domingo, junio 02, 2024

Julio M. Shiling sobre el juicio en New Yok que declaró culpable al ex Presidente Donald Trump por supuestos 34 cargos que cometió

 AmericaTeVe Miami

30 de mato, 2024

Análisis | ¿Hay motivos políticos detrás de la sentencia de Trump en Nueva York?


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LA NACION

31 de mayo, 2024


El discurso de Donald Trump tras ser declarado culpable en el juicio de pago por silencio

Tomado de https://patriademarti.com/

El derecho posmoderno y la persecución política estadounidense

Por Julio M. Shiling *

1 de junio, 2024

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Lavrentiy Beria, el jefe más antiguo de la policía secreta de Joseph Stalin es tristemente célebre por haber afirmado que podía probar la comisión de delitos, incluso entre los hombres más inocentes. El supervisor supremo del sistema penitenciario Gulag de la Unión Soviética y arquitecto clave de la represión política entre 1938 y 1953 se jactó en una ocasión: «Muéstrame al hombre y te mostraré el delito». El fiscal del distrito (DA) de Manhattan, Alvin Bragg, que fue elegido en 2021 para su cargo actual con la promesa de campaña de ir tras Donald Trump, afirmó misión cumplida con el veredicto de culpabilidad en los 34 cargos de delitos graves estatales que su oficina recibió el jueves 30 de mayo. El fiscal financiado por George Soros contó con la ayuda estructural en este ruin esquema legal del Departamento de Justicia de Biden (DOJ), el juez que supervisa el juicio y un grupo judicial geográficamente estratificado que está ideológicamente atrincherado. Washington, Jefferson y Lincoln habrían sido declarados «culpables» en un tribunal autoritario similar.

De los cuatro procesos judiciales contra el favorito del Partido Republicano desde que su candidatura se hizo tácitamente evidente, este es el más descarado. La intromisión desde el púlpito político en las elecciones presidenciales de 2024 para intentar asegurar una victoria del Partido Demócrata se está haciendo a cara descubierta. Los tribunales son uno de los caballos de Troya utilizados para enmascarar su ilegitimidad. La utilización del sistema judicial para silenciar a la oposición e influir en los resultados electorales no es nada nuevo. Los regímenes no democráticos siempre lo han hecho así. Cada persona enviada a los gulags de Rusia, China o Cuba lo fue bajo los auspicios de la «ley». Venezuela, Nicaragua y Bolivia eliminan a los líderes de la oposición mediante acusaciones criminales.

El régimen de Biden-Obama está siguiendo a sabiendas los guiones establecidos y practicados por dictaduras experimentadas, adaptados al modelo estadounidense. El camino de Estados Unidos hacia un régimen no democrático es más accidentado y requiere consideraciones especiales, dadas las complejidades de su sistema federal de gobierno. Por eso, los enclaves acogedores para los socialistas, como Nueva York y Washington D.C. (entre otros), son los lugares legales preferidos para fabricar delitos con los que alcanzar los fines que persiguen. Cuando existe un sistema legal de dos niveles que está predeterminado política e ideológicamente, entonces el imperio de la ley se convierte en un elemento caprichoso de estructura basado en dónde vives o si caes dentro del alcance federal del DOJ de Biden. 

Así es como la izquierda logró esta condena tipo Beria en el «juicio de comprar el silencio» de Nueva York. Todo el procedimiento judicial careció del debido proceso elemental y siguió un patrón de estirar la ley y establecer precedentes más allá del alcance de las normas aceptadas. Verdaderamente, este es el sueño marxista del derecho posmoderno. Los treinta y cuatro cargos se refieren todos a un único hecho: una infracción contable, en el mejor de los casos, relativa a un pago de 130.000 dólares en virtud de un Acuerdo de No Divulgación (NDA) (perfectamente legal) pagado a una actriz de cine porno por servicios sexuales (Stormy Daniels) en una supuesta aventura de una noche que supuestamente ocurrió en 2006. El testigo clave de la acusación era un perjuro convicto (Michael Cohen) que, además, admitió haber robado 60.000 dólares al conglomerado inmobiliario de Trump.

