miércoles, julio 05, 2023

El presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky revela que gobiernos latinoamericanos partidarios de Vladimir Putin vetaron su presencia en la cumbre UE-CELAC

 

Pedro Sánchez en una visita oficial a Cuba

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Tomado de https://www.cubaencuentro.com

Zelensky revela que gobiernos latinoamericanos partidarios de Putin vetaron su presencia en la cumbre UE-CELAC

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La cumbre del 17 y 18 de julio UE-CELAC es el primer gran evento que liderará Sánchez, que asumió la presidencia española del Consejo con una visita a Kiev

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Agencias

Madrid

05/07/2023

El presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky, denunció que el presidente español, Pedro Sánchez, lo había invitado a la cumbre de julio en Bruselas que reunirá a líderes de la UE y de América Latina, pero que algunos países latinoamericanos vetaron su presencia, según Infobae.

La cumbre del 17 y 18 de julio UE-CELAC es el primer gran evento que liderará Sánchez, que asumió la presidencia española del Consejo con una visita a Kiev.

Durante un breve encuentro con la prensa difundido pro Europa Press, Zelensky confirmó que algunos países truncaron su asistencia al foro. “Él me invitó, pero algunos líderes de Latinoamérica bloquearon esa invitación”, denunció. Y aunque no aclaró quiénes se opusieron a su presencia, los eventos geopolíticos de los últimos meses brindan pistas claras de quiénes podrían haber sido.

Por ejemplo, en mayo pasado, durante la cumbre del G7 de Hiroshima, el ucraniano protagonizó el momento más incómodo con un líder latinoamericano, cuando Lula da Silva eludió una reunión bilateral. El brasileño, que sostiene una polémica neutralidad tras la invasión rusa, demoró primero la respuesta a la solicitud ucraniana y luego adujo problemas de agenda. La cita nunca se concretó y el ucraniano dejó en evidencia a Lula durante una conferencia de prensa.

Además de la postura brasileña, hay un bloque latinoamericano aliado explícito del Kremlin: Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia mantienen estrechos lazos con Vladimir Putin.

En abril pasado, de hecho, el canciller ruso Sergei Lavrov visitó personalmente Venezuela, Nicaragua, Cuba y Brasil.

En un mundo que aísla y sanciona a las dictaduras, los regímenes latinoamericanos son obviamente los más cercanos a Moscú.

Desde el inicio de la guerra en Ucrania, el dictador nicaragüense Daniel Ortega se ha mostrado como socio y operador de Putin en el conflicto y, al igual que Venezuela y Bolivia, cuenta con bases armadas con equipamiento y presencia rusa.

Con Cuba, las relaciones son históricas pero cada vez más cercanas. Urgida de nuevos socios comerciales y aliados políticos tras su invasión de Ucrania, Rusia se acerca cada vez más a la isla, una estrategia súper celebrada por el régimen castrista ávido de inversiones en medio de su peor crisis económica desde la implosión del bloque soviético en 1991.

De hecho, en 2023 se han multiplicado las visitas de altos funcionarios rusos a la isla caribeña, que comenzaron en marzo con los viajes del secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolai Patrushev, y el director ejecutivo de la petrolera Rosneft, Igor Sechin. La Habana también tendió la alfombra roja, entre otros, al canciller Serguéi Lavrov, al asesor de Economía de la Presidencia, Maxim Oreshkin, al representante de los empresarios rusos ante el Kremlin, Boris Titov, y al viceprimer ministro, Dmitry Chernyshenko.

La denuncia de Zelensky pone en relieve la influencia que mantiene Rusia en la región. Su presencia en esta cumbre era vital para que se escuchara su posición en América Latina y Sánchez —aliado explícito de Ucrania— puede ser clave en su relación con los países latinoamericanos.

