Es un blog diario digital conformado con los artículos, opiniones, ensayos, etc. del Catedrático universitario Lic. Pedro Pablo Arencibia Cardoso sobre diferentes temáticas de la problemática cubana, actual e histórica, así como por noticias y artículos de otros autores que se consideran de gran interés para profundizar en la realidad cubana.
lunes, mayo 05, 2025
Fermín Gabor sobre CIRO BIANCHI ROSS en el "Diccionario de la Lengua Suelta" y su manipulación de la figura de José Lezama Lima
CIRO BIANCHI ROSS en el "Diccionario de la Lengua Suelta":
José Lezama Lima y su esposa María Kuisa en su hogar de Trocadero 162
Por Fermín Gabor
Febrero 2020
"Consagrado periodista", lo califica el sitio "Cubadebate". Y agregan allí: "su ejecutoria profesional por más de 40 años le permite aparecer entre los principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana".
¡Periodismo literario en estos últimos 40 años en Cuba! Exiliados y censurados muchos de los que brillaban, Bianchi Ross tuvo que esperar a que Eduardo Robreño muriera para ponerse a tratar de la Cuba republicana.
Entrevistó a José Lezama Lima, fue visita frecuente en Trocadero 162. Murió el poeta, Eloísa Lezama Lima publicó en Madrid las cartas que guardaba de su hermano, esas cartas denunciaban la situación en que vivió sus últimos años, y Ciro Bianchi Ross recibió la misión oficial de combatirlas. Así que reunió en un volumen los textos lezamianos que alababan a la revolución y sus héroes: "Imagen y posibilidad" (Letras Cubanas, La Habana, 1981).
Fue más lejos en su compromiso, hasta negar la autenticidad de las cartas familiares. Dio a entender que la hermana del poeta se las inventaba con el fin de fabricar un gusano que no había existido nunca. Lezama Lima era el de "Imagen y posibilidad", no el de "Cartas a Eloísa" (Orígenes, Madrid, 1979). Dentro de la revolución, todo Lezama; contra la revolución, ningún Lezama.
Bianchi Ross sigue aún en su misión trocadera. "Valga aclarar que José Lezama Lima no fue nunca un enemigo de la Revolución", afirmó hace poco. Negó sus penurias: "El país, todo el pueblo, padece carencias a veces traumáticas. A Lezama, aunque nunca tuvo menos de cinco platos en su mesa —lo sé, me consta— le obsesiona la idea de que pueda faltarle la comida. Le angustia la posibilidad de que le falten los medicamentos antiasmáticos que familiares y amigos, entre ellos Julio Cortázar, le remiten desde el exterior. Piensa que la crisis del transporte público es más grave de lo que era en realidad y apenas sale de su casa porque teme que si lo hace no encuentre la posibilidad de regresar".
(De izquierda a derecha: Josñe Lezama Lima, Lilia Esteban de Carpentier, Julián Orbón y Alejo Carpentier)
Me pregunto a cuál cena de la época se habrá asomado Ciro Bianchi Ross, que vio en ella más de cinco platos. Su trabajo para el oficialismo lo obliga a negar que Lezama Lima padeciera prohibición de viaje al extranjero. Uno de sus deleites mayores reside en detallar las atenciones oficiales recibidas por el escritor en plena moribundia: llamada de Alfredo Guevara a nombre del presidente Dorticós, ambulancia puntualmente enviada, equipo médico esperándolo como una fila de camareros en un restaurante abierto solamente para él. Es el entierro del Conde Orgaz en la calle centrohabanera de Trocadero, con San Agustín y San Esteban bajados del cielo para amortajar al autor de "Paradiso".
Uno de esos recuentos da noticia del extraño percance ocurrido a la viuda del escritor: "Cuando María Luisa regresó del cementerio a la casa de la calle Trocadero e introdujo la llave en la cerradura y empujó para entrar, la puerta se vino abajo".
Hay que agradecer que, una vez tecleada la frase anterior, Bianchi Ross no utilizara el fervor de sus coartadas para convencernos de que la puerta se vino abajo debido a la bonanza en que vivía el matrimonio.
"La Lengua Suelta, seguido del Diccionario de la Lengua Suelta" está disponible en:
El escritor William Navarrete entrevista a su homólogo José Prats Sariol.
En la antigua Biblioteca Nacional de París, 2019
Por William Navarrete
Septiembre 5, 2024
AVENTURA, París.- A fines de 2007, cuando José Prats Sariol llevaba unos cuatro años de exilio en México, le escribí desde París, tal vez por consejo de José Triana, tal vez porque Manuel Díaz Martínez me lo sugirió, o quién sabe si por insistencia de Carlos M. Luis –los tres ya fallecidos, y tal vez por idea de los tres a la vez– para que lo invitara a participar en un libro en homenaje a José Lezama Lima, junto a otros 32 autores cubanos, todos en el exilio, excepto la bloguera Yoani Sánchez, quien por aquel entonces despuntaba con su blog independiente, la única a la que desde La Habana le tocaba el difícil papel de cuidar las tumbas de nuestros muertos.
El caso es que Prats Sariol, sin conocerme personalmente, accedió de inmediato a colaborar y nos envió por correos a Regina Ávila Al-Sowayel (mi coautora, cómplice y brazo derecho en esta y muchas otras empresas) y a mí, un ensayo titulado “Tristezas en Trocadero” que resumía muy bien los oprobios y humillaciones que, por cobardía u oportunismo, le hicieron vivir a José Lezama Lima los esbirros culturales de la revolución castrista desde que la censura se apoderó del ámbito cultural y de todos los demás ámbitos.
El ensayo de Prats Sariol fue publicado en aquel libro que titulamos Aldabonazo en Trocadero 162 (Valencia, España, 2008) y en el que también aparecieron otros trabajos de autores que ya han fallecido, muchos de ellos amigos de Lezama, como José Triana, Manuel Díaz Martínez, Reinaldo García Ramos, Emilio Ichikawa, David Lago, Carlos M. Luis, Regina Maestri, Nicolás Quintana, Raúl Rivero, Raúl Tápanes y Nivaria Tejera, así como las colaboraciones de los restantes que aún viven.
Ahora viene al caso hablar de esto porque ha llegado el momento de compartir el testimonio, en esta serie que ya pasa de 70 entrevistados –nacidos antes de 1959 y exiliados todos–, de quien tan generosamente, sin conocerme entonces y con tanto caudal de intimidad, amistad y solidaridad con Lezama me ofreciera entonces, desinteresadamente, aquel entrañable relato de los años en que frecuentaba asiduamente (y hasta su muerte) al gran escritor del grupo fundador de Orígenes en La Habana de la década de 1940.
―Háblanos de tu nacimiento y entorno familiar
―Nací en El Vedado, el 21 de julio de 1946, en una clínica llamada Nuestra Señora del Pilar que estaba en la calle 15 esquina a F. En realidad, debía haber nacido en Oriente porque toda mi familia, por ambas partes, provenía de Las Tunas y Manzanillo. Viví en Manzanillo desde alrededor de los dos hasta los cuatro años. Quizás me siento ligeramente orgulloso, a veces, de que mis ancestros catalanes también se vinculen, presumiblemente, a familias sefardíes, luego emigrantes a Cuba. Según he podido indagar, tanto los Prats como los Sariol son apellidos que se remontan a la Edad Media, en la frontera con La Rioja. Parece que fueron conversos, porque los emigrantes a Cuba y a México (Detecté Prats en Villahermosa, Tabasco), se producen en el siglo XIX.
Crecí con tres mujeres como eje de mi vida: mi madre, mi abuela materna y mi madrina, Dolores Álvarez Bello, sobrina de mi abuela. Y la razón por la que mi infancia y adolescencia fue en El Vedado es que Rafaela había rentado en un edificio en la calle 25 entre D y E, No. 716, 2º. piso, con el objetivo de habilitar una casa de huéspedes para que los jóvenes bachilleres de Manzanillo pudieran hospedarse y cursar estudios en la Universidad de La Habana. De ese modo, en mi entorno hogareño, fui como una especie de mascota para aquellos jóvenes que vivían en casa como una gran familia. Ello influyó enormemente en mi formación pues, entre otras razones, me propiciaban muchas lecturas. Tuve el privilegio de estar rodeado de estudiantes de Medicina y de Arquitectura que a la vez eran lectores, melómanos, deportistas y sobre todo muy cariñosos con el único niño de la casa, centro afectivo de mi abuela, la severa dueña…
Rafaela Bello y sus alumnas del Colegio Santa Teresa en Manzanillo
―¿Qué recuerdos tienes del Vedado de tu infancia?
―Muchos y muy gratos. En el parque Mariana Grajales, el del antiguo Instituto del Vedado (luego Preuniversitario Saúl Delgado) había unos montículos de tierra por los que me deslizaba de niño hasta la peligrosa calle 23 esquina a C. Con los muchachos del barrio, cuando oíamos decir que iba a entrar un frente frío, también llamado “norte”, salíamos disparados para el Malecón, hacia la zona de la calle G que era donde rompía con más fuerza el oleaje para “cazar olas”. Apostábamos a que la ola no nos mojara y a que nos diera tiempo a tocar el muro antes de que nos cayera encima. Me encantaba escaparme y andar en bicicleta. Mi segunda bicicleta fue una Super Rex de carrera muy buena. Una vez pedaleé como tres horas hasta llegar al Mariel y regresé seis horas después. Tenía apenas 10 años de edad.
En la planta baja del edificio vivía María Cabrera, una de las mejores reposteras de la ciudad. Lo era también de Fulgencio Batista, de modo que siempre venía gente adinerada o sus choferes a buscar los encargos. Era un privilegio tenerla en los bajos, tan cerca; que me cogiera cariño y me colmara de pastelitos y dulces. Por eso me gustan tanto los dulces, las golosinas y los saladitos. Y no sólo los que vendían en El Carmelo de 23, al lado del cine Riviera.
También iba mucho a las funciones en el Auditórium porque un primo llamado Amado Luis Muñiz León era melómano nato y me llevaba a cuanta función había en ese teatro, que era uno de los mejores del continente. Hoy en día está completamente destruido después de una malograda restauración que hicieron los alemanes de la antigua República Democrática Alemana en épocas del comunismo, cuando ya lo llamaron Amadeo Roldán.
