domingo, marzo 24, 2019

Carlos Alberto Montaner: El último acto de Cubazuela



El último acto de Cubazuela


Por Carlos Alberto Montaner
23 de marzo de 2019



Carlos Lage, en diciembre de 2005, dijo en Caracas que Cuba tenía dos presidentes: Hugo Chávez y Fidel Castro. Había surgido “Cubazuela”. En ese momento Lage era Vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros. Era el segundo hombre en Cuba por designación de Fidel. El Comandante le habían ordenado que soltara esa perla entre los venezolanos. La idea era, como siempre, de Fidel, pero Chávez estaba de acuerdo. Lage obedeció.

Eso significaba, también, que Venezuela tenía dos presidentes: Fidel Castro y Hugo Chávez. Fidel era el primus inter pares. Eso era lo que le interesaba al Comandante. Cogobernar Venezuela para seguir explotándola. Continuar enquistado en el presupuesto de ese riquísimo país (incluso exportando parte del petróleo que recibía), dado que no le quedaban dudas de la improductividad del sistema en Cuba. Cuarenta años de fracasos continuados eran suficientes. Por aquellos tiempos le confesó a un periodista norteamericano que “el modelo cubano no era bueno ni para ellos [los cubanos]”.

Por otra parte, Fidel había moldeado a Chávez. Lo había desovado, y sus operadores políticos lo convirtieron en presidente. Cuando lo recibió en Cuba, en diciembre de 1994, Chávez era un golpista fracasado, con apenas un uno por ciento de intención de votos, bajo la influencia de Norberto Ceresole, un  peronista argentino, pasado por el desierto de Libia de la mano de Gadafi. Era el momento de cobrarle la cuenta a Chávez.

Como la musa política de D. Hugo era totalmente promiscua, Fidel la preñó con cuatro consignas marxistas y despidió al fascistoideCeresole sin contemplaciones. El Comandante no era un teórico sino un estratega y un táctico que a los 18 años, persuadido de que había sido dotado por la naturaleza con un perfil griego, se había cambiado su segundo nombre, Hipólito, un griego de la mitología, y se había puesto Alejandro, por Alejandro Magno, un griego de verdad, de la historia real.  Era su primer paso hacia la conquista del planeta. Algo que resultaba imposible de hacer desde la pobre Cuba, tan lejos de Marx y tan cerca de Estados Unidos, pero sí con la riqueza enorme de Venezuela, especialmente con el barril de petróleo en torno a los cien dólares.

Al canciller cubano de entonces, Felipe Pérez Roque, le encomendó otra tarea: explicar para qué se aliaban Venezuela y Cuba. Lo hizo en el teatro Teresa Carreño de Caracas. Fidel formuló el guión, leyó cuidadosamente el discurso, y le hizo unas cuantas sugerencias. Ninguna cosa importante se le escapaba a su temperamento minuciosamente manipulador. La tarea que tenían por delante era gigantesca. Sustituir a la desaparecida y traidora URSS en la defensa de los oprimidos del mundo. Luchar y derrotar al vecino americano, enorme, poderoso y bobalicón.

Raúl Castro no aparecía en la ecuación. Era el muchacho ordenado de hacer los recados, pero sin grandeza. Fidel le fabricó la biografía. Lo arrastró al ataque al cuartel Moncada, a la Sierra Maestra y al Ministerio de Defensa, pero no lo respetaba. Lo tenía como a un tipo mediocre, incapaz de leerse un libro, al que dejaría al frente de la armería como pago a toda una vida de admiración y obediencia ciega, casi perruna, pero nada más.

A Hugo Chávez tampoco lo quería. Realmente, no lo soportaba. Chávez sólo era una pistola para asaltar el cielo. Le molestaba la ordinariez del venezolano. Su “parejería”, como les llaman los cubanos a quienes osan ponerse “parejo” al jefe. En una de las frecuentes llamadas de Chávez, Fidel le explicó que, “lamentándolo mucho, tenía que entregarles las relaciones a sus dos hombre de confianza, Lage y Pérez Roque, porque la revolución, por falta de tiempo, le exigía el sacrificio de unos vínculos que apreciaba mucho”. Chávez, impermeable a los rechazos, comenzó a molestar incesantemente a los otros dos personajes.

En el 2009 Raúl Castro, ya atornillado en la poltrona presidencial, con la anuencia fatigada de Fidel, desechó a Lage y a Pérez Roque, los convirtió en no-personas, y salieron del juego acusados de ambiciosos y desleales. La contrainteligencia les grabó una conversación en la que se burlaban y hacían chistes del “Viejo”. Grave pecado. Con Júpiter no se juega.

El 30 de diciembre del 2012 Hugo Chávez murió en La Habana debido a su osadía de tratarse un cáncer en Cuba, pero no lo desconectaron hasta el 5 de marzo de 2013, a los 60 años exactos de la muerte de Stalin. Si Chávez hubiera declinado la medicina cubana, como hizo García Márquez, tal vez estuviera vivo. García Márquez sobrevivió a dos cáncer de pulmón y murió a los 85 años. Tomó la inteligente decisión de tratarse en Los Ángeles y no en La Habana, como le proponía insistentemente el “Máximo Líder”.

A Alejandro Magno lo sorprendió la muerte a los 32 años en el 323 antes de Cristo. Poco después se deshizo su imperio greco-macedonio. A Fidel Castro casi lo mata una diverticulitis a fines de julio del 2006. No obstante, a los pocos meses de haber desplegado su estrategia en Caracas, sus intestinos lo sacaron del combate e inmediatamente comenzaron a desintegrarse sus fantasías, aunque permaneció más o menos vivo hasta noviembre del 2016.

Es lo que frecuentemente sucede con los caudillos. Construyen su poder contra natura y no por medio de instituciones que se conservan en el tiempo. No sólo le pasó a Alejandro y a su remoto émulo Fidel Castro. También le ocurrió al mongol Genghis Khan. Se mueren y se llevan a la tumba el imperio construido a sangre y fuego.

Nicolás Maduro, el sustituto impuesto por Cuba, se está ahogando por su rapiña, incapacidad y estupidez. Raúl Castro, viejo y cansado, ha nadado para salvarlo, pero, como suele ocurrir, los dos están a punto de asfixiarse en el turbulento remolino postcomunista.

Todos saben que el titiritero es Raúl Castro. Los han abandonado la OEA encabezada por Luis Almagro y los artistas que fueron a cantarle a Juan Guaidó a la frontera colombiana. Los han dejado tirados, muy a su pesar, Michelle Bachelet, la italiana Federica Mogherini, Heinz Dieterich, Noam Chomsky y (con perdón) el Sursum Corda, incluidos los camaradas españoles de “Podemos”. Sólo les quedan, y casi siempre en nómina, algunos costosos descerebrados profundos sin el menor prestigio.

La imagen de Venezuela es pésima y está dejando al régimen cubano sin amigos ni salvavidas. La ironía es que conquistaron Venezuela tragándose a Chávez y a Maduro y ahora se han indigestado, como dicen los historiadores que le sucedió a Alejandro Magno en el banquete que le costó la vida.

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sábado, enero 05, 2019

Carlos A. Montaner: Sesenta años de la revolución cubana: la tiranía se reinventa para conservar el poder

Algunos comentarios de un tal Manuel dejados en El blog de Montaner

 Manuel 2 January 2019 at 10:45 pm Permalink

no veo el “reinvento”,
El principio; no Martiano, sino Leninista; de “el Partido” dirigiendo todo en la sociedad ha estado presente desde que el 3 de octubre de 1965 fue fundado ese Partido por Fidel. Este tomo todos los hilos del poder, todos los poderes en sus manos en las que continúan más de 53 años después. Era martillado que “el Partido es inmortal”
¿De qué “reinvento” habla CAM?

Es realemente muy decepcionante el analisis de CAM.
*****
Fínense como el tipo (Lenin) dice que el Partido va alante, con una minoría, y el resto tiene que ser guiada, arrastrada (porque viene detrás), no vienen alando:
“sólo esta minoría consciente puede dirigir a las grandes masas obreras y llevarlas tras de sí”
https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1920s/internacional/congreso2/02.htm
*****
El Partido de Martí surge para organizar la guerra y hacer a Cuba independiente: el Partido de Fidel nace para hacernos dependientes, de un grupo que abrazaba los postulados Leninistas de contrucción de una sociedad;
un grupo que no se conformaba con ser un partido más en el juego libre donde el derecho de cada cual a formar parte de las organizaciones políticas que quisiera fuera respetados, obligaría a todos a colaborar de algún modo con los objetivos de esa sola organización, objetivo que más de 53 años después siguen logrando;
Se llama Democracia: poder de Todo el pueblo; no, Partidocracia: el poder de un partido.
Demo…, no Partido…
Hijos de Puta.
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Sesenta años de la revolución cubana: la tiranía se reinventa para conservar el poder


 

Por Carlos A. Montaner
2 de enero de 2019

(ABC ) Primero de enero de 1959 a primero de enero de 2019. ¡60 años! Constantemente La Habana repite que no hay marcha atrás. Afirma que todos los cambios importantes se realizaron en aquellos años remotos. Lo reiteró cuando Oswaldo Payá, en 2002, logró presentar once mil firmas –una proeza– solicitando un referéndum para saber el grado de conformidad de los cubanos con el sistema impuesto, o si deseaban sustituirlo, algo que permitía la ley vigente. ¿Qué hizo el régimen ante el reto del Proyecto Varela? La dictadura se apresuró a colocar unos candados constitucionales que supuestamente impedirían cualquier modificación sustancial del modelo colectivista preconizado por el marxismo-leninismo. La Revolución cubana, como el sida, era incurable.

