jueves, febrero 22, 2024

Luis Cino Álvarez desde Cuba sobre la venganza castrista contra el escritor, Premio Cervantes, Guillermo Cabrera Infante

 Tomado de https://www.cubanet.org/d

La venganza castrista contra Cabrera Infante

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Ni después de muerto los castristas le han perdonado a Cabrera Infante, uno de los más importantes escritores cubanos del siglo XX, que haya sido un acérrimo adversario

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Por Luis Cino Álvarez

La Habana

21 de febrero, 2024

LA HABANA, Cuba.-  Este 21 de febrero se cumplen 19 años del fallecimiento en 2005, en Londres —donde vivía exiliado desde 1967—, a los 76 años, de Guillermo Cabrera Infante, uno de los más importantes escritores cubanos del siglo XX.

Si solo hubiese escrito Tres tristes tigres, con eso bastaría. Con esa novela de 1967, en la que utilizó según sus propias palabras, “los diferentes dialectos del español que se hablan en Cuba”, eternizó la magia de las noches de una Habana que ya solo existe en sus novelas.


En La Habana para un infante difunto continuó esa nostálgica y afanosa búsqueda de una ciudad en la que en los poco más de 20 años que vivió —desde que llegó provinciano y pobre, en 1941, hasta que partió al exilio en 1965— amó, fue feliz y sufrió.

La escritura de Cabrera Infante, caracterizada por los retruécanos, los juegos de palabras, el uso del hipérbaton, las traslaciones idiomáticas y un muy peculiar sentido del humor, es única, irrepetible.

Por la abundante intertextualidad, la presencia de lo paródico en sus escritos y su aprovechamiento de referentes de la música y el cine, sus dos grandes pasiones, se puede afirmar que Cabrera Infante, ganador del Premio Cervantes en 1997, fue un precursor del postmodernismo en la literatura cubana y latinoamericana y el escritor que más ha influido en los autores cubanos de las últimas décadas.

Por su crítica intransigente al régimen castrista, los decisores de la cultura oficial han tratado, pese a su importancia y sus métodos literarios, de minimizar la obra de Cabrera Infante. El principal comisario cultural del castrismo, el exministro de Cultura y actual director de la Casa de las Américas, Abel Prieto, en modo de supremo árbitro de la literatura, ha llegado a afirmar que de los libros de Cabrera Infante, solo valen la pena Tres tristes tigres y La Habana para un infante difunto.

De cualquier modo, ni aunque los castristas se decidieran a publicar algo de lo más políticamente inocuo de Cabrera Infante, podrían hacerlo, porque el escritor, que se enorgullecía de estar prohibido, dejó dispuesto antes de morir que sus libros no se publicaran en Cuba mientras imperara la dictadura, y su viuda, Miriam Gómez, se ha encargado celosamente de que se cumpla su voluntad. Debido a eso, luego de que el libro de relatos Así en la paz como en la guerra que fuera publicado en 1960, por Ediciones R., y Un oficio del siglo XX en 1963, lo único que se ha vuelto a publicar en Cuba de la autoría de Cabrera Infante fue en el año 2009, el cuento “En el gran ebbó”, incluido en la antología La ínsula fabulante.

Luego de obviar a Cabrera Infante durante décadas (su nombre no apareció en el Diccionario de la Literatura Cubana, publicado a fines de los años 70), los comisarios culturales del régimen, en los últimos tiempos, se han vengado de él del modo más avieso que pudieron escoger teniendo en cuenta el apasionado anticastrismo del escritor: sacando a relucir su pasado castrista.

Así, se afanan en presentar a Cabrera Infante como extremista e intolerante durante los dos años en los que dirigió Lunes de Revolución, el suplemento cultural del periódico Revolución, que era el órgano del Movimiento 26 de Julio. Para ello, insisten en recordar que Cabrera Infante apoyó los juicios sumarísimos contra los militares del régimen de Batista y la emprendió contra el diario La Marina y los autores del Grupo Orígenes, en particular, Lezama Lima.

De origen humilde, hijo de comunistas, habiéndose opuesto a la dictadura de Batista, Cabrera Infante fue fascinado inicialmente por la revolución de Fidel Castro. Pero esa fascinación se desvaneció pronto. 

Su ruptura con el castrismo fue un proceso traumático que se inició en 1961, a partir de que lograran el cierre de Lunes de Revolución los comisarios estalinistas con Alfredo Guevara al frente, que lo acusaban de “querer cogerse la cultura revolucionaria para él solo”, como narraría posteriormente en el cuento “Delito por bailar el chachachá”.

Para apartar al escritor, lo asignaron como agregado cultural a la embajada cubana en Bélgica. Cuando volvió a Cuba en 1965 para el entierro de su madre, las autoridades lo retuvieron e investigaron durante varios meses. Finalmente, vigilado y hostigado, no tuvo otra opción que el exilio, donde siempre se mostró frontalmente opuesto al régimen.

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Guillermo Cabrera Infante, entrevista al escritor Premio Cervantes 1997


Entrevista A Guillermo Cabrera Infante (Censura En Cuba) 1


Entrevista A Guillermo Cabrera Infante (Censura En Cuba) 2


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GCI, antes de 1959, cuando escribía para la revista Carteles con el seudónimo Caín. En la foto el actor Marlon Brando


GCI en Lunes de Revolución




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jueves, enero 25, 2024

Diego Santana: La Habana sin cines para un infante. A 45 años de la publicación de 'La Habana para un infante difunto', de Guillermo Cabrera Infante, es la ciudad la que merece el calificativo de 'difunta'.

 
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

PARA VER LA RELACIÓN DE  LOS CINES QUE HABIAN EN LA CIUDAD DE LA HABANA EL 31 DE DIC. DE 1958 Y LA CANTIDAD DE BUTACAS QUE HABÍAN EN ELLOS HACER CLICK AQUÍ. AL FINAL SE LEE:

Total 134 cines sin contar los que habían en el resto del municipio Habana, como  en Regla, Guanabacoa, Cojímar, Rancho Boyeros, Stgo. de las Vegas, Wajay, Chico, Arroyo Arenas, Jaimanitas, Santa Fé, Cotorro Cuatro Caminos, San José de las Lajas, Tapaste, Jaruco, Caraballo, Hershey, Jibacoa, Campo Florida y ademas en las otras ciudades de la Provincia.

Cubanos, este es otro mas de los innumerables motivos por el cual sentir gran orgullo por lo que era Cuba.. 

Para los que no son cubanos, este tipo de estadistica tal vez les ayude a comprender un poquito mejor a los cubanos cuando se refieren a "lo que era Cuba antes..."

Increible... mas que en New York o Paris.


Fotos de algunos de esos cines: en mejores tiempos

El complejo Duplex - Rex Cinema  fue desde antes de 1959  una de las primeras multisalas de cines de toda América Latina 


Después de robado se le puso el nombre de Yara; como cine Radiocentro fue pionero en América Latina en exhibir en él, el cine con la tecnología Cinerama. Se dice que después de la Robolución desmantelaron la tecnología Cinerama y la enviaron para la Unión Soviética; en caso de que eso sea cierto, quizás fuera para aplicarle ¨ingeniería inversa¨ y así los soviéticos robar y reproducir esa tecnología como hicieron, por ejemplo, con el antológico avión norteamericano B-29 (una fortaleza volante) para hacer el Tupolev 4.

