a la Isla de Pinos. El Tratado únicamente concede a Cuba lo que es suyo, de acuerdo con el derecho internacional y la justicia”. (Elihu Root, 27 de noviembre de 1905)

En el siglo XIX y principios del siglo XX habían más norteamericanos en Isla de Pinos que cubanos y españoles.  Muchos de los norteamericanos residentes no querían que esa isla perteneciera a la naciente República de Cuba e  hicieron un movimiento con el objetivo de que Isla de Pinos fuera anexada a los EE.UU... El entonces embajador o Ministro de Estado de EE.UU. en Cuba de nombre Herbert G. Squiers  estuvo en conversaciones con miembros de ese movimiento y fue expulsado por el Presidente Don Tomás Estrada Palma porque dicho embajador llegó a hacer  declaraciones  a favor de los anexionistas.  Esa  ha sido la ÚNICA vez que un embajador de EE.UU. ha sido expulsado de la República de Cuba, incluyendo el período de la tiranía Castrista. Ese hecho está narrado en el libro de la historiadora  Hortensia Pichardo titulado Documentos para la Historia de Cuba, Tomo II, página 257. Noten como ese hecho va en contra de la propaganda de que Estrada Palma era un anexionista; las razones por las que Estrada Palma pide la intervención norteamericana en 1906 están en su carta a su amigo Teodoro Pérez Tamayo del 10 de octubre de 1906 (página 286 del libro citado). Hago notar que también los que estaban levantados en armas pidiendo la renuncia de Estrada Palma TAMBIÉN pedían la intervención norteamericana.

Por cierto: 

La experiencia latinoamericana en lo relativo a las luchas intestinas y fratricidas que siguieron a la liberación del yugo español de ciertas naciones de América del Sur y la desconcertante experiencia de ver que varios de sus libertadores se convirtieron posteriormente en dictadores de sus pueblos, dejaron en Martí una impronta tal, que él prefería que Cuba siguiera siendo colonia española, antes de que cayera en manos de caudillos:

¨Y no quiero a mi patria ¡no! víctima de capataces. La prefiero esclava de los demás a verla esclava de sus hijos.¨ ( citada por Pichardo) *

* Esa cita fue tomada del libro José Martí. Lecturas para niños de la notable historiadora cubana, fallecida en Cuba, Hortesia Pichardo del capítulo Mi Patria y  de  la página 189 de la edición publicada en Cuba en 1990 por el Combinado Poligráfico de Guantánamo. 

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lunes, junio 03, 2024

Dagoberto Valdés Hernández desde Cuba: 30 AÑOS HACIENDO REVISTAS

 Tomado de https://centroconvivencia.org

30 AÑOS HACIENDO REVISTAS


Por Dagoberto Valdés Hernández *

3 de junio, 2024

El primer número de la revista Vitral salió a las calles de Pinar del Río el 3 de junio de 1994. Hoy se cumplen 30 años. Había sido pensada, acunada, y diseñada sobre papeles de reciclaje, en la sala de mi casa en la calle de Sol 50-G por un grupo de laicos que, con mucha ilusión, la presentamos a la consideración del Obispo Siro en el Obispado un atardecer del mes de mayo de 1994. Incluía mucho riesgo, provocaba miedo, incertidumbre, sacrificio, pero también pasión, afán, reto. Encendía el fervor interior que provoca ser apóstoles de la verdad. Desde aquel llamado “período especial” en los años 90 hasta esta etapa terminal que vivimos hoy, Dios ha estado con nosotros. No tengo la menor duda. Todos aquellos sentimientos, negativos y positivos, se han incrementado hoy. Crear y mantener un proyecto editorial independiente en Cuba durante tres largas y agónicas décadas no es tarea fácil.

Debemos dar gracias a Dios y también a muchas personas que, desde el principio hasta hoy, han colaborado fiel y sacrificadamente en este proyecto único en su fin y diverso en sus formas: escritores, artistas, editores, diseñadores, correctores, mecanógrafos, distribuidores en las parroquias, pueblos y universidades, mensajeros en bicicletas, operadores de las fotocopiadoras, empaginadores a mano, revisores hoja por hoja, presilladores, los que pegaban el lomo, los que hacían los paquetes, las secretarias de redacción, las secretarias de la Conferencia de Obispos, de los obispados de toda Cuba, de las parroquias desde Mantua en Pinar hasta Baracoa en Guantánamo. Gracias a los suscriptores en toda Cuba, que contribuían, si podían, con 12 pesos cubanos al año, dos por cada revista bimestral, gracias a su apoyo llegamos a imprimir 12 mil ejemplares de 60 páginas cada dos meses, sin fallar ni una sola vez.

(Cumpleaños de Estela  donde se ven a algunos de los fundadores y fundadoras: María del Garmen Gort, Dagoberto Valdés, Pedro Pablo Mejías, Roberto, Minet Valle y al fondo Elsa; la monja de la foto no se me parece a Sor Ligia, que era la monja más activa en la revista Vitral, que escribía, si mal no recuerdo, en la Sección Justicia y Paz; a Sor Ligia, que era colombiana,  por su activismo  en la revista y en la comunidad de El Cangre, donde llevaba a cabo la doctrina social de la Iglesia, el régimen cubano no le renovó la visa y tuvo que irse de Cuba, de la cual partió llorando; muy pocos años después falleció. Las fotos y comentarios fueron añadidos al cuerpo del artículo por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Es indispensable agradecer, para siempre, el patrocinio, el entusiasmo, la protección, el ánimo y la total confianza que depositó siempre en su director, en el consejo de redacción y en su digno asesor el entonces Padre Manolo de Céspedes, quien fuera el padre y pastor incansable, valiente y entregado, de la Diócesis de Pinar del Río y de su revista Vitral, el venerable VI obispo de Pinar del Río, Monseñor José Siro González Bacallao, a quien Dios tiene en la gloria, y que ojalá la Iglesia comience rápidamente su proceso de canonización para oficializar lo que es: un santo.

Hicimos una encuesta en Vitral y arrojó que cada revista era compartida, prestada o regalada a un promedio de 5 personas que no estaban suscritas. Todavía hoy hay colecciones completas de los primeros 78 números de Vitral, algunas de ellas encuadernadas en piel, como una que vi, personalmente, en Ciudad de México, preservada amorosamente en la vitrina de una biblioteca privada. Otras humildemente cuidadas en el viejo escaparate de una abuela que las relee y se las enseña a sus nietos como una reliquia. Cada vez, esas colecciones, tendrán más valor testimonial.

(Dagoberto Valdés con el Papa Juan Pablo II; hoy San Juan Pablo II, en diferentes momentos; en una de las fotos  le entrega al Papa  un número de la revista Vitral))

Estuvimos durante 13 años puntualmente, sin fallar una, cada dos meses, siendo fieles a este servicio. Damos gracias a Dios y a todos los que trabajaron, arriesgaron y sacrificaron. Yo ofrezco aquellos 10 años y un mes en que fui castigado a trabajar en un tractor con una carreta recogiendo yaguas. Soy y seré siempre yagüero, fueron los mejores 10 años de mi vida, gran parte de ellos, con un pie en las yaguas y otro pie en los salones de Justicia y Paz del Vaticano, gracias a Dios y a Vitral.

(Foto del  año 2004 en el aniversario 10 de la revista Vitral: Dagoberto Valdés junto al autor del primer libro sobre Polo Montañez, el cual fue publicado por Ediciones Vitral, y presentado  en  una actividad en la Casa Nuestra Señora del Loreto; anteriormente el autor  había ido  a una entidad oficialista para buscar la posibilidad de la publicación del libro, la cual le negaron..  Para la presentación, donde se develó una estatua del cantautor hecha con Papel Marché,  fueron invitados algunos  familiares de Polo Montañez, los cuales  estuvieron de acuerdo en ir, pero esa noche no asistieron pese a que la transportación de ellos estaba garantizada ... )

Damos gracias también por Ediciones Vitral en la que publicamos más de 40 libros y monográficos, fruto del Concurso Literario anual. Entre ellos publicamos un libro histórico dado por extraviado, “Instituciones de Filosofía Ecléctica Editadas para el Uso de la Juventud Estudiosa. Tomo II. Metafísica”, del Padre Félix Varela. Obra escrita y publicada, por primera vez, en 1812 en la Tipografía Antonio Gil de La Habana, que se dio por perdida durante casi un siglo y cuyo original, en latín, fue encontrado, por el Dr. Amauri B. Carbón Sierra, encuadernado junto con el Tomo I, en la Biblioteca de la Universidad de La Habana. Ediciones Vitral fue la única editorial de Cuba que aceptó la reedición del hallazgo de esta obra de Varela y lo hizo en su colección Huellas en 2006 con una cuidada edición bilingüe (latín y español) y facsimilar. Una joya de Ediciones Vitral que marca la cumbre de su servicio editorial que incluyó la revista infantil Meñique, la revista literaria DeLiras y varios boletines especializados en economía, educación e informática. Todo lo publicado en papel, revistas y libros, también estuvo recopilado y publicado en un sitio web www.vitral.org que ha desaparecido de la red con todo esa riqueza creadora.