No obstante, el Partido Comunista –la única fuerza política que existe en Cuba– está a punto de parir una nueva Constitución que incorpora la existencia de otras formas de propiedad. Sin embargo, traslada al nuevo texto los candados apresuradamente incorporados tras la petición de Payá. Las autoridades cubanas, en fin, han desarrollado su propio camino al «paraíso de los trabajadores». No es el chino ni el vietnamita. ¿En qué consiste el «capitalismo militar de Estado», como lo llaman muchos cubanos? Se trata de un núcleo duro, propiedad pública, formado por unas 2.500 empresas medianas y grandes (entre las que están todas las que captan divisas), manejado por militares o exmilitares de confianza.
Socios complacientes

El Estado cubano no está interesado en emprendedores autónomos que persigan sus propios objetivos, sino en socios complacientes que colaboren en silencio, no hagan preguntas incómodas, desarrollen los planes creados por el Partido y se dediquen a ganar dinero sin cuestionar los métodos empleados. Generalmente, ese aparato productivo central es administrado por empresas extranjeras que generan dos tipos de beneficios al gobierno: las utilidades propias del negocio y el alquiler de los trabajadores cubanos, por los que la empresa pública que los suministra cobra en dólares o euros, mientras les pagan a los empleados en pesos casi totalmente devaluados. En esa sencilla operación les roban a los trabajadores de las empresas públicas entre el 80 y el 90% de la plusvalía.

El sector «privado» lo integran más de 500.000 cuentapropistas, «grosso modo» el 13% de la población activa. Los trabajadores por cuenta propia sólo pueden desarrollar determinadas actividades previstas por la ley (exactamente 130, incluidas las de «payasos en fiestas infantiles» o «forrar botones»), pero bajo la estricta vigilancia de un gobierno empeñado en que no acumulen riquezas ni se diversifiquen. Objetivos que el régimen logra con una combinación de altos impuestos, regulaciones y acoso constante en los medios de comunicación, especialmente a los que alquilan habitaciones a los turistas como a las paladares(pequeños restaurantes), generalmente familiares.

Como es obvio, la cúpula dirigente cubana se niega a admitir el feliz hallazgo de Deng Xiaoping, «enriquecerse es glorioso», y pretende conseguir el desarrollo con lo peor de los dos sistemas: un socialismo sin subsidios y un capitalismo sin incentivos. Sin embargo, siguen de cerca el modelo chino en lo que les conviene: el culto a las leyendas de la revolución –Mao en China y Fidel en Cuba–, y en el hecho de que la única fuerza vigente y permitida es el Partido Comunista.

Ya existe, pues, suficiente distancia temporal para entender el enorme error de Barack Obama anunciado el 17 de diciembre de 2014. Fue entonces cuando el expresidente de Estados Unidos, tras mentirle repetidas veces a la opinión pública, alegando que jamás haría concesiones a la dictadura cubana mientras ésta no diera muestras claras de dar pasos hacia la democracia, se lanzó a hacer exactamente lo contrario: reanudó relaciones y alivió algunas restricciones del embargo sin que el gobierno cubano hiciera la menor apertura. Ese cambio de política ignoró el espíritu de la ley Helms-Burton (una codificación de diversas medidas antidictatoriales) firmada en 1996 por Bill Clinton, otro presidente demócrata. Y para añadir sal a la herida, dejó la ejecución de semejante pifia en las manos inexpertas e ingenuas del escritor Ben Rhodes, su redactor de discursos, en un momento en que La Habana articulaba y respaldaba a las dictaduras enmarcadas en el socialismo del siglo XXI.
El ejemplo de Tiananmen

Es cierto que Obama, casi al final de su mandato, fue a Cuba y pronunció un discurso vibrante a favor de la libertad que aún se recuerda con emoción, pero no es verdad que las dictaduras se ablanden y cambien por el éxito de una combinación entre la propiedad privada y el mercado. Esa es una tontería mayúscula en la que parece estar incurriendo Donald Trump tras ceder a la demanda de los exportadores agrícolas norteamericanos con relación a Cuba.

La dictadura china mató a miles de personas en Tiananmen cuando estaba creciendo al 9% anual gracias a las reformas «procapitalistas». Fue la crisis lo que desmanteló el comunismo en Europa, no la prosperidad. La crisis, combinada con la existencia de un sector reformista que en Cuba no consigue levantar la cabeza porque se la cortan quienes creen y practican el capitalismo militar de Estado.
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El B Los Aldeanos
Published on Dec 31, 2018

1ro de enero/ El B


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Tomado de https://www.youtube.com/
Actualidad Chile
Published on Jan 1, 2019
Luis Almagro [Secretario General de la OEA]: "Aquí exponemos las razones principales por las que no debe haber más dictadura en Cuba".
Fuente y créditos: Red social de Almagro, Fecha 01 de Enero de 2019


Luis Almagro [Sec. General OEA] sobre los 60 años de la dictadura totalitaria Castrista




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domingo, diciembre 23, 2018

Carlos Alberto Montaner: Sesenta años después de la borrachera

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

 Carlos Alberto Montaner escribe en este artículo : ¨Yo tenía 15 años y era un chico flaco, esperanzado y políticamente analfabeto. Me sentí muy feliz ¨

Tengo la opinión que CAM era algo más que eso,   pues él conoció a su esposa cuando tenía esa edad  y ambos estaban en el Hotel Comodoro (no un cuartel del Ejército, no en una Estación de la Policía, no  una dependencia de la Marina de Guerra, no n una dependencia del ejecutivo del gobierno de Fulgencio Batista, etc. )  los revolucionarios antibatistianos  hacen un claro  acto de terrorismo y explotan una bomba en la actividad  de civiles cubanos en que ellos se encontraban;  si mal no recuerdo, habían también otros menores de edad disfrutando de la actividad.

Carlos Alberto Montaner, como tantas otras personas, expresa que Fulgencio Batista huyó de Cuba; veamos otro punto de vista:
 (Fragmento de la  entrevista de Emilio Ichikawa al Sr. Rubén Batista y Godínez, hijo de Fulgencio Batista y Zaldívar)

(Presidente Fulgencio Batista y Presidente D. Einsenhower; inmediatamente detrás, el entrevistado Rubén Batista ¨Papo¨, ya fallecido y del cual sólo he oido que era una persona decente y atenta; foto y comentario del bloguista de Baracutey Cubano )

 EI: Hablábamos del día 25 de diciembre, le quedan entonces unos seis días...

-RB: Ten en cuenta una cosa. El 26 es la citada visita de Tabernilla al Embajador americano; poco tiempo, poco tiempo... Los hechos se van acumulando. Las mismas fuerzas conservadoras, por llamarlas así, ya se viraban. Los únicos que se mantuvieron leales hasta el final fueron los obreros. El movimiento obrero. Los líderes obreros en ningún momento titubearon. Es un enredo esta historia. Las clases conservadoras se le viraron a Batista, se le pusieron en contra. Ya lo habían dicho varias asociaciones cívicas y profesionales. Después, cuando alguna gente me preguntaba en el exilio, aquí en Miami: “Bueno, y por qué se fue Batista”, yo les respondía: “Pues porque ustedes lo pidieron.

-EI: ¿Quién en particular pidió eso?.

-RB: Pues ya te dije que los hacendados y otras organizaciones. Esos mismos señores lo pidieron. Algunos de los cuales después me lo preguntaban. Ellos lo pidieron. Se reunieron los hacendados, los mismos que habían ido a palacio a vitorearlo, le pidieron la renuncia. Pero bueno, así es la vida, así es la política. Pero mira, la cosa en verdad empieza desde que el gobierno americano en marzo del `58 le hace el bloqueo de las armas a Batista. De ahí el ejército, no los cabos, no los sargentos, no los soldados que eran leales, sino algunos oficiales pensantes dijeron, bueno, si dicen que la URSS está apoyando a Castro, porque eso se decía, y los mismos americanos no envían armas a Batista, entonces todo está decidido. Algunos oficiales lo vieron así.

-EI: ¿Qué lógica le ve Ud. a la decisión americana? Es decir, bloquear las armas a Batista era apoyar indirectamente a Castro.

-RB: Yo tengo un libro por ahí de los años `40, “Con el rifle al hombro”, del Coronel Ferrer, que tuvo mucho que ver con el derrocamiento de Machado. Él dice en ese libro, a partir de un alzamiento en Oriente, que mandan a liquidar... Él decía que la guerrilla que no se fulmina sobrevive, crece. Pues eso fue lo que pasó con Castro, además de una campaña propagandística muy bien orquestada. Hay una teoría interesante. La primera vez que yo leí esto fue en un panfleto que publicó Gastón Baquero en Madrid, posiblemente en el mismo año `60, donde él dice que bajo el gobierno de Batista se empezaron a lastimar intereses americanos. Pero además de Baquero lo señala un economista boliviano que trabajaba en el Banco Nacional llamado Julio Alvarado; lo señala en su libro “La aventura cubana.” (Artes Gráficas Edic. SA. Madrid, 1977).