Hubo también acontecimientos que no olvido, como el multitudinario entierro en 1951 de Eduardo Chibás, el líder el Partido Ortodoxo. Por la calle 23 avanzaron miles y miles de personas hasta el Cementerio de Colón, a rendirle un último homenaje. Diez años después presencié desde el mismo parque, ya rota la frágil democracia republicana, otro entierro decisivo en la historia de Cuba. Por la ancha avenida 23, en abril de 1961, desfiló una masa de milicianos hacia el cementerio de Colón, a despedir los muertos en los bombardeos aéreos que precedieron al desembarco por Playa Girón.
La casa de huéspedes de la calle 25 de la abuela de José Prats Sariol
―¿Y tus estudios?
―Estudié en el Colegio de La Salle, también en El Vedado, hasta que fue nacionalizado en junio de 1961. Es decir, que allí pude cursar toda la enseñanza primaria hasta el primer año de bachillerato. El colegio tenía un nivel excelente y uno de los primeros recuerdos que tengo es haber cantado en público, a los 6 años de edad, con barba pintada y traje de gala, delante de todos los alumnos La donna è mobile, el aria de la ópera Rigoletto de Verdi, que mi primo me hizo ensayar muchas veces. Eso fue durante la fiesta de cumpleaños del director de La Salle, al que le habían puesto el apodo de “Bola de billar” porque era completamente calvo, y tanto era así que no recuerdo su nombre ni que lo hubiéramos llamado, entre los alumnos, de otra manera. Desde muy temprano mi primo Amado Luis, tenor de ducha y sala, me llevaba a las funciones de la sociedad Pro-Arte Musical. No salí cantante porque nunca pude ser afinado. Ni bailador: la música por un lado y yo por el otro.
Con el cierre de La Salle pasé al Instituto de La Víbora, en donde terminé el bachillerato pues inventaron una especie de plan de liquidación para equilibrar los cambios en el sistema de enseñanza, cuando se pasa al sistema aún vigente de Secundaria Básica de tres años y luego tres de Preuniversitario o Tecnológico, mucho más acorde con la pedagogía moderna.
―Justamente sobre esto quería preguntarte. ¿Pudiste presentir la tensión política antes del triunfo de la insurrección el 1° de enero de 1959?
―En dos ocasiones la policía de Esteban Ventura vino a hacer registros en la casa de huéspedes porque al menos dos de los estudiantes que vivían en ella estaban implicados con el movimiento estudiantil universitario antibatistiano. Uno de ellos, Carlos Bertot Contreras, que estudiaba Arquitectura, también de Manzanillo, pertenecía al grupo de Fructuoso Rodríguez, y pudo salvarse de milagro porque escapó por la azotea brincando hasta la del edificio aledaño al nuestro y escondiéndose detrás de los tanques de agua. Otro estudiante de mi casa, esta vez de Medicina, René García Fonseca, participó en los clandestinos centros de atención a posibles heridos, cuando el fallido asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957. Los dos revolucionarios se graduaron y fueron destacados profesionales. Los dos, como otros, murieron aquí en el exilio.
―¿En qué momento te das cuenta de que lo que te interesaba era la literatura?
―Tuve cierta precocidad literaria, lo que como sabes no otorga ni una gota de talento. De niño me gustaba coleccionar los cómics (muñequitos) que venían de México. Ya en mi adolescencia, había dos grandes dibujantes de historietas: Mauricio Morales y Newton Estapé Vila. Ambos dibujaban para la revista Mella, y como mi madrina había sido socia del Miramar Yacht Club, solía ir a nadar allí, incluso después de nacionalizado y transformado en círculo social Patricio Lumumba. Newton iba también a ese club y de esa época nos conocíamos y, en ocasiones, les puse textos a los globitos de sus historietas. Nos reuníamos en su casa, en 31 y 30, Almendares, como parte de un delicioso grupo de fiestas, bailes y novias. Globitos y primeros cuentos.
Por otra parte, mi cuento “La mosca” iba a ser publicado en la Segunda Novísima de la editorial del grupo El Puente, fundado por el poeta José Mario y la escritora Ana María Simo. Pero cerraron la editorial, en turbia maniobra de la incipiente censura. Ya había decidido, desde los 16 o 17 años, que matricularía Letras en la facultad de Zapata y G, en la Universidad de La Habana, en 1964. Por esos años, cuando se incubaba El Caimán Barbudo, conocí a Mario Parajón, destacado intelectual quien había fundado un grupo de teatro juvenil, en el que participé y actué incluso en comedias muy ligeras. Gracias a Parajón tuve acceso a su estupenda biblioteca en su casa del reparto Kohly, pues él siempre fue, hasta su muerte en España, un intelectual muy generoso, atento con los jóvenes. Tuve el privilegio de ser su amigo, gracias a mi primo Amado, su psiquiatra en Cuba.
―Tengo entendido que José Lezama Lima entró también muy tempranamente en tu vida…
―En efecto, a Lezama lo conocí porque la madrina de mi madre, Carmen de Céspedes, había sido su secretaria cuando ambos trabajaban en la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País, sita en la avenida Carlos III. Fue Carmen quien me llevó a la casa de Lezama, en Trocadero 162, con apenas 17 años de edad. Recuerdo que aquel primer encuentro con el escritor me sobrecogió mucho, a pesar de que yo no era para nada tímido. Ese efecto nunca me lo provocó otra persona, ni ninguno de los excelentes escritores que he conocido a lo largo de mi vida. Haber sido testigo de las conversaciones de Lezama, en su propia casa, sobre Paul Claudel, por ejemplo, ha sido uno de los mayores placeres de mi vida. Decisivo en mi formación intelectual, hasta hoy y hasta mañana, cuando me toque llevarle un heliotropo a Proserpina, como él decía sonriente, burlándose de la Muerte.
Esta amistad se convirtió en relación profesional pues me convertí en el autor de la primera tesis en el mundo sobre la revista Orígenes (1944-1956). La presenté en 1971, bajo las borrascas derivadas del estalinista Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura (cometido por Fidel Castro a fines de abril de ese espantoso año). Y mi director fue el propio Lezama Lima, fundador de la revista y del grupo. Tuve el placer de tratar a cada uno de los integrantes de aquel grupo literario clave para la cultura cubana, desde Fina García Marruz y Cintio Vitier hasta Eliseo Diego, Gastón Baquero y Ángel Gaztelu; desde José Rodríguez Feo hasta el entonces antagonista genial, Virgilio Piñera…
De hecho, el padre Ángel Gaztelu fue quien bautizó a mi hija menor Ariadna, en su iglesia del Espíritu Santo, en La Habana Vieja, en marzo de 1976, en una época en que bautizar a un hijo era un sacrilegio contra la ortodoxia comunista en Cuba. Lezama y su esposa María Luisa, que habían sido los testigos de boda, fueron los padrinos. Ocurrió que el padre Gaztelu, de ascendencia vasca, no quería que le pusiéramos Ariadna porque era nombre pagano. Entonces, para convencerlo, Lezama propuso que la llamáramos Ariadna de la Caridad, de modo que debe ser la única persona que llevaba tal mezcla de nombres en aquella época. Ariadna de la Caridad ejemplifica el supersincretismo caribeño, diría Antonio Benítez Rojo
Bautizo de Ariadna, con Lezama Lima y el padre Ángel Gaztelu, La Habana, 1976
―¿Conociste también a José Rodríguez Feo, el mecenas de Orígenes? ¿Qué puedes contarnos de él?
―José Rodríguez Feo no era solo el mecenas de la revista y de muchos libros de Ediciones Orígenes. Era un hombre de una cultura despampanante, traductor del inglés y el francés y un gran conocedor de muchos de los textos que se publicaron en la revista. Había estudiado en las universidades de Harvard y Princeton, descendía de una familia acaudalada, propietaria del central azucarero América.
Por razones que ignoro, Rodríguez Feo le tenía una enorme aversión al capitalismo norteamericano y desde el principio de la revolución decidió apoyarla. Era dueño del edificio de apartamentos dúplex en la esquina de las calles 23 y 26, en El Nuevo Vedado, que él mismo mandó a construir en 1952 al arquitecto Antonio Quintana, a partir de su idea de crear una edificación etérea que flotara apoyada sobre unos pocos pilares. Vivía en el penthouse de ese mismo edificio que fue en su momento uno de los más modernos de La Habana. En los primeros años de la década de 1960, cuando empezaron las leyes de Reforma Urbana, él mismo se lo entregó al gobierno, con penthouse y todo, y entonces le dieron dos apartamentos en un modesto edificio de la calle N entre 25 y 27, de los cuales le proporcionó uno a Virgilio Piñera y se quedó viviendo en el otro, donde falleció en 1993.
―¿Alguna anécdota sobre Virgilio Piñera?
―Una mañana bajaba por la calle San Lázaro hacia Infanta, en cuya esquina había un puesto de café. Allí, en la cola, con su pomito ambarino, solía ir Virgilio, empedernido fumador y bebedor de café, tanto que la exigua cuota semanal por la libreta de racionamiento, no le alcanzaba ni para dos días. Era por el año 1974 o 75, en pleno ostracismo de intelectuales disidentes del régimen, entre ellos nuestro primer dramaturgo. Lo saludo, me pongo a su lado en la larga fila, conversamos… De pronto me mira a los ojos, detrás de aquellos espantosos espejuelos de aros negros que llevaba, y me dice: “Nunca debí regresar de Buenos Aires”. Estuve y estoy de acuerdo con lo que me dijo: No debió regresar, a equivocarse. Murió sin que le permitieran publicar en su país. Murió sin que sus obras de teatro pudieran exhibirse. Lo asqueroso es que algunos que hoy lo elogian pretenden que la historia de la cultura cubana perdone a Fidel Castro y a sus secuaces.
―Fuiste uno de los alumnos del Grupo Délfico de Lezama desde 1963. ¿Podrías contarnos en qué consistía ese curso?
―Lezama no solo era un escritor excepcional, sino un maestro. A ciertos jóvenes con intereses literarios que él seleccionaba, les prestaba dos veces al mes uno o varios libros. Anotaba meticulosamente a quién se lo había prestado para exigir su devolución en caso de olvido. Los libros o el libro en cuestión por lo general era(n) prestado(s) a la medida de la persona. Quiere decir que no prestaba los mismos libros a cada joven. Entonces uno tenía que leerse el libro y cuando se lo devolvías entablaba un diálogo, a la manera de la mayéutica socrática de Platón, acerca de lo leído. Como era muy suspicaz se daba cuenta enseguida de si no habías leído correctamente el libro, de modo que muchas veces te obligaba a releerlo, a poner más atención.
