jueves, febrero 22, 2024

Luis Cino Álvarez desde Cuba sobre la venganza castrista contra el escritor, Premio Cervantes, Guillermo Cabrera Infante

 Tomado de https://www.cubanet.org/d

La venganza castrista contra Cabrera Infante

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Ni después de muerto los castristas le han perdonado a Cabrera Infante, uno de los más importantes escritores cubanos del siglo XX, que haya sido un acérrimo adversario

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Por Luis Cino Álvarez

La Habana

21 de febrero, 2024

LA HABANA, Cuba.-  Este 21 de febrero se cumplen 19 años del fallecimiento en 2005, en Londres —donde vivía exiliado desde 1967—, a los 76 años, de Guillermo Cabrera Infante, uno de los más importantes escritores cubanos del siglo XX.

Si solo hubiese escrito Tres tristes tigres, con eso bastaría. Con esa novela de 1967, en la que utilizó según sus propias palabras, “los diferentes dialectos del español que se hablan en Cuba”, eternizó la magia de las noches de una Habana que ya solo existe en sus novelas.


En La Habana para un infante difunto continuó esa nostálgica y afanosa búsqueda de una ciudad en la que en los poco más de 20 años que vivió —desde que llegó provinciano y pobre, en 1941, hasta que partió al exilio en 1965— amó, fue feliz y sufrió.

La escritura de Cabrera Infante, caracterizada por los retruécanos, los juegos de palabras, el uso del hipérbaton, las traslaciones idiomáticas y un muy peculiar sentido del humor, es única, irrepetible.

Por la abundante intertextualidad, la presencia de lo paródico en sus escritos y su aprovechamiento de referentes de la música y el cine, sus dos grandes pasiones, se puede afirmar que Cabrera Infante, ganador del Premio Cervantes en 1997, fue un precursor del postmodernismo en la literatura cubana y latinoamericana y el escritor que más ha influido en los autores cubanos de las últimas décadas.

Por su crítica intransigente al régimen castrista, los decisores de la cultura oficial han tratado, pese a su importancia y sus métodos literarios, de minimizar la obra de Cabrera Infante. El principal comisario cultural del castrismo, el exministro de Cultura y actual director de la Casa de las Américas, Abel Prieto, en modo de supremo árbitro de la literatura, ha llegado a afirmar que de los libros de Cabrera Infante, solo valen la pena Tres tristes tigres y La Habana para un infante difunto.

De cualquier modo, ni aunque los castristas se decidieran a publicar algo de lo más políticamente inocuo de Cabrera Infante, podrían hacerlo, porque el escritor, que se enorgullecía de estar prohibido, dejó dispuesto antes de morir que sus libros no se publicaran en Cuba mientras imperara la dictadura, y su viuda, Miriam Gómez, se ha encargado celosamente de que se cumpla su voluntad. Debido a eso, luego de que el libro de relatos Así en la paz como en la guerra que fuera publicado en 1960, por Ediciones R., y Un oficio del siglo XX en 1963, lo único que se ha vuelto a publicar en Cuba de la autoría de Cabrera Infante fue en el año 2009, el cuento “En el gran ebbó”, incluido en la antología La ínsula fabulante.

Luego de obviar a Cabrera Infante durante décadas (su nombre no apareció en el Diccionario de la Literatura Cubana, publicado a fines de los años 70), los comisarios culturales del régimen, en los últimos tiempos, se han vengado de él del modo más avieso que pudieron escoger teniendo en cuenta el apasionado anticastrismo del escritor: sacando a relucir su pasado castrista.

Así, se afanan en presentar a Cabrera Infante como extremista e intolerante durante los dos años en los que dirigió Lunes de Revolución, el suplemento cultural del periódico Revolución, que era el órgano del Movimiento 26 de Julio. Para ello, insisten en recordar que Cabrera Infante apoyó los juicios sumarísimos contra los militares del régimen de Batista y la emprendió contra el diario La Marina y los autores del Grupo Orígenes, en particular, Lezama Lima.