© cubaencuentro.com

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martes, abril 07, 2020

Julio Zapata: Luiz Inácio Lula da Silva promueve un golpe de Estado en Brasil


Lula promueve un golpe de Estado en Brasil

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La campaña de desestabilización en contra de Bolsonaro tiene dos objetivos: primero, crear una crisis regional que sirva para impedir la inminente caída de Maduro; y segundo, encubrir la implicación del Foro de Sao Paulo en el narcotráfico.
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Por Julio Zapata
Abril 5, 2020

Según una nota de la agencia cubana Prensa Latina, fechado en Brasilia el 1 de abril, “el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva consideró que el epicentro de la crisis que hoy enfrenta Brasil es el mandatario ultraderechista Jair Bolsonaro, quien debería ser apartado del poder”.

Para lograr el objetivo de “apartar del poder a Bolsonaro”, Lula pidió la colaboración de su viejo amigo, el exguerrillero argentino Horacio Verbitsky, integrante del Foro de Sao Paulo, quien el 3 de abril aseguró –falsamente– que «hubo una comunicación telefónica de un alto jefe del ejército brasileño con uno del argentino, en el cual el brasileño le informó que habían tomado la decisión de soslayar al presidente Bolsonaro en todas las decisiones importantes».

(Presidente Jair Bolsonaro)

La “revelación” de Verbitsky fue reproducida por numerosos medios brasileños, así como por influencers en las redes sociales, para causar la falsa impresión de que existe una rebelión dentro del Ejército brasileño. Evidentemente, Lula quiere aprovechar la crisis generada por la pandemia del coronavirus, para promover un golpe de Estado y retomar el poder.

El plan desestabilizador de Lula pareciera ser una jugada defensiva, puesto que la acusación del Departamento de Justicia (DoJ) de los Estados Unidos en contra de Nicolás Maduro lo afecta directamente.

(Ex Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, encontrado culpable de  corrupción. Fotos y comentario del Bloguista de Baracutey Cubano )

En efecto, en el indictment publicado en la página web del DoJ, se señala que en el año 2009 el entonces canciller Nicolás Maduro viajó a Honduras para apoyar al presidente depuesto Manuel Zelaya, pero que su verdadero objetivo fue proteger las rutas de envío de drogas del Cartel de los Soles. Lula trabajó hombro a hombro con Maduro  para regresar a Zelaya a la presidencia.

Si Estados Unidos sigue profundizando la investigación sobre el papel de Maduro en el narcotráfico, Lula teme que se descubra su propia participación en el negocio ilícito de las drogas, así como la complicidad de otros integrantes del Foro de Sao Paulo, entre ellos, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega y Cristina Kirchner, esta última amiga y aliada de Horacio Verbitsky.

En este contexto, la campaña de desestabilización en contra de Jair Bolsonaro, encabezada por Lula da Silva, tiene dos objetivos: primero, crear una crisis regional que sirva para impedir la inminente caída de Maduro; y segundo, encubrir la implicación del Foro de Sao Paulo y la suya propia en el narcotráfico.

Julio Zapata es un columnista y escritor estadounidense

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domingo, diciembre 15, 2019

Video. Fernando Díaz Villanueva - El Foro de Sao Paulo

Hugo Chávez, Fidel Castro y Luis Inacio ¨Lula¨ Da Silva

Inst. Juan de Mariana
Enero 1 de 2015
Fernando Díaz Villanueva repasa los movimientos izquierdistas nacidos en Iberoamérica del foro de Sao Paulo en la IX Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana. Lanzarote, 16 de julio de 2014.

Fernando Díaz Villanueva - El Foro de Sao Paulo


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domingo, julio 28, 2019

Julio M. Shiling: Foro de Sao Paulo: La Internacional castrocomunista


Foro de Sao Paulo: Internacional castrocomunista


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Foro de Sao Paulo: La Internacional castrocomunista

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La naturaleza del comunismo no ha cambiado. Lo que sí cambió fue la metodología que las democracias han empleado para enfrentalo y preservar el orden republicano y las sociedades abiertas
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Por Julio M. Shiling 
26 de julio, 2019


