jueves, abril 30, 2026

Video de ErnestoMiami: Lo que el escritor cubano Leonardo Padura no se atreve a decir de Cuba. Te lo digo sin miedo

 ErnestoMiami

27 abril, 2026

Lo que Padura no se atreve a decir de Cuba. Te lo digo sin miedo.

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Traducción del idioma Inglés al idioma Español usando ChatGPT 

En Cuba: Ser o no ser

por Leonardo Padura  

23 de abril de 2026

¿Qué será de Cuba? Esta pregunta perdurable y ya cargada ha adquirido nuevas y vertiginosas dimensiones tras la operación militar de EE. UU. que extrajo al presidente venezolano Nicolás Maduro. La ansiedad y la incertidumbre en torno al futuro de Cuba se han intensificado aún más desde que el presidente de EE. UU., Donald Trump, firmó una orden ejecutiva el 29 de febrero prometiendo imponer aranceles adicionales punitivos a cualquier país que suministre a la isla el petróleo que Venezuela, su principal sostén económico, ya no puede proporcionar.  

A medida que pasan los días, el embargo energético de Estados Unidos—sobre un país ya vaciado por la escasez crónica de combustible y una incapacidad paralizante para generar electricidad fiable—ha llevado la vida en la isla caribeña a un estado casi catatónico. La imposibilidad de importar combustible, los apagones prolongados, el colapso del transporte público, la disminución de las actividades económicas y comerciales y, sumado a todo esto, la casi total ausencia de turistas—principal fuente de ingresos de Cuba—plantean una pregunta más profunda y existencial: ¿cuánto tiempo puede el país soportar esta situación?

Con cada día que pasa, queda cada vez más claro que la vida se está volviendo insoportablemente complicada para los habitantes de la isla, y existe una desconexión total entre el discurso oficial y el popular. Cada noticiero televisivo en Cuba, donde los medios están controlados por el Partido Comunista, muestra la instalación apresurada de fuentes de energía renovable—principalmente solar—en instituciones públicas como centros de salud y centros educativos, así como en hogares privados de médicos, maestros, trabajadores destacados y personas vulnerables. Estos sistemas, comprados o donados por China, alivian temporalmente un problema generalizado. Sin embargo, todos saben que no ofrecen una solución a la situación actual de Cuba.  

En los últimos años, mientras se construían más hoteles nuevos para alojar turistas—aun cuando las llegadas turísticas a Cuba ya habían caído drásticamente—¿por qué no se priorizaron antes las fuentes de energía alternativas? ¿Por qué ahora, cuando la mayor crisis ya está sobre nosotros? ¿Nadie previó el escenario actual? Mientras Cuba lucha, la gente también busca respuestas más inmediatas. ¿Cuándo se recogerán finalmente los enormes montones de basura que se acumulan en casi cada esquina de La Habana? ¿Qué pasará si virus estacionales como el dengue, el Oropouche, el Zika y la paralizante chikungunya que asoló el país el año pasado—mientras el paracetamol escaseaba y sigue siendo difícil de conseguir—vuelven a propagarse este verano? ¿Cómo llegarán las personas infectadas al hospital? ¿Cómo pagarán el transporte si el dinero que actualmente tienen, que puede seguir devaluándose, ya no es suficiente? La lista de preguntas de este tipo sigue y sigue.  

La situación fuera de La Habana es igualmente desoladora y podría conducir a un verdadero desastre sanitario o humanitario, que parece ser el resultado buscado de la política estadounidense de “máxima presión”. Una vez desatada la crisis, ¿qué viene después? Es difícil especular sobre los muchos escenarios posibles, dados los riesgos inherentes a tal ejercicio en un momento de profunda incertidumbre, debido en gran medida a los impulsos erráticos de la Administración Trump.

La postura oficial del gobierno cubano es inequívoca: resistir, indefinidamente. Algunos analistas sugieren que “indefinidamente” solo necesita extenderse hasta las elecciones de medio término en Estados Unidos, que pueden o no producir consecuencias políticas inmediatas. Pero, ¿qué sucede si, antes de que llegue ese momento, un pueblo exhausto y desesperado sale a las calles a protestar? La respuesta del gobierno casi con certeza sería severa. Las protestas de 2021 en Cuba establecieron un precedente sombrío: fueron enfrentadas con una represión judicial aleccionadora diseñada tanto para advertir como para castigar, con cientos de detenidos.  

