martes, enero 14, 2025

Laura Sarmiento Pérez desde Cuba: Nadie quiere vender dólares, nadie quiere comprar MLC: se complica la realidad financiera del cubano de a pie

Tomado de https://diariodecuba.com

Nadie quiere vender dólares, nadie quiere comprar MLC: se complica la realidad financiera del cubano de a pie

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Los cubanos no entienden el entuerto financiero gubernamental. Si las divisas son para 'ponerlas en función del bienestar de la población', ¿por qué se discrimina el MLC con respecto al dólar?

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(Imágenes añadidas al artículo por el Bloguista de Baracutey Cubano)

Por Laura Sarmiento Pérez

Santiago de Cuba

13 de enero 2025

"El dólar está perdido, nadie quiere venderlo", dice René, quien está desesperado por contratar una tarjeta Clásica. "Estoy vendiendo mis MLC y nadie los quiere, no me queda más remedio que gastarlos comprando cualquier cosa en las tiendas. Ahora voy hacer un recorrido a ver si están vendiendo algo que pueda comprar para revender", añade.

El usual desabastecimiento en las tiendas MLC trae como consecuencia la acumulación de esa moneda virtual en las tarjetas. En Santiago de Cuba estas tiendas se repletan de usuarios solo cuando surten productos deficitarios y, como llega poca mercancía, no dura más de 24 horas. Esta semana surtieron detergente en La Gran Piedra, la tienda en MLC más grande de la ciudad.

Katerine es profesora y revendedora, y estuvo en la cola de La Gran Piedra. Está indignada con el Gobierno por las medidas que parecen llevar a la desaparición, no anunciada, del MLC. Ella no recibe esa moneda del exterior, pero la compra por transferencia para su negocio. Debe cambiarse urgentemente a la tarjeta Clásica, pero los MLC que posee no tienen salida y los dólares no aparecen.

Ha ido a la tienda para intentar deshacerse de sus MLC, moneda virtual inventada por el Gobierno para evitar dar a los cubanos divisas en efectivo. Teme que desaparezca como el CUC y que el Gobierno convierta los saldos de los usuarios de tarjetas MLC en pesos cubanos, a la tasa oficial actual de 120 pesos por dólar.

"Ahora mismo la única manera de deshacerse del MLC es comprando mercancías. El problema es que me lleno de pesos cubanos, y el dólar está perdido y en alza. Ya uno no sabe qué hacer. Si me desdolarizo, no como, no me visto, no vivo; por lo tanto, hay que seguir dolarizándose, porque el Gobierno no se va a desdolarizar; llevamos como 20 años de desdolarización y estamos más dolarizados que nunca", dice.

"Esta es una buena inversión porque los problemas con los productos de aseo son crónicos aquí en Santiago, por eso siempre se venden. A partir de ahora, solo voy a comprar dólares, cuando aparezcan. No se puede creer en este Gobierno, cambia para su beneficio. Ahora el MLC no le sirve… ¿y dónde están los dólares de los MLC?", pregunta en referencia a que el saldo de las tarjetas en MLC son divisas que alguien ingresó desde fuera del país o conseguidas a través de transferencias

La sobrevivencia en Cuba es para la mayoría una batalla diaria. El anuncio del primer ministro, Manuel Marrero en la Asamblea Nacional, del subsidio a personas y no a productos, es la muerte anunciada de la Libreta de Abastecimiento, pero vivir sin ella obliga a dolarizarse, porque artículos como los de aseo y los lácteos no hay forma de conseguirlos sino es en los mercados en divisas.

Entre la población santiaguera corre el rumor de que ya se está preparando la primera tienda en dólares de la ciudad, similar a la abierta en La Habana. La elegida sería La California, establecimiento en medio de la popular calle Enramadas, que actualmente opera en MLC.

El supermercado abierto en La Habana solo acepta pagos en dólares en efectivo, con tarjetas extranjeras o con la tarjeta Clásica, emitida por FINCIMEX —la financiera de GAESA, el conglomerado empresarial de los militares—, recargable con dólares estadounidenses u otras divisas aceptadas en Cuba.

"La pasta dental, los detergentes, jabones, perfumes y colonias se pierden en Santiago", dice Dania, quien quiere gastar los MLC que le quedan comprando detergente para revender. "Yo tengo un puesto de confituras y voy a vender aseo también. Compro los paquetes grandes y los divido, aquí hay que distribuir para todos los clientes: los que pueden pagar 150 pesos, los de 300 y los de 500, es la única forma de vender y sacar una ganancia. Con la pobreza que tenemos, es muy difícil vender paquetes de detergente enteros", concluye.