MIAMI, Estados Unidos. – La Unión Soviética (URSS) no inventó el comunismo, pero sí fue el primer Estado moderno en implementar exitosamente este sistema. La versión del socialismo/comunismo que sobrevivió la guerra entre las facciones de las internacionales del siglo XIX fue la pseudocientífica que confeccionaron Karl Marx y Friedrich Engels. Epistemológicamente, ésta era un ensamblaje compuesto de fragmentos de la filosofía alemana (Hegel, Feuerbach), la economía política inglesa (Locke, Smith, Ricardo), el socialismo francés (Babeuf, Fourier, Saint-Simon, Proudhon, Rousseau) y todo este contenido yacía dentro de una morada positivista (Comte) que consecuentemente, emplearían una coordinación económica fiel a los preceptos socialistas (centralizada, planificación, medios productivos/distributivos en manos gubernamentales).


Le tocó a Vladimir Lenin y los bolcheviques dar un golpe de Estado descarado a la democracia incipiente rusa para amoldar las ideas de Marx y Engels a un proyecto político. Irremediablemente, la praxis de este experimento condicionaba su factibilidad, a la estructuración de la sociedad y el poder político dentro de los parámetros de un régimen de dominación total. Es cierto que hubo modificaciones de este patrón y ejercicios de pragmatismo prácticos e ideológicos para acaparar la supervivencia. El objetivo de universalizar la hegemonía comunista, sin embargo, permaneció una obsesión inmutable a través del siglo XX.


La herramienta de reclutamiento y penetración para promover el proyecto imperialista del comunismo fue la secuencia de “internacionales” y organizaciones de pantallas que la URSS forjó y auspició para aglutinar y direccionar a todos los movimientos y regímenes marxistas-leninistas en el mundo. Primero fue el Komintern (III Internacional 1919-1943), luego el Kominform (1947-1956) y finalmente forjaron instituciones como el CAME, el Pacto de Varsovia y un nutrido grupo de organizaciones disfrazadas alrededor del mundo, todas bajo la tutela de Moscú y en colaboración con la KGB y el politburó soviético. Adicionalmente, la URSS entrenó, financió y socorrió la expansión del comunismo internacional directa e indirectamente, por las armas con satélites proactivos como el Frente Popular (España), Cuba comunista, grupos islámicos y movimientos marxistas-leninistas  de “anti colonizadores”, “liberación nacional”, pseudoreligiosos “tercermundistas” y de la teología de liberación, etc. Sin dudas, este proyecto ambicioso de ensanchamiento y sustentación socialista conllevó un costo extraordinario.


Cuando EE.UU. reformuló su política para combatir la ofensiva comunista de contención (Doctrina Truman) a una de reversión (Doctrina Reagan), la dinámica cambió a favor del orden democrático. La insuficiencia de la capacitación productiva de la URSS para abordar el costo galopante de mantener y promover el imperio marxista mundial y enfrentar el reto nuevo de los EE.UU., obligó modificaciones a su modelo operacional en un intento de supervivencia que no se alcanzó. La idea de transformar el formato económico sin alterar el Estado leninista, como hicieron exitosamente los chinos y vietnamitas, no fue recibido con entusiasmo por los burócratas soviéticos. Mijaíl Gorbachov, el hombre puesto allí por el politburó para salvar el comunismo, al no encontrar el apoyo para modificar la economía, enmendó el entorno político pensando así encontrar el apoyo a las reformas económicas, que era lo que buscaba. En el intento, al esterilizar el pilar más fundamental del control totalitario del poder político, el centralismo democrático, se le fue de las manos y cayó el comunismo soviético.

El derrumbe del Muro de Berlín y la disolución de la URSS dos años después, no significó la caída del comunismo. Lo que se esfumó fue sólo la versión metodológica y hegemónica soviética. El comunismo mutó. El dictador cubano Fidel Castro fue el arquitecto y autor intelectual del rescate del comunismo internacional a partir de ahí. Escogió de socio auspiciador a Luis Ignacio Lula da Silva, un sindicalista comunista con buenas relaciones con la inteligencia castrista. El país natal del marxista brasileño fue un cálculo conveniente. Brasil ofrecía muchos beneficios para servir de escenario desde donde se podría lanzar un proyecto estratégico nuevo para salvar y relanzar el comunismo. En adición de ser la nación más poblada de América Latina, de ser una potencia económica y de tener fronteras con diez países en Suramérica, Brasil presentaba un rostro de “no alineado” o “tercermundista” y el Partido de los Trabajadores que lideraba Lula, un partido de inclinación marxista, tenía experiencia navegando en el proceso político dentro de una democracia. ¿Qué mejor lugar para organizar una internacional de renovación comunista que Sao Paulo?