Después de robado se le llamó Mella

El cine Atlantic fue durante décadas  el cine de la Cinemateca de Cuba; hoy se llama Chaplin si no me  equivoco. Ese cine está en el edificiio Atlantic  donde  desde hace décadas está la sede del ICAIC.

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Tomado de https://diariodecuba.com/c

La Habana sin cines para un infante

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A 45 años de la publicación de 'La Habana para un infante difunto', de Guillermo Cabrera Infante, es la ciudad la que merece el calificativo de 'difunta'.

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Por Diego Santana

Córdoba,España

24 Ene 2024

"Fui al cine de día, asistí al acto maravilloso de pasar del sol vertical de la tarde, cegador, a entrar al teatro cegado para todo lo que no fuera la pantalla, el horizonte luminoso, mi mirada volando como polilla a la fuente fascinante de luz", así describe Guillermo Cabrera Infante la primera de las tantas veces que fue a un cine de La Habana, la tan vertiginosa y contradictoria capital cubana de los años 50. Lo describe en esa aventura fascinante, de descubrimiento sexual e intelectual, que es La Habana para un infante difunto, una novela que este 2024 cumple 45 años de publicada. 

La obra, un caleidoscopio que enciende la melancolía, nos coloca en el epicentro de una Habana que ya no existe, en las butacas carcomidas de unos cines que ya tampoco están.

"El San Francisco fue un lugar ideal para la iniciación. Podía haber sido mejor el cine Los Ángeles, que no estaba muy lejos, o todavía mejor el Hollywood, al que nunca fui", escribió Cabrera Infante y hace años que ninguna película se proyecta en estos cines, como tampoco hay sala oscura, ni luneta ni pantalla en el Esmeralda, el Salón Regio, el Favorito, el Rex y el Dúplex, el Lara, el Alkázar, el Campoamor o el Majestic, ni en casi ninguno de los tantos que menciona a lo largo de la novela.

¿Cómo es posible que ahora, más de 60 años después, con muchas pasiones, agonías y escaseces a cuestas, solo queden ocho ―cinco como cines y tres como teatros― de los más de 40 cines mencionados por Cabrera Infante a lo largo de la novela?

El deterioro prolongado, el desfase tecnológico y el poco interés estatal, así como la prohibición de que los cines sean gestionados por particulares o empresas privadas, son las causas que han dilapidado el circuito cinematográfico habanero. El control de las pantallas ha sido también una de las constantes del aparato ideológico cubano, por lo que la calidad de lo exhibido está, las más de las veces, supeditada a lo "políticamente correcto". Las censuras se cuentan por decenas y el cine independiente tiene escasa o nula distribución en las pocas salas que se conservan.

(En la foto Guillermo Cabrera Infante  como crítico cinematográfico de la revista Carteles, que firmaba sus artículos con el seudónimo ¨G. Caín¨. A su  lado el famoso actor Marlon Brando en una de sus visitas a Cuba antes de 1959. Fotos y comentarios añadidos al artículo  por el Bloguista de Baracutey Cubano) 

Cuando Cabrera Infante publicó La Habana para un infante difunto, en 1979, ya existía el Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC) y, en diciembre de ese año, tuvo su primera edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Tanto el ICAIC como el Festival han contribuido a robustecer lo que el crítico Juan Antonio García Borrero ha llamado "cuerpo audiovisual de la nación", pero también han contribuido, con la misma fuerza, a encasillarlo en el limitado espectro de la Revolución, despreciando todo lo que no se ajuste al molde, cuando ese "cuerpo audiovisual" es, a pesar de la propaganda y los propagandistas, mucho más rico que una consigna.

Hace años que el cine cubano vive la crisis más profunda de su historia, ya no es solo que no haya salas de exhibición, es que el número de películas ha sufrido una reducción considerable. Ya no existen los cines de barrio, imprescindibles para la distribución cinematográfica por toda la ciudad, y algunos de ellos, los que han logrado mantenerse en pie, conviven entre la desidia y un prometido, pero pospuesto y pospuesto y pospuesto, plan de restauración que prevé que en el futuro ―¿cómo el Gobierno es capaz de hablar de futuro sin ni siquiera puede gestionar dignamente el presente?― haya al menos un cine por cada municipio de la capital.

Existe en el ICAIC, institución encargada de la gestión de las salas, un cronograma, aprobado por el Consejo de Ministros, para llevar a cabo dichas restauraciones. El plan, trazado hasta 2030, solo ha permitido hasta ahora la reapertura del Cine-Teatro de Regla. Tanto la población como los miembros del gremio cinematográfico ven con escepticismo que, con la economía nacional en caída libre y con el pésimo estado actual de las salas, puedan llevarse a cabo las tardías reparaciones planteadas.

"Acudir como una alevilla a la luz del cine Actualidades, a sus luces y sombras a veces acompañadas por la nueva música americana, ese swing", escribió Cabrera Infante sobre el cine Actualidades, inaugurado en 1906 y de alto valor patrimonial. Su restauración se ha estudiado más de una vez, incluso existe (o existió) intención colaborativa por parte de la Delegación de la Unión Europea en Cuba, y la verdad es que, entre intenciones no concretadas y planes retrasados, el Actualidades, que llegó a tener 1.700 capacidades, sigue pudriéndose entre ratas y basura.

El América, por su parte, era "el más lujoso y el más caro y el que ofrecía mejores estrenos", escribió Cabrera Infante. A día de hoy ya no funciona como cine, y no es ni el más lujoso ni el más caro ni el que ofrece mejores estrenos. En condiciones constructivas incapaces de mantener, tal vez ni siquiera de imitar, el lujo que existió una vez, el América ofrece espectáculos de variedades y, en los próximos días, será una de las sedes del Festival Internacional Jazz Plaza.

A 45 años de la publicación de La Habana para un infante difunto, es La Habana la que merece el calificativo de "difunta". Los cines de la ciudad son testimonios de La Habana vibrante que existió y ya no existe. Son recuerdos indelebles en cientos de vidas, y ahí siguen, como la Isla toda, cayéndose a pedazos.

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lunes, abril 26, 2021

Zoé Valdés: RESPUESTA, OTRA VEZ... ¿QUÉ ENVIDIA PADURA Y QUÉ ES LO QUE LO HA CONDUCIDO A LA POPULARIDAD?

 

RESPUESTA, OTRA VEZ... ¿QUÉ ENVIDIA PADURA Y QUÉ ES LO QUE LO HA CONDUCIDO A LA POPULARIDAD?


Por Zoé Valdés.

Bien, como nadie responde, una vez más tengo que hacerlo yo.

Hypermedia Magazine, ese panfleto entre lo castrista chic y la filosofía de la metatranca centromorronguda con Grants como soporte de la dependencia politiquera, acaba de publicar una baba jalaleva, titulada algo así como 'Envidiar a Padura', y que empieza preguntándose "¿Qué se envidia cuando se envidia a Padura?".

En primer lugar, el único envidioso y chivato es Leonardo Padura, que fue preparado y entrenado tras la publicación exitosa de mi novela 'La nada cotidiana' y de mis siguientes novelas para destruir -órdenes del Comité Central mediante- mi carrera literaria. Como mismo quisieron hacer mucho antes con Senel Paz contra Reinaldo Arenas.