Yo fui uno de aquellos escasos jóvenes que tuvo el privilegio de ser parte del Curso Délfico, de aquel azar concurrente, frase clave, título que bautiza mi libro: Lezama Lima o el azar concurrente. Hubo otros alumnos. Recuerdo al arquitecto Armando Bilbao, el pintor Umberto Peña, el escritor Reinaldo Arenas, el historiador Ciro Bianchi, María del Rosario García Estrada (mi segunda esposa), entre otros. Otra de las características del curso era que los alumnos raramente coincidíamos en el momento de los encuentros
José Prats Sariol y José Lezama Lima, La Habana, 1976
―¿Cómo transcurre tu vida de estudiante y profesional en aquella convulsa década de 1960?
―Tras un riguroso examen de gramática y otro de literatura, más una larga entrevista ante un jurado verdaderamente profesional, a los 17 años, dada la escasez de docentes, me convertí en el profesor de español más joven de la Isla. Empecé a impartir clases en el colegio José Miguel Gómez, sito en Acosta y Porvenir, barrio de Lawton, que inmediatamente rebautizaron Juan Gualberto Gómez, para quitarle el nombre del segundo presidente de la República.
Más tarde, siendo aún estudiante de la Escuela de Letras, pasé a ser profesor de Literatura General, gracias a la gestión de Pío Serrano, en la Escuela Nacional de Arte (ENA) que dirigía entonces Bertha Serguera. Esto fue en 1968 y resultó que a Bertha la echaron de la escuela después del Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971 pues era una mujer muy permisiva y se había enamorado de uno de los estudiantes de Música durante un viaje en que todos partimos a realizar trabajos agrícolas en la Isla de la Juventud. En ese momento echaron también a todos los homosexuales, a pintores como Antonia Eiriz y Servando Cabrera Moreno, e incluso a alumnos como Tomás Sánchez. La escuela empezó a ser dirigida por un tal Mario Hidalgo, una especie de sabueso puesto por Fidel Castro, de corte estalinista e intolerancia absoluta. Aquello fue el acabose y me di cuenta de que no podía seguir trabajando en aquel lugar. Fue entonces que, a partir de 1971, entré en el Ministerio de Educación en donde redacté algunos manuales de educación y empecé a dirigir una revistica titulada El placer de leer y allí permanecí hasta 1974.
―Fueron años muy difíciles…
―Más que difíciles. Imagínate que cuando planteé en la Facultad que quería hacer una tesis sobre Orígenes el profesor José Antonio Portuondo trató de convencerme para que cambiara de tema y recuerdo que mientras trataba de hacerlo Roberto Fernández Retamar, que había publicado poemas en Orígenes, y que tanto le debía a Lezama, miraba para el techo.
En todos los puestos clave de Educación nombraron a militares, entre ellos a José Ramón Fernández, alias “el Gallego Fernández” como ministro, sustituto de otro militar, que enloqueció: Belarmino Castilla. Cuando llamabas a su oficina del Ministerio salía siempre una voz que decía: “Ordene”. Logré eclipsarme y pasar a trabajar a la ENIA (Escuela Nacional de Instructores de Arte), en la que entré gracias a mi amigo José Catalán Sánchez, a quien habían nombrado como director. El ambiente estaba muy viciado, la simulación se imponía para sobrevivir sin afanes suicidas.
Después escribí mi primera y mejor novela: Mariel, como paradojaa raíz de los acontecimientos relacionados con este puente migratorio, ya que sus personajes no emigran, permanecen como insiliados. Por supuesto, no me la quisieron publicar. La Seguridad del Estado me convocó varias veces y entendieron que debía salir también de la ENIA. Fue entonces que empecé a trabajar en una institución llamada Centro Nacional de Superación de la Enseñanza Artística (CNSEA), que quedaba en Miramar. En ese sitio permanecí unos años como profesor y fue estando allí que empecé a viajar, fundamentalmente a la República Federal de Alemania, Noruega, Francia, España, México y Venezuela. Y a Berlín desde el lado occidental, antes de la caída del muro en 1989. Todos aquellos viajes eran para impartir conferencias, cursos o participar en eventos. Ninguno fue pagado, obviamente, por el gobierno cubano. También entonces es que comienzo a publicar en revistas extranjeras y a obtener premios y reconocimientos internacionales, lo que favoreció cierta permisibilidad por parte de las autoridades.
Portada de su novela Mariel, publicada por Verbum, Madrid
―Decides quedarte en Cuba después de la caída del muro y a pesar del Periodo Especial…
―Gracias a Tomás Tápanes Bello que era amigo mío y el jefe de cuadros del Ministerio de Cultura había empezado a trabajar a la escuela de superación del personal de ese Ministerio. En aquel momento acababa de ganar un premio en México, que luego me abriría muchas puertas, por mi ensayo sobre el poeta Carlos Pellicer, cuyos poemas había publicado en una edición en 1982 en Casa de las Américas. Había prologado varios libros y cuidado las ediciones de varios poemarios de autores como Aquiles Nazoa, León Felipe y, en 1992, en las ediciones Verbum que Pío Serrano había fundado en Madrid, publiqué un libro de Lezama Lima titulado La Habana. Cuatro años después, preparé la crítica de arte escrita por Lezama Lima y la reuní en un libro para las ediciones Tecnos, en España. Había cierta flexibilidad con respecto a décadas anteriores y gracias a eso pude hacer para las ediciones Betania que dirigía Felipe Lázaro en Madrid el poemario de Raúl Rivero Herejías elegidas. Durante ese tiempo salía del país con frecuencia, impartía conferencias en el extranjero y pensaba que, al fin y al cabo, las cosas terminarían por cambiar
Madrid 1995, encuentro Las Dos Orillas junto a Gastón Baquero, José Triana y Orlando Rossari
―Pero nada cambió y llegó la Primavera Negra
―En efecto, llegó la Primavera Negra de 2003, en que arrestaron y condenaron a largas penas de prisión a 75 periodistas independientes, escritores, poetas, amigos. Peligró mucho mi relativa autonomía, atenazado por mis publicaciones y declaraciones disidentes… Encarcelan a Raúl Rivero, me vigilan ostensiblemente, en julio hablo en Pinar del Río, en el décimo aniversario de la revista Vitral. El auto del Obispado, mis anfitriones, es seguido por otro de la Seguridad del Estado.
Varios amigos, mi familia y yo mismo, nos dimos cuenta de que era imposible quedarme en Cuba, de que podía terminar en la cárcel. Entonces, con absoluta discreción, preparé mi salida del país. Aproveché un viaje a Ciudad de México, en el contexto de mis estudios, amistades y publicaciones sobre Carlos Pellicer y por haber sido fundador de las jornadas literarias dedicadas a su obra, que se efectuaban cada febrero en su natal Villahermosa, Tabasco. Hice gestiones secretas con el PEN Internacional de Escritores para convertirme en huésped de la hermosa y barroca “Casa Refugio” en Puebla, México, algo que me permitió salir de Cuba y poder mantenerme allí durante dos años, a partir del 17 de octubre de 2003.
Poco después, en 2004, logro un contrato como profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana de Puebla y también, en 2006, simultanear con otro en la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanas, en la Universidad de Las Américas, ambos trabajos docentes hasta 2009. Allí en la UDLA fundé y dirigí la revista Instantes, con un grupo de escritores poblanos, de otras zonas de México y de otros países. También tuve la alegría de que editoriales mexicanas como Aldus y LunArena publicaran algunos de mis libros, además de las colaboraciones en semanarios y revistas. Mi gratitud a México es enorme, allí tengo valiosos amigos, de allí atesoro recuerdos inolvidables.
Con José Triana en el Jardín del Luxemburgo, París
―¿Por qué decides establecerte en Estados Unidos?
―Hubo varias razones, y entre ellas el hecho de que mi hija mayor estaba ya radicada en Carolina del Norte en donde todavía ejerce como bioquímica para los laboratorios Pfizer. Ella insistía en que viniera para Estados Unidos donde todavía podía aspirar a una jubilación digna.
No sé si sabes que en México la jubilación de los profesores es tan pobre que los llaman “pobresores” cuando se retiran. Sin embargo, en Estados Unidos, con diez años de trabajo puedes tener una jubilación. Y, en mi caso, como los años que estuve impartiendo clases en la Universidad de Las Américas eran válidos para el sistema de jubilación norteamericano, me dije que todavía tenía una oportunidad. Me faltaban tres años y encontré un puesto en la Universidad de Phoenix, donde di cursos de doctorado en Lengua y Literatura Hispánicas hasta que me jubilé en 2014.
―Una de tus novelas, Guanabo Gay, me ha llamado la atención por el título y también por el contenido. ¿Podrías hablarnos de cómo se te ocurrió escribirla?
―Ciro Pérez, un amigo de la infancia y padrino de mi hija mayor cuando yo noviaba con quien iba a ser mi primera esposa, empezó a salir con la hermana de ésta. Ciro era homosexual, pero ambos se enamoraron perdidamente. El caso es que, a la hora de tener una relación más íntima, la cosa no funcionó, a pesar de los intentos… Y vino a mi casa llorando y desilusionado porque se dio cuenta de que no sería posible seguir mintiéndose. El triste incidente sucedió en la playa de Guanabo y digamos que es el leitmotiv de esa novela. Y al mismo tiempo un homenaje indirecto a José Rodríguez Feo, porque él tenía en esa misma playa al este de La Habana lo que se suele llamar una garçonnière, es decir, una casita en donde se daba citas discretas con los hombres con quien tenía relaciones. También el nombre Guanabo gay me resulta eufónico, de cadencia gutural. La novela trata de ser un canto a la diversidad y a la permisibilidad, a la libertad sexual, al respeto al otro, entre intrigas y chismes, citas y guiños a conocidos artistas y escritores.
José Prats Sariol, La Habana, 1982 (Foto: Cortesía del escritor)
―¿Has regresado a Cuba después de tu salida definitiva?
