sábado, octubre 14, 2023

La historia bien contada de lo ocurrido en La Habana de 1939 con los judios del buque Saint Louis que exime de culpas al Presidente Federico Laredo Brú, al General Manuel Benítez Valdés y al Jefe del Ejército Fulgencio Batista y Zaldivar

 Jewish refugees from Germany arrive on the ship Saint Louis in Havana, Cuba. HD Stock Footage




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Enlace Judío
Feb 16, 2022

El 13 de mayo de 1939 un barco con 937 pasajeros salió de Alemania buscando refugio en alguna parte del mundo. La gran mayoría a bordo eran judíos y su intención era llegar a América y poder así, escapar lo suficientemente lejos de las garras del nazismo.

Algunos pasajeros tenían previa autorización para desembarcar en Cuba, ya que el Director General de la oficina de migración de Cuba, había vendido de manera ilegal certificados de desembarco, el acto de corrupción desató el enojo en la población cubana, que se recibían a recibir inmigrantes, pues estos competirían por los pocos trabajos disponibles que existían, ¿Qué sucedió después? ¿Pudieron desembarcar en Cuba? ¿Cuál fue el destino de estos pasajeros? No te pierdas este video.

Barco St. Louis, la indignación en la historia judía; por Nadia Cattan



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 Importante NOTA ACLARATORIA  del Bloguista de Baracutey Cubano donde se aclaran supuestas culpas del General Manuel Benítez Valdés, del Presidente Federico Laredo Brú, ex Coronel del Ejército Libertador,  así como del Jefe del Ejército Fulgencio Batista y Zaldivar 

El St. Louis en el puerto de Hamburgo en junio de 1939

Si les interesa profundizar en el tema del buque MS St. Louis pueden leer el libro titulado Voyage of the Damned, el cual también fue editado en español con el de El viaje de los condenados, de Gordon Thomas y Max Morgan-Witts. Hay varias películas o films sobre ese tema; una de ellas tiene el mismo título de ese libro y fue filmada en 1976. El mencionado libro ofrece una lista de fuentes consultadas pero es importante conocer lo siguiente:


En los trágicos hechos del MS St. Louis es muy frecuente confundir al Coronel Manuel Benitez González con el General Manuel Benitez Valdés; en Cuba, hace ya unos años, una de esas personas que los confundió  fue un experimentado crítico cinematográfico cuando hizo la presentación de la película un domingo por la TV nacional.

El Coronel Manuel Benítez González no era un hombre de Batista, sino del General Rafael Montalvo Morales; Benítez González era cuando los hechos del buque Saint Louis el Director General de Inmigración. El General Montalvo fue el único individuo del Gabinete del destituido Presidente Miguel Mariano Gómez que pasó a integrar el Ejecutivo de Federico Laredo Brú; Montalvo pasó de la Secretaría de Defensa Nacional a la de Secretario de Estado. El General Montalvo era cuñado de Julio Lobo, ¨El Zar del Azúcar¨, el cual era judío. El General Montalvo es el personaje misterioso del mencionado libro. El Coronel Manuel Benitez González es una persona y el General Manuel Benitez Valdés es otra persona  fallecido en Miami hace ya algunos años, y que sí fue durante un tiempo un hombre de Batista, pues  posteriormente  se  convirtió en miembro del Partido Auténtico y llegó hasta ser Senador por dicho partido. Es probable que  Manuel Benitez Valdés sea hijo de  Manuel Benítez González  según se pudiera inferir del escrito de Ciro Bianchi; este último murió a mediados de los años 40 del pasado siglo. Leí que después  del escándalo de corrupción  con lo ocurrido con los pasajeros del buque Saint Louis tuvo que renunciar a su carfo de Director General de Inmigración de la República de Cuba..

Sobre la responsabilidad del Presidente Federico Laredo Brú, leemos lo siguiente  pero tengamos en  cuenta  lo que  son los hechos  y lo que  son  las opiniones subjetivas no avaladas por  testigos fiables y documentos como es, por ejemplo: ¨The President of Cuba, Frederico Laredo Bru, and his cabinet did not like Benitez making a great deal of money – that he was unwilling to share...¨; Traduciendo: ¨Al presidente de Cuba, Frederico Laredo Bru, y a su gabinete no les gustó que Benítez ganara una gran cantidad de dinero, que él no estaba dispuesto a compartir...¨


Decree 937
Decree 55 was adopted in Cuba in early 1939. It distinguished between refugees and tourists. The decree stated that each refugee needed a visa and was required to pay a $500 bond to guarantee that they would not become wards of Cuba. But the decree also said that tourists were still welcome and did not need visas. The director of immigration in Cuba, Manuel Benitez, realized that Decree 55 did not define a tourist or a refugee. He decided that he would take advantage of this loophole and make money by selling landing permits that would allow refugees to land in Cuba by calling them tourists. He sold these permits to anyone who would pay $150. Though only allowing someone to land as a tourist, these permits looked authentic, even were individually signed by Benitez, and generally were made to look like visas. Some people bought a large group of these for $150 each and then resold them to desperate refugees for much more. Benitez himself had made a small fortune in selling these permits as well as receiving money from the cruise line. Hapag had realized the advantage of offering a package deal to their passengers – a permit and passage on their ship.

The President of Cuba, Frederico Laredo Bru, and his cabinet did not like Benitez making a great deal of money – that he was unwilling to share – on the loophole in Decree 55. Also, Cuba’s economy had begun to stagnate and many blamed the incoming refugees for taking jobs that Cubans would have otherwise held.

On May 5, Decree 937 closed the loophole. Without knowing it, almost every passenger on the S.S. St. Louis had purchased a landing permit for an inflated rate which, by the time of sailing, had already been nullified by Decree 937.
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Decreto 937
El Decreto 55 fue adoptado en Cuba a principios de 1939. Distinguía entre refugiados y turistas. El decreto establecía que cada refugiado necesitaba una visa y debía pagar una fianza de 500 dólares para garantizar que no quedarían bajo la tutela de Cuba. Pero el decreto también decía que los turistas seguían siendo bienvenidos y no necesitaban visas. El director de inmigración en Cuba, Manuel Benítez, se dio cuenta de que el Decreto 55 no definía a un turista ni a un refugiado. Decidió que aprovecharía este vacío legal y ganaría dinero vendiendo permisos de aterrizaje que permitirían a los refugiados aterrizar en Cuba llamándolos turistas. Vendió estos permisos a cualquiera que pagara $150. Aunque solo permitían que alguien aterrizara como turista, estos permisos parecían auténticos, incluso Benítez los firmaba individualmente y, en general, se hacían para que parecieran visas. Algunas personas compraron un gran grupo de estos por $ 150 cada uno y luego los revendieron a refugiados desesperados por mucho más. El propio Benítez había hecho una pequeña fortuna vendiendo estos permisos y recibiendo dinero de la línea de cruceros. Hapag se dio cuenta de la ventaja de ofrecer un paquete a sus pasajeros: un permiso y pasaje en su barco.

Al presidente de Cuba, Frederico Laredo Bru, y a su gabinete no les gustó que Benítez ganara una gran cantidad de dinero, que él no estaba dispuesto a compartir, con la laguna del Decreto 55. Además, la economía de Cuba había comenzado a estancarse y muchos culparon a la economía entrante. refugiados por tomar trabajos que los cubanos habrían ocupado de otro modo.