Por ejemplo, el túnel de La Habana lo iba a tener firmas americanas, y se les dio a los franceses. Y se les dio porque era la mejor opción, porque parte del pago se produjo en azúcar, que estaba almacenada, porque la zafra producía mucho e incluso había que aguantarla para que no bajara el precio. Había almacenada mucha azúcar, y se financió parte del túnel con eso. Por otra parte, cuando se fue a renovar los ferrocarriles, que estaban nacionalizados; cuando fueron a comprar las locomotoras, en lugar de comprárselas a la General Motors, se las compraron a los alemanes. Yo tuve la suerte de ir a Alemania en una misión relacionada con eso, fui con Martínez Sáenz (ex ABC), Presidente del Banco Nacional. Un tercer caso fue la decisión de construir un molino de harina en Santiago de Cuba que le quitaba el monopolio al de La Habana, que era de ellos. Otro estudioso también me explicó que todo el papel de la prensa cubana se compraba a Estados Unidos y se le quitó ese monopolio del papel a los norteamericanos cuando Cuba empezó a poner varias papeleras que usaban bagazo de caña como materia prima. Yo no lo he comprobado, pero me dijo que accionistas de “The New York Times” eran a la vez socios de esas papeleras. Por otra parte, se iba a una revisión de las tarifas proteccionistas que perjudicaría a los Estados Unidos; además de que se hicieron planes para producir materias que hasta el momento eran compradas básicamente a los Estados Unidos, como el cemento y el arroz. Yo no digo que esto determinó, pero digo que pesa. Si tú lees la correspondencia de los embajadores americanos, yo tengo varias compilaciones, tú no ves ahí nada contra el gobierno de Batista. Hasta fines del `57 y el `58, que se empieza a notar el distanciamiento. Quizás ellos pensaron trabajar con otro tipo de oposición, pero se les fue de las manos. Batista sin duda era aliado y amigo de los Estados Unidos, pero tenía su propia agenda nacionalista como legado de la propia revolución del 4 de septiembre de 1933. Todos los gobiernos cubanos durante esa época fueron nacionalistas; un ejemplo: de 1939 a 1958 los ingenios azucareros en manos cubanas habían subido de 56 a 121 (del 22% al 62.13%)

Este bloguista desea señalar que a finales de 1958 el dictador dominicano (de ascendencia cubana) Rafael Leónidas Trujillo le ofreció a Batista, mediante su embajadoren Cuba  Porfirio Rubirosa, acabar con Fidel Castro y sus rebeldes  con la acción combativa de  las experimentadas y aguerridas  tropas dominicanas que habían aplastado en las montañas  de República Dominicana  los diferentes  focos  guerrilleros que en determinados momentos  existieron; tropas dominicanas  que después aplastarían la invasión Castrista  comandada por el  Comandante castrista Delio Gómez Ochoa y el  dominicano Enrique Jiménez Moya en junio de 1959,  pese al apoyo en aviación y la  marina de los Castro.  Batista rechazó  la oferta pues no quiso tener tropas extranjeras en Cuba.
El dictador anticomunista Rafael Leónidas Trujillo, segundo de izquierda a derecha, y Porfirio Rubirosa en la estrema derecha de la foto.

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Sesenta años después de la borrachera

Por Carlos Alberto Montaner
22 de diciembre de 2018

El primero de enero de 1959 Fulgencio Batista huyó de Cuba y se inició la revolución cubana. Hace seis décadas de esa fecha nefasta. Nos reunimos un grupo de muchachos. Yo tenía 15 años y era un chico flaco, esperanzado y políticamente analfabeto. Me sentí muy feliz. No sé cómo, dónde o por qué fuimos a ver, o nos encontramos, al abogado Óscar Gans. Había sido Primer Ministro de Carlos Prío, el último presidente constitucional cubano. Tenía fama de honrado e inteligente.

Gans escuchó con interés nuestra ilusionada algarabía y sólo atinó a decirnos una frase enigmática que no he olvidado: “las revoluciones son como las grandes borracheras … el problema es la resaca”. La resaca era la sensación de hastío, de hartazgo, de mala digestión, de “por qué me emborraché e ingerí esa mezcla absurda de alcoholes que hoy me hace sentir tan mal”. La resaca es lo que en otras latitudes llaman el “ratón”.

A los pocos meses entendí lo que Gans nos había querido transmitir. Comenzaba la resaca. Estábamos en manos de unos revolucionarios iluminados, guiados por consignas aprendidas en los cafetines,  dispuestos a cambiar a punta de pistola las señas de identidad de una sociedad que tenía varios siglos de existencia. Un país que, hasta ese momento, a trancas y barrancas, había sido receptor neto de inmigrantes, el mejor índice que se conoce para medir la calidad de cualquier conglomerado humano.

Fidel, el Che, Raúl Castro, y unos cuantos tipos más, audaces e ignorantes, estaban decididos a liquidar una imperfecta democracia liberal, regida por una Constitución socialdemócrata, totalmente perfectible, y transformar ese Estado en una dictadura prosoviética sin propiedad privada, ni derechos humanos, y mucho menos separación e independencia de poderes. Simultáneamente, echaban sobre los hombros de los cubanos la responsabilidad de “enfrentarse al imperialismo yanqui” y transformar el planeta para imponer a sangre y fuego el “maravilloso” modelo social desovado por Moscú desde 1917.

Actuaron velozmente. A los 20 meses habían logrado el 90% de sus objetivos domésticos. En octubre de 1960 no existían vestigios de libertad de prensa. No había grupos políticos diferentes al “movimiento único” creado y sujeto férreamente por el Máximo Líder, de manera que, en su momento, les fue fácil llamarlo “Partido Comunista”. No había escuelas ni universidades privadas. Tampoco había empresas medianas o grandes en poder de la “sociedad civil”. Todas fueron asumidas por el Estado mediante un simple decreto. La dictadura totalitaria se había consumado, repito, en un 90%.

El 10% restante ocurrió el 13 de marzo de 1968. En esa fecha, Fidel Castro perpetró un larguísimo discurso en el que anunció la “ofensiva revolucionaria”. Acabó con el “cuentapropismo” de entonces. De un plumazo se tragó casi sesenta mil microempresas y convirtió a la Isla en el país “más comunista del mundo”. Para arreglar un paraguas, un par de zapatos o un ventilador había que dirigirse al Estado. Lógicamente, el desastre fue absoluto y la nación se convirtió en una escombrera. Los millares de valientes que se opusieron a ese destino fueron fusilados o encarcelados durante muchos años.

¿Cómo se llevó a cabo esa locura revolucionaria? Tres iluminados no son capaces de realizar una tarea de esa envergadura. Sencillo: metiéndoles la mano en el bolsillo a los probables adversarios. Primero, crearon una enorme clientela política regalándole “al pueblo” todo lo que no le pertenecía al Comandante.

Rebajaron el 50% de los alquileres y del costo de la electricidad y los teléfonos. Dispusieron de la tierra como les dio la gana. Ellos sabían que la economía colapsaría como consecuencia de la manipulación de los precios, pero el objetivo no era conseguir la prosperidad, sino crear una legión de estómagos agradecidos a los que no tardarían en ajustarles las tuercas.

Mientras disponían de los bienes ajenos (y se quedaban con las mejores casas, autos y yates), les entregaron a los soviéticos los mecanismos represivos. Desde el principio la policía política y el corazón del Ministerio del Interior fueron asignados a los camaradas formados por el KGB.

A las pocas semanas de instalados los Castro en la casa de gobierno comenzaron a llegar los siempre discretos “hermanos del campo socialista”. A mediados de 1962 eran algo más de 40,000 asesores. Cuando se fueron los “bolos”, como les llamaban irreverentemente en la Isla, dejaron instalada la jaula. Dentro de ella se abrazaban millones de cubanos temerosos y obedientes.

Sesenta años después los castristas saben que el “modelo cubano” es totalmente improductivo e inviable. Son unos negreros que viven de alquilar esclavos profesionales a los que les extraen una plusvalía del 80%. O policías que montan llave en mano la nueva dictadura, como han hecho en Venezuela. O viven de las remesas de los exiliados, de las dádivas de las iglesias, o de bañar en el mar y pasear turistas en contubernio con empresarios extranjeros a los que no les importa la catadura del socio local, siempre que les deje copiosos beneficios. Así son las resacas revolucionarias. Suelen ser muy largas y muy tristes.

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lunes, julio 23, 2018

Enriquecerse no es glorioso sino repugnante. Carlos Alberto Montaner sobre el anuncio de la tiranía Castrista de Cuba sobre una nueva Constitución

Tomado de http://www.elblogdemontaner.com/

Enriquecerse no es glorioso sino repugnante

Por Carlos Alberto Montaner
21 de julio de 2018

El gobierno cubano anunció una nueva Constitución. Se discutirá los días 21, 22 y 23 de julio. Nadie espera que el dócil Parlamento, compuesto por 605 asambleístas asombrosamente afinados, genere la menor disonancia.