Esto conduce a otra pregunta. Si eso volviera a ocurrir, ¿respondería EE. UU. con una intervención militar “humanitaria”? No parece la opción más probable, pero sigue sobre la mesa. La filosofía imperialista e intervencionista de esta Casa Blanca ha dejado absolutamente claro que considera el hemisferio occidental, y América Latina en particular, como su patio trasero, prácticamente una cuestión de política interna.  

¿Y qué hay del diálogo? La palabra misma—diálogo en español—significa una conversación entre dos o más personas que expresan alternadamente sus ideas. Proviene del griego dialogos: logos, que significa palabra, razón, la moneda del intercambio racional, junto con el prefijo dia, que significa a través de.

El gobierno cubano ha reiterado su disposición a entablar diálogo, con la condición de que se respete su soberanía nacional. Pero también es cierto que el poder ejecutivo de EE. UU. continúa aplicando presión sobre Cuba mediante un embargo decretado en 1962 y frecuentemente reforzado, con el objetivo expreso de provocar un cambio de régimen en la isla vecina.

Cuba es un país que Estados Unidos ya ha considerado insuficientemente comprometido con la lucha contra el terrorismo, y que ahora clasifica como una grave amenaza para la seguridad nacional estadounidense. Y así surgen otro conjunto de preguntas persistentes: ¿son realmente favorables las condiciones? ¿Existe voluntad entre los gobiernos cubano y estadounidense para llegar a un entendimiento, como dirían los griegos, mediante palabras razonables? ¿O estamos presenciando los movimientos iniciales de una guerra de trincheras entre posiciones fundamentalistas? Es difícil predecirlo.  

¿Y qué hay de los cubanos? En un país que ya lidia con múltiples crisis acumulativas, la vida cotidiana se ha vuelto

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Texto del artículo original

Tomado de https://time.com/article/2026/04/23/in-cuba-to-be-or-not-to-be/

In Cuba: To Be, or Not to Be

by Leonardo Padura

APR 23, 2026

hat becomes of Cuba? This enduring and already freighted question has acquired dizzying new dimensions in the aftermath of the U.S. military operation that extracted Venezuelan President Nicolás Maduro. The anxiety and uncertainty surrounding Cuba’s future have intensified further since U.S. President Donald Trump signed an executive order on Feb. 29 pledging to impose punishing additional tariffs upon any country that supplies the island with the oil that Venezuela, its primary economic supporter, can no longer furnish.

As the days wear on, America’s energy embargo—on a country already hollowed out by chronic fuel shortages and a crippling inability to generate reliable electricity—has driven life on the Caribbean island into a near-catatonic state. The inability to import fuel, the prolonged blackouts, the collapse of public transportation, the diminished economic and commercial activities, and, compounding all of this, the almost complete absence of tourists—Cuba’s principal source of revenue—raise a more searching, existential question: How long can the country endure this situation?

With each passing day, it is increasingly clear that life is becoming unbearably complicated for the island’s inhabitants, and there is a complete disconnect between official and popular discourse. Every television news broadcast in Cuba, where the media is controlled by the Communist Party, features the rushed installation of renewable energy sources—primarily solar—in public institutions such as health centers and educational facilities, as well as in the private homes of doctors, teachers, high-performing workers, and vulnerable individuals. These systems, purchased from or donated by China, temporarily alleviate a widespread problem. Yet everyone knows that they do not offer a solution to Cuba’s current situation.

In the past few years, while more new hotels were being built to accommodate tourists—even as tourist arrivals to Cuba had already fallen dramatically—why were alternative energy sources not prioritized sooner? Why now, when the biggest crisis is already upon us? Did no one foresee the current scenario? As Cuba struggles, people are also seeking more immediate answers. When will the huge mounds of garbage piling up on almost every corner of Havana finally be collected? What if seasonal viruses like dengue, Oropouche, Zika, and the paralyzing chikungunya which ravaged the country last year—while paracetamol was and remains hard to come by—break out again this summer? How will infected people get to the hospital? How will they pay for transportation if the money they currently have, which may further devalue, no longer suffices? The list of such questions goes on and on.

The situation outside Havana is equally bleak and could lead to a genuine health or humanitarian disaster, which seems to be the intended outcome of the U.S. policy of “maximum pressure.” Once the crisis has been unleashed, what comes next? It is difficult to speculate about the many possible scenarios, given the inherent risks of such an exercise in a time of profound uncertainty, owing largely to the erratic impulses of the Trump Administration.

The Cuban government’s official stance is unambiguous: resist, indefinitely. Some analysts suggest that “indefinitely” only need stretch as far as the U.S. midterm elections, which may or may not produce immediate political consequences. But what happens if, before that point arrives, an exhausted and desperate people take to the streets in protest? The government response would almost certainly be severe. The 2021 protests in Cuba established a grim precedent: they were met with a cautionary judicial crackdown designed as much to warn as to punish, with hundreds arrested.

