viernes, enero 03, 2025

Roberto Álvarez Quiñones: Fidel Castro convirtió el terrorismo callejero del M-26-Julio en terrorismo de Estado.. La Robolución cubana: una revolución terrorista desde sus orígenes

 Nota del Bloguista de Baracutey Cubano


Los revolucionarios en su lucha contra Fulgencio Batista y su régimen usaron terrorismo indiscriminado; ahí están las bombas en los cines, en los establecimientos comerciales, en los cabarets, en los hoteles, en las gasolineras, etc.., así como los tiroteos en plena calle y los incendios a cañaverales y establecimientos comerciales si no comprabas bonos del 26 de Julio.

Respecto a la falsedad de los supuestos 20 000 mártires de la Revolución:

Hago notar que en  la Guerra de Independencia de 1895 hubo aproximadamente 11 000 muertos del Ejército Libertador y ya en 1901 sus nombres y apellidos, ordenados alfabéticamente con sus grados militares y otros datos, estaban publicados; esta labor fue dirigida por el Mayor General Carlos Roloff. El Castrismo EN ESTOS 65 AÑOS NUNCA ha publicado la lista de los mártires de la Revolución en la lucha contra Batista para que no se le descubran las mentiras. Para ver un estudio comparativo entre los regímens de Batista y Fidel Castro desde el punto represivo pueden leer mi artículo BREVE ESTUDIO COMPARATIVO DE LAS MUERTES, PRISIONES Y PRESOS DURANTE LAS DICTADURAS DE FULGENCIO BATISTA Y DE FIDEL Y RAÚL CASTRO publicado en el número 42. página 100 y siguientes, de la Revista Hispano Cubana, revista de la Fundación Hispano Cubana  localizada en Madrid.

Hay que tener claro que una muy pequeña minoría del pueblo cubano se enfrentó decididamente al régimen de Batista y una muy pequeña minoría defendió  decididamente  al régimen de Batista. La gran mayoría del pueblo cubano  se cruzó de brazos y al triunfar se fue con los vencedores, como lo han hecho muchos pueblos en la Historia,  ya que el derrotado no era peligroso.  La alegría  de gran parte del pueblo cubano al triunfar la Revolución  fue porque erróneamente creyeron (en parte por la falsa propaganda de Fidel Castro) que se acabarían los atentados terroristas revolucionarios  en tiendas, cines, cabarets, establecimientos comerciales,  tiroteos y las consecuentes  víctimas mortales,  así como los muertos producto de la represión policial  a ese terrorismo revolucionario que por  la independencia que siempre tuvo el Poder Judicial durante el régimen de Fulgencio Batista ya que  muchos autores de ese terror revolucionario  era presentados a los tribunales civiles mediante el recurso de habeas corpus,  y posteriormente  salián mediante fianza a la calle y de ahí a la clandestinidad urbana, al aeropuerto o a las guerrillas en el campo cubano. 


En enero de 1958 Fulgencio Batista (que había sido elegido Presidente en las elecciones del 1 de noviembre de 1954)  había restaurado, después de un breve tiempo, las Garantías Constitucionales en el país, pese a la actividad subversiva existente. Según se lee en el libro oficialista “En el último año de aquella República” del autor Ramiro J. Abreu (un exoficial del MININT y funcionario entonces del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en esos años ochenta en que fue publicado dicho libro en Cuba), Batista hizo ciertos cambios en su gabinete, compulsado por ciertas fuerzas políticas nacionales y extranjeras y hasta por el propio Nuncio, Monseñor Centoz, que conllevara a una nueva imagen del régimen y a una solución no violenta a la situación política del país. En ese libro se lee que Batista en marzo de 1958 le propuso al Movimiento 26 de Julio que participara como un partido político en las próximas elecciones del 1 de junio de 1958 junto a los otros partidos. Fidel Castro se negó alegando que esa proposición era una trampa de Batista. Los que hemos padecido la tiranía castrista estos 66 años, sabemos que la verdadera razón de la negativa de Fidel era que no quería Poder, sino todo el Poder y de manera vitalicia.

Para evitar que esas elecciones se efectuaran, el Movimiento 26 de Julio incrementó sus sabotajes y asesinatos; el régimen respondió con sus sangrientas represalias; esto trajo como consecuencia la suspensión en marzo de 1958 de las Garantías Constitucionales y el aplazamiento de las elecciones. Las indicaciones para ese incremento de las acciones por parte del M-26-7 están dadas por Fidel Castro en su Manifiesto del Movimiento 26 de Julio Al Pueblo, del 12 de marzo de 1958, el cual también está firmado por Faustino Pérez.

Fidel Castro en dicho manifiesto, claramente TERRORISTA (que la dictadura Castrista menciona pero no  muestra) plantea, según el historiador  Manuel Márquez Sterling (hijo del fuerte adversario político de Batista: Carlos Máquez Sterling) en uno de sus libros conformado con los posts de su blog homónimo Cuba 1952-1958: que todas las fuerzas obreras y estudiantiles de la isla fueran a una huelga general, que sería apoyada militarmente por el Ejército Rebelde. Este manifiesto prohibía los viajes de cualquier tipo en la provincia de Oriente desde el 1 de abril, y anunció que los rebeldes abrirían fuego sin advertencia previa a cualquier vehículo que violara esa disposición. Asimismo, decretó que todos los pagos al gobierno debían de cesar, y que quien hiciera los pagos al gobierno, incluido los impuestos o tasas, sería considerado un traidor antipatriota y culpable de un acto contrarrevolucionario. A los que que trabajaran en el gobierno en los puestos administrativos o en los tribunales se les ordenó renunciar. A los militares se les advirtió que serían juzgados como criminales, a menos que desertaran o se unieran al Ejército Rebelde. El manifiesto terminaba pidiendo que la gente diera su apoyo a la campaña de exterminar a todos aquellos que sirvieran a la tiranía con las armas, declarando que a partir del 5 de abril comenzaría una guerra total y que tendrían la necesidad de aniquilarlos donde quiera que estuvieran, como los peores enemigos de la libertad y la felicidad.


 (Propaganda,  explosivos ( en forma de ¨niples¨ dentro de una caja ) , etc.  ocupados por la Policía Nacional)

Enrique Hart Dávalos murió al tratar de volar el acueducto de Matanzas, la dinamita le estalló ocasionándole la muerte. Agustín ¨Chiqui¨ Gómez-Lubián Urioste y Julio Pino Machado murieron el 26 de mayo 1957 en la ciudad de Santa Clara cuando les explotó una bomba que hirió también a su cómplice cuando tenían la misión de de situar una bomba en el céntrico edificio del Gobierno Provincial, hoy Biblioteca Martí. Yo recuerdo que en mi barrio de La Habana un petardo le explotó al niño Manolito de La Nuez por recoger un objeto que había sido abandonado cerca de su casa; la Primera Dama Marta Fernández Miranda de Batista le regaló una prótesis con ganchos para suplir su mano perdida. En la ciudad de Pinar del Río, una persona mayor me contó como a un primo suyo lo mató una bomba que colocaron en el despacho de gasolina que quedaba al lado de la céntrica ¨Bodega de Ceferino¨; el primo, quien vivía en el conocido Camino de la Ceniza y era padre de varios hijos pequeños, estaba en su trabajo de sereno en dicho lugar. Otras personas de Pinar del Río me contaron como un tal ¨Rojas¨ colocó el petardo que explotó dentro de un pavo para hornear en una dulcería que ese día horneaba, por encargo, cerdos y pavos para la cena de Nochebuena; esa explosión causó daños al local, a los trabajadores y al público allí presente. Otra persona, quien fuera dirigente del M-26-7 a nivel provincial en Pinar del Río, me contó de los petardos puestos en los alrededores del circo Ringling que fueron detectados y neutralizados a tiempo. No fueron pocos los miembros amputados por las explosiones de petardos en las vidrieras de las tiendas; varias personas murieron por las heridas. Observen que la inmensa mayoría de los explosivos eran colocados en lugares públicos y no en Cuarteles del Ejército o en Estaciones de Policías; que yo recuerde o haya leído, los militantes del Movimiento 26 de Julio nunca atentaron contra Jacinto Menocal en Pinar del Río o contra Esteban Ventura Novo, Conrado Carratalá, Irenaldo García Báez en La Habana o contra otros jefes militares responsables de muertes extrajudiciales de revolucionarios, salvo el atentado y muerte de Fermín Cowley Gallegos en Holguín.