Reintroduce el cargo de Primer Ministro. El Presidente representará al Estado. Habrá vicepresidente. El Primer Ministro se encargará de la gerencia del gobierno y del control del Consejo de Ministros. Ninguno de esos mandos será por voto directo. Dentro del parlamento, otro órgano mucho más reducido y manejable, el Consejo de Estado, será el que propondrá a los “compañeros” idóneos. El objetivo es restarle autoridad al Presidente.

El Partido Comunista conserva su carácter de fuerza hegemónica del país y centro único de iniciativas. Con una infinita terquedad la cúpula castrista continúa invocando la inspiración marxista-leninista del Estado y del gobierno. Sesenta años de fracasos han sido inútiles. No han aprendido nada.

Pero el elemento más importante, que tratan de pasar de contrabando, es la incorporación de un inquietante Consejo de Defensa Nacional, del que se afirma que es “un órgano superior del Estado que dirige al país durante las situaciones excepcionales y de desastre”.

No se dice, pero se sabe, que esa institución está regida por el coronel Alejandro Castro Espín, único hijo varón de Raúl Castro, y reúne a todas las fuentes de inteligencia y contrainteligencia del país. El que se mueva no saldrá en la foto. Tal vez aparezca en la crónica roja de Granma, como les sucedió al general Arnaldo Ochoa y al coronel Tony de la Guardia. Los fusilaron en 1989.

La vaga definición del CDN y su probable intervención en situaciones excepcionales funciona como una verdadera espada de Damocles que pende sobre las cabezas de todos los apparatchiks, comenzando por la de Miguel Díaz-Canel, el hombre más vigilado por la contrainteligencia cubana.

El premierato ya existió entre 1959 y 1976. En ese largo periodo Fidel Castro fue PM e hizo lo que le dio la gana. De manera inconsulta cambió el modelo político y económico de los cubanos, introdujo misiles soviéticos, que casi desembocan en una guerra mundial, inició las guerras africanas y creó todo género de disturbios en medio planeta apoyando a cuanto grupo revolucionario anti occidental se asomaba a La Habana.

En el 76, durante el periodo de sovietización de la Isla, inexactamente calificado de institucionalización, inspirados por la Constitución búlgara –porque era un pequeño país agrícola con una población semejante a la cubana- se acercaron a la fórmula soviética, pero Fidel siguió haciendo lo que le salía de sus barbas.

La nueva Constitución anunciada por el gobierno cubano es, por una punta, un ajuste a la realidad; por la otra, un intento gatopardiano de que todo siga igual. Y por una tercera, un límite a la autoridad del Presidente para que no se le ocurra jugar al caudillismo, como hicieron Fidel y Raúl en su momento durante varias décadas.

La desaparición de la URSS y del campo socialista europeo a principios de los noventa dejaron a Cuba sin subsidios y a la deriva. La manera de capear ese inmenso temporal fue reformar la economía para salvar el colectivismo. Fue entonces cuando del caletre de Fidel comenzó a surgir el contradictorio “modelo castrista de reformas”.

A regañadientes, aceptó la menor cantidad de empresa privada, inversiones y cuentapropistas que le permitiera sobrevivir a su régimen. En ese momento admitió la dolarización, pero cuando pasó el vendaval y ascendió Chávez al poder, se pegó a la teta venezolana con una voracidad de huérfano hasta que pudo revocar la medida.

La duda era si Raúl Castro, con la reforma que preparaba, trataría de sumarse al modelo chino, al vietnamita, o si se mantendría dentro de las coordenadas del modelo castrista. Ya no hay espacio a la esperanza de cambio económico. (Nunca las hubo de cambio político). Las reformas están encaminadas a mantener el aparato productivo fundamental en manos del Estado.

En suma: se restringen más las actividades de los cuentapropistas y el acceso a la propiedad privada. Los cubanos radicados en el exterior no son bienvenidos a las reformas. El propósito es impedir a cualquier costo que los cubanos se enriquezcan. Se construye un socialismo sin subsidios y un capitalismo sin incentivos. Lo peor de ambos mundos. Raúl Castro no cree la frase clave de Deng Xiaoping: “enriquecerse es glorioso”. Sigue pensando que es repugnante. Menos para él y su familia, claro.

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domingo, agosto 06, 2017

Carlos Alberto Montaner: Por qué ha fracasado la economía cubana

Por qué ha fracasado la economía cubana

Por Carlos Alberto Montaner
5 de agosto de 2017

Circula por Internet una divertida parodia de Despacito (https://www.youtube.com/watch?v=ueQoNF3pC1w), la exitosa canción de Luis Fonsi, ridículamente bailada por Raúl Castro, su hijo Alejandro, coronel formado en Moscú en las escuelas de inteligencia del KGB, y el nieto y guardaespaldas del general-presidente, Raúl Guillermo, apodado “el Cangrejo”.

Es la familia imperial cubana. Los tres, como toda la población, perciben que el país se hunde en la miseria, pero están paralizados por el terror a perder el poder. A estas alturas, Raúl no tiene la menor duda de que el Capitalismo Militar de Estado no funciona, y sabe que sus reformas, los “lineamientos”, han fracasado, pero insiste en marchar hacia el abismo “sin prisa, pero sin pausa”.

El CME es el modelo económico puesto en marcha por Fidel desde los años noventa, orgullosamente diferente al chino y al vietnamita. ¿Por qué no funciona?

Esencialmente, por dos razones vinculadas a la naturaleza humana: primero, porque no está basado en incentivos sino en el temor a los castigos. Si algo aprendimos con toda certeza del conductismo es que los refuerzos positivos tienden a reproducirse mientras los negativos producen el efecto contrario. En segundo lugar, el CME prohíbe y reprime el ímpetu de los emprendedores, que es el principal motor del desarrollo y progreso de cualquier sociedad.

Grosso modo, el CME se basa en la idea de que las principales fuentes de riqueza de Cuba están en las dos mil quinientas empresas medianas y grandes del país, todas resguardadas en el ámbito estatal, preferentemente dirigidas por militares, mientras las actividades menores de servicio (restaurantes, pequeñas pensiones, payasos de fiestas particulares y un sinfín de minucias) le darían trabajo al grueso de una población cuidadosamente vigilada para que no acumule capital y así privarla de su potencial poderío político.

Objetivamente, estamos frente a un modelo de organización económica centralizado y planificado, sustentado en el mecanismo escolástico clásico: todas las verdades ya han sido descubiertas por los padres de la patria, y lo único que le queda a la sociedad es verificar constantemente la sabiduría de los próceres.

De esa estupidez se deriva otra: ya han sido formulados los 500 proyectos que aguardan en Cuba a los capitalistas extranjeros que quieran invertir y beneficiarse de la mano de obra dócil y barata que abunda en el país. Los economistas del régimen los han detallado minuciosamente. La planificación centralizada es eso: todo ha sido pensado y elaborado. No hay espacio para la improvisación y la creatividad. Tampoco para el mercado ni la competencia, esos inventos diabólicos del neoliberalismo.

No sé si Raúl Castro y sus consejeros han examinado el perfil de las naciones modernas exitosas, pero todas están sujetas al crecimiento mediante lo que Hayek llamaba el “orden espontáneo”. La economía crece en ellas libremente, sujeta al mecanismo de tanteo y error, guiada por el impulso de los emprendedores con sus esfuerzos espasmódicos, en las que unas veces “ganan” y otras “pierden”, porque si algo es seguro en un régimen de libertad económica, es que no existe la menor seguridad. Los consumidores son los que deciden y estos son impredecibles.

¿Y quiénes son esos emprendedores que asumen todos los riesgos? No se sabe con certeza. El economista Wilfredo Pareto, en otro contexto, lanzó la hipótesis del 80-20, y es probable que la proporción sea, más o menos, la que se presenta en todas las sociedades. El 20% persigue sueños, trabaja incansablemente, se esfuerza con denuedo, inventa, innova, fracasa y se vuelve a levantar, y tira hacia delante del 80% restante.

Es cierto que una reducida parte de ese 20% alcanza un éxito económico tremendo, pero perseguirlos en nombre de la igualdad, más que un crimen es una absurda injusticia. Si Jeff Bezos hoy es el hombre más rico del planeta porque ha revolucionado la venta directa por medio de Amazon, o si Amancio Ortega es el más poderoso de España debido a las tiendas Zara, es algo admirable que sólo condenan unos descerebrados de esa izquierda reaccionaria y mercantilista que continúa sin entender cómo se crea, esparce o destruye la riqueza.

A Raúl Castro y a su familia no les debía ser tan difícil entender este fenómeno. A principios del siglo XX regresó a Cuba un gallego muy pobre y semianalfabeto que pocos años antes había ido a pelear a la Isla por cuenta de su derrotada España. Lo repatriaron, pero volvió. Tenía el fuego del emprendedor y advirtió que Cuba era una tierra de oportunidades.

