viernes, septiembre 23, 2022

Documental “El caso Padilla” dirigido por Pavel Giroud sobre el poeta Heberto Padilla quien fue obligado en 1971 a entonar una “sentida autocrítica” y denunciar a otros en una asamblea de la UNEAC que el público podrá ver por primera vez, ya que solo habían salido a la luz algunos fragmentos del video

 Pavel Giroud

Sep 1, 2022

EL CASO PADILLA (TRAILER EN ESPAÑOL)


Stefanno Placencia

2021

Caso Padilla: Medio siglo de controversias

Hace 50 años, la autocrítica que, en Cuba, se hizo Heberto Padilla dividió a la intelectualidad de Latinoamérica y de Europa que militaba en la izquierda. Así, a una parte del mundo por primera vez le importó lo que le sucedía a un poeta.

#MarioVargasLlosa #FidelCastro #GabrielGarcíaMárquez

50 años del caso Padilla, la más apasionada polémica intelectual de Latinoamérica

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Tomado de https://www.infobae.com

“El caso Padilla”, una película sobre el poeta cubano que desafió al régimen de Fidel Castro

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El film dirigido por Pavel Giroud revela imágenes inéditas del escarmiento que sufrió este escritor y catedrático acusado de “contrarrevolucionario”, obligado en 1971 a entonar una “sentida autocrítica”, luego exiliado en Estados Unidos donde murió en el año 2000

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Por Marina Estévez Torreblanca

20 de Septiembre de 2022

https://cdn.jwplayer.com/previews/ABQsjbbD

El poeta Heberto Padilla fue obligado en 1971 a entonar una “sentida autocrítica” ante el gremio de escritores cubanos y acusó de contrarrevolucionarios a algunos presentes, entre ellos su esposa, en una angustiosa sesión filmada que se muestra por primera vez en el documental El caso Padilla. “Lo defino como un espectáculo terrible, un escarmiento”, dice Pavel Giroud, cubano afincado en Madrid y director de la película presentada este domingo en el Festival de San Sebastián, que consigue enganchar al espectador con el montaje de una grabación inédita que llegó a sus manos hace unos años, y cuyo origen no quiere desvelar.

Las imágenes de la autoinculpación por su falta de compromiso del autor de Fuera de juego con la política del gobierno cubano están intercaladas con testimonios de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Jean-Paul Sartre, Jorge Edwards, Guillermo Cabrera Infante, Carlos Fuentes y Fidel Castro, entre otros. “Desestructuré la cronología para que la película evolucionara con personajes dramáticos”, explica Giroud, que compite en la sección Horizontes Latinos del Festival. Asegura que ha buscado “exponer un hecho y que el espectador saque sus propias conclusiones”, además de indagar en las causas y consecuencias de aquel evento, en el que usaron a Padilla para “dar un escarmiento”, según su tesis.

¿Ironizaba el poeta cuando aseguraba que durante su detención había comprendido por fin que sus versos y sus conversaciones habían sido excesivamente pesimistas para la revolución? ¿O era el miedo la única fuerza impulsora de su ‘mea culpa’? El director mostró algunas de estas imágenes inéditas a Vargas Llosa. “Me dijo que no es lo mismo leerlo que verlo (hasta ahora solo había testimonios escritos) y que ahora entiende a Padilla cuando decía que ese día estaba mandando un mensaje”

Movilización de intelectuales

La reclusión del poeta, que llegó a ocupar cargos de responsabilidad cultural en los primeros años de la revolución, había movilizado a grandes intelectuales y artistas a comienzos de los años 70, entre ellos a Sartre, Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Susan Sontag, Vargas Llosa y Julio Cortázar, que intercedieron ante Fidel Castro para lograr su libertad. Pero un sudoroso y expresivo Padilla renegó también de la defensa de estas figuras en aquella larga, densa y cargada sesión, en la que le observaban serios y disgustados autores como Reinaldo Arenas, César López y Norberto Fuentes.