De origen humilde, hijo de comunistas, habiéndose opuesto a la dictadura de Batista, Cabrera Infante fue fascinado inicialmente por la revolución de Fidel Castro. Pero esa fascinación se desvaneció pronto. 

Su ruptura con el castrismo fue un proceso traumático que se inició en 1961, a partir de que lograran el cierre de Lunes de Revolución los comisarios estalinistas con Alfredo Guevara al frente, que lo acusaban de “querer cogerse la cultura revolucionaria para él solo”, como narraría posteriormente en el cuento “Delito por bailar el chachachá”.

Para apartar al escritor, lo asignaron como agregado cultural a la embajada cubana en Bélgica. Cuando volvió a Cuba en 1965 para el entierro de su madre, las autoridades lo retuvieron e investigaron durante varios meses. Finalmente, vigilado y hostigado, no tuvo otra opción que el exilio, donde siempre se mostró frontalmente opuesto al régimen.

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Guillermo Cabrera Infante, entrevista al escritor Premio Cervantes 1997


Entrevista A Guillermo Cabrera Infante (Censura En Cuba) 1


Entrevista A Guillermo Cabrera Infante (Censura En Cuba) 2


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GCI, antes de 1959, cuando escribía para la revista Carteles con el seudónimo Caín. En la foto el actor Marlon Brando


GCI en Lunes de Revolución




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jueves, enero 25, 2024

Diego Santana: La Habana sin cines para un infante. A 45 años de la publicación de 'La Habana para un infante difunto', de Guillermo Cabrera Infante, es la ciudad la que merece el calificativo de 'difunta'.

 
Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

PARA VER LA RELACIÓN DE  LOS CINES QUE HABIAN EN LA CIUDAD DE LA HABANA EL 31 DE DIC. DE 1958 Y LA CANTIDAD DE BUTACAS QUE HABÍAN EN ELLOS HACER CLICK AQUÍ. AL FINAL SE LEE:

Total 134 cines sin contar los que habían en el resto del municipio Habana, como  en Regla, Guanabacoa, Cojímar, Rancho Boyeros, Stgo. de las Vegas, Wajay, Chico, Arroyo Arenas, Jaimanitas, Santa Fé, Cotorro Cuatro Caminos, San José de las Lajas, Tapaste, Jaruco, Caraballo, Hershey, Jibacoa, Campo Florida y ademas en las otras ciudades de la Provincia.

Cubanos, este es otro mas de los innumerables motivos por el cual sentir gran orgullo por lo que era Cuba.. 

Para los que no son cubanos, este tipo de estadistica tal vez les ayude a comprender un poquito mejor a los cubanos cuando se refieren a "lo que era Cuba antes..."

Increible... mas que en New York o Paris.


Fotos de algunos de esos cines: en mejores tiempos

El complejo Duplex - Rex Cinema  fue desde antes de 1959  una de las primeras multisalas de cines de toda América Latina 


Después de robado se le puso el nombre de Yara; como cine Radiocentro fue pionero en América Latina en exhibir en él, el cine con la tecnología Cinerama. Se dice que después de la Robolución desmantelaron la tecnología Cinerama y la enviaron para la Unión Soviética; en caso de que eso sea cierto, quizás fuera para aplicarle ¨ingeniería inversa¨ y así los soviéticos robar y reproducir esa tecnología como hicieron, por ejemplo, con el antológico avión norteamericano B-29 (una fortaleza volante) para hacer el Tupolev 4.

Después de robado se le llamó Mella

El cine Atlantic fue durante décadas  el cine de la Cinemateca de Cuba; hoy se llama Chaplin si no me  equivoco. Ese cine está en el edificiio Atlantic  donde  desde hace décadas está la sede del ICAIC.

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Tomado de https://diariodecuba.com/c

La Habana sin cines para un infante

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A 45 años de la publicación de 'La Habana para un infante difunto', de Guillermo Cabrera Infante, es la ciudad la que merece el calificativo de 'difunta'.