El 5 de mayo, el Decreto 937 cerró el vacío legal. Sin saberlo, casi todos los pasajeros del S.S. St. Louis habían comprado un permiso de desembarco por una tarifa inflada que, al momento de zarpar, ya había sido anulada por el Decreto 937.
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Nota del Bloguista del blog Baracutey Cubano

Alerta: Ciro Bianchi es un periodista oficialista de la dictadura castro comunista de Cuba.
El ataque al Hotel Nacional de Cuba  lo ordenó Antonio Guiteras como Secretario (Ministro) de Guerra y Marina (del mal llamado ¨Gobierno de los 100 días¨ y  eso de mal gobierno no lo digo por la cantidad de días, que realmente fueron entre 126 y 127 días). Batista era Jefe del Ejército y no tenía mando sobre la Marina y, sin embargo, a dicho hotel barcos de  la Marina de Guerra lo cañonearon.

Mario Alfonso Hernández fue el militar que asesinó al Coronel (Juan) Blas Hernández  después que fue  retomado el Castillo de Atarés el 9 de noviembre de 1933,  en el el marco del gran alzamiento del ABC  en La Habana que había comenzado el día 8 de noviembre. Sobre ese alzamiento pueden leer haciendo click AQUÏ. 

Max Lesnik  ha sido condecorado por  Fidel Castro en Cuba, ya que fue otorgada por el Consejo de Estado, a propuesta de la Unión de Periodistas de Cuba.

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Trabajo terminado. Un exmilitar cubano, el General Manuel Benítez Valdés

Por: Ciro Bianchi
febrero 21, 2017

Un exmilitar cubano, el General Manuel Benítez Valdés, jefe de la Policía Nacional en el primer Gobierno de Fulgencio Batista, fue reclutado en los años 60 por el presidente haitiano François Duvalier  —Papa Doc— para que eliminara físicamente a una importante figura del Gobierno de Paul E. Magloire, expresidente de Haití. Se trata de una historia muy poco conocida que el propio Benítez contó en Miami al periodista Max Lesnik, entonces director de la revista Réplica, de esa ciudad. No hay en ella revelaciones impactantes y más que el relato de un asesinato lo es de un hecho de la picaresca. El sujeto murió de muerte natural, pero Benítez hizo creer al dictador que había sido víctima del lento envenenamiento a que él le había sometido a través de un sirviente.

El bonito

A Benítez Valdés le llamaban «el Bonito». Antes de su entrada al Ejército fue artista de reparto en Hollywood, donde logró meterse en la cama de no pocas luminarias de la cinematografía norteamericana. Tenía una suerte loca con las mujeres.

Su padre, Manuel Benítez González, nacido en Regla, tenía 14 años de edad cuando se sumó a la invasión del Ejército Libertador a occidente. Sirvió a las órdenes de diferentes jefes, pero nunca se pudo precisar el grado que llegó a alcanzar en las fuerzas mambisas. Al cese de la soberanía española, fue periodista del diario habanero La Discusión y en 1903 entró en la Guardia Rural con grados de segundo teniente. A la caída de Machado, cuando era ya Coronel jefe del Regimiento 8, Rius Rivera, de Pinar del Río, fue destituido de su mando y, sujeto a investigación, internado en la prisión militar de La Cabaña. Puesto en libertad poco tiempo después —no hubo sanciones para los machadistas— se afilió al Partido Liberal y como miembro de esa organización política resultó electo delegado a la Asamblea Constituyente de 1940. Con posterioridad llegó al Senado de la República en el cual, en los días de la II Guerra Mundial, ocupó la presidencia de la Comisión de Asuntos Militares. Murió en enero de 1946.

Varias veces lo ha repetido el escribidor: el exGeneral Manuel Benítez es uno de los hombres más nefastos de la historia de Cuba. Para su suerte, son pocos los que se recuerdan de su existencia.

Refería él mismo que el 4 de septiembre de 1933 —era entonces teniente del Ejército— mientras transcurría el golpe de Estado, fue detenido cuando  dormía  en el campamento de Columbia y llevado a presencia del sargento Fulgencio Batista. Lo escuchó dirigirse a una asamblea de clases y soldados y cuando el jefe golpista terminó su perorata, ni lento ni perezoso, en un alarde sin límite de oportunismo,  Benítez se puso de pie sobre su asiento y luego de arrancarse los grados proclamó que ya no quería ser el teniente Benítez, sino el sargento Benítez, lo que, junto con Tabernilla, Ferrer y Querejeta, lo convertía en uno de los pocos oficiales que se sumaba al golpe de los sargentos. Batista lo acogió con los brazos abiertos.

Ayudante de Batista

De oficial del ejército machadista a oficial del ejército batistiano y ayudante de Batista. Instigó para que Batista ordenara, en octubre de 1933, el bombardeo del Hotel Nacional, sin importarle que allí se hallaran refugiados los oficiales que fueron hasta poco antes sus compañeros de cuerpo, y se le acusó de haber ametrallado al ya teniente coronel Mario Alfonso Hernández por orden de Batista.

Mario Alfonso era miembro de la Junta Revolucionaria de Columbia o Junta de los Ocho, que protagonizó el golpe de Estado aludido, y de soldado raso ascendió a teniente coronel, pero un día se atrevió a preguntar al coronel Fulgencio Batista, jefe del Ejército, sobre la fecha en que empezaría a hacerse realidad el acuerdo de la Junta que establecía la jefatura rotativa de las Fuerzas Armadas. Batista no le contestó de momento, pero quedó en enviarle la respuesta. Se la envió con Benítez. Una noche tocó este a la puerta del domicilio de Mario Alfonso, que confiado le franqueó la entrada al identificar la voz de su compañero. Benítez lo ametralló en la propia sala de estar de la casa y en presencia de su esposa. De inmediato, Batista dirigió al Ejército una proclama que se leyó en la diana y en la retreta en  todos los campamentos en que decía que a Mario Alfonso Hernández, a quien quería no como a un compañero de armas, sino como a un  familiar,  hubo que aplicarle la «ley de fuga» en su traslado al campamento de Columbia, en  Marianao, para frustrar su intento de evasión luego de haber sido detenido por traficante y consumidor de drogas, lo que era enteramente falso. Antonio Guiteras afirmaba que Mario Alfonso era el único revolucionario en la Junta de los Ocho.


(El entonces Teniente Coronel Manuel Benítez VALDÉS  dando un discurso en la inauguración de la Ciudad Militar de Pinar del Río en 1936. Fotos y comentario añadidos  por el Bloguista de Baracutey Cubano)

La estrella del General

Cuba entra en la II Guerra Mundial y el presidente Batista, con el decreto ley número 7 de 1942, también conocido como ley orgánica de las Fuerzas Armadas, restablece el grado de General en el Ejército de la República. Hasta entonces, y desde 1933, el grado máximo era el de Comandante, aunque la jefatura recaía en un Coronel que se hacía auxiliar por oficiales que ostentaban el grado transitorio de Teniente Coronel. Benítez fue entonces  uno de los cuatro generales del Ejército. Como jefe de la Policía Nacional, entre otros negocios turbios, se benefició con las tajadas que sacaba de casinos de juego, garitos y vidrieras de apuntaciones, sin contar otras ganancias ilícitas.