―Ni he regresado ni creo que pueda regresar. Hace unos años el actor Orlando Casín averiguó para ver si lo dejaban regresar a Cuba. La respuesta fue negativa. Entonces, como era amigo mío y conocía a alguien con acceso a la listica del Ministerio de Cultura (dictada por la Seguridad del Estado) con los nombres de artistas, escritores e intelectuales a quienes se les vetaba el derecho de regresar a la Isla, pudo verificar que yo también aparecía en ella.
No puedo regresar a Cuba porque tengo el honor de estar en la lista negra del régimen. De todas formas, ni quiero ni tengo necesidad (familia cercana) de regresar mientras la dictadura exista. Suelo sentirme feliz en Aventura, al noreste de Hialeah. Camino cada amanecer al lado del oleaje, leo los libros que me da la gana, participo en disímiles eventos culturales, sobrellevo la vejez entre proyectos. Nunca he parado de escribir y de investigar. Los que tienen el problema son ellos. El gran Miami, los dos condados, forma la segunda ciudad de Cuba por el número de cubanos y la primera, de lejos, por su floreciente economía. Aquí no estoy desterrado sino transterrado.
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2003. IX Aniversario revista Vitral palabras de .Dagoberto Valdés Hernández y fragmento de la anual valoración crítica de José Prats Sariol a la revista Vitral
Las visitaciones de Fina García Marruz. Carlos Olivares Baró a raíz del fallecimiento de la galordonada con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2011)
Noventa y nueve años enarbolando un vuelo por los enigmas de la vida
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Por Carlos Olivares Baró
Ciudad de México
08/07/2022
Fina García Marruz (La Habana, Cuba, 28 de abril de 1923-27 de junio de 2022), integrante del Grupo de Orígenes, murió a los 99 años, en la tarde-noche —19:15 horas— del pasado lunes 27 de junio mientras “un rumor, un fiel instante” ensordecía de pronto su mirada. La poesía cubana está de luto. “Y me contemplo ciega y extasiada / a la mágica luz interrogante / de un sonido que es otro y que es el mismo”, suscribió la coetánea de Lezama Lima, Cintio Vitier, Gastón Baquero, Eliseo Diego y Ángel Gaztelu: escritores de enorme relevancia dentro de la literatura cubana del siglo XX.
“La poeta Fina García Marruz decidió volar a otra dimensión, quizás no muy distante de la que ella ya habitaba como la gran poeta que fue, con su mirada única, lúcida, sorprendente desde su singularidad. Hoy, a nosotros, nos dejó también la Mamá que nos hacía flanes y pulpetas los domingos, que jugaba a los escondidos con los bisnietos y que nos sorprendía con alguna reflexión inesperada que sólo podía salir de su insólita forma de ver y de transitar por la vida”, escribió en Facebook, su hijo, el pianista y compositor José María Vitier.
La Revista Orígenes (1944-1954), aventura tutelada por José Lezama Lima, tuvo varias etapas de gestación en atracaderos literarios diversos. “Alentar con celo todo lo que sea capaz de crear la sensibilidad nacional”, era el principio rector de unos artistas que reivindicarían nuevas dimensiones de la realidad de la Cuba republicana en manifestación de un espíritu como espacio propicio para el cultivo del acto poético.
(Integrante del Grupo Orígenes. Detrás y casi al centro reconozco a Gastón Baquero, quién también publicó en la revista Orígenes pero que fue condenado al ostracismo por el Castrismo pues se fue poco después del triunfo de la Revolución. Gastón Baquero era del interior del país (guajiro), pobre, mulato y homosexual y llego a ser Jefe de Redacción del Diario de la Marina, del cual se dice que era el diario o periódico más conservador de Cuba ¿Eso no va en contra de lo que dice la propaganda Castrista respecto a lo que fue la República de Cuba antes de la Robailusión Castrista? . Comentario del Bloguista de Baracutey Cubano)
El XX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2011) fue otorgado a Fina García Marruz, poeta prudente —refugiada en el “vago delirio de la tarde” habanera—, miembro fundamental del grupo capitaneado por el autor de Paradiso. Poetas, músicos, pintores y narradores en un apremiante diálogo espiritual: “rasguño en la piedra”, al decir del propio Lezama.
El tiempo y los regresos. Los silencios. Los parques. Latidos y visitaciones. Luces en brasas: la siesta cubre inmensa, mínima y total a Fina García Marruz. Corretean los muchachos en los acantilados y Fina sonríe en los labios del pez que cauteloso huye del anzuelo y la mascada. / El tiempo se detiene de sus encadenados volteos y Fina deshoja un clavel en la tranquera de la noche. / “Y cuando el tiempo torna impuro un rostro, / una vida que amamos en su hora” se trenza por mordedura salina o adolescencia derramada: Fina ha sido dueña de todos los delirios de la Isla.
De izquierda a derecha: Fina García-Marruz, Eliseo Diego, Bella García-Marruz, Collazo (linotipista), Cintio Vitier, el padre Ángel Gaztelu, Lorenzo García Vega, Alfredo Lozano, José Lezama Lima, Julián Orbón, Mariano Rodríguez y Octavio Smith, en Bauta, en las cercanías de La Habana, celebrando el Premio Nacional de Literatura 1952 otorgado a Lorenzo García Vega por su novela "Espirales del cuje". Tomado de https://www.ecured.cu
Fina ha tocado el rostro murmurante de todas las lloviznas de la Isla. / Fina ha visitado todos los parques de la Ciudad. / Fina enaltece las estancias. / Fina repasa la danza perpetua de la ternura. / Fina conoce de memoria los puntos cardinales de La Habana. / Fina rubrica los muros. / Fina escribe baladas que hablan de pájaros melancólicos y cocuyos del monte. / La palabra llegó a sus ojos misteriosa y ella la hizo huésped en las alforzas de su falda. / A Fina le “encanta ver cuando la tarde cae / arder en breve fuego” las turbias miserias del deseo.
Hemos visto cómo “una niña descalza llena su jarro junto a la pila de una fuente pequeña”: 99 años enarbolando un vuelo por los enigmas de la vida. “No me hable de mí que hartazgo tanto / no soporta mi poca luz vencida”, advertía sigilosa Fina, en soledad de tiempo ido, retornando a la casa de la infancia.
Aquí tengo en mis manos Antología poética (FCE, 2002): selección de versos de Jorge Luis Arcos tomada de los poemarios de la ferviente lectora de José Martí, Santa Teresa de Jesús, Juan Ramón Jiménez, Miguel de Unamuno, Antonio Machado y César Vallejo. De Las miradas perdidas (1951) con escalas por Visitaciones (1970), Habana del Centro(1997) y Verso amigo (2000) hasta Oda para Anacreonte y otros poemas (2001).
Lo cubano, el catolicismo, el tiempo, lo cotidiano, las ciudades, los parques otoñales, los murmullos de sugerentes vergeles, la memoria y la familia: elementos presentes en la obra poética de García Marruz glosados en las rutas de un ímpetu sutil imbuido de improntas confidenciales. Fervoroso imaginario entretejido con la experiencia personal: sumario lírico en que los hechos se muestran desde una cordial transparencia que deriva “en algunos de los poemas de más apasionada belleza que se hayan compuestos en lengua española” (Eliseo Diego).
“Ay Cuba, Cuba, esa musiquita ahora, de las entrañas, que conozco como un secreto que fuera mío, y no tuyo / Cuba, Cuba, desvarío suave / jazmín de noche / ay no será nunca madre nuestra sino hija, Cuba, Cuba loca mía”: Fina García Marruz.
SOBRE LOS FIRMANTES CÓMPLICES DE LA OLA REPRESIVA DE LA PRIMAVERA NEGRA Y LOS FUSILAMIENTOS DE ABRIL DEL 2003 EN CUBA
Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos
En los últimos días, hemos visto con sorpresa y dolor que al pie de manifiestos calumniosos contra Cuba se han mezclado consabidas firmas de la maquinaria de propaganda anticubana con los nombres entrañables de algunos amigos.
Al propio tiempo, se han difundido declaraciones de otros, no menos entrañables para Cuba y los cubanos, que creemos nacidas de la distancia, la desinformación y los traumas de experiencias socialistas fallidas. Lamentablemente, y aunque esa no era la intención de estos amigos, son textos que están siendo utilizados en la gran campaña que pretende aislarnos y preparar el terreno para una agresión militar de los Estados Unidos contra Cuba.
Nuestro pequeño país está hoy más amenazado que nunca antes por la superpotencia que pretende imponer una dictadura fascista a escala planetaria. Para defenderse, Cuba se ha visto obligada a tomar medidas enérgicas que naturalmente no deseaba. No se le debe juzgar por esas medidas arrancándolas de su contexto.
Resulta elocuente que la única manifestación en el mundo que apoyó el reciente genocidio haya tenido lugar en Miami, bajo la consigna "Iraq ahora, Cuba después", a lo que se suman amenazas explícitas de miembros de la cúpula fascista gobernante en los Estados Unidos.
Son momentos de nuevas pruebas para la Revolución Cubana y para la humanidad toda, y no basta combatir las agresiones cuando son inminentes o están ya en marcha.
Hoy, 19 de abril de 2003, a 42 años de la derrota en Playa Girón de la invasión mercenaria, no nos estamos dirigiendo a los que han hecho del tema de Cuba un negocio o una obsesión, sino a amigos que de buena fe puedan estar confundidos y que tantas veces nos han brindado su solidaridad.
Alicia Alonso Miguel Barnet Leo Brouwer Octavio Cortázar Abelardo Estorino Roberto Fabelo Pablo Armando Fernández Roberto Fernández Retamar Julio García Espinosa Fina García Marruz Harold Gramatges Alfredo Guevara Eusebio Leal José Loyola Carlos Martí Nancy Morejón Senel Paz Amaury Pérez Graziella Pogolotti César Portillo de la Luz Omara Portuondo Raquel Revuelta Silvio Rodríguez Humberto Solás Marta Valdés Chucho Valdés Cintio Vitier
En La Habana, el 19 de abril , GERARDO ARREOLA CORRESPONSAL de La Jornada, en un artículo suyo dió esa misma lista inicial:
Firman Alicia Alonso, Miguel Barnet, Leo Brouwer, Octavio Cortázar, Abelardo Estorino, Roberto Fabelo, Pablo Armando Fernández, Roberto Fernández Retamar, Julio García Espinosa, Fina García Marruz, Harold Gramatges, Alfredo Guevara, Eusebio Leal, José Loyola, Carlos Martí, Nancy Morejón, Senel Paz, Amaury Pérez, Graziella Pogolotti, César Portillo de la Luz, Omara Portuondo, Raquel Revuelta, Silvio Rodríguez, Humberto Solás, Marta Valdés, Chucho Valdés y Cintio Vitier.