This leads to another question. If that were to happen again, would the U.S. respond with a “humanitarian” military intervention? That doesn’t seem to be the most likely option, but it remains on the table. The imperialist and interventionist philosophy of this White House has made it absolutely clear that it considers the Western Hemisphere, and Latin America in particular, as its backyard, practically a matter of domestic policy.

And what of dialogue? The word itself—diálogo in Spanish—means a conversation between two or more people who alternately express their ideas. It comes from the Greek dialogos: logos, meaning word, reason, the currency of rational exchange, paired with the prefix dia, meaning through.

The Cuban government has reiterated its willingness to engage in dialogue, on the condition that its national sovereignty has to be respected. But it is also true that the U.S. executive branch continues applying pressure on Cuba through an embargo decreed in 1962 and frequently reinforced, with the express objective of bringing about regime change on the neighboring island.

Cuba is a country that the U.S. has already considered insufficiently committed to combating terrorism, and which it is now classifies as a serious threat to American national security. And so another set of stubborn questions arise: Are conditions genuinely favorable? Is there a willingness between the Cuban and American governments to reach an understanding, as the Greeks might have put it, through reasonable words? Or are we watching the opening gambits of trench warfare between fundamentalist positions? It is difficult to predict.

And what of the Cubans? In a country already grappling with multiple, compounding crises, daily life has grown still harder. The government’s economic capacity has dwindled so severely that today, most of what people eat no longer comes from la canasta básica—the government program that provides essential food supplies to citizens at subsidized prices.

Cubans now have to turn to recently legalized private businesses to buy essentials—chicken, oil, and toiletries—at disproportionately high prices, in a society where the average monthly salary hovers around 6,000 pesos, roughly $12. A monthly pension in my country may amount to 3,000 pesos. A carton of eggs costs the same.

And so I arrive at one last question, skull in hand, in the manner of Hamlet: To be, or not to be? And if the answer is to be, then by what means, under what conditions, and for how much longer can we suffer the slings and arrows of outrageous fortune?

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jueves, diciembre 09, 2021

Luis Cino desde Cuba: Los aseres ilustrados. Muchos de estos personajes se originaron en la atmósfera populista y populachera prevaleciente en los primeros años del régimen castrista

 Tomados https://www.cubanet.org

Los aseres ilustrados

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Muchos de estos personajes se originaron en la atmósfera populista y populachera prevaleciente en los primeros años del régimen castrista

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Por Luis Cino

8 de diciembre, 2021 

LA HABANA, Cuba. — Luego de 1959, en los medios intelectuales cubanos ha proliferado un curioso espécimen: el asere ilustrado. No importa cuán culto sea: entre citas beisboleras, de Lezama o de algún filósofo europeo —mientras menos conocido mejor— salpica su conversación con palabrotas y términos y frases de la jerga presidiaria.

Parece que ciertos escritores, cineastas y pintores creen que demuestran su cubanía y lo campechanos y desenfadados que son saludando con “qué volá”, hablando de “jevas” y llamando “asere” lo mismo a sus amigos que a cualquiera que se les ponga por delante, siempre que no sea un dirigente.

Es como si los hubieran hecho en un molde, todos se parecen: mal hablados, jaraneros, bebedores largos, machistas que presumen de ser ligones. Y rudos como son, pasan fácilmente —sobre todo cuando están curdas y el otro no se lo espera— del sentimentalismo y la afabilidad extrema al gaznatón.

Los escándalos en lugares públicos protagonizados por algunos de ellos, casi siempre borrachos, han pasado a ser leyendas urbanas.

Estos personajes se originaron en la atmósfera populista y populachera prevaleciente en los primeros años del régimen castrista, cuando, para no ser mal visto y poder abrirte paso en la nueva sociedad de proletarios que construían el socialismo, lo mejor era dejar a un lado los buenos modales y el refinamiento, para que a nadie se le ocurriera tomarte por un burgués, un señoritingo, un bitongo, un blandengue. O peor aún, un cundango.

De ese clima salieron los primeros aseres ilustrados: los que vistieron uniforme miliciano, cortaron caña y pudieron estudiar  —con especial énfasis en el marxismo según los manuales soviéticos— en la Facultad de Letras de la universidad para los revolucionarios o en la Escuela Nacional de Arte (ENA).