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Por Diego Santana

Córdoba,España

24 Ene 2024

"Fui al cine de día, asistí al acto maravilloso de pasar del sol vertical de la tarde, cegador, a entrar al teatro cegado para todo lo que no fuera la pantalla, el horizonte luminoso, mi mirada volando como polilla a la fuente fascinante de luz", así describe Guillermo Cabrera Infante la primera de las tantas veces que fue a un cine de La Habana, la tan vertiginosa y contradictoria capital cubana de los años 50. Lo describe en esa aventura fascinante, de descubrimiento sexual e intelectual, que es La Habana para un infante difunto, una novela que este 2024 cumple 45 años de publicada. 

La obra, un caleidoscopio que enciende la melancolía, nos coloca en el epicentro de una Habana que ya no existe, en las butacas carcomidas de unos cines que ya tampoco están.

"El San Francisco fue un lugar ideal para la iniciación. Podía haber sido mejor el cine Los Ángeles, que no estaba muy lejos, o todavía mejor el Hollywood, al que nunca fui", escribió Cabrera Infante y hace años que ninguna película se proyecta en estos cines, como tampoco hay sala oscura, ni luneta ni pantalla en el Esmeralda, el Salón Regio, el Favorito, el Rex y el Dúplex, el Lara, el Alkázar, el Campoamor o el Majestic, ni en casi ninguno de los tantos que menciona a lo largo de la novela.

¿Cómo es posible que ahora, más de 60 años después, con muchas pasiones, agonías y escaseces a cuestas, solo queden ocho ―cinco como cines y tres como teatros― de los más de 40 cines mencionados por Cabrera Infante a lo largo de la novela?

El deterioro prolongado, el desfase tecnológico y el poco interés estatal, así como la prohibición de que los cines sean gestionados por particulares o empresas privadas, son las causas que han dilapidado el circuito cinematográfico habanero. El control de las pantallas ha sido también una de las constantes del aparato ideológico cubano, por lo que la calidad de lo exhibido está, las más de las veces, supeditada a lo "políticamente correcto". Las censuras se cuentan por decenas y el cine independiente tiene escasa o nula distribución en las pocas salas que se conservan.

(En la foto Guillermo Cabrera Infante  como crítico cinematográfico de la revista Carteles, que firmaba sus artículos con el seudónimo ¨G. Caín¨. A su  lado el famoso actor Marlon Brando en una de sus visitas a Cuba antes de 1959. Fotos y comentarios añadidos al artículo  por el Bloguista de Baracutey Cubano) 

Cuando Cabrera Infante publicó La Habana para un infante difunto, en 1979, ya existía el Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC) y, en diciembre de ese año, tuvo su primera edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Tanto el ICAIC como el Festival han contribuido a robustecer lo que el crítico Juan Antonio García Borrero ha llamado "cuerpo audiovisual de la nación", pero también han contribuido, con la misma fuerza, a encasillarlo en el limitado espectro de la Revolución, despreciando todo lo que no se ajuste al molde, cuando ese "cuerpo audiovisual" es, a pesar de la propaganda y los propagandistas, mucho más rico que una consigna.

Hace años que el cine cubano vive la crisis más profunda de su historia, ya no es solo que no haya salas de exhibición, es que el número de películas ha sufrido una reducción considerable. Ya no existen los cines de barrio, imprescindibles para la distribución cinematográfica por toda la ciudad, y algunos de ellos, los que han logrado mantenerse en pie, conviven entre la desidia y un prometido, pero pospuesto y pospuesto y pospuesto, plan de restauración que prevé que en el futuro ―¿cómo el Gobierno es capaz de hablar de futuro sin ni siquiera puede gestionar dignamente el presente?― haya al menos un cine por cada municipio de la capital.

Existe en el ICAIC, institución encargada de la gestión de las salas, un cronograma, aprobado por el Consejo de Ministros, para llevar a cabo dichas restauraciones. El plan, trazado hasta 2030, solo ha permitido hasta ahora la reapertura del Cine-Teatro de Regla. Tanto la población como los miembros del gremio cinematográfico ven con escepticismo que, con la economía nacional en caída libre y con el pésimo estado actual de las salas, puedan llevarse a cabo las tardías reparaciones planteadas.