No duró mucho tiempo en su jefatura. Batista debía abandonar la presidencia de la República el 10 de octubre de 1944. Como la Constitución no le permitía reelegirse, pensó que el doctor Carlos Saladrigas, de resultar electo en los comicios del 1ro. de junio, lo nombraría Jefe del Ejército y de cualquier manera  garantizaría el batistato sin Batista. Pero Saladrigas perdió las elecciones frente al candidato opositor Ramón Grau San Martín. Batista —dicen que presionado por Washington—  se resignó a entregar el poder a su antiguo rival. Benítez, sin embargo, no era de la misma opinión. Trató de convencer a Saladrigas de que se sumara a un plan encaminado a frustrar el ascenso de Grau. Saladrigas, que era un político astuto, se negó, y Benítez pensó entonces en sacar a Batista del juego, esto es, de la presidencia. Hasta ahí duró como jefe de la Policía. Se le formularon acusaciones por varios delitos, entre ellos, uno tan ramplón como el de sustraer del cuartel maestre general de la Policía 50 camas, que vendió después a 20 pesos cada una.

Salió Benítez de la Isla para evadir la acción de la justicia, pero Grau ya presidente le permitió regresar con todas las garantías para que viera a su padre, agotado por una insuficiencia renal crónica terminal que se complicó con trastornos del hígado y el corazón.

Libre matanza

Más tarde, en octubre de 1946,  fue uno de los responsables de la Conspiración de la Capa Negra, una de las que se orquestaron para derrocar a Grau. Las otras fueron la del Cepillo de Dientes y la del Mulo Muerto. Pese al nombre despectivo con que las identificó la revista Bohemia, que las ridiculizó y tiró a choteo, existieron realmente y no llegaron a descartar el magnicidio.

Los organizadores de la Capa Negra pensaban apoderarse del campamento de Columbia luego de pasar a cuchillo a todas sus postas, y también de la sede del regimiento Rius Rivera en la capital pinareña, donde procedente de Miami habría desembarcado ya el exgeneral Benítez, que se trasladaría a La Habana a fin de asumir las riendas del Gobierno de la nación.

El plan contemplaba el asesinato de las principales figuras del Gobierno grausista y de los líderes más connotados de la Alianza Auténtico-Republicana en el poder, e incluía asimismo lo que los conjurados llamaban «Setenta y dos horas de libre matanza», encaminada a sacar del juego a todos los que se opusieran a la vuelta del pasado batistiano. Los golpistas estaban equipados con armas de fabricación norteamericana tan modernas que no habían llegado todavía a manos el Ejército cubano.

En 1954 Manuel Benítez Valdés accedía al Senado. Lo hacía por el Partido Auténtico que presidía Grau San Martín, a quien tanto había combatido.

Marchó al exterior tras el triunfo de la Revolución y se radicó en Miami. Fue allí que, fuera de récord, refirió al periodista Max Lesnik su relación con «Papá» Duvalier.

El hombre sigue vivo

Un golpe de Estado acabó con la débil democracia haitiana. Unas elecciones amañadas, convocadas al amparo del Ejército y de una junta duvalierista impuesta por el cuartelazo, dieron el triunfo electoral a François Duvalier, quien inaugura un régimen autocrático y dictatorial, y también populista, que se asegura en el poder mediante el terror y la superstición. Depura al Ejército y con su propia fuerza paramilitar, los Tonton–Macoutes, mezcla de policía particular y guardia pretoriana, acomete, con métodos terroristas, una represión sistemática que barre a sus opositores. Washington apoya al «Brujo» Duvalier, maestro del vudú, y lo apoya asimismo la oligarquía  negra y mulata. Su mandato debió finalizar en 1963, pero se reelige por seis años más y en 1964 se inviste como presidente vitalicio. En enero de 1971 proclama sucesor a su hijo Jean Claude. Y cuando fallece es ciertamente Babe Doc, de 19 años de edad,  quien asume el mando del país, en medio de una tupida red de conjuras palaciegas. Tendrá el apoyo irrestricto de un cuerpo paramilitar, Los Leopardos. El 7 de febrero de 1986 una revuelta popular provoca el derrocamiento de Babe Doc, que huye al exterior.

El viejo Duvalier busca la manera de eliminar a sus opositores y se vale de cualquier medio para conseguirlo. Por lo general sus hombres actúan abiertamente, a cara descubierta, en otras conviene al dictador encubrir sus crímenes, moverse sin dejar huellas, cortar cualquier rastro que lo vincule con el crimen. Un enviado del presidente Duvalier hizo contacto con el exgeneral Manuel Benítez en el casino de juego del hotel donde se alojaba en la capital dominicana. El Brujo quería verlo y el cubano se trasladó a Puerto Príncipe. Como es habitual en tales casos, ya en los jardines de Palacio, donde lo recibió el mandatario, no se mencionó el nombre del sujeto a eliminar, pero Benítez lo leyó en el aire. Recibió 50 000 dólares de anticipo por la encomienda.

Pasado un tiempo, Duvalier volvió a reclamar su presencia.

—Van dos meses y el hombre sigue vivo —dijo el mandatario haitiano eludiendo otra vez mencionar el nombre de su adversario.

Entonces Benítez repitió a Max Lesnik el cuento chino que le contó a Duvalier. Dijo que había logrado penetrar el círculo íntimo del político y uno  de sus criados, por orden suya, le administraba un veneno de efecto lento, pero que no dejaba huellas, de manera que resultaría imposible relacionar su muerte con un asesinato. Duvalier se lo creyó. Proseguía Benítez:

«Para suerte mía, el hombre tenía cáncer y murió. Murió de muerte natural. En cuanto me enteré corrí a encontrarme con Duvalier. Le dije: “Trabajo terminado”, y recibí los 50 000 dólares restantes.

«Con todo, cometí un fallo. En el propio casino de juego del hotel, a mi regreso de Puerto Príncipe, referí la historia a Santiaguito Rey, senador y ministro de Gobernación (Interior) en el Gobierno de Batista. Ese desliz me costó 10 000 dólares que me exigió Santiaguito por su silencio y que se jugó allí mismo».
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Constitución de 1940


Después de un proceso político contradictorio y turbulento, se lanzó la convocatoria de otra asamblea constituyente, que finalmente aprobó la Constitución de 1940, firmada en Guáimaro, Camagüey, el 1 de julio. La misma consta 286 artículos, y por su contenido se consideraba que era una de las más avanzadas de su época en América Latina. Esta constitución fue abolida por la dictadura batistiana el 10 de marzo de 1952.

Sus firmantes fueron 71 delegados, electos entre la membresía de los partidos políticos de entonces. Resulta notorio que por primera vez participaron 2 mujeres. Los delegados fueron: Carlos Márquez Sterling y Guiral, Alberto Boada Miguel, Emilio Núñez Portuondo, Salvador Acosta Cáceres, Francisco Alomá y Álvarez de la Campa, Rafael Álvarez González, José R. Andreu Martínez, Manuel Benítez González, Antonio Bravo Acosta, Antonio Bravo Correoso, Femando del Busto Martínez, Juan Cabrera Hernández, Miguel Calvo Tarafa, Ramiro Capablanca Graupera, José Manuel Casanova Diviño, César Casas Rodríguez, Romárico Cordero Gaecés, Ramón Corona García, Felipe Correoso y del Risco, José Manuel Cortina García, Miguel Coyula Llaguno, Pelayo Cuervo Navarro, Eduardo R. Chibás Rivas, Francisco Dellundé Mustelier, Mario E. Digo, Arturo Don Rodríguez, Manuel Dorta Duque, Nicolás Duarte Cajides, Mariano Esteva Lora, José A. Fernández de Castro, Orestes Ferrara Marino, Simeón Ferro Martínez, Manuel Fueyo Suárez, Adriano Galano Sánchez, Salvador García Agüero, Félix García Rodríguez, Quintin George Vemot, Ramón Granda Fernández, Ramón Grau San Martín, Rafael Guas Inclán, Alicia Hernández de la Bara, Alfredo Homedo Suárez, Francisco Ichaso Macias, Felipe Jay Raoulx, Emilio A. Laurent Dubet, Amaranto López Negrón, Jorge Mañach Robato, Juan Marinello Vidaurreta, Antonio Martínez Fraga, Joaquín Martínez Sáenz, Jorge A. Mendigutía Silveira, Manuel Mesa Medina, Joaquín Meso Quesada, Gustavo Moreno Lastres, Eusebio Mujal Bamiol, Delio Núñez Mesa, Emilio Ochoa Ochoa, Manuel A. Orizondo Caraballé, Manuel Parrado Rodés, Juan B. Pons Jane, Francisco José prieto Llera, Carlos Prío Socarrás, Santiago Rey Pernas, Mario Robau Cartaza, Blas Rora Calderío, Primitivo Rodríguez Rodríguez, Esperanza Sánchez Mastrapa, Alberto Silva Quiñones, César Vilar Agular, Fernando del Villar de los Ríos, María Esther Villoch Leyva.
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Pepe Forte: La Historia del barco judío St. Louis (Participación  del Bloguista Pedro Pablo Arencibia: de  1:39:22 a 1:46:34)