La incertidumbre sobre el MLC no solo impulsa a gastarlo, sino que también frena su venta. Como nadie lo quiere, su precio baja. Maritza tiene 300 MLC en venta a 200 pesos, y no ha podido venderlos. "No puedo bajarlos más porque los quiero para comprar dólares", dice. "Quiero hacerme la tarjeta Clásica y, al paso que van los MLC, los 300 se convertirán en 100 dólares si acaso. Pensé que con las nuevas funciones de la Clásica podría transferirlos, pero no hay conexión entre FINCIMEX y el Banco Nacional, como si fueran dos países diferentes enemistados. Esto es de locos", exclama indignada.

Las nuevas directivas dadas por FINCIMEX para su tarjeta Clásica no incluyen la recepción de transferencias de MLC. Los cubanos de a pie no entienden el entuerto financiero gubernamental. Si las instituciones financieras son estatales, si todas las divisas son para "ponerlas en función del bienestar de la población", ¿por qué se discrimina el MLC con respecto al dólar? Es la pregunta del pueblo que el Gobierno no se ha atrevido a responder.

"Lo que pasa es que ya se comieron los MLC, ya ese dinero lo fundieron, lo usaron en otras cosas y ahora lo convertirán en pesos", especula René en la cola de la Gran Piedra. "GAESA dirá que su mercancía la compra con sus dólares, y que el Gobierno que compre con los suyos, que son los MLC".

"¿Pero no son el mismo Gobierno? ¿Todo eso no es para ayudar al pueblo, comprar comida, combustible, medicinas, arreglar las termoeléctricas?", interviene un señor mayor que está en la cola.

"¿De qué planeta viene usted, padre?", responde René. "Usted no ve lo gordos y rosados que están ellos y lo cenizos que estamos nosotros. Ellos son millonarios y nosotros unos muertos de hambre. Aquí la única verdad es que quieren dólares de Miami sin producir nada. Más dólares para ellos y más dolores para nosotros", concluye.


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miércoles, marzo 06, 2024

El actor cubano Ramoncito Veloz Fernández cuenta sus inicios, la decisión de salir de Cuba, la sobrevivencia en España, el cambio a Miam

 Tomado de https://adncuba.com

EXCLUSIVA: ACTOR CUBANO RAMONCITO VELOZ CUENTA SU HISTORIA

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En exclusiva, el popular actor cubano cuenta su historia de vida

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Por ADNCUBA

03/04/2024

El actor cubano Ramoncito Veloz nos cuenta su historia. Sus inicios, la decisión de salir del país donde triunfó, la sobrevivencia en España, el cambio a Miami, el encuentro con una mujer que lo amaba, sus experiencias respecto a la pandemia, el reencuentro con una hija que no conocía, además del amor por su hijo y su familia.

Entrevista exclusiva para ADN Cuba por Nitsy Grau.



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Cuba en Miami

2017

Sobre Vivir en Miami: Entrevista exclusiva con Ramoncito Veloz


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Las Tropas Coheteriles Antiaéreas –TCA

Por Rogelio Fabio Hurtado
abril 6, 2016

Marianao, La Habana, Rogelio Fabio, (PD) Al concluir la Crisis de Octubre con el acuerdo entre las dos grandes potencias, el único armamento pesado que permaneció en Cuba fueron los cohetes tierra-aire, dado su carácter estrictamente defensivo.

Concebidos para operar en territorios continentales, la verdad es que le quedaban un tanto grandes al archipiélago cubano, pero como al caballo regalado, el Gobierno Revolucionario los aceptó gustoso.

En su discurso del 13 de marzo de 1963, el entonces Primer Ministro Fidel Castro, además de lanzar su primer golpe contra el llamado Sectarismo al cuestionar la burda adulteración del testamento político del líder estudiantil José Antonio Echevarría, del cual habían suprimido la referencia a Dios, aprovechó para realizar un llamado para que los estudiantes se incorporasen a un curso de armas estratégicas que convocarían en breve las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Pocos días después, fuimos convocados los militantes y aspirantes a una urgente reunión en el teatro del Instituto de la Víbora, donde se nos arengó para que diésemos “el paso al frente” y nos incorporásemos a “la defensa de la Patria”, asegurándonos que algún día seríamos considerados héroes, etc. Muchos levantamos la mano.