POSTERIORMENTE SE SUMARON MÁS FIRMAS DE CUBANOS ALGUNOS DE LOS QUE SE SUMARON FUERON
Una guerra sería otro holocaustoHéctor Quintero, dramaturgo Hay que defender a Cuba por el valor de sus resultados, por el excepcional ejemplo que su proyecto social ha significado en el panorama latinoamericano a lo largo de medio siglo.
Una guerra sería otro holocausto, una renuncia a la esperanza, una gigantesca cámara de gas donde desapareceríamos todos los protagonistas de un suceso histórico predestinado a no acallarse, ni morir, ni desaparecer nunca por su ostensible trascendencia en favor de la vida.
En Cuba no hay niños mendigosJuan Padrón, cineasta y creador del personaje Elpidio Valdés De visita en un país latinoamericano, hablando sobre cine de animación en Cuba, explicaba que cuando los Pioneros celebraban sus Congresos en la Isla, nos exigían hacer más películas animadas. Del público saltó una señora preguntándome si los niños mendigos o abandonados en las ciudades de Cuba también tenían voz en los congresos. Le dije que nuestro país, aunque no era rico, era socialista; y que no conocíamos de niños mendigos y abandonados hacía mucho tiempo. La ovación del público al oír eso, es una de las miles de razones que tengo en la vida para defender la Revolución.
Sería un crimen detener un sueñoCarlos Alberto Cremata Malberti, director del grupo de Teatro Infantil La Colmenita Es crucial defender a Cuba y a su Revolución, en primerísimo lugar, por lo que significamos como ejemplo de dignidad y de verdad para el mundo entero.
Lo que sucedió en la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, hace unos días, demostró una vez más que prácticamente es solo Cuba la que puede decir y denunciar lo que la mayoría de los países, casi siempre por razones económicas, no pueden.
Como ciudadano de mi país considero que sería un crimen extraordinario intentar detener un sueño que todos los días se convierte en realidad.
Lo que sucede aquí es tan hermoso a nivel social, tan hermoso en cuanto a todo lo que puede hacerse por el ser humano, que sería horrible aplastarlo o detenerlo con la guerra y sus secuelas de muerte o la desaparición de seres queridos. Siempre será imperdonable pretender acabar con los sueños.
Cuba es nuestra obra ante el resto del mundoProfesor Gustavo Kourí, científico Nosotros los cubanos defendemos a nuestra Patria y a nuestra Revolución porque es nuestra obra ante el resto del mundo y, muy particularmente, nuestros hermanos de América Latina deben hacerlo porque es la única alternativa real que tienen de que algún día pueda existir un mundo mejor como se planteó en Porto Alegre. La Revolución cubana ha demostrado su solidaridad con las poblaciones pobres de América Latina en condiciones bien difíciles de epidemias y otros desastres naturales. A Cuba la quieren destruir los nuevos nazis porque es un mal ejemplo para otros países de la región y el mundo.
Una guerra contra Cuba significaría una expresión más del fascismo del más poderoso imperio que espero que sea impedida por el pueblo norteamericano.
Además, significaría la guerra de todo el pueblo contra los atacantes y cumpliríamos lo que dijo nuestro general Antonio Maceo: el que intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la batalla.
Auténtica soberanía y plena dignidadMiguel Barnet, escritor, vicepresidente de la UNEAC y presidente de la Fundación Fernando Ortiz Defender a Cuba es defender una nueva concepción de la nación con una auténtica soberanía y plena dignidad. La obra de la Revolución es incuestionable y sus objetivos han respondido a las necesidades básicas y esenciales del pueblo cubano.
Una agresión a Cuba representaría la destrucción de todos los logros alcanzados y un acto de genocidio mayor. Sería, además, el aniquilamiento de la identidad nacional y los sueños y esperanzas de un pueblo abnegado, honesto y solidario.
Una guerra contra la verdadIsrael Rojas Fiel, cantautor y director del grupo Buena Fe A pesar de que han pretendido atarnos las manos en lo económico, hemos sido capaces de edificar, con mucho humanismo, una obra que me parece es envidiable por cualquier otro pueblo, y donde el principal logro somos nosotros mismos, soy yo, eres tú.
Esta Revolución no es del todo nuestra: se la hemos pedido prestada a nuestros hijos, como nuestros padres nos la pidieron prestada a nosotros. Esta Revolución se la pedí prestada a mi hijo para que, cuando la tenga consigo, sea un hombre libre, pleno. Quiero decirle a mi hijo: este es mi país, te lo regalo, es un país mejor, una Cuba mejor que a su vez tú sabrás mejorar.
Hemos sido capaces de construir una sociedad muy humana, muy justa, muy coherente, muy solidaria con el prójimo, y pienso que esa es nuestra riqueza mayor, la que no puede computarse en una bolsa de valores, la que no se cotizará jamás.
La mejor manera de solidarizarse con la Revolución es tratar de comprenderla con buena fe, con buena intención, mirándola amorosamente, no con ingenuidades, pero sí con amor, con la intención de ver siempre el lado más positivo y de comprender las cosas desde sus esencias más puras.
En estos momentos una guerra contra Cuba sería una guerra contra la verdad. Sería catastrófico para el mundo que rompería su equilibrio. Sería el ataque contra una visión diferente que el mundo tanto necesita.
Amor con amor se pagaPablo Odén Marichal, rector de la parroquia episcopal de Fieles a Jesús, Matanzas, Cuba.
Para preservar lo lindo que hemos conseguidoEslinda Núñez, actriz Es momento de unirnos. El mundo se halla ante una grave crisis, en una situación incontrolable, no se sabe qué pueda pasar. Por eso tenemos que defendernos con todos los recursos que tengamos a nuestro alcance.
Tanto Cuba como el mundo deben saber acerca de la posibilidad real de que se desate una guerra contra nuestro país. Es una posibilidad que puede estar a la vuelta de la esquina. Ciertamente hemos estado amenazados durante tantos años que estamos curados de espanto. Pero sería algo tan descabellado y absurdo que el mundo no podría admitir. La opinión pública debe saber que esta amenaza real es consecuencia de la política de Estados Unidos que quiere convertirse en gendarme mundial. Pienso que el mundo nos apoye para preservar todo lo lindo que hemos conseguido.
No tendremos otra opción que defendernosJesús Orta Ruiz (Indio Naborí), poeta Defendemos nuestra nacionalidad y nuestra culturaLuis Herrera Martínez, científico Cuba, un país pequeño y asediado, sostiene una política opuesta a la fascista de la potencia mundial que constituye los Estados Unidos. Defendemos nuestra nacionalidad y nuestra cultura.
Sería la expresión máxima del salvajismo de la superpotencia hegemónica que trata de imponer toda forma de dominio, sería la expresión de hasta dónde la humanidad no tiene control de ese enemigo tan poderoso. Para luchar nos hemos venido preparando, cada cubano se convertiría en un bastión para defender sus intereses.
La Ciencia es una obra de la RevoluciónJosé Rubiera, científico Hace muchos años que defendemos nuestra Revolución y seguiremos haciéndolo. Un hecho tan grave como una guerra contra Cuba lo único que añade es la acción bélica, porque hace muchos años que somos agredidos. La seguiremos defendiendo porque en Cuba antes de la Revolución no había ciencia. La ciencia es una de sus obras, reconocidas por el mundo. Comenzó a surgir en los años 60 cuando el líder de la Revolución, el Comandante en Jefe Fidel Castro, con una gran visión de futuro expresó que el futuro será de hombres de ciencias. Y esa gran obra empezó a levantarse, aun con dificultades económica y el bloqueo de Estados Unidos, hasta hoy en que contamos con científicos de talla mundial en varios campos. Sin la Revolución no habría ciencia en Cuba y su desarrollo ha sido esencial por los aportes que realiza a la Sociedad. Y por eso hay que defenderla con todo.
El más hermoso proyecto de la historia americanaEduardo Heras, escritor A Cuba y a su Revolución, que es su más alta expresión cultural y humana, hay que defenderla porque en ello nos va nuestra propia existencia como nación, porque en un momento como este, posiblemente uno de los más peligrosos para la Humanidad progresista, en el que las fuerzas neofascistas se han desatado en una escalada brutal y suprema sin precedente histórico, ponen en riesgo el más hermoso, justo y digno proyecto de la historia americana.
Hemos sobrevivido a más de 40 años de agresiones de todo tipo por la unidad, el heroísmo y la abnegación del pueblo cubano, y nuevamente en esta hora de peligro vamos a poner de manifiesto lo que somos capaces de hacer: Cuba y la obra ejemplar de la Revolución nos necesitan y aquí estaremos.
Los hombres, las piedras y las palmasDelio Carreras Cuevas, profesor de la Universidad de La Habana Defiendo a mi país, ante todo, por pertenencia. Mi espíritu altamente universitario y el hecho prestigioso de haber nacido en Cuba me hacen recordar una estrofa del himno universitario: “Tenemos tierra, tenemos Patria”.
El no defender a Cuba nos convertiría, a cualquiera de nosotros, en hijos desnaturalizados del país y de la Patria; en seres abominables y, además, reprochables; del pasado, del presente y de un futuro que, necesariamente —como advirtió Julio Antonio Mella—, tiene que ser mejor.
No defender a Cuba hoy es situarse del lado de las peores causas, de los más retrógrados. Es pensar que la estrella luminosa de nuestra bandera puede un día integrar el conjunto de estrellas del estandarte norteamericano. Es situarse del lado de la discriminación, el racismo, el elitismo y las lacras de un pasado que todos recordamos. Para mí, como profesor universitario, es terminar con el pensamiento de Varela, que justamente alegó en las Cartas a Elpidio que lo más noble y hermoso es educar a la juventud. Y la de Cuba es florida, saludable y vigorosa, no contaminada por los vicios del consumismo y la evasión.
Agredirnos, por otro lado, sería una puñalada artera y vil, escamoteadora de principios y preludio de una agresión continuada a otras naciones. Observar ese peligro con indiferencia es como dormir encima de un volcán y preguntar: “¿Cuándo me tocará a mí?”