 Los revolucionarios del Movimiento 26 de Julio, la noche del 8 de noviembre de 1957 llevaron a cabo una feroz y terrorista ofensiva en La Habana. Esa noche es conocida como "la noche de las 100 bombas"; esas bombas fueron colocadas en los más concurridos centros nocturnos habaneros de la época y en las paradas de ómnibus con mayor afluencia de público. En diciembre de 1958 con la consigna de las 0-3-C ( cero compra, cero cine, cero cabaret ), el M-26-7 sembró una ola terrorista en las fiestas navideñas de ese año advirtiendo de que cualquier persona que fuera a festejar podía ser blanco de las acciones de sabotaje. Esa consigna terrorista apareció  en la revista Bohemia de  finales de 1958 como una adivinanza.

E
En funciones propias de su cargo, como Jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en Guantánamo, bajo la dirección de Frank País, el hoy General de Brigada* Demetrio Montseny Villa, realizó los siguientes actos terroristas, descritos por él, personalmente:


(Demetrio Montseny Villa ¨Villa¨ y Fidel Castro)

“En Guantánamo: “quemamos dos guaguas, se inutilizaron algunos otros transportes, saboteamos el tendido eléctrico y colocamos varios petardos”. Logramos organizar dentro de la base naval norteamericana en Guantánamo, células de Acción y Recaudación, con gran efectividad creamos una red de Inteligencia Militar. Por distintos medios logramos sacar armas. En una ocasión obtuvimos doce morteros de 61mm, una ametralladora 30 (enfriamiento por aire), siete fusiles Garand 3006, cuatro Springfield 3006 y 6 escopetas calibre 12, usadas por los custodios de los almacenes, que tenían un cañón de 18 pulgadas y un sistema de enfriamiento por aire. También conocimos de valiosas informaciones, incluyendo documentos y fotos de aviones de la tiranía cargando proyectiles y bombas que lanzaban indiscriminadamente en las montañas. A partir de febrero de 1957 pasé a la clandestinidad. Nuestras células eran muy activas. En varias ocasiones logramos paralizar la ciudad. Saboteamos el transporte por carretera y ferrocarril, pusimos petardos y bombas, lanzamos cocteles Molotov, dejamos la ciudad sin electricidad ajusticiamos chivatos y traidores, incluyendo al gallego José Morán. También tuvimos que lamentar la explosión de un arsenal de explosivos que teníamos en la calle Aguilera que le llamábamos el laboratorio de “fabricar bombas”. …teníamos bombas, niples y granadas en construcción y una romanita de farmacia donde se pesaban los componentes químicos para lograr los explosivos. También en un túnel que habíamos construido, se encontraban almacenadas numerosas cajas con dinamitarompe roca, escopetas, en total 10 arrobas, más de 200 libras de explosivos junto a herramientas y medios diversos para la fabricación de las bombas y granadas. Ahí perdieron la vida Enrique Rodríguez, Fabio Rosell, Gustavo Fraga… Abelardo Cuba y Jesús Martín… Era el 4 de agosto de 1957.…contacté con René Ramos Latour (Daniel). …me planteó que por mi experiencia en cuestiones de explosivos, montara una fábrica de bombas en Santiago. Utilicé como depósito de explosivos una ferretería situada en Trocha y Cristina, propiedad del compañero René León. También empleamos como almacén un túnel que construimos en una casa que tenía el propio León por la zona de Boniato. …nuestra primera misión sería tomar el cuartel de la instalación minera en Nicaro (Nickel Processing Co.), entidad industrial norteamericana, con la finalidad de apoderarnos del armamento que tenían. La noche del 23 de febrero a las doce de la noche aprovechamos el cambio de turno y penetramos en tres automóviles. Ocupamos siete fusiles Garand completamente nuevos, tres Springfield y un M-1. En la acción murió el sargento del ejército que era jefe del puesto de la Guardia Rural” (Página 65 y subsiguientes del libro Secretos de Generales)

* Grado que ostentaba al escribirse el libro Secretos de Generales en 1996. 
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Libro revela condenas a muerte ordenadas por Frank País

Presentación del libro "Al borde de la muerte", de Luis González-Lalondry.

Por Álvaro Alba
Octubre 18, 2019

“Cumplí con mi deber, cumplí con Cuba”, asegura el brigadista, escritor y periodista Luis González-Lalondry en la presentación de su nuevo libro “Al borde de la muerte”.

Con la presente son ya seis las obras que ha escrito este integrante del Quinto Batallón de la Brigada 2506. La presentación del libro tuvo lugar en la noche del jueves, 17 de octubre, en la sede de la Brigada 2506, en la Pequeña Habana, “un lugar santo, sagrado”, como dijo González-Lalondry en su intervención.

La obra es el testimonio de una de las páginas de la historia moderna de Cuba que muy poco se ha estudiado; la violencia impuesta por los seguidores de Fidel Castro desde el mismo inicio de la lucha política contra Fulgencio Batista. Una violencia que iba desde los secuestros (piloto automovilista Juan Manuel Fangio, dos naves de Cubana de Aviación, marines estadounidenses) hasta los atentados. El fratricidio iniciado desde el mismo 26 de julio de 1953 y que seguía en 1956 con la llegada de Castro a la isla. “Una guerra a muerte que nadie se explicaba” y escribe González–Lalondry que “aquello era una zona de guerra”.

Es una rápida lectura de la vida santiaguera previa a la llegada del régimen de Fidel Castro. Va brindando pinceladas de una ciudad convulsa, elegante, con estudiantes y empleados públicos, empresarios y comerciantes, soldados, políticos y maestros. Una urbe con animado tráfico, bares en penumbra, parques con animados residentes tomando helados o refrigerios. En esa ciudad en la que a Luis González-Lalondry le pusieron una pistola en la sien, le tiraron una granada, y tres matones con Pepito Tey a la cabeza le persiguieron hasta que pudo escapar en un ómnibus por la Alameda Michelsen. Y para colmo, los propios soldados del gobierno que defendía en sus programas radiales le dispararon al auto en el que viajaba con su hermano.

Las calles de Santiago de Cuba fueron escenario temprano de la intolerancia política de los partidarios de Castro, que ordenaban el asesinato de “civiles y militares”. Recuerda el escritor en su obra el asesinato del concejal Nicolás Rivero Agüero,y la muerte a perdigonazos de un soldado en El Caney, en 1955.

La orden de muerte contra el autor vino del propio Frank País, jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, liderado por Fidel Castro. El que debía ejecutar el atentado era Pepito Tey, y recuerda el brigadista el intento fallido en una noche calurosa de Santiago.

Ese es uno de los ejemplos de “acciones” ordenadas por País. Tanto Frank como Luis eran de Santiago de Cuba y aunque estudiaron en colegios diferentes tenían amigos comunes.

Para decretar el asesinato de González-Lalondry, relata este, bastó su partición en la política nacional como dirigente juvenil del Partido Acción Progresista, el ser empleado municipal y conducir el programa radial “La Juventud con Batista” en la estación Radio Libertad de Santiago de Cuba.

(Tres luchadores antiCastristas en su juventud: Luis González-Lalondry, Estrella Rubio  y  Henry Agueros

También incluye el libro el relato del sargento Manuel Favelo, que disparó por la espalda a Frank País cuando este intentaba huir. Reaparece en las páginas la eterna interrogante sobre la delación de Vilma Espín con una indiscreta llamada telefónica al escondite del buscado cabecilla del 26 de Julio. Y expone la inocencia del Coronel Bonifacio Haza, acusado falsamente y fusilado en la Loma de San Juan el 12 de enero de 1959. También limpia el nombre de Luis Mariano Randich, agente de la Policía Secreta, asesinado por orden de Vilma Espín.

Desde la misma mañana del 1 de enero de 1959 comenzó el entonces joven cubano una lucha que jura no ha cesado. Lalondy recordó en su discurso a “los hermanos de armas, de sangre”, y lamentó la pérdida de muchos de ellos. Dijo estar satisfecho con lo realizado en su vida, tanto en Cuba, como en Estados Unidos. Y sobre el que ordenó su muerte en Cuba, dijo el brigadista que lo perdonó entonces, después y ahora.

La historia de Cuba sigue siendo el objetivo principal en la labor del escritor cubano. Sus libros anteriores tenían como tema la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961. “Bahía de Cochinos: historia de la invasión cubana”, “Sangre en Bahía de Cochinos”, “Prisioneros de guerra” son algunos de los libros que ha editado en Estados Unidos. Por décadas escribió en diarios de Nueva York y Miami, tuvo programas de radio en ambas ciudades y trabajó en la redacción de Radio Martí.

