martes, octubre 03, 2023

Roberto Álvarez Quiñones: ¿Qué pasó con los 300.000 millones de dólares que los Castro le han 'tumbado' al mundo?

¿Qué pasó con los 300.000 millones de dólares que los Castro le han 'tumbado' al mundo?

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Desde 1960 los hermanos Castro han recibido casi un tercio de billón de dólares y el pueblo está hundido en la extrema pobreza y pasa hambre.

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Miami

03 octubre 2023

En 63 años de "revolución" Cuba ha sido obsequiada con unos 300.000 millones de dólares en cash, bienes de capital y de consumo, "ayuda al desarrollo", petróleo y gasolina, materias primas, maquinaria, tecnología y asesoría técnica, armamento, donaciones humanitarias, préstamos y créditos internacionales (que luego nunca ha pagado a sus acreedores).

Dicho en cubano, los hermanos Castro desde 1960 le han tumbado al mundo casi un tercio de billón de dólares (millones de millones), y el pueblo está hundido en la extrema pobreza y pasa hambre.

El Plan Marshall que sacó a Europa Occidental de la devastación tras la Segunda Guerra Mundial ascendió a 13.000 millones de dólares de entonces, equivalentes a 87.100 millones de dólares de 1990 cuando la URSS desapareció, y a 204.620 millones de 2023.

Hagamos con Cuba lo mismo. Según la calculadora online Dinero en el tiempo, un dólar de 1965 tiene en 2023 un valor de 9,74 dólares. Uno de 1975 equivale a 5,70 dólares, y uno de 1985, cuando los subsidios soviéticos alcanzaron su máximo nivel, vale hoy 2,85 dólares.

Entonces, si se hace un prorrateo año por año del valor del dólar, advertimos que el volumen de recursos financieros regalados a Cuba fácilmente triplica al Plan Marshall.

Solo que Europa Occidental es hoy punta de avanzada del desarrollo del Primer Mundo industrializado, mientras en Cuba nueve de cada diez ciudadanos, el 88% de la población, viven en la extrema pobreza, pasan hambre, o están desnutridos. Así lo acaba de revelar un reciente estudio realizado en la Isla por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), que incluyó 1.354 entrevistas en 75 municipios.

Y eso que en la encuesta se tomó como base un ingreso mínimo diario de 1,95 dólares. De haberse aplicado el ingreso mínimo de 2,15 dólares diarios que establece ahora el Banco Mundial, nos habríamos percatado de que, crease o no, en la Cuba actual el 98% de los habitantes son extremadamente pobres, y muchos malviven en la miseria.

Los emigrados, 102.252 millones; la URSS, 120.000 millones

En tanto, solo los emigrados cubanos han entregado a la Isla 102.252 millones de dólares desde 1993, casi el 90% desde EEUU. De ellos 52.252 millones en remesas de dinero en efectivo, y 50.000 millones en paquetes con alimentos, medicinas y otros bienes de consumo, según un estudio realizado por Cuba Siglo 21.

Y el economista cubano Carmelo Mesa-Lago calcula en 65.000 millones de dólares el monto total de los subsidios soviéticos al castrismo. Eso es el triple de toda la ayuda financiera concedida por la Alianza para el Progreso lanzada por el presidente John F. Kennedy para América Latina, entre 1961 y 1970.

Pongo un ejemplo que recuerdo muy bien. Cuando el precio del azúcar en el mercado libre mundial oscilaba entre cuatro y seis centavos de dólar la libra, Moscú pagaba a Cuba 45 centavos la libra y le compraba entre cuatro y cinco millones de toneladas de azúcar.

Y hay más. Cuba tenía asignada en el CAME una cuota anual de consumo de 13 millones de toneladas de petróleo, pero solo consumía diez millones. Moscú no enviaba a Cuba ese tonelaje "sobrante", sino lo exportaba al mercado internacional y enviaba las divisas a La Habana.  En los años 80, como ya conté en otra ocasión, el presidente de la JUCEPLAN (ministro de Economía) Humberto Pérez, me dijo off the record que aquella exportación de petróleo no consumido le reportaba a Cuba más divisas que la zafra azucarera, que no llegaba a los 500 millones de dólares.

Y luego saqué la cuenta en detalle. Haciendo la conversión se estaban reexportando 21,4 millones de barriles, que a un precio entonces de unos 30 dólares estaban reportando al castrismo unos 642 millones de dólares anuales. Luego la dictadura ha hecho lo mismo con el petróleo regalado por Venezuela, lo reexporta y se embolsa las divisas.