"Acudir como una alevilla a la luz del cine Actualidades, a sus luces y sombras a veces acompañadas por la nueva música americana, ese swing", escribió Cabrera Infante sobre el cine Actualidades, inaugurado en 1906 y de alto valor patrimonial. Su restauración se ha estudiado más de una vez, incluso existe (o existió) intención colaborativa por parte de la Delegación de la Unión Europea en Cuba, y la verdad es que, entre intenciones no concretadas y planes retrasados, el Actualidades, que llegó a tener 1.700 capacidades, sigue pudriéndose entre ratas y basura.

El América, por su parte, era "el más lujoso y el más caro y el que ofrecía mejores estrenos", escribió Cabrera Infante. A día de hoy ya no funciona como cine, y no es ni el más lujoso ni el más caro ni el que ofrece mejores estrenos. En condiciones constructivas incapaces de mantener, tal vez ni siquiera de imitar, el lujo que existió una vez, el América ofrece espectáculos de variedades y, en los próximos días, será una de las sedes del Festival Internacional Jazz Plaza.

A 45 años de la publicación de La Habana para un infante difunto, es La Habana la que merece el calificativo de "difunta". Los cines de la ciudad son testimonios de La Habana vibrante que existió y ya no existe. Son recuerdos indelebles en cientos de vidas, y ahí siguen, como la Isla toda, cayéndose a pedazos.

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lunes, abril 26, 2021

Zoé Valdés: RESPUESTA, OTRA VEZ... ¿QUÉ ENVIDIA PADURA Y QUÉ ES LO QUE LO HA CONDUCIDO A LA POPULARIDAD?

 

RESPUESTA, OTRA VEZ... ¿QUÉ ENVIDIA PADURA Y QUÉ ES LO QUE LO HA CONDUCIDO A LA POPULARIDAD?


Por Zoé Valdés.

Bien, como nadie responde, una vez más tengo que hacerlo yo.

Hypermedia Magazine, ese panfleto entre lo castrista chic y la filosofía de la metatranca centromorronguda con Grants como soporte de la dependencia politiquera, acaba de publicar una baba jalaleva, titulada algo así como 'Envidiar a Padura', y que empieza preguntándose "¿Qué se envidia cuando se envidia a Padura?".

En primer lugar, el único envidioso y chivato es Leonardo Padura, que fue preparado y entrenado tras la publicación exitosa de mi novela 'La nada cotidiana' y de mis siguientes novelas para destruir -órdenes del Comité Central mediante- mi carrera literaria. Como mismo quisieron hacer mucho antes con Senel Paz contra Reinaldo Arenas.

Lo inmediato que hizo Padura fue dar una entrevista en El País, sirviéndose de Luis Sepúlveda, chileno mentiroso donde los haya, que fue quien por órdenes del castrismo introdujo a Padura en su editorial francesa, de la editora izquierdista Anne-Marie Metaillié... En El País, Padura desbarró contra mí y contra Cabrera Infante, lo que no ha cesado de hacer desde entonces.

En segundo lugar, el triunfo de Padura está entonces servido por la izquierda mundial. Padura plagió la novela de Álvaro Alba que ya llevaba años dando vueltas entre editoriales, y que cayó en manos de su editora, brasileira de origen, pro castrista, pro Lula da Silva, como se pudo comprobar después cuando Padura visitó a Lula en la cárcel y manifestó públicamente por su liberación en Brasil. Esa editora es la misma que desde Tusquets se fue deshaciendo de los libros de Reinaldo Arenas para imponer a Padura.

Tras ver que yo en 1998 fui la tercera artista y escritora cubana exiliada que recibió la Orden francesa de Chévalier des Arts et de Lettres, después de los cubanos Brindis de Salas y Gina Pellón, Padura y sus "agentes de influencia" hicieron todo para que se la entregaran a él; lo que ocurrió años más tarde de que me la dieran a mi, por no decir décadas, y de paso también se la zumbaron a la Wendy Guerra, otra 'personaja del puerto' (cito el poema de mi amigo Gonzalo Rojas) montada a horcajadas en el lomo del Gabo.