“La historia de Cuba será escrita con obras como esta, que serán fuentes para los futuros investigadores”, dijo en el acto Pedro Corzo, quien en condición de presidente del Instituto de la Memoria Histórica contra el Totalitarismo hizo la introducción del escritor en el acto.
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Archivo Cuba
Published on Sep 27, 2016
El sacerdote Jorge Bez Chabebe habla sobre el fusilamiento en la Loma de San Juan, en las afueras de la ciudad de Santiago de Cuba, de 71 hombres por orden de Raúl Castro; fusilamientos que  presenció en Santiago de Cuba el 12 de enero de 1959.

Cuba: Padre Chabebe sobre fusilamientos de enero 12, 1959


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Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

En el siguiente video se ve  la parodia de  juicio a las cuatro personas de las que habla en el anterior video el ya fallecido sacerdote Jorge Bez Chabebe. El fusilamiento que se ve es el del Teniente Despaigne; uno de los cuatro . En el tribunal de barbudos se ve a Jorge ¨Papito¨ Serguera,  muy amigo de Raúl Castro y tan sanguinario como Raúl. Papito Serguera, que era abogado, fue también el Fiscal en el ¨juicio¨ televisado contra Sosa Blanco en  el Coliseo de la Ciudad Deportiva. 



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Pepe Forte
Enero, 2024

Los Fusilamientos de 1959 de la Revolución Castrista



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El castrismo es terrorista desde sus orígenes

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'Fidel Castro convirtió el terrorismo callejero del M-26-Julio en terrorismo de Estado.'

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Por Roberto Álvarez Quiñones

Los Ángeles 11 Dic 2020

Una vez más el castrismo ha acudido al viejo truco del ladrón que grita por la calle: "¡Al ladrón…agarren al ladrón!"

Es lo que hacen ahora los jerarcas de una tiranía terrorista de pies a cabeza desde sus orígenes, al acusar de terroristas a los pacíficos jóvenes artistas del Movimiento San Isidro (MSI) e inventar acciones preparadas por el MININT para mentir y "probar" en la TV que son actos terroristas pagados desde EEUU. ¿Hasta cuándo?

Primero hay que preguntarles a quienes en el Comité Central del PCC escriben los editoriales en Granma, a Miguel Díaz-Canel y a Bruno Rodríguez Parrilla qué dirían si el Gobierno de Washington ataca deliberadamente y hunde frente a las costas de la Florida a un remolcador repleto de civiles desarmados y mueren ahogados 41 de ellos, incluyendo 10 niños. ¿Que fue un accidente?

¿Cómo entonces la dictadura de Raúl Castro se atreve a pronunciar la palabra terrorismo y acusa de terroristas a quienes sabe de sobra que no lo son?

Los jóvenes del MSI y los que los apoyan no tienen ni un tiraflechas, ni la intención de agredir a nadie. Solo reclaman, civilizadamente, lo que antes Fidel Castro y sus seguidores exigían a tiros, con bombazos y atentados terroristas, y matando civiles en las calles. Ellos exigen que no les den más palos y se respete el derecho a expresarse y tener la libertad creativa que les niega la "revolución".

Cuando Fidel Castro fue juzgado por haber dirigido a 135 jóvenes que, disfrazados de soldados del Ejército, asaltaron el cuartel Moncada mientras dormían de madrugada los soldados y mataron unos cuantos de ellos, declaró que no fue terrorismo, sino una acción legítima basada en el derecho constitucional  a rebelarse contra un Gobierno ilegítimo y dictatorial.

Cuando el Movimiento 26 de Julio, dirigido unipersonalmente por Castro I, hacía explotar bombas por doquier que mataban civiles inocentes, y ejecutaba a personas en plena calle, el jefe del movimiento argumentaba que eran legítimas acciones de guerra.

Y es que todo era coherente con el ADN pandilleril de Fidel Castro, un hombre sediento de poder y fama que irrumpió en la escena política a tiro limpio como un gángster. A fines de los años 40 y principios de los 50 el joven Fidel baleaba  por la espalda a sus rivales políticos. Una vez en el poder, también a tiro limpio y no por sufragio universal, no cumplió su promesa de restablecer la Constitución de 1940 y convocar elecciones. Y encima remató: "¿Elecciones para qué?".  Mientras tanto, fusilaba a  diestra y siniestra a miles de cubanos por motivos políticos. Y argumentaba que eso era legítimo, pues la revolución era "fuente de derecho".

Falso, una revolución no es fuente de derecho si de ella no emana un Estado de derecho. No hay derecho que niegue al derecho mismo y que se sustente en la violación de los derechos humanos. De la Revolución Francesa emergió rápidamente la Declaración de los Derechos del  Hombre y del Ciudadano (1789).

En esa irracionalidad jurídica se afinca el castrismo, como antes lo hicieron los estados fascistas y comunistas. Por eso el comandante convirtió el terrorismo callejero del M-26-Julio en terrorismo de Estado.

El Movimiento 26 de Julio era típicamente terrorista

El M-26-Julio tenía la consigna de las "Las tres C: Cero Cine, Cero Compras, Cero Cabaret". Esa máxima le dio luz verde al terror jacobino-castrista. Estallaron cientos de bombas, tal vez miles, en toda la Isla. En La Habana en una sola noche, 8 de noviembre de 1957, explotaron 100 bombas.

Los artefactos explosivos sembraban el terror en grandes tiendas, teatros, cines, cabarets, night clubs, parques públicos, gasolineras, estaciones de trenes y de ómnibus, en grandes fábricas, como el  incendio de la refinería de la Esso Standard Oil y de las plantas generadoras de electricidad y el  acueducto de Vento en La Habana. Causaron muertos, heridos y destrucción en lugares muy concurridos como la Terminal de Ómnibus Nacionales de La Habana, la Estación de Ferrocarril de Bejucal, el Ten Cents de Galiano, donde resultó herida una consumidora con su nieta.

Yo nunca podré olvidar la noche de  julio de 1958 en la que fui testigo presencial de cómo una bomba "revolucionaria" colocada en el Parque Martí de Ciego de Avila, un sábado por la noche, mató a tres avileños e hirió a seis. La bomba era  para asesinar a Andrés Rivero Agüero, candidato batistiano a la Presidencia, pero el  terrorista del M-26-Julio se acobardó y en vez de ponerla en el hotel Santiago-Habana la puso debajo de un banco en la plaza más concurrida de la ciudad. Estaban contemplando el constante pasar de las bellas avileñas y murieron al instante Martín Rodrígez, José Freyre y Rodolfo Legón, quien estaba con su hijo pequeño Jorge Legón, de solo dos años, quien resultó herido de gravedad.

El padre de un barbero cabo del Ejército, Dionisio Goulet, llamado Antonio, murió destrozado por una bomba en su casa en Santiago de Cuba, y herida su nieta de 15 años. Agustín Gómez Lubián murió cuando iba a lanzar una bomba que habría matado a archiveras y lectores en una biblioteca pública en Santa Clara, y Urselia Díaz Báez murió cuando intentaba poner una bomba en el baño de las mujeres en el Teatro América de La Habana.

( Julio Pino Machado y Agustín Gómez Lubián (Chiqui) murieron en Villa Clara el 26 de mayo de 1957, cuando les explotó una bomba que iban a poner; foto y comentario añadidos por este bloguista)

También murieron al estallarles encima los artefactos explosivos que llevaban Enrique Hart Dávalos, Carlos García Gil y Juan González Bayona. Otros miembros del M-26-Julio perdieron brazos, manos o  piernas al estallar los explosivos al manipularlos.  

El terrorismo "revolucionario" incluyó el secuestro del campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio, y el secuestro de dos aviones de la Compañía Cubana de Aviación. Primero, en octubre de 1958, fue secuestrado, un DC-3 con 14 pasajeros a bordo, y al mes siguiente fue secuestrado un Viscount-755 que por la violencia de los secuestradores cayó en la Bahía de Nipe y murieron 17 de los 20 pasajeros a bordo.

La Habana practica el terrorismo internacional

Ya en el poder los hermanos Castro fueron más allá e infestaron de terrorismo a América Latina con saboteadores y guerrillas urbanas. Matones del MININT han asesinado a "enemigos" de Cuba en diferentes países. En 1990 agentes de la inteligencia castrista en Guatemala atacaron a tiros al cubano anticastrista  Luis Posada Carriles, quien fue gravemente herido. Y no pocos en Washington están convencidos de Castro I intervino en el asesinato del presidente John F. Kennedy.