Para el director, que lleva ocho años en España, el efecto de esta histriónica asunción de responsabilidades, que incluyó la intervención de otros escritores que decían haber comprendido que debían trabajar con más ahínco por la revolución, fue el contrario del que buscaba el régimen. Esta era la opinión también de García Márquez, quien afirmó que no sabía si Padilla había hecho daño a la revolución, pero sí que su autocrítica lo había hecho. El director está convencido de que los que intervinieron, incluida su mujer, la artista Belkis Cuza Malé, habían preparado previamente su discurso con el poeta.

Pero aunque Padilla acabara dando la vuelta de algún modo a la censura, para una persona de su talla intelectual debió ser “muy duro” verse sometido a esa situación, remarca Giroud. “A partir de ese momento no encontró su espacio”. Acabó separado de su esposa y exiliado en EE.UU. en el año 1980. “Vargas Llosa lo encontró años después en la Universidad de Princetown y le vio muy apartado. Las derechas que al principio le aplaudieron pronto le darían de lado. Alguien de su posición no encontró un espacio en este universo sociopolítico”, explica Giroud.

El autor de El justo tiempo humano, Las rosas audaces y Provocaciones murió en Alabama (EE.UU.) en 2000, por un ataque al corazón, a los 68 años, apartado y solo, lejos del hombre vital y carismático que había llegado a ser. “Medio siglo después, esa misma falta de libertad de expresión se ha multiplicado por diez en Cuba. El que no quiera ver lo que está ocurriendo, es que no quiere”, dice Giroud, muy crítico con la posición de “silencio administrativo” de algunos partidos en España y Europa ante el gobierno de la isla. “La izquierda ya no defiende a Cuba, solo mira hacia otro lado, nos desconcierta mucho”, confiesa.

Fuente: EFE

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NOTICINE Cine Iberoamericano

Sep 21, 2022

Jon Apaolaza, de NOTICINE.com, entrevista al director cubano Pavel Giroud por el estreno en el Festival de San Sebastián de su película documental "El caso Padilla".


"EL CASO PADILLA": Entrevista con Pavel Giroud por el estreno en San Sebastián 2022



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Tomado de https://www.cubaencuentro.com

«El Caso Padilla», Giroud y una entrevista en San Sebastián

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“Creo que una de las cosas que propone la película es: ¿Qué harías tú en su situación? Yo creo que haría exactamente lo mismo que Padilla”, admite Giroud

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Pavel Giroud

Agencias

Madrid

22/09/2022

Cuba, 1971. El poeta Heberto Padilla debe retractarse públicamente de sus críticas a la Revolución. Una historia que resuena hoy, cuando la disidencia sigue siendo perseguida, señala el cineasta cubano Pavel Giroud, quien presentó “El Caso Padilla” en el Festival de San Sebastián, informa la AFP.

El documental de Giroud, proyectado este domingo en la sección Horizontes Latinos del certamen en la ciudad del norte de España, se articula en torno a imágenes inéditas de la autocrítica de Padilla, un discurso en el que renegó de sus “errores” frente al gremio de escritores cubanos.

El autor de Fuera del juego acababa de ser liberado tras la acusación de actividades subversivas, un encarcelamiento que llevó a intelectuales como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar a empezar a cuestionar la ausencia de libertades en la Revolución cubana.

En un tono cada vez más exaltado, Padilla asume en sus palabras que es un contrarrevolucionario, afirma que los agentes de la seguridad del Estado son más inteligentes que él y termina acusando de complicidad a varios de los presentes, entre ellos su esposa.

Un impactante testimonio en blanco y negro que el público podrá ver por primera vez, ya que hasta la fecha solo habían salido a la luz algunos fragmentos del video, dice Giroud en entrevista con AFP.

El cineasta declinó explicar, por seguridad, cómo obtuvo el material. “Lo que llegó a mis manos fue una copia en una cinta de video, no el negativo original (…) El destino quiso que llegara a mis manos, porque también fue accidental, no fue buscado por mí, aunque ya yo tenía interés hacía mucho tiempo en el Caso Padilla”, señala.