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miércoles, agosto 30, 2023

El orgullo de ser cubano. Francisco Almagro Domínguez: Para reconstruir el país habrá que difundir todas las historias alternativas que han sido celosamente trastocadas, ocultadas

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Mi aporte  para el conocimiento de la Historia de Cuba. Para más detalles ir a Amazon  haciendo click en cualquiera de las siguientes imágenes.



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 Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

El orgullo de ser cubano

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Para reconstruir el país habrá que difundir todas las historias alternativas que han sido celosamente trastocadas, ocultadas

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Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

28/08/2023

Le presento además a un número creciente de cubanos que han confundido la

Patria con un partido; la Nación con el proceso histórico que hemos vivido en las

últimas décadas, y la cultura con una ideología. Son cubanos que, al rechazar todo

de una vez sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan lo de aquí de Cuba y

sobrevaloran todo lo extranjero. Algunos consideran éstas como una de las causas

más profundas del exilio interno y externo.

Monseñor Pedro Meurice, arzobispo de Santiago de Cuba. Palabras de

Bienvenida San Juan Pablo II (fragmentos). 24 de enero de 1998

No debería sorprendernos a estas alturas. Cada día los compatriotas que vienen de la Isla, no solo no saben casi nada de la historia de su país. La rechazan. Sienten vergüenza de llamarse cubanos. No quieren hablar “de política”. Solo quieren saber dónde se puede encontrar un pasaje de avión, sea para ver volcanes o conocer la estepa siberiana. Así me lo ha confirmado un amigo que recién llega para regresar en breve, pues otros cubanos en la Isla reclaman el concurso de sus muchísimos esfuerzos.

De más está decir el nivel de casi indigencia alcanzado por la Continuidad. Eso se traduce en (malas) conductas y un lenguaje típico de quien necesita subsistir. La miseria material puede ser vencida, usando las herramientas y las libertades en muy breve plazo. No la indigencia espiritual. El vacío existencial. El daño producido por no saber de dónde vienes, hacia dónde vas. Es el mayor dilema de la Cuba de hoy. Del peatón de esquina, del esperador de guaguas, del turista de futuros.

El padre Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal, vicario de la arquidiócesis de la Habana, y quien por obvias razones conoció desde la cuna a varios sobrevivientes de la guerra de independencia, solía decir que su Casa-Cuba tenía una capacidad de reinventarse, de levantarse de las ruinas, que pocos eran capaces de imaginar. Eso es algo que la historiografía castrista minimiza y oculta con celo, salvo para engatusar a quienes todavía esperan la resurrección del comunismo insular.

Tras la reconcentración de Weyler y la Tea Incendiaria de los rebeldes, no quedó ni donde amarrar la chiva, literal. No solo la población cubana mermó en casi un diez por ciento, sino que los cultivos y la ganadería prácticamente desaparecieron en la mitad del país. Imaginemos, además, que la industrialización era mínima, excepto para la producción de azúcar y transporte ferroviario. Pues en un tiempo tan corto como poco más de cincuenta años —1902-1958—, Cuba se puso a la cabeza de América Latina en varios aspectos económicos, sociales y culturales. Las estadísticas existen, avaladas por organismos internacionales.

La estrategia del adoctrinamiento pasa, precisamente, por negar lo positivo y publicitar lo negativo de lo que, para vergüenza de intelectuales y políticos cubanos, han llamado Pseudorepública o República mediatizada. No se dan cuenta que fue esa misma República “a medias” la que les permitió, con luces y sombras, realizar sus obras, publicar libros, militar en el Partido Comunista y crear sindicatos de obreros. Todo el conocimiento y el oficio de quienes después se llamarían revolucionarios fueron forjados en las aulas universitarias —tenían autonomía— y en los círculos de estudio, en una época, permitidos.

Nuestros jóvenes son incapaces de establecer un hilo conductor entre la llamada Generación del seminario de San Carlos y San Ambrosio —el Padre Varela, Saco, Caballero, Bachiller Y Morales—, el maestro Rafael María de Mendive —también ex discípulo del seminario—, y su alumno, José Martí. Al despojar a Martí de su ancestros culturales y espirituales cristianos, y entregarnos un Martí que no es ni por asomo materialista, no comprendemos su poesía —que tanto debe a la mística española—, ni su filosofía política —liberal, nacionalista— y mucho menos su crítica a los Estados Unidos, no de enfrentamiento violento sino de corrección, para que los futuros cubanos evitaran ciertos excesos norteños, precisamente materiales, como la adoración al dinero, el egoísmo, y la individualidad irritante.

Cuando cayó el Muro de Berlín, la propaganda castrista tenía un mantra: se han quedado sin historia. Sin duda, estaban proyectando lo sucedido en Cuba años antes cuya expresión simbólica, visible, fue cambiar los nombres de pueblos, calles, parques y tumbar las estatuas de los presidentes anteriores, chapucería delatada por aquellos zapatos de Estrada Palma —el sustituto de José Martí en el Partido Revolucionario Cubano, y primer presidente— que escaparon a la tala de la memoria nacional. Y donde hubo un cuartel, inaugurar una escuela… con el nombre y el programa de estudios que cambie la historia; los cuarteles, fuera de las ciudades. No otro fatídico 26.

Bloquear toda narrativa alternativa es imprescindible si se quiere que la nueva versión cobre cuerpo. Ni por casualidad un cuento que roce con el pétalo de una cuartilla la “verdad” sobre la Sierra, el Llano, la Guerra Civil en el Escambray —“Eduardo era un León”—, y los éxodos o estampidas. El exilio es un gran museo de “excubanos” que un día se creyeron escritores, cineastas y plásticos dentro de la Revolución y terminaron con la Revolución nada.

Todo parecía, en el plano comunicacional, marchar como entierro de esclavos, hasta que apareció el Internet, el celular, y los influencers, que si bien a veces no saben nada, hacen bastante “ruido”. Entonces el peatón de esquina, el esperador de guaguas, el turista de futuros rechaza el todo de manera ciega. El emigrado cubano no quiere oír hablar del Martí comunista y antimperialista, autor intelectual del desastre. Ni le importa quién fue el ¿Padre? Varela, ni el contrapunteo del azúcar y el tabaco porque no hay ni uno ni lo otro, sino “caldosa” y nunca ajiaco con carnes y verduras. Si a eso se le adiciona la causa eficiente, la ausencia del vasito de leche, todo el discurso anterior, doctrinal, cae en el vacío.