Grupos de saboteadores autóctonos, dirigidos o financiados por La Habana han asesinado a latinoamericanos en las calles, asaltado  bancos, incendiado fábricas y tiendas, y estaciones de trenes, etc.

Y eso sigue ocurriendo hoy. Hay sobrados indicios de que en la devastación terrorista ocurrida en Chile en octubre de 2019  se movía el largo brazo de La Habana. Fue muy obvio el profesionalismo con el que se planeó y ejecutó la destrucción de  23 estaciones del metro de Santiago.

Hoy la Junta Militar de Raúl Castro  dirige el aparato de torturas y terrorismo en Venezuela que ha costado la vida a unos 18.000 venezolanos. Muchos torturados han denunciado la participación de  cubanos cuando los torturaban, identificados por su acento al hablar.

Cuba, refugio seguro de terroristas de todas partes

Además, Cuba ha sido, y es, refugio seguro de terroristas extranjeros de todas partes, como los líderes de la sanguinaria ETA (entidad terrorista vasca), los del ELN de Colombia;  prófugos de la Justicia de EEUU, y cuanto  terrorista huye de los tribunales en el mundo.  La consigna apocalíptica del Che Guevara de "Crear dos, tres, muchos Vietnam",  fue lanzada al mundo por Fidel Castro para incendiar el planeta y acabar con el "imperialismo".

Es hora ya de que Raúl Castro y sus compinches represores, terroristas per se, dejen de gritar "al ladrón". Hay que llevarlos al Tribunal Internacional de la Haya por crímenes de lesa humanidad.  

La barbarie contra el remolcador "13 de Marzo" y los miles de fusilados sin juicio en el Escambray son ya por sí solas causas para que terminen sus días tras las rejas en la mencionada ciudad holandesa.

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FOTOS DE ALGUNAS ACCIONES TERRORISTAS REVOLUCIONARIAS LLEVADAS A CABO ANTES DEL TRIUNFO DEL 1 DE ENERO DE 1959



Fotos de policías asesinados aunque en la foto  inmediatamente anterior aparecen las fotos de  los cadáveres de dos revolucionarios  junto a las de los cadáveres de  varios  miembros de la Policía Nacional y la de una persona  que no era ni lo uno  ni lo otro  (hoy se le llama  ¨baja colateral¨) que murió cuando los ¨revolucionarios¨ le dispararon al policía.  El revolucionario de la foto superior izquierda es el famoso terrorista Gerardo Abreu Cantero, más conocido como ¨Fontán¨; al lado de esa foto se encuentra  la de un revolucionario que se desalzó que pudo ser víctima mortal  de sus antiguos camaradas de lucha para que no descubriera las  posiciones o planes guerrilleros o muerto por la Policía Nacional.  Hago el señalamiento que  el único  atentado a una alta autoridad represiva que recuerdo fue  el que mató en Holguín al  Coronel Fermín Cowley Gallegos, el cual iba desarmado y con un solo  escolta que se  había dirigido a otro lugar mientras Cowley estaba comprando una pieza para su avioneta; el jefe del comando terrorista fue William Gálvez si mal no recuerdo.  Pueden ver un  Resumen de Bohemia  de los atentados, muertos y heridos en 1958  (de ambas partes contendientes  así como personas ajenas a  esas contienda)  haciendo click AQUÍ. En el manifiesto de la Sierra Maestra del 12 de marzo de 1958 Fidel Castro y Faustino Pérez llamaronm con otras palabras,  a incrementar el terror para que se suspendieran las Elecciones Generales que se  llevarían a cabo  y para  las cuales Batista  hizo  gestiones para que el M-26-7 participara en ella como un partido político más; Fidel Castro  se negó, pues la historia demostró que no queria Poder sino TODO el Poder y de manera vitalicia.

Las dos fotos anteriores corresponden a la Bohemia del 16 de febrero de 1958. 
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He oido  a Martín Sabater que  la tal cubanita, menor de edad,  que perdió el brazo  en Tropicana era la persona que estaba armando la bomba.


  Urselia Díaz Baez  quien murió cuando le explotó una bomba  mientras la estaba armando  en el baño del  famoso cine habanero América en plena función. Urselia era en ese entonces novia de Antonio Briones Montoto, hijo de Newton Briones quien fue el que armó la bomba  que mató, no instantaneamente, al que delató a Antonio Guiteras  y donde se escondía. Antonio Briones Montoto moriría infiltrándose en Venezuela después de pertenecer a la guardia personal del tirano Fidel Castro y miembro de  las incipientes  Tropas Especiales del MININT. En el cine Riesgo de la ciudad de Pinar del Río (que después del triunfo de la Revolución se le llamaría CineTeatro Pedro Zaydén) los revolucionarios   cometieron un acto terrorista en  dicho cine, pero de  ese acto terrorista no se habla en la prensa de  Cuba  y sí del incendio que supuestamente provocó la organización antiCastrista Frente Unido Occidental (FUO) después del triunfo de la Revolución. Uno de los jefes provinciales de la provincia de Pinar del Río, ya fallecido,  me  contó  como explotaron varios petardos en una visita del circo norteamericano Ringling Brothers .  Un  revolucionario de apellido   Rojas introdujo  explosivos dentro de un pavo que mandó a hornear para Nochebuena  en la panadería-dulcería El Tomeguín; el artefacto explotó causando heridos y destrozos al inmueble. En la gasolinera que estaba al lado de ¨la bodega de Ceferino¨ en la calle Máximo Gómez de la ciudad de Pinar del Río un revolucionario colocó un explosivo que  al explotar mató al sereno que era un padre de familia que vivía por el camino de la ceniza; ese trágico hecho me lo contó una anciana que era prima del sereno. En Cuba es tabú hablar del terrorismo revolucionario antes de la Revolución en la lucha contra el régimen de  Fulgencio Batista.



 Estragos de un atentado terrorista revolucionario en el Tent Cents de la calle Galiano en La Habana. Una señora resultó gravemente herida


Terrorista al que se le explotó un petardo en el jeep en que viajaba. Foto despues del  1 de enero de 1959
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Foto de terroristas latinoamericanos en un campo de entrenamiento en Cuba; señalo que el argentino Gorriaran Merlo, ¨El Gallego¨ o ¨El Pelao¨,  fue el autor de la muerte de Anastasio Somoza en Paraguay, atentado planeado y practicado en Cuba según he leido:

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Un plan terrorista de Fidel Castro que verdaderamente le daría un ¨Viernes Negro¨ a Nueva York


Por Pedro Pablo Arencibia Cardoso 

Pasemos ahora a un ejemplo del terrorismo Castrista después de su toma del Poder en enero de 1959

Es conocido que Fidel Castro en 1962 sugirió a la URSS dar el primer golpe nuclear. Fidel Castro, sin sonrojarse, ha dicho posteriormente que eso había sido un error de traducción del Embajador soviético. Las personas que se sonrojan son aquellas que tienen vergüenza o les queda un poco de ella, pero los que no la tienen... En la guerra nuclear que hubiera desatado ese primer golpe nuclear hubieran muerto muchos millones de personas inocentes, luego son falsas las palabras de Fidel Castro cuando afirma en la antes mencionada reflexión sobre la muerte de Osama Bin Laden: ¨… en cambio, opuestos por principios a todo acto terrorista que condujera a la muerte de personas inocentes…¨ Como detalle curioso, poco conocido, diré que en los años 80s del pasado siglo XX los Castro trataron nuevamente de tener armas nucleares según plantea Vasili Mitrokhin archivero durante 30 años de la KGB que desertó a Gran Bretaña.

Pero el ejemplo del carácter terrorista del Castrismo posterior al triunfo revolucionario que deseo detallar en este artículo no es ese precisamente; es un ejemplo menos conocido: concretamente es el plan terrorista de Fidel Castro y de Ernesto ¨Che¨ Guevara para ser llevado a cabo en noviembre de 1962 y que hubiera ocasionado miles y miles de muertes y hubiera destruido parte de Nueva York de no haber sido descubierto y frustrado por el Buró Federal de Investigaciones de los Estados Unidos. 