Lo inmediato que hizo Padura fue dar una entrevista en El País, sirviéndose de Luis Sepúlveda, chileno mentiroso donde los haya, que fue quien por órdenes del castrismo introdujo a Padura en su editorial francesa, de la editora izquierdista Anne-Marie Metaillié... En El País, Padura desbarró contra mí y contra Cabrera Infante, lo que no ha cesado de hacer desde entonces.

En segundo lugar, el triunfo de Padura está entonces servido por la izquierda mundial. Padura plagió la novela de Álvaro Alba que ya llevaba años dando vueltas entre editoriales, y que cayó en manos de su editora, brasileira de origen, pro castrista, pro Lula da Silva, como se pudo comprobar después cuando Padura visitó a Lula en la cárcel y manifestó públicamente por su liberación en Brasil. Esa editora es la misma que desde Tusquets se fue deshaciendo de los libros de Reinaldo Arenas para imponer a Padura.

Tras ver que yo en 1998 fui la tercera artista y escritora cubana exiliada que recibió la Orden francesa de Chévalier des Arts et de Lettres, después de los cubanos Brindis de Salas y Gina Pellón, Padura y sus "agentes de influencia" hicieron todo para que se la entregaran a él; lo que ocurrió años más tarde de que me la dieran a mi, por no decir décadas, y de paso también se la zumbaron a la Wendy Guerra, otra 'personaja del puerto' (cito el poema de mi amigo Gonzalo Rojas) montada a horcajadas en el lomo del Gabo.

Padura seguía hablando pestes 'sotto voce' aquí y allá en mi contra y en contra de Guillermo Cabrera Infante. Cuando la Universidad de Valenciennes en Francia me dio el Doctor Honoris Causa junto a varios Premios Nobeles muy conocidos todos, la Embajada de Cuba en París y el propio Padura hicieron con anterioridad lo indecible para que no me lo dieran a mí, y por el contrario se lo dieran a él. Cosa que no ocurrió porque los profesores se pusieron en sus trece y dijeron que de ninguna manera, cosa que ellos mismos me contaron luego.

Cuando murió Guillermo Cabrera Infante, ahí Padura vio los cielos abiertos, y desbarró en una entrevista en ABC contra el autor de 'Tres Tristes Tigres' argumentando al descaro que Guillermo Cabrera Infante había dejado de escribir en cuanto se exilió. No puede haber una falsedad mayor, puesto que toda la gran obra de GCI fue hecha en el exilio. Tuvo que contestarle con la verdad y poniéndolo bonito, el gran Aurelio Mayor desde Barcelona, en otro artículo publicado en La Razón.

Para subirle la parada al Premio Cervantes de GCI, el régimen castrista cabildeó con el gobierno español un Premio Princesa de Asturias para Padura, ojo al dato: su editora pro castrista de origen brasileiro formaba parte del jurado que daba el premio.

Padura jamás ha parado de ponerme piedras y zancadillas en cuanto festival, feria del libro, o evento literario han querido invitarme. En un evento celebrado en París a finales de los noventa, Padura sintiéndose cómodo entre la 'claque' enviada por la embajada castrista para abuchearme, negó todo el sentido de mi presentación de mi novela 'Café Nostalgia'; debo decir que no fue el único, Karla Suárez también lo hizo en su momento con mi novela 'Querido primer novio'. Pero, en aquella ocasión la escritora cubana supuestamente exiliada en Puerto Rico, Mayra Montero, a quien yo había conocido en La Habana en los años ochenta, invitada a Cuba por Wichy Nogueras, se puso del lado de Padura a la hora de criticarme. Como mismo hizo, tiempo después en Guadeloupe, cuando tres escritores cubanos optábamos por el Premio Literario de las Américas: ella, Pedro Juan Gutiérrez y yo. Pedro Juan Gutiérrez se paseaba en el automóvil del policía de la embajada castrista todo el rato, y Mayra Montero por su parte -junto a él- hacía como que creía que el premio me lo darían a mi por el mero hecho de que yo vivía en Francia, y el premio lo entregaban unos bekés (colonos franceses dueños de centrales azucareros que tenían negocios con el castrismo); pues sucedió que para un mal actuado asombro de Montero y del premiado, le otorgaron el premio a Pedro Juan Gutiérrez, me lo quitaron a mí y a ella, y reitero, se lo dieron a Pedro Juan Gutiérrez, como mismo predije que sucedería desde el primer momento. Por cierto, en el jurado estaba el 'sembradito' -según escribió Reinaldo Arenas en su correspondencia a Margarita y Jorge Camacho- Eduardo Manet. Pero Pedro Jota, el cubano chabacano, al que todos le bendijeron las malas palabras, como literato del realismo sucio no dio la talla, y volvieron a echar mano de Padura el oficialista.

Basta ya de querer vender a Leonardo Padura como un pobre envidiado por todos, cuando no ha sido más que un oportunista, mediocre, envidioso, chivato y buen agente del castrismo que no se ha detenido a atacarme a mí, escritora, mujer y exiliada, no sólo por envidia y por chivato, sino además por malvado y por agentón castrista.

Aquí estoy para contar esto, y mucho más.

Zoé Valdés es escritora y artista. Fundadora y Directora General de ZoePost y de Libertad de Prensa Foundation Corp.
Photo Jean-Marie Périer, el mismísimo... 

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miércoles, abril 21, 2021

Videos. La Patria, aunque se lleve a cuesta, duele y duele mucho. El gran escritor Guillermo Cabrera Infante decía que la nostalgia era su puta; hoy, la mía, me está visitando

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

La Patria, aunque se lleve a cuesta, duele y duele mucho.

El  gran escritor Guillermo Cabrera Infante  decía que la nostalgia era una puta. 

Hoy es una de esas noches  en que la dama del sexo tarifado me ha visitado y  no cesa, a su ritmo y antojo,  de cabalgar  encima de mi  bajo vientre y de mi pecho mientras entorna, multiorgásmicamente,  sus ojos por el  placer de   ensañarse  en mi dolor. 

José Martí definió  Patria  con estas palabras: «Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas»

El relevante  arquitecto y urbanista  Nicolás  Quintana y Cómez  expresó en su última conferencia: 

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 Luis Aguile - Cuando Sali De Cuba (1967)

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Luis Aguilé - Cuando Vuelva A Cuba


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Tomado de http://www.lanuevanacion.com/

CUANDO YO VUELVA A CUBA

(Autor anónimo)

Soy de esa extraña estirpe de cubanos

que no tenían tierras, ni dinero,

ni edificios, ni fábricas,

ni oro molido en los ingenios... 

Sin embargo, fue mucho

lo que me arrebataron los traidores de enero:

lobos barbudos, diablos con medallas,

falsos libertadores del puñal al acecho.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

el ancho muro de mi Malecón

donde yo iba a soñar mis terribles insomnios habaneros.

 O me sentaba a contemplar el agua:

húmeda pared que ahogaba mi silencio

y le vedaba el Norte a la impotencia

de encontrar libertad en el aire extranjero.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

mi Carnaval de Oriente

con su tambor y su aguardiente nuevo;

con sus mulatas de cintura ágil

y sus farolas de cintura al viento.