Los aseres pontificaban, se sentían más sueltos y en confianza para lucirse ante cortesanas y esnobistas, mejor que en las mesitas de la UNEAC, bebiendo aguardiente Coronilla en sus tertulias y cenáculos,  en alguna exposición en la Casa de las Américas, o en la Cinemateca, mientras esperaban que empezara la tanda con alguna película de Federico Fellini, Jean-Luc Godard o Glauber Rocha.

Sus descendientes, aunque menos apegados al dogma y los formalismos del socialismo castrista, se formaron en becas y escuelas en el campo donde, como predominaba la ley del más fuerte, había —¡vaya si lo sabré!— que ser duro para que te respetaran. Eso implicaba echar malas palabras a cada paso, no dejarte sopapear y estar listo a tromponearse con cualquiera. Ello no impedía que a muchos nos gustara la literatura, el buen cine y la música de Led Zeppelin y Pink Floyd, o de Creedence Clearwater Revival, como es el caso de Leonardo Padura, que al igual que su personaje novelesco y casi que alter ego (el teniente y luego librero por cuenta propia Mario Conde) es un confeso admirador del grupo californiano que sonaba cual si fuese de Memphis o New Orleans.

Leonardo Padura, junto a Pedro Juan Gutiérrez, uno de Mantilla, el otro de Centro Habana, son los más emblemáticos de los aseres ilustrados. El hecho de que ambos sean los más leídos escritores cubanos de los últimos 25 años indica que la fórmula de ser como son (o aparentarlo) funciona y da buenos dividendos, si de marketing literario se trata.

El real Padura, por muy de Mantilla que sea y mucha pelota manigüera que haya jugado en sus calles, es el que descubrió su afición por la escritura leyendo vorazmente a Vargas Llosa y a Cabrera Infante, por muy prohibidos que estuviesen. Lo demás se lo dio su innegable talento para el oficio, la ciudadanía española y la zorrería para lograr colarle goles a la censura.

Y allá el que se crea el pendenciero, cínico, sexomaniático y escatológico Pedro Juan de los solares habaneros que se inventó Pedro Juan Gutiérrez para su narrativa y sus poemas. En la vida real, el Bukowski criollo es un tipo culto, de buen gusto y con dinero y relaciones suficientes como para pasar, al igual que Padura, más tiempo en Europa que en Cuba.

En los últimos años, los epatantes aseres ilustrados de la nueva hornada, para no incurrir en lo políticamente incorrecto, han modificado algunos de los rasgos típicos de la especie. Extremándose en las citas y el lenguaje críptico, por no decir la palabrería metatrancosa, han decidido ser (o aparentar que son) más cultos que populares. Pero siempre irreverentes, lo mismo en el ambiente artístico y letrado que cuando “perrean” en una discoteca.

La principal transformación en las conductas de algunos, impensable hace unos años, es que ahora, en vez de posar de supermachos y  “ligones de jevas”, desenfadadamente, y sin que nadie indague su orientación sexual,  presumen de ser los más “open mind”.

No obstante, algunos petulantes de campeonato, en Cuba o fuera de ella, cuando tienen una perreta o quieren llamar la atención porque se sienten relegados, se les olvida la corrección política y se muestran groseramente  machistas, homofóbicos y racistas. Son aseres al fin y al cabo, por muy pulidos y posmodernos que parezcan.

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viernes, agosto 06, 2021

Miguel Sales Figueroa: El unicornio azul era un ornitorrinco albino.


 El unicornio azul era un ornitorrinco albino.

Por Miguel Sales Figueroa

4 de agosto, 2021

Silvio Rodríguez declara al diario español El País que la causa profunda de lo que ocurrió en Cuba el 11 de julio fue una insólita conjunción “de crueldades e infortunios”. Entre esos factores destacan, según el cantautor, “una pandemia mundial aún no controlada”, “un panorama económico especialmente desfavorable” y “62 años de bloqueo (sic) incrementado por 240 medidas de asfixia extra (sic) que el gobierno de Trump nos impuso…”. 

Leonardo Padura, por su parte, afirma a la agencia EFE que sus novelas son "de los documentos más radicales que se pueden haber escrito" sobre Cuba. “Y eso a mí me da mucha tranquilidad”, añade, como si hubiera motivos para intranquilizarse. "Con cierta frecuencia recibo ataques de un extremo y de otro, porque trato de ser justo y de hablar de verdades sobre las que existe un cierto consenso", agrega el novelista, dueño de lo que dice… y de lo que calla.

Silvio, el Susurrante, Padura, el Radical… qué fauna. Ante la insurrección popular, dan pellizcos de monja al régimen que los ha amamantado durante 60 años. Reinciden en malabarismos para jugar con la cadena sin molestar al mono. Echan una de cal y cuatro de arena para sepultar el asunto. Y, al mismo tiempo, se desmarcan un poquito. Por siaca…

Pero la realidad es terca. Cuba es un Estado fallido, lo que en lenguaje diplomático se llama un basket case. Un país improductivo con un gobierno tiránico, que sobrevive gracias a la caridad internacional.