(Parada de la tienda Macy´s de 1962)

La noticia fue cubierta en el diario New York Times del 18 de noviembre de 1962 pero hoy se conocen más detalles de ese horrendo plan que había ya pasado de la fase de planificación. Los escritores Humberto Fontova y Servando González han investigado sobre dicho plan que muy probablemente hubiera tenido una cifra más alta de muertes que la cantidad del luctuoso 9/11, ya que los atentados se iban a llevar a cabo en múltiples lugares, entre ellos las tres tiendas más grande del mundo en ese entonces, y en una fecha donde se alcanzan las cifras máximas de venta del año por los bajísimos premios que se ofertan en el llamado ¨Viernes Negro ¨, que siempre es el día posterior al Día de Acción de Gracia o ¨Thanksgiving Day¨ y el Día de la Parada de la tienda Macy's correspondiente al año 1962. Los detalles de dicho plan que aparecen en este artículo son del artículo Castro and Che's foiled (and forgotten) 9 /11 de Humberto Fontova y del libro The Nuclear Deception: Khruschev and the Cuban Missile Crisis, de Servando González. El artículo de Humberto Fontova puede leerse en idioma español, gracias a la traducción de Ernesto Hernández Busto, en:

El 3 de octubre de 1962 llegó a Nueva York Roberto Santiesteban Casanova, un hombre de confianza de los Castro, que era experto en técnicas terroristas que se había graduado en una escuela secreta de terrorismo ubicada no lejos de la ciudad de La Habana; Santiesteban llegaba con fachada de attaché para ocupar un cargo menor en la Misión Diplomática de Cuba en Naciones Unidas. Santiesteban tan pronto llegó a Nueva York se entrevistó con parte del equipo con el que llevaría a cabo el siniestro plan terrorista; algunos de los integrantes con los que se reunió fueron los también attachés Castristas José Gómez Abad y su esposa lsa Monero Maldonado, así como un cubano dueño de una joyería llamado José García Orellana.

Según los resultados de búsqueda que he hecho en Internet en sitios oficialistas Castristas y sitios afines, José Gómez Abad (hijo del guerrillero comunista español José Gómez Galloso, ¨López¨, quien fue muerto mediante garrote vil en España el 6 de noviembre de 1948 por sus acciones guerrilleras) nació en La Habana en 1941 y con 19 años de edad se integró a los Órganos de la Seguridad del Estado de Cuba a los cuales perteneció durante tres décadas. En http://www.kaosenlared.net/ leemos: 


¨En el transcurso de 30 años, hasta su jubilación, trabajando en la Dirección General de Inteligencia (DGI) del Ministerio del Interior de Cuba, ocupó diferentes cargos y responsabilidades entre ellas el de Jefe de Sección, Ayudante Ejecutivo del Viceministro Primero y Jefe de la DGI.¨

(José Gómez Abad poco antes de morir; foto tomada durante un viaje que hizo a España)

.Luego inferimos sin equivocarnos de que José Gómez Abad era miembro de la Seguridad Cubana cuando fue detenido en Nueva York por participar en el mencionado plan terrorista.

El plan terrorista Castrista consistía en colocar doce dispositivos incendiarios y 500 kilogramos del explosivo TNT en las tiendas Macy's, Gimbels y Bloomingdales, y en la Estación Central de Ferrocarriles de Manhattan. En la página 154 del mencionado libro de Servando González se añaden otros objetivos: la Estatua de la Libertad, la Terminal de ómnibus de la calle 42 y refinerías en la ribera oeste del Hudson, en Nueva Jersey. Las explosiones debían efectuarse durante el ¨Viernes Negro¨ del año 1962.

El plan incluía muchas personas y ese fue su ¨ talón de Aquiles¨ por el cual el FBI pudo conocer de dicho plan y neutralizarlo. El FBI estimaba que hasta 30 personas podrían formar parte del complot, pero Roberto Santiesteban Casanova, José Gómez Abad y su esposa Elsa Monero Maldonado, una ex guerrillera de la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista que había pertenecido al III Frente Oriental ¨Mario Muñoz Monroy¨ eran los tres más importantes. Otros complotados – según Humberto Fontova-eran miembros del capítulo en Nueva York del Comité "Fair Game for Cuba" o ¨Trato Justo para Cuba¨; organización que se haría muy famosa después que al ser detenido Lee Harvey Oswald por el asesinato del Presidente John F. Kennedy se les ocuparon algunos volantes de esa organización.

El 17 de noviembre de 1962 Santiesteban fue capturado después de correr intentando escapar mientras masticaba y se tragaba algunos papelesen el suelo intentó sacar su pistola cuando era sometido por los agentes del FBI. José y Elsa fueron arrestados sin resistencia al salir de su apartamento. 


 Los terroristas José y Elsa se acogieron a su inmunidad diplomática y pese a ellos haber reclutado a tres persona en los EE.UU. para ese plan, incluyendo entre ellos a una mujer norteamericana, fueron liberados; el caso de Santiesteban fue un poco más complicado pues no había en el momento de su detención aún presentado sus papeles diplomáticos. Roberto Santiesteban Casanova estuvo preso hasta que U Thantel entonces Secretario General de la ONU, intervino para que se le diera la inmunidad diplomática, por lo cual fue liberado con 250 000 dólares de fianza y se le permitió salir de los EE.UU. sin ser llevado a la justicia. De Roberto Santiesteban Casanova se supo que estaba en República Dominicana durante la revuelta de abril de 1965 cooperando con el lado rebelde. Se comprobó de que era un miembro de la Dirección General de la Inteligencia Castrista y de su sistema de sabotaje.

El Procurador General de los EE.UU. expresó que ese plan estaba "aimed at the heart of the internal security of the United States of America.", o sea, "dirigido al corazón de la seguridad interna de los Estados Unidos de América."


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jueves, septiembre 12, 2024

Entrevista del escritor William Navarrete a su homólogo José Prats Sariol.

El escritor William Navarrete entrevista a su homólogo José Prats Sariol.

En la antigua Biblioteca Nacional de París, 2019

Por William Navarrete 

Septiembre 5, 2024

AVENTURA, París.- A fines de 2007, cuando José Prats Sariol llevaba unos cuatro años de exilio en México, le escribí desde París, tal vez por consejo de José Triana, tal vez porque Manuel Díaz Martínez me lo sugirió, o quién sabe si por insistencia de Carlos M. Luis –los tres ya fallecidos, y tal vez por idea de los tres a la vez– para que lo invitara a participar en un libro en homenaje a José Lezama Lima, junto a otros 32 autores cubanos, todos en el exilio, excepto la bloguera Yoani Sánchez, quien por aquel entonces despuntaba con su blog independiente, la única a la que desde La Habana le tocaba el difícil papel de cuidar las tumbas de nuestros muertos.

El caso es que Prats Sariol, sin conocerme personalmente, accedió de inmediato a colaborar y nos envió por correos a Regina Ávila Al-Sowayel (mi coautora, cómplice y brazo derecho en esta y muchas otras empresas) y a mí, un ensayo titulado “Tristezas en Trocadero” que resumía muy bien los oprobios y humillaciones que, por cobardía u oportunismo, le hicieron vivir a José Lezama Lima los esbirros culturales de la revolución castrista desde que la censura se apoderó del ámbito cultural y de todos los demás ámbitos.

El ensayo de Prats Sariol fue publicado en aquel libro que titulamos Aldabonazo en Trocadero 162 (Valencia, España, 2008) y en el que también aparecieron otros trabajos de autores que ya han fallecido, muchos de ellos amigos de Lezama, como José Triana, Manuel Díaz Martínez, Reinaldo García Ramos, Emilio Ichikawa, David Lago, Carlos M. Luis, Regina Maestri, Nicolás Quintana, Raúl Rivero, Raúl Tápanes y Nivaria Tejera, así como las colaboraciones de los restantes que aún viven.

Ahora viene al caso hablar de esto porque ha llegado el momento de compartir el testimonio, en esta serie que ya pasa de 70 entrevistados –nacidos antes de 1959 y exiliados todos–, de quien tan generosamente, sin conocerme entonces y con tanto caudal de intimidad, amistad y solidaridad con Lezama me ofreciera entonces, desinteresadamente, aquel entrañable relato de los años en que frecuentaba asiduamente (y hasta su muerte) al gran escritor del grupo fundador de Orígenes en La Habana de la década de 1940.