Donde el escándalo se hacía música

por el milagro oscuro de unos dedos,

que le arrancaban al tambor

un tridimensional temblor de espejos.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

aquella risa de la gente humilde

que se metía hasta en los mismos huesos;

aquellos gritos de la abuela

que llevaba a la escuela un mar de nietos;

aquel "hasta mañana"

de las noches con luna en el alero,

y aquellos "buenos días"

con el sol cocinándonos el pelo.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

el pregón que violaba los balcones,

el pulso busca vida de mi pueblo;

las ventas en la calle de Muralla;

el peculiar silbato del cartero;

el ruido de tacones del Paseo del Prado

y el Capitolio Nacional con su brillante adentro.


 Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

el beso azul del mar transmutado en la luz de Varadero,

playa que más que playa

se merece otro nombre: Privilegio.

Lugar único del planeta donde los hombres pueden tocar el cielo.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

una tumba en Oriente,

la del Martí poeta y habanero,

y una tumba en La Habana

del soldado oriental que fue Maceo;

el Parque de Máximo Gómez

donde vive a caballo el Chino Viejo,

y el cañonazo de las nueve, que sacaba a los novios del éxtasis del beso.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

la esbeltez linajuda de mis palmas,

-vírgenes sin destierro-.

Y los verdes gigantes en cuclillas

de mis mogotes pinareños.

Y los ríos, música mojada,

sinsontes amarrados a los cauces inquietos.

y los lagos , donde las truchas

herían el paisaje saltando hacia el almuerzo.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

hasta la Ciénaga de Zapata,

que aunque era improductiva, era mi suelo;

los tinajones rigurosos  de un Camagüey agrícola, señorial y alfarero.

algo más quiero que me devuelvan:

aquel rezo que nunca le escuchó la Virgen oriental

a mi rebelde juventud de ciego.


 Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

la historia real de los antepasados

que le hicieron una patria de azúcar y de acero.

Será el orgullo de mis hijos,

la complacencia, acaso, de mis nietos,

y la risa criolla de mi Magda

llenará los arcones del ancestro.


Sí, cuando vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan todo eso,

y además, otra tierra que no es mía

aunque yo soy su dueño.

Es un latifundio microscópico

que sufre en el tendón de mis recuerdos:

una cruz de madera:

y más de medio siglo de silencio,

donde está vivo el polvo abandonado de mi padre muerto.







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jueves, febrero 04, 2021

Video: ZoePost - Zoé Valdés - Cuba la malquerida

 Zoe Valdes

Febrero 2, 2021

 ZoePost - Zoé Valdés - Cuba la malquerida



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miércoles, enero 01, 2020

Zoé Valdés: Zoeños de la Razón: Guillermo Cabrera Infante (1 de 3). 1ra parte


Zoeños de la Razón: Guillermo Cabrera Infante (1 de 3). 1ra parte

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Tomado de https://www.cervantes.es/


Guillermo Cabrera Infante. Biografía

Guillermo Cabrera Infante. (Gibara, Cuba, 22 de abril de 1929 - Londres, 21 de febrero de 2005).
Escritor, periodista y crítico de cine.


En 1941 se traslada con su familia a La Habana y allí empieza a escribir, por lo que abandona sus estudios de Medicina y comienza a trabajar en diversos oficios, ingresando en 1950 en la Escuela de Periodismo de Cuba.

(Foto añadida por el bloguista de Baracutey Cubano)

En 1951 funda la Cinemateca de Cuba junto a Néstor Almendros y Tomás Gutiérrez Alea, y lo dirige hasta 1956. Trabaja como crítico de cine con el seudónimo de G. Caín desde 1954, en el semanario Carteles, del que tres años más tarde es redactor-jefe. En 1959, tras el cambio político en Cuba, se le nombra director del Consejo Nacional de Cultura y, a la vez, subdirector del diario Revolución. Poco después es director del magazine cultural cubano Lunes de revolución, desde su fundación hasta su clausura en 1961.

Durante el primer gobierno de Fidel Castro (1962-1965) es enviado a Bruselas como agregado cultural y también como encargado de negocios, pero sus discordancias con el nuevo gobierno llegan a su punto máximo en 1968, cuando concede una entrevista a la revista argentina Primera Plana criticando al régimen cubano; esto provoca una fuerte reacción en Cuba que le lleva a abandonar su cargo diplomático. Pasa una temporada en Madrid y, más tarde, pide asilo político en Inglaterra donde se nacionaliza, fijando su residencia en Londres.

(Guillermo Cabrera Infante junto al actor Marlon Brando.  Foto añadida por el bloguista de Baracutey Cubano)

El conjunto de su obra es una especie de "collage" de La Habana prerrevolucionaria, además de una síntesis de la ideología del autor; considera que el compromiso no es indispensable para hacer una literatura crítica y que, en ciertas condiciones, el goce estético sirve también para cuestionar los poderes establecidos.

El erotismo está presente en toda su obra, pero siempre "en función de la parodia y de la risa, cosa que un autor erótico no haría nunca", según dice él mismo. Siendo el cine lo que le atrae e impulsa al comienzo su actividad cultural y periodística, marcha a Hollywood y se convierte en el primer escritor latinoamericano guionista, con títulos como Punto de fuga y Wonderwall. Ejerce también como profesor en las universidades de Virginia y de West Virginia y conferenciante en otras universidades americanas, como la de Oklahoma.

Guillermo Cabrera Infante en su oficina de Lunes de Revolución.. Foto añadida por el bloguista de Baracutey Cubano

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viernes, abril 26, 2019

Luis Cino desde Cuba: La cultura oficial prefiere olvidar a Cabrera Infante

 Entrevista A Guillermo Cabrera Infante (Censura En Cuba)

Parte I



Parte II




 "P.M." de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez-Leal



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Tomado de https://www.cubanet.org/

La cultura oficial prefiere olvidar a Cabrera Infante

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Al no poder robar su obra, como han hecho con la de otros exiliados ya fallecidos, los mandamases prefieren olvidar a quien es sin duda uno de los más importantes escritores cubanos del siglo XX.
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Por Luis Cino
26 de abril de 2016

LA HABANA, Cuba. – En este 2019 se cumplen dos aniversarios redondos de Guillermo Cabrera Infante: el 90 de su natalicio, en Gibara, el 22 de abril de 1929, y los 40 de la publicación en 1979, por la editorial española Seix Barral, de “La Habana para un infante difunto”, que es luego de “Tres tristes tigres”, el más famoso de sus libros.

En Cuba, la cultura oficial pretende pasar por alto a Cabrera Infante, a quien han tratado de minimizar, entre otros personeros,  Alfredo Guevara,  el exministro de Cultura Abel Prieto  y Lisandro Otero, un escritor talentoso metido a comisario que, muerto de celos y envidia, nunca perdonó que en vez de su “Pasión de Urbino”, premiaran a “Tres tristes tigres”.

Al no poder robarse la obra de Cabrera Infante, como han hecho con la de otros exiliados, los mandamases de la cultura oficial prefieren olvidar a quien es sin duda uno de los más importantes escritores cubanos del siglo XX.

Solo un libro de Cabrera Infante, “Así en la paz como en la guerra”,  fue publicado en Cuba, en 1960, por Ediciones R. Después que se exilió en 1965, sólo un cuento suyo ha sido publicado en Cuba, fue “En el gran ebbó”,  que salió a la luz en el año 2009 como parte de la antología “La ínsula fabulante”.

