martes, septiembre 10, 2024

Dagoberto Valdés Hernández desde Cuba: CUBA: ENTRE LA AGONÍA, LA GERMINACIÓN Y EL "HILO QUE NOS UNE".

CUBA: ENTRE LA AGONÍA, LA GERMINACIÓN Y EL "HILO QUE NOS UNE".

Por Dagoberto Valdés Hernández  

9 de septiembre de 2024.

“Yo no creo que mi tierra esté muerta.

Está esparcida por el viento,

y anda, en esta hora de agonía,

por los pueblos y por el mar.

Pero hay un hilo misterioso que a todos nos sujeta a la tierra querida

y será bello de ver el día en que, a un tiempo,

con la maleta entre las alas, vuelvan al nido todas las palomas”.

José Martí. Carta a Rodolfo Menéndez. (O.C. Editorial Ciencias Sociales, t. 20, p. 348)

La increíble vigencia de José Martí, el verdadero, recordado por el padre Lester, un fraile dominico cubano, amigo y hermano, de la familia de Fray Bartolomé de las Casas y Fray Antonio de Montesinos, me ha conmovido y confirmado en mi esperanza que no es ilusoria, ni utópica, sino realista.

Los que me conocen o me leen saben que no descanso en decir y vivir que Cuba es una noble y única nación formada por dos pulmones: la Isla que respira, resiste y resucita aquí cada mañana; y el otro pulmón: la Diáspora esparcida por todas las latitudes y crecida a lo largo de todos estos 65 años.

Esa Diáspora, siempre creciente, como el mar que nos rodea va en olas: exilio histórico, desterrados, marielitos, balseros, los de las rutas, las selvas y los ríos, los sepultados en el Estrecho de la Florida, los que decidieron irse por los mares, los vientos, los emigrados, cuya causa profunda es la misma de todos: escapar, no de su tierra, no de su cubanía, no de sus raíces, no de sus familias, no de su Iglesia y su barrio, sino del régimen que ha convertido la unidad predicada en desintegración obligada, por la vida invivible, por la agonía inacabable, por la muerte lenta. Es el sistema, no Cuba, el que muere.

Es por ello que quiero compartir con ustedes esta certeza de José Martí, que escribe desde Nueva York, el 26 de junio de 1889 una carta a un amigo editor de la revista Escuela Primaria. En la misma misiva le presenta el primer número de La Edad de Oro que define como “empresa del corazón”. En la carta dice Martí:

*“Yo no creo que mi tierra esté muerta. Está esparcida por el viento…”*

Comparto absolutamente esta convicción del Apóstol. Cuba no está muerta por muchas heridas de muerte que haya recibido. No está muerta, aunque casi la asfixia una ideología extranjera que va contra la naturaleza humana pero que no ha podido con la esencia humana de cada cubano: esa imagen y semejanza que toda persona ha recibido de Dios y que es imborrable, imbatible, siempre resucitada.

Las esencias de la nación cubana no han muerto. El alma de Cuba está herida por el daño antropológico infligido por el totalitarismo, pero ningún régimen puede con el espíritu humano. Pueden herir, torturar, matar el cuerpo, pero esa sangre ha fortalecido el alma de Cuba. No confundamos la agonía con la muerte. La agonía tiene solución. Puede ser fecunda. Puede ser ofrenda permanente. Toda agonía es la lucha de la vida que se resiste a morir. La agonía es crisol que purifica, es cruz que resucita, es roca sobre la que cimentamos el futuro de la nación. Cuba agoniza, pero está, por eso mismo, viva y luchando por la vida.

*“… y anda, en esta hora de agonía, por los pueblos y por el mar”.*

La más perfecta descripción de lo que estamos viviendo: agonía de los de la Isla que sufre y agonía de la Diáspora que también sufre y sobre ese sufrimiento padece la nostalgia, la separación de la familia, el desarraigo de sus raíces, la lejanía de su tierra, repito, su tierra, la nuestra, que es de ellos, que es de todos los cubanos.

Pero dice Martí que Cuba “anda”, no se ha detenido un solo segundo desde que nació a la libertad y desde que le fue arrebatada. Cuba no está muerta porque anda. Y anda no solo dentro de la Isla, sino por los pueblos del orbe entero, dando fe de que vive, de que lucha, de que progresa, de que trabaja por la libertad. Cuba anda, luego vive. Y anda más que nunca, por caminos que antes no sospechaba, por latitudes donde no se sabía de su agonía. Cuba anda por los pueblos y mares del mundo predicando su verdad, derrumbando mitos, levantando solidaridad. Cuba dispersa ha ensanchado los caminos de la libertad.

Es mentira la desintegración de Cuba. Sus pedazos esparcidos son semillas de libertad, son yemas de injerto para ramificar a la Isla en el tronco del mundo. Cada cubano es una semilla, y si la semilla no se esparce no hay surco, ni sembradío, ni cosecha de libertad y progreso. Cada cubano desgajado ha logrado injertarse en el lugar donde fue, y prender en el tronco que lo acogió, y florecer en el progreso y dar frutos en país extraño. ¿Existe prueba mayor de que Cuba vive? Hay un monumento a la resurrección de Cuba en cada país donde los cubanos han sido esparcidos, donde llegaron, plantaron y han levantado cabeza y progreso. Esa es Cuba. Esa es mi Patria querida y sufrida. Esa es Cuba, en la Isla y en la Diáspora, no el espantajo mugriento y estéril que quieren que creamos que somos.

Los que quieren que creamos eso no saben que la semilla más fértil aparenta estar podrida y lo está en la profundidad de su tierra, pero la podredumbre de este tiempo trae dentro su embrión y su propia germinación. En la Isla estamos viviendo en el tiempo que necesita toda semilla aparentemente podrida para convertirse en árbol de libertad. Fijémonos en el primer experimento que hacen en casa nuestros hijos y nietos: sembrar una semilla en algodón húmedo para ver qué pasa.

Primero parece que no pasa nada, pero la semilla está viva, está trabajando por la vida sin que se vea nada, aparentemente. Después, como un milagro de vida en profundidad, brota la radícula, una insignificante raicilla sin color, pero con vigor, que empuja hacia abajo y comienza a echar unos minúsculos pelos que tienen la capacidad de absorber y alimentarse del suelo, mientras consume la reserva de la semilla que se pudre. Ha nacido la raíz. Libertad hacia abajo, pero que sin ella nada alimentará la planta en el sol de la libertad. Luego, otro milagro, este hacia arriba, nace la plúmula, yema envuelta en una minúscula hoja rudimentaria que la cubre y protege. Empuja la tierra sin dejarse podrir por ella. Se abre camino, sale a la superficie, se muestra a la luz del sol. Ha nacido el tallo. Este es el largo camino hacia la libertad de la luz.

Unos somos radícula y servimos para penetrar, beber de la tierra, alimentar al resto de la planta. Otros somos los agonizantes cotiledones de la semilla enterrada y servimos para entregar nuestras reservas a los que crecen. Otros somos los rudimentarios tallos que empujan, abren camino en la tierra, no se dejan desintegrar, se alzan hasta alcanzar el sol y son la primera señal de que la semilla ha triunfado, no estaba muerta. Solo estaba naciendo en la agonía del surco, en la profundidad del sinvivir para, muriendo por fuera, dar a la luz el árbol de la libertad.

*“Pero hay un hilo misterioso que a todos nos sujeta a la tierra querida…”*

Unos hacemos ese proceso aquí, otros cubanos nacen, crecen y dan frutos progresando en la Diáspora. Pero la nación no se deshilacha. Cuba sigue tejiendo, hilvanando, extendiendo el tejido de su sociedad civil. Pero hay un hilo primigenio. Este es el hilo con que se teje la nación cubana. Con el que permanecemos todos, no importa donde estemos, sujetos, imbricados, entretejidos a la tierra querida. ¡Que jamás olvidemos ese “hilo misterioso”! ¡Que nunca cortemos su urdimbre! ¡Que ensartemos las agujas de los nacidos en otras tierras con este hilo de cubanía! Sesenta y cinco años no han podido romper el hilo ni destruir el manto con el que nos cobijamos todos los cubanos. Todos lo sentimos, todos lo sabemos: es un manto criollo y universal, materno y fraternal. “Es emblema patrio”. Es la cubanidad.