―Háblanos de tu nacimiento y entorno familiar

―Nací en El Vedado, el 21 de julio de 1946, en una clínica llamada Nuestra Señora del Pilar que estaba en la calle 15 esquina a F. En realidad, debía haber nacido en Oriente porque toda mi familia, por ambas partes, provenía de Las Tunas y Manzanillo. Viví en Manzanillo desde alrededor de los dos hasta los cuatro años. Quizás me siento ligeramente orgulloso, a veces, de que mis ancestros catalanes también se vinculen, presumiblemente, a familias sefardíes, luego emigrantes a  Cuba. Según he podido indagar, tanto los Prats como los Sariol son apellidos que se remontan a la Edad Media, en la frontera con La Rioja. Parece que fueron conversos, porque los emigrantes a Cuba y a México (Detecté Prats en Villahermosa, Tabasco), se producen en el siglo XIX.

Crecí con tres mujeres como eje de mi vida: mi madre, mi abuela materna y mi madrina, Dolores Álvarez Bello, sobrina de mi abuela. Y la razón por la que mi infancia y adolescencia fue en El Vedado es que Rafaela había rentado en un edificio en la calle 25 entre D y E, No. 716, 2º. piso, con el objetivo de habilitar una casa de huéspedes para que los jóvenes bachilleres de Manzanillo pudieran hospedarse y cursar estudios en la Universidad de La Habana. De ese modo, en mi entorno hogareño, fui como una especie de mascota para aquellos jóvenes que vivían en casa como una gran familia. Ello influyó enormemente en mi formación pues, entre otras razones, me propiciaban muchas lecturas. Tuve el privilegio de estar rodeado de estudiantes de Medicina y de Arquitectura que a la vez eran lectores, melómanos, deportistas y sobre todo muy cariñosos con el único niño de la casa, centro afectivo de mi abuela, la severa dueña…

Rafaela Bello y sus alumnas del Colegio Santa Teresa en Manzanillo

¿Qué recuerdos tienes del Vedado de tu infancia?

―Muchos y muy gratos. En el parque Mariana Grajales, el del antiguo Instituto del Vedado (luego Preuniversitario Saúl Delgado) había unos montículos de tierra por los que me deslizaba de niño hasta la peligrosa calle 23 esquina a C. Con los muchachos del barrio, cuando oíamos decir que iba a entrar un frente frío, también llamado “norte”, salíamos disparados para el Malecón, hacia la zona de la calle G que era donde rompía con más fuerza el oleaje para “cazar olas”. Apostábamos a que la ola no nos mojara y a que nos diera tiempo a tocar el muro antes de que nos cayera encima. Me encantaba escaparme y andar en bicicleta. Mi segunda bicicleta fue una Super Rex de carrera muy buena. Una vez pedaleé como tres horas hasta llegar al Mariel y regresé seis horas después. Tenía apenas 10 años de edad.

En la planta baja del edificio vivía María Cabrera, una de las mejores reposteras de la ciudad. Lo era también de Fulgencio Batista, de modo que siempre venía gente adinerada o sus choferes a buscar los encargos. Era un privilegio tenerla en los bajos, tan cerca; que me cogiera cariño y me colmara de pastelitos y dulces. Por eso me gustan tanto los dulces, las golosinas y los saladitos. Y no sólo los que vendían en El Carmelo de 23, al lado del cine Riviera.

También iba mucho a las funciones en el Auditórium porque un primo llamado Amado Luis Muñiz León era melómano nato y me llevaba a cuanta función había en ese teatro, que era uno de los mejores del continente. Hoy en día está completamente destruido después de una malograda restauración que hicieron los alemanes de la antigua República Democrática Alemana en épocas del comunismo, cuando ya lo llamaron Amadeo Roldán.

Hubo también acontecimientos que no olvido, como el multitudinario entierro en 1951 de Eduardo Chibás, el líder el Partido Ortodoxo. Por la calle 23 avanzaron miles y miles de personas hasta el Cementerio de Colón, a rendirle un último homenaje. Diez años después presencié desde el mismo parque, ya rota la frágil democracia republicana, otro entierro decisivo en la historia de  Cuba. Por la ancha avenida 23, en abril de 1961, desfiló una masa de milicianos hacia el cementerio de Colón, a despedir los muertos en los bombardeos aéreos que precedieron al desembarco por Playa Girón.

La casa de huéspedes de la calle 25 de la abuela de José Prats Sariol

―¿Y tus estudios?

―Estudié en el Colegio de La Salle, también en El Vedado, hasta que fue nacionalizado en junio de 1961. Es decir, que allí pude cursar toda la enseñanza primaria hasta el primer año de bachillerato. El colegio tenía un nivel excelente y uno de los primeros recuerdos que tengo es haber cantado en público, a los 6 años de edad, con barba pintada y traje de gala, delante de todos los alumnos La donna è mobile, el aria de la ópera Rigoletto de Verdi, que mi primo me hizo ensayar muchas veces. Eso fue durante la fiesta de cumpleaños del director de La Salle, al que le habían puesto el apodo de “Bola de billar” porque era completamente calvo, y tanto era así que no recuerdo su nombre ni que lo hubiéramos llamado, entre los alumnos, de otra manera. Desde muy temprano mi primo Amado Luis, tenor de ducha y sala, me llevaba a las funciones de la sociedad Pro-Arte Musical. No salí cantante porque nunca pude ser afinado. Ni bailador: la música por un lado y yo por el otro.

Con el cierre de La Salle pasé al Instituto de La Víbora, en donde terminé el bachillerato pues inventaron una especie de plan de liquidación para equilibrar los cambios en el sistema de enseñanza, cuando se pasa al sistema aún vigente de Secundaria Básica de tres años y luego tres de Preuniversitario o Tecnológico, mucho más acorde con la pedagogía moderna.

―Justamente sobre esto quería preguntarte. ¿Pudiste presentir la tensión política antes del triunfo de la insurrección el 1° de enero de 1959?

―En dos ocasiones la policía de Esteban Ventura vino a hacer registros en la casa de huéspedes porque al menos dos de los estudiantes que vivían en ella estaban implicados con el movimiento estudiantil universitario antibatistiano. Uno de ellos, Carlos Bertot Contreras, que estudiaba Arquitectura, también de Manzanillo, pertenecía al grupo de Fructuoso Rodríguez, y pudo salvarse de milagro porque escapó por la azotea brincando hasta la del edificio aledaño al nuestro y escondiéndose detrás de los tanques de agua. Otro estudiante de mi casa, esta vez de Medicina, René García Fonseca, participó en los clandestinos centros de atención a posibles heridos, cuando el fallido asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957. Los dos revolucionarios se graduaron y fueron destacados profesionales. Los dos, como otros, murieron aquí en el exilio.  

―¿En qué momento te das cuenta de que lo que te interesaba era la literatura?

―Tuve cierta precocidad literaria, lo que como sabes no otorga ni una gota de talento. De niño me gustaba coleccionar los cómics (muñequitos) que venían de México. Ya en mi adolescencia, había dos grandes dibujantes de historietas: Mauricio Morales y Newton Estapé Vila. Ambos dibujaban para la revista Mella, y como mi madrina había sido socia del Miramar Yacht Club, solía ir a nadar allí, incluso después de nacionalizado y transformado en círculo social Patricio Lumumba. Newton iba también a ese club y de esa época nos conocíamos y, en ocasiones, les puse textos a los globitos de sus historietas. Nos reuníamos en su casa, en 31 y 30, Almendares, como parte de un delicioso grupo de fiestas, bailes y novias. Globitos y primeros cuentos.

Por otra parte, mi cuento “La mosca” iba a ser publicado en la Segunda Novísima de la editorial del grupo El Puente, fundado por el poeta José Mario y la escritora Ana María Simo. Pero cerraron la editorial, en turbia maniobra de la incipiente censura. Ya había decidido, desde los 16 o 17 años, que matricularía Letras en la facultad de Zapata y G, en la Universidad de La Habana, en 1964. Por esos años, cuando se incubaba El Caimán Barbudo, conocí a Mario Parajón, destacado intelectual quien había fundado un grupo de teatro juvenil, en el que participé y actué incluso en comedias muy ligeras. Gracias a Parajón tuve acceso a su estupenda biblioteca en su casa del reparto Kohly, pues él siempre fue, hasta su muerte en España, un intelectual muy generoso, atento con los jóvenes. Tuve el privilegio de ser su amigo, gracias a mi primo Amado, su psiquiatra en  Cuba.