(Foto del 2004: Uno de los colaboradores de la revista Vitral  va por el Obispado de Pinar del Río a despedirse del equipo de Vitral antes de partir para el Exilio) 

Sin embargo, el día del equinoccio de primavera, 21 de marzo de 2007, la nueva autoridad eclesiástica de la diócesis de Pinar del Río, a la que pertenecían el centro de formación y la revista sociocultural, decidió intervenir la revista Vitral con el propósito de cambiar su perfil editorial, junto con la extinción del Centro de Formación Cívica y Religiosa, fundado desde el 29 de enero de 1993. El último número de esa etapa fue Vitral 78, marzo-abril 2007, año XIII. El equipo de laicos que fundó y dirigió Vitral decidió no marcharse de la Iglesia, ni de Cuba, y darse un año sabático para discernir qué hacer para ser fieles a su compromiso cristiano en Cuba.

Seis meses después nacía el proyecto Convivencia, el 15 de octubre de 2007 en la significativa fiesta de Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, mística y poetisa del Siglo de Oro español. Ese día dimos continuidad a la formación cívica cada martes en la sala de la casa de la familia Toledo López. Cuatro meses después, el 15 de febrero de 2008 era publicada, en un nuevo sitio web, la revista Convivencia: www.centroconvivencia.org. Aquí podrán encontrarse tanto la colección completa de Convivencia, como los números del 1 al 78 de Vitral que, por cierto, en otra decisión incomprensible, fueron borrados como se puede comprobar en su actual sitio web, pero recuperados en HTML en el sitio web de Convivencia.

(En la foto Monseñor José Siro González Bacallao y a su lado Dagoberto Valdés; delante y agachado Ernesto Ortiz quien  tuvo un gran desempeño en la labor de edición de la revista  hasta que partió para España; dada la calidad de la foto no distingo si la persona que está a su lado es Yenia, quien se ocupó durante mucho tiempo  del diseño de la revista)

De esta forma, el Centro de Estudios Convivencia y su revista sociocultural Convivencia son herencia y continuidad del Centro de Formación Cívica y Religiosa y su revista Vitral. Hoy arribamos a los 30 años continuos de este servicio a la verdad y a “la libertad de la luz”. Convivencia superó con creces los números de aquella Vitral, ya estamos preparando el número 100 para julio-agosto de 2024, pero hemos mantenido fielmente: el perfil editorial, el lenguaje, la inspiración cristiana, el respeto a la persona y al bien común, y su transparencia audaz y serena. Comparto la felicidad del deber cumplido, durante 30 años, con todos los colaboradores y patrocinadores que hoy están aquí, allá, o en el Cielo.

Desde aquel 3 de junio de 1994, ambas publicaciones forman un único proyecto, un mismo propósito, tienen una misma mística y pretenden un mismo fin: servir al pueblo cubano con la verdad. Aunque las modalidades y las circunstancias hayan cambiado. Ahora somos independientes del Estado y de las estructuras pastorales de la Iglesia. Y, como siempre, también ahora lo hacemos desde la fe cristiana, siendo miembros fieles de la Iglesia católica, y permaneciendo en la Isla, aunque siempre, antes y ahora, abiertos y en colaboración y convivencia con el pulmón de la Diáspora, hasta donde debe llegar también la gratitud por su apoyo y colaboraciones literarias y artísticas.

Al cumplir 30 años de este compromiso quiero, en el plano personal, dar gracias a Dios por la inspiración, la fuerza interior y la perseverancia, que solo vienen de Él. Y también quiero dar gracias a la comunidad eclesial, gracias a nuestros hermanos, que siempre han apoyado durante estas tres décadas y que forman, como este servidor, parte del laicado comprometido de la Iglesia.

Y debo, quiero y deseo, dar gracias también a esa parte de la Iglesia que, aunque con decisiones escritas en renglones a veces incomprensibles, me ha ayudado a ensanchar los horizontes de mi compromiso cristiano más allá del servicio intraeclesial en el que estuve imbuido desde mi niñez, cuando correteaba en las galerías del Obispado y era monaguillo en la Catedral, pasando por múltiples compromisos eclesiales, hasta el 21 de marzo de 2007, providencialmente el inicio de la primavera, signo de vida nueva. Fui casi toda mi vida, gracias a Dios, un hombre del mundo entregado al trabajo en el corazón de la Iglesia, desde la base hasta su cúpula. Ahora, gracias a aquella inescrutable decisión y, sobre todo, gracias a los insondables designios de Dios, he logrado ser un hombre de Iglesia en el corazón del mundo, de Cuba, de sus dos pulmones, a la intemperie, sin paraguas humanos, pero en las Manos de Dios, cobijado en el corazón de Cristo y acurrucado en el regazo de su Madre que en Cuba se llama Virgen María de la Caridad.

Por todo ello, por ambas etapas, por toda mi vida, y aún por lo que vendrá y desconozco, doy gracias a Dios y me entrego totalmente a Él en la construcción de Su Reino aquí y ahora. Todo lo que he podido hacer y haré, ha sido, es y será con ese fin, desde la fe y la esperanza. Estoy convencido, y confío sin reservas, que, como dijo otro santo obispo cubano, Monseñor Adolfo Rodríguez Herrera: “mañana, antes que salga el sol, habrá salido, sobre Cuba y sobre el mundo entero la Providencia de Dios”.

Gracias Señor, por estos 30 años haciendo revistas y ofreciendo educación ética y cívica.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

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* Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Promoción 1980  o Grupo de Graduación de Dagoberto Valdés Hernández  como Ingeniero Agrónomo

Ingeniero agrónomo. Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.

Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.

Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.

Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2007.

Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.

Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.

Reside en Pinar del Río.

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 VIII Aniversario revista Vitral. Palabras del Obispo José Siro González Bacallao


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Año 2000: VI Aniversario revista Vitral. Opiniones  de Pedro Pablo Arencibia  y de Humberto Bomnín

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2003: IX Aniversario revista Vitral. Dagoberto Valdés y José Prats Sariol



2003: IX Aniversario de la revista Vitral. Palabras de Pedro Pablo Arencibia en el año de ola represiva conocida como la Primavera Negra de Cuba

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Este texto fue publicado en la revista Vitral No. 61. Los textos en itálicas corresponden a los títulos de los editoriales de la revista Vitral; los números que están entre paréntesis  corresponden al número de la revista.


Vitral, diez años después

Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso
 

Las siguientes palabras de reconocimiento y admiración hacia nuestra querida Vitral fueron escritas sobre la base de los sesenta títulos de los editoriales que Vitral ha publicado en estos diez años de arduo y perseverante trabajo; trabajo con imperfecciones, como toda obra humana, pero lleno de esperanzas y amor.


Vitral, la revista del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río, es un ejemplo de publicación socio-cultural que vincula armónicamente Cultura y religión(44) y ha sido en sus DIEZ años de existencia un Espacio y proyecto (7) fundamentado en La fuerza de lo pequeño (8) que Buscando la verdad en carne viva(6) nos ha traído a muchos La Libertad de la Luz (1), pues nos ha enseñado que con el No a la violencia(3) y con Moderación y diálogo(13) podemos pasar De la Confrontación al consenso(43) y de ahí, a la Convivencia y tolerancia (9) para así llegar, sin recelos ni ánimos de revanchas disfrazadas de justicia, a Una gran alegría para todo el pueblo(22), a esa otra y constante Navidad: fiesta de utopías(4) , fiesta del pueblo (28) y Celebración pública(16) en la que nos sentiremos nuevamente hermanos en el Amor, que es sentirnos hermanos en Cristo, en esa (al decir de nuestro Apóstol) fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas que será nuestra Patria. Vitral, en todos estos años de su existir, siempre ha sido fiel a la doctrina de Paz de la Iglesia; Vitral siempre nos ha invitado, nos invita y estoy seguro que nos seguirá invitando, a que No cerremos la puerta a la esperanza(5) y a Celebrar entre todos la convivencia pacífica(52) .


Vitral durante estos DIEZ años (¡nada fáciles!) nos ha enseñado: que debemos Vivir en la verdad(18), que No sólo de pan vive el hombre(10), que Sin trabajo no hay país (12) y que tenemos El derecho a un nivel de vida digno (47) y a usar y disfrutar de El Transporte(51) sin una agónica espera ; que hay que tener en cuenta El agua y la luz (15) y que le debemos decir No a la cultura del individualismo (11) y No a la pena de muerte (45) y sí a La cultura de la vida (30), considerando la Cultura: ¿ajiaco o caldosa(14)? Confianza y espacio para crear (37) y a La Educación, el derecho de elegir cómo ser (24).


Vitral nos ha ilustrado, durante esta década de su existir, de que debemos vivir Atentos a los signos de los tiempos (19), pues Todo pasa (50) pero sin perder de vista que si bien La causa de Dios es la causa del Hombre (21), debemos Ser protagonistas de nuestra propia Historia (29) haciendo uso de la Responsabilidad para que no se apague la esperanza(26) y para que no prevalezcan El desorden social(48), La corrupción(59) y La violencia cotidiana(60); Vitral ha sembrado en nosotros la seguridad de que en algún momento de nuestra historia patria Las puertas se abrirán (40) Hacia la Reconciliación Nacional(32) dando paso a La libertad de conciencia(42) , La libertad de expresión(25) , La magnanimidad(38) y a La solución pacífica de los conflictos(41) , dejando atrás al Inmovilismo, callejón sin salida(31), y llevando a las Relaciones Iglesia y Estado(20) a como deben ser: normales y fluidas, pues ambas instituciones tienen al hombre como objeto y sujeto de su actuar.