*“Y será bello de ver el día en que, a un tiempo, con la maleta entre las alas, vuelvan al nido todas las palomas”.*

Estoy convencido que se acerca ese bello día en que, por “las aguas del regreso”, como dice la plegaria “Al pie de los altares”, vuelvan al maravilloso y desvencijado nido que intentaron destruir, para reconstruirlo más grande, mejor y más acogedor y hospitalario. Cuba será un hogar nacional mucho mejor que el de hace más de seis décadas. Seremos lo que somos: una gran nación en una pequeña, bella y próspera Isla.

Y ya no será igual que antes, porque los hilos cubanos que tejieron nuestros hermanos de la Diáspora en cada una de sus oleadas, traerán para la Isla mareas de conocimientos, talentos y prosperidad. Quienes pensaron que con el exilio destruían a Cuba solo dispersaron semillas, ganas de vivir, trabajo para progresar y una gran riqueza humana con raíces universales que harán que su Patria sea, al regreso, más grande y preciosa, otra vez, la Perla de las Antillas, la Llave del Golfo, “la tierra más hermosa que ojos humanos han visto”.

Que así sea.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

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De Gleyvis Coro Montané este otro Himno del Deterrado

  · HIMNO DEL DESTERRADO

Aunque errante, proscrito y lejano

de la tierra en que un día nací

no he salido de allí. Vivo allí, 

en el suelo infelice cubano. 

Pienso, como y respiro en cubano. 

El destierro no ha sido el entierro 

de mi esencia martiana sin par. 

Con frecuencia me nace extrañar 

desde el fondo de mí y, como un perro, 

cuanta cosa se pueda extrañar. 

Soy un triste cubano en el Polo. 

Voy con todos, con todas y todes

a decirle al tirano : ¡Te jodes! 

Estoy solo acá arriba, muy solo. 

Mi bandera cubana enarbolo

y me pongo a gritar, sin parar: 

¡No nos vas a poder separar! 

¡Vil tirano, entre Cuba y mi pecho, 

hay un lazo de amor tan estrecho 

que no puede romperlo ni el mar!

©Se habla cubañol

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Alexis Valdes & Willy Chirino - YO SOY CUBANO (Video Oficial)


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 Soy Cubano, en la voz de Agustin Tamargo

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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Después de felicitar a una amistad por los homenajes recibidos en otras latitudes, por su labor profesional, esa persona me contestó con unas emotivas palabras que incluí en uno de mis libros:

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La legión del regreso



Por Agustín Tamargo

2005

Los cubanos salen de una isla pequeña y se han diseminado por todo el mundo. Uno es profesor en una universidad de Australia; otro, inauguró en Alaska un restaurante. Nada los detiene, ni el frío ni el calor. Los seduce el trópico de la Florida, pero soportan igualmente a pie firme los hielos de Boston y Nueva York…

No mendigan, trabajan. Los que en Cuba eran pobres, aquí son ricos. Los que allá eran medio pelo, aquí son pelo y medio.

Ningún obstáculo detiene su laboriosidad beligerante si la oferta es digna. Uno es rector de la Universidad; otro, maquilla muertos. Cambian, pero solo en la superficie. En Miami siguen jugando la bolita (lotería Prohibida), peleando gallos a escondidas y enviando los hijos a la escuela privada. En Madrid, están contra José Luis Rodríguez Zapatero y en Caracas, contra Hugo Chávez, siempre en la oposición.

Se les critica y se les envidia pero en el fondo se les admira. Gallegos por el trabajo y judíos por la voluntad de sobrevivir, constituyen una legión empecinada que no se deja ignorar. Traen su música calurosa, el ruido de sus tambores, los frijoles negros y el bistec de palomilla con moros y maduros. Pero traen sobre todo la simpatía, la cordialidad y la laboriosidad.

Quienes son? Son los cubanos del destierro, la única población mundial trasplantada, que (salvo los hebreos) en más de un tercio de siglo no han perdido su identidad. Los que admiraban a Cuba desde lejos como ejemplo supremo de pujanza latinoamericana, los que veían a Cuba como un milagro étnico y cultural, donde todo parecía un relajo pero todo funcionaba bien, ya no tienen que ir a Cuba para conocerla. Aquí la tienen dentro de los mismos Estados Unidos. Esta es Cuba. Estos son los cubanos. Exagerados, fanfarrones, ruidosos, sí, pero también intensos, profundamente creadores y buenos amigos.

Y que no han hecho en estos 47 años de destierro los cubanos para poder sobrevivir con dignidad? Cuál actividad manual o intelectual no han ensayado en este o en aquel país, por complicada que pareciera, lo han realizado para no quedarse detrás, para no dejarse discriminar.

En alguna de esas actividades han llegado tan lejos que superan a emigraciones que los precedieron por cerca de medio siglo. No hay hospital en Estados Unidos donde no haya hoy un medico cubano. No hay periódico donde no haya un periodista cubano, ni banco donde no haya un banquero cubano, ni publicitaria donde no haya un publicitario cubano, ni escuela donde no haya un maestro cubano, ni universidad donde no haya un profesor cubano, ni comercio donde no haya un manager cubano.

En las Grandes Ligas del béisbol sus nombres también brillan. En Madrid, el primer poeta latinoamericano es un negro cubano.

En la Coca Cola, Kellog’s, McCormick, Pepsi Cola y tantas otras su dirigente es o fue un cubano. En el Congreso de Washington hay cuatro cubanos, en el Senado federal se sientan dos cubanos, el Ministro de Comercio de E. U. es un cubano, la Viceministro de Salud es una doctora cubana. Caramba, son unos pocos en éste país y llegaron hace muy poco tiempo.

En las tierras prestadas del extranjero parecen llevar siempre en la frente la marca del sitio de donde vienen. Los cubanos llevan a Cuba. La enaltecen y la honran, porque además de en la frente la llevan en el corazón.

Pero hay algo en el desterrado cubano, a mi juicio, superior a esa actividad profesional triunfante, y es su odio al despotismo del que huyen, su amor a la tierra que dejaron. Eso lo separa y lo define. Eso da a sus triunfos en medio del desarraigo, una grandeza que de otro modo no tendría. Por qué, preguntan algunos, no se acaban de quedar tranquilos los exiliados cubanos?

¿Por que no aceptan de una vez que perdieron la batalla? Se han afincado definitivamente en estas tierras hospitalarias que los han acogido y donde viven en lo material muchas veces mejor que como vivían en Cuba.

Los que se preguntan esto, no conocen a los cubanos. El cubano sabe esto. Aun teniéndolo todo, si les falta Cuba, no tienen nada. Quizás por ello han hecho su Cuba aquí. Saben mas todavía que esta prosperidad de que disfrutan, lejos de su isla hambreada y aterrada, es en cierto modo una forma de traición. Por eso, si se le mira bien, se verá que a veces parece que el cubano ríe, pero en realidad esta llorando por dentro.

Le nace el hijo, le crece, se le gradúa en la Universidad, pero el cubano suspira. Ay, si estuviera en mi Cuba! Compra una casa, un auto, o una lancha y sigue suspirando. Ay! Si todo esto lo tuviera en Cuba! De una manera misteriosa, que no puede definir, hay un vinculo con aquello que tira de aquí hacia allá. Ahora que perdió a su país, sabe que no puede vivir sin Cuba, y la sueña de noche, y le agiganta los valores y la embellece y la idealiza, y se culpa de no haberla entendido mejor, y la recrea en sus cantos y bailes, y la revive en sus historias en sus costumbres y en sus comidas.

Por que compran hoy los cubanos mas libros cubanos que nunca? Por que tienen sus casas, sus negocios y sus oficinas llenas de palmas, de banderas, de escudos y de retratos de José Martí? Por qué aunque sean USA citizens SIGUEN SIENDO CUBANOS? Por qué se reúnen en sus municipios formados en el exilio, borrando antiguos antagonismos de partido o clase?