Cabrera Infante, que nunca dejó de ser un fiero crítico del castrismo, se enorgullecía de estar prohibido en Cuba. Gozaba con el odio de sus enemigos, presumía de la rabia que le mostraban. Eso halagaba su vanidad de proscrito

(Guillermo Cabrera Infante (Foto de archivo/ El Confidencial))

Luego de su muerte en Londres, en febrero de 2005, su viuda, Miriam Gómez, se ha ocupado celosamente de que  los comisarios culturales del régimen no consigan apropiarse de los libros de Cabrera Infante para manipular su figura y minimizar su oposición a la dictadura.

La ruptura de Cabrera Infante con el régimen fue un proceso traumático que se inició en 1961, a partir del cierre de Lunes de Revolución, el suplemento cultural que dirigía del periódico Revolución. Los comisarios, con Alfredo Guevara a la cabeza, como cuenta Cabrera Infante en “Delito por bailar el chachachá”, lo culparon de “querer cogerse la cultura revolucionaria para él solo”. A él, que quiso que Lunes de Revolución  abarcara toda la cultura, y no solo ese esperpento que empezaban a crear y que llamaban “cultura revolucionaria”.

Para apartarlo, lo asignaron a la embajada cubana en Bélgica. Cuando volvió a Cuba en 1965 para el entierro de su madre, las autoridades lo retuvieron e investigaron durante varios meses con aviesos propósitos. Finalmente no tuvo otra opción que el exilio.

Cabrera Infante, por más que le pese a los mandamases, es una figura capital de la cultura cubana. Si solo hubiese escrito “Tres tristes tigres”, con eso sería suficiente. Con esa novela de 1967, en la que utilizó, según sus propias palabras, “los diferentes dialectos del español que se hablan en Cuba”, eternizó la magia de las noches habaneras: la magia de una ciudad que ya solo existe en sus novelas. Y quien lo consiguió  fue  precisamente él, que vino de Gibara, provinciano y pobre, en 1941 y solo vivió en La Habana poco  más de veinte años, antes de partir al destierro.

En “La Habana para un infante difunto” continuó esa nostálgica y afanosa búsqueda de una ciudad perdida, en la que amó, fue feliz  y sufrió.

La escritura de Cabrera Infante, caracterizada por los retruécanos, los juegos de palabras, el uso del hipérbaton, las traslaciones idiomáticas y un muy peculiar sentido del humor, es única, irrepetible, por mucho que lo hayan querido imitar.

Por la abundante intertextualidad, la presencia de lo paródico en sus escritos y su aprovechamiento de referentes de la música y el cine, sus dos grandes pasiones,  se puede afirmar que Cabrera Infante fue un precursor del post-modernismo en la literatura cubana  y de Latinoamérica.

Pese a la censura y los intentos de minimizarlo, Guillermo Cabrera Infante es probablemente el escritor que más ha influido en los autores cubanos de las últimas décadas.
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Fragmento de entrevista al escritor cubano Guillermo Cabrera infante



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Guillermo Cabrera Infante, entrevista al escritor Premio Cervantes 1997



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Guillermo Cabrera Infante - Discurso Premio Cervantes





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viernes, marzo 01, 2019

La fijeza reveladora (IV). Alejandro González Acosta con reflexiones y escolios en cuatro partes a propósito de Los últimos días de Batista. Contra-historia de la revolución castrista, de Jacobo Machover



La fijeza reveladora (IV)

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Reflexiones y escolios en cuatro partes a propósito de Los últimos días de Batista. Contra-historia de la revolución castrista, de Jacobo Machover
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Por Alejandro González Acosta
Ciudad de México
01/03/2019

Machover reseña con grandes pero reveladores trazos lo que fue La Habana en los años inmediatos anteriores al desastre progresivo de 1959. La capital cubana era como la Ciudad Maravilla, la Ciudad Esmeralda del Mago de Oz, el París de las Américas —así se le conocía— con tiendas como El Encanto y su Salón Francés, y las exclusivas de Christian Dior, Flogar, Fin de siglo y La Época... Una urbe repleta de vida y de esperanza, movida por una fiesta perpetua y con sueños de grandeza…

El hedonismo pagano fue abatido por la austeridad: una rencorosa Esparta santiaguera siempre desplazada de la historia, sometió finalmente a una Atenas habanera, hedonista y despreocupada. Aquella asombrosa Acrópolis batistiana, la Plaza Cívica, no sólo era un modelo latinoamericano excepcional en el momento (Brasilia aún ni se proyectaba, pues comenzaría apenas en 1956), sino la propuesta inicial para una reurbanización de la capital y luego de todo el país. La prenda codiciada se convirtió en el primer hurto castrista, al auto adjudicársela implícitamente y rebautizarla como Plaza de la Revolución, que era como decir, la Plaza particular de Fidel Castro. Paradójicamente, sin proponérselo, Batista fue, también, el escenógrafo de Castro, pues plantó el decorado para sus performances posteriores.

Como en tantos otros desastres, la arquitectura castrista ha sido un fracaso total, constructiva, estética y urbanistamente considerada. Un gobierno unipersonal, totalitario y absoluto, como el de Castro, desaprovechó lo único que podía justificarlo, arquitectónicamente: no debía respetar, consultar ni negociar un replanteamiento del paisaje; podía hacer y deshacer a su antojo sin nada ni nadie que lo enfrentara, como sucede en los estados de derecho democráticos; y sí hizo y deshizo, pero mal, muy mal, carente de un criterio estético —y tampoco social— para perjudicar el perfil de las ciudades cubanas con sus bodrios que, al menos, por fortuna, han sido minúsculamente escasos, lo cual es su única virtud: una ambiciosa y vanguardista Escuela de Arte, más inconclusa que la sinfonía de Schubert; un banco faraónico devenido en disfuncional hospital, que tardó en construirse más que las pirámides de Gizeh, y un restaurante leninista cuyo nombre es sinónimo del país y del efecto sobre las billeteras de sus presuntamente proletarios consumidores: Las Ruinas. El escaso resto son los galpones de los médicos de familia y las koljosianas Escuelas en el Campo, ya en franca extinción por inanición.

Nuevo Catón El Viejo, desde el fondo de su alma puritana Castro se propuso destruir hasta sus mismas bases esa Nueva Babilonia, esa Sin City luminosa, que se burló cruelmente de él tantas veces, por palurdo y desaseado, y donde recibió el más desacralizador de sus títulos, otorgado enfática y unánimemente por sus mismos compañeros de universidad: Bolae’Churre. “Delenda est Habana”, musita cada noche antes de dormirse, pistola a la cintura y con las botas puestas que no se quita ni para dormir, según testimonios creíbles, desde la lujosa Suite 2324 del Hotel Habana Hilton, recién inaugurado por sus laboriosos financieros, los afiliados del Sindicato de Trabajadores Gastronómicos de la República de Cuba, sus verdaderos dueños, y no Mr. Conrad Hilton, propietario sólo de la franquicia.

Sin buscarlo ni quererlo inicialmente, Cabrera Infante resulta al final el entusiasta trovador melancólico de La Habana de Batista (a quien combatió y criticó acerbamente, pecado juvenil que después pagará con creces junto con otros más), no la de Castro, quien será su implacable Ángel aniquilador. El novelista, como aquel Boabdil que suspiró desde el Sillón del Moro en la Alpujarra granadina, al volverse para mirar por última vez la ciudad de la Alhambra, pudo quejarse también: “Ay, de mi Habana”. A él le tocó el papel de entonar el triste canto del cisne y, luego, retorcerle el cuello.