Esa es la situación a la cual hemos llegado. Hay suficientes motivos y razones para, a pesar de tantos odios y contradicciones, sentir orgullo por haber nacido en Cuba, como canta Albita. Sentirse y actuar cubano, donde quiera que se esté, y profese la idea política o religiosa que desee —un derecho humano—, es también un acto de resistencia, de rebeldía, de fe en que un día volveremos a ser la Casa-Cuba que tanto amaron nuestros mayores y de la que no había motivos para emigrar, a no ser por culpa de las dictaduras que tanto nos persiguen en nuestra corta historia de nación independiente.

Pero duele. Duele que haya tanta gente llegando que no quiere saber de Cuba. Sienten pena por ser cubanos. Ocultan los acentos y los gustos culinarios. Hubieran querido nacer en otro país. Tienen lástima de sí mismos porque los han lastimado sesenta años de rencores y fracasos. Y lo que es peor: van a la Isla para restregarle sus familiares la libertad que gozan, con una ‘jaba” en ocasiones prestada o a crédito.

Para reconstruir el país habrá que difundir todas las historias alternativas que han sido celosamente trastocadas, ocultadas. Levantar la autoestima de un pueblo que ha dejado de creer en sí mismo y en sus potencialidades. Revisitar la historia verdadera, porque oculto en las peores sombras siempre se descubre un aro de luz. Quizás hasta sea necesaria una amnesia temporal, un reposo de antipatías, un margen a recobrar la espiritualidad perdida, la verdaderamente martiana, esa que no es ara ni pedestal de nadie.

© cubaencuentro.com

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SOY CUBANO, en la voz de Agustín Tamargo


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Fragmento de una carta de Gastón Baquero a Lydia Cabrera del año 1982:

Lidia: hiciste muy bien en nacer un 20 de mayo. Eres lista prenatal. Naciste en el día del nacimiento de la República, y tú y yo sabemos a cuánta maravilla sabe la palabra República, la República. Lo que eso quiere decir para los cubanos con un poquitico de raíces criollas intactas, es difícil contarlo a los extraños. Ahora andan sueltos por ahí y por aquí, y por todas partes, algunos cubanitos comemierdas que dicen no sentir la patria, ni importarles nada su destrucción y su pena. Yo creo que adoptan esa pose, no por la cursilería de hacerse los europeos o los norteamericanos, sino porque les falta el valor de amar a Cuba, de querer a la patria, y estar lejos de ella. Para no sufrir, fingen no amar, no sentir nostalgia, ni echar de menos las raíces. Han hecho de la expatriación una despatriación, para que no les duela la diáspora, porque su egoísmo, su frivolidad y su hedonismo de quincallería les exige quitarse del corazón todo lo que pueda llevarlos al santo insomnio de Cuba.

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Fernando Ortiz ya en 1913 escribió sobre el desarrollo económico de Cuba comparado con las de sus hermanas repúblicas latinoamericanas: 

El sabio Don Fernando Ortiz y su artículo Cuba y sus hermanas


Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso
 Miami
16 de septiembre de 2013

Don Fernando Ortiz, llamado ¨el tercer descubridor de Cuba¨, escribió en 1913 el artículo Cuba y sus hermanas donde mostraba comparativamente la posición privilegiada que ya en ese año tenía Cuba económicamente en comparación con el resto de las repúblicas latinoamericanas. Esta posición privilegiada se alcanzó después de una devastadora guerra de independencia en la que hubo, pese al pequeño tamaño de Cuba, más del doble de tropas de la Metrópoli que las que hubo en toda Sur América en el siglo XIX en las diferentes guerras de independencia. La guerra terminó en agosto de 1898 y Cuba se convirtió en una república libre e independiente en 1902.

Esta capacidad de recuperación de Cuba probablemente preocupan mucho a gobiernos de otros países del continente americano que verían afectadas las economías de sus países si Cuba se libera y en ella se instala la democracia con un sistema de economía de mercado y un sistema de gobierno que vele por el bien y la prosperidad de todos sus ciudadanos. Quizás esa preocupación explique la ¨indiferencia¨ que en muchos países hermanos ha existido con respecto a la tragedia cubana y la complicidad que han tenido muchos de sus gobiernos con la dictadura totalitaria de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

En Miami ese milagro cubano volvió a repetirse a partir de 1959 con la llegada de exilados cubanos al sur de la Florida.

Si salva en su computadora u ordenador la fotocopia que está en pequeño y la amplian tendrán más datos interesantes.

Disculpen los garabatos en las fotocopias, pero muy probablemente fue uno de mis hijos cuando niño que trató de imitarme señalando en el texto lo más interesante :-)
















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domingo, abril 16, 2023

Jorge Hernández Fonseca: Cuba: La isla de los sueños traicionados. César Reynel Aguilera sobre su libro: El Soviet Caribeño. La Verdadera Historia de la Revolución Cubana


 Cuba: La isla de los sueños traicionados

Por Jorge Hernández Fonseca

16 de Abril de 2023

Existe en la Cuba castrista actual una decisión firme: cambiar su régimen económicamente socialista y estatista, a un régimen capitalista mafioso estilo ruso. Será capitalista porque se regirá mayoritaria (y parcialmente) por las leyes del mercado privado, no estatal. Será mafioso porque los dueños de las empresas de la economía no serán aquellos emprendedores que crean nuevas fuentes de trabajo, simplemente serán los antiguos militantes del partido único, que ahora son “administradores” de un bien estatal, que pasará a ser privado y regalado a estos incondicionales del poder. Será estilo ruso porque ya hay un convenio entre la cúpula castrista y la Rusia de Putin, para implantar su “sistema” en la isla. Ya se le entregó a los rusos el central Uruguay, antes Jatibonico, uno de los mayores de la región, para que sean dueños y señores.

La realidad actual configura una traición a la mal llamada “revolución cubana”. Ni José Antonio Echevarría, ni Frank País murieron para crear en la isla un capitalismo mafioso. Ni siquiera Fidel Castro, llamado el “máximo líder de la revolución cubana”, luchó para implantar un capitalismo mafioso. Como todos saben, Fidel Castro había traicionado su palabra de implantar una revolución democrática e implantó un socialismo/comunismo marxista leninista, pero jamás un capitalismo de cualquier color o tendencia, como ahora, en que los detentores del poder en la isla deciden repartirse todas las propiedades entre los jefazos y sus familias, y “aquí no ha pasado nada” en los últimos sesenta y tantos años de penurias vicisitudes y fusilamientos.

Lo anterior implica una radical y cualitativamente distinta falsedad de la dictadura cubana. Si bien antes tenían el subterfugio de seguir un rutero marcado por el marxismo leninismo, de “mantener el poder político para evitar el regreso del capitalismo”, ahora ellos implantarán un capitalismo mafioso, sin desmantelar la dictadura. Nada tan insensato. Es mandatorio abrir políticamente el sistema. No pueden ser los mismos gobernantes, porque el sistema socialista que defendían ha fracasado y es necesario dar paso a nuevos aires. No es ya porque durante sesenta y tantos años no pudieron dar comida y otros bienes a los cubanos, como tampoco es porque implantaron un sistema opresivo que ha llevado a las tres cuartas partes de los cubanos a emigrar en busca de un futuro. Es por todo eso y porque cambiar al capitalismo con dirigentes socialistas dará en un sistema, no sólo injusto, como ineficiente y abusivo, no “revolucionario”. 