(Portada  de la revista Vitral No. 61)

Aquellos que: Creemos en un solo Dios(39), en La Virgen de la Caridad y la Patria(27) ; los que consideramos como una bendición de Dios La visita del Papa a Cuba(17) y que Cuba después de la visita(23) no fue la misma; los que creemos que aún estando en medio de esta realidad debemos en Cuba: vivir en tránsito(36), estamos totalmente convencidos que el Abrir las puertas a la redención(34) personal nos traerá (en estos tiempos tan cercanos al Centenario de la República de Cuba(49) ) La libertad(57) para todos (y no para algunos o para la mayoría) así como nuevos y grandes Desafíos y esperanzas(35) pues Las Escrituras ya lo han dicho: «y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8, 32). Vitral, por medio de sus editoriales y otras secciones, nos ha presentado magistralmente esa única Verdad inculturada en nuestro contexto social actual e histórico.


Vitral ha esclarecido posiciones y conceptos cuando ha habido Una confusión lamentable(54) o cuando se ha tenido que abordar el tema de Cuba y las relaciones internacionales(33) en ocasión de una importante reunión internacional en el país; también Vitral, ante la ignorancia, la duda o la incertidumbre, ha respondido con claridad meridiana las preguntas: Navidad en Cuba ¿Apertura o aislamiento?(46) y ¿Hacia dónde va la Iglesia en Pinar del Río?(53). De igual modo, Vitral en estos dos lustros nos ha llamado y alertado a meditar seriamente sobre nuestro existir al preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo con nuestra vida?(58) para que no desaprovechemos este preciado don de Dios. Por último, Vitral, con lenguaje claro y sencillo, sin utilizar recursos del, tan de moda, lenguaje apocalíptico, ha trasmitido una advertencia llena de proverbial sabiduría: Quien cierra el paso al cambio en paz, abre la puerta a la violencia(55).


Para que todo no sean lisonjas y complacencias hacia la admirada homenajeada, retomo las palabras del editorial del segundo aniversario: «Nadie presta mayor servicio a Vitral que quienes más la critican» y señaló que en sus editoriales Irse del país, solución o problema(2) y La emigración(56) así como en otros artículos en los que se ha abordado esencialmente el tema migratorio, se ha obviado, muy probablemente por mesura y no por desconocimiento, el ideario y las posiciones que asumió el mayor de todos los cubanos ante ese hecho y dilema; se ha obviado a aquel que con mucho más que un poco de luz en la frente expresó: «prefiero ser extranjero en otras patrias a serlo en la mía». La esencia y presencia de ese legado martiano en dichos editoriales no sólo nos habrian ayudado a esclarecer algunas causas sino también a comprender que hay personas que aunque se van del país no lo abandonan, ni huyen, ni escapan del mismo. También en esos editoriales se han obviado la constitución apostólica Exsul Familia y el mensaje de navidad de 1952, ambos del Papa Pío XII, así como la encíclica Pacem in Terris, específicamente su párrafo 25, del Papa Juan XXIII, documentos en los cuales la Iglesia reconoce el derecho a emigrar del país aún cuando esa emigración sea producida por causas económicas, que no es el caso cubano, por no cumplir la emigración cubana con las características generales que la literatura científica especializada, la biodemográfica, le asigna a dicho tipo de migraciones. Hasta aquí mi servicio a la trascendente Vitral, revista de temas cubanos que hoy solamente cede, a mi modesto entender, ante la singular Encuentro*, aunque reconozco que los objetivos y lectores a los que ambas están dirigidas no son los mismos.


Finalmente para concluir quiero expresar: ¡ Gracias y Felicidades Vitral! por cumplir tu promesa fundacional de ser «palabra y cauce, resonancia y espejo…a cuantos tengan sed de comunicación, reflexión y diálogos, sin distingos de colores ni empobrecedores filtros para la luz» ** ; ¡ Gracias y Felicidades Vitral!, por haber sido la Puerta de Luz que me dio fuerzas para recorrer durante estos siete años y medio, el oscuro túnel de la muerte incruenta. Muerte civil que me privó de ganar el sustento familiar y grados científicos y de darle a mi pueblo, los mejores y más maduros frutos de mi vida profesional y académica. Vitral, tú has sido la Puerta; ¿ la Luz ? : ¡Tú, mi Señor !.


¡MUCHAS GRACIAS!

Pedro Pablo Arencibia Cardoso

Nota: 

* Me refiero a la revista Encuentro de la Cultura Cubana, editada en Madrid y cuyo fundador, ya fallecido, fue el destacado intelectual cubano Jesús Díaz.
** Editorial « La libertad de la luz» año 1.no 1. mayo-junio. 1994

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Video: Pinareños en la Casa Bacardí.  Presentación del libro Apuntes para la Historia de Pinar del Río, del historiador Wilfredo Denie Valdés, publicado por Ediciones Convivencia.

 

from Teshud on Vimeo.



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viernes, diciembre 22, 2023

¿QUÉ RECUERDAS DE LA NOCHEBUENA Y LAS NAVIDADES EN LA CUBA DE ANTES DE 1959?. VIDEOS DE MUY CONOCIDOS VILLANCICOS Y CANCIONES DE NAVIDAD

 Nochebuena guajira. Revista Bohemia de 1955




La Sonora Matancera con  Celio González en Qué buena la Nochebuena 



Navidades Con La Sonora Matancera





Nochebuena  familiar y urbana antes de 1959




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Adeste, Fideles | Musica Catolica - Villancico Con Letra en español en la segunda parte



Alegres, los fieles
llenos de esperanza,
reunidos lleguemos hasta Belén

Suenen campanas
en honor al Niño
y juntos adoremos
y juntos adoremos
y juntos adoremos
al Hijo de Dios

Suenen campanas
en honor al Niño
y juntos adoremos
y juntos adoremos
y juntos adoremos
al Hijo de Dios



Vamos, Amigos


LA MARIMORENA




Coro de niños con más de 1 hora de Villancicos en Español




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¿QUÉ RECUERDAS DE LA NOCHEBUENA EN CUBA?

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Estos recuerdos y opiniones los escribímos hace unos años a petición de nuestro amigo Eugenio Yañez, director y editor  del relevante sitio Cuba Análisis, un respetable Think-Tank de asuntos cubano. Nuestro buen amigo,   analista político  y Doctor en Economía, hoy ya fallecido, nos envió  a veinte de sus colaboradores y amigos el siguiente correo electrónico:
Dec 10, 2018
Estimados amigos:
 Estoy pensando en algo especial para el lunes 24 de diciembre en Cubanálisis, porque es el día de Nochebuena, esa fiesta tan sentido en Cuba que la tiranía nos robó.
 Quisiera publicar opiniones y recuerdos breves de cada uno de ustedes que ha tenido  algún tipo de relación con Cubanálisis sobre la pregunta ¿Qué recuerda de la Nochebuena en Cuba?
 Algo breve, solamente dos párrafos. Tres cuando máximo. No necesitamos ensayos ni tratados esta vez, solo recuerdos.
 Espero tener el honor de recibir sus respuestas. Y si fuera posible, a más tardar el sábado 22 de diciembre.

Saludos,
 Eugenio Yáñez
Cubanálisis

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ALGUNAS DE LAS OPINIONES Y RECUERDOS  QUE FUERON ENVIADOS 

 Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso

Miami
Estados Unidos

¡Qué entusiamo! ¡qué alegría!
¡Qué fiesta santa y amena!
Falta lo mejor: la cena;
¡La gran cena de este día!

De la mesa en derredor
 Donde todo se concilia,
Está toda la familia
Llena de dicha y amor.

  ¡Oh delicia de esta cena!
¡Oh familia venturosa! 
¡Noche alegre!  ¡Noche hermosa!
¡Noche santa!   ¡Noche buena!

Estrofas tomadas de  la poesía Noche Buena*
 de  Juan de Dios Peza



Los  recuerdos de las Nochebuenas, las Navidades, Año Nuevo  y  Día de Reyes  de mi niñez y adolescencia están entre los más felices de mi vida. El preámbulo a esas fechas lo eran, para mi alegría,  las blancas "flores de aguinaldo", pues en la entonces nueva urbanización donde mi padre construyó nuestras casas (construyó dos en diferentes etapas debido al crecimiento de la familia) en los años 50 del siglo XX, habían unos solares yermos donde  con la llegada del invierno florecían esas campanillas blancas que en un libro de lectura para la escuela primaria, escrito si mal no recuerdo  por el Dr. Carlos de la Torre y Huerta, llamaban  la nieve de los campos de Cuba. Los villancicos en la escuela pública,  en la televisión y en la radio, así como los anuncios navideños y los arbolitos de Navidad con sus nacimientos,  eran   junto con el relativo frío del invierno cubano un marco ideal e inolvidable para disfrutar de la  magia  de las festividades navideñas, cuya razón de ser es Cristo.