Si tras seis decenios de dominio absoluto de la economía de la Isla, en un contexto de paz y estabilidad, disponiendo del control total de la vida social y política, con un volumen ingente de ayuda externa en forma de petróleo y subsidios para casi todo, el régimen castrista ha alcanzado los resultados que ahora saltan a la vista, la responsabilidad es, obviamente, de los burócratas “revolucionarios” que han ejercido el poder totalitario a través del Partido Comunista y con la complicidad de turiferarios como estos voceros impenitentes.

Silvio, Padura y sus colegas corren un estúpido velo sobre los fusilamientos, las cárceles, los atropellos y las violaciones de derechos humanos que el régimen ha practicado durante décadas y que ahora se vuelven contra el mismo sistema que los implantó. Apenas rozan con un pétalo de azucena la quiebra social que representan el exilio de dos millones de compatriotas, la miseria generalizada, el adoctrinamiento, el simulacro permanente de adhesión que el gobierno exige y las consecuencias individuales y colectivas de la falta de libertad.  

Ya sé que recordar estas verdades evidentes me convierte en un extremista peligrosísimo, pero qué le vamos a hacer. Ante lo que está ocurriendo en la Isla, la equidistancia me parece el último refugio de la cobardía.   


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lunes, abril 26, 2021

Zoé Valdés: RESPUESTA, OTRA VEZ... ¿QUÉ ENVIDIA PADURA Y QUÉ ES LO QUE LO HA CONDUCIDO A LA POPULARIDAD?

 

RESPUESTA, OTRA VEZ... ¿QUÉ ENVIDIA PADURA Y QUÉ ES LO QUE LO HA CONDUCIDO A LA POPULARIDAD?


Por Zoé Valdés.

Bien, como nadie responde, una vez más tengo que hacerlo yo.

Hypermedia Magazine, ese panfleto entre lo castrista chic y la filosofía de la metatranca centromorronguda con Grants como soporte de la dependencia politiquera, acaba de publicar una baba jalaleva, titulada algo así como 'Envidiar a Padura', y que empieza preguntándose "¿Qué se envidia cuando se envidia a Padura?".

En primer lugar, el único envidioso y chivato es Leonardo Padura, que fue preparado y entrenado tras la publicación exitosa de mi novela 'La nada cotidiana' y de mis siguientes novelas para destruir -órdenes del Comité Central mediante- mi carrera literaria. Como mismo quisieron hacer mucho antes con Senel Paz contra Reinaldo Arenas.

Lo inmediato que hizo Padura fue dar una entrevista en El País, sirviéndose de Luis Sepúlveda, chileno mentiroso donde los haya, que fue quien por órdenes del castrismo introdujo a Padura en su editorial francesa, de la editora izquierdista Anne-Marie Metaillié... En El País, Padura desbarró contra mí y contra Cabrera Infante, lo que no ha cesado de hacer desde entonces.

En segundo lugar, el triunfo de Padura está entonces servido por la izquierda mundial. Padura plagió la novela de Álvaro Alba que ya llevaba años dando vueltas entre editoriales, y que cayó en manos de su editora, brasileira de origen, pro castrista, pro Lula da Silva, como se pudo comprobar después cuando Padura visitó a Lula en la cárcel y manifestó públicamente por su liberación en Brasil. Esa editora es la misma que desde Tusquets se fue deshaciendo de los libros de Reinaldo Arenas para imponer a Padura.

Tras ver que yo en 1998 fui la tercera artista y escritora cubana exiliada que recibió la Orden francesa de Chévalier des Arts et de Lettres, después de los cubanos Brindis de Salas y Gina Pellón, Padura y sus "agentes de influencia" hicieron todo para que se la entregaran a él; lo que ocurrió años más tarde de que me la dieran a mi, por no decir décadas, y de paso también se la zumbaron a la Wendy Guerra, otra 'personaja del puerto' (cito el poema de mi amigo Gonzalo Rojas) montada a horcajadas en el lomo del Gabo.

Padura seguía hablando pestes 'sotto voce' aquí y allá en mi contra y en contra de Guillermo Cabrera Infante. Cuando la Universidad de Valenciennes en Francia me dio el Doctor Honoris Causa junto a varios Premios Nobeles muy conocidos todos, la Embajada de Cuba en París y el propio Padura hicieron con anterioridad lo indecible para que no me lo dieran a mí, y por el contrario se lo dieran a él. Cosa que no ocurrió porque los profesores se pusieron en sus trece y dijeron que de ninguna manera, cosa que ellos mismos me contaron luego.