Padura seguía hablando pestes 'sotto voce' aquí y allá en mi contra y en contra de Guillermo Cabrera Infante. Cuando la Universidad de Valenciennes en Francia me dio el Doctor Honoris Causa junto a varios Premios Nobeles muy conocidos todos, la Embajada de Cuba en París y el propio Padura hicieron con anterioridad lo indecible para que no me lo dieran a mí, y por el contrario se lo dieran a él. Cosa que no ocurrió porque los profesores se pusieron en sus trece y dijeron que de ninguna manera, cosa que ellos mismos me contaron luego.

Cuando murió Guillermo Cabrera Infante, ahí Padura vio los cielos abiertos, y desbarró en una entrevista en ABC contra el autor de 'Tres Tristes Tigres' argumentando al descaro que Guillermo Cabrera Infante había dejado de escribir en cuanto se exilió. No puede haber una falsedad mayor, puesto que toda la gran obra de GCI fue hecha en el exilio. Tuvo que contestarle con la verdad y poniéndolo bonito, el gran Aurelio Mayor desde Barcelona, en otro artículo publicado en La Razón.

Para subirle la parada al Premio Cervantes de GCI, el régimen castrista cabildeó con el gobierno español un Premio Princesa de Asturias para Padura, ojo al dato: su editora pro castrista de origen brasileiro formaba parte del jurado que daba el premio.

Padura jamás ha parado de ponerme piedras y zancadillas en cuanto festival, feria del libro, o evento literario han querido invitarme. En un evento celebrado en París a finales de los noventa, Padura sintiéndose cómodo entre la 'claque' enviada por la embajada castrista para abuchearme, negó todo el sentido de mi presentación de mi novela 'Café Nostalgia'; debo decir que no fue el único, Karla Suárez también lo hizo en su momento con mi novela 'Querido primer novio'. Pero, en aquella ocasión la escritora cubana supuestamente exiliada en Puerto Rico, Mayra Montero, a quien yo había conocido en La Habana en los años ochenta, invitada a Cuba por Wichy Nogueras, se puso del lado de Padura a la hora de criticarme. Como mismo hizo, tiempo después en Guadeloupe, cuando tres escritores cubanos optábamos por el Premio Literario de las Américas: ella, Pedro Juan Gutiérrez y yo. Pedro Juan Gutiérrez se paseaba en el automóvil del policía de la embajada castrista todo el rato, y Mayra Montero por su parte -junto a él- hacía como que creía que el premio me lo darían a mi por el mero hecho de que yo vivía en Francia, y el premio lo entregaban unos bekés (colonos franceses dueños de centrales azucareros que tenían negocios con el castrismo); pues sucedió que para un mal actuado asombro de Montero y del premiado, le otorgaron el premio a Pedro Juan Gutiérrez, me lo quitaron a mí y a ella, y reitero, se lo dieron a Pedro Juan Gutiérrez, como mismo predije que sucedería desde el primer momento. Por cierto, en el jurado estaba el 'sembradito' -según escribió Reinaldo Arenas en su correspondencia a Margarita y Jorge Camacho- Eduardo Manet. Pero Pedro Jota, el cubano chabacano, al que todos le bendijeron las malas palabras, como literato del realismo sucio no dio la talla, y volvieron a echar mano de Padura el oficialista.

Basta ya de querer vender a Leonardo Padura como un pobre envidiado por todos, cuando no ha sido más que un oportunista, mediocre, envidioso, chivato y buen agente del castrismo que no se ha detenido a atacarme a mí, escritora, mujer y exiliada, no sólo por envidia y por chivato, sino además por malvado y por agentón castrista.

Aquí estoy para contar esto, y mucho más.

Zoé Valdés es escritora y artista. Fundadora y Directora General de ZoePost y de Libertad de Prensa Foundation Corp.
Photo Jean-Marie Périer, el mismísimo... 

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miércoles, abril 21, 2021

Videos. La Patria, aunque se lleve a cuesta, duele y duele mucho. El gran escritor Guillermo Cabrera Infante decía que la nostalgia era su puta; hoy, la mía, me está visitando

Nota del Bloguista de Baracutey Cubano

La Patria, aunque se lleve a cuesta, duele y duele mucho.