El juez que instruyó el caso, Juan Merchán, fue el facilitador de la acusación. Medularmente atado al Partido Demócrata, Merchán ha hecho donaciones al mismo y a causas anti-Trump. Además, la hija del juez es una empleada totalmente comprometida con el establishment demócrata, que se gana la vida recaudando fondos para candidatos políticos demócratas. El juicio que preside su padre ha generado enormes sumas de dinero, de las que ella se ha beneficiado económicamente. Al trabajar como directora ejecutiva en una firma demócrata de primera categoría que está conectada directamente con Adam Schiff, el Comité Nacional Demócrata, el PAC de la Mayoría Demócrata del Senado, e incluso Biden, el empleo de la hija de Merchan es motivo suficiente para que él se haya recusado por motivos de conflicto de intereses.

Tal vez la entidad más influyente en el equipo acusador fue Matthew Colangelo, el funcionario número tres en el DOJ de Biden, antes de pasar a la oficina del fiscal de Manhattan. Actuando como fiscal principal, Colangelo sentó las bases de las teorías jurídicas inventadas que se exploraron para criminalizar las acciones legales de Trump. Sirvió de puente natural entre Nueva York y la Casa Blanca, es decir, entre la fiscalía de Manhattan y el DOJ. Además, ha sido consultor político a sueldo del Comité Nacional Demócrata. Fundamental para la estrategia de la fiscalía era convertir los cargos contra Trump en un delito grave, ya que las cuestiones de contabilidad son un delito menor.

Colangelo y Bragg introdujeron teorías jurídicas novatas y desconocidas al argumentar que los votantes de Nueva York habían sido «defraudados» en las elecciones de 2016 por las acciones de Trump. Lógicamente, esto situaría la jurisdicción en terreno federal, puesto que la acusación implicaba supuestas violaciones de la financiación de la campaña. Para neutralizar la onerosa tarea de superar los desafíos logísticos que presentaría esta hipótesis judicial, la cooperación del juez presidente sería un requisito previo.  

Para asegurarse de que el resultado sería, en última instancia, el que fue, el juez Merchan impidió efectivamente que testigos clave para el equipo legal de Trump testificaran microgestionando lo que la defensa podía preguntar y lo que el testigo podía responder. Un ejemplo de ello fue el experto en derecho electoral Brad Smith, antiguo miembro de la Comisión Federal Electoral. Este testigo era muy importante para el caso del expresidente. Sin embargo, las draconianas limitaciones de Merchan harían mudo su testimonio. El juez exigió ver previamente por escrito cuál sería el testimonio probable.

El golpe final y fatal al debido proceso y a la posibilidad de que Trump tuviera un juicio justo fueron las instrucciones sin precedentes que Merchan dio a los 12 miembros del jurado. Uno de los sellos distintivos de la jurisprudencia estadounidense en los casos penales es la carga del fiscal de tener que demostrar la culpabilidad más allá de toda duda razonable. En otras palabras, para emitir un veredicto de culpabilidad, el jurado debe estar prácticamente seguro de la culpabilidad del acusado. En este caso, el juez no dejó nada al azar. Un veredicto de culpabilidad requería que los jurados determinaran, por unanimidad, que Trump falsificó registros comerciales con «intención» de defraudar. Además, el pago realizado para comprar el silencio por los supuestos favores sexuales formaba parte de una «conspiración» por «medios ilícitos» para elegir a Trump en 2016.   

Merchan rompió con el protocolo y la tradición judicial y estableció reglas especiales para que el jurado deliberara. El juez de izquierdas permitió que el jurado decidiera libremente por sí mismo, según sus propias normas personales, cuáles eran esos «medios ilícitos». En otras palabras, eran libres de imaginar cualquier camino posible para llegar a la caracterización de «ilícito». Claramente, esta maldición judicial personifica la injusticia y es una burla del Estado de derecho. Teniendo en cuenta la amplia manipulación del juicio a favor del fiscal y el hecho de que el jurado estaba compuesto por uno de los grupos de población más demócratas de Estados Unidos, no cabía esperar un resultado diferente.