―Tengo entendido que José Lezama Lima entró también muy tempranamente en tu vida…

―En efecto, a Lezama lo conocí porque la madrina de mi madre, Carmen de Céspedes, había sido su secretaria cuando ambos trabajaban en la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País, sita en la avenida Carlos III. Fue Carmen quien me llevó a la casa de Lezama, en Trocadero 162, con apenas 17 años de edad. Recuerdo que aquel primer encuentro con el escritor me sobrecogió mucho, a pesar de que yo no era para nada tímido. Ese efecto nunca me lo provocó otra persona, ni ninguno de los excelentes escritores que he conocido a lo largo de mi vida. Haber sido testigo de las conversaciones de Lezama, en su propia casa, sobre Paul Claudel, por ejemplo, ha sido uno de los mayores placeres de mi vida. Decisivo en mi formación intelectual, hasta hoy y hasta mañana, cuando me toque llevarle un heliotropo a Proserpina, como él decía sonriente, burlándose de la Muerte.

Esta amistad se convirtió en relación profesional pues me convertí en el autor de la primera tesis en el mundo sobre la revista Orígenes (1944-1956). La presenté en 1971, bajo las borrascas derivadas del estalinista Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura (cometido por Fidel Castro a fines de abril de ese espantoso año). Y mi director fue el propio Lezama Lima, fundador de la revista y del grupo. Tuve el placer de tratar a cada uno de los integrantes de aquel grupo literario clave para la cultura cubana, desde Fina García Marruz y Cintio Vitier hasta Eliseo Diego, Gastón Baquero y Ángel Gaztelu; desde José Rodríguez Feo hasta el entonces antagonista genial, Virgilio Piñera…

De hecho, el padre Ángel Gaztelu fue quien bautizó a mi hija menor Ariadna, en su iglesia del Espíritu Santo, en La Habana Vieja, en marzo de 1976, en una época en que bautizar a un hijo era un sacrilegio contra la ortodoxia comunista en Cuba. Lezama y su esposa María Luisa, que habían sido los testigos de boda, fueron los padrinos. Ocurrió que el padre Gaztelu, de ascendencia vasca, no quería que le pusiéramos Ariadna porque era nombre pagano. Entonces, para convencerlo, Lezama propuso que la llamáramos Ariadna de la Caridad, de modo que debe ser la única persona que llevaba tal mezcla de nombres en aquella época. Ariadna de la Caridad ejemplifica el supersincretismo caribeño, diría Antonio Benítez Rojo

Bautizo de Ariadna, con Lezama Lima y el padre Ángel Gaztelu, La Habana, 1976

―¿Conociste también a José Rodríguez Feo, el mecenas de Orígenes? ¿Qué puedes contarnos de él?

―José Rodríguez Feo no era solo el mecenas de la revista y de muchos libros de Ediciones Orígenes. Era un hombre de una cultura despampanante, traductor del inglés y el francés y un gran conocedor de muchos de los textos que se publicaron en la revista. Había estudiado en las universidades de Harvard y Princeton, descendía de una familia acaudalada, propietaria del central azucarero América.

Por razones que ignoro, Rodríguez Feo le tenía una enorme aversión al capitalismo norteamericano y desde el principio de la revolución decidió apoyarla. Era dueño del edificio de apartamentos dúplex en la esquina de las calles 23 y 26, en El Nuevo Vedado, que él mismo mandó a construir en 1952 al arquitecto Antonio Quintana, a partir de su idea de crear una edificación etérea que flotara apoyada sobre unos pocos pilares. Vivía en el penthouse de ese mismo edificio que fue en su momento uno de los más modernos de La Habana. En los primeros años de la década de 1960, cuando empezaron las leyes de Reforma Urbana, él mismo se lo entregó al gobierno, con penthouse y todo, y entonces le dieron dos apartamentos en un modesto edificio de la calle N entre 25 y 27, de los cuales le proporcionó uno a Virgilio Piñera y se quedó viviendo en el otro, donde falleció en 1993.

―¿Alguna anécdota sobre Virgilio Piñera?

―Una mañana bajaba por la calle San Lázaro hacia Infanta, en cuya esquina había un puesto de café. Allí, en la cola, con su pomito ambarino, solía ir Virgilio, empedernido fumador y bebedor de café, tanto que la exigua cuota semanal por la libreta de racionamiento, no le alcanzaba ni para dos días. Era por el año 1974 o 75, en pleno ostracismo de intelectuales disidentes del régimen, entre ellos nuestro primer dramaturgo. Lo saludo, me pongo a su lado en la larga fila, conversamos… De pronto me mira a los ojos, detrás de aquellos espantosos espejuelos de aros negros que llevaba, y me dice: “Nunca debí regresar de Buenos Aires”. Estuve y estoy de acuerdo con lo que me dijo: No debió regresar, a equivocarse. Murió sin que le permitieran publicar en su país. Murió sin que sus obras de teatro pudieran exhibirse. Lo asqueroso es que algunos que hoy lo elogian pretenden que la historia de la cultura cubana perdone a Fidel Castro y a sus secuaces.

―Fuiste uno de los alumnos del Grupo Délfico de Lezama desde 1963. ¿Podrías contarnos en qué consistía ese curso?

―Lezama no solo era un escritor excepcional, sino un maestro. A ciertos jóvenes con intereses literarios que él seleccionaba, les prestaba dos veces al mes uno o varios libros. Anotaba meticulosamente a quién se lo había prestado para exigir su devolución en caso de olvido. Los libros o el libro en cuestión por lo general era(n) prestado(s) a la medida de la persona. Quiere decir que no prestaba los mismos libros a cada joven. Entonces uno tenía que leerse el libro y cuando se lo devolvías entablaba un diálogo, a la manera de la mayéutica socrática de Platón, acerca de lo leído. Como era muy suspicaz se daba cuenta enseguida de si no habías leído correctamente el libro, de modo que muchas veces te obligaba a releerlo, a poner más atención.

Yo fui uno de aquellos escasos jóvenes que tuvo el privilegio de ser parte del Curso Délfico, de aquel azar concurrente, frase clave, título que bautiza mi libro: Lezama Lima o el azar concurrente. Hubo otros alumnos. Recuerdo al arquitecto Armando Bilbao, el pintor Umberto Peña, el escritor Reinaldo Arenas, el historiador Ciro Bianchi, María del Rosario García Estrada (mi segunda esposa), entre otros. Otra de las características del curso era que los alumnos raramente coincidíamos en el momento de los encuentros

José Prats Sariol y José Lezama Lima, La Habana, 1976

―¿Cómo transcurre tu vida de estudiante y profesional en aquella convulsa década de 1960?

―Tras un riguroso examen de gramática y otro de literatura, más una larga entrevista ante un jurado verdaderamente profesional, a los 17 años, dada la escasez de docentes, me convertí en el profesor de español más joven de la Isla. Empecé a impartir clases en el colegio José Miguel Gómez, sito en Acosta y Porvenir, barrio de Lawton, que inmediatamente rebautizaron Juan Gualberto Gómez, para quitarle el nombre del segundo presidente de la República.

Más tarde, siendo aún estudiante de la Escuela de Letras, pasé a ser profesor de Literatura General, gracias a la gestión de Pío Serrano, en la Escuela Nacional de Arte (ENA) que dirigía entonces Bertha Serguera. Esto fue en 1968 y resultó que a Bertha la echaron de la escuela después del Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971 pues era una mujer muy permisiva y se había enamorado de uno de los estudiantes de Música durante un viaje en que todos partimos a realizar trabajos agrícolas en la Isla de la Juventud. En ese momento echaron también a todos los homosexuales, a pintores como Antonia Eiriz y Servando Cabrera Moreno, e incluso a alumnos como Tomás Sánchez. La escuela empezó a ser dirigida por un tal Mario Hidalgo, una especie de sabueso puesto por Fidel Castro, de corte estalinista e intolerancia absoluta. Aquello fue el acabose y me di cuenta de que no podía seguir trabajando en aquel lugar. Fue entonces que, a partir de 1971, entré en el Ministerio de Educación en donde redacté algunos manuales de educación y empecé a dirigir una revistica titulada El placer de leer y allí permanecí hasta 1974.

―Fueron años muy difíciles…

―Más que difíciles. Imagínate que cuando planteé en la Facultad que quería hacer una tesis sobre Orígenes el profesor José Antonio Portuondo trató de convencerme para que cambiara de tema y recuerdo que mientras trataba de hacerlo Roberto Fernández Retamar, que había publicado poemas en Orígenes, y que tanto le debía a Lezama, miraba para el techo.