El  gran escritor Guillermo Cabrera Infante  decía que la nostalgia era una puta. 

Hoy es una de esas noches  en que la dama del sexo tarifado me ha visitado y  no cesa, a su ritmo y antojo,  de cabalgar  encima de mi  bajo vientre y de mi pecho mientras entorna, multiorgásmicamente,  sus ojos por el  placer de   ensañarse  en mi dolor. 

José Martí definió  Patria  con estas palabras: «Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas»

El relevante  arquitecto y urbanista  Nicolás  Quintana y Cómez  expresó en su última conferencia: 

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 Luis Aguile - Cuando Sali De Cuba (1967)

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Luis Aguilé - Cuando Vuelva A Cuba


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Tomado de http://www.lanuevanacion.com/

CUANDO YO VUELVA A CUBA

(Autor anónimo)

Soy de esa extraña estirpe de cubanos

que no tenían tierras, ni dinero,

ni edificios, ni fábricas,

ni oro molido en los ingenios... 

Sin embargo, fue mucho

lo que me arrebataron los traidores de enero:

lobos barbudos, diablos con medallas,

falsos libertadores del puñal al acecho.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

el ancho muro de mi Malecón

donde yo iba a soñar mis terribles insomnios habaneros.

 O me sentaba a contemplar el agua:

húmeda pared que ahogaba mi silencio

y le vedaba el Norte a la impotencia

de encontrar libertad en el aire extranjero.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

mi Carnaval de Oriente

con su tambor y su aguardiente nuevo;

con sus mulatas de cintura ágil

y sus farolas de cintura al viento.

Donde el escándalo se hacía música

por el milagro oscuro de unos dedos,

que le arrancaban al tambor

un tridimensional temblor de espejos.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

aquella risa de la gente humilde

que se metía hasta en los mismos huesos;

aquellos gritos de la abuela

que llevaba a la escuela un mar de nietos;

aquel "hasta mañana"

de las noches con luna en el alero,

y aquellos "buenos días"

con el sol cocinándonos el pelo.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

el pregón que violaba los balcones,

el pulso busca vida de mi pueblo;

las ventas en la calle de Muralla;

el peculiar silbato del cartero;

el ruido de tacones del Paseo del Prado

y el Capitolio Nacional con su brillante adentro.


 Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

el beso azul del mar transmutado en la luz de Varadero,

playa que más que playa

se merece otro nombre: Privilegio.

Lugar único del planeta donde los hombres pueden tocar el cielo.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

una tumba en Oriente,

la del Martí poeta y habanero,

y una tumba en La Habana

del soldado oriental que fue Maceo;

el Parque de Máximo Gómez

donde vive a caballo el Chino Viejo,

y el cañonazo de las nueve, que sacaba a los novios del éxtasis del beso.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

la esbeltez linajuda de mis palmas,

-vírgenes sin destierro-.

Y los verdes gigantes en cuclillas

de mis mogotes pinareños.

Y los ríos, música mojada,

sinsontes amarrados a los cauces inquietos.

y los lagos , donde las truchas

herían el paisaje saltando hacia el almuerzo.


Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

hasta la Ciénaga de Zapata,

que aunque era improductiva, era mi suelo;

los tinajones rigurosos  de un Camagüey agrícola, señorial y alfarero.

algo más quiero que me devuelvan:

aquel rezo que nunca le escuchó la Virgen oriental

a mi rebelde juventud de ciego.


 Cuando yo vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan, por ejemplo,

la historia real de los antepasados

que le hicieron una patria de azúcar y de acero.

Será el orgullo de mis hijos,

la complacencia, acaso, de mis nietos,

y la risa criolla de mi Magda

llenará los arcones del ancestro.


Sí, cuando vuelva a Cuba,

quiero que me devuelvan todo eso,

y además, otra tierra que no es mía

aunque yo soy su dueño.

Es un latifundio microscópico

que sufre en el tendón de mis recuerdos:

una cruz de madera:

y más de medio siglo de silencio,

donde está vivo el polvo abandonado de mi padre muerto.