La película de Giroud deja que sean largos pasajes de la autocrítica los que hablen por sí solos, complementados apenas con imágenes y entrevistas de archivo de la época para ofrecer contexto.

El director de 49 años explica que el objetivo es generar en el espectador “la misma duda” que tuvo él: ¿Estaba Padilla siendo sincero o era su discurso realmente un mensaje velado y una fina crítica?

“Creo que una de las cosas que propone la película es: ¿Qué harías tú en su situación? Yo creo que haría exactamente lo mismo que Padilla”, admite Giroud, quien se radicó en España hace ocho años porque en Cuba “ya había tocado techo a nivel profesional”.

Aunque parece que el documental está “contando un hecho que ocurrió en el año 71, un error puntual de la Revolución, como mucha gente lo ha definido”, es una muestra de algo que ha seguido arrastrando el gobierno cubano desde entonces: la falta de libertades, señala Giroud.

“Yo viví autocríticas cuando estaba en el colegio, yo vi a niños autocriticarse por hablar mal de Fidel (Castro), o faltarle el respeto a un símbolo patrio”, recuerda.

“Ahora hay una práctica muy habitual” hacia los disidentes, dice Giroud. Los detienen y “les dan dos opciones: O una condena en la cárcel o el destierro. Son prácticas del siglo XIX”.

“Yo mismo ahora voy a Cuba después de hacer esta película y (…) me meten dos semanas en un calabozo (…) y luego me sientan en una silla frente a 50 personas y me dicen: ‘O haces una autocrítica o vas a la cárcel’”, agrega.

Giroud confía en que su película tengo eco en el Festival de San Sebastián, ya que la falta de libertad es “algo con lo que cualquiera puede identificarse, aunque le sea ajeno completamente” el caso puntual del poeta cubano.

En San Sebastián, el documental compite por el premio a mejor película latinoamericana frente a otros once largometrajes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador y México.

El certamen entrega sus galardones en la gala de clausura el próximo sábado.

© cubaencuentro.com

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Tomado de https://www.cubanet.org/

Reinaldo y yo

Belkis Cuza Malé. Publicado el viernes, 2 de marzo de 2001 en El Nuevo Herald 

No recuerdo cuándo ni cómo lo vi por primera vez; estuvo siempre ahí, junto a ese buró próximo, o a la hora del café, en las tardes: el pelo ensortijado, la sonrisa burlona y dulce a un tiempo, con aquel sarcasmo tan suyo, donde sus víctimas propicias podrían muy bien ser aquel Desiderio, personajillo repetidor de manuales de filosofía del Kremlin, o el poeta Luis Marré, nuestro jefe, luego su acusador, según me dijo después.

Eran los tiempos de La Gaceta de Cuba, y éramos jóvenes; creíamos en la vida, en la literatura, en el arte. Siendo distintos, tan distintos, teníamos sin embargo en común muchas cosas, y nos unía sobre todo el que trabajásemos bajo el techo unificador de aquella redacción. Es decir, nos unía todo y nada. Cada uno vivía cómo podía --sobrevivía-- en medio de la sordidez reinante. Eran los tiempos en que Reinaldo Arenas almorzaba en la cafetería El Hurón Azul de la UNEAC (todavía recuerdo los platos de metal, grasientos, las chancletas de palo de Cecilia --la administradora del sitio--, las coladas de café, la llegada de los dulces sobre las tres de la tarde, el entra y sale de los jugadores de ajedrez (la Chapuza, como le decían). Y todo, en medio de la antigua mansión de Gelats. ¿Cómo podíamos trabajar en paz, me pregunto ahora, con el recuerdo de aquel banquero balanceándose, colgando allí, en la habitación que poco tiempo después sería el despacho de Nicolás Guillén? ¿No era aquél un mal presagio para la literatura cubana que saliera de la mansión de los Escritores y Artistas?