Cuando murió, medio siglo más tarde, dejó una fortuna de unos siete millones de dólares (hoy serían 100), varias docenas de trabajadores, una finca azucarera grande en la que funcionaban un cine, una estafeta de correo y una escuela. Se llamaba Ángel Castro, era el padre de Fidel, Raúl y otra decena de hijos. Murió antes de que sus descendientes inventaran el nefasto CME
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

No ha sido un buen ejemplo el escogido por Carlos Alberto Montaner cuando puso como ejemplo el de Ángel Castro Argiz, padre de los Castro Ruz.

Por otra parte:  Los 7 millones de pesos en 1956 no serían hoy 100 millones sino casi 63 millones de pesos; . verificar en  https://westegg.com/inflation/


El origen de la fortuna de Ángel Castro Argiz padre de los Castro

Rafael Tamayo, ex combatiente del Ejército Rebelde que combatió a las órdenes de Abelardo Colomé Ibarra, alias Furry,  en el II Frente Oriental Frank País y quien fuera íntimo amigo de Ramón Castro Ruz antes y después del triunfo revolucionario,  da un testimonio del pasado delincuencial y criminal  de Ángel Castro y de como obtuvo su riqueza.
Rafael Tamayo vivió en esa zona holguinera y antes de alzarse era vendedor de autos. Cuando niño fue, al igual que Raúl Castro, estudiante de las Escuelas Cívico Militares creadas por Fulgencio Batista y asistió con Raúl Castro  a un viaje a La Habana con esas escuelas. Hace muchos años que  Rafael Tamayo  fue para EE.UU. y uno de sus hijos, ya fallecido,  fue nombrado con el nombre de Fidel.

Rafael Tamayo narra historia delincuencial y criminal  de Ángel María Castro Argiz padre de Fidel Castro
Parte 1 

Parte 2




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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

Sr. Montaner.....por que hablar del pillo Angel Castro (el mueve cercas nocturno) y de los pillos descendientes del viejo gallego ratero (Fidel fue "de tal palo tal astilla) sino que la tragedia de la economia Cubana se concentra en una sola palabra...COMUNISMO !!

Ángel Riguero
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RAUL CASTRO RECLAMA DERECHOS DE AUTOR DE DESPACITO

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sábado, julio 22, 2017

La última partida de póker de Juan Manuel Santos . Carlos Alberto Montaner sobre la visita a Cuba de Juan Maniel Santos para consultar al tirano Raúl Castro sobre Venezuela y Nicolás Maduro

Tomado de https://www.martinoticias.com

La última partida de póker de Juan Manuel Santos

Por Carlos Alberto Montaner
22 de julio de 2017


Reunión de los mandatarios de Cuba y Colombia, Raúl Castro y Juan Manuel Santos, este lunes en La Habana, durante la cual trataron temas de interés común para los dos países. Foto Oficial Presidencia de Colombia.

Leo en La Patilla, una vibrante web venezolana, que Nicolás Maduro llamó “traidor” a Juan Manuel Santos por haber ido a Cuba a reclutar a Raúl Castro para ponerle fin a la Constituyente que se propone convocar el 30 de julio.

Me parece excesivo. Si lo hubiera calificado de “tonto” o de “ingenuo” hubiese resultado más razonable. Nicolás Maduro es hechura de Raúl Castro. Él y Fidel lo eligieron como virrey para la riquísima colonia sudamericana, se lo “vendieron” a un moribundo Hugo Chávez con la ayuda de Lula da Silva,y lo sostendrán hasta el último venezolano. La gestión de Santos era ridícula.

Santos (y con él muchos mandatarios hispanoamericanos) no acaba de entender que Raúl Castro, como lo era Fidel, es un tirano comunista, serio y comprometido, que posee un claro sentido de sus lealtades. Raúl no sirvió de puente para salvar de la violencia a los colombianos, algo que probablemente lo complace, sino para rescatar a las FARC en su peor momento, tras las muertes sucesivas de Raúl Reyes, "Mono Jojoy" y Alfonso Cano. En la etapa de los bombardeos aéreos quirúrgicos y los mortíferos drones era una cuestión de tiempo que toda la dirigencia fuera exterminada.

Raúl puede ser una persona amable y risueña con sus interlocutores, pero eso no significa nada. Con esa misma actitud, de la mano de Fidel, su hermano y padre emocional, mandó fusilar a sus amigos el general Arnaldo Ochoa y el coronel Tony de la Guardia. Su prioridad es “la revolución”, lo que le exige mantenerse en el poder a cualquier costo y tratar de sostener a los proveedores más obsequiosos, como Maduro, el primero de todos.

(Juan Manuel Santos ¿agente ¨Santiago¨?,  condecorado en su juventud por el sátrapa Fidel Castro Ruz. Foto y comentario añadido por el bloguista de Baracutey Cubano)

Recuerdo, con cierto estupor, una reunión que tuve con el presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari en su oficina de Los Pinos. Me acompañaba Juan Suárez-Rivas, entonces vicepresidente de la Unión Liberal Cubana. Junto al gobernante se sentaba su asesor José de Córdoba Montoya. Salinas nos contó que hacía pocas fechas había juntado en el Caribe mexicano a Fidel Castro con los presidentes, César Gaviria (Colombia), y Carlos Andrés Pérez (Venezuela), para tratar de ayudar al dictador cubano en su peor momento económico y social, tras la desaparición de la URSS, de los subsidios que recibía y del enterramiento simbólico del marxismo-leninismo.

Fidel Castro, para sorpresa de Salinas, que es un economista educado y racional, los acusó de prestarse al juego desalentador de la CIA, cuando lo que, realmente, estaba a punto de ocurrir, era el colapso del mundo capitalista occidental. El cubano, en su fiera militancia comunista, resultaba indiferente a la realidad. Como lo es Raúl, aunque sepa, desde hace mucho tiempo, que el sistema es un completo desastre. Las anteojeras ideológicas son eso: una exoneración del sentido común y de la necesidad de actuar coherentemente.

Pero lo más interesante es que ninguno de ellos –ni Salinas, ni Gaviria, ni CAP— percibía al Comandante como lo que era objetivamente: un aventurero comunista decidido a implantar a tiros el régimen en el que creía. Un enemigo de las ideas republicanas con que se habían forjado las naciones latinoamericanas, que no había vacilado en alentar la creación de movimientos guerrilleros en medio planeta, pero especialmente en Colombia y Venezuela, sin olvidar las guerras africanas de Angola y Etiopía, conflictos bélicos por los que pasaron medio millón de soldados cubanos a lo largo de los quince años que duraron las batallas y la ocupación.

Juan Manuel Santos es sólo el último de los presidentes latinoamericanos que han caído en la trampa de creer que los mandatarios cubanos–incluido el Comandante muerto en noviembre pasado— eran sus amigos. Raúl Castro lo escuchó e inmediatamente le ordenó a su discípulo Maduro que resistiera rodilla en tierra.

El gran error de cualquier estadista es no saber identificar a sus verdaderos enemigos. Santos lo ha cometido. (No lo cometieron, por cierto, Rómulo Betancourt, Luis Alberto Lacalle, Washington Beltrán y otros pocos gobernantes bien preparados). Dicen que Santos es un gran jugador de póker. No lo parece. Raúl y Maduro le han ganado la partida. Al menos por ahora.

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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

Colombianos miren a Venezuela y a Cuba, deshaganse de esos bandoleros rapido, tan pronto como sea posible y el proximo presidente que lleve a Juan Manuel Santos a los tribunales por traidor a la Patria y entreguista de la democracia a castrochavismo
Anónimo

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lunes, abril 10, 2017

Carlos Alberto Montaner: El crimen de Siria y el castigo americano


 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

Rusia y Siria no  les son necesarias a EE.UU. para derrotar a ISIS y a Al Qaeda. Los poderosos ejércitos de Egipto y de Turquía (siempre que los turcos  no se fajen con los Kurdos)   son suficientes para que juntos al valiente y fogueado ejército kurdo,  el actual ejército iraquí , y  el de Jordania derroten a los terroristas. No olvidemos las visitas  del mandatario ruso, el de Jordania y la aprobación del mandatario turco al voleo de los tomahawk a la base aérea del dictador Assad.

Rusia envía un buque de guerra a Siria


Donald  Trump buscaba una solución negociada y pacífica para Siria con la cooperación  de Rusia que bien podría haber sido: Rusia tú te quedas con esa base en Siria aunque la oposición gane las elecciones.  Tillerson, el Secretario de Estado de los EE.UU. y amigo de Putin ha ido a entrevistarse con Putin y soy de la opinión que ¨la sangre no llegará al río¨ pues nada mejor que un amigo para arreglar entuertos y más que se le avisó para que evacuara a los  rusos que estaban en la base aérea que iba a ser bombardeada ... No por gusto Trump lo seleccionó pensando en que se darían muy probablemente  situaciones  muy tirantes con Putin ¿Qué dirán aquellos que se oponían al nombramiento de Tillerson por ser amigo de Putin?

En estos momentos un grupo naval encabezado por  portaviones se dirige hacia el mar de Korea; el mandante koreano del norte será asesino y caprichoso, pero loco no es y los cohetes que lanze muy probablemente le caerá en su propia cabeza.