Porque el cubano sabe que lo único auténticamente suyo fue SU CUBA y que a ella quisiera el poder regresar. No les preocupa que le devuelvan la residencia o el negocio, si lo tenían. Lo único que desean es volver a su tierra. La casa donde nació esta destruida, al pueblo se lo han puesto desconocido, la madre ha muerto. Pero no importa. El exiliado cubano quiere de todos modos ir a esa casa, a ese pueblo y a esa tumba. La Patria empieza ahí. En el exilio tropieza, yerra y se equivoca, pero está salvado también porque en el fondo de su ser nunca traicionó a Cuba.

Cuando llegue ese momento muchos volverán, otros no podrán hacerlo, pero las semillas que dejaron donde estuvieron exiliados no los olvidará, perdurarán por siempre y para siempre porque lo hicieron con mucho sacrificio, tenacidad y amor. Y aunque a lo mejor no tendremos la oportunidad de leerlo, muchos escribirán sobre su paso aquí para orgullo de sus descendientes.

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miércoles, agosto 30, 2023

El orgullo de ser cubano. Francisco Almagro Domínguez: Para reconstruir el país habrá que difundir todas las historias alternativas que han sido celosamente trastocadas, ocultadas

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Mi aporte  para el conocimiento de la Historia de Cuba. Para más detalles ir a Amazon  haciendo click en cualquiera de las siguientes imágenes.



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 Tomado de https://www.cubaencuentro.com/

El orgullo de ser cubano

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Para reconstruir el país habrá que difundir todas las historias alternativas que han sido celosamente trastocadas, ocultadas

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Por Francisco Almagro Domínguez

Miami

28/08/2023

Le presento además a un número creciente de cubanos que han confundido la

Patria con un partido; la Nación con el proceso histórico que hemos vivido en las

últimas décadas, y la cultura con una ideología. Son cubanos que, al rechazar todo

de una vez sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan lo de aquí de Cuba y

sobrevaloran todo lo extranjero. Algunos consideran éstas como una de las causas

más profundas del exilio interno y externo.

Monseñor Pedro Meurice, arzobispo de Santiago de Cuba. Palabras de

Bienvenida San Juan Pablo II (fragmentos). 24 de enero de 1998

No debería sorprendernos a estas alturas. Cada día los compatriotas que vienen de la Isla, no solo no saben casi nada de la historia de su país. La rechazan. Sienten vergüenza de llamarse cubanos. No quieren hablar “de política”. Solo quieren saber dónde se puede encontrar un pasaje de avión, sea para ver volcanes o conocer la estepa siberiana. Así me lo ha confirmado un amigo que recién llega para regresar en breve, pues otros cubanos en la Isla reclaman el concurso de sus muchísimos esfuerzos.

De más está decir el nivel de casi indigencia alcanzado por la Continuidad. Eso se traduce en (malas) conductas y un lenguaje típico de quien necesita subsistir. La miseria material puede ser vencida, usando las herramientas y las libertades en muy breve plazo. No la indigencia espiritual. El vacío existencial. El daño producido por no saber de dónde vienes, hacia dónde vas. Es el mayor dilema de la Cuba de hoy. Del peatón de esquina, del esperador de guaguas, del turista de futuros.

El padre Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal, vicario de la arquidiócesis de la Habana, y quien por obvias razones conoció desde la cuna a varios sobrevivientes de la guerra de independencia, solía decir que su Casa-Cuba tenía una capacidad de reinventarse, de levantarse de las ruinas, que pocos eran capaces de imaginar. Eso es algo que la historiografía castrista minimiza y oculta con celo, salvo para engatusar a quienes todavía esperan la resurrección del comunismo insular.

Tras la reconcentración de Weyler y la Tea Incendiaria de los rebeldes, no quedó ni donde amarrar la chiva, literal. No solo la población cubana mermó en casi un diez por ciento, sino que los cultivos y la ganadería prácticamente desaparecieron en la mitad del país. Imaginemos, además, que la industrialización era mínima, excepto para la producción de azúcar y transporte ferroviario. Pues en un tiempo tan corto como poco más de cincuenta años —1902-1958—, Cuba se puso a la cabeza de América Latina en varios aspectos económicos, sociales y culturales. Las estadísticas existen, avaladas por organismos internacionales.

La estrategia del adoctrinamiento pasa, precisamente, por negar lo positivo y publicitar lo negativo de lo que, para vergüenza de intelectuales y políticos cubanos, han llamado Pseudorepública o República mediatizada. No se dan cuenta que fue esa misma República “a medias” la que les permitió, con luces y sombras, realizar sus obras, publicar libros, militar en el Partido Comunista y crear sindicatos de obreros. Todo el conocimiento y el oficio de quienes después se llamarían revolucionarios fueron forjados en las aulas universitarias —tenían autonomía— y en los círculos de estudio, en una época, permitidos.

Nuestros jóvenes son incapaces de establecer un hilo conductor entre la llamada Generación del seminario de San Carlos y San Ambrosio —el Padre Varela, Saco, Caballero, Bachiller Y Morales—, el maestro Rafael María de Mendive —también ex discípulo del seminario—, y su alumno, José Martí. Al despojar a Martí de su ancestros culturales y espirituales cristianos, y entregarnos un Martí que no es ni por asomo materialista, no comprendemos su poesía —que tanto debe a la mística española—, ni su filosofía política —liberal, nacionalista— y mucho menos su crítica a los Estados Unidos, no de enfrentamiento violento sino de corrección, para que los futuros cubanos evitaran ciertos excesos norteños, precisamente materiales, como la adoración al dinero, el egoísmo, y la individualidad irritante.

Cuando cayó el Muro de Berlín, la propaganda castrista tenía un mantra: se han quedado sin historia. Sin duda, estaban proyectando lo sucedido en Cuba años antes cuya expresión simbólica, visible, fue cambiar los nombres de pueblos, calles, parques y tumbar las estatuas de los presidentes anteriores, chapucería delatada por aquellos zapatos de Estrada Palma —el sustituto de José Martí en el Partido Revolucionario Cubano, y primer presidente— que escaparon a la tala de la memoria nacional. Y donde hubo un cuartel, inaugurar una escuela… con el nombre y el programa de estudios que cambie la historia; los cuarteles, fuera de las ciudades. No otro fatídico 26.

Bloquear toda narrativa alternativa es imprescindible si se quiere que la nueva versión cobre cuerpo. Ni por casualidad un cuento que roce con el pétalo de una cuartilla la “verdad” sobre la Sierra, el Llano, la Guerra Civil en el Escambray —“Eduardo era un León”—, y los éxodos o estampidas. El exilio es un gran museo de “excubanos” que un día se creyeron escritores, cineastas y plásticos dentro de la Revolución y terminaron con la Revolución nada.

Todo parecía, en el plano comunicacional, marchar como entierro de esclavos, hasta que apareció el Internet, el celular, y los influencers, que si bien a veces no saben nada, hacen bastante “ruido”. Entonces el peatón de esquina, el esperador de guaguas, el turista de futuros rechaza el todo de manera ciega. El emigrado cubano no quiere oír hablar del Martí comunista y antimperialista, autor intelectual del desastre. Ni le importa quién fue el ¿Padre? Varela, ni el contrapunteo del azúcar y el tabaco porque no hay ni uno ni lo otro, sino “caldosa” y nunca ajiaco con carnes y verduras. Si a eso se le adiciona la causa eficiente, la ausencia del vasito de leche, todo el discurso anterior, doctrinal, cae en el vacío.

Esa es la situación a la cual hemos llegado. Hay suficientes motivos y razones para, a pesar de tantos odios y contradicciones, sentir orgullo por haber nacido en Cuba, como canta Albita. Sentirse y actuar cubano, donde quiera que se esté, y profese la idea política o religiosa que desee —un derecho humano—, es también un acto de resistencia, de rebeldía, de fe en que un día volveremos a ser la Casa-Cuba que tanto amaron nuestros mayores y de la que no había motivos para emigrar, a no ser por culpa de las dictaduras que tanto nos persiguen en nuestra corta historia de nación independiente.