La utilización del sistema judicial estadounidense para perseguir, silenciar e impedir que un candidato compita en unas elecciones es un acto de despotismo. La izquierda radical utilizará todos sus recursos para impedir que Trump gane las elecciones de 2024. Cabe señalar, sin embargo, que si el candidato republicano fuera cualquier otra persona no globalista, conservadora y anticomunista, también se enfrentaría a una ira antisistema y antiliberal similar. Los republicanos, los independientes y los demócratas centristas deben darse cuenta de que la República estadounidense está sufriendo una amenaza existencial. Si Dios quiere, Trump debería ganar en noviembre. Se necesitará un valiente curso de justicia restaurativa para devolver la normalidad a los EE. UU. Los responsables de esta toma de poder autoritaria deben rendir cuentas. Todos sabemos quiénes son los sospechosos. Nadie está por encima de la ley. 

© Patria de Martí. Todos los derechos reservados.

* Julio M. Shiling es politólogo, escritor, conferenciante, comentarista y director de los foros políticos y las publicaciones digitales, Patria de Martí y The CubanAmerican Voice y columnista. Tiene una Maestría en Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) de Miami, Florida. Es miembro de The American Political Science Association (“La Asociación Estadounidense de Ciencias Políticas”) y el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio


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lunes, abril 03, 2023

LA CABALGATA DEL ODIO. Alfredo M. Cepero sobre la decisión del Gran Jurado que el ex Presidente Donald Trump debe ser encausado

 
Tomado de http://www.lanuevanacion.com/odio

LA CABALGATA DEL ODIO

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“Armar al sistema legal americano para lograr un objetivo político pone a las leyes “partas arriba”

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Por Alfredo M. Cepero

Director de La Nueva Nacion

alfredocepero@bellsouth.net

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

La política americana se volcó “patas arriba” cuando—quizás de manera permanente—un jurado en Manhattan—una de las ciudades más izquierdistas de América y donde el 80 por ciento de sus habitantes votaron por Joe Biden—decidió enjuiciar  a su adversario político en las próximas elecciones, el republicano que lleva una delantera de 30 puntos sobre su adversario más cercano en las primarias republicanas, el ex presidente Donald John Trump. El jurado tomó esta decisión a instancias de un sujeto que lleva por nombre Alvin Bragg. Este personaje es el Fiscal del Distrito de Manhattan cuyo reclamo a la fama es haber convertido a Nueva York en una de las ciudades más peligrosas de América con su negativa a hacer respetar las leyes contra crímenes como el robo y las violaciones.

En un cambió de opinión y cuando ya nadie lo esperaba—entre los que yo me encuentro—el jurado enjuició a Trump por supuestos pagos a la estrella de películas pornográficas, Stormy Daniels, para que mantuviera silencio sobre supuestos encuentros sexuales durante las elecciones presidenciales de 2016. El pago fue supuestamente hecho a través del abogado y proxeneta de Trump, Michael Cohen, un hombre con bien ganada fama de mentiroso y manipulador. Cohen fue reembolsado del gasto por la Trump Organization—no por ningún fondo de campaña política de Trump—por  medio de un falso contrato que especificaba haber sido hecho para pagar servicios legales.

Donald Trump, quién ha negado rotundamente haber tenido relación alguna con la Daniels, dijo que el enjuiciamiento era “algo impensable”  y lo calificó como una “cacería de brujas” cuyo objetivo era destruir su movimiento de “Hacer a América Grande”.

De todas maneras Trump fue enjuiciado para que se haga realidad el sueño perverso de quienes lo odian de verlo con las esposas puestas y el traje de presidiario. En casi todos los casos, cuando una persona es capturada se procede a la toma de huellas dactilares y de fotos de su rostro en todos los ángulos. Esos datos son transcritos a un expediente y, una vez la persona recupera la libertad, se puede quedar con las copias del mismo. Pero les tengo malas noticias, los abogados de Trump han dicho que se encargarán de evitar este tipo de circo.