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miércoles, enero 01, 2020

Zoé Valdés: Zoeños de la Razón: Guillermo Cabrera Infante (1 de 3). 1ra parte


Zoeños de la Razón: Guillermo Cabrera Infante (1 de 3). 1ra parte

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Tomado de https://www.cervantes.es/


Guillermo Cabrera Infante. Biografía

Guillermo Cabrera Infante. (Gibara, Cuba, 22 de abril de 1929 - Londres, 21 de febrero de 2005).
Escritor, periodista y crítico de cine.


En 1941 se traslada con su familia a La Habana y allí empieza a escribir, por lo que abandona sus estudios de Medicina y comienza a trabajar en diversos oficios, ingresando en 1950 en la Escuela de Periodismo de Cuba.

(Foto añadida por el bloguista de Baracutey Cubano)

En 1951 funda la Cinemateca de Cuba junto a Néstor Almendros y Tomás Gutiérrez Alea, y lo dirige hasta 1956. Trabaja como crítico de cine con el seudónimo de G. Caín desde 1954, en el semanario Carteles, del que tres años más tarde es redactor-jefe. En 1959, tras el cambio político en Cuba, se le nombra director del Consejo Nacional de Cultura y, a la vez, subdirector del diario Revolución. Poco después es director del magazine cultural cubano Lunes de revolución, desde su fundación hasta su clausura en 1961.

Durante el primer gobierno de Fidel Castro (1962-1965) es enviado a Bruselas como agregado cultural y también como encargado de negocios, pero sus discordancias con el nuevo gobierno llegan a su punto máximo en 1968, cuando concede una entrevista a la revista argentina Primera Plana criticando al régimen cubano; esto provoca una fuerte reacción en Cuba que le lleva a abandonar su cargo diplomático. Pasa una temporada en Madrid y, más tarde, pide asilo político en Inglaterra donde se nacionaliza, fijando su residencia en Londres.

(Guillermo Cabrera Infante junto al actor Marlon Brando.  Foto añadida por el bloguista de Baracutey Cubano)

El conjunto de su obra es una especie de "collage" de La Habana prerrevolucionaria, además de una síntesis de la ideología del autor; considera que el compromiso no es indispensable para hacer una literatura crítica y que, en ciertas condiciones, el goce estético sirve también para cuestionar los poderes establecidos.

El erotismo está presente en toda su obra, pero siempre "en función de la parodia y de la risa, cosa que un autor erótico no haría nunca", según dice él mismo. Siendo el cine lo que le atrae e impulsa al comienzo su actividad cultural y periodística, marcha a Hollywood y se convierte en el primer escritor latinoamericano guionista, con títulos como Punto de fuga y Wonderwall. Ejerce también como profesor en las universidades de Virginia y de West Virginia y conferenciante en otras universidades americanas, como la de Oklahoma.

Guillermo Cabrera Infante en su oficina de Lunes de Revolución.. Foto añadida por el bloguista de Baracutey Cubano

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viernes, abril 26, 2019

Luis Cino desde Cuba: La cultura oficial prefiere olvidar a Cabrera Infante

 Entrevista A Guillermo Cabrera Infante (Censura En Cuba)

Parte I



Parte II




 "P.M." de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez-Leal



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Tomado de https://www.cubanet.org/

La cultura oficial prefiere olvidar a Cabrera Infante

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Al no poder robar su obra, como han hecho con la de otros exiliados ya fallecidos, los mandamases prefieren olvidar a quien es sin duda uno de los más importantes escritores cubanos del siglo XX.
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Por Luis Cino
26 de abril de 2016

LA HABANA, Cuba. – En este 2019 se cumplen dos aniversarios redondos de Guillermo Cabrera Infante: el 90 de su natalicio, en Gibara, el 22 de abril de 1929, y los 40 de la publicación en 1979, por la editorial española Seix Barral, de “La Habana para un infante difunto”, que es luego de “Tres tristes tigres”, el más famoso de sus libros.