Cuando murió Guillermo Cabrera Infante, ahí Padura vio los cielos abiertos, y desbarró en una entrevista en ABC contra el autor de 'Tres Tristes Tigres' argumentando al descaro que Guillermo Cabrera Infante había dejado de escribir en cuanto se exilió. No puede haber una falsedad mayor, puesto que toda la gran obra de GCI fue hecha en el exilio. Tuvo que contestarle con la verdad y poniéndolo bonito, el gran Aurelio Mayor desde Barcelona, en otro artículo publicado en La Razón.

Para subirle la parada al Premio Cervantes de GCI, el régimen castrista cabildeó con el gobierno español un Premio Princesa de Asturias para Padura, ojo al dato: su editora pro castrista de origen brasileiro formaba parte del jurado que daba el premio.

Padura jamás ha parado de ponerme piedras y zancadillas en cuanto festival, feria del libro, o evento literario han querido invitarme. En un evento celebrado en París a finales de los noventa, Padura sintiéndose cómodo entre la 'claque' enviada por la embajada castrista para abuchearme, negó todo el sentido de mi presentación de mi novela 'Café Nostalgia'; debo decir que no fue el único, Karla Suárez también lo hizo en su momento con mi novela 'Querido primer novio'. Pero, en aquella ocasión la escritora cubana supuestamente exiliada en Puerto Rico, Mayra Montero, a quien yo había conocido en La Habana en los años ochenta, invitada a Cuba por Wichy Nogueras, se puso del lado de Padura a la hora de criticarme. Como mismo hizo, tiempo después en Guadeloupe, cuando tres escritores cubanos optábamos por el Premio Literario de las Américas: ella, Pedro Juan Gutiérrez y yo. Pedro Juan Gutiérrez se paseaba en el automóvil del policía de la embajada castrista todo el rato, y Mayra Montero por su parte -junto a él- hacía como que creía que el premio me lo darían a mi por el mero hecho de que yo vivía en Francia, y el premio lo entregaban unos bekés (colonos franceses dueños de centrales azucareros que tenían negocios con el castrismo); pues sucedió que para un mal actuado asombro de Montero y del premiado, le otorgaron el premio a Pedro Juan Gutiérrez, me lo quitaron a mí y a ella, y reitero, se lo dieron a Pedro Juan Gutiérrez, como mismo predije que sucedería desde el primer momento. Por cierto, en el jurado estaba el 'sembradito' -según escribió Reinaldo Arenas en su correspondencia a Margarita y Jorge Camacho- Eduardo Manet. Pero Pedro Jota, el cubano chabacano, al que todos le bendijeron las malas palabras, como literato del realismo sucio no dio la talla, y volvieron a echar mano de Padura el oficialista.

Basta ya de querer vender a Leonardo Padura como un pobre envidiado por todos, cuando no ha sido más que un oportunista, mediocre, envidioso, chivato y buen agente del castrismo que no se ha detenido a atacarme a mí, escritora, mujer y exiliada, no sólo por envidia y por chivato, sino además por malvado y por agentón castrista.

Aquí estoy para contar esto, y mucho más.

Zoé Valdés es escritora y artista. Fundadora y Directora General de ZoePost y de Libertad de Prensa Foundation Corp.
Photo Jean-Marie Périer, el mismísimo... 

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martes, octubre 13, 2020

Video de la presentación de la novela Como Polvo en el Viento del escritor Leonardo Padura

 
Secretaría de Cultura Ciudad de México

11 de octubre, 2020

Presentan: Leonardo Padura (autor)

Modera: Gerardo Arreola

Editorial Planeta

Gerardo Arreola y Leonardo Padura 

El distinguido escritor y periodista cubano Leonardo Padura —ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015— presenta su novela Como polvo en el viento, en donde narra la historia de un grupo de amigos que ha sobrevivido al exilio y la dispersión en distintas partes del mundo, y cómo el tiempo se ha encargado de encontrarlos y extraviarlos.

PRESENTACIÓN DE LIBRO. Como polvo en el viento.



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miércoles, septiembre 18, 2019

Zoé Valdés: De imitaciones y plagios



De imitaciones y plagios

Por Zoé Valdés
17 de  septiembre de 2019

 años, en New Jersey, un tipo -cubano él, de dónde sino-, me aseguró y juró por su madrecita (señal de la cruz mediante) que había un cantante puertorriqueño que se vislumbraba como el nuevo Benny Moré, y que para él lo era sin duda de ninguna clase. Bien. No quise contradecirlo porque yo en aquella época todavía andaba medio 'bobaliconalírica' guindada del humo de las chimeneas.