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

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  Salvador Díaz Versón


El periodista Salvador Díaz Versón quién había ocupado un alto cargo policial en uno de los gobiernos auténticos  tenía en su poder los expedientes de la Liga Anticomunista donde  estaban depositados muchos años de  investigación  sobre los comunistas en Cuba y fuera de Cuba. El expediente A-943 correspondía a Fidel Castro Ruz y en él se reflejaba que Fidel  Castro había comenzado a trabajar para la Unión Soviética  en 1943 y que en su reclutamiento y entrenamiento había desempeñado un importante  papel un diplomático supuestamente llamado Gomer Bashirov, En el expediente también habían fotos y documentos que  que evidenciaban su conexión con Moscú. Después del triunfo de la Revolución y concretamente tan cercano como el 23 de enero de 1959  se requisaron los archivos que estaban, si mal no recuerdo haber leido, en la casa de Salvador Díaz Versón en Cojimar.  En ese expediente había una carta de Fidel Castro dirigida  a Abelardo Adán en Praga que fue interceptada por Salvador Díaz Versón decía: ¨ Nuestro amigo me dijo que me mantiene reservado para mayores esfuerzos  y que no debo quemarme  viajando ahora. Ellos tienen  un plan  en el cual yo seré  el eje que  se implementara muypronto. Es posible  que entonces volvamos a vernos sin temor al imperialismo yanqui¨.  La información de casi todo lo que está en este párrafo están en las páginas 777 y 778 del excelente libro (aunque no coincido en algunas interpretaciones que aparecen en él)  titulado La Verdadera República de Cuba , del Dr.Andrés Cao Mendiguren.
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Communist Threat to the United States Through the Caribbean
U.S. Senate Subcommittee to Investigate the Administration of the Internal Security Act and Other Internal Security Laws, of the Committee on the Judiciary.

Tuesday, May 6, 1960

Testimony of Salvador Díaz-Versón
(Through an interpreter)

Senator DODD. Will you take the chair and give your name and address?

Mr. SOURWINE. What is your full name?

Mr. DIAZ-VERSON. Salvador Diaz-Verson y Rodriguez.

Mr. SOURWINE. What is your business or profession?

Mr. DIAZ-VERSON. Newspaperman and writer.

Mr. SOURWINE. Were you ever in the army?

Mr. DIAZ-VERSON. I was Chief of Military Intelligence from the year of 1948 until March 10, 1952.

Mr. SOURWINE. Were you ever Chief of Criminal Investigations and the investigation of communism in Cuba?

Mr. DIAZ-VERSON. Yes, sir; in the year of 1933 for the first time, and in 1948 until 1952 in an official capacity, although since the year of 1928 I have dedicated myself to study to investigate Communist activities in America.

Senator KEATING. Since what year?

Mr. DIAZ-VERSON. 1928 on.

Mr. SOURWINE. Were you a supporter of Batista?

Mr. DIAZ-VERSON. Since the 10th of March of 1952 when Batista had the coup d'etat, I lived for 2 years in Miami as an exile.

Mr. SOURWINE. During Batista's regime?

Mr. DIAZ-VERSON. Yes, Sir.

Mr. SOURWINE. Were, you ever a supporter of the Castro movement?

Mr. DIAZ-VERSON. Never. I was a member of the Carlos Prio movement, and I also refused to participate in any meeting with Fidel Castro.

Mr. SOURWINE. Is it true that the Castro regime destroyed files on Cuban Communists?

Senator KEATING. Just one minute before you answer that.

You have never been at any time a supported of Batista, is that correct?

Mr. DIAZ-VERSON. Yes, sir.

In 1933, when Batista took the power, a group of revolutionaries that had join, we joined the 4th of September movement, of which movement Batista was a member. But that reunion did not last but 5 months and 22 days. We immediately opposed him.

Senator Keating. And what was in that year?

Mr. DIAZ-VERSON. 1934.

Senator KEATING. And you have ever since 1934 opposed Batista; is that correct?

Mr. DIAZ-VERSON. When Batista first established his first connection with the Communists in 1934, I opposed him.

Senator KEATING. Have you always since that time opposed him?

Mr. DIAZ-VERSON. Yes, sir, affirmatively.

Senator KEATING. And you think- that any efforts of his to return to Cuba would not be in the interest of the Cuban people; is that correct?

Mr. DIAZ-VERSON. You make reference to the present time?

Senator KEATING. Yes.

Mr. DIAZ-VERSON. Negatively. The Cuban people would never support the Batista regime again.

Senator KEATING. And you personally would never support it again?

Mr. DIAZ-VERSON. No, Sir.

Senator KEATING. I want to make a comment.

I think that we should make it very clear at the outset of testimony that we do not want, to call any witness who is a supporter of Batista or who feels that his return to Cuba would be of interest to the Cuban people.

One or two of the other witnesses have been rather equivocal in that matter. I think we should avoid calling witnesses in this proceeding that are not ready to testify under oath unequivocally that they are opposed to the, Batista regime.

We have plenty of evidence, I believe, without calling such witnesses -- I do not think that they add anything to the proceedings, because they could well be shown to have a bias. And I think the testimony of this witness has been made considerably more weighty by his unequivocal testimony that lie is opposed to the return of Batista in any shape or form.

Proceed.

Mr. SOURWINE. Is it true that the Castro forces destroyed files on Cuban Communists?

Mr. DIAZ-VERSON. Yes, sir.

Mr. SOURWINE. How many such files?

Mr. DIAZ-VERSON. I had privately an archive which comprised 250,000 cards of Latin American Communists and 943 personal records. This was the result of my trips all over Latin America visiting country by country, what were the conditions of communism, and what numbers of Communists there were in each plaice. That archive was stolen and destroyed by the Communists on January 26, 1959.

Senator KEATING. When you say stolen and destroyed by the Communists, can you be more specific?

Mr. DIAZ-VERSON. Do you want the name of the persons that, went there, the ones that did it?

Senator KEATING. Were you there at the time?

Mr. DIAZ-VERSON. No; I was not present at that moment. I had an employee who took care of the archives. A group of four men armed with machineguns arrived.

Senator KEATING. When was this?

Mr. DIAZ-VERSON. January 26, 1959. They gagged the employee, they destroyed the furniture, and they took what was inside the metal files. The neighbors, because, it was an apartment house, saw from the balconies that it was a truck of the 7th military regiment. They testified, and it was published in the newspapers of January 27 of 1959 in Havana.

Senator KEATING. Where were you then?

Mr. DIAZ-VERSON. I was working at that time in the newspaper Excelsior, where I was in charge of redaction, of writing.

Senator KEATING. When did you come to this country?

Mr. DIAZ-VERSON. The 19th of March of 1959.

Mr. SOURWINE. I show you a list of names which you gave the committee, and I ask if you can, of your of knowledge, state that each of the individuals here listed has been indicated in the official files as Communists?

Mr. DIAZ-VERSON. Yes, Sir; all of those names represent persons well known by me to be Communists with a long history, but I wish to request permission of the Senators to state that from this date that I gave this report to the present time, the situation in Cuba has changed extraordinarily, and that new situations have been created.

If you will permit me briefly, I will make an explanation.

We, the investigators of social problems of the Communists, have already established that Cuba is now a socialistic Soviet republic. And we haven't established that this capriciously, but because the Communists have a bible, which is a book entitled "Leninismo," written by Stalin, which is a consulting book to all the Communists in the world to establish socialist regimes. It appears here that there are two types of revolutions, a bourgeois revolution and a socialist revolution, and Stalin stated perfectly which one was one type and which is the other type.