Pero duele. Duele que haya tanta gente llegando que no quiere saber de Cuba. Sienten pena por ser cubanos. Ocultan los acentos y los gustos culinarios. Hubieran querido nacer en otro país. Tienen lástima de sí mismos porque los han lastimado sesenta años de rencores y fracasos. Y lo que es peor: van a la Isla para restregarle sus familiares la libertad que gozan, con una ‘jaba” en ocasiones prestada o a crédito.

Para reconstruir el país habrá que difundir todas las historias alternativas que han sido celosamente trastocadas, ocultadas. Levantar la autoestima de un pueblo que ha dejado de creer en sí mismo y en sus potencialidades. Revisitar la historia verdadera, porque oculto en las peores sombras siempre se descubre un aro de luz. Quizás hasta sea necesaria una amnesia temporal, un reposo de antipatías, un margen a recobrar la espiritualidad perdida, la verdaderamente martiana, esa que no es ara ni pedestal de nadie.

© cubaencuentro.com

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SOY CUBANO, en la voz de Agustín Tamargo


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Fragmento de una carta de Gastón Baquero a Lydia Cabrera del año 1982:

Lidia: hiciste muy bien en nacer un 20 de mayo. Eres lista prenatal. Naciste en el día del nacimiento de la República, y tú y yo sabemos a cuánta maravilla sabe la palabra República, la República. Lo que eso quiere decir para los cubanos con un poquitico de raíces criollas intactas, es difícil contarlo a los extraños. Ahora andan sueltos por ahí y por aquí, y por todas partes, algunos cubanitos comemierdas que dicen no sentir la patria, ni importarles nada su destrucción y su pena. Yo creo que adoptan esa pose, no por la cursilería de hacerse los europeos o los norteamericanos, sino porque les falta el valor de amar a Cuba, de querer a la patria, y estar lejos de ella. Para no sufrir, fingen no amar, no sentir nostalgia, ni echar de menos las raíces. Han hecho de la expatriación una despatriación, para que no les duela la diáspora, porque su egoísmo, su frivolidad y su hedonismo de quincallería les exige quitarse del corazón todo lo que pueda llevarlos al santo insomnio de Cuba.

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Fernando Ortiz ya en 1913 escribió sobre el desarrollo económico de Cuba comparado con las de sus hermanas repúblicas latinoamericanas: 

El sabio Don Fernando Ortiz y su artículo Cuba y sus hermanas


Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso
 Miami
16 de septiembre de 2013

Don Fernando Ortiz, llamado ¨el tercer descubridor de Cuba¨, escribió en 1913 el artículo Cuba y sus hermanas donde mostraba comparativamente la posición privilegiada que ya en ese año tenía Cuba económicamente en comparación con el resto de las repúblicas latinoamericanas. Esta posición privilegiada se alcanzó después de una devastadora guerra de independencia en la que hubo, pese al pequeño tamaño de Cuba, más del doble de tropas de la Metrópoli que las que hubo en toda Sur América en el siglo XIX en las diferentes guerras de independencia. La guerra terminó en agosto de 1898 y Cuba se convirtió en una república libre e independiente en 1902.

Esta capacidad de recuperación de Cuba probablemente preocupan mucho a gobiernos de otros países del continente americano que verían afectadas las economías de sus países si Cuba se libera y en ella se instala la democracia con un sistema de economía de mercado y un sistema de gobierno que vele por el bien y la prosperidad de todos sus ciudadanos. Quizás esa preocupación explique la ¨indiferencia¨ que en muchos países hermanos ha existido con respecto a la tragedia cubana y la complicidad que han tenido muchos de sus gobiernos con la dictadura totalitaria de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

En Miami ese milagro cubano volvió a repetirse a partir de 1959 con la llegada de exilados cubanos al sur de la Florida.

Si salva en su computadora u ordenador la fotocopia que está en pequeño y la amplian tendrán más datos interesantes.

Disculpen los garabatos en las fotocopias, pero muy probablemente fue uno de mis hijos cuando niño que trató de imitarme señalando en el texto lo más interesante :-)
















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viernes, diciembre 09, 2022

Video: La carta abierta de Sánchez Grass a la catedrática Susan Eckstein, autora del libro El privilegio cubano

AmericaTeVeCanal41

9 diciembre,2022

Presentan en FIU el "Cuban Privilege": el libro que indigna a los exiliados cubanos




 Sanchez Grass

Dec 8, 2022

La carta abierta de Sánchez Grass a la catedrática Susan Eckstein , autora del libro “El privilegio cubano: la creación de la desigualdad de inmigrantes en Estados Unidos” que tanta polémica ha desatado en el exilio.

¿Privilegio de qué?



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 Soy Cubano, en la voz de Agustin Tamargo

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SOY CUBANO



Por Agustín Tamargo


Sobre mi mesa de trabajo encontré una nota. No sé de dónde vino, ni quién la escribió, acaso fui yo mismo en días que he olvidado. Pero quiero transmitirla a mis lectores porque creo que recoge un sentimiento colectivo. La nota dice así:

Soy cubano. Para algunos tal vez no es mucho, pero a mí me basta y me sobra. Soy cubano. Podría ser venezolano, español o norteamericano. Pero sería un modo de ser artificial, de voto y pasaporte, hijo del papel y la tinta, que no cuadra a mi naturaleza. Soy cubano. Un cubano integral, de las buenas y de las malas. Soy cubano. Tengo un himno y una bandera. Y tengo, sobre todo, una historia, llena de nombres, hechos y lugares gloriosos en la que bebo, como en una fuente, cada vez que me acosa el desaliento. ¿Podría cambiar por algún hecho histórico extranjero a Las Guásimas, Palo Seco y Peralejo? ¿Podría negociar por algo el 10 de Octubre, el 24 de Febrero, Baraguá, Playa Girón o El Escambray? Soy cubano. Cubano de café negro, de tabaco y de casabe, de son y de ron, de baile en La Tropical y de guateque guajiro. Soy cubano de hablar a gritos, de jugar a la pelota, de piropear a las mujeres. Y de bajar como un río de fuego por la escalinata de la universidad.

No soy un hombre, si se mira bien, soy una pasión que camina, y cuando enfrento la realidad última de mi vida, que es la de que no tengo patria, me vuelvo una verdadera furia. Por eso los extranjeros no me entienden. ¿Cómo van a entender que quien lo tiene todo siga pidiendo más? Y es que esos extranjeros no saben que ese todo, adquirido en tierra prestada y bajo sol ajeno, no puede curar una enfermedad fatal que se llama nostalgia de la tierra natal. Dicen que lo bello, cuando se pierde, se vuelve más bello todavía. ¿Y qué era Cuba desde que la bautizó Colón sino la tierra más hermosa que ojos humanos vieron?

Así, dentro del alma, carga el cubano a Cuba por todas partes como un escapulario para defenderse de la soledad. Podría decir también como un escudo. Con la historia de Cuba al brazo va el cubano por el mundo defendiendo a su tierra bienamada frente al envidioso y el calumniador. Cuba es su niña. Cuba es su obsesión y su desvelo. Cuba es su madre, pero es también su hija. Cuba es su amante lejana inolvidable. Los libros que el cubano no leía en la isla los lee ahora aquí. La música que allá no escuchaba la escucha ahora aquí. Los cuadros que allá no miraba los mira ahora aquí. El cubano no vive en una casa ni en un apartamento, vive en un baúl de recuerdos. Cada vez que abre ese baúl y encuentra una fotografía marchita por el tiempo sufre una herida. Cada palabra criolla que no conocía o había olvidado y redescubre de pronto se le transforma en un instrumento defensor de su autenticidad. En el hipódromo de Hialeah hay una hermosa guardarraya de palmas. No son palmas canas, ni palmetos, sino palmas reales, ésas que en Cuba coronan las lomas y las riberas de ríos. Están allí, pero fueron traídas de allá. Se asegura que por las noches un hombre solitario camina bajo esas palmas hablando solo. No es invención de nadie. Ese hombre soy yo.