EEUU envía un portaaviones a aguas coreanas como muestra de fuerza



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Tomado de http://www.elblogdemontaner.com

El crimen de Siria y el castigo americano


Por Carlos Alberto Montaner
6 de abril de 2017

Donald Trump dijo que lo estremecieron las imágenes de esos “niños hermosos” destrozados por el gas Sarín esparcido por la aviación del dictador sirio Bashar al-Assad. Por eso, afirmó, ordenó el lanzamiento de 59 misiles contra la base de donde habían despegado los aviones. Desde el fin de la Primera Guerra mundial está prohibido el uso de esas crueles armas químicas.

Me parece bien el castigo. La gente, incluso la peor gente, tiene que aprender que sus acciones tienen consecuencias. La crueldad de Assad merecía la muy grave sanción de los Tomahawks. Estos misiles cargan unos 450 kilos de explosivos y cuestan, cada uno, aproximadamente un millón seiscientos mil dólares. La operación le costó a Estados Unidos, unos cien millones de dólares y devastó la base aérea siria.

Dejó 59 cráteres, 20 aviones destruidos y unas instalaciones minuciosamente aniquiladas, aunque previamente los militares norteamericanos les avisaron a los rusos y a los sirios lo que se proponían llevar a cabo. Esta vez la guerra avisada dejó seis soldados muertos. Sin las llamadas hubieran sido muchos más. El objetivo no era matar enemigos, sino proyectar cierta imagen.

Para Donald Trump también fue un episodio de aprendizaje. Aprendió que el presidente de Estados Unidos tiene que tomar decisiones en las que todas las opciones son malas. Para alguien acostumbrado al toma y daca de los negocios, supuestamente experto en recibir algo sustancial por lo que entrega, debió ser extraño tirar cien millones de dólares por la borda (nunca mejor dicho) sin la esperanza de recibir a cambio otra cosa que las críticas agudas de algún sector afectado.

Si debilitaba a Assad, favorecía a ISIS y a Al Qaeda, los encarnizados enemigos de Estados Unidos. Si se inhibía, como predicaba antes de llegar a la Casa Blanca, beneficiaba a la dictadura de Assad, a Irán y a Rusia, mientras se tensaban y perjudicaban las relaciones con Turquía, un aliado en la OTAN, y con Arabia Saudita, un incómodo amigo, despótico y errático, pero valioso suministrador de petróleo y gran comprador de productos americanos, incluidos costosos equipos militares.

Puesto en la misma tesitura, Obama prefirió pagar el precio de no actuar contra Assad, pese a haber declarado que la utilización de armas químicas era una “línea roja”. Seguramente la advertencia era una fanfarronada destinada a tratar de impedir que las usara. Algo así como el bluff al que recurren los jugadores de póker. Sólo que, cuando se descubre la mentira, los enemigos saben que el jugador es débil y se envalentonan.

Probablemente Obama no ignoraba que Eisenhower pasó ocho años de tranquilidad relativa en la presidencia de Estados Unidos recurriendo el bluff de estar dispuesto a utilizar las armas nucleares contra cualquiera que retara el poderío americano. Cuando se retiró, se supo que había utilizado un farol –traducción de bluff—que le había salido maravillosamente bien. A Obama, en cambio, no lo creyeron. Al fin y al cabo no era un general victorioso sino un inexperto Premio Nobel de la Paz.

Los sirios y, sobre todo, los rusos, estaban poniendo a prueba a Donald Trump. No necesitaban el bombardeo con armas químicas para lograr el objetivo de someter a los enemigos de Assad. Lo estaban logrando con armas convencionales. Pero la jugada les salió mal.

Al margen de las imágenes terribles de los niños asesinados, la primera motivación de Trump fue enviar el mensaje de que con él en la Casa Blanca no se puede jugar. Él no era Obama. Por eso, 24 horas antes de desatar la furia de los misiles, tuiteó, injustamente, que la culpa del uso de las armas químicas la tenía el presidente anterior por no haber actuado con contundencia tras haber trazado la imaginaria línea roja ignorada por los sirios. Era el primer síntoma de que habría respuesta.

¿Y ahora qué va a pasar? Sin duda, como dijo Netanyahu, los iraníes y los norcoreanos van a poner sus barbas en remojo. Ya saben que Donald Trump dispara desde la cintura. Sólo que eso también trae serias consecuencias. La política el arte de escoger la opción menos mala. El problema es que casi nunca sabemos cuál es esa maldita opción.
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Masivo respaldo mundial a decisión de Trump de atacar base militar siria



Cruce de acusaciones entre EEUU y Rusia en la ONU



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Discurso en el que Donald Trump anuncia el ataque a Siria (subtitulado)


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lunes, marzo 13, 2017

Cuba en la era de Trump ¿Qué puede ocurrir?. Video donde participan Carlos Alberto Montaner, José Azel y Lillian Castañeda

Published on Mar 11, 2017..

CICLO DE CONFERENCIAS DE LA FUNDACIÓN EDUCATIVA CARLOS M. CASTAÑEDA

El compromiso de la Fundación Educativa Carlos M. Castañeda es promover el periodismo de excelencia, la libertad de prensa y los derechos humanos, principios fundamentales por los que vivió, defendió y ejerció la profesión de periodista Carlos M. Castañeda, fundador, director y consejero de periódicos en América Latina, Miami y el Caribe.

Además de su programa de becas encaminado a apoyar la educación de periodistas hispanohablantes, la FECMC organiza foros, conferencias y talleres sobre temas relacionados con la política, la economía y el periodismo para fortalecer la libertad de expresión y la democracia en nuestra América. Con este fin, la FECMC ofrecerá tres conferencias consecutivas los primeros tres sábados durante el mes de marzo de 2017 a las 3 pm en la librería Books & Books, de Coral Gables.

CUBA EN LA ERA DE TRUMP. ¿QUÉ PUEDE OCURRIR? Sábado 11 de marzo de 2017

Los analistas políticos Carlos Alberto Montaner y José Azel disertarán sobre el posible efecto que tendrán en Cuba dos importantes hechos recientes: la muerte de Fidel Castro y la elección de Donald Trump.

Carlos Alberto Montaner – Periodista, ex profesor universitario, comentarista político y escritor de más de 25 libros, entre los más conocidos, Viaje al corazón de Cuba, Cómo y por qué desapareció el comunismo, y Manual del perfecto idiota latinoamericano. También ha escrito varias novelas. Su columna periodística aparece semanalmente en docenas de publicaciones de Europa, América Latina y Estados Unidos.

José Azel – Ex profesor de la Universidad de Miami y Senior Scholar del Institute for Cuban and Cuban-American Studies (ICCAS) de la Universidad de Miami. Actualmente está dedicado al análisis profundo del estado económico, político y social de Cuba con un marcado interés en estrategias para la Cuba post Castro. Es autor de Mañana in Cuba: The Legacy of Castroism and Transitional Challenges for Cuba, y de numerosos artículos sobre el tema cubano.



Cuba en la era de Trump ¿Qué puede ocurrir? organizada por la FECMC

Lillian Castañeda




Carlos A. Montaner



Jose Azel



Preguntas y respuestas


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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

El pobre montaner, en su odio visceral a trump, por troncharle el futuro a su familia, lo lleva a ser apocalíptico más q Castro I, incluso a decir q mexico puede entrar en conflicto con usa!!!! De seguro q el , como ramos, querrían que desapareciera la frontera sur, pa que entre toda la basura de la América cretina para aca.... nadie que los lleve al medico?

JULIO CESAR TARRAGO HERNANDEZ(I.B.N.S. 10660)

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domingo, marzo 12, 2017

Carlos Alberto Montaner: LOS ECUATORIANOS SE JUEGAN LA LIBERTAD

Tomado de http://www.elblogdemontaner.com

LOS ECUATORIANOS SE JUEGAN LA LIBERTAD

Por Carlos Alberto Montaner
11 de marzo de 2017

Son cinco: Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Se trata del núcleo principal de los países del Socialismo del Siglo XXI. Tienen estructuras económicas diferentes y sus gobiernos manejan el aparato productivo de diversas maneras, pero coinciden en un aspecto esencial: han llegado al poder para quedarse permanentemente. La alternancia en las tareas de gobierno les parece una majadería burguesa a la que no están dispuestos a someterse aunque tengan que retorcer las leyes o cometer cualquier fraude.

La dictadura cubana, que hace 58 años se apoderó del país a cañonazos, declaró en su Constitución que el partido comunista es el único permanentemente autorizado para organizar la sociedad y sanseacabó. No hay nada que debatir. Cualquier vestigio de pluralismo es ilegal y quienes manifiestan su inconformidad con esa uniformidad contra natura son gusanos al servicio del imperialismo que pueden y deben ser extirpados. Por eso asesinaron a Oswaldo Payá.

Los otros cuatro países, obligados por la vía pacífica y electoral con que accedieron al gobierno, juegan a la fantasía de la democracia liberal, con libertades, separación de poderes y elecciones periódicas, pero tampoco creen en esos elementos y están dispuestos a saltarse a la torera estas “formalidades” de poca monta, o en convertir las instituciones de la democracia en instrumentos de la tiranía.

Es lo que acaba de suceder en Ecuador. El primer malabar indigno fue fijar la mayoría en el 40% de los votos. Eso lo hicieron para adaptar los comicios al techo del partido de gobierno y no arriesgarse en una segunda vuelta o balotaje. La mayoría, si Pitágoras no nos tomó el pelo, es la mitad más uno de los sufragios. Todo lo que no sea esa manera de contar es un subterfugio contrario a la decencia y al sentido común.