Así, el 9 de abril del mismo año, los convocados estábamos frente al Instituto, ligeros de equipaje, formando un pequeño pelotón, para encaminarnos hacia el cercano Quinto Distrito Militar.

¡Acababan de nacer las Tropas Coheteriles Antiaéreas!

Entre los reclutados, estaban el joven cantante Ramoncito Veloz , el futuro fotógrafo Iván Cañas Boix, un hermano del músico Pello el Afrokán y el inefable Honorio López alias Billy the Kid. También quienes llegarían a ser mis grandes amigos, Rafael Tamayo de los Reyes, Eduardo Aguiar, Norberto Chappé y René Ruisánchez.

Arribamos una madrugada de fines de abril a la base aérea de San Julián, en los remates de Guane. Estábamos orgullosos de ser los primeros cadetes de nuestras nacientes Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Todo iba muy bien, aunque el ansiado encuentro con las armas estratégicas no acababa de producirse.

Un mal día llegó a la base una guagüita verde olivo, de la que se apearon una decena de sargentos, procedentes de la provincia de Oriente. Venían a sustituir a los oficiales de milicias, que permanecían con nosotros desde La Habana. Estaban castigados, y comenzaron de inmediato a castigarnos.

De inmediato desapareció todo vestigio de tropas élites. Todos sin excepción de muy bajo nivel cultural, se encarnizaron contra los estudiantes habaneros y trataron de ser respetados a la brava. Aquello convirtió a la base en un desastre de indisciplina. Entretanto, el dichoso curso no acababa de empezar.

Hoy sabemos que Fidel Castro había cambiado de idea y ahora quería que las dotaciones soviéticas no se retirasen de Cuba, porque temía que una vez embarcado el último tovarich, Kennedy echase a la basura su promesa de no invasión. Consideraba rehenes a los soldados soviéticos que permanecían en la Isla.

Mientras, nosotros marchábamos por gusto en San Julián, obedeciendo órdenes absurdas de sargentos ineptos.

Finalmente, cuando ya no pudieron dilatarlo más, comenzamos el dichoso curso, que consistió en una serie de clases de radiotecnia, impartidas por profesores soviéticos en ruso y malamente traducidas por piribochis cubanos.

Eran sesiones aburridísimas, donde ni los fanáticos a la reparación de radios y televisores aprendían nada. Yo me quedaba dormido que daba gusto y mi pobre libreta secreta pagaba las consecuencias.

Finalmente, un día, al finalizar el cursillo, nos llevaron a conocer el emplazamiento coheteril soviético, que estaba al fondo de la pista.

No negaré que la visita me impresionó. Aunque vestían de civil, todo allí transparentaba marcialidad. Portaban armas para nosotros desconocidas y llevaban grandes cascos verdes, iguales a los norteamericanos.

La instalación era clásica, con altos taludes que permitían cubrir las rampas con una tela de enmascaramiento que tamizaba la luz, imponiéndole al escenario una luminosidad novedosa. Esto llamaba más la atención en el centro del emplazamiento, donde se agrupaban las cabinas, alrededor de la gigantesca Cabina P, sobre la que permanecían las tres antenas de la estación.

Aquella primera visita fue inolvidable y única. Después, los demás emplazamientos que conocí nunca fueron tan minuciosamente cinematográficos.

Tras el curso, a cuya graduación acudió el comandante Raúl Castro, realizaron la selección del personal que viajaría a la URSS, momento decepcionante para todos los que, habiendo sido convocados con esa promesa, quedamos defraudados. La tal selección no tomó en cuenta ni los resultados ni la conducta durante el Curso. Fue arbitraria. Incluyó a gente que ni siquiera había estado en San Julián. Al parecer, solo se basaron en los antecedentes familiares de cada cual, favoreciendo a quienes tenían familiares militantes del Partido Socialista Popular (PSP), por lo tanto eran PC – personal de confianza.

Yo, el indisciplinado 275, con un primo hermano preso en La Cabaña, obviamente no podía aspirar más que a ser sospechoso.

Fuimos repartidos por las distintas bases en el occidente. A mí me tocó la instalada en Canímar para proteger los cielos matanceros, experiencia que he recogido en unos cuantos poemas, publicados por el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal en sus dos libros acerca de Cuba.