La muy sui generis “dictadura” de Batista es lo menos parecido a lo que en el medio latinoamericano se entiende como una dictadura clásica, de rompe y rasga y de tiempo completo, sin medida ni tasa. La Habana se mostraba como la ventana vanguardista de lo que en poco tiempo más podía ser el resto del país, un escenario de creciente y sólida prosperidad, garantizada por el cuerpo de leyes y decretos, y la creación o fortalecimiento de instituciones, cuyo funcionamiento no podría haber sido ni medianamente exitoso sin contar con virtudes políticas propicias como son una estabilidad material y seguridad jurídica. Las débiles democracias latinoamericanas de casi todo el siglo XX, no fueron en gran parte, ni son todavía, modelos de ninguna de ambas virtudes.

Un formidable espejismo para incautos revolucionarios encegueció a Cuba, o casi toda. El tóxico sortilegio y la hipnosis colectiva del nuevo encantador de serpientes, se cernió sobre todos, incluso los más despiertos, o quienes solían serlo, como Jorge Mañach o José Lezama Lima; ellos creyeron ver en el advenimiento de un salvador, una necesaria purificación redentora sustentada por un peregrino misticismo tropical, de la mano de un nuevo mayoral mesiánico y vindicador. El Ángel de la Jiribilla acudió presuroso, sonrojado, pudibundo e ingenuo, a denunciar al inquietante Bustrófedon por exhibicionismo pornográfico y atentado a la moral pública.

El primero de enero de 1959, con Castro planeando sobre el país, fue la Hora Cero de la desgracia nacional. Pretenderá entonces que la Historia comienza y termina con él, mucho antes de Fukuyama. Querrá dejarlo todo a su paso “sic tabula rasa” y sólo en eso tendrá éxito, el único triunfo palpable de su trayectoria nefasta. Así como el agua del bautismo borra todos los pecados, su revolución será la inundación purificadora, la nueva eucaristía no del pan (cada día más escaso), sino del fuego (cada momento más intenso), y suprime todas las memorias molestas: sólo sobrevivirán los recuerdos útiles para la causa, y si estos no existen, se fabricarán diligente y disciplinalmente por los nuevos escribanos aplicados, y si ya estaban, pero no resultan adecuados, se deformarán convenientemente: porque la “revolución” es dueña no sólo del futuro y del presente, sino del pasado.

El boicot de los partidos políticos contra las propuestas de negociación y acuerdo presentadas por Batista y su equipo (responsabilidad absoluta y puntual de sus líderes individuales), impidió cualquier solución civilista al conflicto creado y atizado por ellos mimos. No advirtieron en su ceguera, su vanidad, su orgullo o su mezquino egoísmo estúpido, que, de esa forma, al deslegitimar todo, se estaban también autodesligitimando y desautorizando ellos mismos. Cavaron su propia tumba, y con ella, la de la incierta y frágil república, facilitando el trabajo final del sepulturero de las instituciones que acechaba no muy lejos, Quinto Jinete del Apocalipsis, ya con la pala en la mano para entonar el requiescat in pace liberticida, definitivo y total.

La legitimidad de las elecciones de 1954 y 1958 fue dinamitada concienzuda y suicidamente por la oposición, no por Batista. Cada medida propuesta por éste para negociar el conflicto y solucionarlo, fue rápidamente ripostada con otra contrapuesta negativa y descalificadora, cerrando todas las vías de alivio patriótico del problema, y engordando el caudal de la gran inundación que vendría después, cubriendo al país. Batista sacrificó su prestigio democrático (ganado a pulso en 1940), por la efectividad política necesaria para el progreso y bienestar del país (que atropelladamente lastimaría en 1952 con el Golpe de Marzo). Buen jugador, Batista sopesó las probabilidades y colocó su apuesta: pero perdió. Sus oponentes cerraron el juego. La fortuna le fue adversa y los intereses organizados contra él y su proyecto, fueron demasiados y lo superaron ampliamente. Levantó una ola que después no pudo aplacar a pesar de todas sus concesiones. Si el juego hubiera durado más, y con otros jugadores menos peseteros, quizá habría ganado y con él, Cuba. Hoy ya no se hablaría de Batista, y casi nada de Castro.

En virtud de aportes como este de Machover y varios estudiosos más, Fulgencio Batista se aprecia cada día más con todas sus luces y sus sombras, como el más grande estadista cubano del siglo XX por su visión y proyecto, y paradójicamente, también quizá el peor político, por sus resultados.

En esta tragedia, la dramaturgia de Castro se impuso desde el principio, pues fue concebida e interpretada en tono heroico. Para la izquierda mundial, carente entonces de figuras emblemáticas (el “padrecito” Stalin había muerto en olor de maldad en 1953), fue una bendición. Joven, exaltado, con un perfil legendario, oriundo de una isla exótica que nadie ubicaba muy bien y sólo de identificaba por sus habanos, en un continente telúrico donde aunque dentro epistemológicamente dentro del mundo occidental, la prédica y la praxis racionalista nunca se asentaron debidamente ni echaron raíces profundas; de verbosidad incontenible en los tiempos cuando la televisión ya comenzaba a empujar a la radio, a pesar de sus reiterados fracasos y sus excesos peligrosos como con los misiles rusos, y el derrumbe de la patética Zafra de los Diez Millones (su primero de muchos reveces convertidos en pírricas victorias), resultó anormalmente simpático y logró grabar en la psique mundial, con el jubiloso entusiasmo colaborativo de los medios y las academia de elite, su perfil griego, despojado ya de su referente humano: se convirtió en la estatua invencible, en el monumento unipersonal de la revolución mundial y en el valor transcendido de su significado, válido por él mismo: el símbolo de sí mismo. Y por su desesperante supervivencia, en un mito; además, por su longevidad, el último de los mitos del siglo XX, que vio figuras admirables de distintos signos ideológicos, y se prolonga incluso venenosamente en el XXI.

Mañach fue uno de los primeros incautos “compañeros de ruta”, pero fue prontamente desechado; a él le seguirían muchos otros: Carlos Franqui, Guillermo Cabrera Infante, César Leante… y la lista continúa hasta hoy.

La tristemente famosa Revolución cubana, que rebasa cualquier intento de resumirla sucintamente, permanece agazapada pero activa, como arqueológica advertencia, igualmente virulenta para los ingenuos, lo cual nos recuerda con creces este oportuno libro de Machover, que desmonta acontecimientos desconocidos o desvirtuados, los cuales ofrecen nueva luz para tratar de entender mejor nuestra historia y así procurar —es sólo un ingenuo deseo vagamente optimista— no repetirla.

Último texto de la serie.

© cubaencuentro.com
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Breve exposición sobre el régimen de Fulgencio Batista  respecto a  las elecciones generales  de 1954 y 1958
Por  Pedro Pablo Arencibia
Agosto 6 de 2016



En Cuba es bastante poco   abordado por  los medios oficiales el hecho  que Fulgencio Batista después del Golpe del 10 de Marzo  de  1952  por iniciativa propia llamó a elecciones libres, las cuales se efectuaron  en noviembre de 1954  así como el hecho de que Batista le propuso al Movimiento 26 de Julio que participara como un partido político en las elecciones de 1958 en la que él no participaría pues él no tenía ningún interés en seguir en el poder (pensaba irse al extranjero) ni la Constitución de 1940 se lo permitía, algo que ya había pasado después de terminar su satisfactorio período de Presidente constitucional (1940-1944) para el cual tuvo que renunciar previamente a su condición de militar, algo que algunos historiadores olvidan. De esos dos hechos trata este artículo, el cual está conformado por fragmentos de  tres de mis notas en el blog Baracutey Cubano.