En nuestras casas siempre,  antes y después de 1959, se celebró la Nochebuena de manera abierta y sin ninguna “escondedera” cómo  nunca tampoco se escondió el Corazón de Jesús  ni la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre; hasta la estatua de la Santa Bárbara siempre estuvo en su castillo mirando  para la calle en nuestra casa en el reparto habanero nada exclusivo de El Calvario. Sin embargo,  a  la Nochebuena no le dábamos un significado religioso, aunque lo conocíamos. La Nochebuena  para nuestra familia (como para la gran mayoría de las familias cubanas) representaba la gran cena anual  de la unión y la reunión familiar de nuestra familia  en cuya mesa un lechón asado, matado y adobado en casa,  no podía faltar, así como el potaje de frijoles negros, la yuca con mojo, la ensalada de lechuga y tomates,  los diferentes turrones españoles y cubanos, las nueces, las avellanas,  los dátiles e higos así como  los exquisitos dulces de cascos de guayaba y de naranja agria, el dulce de coco rallado, los buñuelos de yuca, etc. que preparaba  mi madre, todo esto acompañado de agua, vinos, refrescos y alguna que otra cerveza sólo para los mayores, pues en la casa no se tomaban, salvo en fechas excepcionales como esa, bebidas alcohólicas, las cuales se tomaban en cantidades muy moderadas. También en la mesa estaban presentes latas de conservas en almíbar de mitades de pera, de  melocotón y  de coctel de frutas, todas procedentes de Estados Unidos.

Una Nochebuena muy especial fue la celebrada en 1957 en la residencia que mi tío materno Ramón  le  diseñó, construyó y regaló (con un auto Chevrolet de 1953 en el garaje) a mis abuelos y a sus hermanas solteras en la incipiente urbanización de clase media llamada Ciudad Jardín; urbanización frustrada y venida a menos después de 1959. Mi tío Ramón, uno de los ocho hijos de mi abuelo sastre con mi abuela,  había sido  un “guajirito” mulato de Unión de Reyes, Matanzas, que se ganó una beca para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios localizada en La Habana y después, trabajando y estudiando, se hizo arquitecto en la Universidad de La Habana;  su  ejemplo de superación y prosperidad no era un caso excepcional en la tan vilipendiada República de Cuba anterior al fatídico 1959, en la cual con esfuerzos, sacrificios y  perseverancia para lograr un bien definido objetivo en la vida se podía salir adelante y alto en la vida personal y social. En esa pletórica Nochebuena todos los hijos e hijas, yernos, nueras y  nietos de mis abuelos nos reunimos a cenar uniendo varias mesas y dividiendo a los comensales en dos tandas: en la primera tanda cenamos los niños y en la segunda  los mayores. Los niños no nos dábamos cuenta que éramos dichosos como nunca más lo fuimos  en la vida,  pues todos nuestros seres queridos conocidos estaban  vivos y, para mayor felicidad, reunidos físicamente.

Muy distinta esa Nochebuena a la de 1983  en la que  dos o tres días antes de esa fecha yo llevé  desde Pinar del Río, provincia donde yo residía, en un viaje de “llega y vira”,  un gran pernil de puerco para la casa de mis padres en La Habana sin que afortunadamente  la Policía Nacional Revolucionaria parara  el carro del “botero” en que yo  lo llevaba,  pues estaban  registrando y decomisando toda la carne de cerdo  que fuera para La Habana. En esa ocasión mi madre un tanto triste y apenada me preguntó cuando yo le entregué la carne: Pedro ¿puedo enviarle un pedazo a tus tías?  Yo le respondí: ¡Claro que sí Mima, lo que tú quieras!; fue su última Nochebuena en Cuba. No deseo  terminar este escrito sin señalar que el 24 de diciembre de 1969,  es decir el día de Nochebuena de ese año, en el restaurant El Cochinito, especializado en platos con carne de puerco  y  localizado en la famosa y céntrica calle 23 de El Vedado, lo que se ofreció ese día para todos los comensales fue BACALAO… Señalo algo  fundamental para que se entienda en toda su magnitud lo inmediatamente antes señalado: en aquella época en Cuba ya todos los restaurantes, cafeterías, etc. tenían un sólo dueño: la tiranía castrista, ladrona de las vidas y haciendas de todo un pueblo.

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Por Alberto Roteta Dorado
Santa Cruz de Tenerife
España

En la Cuba de la etapa castrista se dan una serie de fenómenos que resultan incomprensibles para aquellos que no han pasado por la experiencia de haber vivido directamente en medio de las adversidades de la isla. De ahí que muchos no lleguen a entender cómo es posible que a una nación de gran tradición religiosa le fuera suprimida su Nochebuena y su Navidad. Téngase presente que el régimen castrista, una vez que declaró de manera pública el carácter socialista de su revolución, asumió una modalidad totalmente ateísta, con lo que copiaba fielmente los cánones de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), por aquellos tiempos el modelo prototípico sobre el cual el maníaco comandante que se adueñó de Cuba y de los cubanos basaba todas, o la mayoría, de sus determinaciones.

Esto hizo que una vez iniciada la década del setenta -hasta los sesenta quedaban ciertos remanentes de las costumbres y de las prácticas religiosas que en cierta medida lograron prevalecer- ya apenas se decía nada acerca de la Nochebuena, la gran reunión familiar en la que se cenaba, se bebía el buen vino, y con decencia y decoro se esperaba el sagrado momento del nacimiento  del Maestro-Redentor. Independientemente de la supresión de cualquier elemento de religiosidad por parte de la dictadura castrista, los cubanos se fueron quedando de manera progresiva sin la posibilidad de brindar decentemente y con recogimiento, toda vez que ya no había vinos, o escaseaban demasiado; mientras que los precios del tradicional lechón cubano, y en menor medida del pavo, alcanzaban cifras elevadas, algo que ahora llegó a su clímax ante la depauperación de la economía del país.

Digo brindar con decencia, por cuanto con el transcurso de los años cualquier reunión se convirtió en pretexto para las borracheras que al poco rato llegaban a la agresión violenta, ya sea verbal o físicamente. El hombre nuevo que tanto pregonaron se alzó desde las podredumbres guevarianas para diseminarse por la isla, con lo que se exterminaban esos valores a los que hizo referencia demasiado tarde el sucesor de Fidel Castro en el poder.

Pero como todas las grandes festividades religiosas tienen una octava, o sea, una prolongación durante los siguientes ocho días a su realización propiamente dicha, luego de los días de la Nochebuena y Navidad viene el año nuevo, y es justamente donde el castrismo hizo su peor sacrilegio, esto es, convirtió el sagrado día de año nuevo -a solo unos pocos días del solsticio del invierno, fecha que coincide con la navidad cristiana- en el día del culto a la llamada revolución cubana, por cuanto se vanaglorian ya que de manera coincidente su “triunfo” del día 1 de enero de 1959 se corresponde con el día de año nuevo.

(Portada de la revista Carteles del 19 de diciembre de 1954)

Yo nací en los sesenta y apenas recuerdo acerca de la Nochebuena y de la Navidad. Ya en mi infancia y adolescencia la represión alcanzaba sus máximas expresiones. Eran los tiempos en que todo era diversionismo ideológico, rezagos del pasado, ideas pequeño-burguesas, o cualquier cosa estrafalaria que solo caben en las perversas mentes de los comunistas. La incertidumbre, la desesperanza, la tristeza, las penurias, las limitaciones, y ante todo, la ausencia de libertades mínimas, apenas dejaron lugar para la Nochebuena y la Navidad. Así las cosas, en Cuba fueron exterminadas la misa de media noche o del gallo, la Navidad cristiana, la celebración familiar de la Nochebuena, la espera del nuevo año en su verdadero sentido trascendental y no en relación con el considerado triunfo del castrismo, los decorados de las casas, calles y establecimientos con los adornos que hacen alusión a la etapa navideña, las costumbres de intercambiar regalos; en fin, todo aquello que tuviera que ver con una de las más importantes festividades del mundo de la cristiandad.
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FelizNavidad #Feliz Navidad


Por Julio M Shiling
Miami
Estados Unidos

En la época más hermosa del año, la cena especial en la víspera de la Navidad, la Nochebuena, aguarda algo singular en el armazón medular del cubano. Es de suponer que la libertad y los espacios espirituales y materiales que ésta extiende, impacta de forma particular el modo de festejar esta celebración nacional emblemática. Cuba, exiliada pero libre, fue el escenario que más profundizó la noción de la Nochebuena. La familia, un montón de ella gracias a Dios, lechón, turrón y vino español, arroz blanco con frijoles negros, arroz moro, plátanos maduros y buena conversación de los adultos que los niños nos deleitábamos en escuchar y explorar. Y Cuba, lejana físicamente, sin embargo, consciente que crecía en ella, de forma abstracta, pero parte integral de su tejido e identificado plenamente que pertenecía a una nación transportada. Así recuerdo la Nochebuena siempre. 