Durante diez años compartimos silencios, miradas, risas, órdenes, asambleas de productos eléctricos, trabajos voluntarios, correcciones de pruebas de galeras, reuniones de la redacción, chismes, sarcasmos, en fin, el ambiente de una publicación cultural en un país comunista, que vivía a saltos, que salía cuando podía --y éramos ocho--, donde todo estaba controlado, pautado y apuntalado por los dioses del Olimpo no celestial, pero sí terrenal e inquisidor.

(Belkis Cuza Malé)

Un día de pronto todo cambió. Reinaldo Arenas, aquel joven escritor lleno de ardor por la literatura y el sexo, por los libros que leía a toda hora --no importaba si sentado o de pie--, con las manos goteando un para mí inexplicable sudor (que se secó para siempre cuando dejó la isla), había caído en desgracia, o peor, era buscado como un criminal bajo extrañas acusaciones. Fue así que se hizo el silencio, y llegaron los murmullos, las miradas que se cruzaban ariscas en los pasillos, y un nombre más que se borraba sin mayores explicaciones. Temerosa de que pudieran acusarlo de algo más, me llevé a casa todo lo que encontré en las gavetas de su buró. Hasta un trapo que utilizaba como pañuelo para secarse el incensante sudor de sus manos.

A la salida de la cárcel, flaco y demacrado, nos reunimos en casa a comer. Pertenecíamos ya a la misma camada de apestados, de abandonados a su suerte, de exiliados interiores, vigilados, presionados, expulsados de todos los sitios del paraíso, de todos los premios, de todos los gremios. Poco después me marché y al año, él.

En Washington nos vimos, y luego en Nueva York, y luego en la casa de Princeton. Ya era otro, venía a visitarnos y también a comprarme aquel shampoo de Shaklee que yo vendía entonces y que tanto le gustaba; venía a compartir conmigo una labor parecida --pero nunca igual-- a aquella de la redacción de La Gaceta de Cuba. Ahora yo había fundado Linden Lane Magazine, y él, a instancias mías, había accedido a ejercer un trabajo voluntario distinto, el de asistente de redacción. Conectaría la revista a los escritores desperdigados por el mundo neoyorquino o miamense.

Pedro Yanes, Heberto Padilla y Reinaldo Arenas)

Estuvimos en perfecta armonía hasta que surgió la discordia --como aquella manzana del Paraíso verdadero, sólo que el demonio se vestía ahora de Fidel Castro. En fin, hubo un gran escándalo que prefiero no recordar, insultos por ambas partes en público y en la prensa y rencores acumulados, que más bien parecían rencillas de niños peleando por un estúpido e inexistente juguete. ¿Qué fue? ¿Quizás su voluntarioso modo de expresar control, su misoginia? No quiero recordarlo.

Unos meses antes de morir, y cuando todavía su enfermedad era sólo otro rumor más, le pedí a Perla Rozenczaig que le hiciese una entrevista a Reinaldo para el número especial de literatura cubana que preparaba en Linden Lane Magazine. Sabía que por encima de cualquier consideración personal, Reinaldo Arenas merecía estar incluido en ese número. ¿Aceptaría, después de todos esos años de ruptura? Pasaron los días y las semanas, hasta que una tarde Perla me avisó que Reinaldo había accedido a darle un capítulo inédito de su novela. Estaba ya muy enfermo. Y para mí, ésta fue la prueba de que nos habíamos perdonado mutuamente.

Por irónico que parezca, la noche de su muerte alguien me llamó por teléfono para pedirme que avisara al Herald, y así lo hice. ¿Otra de las trastadas de Reinaldo? Quizás sí, porque le encantaba hacerse el sarcástico.

Anoche, al verlo vivo en la película, lloré por él, y estoy feliz, muy feliz, también por él. Su mayor enemigo, el tirano, hoy se muerde de rabia la cola, hoy sufre con el más humillante de los sufrimientos, porque al fin el arte y la literatura lo abofetean en pleno rostro, le devuelven el golpe. Y esta vez es para siempre, un golpe mortal, porque Javier Bardem-Reinaldo y el increíble Julian Schnabel le han dado el tiro de gracia a la censura de la llamada "izquierda''. Esta película extraordinaria parece recordarnos que la única revolución posible es la capacidad de sueño de cada uno de nosotros. Por primera vez arte y revolución son una misma cosa, una misma denuncia, un mismo amor. El Reinaldo de Antes que anochezca puede que sea un mito, una versión del original, pero les aseguro que este Reinaldo tiene más fuerza que cien Reinaldos vivos. Y eso lo sabe el tirano Fidel Castro, y ya tiembla de rabia, porque puede que el Reinaldo que él quiso destruir gane un Oscar. Dios lo permita.