Después del golpe del 10 de marzo de 1952 se llevaron a cabo elecciones en 1954. Batista y algunos de sus cercanos colaboradores querían convocar a elecciones lo antes posible para mostrar sus intenciones democráticas; otros de sus cercanos colaboradores le aconsejaban a Batista que esperara a que la Oposición política le pidiera convocar a elecciones. Batista se inclinó por la primera variante y convocó a elecciones para noviembre de 195A; la oposición al ver que se acercaban las elecciones y no tenían posibilidad de ganar se fue al retraimiento, pues recordaban a Batista como ¨el hombre fuerte¨ que trajo la calma a Cuba en la década de los años 30 y la Constituyente de 1939  que después de ser legítimamente elegido en 1940  había  cedido el poder a la triunfante oposición auténtica pues la reelección estaba prohibida por la Constitución de 1940, la coalición política que había constituido Batista se había resquebrajado  y Carlos Saladrigas y Zayas (tio del empresario y ex banquero Carlos Saladrigas que desde hace un tiempo  aboga  por la normalización de relaciones entre los EE.UU. y la tiranía de los Castro) no era popular en algunos sectores como lo era Batista; también buena parte del pueblo cubano recordaba el pandillismo político que caracterizó los cuatro años del Presidente Grau y los dos primeros de Carlos Prío  así como hechos de corrupción  que fueron denunciados y exagerados por el Partido Ortodoxo en su propaganda política y sobre todo prelectoral y electoral, pues los últimos dos años de Carlos Prío, al desarrollar la política de ¨Los Nuevos Rumbos¨ había sido muy diferente de manera positiva a los dos primeros. Ramón Grau San Martín fue el último al irse al retraimiento, al irse dos días antes de las elecciones donde no tenía ninguna posibilidad de ganar;  Ramón Grau San Martín, planteó que las autoridades practicaban el acoso y la persecución de sus partidarios,  algo por lo que anteriormente habían pasado los batistianos en sus campañas políticas cuando el autenticismo estaba en el poder. Manuel Márquez-Sterling que es el historiador de la fuente (2) que veremos en el siguiente fragmento extraido de Wikipedia, está muy lejos de haber sido, o ser, un simpatizante de Batista, al ser el hijo de Carlos Márquez Sterling el oponente más fuerte que tenía el candidato oficialista Andrés Rivero Agüero en las elecciones del 3 de noviembre de 1958 y haber sido un crítico y opositor político a Batista .
(Dos fotos de un rally electoral a favor de Fulgencio Batista en las elecciones de 1954)

Los resultados de esas elecciones de 1954 fueron:
Tomado de http://es.wikipedia.org

Elecciones presidenciales de Cuba de 1954

Las elecciones presidenciales de Cuba de 1954 se llevaron a cabo el 1 de noviembre de ese año (1). Fulgencio Batista fue elegido presidente de la República para el período 1955-1959.

A lo largo de 1954 hubo algunos intentos de sabotaje al proceso electoral, incluyendo un complot organizado por el ex presidente Carlos Prío Socarrás y su ex Secretario de Educación. Durante la campaña electoral, Ramón Grau mostraba una importante intención de votos, pero no la suficiente para triunfar (2).

Los abstencionistas, que en general apoyaban a Prio, los Ortodoxos y los Comunistas boicoteaban los actos de Grau, irrumpiendo en los mismos con consignas revolucionarias. Los actos de Batista, por el contrario, se desarrollaban sin disturbios (2).

El ex presidente Grau, sospechando que Batista cometería fraude, renunció a su candidatura dos días antes de los comicios. Batista fue entonces elegido presidente sin oposición. La participación se redujo a un 52,6% frente al 79,5% de las elecciones de 1948 (3).

(1)Aquel 30 de septiembre de 1954 Juventud Rebelde, 29 de noviembre de 2009.
(2) Cuba 1952-1959: The True Story of Castro's Rise to Power . Manuel Márquez-Sterling. Páginas 56-57. ISBN 978-0-615-31856-1
(3) Cuba: order and revolution. Jorge I. Domínguez. Página 124. ISBN 0-674-17925-0
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En el libro ¡25448, No! Roberto Martín Pérez, de Rafael Cerrato Salas
se lee

"Batista anunció elecciones para noviembre de 1954. Se presentaron a estos comicios Batista y Grau San Martín, quien se retiró en el último momento consciente de su derrota, alegando sus partidarios habían sido aterrorizados. Batista fue elegido presidente con el 45, 1 % de los votos. Grau recibió sólo el 6, 8 %. A partir de este momento quedaba restablecida la constitución de 1940."

Tengo la opinión que fue un gran error de Batista postularse en esas elecciones celebradas el 1 de noviembre de 1954.

 Fulgencio Batista sí buscó una salida electoral ante una insurrección armada:


En enero de 1958 Fulgencio Batista había restaurado después de un breve tiempo, las garantías Constitucionales en el país pese a la actividad subversiva existente. Según se lee en el libro oficialista En el último año de aquella República, del autor Ramiro J. Abreu (ex oficial del MININT y funcionario del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en los años ochenta del pasado siglo XX, años en que fue publicado dicho libro en Cuba; libro prologado por Carlos Rafael Rodríguez), Batista hizo ciertos cambios en su gabinete, compulsado por ciertas fuerzas políticas nacionales y extranjeras y hasta por el propio Nuncio, Monseñor Luigi Centoz, que conllevó a una nueva imagen de su régimen y a una posible solución no violenta a la situación política del país. Leemos en sus páginas 81 y 82:
¨… Ya, desde antes, permitió la reestructuración de los partidos políticos de ´oposición´, restableció ´la libertad de prensa ´ y las garantías constitucionales´, y el 10 de marzo dio el indulto a 40 personas. Con el mismo propósito, Batista se deshizo de su Premier, Jorge García Montes, y nombró en ese cargo a su Embajador en Estados Unidos, Emilio Núñez Portuondo, De esta forma, dio paso al llamado gabinete de la concordia, con el cual procuró tener una apariencia de Gobierno flexible con ribetes liberales …¨
En ese libro también se lee, en sus páginas 99 y 100, que Batista en marzo de 1958 le propuso al Movimiento 26 de Julio que participara como un partido político en las próximas elecciones junto a los otros partidos. Fidel Castro se negó alegando que esa proposición era una trampa de Batista. Los que hemos padecido la tiranía Castrista este medio siglo, sabemos que la verdadera razón de la negativa de Fidel Castro era que no quería Poder, sino todo el Poder y de manera vitalicia. En varios países de Latinoamérica han gobernado, y gobiernan hoy, individuos que fueron líderes de la lucha armada en países donde se llevaron a cabo diferentes Procesos de Paz cuando en ellos mandaban regímenes más autoritarios y represivos que el de Fulgencio Batista en Cuba. Leamos lo que se dice en el citado libro oficialista.
(Fulgencio Batsta y la Primera Dama Martha Fernández Miranda en las elecciones de noviembre de 1958)
¨Para estar a tono con este clima político, el Episcopado hizo un llamamiento público a la paz y a la concordia; esta gestión determinó de inmediato, la constitución de una Comisión de Concordia Nacional, integrada por distintas personalidades de la época: la encabezó el ex coronel de la Guerra de Independencia Cosme de la Torriente; los ex vicepresidentes de la república, doctores Raúl de Cárdenas y Gustavo Cuervo Rubio; y los también doctores José Manuel Cortina y Ricardo Núñez Portuondo; Víctor Pedroso, presidente de la Asociación Nacional de Bancos; y un representante del Episcopado, Reverendo Pastor González, secundados a su vez por la élite de los hacendados, banqueros y comerciantes. En síntesis esta comisión procuró lograr un arreglo entre Fidel y Batista, mediante el cual el Ejército Rebelde depondría las armas, se liberarían a los presos políticos, se permitiría el regreso de los exiliados, se restablecerían las garantías constitucionales y se efectuarían elecciones libres con la participación del Movimiento 26 de Julio como un Partido político tradicional más. Es evidente el carácter maniobrero y de completo servicio al régimen que tenía esa gestión de paz. El Comandante Fidel Castro denunció el 9 de marzo de 1958, en carta pública, los objetivos de esa comisión, con la cual terminó la corta vida de la misma.¨
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COMENTARIO DE ROBERTO A. TORRICELLA