El frío, la nieve, las noches largas y las luces mágicas tanto de la Avenida Bergenline, como las de Nueva York, fortalecieron el sentimiento de ser cubano en tierra extranjera. La Nochebuena y la Navidad, nos ofrecían la oportunidad para abrazar nuestra herencia, cultura e historia. La necesidad de acercarnos más a nuestra esencia propia como desterrados, se ampliaba por el contraste, no sólo climático de vivir en el norte, sino idiosincrático mucho más. Estábamos conscientes que pertenecíamos a una tribu que salió en busca de libertad y de que vivíamos lejos de nuestras palmeras y nuestro sol. Mis padres, mis abuelos, mis tíos y otros familiares y amistades, lograron, unísonamente, transmitirnos el entorno de la responsabilidad que viene con ser cubano y libre, pero en ausencia del país que me vio nacer. Nuestras Nochebuenas, invariablemente, las hemos celebrado siempre en Cuba, aunque esto fuera en tierra estadounidense, y nunca hemos dejado de aprovechar la oportunidad para preservar la llama de nuestra realidad.
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Por Eugenio Yáñez
Miami
Estados Unidos 

Las Nochebuenas que recuerdo eran la unión de toda la familia para cenar en grandes mesas que se colocaban en el patio de la casa de mi abuela, los mayores en una, los niños en la otra. La comida era muy sabrosa, pero el arroz, los frijoles, las viandas y ensaladas eran algo cotidiano en nuestras mesas durante todo el año, así como la carne, el pollo y el pescado (fundamentalmente los viernes). Lo peculiar en Nochebuena era el lechón asado, que se adobaba en la casa y se cocinaba en la panadería de la esquina, así como vinos (solamente para los mayores) y turrones españoles, manzanas y uvas, nueces y avellanas.

En esa gran reunión había familiares liberales, batistianos, comunistas, ortodoxos, auténticos y no interesados en política, católicos y ateos, pero en Nochebuena y Navidad no se hablaba de esas cosas, sino solamente de amor, confraternidad, alegría, amistad, esperanzas, buena voluntad y mejores deseos. Todo al lado del arbolito y el nacimiento, con villancicos y música navideña, además de música cubana bailable. Cada familia cubana celebraba de acuerdo a sus posibilidades y recursos, pero ni odios ni rencores cabían en ese ambiente festivo: esas miserias humanas las introduciría más tarde el comunismo en nuestra patria.

Después de la cena, algunos iban a la misa del gallo, otros a bailar o pasear, y otros se quedaban en la casa con los niños que, naturalmente, no íbamos a bailar ni tampoco a la misa, por ser a una hora muy tarde para los menores de edad. Y todos comenzaban desde ese momento a pensar en las fiestas de año nuevo, mientras los niños soñábamos con los regalos de los Reyes Magos, confiados en que nos habíamos portado bien.

El totalitarismo nos quitó las festividades y las posibilidades materiales de realizarlas, pero no pudo arrebatarnos las ilusiones ni la buena voluntad entre cubanos, y tanto en la isla esclava como en el destierro, la Nochebuena continúa significando siempre ese gran encuentro familiar de cubanos esperando la Navidad y compartiendo la cena con lo que se pueda poner en la mesa, mientras nos deseamos lo mejor de lo mejor para todos, menos para los miserables que nos roban las ilusiones y el futuro.
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Bellos y emotivos recuerdos dejados por un  lector del blog que firmó cómo  El “abuelete” Antonio y que tenía 77 años  en el año 2018

Yo también tengo muy gratos recuerdos de la 'Nochebuena' y la 'Navidad' en Cuba:

El motivo de este mensaje es contar mis recuerdos de los tiempos de Navidad en mi país natal: Cuba, y también en España y los Estados Unidos de América.

Yo nací a mediados del año 1941. Tuve dos hermanos posteriormente: Luis y Roberto.

Mis padres, mis hermanos y yo vivimos en Mayarí, hasta que triunfó la Revolución liderada por Fidel Castro. Después, tuvimos que "emigrar", ...yo a España ( en Septiembre de 1961 ), y mis padres y hermanos emigraron a U.S.A. posteriormente.

En Cuba, mi madre Servanda, todos los años construía a finales de cada mes de Diciembre un 'Nacimiento' (llamado más comúnmente Belén) en nuestra casa de Mayarí, un pueblo que está a unos 100 kilómetros de Holguín. Este 'Nacimiento' no se desmontaba hasta pasadas las fiestas de los 'Reyes Magos' que se celebraba entre los días 5 y 6 de Enero. Casi todos los habitantes del pueblo de Mayarí nos visitaba para felicitar a mi madre y contemplar su pequeña obra de arte.

Pero la cena de la noche del día de 'Nochebuena' casi siempre la teníamos todos los descendientes de los abuelos Valentín y Consuelo en su casa de Holguín. La tradición era comer esa noche 'Lechón' asado ( cerdo grande asado ) o 'Guanajo' asado ( pavo grande asado ) además de turrones, mazapanes ...etc. y brindar con Sidra ( importada desde Asturias, España ).

Actualmente, en mi casa de Madrid en España toda mi familia ( los abuelos, los hijos y los nietos ) también nos reunimos en la noche de 'Nochebuena' para seguir las mismas costumbres tradicionales de Cuba comiendo 'Lechón' y 'Guanajo', aunque para definirlo mejor, lo que realmente comemos es lo que llamamos en Epaña 'Cochinillo' asado ( cerdito pequeño asado ) y 'Pavita' rellena y asada ( pava pequeña rellena y asada ) según tradición más cercana a la de España. También es un día estupendo para consumir gran variedad de magníficos pescados y mariscos del Mediterráneo. Naturalmente, tampoco faltan los turrones, mazapanes ...etc y ...la buena Sidra asturiana. Después de esta cena ( comida nocturna ) lo que hacemos es ir a las 12 de la noche a la Iglesia para asistir a la 'Misa del Gallo' según la tradición Católica.

En U.S.A. también se celebra a veces entre el colectivo de cubano-americanos la 'Nochebuena' previa a la 'Navidad', manteniendo la tradición cubana del 'Lechón' asado ( cerdo grande asado ), aunque para asarlo actualmente se valen de un “invento” llamado “caja china” que es una caja alargada donde encierran al 'Lechón', y lo van asando poco a poco, cambiando su postura cada poco tiempo para que quede asado de modo uniforme por todo el cuerpo. No es mal “invento”, porque es muy efectivo si se sabe manejar.

También en una Nochebuena que pasé en Miami hacia los años 1970’s con mi padre, mi madre, mis hermanos, mi esposa y mis tres primeros hijos lo celebramos con el clásico 'Lechón' asado cubano, aunque por entonces todavía no se había inventado la “caja china” y llevamos el 'Lechón' para asar en una panadería.

Esos son mis recuerdos de la 'Nochebuena', 'Navidad' y 'ThanksGiving' ahora que ya tengo cumplidos los 77 años de edad.

Un saludo para todos los que están interesados en conocer las costumbres de Navidad en todos los países y continentes.

Firmado,

El “abuelete” Antonio

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Juan F. Benemelis, Eugenio Yañez y Antonio Arencibia, los  fundadores del sitio  Cubanálisis

Antonio Arencibia

 A Coruña, España

Hoy recuerdo dos momentos, el primero es de mi lejana niñez hace casi ochenta años. La II Guerra Mundial llegaba a su fin. Había por lo tanto escasez, y además éramos pobres. Mi padre trabajaba de peón de albañil, y los domingos salíamos con mi madre a ver vidrieras y soñar con lo que no podíamos tener (todavía).

El segundo recuerdo es de hace más de sesenta años. Yo era un joven que terminaba el bachillerato y el “viejo mío”, como decimos, ya era maestro de obras. A puro pulmón había construido nuestra casa en el Reparto Martí. Yo iba por estas fechas con él a comprar un buen guanajo detrás del Mercado Único, porque el plato estrella de la víspera de la Navidad era el pavo relleno que hacía mi madre. Todo aquello se perdió allá y también se perdió la Nochebuena. Pero junto a esa pena tenemos que estar satisfechos de haber reconstruido casa y tradiciones fuera de Cuba. ¡Feliz Navidad!

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Waldo Acebo Meireles

Hialeah, Estados Unidos

La fiesta de Nochebuena comenzaba unas semanas antes, cuando salíamos a buscar el árbol de navidad que en una especie de bosque de frondosos e inusitados pinos -llegados del Canadá o EE.UU.- ocupaban las anchas aceras de la calle Monte [Máximo Gómez] en La Habana. Decorar el árbol y armar el Nacimiento era todo un jolgorio, preámbulo imprescindible a la cena del 24.

Me gustaba cuando el lechón se mataba y preparaba en el patio de la casa, no por el sangriento fin del animal sacrificado, sino porque al ser abierto en canal yo identificaba los distintos órganos, tan similares en forma y tamaño a los de un ser humano que había aprendido en las clases de Ciencias de la Naturaleza. También me resultaba agradable el acompañar a mi padre a la calle Arroyo que desembocaba en la Plaza [Mercado Único] donde se compraban estos animales dispuestos para el  sacrificio al dios de la gula. De paso contaba cuantas gallinas guineas se habían escapado y  se mantenían incólumes posadas en el tope de los postes eléctricos.

La cena pantagruélica incluía no solo el puerco, que había sido asado en la panadería más cercana, sino un guanajo, varias gallinas, y algún que otro guineo, que era mi preferido por sus carnes magras y oscuras, además estaba el congrí, o los frijoles negros y el arroz blanco, a gusto del comensal, plátanos verdes a puñetazos, y una variada ensalada. ¡Los dulces, ah, los dulces! Turrones jijonas, alicantes y de yema de Monerris Planelles que venían en cajitas de madera que días después desarmábamos para hacer avioncitos, barquitos y todo lo que la imaginación infantil generaba. Además estaban las fuentes con queso patagrás, membrillo y también la conserva de guayaba en la que se insertaba una tira de jalea; los dátiles y los higos y finalmente las nueces y avellanas. Y no he mencionado los buñuelos. Todo un portento de delicias navideñas que nada tenían que ver con el nacimiento de Jesús.

