jueves, abril 10, 2025

Morena Nieves y los siete camaradas políticamente correctos. Miguel Sales Figueroa sobre la nueva versión políticamente correcta y wokista del filme Blanca Nieves y los 7 enanitos de la empresa Disney

De un correo  que me llegó del ex preso político  cubano  Miguel Sales Figueroa

Queridos amigos:

Aquí les mando un comentario ligero sobre una película de dibujos animados que, estoy seguro, todos disfrutamos en nuestra lejana infancia y que ahora vuelve clonada y en vivo.

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 Morena Nieves y los siete camaradas políticamente correctos

Por Miguel Sales

8 de abril de 2025

Al principio, se llamaba Blancanieves y los siete enanitos. Parecía un cuento infantil, pero en realidad era un relato pernicioso, urdido por la mente retorcida de dos voceros del heteropatriarcado, los hermanos Grimm, con el fin de envenenar las mentes de las nuevas generaciones, perpetuando el racismo, el sexismo y la discriminación de las personas de corta talla y capacidades diferentes.

Recordemos brevemente el argumento del libelo:  

Una princesa joven y de tez muy pálida (criterio racista de la blanquitud) es víctima de su madrastra desalmada, que envidia su belleza y trata de asesinarla. La reina la manda de paseo al bosque en compañía de un criado, que tiene la misión de matarla y traer de vuelta las entrañas de la joven como prueba del crimen. Pero el sirviente le indica dónde esconderse y regresa con el corazón de un ciervo, que la reina ordena cocinar y servir en un banquete (asesinato y canibalismo).

Mientras tanto, Blancanieves encuentra una casa pequeña, donde viven siete enanos que trabajan en una mina cercana. Los enanos deciden acogerla, siempre y cuando cocine, zurza la ropa, tienda las camas y mantenga el orden doméstico (machismo y sumisión femenina).

La reina malvada, advertida por su espejo mágico, descubre que Blancanieves sigue con vida y acude a la casita del bosque disfrazada de vendedora con ánimo de matarla. Primero le ofrece una cinta, con la que trata de estrangularla. Al regreso de la mina, los enanos descubren a la joven, que solo se había desvanecido, y la reaniman. La madrastra vuelve y le ofrece una peineta envenenada, que en un descuido le clava en la cabeza. Los enanos regresan y, por segunda vez, reviven a la princesa. La tercera vez, la falsa vendedora le hace morder una manzana envenenada y la princesa cae en un coma profundo (resultado del consumismo compulsivo). Incapaces ahora de revivirla, los enanos colocan a Blancanieves en una urna de oro y cristal.  

Tiempo después, un apuesto príncipe visita la casa del bosque, ve el cuerpo incorrupto de la joven y se enamora de ella (necrofilia). Por accidente, el trozo de manzana envenenada cae de la boca de Blancanieves, que recupera el conocimiento, conoce al príncipe y se enamora a su vez. Los jóvenes se casan y viven felices para siempre. Y colorín colorao.

Walt Disney sucumbió al siniestro encanto de la narración y en 1938 la usó como guion para realizar un largometraje de dibujos animados que suscitó universal admiración. Tan extraordinario fue el éxito de la película que al año siguiente Disney recibió un Oscar honorífico. Desde entonces, a pesar de su avieso contenido, Blancanieves siempre ha figurado en la lista de los mejores filmes de todos los tiempos. 

El cine, con su inmensa capacidad de difusión, popularizó la imagen de la princesa alemana en todos los rincones del mundo. Incluso en los carnavales de La Habana, cuando yo era adolescente, escuché una versión rumbera y semiporno de la historia, que a golpe de tumbadora repetía un estribillo así: “Blancanieves y los siete enanitos en cueros, sí, sí, van en cueros”. 

Pero los tiempos han cambiado. Ahora la empresa Disney, convertida en adalid del wokismo, presenta una nueva versión políticamente correcta, para que grandes y chicos puedan “deconstruir” el relato original y apreciar, en nombre de la justicia social, las “opresiones interseccionales” que esconde.

En este remake del clásico, Blancanieves ya no es una princesa de nívea tez (de ahí su apodo), sino una mestiza con un plus de melamina, nacida en Estados Unidos de padres de ascendencia colombiana y polaca (y partidaria confesa de Hamas y la “liberación” de Palestina; esto no lo dice en la película, pero sí lo ha declarado en varias entrevistas conexas)

Los ex enanos son ahora siete camaradas mágicos que representan la paleta ideal de la corrección política: todos los sexos (aunque no queda claro si alguno es trans), las razas y los tamaños (incluso hay uno de muy corta estatura, sin duda afectado por alguna forma de acondroplasia, que como sabemos es una capacidad diferente, que por lo general no ayuda a jugar al baloncesto).

Si todo lo anterior parece grotesco y es motivo de burla, se equivocan los críticos. El objetivo está bien servido: atacar la historia y la cultura de Occidente con las ideas y los valores retorcidos del siglo XXI.