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lunes, abril 26, 2021

Zoé Valdés: RESPUESTA, OTRA VEZ... ¿QUÉ ENVIDIA PADURA Y QUÉ ES LO QUE LO HA CONDUCIDO A LA POPULARIDAD?

 

RESPUESTA, OTRA VEZ... ¿QUÉ ENVIDIA PADURA Y QUÉ ES LO QUE LO HA CONDUCIDO A LA POPULARIDAD?


Por Zoé Valdés.

Bien, como nadie responde, una vez más tengo que hacerlo yo.

Hypermedia Magazine, ese panfleto entre lo castrista chic y la filosofía de la metatranca centromorronguda con Grants como soporte de la dependencia politiquera, acaba de publicar una baba jalaleva, titulada algo así como 'Envidiar a Padura', y que empieza preguntándose "¿Qué se envidia cuando se envidia a Padura?".

En primer lugar, el único envidioso y chivato es Leonardo Padura, que fue preparado y entrenado tras la publicación exitosa de mi novela 'La nada cotidiana' y de mis siguientes novelas para destruir -órdenes del Comité Central mediante- mi carrera literaria. Como mismo quisieron hacer mucho antes con Senel Paz contra Reinaldo Arenas.

Lo inmediato que hizo Padura fue dar una entrevista en El País, sirviéndose de Luis Sepúlveda, chileno mentiroso donde los haya, que fue quien por órdenes del castrismo introdujo a Padura en su editorial francesa, de la editora izquierdista Anne-Marie Metaillié... En El País, Padura desbarró contra mí y contra Cabrera Infante, lo que no ha cesado de hacer desde entonces.

En segundo lugar, el triunfo de Padura está entonces servido por la izquierda mundial. Padura plagió la novela de Álvaro Alba que ya llevaba años dando vueltas entre editoriales, y que cayó en manos de su editora, brasileira de origen, pro castrista, pro Lula da Silva, como se pudo comprobar después cuando Padura visitó a Lula en la cárcel y manifestó públicamente por su liberación en Brasil. Esa editora es la misma que desde Tusquets se fue deshaciendo de los libros de Reinaldo Arenas para imponer a Padura.

Tras ver que yo en 1998 fui la tercera artista y escritora cubana exiliada que recibió la Orden francesa de Chévalier des Arts et de Lettres, después de los cubanos Brindis de Salas y Gina Pellón, Padura y sus "agentes de influencia" hicieron todo para que se la entregaran a él; lo que ocurrió años más tarde de que me la dieran a mi, por no decir décadas, y de paso también se la zumbaron a la Wendy Guerra, otra 'personaja del puerto' (cito el poema de mi amigo Gonzalo Rojas) montada a horcajadas en el lomo del Gabo.

Padura seguía hablando pestes 'sotto voce' aquí y allá en mi contra y en contra de Guillermo Cabrera Infante. Cuando la Universidad de Valenciennes en Francia me dio el Doctor Honoris Causa junto a varios Premios Nobeles muy conocidos todos, la Embajada de Cuba en París y el propio Padura hicieron con anterioridad lo indecible para que no me lo dieran a mí, y por el contrario se lo dieran a él. Cosa que no ocurrió porque los profesores se pusieron en sus trece y dijeron que de ninguna manera, cosa que ellos mismos me contaron luego.