In accordance with those studies, through investigations which are not mistaken, because they are laboratory studies, a professional group, as specialists in this study of communism, we have arrived at the total conclusion that in Cuba, there now exists a regime socialist Soviet. And I have written, compiled a booklet of sociology that I am mailing to all the universities in Latin America where, after I have explained the technical studies of the Communists, I explain in sketches how the Soviet regime operates now in Cuba. I can leave the Senators a copy. It is written in Spanish.

Mr. SOURWINE. Mr. Chairman, I ask that this be received, subject to the ruling that its printing be withheld subject to the committee's determination.

Senator DODD. Yes.

(Booklet referred to was placed in the subcommittee files for reference.)

Mr. SOURWINE. In regard to this list, at the time you gave it to the committee, it was secret and we accepted it with that classification.

Mr. DIAZ-VERSON. I can repeat it publicly -- I can repeat them now if you so desire, Senators.

Mr. SOURWINE. I don't think it is necessary for the witness to repeat them. I just want to know if the witness has any reason why the list should not be printed in the public press?

Mr. DIAZ-VERSON. I have not. I will be satisfied if it is published.

Mr. SOURWINE. I ask that this list go in the record, then.

Senator DODD. It may go in.

(The list referred to with the explanation made by the witness at the time, is as follows:)

MÁS EN :
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Tomado de http://www.diariodecuba.com


El soviet caribeño o una lección de equitación



Fidel Castro, Nikita Jrushov, Antonio Núñez Jiménez y Ramiro Valdés. (AP/INFOBAE)

Por Francisco García González
Montreal
28 de Abril de 2018

César Reynel Aguilera ha escrito un libro. Un libro apasionante, polémico y brillante en exactas dosis.

El grupo editorial Penguin Random House recién lo ha publicado con el sugestivo título de El soviet caribeño. La otra historia de la Revolución cubana.

Si a usted, lector, de izquierda o derecha lo mismo da, que tiene un conocimiento rudimentario, leve o profundo de la historia de Cuba del siglo XX, incluyendo la etapa revolucionaria como plato fuerte, hasta más o menos la actualidad, usted, qué pensaría si le dijeran:

(César Reynel Aguilera )

Que antes de la fundación del Partido Comunista de Cuba en 1925 hubo una sección comunista en La Habana, a la que le fue rechazada su solicitud de ingreso a la Tercera Internacional o Comintern en 1919. Y que el milagro no sucedió hasta 1925, gracias no a un cubano, sino a un polaco agente del Comintern, de muchos nombres, pero que en Cuba desembarcó usando un nombre romano junto a un apellido polaco, Fabio Grobart; hecho que relega los nombres de Julio Antonio Mella y Carlos Baliño, auténticos protagonistas de la fundación del Partido Comunista de Cuba según la narrativa que recogen todos los libros de textos, desde preescolar a sexto, de séptimo al preuniversitario y a la universidad.

Que Mella jamás llegó a nado al buque soviético Vastlav Vorovski, anclado en la bahía de Cárdenas —como tampoco dicen que Fidel Castro atravesó a nado la bahía de Nipe cuando el fracasado affaire de la expedición de Cayo Confite. ¡Esa pasión de los revolucionarios de acción por los deportes!—. Para la travesía de marras hasta el barco ruso, Mella y sus compañeros simplemente hicieron lo que cualquier ser humano hubiese hecho: alquilar un bote. Y si era de motor mejor. Del resto se encargaría una vez más la narrativa oficial. A fin de cuentas, las revoluciones también necesitan de la frivolidad de pasajes que parecen salidos de una novela de aventuras, seguro, eso engancha a los niños con el plot nacional.

Que el "tipo duro", alma del Núcleo Central de Inteligencia Soviética (NCIS) —y esto sí no es frívolo—, en el periodo histórico antes mencionado, no es Fidel Castro, sino el polaco antes aludido, Fabio Grobart
, Quo Vadis Fabio, suerte de demiurgo o gran arquitecto y hacedor de la voluntad del Kremlin en estos lares, y quien por supuesto no se llamaba así, pero a los revolucionarios de acción aparte de los deportes, según el autor de El soviet caribeño…, también le gustaban los nombre romanos hasta la adicción.

(Fabio Grobart; seudónimo)

Que el Partido Comunista de Cuba operaba a través de una estructura de diferentes niveles que iban desde las organizaciones de base, sociales y sindicales, hasta su entramado financiero, y que pasaban por la comisión militar y el aparato de inteligencia y espionaje, hasta llegar al alma y razón de ser del partido, que simplemente era una pantalla para encubrir su NCIS, destinado a defender los intereses de la URSS por encima de cualquier otra razón o evento.

Que el Partido Comunista de Cuba ejercía una política de penetración en todas las organizaciones, partido e instituciones de cualquier tipo siempre en interés del mencionado NCIS. A esta penetración o infiltración, que no discriminaba ninguna tendencia, no escaparon ni la policía, ni el BRAC, ni el ejército, ni partidos como el PAU de Batista, el Ortodoxo de Chibás, el Auténtico, el Directorio Revolucionario, el Movimiento 26 de Julio, sin dejar de mencionar a iglesias, logias masónicas, la radio, la televisión, orquestas de música bailable, el mundo de los guateques campesinos...

Que la histórica y cruenta invasión de las columnas del Che y Camilo hasta Las Villas, en lugar de una suerte de Anábasis a la cubana, fue poco menos que una romería gracias a una operación a gran escala del partido organizada por agentes del NCIS como el inefable Osvaldo Sánchez, apodado por el autor como el delfín de Fabio Grobart.

(Osvaldo Sánchez al lado del Comandante Camilo Cienfuegos)

Que el tristemente célebre juicio de Marquitos no fue más que un ajuste de cuentas de lo más rancio y secreto del NCIS a otros comunistas, léase Joaquín Ordoqui y Edith García Buchaca, léase una ofrenda al NCIS, además de fusilar de paso al caído en desgracia y martirizado militante. 

Y así sucesivamente.

El soviet caribeño… es sin dudas un libro sorprendente en ese sentido revisionista, ¿refabulador?, especie de cuento al revés, en cuyas páginas el lector que sea (imaginemos que no se trate de un miembro del Instituto de Historia para evitarle el retortijón o el mal rato) se enterará que su autor ni es historiador, ni académico, ni cubanólogo, y ni siquiera estudió la carrera de Historia.

Un libro donde pesa el testimonio

César Reynel es no obstante alguien que proviene del mundo de las ciencias. A nuestra pregunta de cómo y de qué formas su background le permitió la concepción y escritura de El soviet caribeño…, el autor responde:

Es muy difícil de saber, dado que el libro, más que un descubrimiento, es el análisis crítico de algo que yo escuché desde joven. Lo que sí te puedo decir es que en casi todos los cursos de doctorado en ciencias de este mundo una de las asignaturas obligatorias consiste en aprender a hacer una lectura crítica de los artículos científicos (…) Te enseñan a leer los artículos de una forma específica. Primero las conclusiones, después los materiales y métodos, seguido de los resultados y por último, si hace falta, el resto (…) El objetivo es averiguar qué reclaman los autores del artículo, ver si los materiales y métodos permiten demostrar ese reclamo y si los resultados lo sustentan.

Otro elemento que pudo haberme ayudado es el concepto de Modelo Científico, que en esencia no es más que una narrativa que intenta explicar, de una forma coherente, hechos que en apariencia no están relacionados o que han sido pobremente explicados con anterioridad.