Más de 45.000 millones en "ayuda militar" de Moscú

En cuanto a la "ayuda militar" soviética, el monto ronda los 45.000 millones de dólares, de acuerdo con estimados del Departamento de Estado y de la CIA. Bernard Aronson, subsecretario de Estado en el Gobierno de George H. W. Bush (1989-1993), estimó que entre 1985 y 1990 la ayuda militar soviética a Cuba promedió unos 1.300 millones de dólares anuales, cuando  ya Fidel Castro arremetía contra la perestroika de Gorbachov y Moscú había reducido los regalos a Cuba.

De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, la URSS entregó a Cuba gratuitamente 230 aviones de guerra, incluyendo modernos aviones de combate MIG-29 (cada uno cuesta unos 30 millones de dólares), MIG-23 (siete millones de dólares cada uno), y MIG-21. Así como cohetes tierra-aire, lanzacohetes múltiples (las "katiuskas"), tanques, cañones, baterías antiaéreas, helicópteros, fragatas, navíos torpederos, radares y tecnología de espionaje, cientos de miles de fusiles, ametralladoras, morteros, vehículos blindados, miles de camiones, jeeps y todo el avituallamiento necesario.

En resumen, posiblemente el valor de todo lo obsequiado por la URSS a Cuba no baja de 120.000 millones de dólares, y creo me quedo corto.

Llegamos entonces a Venezuela. Carmelo Mesa-Lago descubrió que solo en 2012 los subsidios y la inversión de la dictadura chavista en Cuba alcanzaron 14.000 millones de dólares. O sea, entre Hugo Chávez, y Nicolás Maduro, la dictadura venezolana ha regalado a los Castro no menos de 60.000 millones de dólares.

¿Qué hizo la dictadura con esos 300.000 millones de dólares?

Y la pregunta brota por sí misma: ¿qué pasó con ese Plan Marshall triplicado concedido a Cuba?: 1) fue engullido por la megalomanía expansiva de Castro I; 2) malversado por la oligarquía dictatorial y 3) despilfarrado en planes económicos de locura que destruyeron la infraestructura y el andamiaje agrícola e industrial precastrista y sumergieron la economía cubana en una crisis crónica, que ahora ya toca fondo.

Ciertamente, desde 1959 el castrismo ha intervenido militarmente en 22 países, 15 de ellos latinoamericanos (seis más que las diez intervenciones de EEUU a lo largo del siglo XX) y seis en naciones de Africa y Medio Oriente.

En 1966 Fidel Castro organizó en La Habana la Conferencia Tricontinental, donde surgió la terrorista Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL) con la consigna guevarista de "Crear dos, tres, muchos Vietnam". Se dispararon en Latinoamérica las guerrillas rurales y urbanas, los actos terroristas, los atentados a líderes políticos y los asaltos a bancos.  

Y todo financiado por Cuba (con dinero soviético), pues Moscú rechazaba la doctrina castro-guevarista de "la lucha armada para la liberación nacional", y prefería la tarea de zapa política, ideológica, sindical y electoral, para desestabilizar la democracia liberal "burguesa" y fomentar gobiernos aliados de la URSS. Eso produjo tensión política entre Moscú y La Habana.

Mucho dinero, pese a la tensión política entre La Habana y Moscú

No se me olvida que a la celebración en Moscú del 50 aniversario de la revolución bolchevique, en noviembre de 1967, un mes después de la muerte del Che Guevara (en pugna con los soviéticos), no fue ninguno de los Castro. Enviaron a un funcionario de menor rango entonces, el ministro de Salud Pública, José R. Machado Ventura, quien ni era miembro del Buró Político del PCC, integrado por los dos Castro, Juan Almeida, Ramiro Valdés y Guillermo García, y un solo civil, Osvaldo Dorticós.

Machado Ventura llegó al aeropuerto moscovita y fue directamente para la Plaza Roja. Y esa misma noche regresó a Cuba sin entrevistarse con ningún funcionario soviético. La tensión política era más que obvia.

Sin embargo, el flujo de dinero y subsidios del Kremlin a la dictadura castrista continuó, y se disparó en 1972 al entrar Cuba en el CAME y acatar por fin las reglas del juego del PCUS (de lo contrario, el régimen castrista se quedaba colgado de la brocha sin su jugoso sueldo soviético).