(Rafael Correa y Guillermo Lasso)

Pero, como la resistencia a Rafael Correa va in crescendo, porque más de medio país está cansado de sus bravuconadas, y porque la situación económica de Ecuador es peor cada día que pasa como consecuencia de la corrupción y del aumento exponencial del gasto público, se hizo evidente que el gobierno no llegaría al 40% de los votos, lo que significaba que habría segunda vuelta.

Fue en ese punto en el que Rafael Correa y su Ministro de Defensa, Ricardo Patiño (el hombre de Cuba), decidieron alterar los resultados para exceder el tramposo porcentaje del 40
. Para ese fin les servía magníficamente la retórica revolucionaria. El valor de la revolución y el destino glorioso de la patria socialista estaban por encima de la voluntad mezquina de una mayoría coyuntural que en el futuro les estaría agradecida. ¿Qué importancia tenía alterar unas décimas de punto el resultado electoral si estaba en juego el destino de la revolución?

Afortunadamente, no pudieron llevar a cabo sus planes por la vigilancia del general Luis Castro Ayala, dado que la Constitución convierte a las FF.AA. en garantes de las elecciones. Cuando se perdió la llamada “cadena de custodia” (el traslado de los votos al Consejo Nacional Electoral), el militar comprendió que se preparaba un fraude, se negó a ser cómplice de esa desvergüenza y le salió al paso.

Castro Ayala salvó la voluntad popular y pasó a la historia como un hombre de honor, pero le costó el cargo. Correa, pese a declarar su amistad con el general, y proclamar, con cierto cinismo, su “profundo dolor” por lo que hacía, lo cesanteó y se las arregló para colocar al frente de las Fuerzas Armadas a militares que respondían a su línea ideológica, que es también la de Patiño.

Los ecuatorianos volverán a las urnas. Para ganar, y para que no les roben las elecciones, necesitan contar con dos factores fundamentales. El primero, es el inequívoco y entusiasta respaldo de todos los demócratas a la candidatura del opositor Guillermo Lasso. El segundo, es estar dispuestos a defender sus votos con los dientes y las uñas porque el Socialismo del Siglo XXI es capaz de cualquier canallada para mantenerse en el poder.

Una última y melancólica observación: como esos socialistas – que nada tienen que ver con los socialdemócratas europeos – están dispuestos a cualquier atropello con tal de prevalecer, si logran imponerse por las malas acelerarán el camino hacia la tiranía, como hemos visto en la Venezuela de Maduro. Los ecuatorianos no están apostando por un cambio de gobierno. Se están jugando la libertad. La democracia tiene fecha de caducidad en el país: el 2 de abril. A partir de esa fecha puede caer la noche para siempre.
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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

Fecha de caducidad tenía la democracia aqui, si ganaba la candidata de este camaleón, q alguien se lo diga al bueno de Montaner.

JULIO CESAR TARRAGO HERNANDEZ(I.B.N.S. 10660)
 

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miércoles, diciembre 21, 2016

Video. Presentación por Carlos Alberto Montaner y otros intelectuales de la Visión y Misión de la Fundación y Memoria de las Víctimas del Comunismo como pate de los eventos 100 Años 100 millones de Víctimas del Comunismo.

(COMPLETO) Presentation of VOCMF as part of the events: "100 Years 100 Million Victims" of Communism




Wenceslao Cruz
Published on Dec 19, 2016
La Fundacion para la Democracia Panamericana invited
100 YEARS 100 MILLION VICTIMS
December 17, 2016, 1:00 to 4:00 PM
Presentation of Vision and Mission of the Victims of Communism Memorial Foundation (VOCMF), as part of the events: "100 Years 100 Million Victims" of Communism

Welcome to Museum: Ileana Fuentes, Carlos Alberto Montaner
Moderator: Dr. A. Omar Vento, MD
Panelists: Marion Smith, Executive Director, VOCMF
Davey Talbot, Director of Development, VOCMF
Julio M. Shiling, Director of Patria de Marti, Advisory Board FDP

Museum Exhibition "Dictators:Terrorism, War and Exile" of Luis Cruz Azaceta

American Museum of the Cuban Diaspora
1200 Coral way, Miami, FL 33145

Tribute to Cuban Victims of Communism, at Cuban Memorial, FIU Campus at 5:00

The Great Unknown de Audionautix está sujeta a una licencia de Creative Commons Attribution (https://creativecommons.org/licenses/...)

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Sobre el MARXISMO  como la base  ideológica del NAZISMO  pueden leer HACIENDO CLICK AQUÍ


Sobre El Libro Negro del Comunismo pueden leer HACIENDO CLICK  AQUÍ.


Una historia Soviética


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domingo, noviembre 27, 2016

Vida y muerte de un narcisista. Carlos Alberto Montaner sobre la muerte de Fidel Castro el supuesto 25 de noviembre de 2016

Tomado de http://www.elblogdemontaner.com

Vida y muerte de un narcisista

Por Carlos Alberto Montaner
26 November 2016

(ABC.ES) Muerto Fidel Castro, tibio todavía su cadáver, surgen varias preguntas urgentes. ¿Cómo fue posible el castrismo? ¿Por qué Cuba se convirtió en la única dictadura comunista de América Latina? ¿Cuál era la esencia de un régimen que ha durado más de cinco décadas, convirtiéndose en la dictadura más larga de la historia de América Latina? ¿Habrá un castrismo sin Castro?

Como resulta inevitable, para entender este excéntrico fenómeno es preciso remitirse a la historia de la república cubana. Fidel Castro ni cayó del cielo ni ascendió desde el infierno. Fue el producto de ciertas ideas y actitudes que existían en la Cuba de sus años formativos. Lo parió el país, porque la tierra había sido previamente cultivada para dar esos o parecidos frutos.

Nacido en 1926, a principios del gobierno del general Gerardo Machado, quien enseguida comenzó a mostrar su dureza y falta de respeto por los derechos humanos, el niño Castro creció entre los rumores de violencia que seguramente llegaban a su remota finca de Birán, en el oriente de Cuba. En 1933, finalmente, y tras cruentos enfrentamientos entre diversos grupos insurrectos, el dictador huyó del país.

¿Qué herencia política más visible dejaba este episodio? No era, ciertamente, el amor por la democracia y las libertades, sino el culto por la redentora violencia revolucionaria. La idea predominante en el país era que la justicia, la honradez y la prosperidad vendrían de la mano de unos revolucionarios armados con pistolas e iluminados por la voluntad de guiar al pueblo hacia un destino fulgurante.

A la espera del Mesías

Nadie, o muy poca gente, pensaba entonces en la importancia de las instituciones o en el Estado de Derecho para enderezar el país. Se esperaba la llegada de un Mesías revolucionario. Se buscaba un líder salvador. Para algunos era Grau, para otros, Chibás o hasta Batista. Esa –el mesianismo– era una actitud muy generalizada en la sociedad cubana. Mala cosa para construir una democracia respetable. Pero junto a ella había otras creencias que comenzaron a abrirse paso rápidamente: el buen revolucionario no solía tener el menor respeto por la propiedad privada.

(Fidel Castro con la actriz italiana Gina Lollobrigida)

En los años treinta, en Cuba y en todas partes, se extendió la creencia de que la pobreza de una parte sustancial de la sociedad se debía a los bienes que otros poseían. Lo que uno tenía siempre se lo había quitado a otro. El capitalismo era sustancialmente depredador. Eso no quiere decir que la sociedad suscribía la cosmovisión marxista, mucho más compleja y elaborada, sino que se había popularizado un juicio sumario contra la economía de mercado y el «estado burgués». Ser revolucionario, pues, consistía en distribuir la riqueza existente entre los desposeídos.

A la incriminación general del capitalismo, en Cuba se añadía un componente internacional: quien con mayor avidez y codicia representaba esas fuerzas explotadoras era Estados Unidos, primer inversor extranjero en la isla. Desde los años veinte se oye en Cuba, de manera creciente, el clamor contra el imperialismo yanqui en el terreno económico. Para algunos cubanos –tal vez para muchos– la tutela norteamericana era una forma humillante de injerencia. Otros, en cambio, la veían como una especie de seguro contra los impulsos autodestructivos de la clase dirigente.

Gánsters

El tercer ingrediente que nutre la cultura política que le da vida a Castro es el gansterismo político. Las organizaciones políticas surgidas al calor de la lucha contra Machado desovaron diversos grupos armados que se hacían la guerra en las calles, fundamentalmente, de La Habana. No fueron grandes matanzas –el total de muertos a lo largo de dos décadas no alcanzó el centenar–, pero imprimieron en la juventud, y muy especialmente en la que se asomaba a la política, una perniciosa admiración por los «muchachos del gatillo alegre», como los calificara un periodista de la época que tradujo del inglés el apelativo de la banda de Al Capone.

Había pandillas armadas en las universidades y en los sindicatos cubanos. Había ministros y senadores que se rodeaban de pandilleros. Todos los partidos políticos -incluidos los comunistas, naturalmente- tenían sus «hombres de acción», es decir, unos cuadros destacados que siempre estaban dispuestos a disparar o liarse a golpes contra adversarios de similar inclinación por la violencia.