Independientemente de que esté condenada al fracaso total, una agresión a la Isla haría pagar un alto precio al enemigo, porque desde los niños a los ancianos, las piedras y las palmas, se levantarían para gritar esa exclamación que desde hace más de cuatro décadas retumba en la garganta de los cubanos: “¡Patria o Muerte!”
Agredir a Cuba significaría la vuelta a la barbarie, la incivilización, la noche oscura de la prehistoria. Y conduciría, fatalmente, a una reacción en cadena por la que otros pueblos ocuparían las trincheras exhaustas y vacías. Para que nunca más volviese el horror del totalitarismo fascista, el holocausto y la muerte apocalíptica
“Nunca tiraremos la toalla”Alcides Sagarra, Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba Defender a Cuba entraña la defensa de la Revolución Cubana y de su obra en un mundo lleno de amenazas con el terrorismo de Estado implantado por los Estados Unidos y sus acólitos en primer lugar junto a otros factores que se ciernen sobre la humanidad como secuelas de un mundo unipolar… La defensa de nuestra Revolución significa enarbolar una esperanza pero implica una unidad de todos los pueblos en torno a ella. Alentados por el ejemplo de nuestros Cinco Héroes prisioneros del Imperio continuaremos al frente de múltiples batallas contra la injusticia y la voracidad imperialista, con palabras y sobre todo con hechos, con soluciones que pese al bloqueo, y siendo un país pobre y subdesarrollado, nos han llevado a encabezar frentes mundiales en la esfera de la salud, la educación, el deporte, la cultura, la ciencia. Y los pueblos del Tercer Mundo saben lo que significa defendernos, porque Cuba es una meta.
Una guerra contra Cuba podrá convertirse en un holocausto… No queremos la guerra, sino la paz,
Les recomiendo que vean este documental sobre el Grupo Orígenes. Ahí verán someramente quién fue quién, y no verán, porque no se dice claramente, las verdaderas razones de la separación del grupo y final de la revista Orígenes. Resalta, lo cómicamente “lúdrico” de Prats Sariol, entre otras lindezas, la hijaputancia de Mariano, al que conocí personalmente, como al resto de los personas entrevistadas, que algunas fueron mis amigas y amigos, y hasta mentores, en el caso de Cintio y Fina. Por otro lado, al parecer, eso de hablar en actos públicos jugueteando con una pelota en la mano no lo inventó el caradura de Padura, viene del Pontificio Ponte, que llama, óiganlo bien, “compañeros de Orígenes” a los artistas y escritores que fundaron la revista y el grupo.
Pío E. Serrano, al recordar los tiempos de Ediciones El Puente (1960-1965), declara que los poetas de “la Primera Promoción de la revolución [mayoritariamente nacida en los años 30], habían comenzado el asedio a Orígenes” y que los más jóvenes errónemamente veían la generación de Orígenes fatigada, “olvidando los plurales discursos poéticos que los origenistas habían engendrado” (96).
Como evidencia de la equivocación de estos cincuenteros y jóvenes en los sesenta, en El siglo entero, Virgilio López Lemus reconoce que los logros poéticos más importantes del setenta en Cuba son los libros de Lezama, García Marruz y Eliseo Diego, “sin dudas las ganancias esenciales de la poesía cubana de ese año [1970], en medio de la fuerte tensión nacional de la zafra récord” (234), y a pesar de la estética coloquialista generalizada (por no decir en gran parte impuesta y politizada hasta extremos insospechados).
Por si fuera poco, es de conocimiento extendido el ninguneo que padecieron los origenistas también antes del triunfo de 1959, alejados y ajenos a los centros de poder cultural republicanos. Posturas semejantes pueden encontrarse en1946_verano autores de los ochenta, del grupo Diáspora(s) que, según Walfrido Dorta, “definirá su postura a partir de su posicionamiento ante la ideología origenista”, aunque aclara que “no tachan como un todo a Orígenes” (9). Y así hasta hoy, porque la necesidad de cuestionarlos para autodefinirse no ha acabado.
Sin embargo, el coloquialismo militante y oficialista de los sesenta y setenta (aunque no todo el coloquialismo fue de este tipo ni estuvo ajeno al tropologismo y al intimismo), ha pasado en general y no queda en el recuerdo precisamente como una ganancia. Y mientras un proyecto tan reciente como Diáspora(s) necesita ser rescatado, además de que su conocimiento en los predios culturales hispanoamericanos sigue siendo limitado, Orígenes (a pesar de sus más de 70 años de rodar) no necesita rescate, le basta con sus obras y el trabajo continuo de sus detractores. Aunque claro, dentro y fuera del grupo también ha tenido sus grandes exégetas así como sus mejores cuestionadores.
No es que esa generación de escritores y artistas sea incuestionable, al contrario, no lo es y en muchos aspectos. El problema (más bien el síntoma) está en la necesidad de nombrar a Orígenes después de más de siete décadas de su fundación para poder tener algún tipo de atención, para contar con un antagonista de peso. Pero esa estrategia nos la enseñó el propio grupo por medio de autores como Virgilio Piñera y Lorenzo García Vega.
Orígenes no sólo pretendió y difundió su cosmos teleológico, también mostró su caos fundador, su propia negación. En los Orígenes también fue el caos.
Orígenes, entonces, parece ser la eterna generación de la poesía cubana, si no la única del siglo XX y lo que va del XXI. Con frecuencia hasta hoy los que quieren imponerse lo hacen oponiéndose a los origenistas, comparándose con el grupo, y eso, más que denigrarlos, les da vida.
Porque hasta los muertos de Orígenes -principalmente los muertos de Orígenes- están más vivos que todos sus detractores.
Y ese es su triunfo.
Obras citadas:
Dorta Sánchez, Walfrido. “Discursos postnacionales, políticas de (des)autorización y terror-ismo literario: la poesía no lírica de los escritores del grupo Diáspora(s)”. academia.edu. Web (8 feb. 2015).
López Lemus, Virgilio. El siglo entero. El discurso poético de la nación cubana en el siglo XX (1898-2000). Santiago de Cuba: Editorial Oriente, 2008.
Serrano, Pío E. “Presencia de José Mario”. Renacimiento, No. 51/54 (2006), pp. 94-99.
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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano:
Fotos donde aparecen algunos pintores que ilustraron la Revista Orígenes; en una de esas fotos las siglas JGS se refiere a José Gómez Sicre quien desempeñó una gran labor en la valoración del arte latinoamericano como se puede leer en https://journals.openedition.org/ :
Starting at the end of World War II and with the onset of the Cold War, the Organization of American States’ Visual Art Unit, under director José Gómez Sicre, advocated a specific model of Latin American art. Gómez Sicre’s relationship with Alfred Barr, the director of the New York Museum of Modern Art and, through it, his influence on the museum’s policies regarding Latin America art—that is, the decision to support a specific formula and what that formula should be—was pivotal. The model he championed centered on three aspects: internationalism, Western thought and anticommunism. That model entailed a harsh questioning of what were seen as local formulations at a distance from that central vision.
Más sobre José Gómez Sicre (parte de su huella artística en Cuba está en La Plaza Cívica, mal llamada Plaza de la Revolución) está en: https://www.radiotelevisionmarti.com/
La acaudalada María Luisa Gómez-Mena fue la gran mecenas de ese grupo de pintores modernistas de Cuba; aunque su labor como benefactora de las artes no se limitó a la pintura ni tampoco a Cuba; un ejemplo de esto último es el film Subida al cielo, dirigida por el famoso director cinematográfico español Luis Buñuel donde actúa la bella actriz mexicana Lilia Prado; film galardonado, si mal no recuerdo haber leido, en un Festival de Cannes de esa época.
En la siguiente foto se identifica como Roberto Diago a una persona que en mi opinión es demasiado alta de estatura para ser Diago; se me parece más a Nicasio Aguirre un pintor y destacado grabadista cubano de tez negra que fue profesor de Artes Plásticas.
Virgilio Piñera en su refugio de Ciudad Celeste, que así llamaba a la casa de Juanita Gómez y de su hijo Yonny Ibañez (Juan Gualberto Ibáñez Gómez, el cual se encuentra agachado en la extrema derecha) quien era nieto del patriota independentista y político Juan Gualberto Gómez. Esa casa (¨Villa Manuelita¨) se encuentra en la Calzada de Managua en la frontera entre el Reparto La Lira y Mantilla; en esa casa falleció Juan Gualberto Gómez, patriota al que José Martí le envió la fecha aproximada del alzamiento para la Guerra de Independencia comenzada el 24 de febrero de 1895.
La más intensa amistad intelectual entre dos escritores cubanos ha sido la protagonizada por Virgilio Piñera y José Lezama Lima. Hoy, 4 de agosto, pero de 1912, nacía el primero.
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Por José Prats Sariol
Miami
04 Agosto 2020
La más intensa amistad intelectual entre dos escritores cubanos ha sido la protagonizada por Virgilio Piñera y José Lezama Lima. Hoy, 4 de agosto, pero de 1912, nacía Virgilio Piñera. El 9 de agosto de 1976 moría su amigo y "coprotagonista" José Lezama Lima. Virgilio moriría el 18 de octubre de 1979. Lezama había nacido el 19 de diciembre de 1910. Apenas se llevaban dos años. El siguiente ensayo quiso y quiere significar cómo la voluptuosidad del debate entre ellos no ha dejado de multiplicar sus resonancias, inaugurar paradojas que en este 2020 de incertidumbres y pandemias abren filosas ironías contra académicos y críticos encharcados en esquemas, incapaces de trenzar las dos poéticas, venturosamente inseparables. De nuevo entra Virgilio a Trocadero 162, saluda sin querer, de mano caída. Siento el privilegio de que los oiré discutir…
Ahora mismo los dos se burlan, junto a Oppiano Licario, de las cotorritas intelectuales que aún aplauden a los hermanos Castro, que como se sabe quedarán en los diccionarios del siglo XXII como "dictadorcitos caribeños, de la época de Virgilio Piñera y José Lezama Lima". Ahora mismo oyen la última travesura estelar de Reinaldo Arenas. Lezama se tapa la boca para reír. Virgilio se quita los espantosos espejuelos de aros negros. Ríen. Ironizan. Desprecian…
Establecer este paralelo puede contribuir a que nuestros esfuerzos por darle sentido a los rumbos de la literatura en el mundo de hoy, que forma parte de nuestro individual afán de sentido, vea en las paradojas entre poéticas no un enfrentamiento irreconciliable, sino un dialéctico juego enriquecedor. Válido también, por cierto, para los sentidos políticos de Cuba o de cualquier país donde los derechos humanos sean vistos como ovnis.