Cuando murió Guillermo Cabrera Infante, ahí Padura vio los cielos abiertos, y desbarró en una entrevista en ABC contra el autor de 'Tres Tristes Tigres' argumentando al descaro que Guillermo Cabrera Infante había dejado de escribir en cuanto se exilió. No puede haber una falsedad mayor, puesto que toda la gran obra de GCI fue hecha en el exilio. Tuvo que contestarle con la verdad y poniéndolo bonito, el gran Aurelio Mayor desde Barcelona, en otro artículo publicado en La Razón.

Para subirle la parada al Premio Cervantes de GCI, el régimen castrista cabildeó con el gobierno español un Premio Princesa de Asturias para Padura, ojo al dato: su editora pro castrista de origen brasileiro formaba parte del jurado que daba el premio.

Padura jamás ha parado de ponerme piedras y zancadillas en cuanto festival, feria del libro, o evento literario han querido invitarme. En un evento celebrado en París a finales de los noventa, Padura sintiéndose cómodo entre la 'claque' enviada por la embajada castrista para abuchearme, negó todo el sentido de mi presentación de mi novela 'Café Nostalgia'; debo decir que no fue el único, Karla Suárez también lo hizo en su momento con mi novela 'Querido primer novio'. Pero, en aquella ocasión la escritora cubana supuestamente exiliada en Puerto Rico, Mayra Montero, a quien yo había conocido en La Habana en los años ochenta, invitada a Cuba por Wichy Nogueras, se puso del lado de Padura a la hora de criticarme. Como mismo hizo, tiempo después en Guadeloupe, cuando tres escritores cubanos optábamos por el Premio Literario de las Américas: ella, Pedro Juan Gutiérrez y yo. Pedro Juan Gutiérrez se paseaba en el automóvil del policía de la embajada castrista todo el rato, y Mayra Montero por su parte -junto a él- hacía como que creía que el premio me lo darían a mi por el mero hecho de que yo vivía en Francia, y el premio lo entregaban unos bekés (colonos franceses dueños de centrales azucareros que tenían negocios con el castrismo); pues sucedió que para un mal actuado asombro de Montero y del premiado, le otorgaron el premio a Pedro Juan Gutiérrez, me lo quitaron a mí y a ella, y reitero, se lo dieron a Pedro Juan Gutiérrez, como mismo predije que sucedería desde el primer momento. Por cierto, en el jurado estaba el 'sembradito' -según escribió Reinaldo Arenas en su correspondencia a Margarita y Jorge Camacho- Eduardo Manet. Pero Pedro Jota, el cubano chabacano, al que todos le bendijeron las malas palabras, como literato del realismo sucio no dio la talla, y volvieron a echar mano de Padura el oficialista.

Basta ya de querer vender a Leonardo Padura como un pobre envidiado por todos, cuando no ha sido más que un oportunista, mediocre, envidioso, chivato y buen agente del castrismo que no se ha detenido a atacarme a mí, escritora, mujer y exiliada, no sólo por envidia y por chivato, sino además por malvado y por agentón castrista.

Aquí estoy para contar esto, y mucho más.

Zoé Valdés es escritora y artista. Fundadora y Directora General de ZoePost y de Libertad de Prensa Foundation Corp.
Photo Jean-Marie Périer, el mismísimo... 

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miércoles, septiembre 18, 2019

Zoé Valdés: De imitaciones y plagios



De imitaciones y plagios

Por Zoé Valdés
17 de  septiembre de 2019

 años, en New Jersey, un tipo -cubano él, de dónde sino-, me aseguró y juró por su madrecita (señal de la cruz mediante) que había un cantante puertorriqueño que se vislumbraba como el nuevo Benny Moré, y que para él lo era sin duda de ninguna clase. Bien. No quise contradecirlo porque yo en aquella época todavía andaba medio 'bobaliconalírica' guindada del humo de las chimeneas.