A lo explicado anteriormente, el autor agrega el peso que para la escritura del libro tuvo la búsqueda de pequeñas informaciones que, en muchas ocasiones, parecen insignificantes, pero que "encajan con otras pequeñas informaciones".

Lo que citábamos al comienzo a modo de publicidad pudiera resumirse en lo que sin dudas es la tesis fundamental del texto de César Reynel, o sea, el rol protagónico del Partido Comunista de Cuba en el citado periodo histórico, ya que "no hay un solo evento de la historia de Cuba —incluida la guerra de Angola— que pueda ser explicado sin tener en cuenta a la organización política más importante del país (...), el viejo Partido Comunista de Cuba, (…) organización fundada en 1925 y que en 1944 —siguiendo órdenes de Stalin— cambió su nombre por el de Partido Socialista Popular". Y para redondear dicha tesis, el autor insiste en que, cuando se habla de eventos, debe contemplarse el más crucial de todos: la capacidad intelectual y organizativa capaz de capitalizar una revolución social y enyuntar los destinos de la Isla a los de la URSS, todo gracias al NCIS dentro del Partido. 

También es importante señalar el peso que tiene el testimonio en el libro, algo que se redondea y se enriquece con su experiencia científica. César Reynel es, según sus propias palabras, "hijo de dos militantes del viejo Partido Comunista de Cuba". Su padre César Antonio Gómez fue secretario de la Juventud Comunista de la Universidad de La Habana desde 1957 hasta 1959; y su madre, Thais Orquídea Aguilera, "fue una de las pocas personas capaces de mostrar una doble militancia al triunfo de la revolución: en las células de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio y en la Juventud Comunista".

Una semblanza de Thais Aguilera como combatiente aparece recogida detalladamente en el libro La autobiografía de Fidel Castro, del escritor Norberto Fuentes. Este marco familiar le permitió a César Reynel conocer muchos testimonios e historias de muchísimos personajes, protagonistas en más de una ocasión, que casi a diario frecuentaban su casa. Todo un lujo sin dudas. Por eso son frecuentes los "una vez escuché" o los "en cierta ocasión alguien contó", recursos impensables para un historiador y ni que se diga de un académico, pero que le dan a El soviet caribeño… una curiosa cualidad heterodoxa que se integra de manera coherente. Gracias al estilo del autor y a las dotes de investigador, el resultado de la combinación de ambas cosas ha sido la creación de un texto de sumo interés.

Algo que merece atención en El soviet caribeño… es el rol protagónico, desde los mismos comienzos de la Revolución, de los hombres del partido que trabajaban para el NCIS y que actuaban desde las sombras, detrás de figurones de dudosa o escasa valía intelectual para realizar las grandes tareas organizativas, represivas, de difusión y exportación a gran escala de los logros revolucionarios. Al respecto Cesar Reynel nos informa en el capítulo XI, titulado "Amor a primera sombra": la escolta de Fidel Castro estaba a cargo de Florentino Aspillaga, padre, desde los primeros momentos del triunfo revolucionario, además de tener a Flavio Bravo, Aníbal Escalante y Carlos Rafael Rodríguez en calidad de consejeros.

(Víctor Pina detrás de Fidel Castro, enero de 1959 )

Ramón Nicolau fungía como segundo al mando de la fortaleza de La Cabaña, regenteada por el Che Guevara. Antonio Núñez Jiménez operaba en Columbia detrás de Camilo Cienfuegos. A Díaz Lanz, jefe de la Fuerza Aérea, Víctor Pina no le perdía ni pies ni pisada. "Al iletrado Ramiro Valdés lo nombraron al frente de la Seguridad del Estado, pero era Osvaldo Sánchez quien sabía exactamente lo que debía hacerse, y cuándo y cómo había que hacerlo." Andrés González Lines era encargado de la Oficina Nacional de Asuntos Marítimos. Marcos Behemaras dirigía la Televisión Cubana. Mientras que Alfredo Guevara, Oscar Pinos y Núñez Jiménez prepararon el programa de la Reforma Agraria y de las expropiaciones a las empresas norteamericanas en la Isl
a.

Es, afirma César Reynel, gracias a estos hombres, y a otros, miembros todos del NCIS, que se "conjura el matrimonio secreto del castrismo con la URSS". A la vez que nada de esto sale de la nada, lo que demuestra la presencia del comunismo en los genomas del castrismo. 

Respecto a las relaciones de Fidel Castro con el viejo Partido Comunista, el libro es sumamente profuso. El autor dedica páginas y páginas del capítulo VIII, titulado "El Caballo", a este baile de máscaras repleto de mutuas ofrendas, que casi siempre son cabezas de tronados o triste vodevil con taquilla garantizada en el Kremlin y en Washington, sobre quién usó a quién para sus fines.

Para Cesar Reynel es asunto es claro: es el Partido —el NCIS o los hombres de Fabio Grobart, para ser más exactos—, quien doma y monta a "El Caballo". Pero también reconoce que dicho proceso de doma y monta fue algo complejo, un perfecto ejemplo de "estrategia fabiana", que pasa por una figura, también de nombre romano, Flavio Bravo, otro obrero de las tinieblas. No cabe duda de que el Partido conocía las limitaciones intelectuales de Fidel Castro, su escasa capacidad organizativa que no iban más allá de manejar a una partida de facinerosos, y supiera cómo hacer uso de ellas en su propio beneficio que no eran otros que velar por los intereses de Moscú en su recién adquirida geografía.

Ahora, creer a ciegas en la doma y monta absolutas le resta, a nuestro modo de ver, voluntad y capacidad operativa al Líder Máximo o Guajiro Mínimo, según César Reynel. No obstante, el capítulo constituye uno de los más apasionantes del libro por la cantidad de información y por el talento del autor para llevarnos a través del pacto tácito lector-escritor hacia su firme convencimiento: luego de una paciente labor de domesticación, el NCIS iba a lomo del invencible comandante. 

Los lectores podrían estar de acuerdo o no con muchos de los presupuestos y aseveraciones de El soviet caribeño… Podrían tildar al autor de poseer una mente perversamente policiaca o de ferviente lector de novelas de detectives y manuales de química, para arreglárselas en las zonas en la que no alcanza el dato investigativo. Pero, las palabras finales del libro son de una dureza visceral a la hora de valorar el quehacer de la ya sabida organización política cubana más importante y exitosa de todos los tiempos:

Uno no puede menos que sentir una especie de triste admiración por esas mujeres y esos hombres que le dedicaron su vida a una causa perdida. Es una lástima que no les hubiera dado por desarrollar a Cuba económicamente. Una verdadera pena que nunca alcanzaran a entender que la esencia del marxismo es un criterio objetivo, llamado desarrollo de las fuerzas productivas, y no las tonterías semirreligiosas de la justicia social, del futuro luminoso y el hombre nuevo.

Creemos finalmente que estamos ante un libro sufrido y digno —mucho más que digno— de tomarse en cuenta más allá de cualquier etiqueta: reescritura o refabulación de lo que sabíamos o pensábamos que sabíamos o sospechábamos. Su gran virtud es el aporte de un nuevo ángulo para comprender el periodo histórico que nos ha conducido al laberinto dentro del que hoy se debate la nación.

César Reynel Aguilera, El soviet caribeño. La otra historia de la Revolución cubana   (Penguin Random House, 2018)
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HIGH BEAM / LUZ LARGA

Mayo 16, 2020

Sobre el libro El Soviet Caribeño. La otra historia de la Revolución Cubana

 Entrevista de Andrés  Alburquerque a César Reynel Aguilera

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