En Cuba, la cultura oficial pretende pasar por alto a Cabrera Infante, a quien han tratado de minimizar, entre otros personeros,  Alfredo Guevara,  el exministro de Cultura Abel Prieto  y Lisandro Otero, un escritor talentoso metido a comisario que, muerto de celos y envidia, nunca perdonó que en vez de su “Pasión de Urbino”, premiaran a “Tres tristes tigres”.

Al no poder robarse la obra de Cabrera Infante, como han hecho con la de otros exiliados, los mandamases de la cultura oficial prefieren olvidar a quien es sin duda uno de los más importantes escritores cubanos del siglo XX.

Solo un libro de Cabrera Infante, “Así en la paz como en la guerra”,  fue publicado en Cuba, en 1960, por Ediciones R. Después que se exilió en 1965, sólo un cuento suyo ha sido publicado en Cuba, fue “En el gran ebbó”,  que salió a la luz en el año 2009 como parte de la antología “La ínsula fabulante”.

Cabrera Infante, que nunca dejó de ser un fiero crítico del castrismo, se enorgullecía de estar prohibido en Cuba. Gozaba con el odio de sus enemigos, presumía de la rabia que le mostraban. Eso halagaba su vanidad de proscrito

(Guillermo Cabrera Infante (Foto de archivo/ El Confidencial))

Luego de su muerte en Londres, en febrero de 2005, su viuda, Miriam Gómez, se ha ocupado celosamente de que  los comisarios culturales del régimen no consigan apropiarse de los libros de Cabrera Infante para manipular su figura y minimizar su oposición a la dictadura.

La ruptura de Cabrera Infante con el régimen fue un proceso traumático que se inició en 1961, a partir del cierre de Lunes de Revolución, el suplemento cultural que dirigía del periódico Revolución. Los comisarios, con Alfredo Guevara a la cabeza, como cuenta Cabrera Infante en “Delito por bailar el chachachá”, lo culparon de “querer cogerse la cultura revolucionaria para él solo”. A él, que quiso que Lunes de Revolución  abarcara toda la cultura, y no solo ese esperpento que empezaban a crear y que llamaban “cultura revolucionaria”.

Para apartarlo, lo asignaron a la embajada cubana en Bélgica. Cuando volvió a Cuba en 1965 para el entierro de su madre, las autoridades lo retuvieron e investigaron durante varios meses con aviesos propósitos. Finalmente no tuvo otra opción que el exilio.

Cabrera Infante, por más que le pese a los mandamases, es una figura capital de la cultura cubana. Si solo hubiese escrito “Tres tristes tigres”, con eso sería suficiente. Con esa novela de 1967, en la que utilizó, según sus propias palabras, “los diferentes dialectos del español que se hablan en Cuba”, eternizó la magia de las noches habaneras: la magia de una ciudad que ya solo existe en sus novelas. Y quien lo consiguió  fue  precisamente él, que vino de Gibara, provinciano y pobre, en 1941 y solo vivió en La Habana poco  más de veinte años, antes de partir al destierro.

En “La Habana para un infante difunto” continuó esa nostálgica y afanosa búsqueda de una ciudad perdida, en la que amó, fue feliz  y sufrió.

La escritura de Cabrera Infante, caracterizada por los retruécanos, los juegos de palabras, el uso del hipérbaton, las traslaciones idiomáticas y un muy peculiar sentido del humor, es única, irrepetible, por mucho que lo hayan querido imitar.

Por la abundante intertextualidad, la presencia de lo paródico en sus escritos y su aprovechamiento de referentes de la música y el cine, sus dos grandes pasiones,  se puede afirmar que Cabrera Infante fue un precursor del post-modernismo en la literatura cubana  y de Latinoamérica.

Pese a la censura y los intentos de minimizarlo, Guillermo Cabrera Infante es probablemente el escritor que más ha influido en los autores cubanos de las últimas décadas.
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Fragmento de entrevista al escritor cubano Guillermo Cabrera infante



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Guillermo Cabrera Infante, entrevista al escritor Premio Cervantes 1997



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Guillermo Cabrera Infante - Discurso Premio Cervantes





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