Esa misma semana otra tipa, cubana también, me invitó a la primera pasarela de la marca de trapos de esta niña mexicana que canta -eso dicen- y baila peor, de la que Cristina Saralegui en un arranque de guataquería afirmó que era más bonita que María Félix. ¡Semejante alfeñique con nombre de musa griega (mal bautizada por supuesto) compararse con la Doña! ¡Josú! como dicen los andaluces, que Dios me ampare y me favorezca, como decían los cubanos de antes. Entonces, a esa pasarela en el centro de New York fui por mi hija, que era una niña todavía, y que cuando llegó y vio aquello me miró con cara de susto, y se durmió en cuanto nos sentamos, y también asistió Donald Trump. Aquello estaba repleto de mexicanos que se tiraron en plancha como los monjes tibetanos ante un Buda en cuanto lo vieron. Saludó a todo el mundo, muy amistoso, y al rato, cuando la mexicana salió a cantar que vio al Moñe, se hizo la que no sabía que él vendría (o sea, como si ella y el marido poderoso no lo hubieran invitado), interrumpió la canción de mierda que estaba interpretando para asombrarse toda emocionada con la siguiente exclamación: "Omaigá, Donald Trump!!!" Y de nuevo cogió el micrófono con la puya encharcada en aquello que tú sabes: fluido vaginal.

Detrás de ella salió a berrear el supuesto sustituto de Benny Moré: Un blanquito fuñido, desteñido y con espejuelos de pasta negra, que si bien es cierto que tiene un chorro de voz, lo que no se puede negar, no se le para ni al lado de una verruga del calcañal del Bárbaro del Ritmo. Pero ya saben ustedes cómo son los cubanos, enseguida necesitan tumbar al original para colocar en un pedestal a la copia mala. Mala no, malísima.

De esa característica tan insensata del cubano, como todo lo que hace siempre, se ha aprovechado y aprendió la tiranía, de ése quítate tú para ponerme yo o en su defecto al otro. De tal modo, a partir de finales de los ochenta, entendieron que suplantando a Reinaldo Arenas y su éxito en España y en el mundo, por Senel Paz, no sólo borrarían a Reinaldo, impedirían que éste publicara y ganara premios y de un golpe magistral le arrancaban la tribuna que él mismo se había construido con su obra y sus derechos de ciudadano libre. El cuento ya se los hice en uno de los programas que le dediqué a Reinaldo en mi Canal de You Tube. Un guajirito revolucionario (Senel Paz) de un empujón y con un helado vulgar de Coppelia le daba un fondillazo al guajirito natural 'gusano' (a mucha honra) y anticastrista. También así colocaron a la Pelúa del 14ymierda por encima de Oswaldo Payá.

En mi caso han tratado de enviar a varios para tumbar mi imagen y debilitar mi voz: Abilio Estévez primero, Pedro Juan Gutiérrez fue el segundo (que desde Cuba llegó directamente a mi agente literario, contra, vaya casualidad), Padura Caradura y la Quendi Retaco Guarra, que no sólo fue a mi casa a robar libros y sombreros de mi pertenencia pidiéndoselos a mi pobre madre enferma de los nervios, además me escribía cartas de amor, y una vez fuera se dio a la tarea de intentar denigrarme y de imitarme con sus ridículos sombreros que le fabrica la chea del momento de la isla, cuyos diseños más parecidos a nidos de gorriones hambrientos no se pueden comparar con los míos adquiridos todos en Galeries Lafayette y en el Faubourg Saint-Honoré.

Así han venido actuando los castristas, y es lo que trata de hacer la Aymée Nuviola: imponerse con el estilo mal copiado de la única Sonera, Guarachera y Reina de Cuba, Celia Cruz. Que lo intente es una cosa, que lo consiga es otra. Jamás podrá pararse ni al lado de la sombra de la Ceiba más potente de Cuba.

Aunque.

Recuerden cómo son los cubanos. Habrá alguno que dirá, no pocos -dicho sea de una vez- que afirmarán que la Nuviola es mejor mil veces que Celia. Como mismo acuñaron que Estévez, Gutiérrez, Caradura y la Guarra son mejores que la Valdés. Como si yo viviera de ese pedacito, como si los originales necesitáramos de las opiniones y del mal gusto de los adulones de las falsas copias.

Bah.

Zoé Valdés.
Blúmeehierro Lenguaechucho. Uniquita del Montón.