Soy cubano. No quiero, ni puedo, ni acepto ser ninguna otra cosa. Ser cubano es hoy una prueba amarga, un desafío. Allá en la isla un sujeto inicuo que una vez metió en ella a los rusos mete ahora a los traficantes y a los turistas extranjeros con la misma finalidad: pisotear al nativo. Aquí en el destierro, la prosperidad material por un lado y la indiferencia del extraño por otro, hacen del cubano un ser solitario e incomprendido. Nadie lo entiende, nadie respeta su afiebrada vigilia en espera del amanecer de la libertad. Todos le piden que se olvide, que se adapte, que haga como el resto de los refugiados del mundo, que inicie una nueva vida. ¿Se puede, realmente, iniciar una nueva vida? ¿Dónde afincará sus raíces esa nueva vida? ¿En el Cuatro de Julio americano? ¿En el Dos de Mayo español? ¿En el 14 de Julio francés? No, no.

La historia de un pueblo no puede ser una falsificación copiada. La historia de un pueblo es una continuidad, el plebiscito diario de que hablaba Renan. De Diego Velázquez a Fidel Castro la historia de Cuba ha sido un largo peregrinaje hacia la única felicidad posible: la que proporciona la libertad. Cuba mató su indio, masticó su negro y se tragó su español y de esa misteriosa ceremonia de sangres mezcladas, de infinitos tonos, sacó al cubano.

Hombre de islas, hijo del sol, ese cubano lo ha sido todo sobre su tierra ardiente. Matemático y jugador de gallos, ajedrecista y cantor de puntos guajiros, hacendado y político, rumbero y profesor. Fernando Ortiz es el cubano, Miguel Matamoros es el cubano, Gastón Baquero es el cubano, Alvarez Guedes es el cubano, José Canseco es el cubano, el chinomulato Wifredo Lam es el cubano. ¿Se puede olvidar un país así sólo porque el anfitrión ocasional sea generoso y la mesa esté bien servida? Yo sinceramente creo que no. Como decía Martí de los que iban a su tierra cuando aún el español la ofendía con su presencia: Otros pueden, yo no puedo''.

Hasta aquí la nota misteriosa que encontré en mi escritorio. Apareció allí como una página testamentaria, como una botella al mar. Vino Colón, vino Hernán Cortés, vino la desolación de la huida en masa. Pero la isla está allí, Cuba está allí. Esperando con los brazos abiertos por sus hijos dispersos. Hijos a los que simboliza dolorosamente ese cubano que habla solo por las noches bajo las palmas de Hialeah.

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La legión del regreso

Por Agustín Tamargo

Los cubanos salen de una isla pequeña y se han diseminado por todo el mundo. Uno es profesor en una universidad de Australia; otro, inauguró en Alaska un restaurante. Nada los detiene, ni el frío ni el calor. Los seduce el trópico de la Florida, pero soportan igualmente a pie firme los hielos de Boston y Nueva York…

No mendigan, trabajan. Los que en Cuba eran pobres, aquí son ricos. Los que allá eran medio pelo, aquí son pelo y medio.

Ningún obstáculo detiene su laboriosidad beligerante si la oferta es digna. Uno es rector de la Universidad; otro, maquilla muertos. Cambian, pero solo en la superficie. En Miami siguen jugando la bolita (lotería Prohibida), peleando gallos a escondidas y enviando los hijos a la escuela privada. En Madrid, están contra José Luis Rodríguez Zapatero y en Caracas, contra Hugo Chávez, siempre en la oposición.

Se les critica y se les envidia pero en el fondo se les admira. Gallegos por el trabajo y judíos por la voluntad de sobrevivir, constituyen una legión empecinada que no se deja ignorar. Traen su música calurosa, el ruido de sus tambores, los frijoles negros y el bistec de palomilla con moros y maduros. Pero traen sobre todo la simpatía, la cordialidad y la laboriosidad.

Quienes son? Son los cubanos del destierro, la única población mundial trasplantada, que (salvo los hebreos) en más de un tercio de siglo no han perdido su identidad. Los que admiraban a Cuba desde lejos como ejemplo supremo de pujanza latinoamericana, los que veían a Cuba como un milagro étnico y cultural, donde todo parecía un relajo pero todo funcionaba bien, ya no tienen que ir a Cuba para conocerla. Aquí la tienen dentro de los mismos Estados Unidos. Esta es Cuba. Estos son los cubanos. Exagerados, fanfarrones, ruidosos, sí, pero también intensos, profundamente creadores y buenos amigos.

Y que no han hecho en estos 47 años de destierro los cubanos para poder sobrevivir con dignidad? Cuál actividad manual o intelectual no han ensayado en este o en aquel país, por complicada que pareciera, lo han realizado para no quedarse detrás, para no dejarse discriminar.

En alguna de esas actividades han llegado tan lejos que superan a emigraciones que los precedieron por cerca de medio siglo. No hay hospital en Estados Unidos donde no haya hoy un medico cubano. No hay periódico donde no haya un periodista cubano, ni banco donde no haya un banquero cubano, ni publicitaria donde no haya un publicitario cubano, ni escuela donde no haya un maestro cubano, ni universidad donde no haya un profesor cubano, ni comercio donde no haya un manager cubano.

En las Grandes Ligas del béisbol sus nombres también brillan. En Madrid, el primer poeta latinoamericano es un negro cubano.

En la Coca Cola, Kellog’s, McCormick, Pepsi Cola y tantas otras su dirigente es o fue un cubano. En el Congreso de Washington hay cuatro cubanos, en el Senado federal se sientan dos cubanos, el Ministro de Comercio de E. U. es un cubano, la Viceministro de Salud es una doctora cubana. Caramba, son unos pocos en éste país y llegaron hace muy poco tiempo.

En las tierras prestadas del extranjero parecen llevar siempre en la frente la marca del sitio de donde vienen. Los cubanos llevan a Cuba. La enaltecen y la honran, porque además de en la frente la llevan en el corazón.

Pero hay algo en el desterrado cubano, a mi juicio, superior a esa actividad profesional triunfante, y es su odio al despotismo del que huyen, su amor a la tierra que dejaron. Eso lo separa y lo define. Eso da a sus triunfos en medio del desarraigo, una grandeza que de otro modo no tendría. Por qué, preguntan algunos, no se acaban de quedar tranquilos los exiliados cubanos?

¿Por que no aceptan de una vez que perdieron la batalla? Se han afincado definitivamente en estas tierras hospitalarias que los han acogido y donde viven en lo material muchas veces mejor que como vivían en Cuba.

Los que se preguntan esto, no conocen a los cubanos. El cubano sabe esto. Aun teniéndolo todo, si les falta Cuba, no tienen nada. Quizás por ello han hecho su Cuba aquí. Saben mas todavía que esta prosperidad de que disfrutan, lejos de su isla hambreada y aterrada, es en cierto modo una forma de traición. Por eso, si se le mira bien, se verá que a veces parece que el cubano ríe, pero en realidad esta llorando por dentro.

Le nace el hijo, le crece, se le gradúa en la Universidad, pero el cubano suspira. Ay, si estuviera en mi Cuba! Compra una casa, un auto, o una lancha y sigue suspirando. Ay! Si todo esto lo tuviera en Cuba! De una manera misteriosa, que no puede definir, hay un vinculo con aquello que tira de aquí hacia allá. Ahora que perdió a su país, sabe que no puede vivir sin Cuba, y la sueña de noche, y le agiganta los valores y la embellece y la idealiza, y se culpa de no haberla entendido mejor, y la recrea en sus cantos y bailes, y la revive en sus historias en sus costumbres y en sus comidas.

Por que compran hoy los cubanos mas libros cubanos que nunca? Por que tienen sus casas, sus negocios y sus oficinas llenas de palmas, de banderas, de escudos y de retratos de José Martí? Por qué aunque sean USA citizens SIGUEN SIENDO CUBANOS? Por qué se reúnen en sus municipios formados en el exilio, borrando antiguos antagonismos de partido o clase?