En fin, toda esta historia confirma el fraude colosal, el parasitismo y la criminalidad de la "revolución cubana", frase que traducida al buen castellano equivale a grupo de mafiosos vividores que odian a Cuba, y que encima le han chuleado y le sigue chuleando al mundo cientos de miles de millones de dólares, hambrean al pueblo y se empecinan en "haitianizarlo". 

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domingo, julio 28, 2019

Julio M. Shiling: Foro de Sao Paulo: La Internacional castrocomunista


Foro de Sao Paulo: Internacional castrocomunista


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Foro de Sao Paulo: La Internacional castrocomunista

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La naturaleza del comunismo no ha cambiado. Lo que sí cambió fue la metodología que las democracias han empleado para enfrentalo y preservar el orden republicano y las sociedades abiertas
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Por Julio M. Shiling 
26 de julio, 2019


MIAMI, Estados Unidos. – La Unión Soviética (URSS) no inventó el comunismo, pero sí fue el primer Estado moderno en implementar exitosamente este sistema. La versión del socialismo/comunismo que sobrevivió la guerra entre las facciones de las internacionales del siglo XIX fue la pseudocientífica que confeccionaron Karl Marx y Friedrich Engels. Epistemológicamente, ésta era un ensamblaje compuesto de fragmentos de la filosofía alemana (Hegel, Feuerbach), la economía política inglesa (Locke, Smith, Ricardo), el socialismo francés (Babeuf, Fourier, Saint-Simon, Proudhon, Rousseau) y todo este contenido yacía dentro de una morada positivista (Comte) que consecuentemente, emplearían una coordinación económica fiel a los preceptos socialistas (centralizada, planificación, medios productivos/distributivos en manos gubernamentales).


Le tocó a Vladimir Lenin y los bolcheviques dar un golpe de Estado descarado a la democracia incipiente rusa para amoldar las ideas de Marx y Engels a un proyecto político. Irremediablemente, la praxis de este experimento condicionaba su factibilidad, a la estructuración de la sociedad y el poder político dentro de los parámetros de un régimen de dominación total. Es cierto que hubo modificaciones de este patrón y ejercicios de pragmatismo prácticos e ideológicos para acaparar la supervivencia. El objetivo de universalizar la hegemonía comunista, sin embargo, permaneció una obsesión inmutable a través del siglo XX.


La herramienta de reclutamiento y penetración para promover el proyecto imperialista del comunismo fue la secuencia de “internacionales” y organizaciones de pantallas que la URSS forjó y auspició para aglutinar y direccionar a todos los movimientos y regímenes marxistas-leninistas en el mundo. Primero fue el Komintern (III Internacional 1919-1943), luego el Kominform (1947-1956) y finalmente forjaron instituciones como el CAME, el Pacto de Varsovia y un nutrido grupo de organizaciones disfrazadas alrededor del mundo, todas bajo la tutela de Moscú y en colaboración con la KGB y el politburó soviético. Adicionalmente, la URSS entrenó, financió y socorrió la expansión del comunismo internacional directa e indirectamente, por las armas con satélites proactivos como el Frente Popular (España), Cuba comunista, grupos islámicos y movimientos marxistas-leninistas  de “anti colonizadores”, “liberación nacional”, pseudoreligiosos “tercermundistas” y de la teología de liberación, etc. Sin dudas, este proyecto ambicioso de ensanchamiento y sustentación socialista conllevó un costo extraordinario.


Cuando EE.UU. reformuló su política para combatir la ofensiva comunista de contención (Doctrina Truman) a una de reversión (Doctrina Reagan), la dinámica cambió a favor del orden democrático. La insuficiencia de la capacitación productiva de la URSS para abordar el costo galopante de mantener y promover el imperio marxista mundial y enfrentar el reto nuevo de los EE.UU., obligó modificaciones a su modelo operacional en un intento de supervivencia que no se alcanzó. La idea de transformar el formato económico sin alterar el Estado leninista, como hicieron exitosamente los chinos y vietnamitas, no fue recibido con entusiasmo por los burócratas soviéticos. Mijaíl Gorbachov, el hombre puesto allí por el politburó para salvar el comunismo, al no encontrar el apoyo para modificar la economía, enmendó el entorno político pensando así encontrar el apoyo a las reformas económicas, que era lo que buscaba. En el intento, al esterilizar el pilar más fundamental del control totalitario del poder político, el centralismo democrático, se le fue de las manos y cayó el comunismo soviético.