Apenas dos años le llevaba Lezama (1910) a su iconoclasta amigo Virgilio Piñera (1912). Apenas mediaron tres entre la muerte del entonces oficialmente proscrito Lezama (1976) y la del entonces también oficialmente proscrito Virgilio (1979). Al celebrar el centenario del dramaturgo, una comparación entre sus poéticas, desde los textos y con referencias a la turbulenta relación amor-odio entre ellos, puede contribuir a una historia de la literatura cubana que no sea "algodonosa", como llamara Virgilio a la escrita por Cintio Vitier sobre Emilio Ballagas. Ilustra, además, cuán tensa, compleja y por qué no divertida, puede ser la amistad entre dos vigorosos talentos artísticos.
(José Lezama Lima joven)
Las primeras evidencias del paralelo se remontan a los años cuarenta del pasado siglo. Pero antes hay que esclarecer un fuerte equívoco, cometido por algunos críticos de "teclado ligero", como solía decir Lezama. El agón literario de entonces, en las revistas que preceden a Orígenes (1944), no era entre los que después sí se enfrentarían, es decir, entre los escritores entonces muy jóvenes para suscitar debates filosóficos de corte metafísico, polémicas sobre la agridulce "cubanidad" —ese limbo tan manoseado— y mucho menos esperanzas en una "revolución" salvadora del país, con “mesías” refulgente.
Es absurdo suponer que Cintio Vitier (1921), Eliseo Diego (1920) y Fina García Marruz (1923, "la paloma de hierro", hoy la única sobreviviente) y tal vez Gastón Baquero (1914, autor del inmortal epíteto a su amiga Fina), ya representaban la poética-política que un poco a la ligera se identifica como "teleología insular", con Lezama —punto debatible— de espolón de proa.
Cuando se funda la revista Espuela de Plata (1939-41) —Verbum (1937) fue un primer intento, poco definido— Cintio tenía dieciocho años, Eliseo diecinueve, Fina era una adolescente de dieciséis. Y Lezama era un apuesto joven de veintinueve, Gastón de veinticinco, Virgilio de veintisiete. Los otros dos fundadores de Espuela de Plata, el pintor Mariano Rodríguez y el crítico de arte Guy Pérez Cisneros, también gozaban de una habanera juventud por la calle del Obispo, mientras se burlaban de los políticos de turno…
El agón entonces, como es lógico, era con los poetas mayores en edad, pero casi coetáneos, sobre todo con aquellos distantes en su modo de ver la realidad cubana, la cultura humanística, las "vanguardias literarias"… Era con la revista de Avance (1927-30), como muchos años después puede leerse en la polémica que sostuvieron Jorge Mañach y Lezama en la revista Bohemia, entre septiembre y octubre de 1949.
(Virgilio Piñera Llera joven)
A la vez era la necesidad de establecerse, individualizarse respecto de aquellos poetas donde reconocían talento artístico, no simple popularidad radial o reconocimientos oficiales de "poeta nacional". Pensaban en Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Eugenio Florit, Mariano Brull… Aunque siempre los que después serían conocidos como origenistas mantuvieron una relación amistosa y hasta admirativa con las voces poéticas precedentes, sobre todo con Ballagas (1908) y Florit (1903). Y en este sentido obsérvese que Lezama sólo era dos años más joven que el poeta de Elegía sin nombre y de Nocturno y elegía, poemas ya publicados en ese entonces; siete más joven que el autor de Doble acento. Añádanse dos años más a Virgilio, para verificar que la diferencia era mínima.
Como ciertos aligerados prefieren sobreponer sus opiniones a las evidencias, relativizar interesada o ignorantemente los hechos, recordemos que estos dos poetas de la promoción inmediata anterior publicaron en Orígenes. Sin embargo, nos falta un estudio de las relaciones entre Emilio Ballagas y Virgilio Piñera, entre sus poemas y poéticas. Además, el primero sólo era cuatro años mayor, nada de pertenecer a otra generación biológica… Lo indubitable son las pruebas, por encima de chismes sexuales, chistes con erratas, chispas de sacristías y crisis espirituales. Lo indubitable son los ensayos que Virgilio le dedica, desde el que corresponde a aquellos años iniciales hasta el publicado en Ciclón: "Ballagas en persona" (No.5, septiembre, 1955, p. 41-50)
Volviendo al hilo: a principios de los años 40, en plena Segunda Guerra Mundial y "democracia" en Cuba bajo una muy progresista Constitución, aún no se definían y mucho menos se oponían entre los futuros "origenistas" la tendencia de estirpe clásica, fundacional y católica, de un lado (Lezama, Cintio, Fina, Eliseo…), y la de corte existencialista, iconoclasta y escéptica, del otro lado (Virgilio, Pepe Rodríguez Feo…). Por supuesto que con muchísimos matices individuales, sin esquemas facilistas. Y recuérdese que de agón proviene agonía, que la lucha literaria por lograr una voz casi nunca ha sido fraternal, como ha estudiado Harold Bloom en los poetas románticos de habla inglesa (Cf. Poetry and Represion. Revisionismfrom Blake to Stevens, Yale University, 1976), sin que la crítica literaria de habla hispana haya tomado suficiente nota atenta de sus enseñanzas, atragantada con el multiculturalismo y el seboruco nacionalista.
Vale revisar las colaboraciones de Virgilio en las revistas que precedieron a Orígenes, explicar lo que ocurrió en torno y dentro de Poeta, citar una carta posterior de Lezama a Virgilio en Buenos Aires, además de confesar que salvo especulaciones y cuentos, no sabemos si sólo se interpusieron entre ellos cuestiones estéticas y literarias. Por suerte –me refiero a maledicencias— aún no eran Los años de Orígenes.
En Espuela de Plata Virgilio participa como colaborador, comienza a darse a conocer en los nuevos medios culturales que irrumpen en La Habana. Supongo –y así lo corroboraron tantos intelectuales de la época— que su carácter desenfadado y provocador comenzaba también a despertar rechazos, junto a posibles homofobias discriminatorias, realzadas por su condición de pobre, equidistante en este aspecto de José Rodríguez Feo, cuya madre era dueña de un central azucarero, riqueza que como se sabe permitió el financiamiento de Orígenes, la ejemplar independencia de la revista respecto del Estado y de intereses comerciales.
En los seis números que salieron de Espuela de Plata aparecen varios poemas y un importante ensayo de Virgilio, clave para la distinción de su poética: "Dos poetas, dos poemas, dos modos de poesía". Para cuando cesa la revista en 1941 y surgen las tres que preceden a Orígenes, Lezama es una voz única, no solo en el ámbito de la poesía cubana, sino en la del idioma. Muerte de Narciso y los poemas sucesivos de entonces, marcan una individualidad inconfundible. Algo que Virgilio percibe de inmediato, admira y teme. Algo de lo que él aún carecía. Y que le parece una etapa, no un timbre definitivo, desde su poética neovanguardista del rompimiento, de la transgresión de cualquier norma o conducta lexicalizada.
1942 es el año de la ruptura entre Lezama y Virgilio, que culmina en la simpática, desproporcionada y emblemática pelea en los jardines del Liceo, en El Vedado. Pero al revisar las tres revistas de ese año, se observa una curiosa mezcla. En Clavileño (1942-3, siete números, aunque dos son dobles) no aparece Lezama, pero sí el sacerdote Ángel Gaztelu ("Parábola de la palabra y los cuatro elementos", No. 1, ago., 1942, p.3), con quien Lezama fundaría Nadie Parecía, ese mismo año clave: 1942, de la cual sí estaba excluido Virgilio, sobre todo por sus ideas escépticas y agnósticas, lejanas del catolicismo que la revista tomaba de san Juan de la Cruz y sus versos místicos, los más intensos del idioma.
1942 marca la discordia. Y lo decisivo: marca entonces a Virgilio como uno de los grandes escritores cubanos de todos los tiempos. Es en 1942 cuando escribe Electra Garrigó, que se estrenaría seis años después, pero que señala el inicio del teatro moderno en Cuba, y que la crítica especializada en las artes dramáticas considera un hito dentro del teatro de habla hispana del pasado siglo.
No es casual que también es el año en que Virgilio prepara "La isla en peso" —publicado en 1943—, donde logra sin equívocos la lejanía expresiva de Lezama y del resto de los poetas cubanos. Aunque he argumentado en otro estudio por qué considero ese poema el más representativo de la historia cultural cubana del pasado siglo, reitero aquí lo más significativo para el tema Lezama-Virgilio: el poeta de Cárdenas logra una sesgadura propia, de estirpe coloquialista, con el único antecedente entre nosotros en los poemas, entonces y hoy bastante ignorados, de José Zacarías Tallet. Aunque haya que considerar la influencia del García Lorca de Poeta en Nueva York, cuaderno póstumo salvado por José Bergamín y publicado en su exilio mexicano, en 1940, por la Editorial Séneca.
Y claro que donde puede leerse la "ruptura" como evidencia, sin necesidad de interpretaciones, es en los dos incendiarios editoriales de Poeta, la delgada revista que Virgilio paga, dirige y divulga. Las críticas a Lezama en Terribilia meditans, como estudié hace décadas, marcan la escisión, cuyo colofón estuvo en la pelea física entre ellos, al parecer detenida enseguida, supongo que entre risas de los testigos, por el pintor Mariano Rodríguez, que gritó: "Hay viene la policía".
¿Hubo algo más? Yo no me atrevo a añadir nada, porque caería en rumores rodados… Nunca ninguno de los dos me habló de otras causas. Virgilio no tenía por qué hacerlo, pues no estuve en su círculo íntimo de amistades, nunca tuve el privilegio de las tertulias en Villa Manuela, la casa al sur de La Habana del pintor Yoni Ibáñez, donde por cierto Virgilio ofreció una noche una conferencia sobre Paradiso, tras la muerte de su amigo, que lamentablemente no fue grabada.
Pero Lezama tampoco, ni siquiera cuando preparé en 1971 mi tesis de grado sobre Orígenes. Así que la causa esencial —no cierro la discusión— era de diferentes poéticas, de diferentes idearios filosóficos, de diferentes modos de entender la estética de las vanguardias, donde cada uno priorizó los rasgos que más se avenían a sus fuertes personalidades.