Pero también recuerdo que en una ocasión mi padre me señaló, una fría noche de diciembre, a una familia de indigentes que a pocos metros de mi casa pernoctaban en un portal, ellos, incluyendo a sus hijos, se estaban comiendo ‘a pulso’ una barras de mantequilla que en la bodega más cercana habían desechado por estar rancias, faltaban pocos días para la Navidad. 

P.D.

¡Ahora me percato que olvidé las yucas con mojo!

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Huber Matos Araluce

¿Aquellas navidades? Más que recuerdos son imágenes, a veces intensas, a veces furti

 San José, Costa Ricavas.

(Huber Matos Benitez y su esposa; padres de Huber Matos Araluce)

Mi madre, mi padre, mis hermanos. Yara, siempre Yara, un pueblito de gente humilde, amable y feliz.  Donde el buen humor estaba siempre a flor de piel y se desbordaba en los días de Nochebuena y los anteriores a la celebración de los Reyes Magos.  Adornando la antesala deslumbraba una mata de café pintada de plateado de la que colgaban como  frutos del paraíso unas esferas  fascinantes y frágiles, guirnaldas multicolores y luces exóticas. Otra creación de ella, que había nacido con la magia de dar belleza a cuanto tocaba. Las mismas manos con las que luego adornaría con perlas y encajes los vestidos de novia durante los años de un largo exilio de lucha y lealtad, en que en menos felices navidades, esperó siempre a su príncipe encadenado.

Un hombre de sonrisa encantada, personalidad noble y voz agradable que con sus ojos, a veces grises a veces verdes, nos expresó siempre su amor y nos enseñó a entender el mundo, maravillarnos de sus creaciones, amar el estudio, el trabajo y la patria, decir siempre la verdad y no flaquear ante las dificultades. 

Aquel mundo un día desapareció.  No hubo ni llantos ni lamentos. Habíamos sido educados para crecer en la adversidad. Nuestra madre y Carmela, Lucy, Roger yo, cada uno tuvo que tomar su rumbo. Aquellas imágenes siguen viviendo en nosotros, nadie las pudo amargar ni destruir. Renacen en estos tiempos con más intensidad y con el deseo convertido en pasión de que un día como nosotros, otros niños cubanos con sus padres podrán vivirlas sin temor y en libertad. “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad”. Lucas 2:14

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Jorge A Sanguinetty

Miami, Estados Unidos

Mis recuerdos son de La Habana, encadenados desde antes de la Nochebuena con la expectativa de los juguetes desde "santiclós", el arbolito y la llegada de los Reyes Magos. Pero la Nochebuena era el eje de las fiestas con la reunión de la familia y sobre todo de los niños. También recuerdo cuando nos dejamos que la expropiaran y la borraran de nuestra cultura por tantos años.






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Armando Navarro Vega

Toledo, España

Un día con una luz especial, al margen de la climatología. Bullicio desde las primeras horas. Gente comprando en todas partes, trasiego en las calles de bandejas con puercos asados en las panaderías, carteros pidiendo el aguinaldo. Bodegas derrochando al mediodía cervezas Hatuey, Cristal y Polar en sus mostradores de caoba, en medio de partidas de cubilete con su particular jerga de negritos, gallegos, mujeres y cundangos. Victrolas a todo volumen. Vecinos felicitándose, amigos celebrando la amistad.

La cocina de mi casa olía a frijoles negros, a puerco asado y a aceite de oliva. Ya en la noche mis abuelos y tíos llegando a la reunión, elegantemente vestidos. Para mí una increíble sensación de seguridad y de paz al verlos a todos allí reunidos. En la mesa todo dispuesto, la mejor vajilla, turrones españoles Monerris Planelles, membrillo, guayaba y quesos. Ensalada de lechuga, tomate y rabanitos. Tostones, yucas y arroz blanco. Vinos tintos de diversas denominaciones. Villancicos en el tocadiscos.

Al finalizar la comilona tocaba abrir los regalos depositados debajo del arbolito natural, comprado por mí muy probablemente en el Jardín Milagros o en la Florería Carballo quizás cuatro días antes. Las calles del barrio tranquilas y las luces de las casas encendidas. La mejor fiesta del año.

Un vacío enorme cuando prohibieron la Nochebuena y la Navidad. Las últimas, ya muy descoloridas por las múltiples carencias y con demasiadas sillas vacías en todos los hogares, se celebraron en 1966, declarado “Año de la Solidaridad” en homenaje a las delegaciones que visitaron Cuba y la apoyaron para convertirse en el  primer país socialista y primer territorio libre de América Latina

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José Azel

 Montana - Miami , Estados Unidos

Tenía diez años de edad en agosto 1958 cuando mi madre perdió su batalla frente al cáncer. Esa Navidad fue muy triste en mi familia. Y resultaría mi última antes de la toma del poder por Castro pocos días después. Mis recuerdos son infantiles, triviales y vagos, quizás reprimidos por la aplastante serie de acontecimientos.

Nuestra tradición navideña familiar incluía viajar de La Habana, donde vivíamos, a Santa Clara, a la casa de mi abuela paterna. Era una libanesa, devota cristiana maronita. El viaje, unos 300 kilómetros (unas 170 millas) tomaba cerca de seis horas, con múltiples paradas de descanso, y requería extensas preparaciones, incluyendo un previo chequeo mecánico del carro de mi padre. Mis memorias infantiles son mayormente jugando con los adornos navideños que adornaban la sala de la casa de mi abuela. Era una bella casa colonial con un gran patio interior. Décadas después, cuando construía mi casa en Weston, Florida, intenté recrear ese sentimiento infantil sobre el patio interior de casa de mi abuela.

Repetimos nuestro viaje ritual a Santa Clara hasta 1960, pero para entonces nuestro mundo sociopolítico había cambiado. Mi padre no sabía que su hijo, entonces de doce años de edad, estaba activo en el movimiento clandestino anticastrista. Eso se hizo evidente después de la invasión de Bahía de Cochinos en abril 1961, y tuve que salir de Cuba en un buque de carga en julio de ese año como un Pedro Pan no acompañado. Las líneas iniciales de un poema que escribí en mis primeros años de exilio capturan ese sentimiento:

No tuve primavera me la robó un tirano

entré súbitamente en un afanoso verano

Abracé un puñado de recuerdos para cubrir la desnudez

de un niño que se quedó sin niñez.


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 Gloria Estefan Arbolito De Navidad




 Las Mejores Canciones De Navidad en Español 




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Tomado de http://www.ddcuba.com

Navidades, en plural

Por Tania Quintero
Lucerna
18-12-2011

'El lechón salía en una bandeja de la panadería y las frutas venían de California, pero los turrones eran cubanos…'

Nací en 1942 y en mi infancia decíamos Navidades, en plural, y muchas postales decían Felices Pascuas, cuando en realidad la Pascua se celebra el lunes siguiente al Domingo de Resurrección, marcando el fin de la Semana Santa. Detalles que no importaban a los cubanos de mi época, en particular a los niños, deseosos de que llegaran los meses de diciembre y enero.

Las Navidades se ajustaban a los bolsillos. Como en mi familia paterna todos trabajaban, cada uno aportaba algo. Mis tres tías eran modistas, un tío era carpintero y el otro agricultor. Y mi padre alternaba su oficio de barbero ambulante con el de guardaespaldas (fue guardaespalda del líder comunista Blas Roca en esa época.  nota del bloguista de BC). En realidad lo que a mi padre le gustaba era ser panadero. Lo aprendió siendo adolescente y al amanecer, cuando llegaba cargado de flautas calientes, su madre lo estaba esperando con una chancleta en la mano. No aceptaba que uno de sus hijos dedicara las madrugadas a hacer pan para que se lo comieran quienes dormían plácidamente toda la noche.

Se fuera más o menos pobre, nunca se dejaban de celebrar las dos fechas de diciembre más importantes en la Cuba de entonces: la Nochebuena, el 24 de diciembre, y la llegada del Año Nuevo, el 31 de diciembre. Ni tampoco el de más ilusión, el día de los Reyes Magos, el 6 de enero.

Vivíamos en el segundo piso de un viejo edificio, a dos cuadras de la Esquina de Tejas, en El Cerro. Mi madre tenía ocho hermanos, cinco residían en la capital y tres en Sancti Spiritus. Que yo recuerde, nunca fuimos a cenar el 24 ni esperar el año junto a alguno de sus hermanos, con los cuales se llevaba muy bien. Es que ella, caso raro, congeniaba muy bien con su suegra y sus cuñados, y de buena gana iba a Luyanó, a casa de Matilde, mi abuela paterna, una mulata que medía seis pies y no creía en cuentos de caminos.

En la mañana del 24 cogíamos la ruta 10 en la Esquina de Tejas, a un costado del cine Valentino y la valla de gallos, hace tiempo desaparecidos. Cuando llegábamos, ya mi abuela y mis tías tenían distribuidas las tareas. Mi padre iba a la panadería, a ver si ya le quedaba poco al lechón y averiguar a qué hora se podía ir a buscar.