Desde su fundación en 1990, el Foro de Sao Paulo (FSP), imitación metafísica y estructural de las internaciones como el Komintern y Kominform, ha tenido 25 encuentros en diversas capitales de América Latina. Agrupando a la mayoría de los partidos y movimientos de la izquierda radical, no sólo de las Américas sino también de todo el mundo, el FSP es mucho más que la vitrina coreografiada que demuestra una festividad jovial que agrupa a la ultraizquierda y está llena de ponencias anticapitalistas, con sus declaraciones, cantaletas y racionalizaciones socialistas. Los encuentros sirven para eso: proyectar una imagen cargado de simbología, reforzar ideológicamente el comunismo como aspiración viable y sostenible y propiciar un terreno fértil de reclutamiento para la inteligencia castrocomunista. Pese a celebrar los encuentros en distintos lugares, su base está donde siempre ha estado desde su fundación, en La Habana.

El FSP tiene su centro de mando en la Cuba comunista. Desde ahí, el comunismo cubano reconfiguró la metodología para alcanzar el poder político. Sin el sostén financiero de la URSS, había que abandonar la estrategia del terrorismo rural y urbano, la guerra de guerrillas, las bombas, los secuestros abiertos como métodos de lucha, tan prevalentes en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. El paradigma de la lucha por el poder político tenía que ser otro. Tenía que ser la vía chilena, la que empleó Salvador Allende de llegar al poder por el camino democrático y, una vez instalado, empezar el proceso de ir comunizando al país. Como el castrocomunismo aprendió mucho del ejemplo chileno, para mitigar la potencialidad de fracasar, las Fuerzas Armadas fueron objetos de neutralización por diferentes mecanismos: acusaciones de “violaciones” de DD.HH., corrupción, retiros forzados, etc. A partir de la década de 1990, vemos cómo las mismas fueron sistemáticamente defenestradas en una serie de países que vencieron intentos subversivos de colapsar el orden existente.

Las semillas plantadas por la dictadura cubana vieron sus frutos en la década de los años 2000 con el ascenso del modelo dictatorial que brotó del FSP en Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, Paraguay y un buen número de gobiernos subordinados al llamado socialismo del siglo XXI, una versión del socialismo real del siglo XX con ajustes cosméticos, logísticos y prácticos. Cuando miramos la hoja de expediente de la guerra comunista por el poder en América Latina, de 1959 a 1990, todas las conquistas del comunismo internacional en el continente americano fueron revertidas, excepto Cuba. Sin embargo, ese no ha sido el caso con el modelo dictatorial del FSP y su enfoque estratégico a partir de la reformulación metodológica del comunismo. La lista de países cautivos ha sido mucho más abultada desde que se empezó a usar este nuevo modo de usurpar y retener el poder. Las excepciones de los países que lograron escapar de las garras de este patrón dictatorial fueron esos donde las Fuerzas Armadas no fueron defenestradas.

¿Qué se debe hacer para rescatar la democracia continental? Muy simple. Recordar lo que funcionó y emplearlo con sensatez. Si la lucha contra el comunismo fue un éxito desde los sesenta hasta los ochenta, entonces hay que aprender del pasado, evitar sus excesos, pero abrazar lo que funcionó. La naturaleza del comunismo no ha cambiado. Lo que sí cambió fue la metodología que las democracias han empleado para confrontarlos, ganarles y preservar el orden republicano y las sociedades abiertas. La respuesta no debe ser sólo bélica, sino ideológica, económica y cultural también.

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