Porque el cubano sabe que lo único auténticamente suyo fue SU CUBA y que a ella quisiera el poder regresar. No les preocupa que le devuelvan la residencia o el negocio, si lo tenían. Lo único que desean es volver a su tierra. La casa donde nació esta destruida, al pueblo se lo han puesto desconocido, la madre ha muerto. Pero no importa. El exiliado cubano quiere de todos modos ir a esa casa, a ese pueblo y a esa tumba. La Patria empieza ahí. En el exilio tropieza, yerra y se equivoca, pero está salvado también porque en el fondo de su ser nunca traicionó a Cuba.

Cuando llegue ese momento muchos volverán, otros no podrán hacerlo, pero las semillas que dejaron donde estuvieron exiliados no los olvidará, perdurarán por siempre y para siempre porque lo hicieron con mucho sacrificio, tenacidad y amor. Y aunque a lo mejor no tendremos la oportunidad de leerlo, muchos escribirán sobre su paso aquí para orgullo de sus descendientes.
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El Son de las Cuatro Décadas(que ya va para 64 años)


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Wenceslao Cruz
9 de diciembre de 2022

Presentación del libro de Susan Eckstein Cuban Privilege: The Making of Immigrant Inequality in America en la Florida Internarional University (FIU),  Apartir del instante 1: 00:00 comienza la sección de preguntas y respuestas donde intervienen, entre otros: Rafael Montalvo (Presidente de los veteranos  de la Brigada de Asalto 2506 que combatió en Bahía de Cochinos en abril de 1961) en (1:04:50); la relevante periodista Ninoska Pérez Castellón (1:08:27), Valdes-Hurtado Ph D (refugiada política cubana cuyo grado científico lo obtuvo en la FIU y actualmente está  jubilada como profesora universitaria) en (1:28:34).




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miércoles, octubre 12, 2022

Alfredo M. Cepero: LAS PATRIAS DEL CAMINANTE

 
Tomado de http://www.lanuevanacion.com/

LAS PATRIAS DEL CAMINANTE

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“No hay camino caminante, se hace camino al andar”, Antonio Machado.

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Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

10-11-22

 Nací y viví las primeras dos décadas de mi vida en la idílica isla de Cuba. Antes de verme obligado a abandonarla estaba convencido de que no había comida más deliciosa que el arroz con pollo, ritmo más cadencioso que el danzón, prenda más elegante que la guayabera, ni mujeres más bellas que las cubanas. Hoy, pasadas ya mis ocho décadas de vida, sigo admirando con la misma intensidad todos los atractivos de mi patria de origen, pero a través de un prisma muy diferente.

Porque así como alguien dijo una vez que “el hombre es él y sus circunstancias” yo digo que “los hombres somos producto de nuestras experiencias.” Y experiencias he tenido muchas al caminar por un mundo a veces hostil y a veces propicio. En mis primeros años de exilio fregué platos, descargué vagones de ferrocarril, conduje taxis, vestí uniforme militar y hasta participé en empeños de liberar a Cuba de las garras del castro comunismo.

Después vinieron tiempos propicios y, con ellos, viajes por medio mundo y el ejercicio de mi profesión de periodista. Es en ese momento en que empecé a mirar el mundo a través de un prisma mucho más amplio y diverso. Comprobé, por ejemplo, que la bondad o la maldad no son exclusivos de ningún pueblo. Que mi patria de origen no era perfecta y que hay personas buenas, malas y hasta regulares en todas las latitudes del planeta Tierra.

En el curso de mi caminar por el mundo tuve experiencias inolvidables. Lo mismo disfruté de un asado argentino al ritmo de una milonga que degusté una enchilada mexicana al ritmo de una ranchera. Más adelante en el camino consumí un pabellón criollo mientras escuchaba un contagioso joropo venezolano y bailé al ritmo de una cumbia colombiana después de haber ingerido una bandeja paisa. Pero el camino fue más largo. Descubrí los sabores de una cazuela chilena mientras observaba a unos “cuequeros” interpretar el baile nacional de Chile y quedé cautivado por la armonía de una samba al tiempo en que ingería una deliciosa picanha brasileña.

Todos esos países tienen su cultura, sus ritmos, sus comidas y sus patriotas; pero no hay que haber nacido en ninguno de ellos para admirar sus atractivos. Ignorar sus atractivos es privarnos de la felicidad de explorar lo desconocido y la sabiduría de aumentar nuestro conocimiento. Conocerlos dejó en mí una huella que me hace más eficiente a la hora de amar y de servir a mi primera patria.

Vino después matrimonio, familia y el echar raíces. Porque si la patria obliga la familia manda y trae consigo responsabilidades. En aquellos tiempos el periodismo en español en Estados Unidos no pagaba lo suficiente para cumplir con las responsabilidades que conlleva una familia numerosa y—con la ayuda de Dios—decidí reinventarme a mí mismo. Me gradué de materias y saqué licencias para ganarme la vida en el mundo—hasta entonces para mí desconocido—de los seguros y de la planificación financiera.

Encaminada mi familia regresé a  mi primera patria. Lo hice fundando un partido político, asistiendo a la disidencia interna y publicando una revista cibernética—La Nueva Nación—en la que ustedes leerán estas notas. Ahora los Estados Unidos son mi segunda patria y lo que he aprendido en ellos—si Dios me da vida—quiero ponerlo al servicio de mi primera patria.

De esa primera patria escribí una vez en mi poema “La Barca de la Patria” los siguientes versos:

 “¿Dónde está la justicia y el amor entre hermanos

y aquel timbre de orgullo de llamarnos cubanos?

Hace falta caminos, pero más caminantes

que no cuenten sus pasos al buscar libertades.”


“Hace falta soldados, en la mano el fusil

y en la mente el concepto del respeto al civil.

Hace falta el concepto de ser buen ciudadano,

el respeto a la Ley y a su guarda el soldado”.

En conclusión, la palabra mística y emotiva de patria tiene connotación casi sagrada para quienes hemos tenido la desgracia de andar por los caminos del mundo buscando sin éxito un sustituto para la tierra musical y florida donde dimos nuestros primeros pasos. De hecho, nuestro amor por ella se ha hecho más intenso con la distancia y el tiempo. Algo así como un hechizo inexplicable que es al unísono redención y cruz. Andamos con ella a cuestas en la búsqueda obsesiva e infatigable del camino que nos lleve de regreso a la tierra, al mismo tiempo añorada y prometida, de una Cuba Libre.

10-11-22

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Soy Cubano leido por su autor: Agustin Tamargo



#alexisvaldes #soycubano #willychirino

Alexis Valdes & Willy Chirino - YO SOY CUBANO (Video Oficial)





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martes, enero 18, 2022

Esteban Fernandez: CARTA A CUBA. Video Soy Cubano, en la voz de Agustin Tamargo

 
CARTA A CUBA. 

Por Esteban Fernández

Cuba, mi Cuba, mi amor eterno: se cumplen 60 años sin verte y te adoro más que nunca. Jamás he dejado de quererte, ni ha pasado un solo día de mi vida sin que de alguna forma te recuerde.

Siento que yo debía estar en un libro de récords como la persona que más ha mencionado o escrito tu nombre, hablado en público sobre ti, y añorado más.

He corrido pequeños peligros tratando de salvarte, de liberarte de los que te tiranizan. He dedicado toda una vida a odiar a los que te han destruido. Y no me arrepiento, en realidad hubiera querido que los riesgos hubieran sido mayores.

He criticado a quienes te olvidan, te desprecian, y a los que no te han defendido. Pocos han ofendido públicamente al monstruo que se adueñó de ti más que yo.

Ni un solo centavo ha llegado a las manos de tus opresores por conducto mío. Ni directa ni indirectamente. Y tampoco he recibo un solo dólar por mi labor, completamente altruista, en favor de tu emancipación...