Había familias que preferían comprar el puerco, cerdo, macho o marrano ya muerto y limpio, pero otras lo compraban vivo y lo mataban en el patio de su casa o de un vecino. Luego de sacarle la grasa y las vísceras, lo adobaban con sal, ajo, cebolla, naranja agria y orégano. Y lo llevaban a la panadería del barrio, que cuando llegaban las Navidades, a la producción diaria de pan, galletas de manteca y palitroques, añadían los numerosos encargos para asar puercos en sus hornos de leña.

(La autora, a la izquierda, junto a su madre y una vecinita. (La Habana, 1945))

El momento más esperado era cuando hacía su entrada triunfal el bandejón que prestaban en la panadería, con el animal bocabajo, asado y crujiente, que uno quería comérselo enseguida, sin arroz ni frijoles ni yuca.

Una de las cosas que más recuerdo de aquellas Nochebuenas era el olor a lechón asado que inundaba toda la ciudad, proveniente de los timbiriches vendiendo pan con lechón en trozos, por libras, a precios accesibles a las personas de pocos recursos.

Volviendo a Luyanó. A uno de los tíos le tocaba ir a la bodega, que quedaba al lado, a comprar dos o tres botellas de vino tinto español, y para los fiñes, Materva y Salutaris, refrescos muy populares. El agua, de la pila, enfriada en el refrigerador, nada de agua mineral El Cotorro, la más famosa de La Habana. Prohibida la cerveza y el ron. "Es un día para estar en familia, no para jalarse", decía la matriarca del clan.

A mis primos varones, para que no fastidiaran dentro de la casa, que no era muy amplia, los mandaban a jugar a la calle. Eran vigilados por la abuela Matilde, sentada en un sofá de madera con rejillas de mimbre, al lado de la puerta de la calle, que mantenía entreabierta. A las hembras nos tocaba ayudar a limpiar el arroz y los frijoles negros, escoger las hojas de lechuga y lavar los tomates y rabanitos. O fregar y secar con un paño la vajilla y los cubiertos.

Las mujeres, entre ellas mi madre, se encargaban de cocinar el arroz, los frijoles negros (deliciosos cuando le echaban hojitas de culantro), la yuca con mojo y el fricasé de guineo o gallina de Guinea. Cocinaban en grandes calderos, por partes, porque la cocina solo tenía tres hornillas.

[Tania Quintero de niña.] Tania Quintero de niña.

Los dulces caseros, tradicionales en el menú criollo de Nochebuena, se preparaban con antelación: cascos de guayaba, naranja o toronja en almíbar, que se comían acompañados de queso blanco de Camagüey o de Jicotea, un poblado villaclareño. O queso amarillo, de esos de cubierta roja que vendían en las bodegas por pedazos.

El postre más esperado lo repartían al final. En una bandeja de cristal, turrones españoles, de jijona, alicante y yema, y también mazapán y membrillo, en pedacitos demasiado pequeños para el gusto infantil. En otra bandeja, los dátiles e higos secos, traídos de no sé cuál país árabe.

Después de los postres llegaba el turno de las nueces y avellanas, vendidas a granel en las bodegas. Para partirlas se utilizaban rompenueces de metal, que recordaban instrumentos de dentistas para sacar muelas. Había llegado el momento de conversar y reírse. Si existía alguna desavenencia familiar, Matilde no permitía que se tratara de solventar en ese momento.

En casa de mi abuela no había televisor, tampoco en nuestra casa (vinimos a tener uno ruso, de la marca Krim, el 31 de diciembre de 1977, no olvido la fecha porque ese día falleció el padre de mis hijos). Como a mi abuela y tíos les gustaba la música cubana, se prendía la radio y esa noche en la sobremesa se escuchaba, entre otros, a Barbarito Diez, Benny Moré y María Teresa Vera, la cantante favorita de mi padre, según él, la mejor intérprete de Y tú qué has hecho (En el tronco de un árbol), de Eusebio Delfín, natural de Palmira, Cienfuegos, la patria chica de mi familia paterna.

Aunque todos ellos habían nacido en Palmira, municipio con fama de grandes santeros y brujeros, ninguno tenía creencias religiosas, católicas o afrocubanas. En casa de mi abuela nunca vi una imagen del Sagrado Corazón ni de un santo o virgen. El cuadro que presidía la sala no podía ser más realista: una de esas fotos retocadas y coloreadas que se hacían a principios del siglo XX y en la que aparecían seis bebés desnudos, mi padre y sus cinco hermanos, en poses que ocultaban el sexo de hembras y varones.

Pese a su agnosticismo, todos los años se ponía un arbolito navideño, con sus bolas, pico, guirnalda y algodón sobre las ramas, recurso usado en Cuba para imitar la nieve.

Alrededor de las 12 de la noche emprendíamos el regreso a casa. Ya estaba funcionando la confronta, y si la ruta 9 venía primero que la 10, la cogíamos y nos bajábamos en la Calzada de Cristina, y caminábamos unas cinco cuadras.

Al día siguiente, 25 de diciembre, nos volvíamos a reunir en Luyanó. No para ver qué regalos nos había traído Santa Claus, personaje conocido por la gran influencia que teníamos de las costumbres en Estados Unidos. Si no para la "montería", como llamaban al almuerzo con los restos de cerdo, calentados tal y como habían quedado de la Nochebuena o guisados, con cebolla, ají, puré de tomate y otros condimentos.

A veces también se freían chicharrones. O se compraban en los puestos de chinos, verdaderos especialistas, sobre todo en los chicharrones de tripitas o de viento. En la montería los niños tomábamos malta o maltina y los mayores cerveza, Hatuey, Polar o Cristal, de fabricación nacional. Una o dos botellas. Matilde no permitía borracheras en su hogar.

Seis días después, el 31 de diciembre, se celebraba un nuevo encuentro familiar en casa de la abuela. El menú consistía en arroz congrí o moros y cristianos; guanajo (pavo) en fricasé; ensalada de lechuga y tomate y tostones de plátano verde.

En los postres se repetían los dulces caseros, pero los turrones eran cubanos. Antes, en Cuba, en La Estrella o La Ambrosía, dos de las principales fábricas de galletas, caramelos y chocolates, se elaboraban turrones de maní, semilla de marañón, yema, mazapán...

Los mayores bebían vino blanco y los menores, jugo. Mientras esperábamos las 12 de la noche, de una gran bandeja en el centro de la mesa podíamos coger manzanas, peras, melocotones y albaricoques. A pocas cuadras de nuestra casa, en Frutas Rivas, un gran almacén en la calle Monte frente al Mercado Único de Cuatro Caminos, se dedicaba a la importación de frutas frescas de California.

Para el 31, mis padres compraban allí esas frutas y también las uvas, verdes y moradas, que se preparaban en ramitos de 12 y se comían cuando se acercaban las doce campanadas. El brindis, deseando salud y un próspero año nuevo, se hacía con sidra El Gaitero, la más consumida en la isla en aquellos años.

Todas esas costumbres se fueron perdiendo, por la escasez material, la pérdida de valores morales y las rupturas familiares que trajo consigo la revolución de Fidel Castro. Tal vez un día, cuando Cuba tenga una economía desarrollada y vuelva a ser una nación democrática y cosmopolita, la tradición de las Navidades deje de ser un recuerdo.
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La Navidad antes de 1959

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La cena solía consistir en arroz blanco, frijoles negros, puerco asado, fricasé de guanajo, ensalada de tomate, lechuga y rabanitos, yuca con mojo y tostones de plátano verde.
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El cerdo asado, junto al arroz con frijoles y la yuca con mojo constituyen la comida tradicional cubana de fin de año.

Por Tania Quintero
diciembre 24 2012
Antes de Fidel Castro y los barbudos tomar el poder, el 1 de enero de 1959, la llegada de la Navidad era un acontecimiento en todos los hogares, al margen del presupuesto doméstico y la categoría social. Nunca se dejaba de celebrar.

Las familias numerosas y de modestos recursos, como la mía, el 23 de diciembre llevaban un puerco, ya adobado, a la panadería más cercana para que se lo asaran. Los que vivían en las afueras, preparaban condiciones para asarlo en el patio.

En esa época, la década 1940-50, no se cenaba el 24 con bistec o una pierna de cerdo, como ahora se estila en Cuba, sino con un puerco asado completo, como el de la foto. Además, había la posibilidad de comprar las partes del animal que uno prefería, ya asadas, en los quioscos y timbiriches esparcidos por toda la ciudad, y que la inundaban con un sabroso olor a lechón asado.


También vendían pan con lechón, a 0.20 centavos. El pan de flauta era fresco, y luego de servidas las masas con sus correspondientes gorditos y pellejitos crujientes, el vendedor lo rociaba con un mojo de naranja agria, ajo y cebolla. Si a uno le gustaba el picante, le echaba un aliñado de vinagre con ají guaguao y pimienta de guinea.

El 23 era el día de los preparativos, de revisar si no faltaba nada o si había que comprar más. Entonces mandaban a los muchachos a la bodega de la esquina, a comprar más turrones, de jijona, alicante, yema o mazapán; nueces, avellanas, dátiles, higos...