Muchos años después, comprendí la razón por la cual Fidel Castro no se ocupó de nosotros y ni siquiera nos mencionó en ninguno de sus interminables discursos: las TCA nunca fuimos sus tropas favoritas. Él se hubiese sentido mucho más seguro si los tovariches no lo hubiesen abandonado entonces.
rhur46@yahoo.com; Rogelio Fabio Hurtado

Notas:
La base de cohetería antiaérea estaba emplazada en un área de 400 metros cuadrados. Había 6 rampas de lanzamiento, ubicadas simétricamente alrededor de la Cabina P, donde estaban instaladas las tres antenas básicas, una para la radiolocalización del objetivo por su altura, otra por el eje horizontal y una tercera, más pequeña para enviarle los mandos al cohete. En el centro, próximas a la Cabina P, se ubicaban las Cabinas A y U. En la primera se elaboraban los mandos para el proyectil. En la segunda, importantísima, tres operadores auxiliaban al oficial de conducción y disparo a realizar la radiolocalización del objetivo y a disparar el cohete. Con cuatro luminosas pantallas, parecía un camión de control remoto de la televisión.

Cada rampa podía efectuar un solo disparo, pero la estación podía realizar dos o tres disparos contra un mismo objetivo.

El personal a cargo se dividía en: una batería técnica, integrada por los operadores de las tres cabinas y la segunda batería, formada por los ramperos, quienes atendían las rampas de lanzamiento; uno de ellos debía permanecer junto a la pieza hasta pocos segundos antes del disparo, pues debía asegurarse de que el seguro de la rampa se retirase para, en caso contrario, hacerlo manualmente.

La dotación se completaba con una escuadra de telecomunicaciones y el personal que atendía las máquinas diesel que suministraban toda la energía necesaria para la estación. En total, alrededor de cien hombres, incluidos los oficiales al mando.

¿CÓMO FUNCIONABA?
El potencial objetivo era detectado por un radar de gran alcance, llamado P 15. Su localización llegaba por audífonos al planchetista, quien inmediatamente comenzaba a trazar su recorrido con lápices de colores sobre un gran mapa cuadriculado, a la par que voceaba esto a los del mando de la unidad, quienes permanecían sentados frente al mapa-plancheta.

Si el objetivo alcanzaba la distancia marcada sobre la plancheta con una circunferencia, el Mando ordenaba a toda la estación alistarse para el trabajo combativo.

Las cabinas U y P comenzaban a colimar al objetivo para estar listas para la orden del Mando de efectuar el disparo.

Una vez disparado el cohete, la cabina A elaboraba los mandos para guiar al cohete hacia el objetivo, guiándose por la señal de este que le suministraba la cabina P.

A medida que se acercaba a su objetivo, el cohete activaba en la punta un pequeño radar, cuya señal de rebote iba ganando intensidad hasta hacer explotar al proyectil lo bastante cerca de su objetivo para derribarlo.

Si el cohete perdía contacto con los comandos trasmitidos desde la cabina P, explotaba pocos segundos después.

Contra un mismo objetivo podían dispararse hasta tres cohetes simultáneamente.

Los aviones de combate enemigos poseían medios electrónicos para advertir cuando eran detectados y emitir señales radiotécnicas fantasmas. De la experiencia y pericia de los operadores de la cabina U y del oficial de tiro dependía acertar con la verdadera señal.

En Cuba, fue derribado un U-2 el sábado 27 de octubre de 1962, en plena Crisis, sobre el territorio de Banes, al norte de Oriente.

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martes, febrero 22, 2022

Ernesto Pérez Chang desde Cuba: Pueblo contra pueblo no puede ser la solución. El régimen se conforma con nuestros silencios, nuestra inmovilidad y, mejor aún, con nuestra complicidad, aunque esta llegue bajo la forma de un “simple acto de sobrevivencia”

 



Tomado de https://www.cubanet.org/

Pueblo contra pueblo no puede ser la solución

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El régimen se conforma con nuestros silencios, nuestra inmovilidad y, mejor aún, con nuestra complicidad, aunque esta llegue bajo la forma de un “simple acto de sobrevivencia”

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Por Ernesto Pérez Chang

18 de febrero, 2022 

LA HABANA, Cuba. — Lo leí en un grupo de intercambio de divisas en Facebook. En un comentario a una publicación de venta de dólares, un usuario amenazaba a un vendedor con denunciarlo a la policía si no le rebajaba la tasa de canje a menos de 70 pesos cubanos, a pesar de que esta última cifra igual superaba la tasa oficial de 24 por 1, de modo que aún así el acto de compra-venta, en su carácter clandestino, continuaba siendo castigado por la ley.