Hay que “deconstruirlo” todo para rectificar nuestro pasado culpable, y luego entretejer un relato análogo que ponga de manifiesto las injusticias interseccionales causadas por el privilegio blanco heteropatriarcal. Aunque sea, urdiendo bodrios como éste, que tratan alevosamente de aprovechar el prestigio de creaciones muy superiores.

Por eso los activistas de izquierda pasan buena parte de su tiempo derribando estatuas y estropeando obras de arte que -según ellos- representan la opresión, el colonialismo, la esclavitud, las guerras y otras formas de crueldad que Europa y Estados Unidos han ejercido en exclusiva sobre otras naciones a lo largo de cinco siglos. 

Poco importa que en otras culturas se practique habitualmente el infanticidio, la tortura, la mutilación genital femenina, la discriminación de las mujeres, el sometimiento de las minorías y una larga lista de vulneraciones de derechos que en Occidente sí se respetan. 

Claro que, en el ámbito de la cultura de masas, hay además otros criterios que la propaganda progre suele pasar por alto. Uno de ellos es la rentabilidad, porque el arte progresista suele vivir mayormente del erario público.

Así, la nueva versión cinematográfica del cuento, triturada por la crítica, apenas recaudó la mitad de lo esperado -43 millones de dólares- en la primera semana posterior al estreno y cerca del 33 % -14 millones- en la segunda. Habida cuenta de que la película costó unos 250 millones de dólares, los expertos especulan ahora si este nuevo fracaso de taquilla podría causar la quiebra de la empresa.

En cualquier caso, Morena Nieves y sus camaradas políticamente correctos parecen encaminarse a un pozo financiero más profundo que la mina donde trabajaban los siete enanitos de Blancanieves. ¿Signo de los tiempos o simple justicia poética?

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Daniel Lacalle

12 de abril, 2025

DISNEY PIERDE CIENTOS DE MILLONES TRAS EL FIASCO DE BLANCANIEVES

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Disney’s Snow White | Official Trailer



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miércoles, julio 03, 2024

Francisco Almagro Domínguez: Corrección política: la nueva dictadura

Corrección política: la nueva dictadura

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¿Dónde comienza lo civilmente acertado y dónde acaba? ¿Hay una norma moral para todos los seres humanos, para todos los tiempos?

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Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

01/07/2024

En Miami una valla publicitaria ha puesto en guardia a la comunidad cubano-americana, incluyendo a sus congresistas. En el anuncio aparecen los rostros de Fidel Castro y Donald Trump con un mensaje imperativo: “No a los dictadores. No a Trump”. Quienes están detrás del cartel, bien visible desde la autopista, aducen los derechos de libertad de expresión, refrendados por la constitución norteamericana. Y con la insolencia de quien se siente protegido contra toda protesta, advierten que se preparen, porque les espera aún más propaganda como esta. Puede que ese comité de acción política sea incapaz de poner un pasquín a favor de Hitler en el barrio judío de Nueva York, e instalar una galería con fotos de Kim Jong Un en un barrio de refugiados norcoreanos.

En la pasada elección a un vecino le ripiaron en el portal de su casa un cartel a favor del candidato republicano. A un amigo que votó a favor del presidente 45, casado con una mulata cubana, entre vodka y vodka el hermano le preguntó si era racista. Un profesor universitario de nuestra comunidad sale en la televisión diciendo que Donaldo hace rato debía estar en la cárcel —lo expresa ante un auditorio mayor, en la intimidad del aula podría desearle fuego inquisitorial. No pocos seguidores del expresidente han llegado a sentirse acosados, disminuidos mentales y morales —Hilary dixit—, personas “malas”; enemigos de la democracia —Joe contribución. Al “hombre” le han hecho dos juicios políticos en el Congreso, y está en casi media docena de juicios con una suma cercana al centenar de cargos. En fin, quienes votaron por Donald Trump, unos 70 millones de norteamericanos, están políticamente “incorrectos”.

La llamada corrección política es un término que se hizo común en la década de 1980 para evitar ofender a grupos humanos en desventaja por economía, raza o condiciones físicas y mentales. Las palabras correctas deberían sortear adjetivos humillantes. Que los otros no se sintieran menos. Que el negro, el indio, el pobre, el retraso mental y el impedido físico no fueran llamados con semejantes calificativos. Y he aquí que un propósito sano, diríase de gran misericordia, en manos equivocadas se puede convertir justamente en lo contrario. La llamada corrección política en un arma de exclusión para quienes tienen todo el poder político y mediático.

(Imágenes añadidas por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Emana de los dueños del poder

Porque ¿quién determina lo políticamente correcto y lo que no lo es? ¿Existe una tabla de mandamientos donde está escrita en piedra la “corrección”? ¿Dónde comienza lo civilmente acertado y dónde acaba? ¿Hay una norma moral para todos los seres humanos, para todos los tiempos?