Mis padres y yo siempre cenábamos el 24 en la casa de mi abuela Matilde, en Luyanó, barrio obrero en las inmediaciones de La Habana. Nos íbamos temprano, para ayudar en lo que hiciera falta. Como vivíamos cerca de Frutas Rivas, un almacén importador de frutas de California, frente al Mercado de Cuatro Caminos, llevábamos un cartucho grande con manzanas, peras y melocotones, que se ponían en una fuente en la mesa. En Nochebuena no se comían uvas: éstas se dejaban para despedir el año, el 31 de diciembre, a razón de doce por persona.

La cena solía consistir en arroz blanco, frijoles negros, puerco asado, fricasé de guanajo, ensalada de tomate, lechuga y rabanitos, yuca con mojo y tostones de plátano verde. Para beber, vino blanco o tinto para los adultos y refresco para los niños. De postre, dulce casero: coco rayado, mermelada de guayaba o cascos de toronja con queso blanco. Los turrones, nueces, avellanas, higos y dátiles se comían en la sobremesa. Al final, la imprescindible tacita de café.

El arbolito ocupaba un lugar especial en las salas de las casas. A veces les ponían algodón, para imitar la nieve. Debajo, más grande o más pequeño, el nacimiento o belén. En las tiendas vendían adornos navideños, importados de Estados Unidos o Europa, pero a la gente le gustaba decorar con flores de pascuas, común en los jardines cubanos en estos meses del año. Otra costumbre era el envío de tarjetas por correo y los intercambios de regalos.

Mis tres tías eran modistas; los dos tíos, carpinteros, y mi padre, barbero ambulante. Si a alguno se le presentaba un compromiso y no podía ir a cenar, tenía que pasar y disculparse con la abuela Matilde, una mulata que medía 6 pies y pesaba 100 kilos. Era la matriarca. Y para ella, Navidad, Nochebuena y Fin de Año eran citas obligadas para toda la familia.

Este post, de la periodista Tania Quintero, fue publicado originalmente en el Blog de Iván García y sus amigos.

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Familia cubana en España mantiene sus costumbres de Navidad
Una familia cubana en Madrid recuerda en Navidad las amarguras pasadas en la isla y celebra la felicidad actual.

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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS 
 
Si los negros americanos leyeran esto y tuvieran lo que se debe tener, fuera suficiente para quitarles el peo castrista que siempre han tenido. Por supuesto, el difunto mayoral siempre les dijo lo que ellos querían oir, pero creer a un farsante oportunista no es precisamente respetable.
Realpolitik
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Sobre la autora de los dos artículos:
 
Tomado de https://cubamaterial.com/
Tania Quintero: Yo era hija única y también de procedencia humilde. Mi padre, José Manuel Quintero, combinaba su oficio de barbero ambulante con el de guardaespaldas de Blas Roca Calderío, secretario general del PSP (PSP: Partido Socialista Popular; nombre que tuvo en determinada época el Partido Comunista en Cuba) Y mi madre, Carmen Antúnez, de origen campesino, se dedicaba a los quehaceres del hogar. Vivíamos en el barrio El Pilar, Cerro.
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LAS NOCHEBUENAS Y NAVIDADES QUE NOS ROBARON.

Por  Eugenio Yáñez.
25 de diciembre de 2017

Hace ya 48 años, un “invicto” farsante que terminaría apoderándose de todo lo que le conviniera, no contento todavía con lo que hasta ese momento había arrebatado a los cubanos, acabó con las fiestas de Nochebuena, Navidades, Año Nuevo y Los Reyes Magos. Le encolerizaba ver alegres a los cubanos, aunque fuera por unas horas solamente.

Acabó con las de los cubanos de a pie, claro. Las de su camarilla, familiares y compinches nunca se tocaron. Y mientras la población tendría que esperar el año nuevo llenando bolsitas de posturas de café para otro de los geniales planes del visionario en jefe, la pandilla en el poder lo que hizo fue celebrar sus saraos más discretamente, por aquello de que “el pueblo” no supiera de otra estafa más de “la revolución”.

El pretexto de Quién Tú Sabes fue el así llamado por él mismo “año del esfuerzo decisivo”, 1969, donde prácticamente se paralizaría todo lo demás en el país en aras de lograr diez millones de toneladas de azúcar en la zafra de 1970, con aquella maniática obstinación “de que van, van”. Aunque esos diez millones nunca fueron ni podrían ir, porque todo era otro delirio más, sin bases ni fundamentos reales ni condiciones materiales para lograrlo.

Cuando en 1970 al Comandante no le quedó más remedio que reconocer abiertamente el fracaso de su desvarío con aquella zafra loca, los ilusos pensaron que las navidades serían restablecidas, pues ya no se podría repetir la colosal movilización que solamente logró desorganizar y destruir aún más la economía y darle nombre a una conocida agrupación de música popular que perdura hasta nuestros días.

Los ilusos olvidaban los profundos rencores y complejos de un hijo bastardo que nunca recibió amor familiar y desde pequeño fue enviado a estudiar lejos del hogar, o los resentimientos transmitidos por un padre derrotado por cubanos y americanos en la Guerra de Independencia, mientras servía en el ejército colonialista español.

¿Alguien recuerda a Fidel Castro disfrutando la presencia de un hijo o un nieto a su lado? ¿Alguien lo recuerda en alguna reunión familiar? ¿Alguien lo ha visto alguna vez cantando o bailando, aunque fuera mal, solamente para divertirse? ¿Alguien le ha escuchado alguna vez contando un chiste? Demasiada frustración y rencor en su mezquina existencia para gestos como esos, comunes en los seres humanos, imposibles para él.

Por eso enfrió las ilusiones de los ingenuos con un “razonamiento” propio de su maldad: las fiestas navideñas eran una tradición impuesta por los conquistadores españoles, de la que había que “liberarse” para ser verdaderamente independientes.

De inmediato aparecieron intelectuales de pacotilla justificando teóricamente el desvarío, y explicando que si esto o aquello. Un mediocre documentalista del régimen, considerado “genial” por la nomenclatura, estrenó un bodrio fílmico con el infamante título de “La tradición se rompe… pero cuesta trabajo”, que no aportaba nada ni a la idea en cuestión ni al séptimo arte, pero que representó para él palmaditas en la espalda y uno que otro viajecito más al extranjero
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Así los cubanos en tiempos del castrismo, como cristianos en catacumbas romanas, celebraban las fiestas a escondidas en la medida de lo posible, cuidándose del “chivatazo” de los delatores del Comité de Defensa de la Revolución, y consiguiendo como pudieran, tras muchas dificultades, un pedazo de carne de puerco, plato típico de la Nochebuena cubana, y cualquier cosa para esperar el año nuevo. Los niños quedaron sin regalos el Día de Reyes, pues según el invicto la fiesta de los niños tendría que ser por el 26 de julio, que fue cuando de verdad nacieron. ¡Pobres niños!

Con el tiempo, las celebraciones por fin de año se fueron imponiendo, pero no como fiesta familiar y de amigos, sino celebración de un aniversario más del “triunfo de la revolución”. Y para colmo de males, a las doce en punto de la noche, cuando todos en el mundo se felicitan mutuamente e intercambian brindis y saludos, aparecía en la televisión el Invicto Continuamente Vencido hablando de los “logros” del año que finalizaba y de lo duro que sería el siguiente año. ¿Alguien le escuchó alguna vez decir que el año que comenzaba no sería tan duro y que las condiciones de vida de los cubanos mejorarían? Si lo hubiera dicho alguna vez estaba mintiendo, y él lo sabía perfectamente.

Fue solamente casi treinta años después de aquella arbitrariedad, con la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, que el régimen aceptó la celebración de la Navidad en Cuba. Y no pudo controlar más a los cubanos en ese tema, que comenzaron a celebrar abiertamente Nochebuena, Navidad y Fin de Año, no recordando un aniversario más de la desgracia, sino como se hace en todo el mundo: con familiares, amigos, fiestas, y los mejores deseos de un mejor año y de prosperidad para todos.

Sin embargo, las condiciones son cada vez más difíciles para los cubanos. No es sencillo preparar hoy una modesta cena de Nochebuena cuando la libra de carne de puerco se vende a 40 o 50 pesos, en un país donde el salario medio no sobrepasa 700 pesos mensuales, y muchos cubanos, sobre todo jubilados y pensionados, reciben menos que eso cada mes. Más lo que cuestan el arroz, los frijoles, la yuca y vegetales para preparar una ensalada. Ni es fácil tampoco celebrar a los niños el Día de los Reyes Magos, cuando los pocos juguetes disponibles se venden a precios astronómicos en moneda fuerte en las Tiendas Recaudadoras de Divisas, controladas por los militares.

Entre los gravísimos daños antropológicos que han provocado los hermanos Castro a la nación cubana, no puede olvidarse el repugnante crimen de haber aniquilado las ilusiones de los niños del país y las alegrías y celebraciones más abiertas, puras y nobles de los cubanos. ¿Pagarán por eso en algún momento?

Se perfectamente que este artículo no gustará a los troles habituales de estas páginas, ni a los que llevan a Castro en su alma como La Bayamesa. Ni me interesa. Preocupante sería si dijeran que escribo artículos concretos, balanceados, objetivos o realistas, como dicen de los de otros personajes que publican por aquí.

A todos los cubanos, incluso a esos miserables troles que luchan su javita difamando y mintiendo, les deseo una Feliz Navidad y un excelente año nuevo.

¡Algo que nunca ninguno de los hermanos Castro ha sido capaz de hacer públicamente!

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