El derrumbe del Muro de Berlín y la disolución de la URSS dos años después, no significó la caída del comunismo. Lo que se esfumó fue sólo la versión metodológica y hegemónica soviética. El comunismo mutó. El dictador cubano Fidel Castro fue el arquitecto y autor intelectual del rescate del comunismo internacional a partir de ahí. Escogió de socio auspiciador a Luis Ignacio Lula da Silva, un sindicalista comunista con buenas relaciones con la inteligencia castrista. El país natal del marxista brasileño fue un cálculo conveniente. Brasil ofrecía muchos beneficios para servir de escenario desde donde se podría lanzar un proyecto estratégico nuevo para salvar y relanzar el comunismo. En adición de ser la nación más poblada de América Latina, de ser una potencia económica y de tener fronteras con diez países en Suramérica, Brasil presentaba un rostro de “no alineado” o “tercermundista” y el Partido de los Trabajadores que lideraba Lula, un partido de inclinación marxista, tenía experiencia navegando en el proceso político dentro de una democracia. ¿Qué mejor lugar para organizar una internacional de renovación comunista que Sao Paulo?

Desde su fundación en 1990, el Foro de Sao Paulo (FSP), imitación metafísica y estructural de las internaciones como el Komintern y Kominform, ha tenido 25 encuentros en diversas capitales de América Latina. Agrupando a la mayoría de los partidos y movimientos de la izquierda radical, no sólo de las Américas sino también de todo el mundo, el FSP es mucho más que la vitrina coreografiada que demuestra una festividad jovial que agrupa a la ultraizquierda y está llena de ponencias anticapitalistas, con sus declaraciones, cantaletas y racionalizaciones socialistas. Los encuentros sirven para eso: proyectar una imagen cargado de simbología, reforzar ideológicamente el comunismo como aspiración viable y sostenible y propiciar un terreno fértil de reclutamiento para la inteligencia castrocomunista. Pese a celebrar los encuentros en distintos lugares, su base está donde siempre ha estado desde su fundación, en La Habana.

El FSP tiene su centro de mando en la Cuba comunista. Desde ahí, el comunismo cubano reconfiguró la metodología para alcanzar el poder político. Sin el sostén financiero de la URSS, había que abandonar la estrategia del terrorismo rural y urbano, la guerra de guerrillas, las bombas, los secuestros abiertos como métodos de lucha, tan prevalentes en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. El paradigma de la lucha por el poder político tenía que ser otro. Tenía que ser la vía chilena, la que empleó Salvador Allende de llegar al poder por el camino democrático y, una vez instalado, empezar el proceso de ir comunizando al país. Como el castrocomunismo aprendió mucho del ejemplo chileno, para mitigar la potencialidad de fracasar, las Fuerzas Armadas fueron objetos de neutralización por diferentes mecanismos: acusaciones de “violaciones” de DD.HH., corrupción, retiros forzados, etc. A partir de la década de 1990, vemos cómo las mismas fueron sistemáticamente defenestradas en una serie de países que vencieron intentos subversivos de colapsar el orden existente.

Las semillas plantadas por la dictadura cubana vieron sus frutos en la década de los años 2000 con el ascenso del modelo dictatorial que brotó del FSP en Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, Paraguay y un buen número de gobiernos subordinados al llamado socialismo del siglo XXI, una versión del socialismo real del siglo XX con ajustes cosméticos, logísticos y prácticos. Cuando miramos la hoja de expediente de la guerra comunista por el poder en América Latina, de 1959 a 1990, todas las conquistas del comunismo internacional en el continente americano fueron revertidas, excepto Cuba. Sin embargo, ese no ha sido el caso con el modelo dictatorial del FSP y su enfoque estratégico a partir de la reformulación metodológica del comunismo. La lista de países cautivos ha sido mucho más abultada desde que se empezó a usar este nuevo modo de usurpar y retener el poder. Las excepciones de los países que lograron escapar de las garras de este patrón dictatorial fueron esos donde las Fuerzas Armadas no fueron defenestradas.

¿Qué se debe hacer para rescatar la democracia continental? Muy simple. Recordar lo que funcionó y emplearlo con sensatez. Si la lucha contra el comunismo fue un éxito desde los sesenta hasta los ochenta, entonces hay que aprender del pasado, evitar sus excesos, pero abrazar lo que funcionó. La naturaleza del comunismo no ha cambiado. Lo que sí cambió fue la metodología que las democracias han empleado para confrontarlos, ganarles y preservar el orden republicano y las sociedades abiertas. La respuesta no debe ser sólo bélica, sino ideológica, económica y cultural también.

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