Pero lo terrible es que todo esto sucedía en medio de una atmósfera de adulación y temor que embargaba a casi toda la ciudadanía. Los nombres de los jefes pandilleros se pronunciaban con respeto. Algunos de ellos aspiraban al Parlamento y alcanzaban actas de representantes o senadores. Fidel Castro, en su juventud, perteneció a una de esas pandillas y protagonizó hechos de sangre como parte de su esfuerzo por construirse una buena biografía. Un político, para triunfar en esa Cuba, antes que talento, decencia e ideas, debía exhibir una masa testicular abundante.

Ahí están los cuatro elementos clave de la atmósfera en que se cría y respira Fidel Castro: el mesianismo revolucionario, siempre trufado por el desprecio al Estado de Derecho; la condena del capitalismo como un sistema explotador causante de graves iniquidades; el antiyanquismo, por esquilmar a los trabajadores cubanos y por las ofensivas injerencias en los asuntos internos de la isla; y el culto por la violencia política, que siempre implica una estructura jerárquica basada en la intimidación del más débil por el más fuerte y audaz.

(Fidel Castro hace dos o tres años)

A este substrato general, Fidel Castro le agregó sus circunstancias particulares. Durante su bachillerato, que coincidió con la Segunda Guerra Mundial, lo educaron los jesuitas falangistas provenientes de la Guerra Civil española. El mensaje que estos sacerdotes traían no era muy divergente del de los revolucionarios cubanos: era antidemocrático, anticapitalista y antiyanqui. Eran los tiempos en que la España de Franco reivindicaba el resurgimiento de la Hispanidad como la respuesta latina y católica contra el grosero mundo anglosajón y protestante.

Tampoco era un mensaje que rechazara la violencia. Y todos estos valores y creencias se instalaban en una personalidad que desde la adolescencia mostraba los rasgos autoritarios y egocéntricos del tipo de psicopatología que los especialistas describen como «narcisista». Fidel era un narcisista de libro de texto pero, además, se sentía capaz de realizar las mayores hazañas y tenía la audacia para intentarlas. Eso formaba parte de su grandiosa autopercepción.

No es este el lugar de consignar la historia de la insurrección de Castro, mas debemos resumirla en un párrafo: en 1952, a pocos meses de unas elecciones en las que Fidel, por cierto, era candidato a congresista por un partido socialdemócrata, Fulgencio Batista da un golpe militar y derroca al presidente legítimo Carlos Prío Socarrás. A partir de ese momento, como ocurriera contra Machado veinte años antes, diversos grupos recurren a la violencia para tratar de desalojar del poder al dictador. Todos –y entre ellos el que crea y lidera Fidel Castro, el Movimiento 26 de Julio– prometen restaurar las libertades conculcadas y restablecer la democracia.

Finalmente, la noche del 31 de diciembre de 1958 Batista huye de Cuba y la oposición se apodera de los resortes del poder. Ocho días más tarde, Fidel Castro entra triunfalmente en La Habana al frente de sus guerrilleros barbudos. Su liderazgo se ha impuesto por encima de los demás grupos insurrectos.

¿Qué se propone hacer Castro? Públicamente, ha renegado del comunismo y prometido elecciones y democracia, pero secretamente ha decidido «hacer la revolución». Su radicalización ha sido progresiva desde el asalto al cuartel Moncada en 1953. En el exilio mexicano ha conocido al Che Guevara, quien viene del fallido episodio izquierdista del guatemalteco Jacobo Arbenz.

Su revolución
¿Qué es para Castro «hacer la revolución»? Sin duda, llevar hasta las últimas consecuencias las premisas que flotaban en el ambiente en que construyó su visión de la realidad política y social: si el capitalismo y la empresa privada eran nocivos, había que sustituirlos por el Estado-empresario. Si los norteamericanos eran unos explotadores que habían humillado a los cubanos durante décadas, había que echarlos del país y salir a combatirlos en todos los escenarios. Si la burguesía cubana era aliada de los yanquis, ¿qué otro trato merecía que la privación de sus bienes, la cárcel o el destierro? Si la política cubana había estado plagada por las desvergüenzas y la corrupción, lo correcto era imponer una sola y disciplinada voz: la de la revolución, es decir, la de él mismo auxiliado por un partido único.

Ademanes fascistas

¿Cómo podía calificarse Castro en el terreno ideológico? Era un revolucionario radical, anticapitalista y antiyanqui, dotado de temperamento y de ademanes fascistas. Sólo que por ese camino, en medio de la Guerra Fría, se desembocaba en el comunismo y en el modelo soviético, porque solamente la URSS podía insuflar forma y sentido en la banda armada, desorganizada y caótica que había tomado el poder en Cuba, y servirle de guardaespaldas al régimen frente a Washington.

La reacción de los cubanos ante Castro fue de absoluto e ingenuo fervor. El Mesías revolucionario había llegado a salvarlos. Y como la ciudadanía no sentía demasiado respeto por las instituciones, ni entendía la esencia del Estado de Derecho, porque vivía inmersa y anestesiada por la cultura revolucionaria, no parecen haber sido muchos los cubanos que se horrorizaron con los juicios sumarios tras los que se fusilaron a cientos de militares acusados de asesinatos y torturas al servicio de Batista.

También es posible que en esos años la mayoría del país apoyara la incautación de la prensa libre, la intervención de las escuelas privadas o la confiscación del aparato productivo, atropellos a las libertadesacompañadas por la arbitraria y muy populista reducción de los alquileres de las viviendas en un 50 por ciento, medida inmediatamente aplaudida. Era el preludio para luego confiscarlas.

Escasa resistencia

Igual sucedió con el comercio importante y las grandes industrias. Todo sucedió vertiginosamente entre los años 1959 y 1960; y, aunque hubo oposición armada y alzamientos campesinos, la verdad es que la resistencia ante la apisonadora revolucionaria no fue masiva ni espectacular. Vivir en una cultura revolucionaria había debilitado los mecanismos defensivos de la sociedad cubana.

El grueso de la oposición más decidida prefirió huir que enfrentarse a Castro, aunque en el exilio unos mil quinientos jóvenes, organizados por Estados Unidos, lanzaron la fracasada invasión de Bahía de Cochinos. Prevalecía entonces la idea de que Washington no podía permitir la entronización de un satélite de Moscú a noventa millas de sus costas. Los marines pondrían orden en el alterado manicomio de siempre. Y lo más prudente parecía ser contemplar estos toros desde la barrera del exilio.

Pero, además de hacer la revolución en el terreno económico y político de acuerdo con el modelo leninista importado de Moscú, Fidel Castro le dio otro sentido parcialmente distinto a su gobierno: desde el año 1959 se convirtió en el paladín de la causa comunista en el planeta. Organizó, financió y adiestró expediciones de insurrectos a medio planeta. Sentía la necesidad imperiosa de reproducirse. Su verdadero leit motiv era ése y no la transformación del país.

Su sueño consistía en que en cada rincón del mundo un pequeño grupo de guerrilleros armados desatara una revolución antiimperialista, antiyanqui, anticapitalista que repitiera su triunfo político. Su narcisismo lo impulsaba a tratar de influir en los destinos del planeta. No se resignaba a ser el abrumado administrador de una pequeña isla cañera del Caribe empeñada en cumplir con absurdos o quiméricos planes quinquenales. Castro quería ser Bolívar, Napoleón, Alejandro Magno.

Angola y Etiopía


Para realizarse, Castro necesitaba triunfar a escala planetaria, lo que le llevó a enviar a decenas de miles de soldados cubanos a las guerras de Angola y Etiopía durante más de 15 años, conflicto que supera en tiempo, y probablemente en bajas en combate, a las dos guerras de independencia que tuvo Cuba en el siglo XIX.

El comandante, en suma, acaba de morir tras una larga enfermedad que lo apartó del gobierno desde 2006, pero su régimen comenzó a agonizar mucho antes, en el momento en que Gorbachov desató la perestroika, agravándose después, en 1989, con la caída del muro de Berlín, antesala de la desaparición del Bloque del Este, la disolución de la Unión Soviética y total descrédito del marxismo como referencia teórica.

¿Cómo resistió Castro este cataclismo? Al margen de la ayuda masiva otorgada por Hugo Chávez, la revolución ha resistido por el mismo procedimiento que Corea del Norte: no cediendo un milímetro de poder y no permitiendo la menor disensión en las filas del poder. ¿Podrá Raúl Castro mantener el mismo rumbo? Supongo que solo por cierto tiempo. El mesianismo no es transferible y la desmoralización ideológica de la clase dirigente es total.

Por otra parte, la cultura política que Castro lega es totalmente diferente a la que él recibió. Con Fidel Castro ha muerto más que un líder. La cultura revolucionaria también ha llegado a su fin en Cuba. Esto le abre las puertas a un futuro esperanzador para todos los cubanos.
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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

Siento respeto y admiración por Carlos Alberto Montaner pero cuando un especialista se equivoca tanto, como lo hizo él, en los análisis de las elecciones norteamericanas, debe callar, al menos un tiempo, por pudor. Claro, está el dinero

Teresa

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