En todos los puestos clave de Educación nombraron a militares, entre ellos a José Ramón Fernández, alias “el Gallego Fernández” como ministro, sustituto de otro militar, que enloqueció: Belarmino Castilla. Cuando llamabas a su oficina del Ministerio salía siempre una voz que decía: “Ordene”. Logré eclipsarme y pasar a trabajar a la ENIA (Escuela Nacional de Instructores de Arte), en la que entré gracias a mi amigo José Catalán Sánchez, a quien habían nombrado como director. El ambiente estaba muy viciado, la simulación se imponía para sobrevivir sin afanes suicidas.

Después escribí mi primera y mejor novela: Mariel, como paradojaa raíz de los acontecimientos relacionados con este puente migratorio, ya que sus personajes no emigran, permanecen como insiliados. Por supuesto, no me la quisieron publicar. La Seguridad del Estado me convocó varias veces y entendieron que debía salir también de la ENIA. Fue entonces que empecé a trabajar en una institución llamada Centro Nacional de Superación de la Enseñanza Artística (CNSEA), que quedaba en Miramar. En ese sitio permanecí unos años como profesor y fue estando allí que empecé a viajar, fundamentalmente a la República Federal de Alemania, Noruega, Francia, España, México y Venezuela. Y a Berlín desde el lado occidental, antes de la caída del muro en 1989. Todos aquellos viajes eran para impartir conferencias, cursos o participar en eventos. Ninguno fue pagado, obviamente, por el gobierno cubano. También entonces es que comienzo a publicar en revistas extranjeras y a obtener premios y reconocimientos internacionales, lo que favoreció cierta permisibilidad por parte de las autoridades.

Portada de su novela Mariel, publicada por Verbum, Madrid

―Decides quedarte en  Cuba después de la caída del muro y a pesar del Periodo Especial

―Gracias a Tomás Tápanes Bello que era amigo mío y el jefe de cuadros del Ministerio de Cultura había empezado a trabajar a la escuela de superación del personal de ese Ministerio. En aquel momento acababa de ganar un premio en México, que luego me abriría muchas puertas, por mi ensayo sobre el poeta Carlos Pellicer, cuyos poemas había publicado en una edición en 1982 en Casa de las Américas. Había prologado varios libros y cuidado las ediciones de varios poemarios de autores como Aquiles Nazoa, León Felipe y, en 1992, en las ediciones Verbum que Pío Serrano había fundado en Madrid, publiqué un libro de Lezama Lima titulado La Habana. Cuatro años después, preparé la crítica de arte escrita por Lezama Lima y la reuní en un libro para las ediciones Tecnos, en España. Había cierta flexibilidad con respecto a décadas anteriores y gracias a eso pude hacer para las ediciones Betania que dirigía Felipe Lázaro en Madrid el poemario de Raúl Rivero Herejías elegidas. Durante ese tiempo salía del país con frecuencia, impartía conferencias en el extranjero y pensaba que, al fin y al cabo, las cosas terminarían por cambiar

Madrid 1995, encuentro Las Dos Orillas junto a Gastón Baquero, José Triana y Orlando Rossari

―Pero nada cambió y llegó la Primavera Negra

―En efecto, llegó la Primavera Negra de 2003, en que arrestaron y condenaron a largas penas de prisión a 75 periodistas independientes, escritores, poetas, amigos. Peligró mucho mi relativa autonomía, atenazado por mis publicaciones y declaraciones disidentes… Encarcelan a Raúl Rivero, me vigilan ostensiblemente, en julio hablo en Pinar del Río, en el décimo aniversario de la revista Vitral. El auto del Obispado, mis anfitriones, es seguido por otro de la Seguridad del Estado.

Varios amigos, mi familia y yo mismo, nos dimos cuenta de que era imposible quedarme en Cuba, de que podía terminar en la cárcel. Entonces, con absoluta discreción, preparé mi salida del país. Aproveché un viaje a Ciudad de México, en el contexto de mis estudios, amistades y publicaciones sobre Carlos Pellicer y por haber sido fundador de las jornadas literarias dedicadas a su obra, que se efectuaban cada febrero en su natal Villahermosa, Tabasco. Hice gestiones secretas con el PEN Internacional de Escritores para convertirme en huésped de la hermosa y barroca “Casa Refugio” en Puebla, México, algo que me permitió salir de Cuba y poder mantenerme allí durante dos años, a partir del 17 de octubre de 2003.

Poco después, en 2004, logro un contrato como profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana de Puebla y también, en 2006, simultanear con otro en la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanas, en la Universidad de Las Américas, ambos trabajos docentes hasta 2009. Allí en la UDLA fundé y dirigí la revista Instantes, con un grupo de escritores poblanos, de otras zonas de México y de otros países. También tuve la alegría de que editoriales mexicanas como Aldus y LunArena publicaran algunos de mis libros, además de las colaboraciones en semanarios y revistas. Mi gratitud a México es enorme, allí tengo valiosos amigos, de allí atesoro recuerdos inolvidables.

Con José Triana en el Jardín del Luxemburgo, París

―¿Por qué decides establecerte en Estados Unidos?

―Hubo varias razones, y entre ellas el hecho de que mi hija mayor estaba ya radicada en Carolina del Norte en donde todavía ejerce como bioquímica para los laboratorios Pfizer. Ella insistía en que viniera para Estados Unidos donde todavía podía aspirar a una jubilación digna.

No sé si sabes que en México la jubilación de los profesores es tan pobre que los llaman “pobresores” cuando se retiran. Sin embargo, en Estados Unidos, con diez años de trabajo puedes tener una jubilación. Y, en mi caso, como los años que estuve impartiendo clases en la Universidad de Las Américas eran válidos para el sistema de jubilación norteamericano, me dije que todavía tenía una oportunidad. Me faltaban tres años y encontré un puesto en la Universidad de Phoenix, donde di cursos de doctorado en Lengua y Literatura Hispánicas hasta que me jubilé en 2014.

―Una de tus novelas, Guanabo Gay, me ha llamado la atención por el título y también por el contenido. ¿Podrías hablarnos de cómo se te ocurrió escribirla?

―Ciro Pérez, un amigo de la infancia y padrino de mi hija mayor cuando yo noviaba con quien iba a ser mi primera esposa, empezó a salir con la hermana de ésta. Ciro era homosexual, pero ambos se enamoraron perdidamente. El caso es que, a la hora de tener una relación más íntima, la cosa no funcionó, a pesar de los intentos… Y vino a mi casa llorando y desilusionado porque se dio cuenta de que no sería posible seguir mintiéndose. El triste incidente sucedió en la playa de Guanabo y digamos que es el leitmotiv de esa novela. Y al mismo tiempo un homenaje indirecto a José Rodríguez Feo, porque él tenía en esa misma playa al este de La Habana lo que se suele llamar una garçonnière, es decir, una casita en donde se daba citas discretas con los hombres con quien tenía relaciones. También el nombre Guanabo gay me resulta eufónico, de cadencia gutural. La novela trata de ser un canto a la diversidad y a la permisibilidad, a la libertad sexual, al respeto al otro, entre intrigas y chismes, citas y guiños a conocidos artistas y escritores.

José Prats Sariol, La Habana, 1982 (Foto: Cortesía del escritor)

―¿Has regresado a  Cuba después de tu salida definitiva?

―Ni he regresado ni creo que pueda regresar. Hace unos años el actor Orlando Casín averiguó para ver si lo dejaban regresar a Cuba. La respuesta fue negativa. Entonces, como era amigo mío y conocía a alguien con acceso a la listica del Ministerio de Cultura (dictada por la Seguridad del Estado) con los nombres de artistas, escritores e intelectuales a quienes se les vetaba el derecho de regresar a la Isla, pudo verificar que yo también aparecía en ella.

No puedo regresar a Cuba porque tengo el honor de estar en la lista negra del régimen. De todas formas, ni quiero ni tengo necesidad (familia cercana) de regresar mientras la dictadura exista. Suelo sentirme feliz en Aventura, al noreste de Hialeah. Camino cada amanecer al lado del oleaje, leo los libros que me da la gana, participo en disímiles eventos culturales, sobrellevo la vejez entre proyectos. Nunca he parado de escribir y de investigar. Los que tienen el problema son ellos. El gran Miami, los dos condados, forma la segunda ciudad de Cuba por el número de cubanos y la primera, de lejos, por su floreciente economía. Aquí no estoy desterrado sino transterrado.

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2003. IX Aniversario revista Vitral palabras de .Dagoberto Valdés Hernández  y fragmento de la anual  valoración crítica de José Prats Sariol a la revista Vitral




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