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jueves, marzo 22, 2018

Hecho en Cuba. Andrés Reynaldo sobre el escritor leonardo Padura: . En el gran esquema del cambio-fraude, Raúl Castro necesitaba un Frankenstein literario

Tomado de http://www.elnuevoherald.com

Hecho en Cuba

Por Andrés Reynaldo
22 de marzo de 2018

En el gran esquema del cambio-fraude, Raúl Castro necesitaba un Frankenstein literario. Ahí estaba el novelista Leonardo Padura. Da igual si lo cosieron y atornillaron con siniestra paciencia a lo largo de las décadas en un sótano del Cimeq (quizás hasta recibió alguna víscera del finado Hugo Chávez) o si lo dejaron una fría mañana en el umbral de la estación de policía de Mantilla, arropado en una raída batica blanca con la insignia del equipo Industriales.

Lo importante a notar es la construcción fragmentaria y residual de la criatura, sus torpes funciones, las incongruencias de su desarrollo, su díscolo y ladino discurso. Fama, por lo menos, ha logrado. Padura es el rostro de la cultura neocastrista. Primero entre sus pares. Una nueva clase (una subcasta, más bien) de escritores, académicos, pintores, periodistas y músicos que operan bajo un vigilado principio de transgresión retardada. Escriben, pintan, disertan y cantan sobre lo que ayer prohibía la dictadura, justo a partir del momento en que a la dictadura le convenga exhibirlo. Aquí no cabe hablar tanto de estética como de prestidigitación. Se escribe sobre el trotskismo en Cuba sin mencionar a los trostskistas cubanos, perseguidos con saña por Fidel. Llueve azufre sobre un par de difuntos funcionarios que implementaron el Quinquenio Gris en medio de los rigores del Quinquenio Prieto. Kcho le regala al Papa Francisco un Cristo de gastados remos dedicado a los balseros de África. ¡Los balseros de África! La magia, ¿quién lo duda?, también es un arma de la Revolución.

(El novelista cubano Leonardo Padura)

Así, la proposición de que Padura es un escritor contestatario implicaría el escándalo de la calumnia si no tuviera el andamiaje del disimulo. No nos equivoquemos, Padura es un escritor comprometido, no en un sentido sartreano, sino leninista. La suya no es una posición contra el poder sino con el poder. Para su desventaja, la época ha desgastado el aparato teórico de la dictadura. Ya no hay tierra firme, como en tiempos de Silvio y Pablito, para exaltar la opresión en nombre del futuro. La era ya no está pariendo un corazón sino una empresa mixta entre Odebrecht y la familia Castro. Eso deja a Padura y a tantos otros (y otras) con un espurio manual del oportunista zen del raulismo: el chapoteo para atrás y para adelante, la anticuada voltereta postmoderna, la pose de enfant terrible con una jaba de la UNEAC, la hipótesis a media lengua y la crítica pueril del acontecimiento no significativo en un eterno presente de venta de liquidación.

Contradictorias carnes componen a nuestro Frankenstein. Esto hace que en Padura se observen a primera vista los dos radicales misterios del ente aludidos por Parménides de Elea: en un mismo espacio y al mismo tiempo Padura es y no es. Es el escritor oficialista que accede al Premio Nacional de Literatura por una novelística consagrada a humanizar a un miembro del Ministerio del Interior y es el compungido autor que se queja de no ser suficientemente publicado en Cuba. Es el solícito recipiente del homenaje de sus lectores en Miami y es el virulento comentarista que va por medio mundo acusando a los exiliados de corruptos, anacrónicos y energúmenos. El hemingüeñano corresponsal de la guerra en Angola y el cabo encargado de trucar el número de los muertos. El conformista con sandalias de hereje. El diletante con pausas de pensador. El pícaro con una coartada humanista.
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ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS

Así que Padura se queja de no ser suficientemente publicado en Cuba, como si la cosa allí estuviera para leer novelitas, ni siquiera novelas muchísimo mejores que las suyas, y como si allí hubiera público con moneda fuerte como la que buscan sus promotores extranjeros. Bueno, el tipo no tiene la cara que tiene por gusto. Y pensar que figuras de la talla de Lezama Lima pagaron un precio tan alto por no prostituirse. Claro, el problema es que la prostitución es rentable
Realpolitik

O sea, para resumir, Padura es un escritor popular que se vale de lo que le resulta más conveniente y rentable para vender libros a cierto público, al cual nada le importa el oportunismo siempre y cuando sea “correcto” y esté de moda. Cómo decía cierto muerto, vamos bien
Realpolitik

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