(aechivo: dejado en Cubanet)
Por  Roberto A. Torricella

Tan culpables como los antedichos, algunos auspiciadores del triunfo comunista en Cuba entrevieron el peligro inminente pero las bajas pasiones (envidia, odio, hipocresía, resentimiento, cobardía moral y esa malsana inclinación de “pescar en río revuelto”) anularon la sensatez y al amor por Cuba. Miles de veces repetían la frase “cualquiera, con tal que se vaya Batista". Era intolerable para esa legión de necios que un hombre sin pergamino universitario, un simple sargento, dirigiera los asuntos del país. Y era tan profundo el odio clasista de tales “señoras y señores” que su animadversión era menor respecto a Castro. Cada vez que algún castrista arrepentido alude a la “traición” de Fidel, cita la promesa de éste de celebrar elecciones y de gobernar con la Constitución de 1940, como si esas circunstancias no hubieran ocurrido o estado vigente anteriormente.

DICTADURA O TIRANÍA

¿Qué es dictadura? ¿Qué es tiranía? ¿Qué es despotismo? ¿Hubo en Cuba durante la década de los 50s una situación que teórica o factualmente merezca cualquiera de esos nombres? Obviamente no. Veamos:

Dictadura es la concentración, en bien o en mal, de todos los poderes. ¿Tal era el caso en Cuba? Honestamente, no.

El Congreso ejercía sus funciones con independencia del Poder Ejecutivo y de la judicatura, con una representación oposicionista pequeña debido al retraimiento grausista en las elecciones, pero cumplió sus deberes con inteligencia y valor. En oportunidades diversas, leyes-decretos, aprobados por el Consejo de Ministros durante etapas de suspensión de garantías constitucionales y en receso el Poder Legislativo, fueron derogadas por éste al reanudar sus actividades.

El Poder Judicial (cuya independencia es suficiente para asegurar el carácter democrático de cualquier régimen), hubo de desenvolverse sin interferencia alguna, no obstante que su lenidad para con los terroristas constituía un estímulo a la sedición. ¿No se dictaron autos de procesamiento contra algunos miembros de la policía y del ejército por supuestos delitos cometidos al calor de la guerra civil? En ningún momento la estructura gubernamental, la “dictadura”, infringió la independencia del Poder Judicial.

No sólo los tres poderes del Estado eran interdependientes, sino que se desglosaron funciones del Poder Ejecutivo y se los adscribió a numerosos organismos autónomos y paraestatales cuya dirección y funcionamiento estaban a cargo de personas no vinculadas al gobierno.

Tiranía y despotismo poseen como elemento tipificador –adicional al de la dictadura- el ejercicio injusto, abusivo, anonadante de esos poderes. Contestemos con algunas interrogantes: ¿Por qué sobrevivieron Fidel y Raúl del asalto al Cuartel Moncada? ¿Por qué fueron excarcelados mucho antes de cumplir la sanción que le impusieron tribunales ordinarios? ¿Por qué la revista “Bohemia”, órgano del fidelismo, y otros, disfrutaron de las ventajas ofrecidas por bancos paraestatales creados por la “tiranía”? ¿Por qué la generalidad de los dirigentes terroristas y conspiradores claves que estuvieron en poder de la policía sobrevivieron a la “brutalidad” de ésta? ¿Por qué algunas entidades y empresas no fueron objeto de ataques o desaparecieron en aquella época a pesar de la ayuda notoria que prestaban al castrismo? ¿Por qué líderes oposicionistas recibían en el exilio las caudalosas rentas de sus propiedades? ¿Por qué periódicos, revistas, estaciones de radio y de televisión que alentaban la guerra civil no fueron allanados y destruidos sus maquinarias y mobiliario? Cualquiera que sea la respuesta, tendrá que aparecer en ella un elemento: la falta absoluta de crueldad, de prepotencia y de abuso por el gobierno existente.


¿Dónde está, pues, el dictador o el tirano?

BRUTALIDAD DE LA POLICÍA

La acusación de crueldad atribuida a la fuerza pública es la que más daño hizo ante la opinión pública internacional. Es, sin embargo, la más infame e infundada. La represión de los cuerpos policíacos fue una respuesta y rara vez se practicó descaminadamente. Aun así, como un exponente de que ni el ardor de la lucha ni la conciencia de que estaba en juego la vida, deshumanizaron la actuación del gobierno, ya que muchos pudieran confeccionar una extensa lista con los individuos a quienes protegió, escondiéndolos y atendiéndolos en sus casas, consiguiendo su excarcelación, facilitando su salida del territorio nacional, mientras que se mantenían a sus familiares en las posiciones públicas.

No puede aceptarse que la policía castigara con la muerte a quien produce la muerte indiscriminada con un aparato explosivo, pero no puede aceptarse tampoco que mientras se condene la acción policiaca, se cohoneste y aplauda la del terrorista. No puede aceptarse moralmente que el mayor número de víctimas producidas por un “revolucionario” merezca un alto grado en la jerarquía rebelde y que igual acción realizada por un miembro la fuerza pública merezca el pelotón de fusilamiento.

EL PELIIGRO DE CUBA

El peligro de Cuba no fue Fidel Castro ni su movimiento 26 de Julio. Lo fue la mayoría de la ciudadanía elite, clase media, y de profesionales, con cultura y patrimonio, que ciegamente y por odio apoyaron a un gánster de reconocida procedencia asesina. Será mucho más fácil rectificar el daño y la destrucción causada por la tiranía castrista que alimentar el sentido común y el juicio racional a una ciudadanía no pensante, fanatizada por tener a este tipo de criminal como su indiscutible líder cuando, en realidad, en Cuba no se requería ni había la necesidad de una sangrienta revolución terrorista. El problema es mucho más profundo y mucho más serio que Castro ya que él es una simple herramienta y síntoma del comunismo internacional que nos conquistó y destruyó a Cuba. Colocar la culpa solamente en el castro-comunismo no debe servir para cegarnos de la vasta cofradía de ignorantes que lo hicieron su príncipe. La república sobrevivirá a Fidel Castro y sus secuaces pero es menos probable que sobreviva a la multitud de necios irresponsables como los que lo convirtieron en su Robin Hood.



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