Algunas de estas preguntas no tienen una respuesta fácil. Otras, ni siquiera las tienen. Para el conquistador español de siglo XVI, los aborígenes americanos no tenían alma, eran animales. Eso justificaba avasallarlos hasta hacerlos morir trabajando. Traer a los negros de África como esclavos para redimirlos a golpe de látigo y bautismo quimérico porque eran de una raza inferior era loable. Para los comunistas y los fascistas —primos hermanos, hijos del Totalitarismo— es una misión honrosa e impostergable que los “gusanos” y las “cucarachas” —opositores— sean aplastados sin compasión. De aquí que la corrección política no es otra cosa que una “construcción” social que emana de los dueños del poder.

El filósofo y sociólogo francés Michael Foucault ensayó ampliamente sobre los discursos dominantes y la autoridad. Aunque sus ideas según otros autores tienen una peligrosa deriva hacia el solipsismo y la subjetividad extrema, fue un agudo crítico de las verdades que damos por hechas sin darnos cuenta que también la vida y la muerte, el día y la noche, el hombre y la mujer pueden relativizarse en función de la imposición de una “norma” y en nombre de la “mayoría silente”.

Para el médico del siglo XIX y sus predecesores, la muerte era la ausencia de respiración y de latido cardíaco. Hoy sabemos que ese estado físico puede no ser el final de la vida, y que es potencialmente reversible. En cambio, para un facultativo del siglo XXI solo la muerte cerebral es confirmación del fin de la existencia humana. Los astronautas que habitan la Estación Especial Internacional ven amanecer 16 veces en 24 horas. Sus noches y días son diferentes a solo unos kilómetros de la Tierra. Ciertos individuos sienten estar atrapados en un cuerpo distinto a su mente. La definición de hombre y mujer por el sexo no siempre obedece a cómo funciona el cerebro —al final quien decide el qué y el cómo es cada individuo.

Estos ejemplos nos indican que sí, que existen condiciones muy particulares donde conceptos aparentemente inobjetables podrían ser relativos dado el lugar, el tiempo, la persona humana. El problema surge cuando esas variaciones de la naturaleza y del hombre se pretenden discursos que de ser relativos se hacen absolutos; se imponen a la gente desde la opresión de un grupo determinado. Hay una muy frágil línea que separa el bien del menos bien. Porque entre el bien y el mal podría no haber confusión alguna. Incluso a pesar de creer que se hace todo el bien y que se está en mayoría, según Mark Twain, “es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”.

Cómo se elaboran e imponen discursos dominantes

Los temas filosóficos polémicos llevados al campo de la política y sus siempre fines gananciales, confunden y tiranizan. La muerte digna no significa poner en manos irresponsables y ajenas la decisión de terminar con una vida. El aborto no puede ser un medio de anticoncepción sin ninguna restricción a su uso. El día para los seres humanos que no estamos en la Estación Espacial Internacional comienza al alba. La noche es tiempo para el descanso, excepto para quienes deben ganarse el pan cuando los demás duermen. Un hombre no debe competir deportivamente contra mujeres pues sus hormonas, masa muscular y osamenta son distintas a pesar de que su cerebro lo contradiga. Medicar un niño o adolescente para cambiar su tenor hormonal cuando apenas puede discernir bordea la criminalidad.

Quienes venimos de un régimen totalitario sabemos muy bien — ¡nunca olvidar!— cómo se elaboran e imponen discursos dominantes que “edifican” verdades que no son tales, crean sentimientos rencorosos, y nos hacen actuar como “una fría, máquina de matar”. Nadie que haya vivido bajo esa férula correctiva pudiera desconocer la frase “problemas ideológicos”. Problema ideológico fue mascar chicle, usar etiquetas en los jeans, tener el pelo largo, oír a The Beatles —Míster Lennon, ¿a salvo en un parque del Vedado? Excepto por mis gafas, respondería John.

Estos eran pequeñas “desviaciones o rezagos pequeño burgueses” comparados con ir a la iglesia, oír la Voz de las Américas, leer 1984. Y si alguien dijera que el régimen ha cambiado sus “correctivos ideológicos”, debería saber que son los mismos comisarios, ahora encubiertos en sus hijos y nietos; peores y más peligrosos hoy porque son más incultos e incapaces. El “problema ideológico” actual es no estar en contra del “bloqueo” y sus restricciones: hay que garantizar la moneda del enemigo para mantener a flote una sociedad quebrada en lo moral y lo económico.

Debemos cuidarnos de toda ‘corrección política”, la nueva tiranía de los medios y ciertos influencers. De estar “en el lado correcto de la historia” —en minúsculas. Algunos estuvimos en ese sitio y sabemos que del redil no se sale tan fácil. Tener criterio propio y defenderlo sin tener que dar explicaciones a nadie ni por qué, es lo que en psicología suelen llamar asertividad. Y ese parece ser un eficiente “correctivo” contra quienes pretenden, después que “tantos palos nos ha dado la vida”, que volvamos a ser parte de la “mayoría”.

Escribió el novelista de ciencia ficción Ray Bradbury: “¡La terrible tiranía de la mayoría! Todos tenemos nuestras arpas para tocar. Y, ahora, le corresponderá a usted saber con qué oído quiere escuchar”.

© cubaencuentro.com

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