Lo curioso por la paradoja que entraña es que las críticas de Virgilio a Lezama, a los efectos de que repetía su estilística, también van a caracterizar los poemas suyos, de entonces a su muerte. Ni en los poemas de Lezama se pueden señalar etapas o períodos lejanos a su manierismo; ni en los de Virgilio es posible separar ninguno fuera de su inconfundible prosaísmo dialógico, irreverente y recreador de lugares comunes, tan cercano a los personajes de su teatro. Ni el arrogante Lezama ni el travieso antagonista, dejan sus contrapuestos estilos. Ninguno "evoluciona". Los dos pasan con sus impermeables sobre la historia, que sí, claro está, evoluciona y hasta se "revoluciona" o revuelve.
Veinticuatro años después, cuando en 1966 aparece Paradiso, es que se reanuda la amistad: Virgilio llama por teléfono a Lezama para felicitarlo por la genial novela, y su viejo amigo-enemigo lo invita a visitarlo en Trocadero 162. Sin embargo, en aquellos casi cinco lustros no dejaron de vigilarse, de estar atentos a lo que escriben, a las resonancias de sus obras. Ninguno podía prescindir del otro porque los dos se sabían talentosos, únicos.
El largo apartamiento estuvo marcado —como enuncié— entre otros sucesos por una poco conocida carta de Lezama a Virgilio, en ese entonces en Buenos Aires. Después por los editoriales de Ciclón y las críticas ácidas contra escritores admirados por Lezama, como José Ortega y Gasset; las diatribas a Lezama desde Lunes de Revolución, lanzadas por muy amigos de Virgilio; y alguno que otro roce mediante comentarios venenosos, que a los pocos días llegaban al otro... Según testimonios, cuando raramente coincidían en algún sitio, procuraban no verse, apartarse. Quizás algún sobreviviente pueda contradecir lo inmediato anterior. Ojalá. Yo no, por lo menos antes de 1966, en mi adolescencia.
De los enunciados anteriores quizás un párrafo de la carta sintetice la crispación. Le escribe Lezama a su temido contendiente, en agosto de 1946, para pedirle una colaboración "pigmentada" sobre las letras en Argentina, donde Virgilio vivía. Y le dice: "A su agitado temperamento basta que se le indique un tema, para que de inmediato lo deseche". Ahí está sintetizada la clave: Virgilio como primera reacción tiene siempre el rechazo, la reticencia, la rebeldía. Siempre fue así. Lejano de la actitud contemporizadora de Lezama. Por ser así, bajo la discriminación a su homosexualidad afeminada y a su pobreza económica, fue más libre que Lezama, sobre todo frente al Poder "revolucionario" que —dueño de todos los empleos y Cuba carente de una sociedad civil— los apabulló a ambos. Al punto de que los dos desearon abandonar el país, como podemos testimoniar varios de sus amigos: Lezama a París y luego a reencontrarse con su hermana Eloísa. Virgilio a Buenos Aires, "de donde nunca debí regresar" —como me dijo en la cola para un aguado café en Infanta y San Lázaro, cerca de su apartamento de 27 y N en El Vedado, pocos meses antes de morir.
En esa misma carta Lezama le confiesa a su amigo-enemigo, al que tiene tan presente: "Cada día se hace más difícil conseguir colaboraciones entre nosotros. La creación es lenta y discontinua, en la gente que entre nosotros hace algo. Un poemita o un ensayo con dimensiones de carta, hay que buscarlo como el oro con cobre de nuestros ríos. Mi pescuezo de vasco persevera, pero los huesos sudan rocío frío. La obstinación contra el muro puesto de moda por los existencialistas, es ya de todos y se quiere jugar un poco al muro y dejar que se resientan contra él." (En Cartas a Eloísa y otra correspondencia, Ed. Verbum, Madrid, 1998, pp. 309-310)
Los dos escritores perseverantes —de vocación y voluntad ejemplares— pronto experimentaran latigazos más fuertes que la desidia o las envidias de la fauna cultural de entonces, siempre intemporal y de cualquier ciudad. Obsérvese, además, el guiño al existencialismo que le regala Lezama a Virgilio, cuya filiación conocía muy bien y de la cual participaba, en cierta forma, pero desde la corriente católica: Jacques Maritain, entre otros… Opuesta a Camus, y sobre todo a Sartre, el gran centro filosófico del hermano de Virgilio, el relevante profesor de filosofía Humberto Piñera Llera.
Después de esa carta la oposición entre ellos prosiguió y se acentuó cuando la escisión que da nacimiento a la revista Ciclón, en 1955. Sus editoriales —como es fácil verificar en el estilo de ellos— están escritos por Virgilio, aunque firmados por su amigo Rodríguez Feo. El ataque al Orígenes de Lezama es de frente y duro. Aquí sí —y hasta el final de su vida— contra los idearios del grupo católico y "martiano", sobre todo contra Cintio Vitier.
Reitero que la oposición de poéticas y de actitudes existenciales se define en esa fecha, no en los años 40, como algunos han pretendido ubicar; aunque tenga en Poeta (1942) su antecedente. La beligerancia de Virgilio contra los poetas-católicos se hace diáfana a finales de los años 50, mientras prosigue su enfrentamiento a las edulcoraciones de la historia de Cuba, de José Martí y de sus intelectuales y políticos, de corruptos e hipócritas asentados en un supuesto ámbito familiar "armónico", como puede disfrutarse en Aire frío.
Porque la reconciliación fue Paradiso y solo con Lezama. Nada que ver con Cintio Vitier, Fina García Marruz y Eliseo Diego. Tampoco —pero en otro sentido— con Gastón Baquero, ya en el exilio madrileño… Lo triste y patético es que los dos fueron víctimas del Poder, aunque Lezama con mucha mayor ingenuidad política, casi cándida ante el autoritarismo represivo, con más miedo que Virgilio a las sanciones.
Para la idiosincrasia de Virgilio Piñera Paradiso representó una cima cubana, sólo comparable a las alcanzadas por él mismo. Representó, además, la verificación de que no se había equivocado en sus críticas de los años 40 a su amigo. Al leerla completa por primera vez, tras los capítulos que habían aparecido, pudo gozar de las transgresiones lezamianas al canon narrativo, pero a la vez de las fuertes transgresiones lezamianas a la moral de tapadillo, a homofóbicos e hipócritas. Y no sólo en el capítulo VIII, que provocó la recogida de la edición de las librerías, hasta que de nuevo el Partido estalinista autorizara que prosiguiese la venta de la limitada publicación. Aquella lectura en la edición príncipe, le borró los sinsabores acumulados durante décadas. Lo hizo llamarlo, felicitarlo, decirle que lo admiraba por Cemí y Fronesis, por Foción… Por el carácter de novela iniciática que no ocultaba nada, que lejos de velar exhibía.
En los próximos diez años la amistad se consolida y engrandece. Los une la mutua admiración. Los une también el ostracismo que sufren por parte de un gobierno que en 1959 y en los primeros años de "revolución" admiraron, pensaron como el inicio de una Cuba mejor. Ambos chotean los disparates egocéntricos de Fidel Castro, la mediocridad de su hermano, los funcionarios de la "cultura" anegados en los pantanos del "realismo socialista" y el aldeanismo. Los chistes llueven. Aún recuerdo una noche de 1974 donde los dos susurraron burlas sobre el "Comandante", a quien consideraban un muy peligroso delirante, rodeado de vividores y lacayos, en la más encumbrada tradición latinoamericana de caudillos.
Como apunté al inicio, Lezama murió casi tres años antes que el "endemoniado" escéptico y procaz que fuera, en 1966, el primero en darse cuenta de la grandeza de Paradiso, según atestigua su decisión de reiniciar la amistad, la admirativa llamada telefónica, el irónico poema "El telegrama" (marzo de 1969), manuscrito en el álbum de amigos de Lezama… En aquellos días posteriores al 9 de agosto de 1976, Virgilio le escribió un poema, que tituló "El hechizado". Dice:
Por un plazo que no pude señalar
me llevas la ventaja de tu muerte:
lo mismo que en la vida, fue tu suerte
llegar primero. Yo, en segundo lugar.
Estaba escrito. ¿Dónde? En esa mar
encrespada y terrible que es la vida.
A ti primero te cerró la herida:
mortal combate del ser y del estar.
Es tu inmortalidad haber matado
a ese que te hacía respirar
para que el otro respire eternamente.
Lo hiciste con el arma Paradiso.
- Golpe maestro, jaque mate al hado -.
Ahora respira en paz. Viva tu hechizo.
En la Isla sobre cuyo peso ahora mismo conversan sobre sus vidas encrespadas, Lezama y Virgilio no han interrumpido nunca su labor formadora. Lezama prosigue su Curso Délfico con los que "están en la obligación de escucharme". Virgilio con los pinos nuevos que siguen las estelas de Abilio Estévez... El hechizo que sus obras exhalan mantiene en jaque a la mediocridad y al Poder. Los dos discuten fraternalmente desde el respeto a la diferencia. Juntos escriben ese raro hechizo: orgullo que ironiza y convoca.
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Libro de Pedro Pablo Arencibia: Paradigmas Psicopedagogicos y caminos de la Investigacion Matematica en la Ensenanza de la Matematica Universitaria y Media
OPINIÓN SOBRE EL LIBRO:
Lo he ojeado, aqui y alla; es conmovedor. humano. Tardare en leerlo de tapa a tapa. Comprendo que es holistico, lo que me parece admirable, meritorio, politica, experiencia humana, Matematicas, Ciencias, y tambien ¨very scholar. Una combinacion unica. Gracias. B.M.
“Marco Rubio a Donald Trump: Te diré lo que es un buen acuerdo: que Cuba sea libre
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Licenciado en Matemática Pura en la Universidad de La Habana (UH) y Catedrático universitario con 24 años de experiencia en la docencia universitaria cubana; posee la Categoría Docente Principal de Profesor Titular universitario. Fue expulsado el 29 de enero de 1997 del Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río ( universidad de perfil formativo o pedagógico) por motivos políticos. Activo colaborador desde su fundación de la revista VITRAL y del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa (CFCR) de la Diócesis de Pinar del Río. Colaboró en Cuba con las organizaciones opositoras: Todos Unidos, Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba y con el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC).
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COLABORADORES:
Paul Echániz