Una situación similar fue sufrida por el ex Presidente cubano Carlos Prío Socarras en tiempos remotos en la ciudad de Miami. Con fecha de 15 de febrero de 1958, el diario The New York Times—aliado de Fidel Castro antes de que el satanás se robara el poder—dio cuenta del enjuiciamiento de “el presidente cordial” por la violación de las leyes de neutralidad de los Estados Unidos. Donald Trump, por su parte, es el primer presidente americano en ser enjuiciado por cargos criminales. Por lo tanto, independientemente de lo que pase, estoy seguro de que hemos llegado a un punto donde no hay marcha atrás. Vivimos en una nación en la penumbra del Tercer Mundo. Si no elegimos a Trump en el 2024 dejaremos de ser hombres libres y nos convertiremos en esclavos de un gobierno despiadado y todopoderoso.

Esta sería una república totalmente distinta a la que nos legaron los fundadores de la nación americana. La prueba de lo que digo está en la misma historia de los Estados Unidos. Ahí, como una roca desafiando a un mar embravecido, tenemos el ejemplo de Abraham Lincoln en medio de la sangrienta guerra civil americana.

En un discurso que más parecía una oración que una pieza oratoria con motivo de su segunda toma de posesión, Lincoln abrió su espíritu de perdón y dijo: “Con malicia hacia ninguno y caridad para todos. Con firmeza en la justicia según Dios nos permite percibirla, luchemos para terminar la labor en que nos encontramos, curemos las heridas de esta nación, cuidemos a aquellos que han llevado la carga de la guerra así como a su viuda y a su huérfano, para que hagamos todo lo que podamos lograr y atesorar en la forma de una paz justa y perdurable entre nosotros y con todas las naciones”. Aquí sólo quedaría decir Amen.

Otro gesto que nos da la medida inconmensurable del hombre fue la forma en que Lincoln trató a sus enemigos. En abril de 1861, justo al principio de la guerra civil, tomando en cuenta su reputación como el mejor militar de los Estados Unidos, Lincoln nombró al General Robert E. Lee jefe de las fuerzas federales. Lee se negó a aceptar el cargo y renunció 17 de abril cuando su amado estado Virginia se sumó a las fuerzas sureñas de la confederación. Una situación similar se produjo con Jefferson Davis, presidente de la confederación. Lincoln, en vez de apresarlos o perseguirlos, les dejó el camino abierto para cumplieran el destino que ellos mismos habían escogido. Eran tiempos en que la palabra empeñada valía más que cualquier contrato escrito. Por desgracia, ya no vivimos en esos tiempos.

Regresemos al presente y a la reacción de otros aspirantes republicanos a la presidencia en 2024. El principal adversario de Trump a la postulación presidencial es el gobernador de la Florida Ron DeSantis. El gobernador calificó el enjuiciamiento como “anti americano” y agregó: “Armar al sistema legal americano para lograr un objetivo político pone a las leyes “partas arriba”. El Fiscal de Distrito de Manhattan, financiado por Soros, ha manipulado las leyes para ignorar felonías y otros actos criminales. Ahora está estirando las leyes para atacar a un adversario político.”

Por su parte, el presidente de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, acusó a Alvin Bragg de poner en la calle a criminales violentos que aterrorizan a los habitantes de Nueva York, así como prometió que la cámara le pasará la cuenta a Bragg por su conducta vengativa. Al mismo tiempo, el presidente de la Comisión Judicial de la Cámara, Jim Jordan, se limitó a una palabra: “Increíble”.

Asimismo, el siempre moderado, ex Vicepresidente Mike Pence, dijo que la acción de Bragg era algo “inaudito, que dividiría aún más a la sociedad americana.” Y la presidente de la Conferencia Republicana en la Cámara de Representantes, Elise Stefanik, no anduvo “con pelos en la lengua” cuando dijo que Bragg era un “comunista.”

Son tantas las declaraciones sobre esta última persecución a Donald Trump que harían interminable este artículo. Creo que las citadas son suficientes para que sus partidarios nos prepararemos para la cabalgada de odio que será parte de la campaña presidencial que ya tenemos encima. Pues, como Cesar después de pasar el rio Rubicón en su camino hacia Roma, nuestra única opción es la victoria o la esclavitud.

4-3-23  

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