Jamás he permitido que tu destrucción física, ni el adoctrinamiento de tus pobladores, me lleven a sentir desprecio hacia ti. Yo -en la distancia- con las casas despintadas y cayéndose, con los baches en tus calles, con Comités de delatores en cada cuadra, con tantos hijos del diablo que han nacido dentro de tus entrañas, yo te sigo observando como una vez te vio Cristóbal Colón: “Como la tierra más hermosa que ojos humanos han visto”.

No, no te visito, ni te visitaré jamás, mientras que tenga que pedirle permiso para entrar y salir a la banda de criminales te han llenado de oprobios.

Casi 60 años ignorando a todos aquellos que -aunque sean llenos de buena fe- me han pedido que me olvide de ti.

Evito a todo el que intente decirme: “No pienses más en Cuba, olvídate de esa Isla que solamente está en tus recuerdos, esa Cuba ya no existe” porque son palabras que recibo como latigazos en mi espalda.

Contra viento y marea, a mí no me sale de lo más profundo aceptar tu disolución como país, y me mantengo firme creyendo que Dios no podrá permitir eternamente que no vuelvas a reinar entre los países más prósperos y libres del planeta.

Te quiero Cuba, aunque por ese amor quieran colocarme dentro de una minoría de cubanos en extinción, aunque me llamen "dinosaurio", y aunque llegara a ser el último que te venere.

Sé que es imposible físicamente poder volver a vivir otros 56 años sin verte, pero si eso fuera posible te seguiría queriendo igual, queriéndote más.

Y si la reencarnación existiera, y volviera a nacer, con todos los defectos que muchos te achacan, con todas las críticas que tengo contra las nuevas generaciones, quisiera VOLVER A NACER SIENDO CUBANO.

Cuba, tú has sido mi madre, mi novia más querida, mi primer y más grande amor, la tierra que no olvido. Mi devoción absoluta para todos los que han anegado con sangre tu fértil tierra tratando de salvarte, y mi rencor eterno contra todo aquel que sus botas te han pisado esclavizándote.

Y todos los que no te quieran, todos los que le han dado las espaldas a tu sufrimiento, todos los que de alguna forma cooperan con tus opresores, todos los que no quieran oír y leer nada de ti, aléjense de mí, quítense de mi camino, ignórenme, que yo no los quiero en mi vida, no los necesito, no me interesan su amistad.

Si bien mi cuerpo salió y se alejó de ti, mi corazón siempre se quedó allí, porque Cuba -y quiero que te quede muy claro- jamás te he dicho “Adiós”. Hoy, mañana y siempre te dije, te digo y te diré “Hasta Luego”. Esteban Fernández Gómez

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 Soy Cubano, en la voz de Agustin Tamargo

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jueves, mayo 20, 2021

20 de Mayo, un día de nostalgias, de orgullo y de dolor por la Cuba que se perdió

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

BENNY MORE EN VIVO ... "AY MI CUBA" ... EXCELENTE IMPROVISACION


La Patria, aunque se lleve a cuesta, duele y duele mucho.

El  gran escritor Guillermo Cabrera Infante  decía que la nostalgia era una puta. 

Hoy es una de esos días  en que la dama del sexo tarifado me ha visitado y  no cesa, a su ritmo y antojo,  de cabalgar  encima de mi  bajovientre y de mi pecho mientras entorna, multiorgásmicamente,  sus ojos por el  placer de   ensañarse  en mi dolor. 

José Martí definió  Patria  con estas palabras: «Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas»

El relevante  arquitecto y urbanista  Nicolás  Quintana y Cómez  expresó en su última conferencia: 

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 Luis Aguile - Cuando Sali De Cuba (1967)

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Luis Aguilé - Cuando Vuelva A Cuba


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 Soy Cubano, en la voz de Agustin Tamargo

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SOY CUBANO



Por Agustín Tamargo


Sobre mi mesa de trabajo encontré una nota. No sé de dónde vino, ni quién la escribió, acaso fui yo mismo en días que he olvidado. Pero quiero transmitirla a mis lectores porque creo que recoge un sentimiento colectivo. La nota dice así:

Soy cubano. Para algunos tal vez no es mucho, pero a mí me basta y me sobra. Soy cubano. Podría ser venezolano, español o norteamericano. Pero sería un modo de ser artificial, de voto y pasaporte, hijo del papel y la tinta, que no cuadra a mi naturaleza. Soy cubano. Un cubano integral, de las buenas y de las malas. Soy cubano. Tengo un himno y una bandera. Y tengo, sobre todo, una historia, llena de nombres, hechos y lugares gloriosos en la que bebo, como en una fuente, cada vez que me acosa el desaliento. ¿Podría cambiar por algún hecho histórico extranjero a Las Guásimas, Palo Seco y Peralejo? ¿Podría negociar por algo el 10 de Octubre, el 24 de Febrero, Baraguá, Playa Girón o El Escambray? Soy cubano. Cubano de café negro, de tabaco y de casabe, de son y de ron, de baile en La Tropical y de guateque guajiro. Soy cubano de hablar a gritos, de jugar a la pelota, de piropear a las mujeres. Y de bajar como un río de fuego por la escalinata de la universidad.

No soy un hombre, si se mira bien, soy una pasión que camina, y cuando enfrento la realidad última de mi vida, que es la de que no tengo patria, me vuelvo una verdadera furia. Por eso los extranjeros no me entienden. ¿Cómo van a entender que quien lo tiene todo siga pidiendo más? Y es que esos extranjeros no saben que ese todo, adquirido en tierra prestada y bajo sol ajeno, no puede curar una enfermedad fatal que se llama nostalgia de la tierra natal. Dicen que lo bello, cuando se pierde, se vuelve más bello todavía. ¿Y qué era Cuba desde que la bautizó Colón sino la tierra más hermosa que ojos humanos vieron?

Así, dentro del alma, carga el cubano a Cuba por todas partes como un escapulario para defenderse de la soledad. Podría decir también como un escudo. Con la historia de Cuba al brazo va el cubano por el mundo defendiendo a su tierra bienamada frente al envidioso y el calumniador. Cuba es su niña. Cuba es su obsesión y su desvelo. Cuba es su madre, pero es también su hija. Cuba es su amante lejana inolvidable. Los libros que el cubano no leía en la isla los lee ahora aquí. La música que allá no escuchaba la escucha ahora aquí. Los cuadros que allá no miraba los mira ahora aquí. El cubano no vive en una casa ni en un apartamento, vive en un baúl de recuerdos. Cada vez que abre ese baúl y encuentra una fotografía marchita por el tiempo sufre una herida. Cada palabra criolla que no conocía o había olvidado y redescubre de pronto se le transforma en un instrumento defensor de su autenticidad. En el hipódromo de Hialeah hay una hermosa guardarraya de palmas. No son palmas canas, ni palmetos, sino palmas reales, ésas que en Cuba coronan las lomas y las riberas de ríos. Están allí, pero fueron traídas de allá. Se asegura que por las noches un hombre solitario camina bajo esas palmas hablando solo. No es invención de nadie. Ese hombre soy yo.

Soy cubano. No quiero, ni puedo, ni acepto ser ninguna otra cosa. Ser cubano es hoy una prueba amarga, un desafío. Allá en la isla un sujeto inicuo que una vez metió en ella a los rusos mete ahora a los traficantes y a los turistas extranjeros con la misma finalidad: pisotear al nativo. Aquí en el destierro, la prosperidad material por un lado y la indiferencia del extraño por otro, hacen del cubano un ser solitario e incomprendido. Nadie lo entiende, nadie respeta su afiebrada vigilia en espera del amanecer de la libertad. Todos le piden que se olvide, que se adapte, que haga como el resto de los refugiados del mundo, que inicie una nueva vida. ¿Se puede, realmente, iniciar una nueva vida? ¿Dónde afincará sus raíces esa nueva vida? ¿En el Cuatro de Julio americano? ¿En el Dos de Mayo español? ¿En el 14 de Julio francés? No, no.