Es decir, un cubano oprimido que está violando la ley y que, sin dudas, pretende emigrar o revender los dólares que adquiere de manera ilegal en el mercado negro, amenaza a otro cubano oprimido con entregarlo a la policía si no se pliega al chantaje. Un acto mezquino, sin dudas, pero no un hecho aislado, y en esto radica mi principal preocupación porque, en la misma publicación, más de uno apoyó la idea de denunciar al vendedor que propusiera los dólares a más de 70, incluso bajo el argumento de que vender a mayor precio “es un abuso contra los pobres cubanos que solo quieren comprar dólares para salir de este país”.

Un “razonamiento” (por llamarle de algún modo) que no solo se equivoca al descargar todas las responsabilidades —culpabilidades— sobre lo malo que hoy sucede en Cuba en los hombros del sujeto equivocado, sino que traduce la irracionalidad y la hipocresía que se han vuelto práctica común de una parte considerable de la población, esa que, curiosamente, se debate en una disyuntiva infernal: la de escapar de la Isla o permanecer en ella bajo un sistema político opresivo.

Gente que, pretendiendo huir de un régimen policial, recurre a la denuncia ante las fuerzas represivas como chantaje contra un semejante. Gente carente tanto de dignidad como de sentido común que, paradójicamente, se escuda en la represión para conseguir escapar de esta.

Una aberración similar fue la disputa entre una “colera” y una “revendedora” que presencié no hace mucho en uno de los tantos tumultos frente a una tienda donde habrían de vender pollo congelado y aceite. Aunque las mujeres se dedican a dos trabajos marcados no solo como ilegales, sino, además, mediáticamente criminalizados (y, por tanto, estratégicamente responsabilizados por la dictadura con la crisis de desabastecimiento que nos azota desde mucho antes de la pandemia, producto del manejo de la economía en beneficio de una élite militar), ambas en medio de la trifulca se amenazaban con delatarse, apelando a la complicidad de cierto “amigo policía”, gracias al cual se las dejaba delinquir “en paz”.

También por estos días, cierta “figura pública” me ofreció, casi como en un acto de suprema “bondad”, su fórmula personal para “no buscarse problemas”. Algo similar a lo que hace el conocido e intocable super negociante de barrio al que la policía le perdona la vida porque los 26 de julio cuelga una bandera rojinegra en su balcón y, lo que es mejor, siempre está disponible para “combatir al enemigo”.

Ambos “métodos para permanecer a flote”, por cuanto llevan de obediencia extrema, fingimientos y actos de cobardía, no son muy diferentes a lo que sucede con el delator chantajista y las coleras apadrinadas por represores.

Todos son modos de actuar que, aun como consecuencia de los devastadores efectos sociales de una dictadura prolongada en el tiempo, no se justifican como actos de sobrevivencia, no en este punto crítico al que hemos llegado como pueblo oprimido, explotado, silenciado. Estamos en una situación “terminal” donde es posible determinar a las claras quién en realidad tiene la culpa de cada cosa buena o mala que nos sucede, pero, sobre todo, de definir precisamente ese estado conclusivo de la dictadura, cuán cerca estamos del fin de la opresión y, por tanto, que ya es hora de echar a un lado definitivamente esas “estrategias” que acrecientan el “pantano nacional”.

Quizás algunos años atrás, cuando sin Internet ni redes sociales no nos dejaban explorar la cruda realidad más allá de la familia y el barrio, cuando la “información” nos llegaba de a poquitos y por las vías controladas por el Partido Comunista, se justificaran —aunque solo a la luz de la ignorancia total— ciertas “ingenuidades” que hicieran de los actos de repudio y la “chivatería” un ejercicio de “normalidad”. Pero al día de hoy, cuando ya sabemos de lo que son capaces contra una multitud que toma las calles para protestar de manera pacífica, y cuando es evidente que les importa más construir hoteles que viviendas, comprar patrulleros y no ambulancias, es condenable prestarse, desde la condición de oprimidos, a la delación y persecución policiales.

Tal como van las cosas de excedidas en asuntos de represión, tan evidentes y sobrados en actos de prepotencia —lo cual traduce desesperación—, incluso fingir que nada nos afecta y quedarnos callados (“no meternos en política”) nos debiera mover al desprecio de tales actitudes porque, ya sin apoyo expreso, verdadero, el régimen se conforma (porque gana tiempo) con nuestros silencios, nuestra inmovilidad y, mejor aún, con nuestra complicidad aunque esta llegue bajo la forma de un “simple acto de sobrevivencia”.

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