Esa misma semana otra tipa, cubana también, me invitó a la primera pasarela de la marca de trapos de esta niña mexicana que canta -eso dicen- y baila peor, de la que Cristina Saralegui en un arranque de guataquería afirmó que era más bonita que María Félix. ¡Semejante alfeñique con nombre de musa griega (mal bautizada por supuesto) compararse con la Doña! ¡Josú! como dicen los andaluces, que Dios me ampare y me favorezca, como decían los cubanos de antes. Entonces, a esa pasarela en el centro de New York fui por mi hija, que era una niña todavía, y que cuando llegó y vio aquello me miró con cara de susto, y se durmió en cuanto nos sentamos, y también asistió Donald Trump. Aquello estaba repleto de mexicanos que se tiraron en plancha como los monjes tibetanos ante un Buda en cuanto lo vieron. Saludó a todo el mundo, muy amistoso, y al rato, cuando la mexicana salió a cantar que vio al Moñe, se hizo la que no sabía que él vendría (o sea, como si ella y el marido poderoso no lo hubieran invitado), interrumpió la canción de mierda que estaba interpretando para asombrarse toda emocionada con la siguiente exclamación: "Omaigá, Donald Trump!!!" Y de nuevo cogió el micrófono con la puya encharcada en aquello que tú sabes: fluido vaginal.

Detrás de ella salió a berrear el supuesto sustituto de Benny Moré: Un blanquito fuñido, desteñido y con espejuelos de pasta negra, que si bien es cierto que tiene un chorro de voz, lo que no se puede negar, no se le para ni al lado de una verruga del calcañal del Bárbaro del Ritmo. Pero ya saben ustedes cómo son los cubanos, enseguida necesitan tumbar al original para colocar en un pedestal a la copia mala. Mala no, malísima.

De esa característica tan insensata del cubano, como todo lo que hace siempre, se ha aprovechado y aprendió la tiranía, de ése quítate tú para ponerme yo o en su defecto al otro. De tal modo, a partir de finales de los ochenta, entendieron que suplantando a Reinaldo Arenas y su éxito en España y en el mundo, por Senel Paz, no sólo borrarían a Reinaldo, impedirían que éste publicara y ganara premios y de un golpe magistral le arrancaban la tribuna que él mismo se había construido con su obra y sus derechos de ciudadano libre. El cuento ya se los hice en uno de los programas que le dediqué a Reinaldo en mi Canal de You Tube. Un guajirito revolucionario (Senel Paz) de un empujón y con un helado vulgar de Coppelia le daba un fondillazo al guajirito natural 'gusano' (a mucha honra) y anticastrista. También así colocaron a la Pelúa del 14ymierda por encima de Oswaldo Payá.

En mi caso han tratado de enviar a varios para tumbar mi imagen y debilitar mi voz: Abilio Estévez primero, Pedro Juan Gutiérrez fue el segundo (que desde Cuba llegó directamente a mi agente literario, contra, vaya casualidad), Padura Caradura y la Quendi Retaco Guarra, que no sólo fue a mi casa a robar libros y sombreros de mi pertenencia pidiéndoselos a mi pobre madre enferma de los nervios, además me escribía cartas de amor, y una vez fuera se dio a la tarea de intentar denigrarme y de imitarme con sus ridículos sombreros que le fabrica la chea del momento de la isla, cuyos diseños más parecidos a nidos de gorriones hambrientos no se pueden comparar con los míos adquiridos todos en Galeries Lafayette y en el Faubourg Saint-Honoré.

Así han venido actuando los castristas, y es lo que trata de hacer la Aymée Nuviola: imponerse con el estilo mal copiado de la única Sonera, Guarachera y Reina de Cuba, Celia Cruz. Que lo intente es una cosa, que lo consiga es otra. Jamás podrá pararse ni al lado de la sombra de la Ceiba más potente de Cuba.

Aunque.

Recuerden cómo son los cubanos. Habrá alguno que dirá, no pocos -dicho sea de una vez- que afirmarán que la Nuviola es mejor mil veces que Celia. Como mismo acuñaron que Estévez, Gutiérrez, Caradura y la Guarra son mejores que la Valdés. Como si yo viviera de ese pedacito, como si los originales necesitáramos de las opiniones y del mal gusto de los adulones de las falsas copias.

Bah.

Zoé Valdés.
Blúmeehierro Lenguaechucho. Uniquita del Montón.

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