La historia de un pueblo no puede ser una falsificación copiada. La historia de un pueblo es una continuidad, el plebiscito diario de que hablaba Renan. De Diego Velázquez a Fidel Castro la historia de Cuba ha sido un largo peregrinaje hacia la única felicidad posible: la que proporciona la libertad. Cuba mató su indio, masticó su negro y se tragó su español y de esa misteriosa ceremonia de sangres mezcladas, de infinitos tonos, sacó al cubano.

Hombre de islas, hijo del sol, ese cubano lo ha sido todo sobre su tierra ardiente. Matemático y jugador de gallos, ajedrecista y cantor de puntos guajiros, hacendado y político, rumbero y profesor. Fernando Ortiz es el cubano, Miguel Matamoros es el cubano, Gastón Baquero es el cubano, Alvarez Guedes es el cubano, José Canseco es el cubano, el chinomulato Wifredo Lam es el cubano. ¿Se puede olvidar un país así sólo porque el anfitrión ocasional sea generoso y la mesa esté bien servida? Yo sinceramente creo que no. Como decía Martí de los que iban a su tierra cuando aún el español la ofendía con su presencia: Otros pueden, yo no puedo''.

Hasta aquí la nota misteriosa que encontré en mi escritorio. Apareció allí como una página testamentaria, como una botella al mar. Vino Colón, vino Hernán Cortés, vino la desolación de la huida en masa. Pero la isla está allí, Cuba está allí. Esperando con los brazos abiertos por sus hijos dispersos. Hijos a los que simboliza dolorosamente ese cubano que habla solo por las noches bajo las palmas de Hialeah.

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La legión del regreso

Por Agustín Tamargo

Los cubanos salen de una isla pequeña y se han diseminado por todo el mundo. Uno es profesor en una universidad de Australia; otro, inauguró en Alaska un restaurante. Nada los detiene, ni el frío ni el calor. Los seduce el trópico de la Florida, pero soportan igualmente a pie firme los hielos de Boston y Nueva York…

No mendigan, trabajan. Los que en Cuba eran pobres, aquí son ricos. Los que allá eran medio pelo, aquí son pelo y medio.

Ningún obstáculo detiene su laboriosidad beligerante si la oferta es digna. Uno es rector de la Universidad; otro, maquilla muertos. Cambian, pero solo en la superficie. En Miami siguen jugando la bolita (lotería Prohibida), peleando gallos a escondidas y enviando los hijos a la escuela privada. En Madrid, están contra José Luis Rodríguez Zapatero y en Caracas, contra Hugo Chávez, siempre en la oposición.

Se les critica y se les envidia pero en el fondo se les admira. Gallegos por el trabajo y judíos por la voluntad de sobrevivir, constituyen una legión empecinada que no se deja ignorar. Traen su música calurosa, el ruido de sus tambores, los frijoles negros y el bistec de palomilla con moros y maduros. Pero traen sobre todo la simpatía, la cordialidad y la laboriosidad.

Quienes son? Son los cubanos del destierro, la única población mundial trasplantada, que (salvo los hebreos) en más de un tercio de siglo no han perdido su identidad. Los que admiraban a Cuba desde lejos como ejemplo supremo de pujanza latinoamericana, los que veían a Cuba como un milagro étnico y cultural, donde todo parecía un relajo pero todo funcionaba bien, ya no tienen que ir a Cuba para conocerla. Aquí la tienen dentro de los mismos Estados Unidos. Esta es Cuba. Estos son los cubanos. Exagerados, fanfarrones, ruidosos, sí, pero también intensos, profundamente creadores y buenos amigos.

Y que no han hecho en estos 47 años de destierro los cubanos para poder sobrevivir con dignidad? Cuál actividad manual o intelectual no han ensayado en este o en aquel país, por complicada que pareciera, lo han realizado para no quedarse detrás, para no dejarse discriminar.

En alguna de esas actividades han llegado tan lejos que superan a emigraciones que los precedieron por cerca de medio siglo. No hay hospital en Estados Unidos donde no haya hoy un medico cubano. No hay periódico donde no haya un periodista cubano, ni banco donde no haya un banquero cubano, ni publicitaria donde no haya un publicitario cubano, ni escuela donde no haya un maestro cubano, ni universidad donde no haya un profesor cubano, ni comercio donde no haya un manager cubano.

En las Grandes Ligas del béisbol sus nombres también brillan. En Madrid, el primer poeta latinoamericano es un negro cubano.

En la Coca Cola, Kellog’s, McCormick, Pepsi Cola y tantas otras su dirigente es o fue un cubano. En el Congreso de Washington hay cuatro cubanos, en el Senado federal se sientan dos cubanos, el Ministro de Comercio de E. U. es un cubano, la Viceministro de Salud es una doctora cubana. Caramba, son unos pocos en éste país y llegaron hace muy poco tiempo.

En las tierras prestadas del extranjero parecen llevar siempre en la frente la marca del sitio de donde vienen. Los cubanos llevan a Cuba. La enaltecen y la honran, porque además de en la frente la llevan en el corazón.

Pero hay algo en el desterrado cubano, a mi juicio, superior a esa actividad profesional triunfante, y es su odio al despotismo del que huyen, su amor a la tierra que dejaron. Eso lo separa y lo define. Eso da a sus triunfos en medio del desarraigo, una grandeza que de otro modo no tendría. Por qué, preguntan algunos, no se acaban de quedar tranquilos los exiliados cubanos?

¿Por que no aceptan de una vez que perdieron la batalla? Se han afincado definitivamente en estas tierras hospitalarias que los han acogido y donde viven en lo material muchas veces mejor que como vivían en Cuba.

Los que se preguntan esto, no conocen a los cubanos. El cubano sabe esto. Aun teniéndolo todo, si les falta Cuba, no tienen nada. Quizás por ello han hecho su Cuba aquí. Saben mas todavía que esta prosperidad de que disfrutan, lejos de su isla hambreada y aterrada, es en cierto modo una forma de traición. Por eso, si se le mira bien, se verá que a veces parece que el cubano ríe, pero en realidad esta llorando por dentro.

Le nace el hijo, le crece, se le gradúa en la Universidad, pero el cubano suspira. Ay, si estuviera en mi Cuba! Compra una casa, un auto, o una lancha y sigue suspirando. Ay! Si todo esto lo tuviera en Cuba! De una manera misteriosa, que no puede definir, hay un vinculo con aquello que tira de aquí hacia allá. Ahora que perdió a su país, sabe que no puede vivir sin Cuba, y la sueña de noche, y le agiganta los valores y la embellece y la idealiza, y se culpa de no haberla entendido mejor, y la recrea en sus cantos y bailes, y la revive en sus historias en sus costumbres y en sus comidas.

Por que compran hoy los cubanos mas libros cubanos que nunca? Por que tienen sus casas, sus negocios y sus oficinas llenas de palmas, de banderas, de escudos y de retratos de José Martí? Por qué aunque sean USA citizens SIGUEN SIENDO CUBANOS? Por qué se reúnen en sus municipios formados en el exilio, borrando antiguos antagonismos de partido o clase?

Porque el cubano sabe que lo único auténticamente suyo fue SU CUBA y que a ella quisiera el poder regresar. No les preocupa que le devuelvan la residencia o el negocio, si lo tenían. Lo único que desean es volver a su tierra. La casa donde nació esta destruida, al pueblo se lo han puesto desconocido, la madre ha muerto. Pero no importa. El exiliado cubano quiere de todos modos ir a esa casa, a ese pueblo y a esa tumba. La Patria empieza ahí. En el exilio tropieza, yerra y se equivoca, pero está salvado también porque en el fondo de su ser nunca traicionó a Cuba.

Cuando llegue ese momento muchos volverán, otros no podrán hacerlo, pero las semillas que dejaron donde estuvieron exiliados no los olvidará, perdurarán por siempre y para siempre porque lo hicieron con mucho sacrificio, tenacidad y amor. Y aunque a lo mejor no tendremos la oportunidad de leerlo, muchos escribirán sobre su paso aquí para orgullo de sus descendientes.

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